
«La Παράδοσις Parádosis Tradición Apostólica», Atanasio Mitilineos
Domingo octavo de Mateo 14:13-23
Aquí la palabra clave es Παράδοσις parádosis, con la P en mayúscula significa la Santa Ortodoxa Παράδοση Parádosi (entrega, transmisión y tradición, según contexto, ver https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/)
Hoy, queridos míos, el evangelista Mateo nos ha narrado el milagro de la saciedad de los cinco mil. Un milagro que nos relatan los cuatro evangelistas.
Veamos, sin embargo, cómo lo registra el sagrado evangelista Mateo, en una de sus versiones.
«La multiplicación de los panes, 14:13-23.
13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca a un lugar apartado y solitario con sus discípulos. En cuanto lo oyeron las multitudes, lo siguieron a pie desde las ciudades.
14 Y al salir, vio una gran multitud de gente, y se compadeció por ellos, y sanó a todos sus enfermos.
15 Al atardecer se acercaron a Él los discípulos, diciendo: El lugar es desierto y es pasada la hora, despide pues a las multitudes, para que vayan a las aldeas y compren alimentos para sí.
16 Jesús les dijo: No tienen necesidad de ir. Dadles vosotros de comer. (Dijo esto para dar la oportunidad a los discípulos de mostrar agapi y para prepararlos psicológicamente para el milagro).
17 Le dicen ellos: No tenemos aquí sino solamente cinco panes y dos peces.
18 Entonces Jesús dijo: Traédmelos acá.
19 Y habiendo ordenado a las multitudes que se recostaran en la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, para agradecer al Padre, pronunció la bendición, y partiendo los panes, los dio a los discípulos, y los discípulos a las multitudes.
20 Y comieron todos y se saciaron, y de lo sobrante de los trozos, recogieron doce cestos llenos.
21 Y los que comieron, aparte de las mujeres y los niños, eran como cinco mil varones.
22 Seguidamente obligó a los discípulos a subir a la barca, para que fueran delante de Él a la orilla opuesta, mientras despedía a las multitudes. (Esto lo hizo para que no sean arrastrados y engañados los discípulos por el entusiasmo ferviente de esta gente que querían proclamarle como rey).
23 Y luego de despedir a las multitudes subió al monte a orar en privado, y al anochecer estaba allí solo» (Mt 14: 13-23).
Todo el pasaje, queridos hermanos, es de suma importancia. Y está lleno de profundas afirmaciones teológicas. Sin embargo, nos detendremos solo en una. En el punto que dice: «Les dio a los discípulos los panes, y los discípulos a la multitud». Es decir, después de bendecir, dio los panes partidos, los cinco panes que tenían, a sus discípulos, y los discípulos, a su vez, a la multitud. En este punto nos vamos a detener.
Observamos una παράδοσις (parádosis: entrega, transmisión) del alimento. De las manos de Cristo a las manos de los discípulos. Y de las manos de los discípulos a las manos de la multitud. Es decir, entre la multitud y Jesús, están los discípulos. Aquí vemos una παράδοσις transmisión o entrega literal. Yo entrego, tú entregas. Una παράδοσις entrega. Este será nuestro tema hoy y les pido que presten mucha atención.
Esta παράδοσις, en el contexto de la saciedad de los cinco mil, fue una pequeña representación de toda la παράδοσις entrega y tradición apostólica, que luego se convertiría en el fundamento de la Iglesia. Decimos en el Símbolo de la Fe (Credo): «Creo en una Iglesia, Santa, Católica y Apostólica». Es decir, una Iglesia que fue fundada sobre los doce Apóstoles, o cuya base son los doce Apóstoles. La apostolicidad de la Iglesia es uno de los pilares fundamentales de la Iglesia. Y significa que se basa en la enseñanza de los Apóstoles, que la recibieron directamente del mismo Cristo. Es sabido que el Señor no escribió nada. Los Apóstoles escribieron. Solo enseñó el Señor, y los discípulos recibieron Su enseñanza, la cual preservaron, tal como está escrita en los cuatro evangelios. Así se les llama, es decir, los cuatro Evangelistas. Como también las cartas de Pablo y las demás epístolas, cartas.
