
LA OBRA PASTORAL DE SAN GREGORIO PALAMAS
Por el archimandrita Georgios Kapsanis,
Yérontas del Santo Monasterio Grigoriu de la Santa Montaña Athos, nov. 1998
Repasada traducción 2026
Actas de los Congresos
Internacionales de Atenas 1998 y de Limasol de Chipre 1999
San Gregorio Palamás en la historia y en el presente
Editado por Santo Monasterio Vatopedi, Athos 2000
Índice
- El enfrentamiento de las herejías
- Conducción del rebaño hacia la consecución de la praxis
- San Gregorio estigmatiza la crueldad y la injusticia social
- San Gregorio como pastor pacificador
- Otras maneras de pastoral
- La zéosis personal como condición pastoral de la zéosis ejercitada por él
- San Gregorio Palamás, la pastoral y teología contemporáneas
Una pequeña introducción no es suficiente ni siquiera para presentar algunos aspectos de la gran y profunda obra pastoral de nuestro santo Gregorio Palamás, esta estrella que ilumina sobreabundantemente a nuestra Iglesia.
Los testimonios preciosos sobre nuestro tema nos los ha proporcionado san Filoteo el Aghiorita, Patriarca de Constantinopla, amigo, discípulo, compañero de lucha y autor de la admirable vida de nuestro Santo. Esta vida fue escrita en lengua popular durante la esclavitud turca por san Atanasio Parios. Una combinación realmente admirable: un santo escribe la biografía de un santo y otro santo la traduce (o interpreta).¹
Desde el principio quiero deciros que toda la obra de san Gregorio Palamás es pastoral.
Tanto cuando escribía obras contra los heréticos o luchaba contra ellos, como cuando predicaba o celebraba la Divina Liturgia, siempre tenía ante sus ojos y su mente el beneficio, la psicoterapia, la sanación y la salvación de los cristianos.
En la santa Tradición Ortodoxa no existe, como es sabido, distinción entre pastoral y teología. La teología ha tenido siempre como objetivo la pastoral, y la pastoral está teológicamente fundamentada.
El propósito de la obra pastoral de nuestro Santo es la protección de los miembros de la Iglesia frente a las herejías y su formación, súplica y consolación en Dios.
a) El enfrentamiento de las herejías
Es sabido que el Santo siempre fue muy sensible ante cualquier alteración de la fe ortodoxa. Sin fe ortodoxa no puede haber auténtica vida cristiana. En su 8.ª homilía dice:
«Así pues, creemos en un solo Dios y en una sola deidad omnipotente y en tres hipóstasis; proclamamos y alabamos a aquellos que con esta fe han complacido a Dios y han sido agraciados por Él. En cambio, a los que no creen de la misma manera y han inaugurado una herejía particular o han seguido hasta el final a sus jefes, los rechazamos y los reprobamos.»²
En la misma homilía, pronunciada el Domingo de la Ortodoxia, subraya que, así como la fe y las obras interactúan, la Χάρις (Jaris: gracia, energía) increada del Espíritu Santo, en el piadoso tiempo de ayuno, iluminó a hombres para proclamar la verdad ortodoxa sobre la piedad y la proscripción de quienes no interpretan ortodoxamente.³
Equivocarse en las cosas divinas es, según él, «una desgracia para la psique-alma».⁴
Mientras era monje en la Santa Montaña del Athos escribió sus dos famosos “Logos Sobre la procedencia del Espíritu Santo”, para demostrar que la procedencia del Espíritu Santo no es algo insignificante o secundario, sino una herejía terrible. El Santo habla con severidad a los franco-latinos: «Vosotros decís que hay dos principios en la deidad, porque aunque no lo afirmáis públicamente, se deduce de lo que decís. Estas cosas provienen de las profundidades y de los astutos y malévolos misterios de satanás, que él sopla en vuestros oídos… Pero nosotros, enseñados por la teosofía de los Padres, no ignoramos los conceptos y pensamientos de ellos, que —como dije al principio— parecen sin importancia para la mayoría. Sin embargo, nunca os aceptaremos en comunión mientras afirméis que el Espíritu Santo procede también del Hijo.»⁵
Según el difunto P. Cristu, los argumentos de san Gregorio no se extraen de san Fotio el Grande, sino de los Padres anteriores comúnmente aceptados por los santos sínodos, de modo que los latinos son inexcusables e inconfesables.
