
«La pseudónima-falsa gnosis, la evitación de los herejes y la verdadera sofía-sabiduría»
Ἡ ψευδώνυμη γνώση, ἡ ἀποφυγή τῶν αἱρετικῶν καί ἡ ἀληθινή σοφία»
Εὐεργετινός Δ΄ Τόμος, Ὑπόθεση ΙΗ΄. Ἱερομ. Σάββα Ἁγιορείτου
https://hristospanagia3.blogspot.com/2025/09/blog-post_618.html#more Ὁμιλία στίς 13-09-2025.
Everghetinós, Tomo IV, Hipótesis XVIII. Hieromonje Sabas el Aghiorita
(Homilía transmitida el 23/09/2025)
[Γνῶσις Gnosis conocimiento creado e increado. De nuestro miniléxico https://www.logosortodoxo.com/?s=minil%C3%A9xico
En la Ortodoxia hay discernimiento claro entre las dos gnosis, creada e increada divina, en su significado común el término expresa la sabiduría humana, mundana, las gnosis o los conocimientos creados. En la teología Patrística Ortodoxa, gnosis es la experiencia personal de Dios, que proviene de la contemplación “zeoría” o visión de la luz increada de Dios. Esta gnosis es conocimiento más allá de todo conocimiento creado, es gnosis increada espiritual; empieza desde la contemplación, visión de la luz increada. La luz increada ilumina la gnosis espiritual, no es la luz de la gnosis creada que nos lleva a la gnosis de la luz increada. La verdadera gnosis, la increada gnosis espiritual es la puerta de la Realeza (increada) de los Cielos, ella mismo es la vida eterna.
San Máximo el Confesor, en su obra Mistagogía (instrucción mística, https://www.logosortodoxo.com/category/san-maximo-el-confesor/ ) interpretando sobre todo a San Dionisio el Areopagita, utiliza mucho el término «Γνῶσις ἀλησμόνητη ἢ ἄμορφη ἢ ἄπειρη ἄγνοια, Gnosis inolvidable o gnosis sin forma, increada o ignorancia infinita…», dice: «135…Sostenido por la dinámica vital, el nus que se llama también sabiduría, extendiéndose a través de la ascesis contemplativa y unido al silencio y a la gnosis inexpresable es conducido a la verdad con una gnosis inolvidable, incesante e infinita (Ver también sobre Gnosis en nuestro libro “12 lexis apocalípticas”, en el blog en español: www.logosortodoxo.com).]
«La pseudónima-falsa gnosis, la evitación de los herejes y la verdadera sofía-sabiduría»
Continuamos, con la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, el estudio del Εὐεργετινός Everghetinós en el tomo 4. (El Evergetinós es una gran antología patrística (colección de fragmentos), compilada en el siglo XI por el Hieromonje Pablo, fundador del Monasterio de Evergétidos en Constantinopla).
«Que los fieles deben abstenerse por completo de la pseudónima-falsa gnosis y de conversar con los herejes; cuál es la sabiduría según Dios; y que incluso la sencillez puede ser provechosa y beneficiosa para algunos» [Everghetinós]. Es decir, que el creyente debe mantenerse totalmente alejado de la pseudónima-falsa gnosis. Veremos cuál es esa falsa-pseudónima gnosis: un conocimiento que solo lleva el nombre de “γνῶσις gnosis”, pero que en realidad no lo es, sino que es una mentira. Y el fiel debe mantenerse distante de ella.
«Y no hablar con los herejes» significa que el cristiano no debe tener trato con ellos. Aquí “hablar” quiere decir conversar, relacionarse, y se indica que debe evitarse incluso la convivencia o familiaridad con los herejes: no conversar, no tener trato con personas que se han desviado de la fe ortodoxa.
Entonces, ¿cuál es la verdadera sofía-sabiduría según Dios? Para algunos, lo provechoso es vivir con sencillez, lejos de estas discusiones sobre conocimientos-gnosis, dogmas y cuestiones de fe.
Cuando el Everghetinós habla de la “falsa-pseudónima gnosis”, se refiere sobre todo a la herejía de los gnósticos. Los gnósticos eran un grupo filosófico-religioso que apareció poco antes de la venida de Cristo —y continuó también después—, mezclando muchas creencias y doctrinas diversas. Existían distintos grupos gnósticos, y fueron precisamente ellos quienes combatieron más duramente la fe en sus inicios, la Ortodoxia, el Cristianismo naciente.
Por eso los Santos Padres los enfrentaron con perseverancia y profundidad, combatiendo tanto a los gnósticos como a sus doctrinas. Algunos de ellos incorporaban elementos cristianos en su filosofía y proclamaban que poseían la gnosis-conocimiento verdadera, de donde viene su nombre: “gnósticos”. Entre esos herejes se cuentan Marción, Basilides y otros.
Y los sucesores de aquellos gnósticos antiguos son hoy los masones, quienes tienen como símbolo la “G”. Esa “G” mayúscula es la inicial de la palabra Gnosis (conocimiento), de la palabra griega γνώσις, y se consideran a sí mismos iniciados en ese conocimiento oculto (apócrifo), reservado para pocos. Todo esto se vincula, en realidad, con la gnosis esotérica, con la magia y, finalmente, con la adoración satánica. Allí conducen estas filosofías.
Por eso los Santos Padres consideraron el gnosticismo como el mayor enemigo que debía ser combatido, y lo fue desde los primeros siglos del Cristianismo, hasta hoy. También san Porfirio lo decía: «Los masones son los peores enemigos de la Iglesia». ¿Por qué? Porque la combaten desde dentro. Algunos incluso son miembros de consejos parroquiales, o poseen cargos eclesiásticos… son sacerdotes, obispos e incluso patriarcas. Es un hecho conocido: hubo patriarcas masones en el siglo XX en el Patriarcado Ecuménico. Y esto causa el mayor daño a la Iglesia, pues el masón combate desde dentro de ella.
