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Sep 11 2026

Cantar de los Cantares, con comentarios patrísticos

Cantar de los Cantares de los 70, con comentarios patrísticos

El más sublime y hermoso de todos los cantares

 

Preámbulo: La teología mística del Cantar de los Cantares según la experiencia de los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa.

Desde san Dionisio el Areopagita hasta san Gregorio Palamás se extiende una tradición única e indivisible. El έρως eros divino, el γνόφος gnofos (tiniebla divina), la participación μέθεξις (mézexis), la catarsis κάθαρσις, la iluminación, la zéosis θέωσις y la experiencia de las divinas energías increadas constituyen diferentes aspectos de un mismo misterio: la unión del ser humano con Dios por medio de la divina Jaris Gracia increada. El Cantar de los Cantares es la revelación poética de esta suprema realidad espiritual.

  1. San Dionisio el Areopagita siglo I († c. 96) – fundamenta la teología mística.
  2. Orígenes de Alejandría: 185–253/254 d. C. gran exegeta.
  3. San Gregorio de Nisa: c. 335–395 d. C. – desarrolla el camino de la psique-alma hacia Dios.
  4. San Máximo el Confesor 580–662. – fundamenta la zéosis y la participación (μέθεξις mézexis).
  5. San Simeón el Nuevo Teólogo 949–1022 – describe la experiencia de la divina luz increada.
  6. San Gregorio Palamás 1296–1359 – lleva a su culminación dogmática la experiencia de las energías divinas increadas.
  7. La Filocalía – ofrece una interpretación vivencial y experiencial del Cantar de los Cantares.

 

Orígenes es el gran exegeta y san Gregorio de Nisa es el gran comentarista directo del Cantar; san Dionisio, san Máximo, san Simeón el Nuevo Teólogo y san Gregorio Palamás aportan respectivamente las categorías apofática, antropológica, experiencial y dogmática que permiten desplegar plenamente su contenido místico.

 

San Dionisio el Areopagita

San Dionisio el Areopagita es el gran fundador de la teología mística ortodoxa. Aunque no escribió un comentario al Cantar de los Cantares, toda su doctrina y enseñanza apocalipta-revela su significado más profundo.

El divino έρως (eros: amor ardiente, ferviente) no es una pasión humana, sino el movimiento amoroso de Dios por el cual atrae a todos los seres racionales hacia la unión con Él. Dios es al mismo tiempo el Amante y el Amado; ama primero a Sus criaturas y se convierte en el supremo objeto del deseo de toda psique-alma “psicoterapiada”, que ha hecho la catarsis y está purgada y sanada. El έρως eros nupcial del Cantar es la imagen de esta unión divina.

El divino γνόφος (gnofos: tiniebla, oscuridad luz increada que deslumbra, que te ciega) Cuanto más se acerca el hombre a Dios, tanto más entra en el divino gnofos, donde toda comprensión humana enmudece y comienza la experiencia de la gnosis increada (conocimiento) y suprarracional de Dios.

La noche en la que la Novia busca al Novio simboliza precisamente este camino místico.

La participación: Todos los seres existen porque participan de las donaciones divinas. Pero el hombre está llamado a avanzar hasta la participación consciente en la vida divina e increada, la cual culmina en la unión con Dios, es decir, en la θέωσις zéosis.

 

Orígenes

Orígenes interpreta el Cantar de los Cantares principalmente en sentido espiritual y cristológico. Para él, el Amado es el Logos-Cristo y la Novia-Amada es la psique- alma que, purgada, psicoterapiada y sanada por la ascesis y la contemplación, busca unirse a Él. El lenguaje de la agapi-amor nupcial expresa así el divino eros, es decir, el deseo profundo del alma por Dios.

En su exégesis, el «Cantar» describe un camino de catarsis, iluminación y unión: la Novia pasa de buscar al Amado exteriormente a experimentar su presencia interiormente. Por ello, el texto no debe entenderse como poesía meramente humana, sino como un misterio de la unión de la psique-alma con el Logos y, en un sentido más amplio, de Cristo con la Iglesia.

Orígenes será fundamental para la posterior tradición mística cristiana, especialmente para la interpretación espiritual del «Cantar» desarrollada por Gregorio de Nisa y otros Padres.

 

San Gregorio de Nisa

San Gregorio es el mayor intérprete del Cantar de los Cantares. Considera que el Cantar de los Cantares describe todo el camino de la psique-alma hacia la zéosis.

El progreso incesante (epéktasis): La psique-alma jamás deja de avanzar. Cuanto más conoce a Dios, tanto más Le desea. La perfección no es un estado estático, consiste en un crecimiento incesante en la αγάπη agapi. Éste constituye, quizá, el mensaje teológico más profundo del Cantar de los Cantares.

La herida o trauma de la divina agapi : «Estoy herida de agapi τετρωμένη ἀγάπης ἐγώ εἰμι» (Cantar 2:5) Esta herida no es un sentimiento humano pasajero sino la fuerza de atracción de Dios. Es la herida que la apocálipsis-revelación de la hermosura divina produce en el νούς (nus: espíritu del corazón de la psique del hombre, el ojo de la psique-alma). Desde ese momento la psique-alma ya no puede hallar descanso en ninguna realidad creada. «Atráeme; correremos tras de Ti» (Ct 1,4) significa que primero actúa la divina Jaris (Gracia increada), y después sigue la libre sinergia (cooperación) del hombre.

La búsqueda continua

Muchas veces el Novio se oculta. No porque abandona la psique-alma, sino para acrecentar todavía más su deseo, la búsqueda se hace entonces más profunda que el encuentro anterior. Esto se relaciona con el «divino gnofos o divina tiniebla», donde el conocimiento de Dios trasciende toda comprensión racional.

 

San Máximo el Confesor

Aunque no escribió un comentario al Cantar, toda su teología constituye su fundamento dogmático.

La unión de las voluntades: La unión nupcial es la plena conformidad de la voluntad humana con la voluntad divina.

La θέωσις zéosis: El hombre no llega a ser Dios por naturaleza. Llega a ser dios por Jaris, participando de las energías divinas increadas.

El divino έρως eros: El divino eros unifica todas las potencias y energías de la psique- alma. El nus, el corazón, la διάνοια (diania: mente, intelecto), los sentidos y el cuerpo adquieren un único movimiento: la αγάπη (agapi: amor incondicional) hacia Dios.

 

San Simeón el Nuevo Teólogo

San Simeón describe vivencialmente, empíricamente aquello que los Padres anteriores habían fundamentado teológicamente.

La experiencia de la Luz increada: El Novio no es solamente objeto de fe. Se apocalipta/ revela realmente en el corazón psicoterapiado, purgado y sanado, como Luz increada.

La unión personal: La relación de la psique-alma con Cristo llega a ser un diálogo personal de agapi. La psique-alma ve, siente y conoce al Novio, no mediante la imaginación o fantasía ni por la diania (mente intelecto), sino por la energía increada del Espíritu Santo que se manifiesta en el νούς nus.

La alegría de la parusía presencia divina: La presencia de Cristo colma la psique-alma de una paz inefable, de luz, de agapi y de alegría. Éste es el verdadero matrimonio espiritual del Cantar de los Cantares.

 

San Gregorio Palamás

San Gregorio Palamás representa la culminación de toda esta tradición patrística.

Las energías divinas increadas: Dios permanece inaccesible en Su esencia. Sin embargo, se hace verdaderamente participable mediante Sus energías divinas increadas. Así se comprenden todos los símbolos místicos del Cantar:

los perfumes,

los ungüentos,

los besos,

la luz,

la hermosura,

la alegría

y la presencia del Novio ο Esposo.

Todo ello expresa la experiencia de la divina Jaris increada.

El corazón noeró (espiritual psicosomático) νοερά καρδιά: El lugar del encuentro con el Novio es el corazón purgado y sanado, (corazón como esencia y nus como energía, sin división). Allí Cristo se apocalipta-revela. Allí se realiza la unión del hombre con Dios,

 

La Filocalía y el Cantar de los Cantares

La Filocalía no ofrece un comentario continuo al Cantar de los Cantares, pero recoge y transmite la misma experiencia espiritual que este expresa poéticamente. El lenguaje nupcial del Cantar y el lenguaje ascético y contemplativo de la tradición filocálica convergen en una misma realidad: el camino interior de la psique-alma hacia Dios.

Las tres etapas de este camino –catarsis, iluminación y zéosis-, junto con la oración noerá (espiritual del nus), la oración del corazón o la oración de Jesús, constituyen el camino de la Novia-Esposa hacia el Novio-Esposo, hacia «Aquel a quien amó mi psique-alma».

La oración noerá es, por tanto, la búsqueda incesante del Novio. No se trata de una búsqueda mediante la imaginación, la fantasía o una representación mental de Dios, sino de una experiencia espiritual que tiene lugar por la Jaris-Gracia increada. Cuando el nus es purgado, psicoterapiado y sanado de los pazos, mediante la catarsis, y alcanza la iluminación, comienza a experimentar de manera espiritual la presencia de Dios.

La Filocalía presenta este proceso mediante el lenguaje ascético y contemplativo: nipsis-vigilancia, catarsis del corazón, oración interior, atención del nus, iluminación, mézexis-participación y zéosis. Todo ello conduce progresivamente a la comunión con Dios y a la participación en su Jaris-Gracia divina increada.

En este sentido, lo que el Cantar de los Cantares expresa mediante el lenguaje de la Novia-Esposa y del Novio-Esposo, la Filocalía lo presenta como un camino espiritual concreto: la catarsis de la psique-alma, la purgación y sanación del corazón, la reunificación del nus, su iluminación y, finalmente, la participación en la Jaris divina y la zéosis en Cristo.

Así, el Cantar de los Cantares puede contemplarse como la gran poesía nupcial de la zéosis, mientras que la Filocalía ofrece el lenguaje ascético y espiritual para recorrer ese camino. El Cantar canta el misterio del divino eros-agapi, mientras que la tradición filocálica muestra cómo la psique-alma, mediante la oración, la nipsis y la catarsis, es conducida hacia la unión con Dios.

Existe, por tanto, una profunda correspondencia entre ambos lenguajes. Lo que el Cantar expresa como la relación de agapi-amor entre el Novio-Esposo y la Novia-Esposa, la Filocalía lo expresa mediante el corazón, el nus y la oración. Son dos lenguajes distintos para describir un mismo movimiento espiritual: la salida del hombre de sí mismo por la agapi-amor y su entrada, por la Jaris-Gracia increada, en la comunión con Dios.

De este modo, la tradición filocálica puede entenderse como una expresión vivencial, empírica y ascético-mística-espiritual de la misma realidad espiritual que el Cantar de los Cantares expresa poéticamente: la psique-alma, purgada, psicoterapiada y sanada de los pazos, y el nus iluminado y reunificado en el corazón, es atraída por el divino eros, iluminada por la Jaris y conducida progresivamente hacia la mézexis-participación y la zéosis en Cristo, el Novio-Esposo.

 

Comentarios patrísticos al final de cada capítulo versículo por versículo.

Capítulo 1

1 El Cantar de los Cantares, este canto por excelencia, el más hermoso de todos, es de Salomón.

2 Que me bese con los besos de su boca, porque tus pechos son más dulces que el vino,

[2 ¡Béseme mi Amado
con los besos de su boca!

Porque tus caricias
son más dulces y deliciosas
que el vino más selecto.]

(Nota de traducción: Aunque μαστοί significa literalmente «pechos», muchos Santos Padres entienden esta expresión como símbolo de los dones vivificantes, de la enseñanza divina y de la agapi-amor del Novio-Esposo celestial. Por ello, en la traducción poética puede verterse legítimamente como «tu agapi-amor», conservando el sentido espiritual del texto sin perder su riqueza simbólica.

3 y la fragancia de tus perfumes sobrepasa todos los aromas; tu Nombre es como un perfume derramado que llena todo con su exquisita fragancia; por eso las doncellas (psiques-almas) puras te aman;

[3 La fragancia de tus perfumes
supera todos los aromas del mundo;

tu Nombre es como un perfume precioso
derramado al abrirse su vaso sellado;
su suave fragancia todo lo llena;

por eso las doncellas (psiques-almas) vírgenes
te aman con todo su corazón.]

4 atráeme hacia Ti; correremos tras la fragancia de tus perfumes; el Rey me ha introducido en su mansión; nos regocijaremos, deleitaremos y nos alegraremos en ti; amaremos tus pechos más que el vino; la rectitud te ha amado.

[4 Atraídas por Ti,
correremos embriagadas

tras la fragancia de tus perfumes;

mi Rey me ha conducido
a sus habitaciones más íntimas;

en Ti nos gozaremos
y rebosaremos de alegría;

amaremos la dulzura de tus caricias
más que el vino más selecto;

todo corazón recto/ortodoxo
te ha amado y continúa amándote.]

5 Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén; semejante a las tiendas de Quedar por fuera, y a los espléndidos velos del palacio de Salomón por dentro.

5 ¡Oh hijas de Jerusalén!
Soy muy morena,
como las tiendas de los habitantes de Quedar;
pero soy hermosa,
como los preciosos cortinajes de piel
del hermoso palacio de Salomón.

6 No fijéis vuestra mirada en mi rostro porque el sol me ha oscurecido; los hijos de mi madre se pusieron contra mí y me obligaron a la custodia de las viñas; mientras velaba por las ajenas, descuidé mi propia viña.

6 No os detengáis en mi apariencia,

porque el ardor del sol,

ha oscurecido mi rostro;

mis amigos se irritaron contra mí,

contendieron conmigo y

me enviaron a guardar las viñas;

pero yo, por agapi-amor a Él,

no guardé mi propia viña (mi alma); la descuidé.

7 Dímelo, amado de mi alma: ¿dónde apacientas tu rebaño?, ¿dónde lo haces descansar al mediodía?, para que no vague perdida buscándote entre los rebaños de tus compañeros.

8 Si todavía no has conocido quién eres, oh la más hermosa entre las mujeres, sigue las huellas del santo rebaño y apacienta tus cabritos junto a las tiendas de los pastores.

8 Si tú, la más hermosa entre todas las mujeres,
no te conoces a ti misma,
sal y sigue las huellas de los rebaños;

apacienta tus cabritillos
junto a las tiendas de los otros pastores,
y allí encontrarás
a aquel que buscas.

9 Te he comparado, amada mía, a mi noble yegua que tira de los carros del Faraón, (hermosa, fuerte y majestuosa.)

9 Te he comparado, amada mía,
compañera de mi vida,
con mi majestuosa y orgullosa yegua,
enganchada al carro del Faraón.

10 ¡Cuán hermosas son tus mejillas, semejantes y suaves a las de una tórtola; y tu cuello, ¡adornado como con preciosos collares!

10 ¡Qué hermosas son tus mejillas y tu rostro,
como los de una tórtola!
¡Qué bellísimo es tu cuello,
donde resplandece la Jaris-gracia,
como ricos collares!

11 Te adornaremos con preciosas obras de oro, realizadas por finas incrustaciones de plata.

12 Mientras el Rey estaba reclinado a su mesa, mi nardo derramó su exquisita fragancia.

13 Un manojo de mirra destilada es mi amado para mí; entre mis pechos reposará.

13 Como un relicario colmado de fragante mirra
es para mí mi amadísimo;
reposará entre mis pechos,
sobre mi corazón.

14 Mi Novio es para mí como un fragante racimo de alheña que florece en las viñas de Engadí, derramando su exquisita fragancia.  (nota: κύπρος no alude a la isla de Chipre, sino a la alheña (Lawsonia inermis), planta aromática; la imagen reúne dos símbolos: la fecundidad del viñedo y el exquisito perfume de la alheña.)

15 ¡Qué hermosa eres, amada mía; toda tú eres hermosa! Tus ojos son como palomas, transparentes en su pureza y llenos de paz y dulzura.

16 ¡Qué hermoso eres, Amado mío; incomparable es tu belleza! Nuestra cama reposa bajo una sombra benefactora y refrescante, apacible y protectora.

17 Las vigas de nuestra morada son de cedro aromático, y nuestros marcos, de fragante ciprés.

 

Comentarios Patrísticos Capítulo 1

1:1

1 El Cantar de los Cantares, este canto por excelencia, el más hermoso de todos, es de Salomón.

Comentario patrístico

Los Santos Padres consideran este libro como el grado más elevado de la contemplación espiritual. San Gregorio de Nisa observa que, después de haber sido purgada, psicoterapiada y sanada mediante los Proverbios y elevada por el Eclesiastés por encima de las realidades pasajeras, la psique-alma entra finalmente en el Cantar de los Cantares, donde alcanza la unión de agapi-amor con el Logos divino.

Para la tradición ortodoxa, la Esposa o Novia representa principalmente:

  • la Iglesia;
  • la psique alma purgada (catarsis), psicoterapiada y sanada;
  • la naturaleza humana iluminada llamada a la zéosis.

El Esposo o Novio es siempre Cristo, el Logos eterno de Dios, cuya unión con la humanidad constituye el misterio supremo de la agapi-amor divina.

Así, desde sus primeras palabras, el libro anuncia que no se trata de un canto humano cualquiera, sino del cántico supremo de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado) entre Dios y el hombre, culminación de toda la Apocálipsis-Revelación Antiguo-testamentaria.

 

1:2

2 Que me bese con los besos de su boca, porque tus pechos son más dulces que el vino,

Nota de traducción: Aunque μαστοί significa literalmente «pechos», muchos Santos Padres entienden esta expresión como símbolo de las donaciones o de los dones vivificantes, de la enseñanza divina y de la agapi del Novio celestial. Por ello, en la traducción poética puede verterse legítimamente como «tu agapi-amor», conservando el sentido espiritual del texto sin perder su riqueza simbólica.

Comentario Patrístico

Los Padres de la Iglesia ven en este primer clamor de la Novia o Esposa el anhelo de la psique-alma por la unión con Cristo.

San Gregorio de Nisa explica que la Novia o Esposa no se contenta con conocer a Dios mediante figuras, símbolos o profetas; desea recibir directamente el beso del Logos, es decir, la comunicación inmediata de la jaris-gracia, de la agapi y de la gnosis (conocimiento) divinas e increadas.

El beso representa la participación en la vida de Cristo y la unión íntima con Él por la energía increada y acción del Espíritu Santo.

Los pechos del Novio o Esposo simbolizan, según la interpretación patrística, la riqueza inagotable de la enseñanza divina, los dones o donaciones de la Jaris, el más alto de ellos: la αγάπη agapi (1Corintios 13:13), y el alimento espiritual con el que Cristo nutre a su Iglesia y a cada psique-alma fiel.

El vino figura los gozos de este mundo e incluso las alegrías de la Antigua Alianza; pero la comunión con Cristo los sobrepasa a todos, pues solo Él sacia plenamente la sed del corazón humano.

Los Padres leen los «besos de su boca» espiritualmente como la comunicación directa del Logos a la psique-alma: su logos, su sabiduría y la experiencia de su presencia. El beso expresa una intimidad que no es exterior, sino la participación de la psique-alma en aquello que procede de Dios.

Los «pechos» representan los dones vivificantes que el Novio comunica: la sabiduría divina, la enseñanza espiritual y la Jaris que alimenta a la psique-alma. Por eso son preferidos al vino, imagen de los deleites pasajeros: la psique-alma ha descubierto un alimento y una alegría superiores a todo placer creado.

San Gregorio de Nisa contempla el beso como una aproximación cada vez más íntima de la psique-alma a Dios. El Logos se comunica a la psique-alma y la hace participar de sus bienes; cuanto más recibe, más crece en ella el deseo de recibirlo.

Orígenes interpreta los besos como los logos y misterios que proceden de la boca del Logos. La psique-alma desea no solamente conocer algo acerca de Él, sino recibir de Él mismo el logos vivificante.

(San Gregorio de Nisa, Homilía I sobre el Cantar de los Cantares, PG 44, 755–766 aproximadamente, y Orígenes: Comentario al Cantar de los Cantares, Libro I, 4–5).

En la perspectiva de la tradición espiritual, el versículo expresa así el comienzo de la experiencia contemplativa: la psique-alma desea recibir de la boca del Logos el logos divino y alimentarse de su Jaris, porque ha descubierto que nada de lo creado puede compararse con Él.

 

1:3

3 y la fragancia de tus perfumes sobrepasa todos los aromas; tu Nombre es como un perfume derramado que llena todo con su exquisita fragancia; por eso las doncellas (psiques-almas) puras te aman;

Comentario patrístico
La imagen del perfume ocupa un lugar fundamental en la lectura espiritual del Cantar. El perfume no permanece encerrado: al ser derramado, se difunde y llena de fragancia todo cuanto lo rodea. Así interpretan los Padres la manifestación del Logos y de la Jaris en la psique-alma.

San Gregorio de Nisa identifica los perfumes con las virtudes -sabiduría, templanza, justicia, fortaleza y las demás, cuyo aroma espiritual se manifiesta en quienes participan de ellas.

Orígenes relaciona el «nombre» del Novio con el conocimiento de Cristo que se comunica a la psique-alma. El nombre es como un perfume derramado porque el conocimiento del Logos no permanece oculto en quien lo recibe: su fragancia se manifiesta mediante las virtudes y atrae a quienes todavía buscan a Dios. Las doncellas representan las almas que, al percibir esta fragancia, se sienten atraídas hacia el Novio. (Orígenes, Homilia I in Canticum Canticorum, 4–5, PG 13, 37A–38A.)  

San Gregorio de Nisa contempla el perfume como imagen de la virtud divina comunicada a la psique-alma. La psique-alma que participa de la Belleza de Dios se transforma ella misma en una especie de perfume espiritual. La fragancia no es algo añadido exteriormente, sino el fruto de la transformación interior producida por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilia I, PG 44, 780D–781C. )

Hay aquí una profunda relación con la Encarnación: el Logos invisible se hace accesible y su «nombre» se derrama entre los hombres. Cristo se da a conocer mediante sus logos, sus obras y, sobre todo, mediante la manifestación de su agapi. (Orígenes, Homilia I in Canticum Canticorum, 4, PG 13, 37A–38A.)

«Tu nombre es perfume derramado». Esta expresión es especialmente importante: μῦρον ἐκκενωθὲν ὄνομά σου Literalmente: «Tu nombre es perfume derramado». El nombre representa la persona y su manifestación. Cuando el nombre del Novio es «derramado», significa que Él mismo se comunica y se hace conocido. La psique-alma no recibe simplemente una información acerca de Dios: recibe la presencia vivificante del Logos mediante la Jaris. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilia I, PG 44, 781B–C; 784A.)

Por eso inmediatamente sigue: «Por eso las doncellas te amaron».
La fragancia precede al amor: primero el alma percibe la fragancia del Logos, después corre tras Él y finalmente lo ama. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilia I, PG 44, 784A–785A.)

Es exactamente el movimiento que reaparece en el versículo siguiente: «Atráeme hacia Ti; correremos tras la fragancia de tus perfumes» (Ct 1,4).

El perfume de Cristo atrae a la psique-alma; la Jaris la pone en movimiento; y la agapi-amor la conduce hacia la unión con el Novio. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilia I, PG 44, 784A–785A.)

Síntesis patrística: Perfume → manifestación del Logos → atracción de la psique-alma → agapi-amor → seguimiento → comunión.

Así, este versículo introduce uno de los grandes temas del Cantar: la psique-alma queda embriagada por la fragancia espiritual del Logos y, atraída por ella, corre hacia Él. La fragancia de los perfumes no es otra cosa que la manifestación de la Jaris y de las virtudes divinas en Cristo y en aquellos que participan de Él. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilia I, PG 44, 780D–785A.)

 

1:4

4 atráeme hacia Ti; correremos tras la fragancia de tus perfumes; el Rey me ha introducido en su mansión; nos regocijaremos, deleitaremos y nos alegraremos en ti; amaremos tus pechos más que el vino; la rectitud te ha amado.

Comentario filológico

Ασ. Ασ. 1,4 εἵλκυσάν σε, ὀπίσω σου εἰς ὀσμὴν μύρων σου δραμοῦμεν. εἰσήνεγκέ με ὁ βασιλεὺς εἰς τὸ ταμιεῖον αὐτοῦ. ἀγαλλιασώμεθα καὶ εὐφρανθῶμεν ἐν σοί· ἀγαπήσομεν μαστούς σου ὑπὲρ οἶνον· εὐθύτης ἠγάπησέ σε.

  • εἵλκυσόν με (ílkisón me,) según el texto hebreo y muchas ediciones críticas; la Septuaginta presenta aquí una variante que significa «atráeme», «llévame hacia ti». El verbo ἕλκω expresa una atracción poderosa, no violenta, sino nacida de la agapi-amor.
  • μαστοί (mastí) conserva su sentido literal de «pechos», pero en la tradición bíblica y patrística simboliza el alimento espiritual, la ternura y los dones o donaciones del Esposo.
  • εὐθύτης (efzitis) significa «rectitud», «integridad», «sinceridad», en una palabra “ortodoxamente”. Expresa la disposición del corazón que ama a Dios sin doblez.

Comentario patrístico

Este versículo describe, en lenguaje nupcial, el movimiento entero de la psique-alma hacia Dios: la llamada de la Jaris, el seguimiento del Logos, la entrada en su intimidad y el gozo de la comunión con Él.

«Atráeme hacia Ti» expresa que el comienzo de la vida espiritual procede de Dios. La psique-alma no puede elevarse por sus propias fuerzas, sino que es atraída por la Jaris increada.

San Gregorio de Nisa contempla esta atracción como un movimiento incesante de la psique-alma hacia el Bien. Las almas, dice, son atraídas por el deseo del Novio incorruptible y, movidas por la fragancia de sus perfumes, corren siempre hacia adelante, extendiéndose hacia lo que está delante de ellas. De este modo, la unión con Dios no pone término al movimiento espiritual, sino que suscita un deseo siempre mayor de participar en Él. Esta dinámica constituye uno de los rasgos fundamentales de la zéosis según san Gregorio de Nisa. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilía I, PG 44, 756–757; GNO VI, 8–12).

«Correremos tras la fragancia de tus perfumes» expresa la respuesta de la psique-alma a esa atracción divina. El correr manifiesta el dinamismo de la vida espiritual: quien ha percibido la fragancia de Cristo ya no permanece inmóvil ni camina con indolencia, sino que corre con fervor tras Él. San Gregorio explica que la causa de esta agapi es precisamente la fragancia del perfume: las psiques-almas, atraídas por ella, corren continuamente hacia adelante, olvidando lo que queda atrás y extendiéndose hacia lo que tienen delante. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilía I, PG 44, 756–757; GNO VI, 9–12).

Los perfumes manifiestan la presencia, la energía y la acción del Logos que atrae hacia Sí a la psique-alma. Orígenes, en su interpretación del Cantar, contempla la fragancia como expresión de la energía increada y acción espiritual de Cristo, cuyo nombre y cuya presencia se comunican a la psique-alma y la conducen hacia gnosis el conocimiento de Dios. Para él, el Cantar describe precisamente la relación de la psique-alma con el Logos y su progresiva entrada en los misterios divinos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Prólogo; Homilías sobre el Cantar de los Cantares, I–II, PG 13, 61–105).

«El Rey me ha introducido en su mansión» señala la entrada de la psique-alma en la intimidad divina. El Rey es Cristo, el Logos, y la «mansión» o «cámara interior» representa el misterio escondido de la comunión con Dios. San Gregorio de Nisa establece aquí una progresión espiritual: unas psiques-almas todavía corren hacia la meta, mientras que la psique-alma más perfecta, habiendo avanzado en este camino, es considerada digna de entrar en los tesoros del Rey. La entrada en estos «tesoros» significa penetrar progresivamente en la profundidad de los misterios divinos. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilía I, PG 44, 757–760; GNO VI, 12–25).

«Nos regocijaremos, deleitaremos y nos alegraremos en Ti» expresa la alegría que nace de la comunión con Dios. No se trata de un gozo exterior, sensible o pasajero, sino de la alegría espiritual que brota de la participación en el Bien divino. La psique-alma, habiendo encontrado su verdadero Bien, se alegra en Dios mismo. El gozo es, por tanto, fruto de la unión y de la participación en la vida divina.

«Amaremos tus pechos más que el vino» emplea la imagen nupcial del Cantar. Los pechos representan, en la interpretación espiritual de los Padres, los dones vivificantes que el Logos comunica a la psique-alma: su enseñanza, su sabiduría y el alimento espiritual de los misterios divinos. San Gregorio de Nisa relaciona esta imagen con aquello que brota de los «pechos» espirituales y que es recibido en el interior de la psique-alma como alimento divino. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Homilía I; Homilía II, PG 44, 760 ss.; GNO VI).

El vino, en contraste, representa aquí un deleite inferior frente al gozo espiritual que procede de Dios. Por eso la psique-alma prefiere los dones del Novio a cualquier deleite pasajero: el alimento que procede del Logos conduce a la verdadera vida y no se agota como los placeres sensibles.

«La rectitud te ha amado» expresa que el amor verdadero hacia Dios corresponde a la rectitud y a la pureza interior. La psique-alma que ha sido enderezada, purgada y sanada por la Jaris puede amar al Logos de manera verdadera. La rectitud no es aquí una mera corrección exterior, sino la disposición interior de quien ha sido liberado de la desviación de los pazos y orientado enteramente hacia el Bien.

Por eso, «la rectitud te ha amado» puede comprenderse como la confesión de que solamente el corazón purgado, psicoterapiado y sanado, sencillo y recto, es decir, el ortodoxo, puede amar verdaderamente a Cristo y reconocer la belleza de su presencia. Esta interpretación armoniza con la perspectiva general de san Gregorio de Nisa, para quien la entrada en el misterio nupcial exige que la psique-alma se encuentre revestida de pureza y de pensamientos incorruptos. (San Gregorio de Nisa, In Canticum Canticorum, Prólogo, PG 44, 756; GNO VI, 4–8).

Síntesis patrística

En este versículo aparece, de forma condensada, todo el camino espiritual:

atracción de la Jaris → seguimiento del Logos → entrada en la intimidad divina → alegría espiritual → alimento de la sabiduría divina → agapi-amor en la rectitud.

San Gregorio de Nisa contempla este movimiento como un dinamismo inagotable de la zéosis. La psique-alma, atraída por Dios, corre hacia Él; al avanzar, penetra cada vez más profundamente en sus misterios y, cuanto más participa de la Belleza divina, más aumenta su deseo de Dios. El progreso espiritual no consiste, por tanto, en alcanzar un punto en el que el deseo quede satisfecho y termine, sino en avanzar continuamente hacia una participación siempre mayor en el Bien infinito.

Orígenes, por su parte, interpreta el Cantar como el misterio de la relación entre la psique-alma y el Logos. La fragancia, el nombre, la carrera de la Novia y su entrada en las cámaras del Rey expresan el camino por el que la psique-alma es conducida desde los primeros movimientos de la agapi hasta una contemplación más profunda de los misterios divinos. Su Comentario al Cantar de los Cantares y sus Homilías constituyen una de las primeras grandes formulaciones cristianas de esta lectura mística del Cantar.

Así, «Atráeme hacia Ti» constituye una de las expresiones fundamentales de la vida espiritual: la Jaris atrae, la psique-alma responde libremente, corre tras el Logos, entra progresivamente en su intimidad y participa cada vez más profundamente de la vida divina.

 

1:5

5 Soy morena, pero hermosa, hijas de Jerusalén; semejante a las tiendas de Quedar por fuera, y a los espléndidos velos del palacio de Salomón por dentro.

Comentario patrístico 

La Novia o Esposa reconoce humildemente su condición: ha sido oscurecida, morena por el sol, pero no ha perdido la belleza que Dios imprimió en ella.

San Gregorio de Nisa interpreta esta confesión como la voz de la psique-alma que, después de las pruebas y del combate ascético ortodoxo, reconoce las huellas de la condición humana sin perder la hermosura recibida del Novio o Esposo. La oscuridad no procede de la naturaleza creada por Dios, sino de las fatigas de la vida presente y del largo camino de catarsis. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía II (comentario a Ct 1,5). PG 44, cols. 805–812 (aprox.).

Para Orígenes, la negrura o morena representa la condición de la psique-alma marcada por el pecado o por las tribulaciones, mientras que la belleza proviene de la presencia del Logos increado. La conversión no elimina instantáneamente todas las huellas del pasado, pero la psique-alma ya ha sido embellecida por Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro II (sobre Ct 1,5). PG 13, cols. 96–104 Sources Chrétiennes (SC 375), Commentaire sur le Cantique des Cantiques, Livre II.)

Los Padres ven además en las tiendas de Quedar la imagen de la condición exterior, frágil y sometida al tiempo, mientras que las cortinas de Salomón representan la belleza interior que la Jaris va revelando en la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. Así, el progreso espiritual consiste en que la hermosura del hombre nuevo vaya resplandeciendo cada vez más, hasta que toda la persona sea transformada por la presencia del Logos.

 

1:6

6 No fijéis vuestra mirada en mi rostro porque el sol me ha oscurecido; los hijos de mi madre se pusieron contra mí y me obligaron a la custodia de las viñas; mientras velaba por las ajenas, descuidé mi propia viña.

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa ve en este versículo la confesión humilde de la psique-alma que reconoce haber descuidado su vida interior mientras se ocupaba de muchas tareas exteriores. La verdadera belleza de la psique-alma no desaparece, pero puede quedar velada cuando las preocupaciones del mundo ocupan el lugar que corresponde a la contemplación de Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía II, comentario a Ct 1,6. PG 44, 809–812. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Β΄.)

Para Orígenes, los «hijos de mi madre» representan las múltiples ocupaciones y preocupaciones que dispersan el corazón. La viña propia es la psique-alma, que debe cultivarse mediante la oración, la nipsis y la práctica de las virtudes. Cuando el hombre dedica todas sus fuerzas a los asuntos exteriores y olvida la nipsis vigilancia interior, su viña queda sin fruto. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro II. PG 13, 97–100).

San Máximo el Confesor desarrolla el mismo principio espiritual al enseñar que quien dirige toda su atención únicamente a las realidades exteriores corre el riesgo de descuidar el cultivo del νούς nus espíritu, que es la verdadera viña donde debe fructificar la χάρις (jaris: gracia energía increada) de Dios. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la Agapi Amor-, I, 12–13. PG 90, 964–965. En español: https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-ii/filocalia-tomo-2-san-maximo-el-confesor-4-centurias-sobre-la-%ce%b1%ce%b3%ce%ac%cf%80%ce%b7-agapi/)

Los Padres contemplan en este versículo una llamada permanente a la νήψις (vigilancia espiritual). Antes de cuidar las   viñas ajenas -las obras, los ministerios o las preocupaciones del mundo-, el cristiano ortodoxo debe guardar la viña que Dios le ha confiado: su propio corazón. Solo un corazón purgado, psicoterapiado y sanado por la Jaris increada puede producir los frutos agradables al Novio divino.

