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Jun 15 2025

Sobre los siete pecados mortales y la Λύπη lipi (pena, depresión, tristeza), Mitilineos

Sobre los siete pecados mortales y la Λύπη lipi (pena, depresión, tristeza) en su doble dimensión C17

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

Índice

  1. Sobre los siete pecados (enfermedades espirituales) mortales
  2. La λύπη lipi (tristeza, pena, depresión) es pecado, pero cuando se ha asentado en el fondo del corazón y del νούς nus (espíritu de la psique-alma), ¿qué se nos aconseja hacer?

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachillerato.

  1. Sobre los siete pecados (enfermedades espirituales) mortales

(ver también https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-tomo-1-san-casiano-el-romano-sobre-los-ocho-pensamientos-y-conceptos-de-la-maldad-y-sobre-el-discernimiento/)

Recientemente se ha recordado que la gula es uno de los siete pecados capitales. ¿Cuáles son los restantes y qué significa cada uno? ¿La γαστριμαργία gastrimargía glotonería se identifica con la gula, y qué significa exactamente?

Como sabrán, los Santos Padres reconocen y disciernen los siete pecados mortales (también llamados «enfermedades espirituales del alma»), y algunos incluso añaden un octavo: la vanagloria. Se llaman mortales porque conducen a la muerte de la psiquealma. De hecho, todo pecado que se mantiene sin μετάνοια metania arrepentimiento y confesión puede ser mortal para la psique-alma, incluso los considerados “menores”. Si se persiste en ellos sin confesión ni conversión, esos pequeños pecados también pueden conducir a la muerte espiritual. Sin embargo, hay ciertos pecados que, de forma más directa y certera, llevan a la psique-alma a la muerte: estos son los llamados siete pecados mortales.

Quizá muchos piensen que el peor pecado es el homicidio. No obstante, aunque se trata de un pecado muy grave, no se clasifica como pecado mortal en este contexto espiritual. Esto puede sorprender, pero lo entenderán mejor al conocer cuáles son los verdaderos pecados mortales según los Padres de la Iglesia.

Por orden, son:

  1. Γαστριμαργία Gastrimargía – Gula o glotonería
  2. Πορνεία Lujuria – fornicación, impureza o prostitución
  3. Φιλαργυρία Filarghiría – Amor al dinero o avaricia
  4. Οργή Ira – Cólera, enojo incontrolado
  5. Λύπη Lipi– Tristeza, depresión, tribulación
  6. Ακηδία Acedia – pereza espiritual, tedio del alma
  7. Orgullo – Soberbia o arrogancia

Algunos Padres distinguen un octavo pecado, separando la vanagloria de la soberbia. En realidad, ambos están relacionados: la vanagloria sería el primer peldaño y la soberbia el último en la escala del orgullo o el cuerpo del caballo es la vanagloria y el orgullo o soberbia su cabeza.

La Γαστριμαργία Gastrimargía  Gula es el deseo desordenado de tener el estómago lleno. Se diferencia de la lemargía o glotonería, en que la primera busca saciarse sin importar con qué, mientras que la segunda busca satisfacción gustativa, es decir, placer en sabores refinados y apetitos sabrosos (los sibaritas). Hay quienes dicen: “yo no como mucho, pero quiero algo especial”, lo cual también es pecado de gula, aunque de distinta forma.

El problema no es sólo comer más de lo necesario, sino vivir para comer en vez de comer para vivir. Cuando el hombre convierte la comida y su panza en su dios, se cumple lo que dice san Pablo: “cuyo dios es su vientre” (Fil 3,19). Esta mentalidad hedonista es denunciada en el libro de la Sabiduría de Salomón: “Venid, disfrutemos de los bienes presentes… comamos y bebamos, que mañana moriremos” (Sab 2,6-9). La mentalidad popular suele decir: “La vida es lo que comas y bebas”. Según esta visión materialista, todo lo demás no importa, sólo lo que se come y se bebe. ¿Veis aquí el materialismo tan crudo y superficial que domina nuestra época? Es, en realidad, una deificación del placer sensorial y carnal, una idolatría del gusto, del apetito, de la comida. Así comienza la caída: la puerta de entrada a los pecados mortales es la gastrimargía, es decir, la gula.

