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May 27 2024

Filocalía, tomo 2 San Máximo el Confesor, Sexta centuria Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad

 Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Β΄ 

Άγιος Μάξιμος ο Ομολογητής, Έκτη εκατοντάδα

Διάφορα κεφάλαια περί θεολογίας, οικονομίας, αρετής και κακίας

Filocalía de los Santos Nípticos, tomo II

San Máximo el Confesor

Varios capítulos sobre teología, economía, virtud y maldad

Sexta centuria

  1. La fuerza noerá (espiritual e intelectual o mental) de la psique-alma es inventiva. Cuando esta se separa de su relación con la percepción sensible, priva al cuerpo o carne del cuidado de procurarle placer, como hacía en su relación voluntaria, y no quiere consolar el sufrimiento del cuerpo debido a la total y continua dedicación de su pensamiento a las opiniones divinas y a los conceptos de las realidades divinas.
  2. El νούς nus (espíritu de la psique) y la percepción sensible tienen energías naturales opuestas, porque sus objetos tienen diferencias y heterogeneidades extremas entre sí. El nus (corazón psicosomático espiritual de la psique)) tiene como objetos las existencias espirituales e incorpóreas, que percibe naturalmente en su esencia, mientras que la percepción sensible o sentido tiene como objetos las naturalezas sensibles y corpóreas, que también percibe y comprende por naturaleza con la mente; (percibe las espirituales con el nus y físicas con la mente, es importante este discernimiento)
  3. El rechazo de las energías naturales de la psique-alma se convierte en el inicio del placer de la percepción sensible. Porque cuando la psique-alma se ocupa de los bienes que corresponden a su naturaleza, no tiene la fuerza que busca el placer del sentido o percepción sensible.
  4. Cuando, en la contemplación de los objetos visibles, lo lógico de la psique procede por delante de la percepción sensible, entonces el cuerpo, carne se priva de todo el placer que le es natural, porque no tiene el deseo desenfrenado y liberado de los frenos lógicos al servicio de los placeres. Por eso, necesariamente, cuando prevalece lo lógico o lógica en nosotros, sufre el cuerpo que se ha subordinado a la lógica por la virtud.
  5. Cuando el nus (espíritu de la psique) cree que la percepción sensible es su propia fuerza por naturaleza, entonces, enredado con las formas externas de las cosas sensibles, inventa los placeres carnales, ya que no puede superar la naturaleza de las cosas visibles, porque ha quedado atrapado en una relación pasional con la percepción sensible o sentido.
  6. No es posible que el nus (espíritu de la psique) con la mente alcance sus realidades espirituales inteligibles afines sin la contemplación de los objetos sensibles intermedios. Sin embargo, esta contemplación es completamente imposible sin la percepción sensible que coexiste con el nus (espíritu de la psique) y naturalmente se relaciona y es pariente con los objetos sensibles. Ahora bien, si el nus, al observar los objetos visibles, se queda en sus formas externas, creyendo que la percepción sensible que coexiste con ella es su energía natural; y así fácilmente cae dejando de lado las realidades espirituales inteligibles por naturaleza y abraza con ambas manos, -por así decirlo-, los cuerpos contrarios a su naturaleza. Mientras está dominada por estos cuerpos contrarios a la lógica, debido a su derrota por la percepción sensible de ellos, se convierte en fuente de λύπη lipi (tristeza, pena y sufrimiento) para la psique-alma al recibir continuas flagelaciones de la conciencia, y se convierte claramente en creadora del placer de la percepción sensible, engrosándose con las invenciones de maneras de atender al cuerpo. Pero si, al observar los objetos visibles, rompe inmediatamente su superficie sensible y ve los principios o logos espirituales de los seres, libres de las formas que los cubren, entonces causa el placer de la psique-alma que no ha sido atrapada por ningún objeto sensible en la contemplación, mientras que en la percepción sensible crea tristeza porque la ha privado de todos los objetos sensibles que están acordes con su naturaleza.
  7. Debido a que la tristeza de la psique-alma, es decir, el sufrimiento o dolor -porque ambos son lo mismo- es causada por el placer de la percepción sensible, mientras que la tristeza de la percepción sensible, es decir, el dolor o sufrimiento, lo crea por naturaleza el placer de la psique-alma, lógicamente, quien desea con esperanza la vida de nuestro Dios y Salvador Jesús Cristo, que se guarda en los cielos para ser dada a través de la resurrección de los muertos como herencia incorruptible, inmaculada e inmarchitable (1Pedro 1, 4), tiene gozo en su psique-alma y una alegría inexpresable y se regocija y deleita sin cesar con la esperanza de los bienes futuros, mientras que en la carne y la percepción sensible tiene tristeza, es decir, los dolores y sufrimientos que le causan las diversas tentaciones. Porque cada virtud la acompañan el placer y el dolor. Dolor en la carne, porque se priva de la percepción suave y amigable. Placer en la psique-alma, porque disfruta de los principios o logos espirituales libres de todo sensible.
  8. En la vida presente -esto significa el «tiempo presente»-, el νούς nus (espíritu de la psique) que sufre carnalmente debido a los muchos dolores que le causan las tentaciones enviadas por el bien de la virtud, debe siempre tener gozo y alegría en la psique-alma y complacerse con la esperanza de los bienes eternos, aunque sufra la percepción sensible. Porque, dice el divino Apóstol Pablo: “Pienso y estimo que los padecimientos de la vida presente no se pueden comparar con la doxa-gloria luz increada que ha de apocaliptarse-revelarse y darse en nosotros” (Rom 8,18).
  9. La carne pertenece a la psique-alma, y no la psique-alma a la carne; porque lo peor pertenece a lo mejor, y no lo mejor a lo peor. Debido a la transgresión de Adán, se mezcló con la carne la ley del pecado, que es el placer de la percepción sensible, la cual siguió como consecuencia la muerte de la carne con dolores, que se han inventado para la abolición de la ley de la carne. Por eso, quien comprende que la muerte intervino para el pecado y su abolición, tiene siempre alegría en su psique-alma, porque ve que la ley del pecado se desvanece de su carne con los diversos dolores, para poder recibir la futura vida espiritual, feliz y bienaventurada. Esta vida bienaventurada y feliz nunca se puede alcanzar si antes, en la vida presente, uno no vacía, como de un recipiente, la ley del pecado de la carne en su relación voluntaria con ella.
  10. Aquel que sufre en la carne debido a los dolores por la virtud, se regocija y se alegra al mismo tiempo espiritualmente por esa virtud, porque ve la belleza de las realidades venideras como si estuvieran presentes. Por esta razón, como dice el gran David, con la mortificación voluntaria de la carne, muere cada día (Salmo 44, 23) aquel que se renueva continuamente con el cultivo de la psique-alma por el Espíritu Santo, porque también el placer que experimenta es salvación, y el dolor o sufrimiento beneficioso. Y por tristeza, dolor o sufrimiento no me refiero al irracional que tortura la psique-alma de muchos con la privación de la satisfacción de las pasiones o pazos o la privación de cosas materiales, porque se lanzan de forma contra natural hacia cosas que no deben, y evitan nuevamente aquellas que no deben evitar; sino que me refiero al dolor o sufrimiento lógico, aceptado también por los sabios en las cosas y realidades divinas, y que acompaña el mal que está presente. Porque dicen que la tristeza o sufrimiento es un mal presente, que se crea en la psique-alma cuando el placer de la percepción prevalece sobre el discernimiento del juicio lógico, mientras que se crea en la percepción cuando el camino de la virtud se recorre sin obstáculos, y causa tantos dolores, tristeza o sufrimientos en la percepción sensible, como placer y alegría trae a la psique-alma que se acerca a Dios con la iluminación correspondiente a través de la virtud y la gnosis-conocimiento espiritual.
  11. Placer salvador se refiere al gozo de la psique-alma por la virtud, y dolor beneficioso al sufrimiento que la carne soporta por la virtud. Por lo tanto, quien está apegado a los πάθος pazos (pasiones, vicios, adicciones, etc.) y a las cosas materiales se lanza a lo que no debe. Y aquel que no acepta de buen grado las desgracias que lo privan de la satisfacción de los pazos pasiones y de las cosas, éste evita lo que no debe.
  12. Ni la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) opera las iluminaciones de la divina gnosis (conocimiento espiritual) sin el instrumento que tiene la fuerza y energía natural para recibir la iluminación, ni el instrumento receptor opera la iluminación de la gnosis-conocimiento sin la χάρις jaris que la concede.
