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Nov 30 2025

Domingo XIII de Lucas, San Andrés el Primer Llamado

Domingo XIII de Lucas (de San Andrés el Protóklitos Primer Llamado)

 

Primeros discípulos de Jesús, 1:35-52.

35 Al día siguiente, Juan, estaba todavía allí con dos de sus discípulos,

36 y vio a Jesús que andaba por allí y dijo: “He aquí el Cordero de Dios”.

37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

38 Y Jesús volviendo hacia ellos y viendo que le seguían, les dice:

39 «¿Qué buscáis?» Ellos le dijeron: “Rabí, que significa Maestro, ¿dónde vives?”

40 Él les dijo: «Venid y lo veréis».  Fueron y vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día. Era como la hora décima las cuatro de la tarde.

41 Era Andrés, hermano de Simón Pedro, uno de los que escucharon de Juan lo que había dicho sobre Jesús y le siguieron.

42 Andrés, encontró primero a su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías, que en la lengua helénica-griega significa Cristo”. (Dios Logos iniciado y ungido en hombre que no es lo mismo que el creado hombre con logos iniciado y ungido en Dios),

43 y le condujo ante Jesús. Jesús mirándolo cariñosamente, le dice: «Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefás, que significa Pedro». (Que cuando te conviertas, te harás con fe firme como la piedra y en la lengua helénica-griega te llamarás Pedro).

44 Al día siguiente, Jesús decidió salir de Judea hacia Galilea; encontró a Felipe, y le dice: «Sígueme». (Felipe también era discípulo de Juan Bautista de quien había escuchado hablar mucho sobre el Mesías.)

45 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro,

46 Felipe encontró a Nataniel y le dice: “Hemos encontrado a aquel sobre quien Moisés escribió en la ley y los profetas; es Jesús de Nazaret, el hijo de José”.

47 Nataniel respondió: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.

48 Jesús, vio a Nataniel que se le acercaba y dijo de él: «He aquí un israelita de verdad, en quien no hay engaño, ni mala astucia».

49 Nataniel le dijo: “¿de qué me conoces?” Jesús le contestó: «Antes que Felipe te llamase, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi».

50 Respondió Nataniel y le dice: “Rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel, al que según las profecías esperábamos”.

51 Jesús le contestó y le dijo: «¿Porque te he dicho que te he visto debajo de la higuera crees? Cosas mayores que estas verás».

52 Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad  os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

  1. «Y añadió: «Amín, amín, de verdad en verdad os digo, a partir de ahora que el cielo se ha abierto por mi bautismo, veréis el cielo abierto también para vosotros y los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo de Dios, quien se ha hecho hombre perfecto; y como hijo del hombre será y es el único representante o vicario del género humano; y que volverá a venir como juez glorioso sentado sobre las nubes; y los ángeles estarán subiendo y bajando para servir a Él y Su Iglesia».

 

Domingo XIII de Lucas (de San Andrés el Protóklitos Primer Llamado)

Presbítero Atanasio Minas

 

«Ven y lo verás, Ἔρχου καί ἴδε ».

Nada eleva tanto la psique-alma hacia el amor de Dios como el conocimiento del misterio de la divina Encarnación. Es evidente que esto acontece en l  a vida del ser humano cuando se encuentra con el supremo Logos, llamado por los Ortodoxos el Hijo Encarnado, nacido del Espíritu Santo y de María la Virgen. Este encuentro se perfecciona y llega «para que cobren ánimo y sean consolados sus corazones, se mantengan unidos cultivando la agapi-amor incondicional entre sí y por ella se unan armónicamente y serán informados así con sabiduría y prudencia de toda la riqueza de la verdad que se refiere a su salvación y conocerán en el fondo el misterio de Dios Padre y de Cristo» (Colosenses 2:2).

El apóstol Natanael, hasta su encuentro con Cristo, había expresado dudas acerca de si «de Nazaret puede salir algo bueno» (Juan 1:47). Sin embargo, la bondad infinita y suprabondadosa, Cristo, le reveló que Él mismo es la fuente de toda bondad. Pues aquello que es lo más excelso entre los bienes no puede estar ausente de la perfecta bondad, es decir, del Hijo encarnado de Dios.

