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ago 22 2013

Domingo 8º de Mateo – Dadles vosotros de comer…

 

Multiplicación panes y peces copia

«Dadles vosotros de comer … Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.  Δότε αὐτοῖς ὑμεῖς φαγεῖν … οἱ δὲ ἐσθίοντες ἦσαν ἄνδρες ὡσεὶ πεντακισχίλιοι χωρὶς γυναικῶν καὶ παιδίων». (Ματθ. ιδ΄ 16 και 21)

 El contenido de la lectura evangélica de hoy es especialmente muy importante por eso se ha escrito por los cuatro Evangelistas. Pero es especialmente importante por la multitud de mensajes diacrónicos, como:

1. Aunque el Dios nos es creador de los problemas del hombre, sin embargo es conocedor y se hace partícipe de estos problemas y proporciona soluciones por la presencia física de su Hijo, el Jesús. De esta manera se verifica el logos profético sobre el Jesús como “Emanuel”, por lo tanto se verifica también su cualidad como Mesías y por lo tanto también como Redentor.

2. Se confirma que como Dios es caritativo, sobre todo en praxis. Su caridad se verifica con tres movimientos consecutivos. Primero, según el Evangelista Marco: “…y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34) . Segundo, “sanó, curó los enfermos de ellos” (Mt 14,14).  Tercero, “comieron todos y se saciaron” a través del milagro de la multiplicación de los cinco panes y los dos pescados.

3. Además de la multiplicación de los cinco panes no afirma sólo que el mismo es “el pan de la vida… y el pan que ha bajado del cielo” (Jn 6,35 y 41), sino que es “el pan que se come y nunca termina o se gasta”, según la bendición relativa de la Divina Liturgia y por consecuencia preanuncia el gran Misterio de la Divina Efjaristía. Pero la palabra el ΙΧΘΥΣ ιχθύς (ijzís pescado o pez), desde los primeros años Cristianos fue interpretada simbólicamente como representación, que la utilizábamos por largo tiempo en la primera página de los Boletines de los Kerigmas, y también como palabra: ΙΧΘΥΣ (ijzis). Es decir, Ιησούς (Iisús, Jesús) Χριστός (Jristós)  Θεού (Zeú, de Dios) Υιός (yios, hijo) Σωτήρ (Sotir, salvador). O sea, cada letra de la palabra helénica pescado o pez, en griego es la primera letra de cada palabra “Jesús Cristo Hijo Dios Salvador”.

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4. Pero el milagro es especialmente importante también por su carácter social. Que los bienes son regalo de la agapi de Dios hacia todos los hombres y el hombre es un mero administrador de los bienes, los cuales deberá también compartirlos con sus semejantes. El milagro de hoy es un testimonio diacrónico para cada época, por lo tanto, también para nuestra época que a pesar de la riqueza y tantas fuentes productivas, sin embargo muchos semejantes nuestros están desnutridos y llenan los comedores sociales o mueren de hambre. Esto es una blasfemia, un insulto continuo del hombre actual hacia el Dios el donador de los carismas al hombre.

5. Finalmente el Dios se presenta como garantía y protección. A pesar que en todas partes hay desierto, el Dios está presente para dar solución a los problemas y necesidades del hombre. Con un movimiento “levantando los ojos hacia el cielo” y una orden “darles vosotros de comer”, reveló dos formas de salida de los desiertos caminos sin salida. Refugio, amparo a través de la oración a Dios y reparto de los personales bienes materiales con nuestros semejantes. Y entonces viene el resultado admirable: “Han comido todos y se saciaron”.

Vino la bendición y ha triunfado la agapi (amor desinteresado o energía increada divina). La agapi y la bendición multiplicaron los bienes: “Han comido todos”. Y sobre todo se saciaron, recalca característicamente el Evangelio de hoy. Y no sólo esto, sino sobraron también. Doce cestas llenas, igual que los doce Apóstoles. Sin embargo, la recogida se hizo por orden de Cristo y como protesta contra el despilfarro, el derroche y también como mensaje de economía es una incitación para estimar las donaciones y los regalos de Dios al hombre.

“Han comido todos y se saciaron”. Nadie fue excluido. Partícipes y comulgantes de los bienes y las dádivas de Dios son todos, varones, mujeres e hijos. Un hecho que verifica la práctica diaria de la tradición de la Iglesia Ortodoxa con la participación en las celebraciones y los misterios aún hasta los bebés, como el Bautismo, el Crisma y la Divina Efjaristía.

A pesar que la mayoría eran varones (cinco mil) sin embargo no fueron privados de las dádivas de Dios las mujeres y los niños. Este acontecimiento es por sí solo importante. En una época que las mujeres y los niños no tenían derechos y la mayoría de los hombres eran esclavos, la igualdad de participación de todos en las dádivas de Dios realmente es una revolución social.

Sí, es una revolución social. Esto no es una exageración. Esto es un acontecimiento que se manifestó en la vida de la Iglesia desde el primer momento. Un acontecimiento característico de este tipo nos los describen “los Hechos de los Apóstoles”. “Todos habían creído, tenían un corazón y una psique, nadie se consideraba que algo de sus existencias era suyo, sino que todo era común”. Los Apóstoles predicaban y confirmaban con gran convicción que el Señor Jesús Cristo ha resucitado. Y el Dios daba en todos abundantemente Su jaris (gracia, energía increada). No había nadie entre ellos que estaba privado de las cosas necesarias. Porque los que tenían tierras o casas las vendían y el dinero lo entregaban a disposición de los Apóstoles. Lo mismo hizo también José un levita de Chipre que los Apóstoles le llamaron Bernabé, nombre que se traduce como “hombre de consuelo”. Éste tenía un terreno que lo vendió y trajo el dinero a disposición de los Apóstoles (Hec 4,32-37).

Desgraciadamente los principios anteriores del Evangelio hoy no se aplican al grado debido. A pesar de que como sociedad y como cultura proclamamos los principios del Evangelio, sin embargo unos comportamientos a hombres y a pueblos, a mujeres y niños nos retroceden muy atrás en los tiempos antes de Cristo. Y esto porque como individuos y como sociedades estamos alejados del hombre y sus problemas. Al final lo único que dejamos que sea manifestado es nuestro yo mismo. Nuestro yo malo.

Hermanos míos, el logos de hoy del evangelio es muy actual “el lugar está desierto”. Porque primero quedaron desiertas, devastadas nuestras psiques, puesto que se han transformado en estériles granos de arena. Nos perdemos en nuestro desierto y en nuestro yo. Las cosas fáciles las hacemos difíciles y las difíciles fáciles, débiles y hasta imposibles. Obedezcamos, pues, el consejo del Señor “darles vosotros de comer”. “Compartir y donde vuestra agapi no llega dirigíos a Dios”. En los tiempos difíciles que vivimos existe una posibilidad de comprobar el grado de nuestra piedad, la capacidad y fuerza de nuestra fe y finalmente la extensión de nuestra agapi y ver si ella está operativa o sólo palabras. Las virtudes anteriores reafirmémoslas con nuestro modo de vida (no de la “moda”). Así sea, amín.

Theodoro Antoniadis Metropolita de Pafos, Chipre

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

 

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