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Ene 17 2024

Acerca del monacato, san Porfirio el Kafsokalivita, Athos

Αγίου Πορφυρίου Καυσοκαλυβίτου – Βίος και Λόγοι

San Porfirio el Kafsokalivita – Vida y logos

Acerca del monacato, san Porfirio el Kafsokalivita, Athos


Con entusiasmo y alegría, dedico esta traducción al SANTO MONASTERIO ORTODOXO DE LA SANTA MADRE DE DIOS, ubicado en la Calle Francisco I. Madero 33, Cuarta Garita, C.P.: 74138, San Andrés Hueyacatitla, Puebla, México. Mi bendición, anhelo y súplica son que surjan muchos santos yérontas iluminados de este santo Monasterio y que se convierta en un castillo invencible. Pueden visitar su sitio web en https://monasteriodelasant6.wixsite.com/santamadrededios.

Como dicen los santos Padres, los monasterios son los guardianes o castillos invencibles; y ahí tenemos el santo Monte Athos, los Meteoro y Sinaí de la Santa Katerina, que no es casualidad que sean helénicos/griegos e invencibles durante 2 milenios, manteniendo intacto lo que CristoDios, Sus Apóstoles y Santos Padres nos han entregado, sin quitar ni una coma ni una tilde… ¡Amén!

 

Acerca del monacato, san Porfirio el Kafsokalivita, Athos

“En el monasterio todo es santificado; tantas psiques-almas oran, practican y viven la vida de Dios”.

 

Índice

  1. La vida monacal es una vida extraordinaria
  2. La vida monástica surge de las Santas Escrituras.
  3. Tiene especial importancia que uno reconozca su llamada.
  4. La obediencia a mis Yérontas la sentía como paraíso
  5. Con el Estudio de los divinos logos podéis sin mucho esfuerzo convertiros santos
  6. Los oficios, liturgias de la Iglesia debe celebrarse siempre con έρως eros (amor ardiente)
  7. La oración de la noche es mejor
  8. Cuerpo y psique-alma coparticipan al culto de Dios
  9. La influencia de la oración es milagrosa
  10. “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón…”

 

  1. La vida monacal es una vida extraordinaria

La vida monástica es grandiosa, ¡algo muy grande! Es una vida majestuosa, elevada, divina y poética. Es una vida extraordinaria. Aunque el monje puede estar en la tierra, viaja sobre las estrellas, inmerso en lo infinito. Vive con la imaginación de Dios y el cielo. A esta vida la llaman angélica, y verdaderamente lo es.

Pero para vivirla correctamente, el monje debe tener una conciencia monacal. Esto lo logrará girándose por completo hacia Dios y hacia el propósito que ha establecido. Vive en el silencio, la oración noerá (con el nus al corazón), el ejercicio o ascesis y la obediencia. Debe morir a todo, para vivir en Cristo.

Despierta con anhelo, hace su canon, corre a los oficios divinos y los diaconemas (servicios). Una es su preocupación, cómo gustar a Dios, cómo servirá a Dios y cómo se convertirá la causa de ser glorificado el nombre de Dios. Siempre tiene en su mente las promesas que ha dado cuando se ha hecho monje, delante de Dios Tríadico. Por eso continuamente lee con atención el Canon de la Tonsura Monástica. No estropea el orden y el equilibrio del monasterio. Aplica y cumple todos los reglamentos.

Para progresar en el monasterio, uno debe esforzarse sin ser presionado por nadie. Todo con alegría, buen ánimo y voluntariedad, no por obligación. El monje no es aquel que se ve obligado a hacer algo mecánica y ansiosamente. Lo que hace, lo hace solo por agapi (amor incondicional y  desinteresado) al Novio celestial, por divino έρως eros (amor ardiente). No debe tener en mente el infierno o la muerte. El monasticismo no debe ser una huida negativa, sino una huida de έρως eros divino, adoración divina.

El misterio reside por completo en la oración, la entrega y la agapi a Cristo. La vida monástica se ve agraciada por la jaris divina. El monje debe endulzarse a través de la oración, dejándose atraer por la divina χάρις járis (gracia, energía divina no creada). No puede soportar ni perseverar en el monasticismo si no se endulza en la oración. Si esto no ocurre, se marcha; no puede permanecer en el monasterio.

Además de la oración, lo que lo retiene en el monasterio es el trabajo y la labor manual. El trabajo no es algo aparte de la oración; por el contrario, no solo no obstaculiza la oración, sino que la fortalece y la mejora. Se trata de agapi-amor. De hecho, el trabajo es como una forma de oración, un acto de humildad. El trabajo se considera una bendición. Por eso vemos que Cristo llamaba a sus discípulos y profetas mientras estaban ocupados trabajando, por ejemplo, al momento que alguien pescaba o pastoreaba sus ovejas.

La alegría y felicidad del monje radica en sumergirse en la agapi-amor de Dios, en la Iglesia, en la Santísima Trinidad, en Cristo. Al unirse a Cristo, su corazón salta y rebosa de alegría, se colma de la divina jaris. Cristo es su alegría, su entusiasmo, su esperanza, su agapi-amor. ¡Qué puedo decirles! Con la jaris increada de Dios, cuando estuve allí, en el Monte Athos… ¡Qué vida, qué agapi-amor, qué devoción, qué anhelo, qué obediencia, qué oración! ¡Cómo compartíamos nuestras vidas unos con otros, con sonrisas y con agapi-amor! ¡Oh, ciudad celestial!