Posteriormente, los discípulos enseñan lo que aprendieron. Basándose en lo que escribieron. Esta παράδοσις parádosis de la Iglesia, como les dije, es de importancia fundamental. En el Antiguo Testamento se formula de la siguiente manera. Y muy a menudo se menciona esta frase que les diré: «Pregunta a tu padre y te lo dirá, a tus ancianos y te responderán».
Por supuesto, con respecto a la celebración de la Pascua, quienes pasaron por el Mar Rojo fueron los testigos. Dice, entonces, escribe allí Moisés: «Cuando tu hijo te pregunte». Porque cada año celebraban la fiesta de la Pascua, es decir, el paso del Mar Rojo. Pasaron muchísimos años. De hecho, desde la época de Moisés hasta la época de Cristo transcurrieron 1500 años. Así que dice: «Si tu hijo te pregunta: Padre, ¿por qué comemos hierbas amargas? Padre, ¿por qué comemos pan sin levadura? Tú le explicarás». Por lo tanto, ¿cómo se conservó esa tradición de la Pascua del Mar Rojo? De generación en generación. De padre a hijo. Por eso dice: «Pregunta a tu padre y él te lo contará; a tus ancianos, y ellos te lo dirán».
Dios, por supuesto, podría revelarse/apocaliptarse a cada generación. Una generación se considera de unos 30 años. Es decir, Dios podría revelarse cada treinta años y no existiría esta tradición. Sin embargo, Dios quiere que exista esa Παράδοσις Parádosis. Y si preguntas por qué, es porque en la Παράδοσις Parádosis se conserva un elemento fundamentalísimo: lo que se llama fe. Es decir, se conserva la fe. Uno debe creer. Nosotros no vemos en nuestras vidas milagros ni todas esas cosas que se describen en el Antiguo Testamento, etc., etc. Nada de eso. Pero ¿qué hacemos? Como nos han sido transmitidas, las creemos. De este modo se mantiene —como ya os dije— y se manifiesta lo que se llama fe.
Aquel «Pregunta a tu padre», es el fundamento —presten atención— de la παράδοσις parádosis patrística, no de la apostólica. Sino de la patrística. Por eso, en la festividad de los Sínodos Ecuménicos, que celebramos en determinadas ocasiones del año, se utiliza como lectura vespertina ese pasaje que dice: «Pregunta a tu padre».
Claro que la παράδοσις parádosis apostólica difiere de la παράδοσις parádosis patrística. Debemos distinguir entre ambas. La παράδοσις parádosis apostólica viene de los Apóstoles como testigos oculares y auditivos; vieron con sus ojos, escucharon con sus oídos, y ahora transmiten lo que vieron y oyeron. Eso se llama παράδοσις parádosis apostólica.
El Señor dijo a sus discípulos: «Y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra» (Hechos 1:8).
Dondequiera que vayan —dice— serán mis testigos. Decir: «Nosotros lo vimos, nosotros oímos a Jesús».
Y aún más, el apóstol Pedro escribirá: «Comimos y bebimos con Él».
Y si quieren saberlo, la razón por la cual fue elegido un duodécimo discípulo —aunque Pablo no ocupó el lugar del duodécimo, simplemente fue el decimotercer apóstol— fue porque, como dice en el primer capítulo de los Hechos: «Para que sea uno con nosotros, los once, testigo de la Resurrección de Cristo». «Yo vi a Jesús, al Jesús resucitado». Ven, entonces, que aquí tenemos la visión directa y la audición directa.
El apóstol Pablo dice en algún lugar —aunque es posterior en el tiempo— que es igual a los Apóstoles. Totalmente igual. Él mismo lo dice. Y así es. Si no lo fuera, entonces sus escritos, sus cartas, no estarían dentro de la Sagrada Escritura. Serían textos de segunda categoría. Y él sería un apóstol de segunda categoría. No testigo ocular ni auditivo.
Pero ¿qué dice?
