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May 29 2025

El Cristianismo y las demás religiones, Mitilineos

 

El Cristianismo y las demás religiones

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

 

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachillerato.

Índice

  1. ¿Es correcto pensar que la razón por la cual muchos hoy se encuentran alejados de la Iglesia se debe únicamente a los errores de sus líderes, de los fieles, u otras razones?
  2. ¿En qué medida influyeron las religiones orientales en el cristianismo, y esto pone en duda su carácter apocalíptico-revelativo?
  3. ¿Quizá Dios es uno, pero se presentó en los pueblos de Oriente como Buda, Mahoma, etc., y en nosotros como Jesús Cristo?

 

  1. ¿Es correcto pensar que la razón por la cual muchos hoy se encuentran alejados de la Iglesia se debe únicamente a los errores de sus líderes, de los fieles, u otras razones?

En el mismo papel que me han entregado, aparece una segunda pregunta relacionada con la anterior: ¿Por qué existe una diferencia porcentual tan marcada entre el cristianismo y las demás religiones? ¿Por qué el cristianismo, si contiene la verdad, no ha sido proclamado igualmente a otros pueblos que son inteligentes y sedientos de verdad, como por ejemplo los chinos? A esta pregunta se adjunta también un recorte de la revista Iglesia, que informa lo siguiente: En un artículo se menciona que, el año pasado, se realizó un censo de los fieles pertenecientes a las principales religiones y confesiones. Los resultados fueron los siguientes: ortodoxos, católicos romanos, protestantes, musulmanes, hinduistas, confucianos y budistas. Omitiendo aquí los números exactos, se concluye que sólo el 32,28 % de la población mundial es cristiana. Es decir, aproximadamente uno de cada tres. El resto profesa otras religiones.

Surge entonces la duda: ¿a qué se debe esta disparidad? El Señor dijo: “Id, pues, a enseñar la metania y la verdad a todas las naciones; y a los que creerán y se harán vuestros discípulos, bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo;” (cf. Mt 28,19). ¿Por qué, después de dos mil años, no se ha cristianizado toda la humanidad?

Hijos míos, esto no se debe a que el cristianismo no sea la verdad. El cristianismo es la verdad. Las demás religiones, en cambio, son falsas. Esto puede entenderse de manera sencilla y lógica.

Atención: ¿Qué son, en esencia, todas las religiones? Son invenciones humanas, creaciones nacidas del mismo hombre. Especialmente las religiones asiáticas son producto del pensamiento humano. El hombre, por naturaleza, lleva dentro de sí una inclinación hacia lo divino -lo que llamamos el fenómeno de la religiosidad-, y como resultado, tiende a construir una religión que le brinde sentido y satisfacción según sus propias convicciones.

Estas religiones se denominan endocósmicas (es decir, originadas dentro del mundo), y por ser endocósmicas, no pueden salvar. Sólo una religión que revele-apokalipta (del griego apokalipto), al verdadero Dios -un Dios que existe y se da a conocer- puede ser verdadera. Esa religión no proviene del mundo (no es endocósmica), sino que viene desde fuera del mundo: es exocósmica.

¿Cómo podemos comprender esto?

Os doy un ejemplo, que ya he mencionado en otra ocasión. Si tú pesas 70 kg, podrías levantar 100 kg. Pero si te pidieran que te levantaras a ti mismo, ¿podrías hacerlo? No. La física nos enseña que no podemos elevarnos a nosotros mismos porque nuestras fuerzas son cerradas en sí mismas. Por más que lo intentes, no puedes levantarte tirando de tu propio cabello. Puedes levantar 100 kg, pero no a ti mismo.

¿Qué significa esto?

Que no podemos salvarnos con nuestras propias fuerzas. La salvación requiere de una fuerza que venga desde fuera. Todas las religiones del mundo, al ser endocósmicas o naturales, buscan la salvación mediante medios ideados por el ser humano. Pero ¿puede el hombre salvarse de este modo? No. Necesita recibir una fuerza externa, y esa fuerza y energía es el cristianismo.

El cristianismo es la apocálipsis-revelación del que vino del cielo, el que existe en el cielo, como nos dice el Evangelista Juan acerca de Jesus Cristo: «A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito que es el Ὤν on (existente, el ser, “el que era y siempre es”), que está en el seno del Padre, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios». [«Por tanto es natural que recibamos la apocálipsis/revelación perfecta de la verdad. A Dios nadie lo ha visto, es decir, su ουσία usía/esencia; el Hijo unigénito que es el Ὤν on, (existente, el ser, “el que era y siempre es”), nacido de la esencia del Padre y está en el seno siempre del Padre inseparable, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios» (Jn 1,18).

