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May 12 2025

Ἐσχατολογία Esjatología, Anticristo, Hades, Infierno, Muerte, Paraíso, Realeza y Resurrección.

Ἐσχατολογία (Esjatología: Escatología), Anticristo, Hades, Infierno, Muerte, Paraíso, Realeza y Resurrección.

El Yérontas Atanasio Mitilineos responde a dudas y preguntas.

 

Las presentes transcripciones y traducciones han sido elaboradas a partir de las homilías originales en lengua helénica-griega del venerable Yérontas y profeta Atanasio Mitilineos el Nuevo Crisóstomo. La mayoría de las cuestiones planteadas provienen de jóvenes estudiantes del bachilerato.

Índice

  1. En la parábola del rico y Abraham ¿cómo lo conoció que era Abraham?
  2. ¿Cuándo uno muere va directo al Paraíso, al infierno o al Hades? Acláranos esto.
  3. ¿Podemos matar al anticristo y liberarnos de él?
  4. ¿Qué significa anticristo o anticristos?
  5. ¿Cuando venga el anticristo al mundo, vendrá como hombre con cuerpo, carne y sangre o como espíritu? ¿Cuáles serán las señales o signos que tendremos en el mundo que testificarán la venida del anticristo?
  6. ¿Cuál es la posición de los hombres ante la muerte?
  7. ¿Por qué algunos hombres no creen en la resurrección de los muertos?
  8. ¿Habrá cosmos-mundo después de la Segunda Parusía, Presencia?
  9. ¿Cómo será el paraíso?
  10. ¿Por qué el Dios hará inmortales también a los pecadores?
  11. ¿El anticristo puede tomar una u otra forma, por ejemplo, la misma forma de Cristo?
  12. ¿Uno que muere y está en el paraíso ve lo que pasa aquí en la tierra?
  13. ¿Puede el hombre volver a la μετάνοια metania (cambio de mentalidad, arrepentirse) después de la muerte?
  14. Sabemos que el Hades se encuentra debajo de la tierra y Dios está en el cielo. Si aceptamos que Dios está entre nosotros, y que las almas de los muertos están en Él, ¿significa esto que se hallan entre nosotros, debajo de la tierra como los pecadores, o en el cielo como los justos? Si no es así, ¿dónde van entonces las psiques-almas de los muertos?

[Ἐσχατολογία, esjatología: El término proviene de ésjatos (último, postrero, extremo) y logos (tratado, discurso), y se refiere al estudio o reflexión sobre las últimas cosas o acontecimientos. Así como el término Cristología expresa el logos (tratado) sobre Cristo, o Eclesiología sobre la Iglesia, lo mismo ocurre con Esjatología, que trata sobre los últimos tiempos o realidades finales.

La palabra ésjato se emplea con múltiples significados. En principio, claro está, se refiere a lo último, ya sea en términos de lugar, grado (superior-inferior), estado o situación personal, o tiempo. Así, podemos hablar del último lugar, del hombre inferior o humilde, del hombre falso, o de acontecimientos que ocurrirán en el futuro.

En el Nuevo Testamento, cada vez que aparece el término ésjato puede tener diversas interpretaciones. A continuación, mencionaré algunos ejemplos representativos:

Cristo, hablando sobre la dóxa (gloria increada) de los santos Apóstoles que lo dejaron todo para seguirlo, dijo: «Muchos de los primeros serán ésjatos (últimos), y los ésjatos primeros» (Mt 19,30). En este contexto, el término se usa en relación con el valor. Los Apóstoles, considerados últimos en su época frente a los sabios y poderosos, se volvieron los primeros en valor y dignidad espiritual. Este sentido aparece en muchos pasajes de la Sagrada Escritura.

En otro caso, refiriéndose a los banquetes, Cristo enseñaba que uno debe elegir el último lugar, de modo que el anfitrión pueda invitarlo a subir más alto: «Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el ésjato (último) lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba…» (Lc 14,10). Aquí, el término en contraposición con la parte anterior, también significa la parte inferior. Además, el término también implica humildad, una virtud que debe distinguir a los discípulos de Cristo. Por eso, en otro pasaje, el Señor enseña: «…Si alguno quiere ser el primero, será el postrero (ésjato) de todos, y el servidor de todos» (Mc 9,35).

Ésjato también se usa en sentido geográfico, para indicar el último punto, el límite del horizonte o de la tierra. Cristo dijo a sus discípulos: «…recibiréis una fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los ésjatos (confines) de la tierra» (Hch 1,8). Con estas palabras anuncia la universalidad de su mensaje y que recibirán el Espíritu Santo y se convertirán en testigos Suyos en todo el mundo.

Es cierto que el término esjatología se utiliza principalmente para referirse al final del tiempo. En este sentido, encontramos numerosos pasajes en el Nuevo Testamento. A continuación, examinaremos algunos de ellos, dejando de lado aquellos que utilizan la palabra ésjato con otros significados.

