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Dic 27 2025

La enseñanza sobre la zéosis/theosis del hombre de san Gregorio Palamás y su procedencia bíblica y patrística

 

La enseñanza sobre la θέωσις zéosis del hombre de san Gregorio Palamás y su procedencia bíblica y patrística

(Por Atanasio Gieftits, Obispo de Erzegovina y Zacomío)

Repasado 26/12/2025

San Gregorio Palamás en la historia y en el presente

Actas de los Congresos Internacionales de Atenas 1998 y de Limasol de Chipre 1999

Editado por Santo Monasterio Vatopedi, Athos 2000

 

Agradecemos al Señor, a la Πααγία (Panaghía) Θεοτόκος (Ζeotokos ) y a nuestro santo Gregorio Palamás, obispo de Tesalónica, por esta alegría espiritual y por el hecho de habernos encontrado aquí estos días gracias a la iniciativa del higúmeno del santo Monasterio de Vatopedi, de los Amigos de Athos y también de la comisión organizadora, con su presidente G. Mantzaridis. Para mí es un gran honor y una gran alegría, porque durante estos días hemos vivido realmente la persona multidimensional y la riqueza de la obra de san Gregorio Palamás. Es una figura bíblica, profética, patrística y monacal; una figura de verdadero άνθρωπος (ánthropos: hombre, ser humano), del Άνθρωπος Cristo.

¿Cuál es su tradición? Es decir, ¿qué es lo que nos da san Gregorio Palamás? Es, por excelencia, su persona, él mismo como persona. Él mismo es verdadero άνθρωπος ánzropos, un icono, imagen viva de Dios concreto, el Dios apocaliptado/revelado en Jesús Cristo, el único Dios vivo y verdadero. Hoy estamos, como decía san Justino Pópovits, “en una feria internacional de dioses y deidades”. Y nuestra responsabilidad, como hombres de nuestra época, es decidir a qué Dios escogeremos. Somos libres y responsables de qué Dios y qué mundo escogemos. El padre G. Florovski decía: “El hombre, por costumbre o más bien inevitablemente, primero escoge con su corazón un mundo y después lo pone en su mente para confesar esta elección suya y apoyar ese mundo”. Así, somos totalmente libres y plenamente responsables de qué actitud de vida tomamos. Hoy el mundo se ha mezclado, pero el cristianismo también se ha fragmentado. Nosotros, los ortodoxos, insistimos y creemos que hemos hecho la elección correcta. Conocemos “a quién hemos creído y en quién hemos puesto nuestra confianza” (2 Tim 1,12), como dijo el apóstol Pablo. Es un regalo, un don de Dios para nosotros haber conocido a Cristo, así como es don de Dios que el mismo Cristo se haya apocaliptado/revelado en nosotros como Θεάνθρωπος (Zeánzropos: Dios-Hombre).

De otro modo, nuestra búsqueda se parecería a lo que describió el apóstol Pablo cuando llegó al ágora de Atenas. Al ver la multitud de dioses y un altar dedicado a un “Dios desconocido, anώnimo”, Pablo anunció en Atenas el Evangelio del Dios vivo y verdadero, el cual ha establecido a un “Hombre que juzgará al mundo”, proclamando a todos la μετάνοια metania y la resurrección de los muertos (Hech 17,22-31). Hasta allí, Pablo, hablando en general, fue aceptado en todo lo que dijo sobre Dios: que es creador, que nos asemejamos a Él y somos sus parientes, apelando incluso a los poetas helenos. Pero cuando Pablo habló de Cristo, comenzó la diferenciación entre sus oyentes. Porque no basta un Dios en general, sino el Dios apocaliptado/revelado en Cristo, a quien “el Hijo unigénito ha dado a conocer” (Jn 1,18).

Hoy la Ortodoxia, la tradición de san Gregorio Palamás, constituye una diferenciación frente al mundo, porque es la sal del Evangelio contra la corrupción y la perversión. Y esta sal de la divina Χάρις (Jaris: Gracia, energía increada) no puede perder su fuerza, y esto no debemos ignorarlo. Debemos distanciarnos de la corrupción y la perversión de la persona, del hombre (ántropos), de la tergiversación de la Verdad, y colocarnos correctamente. La masificación no es característica de la Verdad. Se requiere mucho trabajo y esfuerzo para encontrar la verdad; del mismo modo para encontrar al verdadero Dios y nuestro camino hacia Él, así como al verdadero hombre de Dios.

