«

»

Jun 04 2025

Sobre el diablo y las tentaciones, Yérontas Atanasio Mitilineos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el diablo y las tentaciones C 14.

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

 

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachillerato.

  1. Cuando se presenta Satanás ante el hombre con forma de Dios, ¿Dios siempre revela algún indicio del diablo, como cuernos, cola, etc.?
  2. ¿Por qué Dios permite al diablo tentar a los hombres, si he leído que Dios quiere que todos los hombres se salven y entren en su Realeza? Creo que, por mucha fe que tenga, el hombre puede doblegarse ante el diablo. En ese momento, ¿qué puede hacer el hombre?
  3. ¿Por qué algunas veces nos molestamos o nos dejamos tentar tanto hasta el punto de desesperarnos, y cuáles son las armas con las que vencemos las tentaciones?
  4. ¿Es verdad que algunos hombres tienen demonio en su interior y cómo ocurre esto?

1 Cuando se presenta Satanás ante el hombre con forma de Dios, ¿Dios siempre revela algún indicio del diablo, como cuernos, cola, etc.?

Ver también: https://www.logosortodoxo.com/demonios-y-sus-obras/

Hijos míos, no siempre. El diablo puede venir a tentar al hombre y aparecer, como dice el apóstol Pablo, «como ángel de luz». Pablo, refiriéndose a ciertos hombres que atacaban la fe pero que se hacían pasar por cristianos, los llama falsos hermanos, perros, malos obreros. Y añade: si su jefe, el diablo, se disfraza, se metamorfosea como ángel de luz, ¿por qué habría de sorprendernos que sus seguidores e instrumentos también se presenten como buenos, virtuosos y prudentes, ocultando su verdadera naturaleza?

Así pues, el diablo no siempre se presenta con señales evidentes. Pero entonces, ¿cómo puede salvarse el creyente? Aquí es importante prestar atención a algo muy relevante.

¿Queréis discernir si una aparición o experiencia proviene de Dios o del diablo, especialmente si sucede en un sueño o visión? Prestad atención: si tenéis humildad -mucha humildad- y no estáis predispuestos a aceptar estas cosas fácilmente, estad seguros de que Dios os dará una señal en medio de esa pseudo-visión, pseudo-sueño, falso Cristo, falsa Panaghía o falso santo. Os mostrará una pequeña señal que vosotros mismos reconoceréis, y en cuanto la veáis, diréis con certeza: “Esto viene del diablo”. Esa señal será evidente para la psique-alma humilde, y al verla, sabrá inmediatamente que se trata de una falsa visión, una trampa del diablo.

Pero, si no hay humildad, entonces Dios permite que la visión siga su curso, y el hombre se engaña. Ese engaño se convierte en castigo, porque nace del orgullo.

Si alguien me pregunta: ¿qué clase de humildad debo tener?, responderé que, en primer lugar, hay que vivir con humildad en todos los aspectos de la vida. Pero, en este caso concreto, la humildad se manifiesta de esta manera: no debo estar predispuesto a reverenciar cualquier cosa que se me presente, teniendo en cuenta que el propio Señor nos advirtió que estemos atentos y cuidadosos: “Os dirán: “He aquí el Cristo’ o ‘allí está’, no los creáis”.

Os daré dos ejemplos con ascetas:

  1. Una vez, el diablo se apareció a un asceta despierto y le dijo: “Soy Cristo”. ¿Qué hizo el asceta? Contestó con las palabras del propio Señor: “Cristo nos dijo que nos dirían ‘He aquí el Cristo’, pero que no lo creyéramos”. Al decir esto, mostrando humildad y fidelidad a las palabras de Jesús, la visión desapareció de inmediato, porque era el diablo disfrazado.
  2. En otro caso, el diablo también se presentó a un asceta diciendo que era Cristo. ¿Sabéis cuántos se han dejado engañar y lo han reverenciado? ¿Cuántos han perdido el sano juicio y la cordura por rendir culto al diablo creyendo que era el Señor? Pero aquel asceta gimió y dijo humildemente: “¿Soy yo digno de ver a Cristo? No quiero ver a Cristo sino sólo cuando llegue la resurrección de los muertos”. Y el diablo desapareció. Esto es humildad.

¿Queréis saber qué es el orgullo? Escuchad: apenas alguien cree haber visto a Cristo, corre a contarlo por todas partes. “¡He visto al Cristo! ¡He visto a la Panaghía!” -y se jacta. Eso es orgullo. Alardea de algo extraordinario, como si fuera una señal de santidad o de pureza, y en ese orgullo está su engaño.