El abad Isaías dice: «Hermano, guarda tu psique-alma de conversar con herejes, pretendiendo sostenerlos en la fe, no sea que el veneno de sus palabras mortales hiera tu espíritu, tu mentalidad ortodoxa y tu disposición interior» [Everghetinós].
No todos pueden sostener diálogos con herejes, enfrentar sus argumentos y doctrinas. Al contrario, corren el riesgo de ser influenciados y heridos espiritualmente por el espíritu (demoníaco) de esas personas.
Lo vemos en los llamados “diálogos” con papistas y protestantes: lamentablemente los ortodoxos se ven influidos. Tenemos muchos ejemplos de ello. En cambio, no tenemos ejemplos de que tales herejes —papistas o protestantes— hayan retornado a la verdadera fe a través de esos diálogos. Más bien lo contrario: tenemos el influjo negativo sobre los ortodoxos, que comienzan a protestantizarse o a dejarse impregnar por el espíritu del papismo. Y esto es visible hoy en la vida eclesiástica de algunos de ellos.
Por lo tanto, tiene mucha razón el Abad Isaías cuando dice que debes tener cuidado, que debes protegerte de no hablar con herejes, teniendo esa actitud vanidosa y arrogante de creer que puedes ayudarles a encontrar la fe o regresarlos a ella. No sea que el veneno de sus logos mortales dañe e hierra tu espíritu, mente y entendimiento. No solo es la influencia en la διάνοια (mente, intelecto, cerebro), sino también en tu mentalidad y conducta y en el corazón. Cuando te asocias con una persona orgullosa, sin que te des cuenta, tú también te vuelves orgulloso, si no te cuidas. De igual manera, cuando te relacionas con alguien que tiene una fe torcida o distorsionada, comienzas tú también, sin darte cuenta, a adoptar una fe similar, si no tienes cuidado.
El Abad Isaías también dice que no debemos desear estudiar los libros de los herejes, pues podríamos matar nuestra pique-alma. Porque incluso los libros heréticos, que lamentablemente circulan hoy en día —no solo papistas o protestantes, sino también de otras religiones, y sobre todo de religiones orientales— hacen mucho daño a las personas, especialmente a los jóvenes que los leen. La psique-alma muere si la persona no tiene cuidado, y especialmente si no tiene una fe ortodoxa sólida, si no tiene una base firme en Cristo y en la Iglesia Ortodoxa.
«En la enseñanza en la que has sido iluminado», dice nuevamente el Abad Isaías, «por la Santa Catequesis y el Santo Bautismo, debes permanecer firme, apartándote completamente de la falsa sabiduría que se opone a la sana enseñanza, tal como dijo el Apóstol Pablo» [Everghetinós]. La sana enseñanza es la fe ortodoxa, el dogma ortodoxo, que es sano, es decir, es saludable, y da salud a quienes lo abrazan. Por lo tanto, si deseas guardar tu psique-alma, permanece en esta enseñanza sana. Así permanecerás en la salud espiritual. Y, cuanto más pasa el tiempo, al poner en práctica lo que has aprendido, te vas sanando más y más y haciendo la catarsis purificando tu psique-alma. Y no te ocupes de la pseudónima-falsa gnosis.
Había, por tanto, en aquellos tiempos, como siempre ha habido, errores en el mundo. Y muchas falsas enseñanzas circulaban desde siempre y también han existido desde los primeros tiempos del cristianismo y hasta el día de hoy. Muchos se desvían por esta pseudónima-falsa gnosis. Una supuesta gnosis oculta, secreta, que los hombres de la Iglesia han mantenido oculta, y que estos «grandes y supuestos importantes» la han guardado y pueden dárnosla… Todo esto es un engaño de satanás. No hay nada más que necesitemos saber para ser salvos, aparte de lo que el Señor nos ha apocaliptado-revelado. El Señor nos ha apocaliptado-revelado toda la verdad a través de los Santos Apóstoles, quienes fueron guiados a toda la verdad con la iluminación del Espíritu Santo en Pentecostés. Y esta verdad la tenemos en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa, la verdad sobre qué es Dios, qué es Cristo, qué es la Santa Trinidad, qué son los Santos Ángeles, qué es el hombre, qué es la vida futura, y también la verdad sobre cómo debemos vivir para llegar a la vida eterna, a la alegría y bienaventuranza eternas, a la unión con Dios, a la θέωσις (zéosis: divinización, glorificación, ver: https://www.logosortodoxo.com/la-zeosis/). Es decir, en nuestra Santa Iglesia Ortodoxa está la verdad sobre el dogma, sobre el carácter y la ética. No hay nada más que debamos aprender de otro lugar, como nos dicen los llamados gnósticos. Hoy en día existen varias sectas gnósticas de este tipo. La Nueva Acrópolis, por ejemplo. Hace unos años, estas sectas y religiones paralelas, como el masonismo, que sigue existiendo hasta el día de hoy, eran muy prominentes, así como diversas sociedades secretas que afirman darnos la gnosis (conocimiento) verdadera. Es una pseudónima-falsa gnosis. Es conocimiento con un nombre falso. No es conocimiento verdadero, no es el conocimiento-gnosis de la verdad, sino un conocimiento falso o pseudónima gnosis. Y de esta falsa gnosis debemos apartarnos. Como dice el Apóstol Pablo a su discípulo Timoteo, en su primera carta, en el primer capítulo, versículo diez.
Y un segundo texto que cita el Everghetinós en este capítulo, en este caso en el caso 18 del cuarto volumen, sobre el hecho de que debemos evitar la pseudónima-falsa gnosis y no asociarnos con herejes, y sobre cuál es la verdadera sofía-sabiduría, la sabiduría según Dios, es el texto del Abad Marcos. «La sabiduría de este mundo», dice el Abad Marcos, «es necedad delante de Dios». Como dijo el Apóstol Pablo en 1 Corintios, capítulo 3, versículo 19: «Porque la sabiduría-sofía de este mundo por muy brillante y alta que aparezca es necedad ante Dios, como dice la Escritura: “Dios es el que atrapa, zarandea y ridiculiza a los sabios en su astucia retórica”».