Justo después de la gula viene la lujuria, la indecencia, fornicación, prostitución todo lo que Dios ha prohibido. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio -ya sean fornicación, adulterio u otras prácticas- son llamadas por los Santos Padres lujuria o prostitución, fornicación y constituyen pecado mortal. Dios sólo aprueba el acto sexual dentro del matrimonio, como expresión de amor, comunión y santificación. Todo lo que se aleje de este marco sagrado es condenado como pecado grave.

¿Y qué decir de los que hoy promueven o practican estas relaciones fuera del matrimonio, inspirados por el freudismo, el pansexualismo y la mentalidad del “todo vale” en materia sexual? ¿Dónde están ahora esos que justifican toda forma de relación contraria a la voluntad de Dios? Hijos míos, estad atentos: estáis escuchando logos de Dios. No os dejéis engañar por las ideologías y corrientes que imperan en nuestra época. Caminad con discernimiento, no como hijos de la noche, sino como hijos de la luz (cf. Ef 5,8).

Después viene la φιλαργυρία filarghiría – amor al dinero o avaricia, es decir, el amor al dinero, que no consiste simplemente en acumular riquezas ni en ser tacaño, sino en tener el corazón apegado al dinero. Hay quienes lo acumulan y no lo gastan (tacaños), y otros que lo malgastan de forma imprudente (derrochadores). Ambos extremos nacen del mismo pazos (pasión) que es el amor desordenado a la riqueza.

Hoy solemos reducir la avaricia a la tacañería, pero el verdadero y antiguo sentido de la filarghiría es el apego interior a las riquezas, a la plata, al poder del dinero. Sea que lo retenga o lo derroche, quien pone su esperanza en el dinero se aleja de Dios.

Es bien sabido que la lujuria tiende a dominar al ser humano en su juventud, mientras que la avaricia se intensifica en la madurez y especialmente en la vejez, cuando el hombre teme morir en la miseria y pone su seguridad en los bienes materiales, en lugar de confiar en la Providencia de Dios. San Casiano el Romano enseña que quien deposita su esperanza en el dinero comete idolatría, y san Pablo lo confirma al decir: “La avaricia es idolatría” (Col 3,5). Y de la avaricia filarghiría nacen muchas otros pazos (pasiones) que oscurecen  y enferman la psique-alma.

El cuarto pecado mortal es la ira. ¿Cuál es la diferencia entre la ira (enojo) y el simple enfado? El enfado es una reacción momentánea, pasajera; puede surgir y luego desaparecer. Pero la ira es el enfado prolongado, el enojo, resentimiento mantenido en el tiempo. Es cuando guardo en el corazón un agravio contra alguien y permanezco en enemistad interior, alimentando hostilidad hacia esa persona. De ahí que un hombre espiritual no deba siquiera permitirse el enfado. Y si por debilidad se enfada, debe arrepentirse inmediatamente y confesarse sin demora.

El quinto pecado mortal es la Λύπη (lipi) pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica, dolor, sufrimiento, es uno de los siete pecados capitales y una virtud si se trata de lipi según Dios.