El asceta que va al desierto sacrifica todo, y su descanso es lograr la manera de sentir la χάρις járis (gracia, energía increada) de Dios, de encontrarse en el consuelo de Cristo, en los brazos de Cristo, de unirse y sentir la compañía de Dios, la unión con Dios, de ser uno con los demás como la Santa Trinidad, como las tres personas de la Santa Trinidad que son una. Así se va de este mundo, no desesperado. Se sienta allí, sufre, pero no se va desesperado. Se va muy consolado y con gran compañía. Y su compañía es toda la naturaleza, los pájaros y los animales, y especialmente la Panaghía con su Hijo.

  1. La vida monástica surge de las Santas Escrituras.

Todo tiene su base en el libro eterno, en la Sagrada Escritura. La vida monástica surge de la Santa Escritura, dentro del Evangelio.

¿Qué dice en el Antiguo Testamento? “Entonces el Señor dijo a Abraham: «Sal de tu tierra, de tus parientes y de la casa de tu padre, y ve a la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré abundantemente con bienes materiales y espirituales, engrandeceré tu nombre y serás rico y glorificado entre los hombres” (Gen 12, 1-2) Y qué dice Cristo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno-axios de llamarse discípulo mío; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno-axios de llamarse discípulo mío; y el que no toma su cruz, es decir, no toma la decisión firme de que sufrirá todo tipo de tormentos, incluso muerte por la cruz por su fe en mí, y no sigue en pos de mí como jefe suyo y ejemplo, no es digno-axios de mí” (Mt 10, 37-38).

Y los santos Padres, lo que dicen sobre el monaquismo han sido inspirados por la Santa Escritura. No puedes negar ningún Padre. Si, por ejemplo, niegas a san Simeón el Nuevo Teólogo, negarás también al Apóstol Pablo, porque lo que ha vivido y dicho san Simeón, lo ha dicho el Apóstol Pablo.

  1. Tiene especial importancia que uno reconozca su llamada.

Quien quiera avanzar en el monacato debe estar completamente abierto a él, todas las posibilidades, y decidir libremente, movido solo por el έρως eros divino (amor ardiente), sin egoísmo e interés propio. No es bueno apretarse y castigarse para ser monje. En vez de esto debes hacer otro esfuerzo. Estudia y ora, y ten como objetivo perseverar y progresar en la agapi- amor de Dios y de la Iglesia. Así, viviendo en la agapi de Dios, vivirás en libertad, porque donde hay agapi, hay libertad. Muévete solo dentro del έρως eros divino.

Ante los ojos de Dios, el casado y el célibe son iguales, siempre y cuando vivan los mandamientos de Dios, siempre y cuando vivan la vida de Dios. La virginidad, la castidad y la pobreza, que son virtudes del monje, se encuentran en el corazón del hombre. Alguien puede ser virgen en el cuerpo y en la psique- alma ser como una prostituta corrompida por maldades y pazos. Puedes tener muchas posesiones, edificios y en tu interior estar libre de la materia y así vivir como pobre, sin posesiones. Pero, también puedes ser pobre, y en tu interior no ser pobre sin posesiones. No es la cantidad de bienes lo que hace a la persona pobre o no, sino la adhesión y apego del corazón.

Es fundamental que uno reconozca su llamada y vocación. Algunos desean convertirse en monjes por una reacción. Les contaré una historia al respecto.

Una joven ingresó a un monasterio. Sus padres lloraban y gritaban, pero la hija no mostraba ninguna respuesta. Su elección se basaba en la reacción. Se acercaron a mí y les aconsejé que la dejaran en libertad. Les sugerí que asistieran a la Divina Liturgia en el monasterio, expresaran palabras positivas y bendiciones a todos, incluida la Yerontisa o Abadesa, etc. De esta manera, la reacción se disiparía. En poco tiempo, la joven pidió permiso a la Yerontisa para inscribirse en la escuela de Teología, y así lo hizo. Participaba en las clases y logró obtener el título. Sin embargo, apenas lo recibió, abandonó la vida monástica.

Esto está escrito incluso en la vestimenta que lleva el monje. Una mayúscula Ξ (xi) y una Ζ (zeta) están unidas en la vestimenta que usa el monje. Ξ y Ζ son las iniciales de las palabras «Ξένη Ζωή» (Vida Extranjera). Viví esta vida de extranjero. ¡Qué les puedo decir! Lejos de todos y de todo. Trabajar, rezar y ser visto solo por Dios. Me gustó mucho el desierto y ahora también me gusta. Lo bueno sería que pudiera ir a Kafsokalivia en Athos, porque recibo mucha alegría cuando voy allí.

Es hermoso y muy bueno para el asceta vivir con uno, dos o tres compañeros espirituales, de manera que lo que uno anhela, lo desee también el otro. Uno avanza en lo espiritual, y los demás también avanzan. Todos practican juntos y disfrutan la alegría espiritual que Cristo brinda. Han muerto para el mundo entero. Así, el asceta no resulta dañado. Se fortalece.

Lo que el asceta ha elegido es lo más grande, lo más sagrado, lo más divino. Basta con que se preocupe por amar a Cristo. Si lo ama, entonces se entregará con responsabilidad en Cristo, avanzará para entregarse completamente a Él. Sin embargo, si no puede lograrlo, entonces no está mal trabajar de manera diferente dentro de la Iglesia.

