EXPERIENCIAS DE LA JARIS

 

 

Anunciación Virgen copia

 

“Alegría alégrate, plena de Jaris (Virgen María), el Kirios (Señor) está contigo.” (Lu. 1,28).

 Χαρά (Jará, alegría) que se energiza de la Jaris (gracia energía increada), es la palabra divina que empieza la nueva obra de Dios en el Nuevo Testamento.

“Estas cosas os he dicho para que mi alegría quede en vosotros y vuestra alegría sea plena, total.” Jn.15,11

“y os alegrará el corazón y vuestra alegría nadie os la puede quitar… pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea plena, total. Jn 16,22-24”

“Ahora voy a ti; y digo estas cosas en el mundo para que tengan mi alegría en sí mismos plena, total .” Jn 17,13

El hombre para que pueda luchar contra su propio mal, egoísmos, voluntades del mundo y contra el astuto Maligno, tiene necesidad de experimentar y saborear la (increada energía) Jaris (Gracia) de Dios y sienta continuamente la dulzura del Espíritu Santo. La experiencia de Cristo es la que apoya al cristiano en su lucha por agradar a Dios.

Es posible que nuestra propia debilidad y el Diablo nos arrastren hacia experiencias falsas, que nos conduzcan a caminos equivocados y nos lleven a aguas turbias, fuera de la auténtica experiencia de Dios, si no vamos con cuidado.

Nuestra participación en la vida de nuestra Iglesia Ortodoxa, la única verdadera fe en el Zeantropos Cristo, la aceptación de corazón y abrazo de su Santa Tradición y la práctica diaria de la Iglesia, son un seguro para los que anhelamos ver el Prósopon (Rostro) del Novio de nuestra Iglesia, así como tener esperanza en la vida eterna y saborear desde el presente siglo la verdadera experiencia de Dios.

“Saboread y ved que el Kirios (Señor) es bondadoso”, mediante las condiciones que  conoce  nuestra Iglesia, la cual parió , pare y seguirá pariendo Santos en comunión con Dios y con la experiencia de vida eterna.

La contestación que dio el Apóstol Felipe al entonces amigo Apóstol Natanael aún desconfiado, también la sugiere y propone la Iglesia Ortodoxa a los que dudan de la autenticidad de su experiencia vivida: “Venid y ved”.

Ven y hazte miembro vivo de la Iglesia en obediencia y enseñanza de Cristo, humilla tu espíritu de filaftía (excesivo amor a uno mismo y al propio cuerpo) y lucha contra los espíritus tentadores, entonces verás, te alegrarás y aprenderás; saborearás la auténtica experiencia personal que Dios, con Su infinito amor, da a los que con franqueza y persistencia Le buscan.

AUTÉNTICAS Y FALSAS EXPERIENCIAS DE LA JARIS DE DIOS

Tal como conocemos, la finalidad de nuestra vida es nuestra unión con Dios. Tal como dice la Santa Escritura, el hombre se creó como “icona (imagen)y semejanza” de Dios, para parecerse a Dios, o sea, unirse junto a Él. La semejanza de Dios con el hombre, los Santos Padres la llaman zéosis. ¿Mirad que grande es el propósito de la vida del hombre?  convertirse y hacerse, no simplemente mejor, más ético, más amable, más justo, sino convertirse metamorfosearse en dios por la χάρις  (jaris-gracia, energía increada ). Porqué cuando se une el hombre con Dios se hace también dios por la jaris , así que, ¿qué diferencia hay entre el Santo Dios y los deificados hombres? Mientras que nuestro Creador y Constructor es Dios por su propia fisis (naturaleza), en cambio, nosotros nos convertimos en dioses por la jaris, porque mientras por nuestra fisis (naturaleza) permanecemos humanos, con la jaris procedente de Él, nos diovisionamos, deificamos y nos unimos con Él..

Cuando el hombre se une con Dios por la energía jaris, consigue también la experiencia de Dios, siente a Dios; sino ¿como es posible unirse con Dios sin sentir Su jaris?

Los primeros hombres creados en el Paraíso, antes de pecar, conversaban con Dios y sentían la divina Jaris. Dios creó al hombre para ser sacerdote, profeta y rey. Sacerdotepara que acepte su existencia y el cosmos, mundo como regalos de Dios y a continuación ofrecerse a si mismo y el cosmos a Dios, efjarísticamente (en señal de gracias), adorándole, alavandole y glorificándole. Profeta, para que vaya conociendo los Misterios de Dios; profetas eran en el Antiguo Testamento los visionarios y hombres que hablaban en nombre de Dios, los misterios y las voluntades divinas. Rey, para que reine en la creación material y sobretodo sobre sí mismo. Que use la fisis (naturaleza) no como un tirano sino con nobleza y no abuse de la creación sino que la use con gratitud, efjarísticamente. Hoy, el hombre no utiliza la fisis (naturaleza) con lógica, sino que se comporta egoísta, ilógica y descabelladamente, con el resultado de destrucción de su medio ambiente natural y consecuentemente de su propia autodestrucción.