Existe la lipi “según Dios” y la lipi “según el cosmos-mundo”. La primera se identifica con la metania y el luto (espiritual) que nace de la esperanza a Dios y empuja al hombre hacia la lucha y el ejercicio espiritual. La segunda todo lo contrario, desanima al hombre y le conduce en la desesperación, melancolía, en una parálisis psicosomática y la depresión. “La lipi querida por Dios conduce a la metania y produce un arrepentimiento salvador, de la que no hay que lamentarse, mientras que la lipi producida por el mundo engendra la muerte”; según Apóstolos Pablo “ἡ γὰρ κατὰ Θεὸν λύπη μετάνοιαν εἰς σωτηρίαν ἀμεταμέλητον κατεργάζεται· ἡ δὲ τοῦ κόσμου λύπη θάνατον κατεργάζεται Pues la tristeza querida según Dios produce beneficio espiritual y metania saludable y salvífica, de la que no hay por qué lamentarse; mientras que la tristeza según el mundo engendra depresión y lleva a la muerte espiritual” (2Cor 7:10). San Gregorio Palamás escribe: si investigas la lipi mundana, encontrarás que está inmersa en los pazos y proviene de ellos y del materialismo, en cambio, la lipi según Dios te conduce a la metania y sin duda a la “psicoterapia” sanación y salvación de la psique. (https://www.logosortodoxo.com/alfa%cf%89mega-gran-lexico-ortodoxo/)

La lipi tristeza “según Dios”, que es bendita, cuando uno se entristece por sus pecados, se arrepiente, llora por ellos y se aflige interiormente. Esta tristeza es bienaventurada, como dijo el Señor: Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina al mundo, porque ellos serán consolados por Dios (Mt 5,4). Es una tristeza que conduce a la metania (arrepentimiento), y por ello, a la vida.

Pero existe también la tristeza “según el mundo”, que conduce a la muerte (cf. 2 Cor 7,10). Esta tristeza es destructiva, carcome la psique- alma y puede paralizar la vida entera. Es cuando alguien no puede consolarse tras la pérdida de un ser querido -padre, madre, hijo, o cuando la pena lo domina por haber perdido dinero, posesiones, prestigio. Por ejemplo, por vender una propiedad que luego valió más, o por una pérdida económica que no se puede superar. Esta tristeza y depresión se vuelve obsesiva, insuperable, y puede llevar no sólo a la muerte espiritual, sino también a la muerte corporal.

Recuerdo el caso de una madre cuyo hijo murió en un accidente automovilístico. Esta mujer no fue capaz de ser consolada nunca. Cuando la visitaba, siempre la encontraba con las ventanas cerradas, tendida en el sofá, sin hablar, llorando constantemente. Poco tiempo después enfermó de cáncer y murió. Es conocido que el estado psicológico influye profundamente en la salud física, y una de las causas posibles del cáncer, entre muchas otras, es precisamente la tristeza profunda, la depresión prolongada.

Como enseña san Casiano, el demonio de la tristeza o depresión aplasta la psique. Conozco a una persona que desde hace 27 años sufre este estado. Él mismo dice: “El demonio de la tristeza me castiga”. Nunca ha logrado liberarse completamente. Es una condición terrible.

(En otra enseñanza, el Padre Atanasio profundiza más extensamente sobre este fenómeno. Señala cómo en el hombre moderno con espíritu occidental, apegado al materialismo, la depresión se ha vuelto una plaga, mientras que los orientales pobres o los cristianos con espíritu ortodoxo que llevan vida sencilla espiritual, no padecen depresión en esa forma destructiva.)

El sexto pecado es la Ακηδία (akidía) acedía, que es la desgana espiritual, la indiferencia, la negligencia en las cosas de Dios. Es cuando a alguien se le dice: Lee el logos de Dios”, y responde: Mañana. O se le anima: “Empieza la vida espiritual”, y contesta: “Cuando tenga tiempo, cuando sea mayor, ahora no puedo”. El demonio de la acedia es muy astuto y siempre encuentra excusas para mantenernos en la pereza espiritual. La acedia es uno de los enemigos más silenciosos y persistentes. Paraliza la voluntad, adormece la psique-alma, impide la metania y el arrepentimiento y la confesión, y con el tiempo, seca la vida espiritual completamente.

Como corona de los siete pecados mortales, viene la soberbia u orgullo y su manifestación más inicial, la vanagloria. Este fue el pecado que precipitó a Satanás desde el cielo, el que lo transformó de ángel luminoso en demonio. Por eso, la soberbia u orgullo no es un pecado más, sino la raíz última de todos los anteriores.

