
«¿Existe un intercambio de la psique-alma?»
«¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, pero perder su psique-alma?» (Mrc 8:36)
[Domingo III de Cuaresma, Marcos 8,34-9,1 Homilía pronunciada del p. Athanasios Mitilineos, Monasterio Comneno en Larisa, el 30-3-1997] titulada: «¿Existe un intercambio de la psique-alma?»
[Ψυχή psijí psique, alma, ánima: En el Nuevo Testamento y en los santos Padres, se usa a menudo en lugar de la palabra anzropos, hombre, ser humano (Rm 13, 1). A veces en la Sagrada Escritura significa simplemente la vida (Mt 2, 20; Jn 10, 11; Rm 16, 4). Pero psijí se dice sobre todo del elemento espiritual, no material de nuestra existencia (Mt 10, 28); es uno de los dos componentes de nuestra naturaleza física; el otro es el cuerpo. Es la parte que anima el cuerpo y le da vida; es nuestra naturaleza inmaterial, creada pero eterna, que comprende nuestros aspectos cognitivo, volitivo y afectivo, incluidos tanto el consciente como el inconsciente.
El propósito de la Iglesia es sanar, sanar y salvar (psicoterapiar) la psique-alma; y, así, de enferma hacerla saludable. Σωτηρία (sotiría –sanación, redención y salvación–) proviene de σώος (soos sano, entero, salvado), y significa que el hombre permanece sano, es decir, entero y en plenitud, no separado ni dividido.
La energía de la psique se llama νοερὰ ἐνέργεια (energía noerá). Cuando se encuentra dentro del corazón de la psique del hombre, los santos Padres la denominan νούς (nus) o espíritu humano; pero cuando está y funciona en el cerebro la llaman lógica o διάνοια (diania), inteligencia, intelecto, mente o energía lógica.]
«¿Existe un intercambio de la psique-alma?»
Hoy, en el tercer domingo de Cuaresma, queridos míos, la Iglesia nos presenta la festividad de la Veneración de la Santa Cruz. La razón de esta veneración de la cruz es, primero, el fortalecimiento de los fieles en medio de la Gran Cuaresma, ya que, como dice el Horologion, que generalmente, en el medio de una tarea, ya es evidente el cansancio, de modo que uno pueda ser ayudado por este esfuerzo, al ver la Santa Cruz siendo presentada ante nosotros.
Segundo, es una proclamación de la Cruz de Cristo, que es el símbolo de la vida crucificada. El cristiano debe vivir siempre una vida crucificada si desea ser un verdadero discípulo del gran didáskalos-maestro Jesús Cristo crucificado. Si este elemento no existe en el cristiano, es completamente imposible considerarlo cristiano. Y este elemento debe ser vivido, es decir, debe tener participación en la Cruz de Cristo.
Sin embargo, todo este proceso, el ser aquel que ha aceptado la Cruz de Cristo y está dentro de ella, viviendo la Cruz de Cristo, por supuesto, no es un juego en el que se da y se recibe, o en el que se puede pagar y luego anular. Es un asunto muy serio, no es algo con lo que se pueda jugar. Se trata de la ganancia o la pérdida de la psique-alma, como veremos a continuación. Por eso el Señor dijo: «¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, pero perder su psique-alma?» (Mrc 8:36) Es decir, «¿qué tiene que ganar si gana el universo entero, pero pierde su psique-alma? ¿O qué puede dar el hombre a cambio de su psique-alma?» Presten atención a este punto: «¿Qué intercambio puede dar el hombre por su psique-alma?» Te doy mi psique-alma, ¿y tú qué me das? ¡Ya que la psique-alma no tiene ningún intercambio!
Para entender lo serio de esto, amigos míos, el Señor habló sobre este intercambio. Y para hacerlo comprensible, Él habló del valor de la psique-alma. Pero veamos las cosas en su orden.
¿Tiene valor la psique-alma?
Un valor muy grande. Es tan grande el valor de la psique-alma, nos dijo el Señor, que no puede ser calculado ni medido con todo el mundo visible y creado. Decimos que alguien ha conquistado, que es un conquistador, que se hizo como un Alejandro Magno. ¿Y qué conquistó Alejandro Magno? Es completamente relativo su esfuerzo, sus conquistas, lo mismo con Napoleón, nada, todo es muy relativo. ¡Conquistar todo el universo! ¡Imposible! Pues bien, tu psique-alma tiene más valor que todo el universo entero y no puede ser comparada. ¿Por qué? Porque la psique-alma es la icona-imagen de Dios. Mientras que el universo no es la imagen de Dios. Ni nuestro sistema planetario, ni la tierra, ni el sol y la luna, nada de eso… Ni las estrellas incontables. Nada de todo eso es la imagen de Dios. La imagen de Dios está solo en el ser humano. Y por lo tanto, lo que hace grande al ser humano es que es icona-imagen de Dios.