Si el hombre no hubiese pecado y no sustituyera la agapi- amor y la obediencia a Dios con el egoísmo, no se separaría de Dios; sería rey, sacerdote y profeta. Pero el Santo Dios, que sufre por su criatura, quiere traer otra vez al hombre a su original estado, en el que pueda volver a ser, otra vez, verdadero rey, sacerdote y profeta; que pueda otra vez vivir la experiencia de Dios y unirse junto a Él. Por eso, en la historia del Antiguo Testamento, vemos de que manera Dios prepara poco a poco la salvación de los hombres, con el Advenimiento de Su Unigénito Hijo; así sólo da carismas a algunos hombres justos del Antiguo Testamento, como aquellos que tenía el hombre antes de la caída, como por ejemplo el járisma don de profecía. Existen en el Antiguo Testamento hombres como los profetas Elías, Isaías y Moisés, que recibieron el carisma profético y vieron la gloria de Dios, salvo que este carisma no era dado a todos ni era para toda la duración de sus vidas, sino que era dado parcialmente, es decir, que Dios daba estos dones para un fin y casos concretos. Las veces que Dios quería que estos hombres justos anunciaran la llegada de Cristo al mundo o Su voluntad, les daba la posibilidad de recibir una experiencia divina o apocalipsis, revelación.

Pero el profeta Joel profetizó que vendrá una época en que la Jaris del Espíritu Santo será dada por  Dios, no solo en determinados hombres y para un fin determinado, sinó hacia todo pueblo. He aquí lo que dice la profecía del profeta Joel: “ Daré de mi Espíritu en cada sarx (cuerpo, carne) (Joel 2, 27)”; o sea, daré mi Espíritu en cada hombre; Profetizarán vuestros hijos e hijas y vuestros abuelos verán en sus sueños y ensoñamientos ; y vuestros jóvenes verán visiones. Es decir, mi pueblo verá visiones espirituales y misterios de Dios. Este derrame de Espíritu Santo se hizo el día del Santo Pentecostés. Entonces la Jaris, increada energía del Espíritu Santo se dio en toda la Iglesia. No se dio esta jaris a todos en el período del Antiguo Testamento porque Cristo aún no se había encarnado. El abismo, precipicio entre los hombres y Dios estaba sin puente de unión. Debería de restablecerse la comunión del hombre con Dios, para que así Dios diera jaris del Espíritu Santo en todo el mundo. Esta reunificación la hizo nuestro Salvador Cristo con Su humanización (encarnación).

La primera unión que hizo Dios con el hombre en el Paraíso, no era hipostática, por eso se disgregó. Esta, la segunda unión es hipostática, es decir personal. En la hipóstasis- prosopon (base substancial-persona, cara, rostro) de Cristo, se unió la naturaleza humana con la naturaleza divina, inconfundible, inseparable, indivisible y eternamente. Por mucho que pequen los hombres, la naturaleza humana no puede separarse de Dios, porque en el Jesús Cristo, el Zeántropos, están unida eternamente la naturaleza humana con la naturaleza divina.

El hombre, para poder recibir el Espíritu Santo y convertirse y hacerse sacerdote, rey y profeta, sentir a Dios y conocer Sus misterios, tiene que hacerse miembro del cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Jesús Cristo es el único, el verdadero, el perfecto e infalible (no el papa), sacerdote, rey y profeta. Aquello por lo que fueron creados Adán y Eva y fracasaron en hacerlo a causa de su pecado y egoísmo, lo hizo Cristo en su lugar. Ahora todos nosotros unidos con Cristo podemos coparticipar en los tres axiomas de Cristo, el real, el profético y el de santidad o sacerdotal. En este punto debemos aclarar que con el Santo Bautizo y la Jrismación el cristiano adquiere el sacerdocio general, es decir, la santidad y no el sacerdocio especial que se consigue con la especial ordenación ministerial, por la cual los celebrantes de la Iglesia reciben la jaris de ejercer el sacerdocio en la Iglesia e instruir a los laicos.

Por otro lado, el término laico no sólo se refiere a aquel que no ha llegado a la santidad, sino a aquella persona que con el santo bautismo y la santa jrismación, recibió el axioma de ser miembro del laós (pueblo) de Dios y del Cuerpo de Cristo; y a la vez participar en los tres axiomas de Cristo. Desde luego, el miembro cristiano, cuando más sano, concienciado y activo del pueblo de Dios y del Cuerpo de Cristo, es aquel que más cerca participa de los  tres axiomas de Cristo, el de santidad, el profético y el de realeza, y recibe la experiencia superior y sentimiento de Su Jaris, tal como vemos en las vidas de los Santos de nuestra fe.