Esto es, de forma clara y definitiva, la verdadera religión: el Cristianismo.

¿Qué ocurrió, pues, a lo largo de dos mil años, que el mundo no se hizo cristiano, a pesar del mandamiento que recibieron los discípulos de Cristo, y, a través de ellos, todos los que debían obrar de la misma manera, de ir a todas las naciones y enseñar el Evangelio?

Escuchad: existe un pasaje que aparece en el Antiguo Testamento y que también es citado en el Nuevo Testamento. Dios dice: “Por causa vuestra, mi nombre es blasfemado entre las naciones idólatras” (cf. Is 52,5; Rom 2,24).

Así pues, el kerigma (predicación) del Evangelio es auténtico, verdadero y salvador. Entonces, ¿dónde está la culpa? La culpa no está en el Evangelio, sino en quienes lo portan: los hombres, los cristianos, tanto los de ayer como los de hoy.

Gandhi expresó con sabiduría: “Me gusta Cristo, pero no me gustan los cristianos”. El cristianismo es bueno, pero los cristianos muchas veces no lo son. La manera en que los cristianos viven, actúan y se conducen no siempre ha sido -ni es- el factor que impulsa a los pueblos a aceptar el Evangelio. Más bien, a menudo ha sido motivo de rechazo.

Os pondré un ejemplo claro. Cuando los europeos comenzaron a colonizar África, intentaron cristianizar a los africanos con el objetivo de explotarlos. Gracias a Dios, los cristianos ortodoxos no participaron en esas empresas coloniales. Tenemos, en cambio, el caso ejemplar de san Frumencio, enviado por san Atanasio el Grande a Etiopía para evangelizar a su pueblo. Cuando san Frumencio llegó, no llevaba consigo intereses coloniales. Su intención era puramente evangelizadora. En cambio, cuando llegaron los europeos y la Iglesia occidental a África, la motivación era la conquista. Colonizaron tierras, explotaron recursos y utilizaron el cristianismo como instrumento de dominación. Para ellos, la fe no era el fin, sino un medio.

¿Queréis otro ejemplo?

Cuando los europeos llegaron a la India -sin entrar aquí en detalles sobre cuáles naciones en particular-, lo hicieron con fines coloniales y de dominación. Pero si tú, que afirmas tener la religión verdadera, vienes y das el peor ejemplo posible, si te conviertes en opresor y yo, el indígena, me convierto en objeto de tu explotación, entonces, ¿cómo voy a aceptar la religión que me traes?

Lo mismo ocurrió en América cuando llegaron los europeos. Si tú vienes con una cruz en una mano y una espada en la otra, si vienes a conquistarme y aprovecharte de mí, lo natural es que yo -hinduista, africano, chino o indígena americano- rechace la religión que me ofreces. Y con razón.

Esta es, en gran medida, la causa por la cual el mundo no se hizo cristiano: el mal testimonio de los cristianos. El escándalo que han producido con su comportamiento ha cerrado muchas puertas que el Evangelio, por su verdad intrínseca, habría podido abrir.

Y si queréis más razones, ¿por qué mirar tan lejos cuando basta con observar nuestro entorno más cercano? ¿Por qué nuestros propios familiares aún no se han hecho cristianos verdaderos? ¿Por qué, yo mismo, que he comenzado el camino espiritual, aún no me he convertido en un cristiano auténtico? ¿Por qué, en el colegio, no soy un alumno que viva según los principios cristianos?

¿Cómo entonces puedo influir en los demás?

Por esta razón, daremos cuentas muy serias ante Dios, porque nosotros hemos sido causa de que los pueblos y las naciones no hayan sido sostenidos por el logos de Dios ni acogidos en la Iglesia.

Tal vez me diréis: ¿acaso todos están obligados a creer?

Ciertamente, existen también otros factores en los que los cristianos no tienen responsabilidad directa, como dice la Escritura: “la fe no es de todos” (2 Tes 3,2). Sin embargo, eso no nos exime de nuestra parte de culpa.

Cuando Cristo profetiza sobre el final de la historia, incluye también el comportamiento de los cristianos, y revela que el mundo entero no será cristianizado. Prestad atención a este detalle: el Señor dio una señal y dijo que “el Evangelio será predicado y escuchado en todo el mundo”. Fijaos en la precisión de la profecía: “se escuchará”.