Para no alargar mi discurso, el testimonio de san Gregorio Palamás es el testimonio de un verdadero ántropos, hombre de Dios, que muestra que la apocálipsis (revelación)del verdadero Dios en Cristo Jesús es “una sola cosa necesaria” (Lc 10,41). La singularidad de Cristo no es exclusividad, sino su catolicidad o universalidad de la Verdad; la veracidad de la Revelación, la pureza de la Iglesia, la σωφροσύνη sofrosýni (prudencia, conducta sobria, serena y sana) y la humildad de la Novia de Cristo, y nuestra verdadera “psicoterapia” sanación y salvación: el ser “sanos” y “divinizados” como verdaderos άνθρωπος seres humanos, llenos de jaris (divina energía increada) y de verdad, o, más concretamente, del Dios vivo y verdadero.

En toda la obra de san Gregorio Palamás reina, rige y llena su persona, toda su diaconía (servicio) al mundo y a la Iglesia, así como sus obras, la Persona de Cristo. Es decir, se puede ver, como en san Atanasio y en los Padres, que básicamente todos describen su experiencia con Cristo. Y no un Cristo individual, particular o privado, como sostienen algunos protestantes y otros brotes del protestantismo que hablan de “mi Jesús” o “mi Jesusito”, excluyendo al Cristo universal, al misterio zeantrópino divino-humano y católico (universal) de Cristo: el Cristo de la Iglesia, o más precisamente, a Cristo como Iglesia, que contiene en su interior a todo el mundo, a toda la humanidad y a toda la creación, incluido el futuro de la creación. Cristo es el sentido, el significado y el principio que Dios ha dado a toda la creación y a todo nuestro camino desde el principio hasta el fin (Ap 1,8; 22,13). Cristo es Aquel en quien Dios depositó toda su buena voluntad y complacencia para el hombre y para el mundo: Cristo, Dios que se hizo hombre, uno y el mismo, el Hijo de Dios que en su interior unió, divinizó y glorificó al hombre. Este es el misterio de Cristo del que habla el apóstol Pablo (Col 1,13-27) y que describe san Máximo el Confesor (Respuesta 60 a Talasio).

El testimonio de san Gregorio Palamás y su testificación teológica y tradición es, como decía en su tesis el actual metropolita de Montenegro, Amfiloki, una reinterpretación de todo el acontecimiento de la Divina Apocálipsis/Revelación. La Divina Apocálipsis revela a un Dios personal, vivo y verdadero, dinámico, energizante, operante y amante; y estos atributos de Dios son interpretados por los Padres (san Atanasio, san Basilio, san Dionisio Areopagita, san Máximo, etc.) y por san Gregorio Palamás. Por eso escribe: “Nosotros debemos buscar al Dios vivo… y a un Dios realmente accesible y participable, del cual, participando cada uno por sí mismo, por afinidad y por participación, nos convertiremos en divinizados/deificados”. El santo simplemente habló y reinterpretó por la necesidad de los tiempos, del mismo modo que por la necesidad de los siglos IV o VII hablaron los Padres Capadocios, san Máximo el Confesor o san Simeón el Nuevo Teólogo del siglo XI. Habló el mismo Dios mediante san Gregorio Palamás y nos entregó la realidad bíblica neotestamentaria: el nuevo sabor de la vida, el abrazo de la αγάπη (agapi: amor incondicional, desinteresado), la presencia y la κοινωνία (kinonía: conexión, participación, comunión) del Dios vivo y verdadero, el cual forma y metamorfosea nuestra persona. Cada dios, cada deidad que el hombre escoge, en esencia forma al hombre.

Decía Schleiermacher que Dios no ha creado al hombre porque Dios no existe, sino que el hombre es el creador de Dios. Sí, pero, señor Schleiermacher, por eso usted es así: porque ese tipo de dios que ha creado es el que lo ha creado a usted. Por eso es mísero el dios de Schleiermacher o de cualquier otro filósofo paradójico. Y yo, que por necesidad me he ocupado del budismo y de la tradición hinduista —de las que aquí nos ha hablado el padre Zacarías, aunque muy brevemente—, digo que son míseros los dioses del budismo y del hinduismo, del mismo modo que lo son quienes los siguen.

El Dios de san Gregorio Palamás es el Dios vivo y verdadero: el Dios de Moisés, el Dios de Cristo, el Dios de los santos profetas, de los apóstoles y de los Padres. Del testimonio de san Gregorio Palamás emana alegría, pero una alegría cruciforme, porque nos llama a una peripecia —permitidme decirlo— si seguimos a él y a su Dios, que es el Dios de nuestros Padres y nuestro Dios. Pero esta peripecia vale la pena. Es toda la peripecia de Dios con el hombre, de Dios con su Pueblo: la Biblia, el libro Apocalipsis, el Antiguo y el Nuevo Testamento; una peripecia de eternidad, es decir, vida nueva y κοινωνία kinonía comunión dinámica, “agua viva que clama en nosotros: ‘He aquí el Padre’”, como dice san Ignacio el Teóforo. Porque conocer al único Dios verdadero en Cristo es “la vida eterna”, según el apóstol Juan y san Gregorio Palamás.