Cuando en Tesalónica apareció el occidental Barlaam, ridiculizando y combatiendo con obstinación la experiencia de la θέωσις zéosis de los monjes Αghioritas (o Athonitas), los hesicastas de Tesalónica, bajo la guía del divino Isidoro —posteriormente Patriarca de Constantinopla— llamaron al joven monje athonita Gregorio a venir a Tesalónica, distinguiéndose ya desde su juventud por su sabiduría y virtud, considerándolo el más capacitado para dirigir la lucha contra Barlaam.
Por obediencia, Gregorio acude a Tesalónica. Al principio intenta convencer pacíficamente a Barlaam de su error. Barlaam permanece terco, obstinado y firme en su decisión, y el Santo se arma con la espada del Espíritu. Comienza sus sobrehumanas luchas contra Barlaam y, posteriormente, contra quienes le sucedieron en su herejía: Akíndinos, Grigorás y sus seguidores.
Para los estudiosos del Santo, estos combates son bien conocidos. San Filoteo, al comenzar su descripción de estas luchas, escribe:
«Ahora es tiempo de acercarnos a aquellas grandes y admirables guerras que el Santo sostuvo contra las nuevas herejías, defendiendo la divina Jaris increada. Y de narrar, según nuestra capacidad, la multitud de aquellas hazañas y prolongadas luchas, conocidas por todos y proclamadas por doquier; es decir, que el logos de su enseñanza piadosa y sus escritos inspirados divinamente han llegado a todas partes.»⁶
Estas luchas “fueron combates de vida”, combates que costaron cuatro años de cárcel y muchas pruebas, dolores y sufrimientos, pero también doxa (gloria y gracia increada) eterna, porque con estos combates salvó la Ortodoxia.
San Gregorio se encargó de estas luchas porque, iluminado por el Espíritu Santo, diagnosticó que la herejía de Barlaam no solo transgredía la piedad de los hesicastas Aghioritas o Athonitas, sino que golpeaba y hería la posibilidad del ser humano de alcanzar la zéosis, es decir, glorificarse o divinizarse.
¿Y cómo es posible que el creyente se glorifique o divinice si la divina Jaris es creada? ¿Y cómo es posible que la divina Jaris sea energía increada de Dios si no existe el discernimiento entre la divina esencia y las divinas energías?
En ese caso, dominaría la herejía de Barlaam y la Iglesia caería de la (kinonía: conexión, participación, comunión, y unión) de la zéosis a una simple organización jurídico-religiosa, y la pastoral de la zéosis sería sustituida por una pastoral del mero mejoramiento moral con la ayuda de una jaris creada.
Es triste que los occidentales, hasta hoy, no hayan entendido el significado y la importancia de este tema, tal como se ve en la catequesis oficial del “romanopapismo”, donde falta la enseñanza del discernimiento entre esencia y energía increadas, así como la posibilidad de participar de la divina Jaris increada.
Por eso, la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa sobre la divina Jaris increada debe incluirse entre los temas del diálogo, si naturalmente dicho diálogo aspira al acuerdo en la fe y no meramente a regularizar diferencias.
La Iglesia aceptó oficialmente la enseñanza del divino Palamás en dos brillantes Sínodos en Constantinopla, en 1341 y 1351, como enseñanza de la Iglesia Ortodoxa, y reconoció a nuestro Santo como su maestro inconfundible. El escrito “Sinódico de la Ortodoxia” contiene la bienaventuranza del Santo y de sus seguidores, y anatematiza a sus contrarios.
b) Conducción del rebaño hacia la consecución de la praxis
Es natural que el fin último de la obra pastoral del Santo sea la θέωσις zéosis por la Jaris, la energía increada.
Pero la zéosis no se alcanza sin obtener el primer estadio del combate espiritual: la praxis, es decir, la liberación de los pazos, la catarsis, el cumplimiento de los mandamientos, la oración y la participación en los Santos Misterios y en el Culto de la Iglesia.
Estas cosas las aconseja, enseña y pide a la multitud del pueblo. El buen educador se ocupa con todos los medios de la ascensión espiritual y la maduración de su rebaño. El profundo y elevado nus teológico del Santo, mientras combatía la herejía, escribía logos de alta teología difíciles de comprender para los más sencillos; pero cuando predicaba en la Iglesia era condescendiente con agapi-amos paternal, hablando de manera simple, comprensible y atractiva.
Llama a la μετάνοια metanιa, a la filadelfía (fraternidad), al apartamiento de los pecados carnales⁷, a evitar los juramentos y las injusticias⁸, a participar habitualmente en las celebraciones divinas y a cultivar la ησηχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) en el templo⁹. También aconseja comulgar a menudo, debidamente preparados con la metania y la confesión¹⁰.
