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Oct 13 2025

La kakodoxía, herejía protestante sobre el “Arrebatamiento de la Iglesia”

La kakodoxía, herejía protestante sobre el “Arrebatamiento de la Iglesia”

SANTA METRÓPOLIS DEL PIREO

Oficina para las Herejías y las Pararreligiones. En el Pireo, 29/9/ 2025

Un rasgo fundamental de los herejes, en todas las épocas, es la violencia psicológica, la coacción espiritual y la difusión del miedo entre sus seguidores, con el fin de mantenerlos firmes dentro de sus grupos. Los heresiarcas (jefes de las herejías), tergiversando y falsificando las Sagradas Escrituras, formulan sus propias enseñanzas arbitrarias kakodoxas, presentándolas como supuestas “revelaciones divinas”, y atemorizan a sus fieles, centrando su predicación principalmente en la escatología, es decir, en los acontecimientos del fin del mundo, los cuales exageran de manera extrema.

Una de estas doctrinas kakodoxas, coercitivas y heréticas, de gran difusión, es la llamada “Arrebatamiento de la Iglesia”, en la que se malinterpretan los textos sagrados con explicaciones ingenuas e infantiles.

El motivo de este comunicado fue una noticia reciente según la cual un pastor protestante – falso profeta, de nombre Joshua Mhlakela, “anunció con tono de certeza que conoce la fecha exacta de la Segunda Venida de Cristo. No, no se trata de una broma ni del guion de una película de ciencia ficción. Dicho ‘profeta’ nos informa que los días 23 y 24 de septiembre de 2025, con el calendario y el reloj en la mano, Cristo regresará para el arrebatamiento de la Iglesia” (https://www.entaksis.gr/joshua-mhlakela/). Y, para hacerse creer, afirmó que esto le fue revelado por el mismo Cristo: “El arrebatamiento está sobre nosotros, estén listos o no. Vi a Jesús sentado en su trono y lo oí, fuerte y claro, decir: «vengo pronto»”, dijo Mhlakela durante una entrevista en CettwinzTV. “Me dijo: el 23 y 24 de septiembre de 2025 volveré a la Tierra”. Por supuesto, el “arrebatamiento” no ocurrió, demostrando que dicho hereje era un falso profeta.

Y no es el único falso profeta en nuestros tiempos turbulentos de confusión espiritual sin precedentes, la cual es aprovechada por varios “profesionales de la religión”, casi siempre para su propio beneficio.

Pero veamos qué es exactamente esta doctrina herética del “Arrebatamiento de la Iglesia” ampliamente difundida que, además de manipular a los fieles de los grupos que la enseñan, plantea serios problemas soteriológicos (relacionados con la salvación).

Como nos informa el investigador y escritor antiherético Pbro. Estéfanos Stefópulos, esta doctrina herética kakodoxa no es tan antigua como se piensa. En realidad, sus raíces se hallan en el siglo XIX, y su “padre” fue un misionero inglés llamado John Nelson Darby[3].

El padre Stefópulos explica: “John Nelson Darby (1800–1882), uno de los fundadores del movimiento de los Hermanos de Plymouth (Plymouth Brethren), fue el principal arquitecto de esta doctrina o dogma. Desilusionado con la jerarquía eclesiástica de su tiempo, desarrolló una teología conocida como Dispensacionalismo o Economismo (Dispensationalism).

El movimiento de los Hermanos se basaba en un fundamento teológico específico: reconocen como única fuente de fe y vida la Sagrada Escritura, que consideran inspirada literalmente por Dios, es decir, creen que los autores bíblicos escribieron exactamente lo que Dios les dictó. Rechazan toda forma de organización eclesiástica, jerarquía o sacerdocio especial, considerando la Iglesia como un cuerpo “invisible” compuesto por los creyentes “renacidos”. Para ellos, la salvación es fruto de la gracia de Dios y de la fe en Cristo como Salvador, y una vez que alguien es salvo, no puede perder su salvación. Además, distinguen entre la Iglesia (el “pueblo celestial de Dios”) y el Israel (el “pueblo terrenal de Dios”), distinción que constituye la base de su enseñanza milenarista y de los testigos de Jehová, sobre la escatología y el “Arrebatamiento”»[4].

Esta teoría herética, añade el Pbro. Stefópulos, provocó serias disputas entre las confesiones protestantes: algunas la rechazaron, pero muchas la adoptaron. Entre los que la aceptaron incluso llegaron a fijar fechas para el supuesto “arrebatamiento”, el cual, por supuesto, nunca ocurrió.