  1. La obediencia a mis Yérontas la sentía como paraíso

En un monasterio, puede haber orden, pero la vida monástica puede estar ausente. El monasterio debe poner la obediencia y el πατραχήλι patrajili (estola de confesión) por encima de todo. Cada vez que me confesaba, experimentaba una gran alegría y me entregaba mucho a la oración. No solo en ese momento, sino también ahora, cuando me confieso, siento alegría, me alivio de inmediato. He aceptado este misterio con fe. Todas las direcciones y objetivos deben surgir de ahí. Todo en obediencia, en santidad.

La obediencia es algo grande e inteligente. Es el misterio de la vida espiritual. No podemos entenderlo, pero yo lo he vivido con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor. Sé cuán encantador y perfecto es, y cuán ligero. Obedecer a Dios, entregarse a la adoración de Dios, y obedecer también al Yérontas. La obediencia es muy interesante y grandiosa. Es una gran virtud, es la misma humildad. Obediencia con alegría, agrado y placer; aunque las cosas que pide el Yéronta incluso aunque sean torcidas. Y esta obediencia tiene un gran valor. Esta obediencia conmueve a Dios. ‘A aquellos que me aman, yo también los amo; los que me buscan, encontrarán χάρις jaris.

Con la obediencia, todo cambia. Te vuelves rápido, inteligente, más fuerte, te vuelves nuevo en todo. Cristo me amó y me dio la χάρις jaris de obedecer. Y yo, el humilde, lo sentí un poco y, lo que tengo, lo tengo gracias a la obediencia a mis Yérontas. Sentía la obediencia a mis Yérontas como un paraíso. E incluso lo pedía, que deberían haber sido más estrictos conmigo. No estaba satisfecho. Sin embargo, ahora que he envejecido, veo que realmente eran muy estrictos. En aquel entonces no lo entendía.

La obediencia, especialmente a un Yéronta espiritual, es un gran tesoro. Cuando vivís con un santo, os santificáis también. Tomáis algo de sus santas costumbres, de sus palabras, de su silencio. Su oración te afecta. Incluso si no hablas, algo sucede, se transmite sin que te des cuenta y algo santo y divino se transmite a ti. Sí, san Prócoro, san Proclo etc., vivieron cerca de santos maestros, fueron inspirados por los santos y se convirtieron también ellos santos. Lo mismo sucedió con san Simeón el Nuevo Teólogo, san Gregorio Palamás, etc.

El Yéronta desempeña un papel muy importante en nuestra vida. El Yéronta es un guía. No es simplemente una persona educada que se convirtió en Yéronta porque es teólogo de academia y está bien educado gramaticalmente. Debemos distinguir qué es un Yéronta. Un Yéronta puede ser analfabeto, puede no tener muchos conocimientos mundanos creados, no tener elocuencia, no haber estudiado libros, pero ser superior al educado y formado en academia, cuando ha vivido como subordinado y ha adquirido la χάρις jaris de Dios. Este Yéronta puede beneficiar mucho a sus subordinados si le obedecen.

Por supuesto, lo que dice el Yéronta también te lo dicen los libros. Sin embargo, no es lo mismo. El Yéronta que vive estas experiencias espirituales y que no te dice: ‘El Padre tal dice esto, el libro tal escribe esto’, sino que experimenta la vida de Cristo él mismo y te habla desde la experiencia, ya te lo está transmitiendo, te lo está poniendo en la psique-alma y aprendes de él cómo atraer la χάρις jaris de Dios.

Cuando tienes al Yéronta y lo vives, amas al Yéronta. Y cuando el Yéronta te ama a ti y ambos son afines, entonces se vuelven uno. “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre y este objetivo es de acuerdo a mi voluntad, allí estoy yo en medio de ellos para iluminarlos, bendecirlos y fortalecerlos” (Mt 18,20). Ahí está Cristo. En esta situación, no hay distancias. Donde sea que estemos, estamos unidos en Cristo, y oramos, y así la jaris de Dios nos visita y nos fortalece constantemente. Así vivimos la unidad en la Iglesia. Tenemos el sentido del ‘uno’, es decir, que somos uno. Así vivían antiguamente los yérontas y los subordinados.

Estas cosas no son cuentos de hadas. Los he visto yo muchas veces. Cuando fui al Monte Athos, todo desapareció, tanto la gente como los parientes y los gobernantes, todo se convirtió en obediencia a mi Yéronta, todo se convierte en oración, todo se llena de alegría. Caminando en Kafsokalyvia todo se convirtió celeste. Sin embargo, cuando comienzo a mostrar un poco de cansancio, inmediatamente la apreciación de los padres y la gente me abrumaba de nuevo.

Por lo tanto, la obediencia al Yéronta es una gran virtud y un gran mérito. Es todo. Debes haber pasado por la obediencia para ser completo, para enfrentar las dificultades de la gente. Si no tienes humildad, no tienes obediencia, no tienes la χάρις jaris de Dios. Si no pasas por la humildad y, por lo tanto, por la obediencia, lo pasarás muy mal. La falta de obediencia se debe al egoísmo y la φιλαυτία filaftía egolatría. ¡La humildad es algo grande! El egoísmo y el orgullo engendraron la desobediencia y nos marchamos del Paraíso. Nunca un egoísta puede ser obediente. Siempre quiere cuestionar lo que le dicen, si es bueno o no, si es así o de otra manera, y actúa en consecuencia. O lo hace, pero con objeciones y argumentos, pensando que con esta actitud muestra su libertad. Sin embargo, en la obediencia, el hombre encuentra la verdadera libertad, mientras que la esclavitud es lo que lo obliga a no obedecer. Cuando obedece, se incorpora ya a la libertad de los hijos de Dios.

