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Sep 20 2025

La pérdida de la psique-alma, p. Atanasios Mitilineos

La pérdida de la psique-alma, p. Atanasios Mitilineos

Domingo después de la Exaltación de la Santa Cruz [: Marcos 8,34-9,1]

Necesidad de abnegación, 8:34-9:1
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese de sí mismo, tome su cruz, y sígame. El que quiere seguirme como fiel discípulo mío, niéguese a su pecador sí mismo con sus debilidades y sus pazos, y que tome la decisión de que por mí sufrirá fatigas e incluso muerte por la cruz, y si quiere entonces que me siga en el camino que yo he marcado».

35 Porque todo el que quiera salvar su vida terrenal, éste perderá la vida eterna y bienaventurada; y todo el que sacrifique y pierda su vida por causa de mí y del evangelio, éste salvará su psique-alma y vida en la eterna felicidad y bienaventuranza.

36 Porque ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo entero material, si pierde su psique-alma y vida?

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su psique-alma, o para recuperar su psique-alma desde el Hades/Infierno, ya que el mundo entero no puede contrapesar el valor de la psique-alma?

38 Porque el que, a causa de su egolatría y cobardía, se avergüenza y niega de mí y de mis logos en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él y le renegará y rechazará, cuando venga, como juez de los hombres, con la doxa-gloria luz increada de su Padre acompañado por los santos ángeles,.

9,1 Y les decía: «De verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios, es decir, la Iglesia, instalarse y cimentarse en la tierra con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo, durante el día del Pentecostés».

 

La pérdida de la psique-alma

 

Hoy, queridos míos, celebramos el Domingo después de la Exaltación de la Santa Cruz. Como podemos ver, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz está rodeada por dos domingos: el domingo antes de la Exaltación y el domingo después de la Exaltación. Esto, litúrgicamente, muestra la importancia de la Santa Cruz para nuestra salvación. Por eso el Señor enfatizó: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Aquí el Señor pide una identificación de la cruz del creyente con la Cruz de Él mismo. «El que quiera ser mi discípulo, el que me acepta, tomará su cruz y me seguirá». Y todo esto, porque el valor de la salvación de la psique-alma no tiene comparación.

Luego, el Señor dijo, como escuchamos hoy en la lectura evangélica: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? O, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su alma?». Es decir, ¿qué provecho tiene el hombre si gana el mundo, en el sentido que el diablo le dijo alguna vez a Cristo: «Adórame y te daré todos los reinos del mundo»? O en el sentido del universo entero. Lo que sea que obtengas, lo que sea que tomes, el valor del alma es superior a todo el mundo visible y creado. Entonces, ¿qué ganaría el hombre si conquista, gana todo el universo, pero pierde su alma? «¿Perderá?» —fíjate bien en el verbo— «¿perderá su alma?». O, ¿qué precio podría dar el hombre por su alma? No hay precio.

Así que, el valor de la psique-alma. ¡Es algo grande! ¿Qué es el alma? ¿Por qué tiene tanto valor? «Imagen de Dios», dice San Gregorio de Nisa. «Soplo de Dios», dice San Ireneo de Lyon. «Nuestra alma», también dice San Atanasio el Grande, «es una esencia espiritual, incorpórea, impasible, inmortal». Y es inmortal no por creación, sino porque Dios lo quiere. Al igual que los santos ángeles, no son inmortales por naturaleza, sino porque Dios quiere que sean inmortales. De lo contrario, Dios es el único, como dice el Apóstol Pablo, «el único que posee la inmortalidad». La inmortalidad la tiene Dios por sí mismo. Nosotros la tenemos de Dios, porque es Su voluntad. Su valor, de todos modos, el valor de la psique-alma, se puede medir también por el hecho de la Encarnación del Logos de Dios. ¡Si el Logos de Dios llega a encarnarse por amor a los hombres, esto es impresionante! Y además, llegar hasta la muerte, y especialmente, como dice el Apóstol Pablo, la muerte en cruz.