Muchas veces, los otros seis pecados encuentran su raíz en el orgullo: me enojo porque me hieren el ego o egoísmo (picado), me deprimo porque no se cumplen mis deseos, me entrego a la lujuria porque busco satisfacción propia, amo el dinero porque quiero autoafirmarme sin Dios. La soberbia es la base oculta de todos los pazos pasiones.

Así que, hijos míos, comprended bien: debemos tener mucho cuidado de no caer en estos siete pecados (enfermedades) mortales, pues conducen a la muerte de la psique-alma, a la separación de Dios, y abren la puerta al dominio de los demonios. La vida cristiana verdadera es una lucha continua contra estos πάθος (pazos: pasiones, vicios, adicciones, patologías) con la ayuda de la χάρις (jaris: gracia, divina energía increada) la oración, los Misterios de nuestra Santa Iglesia Ortodoxa y el consejo de los Santos. (16,31)

  1. La λύπη lipi (tristeza, pena, depresión) es pecado, pero cuando se ha asentado en el fondo del corazón y del νούς nus (espíritu de la psique-alma), ¿qué se nos aconseja hacer?

Λύπη (lipi): dolor, sufrimiento, pena, tristeza, pesar, depresión, aflicción interior psíquica. Es uno de los ocho pecados capitales.
Existen dos tipos de lipi: la lipi “según Dios” y la lipi “según el mundo” (cosmos).

La primera se identifica con la metania (arrepentimiento y confesión), un luto espiritual que nace de la esperanza en Dios. Este tipo de lipi impulsa al hombre hacia la lucha interior, el combate espiritual y el ejercicio ascético.

La segunda es todo lo contrario: desanima al hombre, lo conduce a la desesperación y a una parálisis psicosomática —es decir, a la depresión.

La lipi causada por la pobreza o por la falta de bienes materiales conduce a la muerte de la psique-alma, según el apóstol Pablo (2Corintios 7,10).
San Gregorio Palamás escribe: “Si examinas con atención la lipi cósmica o mundana, descubrirás que está inmersa en los pazos (pasiones, vicios) y proviene de ellos y del materialismo. En cambio, la lipi por Dios conduce a la metania (arrepentimiento y confesión) y, sin duda, a la psicoterapia, sanación y salvación de la psique-alma.”

-Dice la pregunta: La λύπη lipi es pecado, pero cuando se ha asentado en el fondo del corazón y del νούς nus (espíritu de la psique-alma), ¿qué se nos aconseja hacer?

La lipi crea problemas terribles en el ser humano, llegando incluso hasta la misma muerte. A pesar de que vivimos en una época que podría caracterizarse como una era de satisfacciones, placeres y aparentes contentos, la lipi es un fenómeno que distingue profundamente al hombre de hoy: es la depresión ο melancolía. Por eso los dispensarios y centros especializados en salud mental tienen tanto trabajo.
Me diréis entonces: ¿esto no es contradictorio?

No, no es contradictorio. Porque no he dicho alegría, he dicho satisfacción. Nuestra época está llena de satisfacciones, placeres y contentos, pero estos no siembran la verdadera alegría y felicidad. Porque las satisfacciones y los placeres se refieren, en su mayoría, a la gratificación de los sentidos, mientras que la alegría es un fenómeno espiritual.

Una cosa es la alegría y otra muy distinta es la satisfacción. Puedo comer un buen helado y sentirme satisfecho, pero eso no significa que experimente alegría. O, al contrario, puede que haya tomado una pastilla amarga, pero como he conseguido mi título, hoy estoy lleno de alegría. Aquella amargura de la pastilla no me ha quitado la alegría interior de mi psique-alma, ni ha opacado la alegría por ese logro. Lo mismo puede aplicarse a muchas otras situaciones. Quiero que entendáis bien: una cosa es la satisfacción -ligada a lo material, carnal, sensorial, pasajero- y otra muy distinta es la alegría, que brota del alma y tiene raíces espirituales.

