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May 10 2015

Filocalía Tomo 4 – San Gregorio el Sinaita

 

 

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Cumplir las edades de Cristo

Todo aquel que se ha bautizado en el nombre de Cristo, debe pasar por todas las edades de Cristo. Porque en el bautismo ha recibido todas las fuerzas en potencia, y a través de los mandamientos de Cristo realizarlas y conocerlas. En la concepción de Cristo corresponde el compromiso o garantía del Espíritu Santo; en Su nacimiento, la energía del gozo; en Su bautismo, la fuerza y energía increada catártica (sanadora y purificadora); en Su metamorfosis la zeoría-contemplación de la divina luz increada; en Su crucifixión, la mortificación del fiel en relación a sus pazos; en Su entierro, la posesión del divino eros en el corazón; en Su resurrección, la elevación de la psique o despertar espiritual; en Su ascensión, el éxtasis (extensión) hacia el Dios y arrebatamiento del nus. El que ha pasado estas edades de Cristo y no las siente, es todavía un niño, tanto en el cuerpo como en la psique, aunque sea considerado como contemplativo y práctico.

Los pazos padecimientos-pasiones de Cristo dan la vivificación mortificante en aquellos que le han imitado en todos los pazos, padecimientos, porque la razón por la que padecemos junto con el Cristo es para que seamos glorificados o deificados junto con Él (Rom 8,17). Los pazos voluptuosos o hedonismo traen la mortificación mortal en aquellos que los operan. Por eso uno padece voluntariamente los padecimientos de Cristo, que es crucifixión de la crucifixión y la mortificación de la necrosis.

Lo de padecer uno por Cristo, es aguantar con paciencia las pruebas que le suceden. La pedagogía del Señor, para los que son irresponsables se concede a causa de la envidia de los demonios y se hace motivo de beneficio; pero para nosotros los responsables por nuestros pecados, se hace inspección que nos llama en retorno y nos abre los oídos; “El Señor Dios me ha abierto el oído y yo no he resistido, no me he echado atrás” (Is 50,5). Por eso el Dios ha prometido corona eterna en aquellos que tienen paciencia; “Dichoso el hombre que soporta la prueba; porque si la ha superado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman” (Sant 1,12). Doxa-gracias y gloria a nuestro Dios Trinitario para todo.

La alteración maliciosa o apasionada

La acedia es un pazos difícil de vencer, languidece y flojea el cuerpo. Y cuando el cuerpo flojea, lo hace también la psique. Cuando flojean los dos, alteran el temperamento del cuerpo con el hedonismo, la sensualidad. Y el hedonismo trae el apetito, el apetito trae el ardor, y el ardor la excitación. La excitación mueve la memoria, la memoria la fantasía, la fantasía trae el ataque, asalto del loyismós. El asalto trae la combinación; la combinación conduce a la praxis o acción de varias cópulas o uniones carnales. Así el hombre es vencido y cae.

La buena alteración

De la paciencia en cada obra buena nace la valentía, el valor. De la valentía nace la buena disposición. De la buena disposición, nace la esperanza; de la esperanza la intensificación del trabajo; la intensificación serena la incontinencia del cuerpo, carne y doma el deseo del hedonismo o voluptuosidad; el deseo mueve el anhelo; el anhelo mueve la agapi; de la agapi nace el celo; del celo el calor; del calor el impulso; del impulso el estudio; del estudio la oración; de la oración, la hisijía; de la hisijía nace la zeoría-contemplación; de la zeoría, la gnosis (conocimiento); de la gnosis, el entendimiento de los misterios; y finalmente de la gnosis de los misterios nace la teología verdadera ortodoxa (no la intelectual de universidades). Fruto de la teología es la perfecta agapi. De la agapi, la humildad; de la humildad la apacia (sin pazos); de la apacia la previsión, la profecía y la prognosis. Porque ninguno tiene las virtudes perfectas desde aquí, sino que poco a poco con el crecimiento de la virtud se va reduciendo la maldad y resulta totalmente inexistente.

Aquel que practica la hisijía en aislamiento y es alimentado por las donaciones de la agapi de los demás, debe aceptar la caridad de siete maneras: 1) pedir siempre las cosas imprescindibles; 2) tomar siempre las imprescindibles; 3) aquellas cosas que le dan que las reciba como si se le fueran dadas por el Dios; 4) tener confianza en Dios y creer que Él es el que paga el salario; 5) que sea obrero de los mandamientos; 6) que no derroche y abuse de las cosas que le regalan y 7) que no sea tacaño, sino mesurado, que regale también él a los demás y sea caritativo. Aquel que en este tema se comporta así, tiene alegría mientras piensa que las cosas no le son dadas por los hombres sino por el Dios.

 

Diez capítulos sobre oración e hisijía, y sobre indicios de la jaris y el engaño

Estimado Loguine, deberíamos decir, como el gran maestro (se refiere a San Crisóstomo), que no deberíamos tener necesidad de las Escrituras u otros logos patrísticos, sino ser zeodidactos (por Dios enseñados) de acuerdo con lo dicho: “enseñará a todos el mismo Dios” (Is 54,13 Jn 6,45), de manera que aprendamos de Dios y por medio de ÉL todas las cosas que nos benefician y nos son útiles.

No sólo nosotros sino también cada creyente, de modo que la ley del Espíritu sea escrita en las capas, placas de nuestros corazones (Heb 8.10) y que nos dignemos -cosa exquisita- a conversar con el Cristo mediante la oración pura, lúcida y clara de manera inmediata, de la misma forma que los querubines.

Como somos niños cuando nos bautizamos, durante nuestra regeneración por el bautismo, no comprendemos la energía (increada) jaris-gracia, ni percibimos nuestra renovación, más bien ignoramos la eminente gloria y el gran honor que recibimos, y que tenemos la obligación de crecer psíquica y espiritualmente mediante los mandamientos, y ver con nuestra mente y espíritu aquello que hemos recibido (por el bautismo). Por eso por nuestra negligencia y el hábito patológico (vicioso), la mayoría caemos en la insensibilidad y en la anestesia, en la ceguera mental y espiritual y al oscurantismo.

Y así no conocemos si existe el Dios, ni quiénes somos, ni quiénes nos hemos convertido por el bautismo, a pesar de que nos convertimos en hijos de Dios, hijos de la luz increada y miembros de Cristo.

Si por otro lado, nos bautizamos mayores, sentimos sólo el agua y no el Espíritu. Y si nos renovamos espiritualmente, tenemos solo una fe típica, que está muerta, no operativa, decimos que nos encontramos en dudas. Y así somos carnes y vivimos según nuestra carne, cuerpo.