FORMAS DE EXPERIENCIA DE LA JARIS (ENERGIA INCREADA DE DIOS)

¿Cuales son las experiencias de la Jaris energía increda de Dios que puede recibir el cristiano, de manera que la fe y la vida cristiana no sean para él algo exterior e intelectual, sino un verdadero sentimiento y sentido espiritual de Dios, familiarización y comunión con Él, en la que participe todo el hombre?

En primer lugar, la experiencia de la Jaris (Energía Increada de Dios) es una información de certeza interior, que por la fe en Dios, el hombre encuentra el verdadero significado de su vida; siente que su fe en Cristo le hace descansar en su interior, da sentido y conduce su vida, sintiendo esta fe, una fuerte luz que le ilumina. Cuando siente así la fe cristiana en su interior, ha empezado a vivir la Jaris, energía increada de Dios; Dios deja de ser algo exterior para él.

Otra experiencia de la energía Jaris de Dios, el hombre la recibe cuando escucha en su corazón la llamada de Dios, para metanoirse convertirse, introspeccionarse y arrepintiéndose por sus oscuras y pecadoras obras, para así volver a la vida cristiana, confesarse y entrar en el camino de Dios. Esta voz de Dios que escucha en su interior, es una primera experiencia de la jaris de Dios. Tantos años viviendo lejos de Dios sin entender nada.

Empieza a metanoirse convertirse, introspeccionarse y arrepintiéndose, se confiesa por primera vez de su vida a su pnevmaticós (guía espiritual). Después de la confesión siente una profunda alegría y paz que nunca sintió en toda su vida y entonces se dice a si mismo: “…que alivio, que descanso.” Este alivio es una visita de la divina Jaris (energía increada de Dios) en una psijí (alma) que se metanoó, convirtió, se introspeccionó y se arrepintió y que Dios quiere consolarla.

Las lágrimas que derrama el metanoido cristiano  convertido, introspeccionado y arrepentido, cuando ora y pide perdón a Dios o cuando se confiesa, son lágrimas de metania. Estas lágrimas son muy consoladoras. Traen mucha paz en la psijí (alma) del hombre y entonces él siente que éstas son regalo y  experiencia de la divina Jaris.

Cuanto más profundamente se hace la metania, más agapi (amor ) siente hacia Dios y ora con un divino eros (amor) mayor, tanto más aquellas lágrimas de metania (arrepentimiento, confesión) se convierten en lágrimas de alegría, amor y de divino eros. Estas lágrimas, que son superiores a las lágrimas de metania (arrepentimiento, confesión), son una experiencia y visita superior de la divina Jaris energía increada de Dios.

Venimos a comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, metanoizados arrepentidos, confesados, con ayuno y preparación espiritual; después de la Divina Comunión ¿qué sentimos? Una profunda paz en nuestra psijí (alma) y alegría espiritual; esto también es una experiencia y visita de la Jaris de Dios.

Otras veces, durante la oración, el divino culto o la Divina Liturgia, sentimos una alegría inexplicable; esto también es una visita de la divina Jaris y una experiencia de Dios.

Pero existen también otras superiores experiencias de Dios. La experiencia más sublime es la visión de la Luz Increada de Dios. Esta Luz la vieron los discípulos del Señor en el Monte de la Metamorfosis (Transfiguración) del Kirios (Señor). Vieron a Cristo brillando entero como el sol, con una luz celeste y divina, la cual no era material o creada, tal como lo son el sol o otras luces creadas. Era la Luz Increada, es decir, la Luz de Dios, la Luz de la Santísima Trinidad.

Los hombres que se catartizan (limpian, purifican) totalmente de sus pazos (pasiones) y pecados, y oran con oración limpia, lúcida, pura y verdadera, se hacen merecedores de esta gran experiencia, ven la Luz Increada de Dios desde esta vida. Esta Luz es la que iluminará y resplandecerá en la vida eterna; estos hombres, no solo la ven desde ahora, sinó que a ellos, se les puede ver desde ahora dentro de esta Luz. Porqué esta Luz rodea a los Santos. Nosotros no la vemos, pero los limpios de corazón y los Santos si que la ven. La aureola que se iconiza (se representa en los iconos), que es dibujada alrededor de los rostros de los Santos, es la Luz de la Santa Trinidad que los ha iluminado y santificado.

En la vida de San Basilio el Magno, leemos que cuando oraba en su celda le veían resplandecer entero por la Luz Increada que le envolvía. En la vida de muchos santos observamos lo mismo.

Así pues, uno se tiene que hacer merecedor de ver la Luz Increada, ya que es una experiencia sublime de Dios y no se da en todos, sinó en muy pocos, en aquellos que han avanzado en el camino de la vida espiritual. Según el abad Isaac, en cada generación apenas un solo hombre puede ver con clarividencia la Luz Increada de Dios. (logos 32). También hoy, existen santos cristianos que se hacen dignos de tener esta experiencia única de Dios.