En su 56.ª homilía enseña que la divina Comunión o Efjaristía es el mayor don de la agapi (amor increado) de Dios, que diviniza, deifica y glorifica al ser humano. El santo hesicasta no puede ocultar la experiencia de la estrecha unión con Cristo que él mismo vivía místicamente en la santa Comunión¹¹.
Está claro que el Santo no aspiraba simplemente al mejoramiento de la conducta de los cristianos, sino a la unión con Cristo y la participación en la Vida divina. Además, su enseñanza ética, contenida en sus homilías, está teológica y eclesiológicamente fundamentada; en absoluto es moralista.
A veces conduce a sus oyentes hacia la teología más elevada; otras veces acomoda su logos para que afecte y conmueva a la multitud y al pueblo sencillo, sin dejar por ello de alimentar también a los pocos que están más avanzados en la vida en Cristo.
«El intento de san Gregorio mediante las homilías, por muy “laicas” que estas sean, no es rebajar el nivel de los oyentes más probados y avanzados, sino elevar el nivel de los más sencillos» (tomo 9, p. 11); por lo tanto, su logos es alto y fino¹².
Señalaba lo más alto y ayudaba a los cristianos a ascender mediante la praxis hacia lo más perfecto. Es muy característico el siguiente fragmento de su kerigma: «…elevémonos también nosotros mismos desde la tierra hacia lo alto, salgamos del cuerpo hacia el espíritu y cambiemos el deseo de las cosas temporales por las firmes y eternas.»¹⁴
c) San Gregorio estigmatiza la crueldad y la injusticia social
La enseñanza sociológica de san Gregorio Palamás es también muy importante. Recrimina y castiga no solo el mal uso de la riqueza, sino también la manía y el deseo de hacerse rico.¹⁵ El que ayuna y se abstiene voluntariamente de comer, debe dar de comer al que pasa hambre involuntariamente, y no guardar para mañana lo que ha ahorrado mediante el ayuno.
A quien no quiere dar limosna de sus propios bienes, le aconseja:
«Si no quieres dar de lo tuyo, al menos apártate de lo ajeno y no quieras apropiarte de las cosas de los demás, arrebatando y enriqueciéndote injustamente a costa de los pobres.»¹⁶ (tomo 9, p. 362)
A quien se apropia de los bienes que son comunes a todos, aunque no parezca que usurpe lo ajeno, lo califica de voraz y codicioso.¹⁷ Una enseñanza muy avanzada, no solo para su época, sino también para la nuestra. Allí donde existe, según los Padres, el duro y frío logos “lo mío y lo tuyo”, falta el lazo de la agapi; allí se expulsa a Cristo. El pazos que dominaba entonces producía φιλαυτία (filaftía: egolatría, egocentrismo, amor excesivo a uno mismo y al cuerpo), codicia, odio entre hermanos y todo tipo de males.¹⁸
Quien en el período de ayuno une también la caridad «eliminará todo pecado con sinceridad hará la catarsis de los pazos y, con la resurrección sanadora, redentora y salvadora de Cristo, disfrutará y alcanzará la redención eterna.»¹⁹
En otra de sus homilías reprende a los injustos, tanto gobernantes como militares: «…aunque finjamos hipócritamente una paz aparente con nuestros prójimos, los gobernantes aumentamos la violencia contra los pobres, imponiéndoles más impuestos en sus oficios manuales. ¿Qué soldado de ahora se basta solo con su salario? ¿Qué gobernante no se jacta de sus raptos, pillajes y hurtos? Y los guardianes de perros y cerdos, como perros y cerdos rabiosos, arrebatan, saquean y destruyen los bienes de los desprotegidos.
Por eso los pobres claman contra todos vosotros: contra los dirigentes, contra los que están bajo su mando, contra los militares y sus servidores, porque no pueden soportar el comportamiento odioso e impío de vuestros recaudadores de impuestos y la continua violencia e injusticia de los más fuertes sobre la tierra.
Esta corriente de injusticia que se está derramando ya ha llegado incluso hasta los monjes.»²⁰
d) San Gregorio como pastor pacificador
La época de san Gregorio Palamás fue especialmente tormentosa, no solo a causa de los problemas y disputas provocados por los filósofos de moral occidental, sino también por la terrible guerra civil que debilitó el Imperio y aceleró su hundimiento.²¹ (tomo 4, p. 472)
El Santo no se identificó con ninguna de las partes en litigio, ni con los de Cantacuceno ni con los de Paleólogo. Estimaba a Cantacuceno, pero no se alineó con él. Sufría profundamente por la autodestrucción entre hermanos y no escatimó ningún esfuerzo en procurar la paz entre las partes enfrentadas.
