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Dic 16 2023

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania San Porfirio el Kafsokalivita

ΠΕΡΙ ΤΟΥ ΜΥΣΤΗΡΙΟΥ ΤΗΣ ΜΕΤΑΝΟΙΑΣ

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

 

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

 

De nuestro miniléxico, filocálico y psicoterapéutico, https://www.logosortodoxo.com/?s=minil%C3%A9xico

  1. Μετάνοια Metania del verbo μετά-νοώ, metá=después, con, y noó= concibo, percibo con el nus como energía y con el corazón como esencia.

Quiere decir giro del nus y metanús, introspección y conversión de la conducta y mentalidad del hombre y sobre todo giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis (revelación) de la deformación de la psique y esta apocálipsis se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania (Mt 3,2 Lc 24,47)

Metania se llama también uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa, con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados, aceptación, confesión, arrepentimiento, rectificación y terapia, sanación. También se llama así a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias-genuflexiones distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y otra grande reverencial, arrodillándose. (Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: www.logosortodoxo.com).

 

Sobre el Misterio de la Μετάνοια Metania

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y Logos

La verdadera Μετάνοια Μetania traerá la santificación, la verdadera felicidad

No hay nada más sublime que lo que se llama μετάνοια metania arrepentimiento, introspección y confesión. Este misterio es la ofrenda de la agapi-amor de Dios al ser humano. De esta manera perfecta, el ser humano se libera del mal. Vamos, nos confesamos, sentimos la reconciliación con Dios, la alegría entra en nosotros y la culpa se va. En la Ortodoxia, no hay callejón sin salida. No hay callejón sin salida porque está el confesor, que tiene la divina χάρις jaris gracia (energía increada) de perdonar. ¡Qué cosa tan grande es el guía espiritual!

Yo lo tenía desde pequeño, y aún lo tengo ahora. Cuando cometía un pecado, lo confesaba y todo se iba. Saltaba de alegría. Soy pecador, débil; me refugio en la compasión de Dios, me salvo, me tranquilizo, olvido todo. Cada día pienso que peco, pero deseo hacer de cada cosa que me sucede una oración y no retenerla dentro de mí.

El pecado complica mucho al ser humano psíquica y emocionalmente. La complicación no se va de ninguna manera. Solo con la luz de Cristo se aclara la complicación de su desorden. La primera acción la realiza Cristo. “Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente” (Mat 11,28). Luego, nosotros, los seres humanos, aceptamos esta luz con nuestra buena disposición, que expresamos con nuestro amor hacia Él, con la oración, con los sacramentos.

Para que la psique-alma vuelva en la μετάνοια metania, se arrepienta y se confiese, debe despertar (espiritualmente). En ese despertar, ocurre el milagro de la metania. Aquí está la libre elección y predisposición del ser humano. Sin embargo, el despertar (espiritual) no solo depende del ser humano. El ser humano no puede hacerlo solo. Interviene Dios. Entonces viene la divina jaris gracia increada. Sin la jaris, el ser humano no puede volver a la metania arrepentirse y confesarse. La agapi-amor de Dios lo hará todo. Puede usar algo, una enfermedad u otra cosa, depende, para llevar al ser humano a la metania. Así que la metania se logra a través de la jaris gracia divina. Simplemente nosotros hacemos un movimiento hacia Dios y luego viene la jaris.

Puede que me digan: “Entonces, con la divna jaris gracia, todo se hace”. Eso es un punto delicado. Sucede exactamente aquí cuando digo: No podemos amar a Dios si Dios no nos ama. El apóstol Pablo lo expresa muy bien: “ahora que conocéis a Dios, o, mejor dicho, que sois conocidos por Dios…” Lo mismo ocurre con la metania. No podemos volver a la metania arrepentirnos y confesarnos si el Señor no nos concede la metania. Y esto es válido para todo. Es decir, es válido lo de la Escritura: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). Si no hay condiciones para que Cristo se asombre y entre en nosotros, no viene la metania. Las condiciones son la humildad, la agapi (amor desinteresado), la oración, los arrepentimientos, el esfuerzo por Cristo. Si no hay un sentimiento puro, si no hay simplicidad, si la psique-alma es egoísta, la jaris gracia divina no viene. Entonces, a menudo, vamos a confesarnos, pero no sentimos alivio.