Ante Dios, nuestra sabiduría y nuestras filosofías son necedad. Porque la gnosis-conocimiento que tiene el hombre es ínfimo en comparación con la gnosis completa, la gnosis infinita que tiene Dios. «Por el contrario, la sabiduría que proviene de Dios es de arriba, del Padre de las Luces» (Sant 1,17), como dice el divino Santiago en su epístola universal, «y tiene como característica la humildad» [Everghetinós].
La falsa-pseudónima gnosis tiene como característica la arrogancia, el orgullo, la exaltación y la soberbia. Y esto lo vemos en todas las personas engañadas que se unen a estas sociedades secretas, como la masonería, etc., y creen que son algo especial, algo superior en relación con los demás seres humanos. Siempre en el error coexisten la soberbia, el orgullo y el egoísmo, mientras que en la verdad de Dios está la humildad. Así, una característica del verdadero hombre y de la verdadera gnosis-conocimiento es la humildad. La gnosis que viene de lo alto, el conocimiento de Dios, la verdadera gnosis, viene del Padre de las Luces y su prueba es la humildad. El verdadero gnóstico-conocedor, el que tiene verdadera gnosis-conocimiento, es humilde; mientras que el falso gnóstico-conocedor es orgulloso.
El Abad Marcos continúa y dice: «Aquellos que desean agradar a los hombres, los que buscan gustar a los hombres, han admitido en lugar de la Sofía-Sabiduría Divina la sabiduría humana». En el fondo de las personas que se adentran en diversas sectas gnósticas está el deseo de agradar a los hombres y no a Dios. Y así aceptan la llamada «sabiduría» humana —que es necedad, como hemos dicho— en lugar de la verdadera sabiduría, la Sofía-Sabiduría Divina. «Por causa de esta sabiduría humana, se jactan y se llenan de orgullo, habiendo engañado a muchos de los cristianos más simples. A estas personas, los simples, los convencieron de perder su tiempo en búsquedas filosóficas, basándose en palabras de sabiduría humana, en lugar de tratar de salvarse con los esfuerzos de la fe ortodoxa, la piedad y la oración» [Everghetinós].
No nos salva la gnosis intelectual (cerebral, encefálica), incluso cuando es verdadera. Conocer intelectualmente lo que dice Cristo, cuáles son los dogmas, lo que dice la Filocalía, los otros libros, los Santos Padres, no nos beneficia; lo que nos beneficia es el esfuerzo por la piedad. Es decir, el esfuerzo por poner en práctica lo que nos enseña el Evangelio, los Cánones Sagrados, los Santos Padres. Esto es lo que nos salva. Los hombres engañados con la falsa-pseudónima gnosis engañan y tratan de engañar también a los hombres sencillos, haciéndoles ocupar su tiempo en estas búsquedas filosóficas, en lugar de esforzarse por salvarse con los esfuerzos de la piedad y la oración. Y en esas logias masónicas dicen que hacen estudios filosóficos, trabajos, tienen talleres supuestamente filosóficos… Así engañan a los simples, que a menudo van allí no sabiendo que están entrando en una religión del diablo, sino en alguna organización benéfica de apoyo mutuo, y allí los hacen ocuparse con estas búsquedas filosóficas en lugar de intentar salvarse con los esfuerzos de la piedad y la oración. Esto lo acusa constantemente el Apóstol, llamándolo kenosis vaciamiento —la anulación de la Cruz. Por eso también se promueve en estos círculos el Ecumenismo, la herejía post-patrística, que predica una felicidad, una beatitud, una resurrección sin esfuerzo, sin cruz. La resurrección sin cruz es infundada, inexistente, no puede existir. El mismo Cristo pasó por la cruz para enseñarnos esta gran verdad, que, para resucitar, para ser divinizados, debemos ser crucificados, debemos morir respecto al viejo hombre, respecto a los πάθος pazos. Una predicación que anula la cruz y al Crucificado es una predicación demoníaca.
Por eso, todo este movimiento que se lleva a cabo… en la Metrópolis de Peristeri, por su obispo caído, también ocurrió en otras Metrópolis… de quitar la Cruz y al Crucificado del altar es muy sospechoso, diríamos… y todo menos ortodoxo. (El problema se ha solucionado sinódicamente haciéndoles volver a su sitio). Porque la Cruz y el Crucificado son el centro de nuestra fe, y todo gira alrededor de ese centro. Si no existiera la Cruz, no existiría la Resurrección. Y la Cruz no es algo que nos deprime, ni el Crucificado, porque es una Cruz vivificante que trae la vida. Es una Cruz que lleva a la Resurrección. Por eso, cuando celebramos la Pascua, tenemos esta oración: «Habiendo visto la Resurrección de Cristo», y allí decimos que con la cruz, el Señor destruyó la muerte. Por eso es gran alegría ver la cruz y al Crucificado, porque por Él fue abolida la muerte y encontramos la Resurrección, se nos regaló la Resurrección. Nosotros también podemos resucitar por medio del Señor Crucificado.
Cuando por lo tanto vaciamos, anulamos la Cruz, entonces estamos en el error, estamos en herejía, estamos lejos de Dios. Y este vaciamiento, la anulación de la Cruz, ocurre con la llamada falsa-pseudónima gnosis, con un supuesto conocimiento-gnosis específico, que es guardado por ciertos grupos, masones, etc., y a través de ellos el hombre puede » completarse, alcanzarse»… así lo dicen. Pero todo esto no salva. No salva el conocimiento-gnosis intelectual, como dijimos, sino el esfuerzo por la piedad y la oración, y en general con temor y temblor, el trabajo de la μετανοία metania por nuestra salvación.