Sobre esto escribió el Pbro. Basilio Georgópulos, Profesor Asociado de la Facultad de Teología de la Universidad Aristóteles de Tesalónica: “Un rasgo fundamental de muchos grupos heréticos es la presencia, en su enseñanza, de dilemas psicológicos coercitivos, los cuales presentan como enseñanzas bíblicas, ejerciendo así una forma de terror espiritual sobre sus desafortunadas víctimas. En esta categoría se incluyen, naturalmente, los Pentecostales. El hecho psicológico más coercitivo y, al mismo tiempo, la enseñanza fundamental de toda denominación pentecostal, es la llamada doctrina del ‘Arrebatamiento de la Iglesia’. ¿Qué entienden los Pentecostales por el arrebatamiento de la Iglesia?

Según sus afirmaciones: “El mismo Jesús Cristo descenderá del cielo, se oirá la voz del arcángel y la trompeta de Dios sonará con la “última trompeta”; todos los que murieron en Cristo resucitarán, y nosotros, los que estemos vivos en ese momento, seremos arrebatados para encontrarnos con el Señor. Este encuentro ocurrirá en el aire. El Señor descenderá antes de la gran destrucción del mundo para reunir a los fieles cristianos y librarlos de esa gran tribulación’”[5].  (Ver: L. Fénggos, Nosotros esperamos “la bienaventurada esperanza”, el arrebatamiento de la Iglesia, en Cristianismo, n.º 77, marzo de 1991, p. 1. Cf. Cristianismo, n.º 12, diciembre de 1986, p. 4; Cristianismo, n.º 32, agosto de 1988, p. 1; Cristianismo, n.º 68, noviembre de 1990, p. 1; Cristianismo, n.º 207, febrero de 2001, p. 1; Álk. Tzelépes, Conflictos bélicos de los tiempos finales, pp. 240-241).

Y, por supuesto, como aclara el Pbro. Georgópulos, según los Pentecostales, los que serán arrebatados serán ellos mismos, ya que “han sido bautizados con el Espíritu Santo y glosolaliá hablan en lenguas”. ¡Ellos disfrutarán del cielo, mientras los demás sufrirán los tormentos del Anticristo! En otras palabras, ¡el “cristianismo cómodo” que practican les promete incluso bienestar y comodidades también durante la gran tribulación!

Pero, como mencionamos anteriormente, esta doctrina herética constituye una grave distorsión de las referencias de la Sagrada Escritura sobre los acontecimientos que habrán de suceder en los últimos tiempos; un error completamente desconocido en la enseñanza y tradición de la Iglesia, el cual conlleva serias consecuencias para nuestra adecuada preparación espiritual.

Sobre este tema, el padre Stéfanos Stefópoulos señala: «El “rapto secreto” que enseñaba Darby no tiene precedente alguno en la historia del cristianismo. Los Santos Padres enseñan que la Iglesia pasará por pruebas antes de la Segunda Παρουσία (Parusía: Venida), y no que será retirada para evitar el sufrimiento, como proponía Darby. A diferencia de los guiones hollywoodenses del Dispensacionalismo, que reciclan la misma ficción de “raptos secretos” y “múltiples venidas”, la Iglesia Ortodoxa insiste en un desenlace más realista y mucho menos teatral, basado en la enseñanza ininterrumpida de las Escrituras. La Sagrada Escritura es clara y rechaza la fragmentación teatral de los acontecimientos de los últimos tiempos. La teología ortodoxa, fundada en la interpretación de los Padres de la Iglesia, sostiene que la Segunda Parusía Venida de Cristo, la resurrección de los muertos y el “rapto” de la Iglesia constituyen un solo y único acontecimiento. No existen “raptos” intermedios antes de la Gran Tribulación. Como se menciona en Mateo 24:30-31, Cristo aparecerá con doxa-gloria increada, y Sus ángeles, “con gran sonido de trompeta”, reunirán a Sus elegidos de los cuatro puntos de la tierra. Esa trompeta es la “última trompeta” (1 Corintios 15:52), cuyo sonido señalará simultáneamente la resurrección de los muertos y la transformación de los fieles vivos. Como subraya el apóstol Pablo en 1 Tesalonicenses 4:17: “Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire”. Este rapto no es un acontecimiento secreto, sino que ocurre al mismo tiempo que el regreso glorioso y visible del Señor.

Además, el apóstol Pedro afirma explícitamente en Hechos 3:21 que Cristo “debe permanecer en el cielo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas”. Esto significa que Cristo permanecerá en el cielo hasta que todo se cumpla, sin “visitas secretas” intermedias ni subidas y bajadas. Así pues, mientras algunos oscurecen el logos de Dios para adaptarlo a un cronograma imaginario, la Ortodoxia subraya la unidad de los acontecimientos escatológicos. Una sola trompeta, una sola resurrección, un solo rapto y un solo juicio: no pueden dividirse en episodios separados, porque al hacerlo se distorsiona completamente la verdad del Evangelio».

Por todo lo anterior, es necesario señalar que, como fieles ortodoxos, debemos aceptar todo lo que enseña nuestra Iglesia, guiada por el Espíritu Santo “hacia toda la verdad” (Juan 16,13), ya que esta aceptación constituye una condición indispensable para nuestra salvación.