 

1:7

7 Dímelo, amado de mi alma: ¿dónde apacientas tu rebaño?, ¿dónde lo haces descansar al mediodía?, para que no vague perdida buscándote entre los rebaños de tus compañeros.

Comentario patrístico

Para San Gregorio de Nisa, la Novia ya no busca simplemente contemplar al Novio; desea conocer el lugar donde Él apacienta. Es la súplica de la psique-alma que anhela ser conducida a la verdadera vida en Cristo y alimentarse únicamente de su enseñanza. San Gregorio interpreta el mediodía como la plenitud de la iluminación espiritual. Así como el sol alcanza entonces su máximo resplandor, también la psique-alma desea llegar a la luz perfecta del conocimiento de Dios, donde desaparecen las sombras del error y la oscuridad de la ignorancia. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía III (comentario a Ct 1,7). PG 44, 816–824.)

Orígenes identifica al Buen Pastor con Cristo. La psique-alma ruega que le muestre el lugar donde alimenta a sus ovejas para no dejarse seducir por enseñanzas extrañas ni por falsos maestros, simbolizados por los rebaños de sus compañeros.

Orígenes, a la pregunta «¿dónde apacientas?» expresa el deseo de conocer la verdadera Iglesia, la Ortodoxa, donde Cristo alimenta a los fieles con su logos y con los santos Misterios. El temor de vagar entre otros rebaños manifiesta el anhelo de permanecer en la verdad y no confundirse con quienes poseen solo una apariencia de piedad. (Orígenes: Comentario al Cantar de los Cantares, Libro II. PG 13, 100–108.)

Los Padres ven aquí una exhortación a buscar siempre al único Pastor verdadero, que conduce a sus ovejas hacia los pastos de la vida eterna. La psique-alma que ama al Logos no se conforma con saber que Él existe; desea conocer dónde está, dónde habla, dónde alimenta y dónde comunica la plenitud de su Jaris a quienes le siguen.

 

1:8

8 Si todavía no has conocido quién eres, oh la más hermosa entre las mujeres, sigue las huellas del santo rebaño y apacienta tus cabritos junto a las tiendas de los pastores.

San Gregorio de Nisa considera que estas palabras constituyen una de las grandes enseñanzas espirituales del Cantar de los Cantares. El primer paso hacia Dios es el verdadero conocimiento de sí mismo. El alma que desconoce su propia condición, su dignidad y sus heridas, no puede avanzar plenamente hacia la unión con el Logos.

Para San Gregorio, el «conócete a ti misma» no es una simple máxima filosófica heredada de la tradición griega, sino una invitación a descubrir en uno mismo la imagen de Dios y a reconocer cuánto necesita la psique-alma ser purgada, psicoterapiada y sanada para recuperar plenamente esa semejanza divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía III (comentario a Ct 1,8). PG 44, 821–828. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Γ΄.)

Orígenes interpreta las huellas del rebaño como el camino recorrido por los santos, los profetas, los apóstoles y todos aquellos que han seguido fielmente al Buen Pastor. Quien todavía no posee una plena madurez espiritual debe caminar tras sus pasos y aprender de su ejemplo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro II. PG 13, 108–112.)

Los cabritos representan, según varios Padres, los pensamientos todavía imperfectos o a los creyentes que aún no han alcanzado la madurez espiritual. Deben ser guiados junto a las tiendas de los pastores, es decir, en la comunión de la Iglesia Ortodoxa, donde reciben alimento mediante la enseñanza apostólica y la vida mistiríaca-sacramental.

Así, este versículo une dos grandes principios de la espiritualidad ortodoxa: el conocimiento de sí mismo y la obediencia a la tradición viva de la Iglesia Ortodoxa. La psique-alma no encuentra sola el camino hacia el Novio; lo recorre siguiendo las huellas de aquellos que, antes que ella, fueron iluminados por la Jaris increada y llegaron a ser verdaderos pastores del pueblo de Dios.

 

1:9

9 Te he comparado, amada mía, a mi noble yegua que tira de los carros del Faraón, (hermosa, fuerte y majestuosa.)

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa explica que esta comparación no pretende exaltar la fuerza física, sino la nobleza espiritual de la psique-alma. Así como la yegua elegida para los carros reales era cuidadosamente seleccionada por su belleza, fortaleza y docilidad, también la psique-alma que ha sido purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris es considerada digna de llevar el yugo de Cristo y de participar en la obra de su reinado de la Realeza increada. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía III (comentario a Ct 1,9).

Orígenes observa que los carros del Faraón evocan el poder de Egipto, símbolo del mundo y de la esclavitud del pecado. Sin embargo, el Novio toma esa imagen conocida para expresar la extraordinaria belleza y dignidad de la Novia. La psique-alma que antes estuvo sometida al «Faraón» -figura del pecado y del diablo- ha sido metamorfoseada, transformada por Cristo y ahora pertenece por entero al verdadero Rey. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 112–116.)

Muchos Padres ven también en la yegua una imagen de la psique-alma que ha sometido sus impulsos naturales a la obediencia de Dios. La fuerza ya no se dirige hacia los pazos (pasiones, vicios, padecimientos) sino que, guiada por el Novio, se convierte en energía espiritual al servicio de la virtud.

Observación patrística

En este versículo conviene evitar una interpretación puramente estética. Para los Padres, la comparación con la yegua de los carros del Faraón pone de relieve tres cualidades espirituales: la fortaleza, la docilidad y la total entrega al Novio. La psique-alma bella es aquella cuya fuerza natural ha sido purgada, sanada y orientada completamente hacia Cristo.

 

1:10

10 ¡Cuán hermosas son tus mejillas, semejantes y suaves a las de una tórtola; y tu cuello, ¡adornado como con preciosos collares!

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa contempla en estas palabras el progreso espiritual de la psique-alma. La belleza que el Novio admira no es corporal, sino el resplandor de las virtudes que la Jaris ha formado en ella. Las mejillas, visibles para todos, simbolizan las virtudes manifestadas exteriormente, mientras que el cuello representa la firmeza con que la psique-alma soporta el suave yugo de Cristo. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía III (comentario a Ct 1,10). PG 44, 832–836΄)

Orígenes interpreta la tórtola como imagen del Espíritu Santo y de la pureza de la psique-alma. La psique-alma metamorfoseada, transformada por la jaris (energía increada) adquiere la sencillez, la mansedumbre y la fidelidad simbolizadas por esta ave. Respecto al cuello adornado con collares, Orígenes ve en ellos las diversas virtudes y las enseñanzas divinas que embellecen al creyente como preciosas joyas. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 116–120.)

Los Padres destacan que el Novio no elogia virtudes o dones naturales, sino la belleza adquirida mediante la cooperación entre la libertad humana y la Jaris divina. Las joyas que adornan el cuello son las virtudes que el Espíritu Santo va introduciendo en la psique-alma hasta hacer de ella una digna Novia o Esposa del Logos.

 

1:11

11 Te adornaremos con preciosas obras de oro, realizadas por finas incrustaciones de plata.

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa interpreta estos adornos como la progresiva belleza espiritual que el Logos comunica a la psique-alma. No es la psique-alma quien se adorna a sí misma, sino el mismo Novio quien la embellece con las donaciones de la Jaris, haciéndola resplandecer con las virtudes. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía III (comentario a Ct 1,11).

Para San Gregorio, el oro representa las virtudes más elevadas y la participación en la doxa-gloria divina, mientras que la plata simboliza la pureza de la enseñanza y la iluminación del Logos. La psique-alma va siendo adornada progresivamente hasta convertirse en un reflejo de la belleza increada.

Orígenes entiende que el plural «te adornaremos o haremos» expresa la obra común de la Santa Trinidad o, según otra interpretación, la acción conjunta de Cristo y de sus ministros en la edificación espiritual de la Iglesia. Los ornamentos representan las múltiples virtudes que embellecen a la psique-alma fiel. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 120–124.)

Los Padres subrayan que la belleza de la psique-alma no nace de cualidades naturales, sino de la metamorfosis, transformación realizada por la Jaris. Cada virtud es como una joya preciosa introducida por el divino Joyero, hasta que la Novia aparece completamente preparada para el encuentro con el Novio.

 

1:12

12 Mientras el Rey estaba reclinado a su mesa, mi nardo derramó su exquisita fragancia.

San Gregorio de Nisa interpreta al Rey como Cristo, que se sienta a la mesa del banquete espiritual para comunicar su vida a los fieles. La presencia del Rey hace que la psique-alma, simbolizada por el nardo, manifieste espontáneamente el buen olor de las virtudes. La fragancia no procede de la naturaleza humana, sino de la presencia del Logos que habita en ella. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,12). PG 44, 841–848. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Δ΄.)

Orígenes contempla en este banquete una figura de la comunión entre Cristo y la Iglesia Ortodoxa. El nardo representa la fe viva, la agapi-amor y las virtudes de la psique-alma, que solo despliegan plenamente su perfume cuando el Rey está presente. La fragancia simboliza el testimonio de una vida metamorfoseada, transformada por la jaris gracia increada. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 124–128.)

Muchos Padres relacionan este versículo con la unción de Betania (Jn 12,3), donde María derrama un perfume de nardo puro sobre los pies del Señor y «la casa se llenó de la fragancia del perfume». El nardo se convierte así en símbolo de la agapi total ofrecida a Cristo y del buen olor espiritual que la Jaris difunde desde el corazón del creyente hacia toda la    Iglesia Ortodoxa.

 

1:13

13 Un manojo de mirra destilada es mi amado para mí; entre mis pechos reposará.

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa contempla en la mirra el misterio de la Pasión de Cristo. La psique-alma que ama al Logos lleva siempre en su corazón el recuerdo de los sufrimientos redentores del Novio. La mirra, que servía para ungir los cuerpos, y que simboliza también la incorruptibilidad, manifiesta que la agapi a Cristo pasa necesariamente por la participación en su Cruz. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,13). PG 44, 848–852. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Δ΄.)

Orígenes explica que el manojo de mirra representa la presencia continua de Cristo en el corazón del creyente. Así como el perfume acompaña constantemente a quien lo lleva consigo, también la psique-alma debe conservar incesantemente la memoria del Logos, de modo que toda su vida exhale el buen olor de Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 128–132.)

Los Padres relacionan asimismo este pasaje con la exhortación de san Pablo a llevar siempre en el cuerpo «la muerte de Jesús» (2 Co 4,10). La mirra simboliza la agapi-amor que acepta el sacrificio y la ascesis ortodoxa, mientras que el lugar entre los pechos indica que Cristo debe habitar permanentemente en el centro del corazón. Allí el nus, iluminado por la Jaris, conserva el recuerdo incesante del Novio y vive en continua comunión con Él.

 

1:14

14 Mi Novio es para mí como un fragante racimo de alheña que florece en las viñas de Engadí, derramando su exquisita fragancia.  (nota: κύπρος no alude a la isla de Chipre, sino a la alheña (Lawsonia inermis), planta aromática; la imagen reúne dos símbolos: la fecundidad del viñedo y el exquisito perfume de la alheña.)

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa interpreta el racimo de alheña como la plenitud de las jaris y de las virtudes que el Logos comunica a la psique-alma. Así como las flores de la alheña llenan el aire de su fragancia, también Cristo difunde en quienes permanecen unidos a Él el buen olor de la vida divina. Engadí, oasis fecundo en medio del desierto, representa la psique-alma transformada, metamorfoseada por la Jaris, donde brotan frutos espirituales allí donde antes reinaba la esterilidad. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,14). PG 44, 852–856. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Δ΄.)

Orígenes ve en el racimo una figura de Cristo, del que brotan los frutos de la salvación. El creyente encuentra en Él la belleza, el perfume y la dulzura de todas las virtudes. Los viñedos de Engadí simbolizan la Iglesia, donde florece la vida nueva y madura el fruto del Espíritu. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 132–136.)

Los Padres destacan que la psique-alma ya no contempla únicamente la belleza del Novio, sino que experimenta su presencia como una fuente inagotable de vida y de perfume espiritual. Cristo es el racimo del que mana el vino de la alegría divina y la flor de alheña cuyo perfume llena el corazón purgado y sanado por la Jaris.

 

1:15

15 ¡Qué hermosa eres, amada mía; toda tú eres hermosa! Tus ojos son como palomas, transparentes en su pureza y llenos de paz y dulzura.

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa explica que el Novio contempla en la Novia (o la Iglesia) y en la psique-alma “psicoterapiada”, purgada y sanana por la Jaris. La repetición de «qué hermosa eres» manifiesta el gozo del Logos al ver restaurada en la psique-alma la imagen divina. Los ojos, símbolo de la contemplación espiritual, se comparan con palomas porque, limpiados y sanados de toda malicia y mancha, reciben la luz divina con sencillez y permanecen dirigidos únicamente hacia Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,15). PG 44, 856–860.)

Orígenes interpreta las palomas como imagen del Espíritu Santo. Los ojos de la psique-alma son semejantes a palomas cuando contemplan todas las cosas con pureza y sencillez, sin duplicidad ni pazos (pasiones, vicios, padecimientos, adicciones). La psique-alma iluminada adquiere una mirada espiritual capaz de reconocer la presencia de Dios en todo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 136–140.)

Los Padres enseñan que la verdadera belleza de la Novia no procede de cualidades naturales, sino de la metamorfosis, transformación realizada por la Jaris. Sus ojos son «palomas» porque el νούς nus, purgado, sanado e iluminado mediante la ascesis ortodoxa y la oración, ha recuperado la visión espiritual y contempla al Novio con una mirada limpia, sencilla y llena de agapi.

 

1:16

16 ¡Qué hermoso eres, Amado mío; incomparable es tu belleza! Nuestra cama reposa bajo una sombra benefactora y refrescante, apacible y protectora.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la cama como el lugar del descanso espiritual donde la psique-alma entra en comunión con el Logos. La sombra no representa oscuridad, sino el reposo y la protección que Cristo concede a quienes permanecen junto a Él. Allí la psique-alma descansa de las fatigas del mundo y se alimenta de la contemplación divina. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 140–144.)

San Gregorio de Nisa contempla en este versículo la respuesta amorosa de la Novia al elogio recibido del Novio. Después de ser embellecida por la Jaris, reconoce que toda belleza procede únicamente de Él. El lecho sombreado simboliza la paz de la psique-alma que ha alcanzado la comunión con Dios y permanece protegida bajo la providencia del Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,16). PG 44, 860–864.)

San Máximo el Confesor ve en el lecho el estado de paz interior alcanzado cuando el nus cesa de dispersarse entre los pazos y permanece unido al Logos. La sombra simboliza la serenidad y el descanso que brotan de la presencia de Dios. (Capítulos sobre el amor, II. PG 90, 992–996. Φιλοκαλία Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης. En español https://www.logosortodoxo.com/filocalia/tomo-ii/filocalia-tomo-2-san-maximo-el-confesor-4-centurias-sobre-la-%ce%b1%ce%b3%ce%ac%cf%80%ce%b7-agapi/)

Los Padres enseñan que el verdadero lecho nupcial es el corazón purgado y sanado, donde Cristo y la psique-alma habitan juntos. La frondosa sombra expresa la paz de la presencia divina: no una oscuridad que oculta, sino un refugio que protege. En esa comunión, el nus encuentra el descanso para el que fue creado, y la Jaris hace florecer la vida nueva del Reinado de la Realeza increada.

 

1:17

17 Las vigas de nuestra morada son de cedro aromático, y nuestros marcos, de fragante ciprés.

Comentario patrístico

San Gregorio de Nisa interpreta esta casa como la comunión entre Cristo y la psique-alma, y, en un sentido más amplio, como la Iglesia Ortodoxa. Las vigas de cedro representan la firmeza e incorruptibilidad de las virtudes sobre las que descansa la vida espiritual. Los marcos de ciprés simbolizan la belleza interior y la fragancia de una vida metamorfoseada, transformada por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IV (comentario a Ct 1,17). PG 44, 864–868.)

Orígenes ve en la casa la Iglesia también la psique-alma que se convierte en morada de Dios. El cedro, por su incorruptibilidad y altura, representa la solidez de la fe y de las virtudes; el ciprés, siempre verde y perfumado, simboliza la perseverancia y la belleza espiritual que adornan al creyente. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 144–148.)

Los Padres contemplan este versículo como la culminación de la primera escena del Cantar. Después del encuentro entre el Novio y la Novia, ambos habitan ya en una misma morada. Esa casa no está edificada con materiales perecederos, sino con las virtudes que la Jaris divina ha establecido en la psique-alma. Allí el νούς nus encuentra su verdadero descanso, porque Dios mismo ha hecho de la psique-alma su templo y su habitación.

 

Capítulo 2

1 Yo soy la flor del campo, el lirio de los valles.

2 Así como un lirio resplandece entre las espinas, así sobresale mi amada entre todas las hijas.

3 Como un frondoso manzano en medio del bosque, así es mi Novio entre todos los hijos de los hombres; deseé con ardor descansar bajo su sombra, y hallé allí reposo; su fruto llenó de dulzura mi garganta.

4 Conducidme a la casa del vino, donde reina la alegría del Novio; que la agapi-amor sea extendida sobre mí como un glorioso estandarte.

5 Sostenedme con perfumes, fortalecedme con manzanas, porque estoy herida de agapi-amor del Novio.

6 Su mano izquierda sostiene mi cabeza, mientras su diestra me estrecha en un abrazo de agapi-amor.

7 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y las fortalezas del campo (o por las gacelas y las ciervas del campo); no despertéis la agapi-amor ni lo perturbéis antes de que él mismo lo quiera.

7 ¡Oh hijas de Jerusalén!,
os conjuro por las maravillosas fuerzas de la creación,
por la belleza de los campos y de las praderas;
no despertéis ni inquietéis mi agapi-amor;
dejadlo descansar y dormir
hasta que él mismo lo quiera.

8 ¡Es la voz de mi Novio! Mirad, ya viene, saltando sobre los montes y danzando sobre las colinas para alcanzar a su amada.

8 ¡Escucho la voz de mi Novio!

¡Mirad, ya viene!

Danza sobre los montes y

salta sobre las colinas

para llegar hasta mí.

9 Mi Amado es semejante a una gacela o a un joven cervatillo sobre los montes de Betel; mirad, ya está detrás de nuestro muro junto a nuestra casa; observa por las ventanas y se asoma entre las celosías.

9 Este Amado hermano de mi psique-alma

es semejante a una ágil gacela
o a un joven cervatillo
que corre por los montes de Betel;

¡Ya está aquí!,
al otro lado del muro de mi casa;

se asoma por las ventanas
y, entre las persianas,
busca mirarme con amor y ternura.

10 Entonces mi Amado me respondió diciendo: «ἀνάστα (anásta) resucita, despierta, levántate y ven, amada compañera mía, hermosura mía, paloma mía,

11 porque ya ha terminado el invierno; las lluvias se han retirado y han desaparecido,

12 las flores ya han brotado sobre la tierra; ha llegado el tiempo de la poda, y la voz de la tórtola resuena en nuestra tierra,

13 la higuera ha dado sus primeros frutos; las viñas en flor difunden su perfume; levántate, ven, compañera mía, hermosa mía, paloma mía; ven,

14 paloma mía, refugiada en la protección de la roca, oculta entre los escondrijos del peñasco; déjame contemplar tu rostro y escuchar tu voz, porque tu voz es melodiosa y tu semblante rebosa hermosura.

15 Prended para nosotros las pequeñas zorras que destruyen las viñas, porque nuestras viñas se hallan en plena floración y exhalan la promesa de sus frutos.

16 Mi Amado es mío y yo soy suya; Él pastorea serenamente entre los lirios.

17 Hasta que despunte la brisa del nuevo día y las sombras se desvanezcan, vuelve, Amado mío; cruza veloz como una gacela o un joven cervatillo sobre los montes de los barrancos y los profundos valles que aún nos separanº.

 

Comentarios patrísticos capítulo 2

2:1

1 Yo soy la flor del campo, el lirio de los valles.

Comentario patrístico

Orígenes entiende que habla principalmente la Novia (o Esposa), que, movida por la humildad, no se compara con las flores más excelsas, sino con una sencilla flor del campo. Sin embargo, añade que, en un sentido más profundo, estas palabras pueden aplicarse también a Cristo, quien se hizo humilde por la Encarnación para florecer en medio de la humanidad y llenar el mundo con el perfume de su presencia. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 148–152.)

San Gregorio de Nisa desarrolla la interpretación cristológica. El lirio de los valles manifiesta la pureza, la belleza y la vida incorruptible del Logos encarnado, que descendió hasta los valles de nuestra condición humana para elevar nuevamente al hombre hacia Dios. Al mismo tiempo, la psique-alma unida a Cristo participa de esa misma belleza y llega a convertirse ella también en una flor espiritual. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,1). PG 44, 769–776. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

Para los Padres, la flor simboliza la belleza de las virtudes nacidas de la Jaris, mientras que el lirio representa la pureza, la luz y el perfume espiritual. La psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada por la ascesis ortodoxa y la oración florece por la energía increada y acción del Espíritu Santo y refleja la hermosura del Logos. Cristo es el verdadero Lirio de los valles, y el creyente, unido a Él, participa de su fragancia y de su vida.

2:2

2 Así como un lirio resplandece entre las espinas, así sobresale mi amada entre todas las hijas.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el lirio como la psique- alma purgada, psicoterapiada y sanada por la virtud, mientras que las espinas representan los pazos (emociones, pasiones, adicciones, vicios, padecimientos), los errores y el pecado que dominan el mundo. La Novia sobresale entre ellas porque ha conservado la pureza de la fe y de la agapi-amor a Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 152–156.)

San Gregorio de Nisa explica que el lirio no pierde su blancura por crecer entre espinas; al contrario, su belleza resalta aún más por el contraste. Del mismo modo, la psique-alma unida al Logos permanece incontaminada en medio de las tentaciones y de los pazos del mundo. Las espinas simbolizan la vida dominada por los deseos indecentes y desordenados, mientras que el lirio manifiesta la belleza de la naturaleza humana restaurada por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,2). PG 44, 776–780. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor contempla en este contraste la diferencia entre la psique-alma que vive según el Espíritu y aquella que permanece sometida a los pazos. Las espinas son los pensamientos pasionales y patéticos que hieren el corazón, mientras que el lirio representa la belleza de las virtudes nacidas de la contemplación de Dios. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1088–1092. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Ambigua.)

Los Padres coinciden en que el lirio no es hermoso por sí mismo, sino porque recibe su belleza de la Jaris divina. La psique-alma que permanece unida al Novio conserva su pureza incluso en medio de un mundo lleno de espinas. Cuanto más intenso es el contraste con el pecado, tanto más resplandece la luz de las virtudes. El nus, purgado, sanado e iluminado, florece entonces como un lirio en el jardín del Logos.

 

2:3

3 Como un frondoso manzano en medio del bosque, así es mi Novio entre todos los hijos de los hombres; deseé con ardor descansar bajo su sombra, y hallé allí reposo; su fruto llenó de dulzura mi garganta.

Orígenes identifica el manzano con Cristo, el único árbol que ofrece el fruto de la vida en medio del bosque de la humanidad. Los demás árboles representan las sabidurías humanas y las doctrinas del mundo, que carecen del fruto capaz de alimentar la psique-alma. La sombra simboliza el descanso que encuentra el creyente bajo la protección del Logos, mientras que el fruto dulce representa la enseñanza evangélica y la comunión con Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 156–160.)

San Gregorio de Nisa contempla en este árbol la Encarnación del Logos. Cristo se hizo visible y accesible para que el hombre pudiera descansar bajo su sombra. La sombra no indica oscuridad, sino el velo de la carne asumida por el Logos, mediante la cual la naturaleza divina se hace cercana al hombre sin consumirlo con el resplandor de su doxa-gloria increada. El fruto es la vida divina que la psique-alma saborea al participar de Cristo. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,3). PG 44, 780–788.)

San Máximo el Confesor interpreta la sombra como la economía salvadora de Cristo en la historia. Bajo ella, la psique-alma encuentra descanso de los pazos pasiones, vicios y comienza a gustar anticipadamente los frutos de la vida futura. El fruto dulce es la experiencia de la unión con Dios, que metamorfosea, transforma todas las facultades del hombre. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1144–1148. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Αμφίβολα.)

Los Padres contemplan en este versículo uno de los más bellos retratos de Cristo en el Cantar de los Cantares. Él es el único Árbol de la Vida que ofrece verdadera sombra al fatigado y verdadero alimento al hambriento. La psique-alma, movida por la Jaris, desea permanecer bajo esa sombra, es decir, vivir continuamente en la presencia del Novio. Allí encuentra el descanso del νούς nus, y allí saborea el fruto de la vida eterna, cuya dulzura supera todo placer de este mundo.

 

2:4

4 Conducidme a la casa del vino, donde reina la alegría del Novio; que la agapi-amor sea extendida sobre mí como un glorioso estandarte.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la casa del vino como el lugar donde la psique-alma recibe los misterios divinos y se embriaga espiritualmente con el conocimiento del Logos. No se trata de una embriaguez corporal, sino de la alegría y del ardor que produce la contemplación de Dios. El mandato «la agapi-amor sea extendida sobre mí» significa que toda la vida del creyente debe quedar gobernada por la agapi y la caridad divina. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 160–164.)

San Gregorio de Nisa contempla en la casa del vino el ámbito de la comunión con Cristo, donde la psique-alma participa de la alegría de la Realeza increada y es introducida progresivamente en los misterios divinos. La agapiamor que se establece sobre ella no es un sentimiento pasajero, sino la fuerza ordenadora de toda la vida espiritual. Cuando la Jaris reina en el corazón, todas las facultades del hombre encuentran su verdadero orden en la agapi-amor a Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,4). PG 44, 788–796. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor enseña que ἀγάπη agapi es la culminación de todas las virtudes. Cuando la psique-alma entra en la «casa del vino», es decir, en la experiencia de la comunión con Dios, todas las potencias y energías del nus, de la psique-alma y del cuerpo quedan armonizadas por la Jaris. La agapi-amor deja de ser una simple virtud para convertirse en el principio que unifica toda la existencia. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, I, 1–15. PG 90, 960–965. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la vida mística. La casa del vino representa la comunión íntima con Cristo, donde la psique-alma gusta la alegría del Espíritu Santo. Allí descubre que toda la economía de la salvación tiene una única finalidad: que el hombre viva plenamente bajo el dominio de la ἀγάπη, la cual es el vínculo de la perfección y la manifestación suprema de la Χάρις Jaris divina.

 

2:5

5 Sostenedme con perfumes, fortalecedme con manzanas, porque estoy herida de agapi-amor del Novio.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta esta herida de la agapi como el efecto del logos divino que atraviesa el corazón del creyente. Cuanto más conoce la psique-alma la belleza del Logos, tanto más crece en ella el deseo de una unión más íntima con Él. Los perfumes representan las virtudes y las enseñanzas espirituales que fortalecen la psique-alma, mientras que las manzanas simbolizan los frutos de la contemplación divina. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 164–168.)

San Gregorio de Nisa explica que esta herida no destruye la psique-alma, sino que le comunica una vida superior. Es el dardo de la agapi-amor divino que hiere el corazón para liberarlo de todo amor terreno. La psique-alma pide ser sostenida porque la experiencia de la presencia de Dios sobrepasa las fuerzas de la naturaleza humana. Solo la Jaris puede sostener al hombre cuando es introducido en los misterios de la comunión divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,5). PG 44, 796–804. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor enseña que la agapi divina transforma todos los movimientos de la psique-alma. La «herida» es la acción de la Jaris que orienta todas las facultades hacia Dios. Cuando el nus queda cautivado por la belleza divina, cesa el apego a las cosas pasajeras y nace un deseo inextinguible de contemplar al Logos. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, I, 10–13. PG 90, 964–968. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

La tradición patrística contempla esta «herida de agapi-amor» como uno de los símbolos más profundos de la experiencia mística. No expresa una carencia enfermiza, sino la energía increada y acción del Espíritu Santo, que inflama el corazón con el deseo de Dios. Cuanto más participa la psique-alma de la Jaris, tanto más crece su anhelo del Novio, hasta que toda su existencia queda consumida por la agapi-amor divina.

 

2:6

6 Su mano izquierda sostiene mi cabeza, mientras su diestra me estrecha en un abrazo de agapi-amor.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las dos manos del Novio como las dos formas de la acción divina. La izquierda, colocada bajo la cabeza, representa el sostén que Dios concede a la psique-alma durante su progreso espiritual y en las pruebas. La derecha, que abraza, simboliza la plenitud de la comunión y de la contemplación divina. El creyente es primero sostenido y después abrazado por Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III.   PG 13, 168–172.)

San Gregorio de Nisa explica que la psique-alma ya no camina sola. El Logos mismo la sostiene para que no desfallezca bajo el peso de la contemplación divina. La izquierda manifiesta la providencia de Dios que sostiene la debilidad humana; la derecha representa la perfección de la unión con Él. El abrazo expresa la participación cada vez más profunda del hombre en la vida divina mediante la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,6). PG 44, 804–812. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor contempla en este abrazo la restauración de toda la persona humana. El nus, la psique-alma y el cuerpo son sostenidos y unificados por la energía divina. La acción de Dios no solo protege, sino que transforma al hombre entero, conduciéndolo hacia la θέωσις zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, III. PG 90, 1020–1028. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las imágenes más delicadas de la unión entre Cristo y la psique-alma. El Novio sostiene con su izquierda la fragilidad del creyente y lo abraza con su diestra, comunicándole la fortaleza de su vida divina. La psique-alma ya no teme caer, porque descansa completamente en los brazos del Logos. La Jaris sostiene su debilidad y la conduce, de doxa-gloria en doxa-gloria, hacia la plena comunión con Dios.

 

2:7

7 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y las fortalezas del campo (o por las gacelas y las ciervas del campo); no despertéis la agapi-amor ni lo perturbéis antes de que él mismo lo quiera.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este juramento como una exhortación a respetar el ritmo del crecimiento espiritual. Nadie puede ser introducido prematuramente en los misterios más profundos de la contemplación. La agapi-amor divina e increada madura según la energía increada y acción de Dios y no puede ser forzada por el esfuerzo puramente humano. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 172–176.)

San Gregorio de Nisa enseña que la psique-alma progresa de doxa-gloria en gloria. La Novia pide que no se despierte la agapi-amor antes de tiempo porque cada grado de contemplación requiere una previa catarsis del corazón. La Jaris conduce al hombre con sabiduría, respetando su capacidad espiritual y haciéndolo crecer progresivamente hacia la unión con Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,7).
PG 44, 812–820.)

San Máximo el Confesor explica que toda virtud posee un orden (τάξις taxis) y un tiempo. Quien pretende alcanzar la contemplación sin haber recorrido antes el camino de la catarsis cae fácilmente en el engaño espiritual. La verdadera agapi-amor nace cuando el nus ha sido sanado e iluminado por la Jaris y puede recibir la iluminación divina sin confusión ni ilusión o fantasía. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, I, 80–84. PG 90, 984–988.) ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

Los Padres ven en este versículo una de las grandes leyes de la vida espiritual: la agapi-amor no puede ser violentada. La unión con el Novio es un don o donación de Dios que madura lentamente. La psique-alma debe cooperar (sinergia) con la Jaris mediante la catarsis, la humildad y la oración, esperando con paciencia el momento en que el mismo Dios haga florecer plenamente la agapi-amor en el corazón.

 

2:8

8 ¡Es la voz de mi Novio! Mirad, ya viene, saltando sobre los montes y danzando sobre las colinas para alcanzar a su amada.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la voz del Novio como la voz del Logos que llama a la psique-alma mediante las Escrituras, los Profetas y el Evangelio. Antes de contemplar a Cristo, la psique-alma escucha su voz y la reconoce. Los montes y colinas representan las dificultades, las profecías y los misterios que el Logos atraviesa para llegar hasta el creyente. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 176–180.)

San Gregorio de Nisa contempla la venida del Novio como una imagen de la Encarnación. El Logos desciende desde la doxa-gloria divina y atraviesa todas las distancias que separaban a Dios del hombre. Las danzas y los saltos sobre los montes simbolizan las diversas manifestaciones de la economía divina y el impulso de la agapi-amor con que Cristo viene al encuentro de la psique-alma. Ninguna montaña, por elevada que sea, puede detener el movimiento de la agapi divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,8). PG 44, 820–828.)

San Máximo el Confesor ve en los montes los altos misterios de la providencia y del juicio divinos. El Logos los recorre todos para conducir al hombre hasta la unión con Dios. La psique-alma, al escuchar la voz del Novio, abandona el temor y corre gozosa a su encuentro, pues reconoce en esa voz la llamada de la vida eterna. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1168–1172. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Ἀμφιβολίες.)

Los Padres contemplan este versículo como el comienzo de una nueva etapa en el camino espiritual. La psique-alma ya no vive únicamente del recuerdo del Novio: escucha su voz y percibe su llegada. Cristo viene con la fuerza irresistible de su amor, superando todos los obstáculos que el pecado había levantado entre Dios y el hombre. La Jaris despierta entonces el nus, que reconoce inmediatamente la voz del Buen Pastor y corre hacia Él con alegría.

 

2:9

9 Mi Amado es semejante a una gacela o a un joven cervatillo sobre los montes de Betel; mirad, ya está detrás de nuestro muro junto a nuestra casa; observa por las ventanas y se asoma entre las persianas.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la gacela y el cervatillo como símbolos de la rapidez con la que el Logos acude a la psique-alma que lo busca. El muro representa el estado presente de nuestra condición humana, que todavía no permite contemplar a Dios cara a cara. Sin embargo, Cristo se deja entrever por las ventanas y las persianas, es decir, mediante las Escrituras, los profetas, los Misterios (sacramentos ortodoxos) y los signos de su presencia. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 180–188.)

San Gregorio de Nisa contempla en este pasaje el misterio de la Encarnación. El Logos permanece oculto tras el «muro» de la carne que ha asumido, permitiendo que el hombre contemple su divinidad solo en la medida en que puede soportarla. Las ventanas representan las diversas manifestaciones de la apocálipsis-revelación divina, por las cuales la luz eterna e increada comienza a penetrar en la psique-alma. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,9). PG 44, 828–836).

San Máximo el Confesor interpreta el muro como el límite que todavía separa la percepción sensible de la contemplación espiritual. El Logos se manifiesta gradualmente al nus purgado, sanado e iluminado, que pasa de los signos visibles a la visión espiritual de los misterios divinos. Las persianas simbolizan precisamente ese conocimiento parcial que prepara a la psique-alma para la plena comunión futura. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1172–1176. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Ἀμφιλογίες.)