  13. La divina χάρις jaris del Espíritu Santo no opera ni energiza la sabiduría (1Cor 12, 8-9) en los santos, sin el νούς nus (espíritu de la psique) que recibe la sabiduría; ni la divina gnosis-conocimiento espiritual, sin la potencia y energía de la parte lógica de la psique que recibe la gnosis-conocimiento; ni la fe, sin la información del nus y lo lógico sobre las realidades futuras, que hasta entonces eran desconocidas para todos; ni dones de sanidad, sin la filantropía natural (amistad a la humanidad); ni ningún otro de los demás dones o carismas, sin la capacidad receptora y dinami (fuerza y energía) de cada uno. Tampoco el hombre puede adquirir por su dinami natural ninguno de los dones o carismas que enumeramos, sin la divina dina δύναμη dinami (fuerza y energía increada) que los concede. Esto lo manifiestan todos los Santos, quienes después de las apocalipsis-revelaciones divinas buscan los logos de las realidades apocaliptadas-reveladas.
  14. Quien pide a Dios sin pazos pasión, recibe la χάρις jaris (gracia, energía increada) para poder practicar las virtudes. Quien busca sin pazos pasión, encuentra en la θεωρία zeoría natural la verdad que existe en los seres. Y quien llama (Mateo 7, 7-8) a la puerta de la gnosis-conocimiento-sin pasión, llegará sin obstáculos a la χάρις jaris oculta de la teología mística.
  15. Quien busca sin pazos pasión las cosas divinas, recibirá sin duda aquello que busca. Quien busca con alguna pasión, no logrará lo que busca. Porque dice: «Pedís y no recibís, porque pedís con mal propósito» (Santiago 4, 3).
  16. El Espíritu Santo dentro de nosotros busca y explora la gnosis-conocimiento de los seres. Pero no busca para Sí mismo, porque es Dios y está muy por encima de toda gnosis-conocimiento, [sino para nosotros que necesitamos la gnosis]. Así como también el Logos se hace carne no para Sí mismo, sino para nosotros, completando el misterio de la Encarnación. Porque tal como sin carne con psique-alma espiritual, el Logos no realizaba de modo divino las cosas que pertenecen por naturaleza a la carne, así tampoco el Espíritu Santo opera a los santos los conocimientos-gnosis de los misterios, cuando ellos no tienen la fuerza que por naturaleza busca y explora la gnosis-conocimiento.
  17. Así como es imposible ver las cosas sensibles sin la luz del sol, así también sin luz espiritual, el νούς nus (espíritu de la psique) del hombre no puede recibir contemplación espiritual. La luz corporal ilumina por naturaleza el sentido para ver las cosas sensibles, mientras que la luz espiritual ilumina completamente el nus en la contemplación para comprender lo que está por encima de la percepción sensible o del sentido.
  18. Las fuerzas para buscar y explorar las realidades divinas, la naturaleza humana las tiene dentro de su esencia como semillas del Creador desde su entrada en el ser, mientras que las apocalipsis-revelaciones de las realidades divinas son causadas por χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo con su efusión. Sin embargo, al principio, el diablo, a través del pecado, fijó estas fuerzas en la naturaleza de lo visible, y no había nadie que comprendiera o buscara a Dios (Salmo 52, 3), ya que todos los que participaban de la naturaleza humana tenían su fuerza espiritual y lógica limitada a la superficie de los objetos sensibles y no tenían ninguna idea de lo que está por encima de la percepción sensible. Por lo tanto, razonablemente, la χάρις jaris increada del Espíritu Santo, aquellos que se encontraron en este engaño sin la intención intima, después de desconectarlos de las cosas materiales, restauró la fuerza que estaba fijada en estas cosas. Y después de recuperar esta fuerza pura por la χάρις jaris, buscaron primero y exploraron las realidades y cosas divinas, y entonces buscaron y exploraron a través de la misma χάρις jaris del Espíritu.
  19. Es evidente que el fin de la fe es la salvación de las psiques-almas (1Pedro 1:9). El fin de la fe es la verdadera apocálipsis-revelación de aquello en lo que hemos creído. La verdadera apocálipsis-revelación de aquello en lo que hemos creído es la compenetración o comunión inexpresable con el objeto de la fe, según la fe de cada uno. Esta compenetración es el retorno final a su origen o principio de los que han creído. El retorno final a su origen o principio de los creyentes, aquellos que se mueven hacia Dios, es el cumplimiento de su deseo. El cumplimiento del deseo es el estado de movimiento perpetuo de aquellos que desean alrededor del deseado. El estado de movimiento perpetuo de aquellos que desean alrededor del deseado es el disfrute perpetuo e incesante de lo deseado. El disfrute perpetuo e incesante de lo deseado es la participación en las realidades y cosas divinas, que están por encima de la naturaleza. La participación en las cosas y realidades divinas que están por encima de la naturaleza es la asimilación de los participantes con aquello en lo que participan. La asimilación de los participantes con aquello en lo que participan es la identidad operativa de los participantes con aquello en lo que participan mediante la semejanza. La posible identidad operativa mediante la semejanza de los participantes es la θέωσις zéosis (divinización, glorificación) de aquellos que son dignos de la zéosis mediante la semejanza con aquello en lo que participan. La zéosis es, en resumen, la síntesis y la culminación de todos los tiempos y siglos y de todo lo que está en el tiempo y en el siglo. La síntesis y la culminación de los tiempos y siglos y de todo lo que existe en ellos es la unidad, en aquellos que se salvan, del principio puro y auténtico con el fin puro y auténtico. La unidad ininterrumpida del principio puro y el fin en aquellos que se salvan es la mejor trascendencia de las cosas según la naturaleza y cuya existencia se mide con principio y fin. La trascendencia de las cosas según la naturaleza y que están limitadas por principio y fin es la acción inmediata e infinita y eternamente continua en aquellos que son dignos de la mejor trascendencia de las cosas según la naturaleza, omnipotente y supra-poderosa energía increada de Dios. La acción inmediata e infinita y eternamente continua de la energía increada, omnipotente y supra-poderosa de Dios es el gozo, el placer y la alegría inexpresable y más allá de lo inexpresable de aquellos que reciben la energía divina mediante la unión inexpresable y por encima de todo entendimiento con Dios. Sobre esto, no es posible encontrar logos en la naturaleza de los seres, ni manera de entenderlo y expresarlo.
  20. La naturaleza no tiene los logos o principios de las realidades y cosas que están más allá de la naturaleza, ni las leyes de las que son contra natura. Por “más allá de la naturaleza” me refiero al gozo y placer divino e incomprensible que Dios otorga por naturaleza cuando se une por la χάρις jaris (gracia, energía increada) con los dignos. “Contra natura” me refiero a la indescriptible e inexpresable pena, tristeza causada por la privación de este gozo y placer, que Dios por naturaleza, de acuerdo con la calidad de la disposición de cada uno, acostumbra a otorgar a los indignos cuando se une a ellos de un modo no conforme a la χάρις jaris. Porque Dios, según la calidad de la disposición de cada uno, mientras se une con todos -como Él sabe-, da a cada uno el sentimiento o sensibilidad según cómo cada uno se ha preparado y transformado para recibirlo a Él que sin duda se unirá con todos en el fin de los siglos.
  21. Aquellos que buscan diligentemente los logos y modos o formas espirituales de la salvación, el Espíritu Santo los guía hacia la comprensión de ellos, no dejando inactiva y sin efecto la δύναμη dinami fuerza y energía que tienen por naturaleza de buscar diligentemente las cosas y realidades divinas.
  22. Primero uno busca mortificar el pecado hacia su predisposición y voluntad, y la voluntad hacia el pecado, y luego investiga cómo debe y de qué manera debe mortificar una a la otra. Y nuevamente, después de la perfecta mutua mortificación del pecado y de la voluntad y predisposición, busca la vida de la voluntad según la virtud, y la vida de la virtud según la predisposición y voluntad. Luego investiga cómo debe y de qué manera debe crear la vida entre ambas. Podemos entonces definir que la búsqueda es el deseo de algo deseado, mientras que la investigación es el método que contribuye al éxito del deseo hacia lo deseado.