«He aquí», dice el Abad Marcos, «lo que escribe al respecto el Apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios: “Porque Cristo no me mandó a bautizar, sino como apóstol me mandó a evangelizar la οικουμένη icumeni toda la tierra habitada y anunciar el mensaje alegre de la σωτηρία sotiría redención, sanación y salvación; y esto sin alardes literarios y logos retóricos de la sabiduría mundana, para que no se desvirtúe el valor divino y la fuerza salvífica de la cruz de Cristo”». No me envió, dice, Cristo a bautizar, sino a evangelizar, a predicar el Evangelio; no con sabiduría humana, con palabras, con términos filosóficos, con razonamientos elevados, con la exposición de reflexiones y profundas teologías, sino que me envió a evangelizar a través de la cruz cotidiana. Así como Cristo fue crucificado y nos redimió mediante Su cruz, también el Apóstol Pablo y cada santo se crucificaban cada día y predicaban no solo con sus palabras, sino sobre todo con su cruz diaria, con su sacrificio diario, con su muerte cotidiana. Como decía el Apóstol: “Cada día muero” (1Cor 1:17). Cada día muero por Cristo. Muero respecto al hombre viejo y a las pasiones y estoy dispuesto a dar incluso mi vida por el Evangelio. En otro lugar dice también: “Porque la locura o necedad de Dios es más sabia que la gnosis y sofía-sabiduría de los hombres; y la debilidad de Dios, la debilidad aparente del kerigma sobre el Crucificado, es más poderosa que los hombres más poderosos del mundo. Los sabios según el mundo, a causa de su egoísmo, cierran los ojos y los oídos físicos y espirituales a la sabiduría-sofía de Dios. Pues, mirad si no, hermanos, que vuestro grupo de llamados por Dios, no hay muchos sabios según el mundo, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, porque muchos de ellos no aceptaron ni obedecieron a la llamada divina; pero Dios eligió a los débiles, simples y humildes, a los que el mundo tiene por necios, para avergonzar y humillar a los sabios y a los poderosos del mundo; y lo vil, lo despreciable, lo que es nada, ha escogido Dios para anular y demostrar que no son nada ni nadie a los que el mundo considera que son potentes y grandes; para que nadie presuma delante de Dios, (ni tampoco los Cristianos, porque la salvación se debe a Dios y no a ellos)” (1Cor 1: 25-29) [Everghetinós].
Dios no se complace en los soberbios y arrogantes, sino en los humildes, en aquellos que se consideran a sí mismos necios, insensatos. Y así, a través de ellos avergüenza a los sabios, a aquellos que creen ser sabios. El Señor eligió a los débiles del mundo, a los que son enfermos, débiles y no fuertes según el mundo, para avergonzar a los que son llamados poderosos del mundo; y a los viles del mundo, no a los que se creen nobles, de alta alcurnia. También eligió Dios a los despreciados, a aquellos que no son nada, que son considerados nada frente a otros hombres. A esos eligió Dios. Y a los que no son y a lo inexistente, para anular a los que son, es decir, a aquellos que creen que son algo. Para que nadie se gloríe delante de Dios. Porque no somos nada delante de Dios. Y debemos ser siempre humildes. En esto precisamente se complace Dios: en la mentalidad y espíritu humildes.
Ya que, por lo tanto, Dios no busca las palabras de la sabiduría helena-griega, dice el Abad Marcos, la filosofía de los griegos, de los idólatras, sino que busca los trabajos de la oración y de la humildad, como se ha demostrado, también nosotros debemos abstenernos totalmente del conocimiento-gnosis falso, para no alejarnos peligrosamente de la esfera de la sabiduría de Dios. No podemos alcanzar la verdadera gnosis y la verdadera sabiduría si no trabajamos en la piedad, en la virtud, en la oración. Así que nuestra fe no es un asunto de estudios, de investigación académica, de trabajo de escritorio, sino que es una gnosis-conocimiento que Dios concede a los humildes que trabajan en sí mismos con oración, humildad y μετάνοια metania.
«He conocido», dice el Abad Marcos, «a hombres sencillos que con su humildad se mostraron más sabios que los sabios» [Everghetinós]. Y esto lo vemos también en nuestra época, donde nuestros grandes santos, la mayoría, como san Porfirio, san Paísio, san Jacobo, etc., no tenían gran formación y estudios según el mundo. Eran hombres sencillos, pero humildes. Tenían una gran humildad y por eso se mostraron más sabios que todos los sabios.
«Otro hombre sencillo que escuchó acerca del valor de la sencillez no la imitó con humildad, sino que se jactó de su sencillez, y cayó en el orgullo aborrecido por Dios» [Everghetinós]. Un hombre que es sencillo, iletrado, si no tiene cuidado y se enorgullece de su sencillez, cae en el orgullo aborrecido y odiado por Dios. Por lo tanto, también el sencillo necesita trabajar para permanecer sencillo y humilde, y aquel que tiene gnosis-conocimiento de la verdad, que conoce el Evangelio, debe esforzarse por aplicarla y no enorgullecerse por sus conocimientos-gnosis espirituales. Y así guardará la gnosis y entrará en la esfera de su catarsis, de su iluminación y de su θέωσις (zéosis: divinización, glorificación), de su salvación.
«Aquel que desprecia la prudencia», dice el Abad Marcos, «y se jacta de su ignorancia, no solo es ignorante según el logos y la palabra, sino también según la gnosis» [Everghetinós]. Porque hay también hombres iletrados que se glorían en su ignorancia. Y este, ciertamente, dice, es doblemente desdichado, tanto ignorante según el logos y palabra como según la gnosis de Dios. No ha avanzado en nada, ni en el conocimiento-gnosis mundano o intelectual de la verdad, ni en el conocimiento-gnosis experiencial que nace del esfuerzo por Dios.