Desgraciadamente, el Patriarca Ioannis Kalekas, identificado con la facción de los Paleólogos, avivaba la guerra civil.²² Al no poder contar como aliado, en esa postura, con el pacificador san Gregorio —quien anteriormente había contado con su apoyo teológico— Kalekas se volvió contra él, se unió a sus enemigos y comenzó una persecución fingiendo que Gregorio no enseñaba ortodoxamente. Además, lo encerró durante cuatro años en una cárcel severa.
El difunto profesor P. Cristu sostiene acertadamente que el santo fue perseguido porque: a) predicaba basándose en los Sínodos, b) concordaba con los Padres, y c) aconsejaba la pacificación del Estado.²³
En 1350 regresó a Tesalónica desde la isla de Limnos, donde se había refugiado, pues los sublevados le impedían la entrada en la ciudad.
Al entrar pronunció una bellísima oración y, tres días después, una homilía de altísimo nivel titulada “Sobre la paz entre nosotros”.²⁴
En muchas de sus homilías hace un llamamiento constante a la paz: paz hacia Dios, paz hacia el prójimo y paz hacia uno mismo. Pero, finalmente, hay una única paz que expresa la voluntad del Padre:
«La paz de nuestro Señor Jesús Cristo, que Él trajo por su humanización, perfecta e inmutable, y que se ofrece a todos los que la desean».²⁵
«Gracias a esta paz hemos venido a formar parte de la Iglesia de Cristo, siendo diáconos (servidores) de su herencia y de su jaris increada, según la petición de nuestro Salvador a través de los Apóstoles. Sobre todo, evangelizamos entre vosotros la paz y, por ella, reunimos a los miembros dispersos; y con ella expulsamos de nuestra psique-alma la enfermedad provocada por el odio.»²⁶
Las disputas y contradicciones políticas habían llenado las psiques-almas de muchos cristianos de odios y maldades. El Santo, con dolor, lucha por desarraigar estos pazos de las psiques-almas, difíciles de sanar y curar. Para el gran pastor Gregorio, portador e imitador de Cristo, no basta una mera coexistencia pacífica: él pide unión de las psiques, unión en el Cuerpo de Cristo, unión Cristocéntrica.
«…si todos nos reconciliamos y llegamos a ser uno mediante la paz de Dios, unos con otros, con agapi y concordia, teniendo esta paz en lo interior según la dulce petición de nuestro Señor, que normaliza y restablece el buen orden de la vida presente.»²⁷
Quienes alcancen esta paz conseguirán también «la visión y expectación del Señor, y la doxa-gloria increada que procede de Él, y en el tiempo oportuno recibirán la vida eterna, la doxa-gloria y la realeza (increadas).»²⁸
e) Otras maneras de pastoral
Hemos hablado ya de la obra escrita y del kerigma (predicación) de san Gregorio Palamás. Ninguna de estas dimensiones tendría verdadero fruto sin la alimentación espiritual del pueblo mediante el Pan que descendió del cielo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ni sin su maduración interior en el Culto divino. Por eso el santo celebraba siempre la Divina Liturgia, participaba fielmente en Festejos y Vigilias y, a través de ellos, santificaba y edificaba a su pueblo.
San Gregorio se dedicaba con esmero al pastoreo personal. En la Homilía 47 invita a quienes no comprendan plenamente su enseñanza a acudir a él individualmente para recibir explicación detallada, escuchando con claridad de modo que puedan no sólo aprender, sino también poner en práctica lo enseñado. Su objetivo era siempre sotiriológico: psicoterapiar, redimir, sanar y salvar al pueblo.
De sus primeras prioridades como Obispo de Tesalónica estuvo la formación de sacerdotes, “cimientos y columnas de la Iglesia después del único cimiento, Jesucristo”, y colaboradores esenciales del obispo, “primer constructor y técnico después de Cristo”.
Según san Filoteo, Gregorio dedicaba encuentros privados para explicar a los sacerdotes y presbíteros los textos de san Juan Crisóstomo y enseñarles la grandeza y las exigencias del sacerdocio.
Sobre su modo pastoral y su celo divino, su biógrafo ofrece varios ejemplos.
Me referiré en algunos ejemplos característicos:” Afirma que, al llegar a aquella isla, el santo no dejó pasar un solo día sin aportar beneficio psíquico y espiritual a sus habitantes: instruyó y suavizó aquella conducta ruda, transformó corazones estériles en fértiles y los condujo con sus palabras, obras, enseñanzas divinas y celebraciones litúrgicas, junto con los demás Santos Misterios”33.