Dios se ha introducido en esta historia, en esta “caldera”, en este valle de llanto, según el salmista, y permanece continuamente presente, fiel a su agapi y a su filantropía hacia el hombre, como dicen los Apóstoles y los Profetas. Pero esta agapi suya no está a nuestra medida: es cruciforme. “El Señor instruye a quien ama”.

Hoy veo, más o menos, que los ortodoxos somos el epicentro de la agapi de Dios. Por eso hemos sufrido tanto. Por una parte, a causa de nuestros pecados; por otra, porque los demás también son pecadores, al menos tanto como nosotros. Nos parecemos al justo Job o, al menos, al ladrón de la derecha, porque reconocemos nuestro pecado y confesamos la Persona de Cristo, y no como el ladrón de la izquierda, que acusa incluso a Cristo y sigue su propio camino y medida para representar a Dios, igual que el diablo en el Paraíso.

San Gregorio Palamás ayudó mucho a los ortodoxos frente a la gran esclavitud que se avecinaba. Dios sabía por qué, cómo y cuándo. Hoy también estamos ante un peligro terrible de esclavitud, de alteración y de un totalitarismo sin precedentes. Yo lo llamo americanismo, la llamada Pax Americana; ni siquiera es europeísmo. Sin embargo, también existe la parte escogida y especial: herida, pecadora y débil. Un Santo Monte Athos actual, un pueblo como Chipre o Serbia, el pueblo de Dios con todas sus debilidades; y otro pueblo bíblico: muchas personas, grupos de hombres, familias, parroquias e incluso obispados. La Iglesia Ortodoxa de Albania, cuánto sufre hoy; el drama y la situación de Montenegro y de los ortodoxos allí; y el drama de la Gran Iglesia de Cristo de Constantinopla.

El testimonio teológico de san Gregorio Palamás es una nueva doxa (gloria) de Dios, de Cristo, una nueva doxa de la Ortodoxia, y también una doxa crucifico-resucitadora. No es un caramelo, una píldora ni un método simple. Es una empresa total de vida y salvación: muerte y vida, cruz y resurrección.

El testimonio bíblico y patrístico de san Gregorio Palamás sobre la teología de la zéosis consiste en que Cristo nos reveló, manifestó y dio a conocer al único Dios vivo y verdadero. Por eso san Gregorio dice que Cristo es el primer “Teólogo”. ¿Qué significa esto? Significa lo que testifica el segundo teólogo, san Juan el Evangelista, el discípulo amado del Bienamado Hijo de Dios, Cristo: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito que es el Ὤν on (existente, el ser, “el que era y siempre es”), que está en el seno del Padre, él nos ha apocaliptado/revelado, explicado y dado a conocer a Dios” (Jn 1,18).

Si tomamos la palabra griega “ἐξηγήσατο” (exighísato) literalmente, “ha explicado”, significa que Cristo, como Hijo, extrae y saca al Dios Padre de su ocultamiento, de su condición de Dios desconocido del Areópago (el Deus absconditus de la filosofía), y Lo da a conocer como Dios trinitario en el centro de Atenas, cerca de la Acrópolis. ¿Y cómo lo extrajo y explicó Cristo? Por su encarnación y humanización personal, por la unión hipostática de las dos naturalezas en una sola persona; es decir, haciéndose Él mismo la Apocálipsis/Revelación de Dios, la misma presencia de Dios: el Unigénito hecho Primogénito entre muchos hermanos, es decir, haciéndose Iglesia de Dios y de los hombres, Dios en medio de dioses, Dios que se une con dioses y se da a conocer, como dicen los Profetas, los Apóstoles y los Padres. Esta es la base bíblico-patrística de la enseñanza sobre la zéosis, que san Gregorio Palamás desarrolla ampliamente en su Homilía XVI, Sobre la economía de la encarnación del Señor Jesús Cristo.