«¿Acaso no vi yo al Señor Jesús?» ¿Dónde lo vio? Camino a Damasco. En aquel resplandor tremendo. Y Le vio, y Le escuchó. Por lo tanto, es igual, con igual dignidad que los demás discípulos.
Y este fue el último encargo que dio Cristo: «Vayan y digan lo que oyeron y vieron de mí».
Y después de decir esto —nos relata el libro de los Hechos— «fue elevado», es decir, ascendió. Fue la última orden.
Aquel «seréis mis testigos» encierra todo el espíritu de la παράδοσις parádosis apostólica. Para que podamos decir: «Creo en una Iglesia, santa, católica y apostólica ».
El evangelista Mateo escribe: «Id —les dijo el Señor— y haced discípulos a todas las naciones, enseñándoles a aplicar y cumplir todo cuanto os he mandado» (Mt 28:20).
Así que la παράδοσις parádosis apostólica significa la transmisión —ven, insisto en repetirlo—, la παράδοσις transmisión de los Apóstoles, de lo que vieron y oyeron del Señor.
Por el contrario, la παράδοσις parádosis patrística, la parádosis de los Padres —no la de los apóstoles—, tal como la menciona el Antiguo Testamento, es la interpretación tanto como letra o palabra como en vida del Evangelio por parte de los Padres y los Santos. San Juan Crisóstomo es un Padre, y por tanto, nos conserva la παράδοσις parádosis patrística. Él vivió en los siglos III-IV d.C. Y así también los demás Santos. Los Padres y los Santos de la Iglesia preservan lo que se llama παράδοσις parádosis patrística.
¿Cómo la conservan? ¿Qué es exactamente lo que conservan? Presten atención la correcta interpretación del texto del Evangelio. La correcta interpretación, que no se mantiene solo con palabras, sino también con su vida misma; porque su vida es la expresión de esa correcta, ortodoxa interpretación de la letra del Evangelio.
Tenemos, entonces, dos παραδόσεις paradósis: la apostólica y la patrística. Naturalmente, la patrística está en total y absoluta consonancia, se podría decir que se identifica, con la παράδοσις parádosis apostólica. La παράδοσις parádosis patrística es la auténtica interpretación del contenido apostólico transmitido. La παράδοσις parádosis patrística es tan importante como la παράδοσις parádosis apostólica, como ya les dije. Y esto se ve claramente en el fenómeno del protestantismo.
Los protestantes rechazaron la tradición patrística, dijeron que “no tiene valor ni significado”, y acabaron dividiéndose en unas 400–500 denominaciones. ¡Cada rama mantiene su propia “tradición”!
¿Y por qué? Porque rechazaron la παράδοσις parádosis de los Padres y de los Santos. Ese es el resultado. Por eso es de gran importancia, de importancia inmensa.
Cuando el evangelista Juan ve en su visión, en el Apocalipsis, la Jerusalén Celestial descendiendo del cielo, dice que era cuadrada, y muchas otras cosas más describe de sus características. Pero entre ellas dice también esto: «Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos» (nótenlo bien: la Jerusalén celestial es la Iglesia) «y sobre ellos, los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero» (Apocalipsis 21:14). Clarísimo.
La παράδοσις parádosis apostólica es también otra cosa, queridos míos. Es la παράδοσις parádosis —y esto debemos verlo— de la misma Iglesia como tal. ¿Es decir? Es decir, cuando el Señor entregaba los panes a sus discípulos en el milagro de los cinco mil, que escuchamos hoy, entregaba su propio cuerpo, que es la Iglesia.
Porque —presten atención— todo el milagro de la multiplicación es una prefiguración, pero también un primer acercamiento y experiencia del misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía.
Esto se ve claramente en la descripción que nos da el evangelista Juan, el día siguiente al milagro, cuando los habitantes de Cafarnaúm buscan a Jesús, y Él les dice: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque visteis señales, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis» (Juan 6:26). “Este nos conviene” —dirían— “¡Hagámoslo rey!” Allí en el desierto, incluso, querían proclamarlo rey. Por eso —y escuchen una palabrita que nos explica Juan, aunque hoy hayamos leído el evangelio según Mateo— el texto dice que Jesús “obligó” a los discípulos a subir a la barca. La palabra obligar significa forzar. Los forzó: “Subid a la barca y marchad al otro lado a esperarme”.