Y aquellos que viven en una cueva, viven estas cosas. Es la zéosis (expectación y comunión con Dios), que lo tiene todo. Se unen con Dios. Cultivan el espíritu, y este cultivo no tiene saciedad. Dios es la cima de los perfectos, el sumum bonum (el bien supremo). La unión con Dios tiene todas esas cosas. Se experimenta una completa satisfacción con esta unión. Ningún otro placer está por encima de aquel que proporciona la unión con Dios. Es el placer que supera a todo nus (espíritu) y entendimiento. Es el placer de los entregados a Dios. Todo esto se logra con la ayuda divina. Cuando opera la χάρις jaris actúa, las cosas son sobrenaturales.

Recen que Dios nos conceda sentir y experimentar estas grandezas, aunque sea un poco.

  1. Con el Estudio de los divinos logos podéis sin mucho esfuerzo convertiros santos

Sumérjanse y escudriñen las Escrituras. Amen el estudio. Mientras escucho el Salterio y los cánones, no me canso ni me sacio de ellos. Son tan reales y atrayentes que no tienen fin. Leer palabra por palabra de manera clara, decirlas y escucharlas también resulta muy beneficioso. Donde consideren que es esencial, léanlo nuevamente para comprenderlo mejor. ¿Qué más puedo decirles? Los escucho con ansias una y otra vez. Endulzan la psique-alma. Eso tiene un significado profundo.

Entonces, si saborean, leen y escuchan los logos de los Mineon (Mensual), del Salterio y de todos los libros de nuestra Iglesia, y los sienten, cuando suene la campana, corran inmediatamente para escuchar con amor y deseo: «Despertando del sueño, nos postramos ante Ti, Oh Bueno, y con los Ángeles te entonamos un himno…». Así es como logran lo deseado. Entonces la psique-alma regresa a su luminosidad original, a su estado primordial, a la belleza antigua.

¿Qué dice Dios? «¿A quién miraré, sino al humilde, pacífico y temeroso de mis logos?» (Is 66,2). Aquel que ama Sus logos, Cristo lo bendice, le dona la χάρις jaris y todo le resulta fácil.

Como podéis ver, sin guerra y sin sangrientas luchas, nos santificamos. Nuestra psique-alma se regocija y deleita, nuestro oído escuchando los himnos se endulza o refina y algo sucede dentro de nosotros. Esta alegría trae un entusiasmo divino, y nuestra psique-alma se vuelve digna de recibir la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios y Dios mismo la santifica. Nosotros, sin la divina χάρις jaris, no podemos santificarnos a pesar de nuestros esfuerzos. Mientras que con el estudio de los logos divinos, podemos simplemente, sin mucho esfuerzo, convertirnos en santos.

También a mí me gustaron y me gustan los libros escritos por los Santos Padres, Juan Crisóstomo, Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo, Gregorio de Nisa, Gregorio Palamás, etc. Pero, sinceramente, les digo que no los he estudiado. Los conozco, sin embargo, todos estos benditos…

En el pasado, en el Monte Athos, no permitían que leyeras la Filocalia y otras obras ascéticas; solo la Sagrada Escritura y las vidas de los santos. No me malinterpreten al decírselo. Estas cosas deben ser acompañadas por un guía espiritual que las haya experimentado para poder leerlas; de lo contrario, puedes confundirte. Y esto se debe a que deben ir acompañadas de obediencia. Sin obediencia al Yéronta, puedes sufrir mucho daño. Estos libros escriben cosas muy elevadas, apocalipsis/revelaciones divinas que el mal espíritu puede explotar sin obediencia al Yéronta. Pero la obediencia debe ser pura, no egoísta ni solo para complacer al Yéronta, sino simple, sin interés propio.

Por eso quiero que se dediquen más al estudio del Antiguo y Nuevo Testamento, así como a los salterios y cánones. Con el mismo entusiasmo con el que leerán los himnos y los cánones, lean también a los Padres de la Iglesia; pero primero el Evangelio, el Antiguo Testamento. Es una riqueza, ya que todos se apoyaron en la Santa Escritura. Es la fuente, es la base. Nunca te sacias. Seguramente también sentiréis las palabras del salmista: «Tus palabras son más dulces que la miel en mi boca». No dice «como la miel», sino «más dulces que la miel en mi boca», para mostrar la extrema dulzura de las palabras y logos de Dios.

  1. Los oficios, liturgias de la Iglesia debe celebrarse siempre con έρως eros (amor ardiente)

Los oficios, las liturgias son las palabras y logos que conversamos con Dios con nuestro culto y nuestra agapi. Dentro de la Iglesia junto con los todos los hermanos seguimos la divina mistagogía (iniciación divina) que salmodiamos y comulgamos, estas son nuestras horas más tradicionales. Cuando todos juntos seguimos los sagrados oficios, las liturgias, las palabras y los logos del Señor con los Evangelios, el Apóstol, los cánones y los himnos de la Plegaria, del Trisagio, de los Mineon (Mensual), logramos nuestra unión con Cristo.

Pero las trampas de satanás son muchas para aquellos que adoran a Dios. La tentación nos lleva a este punto de no prestar atención en absoluto. Vamos a la Iglesia con frecuencia, para continuar nuestro sueño. Y tan pronto como escuchamos las palabras, los logos, los salmos, cerramos nuestros ojos. Entramos en un estado de ensimismamiento y no podemos seguir las letras, los himnos, los cánticos; es una cosa satánica. Se ve claramente con esta somnolencia.