Por supuesto, debemos decir que cada uno que ve una luz cualquiera, no significa que se esté viendo la Luz Increada. El demonio engaña a los hombres y les muestra otras luces, demoníacas o psijológicas, para que crean que es la Luz Increada de Dios, mientras que no lo es. Por eso, cada cristiano que vea algo, escuche alguna voz o tenga una experiencia, no debe aceptarla como si proviniera de Dios, porqué puede ser engañado por el demonio;  debe confesarse a su guía espiritual y él le dirá si proviene de Dios, si se trata de un autoengaño, o si proviene de los demonios; hace falta tener mucho cuidado en este tema.

PRESUPOSICIONES Y CONDICIONES PARA LA AUTÉNTICA EXPERIENCIA DE LA JARIS

Ahora examinaremos las condiciones que nos asegurarán la manera de las distintas experiencias que tenemos, para que sean auténticas y no falsas.

La primera condición es que seamos hombres de la metania (conversión, introspección y arrepentimiento). Si no nos metanoimos por nuestros pecados y no nos catartizamos (limpiamos) de nuestros pazos (pasiones), no podemos ver a Dios. Tal como dice nuestro Kirios (Señor) en las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón, porqué ellos contemplarán, verán a Dios”. El hombre, mientras se catartiza (limpia) de sus pazos (pasiones), se metanoiza, se introspecciona, se arrepiente y se convierte, se vuelve hacia Dios, así puede sentirse y ver mejor a Dios.

El hecho que busquemos recibir experiencias utilizando solamente unos métodos y técnicas, tal como se hace en las herejías, o hacen los hinduistas, o en yogas, es un error; estas experiencias no provienen de Dios, sinó que son experiencias provocadas mediante mecanismos psijológicos.

Nuestros Santos Padres dicen: “Dar sangre y recibir espíritu”; es decir, si no das la sangre de tu corazón con la metania (arrepentimiento y conversión), con oración, ayuno, áskisis, (ejercicio), etc… no puedes recibir la Jaris la energía increada del Espíritu Santo.

Las verdaderas experiencias espirituales se dan en aquellos que por humildad no piden experiencias espirituales, sinó que piden a Dios metania (arrepentimiento y conversión), sanación y salvación; se dan en aquellos que son humildes y dicen: “Dios mío, yo no soy digno de tener experiencias, no soy digno de recibir carismas espirituales, no soy digno de recibir la visita de tu Jaris y Tus consuelos divinos y celestes e hidonés (placeres) espirituales”. Aquellos que con orgullo y soberbia piden a Dios que les dé experiencias, Dios no les dará experiencias auténticas y verdaderas; al contrario se aprovechará de ésto la tentación y el demonio les dará experiencias engañosas y diabólicas a causa de la soberbia de ellos. Como vemos pues, la segunda condición es la humildad.

La tercera condición para que recibamos verdaderas experiencias es estar dentro de la Iglesia y no fuera de ella, porqué si no, el diablo nos confundirá. Cuando la oveja se aísle del rebaño, el lobo la devorará; dentro en el rebaño, hay seguridad. Dentro de la Iglesia el cristiano está seguro. Si sale de la Iglesia está expuesto a sus propios engaños, a los de las demás personas y a los engaños de los demonios. Tenemos el ejemplo de muchas personas que por no practicar la obediencia en la Iglesia y a su guía espiritual, cayeron en grandes errores. Creían que veían a Dios o que les visitaba, mientras que en realidad las experiencias que tenían eran demoníacas y desastrosas para ellos.

También ayuda mucho el tener una oración pura y ardiente. La verdad es que en la hora de la oración, es cuando Dios da la mayoría de las experiencias espirituales al hombre; por eso los que oran con anhelo, celo y paciencia reciben los regalos del Espíritu Santo y el sentimiento de la Jaris de Dios.

Como es sabido, hay una oración que decimos en la Santa Montaña del Monte Athos y quizás vosotros también la decís: “ Jesús Cristo Señor, Hijo de Dios, eleisón me (compadécete de mi), pecador”. Esta oración se caracteriza como una oración noerá (mental, espiritual) de corazón, incesante e ininterrumpida; cuando esta oración se reza con humildad, anhelo, paciencia y persistencia, trae poco a poco dentro del corazón del hombre, el sentimiento de la Jaris energía increada de Dios.

FALSAS EXPERIENCIAS DE LA JARIS      

Los hombres tienen falsas experiencias de Dios porque creen que solos, por sus propias fuerzas, en herejías, en grupos, en seminarios o en reuniones religiosas fuera de la Iglesia pueden recibir la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. Así pues, se acaban juntando con algún joven “profeta” que hace de jefe junto con estos hombres que creen que reciben la visita y la Jaris de Dios.