Y si ocurre que nos arrepintamos, comprendemos y practicamos sólo corporalmente los mandamientos y no espiritualmente. Y si después de mucho esfuerzo la energía increada Χάρις (jaris, gracia) por filantropía, nos gratifica con algunas de sus manifestaciones, la tratamos como engaño o estafa. Si por otro lado escuchamos que la jaris increada opera en otros, por envidia la consideramos engaño. Así pues, permanecemos muertos (espiritualmente) hasta la muerte, sin la vida y las energías (increadas) de Cristo.

Y como dice la escritura, “porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mt 25,29), aquello que tenemos, durante el tiempo de nuestra muerte o del juicio nos será quitado a causa de nuestra incredulidad, desesperación y angustia. No entendemos que los hijos deben ser como semejanza del padre, o sea, que sean dioses de Dios, y espíritus nacidos del Espíritu, tal y como dice el Cristo: ”Aquello que nació del Espíritu, es espíritu” (Jn 3,6).

Nosotros aunque nos hemos convertido en creyentes y celestiales, como somos cuerpos y carnes, por eso el Espíritu de Dios no permanece en nuestro interior, (Gén 6,3.) Esta es la razón por la que el Dios concedió calamidades, cautiverios y muchas matanzas, quizás queriendo arreglar, cortar o sanar la maldad con fármacos más fuertes.

Con la ayuda de Dios que otorga fuerza al logos de los que evangelizan semejantes bondades (Sal 67.12,) examinemos primero, cómo uno encontrará o más bien cómo ha encontrado a Cristo, que tiene, ya que Le recibió espiritualmente con el bautismo, tal como dice el Apóstol Pablo: “¿No sabéis que Jesús Cristo habita en vuestros corazones? ” (2Cor 13,5). Luego diremos de qué modo uno progresará, y a continuación cómo conservará aquello que encontró.

La mejor manera y corta es describir brevemente el medio y los extremos, ya que el tema es muy extenso. Porque son muchos los que lucharon hasta encontrar lo que buscaban, pero detienen sus deseos y ganas hasta aquí, no les importa avanzar más, sino que se conforman con haber encontrado el comienzo del camino. Pero encontrando impedimentos y saliendo sin darse cuenta en bifurcaciones, creyendo que andan por la ruta buena, avanzan en vano fuera del camino.

Otros, mientras llegaron a la mitad de la iluminación se cansaron y por negligencia y falta de coraje no siguieron hasta el final, volvieron atrás en su conducta y estado indiferente y otra vez vuelven al comienzo.

Finalmente, otros que llegaron al perfeccionamiento, terminación, caen en descuidos y por causa del engreimiento, vuelven atrás y se convierten igual en su obra con los que están a la mitad del camino o con los inexpertos principiantes.

Ahora bien, lo que conviene a los principiantes inexpertos es la energía y acción del Espíritu, a los del medio la iluminación, y a los perfectos o de finalización, la κάθαρσης (kázarsis, sanación, limpieza, purificación) y resurrección de la ψυχή (psique, alma.)

 

Como encontraremos la energía (increada) del Espíritu

La energía increada del Espíritu, la cual hemos recibido místicamente en el bautismo, la encontramos de dos maneras.

a) Generalmente la donación se “apokalypta“, se revela con la aplicación de los logos de Cristo y el trabajo (práctica) de los mandamientos con mucha lucha y tiempo, tal como nos dice san Marcos el Ermitaño. Y a medida que trabajamos los mandamientos, tanto más aparece y resplandece en nuestro interior su luz radiante e increada.

b) Aparece y se manifiesta dentro en la vida de obediencia con la invocación metódica y continua del Kírios (Señor) Jesús, o sea, por la memoria o recuerdo de Dios.

Con la primera manera tardamos más, la segunda es más corta, por supuesto con la condición de que uno tiene que aprender a escarbar la tierra con esfuerzo y perseverancia para encontrar el oro.

Si queremos pues encontrar y conocer la verdad sin engañarnos, busquemos tener sólo la energía del corazón completamente, sin forma, ni dibujo, sin buscar con la fantasía formas y caras de Santos o supuestas luces. Porque el engaño, el error tiene por su naturaleza, sobre todo en los comienzos, engañar y burlar el nus y la diania (mente, intelecto) de los inexpertos con este tipo de falsas ilusiones, fantasías y con fantasmas. Pero, luchemos por tener sólo la energía de la oración dentro en nuestro corazón, la cual calienta y deleita nuestro nus e ilumina la psique para la inexpresable agapi-amor a Dios y a los hombres. Así, podemos ver que, por la oración, se produce mucha humildad, mucha contrición y mucho quebrantamiento. Ya que la oración es para los principiantes, movimiento continuo de la energía increada del Espíritu Santo, al principio brota como fuego placentero desde el corazón y, al final, opera como luz que perfuma con divina energía (increada).

Ahora diremos los indicios y los signos del comienzo de la energía del Espíritu para aquellos que buscan de verdad y no como si quisieran probar o tentar a Dios, de acuerdo con la Sofía-Sabiduría que dice que “se encuentra por los que no la tientan y se presenta en aquellos que no son incrédulos sobre ella” (S. Sol 1.2). En algunos se manifiesta como luz de aurora; en otros como gozo o exultación mezclada con espanto o temblor; en otros como alegría; en otros a veces como alegría mezclada con temor;

En otros se manifiesta con lágrimas y temor; es decir, la psique se alegra por la visita de Dios, de Su caridad y misericordia (increada), pero por Su presencia a la vez teme y tiembla, porque se siente responsable de sus múltiples pecados. En algunos al principio produce una contrición y un dolor inexpresable en la psique, semejante al dolor de la mujer a la hora del parto, tal como dice la escritura, (Is 26,12). Porque el vivo y activo Logos, o sea, Jesús, se introduce hasta el fondo, hasta allí donde se separa la psique y el cuerpo, el hueso y la medula, como dice el Apóstol (Heb 4,12,) para fundir, suprimir con violencia todos los encerrados y pegados πάθος (pazos, patologías, pasiones, padecimientos, emociones, vicios) de todas las partes de la psique y del cuerpo.