En sus enseñanzas, Cristo vincula los ésjatos (postreros) con la resurrección de los cuerpos y, naturalmente, con el Juicio que le sigue. Afirmaba: «Y esta es la voluntad del Padre que me ha enviado: que yo no pierda ninguno de todos los que él me ha dado, sino que les resucite gloriosamente aquel ésjato-último gran día (de la Parusía, Presencia universal)» (Jn 6,39). Esta era también la creencia común entre los judíos. Por eso Marta, hermana de Lázaro, al escuchar que su hermano resucitaría, respondió: «…sé que resucitará durante la resurrección de aquel gran ésjato (último) día» (Jn 11, 23-24).

Como ya hemos dicho, la resurrección está unida al Juicio Final. Por ello, Cristo también afirma: «El que me rechaza y no recibe los logos de mi enseñanza, tiene ya quien lo juzgue; El logos que yo he hablado, lo condenará en el ésjato o último, el gran día del Juicio universal» (Jn 12,48).

Los ésjatos también se refieren al período previo a la segunda venida de Cristo para juzgar a los hombres, es decir, al final de los tiempos, cuando los hombres se endurecerán y el mal alcanzará su máxima expresión y exaltación. Por eso San Pablo escribe a Timoteo: «Has de saber que en los ésjatos-últimos días sobrevendrán tiempos difíciles» (2Tim 3,1). En la misma línea, San Pedro advierte: «Ante todo debéis saber que en los últimos días vendrán burladores, andando según sus propios deseos, concupiscencias…» (2Pe 3,3).

Así, el término esjatología abarca los tiempos finales, el fin del cronos (tiempo), la Parusía (Segunda Venida de Cristo), el Juicio Universal y todo lo que lo antecede y sigue. También incluye el momento en que la psique (alma) se separa del cuerpo, comenzando el juicio parcial inmediatamente después de la muerte.

De esta breve introducción se deduce que no es fácil delimitar la esjatología en una sola etapa temporal. En la percepción ortodoxa del tiempo, se experimentan pasado, presente y futuro como un «aquí y ahora», pues los santos —pasados, presentes y futuros— viven como presentes dentro de la Iglesia. Por eso hablamos de una esjatología diacrónica, ya que los ésjatos abarcan tanto los primeros como los últimos tiempos.

La esjatología ortodoxa es, en esencia, el Hisijasmo.]

  1. En la parábola del rico y Abraham ¿cómo lo conoció que era Abraham?

La parábola del Rico y de Lázaro: “Había un hombre rico, que vestía púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. Por el contrario, un pobre, por nombre Lázaro, estaba tendido junto a su portal, cubierto de úlceras, y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros venían y lamían sus úlceras. Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico, y fue sepultado. Y estando en el infierno, levanta sus ojos, en medio de tormentos, y ve a Abraham a lo lejos y a Lázaro en su seno. Y levantando la voz, dijo: Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. Dijo Abraham: hijo recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro recibió males; ahora, en cambio, él es aquí consolado y tú eres atormentado. Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, ni tampoco de ahí pasan a nosotros. Y dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento. Dice Abraham: Tienen ya a Moisés y a los profetas, que los escuchen. Él dijo: No, padre Abraham, sino que, si fuere a ellos alguno de la legión de los muertos, harán metania, penitencia. Le dijo: Si a Moisés y a los profetas no escuchan, tampoco se rendirán si alguno resucitase de entre los muertos (Lc 16, 19-31).

En la parábola, el rico se dirige a Abraham llamándole por su nombre, «Padre Abraham», etc. ¿Cómo supo que era él? Sin duda, estamos ante una parábola, y una parábola es una construcción, una creación que tiene como objetivo transmitir ciertas verdades que el Señor desea comunicar. Es importante entender, ¿qué es una parábola? Una parábola es una historia que no ocurrió, pero que es posible que ocurra. Todas las parábolas de Cristo están dentro del ámbito de lo posible y lo realizable.

Los mitos de Esopo, en cambio, no son posibles de realizar. Por ejemplo, en uno de los relatos, la zorra le dice al cuervo, que tiene un trozo de carne, «¡Ay, cuervo mío! Qué bien cantas, ¿por qué no cantas un poco para que oiga tu dulce voz?» Y el cuervo, al cantar (exclamar krá), deja caer la carne al suelo. Obviamente, estos son mitos, pero no son posibles de realizar. En cambio, las parábolas del Señor son historias creadas, que no existieron como tal, pero son ejemplos de algo que sí podría ocurrir. Hay que tener en cuenta esta diferencia.

Es cierto que, en este caso, la historia se presenta de manera económica (por concesión), porque Abraham le dice al rico que, aunque quisiéramos cruzar a la otra orilla, hay un gran abismo entre ambos. Entonces, nos podríamos preguntar, ¿cómo se lleva a cabo la conversación? Se hace por economía (por concesión), para que haya un diálogo. Pero independientemente de este detalle, la pregunta sigue siendo válida. Y la pregunta es la siguiente: ¿cómo sabía Pedro, en la metamorfosis de Cristo, que los dos acompañantes eran Elías y Moisés? Tal vez, ¿escuchó el Señor llamándoles por su nombre? Es posible.