Cuando el hombre se confiesa, la jaris le sana y le libera de los traumas psíquicos.

No solo el ser humano es responsable de sus pecados. Los errores, los pecados y los pazos, pasiones, vicios no son solo experiencias personales del que se confiesa. Cada ser humano ha tomado consigo las experiencias de sus padres y especialmente de su madre, es decir, cómo vivía su madre cuando lo concebía, si sufría, lo que hacía, si su sistema nervioso estaba cansado, si tenía alegría, si tenía tristeza, si tenía melancolía. Bueno, todo su sistema nervioso afectó el sistema nervioso del feto. Así que cuando nace el niño y crece, lleva consigo las experiencias de su madre, es decir, de otro ser humano. Se crea una situación en la psique-alma del ser humano debido a sus padres, que lo lleva toda la vida, deja huellas dentro de él y muchas cosas que suceden en su vida son consecuencia de esta situación. Sus comportamientos tienen una relación directa con la situación de sus padres. Crece, se forma, pero no se corrige. Aquí está gran parte de la responsabilidad de la condición espiritual del ser humano.

Sin embargo, hay un secreto. Hay una forma de liberarse el hombre de este mal. Este modo o forma es la confesión general, que se realiza con la jaris gracia increada de Dios. Es decir, puede decirte el guía espiritual:

-¡Cómo me gustaría que estuviéramos en un lugar tranquilo, sin ocupaciones, y me contaras tu vida desde el principio, desde que te sentiste a ti mismo! Todos los acontecimientos que recuerdas y cómo los enfrentaste, no solo los desagradables sino también los agradables, no solo los pecados sino también las cosas buenas. Y los éxitos y los fracasos. Todo. Todo lo que compone tu vida.

He usado muchas veces esta confesión general y he visto milagros sobre esto. En el momento en que dices estas cosas al guía espiritual, la divina jaris gracia viene y te libera de todas las experiencias negativas, las heridas, los traumas psíquicos y emocionales y las culpas, porque en ese momento en que lo dices, el confesor ora fervientemente al Señor por tu psicoterapia, sanación y liberación.

Vino hace tiempo una señora que hizo este tipo de confesión y se ha beneficiado mucho. Mejoró mucho su estado psicológico, porque la estaba torturando algo. Ella pues, me mandó una amiga suya y fuimos fuera de Atenas en una roca en Kalisia. Sentamos y comenzó a hablarme. Le digo:

­Que me cuentes qué sientes. Si yo te pregunto sobre algo, respóndeme. Si no te pregunto, tú continúa diciendo tal como te sientes

Todo lo que ella me decía lo seguía no solo con atención, sino que ‘veía’ dentro de su mundo psíquico el impacto de la oración. La observaba dentro de su psique-alma y ‘veía’ que la divina jaris gracia (energía increada) fluía a través de ella, tal como la miraba yo. Porque en el πνευματικό pnevmatikós guía espiritual hay jaris, y en el sacerdote hay jaris. ¿Lo entienden? Es decir, mientras el ser humano se confiesa, el sacerdote ora por él. Al mismo tiempo, la divina jaris gracia, energía increada, viene y lo libera de las heridas psíquicas que lo han atormentado durante años, sin conocer su causa. ¡Oh, creo mucho en esto!

Al confesor puedes hablar como te sientes, pero no es eso tan importante como lo es el que está mirando en tu psique-alma el sacerdote orando y ve cómo estás y te transmite la jaris gracia de Dios. Se ha demostrado que este “mirar” es rayos espirituales que te alivian, te psicoterapian y te sanan. No vayáis a creer que son rayos naturales. Estas cosas son verdad. ¿Y qué pasó con Cristo? Tomó la mano de la mujer hemorrágica y dijo: “…percibí y sentí que ha salido una dinamis (milagrosa potencia y energía) de mí” (Lc 8,46). Dirás que: ¡Sí, pero él era Dios! Por supuesto, Cristo era Dios, pero ¿acaso los Apóstoles no hicieron lo mismo?