¡Qué perdemos al estar descuidados dentro de la iglesia! Desde afuera dices, ‘prestaré atención, no lo volveré a hacer, lo intentaré’, pero no lo consigues. Todas esas cosas ‘prestaré atención’, etc., son todas cosas compulsivas que irritan a uno mismo, es decir, lo hacen reaccionar. Nada se logra con la presión. Por el contrario, nos atrapa un estado lamentable y nos deshonra. ‘Apriétate, concéntrate, haz lo que quieras; yo, el viejo hombre, te tengo en mi mano, te apretaré, y si puedes, avanza’.

Cualquier cosa que hagas a la fuerza y tu psique-alma da patadas en tu interior, te daña. He dicho esto muchas veces. He visto a monjes y personas de todas las edades abandonar completamente la Iglesia y a Dios, incapaces de soportar la presión interna y la presión de otras personas. La presión no solo provoca una reacción en contra de la Iglesia, sino que ni siquiera la quiere. No le afecta positivamente. No produce frutos. Lo hace, por supuesto, de manera presionada, porque se lo dijo el Yérontas, se lo dijo el guía espiritual. Y dice: ‘Ahora debo ir, por ejemplo, a las vísperas. Sí, todo se hace, pero cuando se hacen de manera formal, típicamente, no benefician, perjudican.

Muchas veces te ves obligado a hacer el bien. Pero no debe hacerse con presión, no beneficia, no construye. Por ejemplo, lo que decimos sobre la monologa oración cordial ‘Señor Jesús Cristo…’. Si fuerzas a tu ser a hacerlo, pronto te entristecerás, lo lanzarás lejos y luego, ¿qué sucede? Si lo haces a la fuerza, te presionas, te presionas y explota en mal. Puede ser que una presión así te haga no querer ir a la Iglesia. Ve a la Iglesia de otra manera, no con apretujones y empujones, sino con alegría y placer. Para lograr esto, debes prestar atención y disfrutar de la Divina Liturgia, los oficios, los himnos, las lecturas, las oraciones. Presta atención a cada palabra, sigue los significados. ¿Entendido? Desde allí comienza la alegría.

Sin embargo, hay otro gran peligro. Si no prestamos atención, podemos escuchar todo esto porque debemos hacerlo y salmodiarlo típicamente no concienzudamente. El monje va, por ejemplo, a vísperas y escucha: ‘Como son amados tus tabernáculos, Señor de los ejércitos; mi alma anhela y desfallece por los atrios del Señor…’ (Salmo 83). Lo escucha hoy, lo escucha mañana, lo escucha al día siguiente, todo el año. Ahora, ¿qué más, lo mismo una y otra vez? Cuando lo escucha sin participar en contacto consciente, se cansa, se duerme, no profundiza, experimenta el cansancio y luego viene la reacción. Después, ningún beneficio, ninguna alegría. Comienza la desesperación y el diablo no pierde la oportunidad de hacer el mal.

Los oficios son un gran asunto. Los servicios son todo. He experimentado esto. Siempre y cuando se realicen con έρως eros (amor ardiente), interés, con una disposición de amor extremo hacia Cristo. No mecánicamente y no a la fuerza. Necesita έρως eros, entusiasmo divino. Si no sentimos esto, no tienen valor. No solo no tienen valor, sino que también hacen daño. Dirás, ‘entonces, ¿no los hagamos?’. No, por supuesto. Sin embargo, tanto como sea posible, uno debe apartarse del formato y mirar la esencia. Es decir, quererlo, anhelarlo, disfrutarlo con la oración, con la comunión con Dios. La saturación es una catástrofe para el monje.

Yo, qué puedo decir, no lo sé. He disfrutado de los oficios. No presionaba a mí mismo, no sabía hacer nada forzado o como obligado. Al contrario, si es posible, escuchar lo mismo todos los días, hoy y mañana y pasado mañana. Siempre lo mismo; pero esto tiene valor. No me canso de decirlo todo el día. Y creo que todo esto nos beneficia mucho. Tienen tantos jugos que refrescan la psique-alma y la nutren. Y ustedes también, así, entreguen sus corazones a Cristo.

En la policlínica de Atenas cuando el Viernes Santo decía la oración de san Basilio el Grande: «Señor Jesús Cristo, nuestro Dios, que has sido paciente con nuestras transgresiones hasta este momento, que fuiste colgado en el madero de la vida, acompañado por el ladrón agradecido, abriste las puertas del Paraíso y venciste a la muerte. Te rogamos, ten misericordia de nosotros, pecadores y siervos indignos tuyos. Hemos pecado…», la leía y la vivía delante del Crucificado. El día siguiente venía al quirófano el catedrático delante de los estudiantes y me dice:

“¡Páter que bonita esta oración! Tú debes ser santo”.

-No soy santo, le digo, pero como quiero hacerme santo, pedía la misericordia de Dios para hacerme santo y mi psique-alma se ha emocionado. Yo soy muy pecador y esto es un guiño o seña de Cristo.

Esta súplica es una obra de arte, ¿o no es? Por eso os digo que lean y la vuelvan a leer otra vez y otras veces.