Muchas veces, en confesión, algunas personas vienen a mí -hombres o mujeres- y cuando les pregunto si han pecado, no dicen nada. Pero luego, para justificarse o tapar cualquier falta, me dicen: “¿Sabes? Yo he visto a Cristo”. ¡Muy bien! Precisamente ahí está su engaño. Creen que, por haber tenido esa experiencia, ya no tienen pecados. Sacan esta conclusión errónea: “Si he visto a Cristo, entonces estoy en buen estado espiritual”. Pero esto es un grave error. Y la raíz de este error es el orgullo y la soberbia del hombre.

Creo que ahora comprendéis cómo funciona todo esto. (15:08´ 33)

2 ¿Por qué Dios permite al diablo tentar a los hombres, si he leído que Dios quiere que todos los hombres se salven y entren en su Realeza? Creo que, por mucha fe que tenga, el hombre puede doblegarse ante el diablo. En ese momento, ¿qué puede hacer el hombre?

Es una pregunta que muchos se hacen y un problema para muchos.

Cuando Dios vino a renovarnos o reformarnos, no destruyó al diablo, sino que lo anuló definitivamente. Sin embargo, lo dejó dentro de la creación, porque lo tiene reservado para el gran juicio. El diablo será juzgado.

No olvidemos que, en algún momento, fuimos propiedad del diablo. Cuando Dios nos creó, éramos propiedad Suya. Pero después, por nuestra libre elección y voluntad, al desobedecer a Dios y obedecer al diablo, nos convertimos automáticamente en propiedad del diablo. Aunque no dejamos de pertenecer a Dios -porque Él lo permite-, caímos bajo la influencia del enemigo.

¡Atención! El diablo presume de tener todo el dinero del mundo, cuando en realidad no posee ni una sola moneda. San Cirilo de Jerusalén dice: “Dios permite que el diablo utilice lo que está alejado de Él.” Así, el hombre que, por su propia voluntad, se aleja de Dios, se convierte -como ser libre- en propiedad del diablo.

Ahora veremos otro aspecto de la pregunta.

Hijos míos, si no sois esclavos de Dios, sois esclavos del diablo. Si estáis libres del diablo, entonces sois esclavos de Dios. Seréis esclavos de uno o del otro. Me diréis: ¿por qué tengo que pertenecer a uno o al otro? Ya os lo expliqué antes: cada uno debe escoger y decidir si quiere estar bajo el dominio de Dios o bajo el dominio de Satanás.

¿Y quién es el Señor que castiga? ¿Y quién es el Señor que ama, que da bienaventuranza, felicidad y adopción, haciendo hijo suyo al hombre?

Volvamos a la pregunta: ¿por qué tiene que existir el diablo y seguir castigándonos, si Dios quiere que todos nos salvemos? ¿Sabéis que ni siquiera el pecado original, como inclinación, se ha anulado con el bautismo? Esto es así porque Dios quiere que exista la libre voluntad, la elección y la lucha. Uno debe luchar y combatir para alcanzar la vida espiritual.

Dios permite, entonces, la presencia del diablo en este mundo como material de lucha y combate. El diablo ya no tiene gran fuerza. La verdadera pregunta es: ¿será el hombre tambaleado? Eso depende del mismo hombre.

Después de la Crucifixión de Cristo, el diablo está enfermo y débil. Y si queréis, también el pecado está debilitado. Porque ahora tenemos, por un lado, la Χάρις (Jaris: Gracia, la energía increada) de Cristo, y por otro, al diablo ya vencido por Cristo mediante Su honrada Cruz. Si nos acercamos a Cristo, entonces el Señor nos fortalecerá.

Sin embargo, es muy característico que muchas veces Dios permita al luchador enfrentarse directamente con el diablo, para que se fortalezca y sea probado.

Es muy ilustrativo el ejemplo de san Antonio el Grande -supongo que lo conocéis. Cuando se apartó del mundo, se fue a vivir a un sepulcro oscuro, donde permaneció para luchar contra Satanás. El diablo se transformaba en distintos animales, lo asustaba con voces salvajes e incluso, en ocasiones, lo golpeaba.

Pero no os asustéis, que el diablo no puede golpearos todavía: no estamos a la altura de un Antonio Grande. Cuando lleguemos a esa altura, entonces también podrá golpearnos. Ahora, por desgracia, estamos muy cerca del diablo… demasiado cerca.