Sin embargo, lo que sí sabemos es que, en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios -y la Transfiguración fue una manifestación de esta Realeza increada-, existe un reconocimiento inmediato de las personas. Este es un aspecto de la Realeza increada de Dios. No me dirán que el apóstol Pedro o Pablo debían tener características específicas, como en una foto o una iconografía, para reconocer a alguien. No es necesario. Hay un reconocimiento instantáneo.

Es importante señalar que nuestra iconografía no pretende reproducir los rostros de los santos tal como eran en su naturaleza. En el caso de los santos contemporáneos de los que existen fotografías, no está permitido representarlos en el iconostasio, en su lugar, se coloca una hagiografía del santo. ¿Qué significa esto? Intentamos cambiar las características físicas del rostro del santo, especialmente en el caso de aquellos que vivieron en una época en la que ya existían las fotografías. Así, el rostro del santo en el icono no es el natural, sino el rostro santificado (divinizado, deificado), el rostro metamorfoseado.

Por esta razón, no es necesario tener una descripción detallada del rostro de Jesús Cristo en los Evangelios. No tenemos ni la más mínima referencia sobre cómo era físicamente. A pesar de esto, si Cristo se te manifiesta, Le reconocerás de inmediato. Lo mismo ocurre con la Παναγία (Panaghía: (Todasanta o Santísima Virgen) o cualquier santo: si se manifiestan, los reconocerás inmediatamente.

Por economía (concesión), para que el reconocimiento ocurra en este mundo presente, es posible que el santo se manifieste de acuerdo con un icono. De ahí que muchas veces digamos: «He tenido un sueño o una visión, he visto un santo, y cuando voy a la Iglesia, me quedo perplejo al ver el icono, porque se parece al santo que he visto». Esto es por economía. Sin embargo, en la βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Dios, el reconocimiento es inmediato, sin que intervenga nada más; allí la situación es completamente diferente. (36, 42´)

  1. ¿Cuándo uno muere va directo al Paraíso, al infierno o al Hades? Acláranos esto.

Cuando una persona muere, no va ni al infierno ni a la Realeza increada de Dios. Va al Hades, que actualmente está dividido. Si la persona es piadosa, irá al Paraíso, es decir, a la parte del Hades que se transformó en Paraíso. Esto ocurrió porque el Señor, con su presencia, dejó allí la luz de Su divina doxa (gloria increada), y ese lugar se convirtió en Paraíso. Allí se encuentran las almas (psiques) de todos los santos, los apóstoles y también san Juan el Bautista, con la excepción de la Θεοτόκος (Zeotokos: la que da a luz a Dios, Madre de Dios).

Todas estas almas están en estado espiritual, esperando la resurrección de los muertos para que, una vez reunidas con sus cuerpos renovados, entren en la Realeza increada de Dios.

Por otro lado, los hombres impíos y pecadores están en el Hades, en un lugar oscuro. Cómo es exactamente ese lugar, sólo Dios lo sabe; es como era antes de que Cristo descendiera al Hades. Allí siguen yendo las psiques-almas de los pecadores, y también ellas esperan la resurrección para ser juzgadas junto con sus cuerpos.

Los justos serán los primeros en entrar en la Realeza de Dios, y los impíos, entonces -y por primera vez-, irán al infierno, en el cual actualmente no hay nadie, ni siquiera los demonios. Según el libro del Apocalipsis, allí estarán el diablo, el anticristo y los hombres pecadores.

No añadiré más, porque ya hemos tratado este tema en otras ocasiones. (35:55)

  1. ¿Qué significa anticristo o anticristos?

La palabra anticristo se encuentra en el Nuevo Testamento. Es cierto que no es un término inventado posteriormente por la literatura eclesiástica, sino que es un término bíblico y hagiográfico. Es utilizado por el evangelista Juan en sus epístolas, y él mismo da su definición: anticristo es aquel que niega la naturaleza humana de Cristo. De forma más precisa: si niegas la naturaleza divina de Cristo -como lo hizo Arrio- eres anticristo; si niegas su naturaleza humana y aceptas solo la divina -como en el caso del monofisismo- también eres anticristo, porque no aceptas lo que verdaderamente es Cristo.

Por lo tanto, la negación de lo qué es el Jesús Cristo, ya sea en su naturaleza humana o en su naturaleza divina, constituye la postura del anticristo. Así lo define el mismo evangelista Juan.

Muy correctamente, pues, el padre y santo Justino Pópovits dijo: “El primer anticristo -se entiende, después de Cristo, porque también existieron anticristos antes de su venida- fue Judas. Porque no creyó en quién era su Maestro. Si hubiera creído, nunca habría hecho lo que hizo. Por tanto, negó la naturaleza divina de su Maestro al venderlo por unas monedas. No reconoció su divinidad.

El segundo anticristo, que negó la naturaleza divina de Cristo, fue Arrio, quien sostenía que Cristo era simplemente una creación y no Dios verdadero.

