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Sep 22 2025

LA PRECISIÓN EN LA FE Y EN LA MORAL Atanasio Mitilineos

LA PRECISIÓN EN LA FE Y EN LA MORAL

Atanasio Mitilineos

Domingo de los Santos Padres del IV Sínodo Ecuménico

 

Hoy, queridos míos, nuestra Iglesia honra a los Padres del IV Concilio Ecuménico. Una característica de los Padres, ya sea dentro del Concilio o fuera de él, fue siempre la ακρίβεια (akrívia: precisión, exactitud) en la formulación de los términos de la fe y del ήθος (ízos: carácter, moral, ética). Y esto porque conocían el valor y la importancia de la ακρίβεια precisión.

Es bien conocida la disputa entre los términos utilizados por san Atanasio el Grande: ὁμοιούσιος omiúsios y ὁμοούσιος omoúsios. Fue toda una polémica. Pero fue una polémica esencial. No es lo mismo decir “omiúsios”, es decir, que el Hijo es “semejante” al Padre, que decir “omousios”, o sea, “de la misma esencia” que el Padre. No es lo mismo decir “plata” que decir “níquel plateado”. ¿Es lo mismo? Por lo tanto, los Padres se mantenían firmemente en la ακρίβεια precisión. Usaban las palabras con exactitud.

Y la precisión en el dogma da lugar también a la precisión en la moral del carácter, en la vida espiritual. Por eso nuestra Iglesia, hoy, en este Domingo de los Santos Padres del IV Sínodo Ecuménico, como les he dicho, ha escogido un pasaje adecuado del Evangelio, como escuchamos, para subrayar el valor de la ακρίβεια precisión, exactitud.

El Señor Jesús pronunció aquella expresión tan solemne: “En verdad os digo: hasta que pasen el cielo y la tierra —(¡Ah! entonces pasarán el cielo y la tierra…)—, ni una ι yota (i) ni una tilde pasará de la ley hasta que todo se cumpla” (Mt 5:18).

Y todo esto significa la precisión de la profecía en su realización, en lo que concernía a la persona de Jesús Cristo, pero también a su Ley; y por tanto, la precisión tanto de la letra como del espíritu de la Escritura.

La “yota” o “yod” o “giont”, es la letra más pequeña del alfabeto hebreo. Tal vez sepan que esta “giont” (como la llamamos) también se usa como número imaginario en el álgebra. Seguro que lo conocen. Ese es el “giont” que decimos en álgebra. Algo semejante a la ι yota (i) suscrita en griego. Es decir, algo muy pequeño.

Y la “tilde”, como dijo el Señor, “ni una yota ni una tilde pasará…”, es un signo del alfabeto hebreo, como puede ser un apóstrofo, una coma, o en el alfabeto griego, un acento. Algo muy leve, muy pequeño. Con esto quiere decir lo más mínimo de la Escritura y su contenido. La Escritura exige que la cuidemos. Con ακρίβεια akrívia precisión. Porque la falta de precisión conduce a errores, a veces literalmente fundamentales.

¿Qué significa ακρίβεια precisión”? Significa, atención al detalle. Fidelidad y exactitud en todo el conjunto del asunto, el cual debe ejecutarse con precisión. Precisión en la expresión, en la formulación, en la letra y en el espíritu, para que no se introduzca una interpretación errónea. Por consiguiente, precisión como claridad. Algo muy importante…

Anoche leía… buscaba algo en el Antiguo Testamento, y allí Dios dice:
“Escribiréis la Ley sobre tablillas con claridad —escuchen esto— con gran claridad.” Claridad con intensidad. Que esté bien escrito, con una redacción precisa. Eso lo dice el mismo Dios, como les he mencionado.

También implica una correcta traducción e interpretación, una verificación cuidadosa. Siempre bajo la luz de la precisión.