De todos modos, la lipi es uno de los siete pecados mortales. ¿Lo habéis imaginado alguna vez? Pues sí, constituye uno de los pecados que conducen con seguridad a la muerte espiritual.

Pero cuando decimos lipi, ¿qué entendemos realmente?
El apóstol Pablo, en su segunda epístola a los Corintios, lo describe de la siguiente manera: “En efecto, la tristeza [lipi] según Dios produce una metania, un arrepentimiento que conduce a la salvación y no deja remordimiento alguno; pero la tristeza según el mundo produce la muerte.” (2Cor 7,10). Aquí vemos claramente que el apóstol distingue dos categorías de lipi, tristeza o aflicción interior: Una que es “según Dios” o divina, la cual lleva a la metania, al cambio de mentalidad, al arrepentimiento y confesión, psicoterapéutica, sana y salvadora. Y otra que es “según el mundo”.

La segunda, la lipi “por o según el mundo”, la pecaminosa, se considera pecado mortal. En cambio, la otra lipi, la que es “por o según Dios”, la divina, se considera más bien una virtud, y en el lenguaje patrístico se denomina “el luto por o según Dios”. Veamos ambas formas de tristeza.

¿Qué es la λύπη lipi “según el mundo”?
Es cuando me entristezco, me apeno de manera exagerada. Es decir, cuando por cada cosa que encuentro desagradable o fea me invade una tristeza que sobrepasa los límites naturales del ser humano. Cuando la tristeza se prolonga demasiado en el tiempo, o cuando es desproporcionada frente a las causas que la originan, entonces debo empezar a preocuparme. Porque en ese punto, entro en el ámbito de la λύπη lipi mundana, es decir, una tristeza, pena o depresión según el mundo, que es pecaminosa.

Además, existen cosas por las que no debería entristecerme ni sentirme oprimido. Por ejemplo, un fracaso puede ser una manifestación de la lipi “por y según el mundo”. También puede surgir por una enfermedad o la muerte de un ser querido, o incluso por la pérdida de la salud. Todo esto puede llevar a una tristeza o pena profunda, incluso insuperable, si no se vive desde una perspectiva espiritual.

Asimismo, la pérdida de dinero, de bienes lujosos o de objetos valiosos -como un anillo o una pulsera de oro- puede provocar esa tristeza desordenada. Incluso decisiones importantes que en su momento fueron tomadas con convicción, pero que luego se lamentan sin posibilidad de rectificación, pueden generar lipi. Por ejemplo, si una persona se casa y más tarde se da cuenta de que ya no ama a su cónyuge, ¿debe separarse y buscar otra pareja? No es una decisión sencilla. Entonces surge la lipi, la depresión, por no haberse casado con otra persona, y así la psique comienza a marchitarse. Esto último, sobre todo, es profundamente trágico.

O cuando alguien ha vendido un terreno y, con el tiempo, este sube mucho de valor, comienzan los lamentos: “¡Ay!, ¿qué me ha pasado? ¿Por qué lo vendí por un millón si ahora vale cinco o seis?” Y vemos que esta persona se enferma y se deprime por ello. Sufre terriblemente, no logra superar esa tristeza o depresión y no consigue recuperar la alegría.
Todos estos ejemplos, y muchos más, no son otra cosa que manifestaciones de la lipi, es decir, la tristeza, pena o depresión “por y según el mundo”, la cual constituye uno de los siete pecados mortales.

Y cuando hablamos de pecado mortal, nos referimos a aquel que, con certeza, conduce a la psique-alma a la muerte espiritual y que hace que la metania (cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión) sea, muchas veces, muy difícil. Por eso, se requiere lucha.

San Casiano el Romano dice: “Contra el espíritu de la lipi tristeza, pena o depresión, que oscurece la psique-alma impidiéndole toda contemplación espiritual, y le imposibilita realizar cualquier obra buena o alcanzar logros, provocando odio hacia las personas y hacia las cosas”.