¿Qué otra cosa, pues, impulsa a la psique-alma a aceptar la fe en el Rey Mesías, sino cuando Él mismo apocalipta-revela al hombre los rincones más profundos de la psique-alma, guiándolo hacia la profundidad del conocimiento de las realidades celestiales? Esto es exactamente lo que le ocurrió hoy al apóstol Natanael: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» (Jn 1:50).

Consideramos, hermanos, que por eso Dios ofrecerá Sus bienes para participación a todos los que estén purificados de la maldad y no tengan engaño, bienes de los cuales dice la Escritura: «ni ojo vio, ni oído oyó, ni subieron al corazón del hombre» (1Cor 2:9). Y esto no es otra cosa que llegar hasta el mismo Dios. No existe, pues, cristianos míos, sabiduría eterna ni conocimiento inmortal que no se halle en Cristo.

Por consiguiente, los santos apóstoles Felipe y Natanael nos dan hoy la definición de lo que significa ser cristiano.

Ser cristiano ortodoxo es llegar a la κοινωνία (kinonía: conexión, participación, unión, comunión) con Cristo, construir en comunión con Él una vida elevada en carismas; es un movimiento hacia la perfección, cooperando con la Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) en la medida en que sea humanamente posible.

Dice Cristo: «Estad quietos y sabed que YoSoY»; es decir: lo que Yo hice, también vosotros debéis moveros en esa dirección, convirtiéndoos en modelo de verdadera teología. Así, hoy el Señor le dice al apóstol Natanael: «Lo que Yo os he dado, hacedlo también vosotros con alegría, con la presencia del Espíritu Santo y la complacencia del Padre».

«…verás cosas mayores que estas»; tal es el amor del Dios que nos amó. Este amor está precedido por la extrema pobreza espiritual, la absoluta humildad; el hacerse el primero servidor de todos, diácono de todos, amar y preferir el último lugar, lo cual significa amor hasta el fin.

No existe amor superior que este; es el amor del Dios que nos amó, el que nos ha establecido sobre la Roca de la confesión de Jesús Cristo, nuestro Salvador. Así, los dos Apóstoles que saborearon la dulzura de la presencia del Θεανθρώπο zeánzropo Dios-Hombre se unieron a Cristo, y así como Dios hace llover y salir el sol sobre justos e injustos, malos y buenos, así también ellos extendieron por todas partes los rayos de la verdad del Evangelio, iluminando y regando los corazones de quienes desean salvarse, con los ríos de inmortalidad que brotan de Jesús, el Paraíso.

Sin embargo, hermanos, debemos descubrir la verdad que está dentro de nosotros. La Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada) de Cristo está dentro de nosotros. El Señor dice: «Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; pedid y se os dará». Adelante, pues: Cristo nos anima a pedir con fe al Padre, en Su nombre, y Él nos lo concederá. Es decir, a encontrar la semilla de la forma divina; a que se manifieste y florezca el tesoro escondido, de modo que la imagen de Dios quede impresa en nuestro interior.

Dios, queridos cristianos, por Su jaris increada —con nuestras oraciones en humildad y confesión, por Jesús Cristo— concede inmediatamente lágrimas de κατάνυξις (katánixis: dilatación del corazón, compunción) que brotan como fuente inagotable y endulzan los sentidos de la psique-alma, llenándola de toda alegría y luz divina. Y además, quebrantan el corazón y llenan el pensamiento con buenos razonamientos, y los sentidos con la contemplación de las realidades divinas; ayudándonos así a evitar hacer aquello que no es santo. Allí también el Rey Cristo, junto con los Apóstoles, reparte las donaciones del Espíritu Santo a los discípulos de la humildad y les concede Sus grandes carismas y axiomas.

Consideramos Su logos de conocimiento, Su sabiduría inefable, la visión de las realidades divinas, la previsión de las cosas humanas y, finalmente, la unión con Él, tal como sucedió hoy con el Santo Apóstol Natanael, quien respondió a la llamada del Santo Apóstol Felipe, cuando éste lo invitó y él dudaba, diciéndole: «Ven y verás» (Juan 1:47); también a todos: «Venid y lo veréis» (Juan 1:40).

Al Salvador y Rey Jesús Cristo, el verdadero Dios, Βασιλεία (Vasilía: reinado de la Realeza increada), la Soberanía y la Δύναμις Dínamis por los siglos de los siglos. Amén.

Traducción Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com

 

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