Los Padres ven en este versículo una profunda pedagogía divina. Cristo no se manifiesta de golpe con toda la doxa-gloria de su divinidad, sino que se acerca delicadamente a la psique-alma, dejándose reconocer poco a poco. Primero se escucha su voz; después se percibe su cercanía; más tarde se entrevé su rostro a través de las «persianas» y de las «ventanas» de la apocálipsis-revelación. Así, la Jaris conduce progresivamente al nus desde la fe hacia la contemplación, hasta el día en que desaparezca todo muro y la psique-alma pueda contemplar al Novio cara a cara.

 

2:10

10 Entonces mi Amado me respondió diciendo: «ἀνάστα (anásta) resucita, despierta, levántate y ven, amada compañera mía, hermosura mía, paloma mía,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este versículo como la llamada del Logos a la psique-alma que ya ha sido purgada, psicoterapiada y sanada. El mandato «ἀνάστα (anásta) resucita, despierta, levántate» significa despertar espiritualmente abandonar el pecado y toda tibieza espiritual (despertar espiritual); «Ven» indica el progreso constante hacia la contemplación de Dios. El Logos no obliga, sino que invita amorosamente a una comunión cada vez más profunda. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 188–192.)

San Gregorio de Nisa enseña que la psique-alma nunca deja de ser llamada a un crecimiento mayor. Cada vez que alcanza un grado de perfección, escucha nuevamente la voz del Novio: «Levántate, despierta y ven». La vida espiritual consiste en un ascenso incesante hacia Dios, porque la belleza divina es infinita y jamás puede agotarse. La paloma simboliza la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada, por la Jaris, que ha recuperado la sencillez y la paz propias de la imagen divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,10). PG 44, 836–844. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor ve en esta llamada el dinamismo propio de la zéosis. La psique-alma nunca permanece inmóvil: la Jaris la impulsa continuamente a elevarse desde las virtudes hacia la contemplación y desde la contemplación hacia una unión cada vez más profunda con Dios. Levantarse significa abandonar todo apego terreno; venir significa orientar todas las potencias y energías del nus hacia el Logos. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la  agapi-amor, III, 24–30. PG 90, 1020–1024.)

Los Padres contemplan en este versículo una de las más bellas llamadas de toda la Sagrada Escritura. Cristo no solo invita a la psique-alma a salir de su letargo espiritual, sino que la llama con nombres llenos de agapi-amor: «compañera mía, hermosa mía, paloma mía». Es la voz del Novio que conduce al nus, iluminado por la Jaris, hacia un crecimiento incesante en la comunión y en la θέωσις zéosis.

 

2:11

11 porque ya ha terminado el invierno; las lluvias se han retirado y han desaparecido,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el invierno como el tiempo en que la psique-alma permanece bajo la frialdad del pecado y de los pazos pasiones, vicios, adicciones. Con la venida del Logos comienza una nueva primavera espiritual: cesan las tempestades interiores y florecen las virtudes por la acción de la energía increada Jaris. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 192–196.)

San Gregorio de Nisa contempla el invierno como la antigua condición del hombre sometido a la corrupción y a la muerte. La venida de Cristo inaugura una creación renovada. El frío del pecado desaparece, la lluvia de las tribulaciones deja paso a la ήσυχία (hisijía: serenidad menta y paz cordial) y la psique-alma comienza a participar de la vida nueva que brota de la Resurrección. La primavera exterior simboliza así la primavera interior del nus, iluminado por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,11). PG 44, 844–852.)

San Máximo el Confesor explica que el invierno representa el dominio de los pazos y la dispersión de las potencias y energías de la psique-alma. Cuando el hombre coopera con la Jaris, los pazos son purgados y sanados, el nus recupera su claridad y comienza la contemplación de los logos divinos presentes en toda la creación. El alejamiento de la lluvia simboliza el fin de la agitación interior y el comienzo de la paz espiritual. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, agapi II, 36–42. PG 90, 1000–1004.)

Los Padres contemplan este versículo como el anuncio gozoso de la salvación. El Novio invita a la Novia a salir porque el tiempo del invierno espiritual ha concluido. Con la venida de Cristo comienza una nueva primavera para toda la creación y, especialmente, para la psique-alma que ha sido purgada, psicoterapiada y sanada. Allí donde antes reinaban el frío de los pazos y las lágrimas del pecado, florecen ahora la ήσυχία (hisijía: serenidad menta y paz cordial), la alegría y la vida nueva concedidas por la Jaris, en el camino de la θέωσις zéosis.

 

2:12

12 las flores ya han brotado sobre la tierra; ha llegado el tiempo de la poda, y la voz de la tórtola resuena en nuestra tierra,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las flores como las primeras virtudes que brotan en la psique-alma después de la catarsis. Todavía no son los frutos de la perfección, pero anuncian que la vida divina ya comienza a manifestarse. La tórtola representa la voz del Espíritu Santo que llama a la psique-alma a perseverar en el camino de la contemplación. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 196–200.)

San Gregorio de Nisa explica que las flores son los primeros signos visibles de la restauración del hombre por la Jaris. El tiempo de la poda representa la continua purgación y sanación de los pazos, necesaria incluso después de haber comenzado la vida espiritual. La tórtola, por su fidelidad a un solo compañero, simboliza la psique-alma que permanece unida únicamente al Logos y rechaza toda división del corazón. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,12).)

San Máximo el Confesor ve en las flores el florecimiento de las virtudes iluminadas por la Jaris, mientras que la poda representa el trabajo ascético ortodoxo mediante el cual el hombre elimina todo aquello que impide dar fruto espiritual. La voz de la tórtola manifiesta la paz interior del nus, ya reconciliado con Dios y capaz de escuchar las inspiraciones del Espíritu Santo. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, II, 52–58. PG 90, 1008–1012. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

Para los Padres, este versículo describe la primavera de la psique-alma. Después del invierno de los pazos aparecen las flores de las virtudes; la poda simboliza la necesaria catarsis que permite un crecimiento más abundante, y el canto de la tórtola anuncia la paz y la presencia del Espíritu Santo. Toda la creación se convierte en imagen del camino de la θέωσις zéosis, en el que la Χάρις Jaris renueva al hombre y hace florecer en él la belleza de la imagen divina.

 

2:13

13 la higuera ha dado sus primeros frutos; las viñas en flor difunden su perfume; levántate, ven, compañera mía, hermosa mía, paloma mía; ven,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la higuera como la psique-alma que comienza a producir los primeros frutos de la virtud. Los primeros higos representan las obras nacidas de la conversión, todavía iniciales, pero ya agradables a Dios. Las viñas perfumadas simbolizan las psiques-almas fecundas que difunden el buen olor de Cristo mediante sus virtudes. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 200–204.)

San Gregorio de Nisa enseña que la higuera y la viña representan dos aspectos del crecimiento espiritual: los frutos visibles de las buenas obras y el perfume invisible de las virtudes interiores. El perfume es la irradiación de la Jaris en la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. Por eso el Novio vuelve a llamar: «Levántate… ven», porque el crecimiento espiritual nunca se detiene y la psique-alma está llamada a una comunión cada vez más profunda con Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía V (comentario a Ct 2,13). PG 44, 860–868. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ε΄.)

San Máximo el Confesor contempla en los primeros frutos el comienzo de la transformación del hombre por la Jaris. La vida ascética ortodoxa produce frutos visibles, pero también un perfume espiritual, es decir, la irradiación de las virtudes que comunica paz y alegría a quienes rodean al hombre espiritual. El llamamiento repetido del Novio manifiesta que la zéosis es un progreso infinito: cuanto más se acerca la psique-alma a Dios, más intensamente es invitada a seguir avanzando. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, III, 45–52. PG 90, 1028–1032.)

Los Padres contemplan este versículo como la manifestación de la primavera espiritual en toda su plenitud. Ya no aparecen solamente las flores; comienzan los primeros frutos y el aire se llena de perfume. Es la imagen de la psique-alma que, purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris, empieza a dar frutos visibles de santidad y a difundir, mediante su vida, el buen olor de Cristo. Por eso el Novio renueva su llamada con mayor insistencia: «Levántate… ven… y ven», invitando al nus a un avance incesante en el camino de la θέωσις zéosis.

 

2:14

14 paloma mía, refugiada en la protección de la roca, oculta entre los escondrijos del peñasco; déjame contemplar tu rostro y escuchar tu voz, porque tu voz es melodiosa y tu semblante rebosa hermosura.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la roca como Cristo mismo. La psique-alma, representada por la paloma, encuentra en Él su refugio y su seguridad. Sin embargo, el Novio desea que la psique- alma no permanezca oculta por temor, sino que salga libremente a su encuentro mediante la oración. «Muéstrame tu rostro» significa ofrecer a Dios un corazón limpio; «escuchar tu voz» significa elevar una oración pura y sincera. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 204–208.)

San Gregorio de Nisa contempla la peña como el misterio de Cristo, en quien la psique-alma encuentra refugio frente a los pazos. El rostro hermoso no es la belleza corporal, sino la restauración de la imagen divina en el hombre. La voz dulce es la oración nacida de un corazón purgado, sanado e iluminado por la Jaris, agradable a Dios porque brota de la agapi y de la humildad. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VI (comentario a Ct 2,14). PG 44, 868–876.)

San Máximo el Confesor enseña que la roca simboliza la firmeza de la contemplación de Cristo. El rostro representa el estado interior de la psique-alma, mientras que la voz expresa sus pensamientos y su oración. Cuando el nus ha sido purgado, sanado e iluminado por la Jaris, existe una perfecta armonía entre el interior y el exterior: la belleza del rostro espiritual se manifiesta en la dulzura del logos y en la pureza de la oración. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, IV, 12–20.)

Para los Padres, este versículo revela la intimidad del diálogo entre Cristo y la psique-alma. El Novio no se contenta con que la Esposa permanezca segura en la roca; desea contemplar el rostro metamorfoseado, transformado por la Jaris y escuchar la voz de la oración nacida de la agapi-amor. La psique-alma alcanza así una comunión viva y personal con Cristo, en la que el nus purgado, sanado e iluminado responde a la agapi del Novio con toda la belleza que Él mismo ha obrado en ella.

 

2:15

15 Prended para nosotros las pequeñas zorras que destruyen las viñas, porque nuestras viñas se hallan en plena floración y exhalan la promesa de sus frutos.

Comentario patrístico

Orígenes identifica las pequeñas zorras con los pensamientos engañosos, las falsas enseñanzas y los pazos pasiones, vicios, aparentemente leves que penetran silenciosamente en la psique-alma. No destruyen el viñedo de una vez, sino poco a poco, corrompiendo las virtudes nacientes antes de que lleguen a dar fruto. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 208–212.)

San Gregorio de Nisa explica que las zorras pequeñas simbolizan los comienzos del pecado: las negligencias, los pensamientos impuros, la vanagloria o las pasiones que parecen insignificantes. Si no son rechazadas inmediatamente, terminan devastando la viña de la psique-alma. Por eso el combate espiritual debe comenzar desde los primeros movimientos de los pazos, cuando todavía pueden ser vencidos con facilidad por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VI (comentario a Ct 2,15). PG 44, 876–884.)

San Máximo el Confesor enseña que la guerra espiritual comienza en los loyismí (pensamientos simples o mezclados con la fantasía). Las «pequeñas zorras» representan precisamente esos pensamientos apasionados que, si son acogidos por el nus, terminan convirtiéndose en pazos y destruyendo los frutos de la vida espiritual. El hombre debe discernirlos desde su primer surgimiento y rechazarlos mediante la vigilancia (νήψις nipsis) y la oración del corazón, cooperando con la Jaris. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, II, 17–24. PG 90, 996–1000.)

Los Padres consideran este versículo uno de los textos ascéticos más importantes del Cantar de los Cantares. Las grandes caídas comienzan casi siempre con «pequeñas zorras»: pensamientos aparentemente inofensivos, pequeñas concesiones a las pasiones o ligeras negligencias en la nipsis vigilancia espiritual. Cuando la psique-alma empieza a florecer por la acción de la energía increada Jaris, necesita una atención todavía mayor para conservar intactos los frutos que Dios hace madurar en ella. La verdadera νήψις consiste precisamente en descubrir y rechazar esas pequeñas causas del mal antes de que lleguen a devastar la viña del corazón.

 

2:16

16 Mi Amado es mío y yo soy suya; Él pastorea serenamente entre los lirios.

Comentario patrístico

Orígenes contempla en estas palabras la unión de la psique-alma con el Logos. Después de un largo camino de purgación, de sanación y de búsqueda, la psique-alma puede decir con plena confianza: «Mi Novio es para mí, y yo para Él». Esta mutua pertenencia no nace de un derecho humano, sino de la libre respuesta a la agapi-amor divino. El hecho de que el Novio apaciente entre los lirios significa que habita entre las psiques-almas purgadas, psicoteraìadas y sanadas por la virtud. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 212–216.)

San Gregorio de Nisa interpreta esta mutua pertenencia como la restauración de la comunión que el pecado había roto. La psique-alma ya no vive para sí misma, sino para Cristo; y Cristo, por la inmensidad de su agapi, se entrega enteramente a la psique-alma que lo ama. Los lirios representan la pureza alcanzada por la Jaris, donde el Buen Pastor encuentra complacencia y hace descansar a su rebaño. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VI (comentario a Ct 2,16). PG 44, 884–892.)

San Máximo el Confesor enseña que la unión expresada en este versículo manifiesta la finalidad de la zéosis. El hombre, sin dejar de ser criatura, participa por la Jaris en la vida divina y vive totalmente orientado hacia Dios. El Buen Pastor conduce el nus a los «lirios», es decir, a la contemplación de las virtudes y de los logos divinos presentes en la creación. Allí la psique-alma encuentra el verdadero descanso, porque todas sus potencias permanecen unificadas en la agapi de Cristo. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, IV, 84–90. PG 90, 1068–1072.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las expresiones más sublimes de la unión entre Cristo y la psique-alma. La búsqueda ha dado paso a la comunión; el deseo, a la posesión amorosa; la distancia, a la intimidad. El Novio y la Novia viven ahora en una mutua pertenencia nacida de la agapi. Cristo, el Buen Pastor, conduce a la psique-alma a los lirios de la pureza, donde la Jaris hace florecer la ήσυχία (hisijía: serenidad menta y paz cordial), la contemplación y la alegría de la θέωσις zéosis.

 

2:17

17 Hasta que despunte la brisa del nuevo día y las sombras se desvanezcan, vuelve, Amado mío; cruza veloz como una gacela o un joven cervatillo sobre los montes de los barrancos y los profundos valles que aún nos separan.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el día como la plena manifestación de Cristo y la desaparición de las sombras como el fin del conocimiento imperfecto. Mientras dure la vida presente, la psique-alma contempla al Logos solo parcialmente. Por ello suplica al Novio que continúe visitándola y fortaleciendo su amor hasta que llegue la visión perfecta. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 216–220.)

San Gregorio de Nisa ve en las sombras todo aquello que pertenece a la condición presente: la limitación del conocimiento, la debilidad de la naturaleza humana y la percepción indirecta de Dios. La psique-alma anhela el día eterno, cuando desaparecerán todas las sombras y contemplará al Logos sin velos. Mientras tanto, ruega al Novio que siga acercándose con la rapidez de la gacela, sosteniéndola con su Jaris en el camino de la perfección. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VI (comentario a Ct 2,17). PG 44, 892–900.)

San Máximo el Confesor explica que las sombras representan el conocimiento parcial propio de la vida presente. En la medida en que el nus es purgado y sanado por la Jaris, esas sombras comienzan a disiparse y el hombre participa cada vez más de la divina luz increada. Sin embargo, la plenitud solo llegará en la consumación escatológica, cuando Dios sea contemplado «cara a cara». Los montes de los barrancos simbolizan las últimas dificultades que el Logos supera para conducir al hombre hasta la perfecta comunión con Él. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1360–1364.)

Los Padres contemplan este versículo como una expresión del «ya, pero todavía no» de la vida espiritual. La psique-alma ha conocido la agapi del Novio y ha experimentado su presencia, pero aún camina en la penumbra de la vida presente. Espera el amanecer de la Realeza increada, cuando toda sombra desaparecerá y la comunión con Cristo será plena. Hasta entonces, el nus, fortalecido por la Jaris, no deja de invocar al Novio para que vuelva continuamente a visitarlo y conducirlo, con la ligereza de la gacela, hacia la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

Capítulo 3

1 En mi lecho, durante la noche, busqué al que ama mi psique-alma; lo busqué y no lo hallé; lo llamé, pero no respondió a mi voz.

2 Me levantaré sin demora y recorreré toda la ciudad; caminaré por sus plazas y sus calles en busca del Amado de mi psique-alma; lo busqué con ardor, pero aún no lo encontré.

[2 Me levantaré de mi lecho y

recorreré la ciudad;

atravesaré sus plazas y

sus calles en busca de Aquel

a quien ama mi alma;

lo busqué por todas partes,

pero no logré hallarlo.]

3 Los vigilantes que recorren la ciudad salieron a mi encuentro, y les pregunté: «¿Habéis visto al que ama mi psique-alma, al Novio de mi alma?»

4 Apenas me había alejado de ellos, hasta encontrar al que amó mi alma; lo abracé y ya no lo solté, hasta conducirlo a la casa de mi madre, y a la más íntima habitación de la que me concibió.

5 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y por los poderes del campo: no despertéis el amor ni lo inquietéis antes de que él mismo lo quiera.

5 ¡Oh hijas de Jerusalén!,
os conjuré y os conjuro
por las misteriosas y vivificantes fuerzas
de la naturaleza y de los campos:

no despertéis, ni turbéis mi agapi.

dejadlo dormir cuanto quiera.

6 ¿Quién es esta que sube del desierto como columnas de humo, perfumada con mirra y con incienso, con todos los aromas preciosos que prepara el perfumista?

7 He aquí el lecho de Salomón, en torno a él permanecen sesenta guerreros escogidos entre los más valientes de Israel,

8 todos empuñan la espada, adiestrados en el arte de la guerra; cada uno lleva su espada sobre su muslo, vigilando contra los espantos y terrores que acechan en la noche.

9 El rey Salomón preparó para sí una magnífica camilla, labrada con los cedros perfumados del Líbano;

10 sus columnas las hizo de plata; su respaldo, de oro; su asiento, revestido de púrpura; su interior, enlosado de agapi regalada por las hijas de Jerusalén.

11 Salid, hijas de Sión, y contemplad al rey Salomón con la corona con que su madre lo coronó el día de sus bodas, el día en que su corazón rebosó de alegría y gozo.

 

Comentarios patrísticos capítulo 3

3:1

1 En mi lecho, durante la noche, busqué al que ama mi psique-alma; lo busqué y no lo hallé; lo llamé, pero no respondió a mi voz.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la noche como los períodos de prueba espiritual en los que Dios parece ocultarse. No se trata de un abandono real, sino de una pedagogía divina. El Logos permite esta aparente ausencia para que el deseo de la psique-alma se haga más puro y más intenso. La búsqueda perseverante prepara una unión más profunda. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 220–224.)

San Gregorio de Nisa enseña que, cuanto más progresa la psique-alma hacia Dios, tanto más experimenta el misterio de su infinita trascendencia. La aparente ausencia del Novio no es un alejamiento, sino una invitación a un deseo todavía mayor. La agapi nunca se detiene; cada encuentro despierta un nuevo anhelo. La búsqueda en la noche es parte esencial del camino hacia la zéosis, porque purga, psicoterapia y sana todo apego a los consuelos sensibles y orienta el nus únicamente hacia Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VII (comentario a Ct 3,1). PG 44, 900–908. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ζ΄.)

San Máximo el Confesor explica que existen momentos en los que la Jaris retira sus consolaciones sensibles, no porque abandone al hombre, sino para fortalecer su libertad y hacer más firme su agapi-amor. El nus aprende entonces a buscar a Dios por Él mismo y no por el gozo espiritual que experimenta. Esa perseverancia en la aparente oscuridad conduce a una unión más estable y más pura. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, III, 67–74. PG 90, 1036–1040. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Κεφάλαια περὶ ἀγάπης.)

Los Padres contemplan este versículo como una descripción de una de las experiencias más profundas de la vida espiritual. Después de haber conocido la cercanía del Novio, la psique-alma atraviesa noches de silencio en las que parece no encontrarlo. Sin embargo, esa ausencia es solo aparente. Cristo permanece oculto para dilatar el deseo del hombre y conducirlo a una agapi-amor más pura y desinteresada. La búsqueda perseverante, sostenida por la Jaris, purga y sana el nus y lo prepara para una comunión todavía más íntima con el Novio.

 

3:2

2 Me levantaré sin demora y recorreré toda la ciudad; caminaré por sus plazas y sus calles en busca del Amado de mi psique-alma; lo busqué con ardor, pero aún no lo encontré.

Comentario patrístico

Orígenes ve en este levantarse la decisión de la psique-alma de abandonar toda negligencia espiritual. La búsqueda ya no se realiza únicamente en la interioridad del lecho, sino mediante un camino activo de oración, estudio de las Escrituras, lucha ascética ortodoxa y práctica de las virtudes. Sin embargo, el Novio aún no se deja encontrar plenamente, para que el deseo siga creciendo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 224–228.)

San Gregorio de Nisa enseña que la ciudad representa el ámbito de la existencia humana. La psique-alma busca al Logos en todas las realidades creadas, pero descubre que ninguna de ellas puede contener plenamente al Infinito. La búsqueda exterior conduce finalmente al hombre a una búsqueda más profunda en el interior del nus, donde Dios se apocalipta-revela por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VII (comentario a Ct 3,2). PG 44, 908–916. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía Ζ΄.)

San Máximo el Confesor interpreta el recorrido por la ciudad como el itinerario espiritual mediante el cual el hombre examina toda la creación buscando los Logos (causas, razones, motivos, propósitos, leyes) divinos presentes en ella. Aunque Dios se manifiesta en sus obras, ninguna criatura puede sustituir el encuentro personal con Él. La búsqueda perseverante purga y sana el nus de toda falsa satisfacción y lo dispone para la contemplación inmediata del Logos. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1088–1092. ΕΠΕ, Μάξιμος Ὁμολογητής, Ἀμφιβολίες.)

Los Padres contemplan este versículo como la imagen de la psique-alma que no se resigna a la ausencia aparente del Novio. La agapi verdadera no permanece inmóvil: se levanta, busca, persevera y no se deja vencer por el desánimo. La Jaris sostiene esa búsqueda constante, purgando y sanando el nus de todo apego a las criaturas hasta conducirlo al encuentro con Cristo, único capaz de colmar plenamente el deseo del corazón humano.

 

3:3

3 Los vigilantes que recorren la ciudad salieron a mi encuentro, y les pregunté: «¿Habéis visto al que ama mi psique-alma, al Novio de mi alma?»

Comentario patrístico

Orígenes interpreta a los vigilantes de la ciudad como los maestros de la Iglesia, los profetas y los apóstoles, encargados de custodiar el pueblo de Dios. La psique-alma les pregunta por el Logos porque reconoce que ellos son testigos de su presencia. Sin embargo, los verdaderos maestros no sustituyen a Cristo: únicamente orientan a la psique-alma hacia Él. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 228–232.)

San Gregorio de Nisa ve en los vigilantes a quienes vigilan espiritualmente la Iglesia: los pastores, los santos y todos aquellos que, iluminados por la Jaris, ayudan a otros en el camino hacia Dios. No obstante, la unión con el Novio sigue siendo profundamente personal. Nadie puede amar ni contemplar a Cristo en lugar de la psique-alma que lo busca. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VII (comentario a Ct 3,3). PG 44, 916–924.)

San Máximo el Confesor explica que los vigilantes representan también las facultades espirituales iluminadas del hombre, capaces de discernir el camino de la verdad. Sin embargo, el conocimiento transmitido por otros nunca reemplaza la experiencia personal de la comunión con Dios. El nus, guiado por la Jaris, debe continuar buscando hasta encontrar por sí mismo al Logos. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1092–1096.)

Los Padres contemplan este versículo como una enseñanza sobre la función de la Iglesia y de sus guías espirituales. Los santos, los pastores y los maestros ayudan a la psique-alma, la orientan y la protegen en su camino, pero ninguno puede sustituir el encuentro personal con Cristo. La búsqueda del Novio sigue siendo una respuesta libre del nus a la llamada de la Jaris. La psique-alma pregunta, escucha y aprende, pero no cesa de buscar hasta abrazar personalmente al Novio de su agapi-amor.

 

3:4

4 Apenas me había alejado de ellos, hasta encontrar al que amó mi alma; lo abracé y ya no lo solté, hasta conducirlo a la casa de mi madre, y a la más íntima habitación de la que me concibió.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este encuentro como la jaris (gracia energía increada) concedida a la psique-alma perseverante. Después de buscar al Logos con lágrimas y paciencia, finalmente lo encuentra. El hecho de abrazarlo y no soltarlo expresa la firme decisión de conservar la comunión con Cristo mediante la oración, la vigilancia y la fidelidad. La casa de la madre representa la Iglesia, donde la psique-alma vive y madura en la fe, mientras que la íntima habitación simboliza las profundidades del corazón donde el Logos habita. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 232–236.)

San Gregorio de Nisa contempla en este pasaje el fruto de la perseverancia espiritual. La psique-alma, después de atravesar la noche de la búsqueda, encuentra finalmente al Novio. Sin embargo, el encuentro no pone fin al camino; inaugura una comunión cada vez más profunda. La casa de la madre representa la Jerusalén celestial y, al mismo tiempo, la Iglesia Ortodoxa, madre de los creyentes. La íntima habitación interior simboliza el santuario del nus, donde el Logos establece su morada por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VII (comentario a Ct 3,4). PG 44, 924–932.)

San Máximo el Confesor enseña que el abrazo del Novio simboliza la unión del nus con el Logos mediante la contemplación y la agapi- amor. No soltarlo, significa perseverar constantemente en la comunión con Dios, sin permitir que los pazos vuelvan a separar al hombre de Él. La íntima habitación interior representa la parte más profunda del corazón, donde, purgado y sanado por la Jaris, el hombre encuentra el reinado de la Realeza increada de Dios presente en su interior. Allí comienza la verdadera zéosis, que consiste en una participación siempre creciente en la vida divina. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, IV, 92–100. PG 90, 1072–1076.)

Los Padres consideran este uno de los pasajes más hermosos del Cantar de los Cantares. La búsqueda perseverante culmina en el encuentro con Cristo; pero la agapi-amor no se contenta con verlo, sino que lo abraza y desea conservarlo para siempre. La casa de la madre y la íntima habitación interior expresan la dimensión eclesial e interior de esta unión: Cristo es encontrado en la Iglesia, pero también en el santuario más profundo del corazón. Allí, por la acción de la Jaris, el nus permanece unido al Novio y progresa sin cesar en la θέωσις zéosis.

 

3:5

5 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y por los poderes del campo: no despertéis el amor ni lo inquietéis antes de que él mismo lo quiera.

Comentario patrístico

Orígenes explica que este juramento enseña el respeto al ritmo de la vida espiritual. Nadie puede precipitar la contemplación de Dios ni alcanzar la perfección únicamente por esfuerzo humano. Es el Logos quien concede el momento oportuno para una comunión más profunda. La psique-alma debe permanecer vigilante y humilde, esperando la visita del Novio. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 236–240.)

San Gregorio de Nisa interpreta este mandato como una enseñanza sobre el crecimiento gradual de la vida espiritual. La Jaris conduce al hombre de doxa-gloria en doxa-gloria, pero cada etapa exige la catarsis correspondiente. Despertar la agapi-amor antes de tiempo significaría pretender experiencias espirituales para las que el nus aún no está preparado. El verdadero progreso consiste en seguir dócilmente el ritmo de la acción divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VII (comentario a Ct 3,5). PG 44, 932–936.)

San Máximo el Confesor enseña que el amor perfecto no nace de una emoción pasajera, sino de la catarsis de los pazos y de la iluminación del nus por la Jaris. Quien pretende alcanzar prematuramente los estados más elevados de la contemplación cae fácilmente en el engaño espiritual. La paciencia, la humildad y la obediencia permiten que el Logos haga crecer la agapi-amor en el momento oportuno, conforme a la voluntad divina. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi- amor, II, 35–42. PG 90, 984–988.)

Los Padres ven en este estribillo una de las grandes leyes de la vida espiritual. La unión con Cristo es siempre donación de la Jaris y nunca el resultado de una conquista humana. El nus debe cooperar mediante la ascesis ortodoxa, la oración y la vigilancia, pero el crecimiento de la agapi-amor pertenece a Dios. Solo cuando el Novio lo dispone, la psique-alma entra en una comunión más profunda con Él y avanza de manera segura hacia la θέωσις zéosis.

 

3:6

6 ¿Quién es esta que sube del desierto como columnas de humo, perfumada con mirra y con incienso, con todos los aromas preciosos que prepara el perfumista?

Comentario patrístico

Orígenes identifica a esta figura, en primer lugar, con la Iglesia, que asciende desde el desierto de este mundo purgada y sanada por las pruebas y embellecida con las virtudes. También puede representar a cada psique-alma que, después de la catarsis, es elevada hacia Dios. La mirra simboliza la mortificación de los pazos pasiones; el incienso, la oración pura que asciende continuamente al cielo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 240–248.)

San Gregorio de Nisa contempla esta ascensión como la imagen del progreso incesante de la psique-alma en la vida espiritual. El desierto representa el camino de la catarsis; la columna de humo expresa la elevación continua del nus hacia Dios. La mirra significa la muerte voluntaria al pecado, mientras que el incienso representa la oración iluminada por la Jaris. La psique-alma que se ha purgado, psicoterapiado y sanado aparece revestida de la belleza de las virtudes y exhala el perfume de Cristo. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,6). PG 44, 936–944.)

San Máximo el Confesor interpreta el desierto como la renuncia a las pasiones y a la dispersión del mundo. La psique-alma asciende cuando el nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, deja atrás el amor desordenado por las cosas sensibles y se dirige únicamente al Logos. La mirra expresa la ascesis ortodoxa y la muerte del hombre viejo; el incienso, la contemplación y la oración pura. Los aromas del perfumista simbolizan la plenitud de las virtudes, armonizadas por la energía increada y acción del Espíritu Santo. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1148–1152.)
Para los Padres, este versículo constituye una magnífica imagen del camino de la zéosis. La psique-alma sale del desierto de la catarsis y asciende hacia Dios metamorfoseada por la Jaris. La mortificación de los pazos pasiones, simbolizada por la mirra, y la oración pura, representada por el incienso, producen el suave perfume de las virtudes. Así, el nus, plenamente orientado hacia Cristo, se convierte en un verdadero altar vivo desde el que se eleva incesantemente el sacrificio espiritual de la alabanza.

 

3:7

7 He aquí el lecho de Salomón, en torno a él permanecen sesenta guerreros escogidos entre los más valientes de Israel,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el lecho de Salomón como figura de la Iglesia y también de la psique-alma en la que Cristo descansa. Los sesenta valientes representan a los Apóstoles, los profetas, los mártires y todos los santos que, fortalecidos por la Jaris, custodian la verdadera fe y defienden el depósito recibido. La presencia de esta guardia simboliza la vigilancia espiritual necesaria para conservar intacta la comunión con el Logos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 248–252.)

San Gregorio de Nisa contempla el lecho como el lugar donde Dios reposa en la psique-alma purgada y sanada. Nadie puede convertirse en morada del Logos sin una vigilancia constante sobre los pensamientos. Los sesenta valientes simbolizan las virtudes que rodean al nus y lo protegen de los pazos. La verdadera fortaleza no consiste en la fuerza corporal, sino en la firmeza espiritual adquirida por la acción de la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,7). PG 44, 944–952.)

San Máximo el Confesor interpreta estos valientes como las energías espirituales de la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada y las virtudes adquiridas mediante la ascesis ortodoxa. Cuando el nus permanece iluminado por la Jaris, todas las facultades del hombre custodian la presencia del Logos y rechazan el ataque de los λογισμοί loyismí pensamientos y de los pazos pasiones, vicios. Así, el corazón se convierte en el verdadero lecho donde Cristo habita y descansa. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1152–1156.)

Los Padres ven en este versículo la imagen de la vigilancia espiritual (νήψις). La psique-alma que ha encontrado al Novio no abandona la guardia, sino que protege el don o donación recibida mediante la oración, la humildad y las virtudes. Los sesenta valientes representan esa fortaleza interior que la Jaris concede al hombre para conservar inviolable la presencia de Cristo en el santuario del nus. Así, el corazón se transforma en un trono de paz donde el verdadero Salomón, Cristo, establece su morada.

 

3:8

8 todos empuñan la espada, adiestrados en el arte de la guerra; cada uno lleva su espada sobre su muslo, vigilando contra los espantos y terrores que acechan en la noche.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la espada como el Logos de Dios, capaz de discernir la verdad y vencer las asechanzas del enemigo. Los espantos y terrores de la noche representan las tentaciones ocultas, las falsas enseñanzas, los dogmas falsos y los ataques invisibles de los espíritus malignos. Quien custodia a Cristo en su corazón debe permanecer siempre armado con la verdad divina. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III.PG 13, 252–256.)

San Gregorio de Nisa explica que la noche simboliza la oscuridad espiritual y la ignorancia que aún caracteriza la vida presente. Los valientes permanecen vigilantes porque conocen la fragilidad de la condición humana. La espada representa el discernimiento espiritual que la Jaris concede al nus purgado, sanado e iluminado para distinguir el bien del mal y rechazar los loyismí pensamientos antes de que arraiguen en el corazón. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,8). PG 44, 952–956.)

San Máximo el Confesor enseña que el combate descrito en este versículo no es exterior, sino interior. La verdadera guerra se libra contra los pazos, los loyismí y el engaño del demonio. La espada simboliza la energía espiritual del nus, fortalecida por la Jaris y guiada por la verdad del Logos. El hombre que permanece vigilante conserva ceñida esta espada, es decir, mantiene constantemente el discernimiento, la oración y la sobriedad, vigilancia espiritual (νήψις nipsis), especialmente durante las noches de la prueba y de la sequedad interior. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, II, 44–49. PG 90, 988–992 y Filocalía tomo 2.)

Los Padres contemplan en estos guerreros la imagen del cristiano vigilante. El corazón donde habita Cristo necesita una custodia permanente. La espada no hiere a los hombres, sino que corta los pensamientos engañosos, los pazos pasiones, vicios y las sugestiones del maligno. Los terrores de la noche representan todas las pruebas, visibles e invisibles, que intentan apartar a la psique-alma del Novio. Mediante la Jaris, el nus permanece despierto, ejerciendo el discernimiento y la νήψις nipsis, hasta que amanezca el Día sin ocaso del Reinado de la Realeza increada de Dios.

 

3:9

9 El rey Salomón preparó para sí una magnífica camilla, labrada con los cedros perfumados del Líbano;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la camilla como figura de la humanidad asumida por el Logos. El Hijo de Dios preparó para sí una morada visible al encarnarse. Las maderas del Líbano, incorruptibles y fragantes, simbolizan la pureza y la santidad de la naturaleza humana glorificada por la presencia del Logos. Al mismo tiempo, la camilla representa la Iglesia, en la que Cristo manifiesta su presencia y conduce a los hombres hacia la salvación. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 256–260.)