Vemos entonces que realmente el valor de la psique-alma humana es inconmensurable. Si quieren, para ser precisos, el valor de la existencia humana. El cuerpo, en esencia, no queda fuera de la salvación, ya que también experimentará la resurrección. Pero ahora, hablemos de la psique-alma. La psique-alma está unida al cuerpo, y el cuerpo está unido al alma. Es un vínculo, una unión incomprensible…

Sin embargo, esta psique-alma inapreciable, viene ahora el dueño de ella, el hombre, y la pone en juego en los dados de los placeres de esta vida. ¡Sí! La pone en juego en los dados. Si tuviéramos dos o más almas, queridos míos, tal vez podríamos arriesgar una, ponerla a suerte. Pero tenemos solo una psique-alma, única y exclusiva. No tenemos una segunda o tercera. Entonces, ¿podemos realmente dañar esta alma inapreciable que hemos visto en solo dos palabras, qué valor tiene? ¿Podemos arruinarla? El Señor utilizó este verbo: «¿Quién», dice, «llegaría a dañar su psique-alma, porque desearía cosas que estarían fuera de mí?». El Señor dijo entonces: «¿Y dañará su alma?». Esto significa, según el logos de Cristo, que la psique-alma es susceptible tanto de salvación como de daño. Y ambas, tanto la salvación, es decir, la ganancia, como el daño, son sorprendentes, ¡con dimensiones eternas! Debemos entonces pensar, debemos pensar mucho en esta «dimensión eterna»…

¿Y qué daña la psique-alma?

Todo lo que no pertenece a la voluntad de Dios. Y lo principal es el pecado. ¿Qué significa pecado? Es la transgresión de los logos-mandamientos de Dios. Los mandamientos de Dios nos sacan de lo «contra natura» en el que vivimos, y nos llevan a lo «según naturaleza». Y a partir de ahí, a lo «superior a la naturaleza o a lo sobrenatural». Adán en el Paraíso vivía una vida según naturaleza, tal como Dios había creado las cosas. Pero con la caída, pasó al ámbito de lo «contra natura». Así, viene el Cristo a restaurarnos de lo «contra natura» a lo «según naturaleza». Por eso, dice un padre de la Iglesia que el cristianismo… ¿qué es el cristianismo? Claro, podemos decir muchas cosas sobre qué es el cristianismo, pero en una sola perspectiva: es el retorno al estado natural del ser humano. Esto es el cristianismo.

Por ejemplo, para mostrar esta diferencia entre «contra natura» y «según natura», tomemos el uso del vino. Dios nos dio el vino, y por tanto, su uso es conforme a la naturaleza. De hecho, basta con pensar que el Señor Jesús tomó vino en la hora de la Última Cena, lo santificó y dijo: «Este es mi Cuerpo». Por lo tanto, vemos aquí una transfiguración del vino. Se convierte en la Sangre de Cristo. Así, de lo que es «según naturaleza», pasa a lo sobrenatural, lo «superior a la naturaleza». Por lo tanto, no es algo malo el vino. Indudablemente. Sin embargo, si nos emborrachamos con el vino, entonces estamos en lo «contra natura». Y en consecuencia, pecamos. Todo lo que pertenece a lo «contra natura» es pecado.

Tomemos también el matrimonio. Dios bendijo el matrimonio. Es conforme a la naturaleza el tener hijos, etc. Porque, dado que la muerte entró, ciertamente, el matrimonio entra también. Porque si no hubiera muerte, no habría matrimonio. Presten atención a esto. Es una forma del presente siglo. Sin embargo, el matrimonio recibe una bendición. Pues toda la constitución del ser humano, incluso si fue hecha de antemano, fue hecha por Dios «previendo», como dice San Ireneo, que el hombre caería, y por tanto, esta maravillosa creación de Dios se perdería. Por eso entra el matrimonio. Pero si vives en la fornicación, en la lujuria, es decir, en una situación no bendita, entonces estás fuera de la ley de Dios y pecas.