«Así como una cosa es la sabiduría de logos y palabra y otra la prudencia, del mismo modo una cosa es la sencillez del logos (discurso) y otra la falta de prudencia y discernimiento» » [Everghetinós]. En nada perjudica la ignorancia de la palabra y del logos al hombre muy piadoso. Puede no tener conocimiento-gnosis mundano, como hemos dicho en otras ocasiones, sabiduría exterior, es decir, formación filosófica, educación secular (mundana), haber estudiado en universidades, etc. Eso no daña en absoluto al hombre, el ser ignorante respecto a estas cosas, al conocimiento-gnosis mundano, si es muy piadoso, si tiene devoción, si tiene temor de Dios y si es humilde. En nada le dañará la ignorancia mundana. Adquirirá la verdadera sofía-sabiduría, la sabiduría según Dios. Y esta es la verdadera sabiduría: conocer por experiencia y vida a Dios, de modo que luego Dios, que es su amigo, le apocalipte-revele la verdadera gnosis de las cosas.
«No digas: No sé lo que debo hacer y por eso no soy responsable si no cumplo lo que corresponde. Porque si cumplieras lo bueno que claramente ya conoces, entonces se te apocaliptarían-revelarían también los demás.» Esto es algo muy importante. Porque algunos dicen: “¿Qué debo hacer? No sé qué hacer espiritualmente…”. ¿Has puesto en práctica lo que ya sabes, lo que ya conoces? Escríbelos y ponlos en praxis, acción, hazlos realidad, y Dios te apocaliptará-revelará también lo demás, todo lo que necesitas hacer para salvarte. No digas, entonces, que no sabes y que, puesto que no sabes, estás justificado. Si hicieras lo que sabes, Dios te revelaría también lo que aún ignoras.
«La praxis, acción que todavía es desconocida se comprenderá a través de la conocida, de la misma manera que en las aldeas rurales, después de encontrar una casa, descubrimos la siguiente» [Everghetinós]. Es decir, si el hombre aplica en sí mismo lo que ya conoce en su esfuerzo espiritual, Dios le revelará-apocaliptará a su tiempo lo que aún no conoce. No te excuses, pues, en la ignorancia para no hacer nada. Haz lo que sabes, aunque sea poco y humilde, aquello que tu padre espiritual ya te ha indicado: tu modesto y cotidiano canon espiritual. Y Dios te revelará-apocaliptará también lo demás que necesitas para que te salves.
«No te conviene», continúa Abad Marcos, «conocer lo que sigue, antes de ejecutar con arduo esfuerzo lo que precede.» Es como en la escuela: no pasamos al curso siguiente si antes no aprendemos al menos lo básico del curso anterior. Del mismo modo, Dios no nos da la lección siguiente si antes no aprendemos la que ahora debemos aprender. «Porque la gnosis-conocimiento, cuando proviene de la ociosidad, infla al hombre de orgullo, mientras que la ἀγάπη (agapi: amor desinteresado, incondicional) edifica, soportándolo todo, como enseña también el apóstol que subió al cielo» [Everghetinós].
No busques, entonces, simplemente acumular gnosis-conocimientos, aunque sean espirituales, en tu mente o intelecto; procura más bien aplicar lo que sabes para adquirir la ἀγάπη agapi. La gnosis-conocimiento sin el trabajo espiritual correspondiente infla al hombre, lo hace orgulloso. En cambio, la agapi —es decir, la aplicación en la práctica de lo que hemos conocido sobre la fe, sobre Dios, sobre la vida ortodoxa que debemos llevar—, esa ἀγάπη agapi es la que edifica, la que nos ayuda a soportarlo todo y a beneficiarnos realmente a nosotros mismos y a los demás. Como dice el Apóstol: «La gnosis-conocimiento conocimiento hincha, pero la ἀγάπη agapi edifica» (1Cor 8:2). Simplemente acumular gnosis-conocimientos espirituales nos llena de jactancia, orgullo y soberbia. Aplicarlos mediante la ἀγάπη agapi es lo que edifica espiritualmente tanto a nosotros como a los demás.
«Un pecado refuerza a otro en la fuerza del mal», dice Abba Marcos, «de la misma manera que las obras buenas crecen unas con otras y ayudan a quien participa de ellas en su progreso y ascenso espiritual» [Everghetinós]. Es decir, los pecados se encadenan unos con otros como en una cadena, y cada uno refuerza al otro. Por el contrario, los bienes y las virtudes también se apoyan entre sí y ayudan al hombre que las cultiva en su ascenso y progreso espiritual. Una virtud favorece a otra virtud. Por eso, en el hombre que lucha espiritualmente vemos que, en cierto grado, tiene todas las virtudes. En cambio, el hombre negligente e indiferente puede tener un pazos (vicio, pasión) dominante, pero junto a él posee, en cierto grado, todos los demás pazos (vicios, pasiones).
«Sin el recuerdo constante de Dios es imposible la verdadera y genuina gnosis», dice otra vez Abad Marcos. Si no oramos continuamente, si no recordamos a Dios, no podemos tener el conocimiento-gnosis verdadero. Porque el conocimiento-gnosis auténtico es el que procede de Dios. ¿Y cómo lo tendremos, si no estamos en comunión con Él a través de la oración incesante? «La gnosis sin el recuerdo de Dios es ilegítimo» [Everghetinós)], es falso, adulterado, no es conocimiento verdadero. ¡Ved cómo se conecta el verdadero conocimiento-gnosis con la oración incesante! Cuando alguien ora sin cesar, vive en Dios, vive en la Jaris-Gracia divina, vive también el conocimiento-gnosis verdadero, que es Dios mismo, la fuente de la sofía-sabiduría. Por eso también el Hijo y Logos de Dios se llama Sofía-Sabiduría de Dios, y de ahí el templo de la Santa Sofía-Sabiduría en Constantinopla.