¿Por qué los obligó? Porque circulaba entre la multitud —recordemos que comieron solo los hombres, cinco mil— la intención de apresarlo para hacerlo rey. Y, por consiguiente, a los discípulos, ministros suyos. ¡Eso les agradaba a los discípulos! Les gustaba. Y entonces el Señor —permitidme la expresión— los tomó de la oreja, los forzó: “¡Subid al barco, id al otro lado!”. Y el Señor pasó luego en la madrugada caminando sobre el mar. Ese conocido milagro.
¿Lo ven? No era porque vieron un milagro, sino porque comieron y se saciaron. Y entonces dice Jesús: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna» (Juan 6:27). Y añade: «YoSoY el pan de vida».
¿Lo ven?
“YoSoY”, dice, “el pan de vida”. Y no lo dice en sentido metafórico. «Y el pan que yo daré, es mi carne». El misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía.
De hecho, los habitantes de Cafarnaúm que vinieron a decirle todo esto… ¡sintieron repulsión! ¡Y damos gloria a Dios que el Espíritu Santo permitió que se registrara esa repulsión suya, esa repulsión!
¿Saben por qué?
Dijeron: “¡Bah! ¿Nos va a dar a comer su carne, su cuerpo? ¿Quién puede soportar escuchar tales palabras?” Y lo dejaron y se fueron.
Pero Cristo insistió: “Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tenéis vida eterna” (Juan 6:53).
Y llegó a decir incluso a sus discípulos: “¿Os escandaliza esto? Si os molesta, podéis iros también vosotros junto con los de Cafarnaúm. Yo insisto en lo que os digo” (6:61–62). Es decir, el milagro de la multiplicación y saciedad de los cinco mil fue una imagen, un bosquejo del misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía.
Y así como Cristo les entregó entonces los pedazos de pan, luego les entregaría su propia carne.
¿Qué quiere decir esto?
Que les daría el misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Presten atención también a las palabras eucarísticas en el milagro de la multiplicación.
¿Cómo se conserva esto? ¿Lo saben?
Mediante el sacerdocio. Escuchen las palabras eucarísticas: “Tomó los cinco panes, levantó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos” (Marc 6:41, Luc 9:16, Juan 6:11).
Ahora escuchen lo que nos dice Mateo en la Divina Ευχαριστία Efjaristía, en el misterio: “Jesús tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo”.
Con las mismas palabras. ¿Les llama la atención esto?
Así que, la Παράδοσις Parádosis Apostólica no es solo lo que los discípulos vieron y oyeron, sino también la recepción del Misterio (Sacramento) de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Si quieren, otros también podrían haber conservado lo que vieron y oyeron de Jesús. Pero no recibieron la Iglesia. La recepción del misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía es idéntica a la recepción del sacerdocio. Y, por lo tanto, idéntico a la Iglesia. ¡Un tema inmenso!
La Iglesia existe allí donde hay sucesión sacerdotal. Los protestantes no tienen Iglesia. Son simplemente —presten atención— comunidades religiosas. La Iglesia es Una.
¿Por qué no tienen Iglesia?
Porque abolieron, arrojaron fuera el misterio del sacerdocio. Y por eso, cuando celebran la Divina Ευχαριστία Efjaristía, ¿saben cómo lo hacen? Hmm, ¡cómo la hacen! Creen que es solo un recuerdo, una conmemoración, un símbolo. Después de que los fieles comulgan, lo que sobra lo tiran al fregadero. ¡Y hacen bien en tirarlo al fregadero!, porque eso no es ni cuerpo ni sangre de Cristo.