  23. Verdaderamente, quien quiere salvarse, debe mortificar no solo el pecado en su predisposición y voluntad, sino también la misma predisposición y voluntad en el pecado. Y no solo resucitar la predisposición y voluntad para la virtud, sino también la virtud misma para la predisposición y voluntad, de manera que la voluntad y predisposición, muerta y separada completamente del pecado muerto, no lo sienta, mientras que viva completamente para sentir la virtud viva en una unión indivisible. Porque quien ha matado su predisposición y voluntad hacia el pecado, se ha integrado orgánicamente en el cuerpo de Cristo, participando en su muerte (Rom 6:5); y quien ha resucitado su predisposición y voluntad para la virtud, participa también en la resurrección de Cristo.
  24. El pecado y la voluntad, cuando están mutuamente muertos uno para el otro, tienen una doble insensibilidad. Y la virtud y la voluntad, cuando viven mutuamente una con la otra, tienen una doble sensibilidad y percepción, conscientes una con la otra.
  25. Cristo, que por naturaleza es Dios y hombre, es heredado sobrenaturalmente por nosotros como Dios mediante la χάρις jaris (gracia, energía increada) con una participación inexpresable, y por nuestra causa, haciéndonos Sus parientes al tomar como hombre nuestra forma, se hereda junto con nosotros a Sí mismo con una condescendencia incomprensible. Los Santos, previendo esto místicamente con el Espíritu, aprendieron que los padecimientos presentes que conectan con la virtud y referentes a Cristo, deben preceder a la doxa-gloria increada que será revelada en el futuro por Cristo.
  26. El νούς nus (espíritu de la psique) moviéndose solo con el deseo hacia la causa de los seres sin conocer, solo busca. Sin embargo, lo lógico de la psique, observando de diversas maneras, investiga los logos verdaderos de los seres.
  27. La búsqueda es el primer y simple movimiento de νούς nus con deseo hacia su causa. La investigación es la primera y simple distinción de lo lógico sobre su causa basada en algún concepto. La búsqueda nuevamente es el movimiento de νούς nus con un deseo ardiente hacia su causa de acuerdo con la divina gnosis-conocimiento espiritual. Y la investigación es el discernimiento que lo lógico de la psique hace sobre su causa durante la práctica de las virtudes, que se realiza con un concepto prudente y sabio.
  28. Los santos y divinos Profetas, después de buscar y explorar para la salvación de las psiques-almas, tenían el movimiento del deseo ardiente y fervoroso del νούς nus hacia Dios con ciencia y gnosis-conocimiento, y el discernimiento de lo lógico prudente y sabio durante la práctica de las cosas divinas. Y aquellos que los imitan, con gnosis-conocimiento y ciencia buscan la “psicoterapia” y salvación de las psique-almas, y explorando con prudencia y sabiduría, ejercen el discernimiento en las obras divinas.
  29. La gnosis-conocimiento de las cosas y realidades divinas es de dos tipos. Una es relativa, porque se encuentra solo en los logos y en los conceptos y no tiene la percepción activa o sentimiento activo de aquello que conocimos por experiencia; con esta gnosis nos servimos durante la vida presente. La otra es la gnosis principal y verdadera, que proporciona activamente por la χάρις jaris con participación toda la percepción y sentimiento de aquello que conocimos solo por experiencia, sin palabras ni conceptos; con esta gnosis divina, en la vida futura, recibimos la θέωσις zéosis (divinización) supra-natural que opera en nosotros de manera ininterrumpida. Se dice que la gnosis relativa, al estar en el logos y en los conceptos, mueve el deseo hacia la gnosis activa mediante la participación; mientras que la gnosis activa, que por la participación y la experiencia proporciona el deseo de aquello que conocimos, se dice que elimina la gnosis- conocimiento que permanece en el logos y en los conceptos.
  30. Hay dos tipos de gnosis-conocimiento. Una se encuentra en el logos y en los conceptos divinos y no tiene la percepción y sentimiento presente en especie de las cosas que se han concebido. La otra es activa y sin logos, ni palabras ni conceptos, y tiene solo el disfrute en especie de las cosas verdaderas. Es decir, como el logos naturalmente mediante la gnosis indica la parte cognitiva o gnóstica de la psique-alma y mueve el deseo de aquellos que se mueven con su fuerza hacia el disfrute de aquello que se indicó.
  31. Es imposible, dicen los sabios, que coexistan la experiencia de Dios y el logos sobre Dios, o con la percepción de Dios y Su comprensión. Por logos sobre Dios me refiero a la analogía de la contemplación cognitiva o gnóstica sobre Él, que surge de los seres. Percepción, me refiero, a la experiencia de los bienes sobrenaturales mediante la participación. Comprensión noesis me refiero a la gnosis simple y unitaria que tenemos de Él a partir de los seres. Esto quizás también se ve en todas las demás cosas, ya que la experiencia de una cosa cesa el logos sobre ella, y la percepción de una cosa hace inútil la gnosis sobre ella. Por experiencia me refiero a la gnosis activa que viene después de cualquier logos o palabra, mientras que por percepción a la participación de aquello que conocimos, que aparece después de cualquier noesis comprensión. Y esto quizás enseña secretamente el gran Apóstol Pablo, cuando dice: «Si hay profecías, se cesarán; si hay lenguas, pararán; si hay gnosis-conocimiento, se anulará» (1Cor. 13:8); refiriéndose a la gnosis que está en el logos con palabras y en los conceptos.
  32. Era necesario que el Creador por naturaleza de la esencia de los seres se convirtiera también en el Autor de la θέωσις zéosis (divinización) por χάρις jaris de las criaturas, para mostrar que el dador de la existencia es también el dador de la eterna bienaventuranza y felicidad. Ya que ninguno de los seres conoce nada más sobre sí mismo, sobre lo qué es en esencia, es lógico que ninguno de los seres puede prever por naturaleza algo de las cosas que sucederán, excepto Dios, que está por encima de los seres. Dios se conoce a Sí mismo, lo que es en Su esencia, y conocía la existencia de todas sus criaturas antes de crearlas, y por χάρις jaris (gracia, energía increada) dará en el futuro abundantemente a los seres la gnosis-conocimiento de sí mismos y de los demás, de lo que son en esencia, y revelará en ellos los logos (razones) de su creación que preexistían (en pensamiento) en Él unitariamente.
  33. El Logos de Dios, quien creó la naturaleza humana, no colocó en ella ni el ηδονή hidoní placer ni el οδύνη odini (pena, sufrimiento, dolor) de la percepción sensible, sino una fuerza y energía noerá (del nus) hacia el placer, con la cual podría disfrutar de Él de manera inefable. Esta fuerza y energía, es decir, el deseo natural del νούς nus (espíritu de la psique) hacia Dios, tan pronto como fue creado el primer hombre, la dio a la percepción sensible y obtuvo, en este primer movimiento, el placer hidoní que actúa sobre él contra natura a través de la percepción sensible. Entonces Dios, cuidando de nuestra salvación, en su providencia colocó junto a ella el odini (pena, sufrimiento, dolor) como una fuerza punitiva, según la cual plantó con sabiduría en la naturaleza del cuerpo la ley de la muerte, para que esté delimitando el deseo de la locura de la mente de moverse contra natura hacia las cosas sensibles.
  34. El placer ηδονή hidoní y el οδύνη odini (sufrimiento, pena, dolor) no fueron creados junto con la naturaleza de la carne, sino que la transgresión del mandamiento divino inventó el placer para corromper predisposición o voluntad, mientras que impuso el sufrimiento, pena o dolor odini como condena para la disolución de la naturaleza humana, de modo que el placer hidoní cause la muerte voluntaria de la psique-alma, que es el pecado, y el sufrimiento, pena o dolor odini con la disolución cause la descomposición de la carne. De acuerdo con Su providencia, Dios, para castigar el placer hidoní voluntario, dio a la naturaleza humana el sufrimiento, pena o dolor odini contra voluntario y la muerte que lo sigue.
  35. Debido al placer hidoní irracional que surgió en la naturaleza humana, luego vino el sufrimiento, pena o dolor odini racional con muchos padecimientos, en los cuales y de los cuales existe la muerte para eliminar el placer hidoní contra natura. Sin embargo, no para causar su destrucción completa, en la cual se manifiesta habitualmente la χάρις jaris gracia, energía espiritual del placer divino.
  36. La invención de los dolores voluntarios y la imposición de los involuntarios eliminan el placer y anulan su movimiento operativo. Sin embargo, no eliminan la fuerza que está como una ley dentro de la naturaleza humana y que crea el placer. Porque la vida virtuosa provoca la impasibilidad de la voluntad, pero no de la naturaleza. Con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) de la voluntad, viene al al nus (espíritu de la psique) y al corazón la χάρις jaris (gracia, energía increada) del placer hidoní divino.