Así, Cristo como Θεάνθρωπος (Zeánzropos, Dios-Hombre), con Su hipóstasis compuesta, nos revela plenamente la persona de Dios y la persona del hombre, y nos constituye en sí mismo dioses por la χάρις jaris, gracia increada. Nuestra zéosis se realiza únicamente dentro de la persona de Cristo, quien, como Hipóstasis divina, posee la libertad frente a Su naturaleza para extenderse sin salir de sí mismo y asumir otra naturaleza, la existencia humana en plenitud, uniéndola a su única y sola persona, sin añadir a la Trinidad de las Hipostasis una cuarta ni dañar ninguna de Sus dos naturalezas. Así, Cristo, como Teólogo, nos apocalipta/revela también a Dios y al hombre. Pero esto no significa que la Economía defina la Teología, sino que la apocalipta/revela, la hace conocida y la vuelve participativa en la medida en que confiesa e interpreta correctamente la verdad, dice san Gregorio Palamás.

Él escribe: “Pero como el Hijo de Dios —¡oh, qué filantropía manifestada por primera vez!— no sólo unió su divina hipóstasis con nuestra naturaleza, sino que, al tomar el cuerpo y la psique-alma con νούς nus, ‘se manifestó sobre la tierra y convivió con los hombres’ (Baruc 3,38); y, lo que es un milagro que no admite hipérbole, se une también con las hipóstasis humanas, mezclándose con cada uno de los creyentes mediante la divina comunión de Su santo cuerpo, haciéndose con nosotros un solo cuerpo y constituyéndonos templo de la deidad entera, pues en el cuerpo de Cristo habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (En defensa de los Santos Hisijastas, 3.1.38).

En este pasaje vemos también el carácter efjarístico de la teología de san Gregorio sobre la zéosis, que es a la vez de procedencia bíblica y patrística. Por todo ello, la base bíblica y patrística de san Gregorio Palamás sobre la zéosis del hombre consiste en que él teologiza sobre el Dios vivo y verdadero de la Apocálipsis y de la santa historia de la salvación, de la historia cristocéntrica de la Iglesia. Es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de los Apóstoles y de los Profetas, el Dios de nuestros Padres. Su testimonio teológico sobre las energías divinas, increadas, participativas y divinizadoras es un testimonio ascético y litúrgico de la santa parádosis tradición viva y de la experiencia jaritificada (agraciada) de la Iglesia sobre el hecho —trinitario y a la vez cristológico y espiritual— de que “la χάρις de nuestro Señor Jesús Cristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos nosotros” (cf. 2 Cor 13,13) en la Iglesia. Por eso san Gregorio Palamás habla también de la Iglesia como “κοινωνία (kinonía: conexión, participación, comunión) de la zéosis”.

Esta κοινωνία kinonía es la Iglesia, que es icona/imagen viva de la Trinidad, porque es comunión personal: comunión de personas en vida, libertad y zéosis imperecedera y eterna.

Por lo tanto, la teología de san Gregorio Palamás es también cristológica, trinitaria, pnevmatológica (lógico-espiritual) y eclesiológica, tal como lo es la Teología de los Apóstoles y de los santos Padres.

Para que no quede ninguna duda, más adelante los hermanos pueden comentar el tema expuesto sobre la teología de la persona, si es una percepción cristológica o trinitaria. Nosotros debemos permanecer fieles a san Gregorio Palamás para poder expresar todas las dimensiones de su teología. Antes, sin embargo, quiero subrayar que los tres conferenciantes anteriores, que no son helenos ni eslavos —el obispo Kalistos, el hermano van Rossum y el hermano Larchet—, hablaron como ortodoxos de Occidente de manera orientadora y sabia sobre la teología de san Gregorio Palamás. Nuestro problema es que entre nosotros somos excluyentes: si alguien dice “personalismo”, enseguida lo etiquetamos como seguidor de tal filósofo; si alguien habla de una “teología existencial” en san Gregorio Palamás, lo calificamos inmediatamente de existencialista. Debemos aprender a entrar en el pensamiento del otro para comprender qué quiere expresar con tales términos. Si alguno de nosotros desea dialogar con la filosofía de nuestra época, ¿qué tiene eso de malo? ¿Acaso no dialogaban también los Padres en su tiempo?

Vuelvo, pues, al tema para no dejarlo sin respuesta. Cristo es el primer Teólogo, como afirma san Gregorio Palamás en su oración en los Logos demostrativos sobre la procedencia del Espíritu Santo. Es el primero que nos enseñó acerca de Dios, porque es la Auto-Verdad, y Su teología es ilustrativa por manifestación y revelación. Decimos, ciertamente, que Cristo nos revela también la persona humana; pero Cristo es una Persona de la Trinidad y no puede separarse de la Santa Trinidad. Si excluimos la perspectiva trinitaria o triadocéntrica, entonces despojamos a Cristo y hablamos sólo del Padre y del Espíritu. La persona de Cristo se define por el Padre, como dice san Gregorio el Teólogo, “Término y Logos del Padre”15. Cristo encarnado contiene en sí la Economía, pero Él mismo viene y nos revela/apocalipta la Teología. Cuando estas dos realidades se confunden erróneamente, san Gregorio Palamás se ve obligado a hablar de la Teología excluyendo la Economía, como cuando trata de la procedencia del Espíritu Santo del Padre: allí enseña sobre la persona. El Padre es la fuente y la causa de las dos Personas, del Hijo y del Espíritu Santo, y por ello es también fuente de las Personas como Padre y como Persona auto-hipostasiada. No debemos excluir esta personalogía patrística (tratados sobre la persona).