El mismo celo mostró durante los tres años en que dirigió el Monasterio de Esfigmenu en el Monte Athos, así como durante su cautiverio entre los turcos. En cada circunstancia ejerció una labor pastoral transformadora34.
Hacia el final de su vida, aun gravemente enfermo, no disminuyó su celo sino que parecía superior de esta misma enfermedad. «…Con la mente puesta en Dios y una agapi ardiente hacia su rebaño —al que amaba y por el que era profundamente amado— no dejaba de celebrar las Divinas Liturgias. Enseñaba, oficiaba y participaba en las fiestas sagradas, celebrando los misterios y trabajando sin cesar por la psicoterapia, sanación, santificación, zèosis y salvación del pueblo.» 35
f) La zéosis personal como condición pastoral de la zéosis ejercitada por él
El predicador, maestro e instructor de la inefable unión con Dios, el mismo era portador de esta divinaχάρις jaris, la energía increada.
Como monje, asceta e hisijasta en la Santa Montaña padeció y experimentó la θέωσις zéosis.
Recorrió con paciencia, obediencia y oración los estadios de la catarsis (purgación, limpieza y sanación), del alumbramiento y la iluminación, y por la praxis ascendió a la θεωρία (zeoría: contemplación y visión, expectación de la luz increada de Dios).
No buscó el sacerdocio ni el obispado. Fue θεόκλητος (zeóklitos: llamado por Dios) y no αυτόκλητος (autóklitos: autollamado, no por iniciativa propia)36.
Salió de Athos por necesidad de la Iglesia, pero como hisijasta mantuvo siempre la ησυχία: (hisijía: serenidad mental y paz cordial), incluso en medio de los ruidos del mundo, los conflictos eclesiásticos y las pruebas.
Ni en la cárcel, ni en el cautiverio, ni en el destierro dejó la nipsis y la oración.
Según su biógrafo, san Filoteo Kókinos, alcanzó la plenitud de la virtud, y el nivel de sus logros espirituales sigue siendo relevante tanto para sus contemporáneos como para las generaciones posteriores37.
Según el mismo biógrafo, los atributos especiales de su extraordinaria psique-alma eran los siguientes:
Primero, era extremadamente apacible, afable y humilde.
Segundo, se mantenía siempre por encima de la ira y la enemistad, mostrando extrema tolerancia y magnanimidad hacia quienes se enfadaban con él, amargaban o le hacían daño; además, combinaba su paciencia con recompensas de buen ánimo, bienes, palabras, obras o cualquier otro modo y medio adecuado.
Tercero, discernimiento, sin dejarse influir por habladurías o simplicidades.
Cuarto, ante los superiores mantenía una conducta psíquica interior libre, cuidándose de la adulación, de las alabanzas y la vileza, y, en ocasiones, se mostraba intransigente y ejemplar al rechazar firmemente todo lo que fuera ilegal.
Quinto, con los humildes era humilde, atento, previsor, amistoso, profundamente sereno y filántropo.
Sexto, en las tentaciones mostraba paciencia e invencibilidad, firme como el hierro.
Séptimo, no se dejaba esclavizar por ningún placer carnal o hedonismo; era inflexible y casi insensible a ellos.
Octavo, poseía una profunda ησυχία: (hisijía: serenidad mental y paz cordial) y alegría interior de su psique-alma. Es decir, la bienaventurada paz de su psique-alma —su transformación plena en una nueva naturaleza— se derramaba hacia fuera, manifestando admirablemente el tesoro de su inefable alegría, escondido en lo más íntimo de su ser.
Noveno, mantenía siempre la mente concentrada, uniendo su alegría interior con la nipsis y el recogimiento.
Décimo, de sus ojos no faltaban aquellas lágrimas sobrenaturales y paradójicas, difíciles de describir y aún más de poseer38.
Además, de este estado lleno de jaris se desprendía lo siguiente:
1. Sus logos y escritos eran recibidos y aceptados como fruto de divina iluminación. “La jaris, a través de sus homilías y acciones, actuaba de modo sobrenatural sobre los oyentes, para nosotros los terrenales, su voz era percibida como “voz de Dios”, y su nus como “nus sagrado”, “nus de Cristo”, “boca de teología” y “nivel de la doxa-gloria ortodoxa de los sagrados dogmas”
2. Su servicio pastoral estuvo acompañado de signos, milagros y curaciones. Su oración tenía fuerza ante Dios. Entre sus obras más destacadas se cuenta la expulsión de la enfermedad contagiosa panolus (peste) del castillo de la isla de Limnos, donde entró sin temor y sanó a los enfermos afectados de esta enfermedad.