Heródoto, nuestro historiador, el Heródoto que tenemos nosotros, dice acerca de la precisión que es: “el conocer con exactitud”. El tener un conocimiento exacto. «Ἐπίστασθαι Epístasze: conocer bien». «Καθορᾱν kazorán: ver bien, μαθεῖν mazín: aprender bien» (infinitivos): es decir, nos da el sentido, la imagen de lo que significa ακρίβεια precisión.

Los Padres de nuestra Iglesia, mis queridos, amaban la ακρίβεια precisión en el lenguaje. Por eso encontramos expresiones como la de Gelasio, quien dice: «La exactitud de los dogmas apostólicos». O como san Juan Damasceno, que afirma: «He descuidado la exactitud en lo que concierne a mi Señor». San Juan Crisóstomo también dice: «La exactitud en la conducta y mi autogobierno». Exactitud en todo, precisión.

Y en la Epístola de Bernabé, un texto antiguo, leemos: «Por tanto, debemos procurar la exactitud en lo referente a nuestra salvación». “Debemos”, dice, “permanecer con exactitud”. Ammonio por su parte dice: «La precisión de la fe», y san Epifanio de Chipre habla de «la exactitud en la predicación o kerigma».

Mis queridos, es algo que cuido —se los confieso: que exista ακριβεία exactitud en la predicación. Pero también claridad. Exactitud y claridad. Gracias a Dios, nosotros los helenos-griegos al menos, que tenemos nuestra lengua helénika-griega, poseemos una lengua de ακριβεία precisión, exactitud. Y de una precisión tal que nos sorprende la exactitud de su expresión. Un escritor eclesiástico, por ejemplo, dice: «El que pecó antes, debe arrepentirse con precisión». Y finalmente, Clemente de Alejandría nos dice: «Debe haber mucha exactitud».

Ahora bien, para serles sincero, cuando debemos permanecer en temas serios y hablar con precisión, debemos hablar con precisión durante toda nuestra vida y las 24 horas del día. Un profesor nuestro solía decir: “¿Saben por qué discuten las personas? Porque no hay precisión en su manera de expresarse”. El otro no lo entiende bien, no lo interpreta correctamente y al final terminan peleando. No, mis queridos. No, mis queridos. Debemos acostumbrarnos, también en nuestra conversación cotidiana con otras personas —en los asuntos diarios, naturalmente— a mantener esta exactitud. Y debemos aprender a hablar con precisión.

Esta precisión en la fe y en la ética, moral está ordenada y se manifiesta a lo largo y ancho de toda la Sagrada Escritura. Todo esto que venimos diciendo quedaría muy claro si leemos los Hechos de los Apóstoles, donde san Lucas escribe en el capítulo 18 lo siguiente —se los leo rápidamente—:

“Un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente y poderoso en las Escrituras, llegó a Éfeso. Había sido instruido en el camino del Señor y, con fervor de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud lo referente al Señor, aunque solo conocía el bautismo de Juan”. -No conocía el bautismo de Cristo, sino solo el de Juan, el cual, por supuesto, había precedido en el tiempo-. “Éste comenzó a hablar con valentía en la sinagoga. Al oírlo, Priscila y Aquila -este admirable matrimonio, judíos del Ponto- lo tomaron aparte y le expusieron con mayor exactitud el camino de Dios”.

Es decir, hablaba con exactitud y, sin embargo, aquí vemos una exactitud aún mayor que la exactitud. Para que comprendamos cuán importante es, mis queridos, la precisión especialmente en temas espirituales, dogmáticos y éticos. Aquí vemos la precisión más precisa.

Como también escribirá el Apóstol Pablo a los Tesalonicenses: “Pues vosotros sabéis con exactitud que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (1Tes 5:2). “Sabéis con exactitud”, dice. Y, por supuesto, se refiere a los acontecimientos esjatológicos, que son parte de nuestra fe. Pero, ¿ven ustedes lo que circula hoy en día…? Pasó ya el 4 de julio. ¿Dónde están todos esos que divagaban y hablaban sin cesar diciendo que venía el fin del mundo, que abrían los libros de Nostradamus y hablaban y hablaban y hablaban…? ¿Y sólo Nostradamus? ¡Tantos otros falsos profetas! ¿Vieron ustedes que ocurriera algo? ¿Pasó algo?