Cristo es la grandeza que une la Teología y la Economía, pero es necesario discernir con precisión la Teología que habla de la Trinidad, independientemente de si hablamos de la Encarnación, de la Creación o de la zéosis. Cristo es, como Persona, la llave de ambos niveles: Teología y Economía. El error de la teología occidental consiste en interpretar la Teología a partir de la Economía. San Gregorio Palamás no hace esto; por el contrario, utiliza la teología apofática y la catafática. Debemos aprender de este discernimiento y de la perspectiva correcta de la Biblia y de los Padres.

Finalmente, es un hecho que a menudo destacamos en san Gregorio Palamás el discernimiento entre esencia y energías. Alguien añadió acertadamente que somos injustos con san Gregorio Palamás cuando olvidamos que también habla de las Hipóstasis, de las Personas de la Santa Trinidad, y no sólo de la esencia divina y de las energías increadas. Yo mismo di un pequeño testimonio en uno de mis artículos, durante el congreso dedicado a san Gregorio Palamás en Tesalónica en 1984, cuando señalé que una autora alemana, Dorothea Wendeburg, escribió que con el discernimiento entre esencia y energías se “desliturgizó o desvinculó” (Entfunktionalisierung) la teología de Palamás de las Personas trinitarias. Respondieron entonces un hermano heleno de Tesalónica, el profesor G. Martzelos, y humildemente yo, que, por el contrario, la teología de san Gregorio Palamás subraya el papel de las Personas/Hipóstasis y expresa claramente su teología persono-céntrica. Precisamente porque las energías divinas manifiestan y revelan que Dios está vivo y es el verdadero Dios personal, el Dios bíblico, el Dios de la Apocálipsis/Revelación en Cristo. Las energías son energías de las Personas, como recalca san Gregorio Palamás y como afirmó correctamente uno de los ponentes de este congreso. Como hermanos, debemos simplemente tomar conciencia de ello. El abad Georgios del Santo Monasterio de Grigoriu de Athos, dijo acertadamente que ambas tesis son complementarias. Es necesario tener en cuenta ambas perspectivas y no ser excluyentes. Primero debemos comprender lo que el otro quiere decir, y no excluirlo con facilidad. Que se realicen “discernimientos y uniones” correctos, usando la expresión de san Gregorio Palamás. Debemos distinguir las cosas y no hablar indistintamente, para no confundirnos y considerar errónea cualquier otra tesis. Los Padres antiguos, los Padres más recientes y los padres del Monte Athos conocen bien esta necesidad de discernimiento. Aquí reside la grandeza de los Padres y también de san Gregorio Palamás como verdadero teólogo bíblico y patrístico, como teólogo ortodoxo de la Iglesia Católica-Universal Ortodoxa.

San Gregorio Palamás teologiza apocalíptica y certeramente, patrística y eclesialmente, de modo atractivo y no aristotélico; es decir, teologiza cristológica, espiritual y trinitariamente. Su teología sobre la zéosis del hombre es un testimonio bíblico-patrístico del Dios vivo y verdadero que se hizo Άνθρωπος (ánthropos: ser humano, hombre).

Suplicamos y deseamos también nosotros, junto con la una y primerísima Trinidad, con el primer Teólogo, Cristo, y con el Espíritu Santo, que procede del Padre y es dado y enviado por el Hijo, para cuantos creen ortodoxamente:

Haznos dignos de vivir según tu voluntad y de teologizar correctamente17. Porque nuestra fe ortodoxa y la teología patrística de san Gregorio Palamás no son fruto de obstinación, sino participación en la grandeza y semejanza de Dios y comunión de zéosis “en la gran Casa de Dios, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia Ortodoxa, en la κοινωνία kinonía del Espíritu Santo”. Amén.

Atanasio Gieftits, Obispo de Erzegovina y Zacomío

Sumarios de los Congresos Internacionales de Atenas y Limassol (Chipre).

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας (Jristos Jrisulas) www.logosortodoxo.com

 

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