Todos los guías espirituales, los confesores tienen esta jaris gracia divina, y cuando oran, la emiten como conductos. Por ejemplo, cuando aquí queremos encender una estufa y ponemos un cable, pero no puede hacer el  contacto y calentar, porque el cable no está en el enchufe. Pero si el cable se pone en el enchufe, apenas entra en contacto, viene la corriente a través de este conducto. Estas cosas son espirituales de nuestra Fe  Ortodoxa, de nuestra Iglesia Ortodoxa. Puede que hablemos de cable, pero en realidad esta es la “divina psicoanálisis” (y divina psicoterapia).

Dios todo lo perdona con la confesión.

No volvamos atrás a los pecados que hemos confesado. Recordar los pecados hace daño. ¿Pedisteis perdón? Se acabó. Dios lo perdona todo con la confesión. No debemos retroceder y caer en la desesperación. Seamos siervos humildes ante Dios. Sintamos alegría y gratitud por el perdón de nuestros pecados.

No es saludable lamentarse demasiado por nuestros pecados y rebelarse contra nuestro propio mal llegando a la desesperación. La desesperación y la decepción son lo peor. Son una trampa de Satanás para hacer que la persona pierda su disposición espiritual y la lleve a la decepción, desesperación, la apatía y la indiferencia. La persona entonces no puede hacer nada; se vuelve inútil. ‘Debí hacerlo entonces, no lo hice, ahora no puedo hacer nada… Mis años han sido desperdiciados, no soy digno’. Se crea un sentimiento de inferioridad, un infructuoso auto-desprecio falso, todo es basura para él. ¿Saben lo pesado que es esto? Es una falsa humildad.

Todo esto son signos de una persona desesperada, dominada por satanás. La persona llega al punto de no querer ni comulgar ni nada, piensa que es indigna de todo. Intenta anular su acción, a sí mismo, se vuelve inútil. Esta es una trampa que prepara satanás para hacer que la persona pierda la esperanza en la agapi-amor de Dios. Estas son cosas terribles, opuestas al Espíritu de Dios.

Y yo pienso que he pecado y peco. No estoy yendo bien. Pero lo que me aflige y entristece, lo convierto en oración, no lo retengo dentro de mí, voy al guía espiritual, lo confieso, ¡se acabó! No volvamos atrás y digamos lo que no hicimos. Lo importante es lo que haremos ahora, a partir de este momento. Como dice el apóstol Pablo: “de una cosa pienso siempre y me ocupo: olvidando lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que está delante y se debe realizar; y pretendo realizar con firmeza y celo el propósito de mi llamada, para recibir el premio que nos ha preparado Dios, quien nos ha llamado por Jesús Cristo arriba en el cielo” (Filip 3,14).

En el Apóstol Pablo iba el espíritu de la cobardía para impedirlo de si esfuerzo hacia Cristo, pero se animó y dijo: “Estoy crucificado con Cristo; y ya no vivo yo el viejo hombre natural, sino que es Cristo el que vive en mí…” (Gal 2,20). Y lo otro: “¿Quién podrá separarnos de la agapi-amor incondicional de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución por parte de los infieles, el hambre, la desnudez, o cualquier peligro, o espada que nos amenaza de degollar?” Afrontamos a este peligro de muerte por espada tal como dice la Escritura, “Señor, por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el día, hemos sido considerados por los perseguidores como ovejas destinadas al matadero” (Rom 8, 35-36). Y el profeta David: “No moriré, sino que vivir, y contaré las obras del Señor” (Sal 118,17). Recordaos de aquello tan bonito: “Yo amo a los que me aman, y los que me buscan encontrarán jaris gracia divina” (Proverbios 8,17).

En Cristo están todas las cosas hermosas, las saludables

Si amamos a Cristo, todo es fácil. Yo aún no lo he logrado. Ahora estoy tratando de amarlo. En Cristo están todas las cosas. Todas las cosas hermosas y saludables. La psique-alma sana vive los frutos del Espíritu Santo, que son “agapi-amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza o autodominio”. El hombre de Dios vive incluso lo que dice el apóstol Pablo en el himno del amor: “La agapi-amor es magnánima, tolerante, es benigna… no piensa el mal… todo lo cree, todo lo espera… la agapi-amor nunca cae” (1Cor 13, 4-8).