Hasta el día de hoy, el Evangelio, el logos de Dios, se ha traducido a más de 1.700 lenguas y dialectos, es decir, prácticamente a todas las lenguas del mundo. Sin embargo, no toda la tierra es cristiana. ¡Atención, observad qué exactitud tiene la profecía, esto nos muestra la exactitud del anuncio: “se escuchará el Evangelio”!

Hoy en día, el Evangelio puede ser leído por cualquier persona, pero no todos lo aceptan ni lo viven. Por eso no debemos esperar que toda la humanidad se haga cristiana. El logos del Evangelio ha sido escuchado, sí, pero no ha sido aplicado, vivido, y eso se debe -en gran medida- al mal testimonio de los cristianos. Esto también estaba contenido en la profecía.

Por eso el Señor dijo: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). Alude a que la fe desaparecerá, que ya no existirá sobre la faz de la tierra. Y no solo en aquellos que desde el principio no la aceptaron, sino incluso en los mismos cristianos. ¿Encontrará fe en nosotros? Hoy  , un tercio de la humanidad está bautizado, pero ¿vivimos de acuerdo con nuestra fe? Sin duda, no.

¡Cuánta negación vemos entre nosotros mismos! Incluso aquí, entre los griegos que nos consideramos cristianos ortodoxos, ¡cuánta negación hay! Aunque estamos bautizados, muchos nos hemos convertido en ateos, incrédulos, pecadores, indiferentes, incluso indecentes. No nos conformamos a la voluntad de Dios.

Y aún más: el Señor anunció que, antes de su venida, habría una gran indiferencia espiritual y una especie de congelamiento del corazón. Dijo que “el amor (agapi) de muchos se enfriará”. Es decir, habrá una decadencia moral, una ruina interior, una caída generalizada.

Todo esto, como vemos, ya está profetizado.

Lo repito una vez más: el deseo de Dios es que todo el mundo conozca el Evangelio, pero nosotros, los portadores -los cristianos-, desgraciadamente no hemos respondido fielmente a este mandato del Señor. No hemos sabido evangelizar ni siquiera al que está a nuestro lado.

Por lo tanto, la causa está en nosotros, y el castigo también caerá sobre nosotros.

 

  1. ¿En qué medida influyeron las religiones orientales en el cristianismo, y esto pone en duda su carácter apocalíptico-revelativo?

La pregunta es bastante amplia, pero la he resumido en la frase anterior, y dice: Al estudiar la historia de los antiguos pueblos orientales, encontramos elementos religiosos comunes con los contenidos del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la idea de la lucha entre el bien y el mal en la religión de los antiguos persas, o el mito del cataclismo (diluvio) en la tradición religiosa de los sumerios.

Además, escuchamos frecuentemente a profesores y académicos afirmar que, en estos aspectos, hay influencias de religiones orientales sobre el cristianismo. ¿Podría aclararnos en qué medida esto es cierto y si puede poner en duda al cristianismo como religión revelada o de carácter apocalíptico?

En realidad, este es un tema muy interesante y extenso. Pero, dado que estamos en el contexto de preguntas y dudas, intentaré responder de manera breve.

Es cierto que se afirma que existen influencias en el Antiguo Testamento, ya que encontramos acontecimientos, fenómenos, ideas y conceptos que también aparecen en religiones anteriores a la tradición bíblica del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el relato del diluvio universal (el cataclismo), que se relaciona con un antiguo poema considerado uno de los más antiguos textos escritos dentro de la filología mesopotámica.

Sin embargo, no se trata propiamente de influencias. La respuesta y explicación a este fenómeno es la siguiente:

Tomemos el tema del cataclismo. El tema del cataclismo fue un fenómeno de carácter universal. Universal no en el sentido absoluto, ya que es posible que no haya ocurrido literalmente en toda la tierra, sino solo en una región específica. Cuando decimos universal, lo entendemos en relación con su ecumenicidad, es decir, con el ámbito donde vivían seres humanos. Allí, según el relato bíblico, todos perecieron, excepto Noé, su esposa, sus tres hijos y las esposas de estos, en total ocho personas.

Estas ocho personas, al sobrevivir al cataclismo, conservaron el recuerdo de aquel acontecimiento en su memoria y lo transmitieron a sus descendientes. Fue un suceso tan aterrador y significativo que quedó profundamente grabado en sus conciencias. No se trató de un hecho trivial, sino de uno que marcó la historia de la humanidad.

Así, al narrar a sus hijos -que no fueron testigos del evento- lo sucedido, comenzaron a transmitir diferentes versiones del mismo acontecimiento. Con el paso del tiempo, la población creció y los descendientes de Noé se dispersaron en todas direcciones, especialmente después del evento conocido como la Torre de Babel, momento en el que la humanidad se dispersó por toda la tierra.