Sentimos rechazo, molestia, incluso odio, hacia las personas y hacia las cosas, porque nos cansan, nos abruman. Entonces nos decimos: “No quiero cocinar”, “No quiero barrer”, y aparece una desgana general. Por ejemplo -y esto lo vemos a menudo- cuando ha muerto la madre, un hijo, etc., sobre todo en las mujeres, se observa una gran inactividad: no cocinan, no lavan, no hacen nada. Dejan las cosas tal como estaban. Se afligen todo el día, lloran constantemente. Otras personas dejan de ir a trabajar porque sienten una lipi, una pena y una tristeza exagerada.

El santo dice que este espíritu maligno de la lipi siembra en la psique-alma del afligido un profundo desánimo y una gran aversión hacia las funciones fisiológicas y la vida normal. Por eso, añade, en cualquier circunstancia debemos vigilar y custodiar nuestro corazón de este demonio de la lipi.

Pero, antes que nada, debemos luchar con firmeza contra la lipi que coloca la psique-alma en los brazos de la desesperación. Porque esta lipi pecaminosa, “por o según el mundo”, la mundana, conduce al ser humano a la desesperación y la decepción.

¿Y qué significa desesperación?
Acordaos de lo que ocurrió con Caín y también con Judas. Sabéis que Caín no solo tuvo envidia de su hermano Abel y lo mató, sino que cayó en un estado de desesperación, y esto se ve claramente en lo que Dios le dijo: “Caín, ¿por qué estás triste y por qué has bajado la mirada? ¿Por qué tu ofrenda no ha sido bien recibida? Está en tu mano decidir lo que harás después” (Gén 4:6–7).

¿Lo habéis visto? Está en nuestras manos.
¿Qué intenta hacer Dios? Intenta librarlo del demonio de la lipi, de esa tristeza que conduce a la perdición. Pero, al producirse también el asesinato, sobrevino la lipi de forma devastadora. Entonces Caín no pudo superarse a sí mismo, y prefirió matar a su hermano porque no pudo encontrar la redención de su psique-alma. Obviamente, eso fue un mal mayor que el otro.

Y en cuanto a Judas, ¿por qué se suicidó? Por la lipi exagerada.
Pero, ¿qué tipo de lipi era?
Una lipi “por y según el mundo”, es decir, una tristeza, una pena querida por el mundo, mundana, no divina.

¿Sabéis que el noventa y nueve por ciento de las personas que se suicidan en este mundo lo hacen por la lipi? Cuando alguien me contó que una persona no tenía ni para comprar pan y se suicidó por la lipi, comprendí que era porque no creía en la Providencia de Dios. Es decir, podríamos afirmar que la principal característica de quienes se suicidan es precisamente la lipi. ¿Habéis visto alguna vez a alguien alegre suicidarse? Nunca, nadie. Por lo tanto, la lipi es una señal negativa, una señal mala. Y las señales o signos de la lipi «por y según el mundo», según san Juan Casiano, son los siguientes.

¡Atención!: hablamos de señales, porque uno puede preguntarse si su tristeza o pena viene “por el mundo” o “por Dios”.

La primera señal es la acedía La acedía es la pereza espiritual y física, desgana aquello que me lleva a no tener ganas de hacer nada. No porque esté físicamente cansado, sino porque la lipi me ha derrumbado y aplacado. Le siguen la inquietud, la ira, el odio, la contradicción, la desesperación… Todo esto lo provoca la lipi, y son palabras del santo Padre. Incluso se manifiesta en la pereza para hacer oración.

Cuando tengo lipi y presento alguna de estas características -no es necesario que estén todas-, entonces es seguro que padezco la lipi “por y según el mundo” o, como dice la tradición, por el cosmos.

Pero también existe la lipi “por y según Dios”, que en la terminología patrística se llama πένθος (pénthos), es decir, luto.

Πένθος (pénthos), luto o duelo: En los textos patrísticos, pénthos se refiere a “la lipi según Dios”: una tristeza, pena, sufrimiento o angustia de la que nace la metania (cambio de mentalidad, introspección, arrepentimiento y confesión).