Sin embargo, hay pecados que están fuera de la naturaleza y fuera de la ley. La fornicación está en la naturaleza, pero no está en la ley, está fuera de la ley. Pero ese pecado que está tanto fuera de la naturaleza como fuera de la ley es la homosexualidad, que va en aumento, aumenta, aumenta. Pronto seguiremos lo que escribió Ionesco en una obra de teatro, en la que dice que en una ciudad alguien salió con un cuerno. No sabía cómo esconderlo. Llegó una fiebre, una epidemia, y todos empezaron a sacar un cuerno. ¡Uuuh! ¿Cómo escondería el cuerno que había sacado? Pero pronto la fiebre se extendió por toda la ciudad y todos los hombres sacaron un cuerno. Solo uno no había sacado. Y el que no sacó el cuerno, después se avergonzaba de mostrarse ante todos los que ya lo habían sacado. Aquí encontramos la aplicación de este fenómeno.

Y cuando esta situación, queridos, se vuelva cuantitativamente grande, y lo está siendo, se está volviendo más y más cada día, entonces será la época del Anticristo. Esto lo dice San Jerónimo. «Cuando en los pueblos cristianos, dice, la homosexualidad se haga abundante, el fin de la Historia será cercano». Además, tenemos un precedente histórico, las ciudades de Sodoma y Gomorra. El fuego y el azufre que quemó Sodoma y Gomorra, se representa con el fuego y el azufre que se representa el infierno. Por lo tanto, la destrucción de Sodoma es un precedente histórico. Porque vendrá el Anticristo y se favorecerán todos estos vicios. Porque, como dice el libro de Daniel en el capítulo 7: «El Anticristo hará lo siguiente: «Él pensará cambiar los tiempos y la ley»». «Cambiará los tiem pos», aquí se refiere a la naturaleza, «cambiará la naturaleza y cambiará la ley» (y también al cambio climático que pregonan hasta la saciedad hoy los poderes demoníacos). Todo esto sucederá en los días del Anticristo. Es decir, cuando llegue esta «Nueva Orden de Cosas». Se habla mucho de esta nueva orden. Entre ellas está esto: la alteración de la naturaleza y la ley de Dios.

Lo que dice Isaías, llegaremos al punto, en relación con lo que les dije sobre la obra teatral de Ionesco, que dice… uno sacó un cuerno, etc. «¡Ay!», dice el profeta Isaías, «¡Ay!», los que llaman malo a lo bueno y bueno a lo malo, los que ponen la oscuridad por luz y la luz por oscuridad, los que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo. Es decir, aquí tenemos una completa perversión de lo correcto. Hoy, si un chico saliera y dijera a sus compañeros de clase o a sus compañeros de armas que «vivo en castidad»… ¡Uy! ¿Dónde lo diría? ¿Dónde lo diría? Todo esto, cuando ocurra, habrá perdido, por supuesto, el sentido del pecado. El otro te dice: «¿Por qué? ¿Es pecado tener novia? ¿Tener un amigo? ¿Qué pasa? ¿Es pecado?». Se ha perdido el sentido del pecado. Esta situación, ciertamente, daña profundamente el alma. Si, por supuesto, el alma no llega a arrepentirse y volver a la metania. Porque ustedes comprendieron lo que estamos diciendo. ¿Qué daña el alma?