¿Lo escuchan, por favor? Para que no nos dejemos arrastrar alguna vez por algún protestante, evangélico, pentecostal, etc., etc. Por tanto, Iglesia existe donde hay sucesión sacerdotal. Sacerdocio, misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía e Iglesia son una misma cosa. Estas tres realidades. Por eso también, el misterio del sacerdocio se celebra durante la Divina Liturgia, durante el misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Estas tres cosas mantienen viva la verdadera Παράδοσις Parádosis, que “psicoterapia”, sana, redime y salva, que regenera y que introduce en la Realeza increada de Dios.
El apóstol Pablo escribe a los Corintios, presten atención: “Yo recibí del Señor…” es decir, directamente. Es lo que el mismo Cristo dijo a su discípulo Ananías: “Tú solo lo bautizarás a Pablo; no le predicarás, no le catequizarás. Eso es obra mía”, dice Cristo.
¿Lo ven?
Ahí tienen otro punto en el que Cristo enseña directamente a Pablo.
¿Cómo? No olviden que Pablo se retiró tres años al desierto de Arabia, y allí recibió revelaciones. Después de eso, salió al mundo.
Entonces escribe: “Porque yo recibí del Señor —directamente, se entiende— lo que también os he transmitido”. —He ahí la Παράδοσις Parádosis (trasmisión, entrega y tradición)— “Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido”. El misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía. Es decir, “Él me entregó la Iglesia, y yo os la transmito a vosotros”. Así que, la Παράδοσις Parádosis es aquí, además, lo más importante: el misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía.
Queridos hermanos, ¿por qué hemos dicho todo esto? No, desde luego, para cansarlos. Sino porque todo esto constituye el fundamento de nuestra sanación, redención y salvación.
El apóstol Pablo escribe de nuevo a los Corintios: «Os hago saber, hermanos, el Evangelio —es decir, todo lo que dijo y realizó Cristo; eso es el Evangelio— que os anuncié, el cual también recibisteis, en el cual habéis perseverado, y por el cual también sois salvados».
¿Lo ven?
“Yo os lo entregué, vosotros lo recibisteis; aceptasteis con fe el contenido del Evangelio, lo aplicasteis, y ahora habéis sido salvados”.
Por lo tanto, la Παράδοσις Parádosis es realmente el fundamento de nuestra sanación, redención y salvación. Es una Παράδοσις Parádosis viva. Si lo prefieren, el mismo Cristo es la Παράδοσις Parádosis, porque es transmitido de generación en generación mediante el misterio de la Divina Ευχαριστία Efjaristía.
Cuando el Señor entregaba el pan y los peces en el milagro de los cinco mil, los entregaba a manos de sus discípulos, y al hacerlo, se entregaba a sí mismo, porque Él es el Pan verdadero, como lo dirá al día siguiente a los habitantes de Cafarnaúm: el que «descendió del cielo», y que es, incluso, el místico Ι.Χ.Θ.Υ.Σ (ijzís: pez).
Porque el acróstico de la palabra griega Ι.Χ.Θ.Υ.Σ. —y esto en honor a la lengua griega— significa: Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador (Iisús Jristós Zeú Iós Sotir).
El Espíritu Santo, por mano del apóstol Pablo, nos ordena: «Hermanos, permaneced firmes y conservad las παραδόσεις paradósis que os fueron enseñadas, ya sea de logos, palabras o por carta nuestra» (2 Tesalonicenses 2:15). Ya sea por epístola, dice: «Estad firmes y mantened» —lo que significa: vivid y experimentad—¿el qué? «Las παραδόσεις paradósis que os fueron enseñadas». Quien acepta la Παράδοσις Parádosis apostólica y patrística, recibe en sus manos el Pan Verdadero y el Pez Místico Ι.Χ.Θ.Υ.Σ. Amén.
Se sugiere leer también: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/santa-tradicion-de-la-una-santa-iglesia-catolica-apostolica-ortodoxa/
Para la doxa-gloria del Santo Dios Trinitario,
y con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito yérontas Atanasio Mitilineos, trascripción de la grabación de su homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga. Homilía del pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, 2-8-1998.
Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_535.mp3
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/