¿Lo tienen todo esto? Tienen la felicidad, a Cristo, al Paraíso. Y hasta el mismo organismo físico funciona maravillosamente, sin anomalías. La χάρις jaris gracia (energía increada) de Dios cambia al hombre, lo transforma psíquica y físicamente. Entonces, todas las enfermedades se van. No hay colitis, ni tiroides, ni dolor de estómago, ni nada. Todo funciona normalmente. Es agradable caminar, trabajar, moverse y tener salud. Pero primero debes tener salud psíquica. La base es la salud psíquica; le sigue la salud física. Casi todas las enfermedades provienen de la falta de confianza en Dios, y esto crea ansiedad y depresión. La ansiedad, la depresión proviene de la abolición del sentido espiritual, el religioso. Si no tienen agapi-amor por Cristo, si no se ocupan de cosas sagradas, seguramente se llenarán de melancolía y de mal. Pero, ¿qué pasa en el mundo? Permítanme contarles un ejemplo.»

Una joven fue a un médico y él le recetó hormonas. Le digo:

-Hija mía, ¡no las tomes! No soy médico, no quiero asumir la responsabilidad de tus acciones, pero entiendo que no debes tomarlas. Es mejor que vayas al menos a un endocrinólogo. Tu problema es más un asunto de endocrinología. Viene de las preocupaciones y disgustos. -De hecho, he pasado por preocupaciones y disgustos.

-¡Ahí está! Relájate, cálmate, confiésate, arrepiéntete, vuélvete a la metania  y todo se resolverá.

Así que fue a un endocrinólogo y le contó lo que le estaba pasando.

-¡Alto, alto, alto! le dice el médico. ¡No tomes en absoluto esas medicinas! ¡Tíralas! Te harán mucho daño.

Y después me telefoneó y me dijo:

-Lo que tú me has dicho, me dijo también el médico.

¿Veis, pues, lo que pasa? A través de la Confesión y la Divina Comunión, muchas personas han sido sanadas física, psíquica y espiritualmente.

Cuando alguien está vacío de Cristo, entonces vienen mil y una otras cosas y lo llenan: celos, odio, desesperación, melancolía, reacción, resentimientos, mentalidad mundana, alegrías mundanas. Tratad de llenar vuestra psique-alma con Cristo para no tenerla vacía. Nuestra psique-alma es como un depósito lleno de agua. Si arrojas el agua hacia las flores, es decir, hacia las virtudes, el camino del bien, vivirás la verdadera alegría y las maldades, las espinas, se marchitarán. Pero si arrojas el agua hacia las espinas, ellas crecerán y te ahogarán y se marchitarán todas las flores.

Todo debéis metamorfosearlo, transformarlo. Así viviréis con alegría, con la jaris gracia (energía increada) de Dios. “Todo lo puedo y lo consigo con la fuerza que me da el Cristo quien me fortalece” (Filip 4,13). No digas que lograrás algo ssolo. Nunca te imagines eso. Lo dijo el Señor: «Sin mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). No hay otra manera. El hombre nunca debe confiar en sus propias fuerzas, sino en la misericordia y compasión de Dios. El hombre hará un pequeño esfuerzo, pero Cristo lo coronará. Es un error, un engaño creer que lograste algo por ti mismo. A medida que el hombre avanza y se acerca a Cristo, más se siente imperfecto. Mientras que el fariseo que dice: «Yo, yo soy bueno, hago esto, aquello…» está en un error y engaño.

La oración la alabanza a Dios transforma la depresión y la convierte en alegría.

Hoy en día, muchas veces el hombre siente acedia, tristeza, desesperación, apatía, pereza, desgana, melancolía, indiferencia, depresión y todo lo satánico. Está triste, llora, se deprime, no le importa su familia, gasta una fortuna en psicoanalistas para obtener medicamentos. La gente llama a estas cosas «inseguridades». Nuestra Fe Ortodoxa cree que estas son cosas tentadoras, provienen del demonio. El dolor es una fuerza psíquica que Dios puso en nosotros con el propósito de hacer el bien, la agapi-amor, la alegría, la oración. En cambio, el diablo logra tomar esta fuerza psíquica de la batería de nuestra psique-alma y la utiliza para el mal, convirtiéndola en depresión y llevando la psique alma a la depresión, la decepción, la acedia, la desgana, la apatía y la indiferencia. Atormenta al hombre, lo hace su prisionero, lo enferma psíquicamente.