En otros se manifiesta como una agapi-amor hacía todos y una paz indecibles. En otros como una exultación y estremecimiento, el cual los Padres lo han llamado “skírtima” sobresalto o pulsación, que es movimiento repentino del corazón vivo y fuerza, potencia del espíritu. Esto también se llama latido o suspiro inefable del espíritu que intercede por nosotros ante el Dios con indecibles gemidos o suspiros (Rom 8,26); Isaías lo llama “nacimiento de justicia de Dios” (26,18). Efrén el magno lo llama pinzamiento; en cambio para el Señor es «ύδωρ αλλόμενον είς ζωήν αιώνιον, idor alómenon is zoín eónion, fuente de agua para la vida eterna» (Jn 4,14), agua llama el espíritu, -la jaris, la energía increada- que brota, sobresalta e hierve por la intensidad de su potencia en el corazón.

Debes de conocer que el sobresalto, exultación, o sea, el gozo, es de dos tipos: el sereno y bello, que se llama también latido, vibración, suspiro e intercesión del espíritu (Rom 8,26); y el otro es el gran salto del corazón, que se llama sobresalto y movimiento emocional, es decir, vuelo del corazón vivo hacia el divino éter.

Porque la psique, mientras retoma las alas por el divino eros-amor y se libera de las cadenas de los pazos, prueba volar hacia arriba incluso antes de la muerte en su deseo de separarse del peso de su cuerpo.

Esto se llama también agitación, sacudida del espíritu, o sea, hervor y movimiento del espíritu, como en la frase: “Jesús se rabió, perturbó y estremeció espiritualmente, se movió con fuerza y reteniendo su emoción, clamó: ¿dónde le habéis puesto?” (Jn 11,34). Sobre la diferencia del grande y del pequeño sobresalto o movimiento, David lo muestra diciendo que “las cordilleras saltaron como carneros y los montes como pequeños corderos” (Sal 113,4). Con esto se refería a los avanzados, perfeccionados y a los principiantes. Si se refiriese a cordilleras y montes naturales, sería innecesario decir que se mueven y saltan, puesto que no tienen vida.

Debemos de conocer que el divino temor no contiene temblor, (temblor me refiero no aquel que proviene de la alegría, sino de la divina ira, o sea, la instrucción por el abandono de Dios); pero tiene goce atemorizado que se produce de la oración con el fuego del divino temor. Y temor, miedo me refiero no el que se produce por la divina ira, o sea, el castigo, sino el temor de la divina sabiduría increada, el cual temor se llama también principio o inicio de la sabiduría (Prov 1,7). El temor se divide en tres (aunque los Padres han dicho dos), el introductor y el finalizador o perfeccionador más el temor de la ira de Dios, al que se debe llamar principalmente temblor, es decir, conmoción, contrición y quebrantamiento.

El temblor es de muchos tipos. Uno es de ira, otro es de alegría y otro de la parte irascible o emocional de la psique, (se hace cuando hierve excesivamente la sangre alrededor del corazón), y otro es aquel temblor que viene por la vejez, otro el del pecado, o sea, del error y del autoengaño, otro el de la maldición, que fue dado al género humano mediante Caín (Gén 4,12.) Sin embargo al luchador al comienzo le combate el temblor de la alegría y este del pecado.

Pero no ocurre en todos así lo mismo. Señales en estos dos tipos de miedo o temblor son: del primero la atemorizada alegría y goce, donde con mucho deleite y con lágrimas, la jaris-gracia (energía increada) consuela la psique. En cambio del segundo, es producido por la calentura anormal, la exaltación y el corazón duro que incendian y sobrecalientan la psique y los órganos sexuales hacía la unión corporal, erotismo y con la fantasía hacen interiormente este acto indecente, con el consentimiento a estos loyismí-pensamientos o reflexiones.

De dos tipos es la energía que opera en cada principiante y con dos maneras opera al corazón y separada una manera de la otra. Una energía proviene de la Jaris (gracia increada) y la otra del engaño (energía desgracia creada). San Marcos el Asceta nos afirma: “Existe energía espiritual y energía satánica, el inexperto no las distingue”. Y repite: “De tres clases es el calor que se enciende de la energía en el interior de los hombres: primera es de la jaris (gracia, energía increada), segunda del autoengaño y error o sea del pecado y la tercera por exceso de sangre, la cual san Thalasio el Africano la llama crasis temperamento (temperamental) y aconseja que la suavicemos, regulemos y apacigüemos con la ενγράτεια (engratia) continencia, auto-dominio, moderación, restricción y ayuno.

La energía (increada) de la jaris es una llamarada de fuego del espíritu que se mueve en el corazón con alegría y gozo, y fortifica, calienta, limpia y sana la psique, cesa temporalmente los loyismí y anula, mortifica provisionalmente el movimiento del cuerpo. Las señales y frutos que aparecen e indican su autenticidad son lágrimas, contrición, templanza, humildad, engratia-autodominio, silencio, paciencia, esconderse de los demás y otras cosas parecidas de las cuales sin duda nos aseguramos con certeza.

Energía demoníaca del engaño (desgracia creada) es la exaltación del pecado que opera encendiendo la psique con falso placer (hidoní-voluptuosidad), emoción y excita, estimula el deseo ansioso dentro del cuerpo para la unión sexual con otros cuerpos. Es totalmente indecisa y desordenada, según San Diadoco. Proporciona alegría irracional incontrolable, engreimiento vanidoso, perturbación y deleite áspero y atrofiado; sería justo decir que influye sobre todo en la parte anhelante (volitiva) de la psique como falsa hidoní (placer) templada. Como material para incendiarse, se aprovisiona de las hidonés (placeres carnales) y tiene como cooperador la insaciable panza (estómago). Desde ella absorbe, excita y estimula la totalidad de la carne del cuerpo y de ella toma el pretexto para cooperar e incendiar la psique y arrastrarla hacia sí mismo, de modo que el ser humano adquiere el hábito apego-adictivo en la voluptuosidad patológica (hidonopazia, hedonismo) y poco a poco expulsa la χάρις (jaris gracia energía increada) de su interior.

 

Quince capítulos sobre la hisijía y sobre los dos tropos, modos de la oración

Existen dos tropos, modos y maneras de unión o mejor una doble entrada de la oración de corazón o noerá que el espíritu activa u opera en el corazón.

Con estos tropos, (modos, formas o maneras) primero el nus se encuentra en el corazón antes de la oración adhiriéndose, uniéndose al Señor, (1Cor 6,17) (contacto consciente en el corazón con el nombre Señor Jesús…) según la escritura; y el segundo es que la energía de la oración, mientras se mueve progresivamente en un fuego gozoso, atrae el nus y lo liga y compromete a la invocación del Señor Jesús y a la unión con Él.