San Gregorio de Nisa contempla esta camilla como la imagen de la psique-alma que, purgada y sanada por la Jaris, se convierte en digna morada del Rey. El Líbano, elevado y cubierto de cedros incorruptibles, representa la sublimidad de las virtudes. Así como la camilla es preparada para recibir al rey, también el nus debe ser embellecido por las virtudes para convertirse en habitación del Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,9). PG 44, 956–964.)

San Máximo el Confesor interpreta la camilla como la totalidad del hombre renovado por la Encarnación. El Logos asume la naturaleza humana para convertirla en instrumento de la vida divina. Las maderas del Líbano simbolizan las virtudes sólidas e incorruptibles que la Jaris hace crecer en el hombre. Cuando el nus se purga y se sana mediante la ascesis ortodoxa y la contemplación, toda la persona se convierte en un vehículo de la presencia de Cristo y participa progresivamente en la θέωσις zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1156–1160.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen profundamente cristológica y eclesial. El verdadero Salomón, Cristo, prepara para sí una morada donde habitar entre los hombres. Esa morada es, ante todo, la humanidad asumida en la Encarnación; pero también la Iglesia y el corazón purgado y sanado del creyente. Las maderas del Líbano, resistentes y fragantes, simbolizan la belleza incorruptible de las virtudes. Mediante la Jaris, el nus llega a ser un digno trono del Rey de la doxa-gloria, que habita en él y lo conduce hacia la plenitud de la zéosis.

 

3:10

10 sus columnas las hizo de plata; su respaldo, de oro; su asiento, revestido de púrpura; su interior, enlosado de agapi regalada por las hijas de Jerusalén.

Comentario patrístico

Orígenes ve en el enlosado de la agapi-amor la perfección de la Iglesia. Todas las virtudes preparan la morada de Cristo, pero únicamente la agapi constituye su fundamento y su belleza definitiva. Las hijas de Jerusalén representan las psique-almas fieles que, mediante la fe, la obediencia y las virtudes, preparan una digna morada para el Logos. El Rey descansa allí donde reina la agapi. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 260–268.)

San Gregorio de Nisa interpreta este interior enlosado de agapi como la parte más profunda del nus transformado, metamorfoseado por la Jaris. Después de la catarsis y de la iluminación, la psique-alma descubre que la perfección no consiste en las donaciones o dones extraordinarios, sino en la agapi que unifica todas las virtudes. La plata, el oro y la púrpura preparan el camino; pero la agapi es el verdadero santuario donde Dios descansa. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,10). PG 44, 964–972.)

San Máximo el Confesor enseña que todas las virtudes alcanzan su plenitud en la ἀγάπη, porque la agapi es la imagen misma de Dios en el hombre. El nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, encuentra en la agapi el principio que armoniza todas las energías y acciones de la psique-alma y las dirige hacia el Logos. El enlosado de agapi simboliza la estabilidad de la comunión con Dios: sobre ese fundamento Cristo establece su morada y conduce al hombre hacia la plenitud de la θέωσις zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, I, 1–15. PG 90, 960–965.)

Los Padres contemplan este versículo como una síntesis de toda la vida espiritual. Las virtudes simbolizadas por la plata, el oro y la púrpura preparan el corazón, pero la agapi constituye su perfección. Allí donde reina la ἀγάπη, el verdadero Salomón encuentra reposo. El nus, transformado por la Jaris, se convierte en un templo vivo cuyo fundamento ya no es una piedra material, sino la agapi divina derramada en el corazón. Así, la zéosis alcanza su expresión más elevada: participar de la vida de Aquel que es Agapi-Amor.

 

3:11

11 Salid, hijas de Sión, y contemplad al rey Salomón con la corona con que su madre lo coronó el día de sus bodas, el día en que su corazón rebosó de alegría y gozo.

Comentario patrístico

Orígenes contempla en Salomón la figura de Cristo, el verdadero Rey y Novio. El día de las bodas simboliza la unión del Logos con la naturaleza humana mediante la Encarnación y, al mismo tiempo, la unión de Cristo con la Iglesia. La corona representa la gloria del Rey, pero también la humanidad que asumió por agapi. Orígenes establece además un profundo paralelismo con la corona de espinas: la misma humanidad que lo aclama como Rey lo coronará también en su Pasión, transformando el sufrimiento en victoria. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III. PG 13, 268–276.)

San Gregorio de Nisa interpreta la corona como la plenitud de las virtudes que adornan al Logos manifestado en el cuerpo-carne. El día de las bodas es el misterio de la comunión entre Dios y el hombre, iniciado en la Encarnación y consumado en la vida de la Iglesia Ortodoxa. La alegría del corazón expresa el beneplácito eterno de Dios, que quiere unir a toda la humanidad consigo mediante la Jaris. Las hijas de Sión representan a todos los que son llamados a contemplar este misterio y a participar de él. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía VIII (comentario a Ct 3,11). PG 44, 972–980.

San Máximo el Confesor enseña que el verdadero casamiento (o verdadero matrimonio, boda) tiene lugar cuando el Logos une inseparablemente la naturaleza divina y la naturaleza humana en su Persona. Esa unión constituye el fundamento de toda la zéosis. La corona simboliza la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte y el pecado, mientras que la alegría del corazón manifiesta el cumplimiento del designio eterno del Padre. Quien participa de la Jaris entra también en esta alegría nupcial y comienza a reinar con Cristo en el santuario del nus. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1164–1168.)

Los Padres consideran este versículo como la culminación de toda la sección iniciada con la búsqueda del Novio. Después del desierto, de la vigilancia y del encuentro, aparece el Rey coronado en el esplendor de sus bodas. Para la Iglesia Ortodoxa, este Rey es Jesús Cristo, cuya unión con la humanidad constituye el centro de toda la economía de la salvación. La corona anuncia simultáneamente su doxa-gloria y su sacrificio; el día de las bodas señala la alianza eterna entre Cristo y la Iglesia Ortodoxa; y la alegría del corazón revela el gozo divino por la salvación del hombre. El nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, es invitado a salir de sí mismo para contemplar este misterio y participar plenamente de él en la θέωσις zéosis.

 

Capítulo 4

1 ¡Qué hermosa eres, amada mía; sí, ¡qué hermosa eres! Tus ojos resplandecen como palomas tras el velo de tu rostro; tu cabellera cae como un rebaño de cabras que desciende armoniosamente por las laderas del monte Galaad.

1 ¡Qué hermosa eres,
compañera de mi vida;
sí, ¡qué hermosa eres!

Tus ojos son como dos palomas
tras el transparente velo de tu rostro;

tu cabellera se asemeja
a rebaños de cabras
que descienden ondulantes
desde las montañas de Galaad.

2 Tus dientes son como un rebaño de ovejas recién esquiladas que suben del lavadero; todas tienen mellizas, o todas formando parejas y ninguna entre ellas está privada de crías.

3 Tus labios son como un fino cordón de escarlata, y la dulzura de tu voz cautiva y hermosa; tus mejillas resplandecen como un racimo de granada tras el velo que vela suavemente tu rostro.

4 Tu cuello se alza como la torre de David, construida como inexpugnable fortaleza; de sus muros cuelgan mil escudos, todas las armas de los héroes y de los fuertes.

5 Tus dos pechos son como dos tiernos cervatillos gemelos de gacela, que descansan y pacen entre los lirios.

6 Hasta que despunte plenamente el día y se disipen las sombras, iré a la colina de la mirra, hacia el monte del Líbano.

7 Toda hermosa eres, compañera de mi vida, y no hay defecto alguno en ti.

8 Ven desde el Líbano, Novia; ven desde el Líbano; descenderás y pasarás desde la cumbre de la fe, desde la cima del Sanir y del Hermón, desde las madrigueras de los leones, desde los montes de los leopardos.

9 Has robado nuestro corazón, hermana mía, Novia; lo has cautivado con una sola mirada de tus ojos y con un solo adorno de tu cuello.

10 ¡Qué hermosos son tus pechos, hermana mía, Novia! ¡Más deliciosos que el vino son tus pechos, y la fragancia de tus vestidos sobrepasa todos los perfumes!

11 Tus labios, oh Novia, destilan panal de miel; miel y leche reposan bajo tu lengua, y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano.

12 Huerto cerrado eres, hermana mía, novia mía; jardín preservado para el Amado, fuente sellada de aguas puras y vivificantes.

13 De ti brotan renuevos que son un paraíso de granados, rebosante de frutos preciosos, de alheñas (plantas perfumadas) y de nardos perfumados.

13 Los renuevos que brotan en tu huerto
son como espléndidos granados,
cuyos frutos penden
de sus ramas más elevadas;

parecen una viña en flor
y nardos fragantes.

14 Nardo y azafrán perfuman tu jardín; cálamo y canela crecen junto a todos los árboles del Líbano; mirra y áloe derraman su fragancia con las más preciosas esencias.

15 Fuente del jardín y fuente profunda de agua viva, cuyas aguas fluyen impetuosas desde el Líbano.

 

Comentarios patrísticos capítulo 4

4:1

1 ¡Qué hermosa eres, amada mía; sí, ¡qué hermosa eres! Tus ojos resplandecen como palomas tras el velo de tu rostro; tu cabellera cae como un rebaño de cabras que desciende armoniosamente por las laderas del monte Galaad.

Comentario patrístico

Orígenes enseña que el Novio contempla la belleza espiritual de la Iglesia y de cada psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. Los ojos, semejantes a palomas, representan la contemplación iluminada por el Espíritu Santo. El velo simboliza el misterio de la vida espiritual: mientras vivimos en este mundo, la contemplación permanece velada y solo anticipa la visión plena. La cabellera representa la multitud de los pensamientos y de las virtudes que descienden ordenadamente desde las alturas de la contemplación, como los rebaños que bajan del monte Galaad. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 276–288.)

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como la admiración de Cristo ante la psique-alma transformada por la Jaris. Los ojos son el nus, ya purgado y sanado, capaz de contemplar la luz divina con la sencillez de la paloma. El velo expresa que, durante la vida presente, los misterios de Dios permanecen parcialmente ocultos; la visión perfecta pertenece al siglo futuro. La cabellera, formada por innumerables cabellos, simboliza la riqueza de las virtudes que brotan de un mismo principio interior y manifiestan exteriormente la belleza de la psique-alma. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,1). PG 44, 980–992.)

San Máximo el Confesor interpreta los ojos como las facultades contemplativas del nus, iluminadas por la Jaris y orientadas únicamente hacia el Logos. La semejanza con las palomas expresa la sencillez, la pureza y la ausencia de doblez propias del hombre espiritual. La cabellera, comparada con los rebaños de Galaad, representa la multiplicidad armoniosa de las virtudes, de las acciones y de las energías de la psique-alma cuando todas ellas obedecen al Logos. Entonces el hombre entero refleja la belleza de Cristo y avanza continuamente hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1168–1172.)

Los Padres contemplan este versículo como el comienzo de la descripción de la belleza espiritual de la Novia. El Novio no alaba una belleza corporal, sino la metamorfosis, transformación interior obrada por la Jaris. Los ojos manifiestan la pureza del nus; el velo, el carácter todavía misterioso de la contemplación presente; y la cabellera, la abundancia de las virtudes que descienden armoniosamente desde la unión con Dios. Toda la persona refleja ya la hermosura de Cristo y se convierte en imagen viva de la zéosis.

 

4:2

2 Tus dientes son como un rebaño de ovejas recién esquiladas que suben del lavadero; todas tienen mellizas, o todas formando parejas y ninguna entre ellas está privada de crías.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los dientes como la facultad espiritual que mastica el alimento del Logos de Dios, distinguiendo lo sólido de lo superficial. Las ovejas recién esquiladas y lavadas representan las psiques-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas mediante el Bautismo y la ascesis ortodoxa. El hecho de que todas aparezcan emparejadas expresa la armonía de las virtudes y la concordancia entre la enseñanza y la vida. Ninguna es estéril, porque toda verdadera comprensión del Logos produce fruto espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 288–296.)

San Gregorio de Nisa ve en los dientes la capacidad del nus para discernir y asimilar el alimento divino. Así como los dientes preparan el alimento para que dé vida al cuerpo, el discernimiento espiritual prepara la enseñanza divina para que nutra la psique-alma. Las ovejas lavadas simbolizan la catarsis por la Jaris; su blancura manifiesta la restauración de la imagen divina. El hecho de que todas formen parejas indica la perfecta armonía entre la contemplación y la acción, entre la fe y las obras. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,2). PG 44, 992–1000.)

San Máximo el Confesor enseña que los dientes simbolizan el poder de discernimiento del nus, capaz de separar la verdad del error y de transformar el conocimiento en vida espiritual. El lavadero representa la catarsis continua por la Jaris; las ovejas emparejadas expresan la concordancia de todas las facultades de la psique-alma cuando actúan según el Logos. La ausencia de esterilidad manifiesta la fecundidad espiritual de quien vive unido a Dios: toda virtud engendra otra virtud y conduce progresivamente a la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, III, 46–52. PG 90, 1024–1028.)

Los Padres contemplan en esta imagen la belleza de la psique-alma perfectamente ordenada. Los dientes representan el discernimiento espiritual que permite recibir íntegramente el alimento del Logos. La blancura de las ovejas recién lavadas expresa la catarsis por la Jaris; su perfecta correspondencia simboliza la armonía de todas las virtudes; y su fecundidad manifiesta que la vida unida a Cristo nunca permanece estéril. El nus, alimentado por la verdad divina, progresa de virtud en virtud hasta alcanzar la plenitud de la zéosis.

 

4:3

3 Tus labios son como un fino cordón de escarlata, y la dulzura de tu voz cautiva y hermosa; tus mejillas resplandecen como un racimo de granada tras el velo que vela suavemente tu rostro.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los labios como la predicación y la confesión de la fe. El hilo de escarlata simboliza el logos que nace de la agapi-amor y del sacrificio de Cristo. La voz hermosa representa la enseñanza pura del Evangelio, mientras que las mejillas, semejantes a la granada, manifiestan la abundancia de los dones o donaciones espirituales y de las virtudes que permanecen ocultas bajo el velo de la humildad. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 296–304.)

San Gregorio de Nisa enseña que los labios representan la manifestación exterior de un corazón purgado y sanado. La psique-alma que ha recibido la Jaris ya no pronuncia logos y palabras vanos, sino que comunica vida. El cordón de escarlata simboliza la fuerza vivificante del logos inspirado por Dios. Las mejillas, comparadas con la granada, expresan la riqueza interior de las virtudes, cuya plenitud permanece discretamente velada por la humildad y el recogimiento. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,3). PG 44, 1000–1008.)

San Máximo el Confesor interpreta la voz hermosa como la expresión exterior del nus iluminado por la Jaris. Cuando el corazón participa de la verdad del Logos, también los logos y palabras se convierten en vehículo de vida y de comunión. La escarlata recuerda la agapi-amor sacrificial de Cristo, del que nace todo auténtico logos espiritual. La granada, llena de innumerables semillas reunidas en un solo fruto, simboliza la unidad de las múltiples virtudes que florecen en la psique-alma y la conducen hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1172–1176.)

Los Padres contemplan este versículo como la belleza del logos nacido de un corazón unido a Dios. Los labios anuncian el logos con pureza; la voz transmite la verdad con dulzura; las mejillas, semejantes a la granada, revelan la riqueza interior de las virtudes, aunque permanezcan ocultas bajo el velo de la humildad. El nus, iluminado por la Jaris, convierte todo logos y palabra en testimonio de Cristo y manifiesta exteriormente la belleza interior alcanzada en el camino de la zéosis.

 

4:4

4 Tu cuello se alza como la torre de David, construida como inexpugnable fortaleza; de sus muros cuelgan mil escudos, todas las armas de los héroes y de los fuertes.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el cuello como la fortaleza espiritual mediante la cual la psique-alma sostiene la cabeza, que es Cristo. La torre de David representa la enseñanza apostólica y la firmeza de la fe, edificadas contra los ataques del error. Los mil escudos simbolizan las innumerables enseñanzas de la Escritura y las virtudes que protegen al creyente frente a las asechanzas del enemigo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 304–312.)

San Gregorio de Nisa contempla el cuello como símbolo de la libertad interior del hombre espiritual. La psique-alma que ha sido fortalecida por la Jaris ya no inclina el cuello bajo el yugo de los pazos, sino que permanece erguida ante Dios. La torre de David representa la elevación de la vida contemplativa, edificada sobre las virtudes. Los escudos son las múltiples defensas que la jaris (gracia increada) proporciona al nus contra los loyismí pensamientos, fantasías y las tentaciones. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,4).
PG 44, 1008–1016.)

San Máximo el Confesor enseña que el cuello simboliza la fuerza mediante la cual el nus mantiene la unión entre el conocimiento de Dios y la vida práctica. La torre expresa la estabilidad de quien ha alcanzado la impasibilidad (ἀπάθεια apázia, sin pazos) por la Jaris. Los mil escudos representan la plenitud de las virtudes y de las donaciones espirituales que preservan al hombre de los pazos y de los engaños del maligno. Así, toda la persona permanece firme en el Logos y avanza hacia la perfección de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre el amor, IV, 70–78. PG 90, 1068–1072.)

Los Padres contemplan en este versículo la imagen de la fortaleza espiritual de la psique-alma. El cuello sostiene la cabeza, como la obediencia y la perseverancia sostienen toda la vida cristiana. La torre de David representa la firmeza de la fe edificada sobre el Logos, mientras que los mil escudos simbolizan la abundancia de las virtudes y de las gracias con las que Dios protege al creyente. El nus, fortalecido por la Jaris, permanece inconmovible frente a las tentaciones y conserva intacta la comunión con Cristo, avanzando constantemente hacia la plenitud de la zéosis.

 

4:5

5 Tus dos pechos son como dos tiernos cervatillos gemelos de gacela, que descansan y pacen entre los lirios.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los dos pechos como los dos Testamentos, mediante los cuales la Iglesia alimenta a sus hijos con el logos de Dios. Ambos proceden del mismo Logos y ofrecen un alimento perfectamente armonioso, como dos cervatillos gemelos. Los lirios representan la pureza de la enseñanza y la santidad en la que se nutren quienes reciben este alimento espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 312–320.)

San Gregorio de Nisa contempla los dos pechos como las dos dimensiones inseparables de la vida espiritual: la vida contemplativa y la vida activa, o bien la fe y la agapi. Ambas alimentan la psique-alma y permanecen en perfecto equilibrio. Los cervatillos expresan la mansedumbre y la inocencia propias de quien ha sido renovado por la Jaris, mientras que los lirios simbolizan la pureza del corazón donde florecen todas las virtudes. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,5). PG 44, 1016–1024.)

San Máximo el Confesor interpreta los dos pechos como la doble comunicación de la vida divina: el conocimiento (gnosis) de Dios y la agapi-amor a Dios, que alimentan continuamente al nus. Son gemelos, porque ambos nacen de una misma fuente: la Jaris del Espíritu Santo. Los cervatillos representan la sencillez, la humildad y la libertad respecto de los pazos pasiones, vicios; los lirios simbolizan la pureza alcanzada por la psique-alma cuando vive plenamente unida al Logos. De este modo, el hombre interior crece constantemente hacia la plenitud de la θέωσις zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, I, 27–35. PG 90, 968–972.)

Los Padres ven en esta imagen una representación del alimento espiritual que Dios ofrece a su Iglesia y a cada psique-alma fiel. Los dos pechos simbolizan la abundancia de la jaris gracia increada que nutre continuamente al creyente. La perfecta armonía de los cervatillos gemelos expresa el equilibrio de las virtudes y la unidad de la vida espiritual. Los lirios manifiestan la pureza en la que florece la comunión con Dios. Así, el nus, fortalecido por la Jaris, recibe el alimento divino que lo conduce de doxa-gloria en doxa-gloria hasta la consumación de la θέωσις zéosis.

 

4:6

6 Hasta que despunte plenamente el día y se disipen las sombras, iré a la colina de la mirra, hacia el monte del Líbano.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el monte de la mirra como el misterio de la Pasión de Cristo, pues la mirra anuncia su sacrificio y su sepultura voluntaria. La colina del Líbano, célebre por su elevación, su blancura y sus cedros incorruptibles, simboliza la altura de la contemplación divina y la doxa-gloria que sigue a la Cruz. El Logos pasa por el monte de la mirra para conducir finalmente la psique-alma a la altura espiritual del Líbano, donde se contempla la belleza de Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 320–328.)

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como la ascensión progresiva de la psique-alma hacia Dios. El día simboliza la iluminación del nus, mientras que las sombras representan el conocimiento parcial propio de la vida presente. El monte de la mirra expresa la catarsis mediante la ascesis y la participación en la Cruz de Cristo; la colina del Líbano, elevada sobre toda la tierra y adornada por sus cedros, representa la cima de la contemplación espiritual, donde la psique-alma, purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris, respira el aire de las realidades celestiales y se aproxima al conocimiento (gnosis) de los misterios divinos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía IX (comentario a Ct 4,6). PG 44, 1024–1032.)
San Máximo el Confesor enseña que el monte de la mirra simboliza la libre aceptación del combate ascético ortodoxo y de la muerte al hombre viejo. La colina del Líbano representa la elevación del nus hacia la contemplación de los logos divinos presentes en toda la creación. Como los cedros del Líbano se elevan hacia el cielo, así la psique-alma, fortalecida por la Jaris, supera los pazos pasiones, vicios y asciende de virtud en virtud hasta la unión con el Logos. La Cruz, simbolizada por la mirra, conduce a la doxa-gloria de la contemplación, simbolizada por el Líbano. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1176–1180.)

Los Padres contemplan este versículo como una síntesis del camino espiritual. El creyente atraviesa primero el monte de la mirra, es decir, la catarsis, la ascesis ortodoxa y la participación en la Cruz de Cristo; después asciende a la colina del Líbano, imagen de la elevación del nus y de la contemplación de la doxa-gloria divina. Mientras las sombras de esta vida se disipan con la luz del Logos, la psique-alma, fortalecida por la Jaris, asciende hasta la comunión con Dios y progresa hacia la plenitud de la zéosis.

 

4:7

7 Toda hermosa eres, compañera de mi vida, y no hay defecto alguno en ti.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta estos logos y palabras como la contemplación de la Iglesia Ortodoxa purgada y sanada por Cristo. La Novia-Esposa es llamada «toda hermosa» porque ha sido embellecida por la jaris (gracia increada) del Novio y lavada de toda mancha. La ausencia de μῶμος (momos: tacha, defecto, mancha, reproche) no significa una perfección natural, sino el don o donación recibida del Logos, que restaura la imagen divina y hace a la psique-alma agradable a Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 328–336.)

San Gregorio de Nisa enseña que esta belleza es el fruto de la metamorfosis, transformación del hombre por la Jaris. La psique-alma llega a ser toda hermosa cuando todas sus facultades participan de la luz divina y el nus recupera la transparencia de la imagen de Dios. La expresión «no hay defecto alguno en ti» manifiesta la restauración progresiva del hombre según el modelo de Cristo. No es una perfección estática, sino una continua participación en la belleza increada e infinita de Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,7). PG 44, 1033–1040.)

San Máximo el Confesor contempla este versículo como la meta de la vida espiritual. Cuando el nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, ha vencido los pazos y vive conforme al Logos, toda la persona adquiere una armonía interior que refleja la belleza divina. La ausencia de μῶμος significa que ninguna pasión domina ya la psique-alma; todas sus potencias actúan según su naturaleza y permanecen unidas a Dios. Esta belleza no es otra cosa que la participación creciente en la vida divina, es decir, el camino hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, IV, 88–92. PG 90, 1076–1080.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las más altas expresiones de la agapi-amor de Dios hacia la psique-alma. El Novio no contempla únicamente lo que el hombre es por naturaleza, sino lo que llega a ser cuando vive plenamente unido a Él. La belleza de la Novia-Esposa es la belleza restaurada de la imagen divina; la ausencia de μῶμος manifiesta la catarsis, purgación y sanación de los pazos y la armonía de todas las facultades de la psique-alma. El nus, iluminado por la Jaris, refleja cada vez con mayor claridad la hermosura del Logos y avanza sin cesar hacia la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

4:8

8 Ven desde el Líbano, Novia; ven desde el Líbano; descenderás y pasarás desde la cumbre de la fe, desde la cima del Sanir y del Hermón, desde las madrigueras de los leones, desde los montes de los leopardos.

Comentario patrístico

Orígenes contempla el Líbano como la altura desde la que la psique-alma es llamada por el Logos. El Novio invita a la Novia a abandonar incluso las cumbres más elevadas para unirse plenamente a Él. La «cumbre de la fe» representa el comienzo de la verdadera contemplación, mientras que las madrigueras de los leones y los montes de los leopardos simbolizan las potencias demoníacas y las tentaciones que amenazan el camino espiritual. Cristo llama la psique-alma a salir victoriosa de esos peligros para entrar en la comunión con Él. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 336–344.)

San Gregorio de Nisa interpreta el Líbano, con sus elevadas montañas, como imagen de la ascensión espiritual de la psique-alma. Sin embargo, incluso desde esas alturas, el Novio continúa llamando a la Novia, pues el crecimiento en Dios nunca tiene fin. La «cumbre de la fe» expresa el fundamento desde el que comienza la contemplación verdadera; Sanir y Hermón representan los sucesivos grados del progreso espiritual. Las madrigueras de los leones y los montes de los leopardos simbolizan los pazos y las fuerzas del mal que el nus, fortalecido por la Jaris, vence en su ascenso hacia Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,8). PG 44, 1040–1048.)

San Máximo el Confesor ve en el Líbano la elevación del nus que contempla los logos divinos presentes en la creación. Pero el Logos llama al hombre a una comunión aún más profunda, más allá de toda contemplación natural. La «cumbre de la fe» es el principio de la visión espiritual; Sanir y Hermón representan los diversos grados del conocimiento (gnosis) de Dios. Los leones y leopardos simbolizan las potencias contrarias y los pazos que intentan impedir el avance de la psique-alma. Quien permanece unido a la Jaris supera todos esos combates y asciende hacia la plenitud de la θέωσις zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1180–118).

Los Padres contemplan este versículo como una llamada permanente del Logos a la Novia. El Líbano, con sus altas cumbres, simboliza la elevación de la vida espiritual; Sanir y Hermón representan las sucesivas etapas del crecimiento en Dios. Sin embargo, el camino pasa también por las guaridas de los leones y los montes de los leopardos, figuras de las tentaciones y de los poderes del mal. El nus, fortalecido por la Jaris, permanece firme en la fe, vence todo obstáculo y responde a la voz del Novio, que lo conduce hacia la unión perfecta con Él en la plenitud de la zéosis.

 

4:9

9 Has robado nuestro corazón, hermana mía, Novia; lo has cautivado con una sola mirada de tus ojos y con un solo adorno de tu cuello.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta que la única mirada simboliza la sencillez y la pureza de la fe. Basta una mirada dirigida íntegramente hacia Cristo para alegrar el corazón del Logos. El adorno del cuello representa las virtudes visibles que manifiestan exteriormente la belleza interior de la psique-alma. El Novio se complace no en la belleza corporal, sino en la fe y en la santidad de la Iglesia. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 344–352.)

San Gregorio de Nisa enseña que el ojo representa el nus, cuando permanece unificado y fijo únicamente en Dios. Una sola mirada basta para expresar la agapi-amor indivisa de la psique-alma. El collar del cuello simboliza las virtudes que adornan la libertad del hombre renovado por la Jaris. El Novio manifiesta así el inmenso valor que posee incluso el más pequeño progreso espiritual cuando nace de un corazón enteramente entregado a Él. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,9). PG 44, 1048–1056).

San Máximo el Confesor contempla el ojo como el nus purgado, sanado e iluminado que contempla al Logos sin dispersión. Cuando todas las facultades de la psique-alma convergen en una única orientación hacia Dios, una sola mirada basta para expresar la totalidad de la agapi-amor. El adorno del cuello representa la armonía de las virtudes adquiridas mediante la Jaris, que manifiestan exteriormente la metamorfosis, transformación interior del hombre. El Logos se alegra al contemplar esa unidad de la psique-alma, que avanza constantemente hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, II, 36–44. PG 90, 996–1000).

Los Padres contemplan este versículo como una admirable expresión de la agapi de Cristo hacia la psique-alma fiel. Una sola mirada del nus, cuando está purgado y sanado y totalmente vuelto hacia Dios, basta para alegrar el corazón del Novio. Las virtudes, simbolizadas por el adorno del cuello, manifiestan exteriormente la belleza que la Jaris ha formado en el interior. Así, la psique-alma responde a la agapi del Logos con una entrega indivisa y progresa continuamente hacia la perfecta comunión de la zéosis.

 

4:10

10 ¡Qué hermosos son tus pechos, hermana mía, Novia! ¡Más deliciosos que el vino son tus pechos, y la fragancia de tus vestidos sobrepasa todos los perfumes!

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los pechos como la plenitud de la enseñanza espiritual con la que la Iglesia Ortodoxa alimenta a sus hijos. Son más dulces que el vino, porque la enseñanza de Cristo comunica una alegría mucho más profunda que cualquier placer terreno. La fragancia de los vestidos representa las buenas obras y el testimonio visible de la Iglesia Ortodoxa, cuyo perfume espiritual atrae a las psique-almas hacia el Logos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 352–360.)

San Gregorio de Nisa contempla los pechos como la abundancia de la vida divina que la psique-alma comunica a los demás. El alimento espiritual que brota de la Jaris supera el vino de las alegrías pasajeras. Los vestidos simbolizan la conducta exterior del hombre renovado; su fragancia manifiesta la presencia interior del Espíritu Santo. La belleza contemplada por el Novio es la irradiación visible de una vida totalmente transformada, metamorfoseada por Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,10). PG 44, 1056–1064.)

San Máximo el Confesor enseña que los pechos representan la doble alimentación espiritual: el conocimiento del Logos y la agapi que procede de Él. Ambos constituyen el verdadero alimento de la psique-alma y son superiores al vino, símbolo de toda alegría puramente sensible. La fragancia de los vestidos expresa las virtudes visibles nacidas de la Jaris. Cuando el nus vive unido a Dios, incluso las obras exteriores se convierten en un perfume espiritual que manifiesta la presencia del Logos y conduce al hombre hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, III, 60–68. PG 90, 1036–1040.)

Los Padres contemplan este versículo como un himno a la belleza espiritual de la psique-alma unida a Cristo. Los pechos simbolizan la abundancia de la jaris gracia divina e increada que alimenta a los demás con el conocimiento (gnosis) y la agapi-amor del Logos; por ello superan al vino, imagen de toda alegría terrena. La fragancia de los vestidos representa las virtudes visibles que brotan de un corazón metamorfoseado, transformado por la Jaris. El nus, iluminado por la presencia divina, comunica esa belleza mediante toda su vida y avanza incesantemente hacia la plenitud de la zéosis.

 

4:11

11 Tus labios, oh Novia, destilan panal de miel; miel y leche reposan bajo tu lengua, y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los labios como la predicación de la Iglesia. El panal de miel simboliza la dulzura del logos del Logos, que alimenta y alegra a quienes lo escuchan. La miel y la leche ocultas bajo la lengua representan la profundidad de la enseñanza divina: la leche alimenta a los principiantes en la fe, mientras que la miel expresa la sabiduría destinada a los perfectos. La fragancia del Líbano simboliza la santidad visible de la Iglesia, cuyo testimonio se difunde por toda la tierra. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 360–368.)

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como una descripción de la psique-alma plenamente metamorfoseada, transformada por la Jaris. Los labios destilan el panal porque toda palabra y logos pronunciados por el hombre espiritual comunican vida y consolación. La miel y la leche representan la perfecta armonía entre la sabiduría contemplativa y la sencillez evangélica. La fragancia del Líbano, célebre por la pureza de sus montañas y la nobleza de sus cedros, simboliza la irradiación de las virtudes que brotan de la psique-alma unida a Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,11). PG 44, 1064–1072.)

San Máximo el Confesor enseña que los labios representan la manifestación exterior del nus iluminado por la Jaris. El panal simboliza la enseñanza del Logos, cuya dulzura nunca se agota. La miel y la leche expresan los diversos grados del alimento espiritual que Dios ofrece según la capacidad de cada psique-alma. La fragancia del Líbano representa las virtudes que emanan espontáneamente del hombre divinizado, glorificado, del mismo modo que el perfume brota naturalmente de los cedros y bosques del Líbano. Así, toda la existencia del justo se convierte en un testimonio vivo de la presencia de Dios y en un anticipo de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Capítulos sobre la agapi-amor, III, 69–76. PG 90, 1040–1044.)

Los Padres contemplan este versículo como la manifestación exterior de la riqueza interior de la psique-alma. Los labios anuncian el Logos con la dulzura del panal; la miel y la leche ocultas bajo la lengua representan la sabiduría y el alimento espiritual que la Jaris deposita en el corazón; la fragancia del Líbano simboliza la irradiación de las virtudes y la santidad que se difunden naturalmente desde quien vive unido a Cristo. El nus, transformado por la divina jaris (gracia increada), comunica vida mediante sus logos, sus palabras, sus obras y toda su existencia, avanzando continuamente hacia la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

4:12

12 Huerto cerrado eres hermana, novia mía; jardín preservado para el Amado, fuente sellada de aguas puras y vivificantes.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el huerto cerrado como la psique-alma que ha sido enteramente consagrada al Logos. Ninguna enseñanza extraña ni pensamiento ajeno penetran en ese jardín, donde florecen únicamente las virtudes. La fuente sellada representa el don del Espíritu Santo, custodiado en el corazón y reservado para quienes permanecen fieles a Cristo. El sello manifiesta que la psique-alma pertenece únicamente a su Señor. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 368–376.)

San Gregorio de Nisa contempla el huerto cerrado como la imagen del nus que ha sido purgado y sanado por la Jaris y permanece inaccesible a los pazos. El jardín está lleno de flores y frutos espirituales, pero solo el Novio entra en él. La fuente sellada simboliza la profundidad del corazón donde habita la divina jaris (gracia increada). El sello no indica esterilidad, sino la inviolable comunión de la psique-alma con Dios y la custodia de los misterios divinos en el interior del hombre renovado. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,12). PG 44, 1072–1080).

San Máximo el Confesor enseña que el huerto cerrado representa la psique-alma cuyas facultades han sido unificadas por la Jaris y orientadas únicamente hacia el Logos. Ningún pazos encuentra ya acceso a ese jardín espiritual. La fuente sellada simboliza la energía divina que brota en el corazón purgado y sanado y permanece custodiada por el Espíritu Santo. Desde esa fuente nacen todas las virtudes y el verdadero conocimiento de Dios. El sello expresa la pertenencia del hombre a Cristo y anticipa la plenitud de la zéosis, cuando toda la persona queda transformada, metamorfoseada por la vida divina. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1184–1188).