Por casualidad me encontré una vez en una reunión de pentecostales en América en 1966 cuando me encontraba por allí.  La “iglesia” de ellos era como una aula de colegio. Al principio, un órgano comenzó a tocar una música con sonidos suaves y con un volumen bajo; a medida que avanzaba se hacía más fuerte, más ruidosa y exaltada, produciendo un estado de excitación. Terminó la música y empezó a hablar el predicador; él también empezó suave, pero a medida que avanzaba gritaba más y al final también provocó un estado de excitación en el público. Entonces, después que estos hombres pasaran por una masiva histeria y sugestión, empezaron a chillar, levantarse y mover las manos vociferando sin sentido. Sentí entonces que allí no estaba el Espíritu de Dios, el cual es Espíritu de paz y no de violencia, excitación  o vocerío de locos. El Espíritu de Dios no viene mediante técnicas o mecanismos psijológicas. Desde luego me entristecí mucho por los jóvenes que estaban allí dentro con sus padres y acabarían sufriendo las consecuencias de esta neurosis grupal.

Un joven que se hizo monje en la Santa Montaña del Monte Athos y había pasado primero por el yoga Hinduista, me explicó las experiencias que intentaban tener allí; cuando querían ver luz se frotaban los ojos de forma que veían unas lucecitas y cuando querían escuchar sonidos paranormales se hacían unas presiones en los oídos y así se auto-provocaban  sonidos.

Experiencias psicológicas parecidas, que se producen con mecanismos técnicos, algunos heréticos lo atribuyen al Espíritu Santo.

Pero las experiencias en reuniones heréticas no son sólo psicológicas, sinó a veces también demoníacas. El diablo aprovecha la búsqueda de este tipo de experiencias por parte de algunos hombres y les presenta varias señales, las cuales no provienen de Dios, sinó del demonio. Éstos no pueden comprender que son víctimas ya del diablo. Creen que las señales son celestes y provienen del Espíritu Santo; incluso el demonio les puede llegar a dar alguna capacidad “profética”, tal como las da en los “médiums”. Pero el Señor nos advirtió: “porque se levantarán falsos mesías y falsos profetas y exhibirán grandes señales y monstruosidades ”(Mat.24,24). No sólo simplemente harán milagros, sinó grandes milagros y monstruosidades, señales terribles. Tal como el Anticristo, cuando venga, no hará cosas malas, sinó que serán aparentemente acciones benéficas, diversas terapias para enfermos y otras cosas elogiables para engañar a los hombres y si es posible hasta a los escogidos, para que le crean como su salvador y así seguirle.

Por eso es necesario tener mucho cuidado; no todo aquel  que muestra algunas señales y “profetiza”  es siempre un hombre de Dios. Como nos repite el Señor: “Muchos me dirán en aquel día: ¡ Señor, Señor!  ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo arrojamos los demonios, y en tu nombre hicimos  muchos milagros? Yo entonces les diré: nunca os conocí; apartaos de mi, obradores de iniquidad”(Mat.7,22-23).

Conocí jóvenes que habían sido seducidos y arrastrados por herejías apócrifas y pentecostales, los cuales después de volver a la Iglesia, confesaron que varias experiencias que tuvieron durante su estancia en estas sectas, eran diabólicas. Por ejemplo, un expentecostal, confesó que en las asambleas pentecostales, cuando una “profetisa” profetizaba, él sentía perturbación y alboroto demoníaco, y cuando intentaba decir la oración “Kirie Jesús Cristo compadécete de mi, pecador”, venía la glosolaliá (habla de lenguas) y le ahogaba impidiéndole que dijera la oración.

Como el diablo se puede transformar en ángel de luz, debemos de ser cuidadosos con las experiencias. El Apóstol Juan nos aconseja: “Queridos, no creáis en cualquier espíritu” (1ª Jn.4,1), no todos son espíritus de Dios. Según el Apóstol Pablo, los que han recibido el jarisma o don de discernimiento de espíritus (1ª Cor 12, 10) pueden discernir si son espíritus procedentes de Dios o del diablo. Este Jarisma lo tienen los pnevmáticos (guías espirituales de la Iglesia Ortodoxa). Por eso, cuando tengamos un problema de este tipo, debemos dirigirnos a nuestro pnevmaticós (guía espiritual) y él discernirá la procedencia de cada experiencia.

Incluso los monjes también pueden ser engañados. Tenemos casos en la Santa Montaña del Monte Athos en que monjes se engañaron con este tipo de experiencias. Una vez se le presentó un ángel a un monje; en verdad se trataba del demonio, y le dijo: “Ven arriba en la punta de la cima del Monte Athos y te mostraré grandes milagros”. Le condujo allí, y por poco le despeña entre las rocas, si aquel monje no llega a implorar la ayuda divina. El monje cometió el error de creer en la visión, como si proviniera de Dios, pero no debió hacerlo. Porque los monjes cuando tienen una visión, saben que tienen que explicarlo todo a su Yérontas (guía espiritual) y él les dirá si la experiencia proviene de Dios o de los demonios. Donde hay soberbia, es muy probable el engaño.