Porque aunque el espíritu opera en cada uno como le place (1Cor 12,11), tal como dice el Apóstol, a pesar de esto, a veces en algunos una forma precede la otra, con los tropos, modos o formas que antes nos hemos referido.

Y otras veces la energía opera en el corazón, mientras se van reduciendo los pazos con la continua invocación de Jesús Cristo y reaparece el divino calor, “porque nuestro Dios es fuego abrasador”, que abrasa los pazos, dice la escritura (Heb 12,29 Deut 4,24).

A veces, el Espíritu atrae el nus hacía sí mismo, delimitándole en la profundidad de su corazón y le impide de sus acostumbrados rodeos e idas y venidas por ahí fuera. Entonces ya no está conducido como preso por los Asirios, lejos de Jerusalén, sino que regresa admirablemente de Babilonia a Sión de forma que diga también él junto con el Profeta: “A ti se te deben himnos, Dios mío, en Sion y te ofreceremos nuestra promesa en Jerusalén (Sal 64,2)” y “Cuando el Señor devuelva los presos en Sión, se complacerá Jacob y se regocijará el Israel” (Sal 125,1 y 52,7).

Con estos nombres se sobreentiende el nus practico y el “zeoritikos“, contemplativo, quien con la ayuda de Dios vence los pazos mediante la práctica y ve a Dios con la zeoría divina-visión, contemplación, a medida de lo posible. Entonces el nus, como está llamado al rico banquete, disfruta con el divino goce y canta con salmos: “Me preparas una mesa ante mis enemigos que me afligen y me entristecen, -es decir, de los demonios y los pazos- y perfumas con ungüento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar” (Sal 22,5).

 

Como tenemos que activar, operar la oración

Dice Salomón:”Siembra, desde la mañana tu grano – se refiere de la oración – y por la tarde-noche no cese tu mano” (Ecl 11,6), para que no cese la continuidad de la oración y quizás pierdas la hora que serás escuchado. “Porque – continua Salomón- no conoces qué va a prosperar, esto o aquello”.

Y mientras te sientas en un taburete corto desde por la mañana, limita la energía de tu nus y tu mente con tu lógica en el corazón y mantente allí, esforzándote, y con dolor en el pecho, los hombros y el cuello, clama con perseverancia psíquicamente o espiritualmente el “Kirie Jesús Cristo, compadécete de mí”. Porque dice la Escritura: “Los que me comen tendrán más hambre”. La misma comida de los tres nombres “Señor, Jesús, Cristo” se come continuamente. Después, como es angustioso y laborioso, quizás pesado por la repetición, gira con tu nus y mente o la atención de tu nus a la otra mitad de la oración y di: “hijo de Dios, compadécete de mí o ten misericordia, compasión de mí, soy pecador”, (o estoy enfermo en sentido espiritual). Y diciendo la mitad de muchas maneras, no debes de cambiarlo continuamente por pereza o indolencia. Porque no se arraigan las plantas si continuamente las trasplantas.

Más, retenga el aliento de la respiración para que no respires con facilidad, porque la brisa de las respiraciones o las tempestades, subiendo desde el corazón, oscurece el nus, agita el aire de la diania (mente, intelecto), alejando el nus y su energía del corazón. Entonces le entrega cautivo al olvido, o le hace repasar y estudiar otras cosas por otras y se encuentra sin darse cuenta en aquellas cosas que no debe ni necesita.

Ahora si ves las suciedades de los malos astutos espíritus, o sea, de los loyismí que se presentan y cambian de forma en tu nus y tu mente, no te asombres ni te desconciertes y si te aparecen pensamientos, nociones y conceptos de cosas bondadosas no hagas caso, no prestes atención a estos. Sino que reteniendo tu expiración, a medida de lo posible, (apretando un poco los dientes), concentrando y cerrando tu nus y tu mente en el corazón (el centro interior, al fondo donde nace la vocecita) y activando la invocación del Kírios-Señor Jesús continuamente con persistencia, entonces a estos los quemas rápidamente y los delimitas, azotándoles latigazos invisiblemente con el divino nombre. Porque dice Juan el Sinaíta, en la Escalera: “Con el nombre de Jesús fustiga latigazos a los enemigos, no hay un arma más fuerte que esto en la tierra y en el cielo”.

 

Sobre la respiración

Cómo debes detener la expiración, testigo es Isaías el Anacoreta que habla de esto y muchos otros Padres. Uno dice: “contenga y disciplina tu nus que es incontenible e indisciplinado”, es decir, la fuerza de la energía satánica es la que le empuja, le dispersa y le trastorna, es la que por nuestra negligencia, después del bautizo, regresó en la psique indolente y descuidada junto con otros espíritus más malignos, e hizo esta última situación peor que la primera, como dice el Señor (Mt 12,45).

Otro dice que el practicante debe tener la memoria de Dios en el lugar de la respiración; otro, que la agapi-amor de Dios debe retener la expiración.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “Limita y comprime también la respiración, para que no puedas respirar cómodamente”.

San Juan Sinaita, el de la escalera: “une con tu respiración el recuerdo de Jesús y entonces conocerás el beneficio de la hisijía (serenidad y paz interior de nus, corazón y psique)”.

Y Apóstol Pablo decía que ya no vivía él, sino Cristo dentro de él (Gal 2,20), quien operaba y le inspiraba en la vida divina.

Y el Señor dijo que “el espíritu por donde quiere sopla” (Jn 3,5), tomando Su ejemplo por el sentido del soplo del aire. Con el bautismo pues, nos hemos purificado, limpiado y recibimos el compromiso (las arras) del Espíritu y el “intimo, interno logos inherente” que dice Santiago (1,21), como grano que se sembró y se juntó en nuestro interior diríamos, en una participación no mezclada, el cual logos nos efectúa la zéosis (o nos deifica, glorifica) sin que el mismo sea disminuido o restringido, y por bondad nos une con el completísimo Dios.

Pero como hemos sido negligentes y descuidados hacia los mandamientos, los cuales contribuyen en la permanencia de la Jaris (gracia, energía increada), pues, por este descuido nuestro recaemos otra vez en los pazos. Y en vez de la respiración del Espíritu Santo, somos colmados por los soplos de malignos espíritus, y está claro, como dicen los Padres, que de esto se originan el bostezo y el estiramiento. Porque aquel que ha adquirido el Espíritu y se ha sanado, purificado por él, se calienta e inspira la divina vida y habla, entiende y se mueve, según el logos del Señor: “no sois vosotros los que habláis, es el Espíritu de mi Padre que habla en vuestro interior” (Mt 10,20). Igual también aquel que tiene el espíritu contrario y está dominado por él, dice y hace las cosas contrarias.