Los Padres contemplan este versículo como una de las imágenes más profundas de la vida espiritual. El huerto cerrado es la psique-alma que, purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris, conserva intacta su comunión con el Logos. La fuente sellada representa el manantial de la vida divina que brota silenciosamente en el corazón y permanece reservado para Dios. Allí florecen las virtudes, madura el fruto del Espíritu y el nus, libre de los pazos, entra en la intimidad del Novio, avanzando hacia la consumación de la zéosis.

 

4:13

13 De ti brotan renuevos (brotes) que son un paraíso de granados, rebosante de frutos preciosos, de alheñas (plantas perfumadas) y de nardos perfumados.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los renuevos como las virtudes y las obras nacidas de la psique-alma unida al Logos. El paraíso de granados representa la abundancia de los dones espirituales, cuyos innumerables granos simbolizan la riqueza de las enseñanzas divinas. Los frutos exquisitos son las obras agradables a Dios, mientras que la alheña y el nardo representan el buen olor de Cristo que se difunde mediante la vida de los santos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 376–384.)

San Gregorio de Nisa contempla el paraíso como la restauración del Edén en el corazón del hombre. Los renuevos son las nuevas virtudes que brotan de la psique-alma renovada por la Jaris. Los granados, llenos de innumerables semillas en un solo fruto, simbolizan la unidad de las múltiples virtudes en la vida espiritual. Los perfumes de la alheña y del nardo manifiestan la presencia del Espíritu Santo, cuya jaris convierte toda la existencia del hombre en una ofrenda agradable a Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,13). PG 44, 1080–1088.)

San Máximo el Confesor enseña que los renuevos representan las energías espirituales que florecen cuando el nus vive plenamente unido al Logos. El paraíso es la psique-alma glorificada, divinizada por la Jaris, donde cada virtud produce abundantes frutos. Los granados expresan la perfecta armonía de las virtudes; los frutos escogidos simbolizan los dones del Espíritu; la alheña y el nardo representan el perfume de las virtudes que acompaña a quien ha alcanzado la paz interior. Todo este jardín espiritual anticipa ya la realidad de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1188–1192).

Los Padres contemplan este versículo como la manifestación de la fecundidad de la psique-alma unida a Dios. El huerto cerrado del versículo anterior aparece ahora convertido en un paraíso, donde florecen las virtudes y maduran los frutos del Espíritu. Los granados simbolizan la riqueza inagotable de la jaris; los frutos escogidos manifiestan las obras nacidas de la agapi-amor; la alheña y el nardo expresan el perfume espiritual que irradia quien vive en comunión con el Logos. El nus, cultivado por la Jaris, se convierte así en un verdadero paraíso donde Dios se complace en habitar y que conduce al hombre hacia la plenitud de la zéosis.

 

4:14

14 Nardo y azafrán perfuman tu jardín; cálamo y canela crecen junto a todos los árboles del Líbano; mirra y áloe derraman su fragancia con las más preciosas esencias.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta cada uno de estos perfumes como una virtud que el Espíritu Santo hace florecer en la psique-alma. El nardo representa la devoción amorosa; el azafrán, el resplandor de la vida santa; el cálamo simboliza la rectitud de la predicación; la canela, el ardor de la agapi-amor divina; la mirra, la mortificación voluntaria de los pazos; y el áloe, la incorruptibilidad que brota de la comunión con el Logos. Los árboles del Líbano representan la grandeza y firmeza de las virtudes maduras. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 384–392.)

San Gregorio de Nisa contempla este jardín como la psique-alma restaurada al estado paradisíaco. Cada perfume expresa una manifestación distinta de la Jaris. El nardo y el azafrán evocan la belleza luminosa de las virtudes; el cálamo y la canela manifiestan la dulzura de la vida conforme al Evangelio; la mirra recuerda la participación voluntaria en la Cruz de Cristo; el áloe simboliza la incorruptibilidad alcanzada por quien permanece unido a Dios. Los árboles del Líbano, elevados y siempre verdes, representan la firmeza de la psique-alma que ha alcanzado la contemplación. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X (comentario a Ct 4,14).
PG 44, 1088–1096.)

San Máximo el Confesor enseña que la diversidad de aromas representa la plenitud de las energías espirituales e increadas que la Jaris suscita en el hombre. Ninguna virtud existe aislada: todas forman un único jardín cultivado por el Logos. El nus, purgado y sanado por la ascesis e iluminado por la contemplación, produce frutos diversos, como un jardín donde cada planta contribuye a una sola armonía. Los árboles del Líbano simbolizan la estabilidad del hombre divinizado, mientras que la mirra y el áloe manifiestan que la verdadera doxa-gloria pasa por la participación en la Cruz y conduce a la incorruptibilidad de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1192–1196.)

Los Padres contemplan este versículo como la descripción de la plenitud de la vida espiritual. El jardín de la Novia reúne toda la riqueza de las virtudes, simbolizadas por los perfumes más preciosos del Oriente. Cada aroma manifiesta una operación distinta de la Jaris, pero todos proceden de una única fuente: la presencia del Logos en el corazón. Los árboles del Líbano expresan la firmeza de quien ha alcanzado la madurez espiritual; la mirra recuerda la catarsis mediante la Cruz; el áloe, la incorruptibilidad de la vida nueva. Así, el nus metamorfoseado, transformado se convierte en un paraíso donde Dios se complace en habitar, anticipando la plenitud de la zéosis.

 

4:15

15 Fuente del jardín y fuente profunda de agua viva, cuyas aguas fluyen impetuosas desde el Líbano.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la fuente del jardín como el mismo Cristo, origen de toda vida espiritual. El agua viva es la enseñanza del Logos y la jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, que sacian para siempre la sed de la psique-alma. El Líbano, elevado sobre la tierra, simboliza el origen celestial de esta jaris, que desciende desde Dios hacia la Iglesia Ortodoxa y fecunda el jardín de las virtudes. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 392–400.)

San Gregorio de Nisa contempla esta fuente como la presencia inagotable de la Jaris en el corazón purgado y sanado. La psique-alma no solo recibe el agua viva, sino que ella misma se convierte en un manantial que comunica vida a los demás. El pozo expresa la profundidad insondable de los misterios divinos; el agua viva simboliza la energía vivificante del Espíritu Santo; las corrientes que descienden del Líbano representan la jaris que procede de las alturas divinas y fecunda continuamente al hombre renovado. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 4,15). PG 44, 1096–1104.)

San Máximo el Confesor enseña que la fuente del jardín representa el nus completamente unido al Logos mediante la Jaris. Entonces el corazón se convierte en un manantial inagotable de las energías divinas, del que brotan la contemplación, las virtudes y el verdadero conocimiento (gnosis) de Dios. El agua viva expresa la vida increada y creada que el Espíritu comunica al hombre; el Líbano simboliza la elevación de la contemplación desde donde desciende esta corriente divina. Así, el hombre divinizado, glorificado no solo participa de la vida divina, sino que se convierte en instrumento por el que esa vida alcanza también a los demás, anticipando la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1196–1200.)

Los Padres contemplan este versículo como la culminación del simbolismo del jardín espiritual. Después de describir sus flores, frutos y perfumes, revelan ahora su secreto: una fuente de agua viva que brota incesantemente por la acción de la Jaris. El pozo representa la insondable profundidad de la comunión con Dios; las aguas que descienden del Líbano manifiestan el origen celestial de toda vida espiritual. El nus, sanado e iluminado por el Logos, se convierte en un manantial que comunica vida, paz y santidad, avanzando sin cesar hacia la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

4:16

16 ¡Levántate, viento del norte, y ven, viento del sur! Sopla sobre mi jardín, y que se derramen sus aromas. Que mi amado descienda a su jardín y coma de sus frutos exquisitos.

Comentario patrístico

Este versículo culmina la imagen del jardín cerrado de la Novia, que en la interpretación espiritual de los Padres representa la psique-alma purgada, cultivada y sanada por la Jaris. Ahora la Novia invoca los vientos para que su jardín desprenda toda su fragancia y el Amado pueda entrar en él.

Orígenes interpreta el jardín como imagen de la Iglesia y también de la psique-alma que ha sido cultivada y sanada mediante el logos de Dios. Los distintos aromas representan las virtudes que nacen cuando el logos divino ha echado raíces en el alma. El viento que sopla sobre el jardín hace que estas virtudes manifiesten su fragancia: aquello que Dios ha obrado interiormente comienza a hacerse visible exteriormente.

El viento posee además una dimensión espiritual: el término πνεῦμα (pnevma) remite al misterio del Espíritu Santo, cuya acción y energía increada mueve y vivifica el jardín de la psique-alma. La Novia pide que el Espíritu sople para que los aromas de las virtudes se difundan y el Amado encuentre en ella frutos agradables. (Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III, sobre Ct 4,16; SC 376).

San Gregorio de Nisa profundiza esta imagen contemplando el jardín como la psique-alma que ha sido metamorfoseada, transformada por Dios. El jardín no produce espontáneamente su belleza: necesita cultivo, lluvia, luz y movimiento. De manera semejante, las virtudes del alma son fruto de la energía increada y acción divina y de la cooperación de la libertad humana.

Los dos vientos pueden entenderse espiritualmente como movimientos diversos de la acción divina: el viento del norte, asociado al frío, puede representar aquello que purga, sana y fortalece; el viento del sur, cálido y fecundo, aquello que vivifica y hace madurar. Cuando ambos actúan sobre el jardín, «se derraman los aromas», es decir, las virtudes del alma alcanzan su madurez.

La expresión: «Que mi amado descienda a su jardín», contiene además un profundo misterio cristológico. El jardín pertenece a la Novia, pero ella misma reconoce: «su jardín».

Todo lo que el alma posee procede del Amado. La virtud es verdaderamente nuestra porque la hemos cultivado, pero al mismo tiempo es donación de Dios. Por eso la Novia puede ofrecer sus frutos al Logos.

«Y coma de sus frutos» El fruto representa la maduración de las virtudes. No basta que el jardín tenga flores y aromas: debe producir fruto. El alma que ha recibido la Jaris está llamada a llevarla hasta su plenitud mediante la práctica de las virtudes. Aquí aparece una hermosa reciprocidad: el Logos cultiva el jardín → la Jaris hace brotar las virtudes → las virtudes desprenden su fragancia → el Logos desciende → el alma ofrece sus frutos al Amado.

En la perspectiva de San Gregorio de Nisa, esta reciprocidad pertenece al misterio de la comunión entre Dios y la psique-alma: Dios comunica sus bienes y la psique-alma, transformada por ellos, se ofrece nuevamente a Dios. (Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía X, sobre Ct 4,16–5,2, PG 44, 980 ss.; GNO VI, 294 ss.).

Síntesis

El jardín es la psique-alma purgada, psicoterapiadas y sanada; los vientos representan la acción vivificante y purgante del Espíritu; los aromas, las virtudes; los frutos, la madurez espiritual; y el Amado que desciende, el Logos que viene a habitar y deleitarse en aquello que su propia Jaris ha producido en la psique-alma.

El versículo expresa así una de las imágenes más bellas de la mística del Cantar: el alma se convierte en jardín de Dios; la Jaris lo cultiva, las virtudes lo perfuman y el Logos mismo desciende para recibir sus frutos.

 

Capítulo 5

1 Ya he entrado en mi jardín, hermana mía, Novia; he recogido la mirra y los perfumes; he gustado el pan con la miel y he bebido el vino con la leche; venid, compañeros de mi vida; comed, bebed y saciaos hasta rebosar de alegría y amor divino, amigos.

2 Yo duermo, pero mi corazón permanece en vela; es la voz de mi amado, mi amado que llama a la puerta: «Ábreme, hermana mía, compañera de mi vida, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está empapada de rocío y mis rizos de las gotas de la noche».

3 Ya me he quitado la túnica; ¿cómo volveré a vestirla? Ya he lavado mis pies; ¿cómo volveré a mancharlos?

4 Mi amado tendió su mano por la abertura de la puerta, y todo mi ser se estremeció de amor por él.

5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos derramaban mirra; mis dedos destilaban abundante perfume sobre las manijas del cerrojo.

6 Cuando abrí la puerta a mi amado, él ya se había alejado; mi psique-alma quedó arrebatada por su logos; lo busqué sin hallarlo; lo llamé por su nombre, pero no me respondió.

7 Salí de casa para buscarlo; los guardianes que recorren la ciudad me encontraron; me golpearon y me dejaron herida; los guardianes de las murallas me arrancaron el velo que me cubría.

8 Os pongo bajo juramento, oh, hijas de Jerusalén, por todas las fuerzas y potestades del campo: si encontráis a mi novio o amado, anunciadle que vivo herida de agapi-amor por él.

8 Oh, hijas de Jerusalén,
os conjuro por las fuerzas de la naturaleza
y por las bellezas del campo;
si encontráis a mi amado,
decidle que estoy herida de agapi-amor por él.

9 ¿En qué supera tu amado a todos los demás, oh, la más hermosa entre las mujeres? ¿Qué posee tu amado para que nos hayas conjurado con tanta insistencia?

10 Mi amado es blanco resplandeciente y sonrosado; sobresale entre miríadas de jóvenes;

11 su cabeza resplandece como el oro más puro; sus cabellos caen como ramas de palmera, negros como las alas del cuervo;

12 sus ojos son como palomas junto a caudalosas corrientes de agua, bañadas en leche y reposando junto a aguas abundantes;

13 sus mejillas son como jardines de perfumes donde florecen las plantas aromáticas; sus labios, lirios que destilan abundante mirra;

14 sus manos son obras de oro finamente cinceladas, adornadas con piedras de Tarsis; su cuerpo es como marfil resplandeciente sobre zafiro;

15 sus piernas son columnas de mármol cimentadas sobre pedestales de oro; su presencia se eleva bella como el Líbano, sublime como sus cedros más escogidos.

15 Sus piernas son como columnas de mármol,
asentadas sobre bases de oro;

su aspecto entero es hermoso,
como el Líbano;

es escogido entre todos los hombres,
como el cedro entre los demás árboles;

16 Su boca es toda dulzura, y todo él es plenamente deseable; éste es mi amado; éste es mi compañero de vida, hijas de Jerusalén.

16 Sus logos son dulces
y todo él es encantador y deseable.

¡Oh hijas de Jerusalén!,
así es mi amado,
así es mi compañero.

 

Comentarios patrísticos capítulo 5

5:1

1 Ya he entrado en mi jardín, hermana mía, Novia; he recogido la mirra y los perfumes; he gustado el pan con la miel y he bebido el vino con la leche; venid, compañeros de mi vida; comed, bebed y saciaos hasta rebosar de alegría y amor divino, amigos.

Comentario patrístico

Orígenes contempla este versículo como la entrada del Logos en la psique-alma que ha sido purgada, psicoterapiada y sanada y embellecida por las virtudes. El huerto es el corazón del creyente, donde Cristo encuentra la mirra de la ascesis ortodoxa, los perfumes de las virtudes, el pan del Logos divino, la miel de la contemplación, el vino de la alegría espiritual y la leche del alimento evangélico. La invitación final se dirige a todos los fieles para participar del banquete del reinado de la Realeza increada y de la comunión con Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro IV. PG 13, 400–408.)

San Gregorio de Nisa interpreta la entrada del Novio como la plena inhabitación de Dios en la psique-alma que ha alcanzado la pureza del nus. Todo cuanto el Novio recoge pertenece ya a Él, porque las virtudes han sido cultivadas por la Jaris. El pan y la miel representan el alimento de la contemplación; el vino y la leche, la alegría y el crecimiento espiritual. La invitación a comer, beber y embriagarse expresa la participación ilimitada en la vida divina, donde la agapi de Dios llena al hombre hasta hacerlo olvidar toda realidad terrenal. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,1). PG 44, 1104–1116.)

San Máximo el Confesor enseña que este banquete simboliza la comunión del hombre con las energías divinas e increadas. El huerto es la psique-alma plenamente cultivada por la Jaris; la mirra representa la victoria sobre los pazos vicios, pasiones; los perfumes, la variedad de las virtudes; el pan, el Logos que alimenta el nus; la miel, la dulzura de la contemplación; el vino, la alegría del Espíritu Santo; y la leche, el crecimiento continuo en la vida divina. La invitación a embriagarse no alude al vino material, sino a quedar plenamente colmados por la presencia de Dios. Esta embriaguez espiritual constituye una imagen de la zéosis, donde el hombre participa sin medida de la vida increada. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1200–1208.)

Los Padres contemplan este versículo como la culminación del misterio nupcial. El Novio entra en el jardín que Él mismo ha cultivado con la Jaris, recoge sus frutos y comparte el banquete con todos los amigos. El pan, la miel, el vino y la leche simbolizan las múltiples riquezas de la comunión con el Logos. La invitación final es universal: todos están llamados a alimentarse de la vida divina y a embriagarse de la agapi-amor del Espíritu Santo. El nus, plenamente unido a Cristo, participa ya desde esta vida en el gozo inefable de la zéosis.

 

5:2

2 Yo duermo, pero mi corazón permanece en vela; es la voz de mi amado, mi amado que llama a la puerta: «Ábreme, hermana mía, compañera de mi vida, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está empapada de rocío y mis rizos de las gotas de la noche».

Comentario patrístico

Orígenes contempla este pasaje como la visita del Logos a la psique-alma. El sueño representa la debilidad propia de la condición humana, mientras que el corazón vigilante manifiesta que el deseo de Dios nunca se extingue completamente en quien ama a Cristo. El Novio llama constantemente mediante la Escritura, la conciencia y las inspiraciones del Espíritu Santo. El rocío que cubre su cabeza simboliza las fatigas asumidas por Cristo para buscar a cada psique-alma. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 408–420.)

San Gregorio de Nisa interpreta el sueño como el descanso de las facultades sensibles, mientras el nus, iluminado por la Jaris, permanece despierto en la contemplación de Dios. El Novio llama incesantemente porque la agapi divina nunca cesa de buscar una unión más profunda. El rocío de la noche representa la condescendencia del Logos, que desciende hasta la oscuridad de la condición humana para conducir a la psique-alma hacia la luz. La llamada a abrir la puerta expresa la libre cooperación del hombre con la divina jaris gracia increada. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,2). PG 44, 1116–1128.)

San Máximo el Confesor enseña que el corazón vigilante representa el nus, que permanece unido al Logos incluso cuando las facultades corporales descansan. La llamada del Novio es la acción permanente de la Jaris, que invita al hombre a una comunión siempre más profunda. El rocío simboliza la humildad de la Encarnación y también las pruebas voluntariamente aceptadas por Cristo para salvar al mundo. Abrir la puerta significa orientar libremente todas las δυνάμεις (dinámis: poderes, potencias y energías) de la psique-alma hacia Dios. En esa apertura continua, el hombre participa cada vez más plenamente de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1208–1216.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las imágenes más profundas de la vida espiritual. Aunque el hombre experimente la debilidad propia de su naturaleza, el nus, iluminado por la Jaris, permanece vigilante y atento a la voz del Logos. El Novio nunca deja de llamar; espera pacientemente a la puerta del corazón y pide libremente ser recibido. El rocío de la noche manifiesta la agapi-amor incansable de Cristo, que atraviesa la oscuridad del mundo para encontrarse con el hombre. Quien abre la puerta entra en una comunión cada vez más íntima con el Logos y progresa hacia la plenitud de la zéosis.

 

5:3

3 Ya me he quitado la túnica; ¿cómo volveré a vestirla? Ya he lavado mis pies; ¿cómo volveré a mancharlos?

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la túnica como la antigua condición del hombre. Al quitársela, la psique-alma se ha desprendido del pecado y de los pazos. Los pies lavados representan la catarsis alcanzada mediante la conversión y la vida virtuosa. Sin embargo, la vacilación de la Novia pone de manifiesto que incluso las psiques-almas avanzadas pueden retrasar su respuesta al Logos por un instante de negligencia espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 420–428.)

San Gregorio de Nisa contempla la túnica como la forma de vida anterior, abandonada para revestirse del hombre nuevo. Los pies lavados simbolizan la catarsis del camino espiritual. Sin embargo, la respuesta de la Novia revela un apego sutil al reposo alcanzado. La agapi-amor de Dios exige una disponibilidad permanente; incluso quien ha alcanzado una elevada contemplación no debe dejar de responder inmediatamente a la llamada del Logos. La perfección consiste en permanecer siempre dispuesto a seguir avanzando bajo la acción de la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,3). PG 44, 1128–1136

San Máximo el Confesor enseña que la túnica representa las disposiciones exteriores de la vida espiritual, mientras que los pies simbolizan el caminar práctico del hombre hacia Dios. Haber lavado los pies significa haber purgado, psicoterapiado y sanado las obras mediante la Jaris. Sin embargo, el peligro consiste en confundir el estado alcanzado con la meta definitiva. La vacilación de la Novia manifiesta que el crecimiento espiritual nunca debe detenerse. El nus, aun iluminado por el Logos, está llamado a responder continuamente a nuevas llamadas de Dios, avanzando sin cesar hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1216–1224.)

Los Padres ven en este versículo una delicada advertencia espiritual. La Novia ya ha sido purgada, psicoterapiada y sanada y revestida de la vida nueva, pero experimenta un instante de vacilación antes de abrir al Novio. El peligro no es el pecado manifiesto, sino la complacencia en el estado ya alcanzado. La Jaris llama constantemente al hombre a una comunión más profunda con el Logos. El nus, incluso después de una larga catarsis, debe conservar la humildad, la vigilancia y la prontitud, la νήψις nipsis para responder a cada nueva visita de Cristo. Solo así el camino hacia la zéosis permanece siempre abierto.

5:4

4 Mi amado tendió su mano por la abertura de la puerta, y mis entrañas se quedaron conmovidas de agapi-amor por él.

Orígenes interpreta la mano del Novio como la acción invisible del Logos sobre la psique-alma. Antes de que el hombre abra plenamente su corazón, Cristo toca interiormente mediante la jaris, despertando el deseo de una comunión más profunda. Las entrañas conmovidas representan la agapi-amor que el Espíritu Santo suscita en el interior del creyente cuando percibe la cercanía del Señor. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 428–436.)

San Gregorio de Nisa contempla la mano como símbolo de la energía increada operante de Dios. El Novio no fuerza la puerta; únicamente introduce su mano por la abertura, respetando plenamente la libertad de la psique-alma. Ese leve contacto basta para que las entrañas se estremezcan bajo la acción de la Jaris. El despertar de la agapi-amor no nace del esfuerzo humano, sino de la iniciativa misericordiosa del Logos, que atrae suavemente al hombre hacia Sí. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,4). PG 44, 1136–1144.)

San Máximo el Confesor enseña que la mano del Novio simboliza la divina energía increada que actúa en el nus sin destruir la libertad humana. Dios siempre toma la iniciativa, pero espera la respuesta voluntaria del hombre. Las entrañas conmovidas representan el despertar de todas las potencias de la psique-alma bajo la influencia de la Jaris. Cuando el Logos toca el corazón, nace un movimiento interior que impulsa al hombre a levantarse y abrir plenamente la puerta de su ser. Este movimiento constituye el comienzo de una comunión más perfecta que conduce hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1224–1232.)

Los Padres contemplan este versículo como una magnífica expresión de la cooperación entre la jaris-gracia divina y la libertad humana. El Logos toma siempre la iniciativa: extiende su mano hacia la psique-alma, pero no derriba la puerta. La Jaris despierta interiormente la agapi-amor y conmueve las entrañas, es decir, el centro más profundo de la persona. El nus, tocado por la presencia divina, responde libremente al llamado de Cristo y comienza una unión cada vez más íntima con Él, avanzando hacia la plenitud de la zéosis.

 

5:5

5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos derramaban mirra; mis dedos destilaban abundante perfume sobre las manijas del cerrojo.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el acto de levantarse como la conversión inmediata de la psique-alma que, venciendo su perplejidad y duda, responde finalmente al Logos. La mirra que fluye de las manos representa las obras santas nacidas de la agapi. La psique-alma que abre a Cristo no solo escucha su llamada, sino que actúa, y sus obras quedan impregnadas del perfume de la jaris (gracia increada) y de la participación en la Cruz. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 436–444.)

San Gregorio de Nisa contempla el levantarse como el paso de la contemplación pasiva a la cooperación activa con la Jaris. Las manos simbolizan las obras del hombre espiritual. La mirra que destilan expresa que toda acción realizada por agapi a Cristo lleva el sello del sacrificio y de la humildad. Incluso el cerrojo queda impregnado de perfume, porque el mismo acto de abrir el corazón se convierte en una ofrenda agradable a Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,5). PG 44, 1144–1152.)

San Máximo el Confesor enseña que las manos representan las energías activas de la psique-alma guiadas por el nus. Cuando el hombre responde a la llamada del Logos, todas sus obras quedan perfumadas por la Jaris. La mirra simboliza la libre aceptación de la ascesis y de la participación en la Cruz de Cristo. El cerrojo representa la voluntad humana: al abrirse bajo la acción conjunta de la jaris y de la libertad, toda la persona queda consagrada a Dios y avanza hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1232–1240.)

Los Padres contemplan este versículo como el momento decisivo de la respuesta humana a la llamada divina. La Novia se levanta, signo de una voluntad ya plenamente disponible para el Logos. Sus manos, perfumadas de mirra, manifiestan que toda obra realizada por la Jaris participa de la agapi sacrificial de Cristo. El cerrojo, que hasta entonces mantenía cerrada la puerta, se convierte en el punto donde se encuentran la iniciativa de Dios y la libre cooperación del hombre. El nus, obediente a la voz del Novio, abre finalmente el corazón y progresa hacia la consumación de la zéosis.

 

5:6

6 Cuando abrí la puerta a mi amado, él ya se había alejado; mi psique-alma quedó arrebatada por su logos; lo busqué sin hallarlo; lo llamé por su nombre, pero no me respondió.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este pasaje como una pedagogía del Logos. Cristo nunca abandona definitivamente al psique-alma, pero en ocasiones oculta su presencia sensible para despertar un deseo más intenso de Él. El logos del Novio permanece vivo en el corazón, impulsando a la psique-alma a salir de sí misma y buscar con mayor fervor la comunión con Dios. La ausencia aparente purga, psicoterapia y sana la agapi-amor y fortalece la perseverancia espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 444–452.)

San Gregorio de Nisa contempla este alejamiento como una etapa necesaria del crecimiento espiritual. La Jaris permite que la psique-alma experimente la ausencia del consuelo sensible para conducirla hacia una búsqueda más pura del Logos. La expresión «quedó arrebatada por su logos» significa que toda la existencia queda orientada hacia Cristo únicamente por la fuerza de su llamada. La búsqueda sin hallazgo no es abandono, sino un movimiento continuo hacia una comunión siempre más profunda. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,6). PG 44, 1152–1164.)

San Máximo el Confesor enseña que el Logos, después de atraer a la psique-alma mediante la Jaris, permite ciertos momentos de aparente ocultamiento para que el nus no se apegue a los consuelos espirituales, sino al mismo Dios. El logos del Novio permanece operante en el interior y mueve al hombre a buscar sin descanso la unión perfecta. Esta búsqueda purga, psicoterapia y sana la agapi-amor de todo interés propio y conduce gradualmente a la verdadera contemplación. Así, incluso la experiencia de la ausencia se convierte en un camino hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1240–1248).

Los Padres contemplan este versículo como una de las grandes experiencias de la vida espiritual. El Logos parece retirarse, no porque abandone a la psique-alma, sino para hacer crecer su deseo de Dios. La Jaris continúa actuando silenciosamente mediante el logos que permanece grabado en el corazón. El nus, herido por la agapi divina, sale en busca del Novio con un anhelo cada vez más puro. La aparente ausencia se convierte así en una escuela de humildad, perseverancia y agapi, preparando al hombre para una comunión más plena en la zéosis.

 

5:7

7 Salí de casa para buscarlo; los guardianes que recorren la ciudad me encontraron; me golpearon y me dejaron herida; los guardianes de las murallas me arrancaron el velo que me cubría.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta a los guardianes como aquellos que poseen una autoridad religiosa o un ministerio de vigilancia, pero que no comprenden el ardiente deseo de la psique-alma que busca al Logos. Los golpes representan las pruebas, incomprensiones y persecuciones que experimenta quien busca a Cristo con todo el corazón. El velo arrebatado simboliza la pérdida de toda protección humana, de modo que la psique-alma queda completamente expuesta ante Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 452–460.)

San Gregorio de Nisa contempla a los guardianes como símbolo de las pruebas permitidas por Dios durante el camino espiritual. La psique-alma que busca al Logos no encuentra únicamente consuelos, sino también humillaciones y sufrimientos que purga, psicoterapia y sana la agapi-amor. El velo representa todo aquello que aún cubre imperfectamente la belleza interior de la psique-alma. Al ser despojada incluso de esa última cobertura, queda desnuda de toda doxa-gloria humana y completamente abierta a la acción de la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,7). PG 44, 1164–1172. ΕΠΕ, Γρηγορίου Νύσσης, Εἰς τὸ Ἆσμα Ἀσμάτων, Homilía ΙΑ΄.)

San Máximo el Confesor enseña que las heridas recibidas por la Novia representan las pruebas ascéticas ortodoxas que purgan, psicoterapian y sanan los pazos pasiones, vicios más profundos. Los guardianes simbolizan aquellas circunstancias providenciales mediante las cuales Dios permite que el hombre sea liberado de todo apego a sí mismo. El velo expresa las últimas formas de amor propio o de satisfacción espiritual que todavía permanecen ocultando la perfecta transparencia de la psique-alma. Bajo la acción de la Jaris, incluso esas coberturas son retiradas para que el nus pueda contemplar al Logos con mayor pureza y avanzar hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1248–1256.)

Los Padres contemplan este versículo como una profunda descripción de las catarsis y sanaciones que acompañan el crecimiento espiritual. La psique-alma que busca apasionadamente al Logos no queda exenta de pruebas, incomprensiones y sufrimientos. Los guardianes representan las circunstancias que, bajo la providencia divina, despojan al hombre de toda seguridad puramente humana. El velo arrancado simboliza la desaparición de todo lo que aún oculta la transparencia del corazón. Así, el nus, purgad, sanado e iluminado por la Jaris, queda completamente orientado hacia Cristo y avanza con mayor libertad hacia la consumación de la θέωσις zéosis.

 

5:8

8 Os pongo bajo juramento, oh, hijas de Jerusalén, por todas las fuerzas y potestades del campo: si encontráis a mi novio o amado, anunciadle que vivo herida de agapi-amor por él.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la herida de agapi-amor como la acción del Logos que atraviesa el corazón de la psique-alma. Esta herida no destruye, sino que sana; no produce muerte, sino vida. Cuanto más profundamente es herida la psique-alma por la agapi divina, tanto más intensamente desea la presencia de Cristo. Las hijas de Jerusalén representan a quienes pueden ayudar a la psique-alma en su búsqueda mediante la oración y el testimonio. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 460–468.)

San Gregorio de Nisa contempla la herida de agapi-amor como el signo de una contemplación auténtica. La psique-alma que ha gustado la belleza infinita del Logos ya no puede encontrar descanso en ninguna realidad creada. La Jaris hiere dulcemente el corazón y lo hace capaz de un deseo que nunca se extingue. La herida no expresa carencia, sino la presencia de una agapi que crece sin cesar y conduce al hombre de doxa-gloria en doxa-gloria. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XI (comentario a Ct 5,8). PG 44, 1172–1184.)

San Máximo el Confesor enseña que la herida de agapi es la acción de la Jaris sobre el nus, cuando éste comienza a participar verdaderamente de la belleza divina. El Logos imprime en el corazón un deseo que ninguna realidad temporal puede satisfacer. Esa herida libera al hombre del apego al mundo y orienta todas las potencias de la psique-alma hacia Dios. La verdadera contemplación no extingue el deseo; por el contrario, lo hace crecer indefinidamente, impulsando al hombre hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1256–1264.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las cumbres de la espiritualidad cristiana ortodoxa. La herida de agapi-amor no es una imagen poética sin más, sino la experiencia de la psique-alma tocada por la presencia del Logos. La Jaris hiere el corazón para purgarlo, psicoterapiarlo, sanarlo y hacerlo capaz de amar con una agapi-amor cada vez más semejante a la de Cristo. El nus, inflamado por esa agapi, ya no busca otra cosa que al Novio. Esa herida permanece abierta mientras dura la vida presente y solo alcanza su plena satisfacción en la perfecta comunión con Dios, en la consumación de la zéosis.

 

5:9

9 ¿En qué supera tu amado o novio a todos los demás, oh, la más hermosa entre las mujeres? ¿Qué posee tu amado o novio para que nos hayas conjurado con tanta insistencia?

Comentario patrístico

Las doncellas de Jerusalén, todavía inmaduras en el conocimiento espiritual, preguntan a la Novia qué distingue a su Novio o Amado de todos los demás. San Gregorio de Nisa entiende esta pregunta como el comienzo de la manifestación del misterio de Cristo. La Novia, que ya ha sido herida por la agapi divina y contempla al Logos con el ojo purificado y sanado de la psique-alma, está llamada ahora a mostrar a las que todavía buscan los rasgos y la belleza del Novio-Amado quién es Aquel a quien ama. Por eso, inmediatamente después, comienza a describirlo: «Mi amado es resplandeciente y sonrosado, sobresale entre miríadas de jóvenes» (Ct 5,10). (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII, PG 44, 1057 ss.)

La Ὑπόθεσις hipótesis añade que las doncellas son todavía «inmaduras» y desconocen la profundidad de los misterios; por ello, piden a la Novia que les enseñe quién es Aquel a quien llama continuamente su Amado o Novio (PG 81, 156).

Para San Gregorio de Nisa, la pregunta de las doncellas manifiesta, por tanto, un grado todavía imperfecto de conocimiento. Han oído hablar del Amado, pero aún no han alcanzado la experiencia espiritual de la Novia. Por eso preguntan: «¿Qué tiene tu amado más que otro amado?»

La Novia posee una visión interior que ellas todavía no tienen. Su amor se ha convertido en conocimiento: conoce al Logos porque ha sido transformada por su relación con Él.

Gregorio ve aquí el comienzo de una verdadera mistagogía (iniciación espiritual): la que ya ha contemplado al Amado conduce ahora a las que todavía preguntan hacia el conocimiento de sus misterios. Por eso, inmediatamente, comienza la descripción: «Mi amado es resplandeciente y sonrosado…». La psique-alma que ha sido iluminada por la Jaris se convierte, a su vez, en guía para otras psiques-almas. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII, PG 44, 1057 ss.)