Pascal tiene un buen ejemplo. Dice que el sol es aterradoramente más grande que el hombre. Aterradoramente más grande. «El sol», dice, «con un solo rayo te mata». Y especialmente ahora que tenemos los rayos sin esa cobertura protectora sobre la Tierra y entra la radiación del sol, la llamada «brecha en la capa de ozono», mata al hombre. Le provoca cáncer y muere. «El sol no sabe que mata. ¡El hombre sabe que muere!». Es decir, el hombre tiene conciencia, conciencia cognitiva (gnóstica). Sabe. Y, por lo tanto, el ser humano es incomparablemente superior incluso al sol y, repito, a todo el universo.
Y, por lo tanto, el hombre es incomparablemente superior tanto del sol como, repito, del universo entero.
Para darnos una idea del valor de la psique-alma, basta, queridos míos, con pensar que, por el bien del hombre, por el bien de la psique-alma humana, ¡el Logos increado se hizo cuerpo-carne! Es decir, este Dios Logos se hizo hombre. Cuando el Señor dijo: «¿Qué puede dar el hombre a cambio de su psique-alma?» ¿Qué puede dar el hombre como intercambio?, quería decir que no existe ningún intercambio. Excepto uno. Y aquí está el punto principal. Y ese único intercambio es el Dios Logos encarnado. Él viene y nos dice: «Dame tu psique-alma y te daré a Mí mismo». O si lo prefieren: «¡Dame tu muerte y te daré mi vida!». Es el único intercambio. Se menciona este tema, queridos míos, en una oración de San Basilio el Grande que hemos escuchado hoy.
Pero, veamos también qué significa «intercambio». Es bien sabido que en el Antiguo Testamento la idea del intercambio era la siguiente: cuando Dios estaba a punto de sacar a Su pueblo de Egipto, la última noche antes de su partida cayó sobre Egipto la décima plaga. ¡Fue terrible! Todos los primogénitos de los egipcios murieron. Y los primogénitos de los animales también. Murieron. ¡Todos! Excepto, por supuesto, los primogénitos de los hebreos. Así, cuando Dios envió esta plaga, dio también una orden: que los hebreos pintaran los dinteles de sus casas con la sangre de un cordero que debían sacrificar. No debían hervirlo para comerlo, sino asarlo. Porque lo asado se cocina más rápido que lo hervido. Es decir, era una señal de prisa. Que las cosas no podían esperar. Que debían irse esa misma noche. «Y, además, sus zapatos», dice, «los llevarán en la mano». ¿Han visto alguna vez a mujeres campesinas cuando quieren correr rápido? Se quitan los zapatos, (yo, el traductor, lo hacía de niño en mi aldea). Para la gente de la ciudad, esto es incomprensible. Para darles una idea. Y, además, debían ceñirse con un cinturón, porque sus túnicas eran largas y podían estorbarles al correr.
Las cosas, pues, no podían esperar. Así que debían comer el cordero asado, marcharse, con cuya sangre habían pintado los dinteles de sus puertas, para que el ángel exterminador, al ver esa sangre, no entrara a matar al primogénito de la familia. Y esto, por supuesto, solo sucedió en las casas de los egipcios. Atención. Esto fue un secreto que pudo difundirse entre todo un pueblo sin que se rompiera su confidencialidad. Sobre este punto, tendría mucho que decir. Pero sigo adelante. Sobre el tema de la confidencialidad. Si yo les digo algo y les pido: «¡No se lo digan a nadie!», toda la ciudad Larisa se enterará. Aunque les dije que no lo dijeran. Se lo contarán a la vecina, a la amiga, al pariente, pero no se mantendrá en secreto. Aquí tenemos un caso de mantenimiento del secreto de una manera sorprendente y única. ¿Cómo podrían saberlo los egipcios? ¿Cómo podrían saber los hebreos, en primer lugar, que la plaga sería selectiva? Sus primogénitos no sufrirían nada; pero los primogénitos de los egipcios sí. Con solo la sangre. ¿Qué era esta sangre? ¡Un intercambio!