 

Como debemos decir la bendición de Jesús u oración del corazón

Los Padres algunos aconsejan decirla íntegramente: “Kirie Jesús Cristo, Hijo de Dios, eléisonme, compadécete o ten compasión, misericordia de mí que soy pecador” (o enfermo espiritual). Otros aconsejan la mitad: “Jesús Hijo de Dios, eléison me”, que es más fácil para el nus que es considerado débil. Porque nadie puede invocar por sí mismo místicamente al Señor Jesús (1Cor 12,3) sin la energía increada jaris del Espíritu Santo, -porque esto sólo con el Espíritu Santo se hace lúcidamente y perfectamente- es como niño que aún murmura o balbucea y no puede articular la oración completamente. Pero no se debe cambiar continuamente las invocaciones de los nombres, por pereza, sino ocasionalmente de forma dispersa, para asegurar la perseverancia.

Otros enseñan decir la oración oralmente con la boca, otros con el nus (contacto consiente con la energía del corazón); yo digo con los dos métodos. Porque unas veces diciéndola se debilita la boca por cansancio y otras el nus por pereza. Por eso debes orar con las dos maneras; con la boca oralmente y con el nus, pero debes estar sereno, tranquilo e imperturbable (con ataraxia), para que no provoque confusión la voz en el sentido, sentimiento e impida y distraiga la atención del nus. Llegará el tiempo que el nus se acostumbrará y progresará en esta obra y adiestrado así recibirá la potencia y energía increada del Espíritu para orar total, perfecta e intensamente. Entonces ya no necesitará hablar con la boca –además, que no podrá- contentándose en hacer esta labor en silencio exclusiva y totalmente con el nus (la mente, cerebro y la energía del nus en el corazón, contacto consciente con el Divino Nombre).

 

Como debemos retener y disciplinar el nus

Debes saber que nadie puede retener y dominar el nus, sino le retiene y domina el Espíritu Santo. Porque el nus es incontenible, no es que sea por su naturaleza inquieto, sino que por nuestra negligencia se ha familiarizado y acostumbrado a deambular, desde su origen, desde el principio. Es decir, con la transgresión de los mandamientos dados por el Logos de Dios y Quien nos ha regenerado y renacido, nos hemos separado de Dios y hemos perdido el sentido espiritual y la unión que teníamos junto con el Dios. Puesto que el nus resbaló de allí y se separó de Dios, es descarriado y arrastrado por todas partes como prisionero. El nus no se puede parar y disciplinar de otra manera, sino se resigna y se somete a Dios y le detenga y domine Aquel, uniéndose a Él con regocijo, gozo, rogándole continuamente con persistencia, y confesándole cada día mentalmente y de corazón todas sus culpas y pecados. Dios perdona inmediatamente aquellos que piden e invocan continuamente Su santo nombre con humildad, devoción y quebrantamiento. Porque dice el Salmista: “Que confeséis al Señor e invoquéis Su santo nombre” (Sal 104,1). (¿Cuándo no perdona Dios? Cuando no se lo pedimos… dicen los Padres).

Pero también la retención de la respiración y apretón de los dientes, retienen el nus, pero sólo parcialmente y otra vez se dispersa. Cuando deviene la energía de la oración, entonces ésta realmente retiene y conserva el nus y su energía cerca de sí y lo regocija, lo deleita, lo exculpa y lo libera de la prisión. Pero a pesar de esto, sucede que algunas veces, mientras el nus ora y permanece inmóvil en el interior del corazón, la diania (mente, cerebro, intelecto) deambula, vaga y estudia otras cosas. Ella no se sujeta ni se somete a nadie, salvo a los perfectos por la Jaris energía increada del Espíritu Santo, los cuales han llegado al estado soñado con la dínamis, fuerza y energía increada de Jesús Χριστός Jristós-Cristo.

 

Como tenemos que expulsar los loyismí (pensamientos, reflexiones, ideas y fantasías)

Ningún principiante puede expulsar un loyismós sin que el Dios lo haya expulsado primero. Sólo los fuertes pueden combatirlos y expulsarlos. Incluso ellos, no los expulsan por sí mismos, sino que se mueven y combaten contra los loyismí con la ayuda de Dios, en realidad revestidos con la armadura de Dios.

En cuando a ti, cuando te acosen los loyismí, invoca intensa y persistentemente a Señor Jesús Cristo y ellos huirán, porque sufren y no soportan el calor del corazón que sobresalta por la oración, y se van como si los quemara el fuego. “Con el nombre de Jesús, nos dice San Juan de Clímax, azota los enemigos”. “Porque nuestro Dios es fuego devorador que quema la maldad y la malevolencia de ellos” (Heb 12,29).

El Señor, que es rápido en ayudar, enseguida se vengará de los enemigos o demonios en lugar de los que claman hacía Él con toda su psique día y noche (Luc 18,7). Por otro lado aquel que no tiene la energía de la oración, los aplasta de otro modo, haciendo como Moisés, (Ex 17,11). Se levanta de pié y extiende los brazos con los ojos hacia el cielo, y el Dios los ahuyentará; después vuelve a sentarse y sigue la oración con persistencia. Esta manera la usa aquel que aún no tiene fuerza para la oración.

Pero aquel que tiene la energía de la oración, cuando se trata de pazos del cuerpo, o sea, la acedía, pereza y lujuria, que son los pazos duros y pesados, muchas veces se levanta y extiende las manos hacia el cielo pidiendo ayuda. Pero esto lo hace pocas veces, por miedo a engaño y otra vez se asienta en la oración, no vaya ser que el enemigo taiga alguna fantasía de arriba, presentándole alguna semejanza de algo como sí fuera de la verdad.

Porque para que el nus esté arriba, abajo, en el corazón y en todas partes sin que se equivoque de nada, esto es cualidad sólo de los kazarós (sanados, limpios purificados) y los perfectos, quienes pueden mantenerlo y guardarlo sin perjuicio ni avería.