En la interpretación de Orígenes, las «hijas de Jerusalén» representan a quienes comienzan a acercarse al misterio del Logos. Al escuchar a la Novia hablar con tanta intensidad de su Novio o Amado, preguntan qué posee Él que lo haga superior a los demás. La pregunta «¿qué tiene tu novio o amado más que otro amado?» expresa, por tanto, una búsqueda espiritual: quien todavía no conoce plenamente al Logos necesita que la Novia le apocalipta/revele la singularidad y la belleza de Cristo. La respuesta aparece en el versículo siguiente: «Mi amado es resplandeciente y sonrosado, sobresale entre miríadas de jóvenes» (Ct 5,10). La descripción que sigue no es, para Orígenes, un retrato corporal, sino una contemplación de los misterios de Cristo. Cada uno de los rasgos del Amado será interpretado como una realidad espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro III, en la exposición de Ct 5,8–10).

En la tradición cristológica de San Cirilo de Alejandría, el Amado es inseparablemente el Logos encarnado, cuya singularidad no puede compararse con ningún otro. La pregunta de las doncellas prepara la confesión de la incomparable belleza y decoro de Cristo. La comparación «más que otro amado» conduce precisamente a reconocer que Cristo no es simplemente uno entre muchos: Él es el único Novio verdadero, y toda belleza que aparece en otros procede de Él como fuente. Esto armoniza con la interpretación cristológica de Cirilo del Cantar: las imágenes nupciales expresan el misterio de la unión entre el Logos increado y la Iglesia. (San Cirilo de Alejandría, Fragmenta in Canticum Canticorum, sobre Ct 5,9–10, PG 69, 125–128.)

Teodoreto de Ciro interpreta las «hijas de Jerusalén» en relación con quienes son conducidos progresivamente al conocimiento de Dios. Su pregunta no es simplemente curiosidad: desean conocer aquello que hace que el Amado sea incomparable.

El contraste «tu amado… otro amado» prepara la confesión de que Cristo supera infinitamente cualquier belleza humana. Las realidades creadas pueden reflejar algo de la belleza divina, pero ninguna puede compararse con su fuente. (Teodoreto de Ciro, In Canticum Canticorum, sobre Ct 5,9–10, PG 81, 148–152.)

Síntesis de los Padres

El versículo presenta un momento decisivo del itinerario espiritual: Las doncellas preguntan → la Esposa confiesa → la Esposa describe → las almas son conducidas al conocimiento del Logos.

La pregunta: «¿Qué tiene tu amado más que otro amado?» contiene ya el comienzo de la fe: ¿qué hace que Cristo sea incomparable?

Y la respuesta de la Novia o Esposa no será una definición abstracta. Ella no dice simplemente quién es Cristo; describe su belleza: «Mi amado es resplandeciente y sonrosado, sobresale entre miríadas de jóvenes».

La experiencia de la psique-alma que ha conocido al Logos increado se convierte así en testimonio. La belleza que ella contempla despierta en las demás el deseo de conocer al Novio o Amado. Por eso este versículo puede leerse como una transición desde la búsqueda hacia la contemplación: las que preguntan todavía están fuera del misterio; la Esposa, que ha sido herida por la agapi, comienza a introducirlas en él.

Cristo no es simplemente «otro amado»; es el Amado único, la fuente de toda belleza, y la psique-alma que lo ha conocido ya no puede compararlo con ninguna otra realidad.

 

5:10

10 Mi amado es blanco resplandeciente y sonrosado; sobresale entre miríadas de jóvenes;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la blancura resplandeciente como símbolo de la divinidad inmaculada del Logos y el sonrosado como expresión de su humanidad asumida en la Encarnación. Cristo es blanco, resplandeciente por su doxa-gloria eterna e increada y sonrosado porque tomó verdaderamente nuestra carne y derramó su sangre por la salvación del mundo. El hecho de que sobresale entre miríadas proclama su absoluta singularidad entre todas las criaturas. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 476–484.)

San Gregorio de Nisa contempla en la doble expresión «blanco resplandeciente y sonrosado» la perfecta unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la única Persona del Logos. La blancura manifiesta la luz inaccesible de la divinidad; el sonrosado recuerda la sangre derramada en la economía de la salvación. El Logos aparece así, como el único Mediador, incomparable entre todas las criaturas. La Jaris concede a la psique-alma contemplar progresivamente esta belleza que supera toda descripción. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,10). PG 44, 1192–1204.)

San Máximo el Confesor enseña que el Logos es blanco resplandeciente por la pureza infinita, increada e inmutable de su divinidad y sonrosado porque asumió voluntariamente la naturaleza humana, haciéndola partícipe de la doxa-gloria divina mediante la Encarnación. El título «sobresaliente entre miríadas» expresa que ninguna criatura puede compararse con Él, pues solo Cristo reúne en Sí, sin confusión ni división, la plenitud de Dios y la plenitud del hombre. El nus, iluminado por la Jaris, contempla en Él el modelo perfecto de la humanidad deificada y es atraído hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1272–1280.)

Los Padres ven en este versículo una luminosa confesión cristológica. La Novia no describe únicamente una belleza humana, sino la belleza única del Logos encarnado. La blancura resplandeciente revela la doxa-gloria increada y eterna de su divinidad; el sonrosado, la realidad de su Encarnación y de su sacrificio redentor. Él es el sobresaliente entre miríadas, incomparable con toda criatura. Contemplar esa belleza es la obra de la Jaris, que purga, psicoterapia y sana el nus y lo conduce progresivamente hacia la unión con Cristo, culminando en la θέωσις zéosis.

 

5:11

11 su cabeza resplandece como el oro más puro; sus cabellos caen como ramas de palmera, negros como las alas del cuervo;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la cabeza de oro más puro como la divinidad del Logos, incorruptible y preciosa por encima de toda realidad creada. Los cabellos negros manifiestan la inagotable vitalidad del Logos eterno, cuya juventud nunca envejece. La belleza exterior simboliza la infinita perfección de Cristo, cuya sabiduría gobierna toda la creación. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 484–492.)

San Gregorio de Nisa contempla la cabeza de oro como imagen de la soberanía divina del Logos. El oro más puro expresa la incorruptibilidad y el valor infinito de la naturaleza divina. Los cabellos, negros como el cuervo, representan la fuerza siempre joven e inagotable de la vida divina. Nada en Cristo está sujeto al deterioro del tiempo. La Jaris permite a la psique-alma contemplar esta belleza eterna y participar progresivamente de ella. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,11). PG 44, 1212–1220.)

San Máximo el Confesor enseña que la cabeza de oro más puro simboliza al Logos como principio y cabeza de toda la creación. El oro expresa la inmutabilidad y la doxa-gloria increada de Dios. Los cabellos representan la multiplicidad de las divinas energías increadas que proceden del Logos sin dividir su unidad. Su color negro como el cuervo manifiesta, según la contemplación espiritual, la profundidad insondable del misterio divino, que supera toda comprensión humana. El nus, iluminado por la Jaris, adora ese misterio y avanza hacia la contemplación de la doxa-gloria divina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1288–1296.)

Los Padres contemplan este versículo como una descripción simbólica de la majestad del Logos. La cabeza de oro purísimo revela la doxa-gloria eterna, incorruptible e increada de Cristo, mientras que sus cabellos, negros como el cuervo, expresan la inagotable vitalidad y la profundidad insondable de su misterio. La Jaris concede al nus contemplar esta belleza divina, que nunca envejece ni disminuye, y lo conduce progresivamente hacia la plena comunión con el Logos en la zéosis.

 

5:12

12 sus ojos son como palomas junto a caudalosas corrientes de agua, bañadas en leche y reposando junto a aguas abundantes;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los ojos del Novio como la providencia y la mirada agapítica, amorosa del Logos, siempre dirigida hacia la Iglesia. Las palomas simbolizan la pureza de esa mirada divina, incapaz de engaño o malicia. Las aguas abundantes representan la plenitud de las Escrituras y de la jaris gracia increada, mientras que la leche expresa la sencillez y pureza de la enseñanza divina que alimenta a todos los fieles. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 484–492.)

San Gregorio de Nisa contempla los ojos de Cristo como la manifestación de su infinita misericordia. Son comparados con palomas porque en ellos no existe violencia ni juicio apasionado, sino paz y mansedumbre. Las aguas abundantes representan la profundidad inagotable de la sabiduría divina; la leche, la transparencia y la pureza de la contemplación. La psique-alma, iluminada por la Jaris, descubre en la mirada del Logos la fuente de toda paz y de toda verdadera belleza. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,12).
PG 44, 1204–1212.)
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San Máximo el Confesor enseña que los ojos del Logos simbolizan su conocimiento perfecto de todas las cosas y su providencia agapìtica, amorosa sobre la creación. Las palomas representan la sencillez divina, inaccesible a toda mezcla de pazos. Las aguas abundantes expresan la riqueza infinita de las divinas energías increadas, mientras que la leche simboliza el alimento espiritual que el Logos ofrece a quienes comienzan el camino de la contemplación. El nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, aprende a contemplar el mundo con esa misma mirada pacífica y luminosa, avanzando hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1280–1288).

Los Padres contemplan este versículo como una apocálipsis/ revelación de la mirada del Logos. Sus ojos, semejantes a palomas, manifiestan una pureza, una paz y una misericordia infinitas. Las aguas abundantes representan la inagotable riqueza de la vida divina, mientras que la leche expresa la pureza y la sencillez con las que Dios alimenta a sus hijos. El nus, iluminado por la Jaris, aprende a contemplar esa mirada llena de agapi-amor y a dejarse transformar por ella, hasta participar plenamente de la vida divina en la zéosis.

 

5:13

13 sus mejillas son como jardines de perfumes donde florecen las plantas aromáticas; sus labios, lirios que destilan abundante mirra;

Orígenes interpreta las mejillas como el rostro visible del Logos en las Escrituras y en la Encarnación. Los jardines de perfumes representan la riqueza de las virtudes y de la enseñanza divina. Los labios, semejantes a lirios, simbolizan la pureza de los logos de Cristo, mientras que la mirra expresa la sabiduría que conduce a la mortificación de los pazos y a la vida eterna. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 492–500.)

San Gregorio de Nisa contempla las mejillas como la manifestación visible de la belleza del Logos. Los perfumes representan la diversidad de las virtudes que irradian de Cristo. Los labios, comparados con lirios, expresan la absoluta pureza de su enseñanza. La mirra que destilan recuerda que todo logos y palabra del Señor conduce al hombre por el camino de la Cruz y de la resurrección. La Jaris hace que ese logos perfume la psique-alma la transforme interiormente. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,13). PG 44, 1220–1228.)

San Máximo el Confesor enseña que las mejillas simbolizan la manifestación exterior de la belleza divina en la economía de la salvación. Los jardines aromáticos representan las innumerables virtudes que florecen en Cristo y que la Jaris comunica a quienes permanecen unidos a Él. Los labios, como lirios, expresan la pureza perfecta del Logos, mientras que la mirra simboliza la fuerza purgadora, psicoterapéutica y sanadora de su logos, capaz de sanar los πάθος pazos y conducir al nus hacia la contemplación de Dios. Así, la enseñanza de Cristo se convierte en perfume de vida que conduce al hombre hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1296–1304.)

Los Padres contemplan este versículo como una descripción de la belleza y de la eficacia salvadora del Logos. Sus mejillas, semejantes a jardines perfumados, manifiestan la plenitud de las virtudes divinas; sus labios, como lirios, expresan la pureza absoluta de su logos. La mirra que destilan simboliza el poder purgador, psicoterapéutico y sanador de la Jaris, que conduce al hombre por el camino de la Cruz hasta la vida eterna. El nus, alimentado por ese logos llena de perfume divino, avanza hacia la perfecta comunión con Cristo en la zéosis.

 

5:14

14 sus manos son obras de oro finamente cinceladas, adornadas con piedras de Tarsis; su cuerpo es como marfil resplandeciente sobre zafiro;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las manos del Novio como las obras salvadoras del Logos. Son de oro, porque todas sus acciones manifiestan la divina doxa-gloria increada, y están adornadas con las piedras de Tarsis, símbolo de la riqueza de sus donaciones o dones. El marfil representa la pureza incorruptible de la humanidad asumida por Cristo, mientras que el zafiro evoca la contemplación de los misterios celestiales. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 500–508.)

San Gregorio de Nisa contempla las manos como las salvadoras energías increadas mediante las cuales el Logos gobierna y santifica la creación. El oro expresa la mesura divina de esas obras; las piedras de Tarsis, la variedad de las virtudes que la Jaris comunica a la Iglesia. El marfil, luminoso e incorruptible, simboliza la pureza de la humanidad glorificada de Cristo, mientras que el zafiro recuerda la elevación de la contemplación divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,14). PG 44, 1228–1236.)

San Máximo el Confesor enseña que las manos representan las energías increadas y acciones mediante las cuales el Logos sostiene y conduce toda la creación. Al ser comparadas con oro cincelado, manifiestan la perfección y la sabiduría de la divina energía y acción. Las piedras de Tarsis simbolizan la multiforme riqueza de las energías increadas. El marfil, asentado sobre zafiro, expresa la humanidad glorificada de Cristo plenamente penetrada por la divina doxa-gloria increada. El nus, iluminado por la Jaris, contempla en estas imágenes la perfecta armonía entre la Encarnación y la divinidad del Logos, avanzando hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1304–1312.)

Los Padres contemplan este versículo como una nueva apocálipsis-revelación de la belleza y de la perfección del Logos. Las manos de oro manifiestan la excelencia de sus obras salvadoras; las piedras de Tarsis, la riqueza inagotable de sus donaciones y dones; el marfil, la pureza incorruptible de su humanidad; y el zafiro, el resplandor de la doxa-gloria celestial e increada. Todo en Cristo apocalipta-revela la perfecta unión entre la divinidad y la humanidad. La Jaris conduce al nus a contemplar esta belleza inefable y a participar de ella en el camino hacia la consumación de la zéosis.

 

5:15

15 sus piernas son columnas de mármol cimentadas sobre pedestales de oro; su presencia se eleva bella como el Líbano, sublime como sus cedros más escogidos.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las columnas de mármol como la firmeza inquebrantable del Logos, fundamento de la Iglesia Ortodoxa y de toda la creación. Los pedestales de oro representan la doxa-gloria increada e incorruptible de su divinidad. El Líbano y sus cedros simbolizan la sublimidad de Cristo, elevado por encima de toda criatura y fuente de fortaleza para quienes permanecen unidos a Él. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 500–508.)

San Gregorio de Nisa contempla las piernas como símbolo de la estabilidad de las obras salvadoras del Logos. Las columnas de mármol expresan la inmutabilidad de sus designios, mientras que los pedestales de oro manifiestan que toda la economía de la salvación descansa sobre la doxa-gloria divina. El Líbano, con sus elevados cedros, representa la excelsa dignidad de Cristo, cuya belleza y fortaleza sobrepasan toda medida creada. La Jaris eleva la psique-alma para contemplar esa majestad y participar de ella. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,15). PG 44, 1236–1244.)

San Máximo el Confesor enseña que las columnas de mármol representan la firmeza inmutable del Logos y la estabilidad de sus energías divinas en la creación. Los pedestales de oro simbolizan el fundamento increado de toda la economía divina. El Líbano expresa la elevación de la contemplación, mientras que los cedros representan la excelencia de las virtudes que brotan de la unión con Cristo. El nus, fortalecido por la Jaris, se afirma sobre ese fundamento inconmovible y asciende hacia la contemplación de la doxa-gloria divina, avanzando hacia la plenitud de la zéosis.

(San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1312–1320.)

Los Padres contemplan este versículo como una manifestación de la firmeza y de la majestad del Logos. Las columnas de mármol expresan su estabilidad eterna; los pedestales de oro, la gloria incorruptible de su divinidad; el Líbano y sus cedros, la altura y la nobleza de su presencia. Todo en el Novio manifiesta solidez, belleza y grandeza. La Jaris conduce al nus a contemplar esa firmeza divina y a asentarse sobre ella, para crecer continuamente en la comunión con Cristo hasta la consumación de la zéosis.

 

5:16

16 Su boca es toda dulzura, y todo él es plenamente deseable; éste es mi amado; éste es mi compañero de vida, hijas de Jerusalén.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la boca del Novio como la enseñanza del Logos. Sus logos y palabras son dulzura, porque comunican vida eterna y revelan los misterios del Padre. Cuando la Novia afirma que todo él es deseable, proclama que en Cristo no existe nada que no sea digno de agapi-amor. Él es la plenitud de toda belleza, verdad y bondad. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro V. PG 13, 508–516.)

San Gregorio de Nisa contempla la dulzura de la boca del Novio como la jaris (gracia increada) de sus logos, que alimentan y transforman la psique-alma. La expresión «todo él es deseable» revela que la belleza del Logos es infinita y no puede dividirse en cualidades aisladas: todo en Él manifiesta la perfección divina. La psique-alma, iluminada por la Jaris, descubre que el único objeto digno de un deseo absoluto es Cristo. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XII (comentario a Ct 5,16). PG 44, 1244–1252.)

San Máximo el Confesor enseña que la dulzura de la boca del Logos representa la comunicación de la sabiduría divina mediante la Jaris. La afirmación «todo él es deseable» expresa que Cristo es el Bien absoluto, en quien convergen todas las perfecciones. El nus, purgado y sanano de todo deseo desordenado, descubre que únicamente el Logos puede colmar plenamente su anhelo. Así, todo el dinamismo de la agapi humana encuentra su cumplimiento en la comunión con Cristo y conduce a la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1320–1328.)

Los Padres contemplan este versículo como la culminación del retrato espiritual del Novio. La dulzura de su boca simboliza el logos vivificante del Logos; la afirmación «todo él es deseable» proclama que en Cristo reside la plenitud de toda belleza, de toda verdad y de todo bien. La Novia concluye su confesión señalando al Novio con solemnidad: «Éste es mi amado o novio; éste es mi compañero de vida». El nus, iluminado por la Jaris, reconoce en Él al único digno de una agapi absoluta y encuentra en esa comunión el cumplimiento de su vocación a la zéosis.

 

Capítulo 6

1 ¿Adónde se ha ido tu amado, tú la más hermosa entre las mujeres? ¿Hacia dónde dirigió sus pasos tu amado? Iremos contigo a buscarlo.

1 Las hijas de Jerusalén le preguntan:

«¿Adónde ha ido tu amado,
oh la más hermosa entre las mujeres?

¿Qué camino ha tomado tu amado?
Dínoslo,
para que vayamos contigo
a buscarlo y encontrarlo.»

2 Mi amado bajó a su jardín, a las huertas perfumadas, para apacentar su rebaño entre los jardines y recoger lirios.

3 Yo pertenezco por entero a mi amado, y mi amado se entrega a mí; él apacienta entre los lirios.

4 ¡Qué hermosa eres, compañera de mi vida! Eres como la complacencia de Dios, bella como Jerusalén e imponente como ejércitos dispuestos en perfecta formación.

4 ¡Qué hermosa eres tú,
compañera de mi vida,
como un beneplácito,
como un deseo agradable;

eres bella como Jerusalén
e inspiras admiración
como los ejércitos
formados en orden de batalla.

5 Aparta de mí tus ojos, porque ellos con tu encanto me han dado alas; tu cabellera se asemeja a los rebaños de cabras que ondulan al descender de los montes de Galaad.

6 Tus dientes son como rebaños de ovejas recién esquiladas que ascienden del lavadero; todas llevan gemelos, y entre ellas no hay ninguna estéril.

6 Tus blanquísimos dientes
se asemejan a rebaños de ovejas recién esquiladas,
que acaban de salir del baño,
limpias y resplandecientes;

todas llevan gemelos;
ninguna hay estéril entre ellas.

7 Tus labios semejan un delicado hilo de escarlata, y tu voz rebosa hermosura; tus mejillas son como una granada abierta que se adivina tras el velo.

7 Tus labios son como un hilo de escarlata,
y tu hablar, hermoso y lleno de jaris, gracia;

tus mejillas,
tras el transparente velo de tu rostro,
parecen la sonrosada mitad de una granada.

8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas y las doncellas son innumerables.

9 Una sola es mi paloma, mi perfecta; única para su madre, la predilecta de quien la dio a luz; las doncellas la vieron y la proclamaron bienaventurada; las reinas y también las concubinas la alabarán, y seguirán diciendo:

9 Para mí, una sola es mi paloma,
perfecta y única para mí;
la hija única de su madre,
la predilecta de aquella que la dio a luz;

las jóvenes la vieron
y la proclamaron dichosa;
también las reinas y las concubinas
la alabarán y dirán:

10 ¿Quién es ésta que aparece como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol y majestuosa como un ejército dispuesto en perfecto orden?

11 Y ella dice: Bajé al jardín de los nogales para contemplar los brotes del valle regado por el torrente, para ver si la vid había florecido y si los granados se cubrían de flores; allí te entregaré mis pechos con toda mi agapi-amor.

11 Y ella dice:

He bajado al huerto de los nogales,
para contemplar los brotes junto a los arroyos;
para ver si han florecido las viñas
y han abierto sus flores los granados;

allí, oh Novio mío,
te ofreceré mis abrazos.

12 Sin que mi psique-alma lo advirtiera, él me colocó sobre los carros de Aminadab.

12 Sin darme cuenta,
mi alma me llevó
como si me hubiera sentado
en los veloces carros
de los nobles y de los príncipes.

 

Comentario patrístico capítulo 6

6:1

1 ¿Adónde se ha ido tu amado, tú la más hermosa entre las mujeres? ¿Hacia dónde dirigió sus pasos tu amado? Iremos contigo a buscarlo.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este cambio como el fruto del testimonio de la Novia. La descripción de la incomparable belleza del Logos ha despertado en las demás psiques-almas el deseo de conocerlo. Quienes antes preguntaban con curiosidad ahora se convierten en compañeras de búsqueda. Así actúa la predicación auténtica: la agapi-amor vivida conduce a otros hacia Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 516–524.)

San Gregorio de Nisa contempla en las hijas de Jerusalén a las psiques-almas que, iluminadas por el testimonio de la Iglesia, comienzan el camino de la contemplación. Ya no permanecen como simples espectadoras; desean unirse a la búsqueda del Logos. La Jaris transforma la admiración en deseo y el deseo en un camino común hacia Dios. La búsqueda de Cristo deja de ser individual para convertirse en una comunión de psiques-almas que avanzan juntas. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,1). PG 44, 1252–1260.)

San Máximo el Confesor enseña que el testimonio de la psique-alma unida al Logos despierta en otros el mismo anhelo de contemplación. La búsqueda compartida simboliza la comunión de la Iglesia, donde cada miembro ayuda al otro a dirigirse hacia Cristo. El nus, iluminado por la Jaris, no guarda para sí la experiencia del Logos, sino que se convierte en guía y compañero de quienes desean encontrarlo. Así, toda la comunidad eclesial avanza unida hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1328–1336.)

Los Padres contemplan este versículo como el fruto apostólico de la agapi-amor al Logos. La confesión de la Novia ha despertado en las hijas de Jerusalén el deseo de buscar también al Novio. La Jaris transforma el testimonio personal en llamada universal. El nus, que ha conocido la belleza de Cristo, no puede conservarla solo para sí, sino que invita a otros a recorrer el mismo camino. La búsqueda del Logos se convierte así en una peregrinación común de la Iglesia hacia la perfecta comunión con Dios, que culmina en la zéosis.

 

6:2

2 Mi amado bajó a su jardín, a las huertas perfumadas, para apacentar su rebaño entre los jardines y recoger lirios.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el jardín como la Iglesia y también como la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. El Logos desciende a ese jardín para apacentar, es decir, alimentar espiritualmente a los fieles mediante su logos y su jaris (gracia increada). Los lirios representan las psiques-almas puras y las virtudes que florecen bajo la acción de la energía de Dios. Cristo las recoge porque son el fruto de su propia obra. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 516–524.)

San Gregorio de Nisa contempla el jardín como el corazón transformado por la Jaris. El Logos desciende allí para habitar en la psique-alma y hacerla florecer en toda clase de virtudes. El acto de recoger lirios significa que Cristo se complace en las psiques-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas, cuya belleza refleja la belleza divina. El apacentar manifiesta el cuidado constante con que conduce a los suyos hacia la vida eterna. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,2). PG 44, 1260–1268.)

San Máximo el Confesor enseña que el jardín simboliza el nus purgado, sanado e iluminado y lleno de las virtudes cultivadas por la Jaris. El Logos desciende no porque cambie de lugar, sino porque se manifiesta de manera más íntima a la psique-alma preparada para recibirlo. El apacentar representa la continua alimentación espiritual mediante las energías divinas, mientras que los lirios simbolizan las virtudes maduras que el Logos reconoce como fruto de su propia acción en el hombre. De este modo, el nus progresa constantemente hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1336–1344.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la presencia activa del Logos en la Iglesia y en la psique-alma. El jardín representa el lugar donde florece la vida espiritual; las huertas perfumadas, la abundancia de las virtudes; el apacentar, el cuidado agapítico–amoroso de Cristo por los suyos; y los lirios, las psique-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas por la Jaris. El nus, convertido en jardín de Dios, se deja cultivar por el Logos y produce frutos que culminan en la perfecta comunión con Él, es decir, en la zéosis.

 

6:3

3 Yo pertenezco por entero a mi amado o novio, y mi amado se entrega y pertenece a mí; él apacienta entre los lirios.

Comentario patrístico

Orígenes contempla esta confesión como la expresión de la unión alcanzada entre la psique-alma y el Logos. La Novia ya no busca únicamente al Novio; ahora proclama que ambos se pertenecen mutuamente. Cristo apacienta entre los lirios, es decir, habita entre las psiques-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas por la virtud y las alimenta con su logos y con su jaris gracia increada. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI.PG 13, 524–532.)

San Gregorio de Nisa interpreta esta pertenencia mutua como el fruto de la perfecta cooperación entre la libertad humana y la Jaris. La Novia pertenece al Logos porque le ha entregado toda su vida; el Logos pertenece a la Novia porque se comunica plenamente a quien lo ama. Los lirios representan la pureza del corazón donde Cristo encuentra su descanso y ejerce su pastoreo espiritual. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,3). PG 44, 1268–1276.)

San Máximo el Confesor enseña que la expresión «yo soy de mi amado y mi amado es mío» manifiesta la comunión libre y recíproca entre el hombre y el Logos. La Jaris une al nus con Cristo sin destruir la libertad personal. El pastoreo entre los lirios simboliza la acción continua del Logos en las psique-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas, alimentándolas con las energías divinas e introduciéndolas progresivamente en la contemplación. Esa comunión constituye la esencia misma de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1344–1352.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las más altas expresiones de la unión entre Cristo y la psique-alma. La pertenencia es plenamente recíproca: el hombre se entrega al Logos y el Logos se comunica, comulga y se une al hombre mediante la Jaris. Los lirios simbolizan la pureza alcanzada por el nus, donde Cristo habita y ejerce su pastoreo espiritual. En esta comunión de agapi-amor se anticipa ya la plenitud de la zéosis, donde Dios será todo en todos.

 

6:4

4 ¡Qué hermosa eres, compañera de mi vida! Eres como la complacencia de Dios, bella como Jerusalén e imponente como ejércitos dispuestos en perfecta formación.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la complacencia como el beneplácito de Dios que reposa sobre la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. La comparación con Jerusalén manifiesta que la psique-alma se ha convertido en ciudad santa y morada del Logos. La imagen del ejército ordenado expresa la perfecta armonía de las virtudes, donde todas las potencias de la psique-alma permanecen sometidas a Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 532–540.) 

San Gregorio de Nisa contempla a la Novia como imagen de la Iglesia glorificada por la Jaris. Es hermosa como Jerusalén, porque en ella habita Dios; y majestuosa como un ejército ordenado, porque todas sus facultades han sido restauradas en el orden querido por el Creador. La verdadera belleza de la psique-alma consiste en esta armonía interior producida por la divina jaris gracia (energía increada). (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,4). PG 44, 1276–1288.)

San Máximo el Confesor enseña que la complacencia expresa el estado de la psique-alma plenamente reconciliada con Dios. Jerusalén simboliza el nus convertido en morada del Logos. El ejército ordenado representa todas las potencias del hombre actuando en perfecta armonía bajo la acción de la Jaris. Cuando desaparece el desorden de los pazos, el hombre recobra la belleza de la imagen divina y avanza hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1352–1360.)

Los Padres contemplan este versículo como un himno a la restauración del hombre en Cristo. La Novia es complacencia porque vive en el beneplácito de Dios; es Jerusalén porque se ha convertido en templo vivo del Logos; y es majestuosa como un ejército ordenado porque todas las potencias de la psique-alma han sido reunidas en la unidad por la Jaris. El nus, plenamente pacificado, refleja nuevamente la belleza del Creador y progresa hacia la consumación de la zéosis.

 

6:5

5 Aparta de mí tus ojos, porque ellos con tu encanto me han dado alas; tu cabellera se asemeja a los rebaños de cabras que ondulan al descender de los montes de Galaad.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los ojos de la Novia como la contemplación de la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. La mirada de la psique-alma que ama a Dios posee tal fuerza que el mismo Logos dice, en lenguaje humano, que ha sido arrebatado por ella. El verbo ἀνεπτέρωσάν han dado alas expresa la intensidad de la agapi-amor recíproco entre Cristo y la psique-alma. La cabellera representa la multitud de los pensamientos santos y de las virtudes que embellecen a la psique-alma transformada por la jaris gracia increada. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 540–548.)

San Gregorio de Nisa contempla esta expresión como una audaz imagen del lenguaje de la agapi divina. El Logos habla según la capacidad humana para revelar cuánto se complace en la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. La mirada de la Novia, iluminada por la Jaris, manifiesta la transparencia del nus, que contempla a Dios con pureza. La cabellera, semejante a los rebaños del Galaad, simboliza la armonía de las virtudes que descienden suavemente sobre toda la vida del hombre espiritual. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,5). PG 44, 1288–1296.)

San Máximo el Confesor enseña que los ojos representan el nus purgado, sanado e iluminado por la contemplación. La expresión «me han dado alas» indica que la agapi divina eleva al hombre por encima de todo lo terreno y, al mismo tiempo, manifiesta, en lenguaje simbólico, la complacencia del Logos en la psique-alma que vive plenamente unida a Él. La cabellera representa la abundancia de los logos de las virtudes, ordenados armoniosamente por la Jaris. El Galaad, con sus rebaños, simboliza la fecundidad espiritual de una psique-alma que ha alcanzado la ησυχία (serenidad mental y paz cordial) y progresa continuamente hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1360–1368.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las expresiones más delicadas de la agapi recíproca entre Cristo y la psique-alma. La mirada de la Novia, purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris, es tan transparente que el Logos afirma, con lenguaje humano, que ella le ha dado alas, es decir, que lo ha arrebatado por la fuerza de la agapi. La cabellera, semejante a los rebaños que descienden del Galaad, manifiesta la abundancia y el orden de las virtudes que adornan al nus iluminado. Todo el hombre queda así transformado por la jaris gracia increada y conducido hacia la plenitud de la zéosis.

 

6:6

6 Tus dientes son como rebaños de ovejas recién esquiladas que ascienden del lavadero; todas llevan gemelos, y entre ellas no hay ninguna estéril.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los dientes como la facultad espiritual de discernir y asimilar el logos y palabra de Dios. Así como los dientes mastican el alimento, la psique-alma madura estudia, comprende y medita las divinas Escrituras. Las ovejas lavadas simbolizan la pureza alcanzada por el bautismo y por la vida de virtud. Que todas tengan gemelos indica la perfecta armonía entre la contemplación y la acción, entre el conocimiento y la práctica de las virtudes. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 548–556.)

San Gregorio de Nisa contempla los dientes como símbolo de la capacidad espiritual de la psique-alma para recibir el alimento sólido de la verdad divina. Las ovejas recién esquiladas y lavadas representan las psiques-almas purgadas, psicoterapiadas y sanadas de todo pazos padecimiento, pasión, vicio. La ausencia de toda esterilidad manifiesta que ninguna virtud permanece infructuosa cuando actúa la Jaris. Toda la vida espiritual produce abundantes frutos para Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,6). PG 44, 1296–1304.)

San Máximo el Confesor enseña que los dientes representan la facultad del nus para discernir y asimilar los misterios divinos. Las ovejas lavadas simbolizan las potencias de la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada por la Jaris. El hecho de que todas estén emparejadas, manifiesta la perfecta armonía entre la contemplación y la acción, entre la fe y las obras, entre la gnosis (conocimiento) y la agapi-amor. La ausencia de toda esterilidad indica que la psique-alma unida al Logos produce incesantemente frutos espirituales, avanzando hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1368–1376.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la perfecta madurez espiritual. Los dientes representan la capacidad del nus para alimentarse de la verdad divina; las ovejas lavadas, la pureza alcanzada por la Jaris; las parejas de gemelos, la armonía de todas las virtudes; y la ausencia de esterilidad, la fecundidad constante de la psique-alma unida al Logos. Todo el hombre participa así de la belleza restaurada por Cristo y progresa hacia la consumación de la zéosis.

 

6:7

7 Tus labios semejan un delicado hilo de escarlata, y tu voz rebosa hermosura; tus mejillas son como una granada abierta que se adivina tras el velo.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los labios como la predicación y la confesión de la fe. El hilo de escarlata simboliza la confesión de Cristo y el testimonio sellado por la agapi y, si fuera necesario, por el martirio. La voz que rebosa hermosura manifiesta la sabiduría del Logos que habla a través de la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. La granada representa la abundancia de las virtudes ocultas bajo el velo de la humildad. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 556–564.)

San Gregorio de Nisa contempla los labios como la expresión visible del corazón lleno de la Jaris. El color escarlata simboliza el ardor de la agapi divina. La voz hermosa es aquella que nace de un corazón purgado, psicoterapiado y sanado. La granada, con sus innumerables granos, representa la riqueza de las virtudes y de los dones espirituales, mientras que el velo manifiesta la humildad que protege esa belleza interior. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,7). PG 44, 1304–1312.)

San Máximo el Confesor enseña que los labios representan la manifestación exterior del nus iluminado. El hilo de escarlata simboliza el logos inspirado por la Jaris, nacido de la agapi sacrificial de Cristo. La granada, llena de innumerables semillas, expresa la multiplicidad de las virtudes que brotan de un único principio: la unión con el Logos. El velo indica que la verdadera santidad permanece siempre acompañada de humildad y discreción. Así, la psique-alma manifiesta exteriormente la belleza que ha recibido interiormente y avanza hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1376–1384.)

Los Padres contemplan este versículo como una descripción de la belleza espiritual de la psique-alma transformada por el Logos. Los labios, semejantes a un hilo de escarlata, representan la confesión pura de la fe y el logos inspirado por la Jaris. La granada, oculta tras el velo, simboliza la abundancia de las virtudes custodiadas por la humildad. El nus, purgado, sanado e iluminado por la jaris gracia increada, manifiesta exteriormente la belleza interior recibida de Cristo y progresa hacia la consumación de la zéosis.