Ese día estaba nublado —lo escuché en la radio— y el periodista comenzó a hablar con una señora que salía de la Iglesia. Le pregunta: “¿Usted qué piensa?” “¿No lo ve?”, le dice ella. “Se nubló, ¡el mundo se acaba!”. ¿Porque se nubló se acaba el mundo? ¿Ocurrió algo?

Y ahora esperamos, dicen, algo para después del 21 o 22 de julio, según dicen ciertos individuos, etc., etc. No tengo tiempo para analizarlo más. Es que no permanecen en la precisión de la Escritura, sino que dicen lo que se les ocurre, lo que llevan en el vientre, como dice el dicho popular. Eso no está bien. Por eso les hablo hoy sobre este tema, para que comprendamos que debemos permanecer en la exactitud.

Pero si debemos hablar de los últimos tiempos con exactitud, también debemos hablar con exactitud del ήθος (ízos: carácter, moral), la ética. Escribe el apóstol Pablo a los Efesios lo siguiente: «Βλέπετε οὖν πῶς ἀκριβῶς περιπατεῖτε» —«Vigilad, pues, cómo os conducís con exactitud». «Βλέπετε» significa “prestad atención”. «Περιπατεῖτε» significa “vivid” o “conducíos” en términos morales. «Ἀκριβῶς» -¿veis?- “con exactitud”, «μὴ ὡς ἄσοφοι, ἀλλ᾿ ὡς σοφοί… συνιέντες τί τὸ θέλημα τοῦ Κυρίου» —no como necios (a-sofos), sino como sabios, entendiendo cuál es la voluntad del Señor.

Por tanto, la exactitud en la fe y la exactitud en la moral, la ética -por la que lucharon los Padres en los Sínodos, pero también en sus enseñanzas y escritos personales- no es una escolástica estéril, una pérdida de tiempo en algo infecundo y seco. No. Es, como ya os dije, una necesidad sumamente importante.

La ausencia de esta ακρίβεια exactitud es obra del diablo, pero también de la negligencia humana, de la pereza. Y esto da como resultado una gran variedad de opiniones sobre la fe, pero también sobre la moral. Y la moral (ήθος izos) es la vida ética. Acabamos teniendo, porque no somos precisos, nuestras opiniones personales, nuestras posiciones individuales. Llegamos al punto de decir que el Evangelio debe adaptarse a nuestra época -¿lo oís?- que el Evangelio debe adaptarse a nuestro tiempo… y a lo que yo quiero. Y no al revés: no que yo me adapte -independientemente de la época en la que vivo- a lo que dicta el Evangelio eterno. Es decir, cada uno de nosotros fabrica su propio Evangelio, personal, individual, según lo que le parece. “Yo lo quiero así”. “El otro lo quiere asá”. ¡Pero el Evangelio es uno! No vendrá a adaptarse a nuestra época ni a cada persona y cada sujeto. ¡Nosotros debemos adaptarnos a él en toda época, lugar y persona!

No olvidemos que, como dice el apóstol Pablo: «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre» (Hebreos 13:8). Cristo no cambia. No digamos entonces que el Evangelio es anticuado y que necesita una actualización. En realidad, ¿sabéis lo que sería eso? Una secularización (mundanización).

Cristo dijo lo que escuchamos: “Por tanto, aquel que suprima uno solo de estos mandamientos-logos que parecen pequeños e insignificantes, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reinado de la realeza increada de los cielos; pero aquel que practique y aplique todos los mandamientos-logos y enseñe también a los hombres, éste será proclamado grande en el reinado de la realeza increada de los cielos” (Mt 5:19). Hombre, si minimizas el Evangelio y lo predicas como a ti te parece, entonces tú también serás minimizado. Serás juzgado como indigno.