 

Sobre lectura y varios consejos para principiantes

Dice san Juan el Clímaco, puesto que tú eres obrero, debes leer y preferir las lecturas de prácticas y acción. Porque el trabajo de los practicantes hace innecesaria la lectura de otras cosas. Leer y releer siempre los que tratan con la hisijía y la oración, como por ejemplo San Juan el Sinaita el de la Escalera, a san Isaac el Sirio, a san Máximo el confesor, a san Simeón el Nuevo Teólogo y a su discípulo a Nikita Stizatos, san Hesiquio, a Filoteo el Sinaita y todos los similares. Los restantes déjalos de momento; no es que sean innecesarios y rechazables, sino que no te ayudan a tu propósito o fin que persigues sino que desviarán tu nus de la oración hacia la lectura de las cosas que exponen.

El practicante debe hacer la lectura solo, no como demostración con voz orgullosa, ni con elocuencia rápida y torneada, o con elegancia de logos o melodía hedónica, sensual para que seas robado inconscientemente por la malicia, y leas para gustar en algunos como si estuviesen delante de ti. Tampoco con codicia, porque “todo a su justa medida o con mesura es perfecto”; ni áspera y con indiferencia, sino modesta e humildemente, como es debido, con prudencia, sensatez y armonía con el nus, la psique y la lógica. Con todo esto el nus se fortifica y adquiere vigor y hábito para orar con fuerza y ganas. Pero si hace la lectura con todos los opuestos, que hemos mencionado antes, entonces le traerá oscurecimiento, languidez, debilitamiento y angustias, de modo que tenga dolor en su nus y en su cerebro y así viene la desgana y la debilidad para la oración.

Este pazos, que es la vanagloria, no deja al practicante prosperar en la virtud; porque mientras sufre y hace todos estos esfuerzos y labores, al final se encuentra sin fruto. Porque la vanagloria se presenta siempre en los tres, es decir, al principiante, al mediano y al perfecto, y les desvía y despoja de la labor por las virtudes.

Diré algo de mi experiencia. Sin las virtudes siguientes, el practicante no progresa nunca; es decir, ayuno, continencia, vigilia, paciencia, valor, hisijía, oración, silencio, luto (según Dios) y humildad. Estas virtudes generan una la otra y las guardan. Del ayuno se marchita el deseo y nace la continencia; de la continencia nace la vigilia; de la vigilia nace la paciencia; de la paciencia el valor; del valor la hisijía; de la hisijía la oración, de la oración el silencio; del silencio el luto y del luto nace la humildad. De la humildad a la inversa nace el luto, y a continuación encontrarás las hijas que generen las madres una por una. Esta inter-nacimiento entre una y otra es también la mayor virtud. Por otro lado, las contrarias están claras en todos.

Aquí debemos referirnos también a los esfuerzos y los dolores del trabajo espiritual y exponerlos con claridad, cómo debemos practicar cada trabajo, no vaya ser que alguno por sólo escuchar y no practicar, no consiga el objetivo y acuse, reproche a mí u otro de que las cosas no son tal y como las hemos dicho. El ejercicio esforzado y doloroso del corazón y la fatiga corporal está demostrado que hacen obra verdadera, y manifiestan la energía (increada) del Espíritu Santo, la que te fue concedida mediante el bautismo, como también cualquier otro fiel.

Esta energía (increada) está cubierta de los pazos por el descuido de los logos-mandamientos, y espera con su infinita misericordia nuestra metania, para que al final por nuestra esterilidad siendo infructuosos no escuchemos: “Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” (Mt 25, 28-29), y seamos enviados al infierno, castigándonos eternamente en la gehena.

Porque todo trabajo o ejercicio corporal y espiritual que no tiene dolor y esfuerzo nunca trae fruto en aquel que lo ejerce. Y la Realeza increada de Dios se conquista con violencia y los violentos la arrebatan, como dice el Señor (Mt 11,12); violencia entiende el cansancio y el esfuerzo físico del cuerpo en todo.

Porque muchos quizás han trabajado por muchos años sin esfuerzo ni disposición ardiente del corazón, por eso están vacíos de pureza y no partícipes del Espíritu Santo, puesto que han evitado la rudeza de los esfuerzos. Porque aquellos que trabajan con negligencia, relajamiento y languidez, quizás según su opinión se esfuerzan mucho; pero nunca recogen frutos, precisamente porque no se han esforzado y en el fondo no ha sentido dolor.

Testifica sobre esto uno de los santos Padres, diciendo: “Aunque todas nuestras manifestaciones de nuestro ejercicio son interesantes, todas estas serán falsas e inútiles si nuestro corazón no está lleno de sufrimiento, aflicción o pena”. Quizás aún, cuando vivimos relajados, sin esfuerzo, ni dolor y nos empuja la acedia en distracciones inútiles, así nos oscurecemos creyendo que en estas encontraremos comodidad, pero esto no puede ser. Simplemente nos atamos en sucias cadenas invisibles y nos hacemos inmóviles e inactivos para toda obra buena, mientras que en nuestro interior aumenta la languidez y el relajamiento, sobre todo cuando somos principiantes.

Porque para los perfectos todo es útil cuando se hace con mesura. Esto testifica el gran Efrén diciendo: “Lucha con los esfuerzos ascéticos, para evitar los esfuerzos vanos”. Porque según el profeta Isaías: “Por eso están llenos de convulsiones mis riñones; soy preso de dolores, como los dolores de mujer en parto; la angustia me aturde, el espanto me ciega. Mi corazón se marea, el terror me sobrecoge; el crepúsculo que anhelaba se me ha hecho un horror (Is 21,3-4), si no pasa todo esto no pariremos “espíritu de sotiría sanación, redención y salvación” (Is 26,18) en la tierra del corazón como has oído… Pero al estar tiempo en el ejercicio de la hisijía creemos que somos algo y por eso presumimos. Pero en la hora de la muerte sin duda entenderemos bien todos qué tipo de fruto tenemos.

No es posible para uno aprender solo la ciencia de las virtudes, aunque algunos tuvieron la experiencia como maestro. Porque indica presunción, engreimiento, cuando uno actúa solo y no con el consejo de aquellos que han progresado en la virtud; más bien produce la presunción y el engreimiento. Es decir, el Hijo no hace nada por sí mismo, sino tal y como le ha enseñado el Padre así hace (Jn 8,28), y el espíritu no hablará por sí sólo (Jn 16,13); ¿quién es aquel que ha subido en tanta altura de virtud de modo que no tenga necesidad de alguien que le instruya (mistagogiza)? Se ha equivocado el que cree que tiene virtud, mientras lo que tiene es arrogancia. Por eso debemos obedecer a los que conocen los esfuerzos de la práctica de la virtud y así ejercitarla.