El tercer anticristo -antes del último, que será el cuarto- ¿quién es? Temblarán al escucharlo: es el cristianismo occidental, en la figura del Papa y de cada Papa de Roma”. No lo digo yo, lo dijo el santo padre Justino, y también san Cosme de Etolia. Por eso san Cosme decía: «Al Papa, maldecid», y lo llamaba anticristo.

¿En qué consiste ser anticristo?

Porque la falsificación del kerigma evangélico se encuentra en el cristianismo occidental. Y una falsedad del kerigma cristiano no sana ni salva. Y en el momento en que algo no sana ni salva, en definitiva, se convierte en una negación del cristianismo. Así pues, este es el anticristo según san Juan.

Aún más, se llama anticristo a aquel que usurpa la persona de Cristo. Avanzando un paso más: por ejemplo, si insultas a Cristo, eres anticristo. Kazantsakis -el conocido escritor heleno- insultaba a Cristo; quien lea sus obras lo podrá comprobar. A este se le puede llamar anticristo. Pero Kazantsakis, al herir a Cristo, no se detenía allí: quería crear una nueva religión y proclamarse a sí mismo como mesías.

Aquí vemos un paso más allá: no solo se hiere a Cristo, sino que se le sustituye. Es decir, se usurpa el título de Cristo y del Mesías. Esto mismo hará el último anticristo: usurpará el título de Cristo.

Podemos entonces resumir que hay dos formas fundamentales de ser anticristo: El que no acepta la persona teantrópina (divino-humana) de Cristo. El que pretende sustituir a Cristo, proclamando a otro -o a sí mismo- como Mesías. Porque el último anticristo, el definitivo -cuyo número será 666-, ¿qué hará? El apóstol Pablo nos lo dice: entrará en el templo de Dios -el templo de Salomón, que será reconstruido- y se proclamará a sí mismo como Dios. Para entonces ya habrá destruido toda forma de piedad en este mundo, no solo del cristianismo, sino de todas las religiones. Anulará cada forma religiosa para proclamarse él mismo como Dios.

Ved, pues, que este segundo paso -el proclamarse como Dios- es la consumación del espíritu del anticristo. (34. 41,30´)

  1. ¿Podemos matar al anticristo y liberarnos de él?

¿Podemos matar al anticristo para así nos liberarnos de él y que nos deje tranquilos de una vez por todas? Esta sería una medida drástica: matar al Anticristo para salvarnos.

Pues bien, hijos míos, ante todo quisiera deciros lo siguiente: en cierto sentido, sí, nosotros podemos «matarlo». Veamos cómo.

En principio el Anticristo, como persona, es el resultado de una época de apostasía, de decadencia espiritual, ética y moral. Por eso, según el Evangelista Juan en el Apocalipsis, se dice que surge del mar, y que vio tres bestias. La primera bestia estaba en el aire: es el diablo. La segunda bestia, semejante a la primera porque toma sus poderes de ella, surge del mar. La tercera bestia surge de la tierra: es el falso profeta, el pseudoprofeta.

La bestia que surge del mar -el Anticristo- representa, precisamente por su origen marino, el caos y la agitación de las naciones. El mar es símbolo del desorden de los pueblos. Así, el Anticristo es fruto de la apostasía de las naciones, de la plenitud de la iniquidad. En este sentido, el Anticristo será una persona real -insisto en ello-, pero su aparición será el resultado de la gran apostasía de las naciones de la tierra. Ese es el primer punto.

Por tanto, es un hecho que el Anticristo vendrá. ¿Cuándo? No lo sabemos. Puede ser en nuestros días, dentro de cien años, quinientos, mil… o incluso mañana. Su venida está estrechamente ligada a la Segunda Παρουσία (Parusía: Presencia, Venida) de Cristo, cuya fecha es también desconocida. Sin embargo, esto no significa que no podamos discernir ciertos signos.

El Señor nos ha dado suficientes señales para que podamos intuir la cercanía de Su Segunda Parusía y, en consecuencia, también la del Anticristo. Si queréis saber más, venid mañana a la homilía cuyo tema es la recreación del universo. Es decir, todo está encaminado hacia su final.

Así de acuerdo con esto, algo podemos afirmar, naturalmente sin analizar en profundidad el tema del Anticristo. Yo así lo entiendo desde hace unos años, porque existen ciertos signos o indicios objetivos -no subjetivos- que nos permiten percibir que la Segunda Parusía, Venida del Señor no está muy lejana, y, en consecuencia, tampoco la manifestación del Anticristo. Hay señales concretas que indican que la Segunda Venida de Cristo podría no estar muy distante, y por tanto, tampoco la del Anticristo. Son hechos que ya han ocurrido, otros que están ocurriendo actualmente, y algunos más que se esperan. Es cierto que no parece que vaya a suceder mañana, pero tampoco parece estar muy lejos.

La historia se dirige claramente hacia su consumación: la historia universal, no solo la de los seres humanos, sino también la del universo entero.