Las oraciones litúrgicas, que parecen formales, cuando se dicen con contacto consciente, significado y atención, se vuelven tuyas. El Oficio o Liturgia de la Divina Comunión, cuando lo lees, hasta el más pecador recibe la divina jaris y se santifica mucho. (Recibe la jaris-gracia increada que quita la des-gracia creada).

Así es cómo se cultiva sin que nos demos cuenta. Sin esfuerzo duro. Es decir, el hombre desecha su antiguo hombre, su antiguo yo enfermo. Lo descarta sin guerra. No lo enoja, ni lo irrita pero lo desecha y desarrolla al nuevo hombre dentro de él.

  1. La oración de la noche es mejor

Elijan el cansancio físico. Búsquenlo para ejercitar cuerpo y psique-alma. Nuestra vida depende de nuestra voluntad. Lo que queremos y cómo lo queremos, podemos vivirlo. Aquel que se esfuerza por Cristo más, y esto sucede, por supuesto, por un έρως eros divino, atrae más χάρις jaris divina (gracia, energía increada). Y cuando decimos esfuerzo, nos referimos, entre otras cosas, a la oración nocturna. Levantarse por la noche para la oración beneficia mucho. La oración nocturna es mejor. Escuchamos a Isaías que dice: “El camino del Señor es justo y recto; siempre hemos depositado nuestras esperanzas en tu nombre y en tu memoria. Esta es la senda que nuestro corazón ansía. Tan intensamente te anhela nuestra psique-alma que, desde la noche, en la aurora, mi espíritu vela hacia ti, oh Dios mío, porque sé que tus mandamientos son luz en la tierra. Así que aprended justicia, vosotros que habitáis en la tierra” (Is 26, 8-9). “Permanecí despierto, me volví como el gorrión me quedé solo en el tejado” (Salmo 101,8). “Por la mañana escucha mi oración…” (Tropario primera hora). “Por la mañana, antes de comenzar cualquier trabajo, escucharás el contenido de mi oración. Por la mañana me presentaré delante de ti, y arrojarás una mirada favorable hacia mí” (Salmo 5,4). “Dios mío, que eres mi Dios, desde muy temprano, desde la aurora, te rezo. Mi alma tiene sed y anhela por ti” (Salmo 62,2). ¡Cuán hermosas son las cosas que dice David! No las dice, sino que las vive. Tiene la jaris de Dios; el Espíritu Santo.

Muchos en el Santo Monte Athos oran día y noche. Sucede que alguien ora de noche hasta por la mañana y no darse cuenta del tiempo que pasa. En la agapi-amor de Dios las horas pasan con otra velocidad. ¡Oh, qué sucede en el Monte Athos por la noche! Fragancia, incienso, perfume, ángeles, oraciones… Los ángeles toman las oraciones de los santos y las llevan a Dios. ¡Misterio!

Nosotros en el Agion Oros (Athos) nos despertábamos sin reloj. Cuando llegaba la hora, inmediatamente nos levantábamos. Aunque estuvieras cansado por la tarde-noche y si tardaras de dormir, cuando llegaba la hora saltabas arriba. Es una costumbre, apenas despiertas, salta y levantarte de inmediato ponte en pie. Por supuesto, puedes girar hacia el otro lado y quedarte dormido hasta el mediodía. ¡Muy malo! Por eso, tan pronto como te despiertes, levántate de inmediato. Elige las horas de la noche. Entras más fácilmente en la oración. Incluso si despiertas por casualidad por la noche, no vuelvas a dormir de inmediato; es una oportunidad que Dios te da para rezar, tanto como puedas, en hisijía (serenidad, paz y silencio).

Además de la hisijía, algo más sucede por la noche. He confirmado algo extraño. En las veinticuatro horas, hay una diferencia en las horas y en la influencia que tienen en el organismo humano. Ves, por ejemplo, mientras una herida permanece en la misma condición, la fiebre fluctúa. Por la mañana baja, al mediodía sube, por la tarde y la noche sube más, a la medianoche cambia. Esto depende del movimiento de la tierra. Así como el cuerpo se ve afectado por las horas, también lo es la psique-alma.

Aquel que vela por la noche en la oración, al día siguiente puede trabajar mejor, porque Dios le da jaris (energía divina), lo favorece y se renueva psicológicamente. Por el contrario, quien no tiene disposición para hacer sacrificios por la agapi-amor de Cristo, se excluye a sí mismo de la jaris.

  1. Cuerpo y psique-alma coparticipan al culto de Dios

El esfuerzo físico hace que el cuerpo se queje y gruña y reaccione, no puede, sin embargo, hace perezosa la psique-alma en la oración. Simplemente subes el volumen de la radio, escuchas la música, la disfrutas y ya no escuchas las quejas. Quiero decir que fortaleciendo la oración neutralizas el cansancio. Antes de quejarte del esfuerzo físico, comienza la oración monologa cordial, porque cuando te quejas, la jaris se va y te quedas con tu propia fuerza. Si dices tres veces «Señor Jesús Cristo, compadécete de mí», avanzas con alegría. Dios te ve y extiende la mano y te toma. Desde allí en adelante, comenzará la verdadera comunión con Él.