Tenemos un segundo. Es aquello que, por supuesto, daña el alma: la incredulidad. Incredulidad significa separación de Dios, significa apostasía. Y nuestra época es una época de apostasía. Y no es simplemente una época de apostasía, sino también un giro contra Dios, una actitud hostil hacia Dios. Una guerra contra Dios, por todos los medios y con toda insolencia. La palabra «ύβρις» (hybris) en su sentido de la antigua Grecia («ύβρις», para los antiguos helenos griegos la hybris era injuria contra la voluntad divina y el orden natural.) Y en este caso temo que ya no existe, queridos míos, arrepentimiento. Es blasfemia contra el Espíritu Santo, que el Señor nos dijo que, en ese caso, no hay arrepentimiento. Por mucho que Kazantzákis se arrepintiera, otros no se arrepentirán de la misma manera. Porque Kazantzákis cayó en la hybris contra Jesús Cristo. Cómo cayó, todos lo saben. Y para que vean que aquí no hay arrepentimiento —no es que Dios no perdone, sino que el hombre que ha llegado a la hybris no puede arrepentirse y volver a la metania— ¡no puede!

Y para confirmarlo, escuchen dos pasajes de la carta a los Hebreos. Uno está en el capítulo 6. Dice: «Porque es imposible —¿Lo ven? Imposible. Mantengan esta palabra, porque seguirá un texto extenso—, para los que una vez fueron iluminados, que han gustado del don celestial y han sido hechos partícipes del Espíritu Santo, y que han gustado la buena palabra de Dios y las potencias del siglo venidero, y luego han caído…» —no la habitual falta que cometemos cada día. Por eso la misericordia de Dios nos dio el sacramento de la Santa Confesión, pero en el sentido que expliqué antes, en relación con la hybris. Atención: hybris no son simplemente los blasfemos que blasfeman contra lo divino. No, no, no… Eso no es hybris. Sino cuando te vuelves contra Dios, cuando ridiculizas a Dios, cuando te burlas de Cristo, etc.; «volver a renovar para arrepentimiento» —tomamos el “imposible” del comienzo del pasaje—. Es imposible que alguien se renueve otra vez para la metania, el arrepentimiento. ¡No puede arrepentirse! «Volviéndose a crucificar a sí mismos al Hijo de Dios» —Lo vuelven a crucificar al Hijo de Dios. Fíjense en una palabrita: «και παραδειγματίζοντας». «Παραδειγματίζω paradigmatizo» significa «poner como ejemplo de escarnio al Hijo de Dios», burlarse de Él. ¿Lo oyeron? Me burlo de Él. Me vuelvo contra Él.

De igual modo escribe el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 10: «Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el conocimiento de la verdad —tras el Bautismo, etc.—, ya no queda sacrificio por los pecados». —No queda otro sacrificio. Uno es el sacrificio: la Sangre de Cristo. Si has despreciado la Sangre de Cristo, ¿cómo te salvarás?— «sino más bien queda una terrible expectativa de juicio y de fuego ardiente que devorará a los adversarios». —Se refiere al Antiguo Testamento; lo omito para no extenderme— «¡cuánto más!, aquel que pisoteó al Hijo de Dios y consideró inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ultrajó al Espíritu de la jaris-gracia». No hay μετάνοια metania. ¿Cuánto daña eso al alma? Apenas hace falta decirlo.

Y Juan, Juan, el discípulo del amor, oigan por favor lo que dice en su primera carta: Tiene mucho; tomo el punto principal: «Hay pecado que conduce a la muerte; no digo que pidáis por eso» —es decir, hay pecados que se perdonan, los pecados que cometemos cada día; son perdonables. Pero hay, dice, un pecado que conduce a la muerte. Por ese pecado, por ese pecador con tal pecado, no puedes rogar a Dios. ¿Lo ven? «No digo para que pida por ello». «Pedir» significa suplicar. No se puede suplicar ni a Dios, nada, nada, nada. No se puede. Es el pecado a muerte. ¿Cuál es ese pecado a muerte? Es lo que les leí detalladamente del apóstol Pablo en la carta a los Hebreos. Es comprensible, pues, que aquí tenemos una situación que es terriblemente dañina para el alma, y es irreversible. Allí el alma ya vive su muerte eterna.