  37. Cada dolor, ya que por la energía operativa tiene como causa de su creación el placer hidoní que lo precede, es evidente que constituye una deuda, que según su causa se paga naturalmente por todos aquellos que participan a la naturaleza humana. Porque al placer hidoní, que es contra natura, ciertamente sigue el dolor natural en todos aquellos en cuya génesis precedió la ley del placer hidoní sin causa. Y sin causa me refiero al placer hidoní que provino de la transgresión de los primeros seres humanos, porque no siguió a ningún dolor o sufrimiento que había precedido.
  38. Era totalmente imposible que la naturaleza humana, que había caído en el placer voluntario y en la aflicción involuntaria, regresara a la vida original, si el Creador no se hubiera hecho hombre y no hubiera aceptado voluntariamente el sufrimiento, pena o dolor que se había inventado como castigo para el placer voluntario de la naturaleza humana, odini dolor y sufrimiento en el cual no había precedido su génesis o nacimiento de placer. Y aceptó un nacimiento que no tenía su origen en el placer hidoní, para liberar la naturaleza humana del nacimiento que provino de la condena.
  39. Después de la transgresión, todos los hombres tuvieron el placer hidoní precediendo naturalmente a su nacimiento, y absolutamente nadie existía libre por naturaleza del nacimiento apasionado con placer; todos, como si pagaran una deuda natural, sufrían los dolores, sufrimientos y la muerte a causa de ello. Y era totalmente imposible encontrar una manera de liberación para aquellos que eran tiranizados por el placer injusto y eran retenidos por los justos dolores y la consiguiente justísima muerte. El hombre, al tener el comienzo de su vida en la corrupción por el placer y terminar su vida en la corrupción con la muerte, padecía de manera lamentable debido al placer más injusto y los dolores justísimos a causa de él. Por tanto, para eliminar estos, así como para restaurar la naturaleza humana que padeció, era necesario inventar un dolor y una muerte que fueran a la vez injustos e inmotivados; inmotivados, porque no tendrían ningún placer precedente para crearlos, e injustos, porque no seguirían a una vida apasionada; de modo que, encontrando entre el placer injusto y el dolor y la muerte más justos, el dolor y la muerte más injustos, eliminaran por completo el origen más injusto que proviene del placer y el justísimo final de la naturaleza humana a causa del placer con la muerte, y liberaran de nuevo a la humanidad del ηδονή hidoni placer y el οδύνη odini dolor, y la naturaleza humana recuperara la felicidad original, sin que la contamine ninguno de los rasgos de aquellos que están bajo nacimiento y muerte. Por esta razón, el Logos de Dios, que es Dios perfecto por naturaleza, se convierte en hombre perfecto con psique-alma lógica y cuerpo por naturaleza susceptible a los padecimientos o pazos irreprochables como el nuestro, excepto que no tenía pecado. No tuvo en absoluto el placer que provino de la desobediencia precediendo a Su nacimiento en el tiempo de una mujer. El dolor o sufrimiento, que provino del placer y constituye el final de la naturaleza, lo aceptó voluntariamente por filantropía (amor al hombre), con el propósito de, sufriendo injustamente, eliminar el origen del nacimiento dominado por el placer injusto en la naturaleza humana -porque la muerte del Señor no era una deuda a pagar debido a ella, como ocurre con otros humanos, sino más bien un arma contra ella-, así como eliminar el final justo de la naturaleza mediante la muerte, porque no tenía como causa de su existencia el ηδονή hidoní placer ilícito, debido al cual entró la muerte y constituye el justo castigo de este.
  40. El Señor es por naturaleza sabio, justo y poderoso. Por lo tanto, realmente debía, como sabio no ignorara la manera o modo de la psicoterapia y curación del hombre; como justo, no hiciera tiránica la salvación del hombre que había sido capturado por el pecado con su voluntad; y como todopoderoso, no parecer débil para cumplir la psicoterapia y curación.
  41. La sabiduría de Dios se demuestra por el hecho de que realmente se hizo hombre por naturaleza. Su justicia, por el hecho de que en su nacimiento tomó una naturaleza susceptible a los padecimientos o pazos irreprochables, como nosotros. Su fuerza r poder, por el hecho de que a través de los sufrimientos y la muerte creó vida eterna y απάθεια apázia impasibilidad (sin pazos) inmutable para la naturaleza humana.
  42. El Señor mostró su sabiduría en el modo de la psicoterapia y curación, haciéndose hombre sin transformación ni alguna otra alteración. La equidad de la justicia la mostró con el tamaño de su condescendencia, tomando voluntariamente sobre Sí la condena, a la que está sujeta la naturaleza humana susceptible de padecimientos, y haciéndola un arma para eliminar el pecado y la muerte que provino de ella, es decir, el placer ηδονή hidoní y el dolor οδύνης odini que provino de ella. En la pasibilidad estaba la δύναμη dinami (poder, potencia y energía) del pecado y de la muerte y la tiranía del pecado a través del placer hidoní y el dominio de la muerte a través del dolor, pena, sufrimiento odini. Porque es evidente que en la pasibilidad de la naturaleza está el poder del placer hidoní y del dolor, pena odini. Cuando se intensifica el castigo natural con el dolor, pena sufrimiento odini, entonces tratamos de consolar de alguna manera la naturaleza con el placer hidoní. Porque queriendo evitar el sentimiento del dolor, pena o sufrimiento odini, recurrimos al placer, tratando de consolar la naturaleza que es molestada por el mal del dolor, pena odini. Pero al intentar atenuar con el placer hidoní los movimientos del dolor, simplemente aumentamos nuestra deuda, no pudiendo tener el placer ηδονή hidoní libre de odinis sufrimientos, penas o dolores.
  43. El Señor mostró su excesiva δύναμη dinami (poder, potencia y energía) cuando con los padecimientos que soportó hizo inmutable la naturaleza humana. Es decir, al dar a la naturaleza humana la απάθεια apázia impasibilidad (sin pazos), y con los dolores el descanso, y con Su muerte la vida eterna, restauró renovados con las privaciones de Su carne las costumbres y disposiciones de la naturaleza humana, y con Su encarnación dio a la naturaleza humana la χάρις jaris sobrenatural, es decir, la θέωσις zéosis (divinización, glorificación).
  44. Dios se hizo verdaderamente hombre y dio otro comienzo para un segundo nacimiento a la naturaleza humana, la cual termina a través del dolor o el sufrimiento en el placer de la vida futura. El primer antepasado Adán, con la transgresión del mandamiento divino, introdujo para la naturaleza humana otro comienzo de nacimiento diferente del primero, que proviene del placer ηδονή hidoní y a través del dolor termina en la muerte, la cual inventó con el consejo de la serpiente. Este placer hidoní no siguió a un dolor previo, sino que más bien terminaba en dolor. Y así, todos los que provienen de Adán según la carne, debido al origen injusto del placer, soportan justamente con él el final de la muerte a través del dolor. Por eso, el Señor se hizo hombre y creó otro comienzo de segundo nacimiento por el Espíritu Santo para la naturaleza humana y aceptó la dolorosa y justísima muerte de Adán, (que era ciertamente injustísima para Cristo, porque no tenía como origen de su nacimiento el injustísimo placer hidoní del primer ancestro en la desobediencia). Y así eliminó ambos, tanto el comienzo como el final del nacimiento de Adán, porque todas estas cosas no habían surgido originalmente de Dios. Y a todos aquellos que renacen espiritualmente de Él, los liberó de la culpa de la desobediencia de Adán.
  45. El Señor, habiendo eliminado el placer ηδονή hidoní que proviene de la ley del pecado para anular el efecto del nacimiento carnal en aquellos que nacen en la vida que Él da por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu, permite que estos acepten la muerte, que anteriormente se dirigía a la condena de la naturaleza, como una condena del pecado. Estos ya no tienen el placer hidoní del nacimiento que provino de Adán, sino solo el dolor o sufrimiento a causa de Adán, el cual actúa en ellos no como una deuda debido al pecado, sino en contra del pecado, por economía, debido a la condición de la naturaleza humana; porque cuando la muerte no tiene como madre el placer —del cual se convierte también en castigo-, se convierte ciertamente en padre de la vida eterna. Porque así como la vida placentera o hedonista de Adán se convirtió en madre de la muerte y la corrupción, también la muerte del Señor en lugar de Adán, siendo libre del placer de Adán, engendra y nace la vida eterna.