«Al que aún no se le ha ablandado el corazón con ἀγάπη agapi de Dios, le conviene y beneficia un logos de una gnosis más elevada y sutil. Porque este hombre no puede, sin temor, asumir los trabajos de la μετανοία metania» [Everghetinós]. Es necesario, pues, recordar constantemente a Dios para tener la genuina gnosis, el verdadero conocimiento, el conocimiento-gnosis de Dios, y no un conocimiento-gnosis adulterado. ¿Por qué cayeron los herejes en la herejía? Precisamente porque no oraban; tenían arrogancia, orgullo, y por tanto no tenían ni podían tener el verdadero conocimiento-gnosis de Dios. En cambio, los santos Padres portadores de Dios, los que llegaron a la zéosis, tenían oración incesante; sus corazones ardían continuamente por Dios y, en su interior, invocaban constantemente al Señor, y así nos transmitieron la gnosis verdadera y genuina de Dios. Por eso tenemos los Sínodos Ecuménicos, en los que participaron tales hombres divinizados, como san Atanasio el Grande, san Gregorio Palamás, san Gregorio el Teólogo, etc., quienes, mediante la oración incesante, alcanzaban la verdadera gnosis de Dios. Y por eso los Sínodos Ecuménicos son infalibles.
Sin este recuerdo constante de Dios no podemos tener la gnosis verdadera y genuina de Dios. Y cuando el hombre no ha amado a Dios, entonces —dice Abad Marcos— le beneficia un logos y palabra de un conocimiento-gnosis más elevado y sutil. Veamos cómo lo dice en el original: «A los de corazón duro les beneficia el logos y palabra de un conocimiento más sutil, porque fuera del temor no acepta los trabajos de la μετανοία metania» [Everghetinós]. Cuanto más duro de corazón es el hombre, tanto más necesita —dice Abba Marcos— de una gnosis más sutil, de manera que comience a aceptar los dolores de la metania. Temeroso, al recibir esta gnosis más fina sobre Dios, sobre la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios y sobre el infierno eterno, empieza a temer al infierno y comienza a trabajar en la μετανοία metania. Es necesario, pues, también el conocimiento-gnosis intelectual, pero debe convertirse en trampolín para la conversión, en motivo para que, temiendo el infierno eterno, el hombre comience a arrepentirse y a corregir su vida.
Y finalmente, «al hombre apacible, manso le corresponde la ocupación con los asuntos de la fe», dice el Abad Marcos, «porque el hombre apacible no molesta la magnanimidad de Dios y no es reprendido por su conciencia a causa de transgresiones continuas» [Everghetinós]. Para que alguien se ocupe de los temas de la fe, es decir, de los dogmas, necesita poseer esta gran virtud de la mansedumbre y apacibilidad. Este hombre no molesta la paciencia y magnanimidad de Dios y no es reprendido por su conciencia por continuas transgresiones. En cambio, el hombre turbulento, colérico e iracundo, no puede dedicarse a los dogmas, porque perderá continuamente su paz y después también será reprendido por su conciencia a causa de estas constantes transgresiones.
Vemos cuánto amaban los Santos al hereje; no amaban la herejía. Tenían dentro de sí esta mansedumbre de Dios, por eso amaban a cada hombre, a todo engañado y arrastrado por el diablo, pero no amaban el error ni la herejía. Por eso permanecían apacibles e impasibles frente a estas provocaciones de los hombres extraviados, frente a las diversas provocaciones de los engañados.
«De san Diádoco: Tanto la sabiduría como la gnosis, al igual que todos los demás dones divinos, provienen del mismo único Espíritu Santo. Sin embargo, cada uno de ellos es en cierto modo autónomo y tiene una energía distinta en la psique-alma. Por esta razón, a uno se le da sabiduría, a otro conocimiento, según la medida del don del mismo Espíritu Santo, tal como explica el divino Pablo»[Everghetinós], en la Primera a los Corintios, capítulo 12, versículos 4-11. «La gnosis, entonces, conecta y une al hombre con Dios por medio de la experiencia interior, sin mover al alma a la búsqueda de las causas de las diversas cosas ni dotarla con la fuerza expresiva del logos (discurso). De ahí que algunos de los filósofos del desierto, los ascetas, se iluminan con el resplandor de la gnosis divina, cuya energía increada sienten interiormente, sin ocuparse, sin embargo, de enseñanzas divinas y elevadas» [Everghetinós]. Por lo tanto, de una manera diríamos mística y vivencial, el hombre de Dios, como los ascetas del desierto, tenían esta gnosis divina, se iluminaban por el resplandor de esta gnosis divina, sin dedicarse a enseñanzas. No se les había dado tampoco el don de enseñar a los demás, sino que ellos mismos vivían de manera experiencial lo que es Dios, teniendo esta gnosis divina.
«El otro don del Espíritu Santo, la sofía-sabiduría, cuando se da a alguien junto con gnosis interior, aunque esto es raro, y va acompañado del temor de Dios, apocalipta-revela las energías (increadas) mismas de la gnosis (divina e increada), porque por naturaleza la gnosis, con la fuerza de la energía (increada), y la sabiduría, con la fuerza del logos, iluminan la psique-alma. La gnosis trae a la psique-alma la fuerza de la oración, mucha ἡσυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial) y la total despreocupación. La sofía-sabiduría, en cambio, la trae el estudio libre de vanagloria de los logos de Dios y sobre todo la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Él que otorga gratuitamente el don de Su sabiduría» [Everghetinós].