Cuando más tarde los hebreos llegaron a la Tierra Prometida, Dios les dijo lo siguiente: «Miren, Yo salvé a sus primogénitos; entonces, ¿qué me darán a cambio de lo que Yo les di?». Atención. «¿Qué me darán?». Dios quería un intercambio. Aquí está la idea del intercambio. ¿Y qué? Cuando el niño, porque se trataba de varones, cumplía 40 días, cada hebreo debía ofrecerlo a Dios. Le pertenecía. Le pertenecía. Porque Dios dijo: «Los primogénitos me pertenecen. Pero no me los quedaré. Me darán un intercambio. Y ese intercambio será o un cabrito o un cordero o, si la persona es pobre, un par», dice, «de tórtolas». «Me das y te doy». Esta es la idea del intercambio. Creo que lo hemos entendido.
Aquí, sin embargo, las cosas… –por eso, en la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, que celebramos, José llevó un par de tórtolas, lo que indicaba, por supuesto, que eran muy pobres. La Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, Madre de Dios) y José eran personas muy pobres. Pero esto era un símbolo. Era un símbolo de un gran intercambio, que estaría relacionado con nuestra naturaleza pecadora y con el Dios Logos encarnado. Es decir, «Hombre, dame tu naturaleza pecadora y te daré mi naturaleza santa. Humana. Dame un cuerpo mortal y corruptible, y te daré un cuerpo inmortal e incorruptible. Te daré mi Cuerpo y mi Sangre y, de este modo, a través de la Cruz, te harás incorruptible e inmortal». ¿Conviene este intercambio? ¿Qué significa, pues, «intercambio»? Doy lo mío y tomo lo tuyo. ¿No es inteligente? ¿No es ventajoso? Pero presupone fe. Si no lo crees, te quedas sin este intercambio. Pero no es una compraventa. Anótenlo. Es un intercambio de ciertas cantidades y cosas. La cantidad de mi existencia, la cantidad de la existencia humana de Cristo.
Hemos dicho que la psique-alma no tiene intercambio por nada. Porque nada es superior a ella. Excepto la naturaleza humana -humana, no divina- del Logos de Dios. Así, Jesús viene y toma lo que tenemos y nos da lo que Él tiene. A través de la Cruz. Esto se muestra maravillosamente, queridos míos, en la Divina Liturgia. Le damos nuestro pan y nuestro vino y recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Eso es un intercambio. Le damos y Él nos da. Dice San Atanasio el Grande: «La preciosa sangre de Cristo, es el intercambio por la vida del mundo». Le damos, -lo repetiré, no importa si me repito- nuestra mortalidad y corrupción, y Él nos da la inmortalidad y la incorruptibilidad. Y continúa San Atanasio el Grande diciendo: «No era posible dar otra cosa como rescate, sino que dio cuerpo por cuerpo y psique-alma por psique-alma». Porque Cristo tenía psique-alma humana. No era solo cuerpo y Logos de Dios. Sino que era el Logos de Dios unido a la naturaleza humana. Y por «naturaleza humana» entendemos un cuerpo perfecto y una psique-alma perfecta. Nos da, pues, su Cuerpo y toma el nuestro. Nos da su psique-alma, la humana, y toma la nuestra. Un intercambio es, pues, el mayor beneficio, y no hay nada superior, sino solo esto: el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La naturaleza humana de Jesús Cristo.
Y continúa: «Y una existencia perfecta para todo el mundo. Es decir, el intercambio de Cristo». Este es el intercambio de Cristo. Cristo no dio un rescate al Dios Padre, como quieren creer y decir los occidentales en la teología occidental. No dio un rescate al Dios Padre. Mucho menos dio un rescate al diablo. Porque también se dice eso. Que dio un rescate al diablo para redimirnos. No. La noción del rescate significa el intercambio. Como dice San Basilio el Grande: «Él dio a Sí mismo como un intercambio por la muerte, en la cual estamos cautivos». «Tomó lo que nos pertenecía, nosotros se lo dimos a Él, y Él nos dio lo que Le pertenece». Así, nos da lo que Él es y toma en la Cruz lo que somos. Nos da Su vida y toma nuestra muerte. «Da», dice San Gregorio de Nisa, «Él se dio a Sí mismo como un intercambio por tu muerte». «Él te toma la muerte y te da la vida».
En la cruz, la humanidad debió subir normalmente y pagar por sus pecados. Pero en lugar de la humanidad, subió Él. «Recibid el intercambio del caído, Cristo», dice San Gregorio el Teólogo. Cuando el evangelista Juan escribe que «el Padre dio al Hijo», este «dio» significa este intercambio misterioso y divino. «Te doy, me das». O, mejor dicho, «me das, te doy». En este orden. Y señala San Cirilo de Alejandría: «El Padre ha dado al Hijo propio como un intercambio por nuestra salvación». Y lo admirable de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) de Dios al hombre, por lo tanto, es este intercambio.