3. El pueblo expresaba profunda devoción hacia su teóforo (portador de Dios o de la luz increada) pastor.
San Filoteo escribe que “el santo obraba señales y milagros de modo constante, tanto para cada fiel como para el pueblo entero, tantos que resultaba imposible enumerarlos. En las grandes fiestas, multitudes se agolpaban para verlo y oírlo, recibiendo sus logos y palabras como verdaderos logos de Dios; muchos enfermos se sanaban inmediatamente al ser puestos a sus pies”42.
Sello de su vida fue su bienaventurada dormición, que confirmó su santidad ante todos.
Su bienaventurada dormición coronó su vida santa. Tras la revelación de san Juan Crisóstomo de que partiría el día siguiente de la suya, es decir, el 14 de noviembre.
Gravemente enfermo en la cama, pero no cesaba de enseñar a los presentes sobre las tentaciones, la paciencia, la vida, la muerte y la psique-alma. Vigilaba, oraba y se preparaba para la partida. Debilitado por la enfermedad deja de hablar y sólo murmuraba repetidamente: “las celestes a las celestes”.
Así en edad de 63 años termina su vida terrenal. Según su biógrafo:
“Mientras su bienaventurada psique-alma salió de su cuerpo, la sobrenatural y todamilagrosa jaris increada del Espíritu maravillosamente reveló también a los de afuera el esplendor interior de su psique-alma. Aquella habitación se llenó de luz paradójica (increada), en la cual se extendía aquel cuerpo divino y dentro de ella resplandeció también su rostro y se hizo semejante al del protomártir Esteban, a pesar de que era muy seco también antes de su muerte…”43
Su santa dormición se convierte en motivo de formación y edificación espiritual para quienes tuvieron el privilegio de estar cerca de él durante sus últimos días y momentos de vida terrenal, así como para tantos otros que se informaron y se siguen informando hoy acerca de san Gregorio Palamás.
Las cosas de los santos son siempre instructivas y edificantes, tanto sus vidas como sus muertes.
A lo largo de los siglos, san Gregorio Palamás, sigue edificando a la Iglesia con los textos divinos y sagrados que nos dejó como herencia; con su santo y siempre conmovedor ejemplo de vida sagrada, ascética, martirial, testimonial y apostólica; y con sus reliquias, que a veces, llenas de jaris, llegan a emanar mirra (perfume). También lo hace con sus divinas y poderosas intercesiones por la Iglesia, desde el altar celeste donde preside junto con los santos liturgos de los siglos, al servicio del primer y gran Sacerdote y Archipastor, el Señor Jesús Cristo. Amén.
h) San Gregorio Palamás, la pastoral y teología contemporáneas
(Otra ponencia del último día del congreso, por el mismo Yérontas Georgios)
La búsqueda del hombre, en el fondo, es una búsqueda de Cristo: del verdadero Cristo, el Cristo del Evangelio y de nuestra santa Parádosis Tradición Ortodoxa. A Él buscan también los hombres de hoy. Sin embargo, en muchos se comete un error: creen que la Iglesia no tiene a este Cristo y que es simplemente una institución de celebraciones, un museo que no ofrece experiencias divinas y redentoras, capaces de trascender lo humano y elevar al hombre a una esfera superior a la de las realidades terrenales.
Por eso, como sabemos, muchos hombres —y especialmente jóvenes— huyen hacia diversos misticismos o hacia experiencias artificiales, como son el alcohol, las drogas, con el fin de vivir una experiencia trascendental, creyendo encontrar allí su redención. Pero finalmente terminan en una situación penosa, de la cual no pueden salir fácilmente. Beben agua llena de lodo creyendo calmar su sed, cuando en realidad se están envenenando.
San Gregorio Palamás nos recuerda que la verdadera experiencia del Dios vivo existe en nuestra Iglesia Ortodoxa, y que las demás experiencias son pseudoexperiencias: no son verdaderas, sino falsas. Allí creen encontrar la redención, pero no la encuentran. Creo que precisamente aquí debe centrarse el trabajo pastoral de la Iglesia: ayudar al mundo, a los cristianos, a los jóvenes, a vivir esta verdadera experiencia de Dios. Aquello que anhela en lo más profundo toda psique humana se encuentra en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa.