Dicen: “¿Y qué es el ayuno?”. Os lo digo como ejemplo. “¿Qué es el ayuno?”. ¿Qué es? ¡Es un mandamiento! “Pero… no es importante”. ¿Que no es importante? Ya sea importante o no -según el juicio humano- es un mandamiento de Dios. Y todos los mandamientos de Dios, sin duda, son importantes. ¿Por qué? Porque es Dios quien los manda. Y eso demuestra que no puedes tú, hombre, estar regulando los mandamientos, diciendo: “Este es importante, grande; este no lo es, es pequeño”. No, queridos. Eso es un egoísmo desmedido que se convierte en juez de los mandamientos de Dios. Estás llamado, hombre, con humildad, a aceptar lo que Dios te dice. ¿Qué dirás? “Lo dice Dios”. ¿Qué más dirás? “Lo dice Dios”. Nada más. Con eso basta.

Y sin embargo, dentro de este pueblo de Dios, dentro de esta Iglesia, dentro de esta administración de la Iglesia, prevalece una lucha entre la exactitud y la inexactitud, entre lo genuino y lo falso. Los dogmas, desgraciadamente, se dejan de lado cuando nos molestan. Porque de los dogmas nace la moral. Sí. De los dogmas nace la moral.

Por ejemplo, cuando decimos: “No forniques”, ¿qué es eso? Moral. Pero eso nace del dogma. “¿Qué dogma?”, me diréis. ¿No dice el apóstol Pablo que nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo? ¿Y eso qué es? ¿No es una verdad, un dogma? Entonces, ¿de dónde proviene la moral de no fornicar? Del dogma que dice que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. Así que, si corrompo el dogma, si lo transformo, si lo altero, necesariamente también se alterará la moral. Es algo totalmente, queridos míos, natural.

Queremos el ήθος (ízos: carácter, moral), la ética, no como nos la ofrece el Evangelio, sino más bien sobre una base de ética filosófica. No ética evangélica; ética filosófica. Es bien sabido que todos los sistemas filosóficos tienen su propia ética. Todos. Incluso el sistema materialista tiene su ética, etc. El tema es enorme, como podéis ver. (ver: https://www.logosortodoxo.com/preguntas-y-respuestas-mitilineos/etica-cristiana-y-etica-filosofica-a-mitilineos/). Porque define nuestra salvación. Un evangelio adulterado nunca salva. Por eso los Padres de nuestra Iglesia lucharon por la exactitud del dogma en los Sínodos Ecuménicos y en los concilios locales.

Sí. Una vez escuché a una persona muy destacada, un importante político, hace ya más de 40 años, que calificó a San Atanasio el Grande de escolástico y limitado, que no tenía, según él, una mentalidad amplia. Este político falleció hace muchos años. En ese momento pensé, porque estaba junto a él y lo escuché: «¡Pobre y mísero hombre! ¿Te atreves a llamar de mente estrecha a San Atanasio el Grande? ¿Quién eres tú para decir eso?». Lo que ocurre es que muchas veces el Evangelio adulterado sirve de cobertura a nuestras debilidades. Y se convierte en un silenciador de nuestra conciencia. Hablamos y repetimos constantemente sobre el amor, diciendo que todo el Evangelio es amor… Pero hay otras cosas que también expresan el amor. No debemos reducir todos los temas del Evangelio a una visión relajada y superficial de amor.

Hoy en día, los significados de las palabras se están distorsionando. Hablan de amor. Sí. Pero entienden el amor en su forma carnal y lujuriosa… Hablan del amor de Dios y le han quitado su atributo de Juez. «Ah», dicen, «Dios es amor, ¿cómo va a juzgar?». Pero sí, hombre, te juzgará. Ambas cosas son ciertas. Hablan de Parádosis Tradición -¡ay, aquí especialmente!- y se refieren principalmente a la tradición griega antigua, no a la tradición cristiana de la Iglesia. Y con el pretexto de la tradición, introducen todo tipo de cosas en nuestras vidas. Porque la tradición griega antigua ha penetrado en nuestra vida cristiana y ha alterado muchas cosas profundamente.