Un hombre que estudia sin vanagloria, eso es muy importante. Porque existen también hombres que estudian el logos de Dios con vanidad. ¿Qué significa esto? Lo estudian con el propósito de después tener algo que decir a los demás, de hacer de maestros. Alimentan esta pasión llamada vanagloria, el querer agradar a los hombres; el intento de impresionar a los demás con nuestros conocimientos espirituales, con los bonitos logos y bellas palabras piadosas. Este hombre no alcanza la verdadera sofía-sabiduría de Dios. El hombre que estudia el logos de Dios sin vanagloria, sin la intención de después hacerse el sabio usando lo que lee, ese hombre alcanza la verdadera sofía-sabiduría de Dios, la auténtica sabiduría que Dios concede, la cual Él regala a los humildes. La sofía-sabiduría es un don o carisma, la sabiduría espiritual. Y el hombre que llega a conocer quién es Dios no es simplemente aquel que estudia el logos de Dios, sino el que ora, es humilde, guarda la hisijía (serenidad mental y paz cordial) y quietud y practica la total despreocupación, como dice san Diádoco de Fótica. Cuando el hombre tiene estas virtudes, guarda silencio, ora y permanece libre de preocupaciones, llega a la gnosis de Dios. (ver: https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-i/filocalia-tomo-1-san-diadoco-de-fotica-100-capitulos-gnosticos-10-condiciones-para-la-zeosis/)
«El logos espiritual», continúa, «protege a la psique-alma de la pasión de la vanagloria, porque enriquece todos sus miembros con el sentido interior de la Luz divina e increada y la hace tan dichosa que ya no necesita el honor de los hombres» [Everghetinós]. Cuando estudiamos el logos de Dios y profundizamos en él, entonces nos protegemos de la pasión de la vanidad, porque tenemos un sentido y percepción interior de Dios, de la Luz divina e increada, y el hombre se vuelve tan feliz, tan lleno, tan completo, que ya no busca el reconocimiento ni el honor ni el consuelo humano. Así como un hombre que no tiene este consuelo divino al estudiar el logos de Dios, luego buscará los “bravos” y los “muy bien” y el reconocimiento y el afecto de los hombres. Honra la gloria del mundo. El logos espiritual protege la psique-alma de esta pasión y llena al hombre con este consuelo divino y no busca ya el honor de los hombres.
«A causa de esta luz interior, el logos espiritual guarda siempre también la mente (o el intelecto) de los peligrosos engaños de la imaginación, la fantasía porque la transforma de modo que esté continuamente orientada hacia la agapi-amor de Dios. En cambio, el logos que se apoya en la sabiduría mundana provoca al hombre a amar siempre la vana gloria de este mundo presente, porque concede a sus admiradores la amistad de los elogios, ya que no tiene el poder de beneficiar a la psique-alma con la experiencia interior de la vivencia mística divina, puesto que es creación de hombres vanidosos» [Everghetinós]. ¡Así de sutiles, hermosas enseñanzas y discernimientos finos hace el Santo! Cuáles son los frutos del logos espiritual, del logos de Dios, en la psique-alma, y cuáles son los resultados del logos mundano, que se apoya en la sabiduría mundana y humana. Este logos mundano, humano, hace que el hombre busque la gloria de los hombres, porque está hecha por hombres vanidosos; formado así, compuesto por personas que quieren agradar al mundo presente, al siglo presente, el engañoso. Y así también el hombre que estudia este logos mundano adquiere también el deseo de los elogios de los hombres. Es aquello que dice el proverbio: «Lo semejante siempre se acerca a lo semejante». El semejante se asocia con su semejante. Si te asocias con hombres vanidosos o estudias sus libros, sus escritos, también tú acabas siendo vanidoso, complaciente con los hombres, y adquieres también el deseo de agradar. Porque este logos, el mundano, aunque parezca espiritual, es producto de hombres vanidosos y no de hombres que tienen activo dentro de sí el Espíritu Santo; este logos no otorga consuelo a la psique-alma, esta percepción, sentimiento y sensación interior de Dios, y por tanto el hombre queda vacío. Puede que lea obras teológicas, estudios, etc., pero son vacíos de χάρις (jaris: gracia, energía divina increada), no tienen jaris-gracia de Dios, y el hombre, queriendo llenar su vacío, busca la gloria de los hombres.
«Discerniremos, pues, con certeza la presencia mística del logos divino en nuestra psique-alma, si dedicamos el tiempo de las discusiones filosóficas a la ardiente memoria de Dios mediante el silencio, libre de toda preocupación y pensamiento mundano» [Everghetinós]. ¿Quieres, entonces —dice san Diádoco— ver si dentro de ti existe realmente la búsqueda de Dios, de la doxa-gloria increada de Dios y de Su presencia? Lo comprobarás si, en lugar de gastar tu tiempo en discusiones filosóficas, lo dedicas a la ardiente memoria de Dios, a la oración incesante, en silencio, sin tener ninguna preocupación ni pensamiento mundano. Y esto nos recuerda también la enseñanza semejante de san Gregorio el Teólogo, quien dice que «lo divino se vive en el silencio». Lo divino, es decir, Dios, se experimenta en el silencio, en la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial), quietud y tranquilidad exterior. Allí el hombre puede encontrar a Dios con la oración ferviente, y no con discusiones filosóficas ni con estudios vanos de libros y escritos —diríamos— vanidosos, escritos por hombres que buscan agradar a los demás.
«Del Abba Isaac: Cuídate —dice Abad Isaac— de no leer los dogmas de los herejes, porque esto incita al espíritu de blasfemia a molestarte» [Everghetinós]. Aquí el Abad Isaac nos dice algo muy importante sobre la causa de los pensamientos blasfemos, que son muy dolorosos, y muchas personas que no saben que proceden directamente del diablo, se atormentan, se horrorizan y hasta tiemblan de confesarlos, cuando en realidad no son pecado propio. ¿Qué dice aquí el Abad Marcos? Estos pensamientos de blasfemia pueden provenir del espíritu maligno precisamente porque lees libros heréticos, lo cual revela soberbia, orgullo y arrogancia. Y después, claro, el diablo te trae también estos pensamientos blasfemos. Así, el espíritu de blasfemia se siente provocado a molestarte cuando te ve leyendo libros de herejes.
«El verdaderamente sensato y prudente es aquel que comprendió bien que hay un fin de la vida presente, y se apresura también él a poner fin a sus errores y defectos» [Everghetinós]. ¡Maravilloso! Este es el sentido de la vida. ¿Quién comprendió el sentido de la vida? Aquel que entendió que la vida tiene un fin, tiene término. Y decide también poner fin a sus defectos, a sus errores. Es decir, se arrepiente, vuelve a la metania. Decía san Paísios que, si alguien fuera a leer a Abad Isaac en un hospital psiquiátrico, ¡se vaciaría el hospital! Porque la gente captaría el sentido de la vida. Y el sentido de la vida es la μετάνοια metania, arrepentimiento y confesión. Comprender que la vida se acaba, tiene un final, no es infinita. Solo entonces se hará eterna, y por lo tanto, también nosotros debemos poner fin a nuestros errores, a nuestros pecados.