Es decir, el ayuno agotador, la continencia sin hedonismo, la vigilia con persistencia, estar de pie, oración alargada, humildad inconfundible, contrición y gemidos, el bendito silencio y la paciencia en todo. Uno no debe estar en comodidad continua, al no ser que por la edad o enfermedad esté obligado. Porque dice la Escritura.”Serás alimentado de los esfuerzos de tus virtudes” (Sal 127,2) y “La realeza increada de Dios se da a los violentos consigo mismo…” (Mt 11,12). Aquel pues, que con violencia y fatiga se esfuerza y realiza cada día los ejercicios anteriores, con la ayuda de Dios, cuando venga el tiempo adecuado segará también los frutos.

 

Sobre engaño, error y varias cuestiones

Preste atención a lo qué quiero que conozcas con exactitud sobre el error y el engaño; de modo que te protejas de esto, no vaya ser que por ignorancia sufras algún daño grande y pierdas tu psique. La independencia, voluntad o libre albedrío del hombre fácilmente declina y tiende en comunión con los demonios; sobre todo en aquellos hombres que son inexpertos, y están como si estuvieran gobernados por estos.

Porque cerca y alrededor de los principiantes, los excéntricos y los autosuficientes vagan los demonios preparando trampas de loyismí y pozos de caídas, provocando desastres y caos a través de las fantasías. Es decir, la ciudad de ellos se encuentra bajo el poder de los bárbaros. No debemos de extrañarnos si alguien engañado, haya perdido la razón de su nus o aceptó y sigue aceptando el error o ve cosas ajenas de la verdad o por inexperiencia e ignorancia dice cosas que no debe.

Porque muchas veces alguno hablando por ignorancia sobre la verdad, y diciendo sin entender unas cosas por otras, no conoce decir las cosas correctamente y así muchas veces ha perturbado muchos y con su estupidez provocó vergüenza y burlas contra los hesicastas (o contra los que se psicoterapian, se sanan con el método hisijasta). No es bueno que un principiante después de mucho esfuerzo sea engañado; esto ha ocurrido en muchos actuales y antiguos que buscaban a Dios.

El recuerdo o memoria de Dios, es decir, la oración noerá o de Jesús, es el ejercicio más alto de todos los trabajos espirituales. Esta es la cabeza de las virtudes, porque es la agapi a Dios. Y aquel que quiere acercarse a Dios con insolencia y descaro, y tiene prisa en confesarle limpiamente y adquirirle en su interior, fácilmente es atacado y asesinado por los demonios, si lo permite el Dios; porque ha pedido con atrevimiento y descaro las cosas que no convienen con su situación y ha buscado prematuramente con arrogancia conseguir cosas.

Pero muchas veces el Señor, mientras nos ve atrevidos para las cosas grandes y altas, tiene misericordia de nosotros y no nos deja caer en la tentación, para que cada uno perciba y entienda solo su orgullo y hacer la metania, arrepentirse , confesar y convertirse antes que se convierta en burla y risa de los demonios y digno que los hombres le tengan pena, y sobre todo aquel que busca con magnanimidad y humildad, y lo más grande, con obediencia y preguntas a los experimentados en esta obra admirable, no vaya ser que sin darse cuenta en vez de segar trigo siegue pinchos, en vez de dulzura, amargura y en vez de salvación encuentre su perdición.

Porque sólo los fuertes y perfectos pueden batir el duelo siempre con los demonios y elevar la espada del Espíritu contra estos; es decir, “el logos de Dios” (Ef 6,17). Los débiles y principiantes tienen como fortaleza la huida con devoción y temor, evitando la guerra, no atreviendo antes de tiempo, y así se salvan de la muerte (espiritual).

Tú pues, si sigues el método del hisicasmo correctamente, esperando estar junto con el Dios, nunca aceptes cualquier cosa que veas, sensible o espiritual, exterior o interior; incluso alguna visión de Cristo, o supuesto Ángel o figura de Santo o imaginar con tu nus alguna luz y crear con el nus alguna forma, dibujo. Porque el mismo nus por su naturaleza tiene la potencia de la fantasía y fácilmente crea imágenes y formas de las cosas que desea, sobre todo en aquellos que aún no le vigilan con exactitud, y provoca perjuicios y daños también a sí mismo.

Incluso el recuerdo de los bienes o males, acostumbra de repente dar forma en el sentido del nus y conducir a la fantasía, entonces así uno en vez de hisicasta por sí mismo se convierte en fantasiasta. Por eso ten cuidado, no debes consentir ni creer algo, aunque sea bueno, antes de examinarlo mucho y consultarlo a los expertos, para que no seas extraviado y dañado. En esto que seas muy dudoso, manteniendo siempre tu nus sin color, sin forma, ni figura.

Muchas veces algo que ha mandado el Dios como prueba y como recompensa o corona, a muchos les ha perjudicado. Porque el Señor quiere probar nuestro libre albedrío (o independencia) hacia qué lado tiende a declinar. Aquel que ha visto o ve alguna cosa con su diania (mente, cerebro) o con su sentido, aún si proviene de Dios y lo acepta sin consultar la opinión de los expertos, fácilmente cae o caerá al engaño, porque es excesivamente complaciente, cándido o crédulo y acepta fácilmente.

El principiante debe vigilar la energía cordial o del corazón que es inconfundible, y todo lo demás no aceptarlo hasta que sea pacificado de sus pazos. Porque el Dios no se enfada contra aquel que vigila con exactitud el sí mismo, aún aunque no acepte aquello que ha recibido es de Dios, sin preguntar y examinar mucho; más bien le elogia como sabio, aunque contra algunos se ha enfadado.

Pero no debe preguntar a todos, sino solamente a uno que le habrán confiado ser el guía de otros y tenga vida que brille por la virtud, pobre pero que hace ricos a los demás, según la Escritura (2Cor 6,10). Porque muchos inexpertos han perjudicado a muchos tontos, de los cuales no habrá misericordia después de la muerte. No conviene a todos conducir a otros, sino aquellos que se les fue dado el discernimiento, el cual por el Apóstol Pablo se llama “discernimiento de espíritus” (1Cor 12,10) y separa lo peor de lo mejor con la espada del logos.

Cada uno tiene su propio conocimiento y discernimiento, natural o por práctica o por aprendizaje, pero no todos tienen el discernimiento del Espíritu. Por eso el sabio Sirac decía: “Los amigos con los que te pacificarás que sean muchos, pero tus consejeros uno de mil” (Sab. Sir 6,6). Y no es pequeña la lucha para encontrar guía que no es engañado en las obras, en las palabras y en los conceptos.