San Antonio, pues, luchaba e imploraba al Señor: “Cristo mío, ¿dónde estás?” Pasaba días enteros combatiendo al diablo que lo maltrataba. Después de una lucha dura, volvió a clamar: “Señor, ¿dónde estabas?”
Y entonces escuchó al Señor decir: “Aquí estoy, Antonio, observando cómo combates.”
“Señor, ¿y por qué no viniste antes?”
“Estaba viendo cómo luchabas.”

Así que, no sólo existe el diablo en el mundo, sino que el Señor permite que sus santos luchen contra él. No olvidéis que, después de Su Bautismo, el Señor fue conducido por el Espíritu Santo al desierto para combatir al diablo.

¿Queréis otro ejemplo? ¿Habéis asistido alguna vez a un bautismo? Habéis visto que se unge con aceite al bautizado. El aceite es un símbolo de preparación para la lucha. Los antiguos luchadores se ungían con aceite en todo el cuerpo para que, al luchar, resbalaran de las manos del adversario y no pudieran ser atrapados fácilmente.

La Iglesia, pues, utiliza el aceite para señalar que el bautizado, como luchador espiritual, recibe la Jaris (energía increada) de Dios, de modo que pueda escapar de las trampas del satanás. Si tiene, entonces, la Jaris de Dios, ¿qué tiene que temer?

Sin embargo, debe luchar. Es cierto que Dios quiere que todos se salven, pero no se salvarán pasivamente, sino activamente, con esfuerzo. La salvación se alcanza mediante la lucha y el combate espiritual. ¿No es acaso este el verdadero sentido de la salvación?

Eso es todo respecto a esta pregunta. (10, 23’)

3 ¿Por qué algunas veces nos molestamos o nos dejamos tentar tanto hasta el punto de desesperarnos, y cuáles son las armas con las que vencemos las tentaciones?

En primer lugar, debo deciros que nunca debemos desesperarnos, porque la desesperanza es el arma más fuerte del satanás. Esto no lo olvidéis nunca. El último bastión del hombre es la esperanza; si este bastión cae, todo cae. Incluso puede llevar al suicidio si la esperanza ha sido destruida. Eso es lo primerísimo y más importante.

Después, si nos desesperamos, tal vez sea por culpa nuestra. No necesariamente porque la tentación sea tan grande, sino porque nuestra idiosincrasia, nuestro temperamento o la forma en que afrontamos una tentación o una dificultad, puede ser lo que genere la desesperanza. Es decir, quizás no tengamos espíritu de valentía, de fortaleza interior.

Y esto es muy importante: el espíritu de la valentía. Si pudiera pediros algo con todo mi corazón, sería que toméis conciencia de esta virtud: la valentía, de la cual nacen la paciencia y la persistencia, y de estas nace incluso el martirio. ¿Creéis que alguien puede soportar cualquier cosa, y sobre todo el martirio, si no ha cultivado antes esta virtud?

La valentía pertenece al campo de la voluntad. No está ni en el corazón ni en la inteligencia, sino en la voluntad. Por eso os ruego que prestéis mucha atención a esto.

Por ejemplo: tenéis sed y no hay agua cerca. No digáis: “me voy a marear”. No tengáis miedo. No os vais a marear. Tenéis hambre y, como es cuaresma, buscáis desesperadamente algo que comer, pensando que desfalleceréis. No, no moriréis. No tengáis miedo. Es decir, tened una actitud valiente y decid: “No”.

¿Hemos aprendido a decir “no”? ¿Y cuándo se puede decir “no”? Cuando uno se ha ejercitado previamente, en cosas pequeñas.

Un escritor de libros infantiles contaba: Vas caminando y pasas frente a una pastelería. Hueles los dulces. Entonces metes la mano al bolsillo, tomas el dinero, y una de tus piernas ya ha subido el primer escalón de la pastelería. En ese momento, puedes decir “no” y darte la vuelta. Eso significa tener fuerza de voluntad. No ser dominado como la gata que huele pescado. La gata no tiene conciencia de que no debe comer pescado en cuaresma. Huele el pescado y empieza el “miau, miau”.