SOBRE LOS PENTECOSTALES   

Las experiencias de los pentecostales no provienen de Dios, y no sólo no los ayudan a entrar en la auténtica Iglesia, sinó que les conducen fuera de Ella. Sólo al diablo le conviene y tiene interés en sacar a los hombres de la Iglesia. Así, el fraccionamiento de los mismos pentecostales en muchas herejías, sectas y grupos, demuestra que no constituyen la verdadera Iglesia de Dios. El protestantismo se compone de miles de herejías y sectas; una de éstas es la de los pentecostales. Sólo en Estados Unidos de América hay 39 clases de pentecostales y muchas de estas sectas no tienen ninguna relación entre si; os cito algunos nombres de grupos pentecostales: “Reunión de la iglesia del monte de Dios”, “Teatro gar”,  “Reunión encarnada de la iglesia de Dios”, “Misión en vigília”, “Iglesia de la Madre Horn”. “Iglesia de la Madre Robinson”, “Jesús y su misión en vigília”, “El resto de la iglesia de Dios”, “Iglesia de Dios bautizada en fuego para la santidad de América ”, “Iglesia de la Moyera Cuc”, “Unión nacional espiritual davídica  templo de la iglesia de Dios”, “Iglesia del evangelio cuadrado”.

Si en estos grupos estuviese el Espíritu de Dios, habría unidad, existiría una sola iglesia y no tantos grupos distintos y enfrentados. También algunas manifestaciones que se dan en sus reuniones, tales como temblar, caerse al suelo como muertos, aullir, etc… no provienen del pacífico Espíritu de Dios.  Fenómenos parecidos encontramos en la religiones idólatras. Existen también muchas semejanzas con los fenómenos de los espiritistas.

Cultivan así el espíritu de orgullo, creyendo que toda la Iglesia lleva 2000 años engañada, mientras que ellos en 1900 encontraron la verdad. El primero que creó el grupo de los pentecostales era un Americano. El primer pentecostal en Grecia, Miquel Gunas, predicaba así: “…después de tantos siglos se reinició otra vez en el país de Grecia la visita de Dios tal como el día de Pentecostés”. ¡A través de este predicador empezó la visita de Cristo en Grecia, como el día de Pentecostés! Tantos años atrás y Cristo no existía! Veis que egoísmo y soberbia satánicos!

¿ Así pues que sucede con el buscado c-jarisma de glosolaliá? Realmente en el Nuevo Testamento se hace referencia a la glosolaliá. Los Santos Apóstoles, el día de Pentecostés, hablaban las lenguas de los pueblos que vinieron a peregrinar a Jerusalén para catequizarlos en el Evangelio. El don de lenguas es un  don que Dios dio a los Apóstoles para una causa especial: para atraer a los no cristianos a la fe cristiana. Los Santos Apóstoles, cuando hablaban no gritaban con chillidos o gritos sin palabras, como demonizados; hablaban en lenguas extranjeras, no cualquier lengua, sinó las lenguas de las gentes que estaban allí, en Jerusalén y no conocían la lengua hebrea, para que así escucharan las grandezas de Dios y creyeran. Así pues, los gritos y chillidos sin palabras no tienen ninguna relación con el don de lenguas que imploran los Pentecostales.

LA IGLESIA ORTODOXA, EL LUGAR DE LA AUTENTICA JARIS DE DIOS

La Iglesia de Pentecostés es nuestra Iglesia Ortodoxa,¿por qué es ésta? Porqué es la Iglesia de la Sarcosis (Encarnación) y Humanización de Cristo, de Su muerte en la Cruz, de su Resurrección y de Pentecostés. Cuando de toda la obra de Cristo aislamos una sola parte, la exageramos, la recalcamos exageradamente o la interpretamos equivocadamente,  el resultado será parcial, unilateral y herético. Sólo la Iglesia que acepta y vive toda la obra de Cristo, incluida  Pentecostés, es la verdadera Iglesia de Pentecostés. ¿Sin Cruz existe la Resurrección? ¿El hombre, sin crucificarse con el ayuno, la oración, la metania, la humildad, la áskisis (ejercicio espiritual), etc… puede  ver a Dios? En la vida de Cristo y de cada cristiano, la Cruz precede a la Resurrección y a Pentecostés. Ellos, en cambio, quieren la Resurrección y dones espirituales sin crucificarse a si mismos por la metania, la áskisis (ejercicio espiritual), el ayuno, la obediencia en la Iglesia, etc… y por eso ellos no constituyen la Iglesia de Pentecostés.