El guía inconfundible se ve de su vida y su conducta si está de acuerdo con los testimonios de las Escrituras divinas y si es modesto. Y no es poco el esfuerzo y la violencia que hace falta para uno llegar a la verdad y ser limpiado y sanado de lo que es contrario a la jaris (gracia, energía increada). Porque el diablo acostumbra presentar su engaño con forma de verdad, sobre todo en los principiantes, transfigurando sus malignos planes en espirituales.

Por esta razón aquel que lucha para llegar a la oración pura y lúcida, debe ir caminando en la hisijía con gran temor, con luto y preguntar a los expertos para que le guíen a llorar siempre por sus pecados, tener temor y miedo, no vaya ser infernado y pierda a Dios y se separe de Él ahora y al futuro.

Cuando el diablo, pues, ve alguien que está en luto no permanece allí, porque se acobarda por la humildad que es producida por el luto (según Dios). Pero si uno se imagina con orgullo de que llegará alto, teniendo deseo satánico y no verdadero, entonces fácilmente es captado en las redes del diablo como sirviente suyo.

Por eso es un arma muy grande que uno mantenga la oración y el luto, para que no caiga de la alegría de la oración en el orgullo, sino que prefiera la jarmolipi (alegría y pena o pena-alegre) y así permanece imperturbable e inocuo. Porque la oración perfecta o inocua, es decir, el calor junto con la oración de Jesús, quien ha encendido fuego en la tierra (Lc 12,49), es la que quema los pazos como pinchos secos y provoca en la psique deleite y alegría, y esto no viene de la derecha ni de la izquierda, ni de arriba tampoco de abajo, sino que brota en el corazón como fuente de agua por el espíritu vivificante. A esta oración sólo que desees encontrar y adquirir en tu corazón, sin fantasías, sin conceptos ni pensamientos, y no tengas miedo a nada.

Aquel que dijo: “animaos, YoSoY, no tengáis miedo” (Mt 14,27). Él está con nosotros, a quien rogamos para que nos defienda siempre, y no debemos acobardarnos o gemir cuando imploramos a Dios.

Ahora bien, hay también algunos que se han desviado y sus mentes han sido tocadas y dañadas, mira lo qué les ha pasado por su autosuficiencia y su altanería. Porque aquel que busca a Dios con obediencia y pregunta a los demás con humildad, no será dañado nunca, con la jaris (gracia, energía increada) de Cristo, Quien quiere que todos los hombres se sanen y se salven (Tim 2,4).

Y si sucede alguna tentación, se hace para ser probado y coronado, y empuja rápidamente a la ayuda de Dos que la ha concedido, de las maneras que Él conoce. Aquel que vive correcta e irreprochablemente y se aleja de la vanagloria y la soberbia, aún aunque la legión de los demonios provoquen innumerables tentaciones, no le perjudicarán ni dañarán, tal y como dicen los Padres. Pero aquellos que caminan con descaro y de acuerdo con su propia razón, estos fácilmente sufren daño.

Por eso el que sigue el método hisijasta debe siempre guardar el camino real. Porque cada exageración en alguna cosa, por costumbre la sigue la soberbia, la que acaba de hacer daño. Que detengas un poco la respiración del nus y aprietes un poco la boca, pero no la respiración por la nariz como hacen algunos ignorantes.

Las virtudes de la hisijía son las tres siguientes: auto-contención, silencio y auto-reproche o auto-reprobación, es decir, la humildad; y debemos cumplirlas con exactitud y estar en cada momento en la línea de estas, no vaya ser que el olvido nos arrastre fuera de estas. Son virtudes entrelazadas y sostienen una la otra, y de estas tres nace la oración y continuamente crece.

El principio de la gracia en la oración se presenta en algunos de varias formas y se observa de muchas maneras y se reconoce la dación de los carismas del Espíritu Santo, de acuerdo con Su voluntad, como dice el apóstol Pablo (Heb 2,4), de manera que se ve también en nosotros, según el ejemplo del profeta Elías (3RE 19, 11-12).

Es decir, en algunos viene como un viento fuerte que disuelve las montañas de los pazos y destruye las piedras, o sea, los corazones duros, de modo que por el miedo, la carne, cuerpo se queda quieto, inmóvil y se mortifica. En otros, al principio aparece como un seísmo, es decir, un deleite en las entrañas, el cual los Padres lo han llamado también skírtima sobresalto o pulsación, que es inmaterial y esencial, porque lo que es sin esencia es sin base substancial e inexistente.

Finalmente en otros y sobre todo aquellos que han progresado en la oración, el Dios opera como una blanda y pacífica brisa o aura de luz, ya que en sus corazones ha habitado el Cristo y se revela místicamente con la jaris (energía increada) del Espíritu Santo, como dice el apóstol Pablo (Ef 3,7). Por eso decía el Dios a Elías en el monte Corib que ”el Señor no es viento fuerte ni seísmo (como algunas de las operaciones a los principiantes), sino como una aurora de luz blanda, allí está el Señor” (3RE 19, 11-12). Con esto nos ha indicado la perfección de la oración.

¿Qué hará uno cuando el demonio se presenta como ángel de luz (2Cor 11,14) y engaña al hombre.

Por eso hace falta tener el hombre mucho discernimiento, para conocer la diferencia entre el bien y el mal. No aceptes, pues, rápidamente los fenómenos con ligereza, sino que permanezcas desconfiado y después de muchas pruebas, mantener el bien y rechazar el mal (1Tes 5, 21-22). Debes probar y discernir las cosas, y entonces creer.

Debes conocer que las energías (increadas) de la jaris-gracia, por mucho que el demonio se transforme en ángel de luz no te las puede dar. No da apacibilidad, ni indulgencia, tampoco humildad, ni aborrece el mundo, ni cesa los hedonismos y los pazos; estas cosas son actos y energías de la jaris increada. La energía y operación del demonio es la arrogancia, la soberbia, el engreimiento, la cobardía y todo tipo de maldad. De la energía del acto pues, puedes aprender y saber si la luz que ha resplandecido en tu psique es de Dios o del satanás.

La lechuga es semejante a la vista que el cardillo y el vinagre semejante al color que el vino, pero la garganta comprende y discierne la diferencia de estos por el sabor. Así también la psique, si tiene discernimiento, reconoce por el sentido espiritual los carismas del Espíritu Santo y las fantasías del Satanás.

San Gregorio el Sinaita

Traducido por: χΧ jJ

 

 

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