¿Y cuál es el resultado? Paso a paso avanzamos hacia la descristianización de nuestro pueblo, hasta el punto de que ahora a nivel mundial se dice -escuchad las consecuencias- que la era de Piscis, es decir, la época del Cristianismo que ha durado 2000 años, ya ha terminado. Y ahora viene la era de Acuario, es decir, la era del Anticristo, bajo el nombre de «Nueva Era» (New Age), que no es otra cosa que la época de la apostasía. Al no mantener la precisión doctrinal y ética, veis hasta dónde hemos llegado. Esta es la importancia y el valor de lo que dijo Cristo sobre la exactitud tanto de la fe como de la ética o moral.

Queridos hermanos, la ακρίβεια precisión de la fe y de la moral ha sido marginada como si fuera algo anticuado. Y por tanto, considerado como algo difícil de manejar. Pero se nota un rápido deterioro del cristianismo. Y no penséis que cuando el hombre espiritual decae, no arrastra con él toda forma de decadencia. ¿Acaso creéis que nuestra civilización no está en decadencia? No me digáis que hemos hecho grandes avances tecnológicos. Es cierto, pero en esencia, estamos en una decadencia espiritual. En términos generales: decadencia. Sí. Hablamos de humanismo, pero vivimos en el siglo más inhumano de todos los siglos del Cristianismo.

Hoy el verdadero y exacto cristiano atraviesa una prueba. Se convierte en mártir de conciencia. Y quizás mañana sea también mártir de sangre. Es el mismo martirio que sufría Lot como habitante de las decadentes Sodoma, tanto que el apóstol Pedro escribe en su segunda epístola: «Y si libró al justo Lot, entristecido ante la conducta lujuriosa de aquellos hombres malvados y desenfrenados que pisoteaban los lazos naturales de la conciencia, porque el justo Lot, que habitaba entre ellos, cada día sentía su psique-alma justa atormentaba, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos» (2Pedro 2:7–8). Todo lo que veía, era sucio, espantoso: ver a la gente revolcarse en la calle en la homosexualidad. «¡Qué horror!», decía. Cerraba los ojos. «¡Ay de mí, allá también…!» ¿Conocéis aquel episodio, cuando todos -desde pequeños hasta mayores- llegaron a la casa de Lot, tras ver a los dos varones -ángeles- que eran imagen del Hijo y del Espíritu Santo, y eran descritos como jóvenes hermosos, etc., y acudieron a la puerta de Lot? Tocan la puerta:
«¡Ábrenos!».
«¿Qué queréis?».
«Danos esos jóvenes para que nos acostemos con ellos».
¿Lo oís? Querían unirse con ellos homosexual y carnalmente. ¿Podía esa ciudad continuar existiendo? ¿Podía seguir? Y vino la destrucción, como todos sabéis.

No olvidemos que seremos juzgados según el Evangelio que nos dejó Cristo y los Apóstoles. Tal como fue conservado en nuestra parádosis tradición eclesial. Y como nos lo transmitieron los Santos Padres de nuestra Iglesia. No según cómo lo deforma -escuchad esto- el llamado «Derecho Eclesiástico».
¿Qué es el Derecho Eclesiástico? Es la forma en que se relacionan Iglesia y Estado. Y como el Estado cambia constantemente sus leyes, también cambian sus relaciones con la Iglesia. Recordad el divorcio automático, recordad el adulterio, recordad el aborto, (ahora el matrimonio homosexual) recordad… recordad…

Queridos hermanos, cualquier otra cosa que provenga del mundo es del diablo. Debemos saber esto. Los que entienden, que entiendan. Y los que quieran salvarse, ciertamente se salvarán.
Sólo la ακρίβεια (akrívia: precisión, exactitud) en la fe y en la moral salva. Sólo esa.

Para la doxa-gloria del Santo Dios Trinitario,
y con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito yérontas Atanasio Mitilineos, trascripción de la grabación de su homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga. Homilía del pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, 18-7-1999. Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_535.mp3

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

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