Cuando el esfuerzo físico, -por prosternaciones, vigilias, sacrificios- se hacen con agapi, con pasión, con eros (amor ardiente) no dañan el cuerpo. Cuando se hacen libremente y con agapi-amor hacia la persona amada, Cristo, muestran cuánto amas a Él. Nadie tiene en cuenta el esfuerzo por aquel a quien ama. Sube alguien, por ejemplo, una montaña, se cansa, se fatiga, suda. Le preguntan: ¿por qué lo haces? “Por el que amo, responde, porque entiendo que le voy a satisfacer”. El hombre, el fiel, muestra con sentimiento interior su agapi, su dedicación y su culto a Cristo. Por eso el esfuerzo físico, por eso las prestaciones o genuflexiones. No para ganar algo, sino porque la agapi, el amor por Cristo no te deja hacerlo de otra manera.

Alguien podría decir: “La agapi-amor la tengo en mi corazón”. Sí, pero las prosternaciones y todas las prácticas o ascesis son necesarias, porque son formas, pero a través de estas formas logramos entrar en la esencia. Si no entramos allí, todo esto es nada. Así es como es. ¿Debería hacer volteretas ahora, para que Dios vea, para que disfrute? Dios no disfruta de estas cosas. No agregamos nada a Cristo con esta adoración que Le hacemos. Nosotros cosechamos, nosotros tenemos esta necesidad. Ahora han surgido miles de herejías. ¿Y han visto qué truco hacen? Llegan a ejercicios gimnásticos, con los pies parados y la cabeza hacia abajo. Logran ejercicios físicos asombrosos e intentan imponerse y afectar la psique-alma con ellos. Nosotros no decimos así, sino que cuando las prosternaciones se hacen por Cristo, la jaris increada afecta directamente a la psique-alma y trae la metania, trae la paz, la tranquilidad y la alegría. Pero estas cosas vienen con la jaris divina y luego el cuerpo también se beneficia.

En algún momento, existían señores (dueños) y siervos (esclavos). Para demostrar su sumisión y respeto hacia ellos, los siervos se arrodillaban ante los señores. De esta manera, nosotros con las penitencias mostramos que somos humildes siervos de Dios. Mostramos nuestra pequeñez y respeto de una manera sensible. Con las penitencias o prosternaciones, algo sucede; el cristiano se humilla, se hace humilde y esto ayuda a que venga la jaris increada de Dios. Cuando llega la jaris, entonces su corazón se enciende. El fuego de la agapi-amor hace sacrificios. Las penitencias o prosternaciones son sacrificio y ofrenda; sacrificio de amor, adoración. Y en la adoración, culto participa todo el ser humano, psique-alma y cuerpo.

No compadezcáis al cuerpo. Esforzadlo. No puedes entender lo que es el fuego (increado) del amor. Debes hacer sacrificios, ejercicio. Ejercicio espiritual y físico. Sin ejercicio, no se logra nada. Obedeced al programa espiritual, por ejemplo, reglas, oficios, liturgias, etc., y no lo descuidéis. No lo pospongáis para mañana. Ni siquiera una enfermedad debe estropearlo, solo una enfermedad mortal. Cuando yo era joven, hacía tres mil prosternaciones al día y no me cansaba, era muy resistente. Me disciplinaba a mí mismo, menospreciaba el esfuerzo. Mientras volvía exhausto de la montaña, llevando la leña, en el Monte Athos, los Yérontas me hacían cavar el jardín. Me disciplinaba y menospreciaba el cuerpo y, sin embargo, era muy fuerte. Pero también tenía tanto fuego (divino) dentro de mí. ¡Tanto fuego!

Quiero mostrarles cómo las hacía. Las hacía de manera recta y rápida, sin tocar las rodillas en el suelo. Primero hacía la señal de la cruz golpeando los dedos con fuerza en la frente, luego en la rodilla y luego arriba en los hombros simétricamente. Después apoyaba las manos en el suelo y me levantaba rápidamente. Luego presionaba un poco las rodillas. ¿Visteis cómo participan el cuerpo y la psique-alma en la adoración a Dios? El nus, el corazón y la mente en Cristo; y el cuerpo en Cristo. Haced las prosternaciones, las penitencias con reverencia y amor, y no las contéis. Es mejor hacer diez buenas que muchas sin celo, sin amor y sin amor divino. Haz tantas como puedas, según el estado de ánimo, pero no falsas prosternaciones, penitencias y falsas oraciones. No cosas formales ante Dios. Dios busca lo que hacemos por Él, que sea «de todo corazón, de toda nuestra fuerza de voluntad y de toda alma» (Mar 12,30-33 y Luc 10,27).

La oración debe ser durante todo el día con amor: oraciones, súplicas, penitencias o prosternaciones alternas. Y las prosternaciones que hacemos a la Panaghía se dirigen a Cristo, porque la Panaghía nos trae a Cristo. Cristo es el Salvador de nuestras psiques-almas y la Panaghía es nuestra madre, nuestra gran intercesora.

Las prosternaciones son también gimnasia. Y, aunque esto no deberíamos pensar en absoluto, no hay mejor ejercicio que este para el estómago, los intestinos, el pecho, el corazón, la columna vertebral. Es muy beneficioso, ¿por qué no hacerlo? Cuando este ejercicio se realiza en la adoración a Dios y la propia alma participa en esa adoración, se llena de alegría, se calma y encuentra paz. Eso es todo. Entonces, por supuesto, también el otro, el cuerpo, se beneficia. Sigue y se beneficia también. ¿Entendéis? En la psique-alma viene la paz y la tranquilidad, y en el cuerpo, el buen funcionamiento de todos los sistemas de nuestro organismo, como el circulatorio, el digestivo, el respiratorio, el endocrino, que tienen una relación directa con nuestra psique-alma.