Naturalmente, esta humanidad dispersa llevó consigo las tradiciones orales heredadas de sus antepasados. Como estas tradiciones se transmitían oralmente y estaban revestidas de un carácter religioso, y dado que procedían de una misma fuente común, era natural que con el tiempo adoptaran formas variadas, parecidas a relatos míticos o leyendas. Sin embargo, el núcleo de esas historias contenía una verdad histórica.

Por lo tanto, lo que relata el Antiguo Testamento no es producto de influencias de otros pueblos, sino que constituye apocálipsis, es decir, revelación divina, especialmente en relación con los hechos que el ser humano no pudo presenciar directamente ni transmitir por simple experiencia histórica.

Por ejemplo, Moisés, quien escribió el libro del Génesis, donde se describe el cataclismo a partir del capítulo seis, ¿cómo podría saber cómo se creó el mundo? Le fue revelado, le fue apocaliptado por Dios. Esta revelación constituye un testimonio inspirado por el Espíritu de Dios (θεόπνευστος zeópnefstos), que sorprendentemente ha resistido el tiempo y, en muchos casos, armoniza incluso con ciertos descubrimientos científicos modernos.

Por ejemplo, en el relato bíblico, primero se crea la luz y solo después se menciona el sol. Esto es coherente con la comprensión actual de que el sol no es en sí mismo la luz, sino un portador de ella. En realidad, la luz -como forma de energía- precede al sol. Por tanto, la primera creación fue la energía.

Sabemos que una de las grandes preguntas de la ciencia es: ¿qué fue primero, la materia o la energía? La ciencia responde que fue primero la energía, en forma de luz. Esto es exactamente lo que leemos en el relato del Génesis: Dijo Dios: “Hágase la luz”, y la luz fue hecha.

Traducido al lenguaje contemporáneo: Dios dijo: “Hágase la energía”, y la energía fue hecha. Y de esa energía se formó el mundo material tal como lo conocemos.

Este hecho es inmensamente grandioso y difícil de explicar si no aceptamos que el relato bíblico fue θεόπνευστο zeópnesto -inspirado por Dios y Su Espíritu.

Así que, como bien señala el geólogo francés Delonei, Moisés no poseía los conocimientos científicos de nuestra época. Además, la geología como ciencia tiene apenas unos doscientos años de existencia. Por tanto, la explicación es clara: Moisés fue θεόπνευστος zeópnefstos (inspirado por el Espíritu de Dios).

De este modo, la manera en que describe los seis días de la creación en el Génesis -especialmente la ordenada secuencia en la que aparecen el mundo físico, vegetal, animal y, finalmente, el ser humano- resulta verdaderamente admirable y sorprendente. Todo esto, como ya he dicho, no proviene de conocimientos humanos, sino de αποκάλυψις apocálipsis, es decir, de revelación divina.

Del mismo modo, Dios le revela a Moisés el relato del cataclismo. Aquello que, con el tiempo, fue recubierto de un lenguaje mítico por otras culturas, Dios se lo muestra a Moisés como la única y auténtica verdad.

Por eso es natural que lo que afirma la Sagrada Escritura sea cierto hasta su última palabra, y que, a la vez, muestre semejanzas con ciertas tradiciones de los pueblos. Esto se debe a que todos los pueblos partieron de una cuna común, y desde allí comenzaron a transmitir estas tradiciones, aunque más tarde las rodearan de elementos mitológicos.

Es natural entonces que, con el paso del tiempo, dieran nombres diversos a sus dioses, diciendo: “este es tal dios, aquel es otro”, etc. Pero al hacerlo, perdieron de vista al verdadero Dios y cayeron en la idolatría, formando imágenes divinas según su propia fantasía. Esto es un proceso comprensible en el desarrollo de las religiones humanas.

Otro tema que se menciona aquí es el del bien y el mal. Este es, sin duda, un fenómeno universal y un problema tanto filosófico como religioso: ¿Por qué existe el mal, si existe el bien? ¿Y por qué parece necesario que exista el mal? Esto ha dado lugar a la conocida “dualidad” en muchas religiones del mundo, que presentan dos principios opuestos: uno del bien y otro del mal.

Pero atención, este punto es fundamental. La “dualidad” es solo un intento humano de interpretar la presencia del mal en el mundo y en la vida. Lo característico del Antiguo Testamento, que es revelación (apocalipsis) y no mito, es que no presenta ningún elemento dualista. No habla de dos dioses contrapuestos, sino de un solo Dios.