Entonces, nosotros y nuestros hijos, ¿cómo podemos resistir?, ¿podemos matar a esta persona, como se pregunta? Sí, podemos «matar» al Anticristo. ¿Cómo? Con nuestra fe en la persona teantrópina (divinohumana) de Cristo.

Si permanecemos fijos, firmes en nuestra fe, que Jesús es perfecto Dios y perfecto hombre. Muy claro lo dice san Juan el Evangelista: anticristo es aquel que niega la naturaleza humana o la divina del Señor Jesús Cristo. Esto constituye el corazón de todo lo demás que el anticristo como persona puede presentar. ¿Cómo pues, podemos matarle, es decir, rechazarle? Quedándonos inamovibles en la persona divino-humana del Señor Jesús Cristo.

Y no os preocupéis de matarle, de su destrucción definitiva se encargará otro. El apóstol Pablo, en su epístola a los Tesalonicenses, nos revela que el Señor lo destruirá con la espada de Su Logos. Así también lo afirma el Apocalipsis: el Anticristo, junto con el diablo, será arrojado al lago de fuego y azufre, imagen del infierno eterno.

Por lo tanto, el anticristo será destruido por la Parusía (Presencia) gloriosa de Jesús Cristo. Así podemos afirmar con seguridad: sí, podemos «matar» al Anticristo, permaneciendo fieles a Cristo. (19,12´32´´)

  1. ¿Cuando venga el anticristo al mundo, vendrá como hombre con cuerpo, carne y sangre o como espíritu? ¿Cuáles serán las señales o signos que tendremos en el mundo que testificarán la venida del anticristo?

El tema es muy amplio y no puede ser desarrollado en el poco tiempo que nos queda, pero os compartiré algunas palabras esenciales.

El Anticristo será un hombre real, con cuerpo, carne, huesos y sangre, nacido de forma natural, no sobrenatural. Será cien por cien hombre. No será el diablo encarnado ni una transformación de éste en hombre, porque el diablo no puede hacerse hombre. Aunque puede tomar apariencia humana -como también los ángeles pueden aparecer con forma humana-, esa apariencia es ilusoria, no sustancial.

Los ángeles y los demonios pueden manifestarse con aspecto de hombre, pero no son verdaderos hombres. El único hombre real que ha venido del cielo es el Hijo de Dios. Es decir, la «llave» de la encarnación, de la verdadera humanización, la posee únicamente Dios. El diablo no tiene ese poder.

Así, el Anticristo será completamente humano, pero según el apóstol Pablo, actuará bajo la influencia del poder, potencia y energía de Satanás. Es decir, Satanás estará obrando en su interior, y él será una persona completamente entregada al diablo. Será el «hijo» más auténtico del diablo que jamás haya existido sobre la tierra. No ha habido, ni habrá, otra persona en la historia humana que se haya entregado tan plenamente al maligno diablo.

No me digáis: «¿Será como Judas?» Pues recordemos que cuando Judas tomó el pan mojado en vino, el evangelista dice: entonces Satanás entró en su corazón. Aun así, ni siquiera Judas llegó a la plenitud de entrega que alcanzará el Anticristo.

Es decir, Judas ya era un instrumento ciego de Satanás. Pero el Anticristo será, sobre todo, un instrumento completamente entregado al diablo, ciego y sumiso, no por un breve periodo, como ocurrió con Judas. Este, al día siguiente, se suicidó porque no pudo soportar su estado. En cambio, el Anticristo no será como Judas. Será, pues, hombre.

Ahora bien, respecto a las señales mencionadas en la pregunta: ¿cuáles serán? Son muchas, pero el apóstol Pablo nos da una clave esencial: la señal será la apostasía -es decir, la renuncia o deserción de la fe. La apostasía ocurre cuando los pueblos o naciones cristianas, los que han conocido a Cristo y han sido bautizados, abandonan su fe. No se refiere a los pueblos que nunca han sido cristianos, sino a los que lo fueron y reniegan de Dios.

No vayáis muy lejos: ayer mismo, en un programa médico de radio, se hablaba sobre la difteria, y dos veces el locutor dijo lo siguiente: “Los padres deben estar agradecidos a este científico francés que descubrió la vacuna contra la difteria y a sus dioses”. ¿Lo habéis oído? ¡A sus dioses! Y más adelante, volvió a repetir: “los dioses”. ¿Por qué dice “los dioses” y no “Dios”? Esto es señal de que estamos dejando al Dios verdadero y volviendo a los dioses falsos. Es un retorno a la idolatría.

Recordad los temas que tratamos el año pasado sobre la idolatría. Vuestros ojos verán cosas impensables; quedaréis perplejos y anonadados ante lo que está por venir. En nuestras clases, por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios, intentamos prepararos para lo que vendrá.

Atención: la idolatría se extiende a nuestro alrededor. No hablo solo de la antigua idolatría -la de Afrodita, Dionisos o Baco- expresada en la embriaguez o la prostitución, sino de una idolatría más sutil: aquella en la que se invocan “los dioses”, o en la que todo vale, incluso sobre la fe cristiana.