En cada divina Liturgia en nuestra Iglesia tenemos  Pentecostés. ¿Cómo el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre de Cristo? ¿No se convierten con la bajada del Espíritu Santo?  ¡He aquí Pentecostés! Cada Santo Altar de la Iglesia Ortodoxa es también un altar de Pentecostés. En cada bautizo tenemos Pentecostés. Con la Jaris, energía increada del Espíritu Santo el hombre se convierte y se hace cristiano y se ensomatiza (incorpora) al Cuerpo de Cristo. Cada ordenación de Diácono, Sacerdote y Obispo es un nuevo Pentecostés. El Espíritu Santo desciende y convierte a un hombre en instrumento de Dios. Cada confesión de un cristiano es también Pentecostés. El momento en que el cristiano se arrodilla a su pnevmaticós (guía espiritual) con humildad y cuenta sus pecados con metania (conversión, introspección y arrepentimiento), Él le lee la bendición de perdón y es perdonado por la energias Jaris del Espíritu Santo.

Cada asamblea y cada misterio de la Iglesia es continuación de Pentecostés, porque los hombres se perfeccionan con la presencia del Espíritu Santo. Por eso, casi todos los actos, las plegarias y los Misterios de la Iglesia empiezan por la oración: “Rey de los Cielos, Consolador, Espíritu de la Verdad… ven y habita en nosotros…”. Así, pedimos que venga el Paráclitos, el Consolador, el Espíritu Santo, y Él viene. Donde se reúne la Iglesia Ortodoxa, la verdadera Iglesia de Cristo, allí se derrama la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo.

Cada Santo de nuestra Iglesia es un hombre portador del espíritu, lleno de Jarismas o dones del Espíritu Santo, hombre de Pentecostés.La petición de la Oración del Señor: “que venga Tu Reino” significa: “que venga la Jaris de tu Espíritu Santo”. La Realeza de Dios es la Jaris del Espíritu Santo. Entonces con el “Padre nuestro” pedimos el Espíritu Santo.

La oración “Kirie Jesús Cristo, Hijo de Dios, compadécete de mi, pecador” también se reza con la Jaris del Espíritu Santo. Porque tal como dice Apóstolos Pablo: “Nadie puede decir Kirio, Señor Jesús, sino sólo si se encuentra dentro en el Espíritu Santo” (1ªCor,12,3). Es decir, sólo con la Jaris del Espíritu Santo.He aquí pues, que nuestra Iglesia vive continuamente en Pentecostés.

Tenemos la bendición, hermanos míos, de tener la Jaris increada energía de Dios dentro de nuestra Santa Iglesia. Tenemos la posibilidad de familiarizarnos y recibir la experiencia de la Jaris de Dios, unirnos con Dios.  En nuestra Iglesia Ortodoxa está probado y seguro el camino de sanación y salvación. Es la Iglesia de los Profetas, de los Apóstoles, de los Padres, de los Mártires, de los Santos, hasta los últimos Santos como el San Nectario el Milagroso. Es la Iglesia que guarda la Enseñanza del Evangelio inalterada y no falsificada, sin tergiversar nada (ni una palabra y ni una coma) desde hace 2000 años, aunque terribles y maniáticos heréticos le hicieron y siguen haciéndole la guerra.

Acordaos cuantos heréticos guerrearon contra nuestra Iglesia durante siglos. Y no enemigos como los pentecostales; emperadores con ejércitos, con fuerzas mundanas, no pudieron derrumbar la Iglesia. Ni la iconoclastia ( la guerra contra los iconos), que duró ciento treinta años, pudo derrumbar la Ortodoxia. Millares fueron los Mártires de la Iglesia; No obstante, la Iglesia nunca fue vencida, a pesar de que quieran que parezca como abatida; ¡cuanto más le guerrean, tanto más se refuerza y resplandece!

Así pues, dentro de nuestra Iglesia existe la Jaris, la energía increada del Espíritu Santo. En nuestra Iglesia existen Santos hasta hoy mismo. Los cuerpos de muchos Santos se mantienen incorruptos, intactos, emanan mirra perfume, hacen milagros. ¿en que otra parte ocurre esto? ¿En que herejía o en que “iglesia” sacan de la tumba cuerpos y emanan perfume? Habréis oído quizás, que los osarios en la Santa Montaña Athos, exhalan perfume, ya que entre los huesos de nuestros padres existen huesos de monjes Santos. Estas cosas ocurren debido a la presencia del Espíritu Santo.

Además sólo el agua santificada de los Ortodoxos permanece incorrupta. Los que tenéis agua santificada en vuestras casas conocéis que por mucho tiempo que pase nunca se estropea.

Esta es nuestra fe, la verdadera y ortodoxa! 

¿Por qué dejar esta fe y seguir a unos americanos neo-iluminados “salvadores” los cuales creen que a partir de  ellos empieza la Iglesia? Pensad pues, que exaltación demoníaca tienen! ¡La Iglesia hace 2000 años que existe y ellos dicen que a partir de ellos, los pentecostales y el resto de heréticos, empieza la auténtica fe!