Este luto o duelo por Dios no se identifica con el luto mundano, como el que sienten los hombres al perder, por ejemplo, a sus seres queridos. Se trata, más bien, del resultado de la toma de conciencia del propio pecado, que genera sanas vivencias de metania y de regreso al Señor.

Es un luto o duelo con una originalidad espiritual propia, que, unido a la energía divina de la Jaris (gracia divina, energía increada), combina la alegría y la tristeza del luto, dando lugar a la llamada χαρμολύπη (jarmolipi: alegre-pena o pena-alegre). No provoca conflictos ni perturbaciones psíquicas; al contrario, aporta paz y serenidad al alma, una buena disposición para cumplir los mandamientos divinos y una firme esperanza en Dios.

Los signos o señales de la lipi querida “por y según Dios”, según afirma el mismo Padre, son: “la alegría mezclada con la esperanza”.

¿Alegría dentro de la lipi? Sí, aunque suene extraño. Es la emoción más equilibrada. Junto a esa alegría, hay buena disposición y obediencia hacia todo trabajo bueno, una actitud abierta y cercana hacia los demás. Porque sabemos que quien sufre la lipi “según el mundo”: no quiere ver a nadie, se molesta si alguien se le acerca y permanece completamente aislado.

Recuerdo una vez, cuando tenía unos trece años, al comenzar la guerra. No había clases en los colegios y mi padre me puso a trabajar en una farmacia. Mi jefe tenía una hermana con dos hijos preciosos, un poco más jóvenes que yo: uno de diez y otro de once años. El pequeño, al cruzar de una acera a la otra, fue atropellado por un coche y murió.

La madre cayó en una terrible lipi, una profunda depresión. Cuando yo iba a su casa, siempre encontraba las persianas cerradas. Ella permanecía adentro, en penumbra, acostada en un sofá del salón. No hablaba, no hacía nada. Siempre estaba en el mismo lugar. Poco tiempo después, desarrolló un cáncer y murió.
Porque la lipi, realmente, puede conducir también a enfermedades terribles, como veremos más adelante. Así pues, tengamos mucha atención con el tema de la lipi.
La lipi “según el mundo”, o mundana, es oscura, inabordable e inaccesible. En cambio, la lipi querida “según Dios” es accesible y afable; es humilde, acepta a la otra persona, es serena, carece de malicia y es paciente.

Es decir, estoy triste por un pecado mío, o cuando escucho al otro, me apeno por lo que le ocurre: esto es lipi querida “según Dios”.

El sabio Sirácide nos dice en su libro (Eclesiástico 30, 18-20): “No entregues tu corazón a la tristeza, porque de la tristeza viene la muerte. Y la tristeza del corazón consumirá tu vigor.” Está muy claro.
¿De qué muerte habla? Diríamos: muerte espiritual, pero también corporal, como el ejemplo que mencionamos antes.

¿Cómo se cura la lipi?

San Juan Casiano nos enseña que el fármaco que sana la lipi es: la oración, el estudio espiritual, la esperanza en Dios y la convivencia piadosa con los hombres.

Empieza a orar, pero no puedes… entonces te forzarás. Empieza a leer algo, no te apetece… te esforzarás y te apretarás a ti mismo. Es lo mismo que sucede cuando estamos enfermos y no tenemos ganas de comer. ¿Qué se hace en ese caso? De cualquier manera, hay que comer a la fuerza.

Así también aquí: debemos esforzarnos como sea y realizar: oración, lectura, y, sobre todo, compartir con personas piadosas.

Esto último es muy, pero muy importante. ¿Por qué?
Porque crea un movimiento desde la interiorización cerrada que provoca la lipi, hacia una apertura, una exteriorización de nuestro ser.
Y esto, está claro, tiene un valor psico-terapéutico muy grande. (28,30´30)

https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/pantiseis-pori-n

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

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