¡Mucho cuidado!

La señal principal de la venida del Anticristo es, precisamente, la apostasía: cuando los pueblos cristianos abandonan a Dios. Esa será la evidencia de que su manifestación está cerca. (17.20´15´´)

  1. ¿Cuál es la posición de los hombres ante la muerte?

Hoy en día, los hombres se detienen ante la muerte -como dice el apóstol Pablo- “como los ateos del mundo, sin tener esperanza”.

¿Sabéis lo que significa esto?

Significa que ignoran la resurrección de los muertos. Viven como si no hubiera esperanza, como si la muerte fuera el fin absoluto. ¡Qué pena y tristeza! El apóstol Pablo dice a los tesalonicenses: “No quiero que os apenéis, os entristezcáis como los demás, los que no tienen esperanza en la resurrección de los muertos”.

Hijos míos, la actitud de los verdaderos creyentes ante la muerte -es decir, la de los ortodoxos, cristianos auténticos- es totalmente distinta. Nuestra fe se basa en un hecho fundamental: Cristo ha resucitado. Y, dado que Cristo resucitó, también los muertos resucitarán.

El Cristo es el primogénito de entre los muertos que resucitó y nosotros Le seguimos. Puesto que resucitaremos, ¿cuál debe ser nuestra postura frente a la muerte?

Debe ser aquella que llena la psique-alma de la esperanza en la Resurrección.

Esa es la verdadera respuesta cristiana ortodoxa. (8.15´55´´)

 

  1. ¿Por qué algunos hombres no creen en la resurrección de los muertos?

El apóstol Pablo lo expresa con claridad: “La fe no es para todos”. Aunque el Evangelio se ofrece a todos los hombres, lamentablemente no todos están en disposición de recibirlo con un corazón abierto y receptivo. No todos están dispuestos a aceptar lo que dice el Logos de Dios.

Por eso, el apóstol afirma con dureza esta gran verdad: la fe no es para todos. Y aunque nos parezca una afirmación dura, no deja de ser una realidad. No todos creen.

Roguemos, entonces, que no formemos parte de esa categoría de hombres que se resisten a creer. Nuestro deber y nuestro anhelo deben ser aceptar únicamente aquello que apocalipta-revela el Logos de Dios, es decir, que tengamos una fe firme, clara y obediente a la verdad apocaliptada-revelada. (32,55´)

8- ¿Habrá cosmos-mundo después de la Segunda Parusía, Presencia?

Cuando se plantea si existirá «cosmos» o mundo después de la Segunda Presencia de Cristo, evidentemente no se está refiriendo a la existencia de los seres humanos, porque los hombres ciertamente existirán. La Segunda Venida de Cristo no anulará a los hombres; al contrario, con la resurrección de los muertos, todos comparecerán ante Él.

La pregunta, más bien, se refiere a la creación material, al universo como tal. Y la respuesta es afirmativa: el universo existirá, pero en una forma renovada, tras la recreación.

Cuando Dios creó el mundo, dijo que todo era “muy bueno”. Aunque el mundo actual se ha corrompido y desgastado a causa del pecado del hombre, esto no significa que Dios destruirá Su creación hasta hacerla desaparecer. El Dios no revoca ni se arrepiente de lo que crea. Él no devuelve las cosas a la nada, sino que las renueva.

Veamos dos ejemplos: El diablo no puede ser renovado; los hombres pecadores no desaparecerán, sino que recibirán la retribución justa, y para algunos será el infierno eterno.

Esto es algo admirable y a la vez impresionante: que lo que el Dios ha traído a la existencia no puede volver a la nada. El hombre no puede anularse a sí mismo, aunque muchos pecadores, en su desesperación, quisieran convertirse en “cero”; no pueden. Y lo mismo ocurre con el cosmos: la creación no será aniquilada, sino transformada.

Repito, lo que Dios ha creado del cero o de la nada no regresará al cero, sino que será restaurado, renovado, a pesar de que el mundo actual esté alterado y envejecido. Por eso, encontramos numerosos pasajes tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que hablan claramente sobre esta renovación de la creación.

Pero me limitaré sólo al Nuevo Testamento, porque el tiempo es escaso. En el libro del Apocalipsis se dice: “He aquí, todo lo hago nuevo”.

Estas palabras las pronuncia el Renovador de la creación, que es al mismo tiempo el Creador de todo. Es decir, quien creó todas las cosas es también quien las renueva.

¿Saben por qué el Cristo dice: “He aquí, todo lo hago nuevo”? Porque Él es el creador de todo, y en esta afirmación también se manifiesta Su identidad divina.

Ahora bien, si alguien se pregunta: ¿Este mundo es perfecto?

La respuesta es: no, no lo es completamente.

Y con esto respondo también a una pregunta que me han planteado. Algunas cosas en la creación son imperfectas, y esto tiene una razón:

Dios hizo todo “muy bueno”, como dice el Génesis, pero no absolutamente perfecto en el sentido final y definitivo. Dio al mundo una configuración provisional, abierta a la transformación y a la plenitud que vendrá con la renovación final.