Pero tú, si hueles pescado, dulces o cualquier otra cosa, y dices “no”, eso viene de una voluntad fuerte. Y os debo decir que esta es una virtud que, por desgracia, en nuestra época prácticamente ha desaparecido. Por eso, no sé qué ocurrirá en el futuro. Que Dios ponga Su mano. (33:49:40)

4 ¿Es verdad que algunos hombres tienen demonio en su interior y cómo ocurre esto?

Todos tenemos demonio, no os asustéis, pero con la siguiente diferencia. Cuando expulsamos el Espíritu Santo de nuestro corazón, el lugar lo toma el demonio. Pero hay una diferencia, porqué sé cómo es la pregunta y qué da a entender el que pregunta, es en dos sentidos o fases: uno es si tenemos el demonio en nuestro interior habitando, porque nos hemos alejado de Dios. El otro punto es si tenemos instalado el demonio en nuestro interior castigándonos y ya domina nuestra psique-alma y cuerpo o los dos. Es lo que por costumbre decimos cuando un hombre está endemoniado, grita, hace cosas extrañas, etc. En este segundo sentido decimos que el hombre está “endemoniado”. Pero el demonio puede encontrarse en cualquier momento en cada hombre, tened cuidado en esto. Os he dicho que cuando se marcha el espíritu de Dios, su lugar lo toma el demonio, sobretodo con especialidades, si lo quieren. Parece raro, pero desgraciadamente es así. Si, por ejemplo, caigo en pecados carnales, es imposible por completo que permanezca el Espíritu Santo, esto es irreductible.

Lo dice claramente el apóstol Pablo: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo?”. Si yo, pues, entrego el templo del Espíritu Santo -que es mi cuerpo- a la indecencia, en cualquiera de sus formas, entonces el Espíritu Santo ya no puede permanecer en mi interior. El Espíritu Santo se aleja, tal como las abejas huyen por efecto del humo.

Entonces, este espacio interior de mi psique-alma es ocupado por el demonio de la lujuria o de la prostitución. Sin embargo, mediante la μετάνοια metania (es decir, el cambio de mentalidad, el arrepentimiento y la confesión), expulso este demonio y puedo lograr la reinstalación del Espíritu Santo en mi psique-alma.

Cuando, pues, lucho dentro de este espacio interior -donde unas veces está el Espíritu de Dios y otras se va, o unas veces viene el demonio y otras se aleja- entonces es cierto que tengo al demonio, aunque no en la forma visible que tienen las personas abiertamente endemoniadas, como solemos imaginar.

¡Atención!: si el pecado se vuelve crónico, entonces existe una gran posibilidad de llegar a estar verdaderamente endemoniado. Pero no penséis que tener al demonio significa simplemente gritar por la calle, romper la ropa o comportarse de manera violenta. No. Estar endemoniado también significa rechazar el arrepentimiento, negarse a confesarse, rehusar comulgar y persistir en una vida sin Dios. En tal caso, sí se tiene al demonio dentro.

Una vez trajeron al monasterio a un muchacho de quince años. No sabían qué le pasaba exactamente. Algunos pensaban que estaba enfermo. Pero, si fuera una simple enfermedad, ¿por qué tendría ciertas “especialidades”? ¿Cómo se explica esto?

El muchacho se movía normalmente, aceptaba dulces y los comía como cualquier otro, hablaba con corrección. Pero cuando lo acercaron al icono de la Panaghía (la Toda Santa, la Santísima Virgen) para que la reverenciara, fue imposible. Era como un burro cuando se niega a cruzar un riachuelo: estira las patas, se aferra a lo que tiene cerca, retrocede con fuerza. Así hizo este joven. Se resistía, se agarraba de los objetos del entorno para no acercarse al icono.

¿Qué significa esto?
Significa que ese joven tenía al demonio, en esta segunda forma, no necesariamente escandalosa, pero sí espiritual y profunda: una forma en la que el demonio se apodera de la psique-alma del hombre y no le permite sanarse ni salvarse.

Pero existen muchas otras formas de manifestación del demonio. ¿Acaso no lo tienen también los ateos, los que blasfeman, los que hablan contra Jesús Cristo y contra la Iglesia? ¿No lo tienen también los que no se confiesan, no comulgan y no llevan una vida espiritual?

Hijos míos, os digo una cosa con todo mi corazón: Que Dios nos guarde y que tengamos mucho cuidado. (32:23:45) Ver también: https://www.logosortodoxo.com/teologia-ortodoxa/como-trabaja-el-demonio/

Fuente:https://arnion.gr/index.php/diafora-uemata/pantiseis-pori-n

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.