 

6:8

8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas y las doncellas son innumerables.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las reinas, concubinas y doncellas como los diversos grados de las psiques-almas que buscan a Dios. Aunque muchas participan de la verdad según distintas medidas, solo una alcanza la plenitud de la agapi-amor esponsal o novial con el Logos. La Iglesia, o la psique-alma perfecta, sobresale entre todas por la plenitud de la comunión con Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 564–572.)

San Gregorio de Nisa contempla esta diversidad como imagen del progreso espiritual. Existen muchos niveles de virtud y de conocimiento de Dios, pero la Novia representa el estado de perfección al que conduce la Jaris. No se trata de despreciar a las demás, sino de mostrar la singular belleza de la psique-alma plenamente unida al Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,8). PG 44, 1312–1320.)

San Máximo el Confesor enseña que las distintas categorías representan los diversos grados de participación en la vida divina. La Jaris actúa en todos según la disposición de cada uno, pero la Novia simboliza al nus que ha alcanzado la perfecta comunión con el Logos. La multitud expresa la riqueza de los caminos de Dios, mientras que la unicidad de la Novia manifiesta la perfección de la unión que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1384–1392.)

Los Padres contemplan este versículo como una preparación para la proclamación de la singularidad de la Novia. Hay muchas reinas, concubinas y doncellas, es decir, muchas psique-almas llamadas a Dios y muchos grados de crecimiento espiritual; pero solo una alcanza la plenitud de la agapi-amor novial o esponsal con el Logos. La Jaris conduce al nus a esa unión única y perfecta, que constituye la consumación de la zéosis.

 

6:9

9 Una sola es mi paloma, mi perfecta; única para su madre, la predilecta de quien la dio a luz; las doncellas la vieron y la proclamaron bienaventurada; las reinas y también las concubinas la alabarán, y seguirán diciendo:

Comentario patrístico

Orígenes contempla a la única paloma como imagen de la Iglesia, única Esposa de Cristo, y también de la psique-alma que ha alcanzado la perfección de la agapi-amor. La llama perfecta porque nada la divide ya del Logos. Todas las demás psiques-almas la proclaman bienaventurada, al reconocer la obra que la divina jaris gracia increada ha realizado en ella. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 572–580.)

San Gregorio de Nisa interpreta la paloma como símbolo de la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada por completo. La palabra τελεία (telia) perfecta expresa la plenitud de la vida espiritual alcanzada mediante la Jaris. La Novia es única porque la unión con Dios hace del hombre una criatura nueva. Las demás psique-almas la llaman bienaventurada, no por sus méritos humanos, sino porque contemplan en ella el resplandor de la jaris gracia divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,9). PG 44, 1320–1328.)

San Máximo el Confesor enseña que la única paloma representa el nus que ha alcanzado la perfecta sencillez y la unidad interior mediante la Jaris. La expresión «mi perfecta» indica la consumación del camino espiritual, donde todas las facultades del hombre quedan unificadas en la agapi-amor al Logos. La alabanza de las reinas, concubinas y doncellas manifiesta que toda la creación reconoce la belleza de la psique-alma divinizada o glorificada. Esa belleza no procede del hombre, sino de la participación en las divinas energías increadas, que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1392–1400.)

Los Padres contemplan este versículo como el culmen del elogio de la Novia. Ella es la única paloma, porque vive en la unidad de la agapi-amor divina; es la perfecta, porque la Jaris ha llevado a plenitud la imagen de Dios en ella; y es proclamada bienaventurada por todas las demás, porque en su belleza resplandece la doxa-gloria del Logos. El nus, purgado, sanado e iluminado y plenamente unificado, alcanza así la comunión perfecta con Cristo, que constituye la consumación de la θέωσις zéosis.

 

6:10

10 ¿Quién es ésta que aparece como la aurora, bella como la luna, resplandeciente como el sol y majestuosa como un ejército dispuesto en perfecto orden?

Comentario patrístico

Orígenes interpreta esta pregunta como la admiración de los ángeles y de todas las potencias celestiales ante la transformación de la Iglesia y de la psique-alma unida al Logos. La aurora representa el comienzo de la iluminación espiritual; la luna, la luz recibida de Cristo; y el sol, la plenitud de la participación en la doxa-gloria divina. La Novia inspira admiración porque la Jaris la ha transformado completamente. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 580–588.)

San Gregorio de Nisa contempla el progreso espiritual descrito por las tres imágenes. La aurora simboliza el despertar del nus; la luna, la contemplación de los misterios divinos; y el sol, la plenitud de la iluminación concedida por la Jaris. La psique-alma, ya plenamente restaurada, aparece majestuosa como un ejército ordenado, porque todas sus facultades viven en perfecta armonía bajo el gobierno del Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,10). PG 44, 1328–1336.)

San Máximo el Confesor enseña que este versículo describe el itinerario completo de la psique-alma hacia Dios. La aurora representa el inicio de la iluminación del nus; la luna, la contemplación reflejada de las realidades divinas; y el sol, la participación plena en la luz increada mediante la Jaris. La expresión «escogida como el sol» manifiesta que la psique-alma ha sido elegida para reflejar la doxa-gloria divina. Finalmente aparece como un ejército ordenado, porque todas las potencias humanas han sido reunidas en una perfecta unidad que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1400–1408.)

Los Padres contemplan este versículo como una visión de la glorificación de la psique-alma. Desde la aurora hasta el sol, el hombre progresa de iluminación en iluminación por la acción de la Jaris. La belleza de la Novia no es propia, sino reflejo de la doxa-gloria del Logos. Su perfecta armonía interior la hace majestuosa como un ejército ordenado, pues todas las potencias del nus viven ya en plena obediencia a Dios. Así se manifiesta la consumación de la zéosis, donde el hombre resplandece con la luz increada que recibe del Creador.

 

6:11

11 Y ella dice: Bajé al jardín de los nogales para contemplar los brotes del valle regado por el torrente, para ver si la vid había florecido y si los granados se cubrían de flores; allí te entregaré mis pechos con toda mi agapi-amor.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el jardín de los nogales como el lugar de la contemplación espiritual, donde la psique-alma examina los frutos que la Jaris ha producido. La vid y los granados representan las virtudes que florecen en el corazón purgado, psicoterapiado y sanado. La promesa «allí te daré mis pechos» expresa que la psique-alma ofrece a Cristo todo el fruto de su agapi-amor y de su vida espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 588–596.)

San Gregorio de Nisa contempla el jardín como la psique-alma cultivada por Dios. Los nogales, cuyo fruto está oculto bajo una cáscara dura, simbolizan los misterios espirituales que requieren esfuerzo ascético ortodoxo para ser alcanzados. La vid y los granados manifiestan el crecimiento de las virtudes. La entrega de los pechos representa la plenitud de la agapi-amor espiritual, por la que la psique-alma alimenta a otros con la misma jaris gracia increada que ha recibido del Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,11). PG 44, 1336–1344.)

San Máximo el Confesor enseña que el jardín de los nogales simboliza el nus que ha penetrado en la profundidad de los misterios divinos. Los brotes del torrente representan las virtudes alimentadas por el flujo incesante de la Jaris. La vid y los granados manifiestan la madurez de la vida espiritual. La expresión «te daré mis pechos» simboliza la entrega total de todas las facultades de la psique-alma al Logos y la comunicación de la sabiduría y de la agapi divinas. En esa donación perfecta culmina el camino de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1408–1416.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la madurez espiritual. El jardín de los nogales representa la psique-alma donde la Jaris ha hecho crecer las virtudes; la vid y los granados manifiestan la abundancia de los frutos espirituales. La promesa «allí te daré mis pechos» expresa la entrega plena de la agapi al Logos y la fecundidad espiritual de la psique-alma, que comunica la vida recibida de Dios. El nus, transformado por la jaris, alcanza así una comunión cada vez más profunda con Cristo hasta la plenitud de la zéosis.

 

6:12

12 Sin que mi psique-alma lo advirtiera, él me colocó sobre los carros de Aminadab.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este pasaje como la experiencia de la contemplación divina. La psique-alma no percibe el momento en que la Jaris la eleva por encima de las realidades sensibles. Los carros de Aminadab simbolizan el impulso poderoso con el que Dios conduce a la psique-alma hacia la contemplación de los misterios celestiales. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 596–604.)

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como una descripción del éxtasis espiritual. La psique-alma no puede explicar cómo ha sido elevada, porque la acción de la energía increada Jaris supera toda comprensión racional. Los carros de Aminadab representan el movimiento impetuoso de la agapi divina, que lleva al hombre más allá de sus propias fuerzas y lo introduce en una contemplación cada vez más profunda del Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIII (comentario a Ct 6,12). PG 44, 1344–1352.)

San Máximo el Confesor enseña que el nus, cuando es plenamente purgado, psicoterapiado y sanado por la Jaris, puede ser elevado súbitamente a la contemplación de Dios. La expresión «mi psique-alma no lo supo» indica que esta elevación no es fruto del esfuerzo humano, sino del don gratuito de Dios. Los carros de Aminadab simbolizan las divinas energías increadas que conducen al hombre con rapidez hacia la comunión con el Logos. Esta experiencia trasciende todo razonamiento y anticipa la doxa-gloria de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1416–1424).

Los Padres contemplan este versículo como la descripción de una experiencia espiritual mística ortodoxa. La psique-alma no puede explicar el instante en que la Jaris la eleva, porque la iniciativa pertenece enteramente a Dios. Los carros de Aminadab simbolizan la fuerza irresistible de la agapi divina, que conduce al nus hacia una contemplación superior a toda comprensión. En ese movimiento gratuito de la jaris, el hombre experimenta anticipadamente la comunión con el Logos que culmina en la θέωσις zéosis.

 

Capítulo 7

1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita! ¡Vuelve, vuelve, para que podamos contemplarte! ¿Qué contemplaréis en la Sulamita? La que avanza como las danzas de los campamentos.

1 «¡Vuelve, vuelve, oh Sulamita!
¡Vuelve a nosotros;
vuelve tu mirada hacia nosotros,
para que contemplemos tu hermoso rostro!»

Ella respondió:

«¿Qué vais a ver en mí,
una humilde Sulamita?

Tú, cuando avanzas
con tanta jaris y majestad,
te asemejas a los coros
de las huestes celestiales.»

2 ¡Cuánta hermosura hay en tus pasos, calzados con sandalias, hija de Nadab! Las armoniosas curvas de tus muslos semejan preciosos collares, labrados por mano de un consumado artista.

2 ¡Qué hermoso es tu caminar
con tus hermosas sandalias,
oh hija de príncipes!

Tus muslos poseen
un ritmo y una armonía admirables;
son semejantes a un precioso collar,
obra refinada de un gran artífice.

3 Tu ombligo es como una copa finamente labrada, siempre colmada de vino aromático; tu vientre es como un montón de trigo rodeado de lirios.

4 Tus dos pechos semejan dos tiernos cervatillos gemelos de gacela, iguales en belleza y armonía

5 Tu cuello se alza como una torre de marfil; tus ojos, resplandecientes y cristalinos, como las apacibles piscinas junto a las puertas de Hesebón, ciudad de muchos habitantes; tu nariz es semejante a la torre del Líbano, que contempla el horizonte hacia Damasco;

6 tu cabeza se alza majestuosa como el Carmelo; los rizos de tu cabellera resplandecen como la púrpura real, y el Rey permanece cautivo entre sus trenzas.

7 ¡Qué belleza y qué dulzura hay en ti, amada mía! ¡Cuán admirable eres en la abundancia de tus delicias!

8 Tu estatura se asemeja a una majestuosa palmera, y tus pechos son como racimos de uvas.

9 Me dije: subiré a la palmera y abrazaré sus ramas más elevadas; tus pechos serán como los racimos de la vid, y el suave perfume del aliento de tu nariz será como el aroma de las manzanas,

10 tu garganta es como un vino exquisito, que se derrama con rectitud hacia mi amado, llenando de dulzura mis labios y mis dientes.

10 Tu dulce garganta
es como vino excelente,
que —añade la Novia—
correrá directamente
hacia la boca de mi amado,
para alegrarlo
con mis labios y mis dientes.

11 Yo pertenezco a mi amado, y hacia mí se dirige constantemente su mirada y su amor.

12 Ven, amado mío; vayamos juntos al campo, acampemos y permanezcamos durante la noche en las aldeas;

13 Madruguemos para ir a las viñas; veamos si la vid ha florecido, si la alheña está en flor y si los granados han florecido; allí te entregaré mis pechos o me entregaré a ti con toda mi agapi-amor.

13 Levantémonos al alba
para pasear por las viñas;

veamos si la vid ha florecido,
si la alheña está en flor
y si los granados están en flor;

allí te entregaré todos mis abrazos
y te manifestaré todo el amor puro
que siento por ti.

14 Las mandrágoras dan su aroma, y junto a nuestras puertas hay toda clase de frutos exquisitos, nuevos y antiguos, amado mío, que he guardado para ti.

 

Comentario patrístico capítulo 7

7:1

1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita! ¡Vuelve, vuelve, para que podamos contemplarte! ¿Qué contemplaréis en la Sulamita? La que avanza como las danzas de los campamentos.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta a la Sulamita como la Iglesia y como la psique-alma que ha alcanzado la paz perfecta con Dios. El nombre mismo evoca la paz (shalom). La invitación a volver expresa el deseo de contemplar la belleza que la Jaris ha realizado en ella. Las danzas de los campamentos simbolizan el perfecto orden de las virtudes, donde cada una ocupa el lugar que Dios le ha asignado. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VI. PG 13, 604–612).

San Gregorio de Nisa contempla la Sulamita como la psique-alma que ha alcanzado la ησυχία (serenidad mental y paz del corazón) y la armonía interior. Todos desean contemplarla porque en ella resplandece la belleza del Logos. La comparación con las danzas de los campamentos expresa que la vida espiritual no es inmovilidad, sino un movimiento armonioso donde todas las virtudes actúan al unísono bajo la acción de la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,1 LXX). PG 44, 1336–1348.)

San Máximo el Confesor enseña que la Sulamita representa el nus que ha alcanzado la paz perfecta mediante la Jaris. La llamada a volver no indica un retroceso, sino una nueva manifestación de la belleza espiritual para beneficio de quienes todavía avanzan en el camino. Las danzas de los campamentos simbolizan la perfecta armonía de todas las virtudes y de todas las potencias de la psique-alma, ordenadas por el Logos. Esa armonía es ya una anticipación de la zéosis, donde todo el hombre participa del orden y de la belleza divinos. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1424–1432.)

Los Padres contemplan este versículo como una invitación a contemplar la obra consumada de la Jaris en la psique-alma. La Sulamita, cuyo nombre evoca la paz, manifiesta la restauración plena del hombre en Cristo. Su vida es semejante a una danza de los campamentos, donde reinan el orden, la armonía y la belleza. El nus, completamente unificado por el Logos, refleja ya la doxa-gloria divina y anticipa la perfecta comunión con Dios que culmina en la zéosis.

 

7:2

2 ¡Cuánta hermosura hay en tus pasos, calzados con sandalias, hija de Nadab! Las armoniosas curvas de tus muslos semejan preciosos collares, labrados por mano de un consumado artista. 

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los pasos de la Novia como su progreso en la vida espiritual. Las sandalias representan la preparación para recorrer el camino del Evangelio. Los muslos, adornados como joyas, simbolizan la fortaleza interior que sostiene la marcha de la psique-alma. Todo ello es obra del divino Artífice, que embellece al hombre mediante su jaris gracia increada. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII.
PG 13, 612–620).

San Gregorio de Nisa contempla los pasos como el continuo avance de la psique-alma hacia Dios. La belleza no reside solamente en el destino, sino también en el camino recorrido. Las proporciones armoniosas de los muslos representan la estabilidad y el equilibrio de las virtudes. Todo ese orden interior ha sido formado por la Jaris, verdadera artista de la psique-alma. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,2 LXX). PG 44, 1348–1356.)

San Máximo el Confesor enseña que los pasos simbolizan el movimiento del nus hacia Dios. Las sandalias representan la preparación ascética que permite caminar sin ser herido por los pazos. Las curvas de los muslos, comparadas con joyas, expresan la perfecta armonía entre las facultades de la psique-alma y del cuerpo, restauradas por la Jaris. La expresión «obra de un artista» revela que esta belleza no procede del esfuerzo humano aislado, sino de la acción y energía creadora del Logos, que conduce al hombre hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua.
PG 91, 1432–1440.

Los Padres contemplan este versículo como una alabanza al progreso espiritual de la psique-alma. Sus pasos son hermosos porque camina tras el Logos; las sandalias simbolizan la preparación evangélica; las armoniosas curvas de los muslos representan la firmeza y el equilibrio de las virtudes; y el divino Artífice es quien modela toda esta belleza mediante la Jaris. El nus, restaurado por la jaris, avanza con paso firme hacia la perfecta comunión con Cristo, que culmina en la zéosis.

 

7:3

3 Tu ombligo es como una copa finamente labrada, siempre colmada de vino aromático; tu vientre es como un montón de trigo rodeado de lirios.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la copa finamente labrada como la profundidad de los misterios espirituales contenidos en la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. El vino mezclado simboliza la sabiduría divina que nunca falta a quien vive unido al Logos. El montón de trigo representa la abundancia de frutos espirituales producidos por la Jaris, mientras que los lirios expresan la pureza que protege esos frutos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 620–628.)

San Gregorio de Nisa contempla el ombligo como símbolo del centro de la vida espiritual, de donde brota el alimento interior de la psique-alma. La copa siempre llena representa la inagotable riqueza de la divina jaris gracia increada. El trigo es figura del alimento espiritual y de la fecundidad de las virtudes. Los lirios indican que toda esa abundancia permanece rodeada por la pureza concedida por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,3 LXX). PG 44, 1356–1364.)

San Máximo el Confesor enseña que la copa finamente labrada representa el nus transformado por la Jaris, capaz de recibir y comunicar la sabiduría divina. El vino mezclado simboliza la riqueza de las energías divinas que nunca se agotan. El montón de trigo expresa la plenitud de las virtudes maduras y de los frutos espirituales. Los lirios, que rodean el trigo, manifiestan que toda verdadera fecundidad nace de la pureza de la psique-alma. Así, el hombre entero se convierte en un receptáculo de la vida divina y avanza hacia la consumación de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1440–1448.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la abundancia espiritual concedida por Dios. La copa finamente labrada simboliza la psique-alma preparada para recibir la sabiduría divina; el vino aromático, la riqueza inagotable de la Jaris; el trigo, la fecundidad de las virtudes; y los lirios, la pureza que las rodea y embellece. El nus, lleno de la vida del Logos, produce frutos abundantes y es conducido hacia la plena comunión con Dios en la zéosis.

 

7:4

4 Tus dos pechos semejan dos tiernos cervatillos gemelos de gacela, iguales en belleza y armonía

Comentario patrístico

Orígenes interpreta los dos pechos como los dos Testamentos, con los que la Iglesia alimenta espiritualmente a sus hijos. Son comparados con dos cervatillos gemelos porque ambos proceden del mismo Logos y ofrecen un alimento igualmente vivificante. La armonía entre ambos manifiesta la unidad de toda la Apocálipsis-Revelación. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 628–636.)

San Gregorio de Nisa contempla los dos pechos como la doble plenitud de la agapi-amor a Dios y de la agapi-amor al prójimo, de la contemplación y de la acción, mediante las cuales la psique-alma alimenta la vida espiritual. Los cervatillos gemelos simbolizan la belleza, la pureza y el equilibrio de estas virtudes, inseparables en quien vive plenamente unido al Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,4 LXX). PG 44, 1364–1372.)

San Máximo el Confesor enseña que los dos pechos representan la doble comunicación de la sabiduría y de la agapi divinas, con las que el Logos alimenta al hombre y, por medio del hombre espiritual, a toda la Iglesia. Los cervatillos gemelos expresan la perfecta armonía de las virtudes nacidas de la Jaris. El nus, iluminado por el Logos, recibe y transmite este alimento espiritual, conduciendo a los fieles hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1448–1456.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la fecundidad espiritual de la Iglesia y de la psique-alma unida al Logos. Los dos pechos simbolizan el alimento de la verdad y de la agapi, de la contemplación y de la vida activa, con los que la Jaris nutre a los fieles. Los cervatillos gemelos de gacela expresan la perfecta armonía, pureza y delicadeza de los dones divinos o donaciones. El nus, alimentado por el Logos, participa de esa plenitud y conduce a otros hacia la consumación de la zéosis.

 

7:5

5 Tu cuello se alza como una torre de marfil; tus ojos, resplandecientes y cristalinos, como las apacibles piscinas junto a las puertas de Hesebón, ciudad de muchos habitantes; tu nariz es semejante a la torre del Líbano, que contempla el horizonte hacia Damasco;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el cuello como la firmeza de la psique-alma para llevar el yugo de Cristo. La torre de marfil simboliza la pureza unida a la fortaleza espiritual. Los ojos, semejantes a las aguas tranquilas de Hesebón, representan la contemplación serena de los misterios divinos. La torre del Líbano que mira hacia Damasco expresa la vigilancia constante de la psique-alma frente a las asechanzas del enemigo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 636–644.)

San Gregorio de Nisa contempla el cuello como símbolo de la libertad interior que une la cabeza con el cuerpo, es decir, al Logos con la psique-alma. Los ojos, comparados con estanques cristalinos, manifiestan la paz del nus iluminado por la Jaris. La torre del Líbano representa la vigilancia espiritual que, desde la altura de la contemplación, discierne y rechaza toda insinuación del mal. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,5 LXX). PG 44, 1372–1380.)

San Máximo el Confesor enseña que el cuello simboliza la obediencia libre del nus al Logos. La torre de marfil expresa la fortaleza incorruptible nacida de la Jaris. Los ojos, como las aguas limpias de Hesebón, representan la contemplación pura y estable. La torre del Líbano, orientada hacia Damasco, manifiesta la vigilancia permanente de las facultades espirituales, siempre atentas a discernir los pensamientos. Así, la psique-alma permanece firme y avanza hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1456–1464.)

Los Padres contemplan este versículo como una descripción de la estabilidad y de la vigilancia de la psique-alma divinizada o glorificada. El cuello, semejante a una torre de marfil, representa la fortaleza nacida de la pureza; los ojos, como las aguas de Hesebón, manifiestan la serenidad contemplativa del nus; y la torre del Líbano, que mira hacia Damasco, simboliza la vigilancia espiritual que protege a la psique-alma de toda desviación. La Jaris mantiene esta armonía interior y conduce al hombre hacia la consumación de la zéosis.

 

7:6

6 tu cabeza se alza majestuosa como el Carmelo; los rizos de tu cabellera resplandecen como la púrpura real, y el Rey permanece cautivo entre sus trenzas.

Comentario patrístico

Orígenes contempla la cabeza como símbolo del nus elevado hacia Dios. El Carmelo, monte fecundo y santo, representa la altura de la contemplación espiritual. La cabellera de púrpura manifiesta el decoro y la decencia real concedida por el Logos a la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. El Rey, cautivado entre sus trenzas, expresa la inmensa agapi con que Cristo se une a su Iglesia y a la psique-alma fiel. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 644–652.)

San Gregorio de Nisa interpreta el Carmelo como la elevación de la psique-alma por encima de los πάθος pazos. La púrpura simboliza la realeza espiritual recibida mediante la Jaris. El hecho de que el Rey permanezca cautivado no indica pazos humano, sino la admirable condescendencia del Logos, que se complace en la belleza que Él mismo ha formado en la psique-alma. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,6 LXX). PG 44, 1380–1388.)

San Máximo el Confesor enseña que la cabeza, semejante al Carmelo, representa el nus elevado a la contemplación de Dios. La cabellera de púrpura simboliza las virtudes embellecidas por la Jaris, que participan de la decencia y de la belleza real del Logos. El Rey aparece cautivado entre los rizos porque Dios se complace en la psique-alma metamorfoseada, transformada por sus divinas energías increadas. No es el hombre quien atrae a Dios por sí mismo, sino que el Logos contempla con agapi la belleza que su propia jaris ha realizado. En ello se manifiesta la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1464–1472.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la glorificación o zéosis de la psique-alma. La cabeza, semejante al Carmelo, expresa la elevación del nus hacia Dios; la cabellera de púrpura, la decencia y belleza real conferida por la Jaris; y el Rey, cautivado entre sus trenzas, manifiesta la comunión de agapi entre Cristo y la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada. La belleza espiritual no nace del hombre, sino que es la obra del Logos, que conduce al hombre hacia la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

7:7

7 ¡Qué belleza y qué dulzura hay en ti, amada mía! ¡Cuán admirable eres en la abundancia de tus delicias!

Comentario patrístico

Orígenes contempla esta exclamación como la voz del Logos que admira la obra de su propia jaris (gracia increada) en la psique-alma. La verdadera belleza no procede de la naturaleza humana, sino de la transformación obrada por Dios. Las delicias son los dones o donaciones espirituales con los que el Espíritu Santo enriquece a la psique-alma fiel. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 652–660.)

San Gregorio de Nisa enseña que la belleza y la dulzura de la psique-alma son fruto de la Jaris. Cuanto más participa el hombre de la vida divina, más hermoso se vuelve a los ojos del Logos. Las delicias representan la abundancia de las virtudes y la alegría espiritual que brota de la comunión con Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,7 LXX). PG 44, 1388–1396.)

San Máximo el Confesor interpreta este versículo como la contemplación del nus plenamente embellecido por la Jaris. La hermosura expresa la restauración de la imagen divina; la dulzura, la paz interior nacida de la unión con el Logos. Las delicias son las energías divinas en las que participa la psique-alma, que la transforman y la hacen agradable a Dios. De este modo, el hombre alcanza la belleza espiritual que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1472–1480.)

Los Padres contemplan este versículo como un himno a la belleza espiritual de la psique-alma. El Logos admira la obra que la Jaris ha realizado en ella. La verdadera hermosura y la verdadera dulzura nacen de la comunión con Dios y de la abundancia de las virtudes. El nus, lleno de la vida divina, se convierte en motivo de gozo para el mismo Logos y avanza hacia la consumación de la zéosis.

 

7:8

8 Tu estatura se asemeja a una majestuosa palmera, y tus pechos son como racimos de uvas.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la palmera como símbolo de la victoria espiritual. Así como la palmera crece recta hacia el cielo y permanece fecunda, también la psique-alma que vive unida al Logos se eleva continuamente hacia Dios. Los racimos representan la abundancia de los frutos espirituales con los que la Iglesia alimenta a sus hijos. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 660–668.)

San Gregorio de Nisa contempla la palmera como imagen del crecimiento incesante de la psique-alma en la virtud. Su altura expresa la elevación del nus hacia las realidades divinas. Los racimos simbolizan la fecundidad de las virtudes maduras y la riqueza de la vida espiritual producida por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,8 LXX). PG 44, 1396–1404.)

San Máximo el Confesor enseña que la palmera representa al nus que permanece firme, recto e inconmovible mientras asciende hacia Dios. Su constante fecundidad simboliza la acción permanente de la Jaris. Los racimos representan la abundancia de los frutos del Espíritu y la sabiduría divina que la psique-alma comunica a los demás. Así, el hombre restaurado por el Logos alcanza la madurez espiritual y avanza hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1480–1488.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen del crecimiento y de la fecundidad espiritual. La palmera simboliza la elevación constante del nus hacia Dios, mientras que los racimos representan la abundancia de las virtudes y de las donaciones o los dones concedidos por la Jaris. La psique-alma, fortalecida por el Logos, permanece firme, fecunda y llena de vida, avanzando hacia la consumación de la θέωσις zéosis.

 

7:9

9 Me dije: subiré a la palmera y abrazaré sus ramas más elevadas; tus pechos serán como los racimos de la vid, y el suave perfume del aliento de tu nariz será como el aroma de las manzanas,

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la subida a la palmera como el ascenso de la psique-alma hacia la contemplación de las realidades divinas. El deseo de alcanzar sus ramas más altas expresa el anhelo de penetrar en los misterios más profundos del Logos. Los racimos de la vid simbolizan la abundancia de la enseñanza espiritual, mientras que el perfume de las manzanas representa la dulzura y el buen olor de las virtudes. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 668–676.)

San Gregorio de Nisa contempla la palmera como la elevación continua de la psique-alma en la contemplación. El Logos asciende, por decirlo en lenguaje humano, para gozar de los frutos espirituales que Él mismo ha hecho crecer mediante la Jaris. Los racimos representan la plenitud de las virtudes, y el aroma de las manzanas simboliza el buen olor de una vida santa que se difunde entre los hombres. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,9 LXX). PG 44, 1404–1412.)

San Máximo el Confesor enseña que la subida a la palmera representa el ascenso del nus hacia las alturas de la contemplación. Asirse de sus ramas más elevadas significa participar de los más altos misterios concedidos por la Jaris. Los racimos de la vid simbolizan la plenitud de las virtudes maduras y el alimento espiritual que el Logos comunica. El perfume de las manzanas expresa el buen olor de Cristo que irradia la psique-alma divinizada o glorificada. Todo ello manifiesta el progreso continuo hacia la consumación de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1488–1496.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen del ascenso espiritual. La palmera representa la elevación de la psique-alma; sus ramas más altas, la contemplación de los misterios divinos; los racimos de la vid, la abundancia de los frutos de la Jaris; y el perfume de las manzanas, la irradiación de las virtudes. El nus, unido al Logos, difunde el buen olor de Cristo y avanza de doxa-gloria en doxa-gloria hacia la plenitud de la zéosis.

 

7:10

10 tu garganta es como un vino exquisito, que se derrama con rectitud hacia mi amado, llenando de dulzura mis labios y mis dientes.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el buen vino como la enseñanza perfecta del Logos y la dulzura de la contemplación espiritual. La garganta representa el logos inspirado por Dios, que comunica la verdad sin mezcla de error. Ese vino fluye rectamente porque toda auténtica enseñanza conduce directamente a Cristo y alimenta a la psique-alma con la sabiduría divina. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 676–684.)

San Gregorio de Nisa contempla el buen vino como símbolo de la alegría espiritual producida por la Jaris. La garganta expresa la capacidad de la psique-alma para gustar las realidades divinas y comunicarlas a los demás. El vino que fluye con rectitud manifiesta una vida enteramente orientada hacia el Logos. La dulzura que llena los labios y los dientes representa el gozo de quien participa de la verdad divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,10 LXX). PG 44, 1412–1420.)

San Máximo el Confesor enseña que la garganta simboliza la facultad espiritual por la que el nus saborea la verdad divina. El buen vino representa la plenitud de la Jaris, que alegra y fortalece a la psique-alma. El hecho de que fluya con rectitud hacia el Logos indica que toda la vida del hombre queda orientada hacia Dios. La satisfacción de los labios y los dientes expresa la perfecta asimilación del logos divino y la alegría de quien participa de las energías increadas. Así, el hombre avanza hacia la consumación de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1496–1504.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la comunión espiritual con el Logos. El buen vino simboliza la plenitud de la Jaris y de la sabiduría divina; la garganta, la capacidad de la psique-alma para gustar y comunicar esa vida; y los labios y dientes, la perfecta acogida y asimilación del logos de Dios. El nus, lleno de la dulzura del Logos, progresa incesantemente hacia la plenitud de la zéosis.

 

7:11

11 Yo pertenezco a mi amado, y hacia mí se dirige constantemente su mirada y su agapi.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta esta confesión como la culminación de la unión espiritual. La psique-alma pertenece enteramente al Logos y experimenta que el Logos vuelve constantemente hacia ella con su agapi-amor. La ἐπιστροφή regreso o vuelta expresa la incesante solicitud de Cristo por la psique-alma que permanece unida a Él. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 684–692.)

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como la expresión de la perfecta comunión entre Dios y el hombre. La psique-alma ya no vive para sí misma, sino para el Logos. La ἐπιστροφή (epistrofí) retorno del Novio significa la permanente presencia de la Jaris, que vuelve sin cesar hacia la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada para llenarla de vida divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,11 LXX). PG 44, 1420–1428.)

San Máximo el Confesor enseña que el nus, purgado, sanado e iluminado por la Jaris, puede decir con verdad: «Yo soy para mi amado», porque todas sus facultades viven ya orientadas al Logos. La ἐπιστροφή del Logos hacia la psique-alma manifiesta la comunión recíproca entre Dios y el hombre. No significa un cambio en Dios, sino la experiencia del hombre que participa cada vez más plenamente de las energías divinas. Esta mutua pertenencia constituye la esencia de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1504–1512.)

Los Padres contemplan este breve versículo como una de las más altas expresiones de la unión entre Cristo y la psique-alma. La Novia pertenece enteramente al Logos, y el Logos se vuelve continuamente hacia ella con su agapi y con su Jaris. El nus, purgado, sanado y unificado, vive ya en una comunión ininterrumpida con Dios. En esa reciprocidad de agapi-amor se manifiesta la consumación de la zéosis.

 

7:12

12 Ven, amado mío; vayamos juntos al campo, acampemos y permanezcamos durante la noche en las aldeas;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el campo como el mundo donde el Logos sale al encuentro de las psiques-almas. Las aldeas representan las diversas comunidades de creyentes. La Novia invita al Logos a recorrer con ella esos lugares para hacer fructificar el logos (dicho, concepto, pensamiento hablado) de Dios y conducir a muchos a la salvación. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 692–700.)

San Gregorio de Nisa contempla el campo como el amplio espacio de las virtudes donde la psique-alma continúa creciendo sin cesar. Pasar la noche en las aldeas simboliza la perseverancia en la vida espiritual incluso durante las pruebas y las tinieblas. La Jaris acompaña constantemente a la psique-alma que permanece unida al Logos. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,12 LXX). PG 44, 1428–1436.)

San Máximo el Confesor enseña que el campo representa la inmensidad de la creación y de la vida espiritual, donde el nus contempla los logos de todas las cosas en el Logos increado. Las aldeas simbolizan las múltiples etapas del camino espiritual y las diversas formas de la vida eclesial. La invitación de la psique-alma al Logos expresa el deseo de no recorrer ningún camino sin su presencia. La Jaris acompaña al hombre en todas las circunstancias y lo conduce progresivamente hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1512–1520.)

Los Padres contemplan este versículo como una invitación a caminar continuamente con el Logos. El campo simboliza la amplitud de la vida espiritual; las aldeas, las diversas etapas del crecimiento de la psique-alma. La Novia no desea recorrer sola ese camino, sino permanecer siempre en compañía de su amado. El nus, guiado por la Jaris, transforma todo lugar en espacio de encuentro con Dios y avanza incesantemente hacia la consumación de la zéosis.

 

7:13

13 Madruguemos para ir a las viñas; veamos si la vid ha florecido, si la alheña está en flor y si los granados han florecido; allí te entregaré mis pechos o me entregaré a ti con toda mi agapi-amor.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las viñas como las psiques-almas cultivadas por el Logos. El florecimiento de la vid, de la alheña (planta perfumada) y de los granados representa el crecimiento de las virtudes y de los frutos del Espíritu. La promesa «allí te daré mis pechos» expresa que la psique-alma ofrece a Cristo todo el fruto de su agapi-amor y de su enseñanza. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 700–708.)