Desde el primer momento del relato, este Dios único es el creador de todo: de la materia y de los espíritus. Dice el texto: “Dijo Dios: hágase la luz”, y la luz es una realidad material. Luego: Hágase el firmamento”, “hágase esto o aquello”, los animales, las plantas todo esto pertenece al orden material. Más adelante, Dios crea al ser humano y sopla en él aliento de vida, es decir, le da ψυχή (psijí: psique, alma, ánima la que anima, vivifica el cuerpo), y lo vivifica espiritualmente.

¿Quién, entonces, es el creador tanto de lo espiritual como de lo material? Uno solo: el Dios. No hay dualidad alguna en el Antiguo Testamento. Esto deja claro que sus escritos no están influenciados por enseñanzas exteriores, sino que han permanecido puros y libres de contaminación ideológica.

Esto, en resumen, es lo que podemos decir sobre esta duda, (28,1´).

 

  1. ¿Quizá Dios es uno, pero se presentó en los pueblos de Oriente como Buda, Mahoma, etc., y en nosotros como Jesús Cristo?

Esta pregunta refleja la influencia de una gran confusión espiritual. La idea de que Dios se haya manifestado en cada pueblo con diferentes rostros, a través de distintas personas, con leyes distintas -y que aquellos que cumplan dichas leyes heredarán la vida eterna- es una noción peligrosa.

Más abajo aparece otra pregunta: ¿Por qué no debemos leer a Kazantzakis y por qué fue condenado su libro “La última tentación”? Pues bien, no debemos leerlo precisamente para evitar que se nos formen percepciones erróneas como la de esta primera pregunta. Cuando uno lee libros que difunden ideas extrañas o falsas, es natural que comience a pensar así.

¡Atención! Yo aquí lo considero solo como una pregunta, y nada más. Ya hemos tratado este tema cuando hablamos sobre la teosofía. Pero si llegamos al punto de aceptar que Jesús Cristo está al mismo nivel que Buda, Mahoma o cualquier otro -a quienes muchos llaman “maestros místicos” o “instructores espirituales”, según su propia conveniencia-, entonces ¡ay de nosotros!

Existe, por ejemplo, un libro antiguo del siglo XIX titulado “Los grandes místicos”, de un autor llamado Siré, que desprende un mal olor espiritual. Allí, sin dificultad, uno puede leer cómo colocan a Jesús Cristo en la misma categoría que Confucio, Buda, Mahoma y otros personajes. Pero esto es un enorme error.

Quisiera responder a esta confusión con la siguiente reflexión: ¿Es posible que exista un solo Dios que se manifieste con diferentes rostros y dé leyes contradictorias a lo largo de la historia y en distintos pueblos? ¿Puede ser que el mismo Dios haya dado las enseñanzas del budismo, del cristianismo, del islam, cuando muchas de sus afirmaciones se contradicen abiertamente entre sí? ¿Pueden todas estas religiones provenir de un solo y mismo Dios?

Claramente, no.

Hijos míos, es lógico que se difundan estas ideas en un contexto influido por la teosofía desde el siglo XIX, como ya lo mencionamos antes. La teosofía intenta crear un sincretismo religioso, es decir, una fusión de todas las religiones para mostrar que todo viene de un solo Dios, con el objetivo de preservar superficialmente el monoteísmo y, al mismo tiempo, arrastrar a personas de todas las religiones hacia sus propios postulados.

Así, uno puede convertirse en un masón, pues la metafísica de la masonería es, de hecho, la teosofía. Y una vez ahí, puedes sentarte en la misma mesa con un budista y pensar que todo está bien, creyendo que el Dios al que tú oras, sea Cristo o Buda, es el mismo. Entonces tu conciencia se tranquiliza, pero lo hace falsamente, como si estuvieras anestesiado.

Pero yo pregunto: ¿podemos alcanzar la salvación que nos ofrece Jesús Cristo con esta mentalidad? Imposible.

¿Y qué pasa con la fe? Se desvanece en el aire.

Esto mismo lo dijimos al tratar el tema del ateísmo. Porque, en realidad, pensar que Dios se manifiesta cada vez de una forma diferente en la historia no es fe… es ateísmo encubierto. Es ateísmo al 100%.

Por eso, tengamos mucho cuidado con estas ideas, que lamentablemente se encuentran en muchos libros que circulan y dominan en nuestra época. Y cuando analicemos más a fondo el tema del ateísmo, volveremos sobre esto para que estéis en alerta y en guardia. Amén. Yérontas Mitilineos

Fuente: https://arnion.gr/ y https://athanasiosmytilinaios.blogspot.com/

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

 

 

 

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