El Señor también habló, queridos míos, sobre la pérdida de la psique-alma. Que uno puede perder su psique-alma. O sobre el intercambio de la psique-alma. Pero, ¿cuándo se pierde la psique-alma? Es decir, ¿cuándo se separa de Dios? Porque la psique-alma en sí misma es inmortal. No se pierde. Es imposible. No se pierde. Porque Dios no quiere que se pierda. Es decir, que regrese a la nada o se transforme en algo diferente. Imposible. Porque así lo quiere Dios. La psique-alma no es inmortal por naturaleza, como decían los platónicos o el mundo antiguo, los filósofos. No es inmortal por naturaleza. Y de hecho, Platón se basa en la lógica de la psique-alma para apoyar la inmortalidad de la psique-alma. Error. ¡Error! La lógica es simplemente una cualidad de la psique-alma. Dios quiere que la psique-alma sea inmortal. Sólo Dios es inmortal por naturaleza. Dice el apóstol Pablo: » el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible e increada, a quien ningún hombre vio ni puede ver. A él, honor y poder eterno. Amén El único que tiene inmortalidad, habitando en luz inaccesible»(1Tim 6,16), etc. Todo lo demás es creado. Y lo que es creado no puede permanecer, salvo que Dios quiera que permanezca.
Entonces, ¿qué significa aquí “que la psique-alma se pierde?” Que simplemente se separa de Dios. Cuando peca y sobre todo cuando niega a Dios y lo rechaza. Entonces «se pierde». El «se pierde», entre comillas. Tiene el infierno eterno. Ni los demonios se perderán. Ni las psique-almas pecadoras se perderán. Nada se pierde. Dice un padre: «»¡Vaya! ¿Acaso tienes otra alma guardada en reserva, para perder esta y quedarte con aquella como alma de repuesto? No tenemos una psique-alma de repuesto, queridos míos. Todo lo demás se puede intercambiar: una casa, e incluso… ἀνδράποδα esclavos. ¿Perdiste tu psique-alma? No puedes dar otra en su lugar. Se acabó. Es única e irrepetible.»
Y añade que esto no es admirable solo para la psique-alma, sino también para el cuerpo. Y esto, por qué será resucitado. Aunque lleves muchas coronas y diademas, si tienes un cuerpo enfermo, ¿qué puedes intercambiar para obtener un cuerpo sano? ¿Puedes? Dice un escritor eclesiástico: «Sólo uno puede dar el intercambio de nuestra psique-alma perdida: Él que dio Su preciosa sangre por nosotros».
Pero también el cuerpo se hará incorruptible e inmortal. No lo olvidemos. Cristo dio Su cuerpo para que tomemos un cuerpo incorruptible e inmortal. Cristo dio Su psique-alma humana para que tomemos la unión eterna con el Dios Trinitario. Entonces, si no hay intercambio para la psique-alma humana excepto Jesús Cristo, entonces, si alguien niega a Jesús Cristo, ¿con qué intercambiará su psique-alma para permanecer en la eternidad? No hay…
El apóstol Pablo dice una palabra terrible y muy coherente. Voy a explicarles un poco; está en la carta a los Hebreos10:26-31. «Si continuamos pecando voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados», es decir, no hay otro sacrificio por tus pecados. Es uno, el sacrificio de Cristo. Pero en si algún momento, rechazas a Cristo, «terrible es la espera del juicio y del fuego ardiente que devorará a los adversarios». «El fuego ardiente», es el infierno eterno. «El que rechace la ley de Moisés, sin misericordia morirá bajo el testimonio de dos o tres testigos». El juicio de la ley mosaica es implacable. Si cometiste un crimen ante dos o tres testigos, morirás. «¿Cuánto más severa será la pena para el que pisotee al Hijo de Dios y tenga por común la sangre del pacto, en la cual fue santificado, y ofenda al Espíritu de la jaris-gracia increada?» ¿Cómo podrá ese, que desprecia la sangre de Cristo, considerarla común? Como si fuera cualquier otro tipo de sangre. «Espantoso es caer en manos del Dios vivo». «Es espantoso», dice, «caer en las manos del Dios vivo». Está en el décimo capítulo de Hebreos. Es decir, te bautizaste, conociste la verdad, la viviste, la negaste, la pateaste. ¿Volver a atrás? Hmmm…
Advertencia al que peca deliberadamente, Hebreos 10:26-31