Toda desviación del conjunto de las verdades divinas conduce al error, que son “semillas del diablo”, y por lo tanto llevan a la pérdida de la salvación.

En este sentido, la herejía del “rapto” es una invención protestante reciente, una kakodoxía, una nueva desviación doctrinal que, como ya mencionamos, actúa como un poderoso mecanismo de presión psicológica para mantener a los adeptos dentro de tales grupos. Es bien conocida también otra forma de intensa manipulación psicológica proveniente del grupo protestante extremo “La Atalaya” de los “Testigos de Jehová”, que con frecuencia fija arbitrariamente fechas para el “Armagedón”, esa “terrible matanza” de la cual —según ellos— solo se “salvarán” los miembros de su organización. Y, por supuesto, esta organización se ha visto repetidamente desmentida, ya que en realidad no es más que una empresa editorial multinacional, demostrada como falso profeta y no como un “canal de la voluntad divina”, tal como pretende, imponiéndose a sus seguidores y convirtiéndolos en promotores voluntarios de sus productos editoriales y en clientes permanentes de los mismos.

Algo similar ocurre con los grupos protestantes que aceptan el error del “rapto”, especialmente con los pentecostales, quienes también se han demostrado falsos profetas, pues sus “profecías” nunca se cumplieron.

Para la historia, recordemos las decenas de sus “profecías” durante la década de 1990, cuando fijaban la fecha de su “rapto”, la “venida del Anticristo” y el “fin del mundo”, acontecimientos que, por supuesto, nunca sucedieron.

Todo ello demuestra que sus “profetas” no estaban inspirados por el Espíritu Santo, que otorga verdaderas profecías (Hechos 1,16; 21,11), sino por otro espíritu, evidentemente no divino, que inspira falsedades.

El apóstol Pedro llama a la falsa profecía “disonancia de profeta” y describe a los falsos profetas “son secos como fuentes sin agua, nubes azotadas por el viento, a quienes les aguardan densas tinieblas eternas del Hades. Porque estos con sus discursos pomposos, falsos y vacíos, despiertan los deseos carnales y el desenfreno de aquellos que apenas habían logrado escapar de los que viven en el error y en el engaño del pecado” (2 Pedro 2,16-18).

Concluyendo nuestra declaración, subrayamos que nos corresponde cerrar herméticamente los oídos a toda enseñanza errónea y, en este caso, a la falsa enseñanza del “rapto”, y prepararnos espiritualmente, estando siempre listos para nuestro “fin personal”, es decir, nuestra dormición en Cristo. Ese momento determinará nuestro destino en la eternidad.

Respecto a nuestro “fin personal”, el Señor nos exhortó a estar preparados, como las vírgenes prudentes (Mateo 25,1-13), diciéndonos: “Estén ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras lámparas” (Lucas 12,35), y “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir” (Mateo 25,13).

También el apóstol Pablo nos recuerda: “La noche está avanzada y el día se acerca. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13,12). Llama “noche” a la vida pecaminosa y desenfrenada, y “día” al “tiempo favorable” (2 Corintios 6,2), el tiempo de la salvación en Cristo.

Asimismo, al hablar de los últimos tiempos y del “pasar de la figura de este mundo” (1 Corintios 7,31), no los considera un acontecimiento terrorífico, como hacen los herejes, sino una “bienaventurada esperanza”, esperando “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesús Cristo” (Tito 2,13).

Por tanto, no debemos esperar los últimos tiempos con miedo o terror, por difíciles que sean, sino con firme fe en nuestro Redentor Cristo, el vencedor del diablo, del mundo del pecado, de la corrupción y de la muerte, que nos dijo: “¡Tened valor! Yo he vencido al mundo” (Juan 16,33). Debemos esperar los últimos tiempos con la misma expectación de los primeros cristianos, quienes oraban constantemente diciendo: “Marán athá” (1 Corintios 16,22), que significa “el Señor está cerca” y “Ven, Señor Jesús”, y Él responde a los corazones que lo anhelan: “Sí, vengo pronto” (Apocalipsis 22,20).

Frente al terror que siembran los herejes respecto a los últimos tiempos, el elevado autor del libro del Apocalipsis, el evangelista Juan, opone la alegría y la esperanza: “7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero [Cristo, el novio celeste], y su esposa [la novia espiritual, la Iglesia] está ya preparada y dispuesta.

8 Y a ella se le ha otorgado que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino son las virtudes y las obras de los santos [las cuales constituyen el ornamento resplandeciente de la Iglesia triunfante en los cielos] (Apocalipsis 19,7-8).

SANTA METRÓPOLIS DEL PIREO- Del Departamento de Herejías y Movimientos Pararreligiosos

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

 

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