  46. Después de la transgresión de Adán, la naturaleza humana tiene como principio de su nacimiento la concepción y el nacimiento con placer mediante la siembra del padre, y como su fin, la muerte con dolor, sufrimiento y corrupción. Sin embargo, el Señor, como no tenía tal principio de Su nacimiento carnal, no pudo ser dominado por el fin, es decir, la muerte.
  47. El pecado, seduciendo al principio a Adán, lo llevó a transgredir el mandamiento divino (Gén. 3, 6), por lo que, después de dar existencia al placer o hedonismo e introducirse firmemente con el placer en lo profundo de la naturaleza humana, condenó a toda la naturaleza a la muerte, empujando con la muerte del hombre a la destrucción de las creaciones de Dios. Porque el sembrador del pecado y padre de la maldad, el malvado y astuto diablo, quien por su orgullo se alejó por sí mismo de la divina doxa-gloria increada y, por envidia hacia nosotros y hacia Dios, sacó a Adán del paraíso (Sab. Salomón 2, 24), ideó esto, es decir, destruir las obras de Dios y desintegrar todo lo que Dios había creado.
  48. El diablo, envidiándonos a nosotros y a Dios, y engañando al hombre haciéndole creer que Dios lo envidiaba (Gén. 3, 5), lo llevó a transgredir el mandamiento divino. Envidió a Dios para que no se manifestara en la práctica su admirable δύναμή dinami (poder, potencia y energía increada) de divinizar al hombre. Claramente envidió al hombre para que no participara de la doxa-gloria divina a través de la virtud. Porque el más impuro envidia no solo a nosotros por la doxa-gloria que Dios nos da por la virtud, sino también a Dios por su admirable δύναμή dinami para nuestra salvación.
  49. Así como en Adán la muerte era una condena de la naturaleza (Gén. 2, 17), porque tenía como principio de su nacimiento el placer (hedonismo), así también la muerte de Cristo se convirtió en una condena del pecado (Rom 8, 3), porque en Cristo la naturaleza humana encontró de nuevo su génesis, nacimiento libre de ηδονή hidoní placer.
  50. Si nosotros, que por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu hemos sido considerados dignos de convertirnos en casa de Dios (Heb. 3, 6), debemos mostrar tanta paciencia en los padecimientos por causa de la justicia para condenación del pecado, y, como si fuéramos malhechores, soportar voluntariamente la muerte deshonrosa aunque somos buenos, ¿cuál será entonces el fin de aquellos que desobedecen el Evangelio de Dios (1 Pedro 4, 17)? Es decir, ¿cuál será el fin, la condena, de aquellos que no solo mantuvieron con disposición viva y activa en su psique-alma y cuerpo por su voluntad y naturaleza hasta el final el placer del nacimiento de la naturaleza debido a Adán y que dominó la naturaleza, y tampoco aceptaron ni a Dios Padre que los llamaba junto a Él a través de su Hijo encarnado, ni al mismo Hijo y mediador que vino enviado por el Padre como dice Timoteo?: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Jesús Cristo, el hijo de Dios que se ha hecho hombre, es decir, el Θεάνθρωπος Zeánzropos Dios-Hombre;que se dio a sí mismo como rescate y redención por todos y liberación del pecado y de la muerte; testimonio dado a su debido tiempo por el mismo a los tiempos definidos por Dios” (1 Tim 2, 5-6). El cual Hijo, para reconciliarnos con el Padre, voluntariamente y con la voluntad del Padre entregó a Sí mismo a la muerte por nosotros, de modo que nos glorificara con Él, embelleciéndonos con la belleza de su divinidad o deidad tanto como Él aceptó ser despreciado por nuestros padecimientos.
  51. Dios será para todos los que se salven un lugar ilimitado, sin adversidades e infinito, convirtiéndose en todo para todos, según el grado de justicia de cada uno, o más bien según lo que cada uno haya sufrido aquí con gnosis-conocimiento por la justicia; otorgará a cada miembro de Sí mismo según la capacidad y fuerza de cada miembro, la cual se manifiesta a sí misma actuando y que conecta los miembros consigo misma, de modo se mantengan unidos entre sí, para que existan y vivan. Entonces, después de esto, ¿dónde se hallará el impío y el pecador (Prov. 11, 31), ya que carecerá de esta χάρις jaris (gracia, energía increada)? Es decir, aquel que no puede recibir activamente y enérgicamente la presencia de Dios, que constituye la bienaventuranza y felicidad, ¿dónde se encontrará cuando caiga de la vida divina que está por encima de siglo, el tiempo y el lugar?
  52. Aquel que no tiene a Dios para sostener su vida en la bienaventuranza, a Dios que se convertirá en el lugar de los dignos en la vida futura, ¿qué será de él, no teniendo a Dios como lugar en la instalación, permanencia y residencia de los dignos en Dios con bienaventuranza y felicidad? Y si con mucha dificultad se salva el justo, ¿qué será o qué le pasará a aquel que en esta vida presente no hizo nada relacionado con la piedad y la virtud?
  53. Dios, con la voluntad omnipotente de Su bondad, reunirá a todos, ángeles y seres humanos, buenos y malos. Sin embargo, todos estos no tendrán una comunión y participación igual en Dios, quien ha pasado entre todos sin distinción, pero a cada uno según su capacidad y receptividad.
  54. Aquellos que mantuvieron su libre albedrío o predisposición en completa conformidad en todo con la naturaleza y la hicieron receptiva a los principios o logos de la naturaleza según el principio de la bienaventuranza, debido a la conformación de su libre albedrío o voluntad con la voluntad divina, tendrán una plena participación en la bondad de Dios en la vida divina que estará brillando sobre ellos, ya sean ángeles o seres humanos. Sin embargo, aquellos que en todo hicieron su voluntad contraria a la naturaleza y la mostraron en sus acciones dispersando los principios o logos de la naturaleza, totalmente en oposición al principio de la bienaventuranza, debido a la oposición de su voluntad a la voluntad divina, caerán completamente de la bondad debido a su afinidad que tienen con la miseria. De esta condición resultará su separación de Dios, ya que no tendrán, según la intención de su opinión, el principio de la bienaventuranza vivificado por la energía de los bienes, donde por su propia naturaleza se manifiesta la vida divina.
  55. La balanza del libre albedrío o voluntad de cada uno en el Juicio será el logos de la naturaleza que inspeccionará su movimiento hacia la miseria o hacia la bienaventuranza, según la cual se determinará la participación o no de cada uno en la vida divina. Porque Dios se manifestará y reunirá a todos para la existencia y la existencia eterna. Pero para la bienaventuranza eterna reunirá de manera especial solo a los santos, ángeles y seres humanos, y dejará que la miseria eterna caiga sobre los no santos, como fruto de sus libres albedríos o libres voluntades.
  56. El misterio de la Encarnación divina no implica, junto con la diferencia de las dos naturalezas, una diferencia de la hipóstasis (base substancial). Por un lado, para que no sea un añadido al misterio de la Santísima Trinidad; y por otro, para que no haya nada que sea, por naturaleza, homogéneo y consustancial con la divinidad. Es decir, se realizó una unión de dos naturalezas en una hipóstasis y no en una naturaleza, tanto para mostrar que de la combinación de las dos naturalezas se formó una hipóstasis en la unión, tanto como para creer en la diferencia, según su peculiaridad natural, de las que llegaron a una unión indivisible -una diferencia que permanece fuera de cualquier cambio y confusión.
  57. En cuanto a Cristo, no hablamos de una diferencia de hipostasis (bases substanciales), porque incluso después de la Encarnación del Logos, la Trinidad permaneció como Trinidad, sin que se añadiera una persona a la Santísima Trinidad por la Encarnación. Hablamos de una diferencia de naturalezas, para no considerar la carne consustancial por naturaleza con el Logos.
  58. Aquel que no acepta la diferencia entre la naturaleza divina y la naturaleza humana de Cristo, no tiene de dónde asegurar la confesión de que el Logos se hizo carne (Jn 1, 14) sin cambio. Y esto porque no reconoce que en la única hipóstasis del único Cristo y Dios Salvador, después de la unión, se conserva intacto y sano tanto lo que fue asumido como lo que asumió.