Es cierto que ya se está haciendo mucho en este sentido; de lo contrario, no habría tantos jóvenes que se hacen monjes y monjas. También en el mundo aumenta el número de personas que acuden a los cultos divinos en los templos sagrados. Parece que ha comenzado una nueva época en la que se ha tomado conciencia de que la verdadera experiencia de Dios —aquella que buscan los hombres y los jóvenes— está en nuestra Iglesia Ortodoxa. Quisiera recalcar este punto: no es casualidad que tantos jóvenes hoy se hagan monjes y monjas. Encuentran algo que concede descanso espiritual y alivio a sus psiques-almas: una experiencia auténtica de Dios. Y debo decir que detrás del florecimiento contemporáneo del monaquismo, tanto dentro como fuera de la Santa Montaña del Athos, se halla, en gran medida, la enseñanza de san Gregorio Palamás. Siento que muchos de nosotros hemos ido a la Santa Montaña porque es la escuela de san Gregorio Palamás. Y si no fuera por san Gregorio, no sé cuántos de nosotros visitaríamos la Santa Montaña, ni cuántos seríamos cristianos ortodoxos.
Diré algo muy atrevido: personalmente, nunca me gustaría creer en el “Dios de Barlaam”. Preferiría ser ateo antes que creer en ese Dios. Pero, gracias a Dios, nuestra Iglesia, nuestra Ortodoxia, nuestros Santos Padres y san Gregorio Palamás nos han enseñado que Dios es otra cosa: no un Dios encerrado en sí mismo, incomunicado, inaccesible, sin κοινωνία (kinonía: conexión, participación, unión, comunión), insensible e inalcanzable, sino un Dios que sale de sí mismo para encontrarse con su criatura y unirse con ella. Doxa-gloria y gracias a Dios que tenemos un Dios así, y doxa-gloria a Dios que tenemos a san Gregorio Palamás, quien nos muestra quién es el verdadero Dios y cómo podemos unirnos con Él.
Otro punto que deseo subrayar es que existen dos maneras de hacer pastoral: la de Barlaam y la de san Gregorio Palamás. La pastoral de Barlaam es moralista; busca simplemente formar a un hombre ético, que alcance esa ética por una jaris (gracia creada) y no por la Jaris increada de Dios, y que tenga κοινωνία (kinonía: conexión, participación, unión, comunión), no con la Persona de Dios, sino con ideas sobre Dios.
San Gregorio Palamás nos indicó que la finalidad de la pastoral no es una simple mejora moral del ser humano, sino la θέωσις zéosis, la unión del hombre con Dios. Mientras el hombre no se une con Dios, tampoco puede ser verdaderamente cristiano. Estas dos maneras de pastoral —una auténtica y la otra falsa— se distinguen claramente: la pastoral de Barlaam es humanocéntrica y, por ello, equivocada; la de san Gregorio es zeantropocéntrica (divino-humanocéntrica), y por eso es verdadera.
El bienaventurado Justino Pópovich -a quien anteriormente mencionó el honorable de Erzegovina, que tuvo la bendición de ser su discípulo- decía que en la Ortodoxia todo es divino-humanocéntrico (zeantropocéntrico). En cambio, todo lo de la heterodoxia es humanocéntrico. Para nosotros, la medida de todas las cosas es el Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios-Hombre). Para ellos, la medida de todo es el ánthropos (el hombre). Así, la pastoral de la Ortodoxia es divino-humanocéntrica, y esta es también la pastoral de san Gregorio Palamás. Esta pastoral estuvo en peligro durante el siglo XIV a causa de Barlaam. La Jaris increada de Dios hizo destacar a san Gregorio Palamás para que nosotros, hoy, podamos tener la pastoral de la θέωσις zéosis y ser cristianos ortodoxos.
Ciertamente, esto depende también de la lucha personal que cada uno de nosotros realiza para vivir esta vida ortodoxa, divinocéntrica, de la zéosis y de la pastoral auténticamente ortodoxa. Es un asunto personal de combate espiritual, μετάνοια metanía, oración e iluminación del Espíritu Santo. Pero en nuestra Iglesia Ortodoxa el camino está abierto, existe la posibilidad, la fuerza y la capacidad; y existen también los pastores para guiar a los cristianos fieles que desean seguir esta pastoral, este camino de sanación y salvación.