Hay un secreto: transformar la energía satánica en buena. Es difícil y requiere preparación. La preparación es la humildad. Con la humildad, extraéis la divina jaris gracia, la energía increada de Dios. Os entregáis a la agapi-amor de Dios, a la adoración, a la oración. Pero aunque hagáis todo eso, no habréis logrado nada si no habéis adquirido humildad. Todos los malos sentimientos, emociones negativas, la inseguridad, la desesperación, la decepción, la depresión que quieren apoderarse de la psique-alma, desaparecen con la humildad. Aquel que no tiene humildad, el egoísta, por su voluntad egoísta, no quiere que le corten la voluntad, que lo toquen, que le den indicaciones. Se entristece, se pone nervioso, se rebela, reacciona, entra en conflicto consigo mismo y con los demás y lo domina la depresión.

Esta situación se psicoterapia y se cura con la divina χάρις jaris gracia, la energía increada de Dios. La psique-alma debe volverse hacia la agapi-amor de Dios. La sanación se produce cuando amas a Dios con anhelo, con ansias. Muchos de nuestros santos transformaron la depresión en alegría a través de la agapi-amor a Cristo. Es decir, tomaban esa fuerza psíquica, que el diablo quería destruir, y la entregaban a Dios, transformándola en alegría, deleite y regocijo. La oración, la adoración a Dios, (y sobre todo la monóloga “oración cordial” o “de Jesús”), cambian la depresión y poco a poco la convierten en alegría, porque la jaris de Dios influencia, actúa. Aquí necesitas tener la fuerza para extraer la jaris gracia increada de Dios, que te ayudará a unirte a Él. Se necesita arte, habilidad. Cuando te entregas a Dios y te conviertes en uno con Él, olvidas al mal espíritu que te arrastraba desde atrás, y ese así despreciado se irá, desaparecerá. Luego, mientras te dedicas al Espíritu de Dios, no mirarás hacia atrás para ver al que te arrastra. Cuando te atraiga la divina jaris gracia, te unes con Dios. Y cuando te unes a Dios y te entregas a Él, todo lo demás lo olvidas y te salvas. El gran arte, el gran secreto, para liberarte de la depresión y todas las cosas negativas, es entregarte a la agapi-amor de Dios.

Una cosa que puede ayudar a quienes padecen depresión es el trabajo, el interés por la vida. El jardín, las plantas, las flores, los árboles, el campo, pasear al aire libre, la caminata, todas estas cosas sacan a la persona de la inercia y le generan otros intereses. Tienen un efecto como medicinas. La dedicación a la arte, la música, etc., también hace mucho bien. Sin embargo, lo que considero de mayor importancia es el interés por la Iglesia, por el estudio de las Sagradas Escrituras, por las ceremonias, oficios, por la participación en la Divina Liturgia. Estudiando los logos y palabras de Dios, uno se cura sin darse cuenta.

Permítanme contarles acerca de una joven que vino a mí, el humilde. Sufría de una depresión terrible. No lograba nada con los medicamentos. Abandonó todo, su trabajo, su hogar, sus ocupaciones. Le dije lo que sé. Le hablé de la agapi-amor de Cristo, que captura la psique-alma, porque la jaris gracia increada de Dios llena la psique-alma y la transforma. Le expliqué que es demoníaca esa fuerza que se apodera de la psique-alma y convierte la energía psíquica en depresión, la derriba, la atormenta y la hace inútil. Le aconsejé que se ocupara de diversas actividades, como la música, que le gustaba, entre otras cosas. Sin embargo, enfaticé más la vuelta y la agapi-amor hacia Cristo. También le dije que dentro de nuestra Iglesia hay una cura, una psicoterapia a través de la agapi-amor a Dios y la oración, pero que esto sucederá con deseo ferviente.