Dicen los Padres, por ejemplo, san Irineo, obispo de Lión, que el Dios previó que los hombres pecarían y por eso desde el principio hizo una creación que fuese menos buena que aquella en que se convertirá cuando será renovada. Y dentro de la creación ha dado figuras, planos, que estarán después de la renovación del universo. Dicen los Padres de la Iglesia, como san Ireneo, obispo de Lyon, que el Dios, previendo la caída del hombre, creó desde el principio un mundo «menos bueno» que aquel en el que se convertirá tras su renovación. Esta creación inicial contenía figuras y planos que anticipaban la gloria futura del universo renovado. Por ejemplo, en el libro del Apocalipsis, el evangelista Juan escribe: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no estaba más [es decir, el mar que es el símbolo de la situación caótica que había dominado a toda la icumeni-tierra habitada no existe ya]” (Ap 21, 1-2).

Atención: cuando decimos “pasaron”, no queremos decir que se han puesto a un lado para que algo nuevo ocupe su lugar -lo cual sería incomprensible-, sino que todo lo creado pasará de una forma a otra, y de la corrupción a la incorrupción.

Repito la misma creación, el cielo y la tierra pasan a la incorrupción y a una inmensa belleza. Es sabido que el mar constituye un elemento fundamental, al menos sobre nuestra tierra; es esencial, porque mantiene la vida. Si falta el agua, ¿cómo se sostendría y se mantendría la vida? La mención de que «el mar ya no existía» puede interpretarse simbólicamente. En la cosmología bíblica, el mar representa el caos y las fuerzas del desorden. Su desaparición en la visión apocalíptica simboliza la eliminación definitiva del mal y el establecimiento de un orden divino perfecto. Así, la creación no será aniquilada, sino transformada, metamorfoseada y llevada a su plenitud en la renovación prometida por Dios.

Por lo tanto, significa que tenemos un nuevo modo de vida y una nueva creación. Apuntad una cosa más, en otro punto del  libro del Apocalipsis dice: “No he visto en ninguna parte el sol, ni la tierra”. Esto muestra que la nueva creación, posiblemente no tendrá la forma esférica que tiene ahora el cosmos-mundo tal como lo sabemos. Porque el universo entero está constituido con galaxias, estrellas, etc., billones de billones, todas estas están de forma esférica y se mueven circundantemente.

¿Cómo será esta nueva creación?

Podemos decir, como afirma el apóstol Pablo: «Lo que el ojo no vio, lo que el oído no oyó, lo que ninguna inteligencia y mente humana imaginó, eso preparó Dios antes de la creación del mundo para los que le aman» (1Cor 2:9). Será un nuevo mundo, y este nuevo mundo será la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios. Tendremos la misma naturaleza, pero en estado incorruptible e inmortal. Nuestra figura no cambiará; permanecerá como es, tal como la figura de Jesús Cristo, quien está ahora incorruptible e inmortal -si se me permite expresarlo así-, pues Cristo permitió que su cuerpo muriera en la cruz.

La naturaleza de Cristo, desde el principio, era incorruptible e inmortal, pero asumió un estado de kénosis (vaciamiento). Y la nueva naturaleza que contemplamos no es realmente “nueva”; es aquella que existía desde el principio, pero que se manifiesta como nueva tras la resurrección, siendo incorruptible e inmortal.

Además, después de Su resurrección, Jesús pide ser tocado y que vean las marcas de los clavos; come, aunque no necesita hacerlo, para certificar que es Él mismo y que conserva la misma figura: no ha cambiado. Sin embargo, en el Nuevo Testamento encontramos algunos pasajes en los que, aunque lo reconocen y dicen «es el Señor», no se atreven a preguntarle: “¿Tú quién eres?”, porque se manifiesta de otra forma, como nos dice el evangelista Marcos. Es decir, es algo nuevo: entra y sale sin necesidad de que se abran o cierren las puertas, y, a pesar de ello, sigue siendo el mismo.

Así también los hombres serán renovados, pero conservarán su figura. Ya no habrá necesidad de género; no podemos hablar de bodas, porque Cristo lo dejó claro: “En la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios no hay boda ni matrimonio” etc. Por lo tanto, vemos que se nos promete un nuevo cosmos, un mundo transformado. Quien cree en Jesús Cristo, cree en este nuevo mundo.

El Señor se refirió a este nuevo mundo con la palabra παλιγγενεσία (paliyenesía), que significa recreación o nueva génesis. Dijo: «Estaré con vosotros en la paliyenesía» (Mateo 19:28), es decir, en la recreación del mundo. Así, nuestro mundo será hecho nuevo.

Esto responde a la pregunta. (22,1´)

  1. ¿Cómo será el paraíso?