  59. Si en Cristo después de la unión existe una diferencia por naturaleza entre la carne y la divinidad -porque la divinidad y la carne por esencia nunca son lo mismo -, entonces esta unión no se realizó en absoluto para formar una naturaleza, sino una hipóstasis, en la cual no encontramos en Cristo ninguna diferencia de ninguna manera, porque el Logos es uno y lo mismo con Su carne por la hipóstasis (base substancial). Si Cristo tuviera alguna diferencia, de ninguna manera podría ser uno. Pero como no admite ninguna diferencia en absoluto, entonces de todas maneras es acorde con la piedad, que Él sea y siempre se llame «uno» en cuanto a la hipóstasis.
  60. La fe perfecciona la agapi-amor incondicional a Dios a través de la esperanza. La buena conciencia a través de la aplicación y el cumplimiento de los mandamientos crea la agapi-amor desinteresado al prójimo. Porque la buena conciencia no tiene como acusador algún mandamiento transgredido. Y estas (la fe, la esperanza y la agapi-amor) las creen con el corazón solo aquellos que desean la verdadera salvación.
  61. No hay nada más rápido para uno que creer, ni más fácil que confesar verbalmente su fe. Lo primero manifiesta la agapi-amor incondicional del creyente hacia su Creador desde la psique-alma. Lo segundo manifiesta la disposición piadosa hacia el prójimo. La agapi-amor y la disposición sincera, es decir, la fe y la buena conciencia, son manifestaciones evidentes del movimiento del corazón, que no necesita material [externo] para renacer.
  62. Aquel que ha caído en una inmovilidad total hacia el bien, es necesariamente muy móvil hacia el mal. Porque es imposible estar inmóvil en ambos. Por eso, la Escritura llama «piedras» a la indiferencia de la psique-alma hacia los bienes, porque el psique-alma es insensible al bien; mientras que llama «madera» (Zacarías 5, 4) a la disposición hacia el mal. El movimiento de la percepción sensible, cuando se une con la energía del νούς nus (espíritu de la psique) crea la virtud que está unida con gnosis-conocimiento espiritual.
  63. Creo que la Escritura llama «pared intermedia» a la ley natural del cuerpo, mientras que «muro» (Ef. 2, 14) llama la relación con los pazos pasiones que establece la ley de la carne, es decir, el pecado. Porque solo esta relación con los pazos pasiones deshonrosas se convierte en un muro de la ley natural, es decir, de la parte pasional de la naturaleza, que separa como un muro el cuerpo de la psique-alma y no permite que el logos de las virtudes pase a la carne a través de la psique-alma en la práctica de los mandamientos. Pero cuando el logos pasa y vence la ley natural, es decir, la parte pasional de la naturaleza, entonces anula su relación con los pazos pasiones contra natura.
  64. Cuando el diablo roba astutamente y con engaño la gnosis- conocimiento espiritual innato relacionado con Dios y se lo apropia, es un ladrón, intentando desviar el respeto de Dios hacia él mismo. Aleja, por tanto, la capacidad de la contemplación de los logos espirituales que existen en las criaturas y restringe la fuerza noerá (espiritual del nus) solo a la superficie de las cosas sensibles. Cuando nuevamente comienza desde los impulsos naturales y arrastra de manera sofisticada la fuerza práctica de la psique-alma hacia lo contrario a la naturaleza, y persuade convincente a través de los aparentes bienes, entonces jura falsamente en el nombre del Señor y conduce hacia otras cosas, contrarias a su promesa, a la psique-alma que cree en él. El diablo es un ladrón porque arrebata para sí el conocimiento-gnosis de la naturaleza; y es perjuro porque convence a la psique-alma de ocupar en vano su fuerza práctica en las cosas contrarias a la naturaleza.
  65. O, nuevamente, el ladrón es aquel que para engañar a quienes lo escuchan, finge estudiar continuamente los divinos logos, cuya fuerza no ha conocido a través de las obras, y compra la gloria simplemente hablando de ellos, y persigue con sus logos el elogio de los oyentes para que lo consideren justo. Y, en pocas palabras, aquel cuya vida no se corresponde con sus palabras y cuya disposición de la psique-alma es contraria al conocimiento es un ladrón, sin distinguirse claramente de los bienes ajenos. A este justamente le dirá la Escritura: «Dijo Dios al pecador: ¿Por qué hablas de mis mandamientos y tomas mi pacto en tu boca?» (Sal 49, 16).
  66. Ladrón también es aquel que con sus maneras aparentes y comportamiento cubre y oculta la maldad de su psique-alma y con fingida mansedumbre cubre su disposición interior. Y así como el anterior con la recitación de los discursos y logos de gnosis-conocimiento roba la opinión de quienes lo escuchan, así este engaña con su comportamiento de manera hipócrita la percepción de quienes lo ven. Hacia este dirá similarmente la Santa Escritura: «Avergüéncense todos los que visten ropas extranjeras» (Sofon. 1, 8), y «El Señor revelará la falsedad e hipocresía de ellos en aquel día» (Isaías 3, 17). Cada día, en el oculto taller interior de mi corazón, creo escuchar a Dios decirme estas cosas, porque estoy claramente condenado por ambos pecados mencionados.
  67. Es perjuro, es decir, jura falsamente en el nombre del Señor, aquel que prometió a Dios vivir virtuosamente, pero hace lo contrario de su promesa y transgrede el acuerdo de una vida digna al no aplicar y cumplir los mandamientos. En pocas palabras, aquel que eligió vivir según los mandamientos de Dios, pero no muere o no se mortifica completamente para esta vida presente, es mentiroso y perjuro, porque juró a Dios, es decir, prometió andar el camino intachable de los combates divinos, pero no cumplió la promesa y por eso no tiene ningún elogio. Porque se elogiará a cada uno que jura a Él (Sal 62, 12), es decir, todo aquel que prometió su vida a Dios y cumple con la verdad de las obras de justicia los votos y juramentos de la buena promesa.
  68. Aquel que finge gnosis-conocimiento solo con la recitación de palabras, roba la mente de quienes lo escuchan para obtener gloria para sí mismo. Y aquel que con su comportamiento finge virtud, roba la visión de quienes lo ven para obtener gloria para sí mismo. Y ambos, robando con engaño, engañan: uno la mente de la psique-alma de quienes lo escuchan, el otro el sentido y la percepción del cuerpo de quienes lo ven.
  69. Si ciertamente se elogia a aquel que aplica y cumple sus promesas porque juró a Dios y realizó su juramento, es evidente que quien incumple sus promesas tendrá acusación y deshonra, porque juró a Dios y se demostró mentiroso.
  70. No se ilumina ciertamente con el Logos cada hombre que viene a este mundo (Jn. 1, 9). Porque muchos permanecen sin iluminación y sin participar de la luz de la gnosis-conocimiento espiritual. Pero es evidente que se ilumina todo hombre que, con su propia elección y voluntad, viene al verdadero mundo de las virtudes. Todo aquel que, por medio de la generación voluntaria, llega verdaderamente a este mundo de las virtudes, éste ciertamente es iluminado por el Logos y adquiere un hábito inamovible de virtud y un entendimiento infalible de la verdadera gnosis-conocimiento.
  71. No todos y todo lo que tiene el mismo nombre se debe entender de la misma manera. Cada cosa debe ser entendida según lo que la santa Escritura quiere expresar de manera particular, si queremos captar correctamente el propósito de las realidades y cosas que están escritas en ella.
  72. Ninguna de las cosas y realidades mencionadas en la Escritura -personas, lugares, tiempos u otras cosas, animadas e inanimadas, sensibles, espirituales e intelectuales- se narra ni se considera de la misma manera. Por eso, quien se ejercita en el conocimiento-gnosis divino de la Escritura sin error, debe, de acuerdo con las diferencias de lo que se dice o hace, aceptar de manera diferente cada una de las cosas que hemos mencionado, y atribuirle la interpretación que le corresponde según el lugar o el tiempo.
  73. Debemos enseñar a todos en todo el mundo a vivir y conducirse solo según el logos, y cuidar tanto de sus cuerpos como para interrumpir la relación de la psique-alma con ellos y no permitir en absoluto que la psique-alma imagine algo material. Esto porque la percepción sensible ha sido extinguida ya con la fuerza del logos, que al principio desplazó al logos y aceptó la insensatez del placer como una serpiente que se arrastra, y contra la cual fue establecida justamente la muerte, para dejar de dar al diablo la capacidad de entrada a la psique-alma.
  74. La percepción sensible es una en género, pero se divide en cinco tipos o especies, y a través de la energía perceptiva de cada especie persuade a la psique-alma que ha sido engañada a preferir lo sensible en lugar de Dios. Por eso, quien sigue sabiamente al Logos, antes de la inevitable e involuntaria muerte, prefiere e impone a sí mismo la muerte o mortificación de la carne, separando completamente su opinión de la percepción sensible.
