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jun 29 2013

Domingo del ciego

 

tyflou

Curación del ciego de nacimiento, 1-12. Tumulto e investigación de los judíos, 13-34. La fe del ciego de antes, 35-41.

1 De camino hacia la ciudad, el Señor vio a un hombre ciego de nacimiento; 

2 y sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego?

3 Contesto Jesús: «Ni éste pecó, ni sus padres, sino para que se manifiesten en él, el poder y las obras milagrosas de Dios. 

4 Es preciso que yo haga las obras de aquel que me envió al mundo, mientras sea de día. Cuando viene la noche ya nadie puede trabajar. 

4. Y mientras estoy en la vida presente, yo debo de hacer, para la sanación y salvación del hombre las obras de Dios, el cual me envió al mundo. Cuando yo me vaya, entonces es como cuando es de noche y los hombres paran sus obras, así también entonces nadie de los hombres podrá trabajar ya para el cumplimiento de su misión. Por lo tanto no debo perder ni un momento.

5 Mientras estoy en el mundo, YoSoY la luz del mundo.

Mientras estoy en el mundo con mi enseñanza, los milagros y mi forma de vivir, YoSoY la luz del mundo.»

6 Diciendo esto, escupió en el suelo e hizo con la saliva un poco de lodo y untó con el lodo los ojos del ciego, 

7 y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloam, que significa el enviado.» Entonces el ciego se fue, se lavó y regresó viendo.

8 Los vecinos y los que antes le conocían que era ciego, decían: ¿no es éste que estaba sentado pidiendo limosna?

9 Unos decían que era él. Otros no, pero a él se parece. Él decía, soy yo el ciego de antes.

10 Entonces le decían: ¿Cómo se te han abierto y sanado los ojos?

11 Él contestó: Ese hombre llamado Jesús hizo lodo, me untó con ello los ojos y me dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloam.»  Fui, me lavé y adquirí la vista.

12 Le dijeron: ¿Dónde está aquél? Contestó: No lo sé.

13 Conducen a los Fariseos al que antes había sido ciego,

14 pues era sábado el día que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos.

15 De nuevo le preguntaron los fariseos, cómo había adquirido la luz de la vista de sus ojos. Él les dijo: Un hombre me puso lodo sobre los ojos, me lavé y veo.

16 Dijeron entonces algunos de los fariseos: Éste hombre no puede ser de Dios porque no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo es posible un hombre pecador hacer tales señales y milagros? Y hubo desacuerdo y división entre ellos.

17 Otra vez dijeron al ciego: ¿Qué dices tú de ese que te abrió y curó los ojos? Él contestó: Que es profeta.

18 No querían creer los judíos que aquél era ciego y que se había curado la vista, hasta que llamaron a sus padres,

19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, de quien vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ve ahora?

20 Respondieron los padres y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo y nació ciego;

21 cómo ve ahora no lo sabemos; quién le sanó la vista de los ojos lo ignoramos; preguntádselo a él que es mayor de edad y que él hable por sí mismo.

22 Sus padres hablaron así por miedo a los judíos, que habían decido expulsar de la sinagoga al que reconociera que Jesús era el Mesías.

23 Por esto los padres dijeron: Ya es mayor de edad, preguntádselo a él. 

24 Volvieron a llamar al que había sido ciego y le dijeron: Da gloria y gracias a Dios; nosotros conocemos que ese hombre es pecador.

24. Llamaron, pues, por segunda vez el que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria y gracias a Dios que te ha sanado. Pero cuidado con éste hombre al que llamó antes profeta, nosotros a causa de la situación y el axioma que tenemos, podemos y sabemos bien que éste hombre es pecador. Porque nosotros estudiamos y conocemos la voluntad de Dios.

25 Entonces aquel contestó y les dijo: no sé si es pecador o no, sólo sé bien y reconozco que yo era ciego y ahora veo.

26 Otra vez ellos le dijeron: ¿Qué terapia te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

27 Él les respondió: ya os lo he dicho y no habéis escuchado. ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que queréis haceros discípulos suyos?

28 Ellos, insultándolo, dijeron: tú eres su discípulo, nosotros somos discípulos de Moisés. 

29 Nosotros (como estudiosos y soberanos del pueblo) sabemos que Dios habló a Moisés. En cuanto a éste, nos es desconocido y no sabemos de dónde es y viene.

30 Respondió el hombre diciendo: “Es curioso: Vosotros no sabéis de donde viene, si es de Dios o no, pero él me ha abierto los ojos y veo”. 

31 Sabemos todos muy bien que Dios no escucha a los pecadores. Pero si uno es piadoso, temeroso y respetuoso con Dios y hace Su voluntad, a ése le escucha. 

32 Desde que existe este mundo, jamás se ha oído decir que alguien haya abierto y sanado los ojos a un ciego de nacimiento.

33 Si él no fuera enviado de Dios nada podría hacer ni el mínimo milagro.

34 Aquellos enfadados le dijeron: Eres todo pecado, desde que naciste y ¿te atreves enseñar a nosotros? Y le expulsaron fuera del consejo de la sinagoga.

35 Oyó Jesús que le habían expulsado, y cuando lo encontró le dijo: ¿Tú crees, en el Hijo de Dios, (a pesar de lo que te dijeron los soberanos del consejo de los judíos)?