Si otros pueblos tienen atenuante aunque sigan las herejías, para nosotros los Ortodoxos Elenos que tenemos esta bella Παράδοσις * (Parádosis-Tradición), con tantos Santos, tantos monasterios, tantas santas reliquias, tantos iconos milagrosos, tantos Mártires y Padres ¿hay algún eximente o justificación?

*Παράδοσις parádosis, tradición del verbo paradino –entrego- y cuando está con mayúscula es la Santa Entrega que recibimos de los Apóstoles y los Santos Padres.

Nuestra separación y alejamiento de la Ortodoxia es una terrible e imperdonable apostasía del Dios de nuestros Santos Padres.

El diablo, con las herejías, intenta destruir la Iglesia. Pero al final, esto se vuelve en su contra. Cree que hará daño a Cristo, a la Iglesia y a los cristianos cuando los ataca, pero al fin y al cabo, él mismo se destruye. El Santo Dios, mediante la guerra que hace el diablo contra la Iglesia, consigue sacar un gran provecho para nosotros; los Ortodoxos se consolidan en la fe, se destacan nuevos mártires, testigos y confesores y grandes teólogos y defensores de la fe Ortodoxa.

En el siglo 14º, el monje occidental Barlaam (escolástico, filósofo Aristotélico, soberbio intelectual e espiritualmente) atacó la enseñanza Ortodoxa sobre las energías divinas y la Luz Increada, tal como eran vividas en la Santa Montaña Athos; Dios hizo destacar entonces al Santo monje Aghiorita Gregorio Palamás como gran Teólogo y Didáscalos (Maestro) de la Fe Ortodoxa.

Así pues, si no existiera la herejía de los Pentecostales, no nos reuniríamos todos aquí y no profundizaríamos más en nuestra fe. No haríamos la confesión de nuestra Fe Ortodoxa. Fijaos entonces, como finalmente, esto que quieren hacer contra la Iglesia, se gira en contra de los heréticos y del mismo diablo. Dice el Apóstol Pablo: “Debe de haber también herejías, para que se vean los consolidados y estables en la fe” (1ª Cor. 11,19). Así entonces, ahora que nuestra Santa Iglesia es atacada por el ateísmo, la sarcolatría (cuerpocarnolatría), las herejías difundidas en las radios, televisiones, periódicos u otros medios, ha llegado el momento en que se verán los creyentes y los verdaderos cristianos ortodoxos, los luchadores y confesores de nuestra fe darán testimonio de la auténtica Fe Ortodoxa.

En estos momentos tan críticos, aquel cristiano ortodoxo que guarde la fe en Cristo, recibirá mucha bendición y mucho jornal espiritual por el Santo Dios. Esto es así porque en esta malastuta, corrompida y tergiversada época, el cristiano ortodoxo no se dejó arrastrar por la idolatría contemporánea, por los falsos dioses, no declinó sus rodillas delante de ellos, sinó que se quedó fijo e inamovible en nuestra Santa Fe Ortodoxa.

Esperemos que ningún Eleno o cualquier ortodoxo hermano de otro país, no aparezca como un traicionero Judas y apóstata, desertor de nuestra Santa Fe Ortodoxa. Y los que con sinergia, cooperación del malastuto se dejaron seducir y arrastrar por ignorancia, en engaños y en herejías, que sean iluminados por Dios y vuelvan a nuestra Santa Fe Ortodoxa, para que tengan esperanza de sanación y salvación.

Puede ser que seamos todos pecadores, pero cuando estamos dentro de nuestra Santa Iglesia Ortodoxa entonces tenemos esperanza de sanación y salvación. Pero al contrario, aunque seamos “justos” fuera de la Iglesia, no tenemos esperanza de salvación fuera de Ella. Dentro de la Iglesia donde estamos, haremos la metania (conversión, introspección y arrepentimiento), nos confesaremos, nos perdonaremos a nosotros mismos y a los demás, y Dios se compadecerá y tendrá misericordia de nosotros. ¿Fuera de la Iglesia, quién nos sanará y salvará? ¿Qué Espíritu Santo perdonará nuestras faltas y pecados y qué Iglesia rezará después de nuestra muerte por nuestras psijes (almas)? Pues aquel Ortodoxo que muere como ortodoxo, que sepa que tiene esperanza de salvación. Pero el que sale de la Iglesia, aunque cree que tiene buenas obras, no tiene esperanza de salvación.

Por eso hermanos, quedémonos en nuestra Iglesia Ortodoxa, fieles e inamovibles, con un santo ímpetu hasta el final, para que tengamos todos nosotros con la Jaris energía increada de Dios y la Bendición de nuestra Panaguía, esperanza de salvación.

Archimandrita Georgios, Yérontas Santa Montaña AthoS

Traducción de xX.jJ con la colaboración de Juan, Andreas y Konstantino nativos Hispanohablantes y miembros  de la Iglesia Ortodoxa .

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