  75. Cuando la percepción se adueña del νούς nus (espíritu de la psique), le enseña el politeísmo, ya que al esclavizarse a los pazos pasiones, adora como dios a través de cada sentido el correspondiente objeto sensible.
  76. Aquel que se enfoca únicamente en la letra de la Escritura predomina en su naturaleza solo la percepción sensible, según la cual se percibe y se ve únicamente la relación de la psique-alma con la carne. Cuando la letra de la Ley no se entiende espiritualmente, tiene la percepción sensible sola que lo limita en su expresión y no permite que el significado más profundo del texto llegue al νούς nus (espíritu del corazón de la psique) al corazón y al intelecto. Pero si la letra de la Escritura se corresponde únicamente con la percepción sensible, entonces quien la acepta solo literalmente, como los judíos, vive según la carne y muere diariamente en la elección del pecado debido a la viva percepción sensible, sin poder matar con el espíritu las praxis acciones del cuerpo para vivir la feliz y bienaventurada vida espiritual. Porque el divino Apóstol Pablo dice: «Porque si vivís según los bajos instintos animales, os espera la muerte espiritual eterna; pero si, vivís conforme los principios espirituales y las dinamis energías y potencias que regala el Espíritu, evitáis y dais muerte a las acciones carnales, y viviréis eternamente cerca y junto con Dios.» (Rom. 8, 13).
  77. Si encendemos la lámpara divina con la praxis, práctica y la θεωρία zeoría contemplación, es decir, con el logos iluminador de la gnosis-conocimiento espiritual, no la pongamos bajo un celemín (Mat 5, 15) (el recipiente que mide el trigo), para no ser condenados limitando al texto la ilimitada fuerza de la sabiduría. Sino pongámosla sobre el candelero, es decir, la santa Iglesia, en la altura de la verdadera contemplación, para que la luz divina e increada ilumine para todos.
  78. Quien soporta los asaltos de las tentaciones involuntarias con una conducta o actitud inquebrantable, como el bienaventurado Job y los valientes mártires, es una lámpara fuerte y mantiene inextinguible la luz de la salvación con valentía y paciencia, porque el Señor es su fuerza, su energía y su cántico (Sal. 117, 14). Pero aquel que conoce las artimañas del maligno y tiene experiencia de los enfrentamientos de las guerras invisibles, también se ilumina con la luz del conocimiento-gnosis espiritual y se revela como otra lámpara, diciendo algo similar que el gran Apóstol Pablo: «No ignoramos las maquinaciones y los planes del diablo» (2Cor 2, 11).
  79. El Espíritu Santo opera la catarsis en los dignos de pureza de virtudes, con el temor, la piedad y la gnosis-conocimiento. La iluminación de la gnosis de los seres, según los logos (razones) por los que existen, la concede a los dignos de iluminación con la fuerza y la energía, la voluntad y la prudencia. La perfección la concede a los dignos de θέωσις zéosis (divinización, glorificación) con la sabiduría plena, simple y completa, elevándolos directamente a la causa de los seres, a medida que es posible para el hombre; estos son conocidos únicamente por los atributos divinos de la bondad, con los cuales conocen a sí mismos por Dios y a Dios por sí mismos, sin que exista ningún obstáculo entre ellos -porque no hay nada intermedio entre la sabiduría y Dios-; y adquirirán la inmutabilidad permanente, habiendo pasado por todos los intermedios, en los cuales había antes el riesgo de errar en cuanto a la divina gnosis-conocimiento espiritual. Intermedios llamo a la esencia de las cosas espirituales inteligibles y las sensibles, a través de los cuales el νούς nus (espíritu de la psique) del ser humano asciende hacia Dios, la causa de los seres.
  80. La filosofía práctica (virtud) la realizan el temor, la piedad y la gnosis. La θεωρία zeoría contemplación natural con la χάρις jaris gracia energía increada del Espíritu, la logran la fuerza, la voluntad y la prudencia. La teología mística la concede solo la divina sabiduría.
  81. Así como sin aceite no se puede mantener la lámpara inextinguible, así sin el hábito que con logos, modos adecuados y comportamiento, conceptos correctos y pensamientos alimenta lo bueno, es imposible mantener la luz de los dones o carismas divinos. Porque cada don espiritual necesita del hábito adecuado que le arroje incesantemente, como aceite, el material noeró (intelectual de la mente y espiritual del nus y corazón), para mantenerse firmemente en quien lo ha recibido.
  82. Sin olivo no se puede encontrar en la naturaleza aceite verdadero y genuino; sin recipiente que reciba el aceite, no es posible retenerlo; y si no se alimenta con aceite, ciertamente se apaga la luz de la lámpara. Así también, sin las santas Escrituras no existe realmente la fuerza de los pensamientos y conceptos que corresponden a Dios; sin el hábito que como recipiente recibe los conceptos, nunca se formará un pensamiento y concepto divino; y si la luz de la gnosis-conocimiento espiritual que existe en los dones no se alimenta con pensamientos y conceptos divinos, no permanece inextinguible en quienes lo tienen.
  83. Creo que el olivo que está a la izquierda (Zac. 4, 3) significa el Antiguo Testamento, porque este se cuida más por la filosofía práctica, mientras que el que está a la derecha significa el Nuevo Testamento, porque este es maestro de un nuevo misterio y crea en cada fiel el hábito de la θεωρία zeoría contemplación espiritual. El primero enseña maneras de virtud, el otro ofrece logos de gnosis a aquellos que filosofan sobre las realidades y cosas divinas. Uno arranca el intelecto y el nus (espíritu de la psique) de la niebla de las cosas visibles y lo eleva a las realidades y cosas que le son afines espirituales y comprensibles, después de haber sido limpiado y purificado de toda fantasía material. El otro lo limpia de toda adherencia a lo material y con la fuerza de la valentía como martillo rompe los clavos que mantienen la elección de la voluntad orientada hacia el cuerpo.
  84. El Antiguo Testamento eleva el cuerpo hacia la psique-alma, racionalizándolo o haciéndolo lógico a través de las virtudes, y evita que el nus con el intelecto descienda hacia el cuerpo. El Nuevo eleva el nus (espíritu de la psique) con el corazón hacia Dios, encendiéndolo con el fuego de la agapi-amor divino. El primero hace que el cuerpo sea semejante al nus por la energía y acción de la voluntad. El segundo hace que el nus con el intelecto sea semejante a Dios mediante la adquisición de la χάρις jaris (gracia, energía increada) y tenga tal semejanza con Dios que, a través de él, Dios sea reconocido (a Quien por naturaleza nadie puede conocer en absoluto), tal como reconocemos de una imagen/icona el original.
  85. El Antiguo Testamento, como simboliza el ejercicio de la virtud, hace que el cuerpo esté de acuerdo con el nus con el intelecto en el movimiento. El Nuevo, porque causa contemplación y gnosis, ilumina con los pensamientos, conceptos y dones divinos el nus con el intelecto que está secretamente enfocado en él. El Antiguo proporciona al gnóstico (conocedor) los modos de las virtudes. El Nuevo otorga a los prácticos los logos de la gnosis verdadera.
  86. Dios se llama y se convierte en Padre por la χάρις jaris (gracia, energía increada) solo de aquellos que tienen el nacimiento espiritual voluntario según la virtud. Según esta, al tener en las virtudes las características de Dios que los engendró y dado a luz, como se ven en la cara las características de la psique-alma, hacen que quienes los vean glorifiquen a Dios por la transformación de sus modos, ofreciendo su vida como un ejemplo selecto de virtud para imitar. Porque Dios no es glorificado solo con palabras, sino con obras de virtud, que claman mucho más que los logos con palabras la majestuosidad divina.
  87. La ley natural es la izquierda porque se relaciona con la percepción sensible; ofrece a lo lógico de la psique los modos de las virtudes y hace activa la comprensión y la gnosis. La ley espiritual es la derecha porque se relaciona con el nus (espíritu de la psique); une con la percepción sensible los logos espirituales de los seres y hace lógico el ejercicio de la virtud.