Otro tema que personalmente me preocupa y deseo exponer para que se tenga en cuenta es el del movimiento ecuménico. Hoy existe una postura, sostenida por algunos dirigentes del movimiento ecuménico, según la cual la teología occidental y la teología de la Iglesia Ortodoxa oriental serían dos vías igualmente legítimas de acercamiento a una única verdad común a Oriente y Occidente. Incluso, un jerarca destacado ha afirmado que esta postura sería enseñanza de san Focio. Confieso que cuando leí esto quedé sorprendido y desconcertado, y pensé: ¿acaso el filioque, es decir, que el Espíritu Santo procede también del Hijo, es lo mismo que afirmar que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre? ¿Es esto tradición de san Focio? ¿Pueden quienes han leído apenas superficialmente a san Focio el Confesor, y desconocen por qué luchó, decir tales cosas?
Ocurre además hoy algo preocupante: muchos teólogos aceptan y se apropian de la enseñanza de san Gregorio Palamás sobre la Luz increada, el discernimiento entre esencia y energías divinas, etc. Pero cuando llega el momento crucial de definir cómo debe entablarse el diálogo con los heterodoxos, entonces se olvidan de san Gregorio Palamás. Se olvidan de san Focio y dicen que esos puntos están caducados. San Gregorio Palamás realizó una lucha terrible contra el engaño de los latinos y afirmó que nunca podremos unirnos si los latinos no aceptan rotundamente la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa de que el Espíritu Santo procede sólo del Padre, porque el filioque es una herejía gravísima. Hoy, en cambio, se dice que podemos avanzar hacia la unión sin tener en cuenta estas cosas.
Es decir, en algunos aspectos admiramos a san Gregorio Palamás y en otros lo excluimos. Lo mismo ocurre con los demás Padres de la Iglesia. Esto me parece anormal y paradójico, y lo expongo al juicio de los aquí presentes: obispos, sacerdotes y profesores, no vaya a ser que yo esté equivocado o fuera de la realidad. ¿Es posible considerar la enseñanza de los Padres en unos casos y rechazarla en otros? No creo que esto sea honesto ni correcto. Debemos tenerlos en cuenta en todo, y tenerlos como guías también respecto al actual movimiento ecuménico. Algunos expresan opiniones muy despreciativas sobre san Gregorio Palamás, y eso me entristece. No es que a los santos les ocurra algo —a ellos nunca les pasa nada—; somos nosotros quienes dejamos al descubierto la pequeñez y la miseria de nuestra propia mente…
…El gigantesco movimiento teológico-espiritual del Hesicasmo se consolidó y fue reivindicado por el desarrollo histórico de los Balcanes, y determinó el camino de todos los pueblos balcánicos en los siglos siguientes. La importancia del Hesicasmo la resume profundamente el querido Metropolita de Montenegro, Amfiloki:
“La debilitación del Imperio Romano oriental, la constitución y desarrollo de otros Estados balcánicos y de Iglesias locales, los conflictos entre estos países, etc., habían provocado en aquella época no sólo una crisis de las estructuras sociológicas, sino también una profunda crisis espiritual, la cual, por orden, precede a todas las demás. Esta crisis era una provocación seria, y encontró respuesta y solución en el hisijasmo o hesicasmo.
El hesicasmo, con su profunda experiencia, basada igualmente en su profunda fe en la presencia de Dios en la historia y en todos los acontecimientos históricos, consolidó y afianzó la perturbada unidad de los ortodoxos, y renovó su única e inconmovible esperanza y confianza en la providencia de Dios. El hisijasmo o hesicasmo, pues, no era sólo una contestación teórica de su época ni un intento de resolver los problemas filosóficos y teológicos con Occidente o con el antiguo pensamiento helénico; al mismo tiempo tuvo también un resultado concreto y valioso para la supervivencia de los pueblos ortodoxos y para el mantenimiento de la autoconciencia de la Iglesia católica (en su sentido real, no en el del romanopapismo) en los difíciles tiempos de los males, desgracias y sufrimientos de la turcocracia (dominio turco)”.
Hay que tener en cuenta en todo a san Gregorio Palamás, no porque el santo necesite alguna justificación, sino porque el mundo tiene necesidad de vivir correctamente la enseñanza de san Gregorio Palamás, el Μεγαδιδάσκαλος (Megadidáskalos, Magno Maestro), la belleza del monaquismo, la estrella imborrable e inconfundible, el cuarto Teólogo y Jerarca, el tercer βοανεργές voanergés (“hijo del trueno” o flamante trueno de energías y bombas creadas de las divinas energías increadas), un fulgor ardiente de energías y un estallido creador procedente de las divinas energías increadas. Amín.
Por el archimandrita Georgios Kapsanis, Yérontas del Santo Monasterio Grigoriu de la Santa Montaña del Athos, noviembre de 1998)
Sumarios de los Congresos Internacionales de Atenas y Limasol de Chipre
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas www.logosortodoxo.com,