  1. La influencia de la oración es milagrosa

Cuando entráis al monasterio, vuestra psique-alma se abre a la agapi de Dios. Allí todo es santificado; tantas psiques-almas que oran, practican y viven la vida de Dios. Las psiques-almas santificadas son la grandeza del monasterio. La psique-alma tiene dinamis (poder, fuerzas y energías) tremendas, que las refleja ambiente, el entorno. De la misma manera, los lugares santificados nos afectan y nos elevan. Cuando estoy en lugares así, antes de que tenga la oportunidad de rezar, inmediatamente el lugar santificado me eleva a los cielos, como, por ejemplo, Patmos, el Monte Athos, Meteoros, etc.

El monje parece extraño e incomunicado para muchos. Parece que solo se preocupa por su psique-alma, que no ofrece nada a la Iglesia, al mundo. Pero no es así. Si la Iglesia ha perdurado todos estos años, se debe al monacato. Aquel que entra en el monasterio y lo da todo a Cristo entra en la Iglesia. Tal vez alguien diga: «¿Aquellos que viven solos en una cueva ayudan a la Iglesia?». Sí. Los ermitaños que viven en las cuevas ayudan a la Iglesia en secreto, místicamente. Uno que vive en la cueva puede no cultivar árboles y jardines, escribir libros y otras cosas que ayudan en la vida o en el progreso, pero dentro de él crea, se desarrolla, se deifica, se diviniza, se une con Dios. Los ascetas se quedan en la cueva para que nadie los distraiga de la vida espiritual. Con su vida cálida y pura y sobre todo con su oración, ayudan a la Iglesia. Os contaré algo que tal vez os parezca exagerado. Pero, hijos míos, quiero que me creáis. Se trata de la oferta de la oración del monje. Escuchadme con atención.

Supongamos que tenemos siete predicadores teólogos que son santos en su vida. Su elocuencia o retórica sea incalculable. Cada uno tiene su parroquia, que consta de diez mil feligreses. Cada día sus logos son escuchados por setenta mil personas. Muchos de los que los escuchan se conmueven, se arrepienten, regresan a Cristo, y familias enteras son salvadas. Sin embargo, uno solo, un monje, que nadie ve sentado en una cueva, con su humilde oración tiene un impacto mucho mayor. Uno frente a siete tiene resultados más grandes. Esto lo veo. Estoy seguro. Aquí está la importancia de la oración del monje. Está solo en su celda, pero las olas de su oración llegan a todas las personas, incluso si están lejos. Con la oración, el monje participa en todos los problemas de las personas y realiza milagros. Por lo tanto, su oferta es mucho mayor que del predicador más válido y merecedor.

  1. “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón…” 

Oración por vuestros familiares sin angustiarse por su salvación, porque de esa manera perdéis vuestra conexión con Cristo y mostráis falta de fe. Encomendar todo con confianza en la agapi-amor y providencia de Dios. Lo mejor es entregarte al amor de Dios y desconectarte del mundo, de tus parientes, padres y hermanos. Todo lo que viven los ascetas está escrito en la Regla de la Tonsura Monástica, que dice:

«Aquellos que desean venir detrás de mí,

voluntariamente deben renunciar a los asuntos mundanos,

a sus padres que los engendraron,

a hijos, esposas, hermanos y amigos,

a posesiones, dinero y riquezas,

hogares, parientes y sirvientes,

y aceptar la enseñanza de mis Apóstoles» (Oficio de la Tonsura).

Escuchad lo que sucedió con un asceta, del libro Gerontikón.

Un hijo único y muy rico se fue al desierto de Nitria. Allí progresó mucho. Pasaron los años y sus padres murieron. No había heredero de la fortuna y vinieron sus conciudadanos a buscarlo, Su fortuna era muy grande. Le dicen:

-Hemos venido a decirte que vengas, si quieres tomar la fortuna de tus padres que han muerto.

Entonces él bajó la cabeza, pensó un poco y dijo:

-“Yo antes que ellos he muerto para el mundo y ¿cómo es posible un muerto heredar un muerto?

Si no morimos a nosotros mismos, no se logra nada. Debemos amar a Cristo y Él nos amará. Todos los dolores pasarán, serán vencidos, transformados. Entre otros, también san Simeón el Nuevo Teólogo ha escrito algo muy hermoso:

“…hijos de Dios, como está escrito, dioses por jaris

…hijos de la luz increada

…los que rechazan el mundo vano y estafador,

los que aborrecen sin odio padres y hermanos…”

¡Qué bello es esto! El gran secreto es  el “éxodo, salida”. Existe el filtro maternal, paternal, y de allí se hace un “gasto” también para el monje.

Si de alguna manera tienes cinco grados de agapi-amor dentro de ti y gastas dos en tus padres, otros dos en tus hermanos, ¿qué queda para Dios? Mientras que en Dios están todos las ágapes-amores del mundo. Si amas a Dios, amas todo, porque en Dios están todas las cosas, y Dios quiere que Lo ames de esta manera, Él mismo dice: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu sique-alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas y tu voluntad» (Marc 12,30).

Estas cosas son “matemáticas sublimes” de la fe Ortodoxa y de la Iglesia Ortodoxa. Ninguna otra religión, ni confesión cristiana heterodoxa ha captado y entendido estos conceptos y significados, porque no son invenciones humanas, (sino conceptos increados). ¡El Dios nos los ha apocaliptado/revelado!!!

Traducción xX Χρῆστος Χρυσούλας, jJ Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com, 16-01- 2024

 

 

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