«Porque si pecamos deliberadamente, despreciando así el sacrificio redentor de Cristo, después de haber recibido el conocimiento claro de la verdad, ya no queda sacrificio alguno para la remisión de nuestros pecados, sino que debemos esperar, una horrenda expectación y terror del juicio de Dios, y de hervor de fuego increado de la ira de Dios, que devora aquellos que voluntariamente y sin metania resisten a la voluntad de Dios y la pisotean con desprecio. (Fuego increado, según los santos Padres, es la misma luz increada que opera infernalmente como fuego consumador sin consumirse contra los malvados y pecadores, en cambio para los salvados opera como luz paradisíaca). Pues si el que viola la ley de Moisés es condenado irremisiblemente a muerte por el testimonio de dos o tres testigos, ¿de cuánto mayor castigo pensáis vosotros que será digno quien haya menospreciado y pisoteado al Hijo de Dios y haya tratado como cosa profana e indigna la sangre del testamento por el cual fue santificado, y haya blasfemado, ultrajado y despreciado el Espíritu Santo que concede la χάρις la jaris-gracia energía increada? Porque conocemos bien a aquel que ha dicho: “A mí la venganza, yo recompensaré a cada cual lo que merezca”. Y otra vez: “El Señor juzgará a su pueblo”. Es espantoso para uno caer como culpable en las manos del Dios vivo» (Hebr 10:26-31).
También dice: «Porque es imposible los que una vez fueron catequizados e instruidos al logos de Dios, bautizados e iluminados, que gustaron la dulzura de las donaciones de Dios y que fueron hechos partícipes de los carismas del Espíritu Santo… y habiendo caído, renovarlos nuevamente para la μετάνοια metania y arrepentimiento» (Hebr 6:4) ¿Qué dice? ¡Imposible! Es imposible volver a la metania arrepentimiento y renovarse. Un ejemplo claro son los demonios. Por eso no pueden arrepentirse. Es imposible. Si los ángeles santos se consolidaron con la Encarnación y el sacrificio de Cristo, no es el momento de explicar por qué, pero su santidad se ha consolidado, ya no pueden moverse los ángeles santos, lo mismo ocurre con los demonios. No pueden salir, es decir, de su estado pecaminoso. Queridos míos, que Dios tenga misericordia de nosotros.
Así que vemos claramente, queridos, que la psique-alma es invaluable. Y nada puede reemplazarla o intercambiarla, excepto Cristo. «¡Hombre, dame tu vida y te daré la mía! ¡Hombre, dame tu cuerpo y te daré el mío! ¡Hombre, dame tu psique-alma y te daré la mía!».
Pero si negamos a Cristo después de nuestro bautismo, ¿con qué intercambiaremos nuestra psique-alma pecaminosa? Se trata de una pérdida definitiva. Son cosas serias. Por eso, temamos a Aquel que puede hacernos perder. Y escuchemos una vez más Sus logos y palabras tan significativas:
«¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su psique-alma? O ¿qué dará el hombre a cambio de su alma?»
(Por el traductor jJ: Este versículo fue una revelación apocalíptica para mí. Mientras estudiaba las interpretaciones de los Santos Padres, comprendí que en él se esconde una clave esencial: el camino hacia el Primer Mandamiento. “Amar a CristoDios sobre todas las cosas, con toda mi alma, con toda mi mente y con toda la fuerza de mi voluntad.”
Es un mandamiento que rara vez confesamos, pero que debería ser el primero en hacerse en Misterio de la Confesión y cumplirse. Y al reflexionar en ello, entendí el inmenso valor que CristoDios me otorga: soy más valioso que todo tesoro del mundo. Nadie más podría darme esto. Por eso, le amo por encima de todo.
Él me rescató del infierno de una enfermedad incurable, me sacó de la oscuridad en la que me hallaba. Desde ese momento, mi corazón se llenó de certeza y alegría inexplicable interior: no necesito amor ni aprobación de nadie, porque ya tengo al que más me da, al que más me ama, me valora y me aprecia. Me ha regalado lo que ningún ser humano podría ofrecerme.
Por eso, proclamo con todo mi ser: «Amo a CristoDios más que todas las cosas del mundo.» Y este pasaje, que transformó mi vida, es para mí una puerta abierta hacia el cumplimiento del Primer Mandamiento.)
A LA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINIDAD
Y con inmensa gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito Yérontas Athanasios Mltilineos, transcripción de la charla grabada a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga.
FUENTES: • http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/ omiliai_kyriakvn/omiliai_kyriakvn_712.mp3
Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