Este es el secreto de la psicoterapia y sanación; estas realidades acepta y realiza nuestra Iglesia Ortodoxa.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com, 16-12- 2023

 

De nuestro https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/  134 Metania, Μετάνοια

Μετάνοια Metania (metanús), del verbo μετά-νοώ, metá= después (de), tras, con, luego o más tarde; y noó= comprender, concebir, percibo con el nus (como energía o espíritu humano) y el corazón (como esencia).

Μetania es arrepentimiento, penitencia, introspección, alteración, renovación, cambio, conversión, metamorfosis, renacimiento, despertar espiritual y enjertación del nus por el Espíritu Santo; giro del nus (metanús), conversión de la conducta del hombre y sobre todo, giro, cambio de actitud de la vida en pecado y en el mal por la vida en Cristo. La metania en la Tradición Ortodoxa no proviene de una percepción psicológica de culpabilidad, sino de la apocálipsis-revelación de la deformación de la psique y esta apocálipsis-revelación se manifiesta por la energía increada de la divina Luz en el corazón psicosomático del hombre.

La metania es la piedra angular de la vida espiritual. El nuevo Testamento empieza y acaba con la metania,  «…μετανοεῖτε (metanoíte)» que define un tiempo continuo, sin interrupción; cambiad de actitudes, conductas y modo de vivir porque la Realeza increada de los Cielos se ha acercado (Mt 3,2), y termina con: «y se proclamará en su nombre la mετάνοια (metania, la absolución y perdón de los pecados, faltas y errores) en todos los pueblos… (Lc 24,47), y diciendo esto les sopló en la cara diciendo: recibid divino, santo Espíritu (energía increada, la divina Jaris) a quien perdonéis los pecados les serán perdonados, a quienes retengáis les serán retenidos» (Jn 20,22). Vemos aquí que Cristo lo primero que decreta después de la resurrección es el Misterio de la Metania que lo trajo desde el sepulcro. San Juan el Precursor y nuestro Señor empezaron sus kerigmas (discursos) invitando a la metania que es el alimento de nuestra vida espiritual. Nadie puede psicoterapiarse, sanarse y salvarse si no lleva a cabo la metania. Sólo con la metania un gran ladrón “robó” hasta el paraíso.

Metania se llama también a uno de los Misterios de nuestra Iglesia Ortodoxa con el cual se facilita la absolución y perdón de los pecados. La metania es confesión, aceptación, arrepentimiento, rectificación, psicoterapia y sanación. El Misterio de la Santa Metania no es solamente una premisa imprescindible de la Divina Comunión, sino a la vez fuente de paz, serenidad de la psique, solución de problemas, entrada en la nueva vida de Cristo, renovación espiritual del nus y del corazón, su terapia e introducción a la divina energía increada de la JarisMetania y confesión van unidas, la metania sin confesión no da resultado y viceversa. Muchos utilizan este Misterio pero algunos lo hacen unilateralmente cumpliendo solamente una parte. Desgraciadamente tenemos personas confesadas y nunca metanoizadas (arrepentidas y convertidas). Se confiesan por ejemplo el Miércoles Santo para tomar la comunión el Jueves Santo y al día siguiente siguen haciendo lo mismo. Luego durante el año en alguna gran fiesta repiten lo mismo pero nunca cambian de actitud, ni mejoran ni convierten su conducta interior en ortodoxa. Este tipo de personas se confiesan pero no se metanoizan (no se convierten, no cambian). Tenemos otros que sí se arrepienten diciendo: “no lo volveré hacer”, “es cierto, lo entiendo, no tengo la conciencia tranquila…”, aceptando sus pecados pero no se confiesan. No se beneficiarán de nada por este reconocimiento. Son como las personas que saben que tienen una enfermedad y no van al médico ni toman los medicamentos ni se someten a la operación quirúrgica y por ello morirán.

También se llama metania a un gesto reverente que se acostumbra hacer en la veneración Ortodoxa. Hay dos metanias distintas: una es un simple movimiento de la cabeza hacia abajo y la otra implica una postración reverencial arrodillándose.

De acuerdo con la enseñanza de San Nikódimo el Ayiorita, la Metania y la Confesión debe ser:

1º) Voluntaria, es decir, nadie puede obligarnos al Misterio.