San Gregorio de Nisa contempla la invitación a madrugar como el fervor de la psique-alma que busca a Dios desde el primer momento del día. La vid, la alheña y los granados simbolizan las diversas virtudes que florecen por la acción de la Jaris. La entrega de los pechos representa la plenitud de la agapi agapi-amor espiritual y la capacidad de la psique-alma de alimentar a otros con la jaris recibida. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,13 LXX). PG 44, 1436–1444.)

San Máximo el Confesor enseña que madrugar simboliza la prontitud del nus para buscar al Logos antes de toda distracción. Las viñas representan el cultivo de las virtudes; la vid, la alheña y los granados manifiestan los diversos frutos producidos por la Jaris. La expresión «te daré mis pechos» significa la entrega plena de la sabiduría y de la agapi divinas que la psique-alma ha recibido. El hombre transformado por el Logos comunica a otros la vida divina y progresa hacia la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1520–1528.)

Los Padres contemplan este versículo como una invitación a la diligencia espiritual. Madrugar expresa el deseo ardiente de buscar a Dios; las viñas representan el cultivo de la psique-alma; el florecimiento de la vid, de la alheña y de los granados manifiesta la madurez de las virtudes concedidas por la Jaris. La entrega de los pechos simboliza la agapi perfecta y la comunicación de la vida divina. El nus, unido al Logos, produce abundantes frutos y avanza hacia la consumación de la zéosis.

 

7:14

14 Las mandrágoras dan su aroma, y junto a nuestras puertas hay toda clase de frutos exquisitos, nuevos y antiguos, amado mío, que he guardado para ti.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta las mandrágoras como el buen olor de las virtudes que el Espíritu Santo hace brotar en la psique-alma. Los frutos nuevos y antiguos representan toda la riqueza de la Apocálipsis-Revelación: los tesoros del Antiguo y del Nuevo Testamento, conservados para Cristo. La psique-alma no guarda nada para sí, sino que ofrece al Logos todos los frutos de su vida espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VII. PG 13, 708–716.)

San Gregorio de Nisa contempla el perfume de las mandrágoras como la irradiación de una vida transformada por la Jaris. Los frutos nuevos y antiguos simbolizan las virtudes antiguas, adquiridas mediante la ascesis ortodoxa, y las nuevas jaris gracias, donaciones que Dios continúa concediendo a la psique-alma. Todo queda reservado para el Logos, único destinatario de la agapi de la psique-alma. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XIV (comentario a Ct 7,14 LXX). PG 44, 1444–1452.)

San Máximo el Confesor enseña que las mandrágoras simbolizan el buen olor espiritual que difunde el nus purgado, sanado e iluminado por la Jaris. Los frutos nuevos y antiguos representan la plenitud de las virtudes y de los conocimientos espirituales adquiridos a lo largo del camino ascético y continuamente renovados por la jaris gracia increada. La psique-alma los guarda únicamente para el Logos, reconociendo que todos proceden de Él y a Él pertenecen. Así se manifiesta la comunión perfecta que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1528–1536.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la plenitud de la vida espiritual. El perfume de las mandrágoras expresa la irradiación de las virtudes; los frutos nuevos y antiguos simbolizan la riqueza siempre creciente de la Jaris. La psique-alma no guarda esos dones para sí misma, sino que los ofrece enteramente al Logos. El nus, enriquecido por la divina jaris gracia increada, reconoce que todo cuanto posee pertenece a Cristo y encuentra en esa ofrenda la consumación de la zéosis.

 

Capítulo 8

1 ¡Quién pudiera hacer que fueras, amado mío, el que mamó los pechos de tu madre, y al encontrarte fuera, te besaría, y ciertamente no me despreciarían!

2 Te llevaré conmigo y te introduciré en la casa de mi madre, en la cámara interior de la que me dio la vida; allí te ofreceré el vino perfumado y el dulce jugo de mis granadas.

2 Pero no soy tu hermana;
por eso te recibiré como mi Novio;

te llevaré a la casa de mi madre,
a la habitación más íntima
de la que me concibió
y me dio a luz;

allí te daré a beber vino perfumado

y dulce jugo de mis granadas.

3 Su mano izquierda sostiene mi cabeza, mientras su diestra me estrecha en su abrazo. (Bella imagen que expresa protección, ternura y plena comunión.)

4 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y por los poderes de la naturaleza y la belleza del campo: no despertéis la Agapi-amor ni interrumpáis su reposo, hasta que llegue la hora que Él libremente disponga.

5 ¿Quién es ésta que asciende resplandeciente de blancura, apoyada en su amado? Bajo el manzano te desperté; allí tu madre sufrió dolores de parto por ti, allí los sufrió la que te dio a luz.

6 Llévame y grábame como un sello sobre tu corazón y como un sello sobre tu brazo; porque la agapi es fuerte como la muerte, y el santo celo es inflexible como el Hades; sus centellas son centellas de fuego, llamas ardientes;

6 Ponme como un sello en tu corazón,
para que me sientas siempre junto a ti;
como un sello sobre tu brazo,
para que me tengas siempre ante tus ojos;

porque el amor es fuerte como la muerte,
y su llama, insaciable como el Hades;
sus resplandores centelleantes
son como chispas de fuego;
sus llamas, como fuego ardiente.

7 ni las inmensas aguas podrán extinguir la Agapi-amor, ni los torrentes lograrán arrastrarla; aunque un hombre ofreciera toda su fortuna por la Agapi, sería considerado como nada y despreciado.

7 Por mucha que sea el agua,
no puede apagar la llama de la agapi;
ni aun los ríos
pueden inundarla ni ahogarla;

si un hombre, inflamado de agapi,
entregara toda su fortuna por comprarla,
los demás lo mirarían con desprecio
y se compadecerían de él;

porque la agapi no se compra.

8 Nuestra hermana aún es pequeña y todavía no tiene pechos; ¿Qué haremos por nuestra hermana cuando llegue el día en que se trate de la boda de ella?

8 Los hermanos de la Novia

decían en otro tiempo acerca de ella:

«Nuestra hermana es todavía pequeña
y aún no tiene pechos;

¿Qué haremos por nuestra hermana
el día en que se hable de ella
para pedirla en matrimonio?»

9 Si permanece firme como un muro, la coronaremos con almenas de plata; y si es como una puerta, la protegeremos con un revestimiento de cedro.

9 Si ella se muestra en las tentaciones
como un muro inexpugnable,
edificaremos sobre ella
almenas de plata como recompensa;

pero si se muestra
como una puerta abierta para cualquiera,
la cerraremos y la protegeremos

con tablas de cedro.

10 Yo he permanecido firme como un muro, y mis pechos se alzan como torres; por eso aparecí ante sus ojos como quien ha alcanzado la paz.

10 Yo, en verdad, he permanecido
como un muro inexpugnable,
y mis pechos,
como torres inaccesibles;

así me mostré pura e íntegra
ante los ojos de mis amigos
y ante Salomón;

por eso ahora he encontrado
la paz y la alegría
junto a mi Novio.

11 Salomón poseía una viña en Beelamón; la encomendó al cuidado de sus guardianes, y cada uno debía presentar, como fruto de ella, mil monedas de plata.

12 Mi propia viña permanece ante mis ojos; para Salomón son las mil monedas, y doscientas para quienes han custodiado sus frutos.

12 Mi viña, la que me pertenece,
permanece siempre ante mis ojos;

que Salomón tenga
los mil siclos de plata,
y quienes cultivan la viña,
conserven para sí los doscientos;

en cuanto a mí,
mi Novio me basta.

13 Tú, que habitas en los jardines, cuya voz escuchan con atención tus compañeros, hazme oír también a mí tu voz;

13 Tú, que reposas en los jardines, canta;

amigos, prestad atención al canto
del que reposa en los jardines;

canta, para que también yo escuche tu voz.

14 Huye, amado mío, y sé semejante a la gacela, al cervatillo de los ciervos, sobre los montes de los aromas.

14 Y la Novia canta:

«Sé como la gacela,
sé como el cervatillo;
corre, amado mío,
hacia los montes
donde el aire se impregna de aromas;

y yo iré contigo.»

 

Comentario patrístico capítulo 8

8:1

1 ¡Quién pudiera hacer que fueras, amado mío, el que mamó los pechos de tu madre, y al encontrarte fuera, te besaría, y ciertamente no me despreciarían!

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el deseo de que el Logos aparezca como amado en referencia al misterio de la Encarnación. El Hijo eterno de Dios asumió nuestra naturaleza y se hizo verdaderamente amado de los hombres. Gracias a ello, la psique-alma puede acercarse a Él con confianza y expresar abiertamente su agapi-amor. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 716–724.)

San Gregorio de Nisa contempla este pasaje como la expresión del anhelo de una unión cada vez más íntima con el Logos. El deseo de encontrarlo fuera significa reconocerlo presente en toda la creación y en el prójimo. El beso simboliza la comunión espiritual y la participación en la vida divina por la acción de la energía increada Jaris del Espíritu Santo. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,1 LXX). PG 44, 1452–1460.)

San Máximo el Confesor enseña que el Logos se hace verdaderamente amado del hombre al asumir nuestra naturaleza humana. La psique-alma desea esta cercanía para poder amarle sin temor y reconocerlo en todas las circunstancias de la vida. El beso representa la perfecta unión del nus con el Logos mediante la Jaris, donde desaparece toda separación entre Dios y el hombre sin confundirse sus naturalezas. En esta comunión se manifiesta la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1536–1544.)

Los Padres contemplan este versículo como una luminosa referencia al misterio de la Encarnación. El Logos se hace verdaderamente amado del hombre para que el hombre pueda acercarse a Él con plena confianza. El beso simboliza la comunión espiritual que la Jaris hace posible entre Dios y el hombre. El nus, unido al Logos hecho hombre, participa de la vida divina y avanza hacia la consumación de la θέωσις zéosis.

 

8:2

2 Te llevaré conmigo y te introduciré en la casa de mi madre, en la cámara interior de la que me dio la vida; allí te ofreceré el vino perfumado y el dulce jugo de mis granadas.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la casa de la madre como la Iglesia, donde la psique-alma conduce al Logos para vivir una comunión cada vez más profunda. La cámara interior simboliza lo más íntimo del corazón, donde Dios habita. El vino aromático y el jugo de las granadas representan la riqueza de la sabiduría espiritual y de las virtudes que la psique-alma ofrece a Cristo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 724–732.)

San Gregorio de Nisa contempla la casa de la madre como la vida de la Iglesia, donde la psique-alma ha recibido el nuevo nacimiento espiritual. La cámara representa la profundidad del nus, donde se realiza el encuentro con el Logos. El vino perfumado expresa la alegría de la Jaris, y el jugo de las granadas simboliza la abundancia de los frutos espirituales maduros. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,2 LXX). PG 44, 1460–1468.)

San Máximo el Confesor enseña que la casa de la madre representa la vida según el Espíritu, donde el hombre renace por la Jaris. La cámara interior simboliza el santuario del nus, donde el Logos establece su morada. El vino aromático expresa la alegría de la contemplación divina, mientras que el jugo de las granadas representa la plenitud de las virtudes y de los frutos del Espíritu. La psique-alma ofrece estos dones o donaciones al Logos reconociendo que todos proceden de Él. En esta comunión se manifiesta la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1544–1552.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la comunión más íntima entre la psique-alma y el Logos. La casa de la madre simboliza la Iglesia y el nuevo nacimiento espiritual; la cámara interior, el santuario del nus; el vino aromático y el jugo de las granadas, la abundancia de la Jaris y de los frutos de las virtudes. Todo cuanto la psique-alma posee lo ofrece a Cristo, y en esa ofrenda alcanza la plenitud de la zéosis.

 

8:3

3 Su mano izquierda sostiene mi cabeza, mientras su diestra me estrecha en su abrazo. (Bella imagen que expresa protección, ternura y plena comunión.)

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la mano izquierda como la providencia de Dios que sostiene a la psique-alma en su condición presente, mientras que la derecha representa los bienes futuros y la plenitud de la contemplación. El abrazo manifiesta la perfecta comunión del Logos con la psique-alma que ha llegado a la madurez espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 732–740.)

San Gregorio de Nisa contempla las dos manos como las dos formas de la acción divina. La izquierda sostiene a la psique-alma durante los combates y las pruebas de esta vida; la derecha la introduce en la plenitud de la comunión con Dios. El abrazo expresa la participación creciente del hombre en la vida divina mediante la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,3 LXX). PG 44, 1468–1476.)

San Máximo el Confesor enseña que la mano izquierda simboliza la economía divina que guía al hombre en la vida presente mediante la catarsis y la lucha ascética ortodoxa; la derecha representa la manifestación plena de la doxa-gloria divina en la contemplación. El nus, sostenido por la Jaris y abrazado por el Logos, experimenta la unión agapítica-amorosa con Dios sin dejar de ser criatura. Ese abrazo manifiesta la plenitud de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1552–1560.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la protección y de la agapi de Dios. La mano izquierda sostiene a la psique-alma durante su peregrinación terrena; la diestra la abraza e introduce en la comunión de la vida divina. El nus, fortalecido por la Jaris, descansa con seguridad en el Logos y avanza hacia la consumación de la zéosis.

 

8:4

4 Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las fuerzas y por los poderes de la naturaleza y la belleza del campo: no despertéis la Agapi-amor ni interrumpáis su reposo, hasta que llegue la hora que Él libremente disponga.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta este solemne juramento como una exhortación a no precipitar los misterios espirituales. La Agapi-amor es el mismo Logos, cuya energía increada y acción en la psique-alma tiene su propio tiempo. Nadie debe forzar el crecimiento espiritual antes de que la jaris gracia increada lo disponga. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 740–748.)       

San Gregorio de Nisa contempla este versículo como una llamada a la paciencia espiritual. La psique-alma no alcanza la contemplación por violencia ni por impaciencia, sino siguiendo el ritmo de la Jaris. La Agapi-amor despierta cuando Dios lo quiere y cuando el hombre ha sido suficientemente purgado, psicoterapiado y sanado. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,4 LXX). PG 44, 1476–1484.)

San Máximo el Confesor enseña que la Agapi-amor es la comunión del hombre con el Logos mediante la Jaris. Esa unión no puede ser producida por el esfuerzo humano aislado, sino únicamente por la libre iniciativa de Dios. El nus debe cooperar mediante la ascesis ortodoxa y la oración, pero esperar con humildad y en nipsis el tiempo en que el Logos conceda la plenitud de su presencia. Así se realiza el camino hacia la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1560–1568.)

Los Padres contemplan este versículo como una llamada a respetar el tiempo de Dios. El Agapi-amor, que es el mismo Logos obrando por la Jaris, no puede ser despertado por la impaciencia humana. El nus debe permanecer en nipsis, vigilante, humilde y perseverante, aguardando la visita divina. Cuando llega el momento querido por Dios, la psique-alma entra en la comunión plena que culmina en la θέωσις zéosis.

 

8:5

5 ¿Quién es ésta que asciende resplandeciente de blancura, apoyada en su amado? Bajo el manzano te desperté; allí tu madre sufrió dolores de parto por ti, allí los sufrió la que te dio a luz.

Comentario patrístico

Orígenes contempla a la Novia resplandeciente de blancura como la psique-alma purgada, psicoterapiada y sanada por el Logos. La blancura simboliza la restauración de la imagen divina mediante la jaris gracia increada. El hecho de que ascienda apoyada en su amado manifiesta que todo progreso espiritual depende de la ayuda de Cristo. El manzano recuerda el árbol de la vida, bajo el cual el Logos despierta a la psique-alma del sueño del pecado. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 748–756.)

San Gregorio de Nisa interpreta la blancura como la iluminación de la psique-alma por la Jaris. El ascenso representa el progreso incesante hacia Dios. La Novia no asciende por sus propias fuerzas, sino apoyada en el Logos. El manzano simboliza a Cristo, verdadero Árbol de la Vida, bajo cuya sombra la psique-alma despierta a la vida eterna. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,5 LXX). PG 44, 1484–1492.)

San Máximo el Confesor enseña que la Novia resplandeciente de blancura representa al nus completamente purgado y sanado por la Jaris. Su ascenso expresa el movimiento continuo hacia Dios, mientras que el apoyo en el amado, el Logos encarnado, manifiesta que la zéosis es imposible sin la unión con Cristo. El manzano simboliza la vida restaurada por la Encarnación, y los dolores de parto evocan el nacimiento del hombre nuevo por la energía increada y acción del Espíritu Santo. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1568–1576.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las imágenes más luminosas de la metamorfosis, transformación de la psique-alma. La Novia asciende resplandeciente de blancura, signo de la catarsis realizada por la Jaris; se apoya en el Logos, porque Él sostiene todo el camino espiritual; y despierta bajo el manzano, figura de Cristo, Árbol de la Vida. El nus, renovado por la jaris, asciende continuamente hacia Dios hasta alcanzar la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

8:6

6 Llévame y grábame como un sello sobre tu corazón y como un sello sobre tu brazo; porque la agapi es fuerte como la muerte, y el santo celo es inflexible como el Hades; sus centellas son centellas de fuego, llamas ardientes;

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el sello como la impronta indeleble del Logos en la psique-alma. El corazón representa el interior del hombre y el brazo sus obras. La agapi-amor es más fuerte que la muerte porque Cristo venció la muerte mediante su agapi. El celo expresa el ardor con que Dios busca al hombre. Las centellas de fuego simbolizan la acción de la energía increada purgadora, psicoterapéutica y sanadora del Espíritu Santo. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 756–764.)

San Gregorio de Nisa contempla el sello como la imagen de Cristo grabada en la psique-alma. El corazón y el brazo expresan la unidad entre la contemplación y la acción. La agapi, fuerte como la muerte, manifiesta la victoria del Logos sobre toda corrupción. Las llamas representan el fuego increado de la Jaris, que consume los pazos y hace resplandecer la imagen divina en el hombre. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,6 LXX). PG 44, 1492–1504.)

San Máximo el Confesor enseña que el sello representa la impronta del Logos en el nus y en toda la vida del hombre. El corazón simboliza el centro espiritual del ser humano; el brazo, todas sus obras. La agapi, más fuerte que la muerte, es la divina energía increada que destruye el dominio de la corrupción. El celo, firme como el Hades, expresa la absoluta fidelidad de Dios y la respuesta total de la psique-alma. Las centellas de fuego y las llamas representan las energías increadas de la Jaris, que hacen la catarsis, e iluminan y divinizan al hombre. Así se consuma la zéosis, donde el hombre lleva para siempre el sello del Logos. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1576–1584.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las cumbres del Cantar. El sello expresa la pertenencia total de la psique-alma a Cristo; el corazón y el brazo, la transformación del interior y de las obras; la agapi, más fuerte que la muerte, manifiesta la victoria del Logos sobre toda corrupción; y las llamas de fuego simbolizan la acción purgadora o catártica e iluminadora de la Jaris. El nus, marcado para siempre con el sello del Logos, alcanza la comunión perfecta que constituye la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

8:7

7 ni las inmensas aguas podrán extinguir la Agapi-amor, ni los torrentes lograrán arrastrarla; aunque un hombre ofreciera toda su fortuna por la Agapi, sería considerado como nada y despreciado.

Comentario patrístico

Orígenes contempla el Agapi-amor como el mismo Logos, cuya fuerza ninguna tribulación puede extinguir. Las muchas aguas representan las persecuciones, las tentaciones y las pruebas del mundo. Ninguna de ellas puede apagar la agapi divina. Los bienes del mundo son incapaces de comprar esa Agapi-amor, porque es una donación, un don gratuito de Dios. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 764–772.)

San Gregorio de Nisa enseña que las muchas aguas simbolizan todos los pazos y sufrimientos que intentan separar a la psique-alma de Dios. La Agapi-amor permanece invencible porque nace de la Jaris. Ninguna riqueza puede adquirir esa comunión, pues sólo se recibe mediante la participación libre en la vida divina. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,7 LXX). PG 44, 1504–1512.)

San Máximo el Confesor interpreta este versículo como una proclamación de la invencibilidad de la Jaris. Las muchas aguas representan todas las fuerzas del mundo, de los πάθος pazos y de los demonios, incapaces de extinguir la agapi-amor que el Logos enciende en el nus. Los ríos simbolizan las continuas pruebas de la vida. El hombre no puede comprar la Agapi-amor divina con sus riquezas ni con sus méritos, porque la comunión con Dios es una donación, un don gratuito de sus energías increadas. Esa comunión conduce al hombre hacia la consumación de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1584–1592. ΕΠΕ.)

Los Padres contemplan este versículo como una de las más altas proclamaciones del poder de la agapi divina. Ninguna prueba, persecución o sufrimiento puede apagar la Agapi-amor que la Jaris enciende en la psique-alma. Tampoco puede adquirirse con riquezas o méritos humanos. El nus, unido al Logos por esa Agapi-amor invencible, permanece firme en toda circunstancia y alcanza la comunión perfecta que constituye la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

8:8

8 Nuestra hermana aún es pequeña y todavía no tiene pechos; ¿Qué haremos por nuestra hermana cuando llegue el día en que se trate de la boda de ella?

Comentario patrístico

Orígenes interpreta a la hermana pequeña como las psiques-almas que todavía no han alcanzado la madurez espiritual o como los pueblos que aún no han recibido plenamente el Evangelio. El hecho de que no tenga pechos significa que todavía no puede alimentar a otros con la enseñanza divina. La pregunta expresa la solicitud de la Iglesia por su crecimiento espiritual. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 772–780.)

San Gregorio de Nisa contempla a la hermana pequeña como la psique-alma que comienza el camino de las virtudes. Los pechos simbolizan la capacidad de comunicar la vida espiritual y de alimentar a otros con el logos de Dios. La Jaris conduce progresivamente esa psique-alma hasta la plena madurez. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,8 LXX). PG 44, 1512–1520.)

San Máximo el Confesor enseña que la hermana pequeña representa al nus que apenas comienza su catarsis o a quienes todavía no han alcanzado la madurez en Cristo. La ausencia de pechos simboliza que aún no poseen la plenitud de las virtudes ni la capacidad de transmitir la sabiduría divina a otros. La Iglesia, movida por la Jaris, se preocupa por su crecimiento para que, cuando llegue el tiempo de su unión con el Logos, aparezca plenamente preparada. Ese crecimiento culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1592–1600.)

Los Padres contemplan este versículo como una expresión de la solicitud de la Iglesia por quienes aún son espiritualmente inmaduros. La hermana pequeña simboliza la psique-alma en sus comienzos; los pechos, la madurez de las virtudes y la capacidad de alimentar a otros con la verdad divina. La Jaris hace crecer al nus hasta prepararlo para la unión con el Logos y conducirlo a la plenitud de la zéosis.

 

8:9

9 Si permanece firme como un muro, la coronaremos con almenas de plata; y si es como una puerta, la protegeremos con un revestimiento de cedro.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta el muro como la psique-alma firme en la fe y capaz de resistir las tentaciones. Las almenas de plata representan el ornamento de la sabiduría divina y de la enseñanza pura. La puerta simboliza la psique-alma todavía expuesta a las influencias exteriores, que necesita ser fortalecida con el cedro, figura de la incorruptibilidad de las virtudes. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 780–788.)

San Gregorio de Nisa contempla el muro como la firmeza adquirida por la psique-alma mediante la Jaris. La plata simboliza la pureza del logos divino, mientras que el cedro, por su resistencia a la corrupción, representa la estabilidad de las virtudes. La Iglesia fortalece a los que comienzan para que lleguen a la perfección espiritual. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,9 LXX). PG 44, 1520–1528.)

San Máximo el Confesor enseña que el muro representa al nus fortalecido por la Jaris, capaz de rechazar los asaltos de los pazos. Las almenas de plata simbolizan la contemplación iluminada de los misterios divinos, que corona la vida ascética ortodoxa. La puerta representa a la psique-alma todavía abierta a las influencias del mundo; el cedro significa la firmeza de las virtudes incorruptibles que el Logos concede para protegerla. Así, el hombre es preparado para la comunión plena que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1600–1608.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen del crecimiento espiritual. Si la psique-alma permanece firme como un muro, Dios la corona con los dones de la sabiduría; si todavía es una puerta, necesitada de protección, el Logos la fortalece con la incorruptibilidad simbolizada por el cedro. El nus, sostenido por la Jaris, progresa de la firmeza ascética a la contemplación y alcanza la plenitud de la zéosis.

 

8:10

10 Yo he permanecido firme como un muro, y mis pechos se alzan como torres; por eso aparecí ante sus ojos como quien ha alcanzado la paz.

Comentario patrístico

Orígenes contempla la respuesta de la Novia como la confesión de la psique-alma que ha alcanzado la madurez espiritual. Ella ha permanecido firme como un muro, resistiendo las tentaciones, y sus pechos, semejantes a torres, simbolizan que ya puede alimentar a otros con la enseñanza divina. La paz es la comunión con el Logos, fruto de la fidelidad. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 788–796.)

San Gregorio de Nisa interpreta el muro como la fortaleza de la psique-alma consolidada por la Jaris. Las torres representan la elevación de las virtudes y la capacidad de proteger a otros mediante el ejemplo y la enseñanza. La paz no es ausencia de lucha, sino la perfecta armonía del nus con Dios. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,10 LXX). PG 44, 1528–1536.)

San Máximo el Confesor enseña que el muro simboliza al nus plenamente fortalecido por la Jaris, ya inaccesible a los pazos. Los pechos, semejantes a torres, representan la plenitud de la sabiduría y de la agapi-amor espiritual, con los que el hombre puede alimentar y sostener a otros. La paz es el estado de reconciliación y comunión del hombre con Dios, fruto de la victoria del Logos sobre los pazos. Esa paz constituye una manifestación de la zéosis, en la que el hombre vive ya en armonía con la voluntad divina. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1608–1616.)

Los Padres contemplan este versículo como la respuesta triunfante de la psique-alma madura. La Novia ha permanecido firme como un muro y ha alcanzado la plenitud de las virtudes, simbolizadas por los pechos semejantes a torres. Por ello encuentra la paz, que no es simplemente tranquilidad, sino la comunión plena con el Logos. El nus, fortalecido por la Jaris, vive reconciliado con Dios y participa ya de la ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz del corazón) que anticipa la consumación de la zéosis.

 

8:11

11 Salomón poseía una viña en Beelamón; la encomendó al cuidado de sus guardianes, y cada uno debía presentar, como fruto de ella, mil monedas de plata.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la viña de Salomón como la Iglesia Ortodoxa confiada por Cristo a sus ministros. Los guardianes son los pastores y maestros encargados de cultivarla. Las mil monedas de plata simbolizan la plenitud del fruto espiritual y la recompensa que se ofrece al verdadero Rey. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 796–804.)

San Gregorio de Nisa contempla la viña como el pueblo de Dios cultivado por el Logos. Los guardianes representan a quienes reciben el ministerio de cuidar las psiques-almas. La plata simboliza la pureza del logos divino, mientras que el número mil expresa la plenitud y la perfección del fruto producido por la Jaris. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,11 LXX). PG 44, 1536–1544.)

San Máximo el Confesor enseña que la viña representa toda la creación y, de modo particular, la Iglesia Ortodoxa confiada por el Logos al cuidado de sus servidores. Los guardianes son quienes cooperan con la Jaris en el cultivo del pueblo de Dios. El fruto simboliza las virtudes y la santidad producidas en las psique-almas. Las mil monedas de plata representan la perfección de la sabiduría y de la vida espiritual ofrecidas al verdadero Salomón, Cristo. Todo el trabajo apostólico encuentra su cumplimiento en la zéosis, donde el hombre devuelve a Dios los frutos recibidos de Él. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1616–1624.)

Los Padres contemplan este versículo como una imagen de la economía de la Iglesia Ortodoxa. La viña pertenece al verdadero Salomón, el Logos; los guardianes reciben la misión de cultivarla con fidelidad; y el fruto representa la santidad y las virtudes producidas por la Jaris. El nus, trabajando en la viña del Señor, ofrece a Cristo una cosecha abundante y participa así en la plenitud de la zéosis.

 

8:12

12 Mi propia viña permanece ante mis ojos; para Salomón son las mil monedas, y doscientas para quienes han custodiado sus frutos.

Comentario patrístico

Orígenes interpreta la viña propia como la psique-alma fiel que pertenece enteramente a Cristo. Las mil monedas corresponden al verdadero Salomón, figura del Logos, porque todo fruto espiritual procede de Él y a Él debe ser ofrecido. Las doscientas monedas representan la recompensa concedida a quienes trabajan fielmente en el cultivo de las psiques-almas. (Orígenes, Comentario al Cantar de los Cantares, Libro VIII. PG 13, 804–812.)

San Gregorio de Nisa contempla la viña como la vida espiritual de la psique-alma, siempre presente ante sus ojos para ser cultivada con vigilancia. Las mil monedas simbolizan la perfección ofrecida a Dios, mientras que las doscientas expresan la recompensa concedida a quienes cooperan con la Jaris en la obra de la salvación. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,12 LXX). PG 44, 1544–1552.)

San Máximo el Confesor enseña que la viña propia representa el nus, confiado por Dios a la libertad del hombre para cultivarlo mediante la Jaris. Todo el fruto pertenece al verdadero Salomón, Cristo, de quien procede todo bien. Los guardianes participan también de la recompensa, porque Dios hace cooperadores de su obra a quienes sirven fielmente a la Iglesia. La distribución de las mil y las doscientas monedas manifiesta la armonía entre la donación o el don gratuito de Dios y la cooperación libre del hombre, que culmina en la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1624–1632.)

Los Padres contemplan este versículo como una confesión de fidelidad. La viña simboliza la psique-alma que permanece siempre ante Dios; todo su fruto pertenece al verdadero Salomón, el Logos, mientras que quienes la han cultivado participan también de la recompensa. El nus, enriquecido por la Jaris, reconoce que todos sus frutos proceden de Dios y a Él los devuelve, alcanzando así la comunión que culmina en la zéosis.

 

8:13

13 Tú, que habitas en los jardines, cuya voz escuchan con atención tus compañeros, hazme oír también a mí tu voz;

San Gregorio de Nisa contempla los jardines como las psiques-almas cultivadas por la Jaris. El Logos habita en ellas y su voz comunica vida, luz e ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial, del corazón). La psique-alma nunca se sacia de escuchar esa voz, porque cada logos y palabra del Logos la impulsa a un crecimiento espiritual sin fin. (San Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Homilía XV (comentario a Ct 8,13 LXX). PG 44, 1552–1560.)

San Máximo el Confesor enseña que los jardines representan el estado del nus embellecido por la Jaris. El Logos habita en ese jardín espiritual y su voz comunica las divinas energías increadas que iluminan al hombre. Los compañeros simbolizan a los santos y a las potencias angélicas, siempre atentos al logos y palabra del Logos. La petición «hazme oír» expresa el deseo de la psique-alma de permanecer eternamente en la escucha de Dios. Esa escucha incesante constituye una dimensión esencial de la zéosis. (San Máximo el Confesor, Ambigua. PG 91, 1632–1640.)

Los Padres contemplan este versículo como la última súplica de la Novia antes del final del Cantar. El Logos habita en los jardines de las psique-almas santificadas por la Jaris, mientras los santos y los ángeles permanecen atentos a su voz. El nus, inflamado por la agapi divina, no desea otra cosa que seguir escuchando eternamente el logos y palabra del Logos, pues en él encuentra la vida, la paz y la plenitud de la θέωσις zéosis.

 

8:14

14 Huye, amado mío, y sé semejante a la gacela, al cervatillo de los ciervos, sobre los montes de los aromas.

Comentario patrístico

Este último versículo presenta a la Novia llamando al Novio a dirigirse hacia las alturas de los «montes de los aromas». La expresión no significa alejamiento afectivo, sino movimiento veloz hacia las alturas espirituales.

Orígenes interpreta la gacela y el cervatillo como imágenes de la rapidez y agilidad con que el Logos se mueve hacia las realidades espirituales. La psique-alma, habiendo gustado la dulzura divina, desea que el Novio la conduzca cada vez más arriba, hacia los misterios celestiales. Los montes de los aromas representan las alturas donde se manifiestan las virtudes y el conocimiento espiritual del Logos. El «huye» expresa, por tanto, el deseo de que el Logos avance y conduzca a la psique-alma más allá de las cosas terrenas. La Novia no quiere detenerse en lo que ya ha recibido, sino seguir buscando una participación más profunda en Dios.

San Gregorio de Nisa contempla especialmente el movimiento de la gacela y del cervatillo. Estos animales saltan con facilidad de una altura a otra; de modo semejante, la psique-alma que ama verdaderamente a Dios no permanece inmóvil en un grado determinado de virtud o contemplación. Avanza continuamente hacia una realidad superior. Aquí aparece uno de los principios fundamentales de la espiritualidad de san Gregorio: el progreso hacia Dios es interminable. Cuanto más participa la psique-alma de la Belleza divina, mayor se hace su deseo de contemplarla. La proximidad a Dios no extingue el deseo, sino que lo intensifica. Los «montes» son, por ello, las alturas espirituales; los «aromas», la fragancia de las virtudes y de la presencia divina. La psique-alma asciende de virtud en virtud, atraída por la belleza del Logos.

La relación con el comienzo del Cantar

Existe además una hermosa inclusión entre el principio y el final del libro. Al comienzo la Novia dice:

«Atráeme hacia Ti; correremos tras la fragancia de tus perfumes» (Ct 1,4).

Y al final clama:

«Huye, amado mío… sobre los montes de los aromas» (Ct 8,14).

El movimiento iniciado con «atráeme» termina con «huye». Primero la Jaris atrae la psique-alma; después la psique-alma corre tras el Logos; finalmente, ya transformada por la agapi, desea seguirlo hacia las alturas de la contemplación.

En la perspectiva de la zéosis

El último versículo no describe, por tanto, una separación del Novio y de la Novia. Describe el movimiento incesante de la comunión. El Logos se acerca a la psique-alma y la psique-alma se acerca al Logos. La Jaris la eleva de una medida de conocimiento y virtud a otra. El nus, purgado, sanado e iluminado, asciende continuamente hacia las realidades divinas. Por eso los montes de los aromas pueden contemplarse como las alturas de la experiencia espiritual: cuanto más asciende la psique-alma, más intensa es la fragancia de la presencia divina.

El Cantar termina así con una invitación que resume todo el camino espiritual:

ser atraído por la Jaris → correr tras el Logos → ascender de virtud en virtud → contemplar la Belleza divina → desear una unión cada vez más profunda.

Esta ascensión sin término hacia Dios constituye precisamente el dinamismo de la Θέωσις zéosis. Así sea, Amén.

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/ Agosto 2026

 

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