36 Respondió él y le dijo: ¿Quién es, Señor, para que yo crea en él?

37 Le dijo Jesús: «Lo estás viendo, es el que habla contigo.»

38 Respondió, (iluminado por la jaris increada de Dios): “Creo Señor” con todo mi corazón y se postró ante él. 

39 Dijo entonces Jesús: «Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven, vean, y los que ven sean cegados.»

39. Dijo entonces Jesús: «Yo he venido a este mundo para que se haga juicio y se separen los de buena voluntad de los pervertidos. Así que aquellos, que por los estudiosos de la ley, los intelectuales y los fariseos están considerados que están en la ceguera de la oscuridad, de la ignorancia y del engaño, estos verán la luz de la verdad. Y aquellos que se presentan presumiendo como conocedores de la Escritura y se consideran iluminados, a causa de su altanería serán cegados espiritualmente.»

40 Escucharon esto algunos fariseos que estaban con él, y le dijeron: ¿acaso nosotros también somos ciegos (espiritualmente)?

41 Jesús les dijo: «Si fueseis ciegos no tendrías culpa o pecado; pero como decís que veis, seguís permaneciendo en el pecado.»

41. Les dijo Jesús: «Si fueseis ciegos no conoceríais las escrituras y no tendríais pecado. Pero ahora decís: Vemos y conocemos las Escrituras, por eso vuestro pecado permanece y es imperdonable, porque lo hacéis por conocimiento.» 

῾Ποῦ ἐστιν ᾽Εκεῖνος;᾽ (᾽Ιωάν. 9, 12) ¿Dónde está aquél? (Jn 9,!2)

Ante el gran milagro de la terapia del ciego de nacimiento por Jesús Cristo, los judíos van perdidos y buscan al causante del milagro: “Dónde está Aquel? Y el ciego anteriormente que recibe la pregunta, no puede dar respuesta, más allá que el nombre de Jesús y el acontecimiento de su terapia. Porque el Señor, al Cual el ciego ignora, le mandó a lavarse en la pila de Siloam, por consiguiente aquel creyendo al logos y correspondiendo realmente es sanado. Los judíos, pues, buscan a Cristo.

Pero la búsqueda de Jesús es un fenómeno muy concurrido en el Evangelio: Jesús cuando era niño lo busca Herodes, porque lo ve como una amenaza, puesto que según los reyes magos “es el rey nacido para los judíos”; le buscan muchas veces los fariseos y los soberanos religiosos de Israel, porque es “peligroso”, ya que cataliza el día de Sábado y anula sus tradiciones; le busca el pueblo llano porque les dio de comer; le busca Herodes el Antipa, porque quiere “divertirse”, ya que había oído de Su capacidad de hacer milagros. Pero también buscan a Jesús Cristo los discípulos del Juan el Precursor porque a Él el maestro de ellos le indicaba como Mesías; viene en búsqueda de Él Natanael que escuchó de su amigo Felipo cosas admirables para Él; vienen en búsqueda de Él los samaritanos, porque fueron llamados de su compatriota, que había contado que el Jesús la había revelado toda su vida. Y no sólo entonces en los años de Jesús. En cada época y mientras existe el mundo, habrán hombres que estarán buscando a Jesús. Pero no le estarán buscando todos por la misma causa y el mismo propósito. Igual que entonces, y lo mismo para siempre: uno buscará a Cristo movido por odio y enemistad sobre Él, otro por curiosidad, otro por búsqueda honesta de su corazón, buscando “el agua viva” y otro por agapi (amor desinteresado) por Él, viendo que la llama que se le ha encendido en su interior para el Cristo se extiende continuamente y vigorosamente.

 ¿Dónde está Aquel? Es una petición de los que están cerca y lejos de Cristo, que certifica la verdad diacrónica evangélica de que nadie puede quedarse indiferente ante Él. Es decir, siempre delante del nombre de Cristo está obligado uno tomar una decisión positiva o negativa. Tal y como el mismo Señor nos ha revelado: “el que no está conmigo está contra mí y el que no recoge conmigo, desparrama”. Y si uno quisiera juzgar la variedad de los negadores de Cristo, es decir, los enemigos y opuestos o los que están indiferentes ante Él, diría que los indiferentes son Sus peores enemigos; porque para los que le atacan y guerrean aún existe la esperanza que sean pronto convertidos, aunque se ocupan negativamente de Él; en cambio los indiferentes puede que no nieguen a Cristo, no existe la preocupación y el interés: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, (y en estos por supuesto pertenecen los que son indiferentes sobre la fe) y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. (Apoc 3,15-17).

 ¿Dónde está Aquel? En la búsqueda de Cristo y sobre todo como Sanador y Salvador de nuestra vida no hay sólo un camino. Por otro lado nadie puede asegurar Su respuesta concreta. Nosotros debemos estar buscándole y Aquel juzgará dónde y cómo se manifestará. Lo que sí conocemos es que Su aparición tiene siempre el elemento de sorpresa: aparece cuando menos lo esperas y donde no se dan las condiciones de Su presencia. Viene “con las puertas cerradas” o allí donde luchas con las olas de la vida y estás a punto de hundirte y Aquel está encima de las olas a lado tuyo. Te acercas a alguien que crees que te va a ayudar y escuchas a Él que te llama por tu nombre. Cocaminas con “un desconocido” y de aparece Él mismo “en otra forma”. Especialmente viene “con la partición del pan” al Misterio de la Divina Efjaristía, y apenas le sientes y vas a tocarle y “desaparece de ti”. Pero nos dijo que allí donde le encontraremos siempre en nuestra búsqueda será en el rostro o persona de cada hermano y sobre todo al más inferior. “¡Puesto que lo habéis hecho a uno de estos hermanos míos muy inferiores, a mi lo habéis hecho!”. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

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