2º) Con recogimiento y devoción, con quebrantamiento del corazón porque hemos fallado a Dios “sólo en ti he pecado” (Sal. 50,6).

3º). Contundente, es decir, autocrítica y autoreproche. Aquel que vive la verdadera metania, mientras avanza en la virtud más pecador se considera. La verdadera metania trae el luto en la psique y a la vez una profunda alegría y paz que no puede reducir ninguna tentación y tristeza de este mundo. Es el luto alegre o pena-alegre del que hablan a menudo los Padres de la Iglesia.

4º) Recta. Es necesario que confesemos nuestros pecados con rectitud y exactitud, sin rodeos ni medias tintas. Es imprescindible el autoconocimiento tanto para la confesión como para la catarsis (sanación, limpieza).

5º) Sin vergüenza. La vergüenza es un sentimiento que lo usa el diablo para su beneficio. Cuando se trata de pecar, lo debilita y cuando decidimos que vamos a confesarnos lo agrava.

6º) Decidida. La metania y confesión es sincera, cuando tenemos tomada la decisión consolidada no repetir los mismos pecados. Pero la recaída no debe ser el argumento para evitar la confesión, “si voy a recaer para que voy”.

7º) Continua. Para que tengamos frutos en nuestra vida espiritual es necesaria nuestra frecuente aproximación al Misterio de la Confesión y no sólo cuando hemos hecho un pecado grande.

Escribe sobre ella San Isaac: “La metania es la más alta de todas las virtudes y su ejercicio no puede terminar sino sólo a la hora de la muerte. Por eso es necesaria siempre para todos y no existe límite de consumación o terminación. Porque el perfeccionamiento de los perfeccionados también es interminable. Por eso la metania no se debe limitar a ciertos tiempos definidos ni a ciertas praxis (actos), y debe durar hasta la hora de la muerte”.

San Juan el Clímaco en el capítulo 5 de su obra, “La Escalera”, manifiesta que: “Metania quiere decir renovación del bautizo. Metania es acuerdo con Dios para una vida nueva y adquiridora de humildad… Metania significa pensamiento de autocrítica, despreocupación de todo y ocupación de nuestra sanación y salvación. Es hija de la esperanza, repudio de la desesperanza y liberación de la infamia… reconciliación con el Señor y catarsis de la conciencia… castigo duro de la gula”

Ierózeos Vlajos, en su libro “Psicoterapia Ortodoxa”, nos enseña que: “Hablando sobre el regreso del nus al corazón, es decir, regreso de la energía del nus al corazón, debemos de hablar para los tres movimientos del nus: el cíclico, el directo y el espiral. El movimiento cíclico es “la introducción del sí mismo desde exterior hacia su interior, el uniforme recogimiento y recolección de las fuerzas o energías”. Durante este movimiento la psique mediante el nus hacia el corazón primero se vuelve a sí mismo y reúne todas las energías. De esta manera se eleva hacia la eternidad de Dios que es el Superior de todas las existencias. Este camino es inconfundible, no da la posibilidad al nus que se confunda y así concentrado se eleva a Dios. El nus se libra de todo lo creado, expulsa cualquier noción de la creación, de cada fantasía y se une con el corazón a través de la metania y allí se apocalipta (revela) el Dios, puesto que se hace la unión del nus con el Dios. Éste es el movimiento cíclico de la llamada teología apofática, siendo teología en el sentido heleno ortodoxo, como ciencia psico-terapéutica. Este movimiento cíclico del nus se consigue con la oración del corazón por la que el atleta espiritual lucha “girando el nus hacía sí mismo que es un movimiento cíclico e inconfundible” (San Gregorio Palamás). De este método terapéutico de la psique por la metania, sus primeros frutos son la apázia (sin pazos, impasibilidad), paz y serenidad interior activa. De este modo cuando vienen las tristezas, penas, ansiedades, fatigas y contrariedades se alegra y cuando llegan las alegrías se autocontiene y se autodomina, entonces siente y vive la pena alegre. Esta apázia es la mortificación vivificadora del Señor que se consigue por la energía increada de la Jaris del Espíritu Santo (San Nikitas Stizatos, Filocalía).