  88. Aquel que ha demostrado que su gnosis-conocimiento se encarna con la praxis, acción y que la praxis se empsiquiza anima (o toma cuerpo animado) por la gnosis-conocimiento, ha encontrado el modo exacto de la energía divina. Aquel que ha separado una de la otra, o ha hecho que la gnosis-conocimiento espiritual sea una fantasía insustancial, o la praxis, acción un ídolo. Porque la gnosis sin praxis, acción no difiere en nada de la fantasía, ya que no tiene como apoyo la praxis; y la praxis, acción irracional se asemeja a un ídolo, ya que no tiene la gnosis que la empsiquice infunde animo (la haga tomar cuerpo animado).
  89. El misterio de nuestra salvación hace de la vida demostración del logos y del logos doxa-gloria de la vida vivida. La virtud práctica se convierte en contemplación realizada, mientras que la contemplación se convierte en praxis que es iniciada místicamente. Y para hablar brevemente, la virtud se convierte en la manifestación del conocimiento-gnosis y el conocimiento-gnosis en la fuerza que sostiene la virtud; y con ambas -virtud y gnosis- muestra que consiste en una sabiduría, para que sepamos que ambos Testamentos concuerdan en todo por la χάρις jaris y que, en su composición, se ajustan entre sí para la realización de un misterio más de lo que se ajustan la psique-alma y el cuerpo para formar un hombre.
  90. Así como la psique-alma y el cuerpo con su composición forman un hombre, así la praxis y la contemplación con su coexistencia constituyen una sabiduría gnóstica o cognitiva, y el Antiguo y el Nuevo Testamento completan un misterio. El bien por naturaleza pertenece solo a Dios, del cual participan y se iluminan y se vuelven buenos todos aquellos que son naturalmente receptores de iluminación y bondad.
  91. Aquel que comprende el mundo visible, contempla el mundo que es percibido. Porque imprime en su percepción sensible las cosas comprensibles inteligibles, da forma en su intelecto a los conceptos que percibe y traslada, en la percepción sensible la constitución del mundo comprensible e inteligible de muchas maneras, y en el intelecto la compleja composición del mundo sensible. Dentro del mundo comprensible e inteligible comprende el mundo sensible, trasladando al intelecto la percepción con los conceptos o logos de las sensibles, y en el mundo sensible comprende lo inteligible encerrado con profundo conocimiento-gnosis el intelecto en la percepción sensible con los tipos de las comprensibles e inteligibles.
  92. El primer logos sobre la Mónada (Unidad), el Profeta lo llamó «cabeza», como principio de toda virtud, como dice: «Mi cabeza en las quebradas o hendiduras de los montes» (Jonás 2, 6-7). «Quebradas de los montes» se refiere a los intelectos o mentes de los espíritus malignos, que devoraron nuestro nus (espíritu de la psique) e intelecto con la transgresión. «Tierra inferior» se refiere al hábito que no siente en absoluto el conocimiento espiritual-gnosis divina, ni tiene ningún movimiento hacia la vida virtuosa. «Abismo» dice a la ignorancia que sigue al hábito de la maldad y sobre la cual -como en otra tierra- se extienden los mares de la maldad. O de otra manera, «tierra» se refiere al hábito permanente de la maldad, y «cerrojos eternos » a los apegos apasionados a las cosas materiales, que mantienen el malísimo hábito.
  93. La paciencia de los santos agota la fuerza maligna del diablo que ataca contra ellos. Porque les persuade a considerar como adorno las luchas por la verdad y les enseña a disfrutar más de los sufrimientos que del confort aquellos que cuidan en exceso de la vida carnal. Hace que la debilidad y enfermedad natural de la carne en relación con el dolor o sufrimiento sea motivo y ocasión de excesiva fuerza espiritual. Mira, pues, cómo la ocasión o motivo de excesiva fuerza divina es la debilidad natural de los santos, por la cual el Señor demostró la inferioridad del diablo.
  94. El logos de la χάρις jaris gracia increada, después de pasar por muchas tentaciones, llegó a la naturaleza humana, es decir, a la Iglesia de las naciones, al igual que Jonás, tras muchas tribulaciones, llegó a la gran ciudad de Nínive, persuadió a la ley natural que reinaba a levantarse de su trono, es decir, de la previa disposición de la maldad que se conecta con la percepción sensible, a quitarse su vestidura, es decir, a despojarse de la vanidad de la gloria mundana de sus costumbres, y vestirse el sayo, es decir, el duelo y la ardua y áspera práctica de la dura penitencia adecuada a la vida en Dios, y a sentarse encima de la ceniza (Jonás 3, 6-7). La ceniza es la sensación de ser pobre ante Dios, sobre la cual se sienta cualquiera que aprende a vivir piadosamente y tiene el látigo de la conciencia golpeándolo sin piedad por sus pecados.
  95. Observa que «rey» llama la ley natural, «trono» la disposición apasionada que se conecta con la percepción sensible, «vestidura» la ropa de la vanagloria, «sayo» el duelo que acompaña la μετάνοια metania, «ceniza» la humildad, «hombres» aquellos que pecan con el deseo, «bueyes» aquellos que pecan con la ira, y «ovejas» aquellos que pecan en la contemplación de la cosas visibles.
  96. Quien, por amor a la virtud conforme a la ley divina, olvida los πάθος pazos pasiones, vicios de la carne considerándolos «izquierda», y debido al conocimiento sin error no es dominado por la enfermedad del orgullo y vanagloria por sus logros, que infla al hombre y se considera «derecha», se ha convertido en una persona que no conoce ni su mano derecha -porque no desea la doxa-gloria temporal- ni su mano izquierda (Jonás 4, 11), porque no se excita por los pazos de la carne. Parece que el logos llamó «mano derecha» la vanagloria por los supuestos logros, y «mano izquierda» a la incontinencia de los pazos pasiones, vicios vergonzosos. Porque el logos de la virtud no conoce el pecado de la carne, que se considera «izquierda»; mientras que el logos del conocimiento-gnosis no conoce la maldad de la psique-alma, que se considera «derecha».
  97. El conocimiento-gnosis lógica de las virtudes, es decir, el reconocimiento activo y verdadero de la causa de las virtudes, por naturaleza provoca la ignorancia total de los excesos y las carencias que se encuentran a la derecha e izquierda de la medianía de las virtudes. Porque si en lo lógico de la psique-alma no existe naturalmente nada irracional o paradójico, es evidente que quien se ha elevado al logos de las virtudes no conocerá en absoluto el estado de los irracionales, porque no es posible mirar simultáneamente dos cosas opuestas y, junto con una, percibir también la otra.
  98. Si dentro de la fe no hay lugar de ningún logos o razón para la incredulidad, así como la luz no puede ser causa de oscuridad, ni Cristo puede manifestarse con el diablo (2Cor 6, 14-15), es evidente que tampoco puede coexistir lo lógico con lo irracional o paradójico. Y si lo lógico de la psique-alma no puede coexistir jamás con lo irracional y paradójico, quien se ha elevado al logos de las virtudes no conocerá en absoluto el estado de los irracionales y paradójicos, porque solo conoce la virtud tal como es, y no como se piensa y se imagina, y por eso no conoce ni derecha con el exceso, ni izquierda con la falta. Porque en ambos es evidente lo irracional y paradójico.
  99. La incredulidad se refiere al rechazo de los mandamientos. La fe, a la aceptación de los mandamientos. La oscuridad es la ignorancia del bien, mientras que la luz es la gnosis precisa del bien. Cristo se refiere a la esencia y la hipóstasis del bien, mientras que el diablo a la peor disposición y hábito que genera todos los males.
  100. Si la lógica es la regla y la medida de los seres, entonces, idéntico a la irracionalidad o falta de lógica y, por lo tanto, paradójico moverse fuera de la norma y la medida o por encima de la norma y la medida. Porque ambas, en igual medida, a quienes se mueven así, les hacen caer del Ser absoluto. Lo segundo les convence de que su camino es incierto y no específico, y de que no tiene, debido a la falta de medida de su nus (espíritu de la psique) y mente, como propósito a Dios como su fin determinado de antemano, porque inventan algo supuesto mejor que el bien. Lo otro les convence de que su camino está fuera del objetivo hacia solo la percepción sensible, por la relajación de su nus y mente, y consideran como fin determinado aquello que se limita a su percepción sensible. Esto lo ignora, porque no lo sufre, quien está unido solo con el logos de la virtud y ha delimitado con él todo el movimiento de su fuerza noerá (mental y del nus), y por eso no puede concebir nada por encima de lo lógico racional o fuera de lo lógico racional.

Traducido por: χΧ jJ www.logosortodoxo.com  28/05/2024

 

 

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