«Porque, ¿qué gnosis o prudencia es mayor que ésta?», dice Abad Isaac. «Es decir, que alguien se haga sabio para salir de la vida presente hacia la eternidad sin haber sido corrompido por el pecado, sin que ninguno de sus miembros haya sido manchado por el olor de los deseos de este mundo y sin que su psique-alma haya sido contaminada por la dulzura aparente y externa de éste» [Everghetinós]. ¿Quién, pues, ha comprendido el sentido de la vida? Aquel que lucha por su catarsis salir limpio, purísimo, sin que su psique-alma quede dañada por el pecado ni cargada con las inmundicias de los malos deseos, pensamientos y praxis (actos).
«El hombre que ha refinado sus pensamientos —dice el Abad Isaac— y ha conseguido comprender todos los misterios de la naturaleza, ha alcanzado muchos inventos y ha interpretado con éxito diversos fenómenos, si sigue teniendo su psique-alma cubierta por la suciedad del pecado y su conciencia no le ha testificado de algún bien, ese hombre busca alcanzar la perfección mediante sus gnosis-conocimientos y con la esperanza puesta en el mundo. Este es, de todos, el más insensato, porque nunca ha gustado ni espera los bienes futuros. Solo entre los suyos puede ser considerado prudente» [Everghetinós]. Es decir, entre otros semejantes a él, que se apoyan en el conocimiento-gnosis mundano, en sus inventos. Así como hoy los hombres se glorían en su tecnología, en sus robots, en sus ciencias y conocimientos-gnosis mundanos, pero carecen de la gnosis divina, del conocimiento de Dios, de la experiencia de lo divino. Este hombre, dice el Abad Isaac, es el más engañado, el más desdichado, el más infeliz de los hombres. Y nada prudente. Solo es llamado prudente por sus semejantes, aquellos que también ponen toda su esperanza en este mundo, en esta vida, y se glorían en sus obras. Se auto-elogian, se autoglorifican y buscan esa gloria también de los demás, pero ignoran a Dios.
«Pregunta de Abba Isaac: ¿Quién es aquel que ha sido iluminado en sus pensamientos y en sus propósitos?» Y responde: «El que descubrió la amargura que se esconde en la dulzura del mundo y cerró su boca para no beber de esta copa. El que cuida siempre de la salvación de su alma y no detiene su camino de ascesis (práctica espiritual) y de virtud hasta que parta de este mundo. Y, finalmente, el que cierra las puertas de sus sentidos para que por ellas nunca entre el deseo de la vida presente y robe sus tesoros» [Everghetinós]. Este es el hombre que ha sido iluminado en sus pensamientos y propósitos: el que entendió cuán amargo es el mundo y cómo esconde esta amargura en su aparente dulzura. El que se impidió a sí mismo beber de esta copa del mundo. El que se ha muerto para el mundo y para los deseos mundanos: este es el verdaderamente iluminado en sus pensamientos y propósitos. El que cuida de la salvación de su psique-alma y no detiene la ascesis y la virtud hasta su salida de este mundo. Porque uno puede empezar bien y quedarse a mitad de camino, o incluso poco antes del final abandonar la ascesis según Dios y el camino espiritual. Bienaventurado y verdaderamente iluminado es aquel que persevera hasta la muerte en la ascesis y la lucha. Y también el que cierra las puertas de sus sentidos, para que no entre por ellas el deseo de esta vida presente, el amor a esta vida, y robe sus tesoros espirituales. Este hombre posee la verdadera gnosis-conocimiento de Dios, la verdadera iluminación en sus pensamientos y en sus propósitos.
Y un último texto de san Efrén, para concluir también la enseñanza de hoy: «Hermano mío, la sofía-sabiduría no se encuentra en muchos conocimientos ni en muchas letras, sino como dice la Sagrada Escritura: principio de la sabiduría es el temor de Dios, y consejo de santos es prudencia, y conocer la ley es de mente buena o intelecto bueno» [Prov 9,10]. Este es el principio de la verdadera sofía-sabiduría: el temor de Dios. Cuando uno comienza a temer, es decir, a respetar a Dios y a aplicar y guardar Su voluntad, entonces comienza a hacerse realmente sabio, verdaderamente gnóstico-conocedor. «Principio de la sabiduría es el temor de Dios, y consejo de santos, prudencia, y conocer la ley es de mente buena o intelecto bueno» [Everghetinós]. Entonces el hombre adquiere una mente recta, un intelecto recto, un pensamiento recto, una espíritu-nus recto, cuando conoce la ley de Dios, no simplemente de modo intelectual, leyendo, sino de modo experiencial, aplicando en su vida el logos de Dios. Y este hombre se hace verdaderamente prudente, como lo fueron los Santos, porque precisamente lucharon en la devoción, en la μετάνοια metania, santificaron su ser, y así sus decisiones, sus propósitos, sus pensamientos, todo fue prudente según Dios, sabio según Dios. Es correcto esto, es decir, que la sofía-sabiduría no está en muchas gnosis-conocimientos, en muchas letras, sino en mucha oración, en mucha lucha espiritual, en la aplicación fiel de los mandamientos (logos, principios espirituales) de Dios. «Es correcto esto», dice san Efrén, «porque la fe en Dios engendra mente buena o intelecto bueno. Y la mente buena es un río de agua viva, y quien la adquiere se llenará de sus aguas benéficas y vivificantes. No puede existir verdadera sofía-sabiduría ni prudencia allí donde no hay temor de Dios; porque la riqueza de la sofía-sabiduría es respetar al Señor, a quien pertenece siempre la gloria. Amén» [Everghetinós].
A nuestro Dios sea siempre la gloria, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Ἱερομ. Σάββα Ἁγιορείτου
https://hristospanagia3.blogspot.com/2025/09/blog-post_618.html#more Ὁμιλία στίς 13-09-2025.
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/