En toda la tradición biblio-patrística se habla sobre el perfeccionamiento del hombre, sobre su camino del “como imagen” hacia el “como semejanza”. Antes de la caída el hombre se encontraba a la iluminación del nus; después por la caída el nus se oscureció. Ahora el nus debe sanarse, limpiarse y regresar al estado que estaba Adán al Paraíso y de allí llegar a la zeosis-zeoría (contemplación o glorificación) de la doxa-gloria increada de Dios. Dentro de este marco se habla para catarsis, iluminación y zéosis. Este camino se califica y define como metania, como cambio y giro del nus”. Cuando hablamos sobre metania, entendemos la existencia humana entera, el nus, la diania, el corazón, la psique y el cuerpo del hombre, que se inspira y se dirige hacia el Dios. Es decir, se trata de una unión ontológica del hombre con el Dios a través del fuego inmaterial de la metania.

Yérontas Atanasio del Santo Monasterio Metamorfosis de Meteoros: La vía de la Iglesia Ortodoxa que es el Camino, nos ofrece maneras prácticas para nuestra sanación y salvación. No se limita sólo a la absolución de los pecados, sino que ofrece también la terapia y sanación. Nos recibe como pecadores, sucios y enfermos y nos convierte en saludables, limpios, divinizados y santos, gracias al Misterio de la Metania y de la Confesión que es el olvidado por muchos como el medicamento y baño espiritual de nuestra psique (alma).

Yérontas Sofronio Sajarof: «La metania conecta con la teología. Siempre en el hombre existe la metania, pero cambia de forma. Al principio es metania, porque se ha alejado de Dios, después por la pérdida de la divina Jaris y a continuación para encontrar más Jaris. Cuando uno se metanoiza (o hace la metania) recibe Jaris de Dios. Cuando recibe la Jaris (gracia, la energía increada), entonces ve mucho más sus defectos y pecados, hasta llegar a la Luz increada y convertirse él mismo luz. En la visión, expectación de la Luz increada, se ve como creado, construido, ve su corruptibilidad, su mortandad y desarrolla mayor metania. Así la metania conduce a la teología y se inspira de ella. La metania no se detiene ni termina nunca».

El camino de la metania no es una cuestión fácil, es un largo proceso practicante o ascético, una ciencia fina y un arte que lo aprendes cuando decides tener un guía experimentado, Yérontas que ha vivido todos los estadios de la metania. Esto es en el fondo la esencia de la Tradición Patrística, la transmisión de la luz y el espíritu de la metania de generación en generación. Amín.

Ver también sobre este término en nuestro libro “12 Léxis apocalípticas” en el blog en español: www.logosortodoxo.com

Yérontas Efrén, de la Skiti de san Andrés de Athos: La metania es la condición básica para la oración. De otra manera el hombre se cansará de orar y finalmente parará y abandonará la oración. No puede haber una colaboración si no existe la verdadera metania. Metania, esta palabra tan importante y única, tal como nos la dijo CristoDios, es la primera palabra de Su enseñanza: Mateo 4:17 «Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: μετανοεῖτε metanoite, convertíos, arrepentíos y confesaos, cambiar de modo de vivir, porque la realeza increada de los cielos se ha acercado; ha llegado la vida santa y espiritual de la redención, bienaventuranza y felicidad; (μετανοεῖτε metanoite, el verbo aquí en tiempo continuo, metania ininterrumpida)

Ματθ. 4,17 Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς κηρύσσειν καὶ λέγειν· μετανοεῖτε· ἤγγικε γὰρ ἡ βασιλεία τῶν οὐρανῶν»; esta es también la columna vertebral de Su enseñanza durante tres años enteros. Sobre la realeza increada de los cielos enseñan, hablan y escriben continuamente también los santos Apóstoles y los santos Padres teoforos (portadores de Dios o de la divina luz increada). Pero cuando el Cristo nos reveló-apocaliptó que: “la realeza increada de Dios está en nuestro interior”, entonces entendieron que habla sobre otra Realeza, que es la Jaris del Espíritu Santo en la psique-alma, que habita también en el cuerpo. No sólo en la psique sino también en el cuerpo mientras que aún el hombre está habitando en este mundo engañoso.

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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