Y un tercer punto. Aquello que definitivamente daña la psique-alma y del cual ya no se puede salir: el infierno eterno. El fin. El hombre se convierte en hijo de la perdición. Como le ocurrió a Judas —el hombre perdido. Lo repito: infierno eterno. Fíjense bien: de ahí no hay esperanza de escape. Y allí está el tormento eterno. Tinieblas externas, crujir de dientes, fuego que no ilumina, fuego sin resplandor. Pero, por supuesto, también la pérdida de la visión —la pérdida de la contemplación— del rostro de Cristo. Ya no puedes ver el rostro de Cristo, que verán aquellos que estén en la Βασιλεία (Vasilía: realeza increada) de Dios. Y a eso llora el santo Juan Crisóstomo con respecto al infierno: «¡Ah! —dice—, no cuento los tormentos del infierno; cuento que perderé la visión —del verbo «θεωρῶ zeoró», ver, contemplar, espectar— de aquel sereno rostro de Jesús Cristo».

Recordad los logos de Cristo: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles». «E irán éstos al infierno eterno, y los justos a la vida eterna». Atención: al infierno entraremos con nuestros cuerpos. Porque antes del infierno tendrá lugar la resurrección de los muertos. Y a la Βασιλεία Vasilía de Dios entraremos con nuestros cuerpos. Así como os veo y me veis. ¿Dónde están aquellos que se burlan y se ríen diciendo: «¿Qué es el infierno? ¿Caldos hirviendo y cosas semejantes?»? ¡Oh… si fueran calderas con agua hirviendo y el fuego fuera simplemente lo que ponemos debajo para calentarla, estaría bien! Pero este fuego, ¿sabéis cuál es? Este fuego procede de Dios. Es la energía increada de la luz. Quise no decíroslo, pero… lo afirma san Basilio el Grande. Atención: en cierto modo, esta luz increada se divide. Como luz, permanece en la Βασιλεία Vasilía increada de Dios; por eso los hombres salvados serán portadores de luz. Como fuego sin luz, va a los infernados, los condenados. Por eso es fuego que quema y no ilumina. Procede de Dios. Es energía increada este fuego del infierno. ¡Horror! ¡Horror! Una imagen amarga podéis tomar de los endemoniados, cuando se acercan a algún santo: san Nectario, san Dionisio, san Gerásimo, san Espiridión… ¿sabéis qué gritan? «¡Me quemas, me quemas, me quemas!». ¿Qué es lo que les quema? Los demonios lo gritan: «¡Me quemas, me quemas!». Por eso llaman a cada uno de estos santos «los que queman» —καψάληδες kapsálides quemadores—. «¡Me quemas, me quemas!». El diablo se quema, los demonios se queman con este fuego increado que viene de Dios. Y no olvidemos que el logos de Dios es veraz, no miente. Dice el apóstol Pablo: «Fiel es el logos y digno de toda aceptación». Cristo lo dijo. No hay posibilidad de que no se cumpla.

Queridos, todo esto que hemos mencionado daña la psique-alma. Nuestra salvación no es cosa de juego. No es objeto con el que juguemos. Debemos pensar con seriedad. Una sola psique-alma tenemos. Y no volverá de nuevo a este mundo. No la entreguemos, pues, al «azar» —a los dados de los juegos de suerte. Dice el apóstol Pablo: «al azar del error y del pecado». Pero también en lo cotidiano, con el roce de nuestras distracciones, perdemos nuestra paz, nuestro amor, nuestra alegría. Y esto igualmente daña el alma. ¿Por qué dañar cada día? Escuchemos, pues, una vez más el logos de Cristo: «¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué dará el hombre a cambio de su alma?».

PARA GLORIA DEL DIOS TRIUNO

y con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito yérontas Atanasio Mitilineos, trascripción de la grabación de su homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga. Homilía del pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, 21-9-1997. Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai.gr/

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

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