Os dije anteriormente que el paraíso se diferencia de la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios. El paraíso es el lugar donde se encuentran las psiques-almas, solo las almas. Obviamente, gozan de la doxa (gloria increada) de Dios y de la θεωρία (zeoría: contemplación, expectación) de Cristo, de Dios. Pero esta bienaventuranza no es plena, sencillamente porque falta el cuerpo. Estas almas están esperando la resurrección de los muertos, aunque ya estén en el paraíso. Es una especie de agonía, una inquietud o una búsqueda, por decirlo de algún modo. Esto lo encontramos en la Sagrada Escritura, en el libro del Apocalipsis.

Cuando el apóstol Pablo fue arrebatado hasta el tercer cielo, es decir, fue llevado al paraíso, él mismo lo dice claramente en su carta a los Corintios. Afirma que vio y experimentó cosas en el paraíso, y se pregunta, dos veces, si fue con el cuerpo o sin él: “¿Con el cuerpo o sin el cuerpo? No lo sé; Dios lo sabe” (2Cor 12:2-3).

Dice que ha visto y vivido cosas en el paraíso. Sobre todo, se pregunta si realmente se fue somáticamente o no. Lo menciona dos veces: “¿con mi cuerpo o sin mi cuerpo?. No lo sé, el Señor lo sabe”. Es decir, se encuentra en un estado en el que no tiene autoconciencia de su existencia, y se cuestiona si solo está el cuerpo o si también está la psique-alma junto con el cuerpo. Esto se dice en honor a la Santa Escritura, que no menciona nada al respecto. Y Pablo dice: “No es posible, pero tampoco permitido, hablar o decir sobre aquel estado o situación”.

El mismo apóstol Pablo dice que, si os hablara de aquellas cosas que existen -y que, en cierto modo, se supone que alguien pudiera contarlas, aunque no se pueden expresar-, os explicaré por qué no puedo hacerlo: si las dijera, me tomaríais por un ser superior, y no sé cómo os comportaríais conmigo. Para que eso no ocurra, tampoco yo os lo digo. Pero Dios me ha dado un ‘parásito’, un ángel de Satanás que me tienta y no me deja levantar cabeza, para que no me enorgullezca.

Así que Dios toma precauciones: le muestra el paraíso, pero también le da una tentación. ¿Qué tentación? Pruebas. El diablo se burla y desprecia al apóstol Pablo únicamente para que no se enorgullezca. Él mismo dice: no es posible para el ser humano expresar aquellas cosas que «ojo no ha visto, oído no ha escuchado, ni corazón ha deseado o sentido».

Hijos míos, aquellas que existen allí son increadas. En este mundo en que vivimos, habitamos entre cosas importantes y admirables, pero creadas. Y lo creado se puede describir. En cambio, lo increado, cuando se manifiesta dentro del campo de lo creado (como la luz o las energías increadas), sólo puede ser percibido por el νούς nus -el ojo o energía del corazón de la psique-alma- pero no puede ser descrito con logos y palabras.

Así, podemos entender esta frase de Pablo “que no es posible para uno describir aquello que el Dios ha preparado para los que le aman”, no se pueden hablar, es imposible explicarlas. Por eso en la Santa Escritura no hay descripciones del otro mundo y si existen como son en el libro del Apocalipsis, las descripciones se hacen con lenguaje simbólico e iconas, imágenes simbólicas.

Dice que «he visto la Βασιλεία (vasilía: realeza) increada de los Cielos, la Jerusalén celestial, con una muralla de oro». Obviamente, la realeza increada de Dios no está hecha de oro ni tiene muros literales. Estas son iconas simbólicas que expresan, de algún modo, cómo una persona puede acercarse por un momento a esa realidad y describir, aunque sea en parte, esas cosas y realidades increadas.

Apuntad una cosa más: una cosa es el Paraíso y otra, la Βασιλεία Realeza increada de Dios. El Paraíso es un estado de la psique-alma y espacio de los espíritus buenos, de las psique-almas que esperan la resurrección. Cuando resucitemos y recuperemos nuestros cuerpos -si Dios quiere y nos llama-, entonces entraremos en Su Realeza increada. Si el Paraíso ya es algo indescriptible, ¿cuánto más lo será la Realeza increada de Dios?

Sólo os digo esto: la Βασιλεία Realeza increada de Dios será este mundo transformado, metamorfoseado, un cosmos totalmente nuevo. Y en ese nuevo mundo se incorporarán nuestras nuevas existencias. Así que, no podemos tener absolutamente ninguna icona, ninguna imagen, sino sólo creer que Dios ha preparado, como dice Su Espíritu, “cosas grandiosas para aquellos que lo aman”.

Esto en cuanto a esa pregunta. (20, 37´)

  1. ¿Por qué el Dios hará inmortales también a los pecadores?

Es cierto que muchos pecadores desearían no ser inmortales. Además, la idea de que los hombres pecadores morirán definitivamente -es decir, que desaparecerán, se convertirán en nada o dejarán de existir- es una enseñanza constante del milenarismo (como en los Testigos de Jehová), especialmente del nuevo milenarismo. Es decir, según ellos, el pecador no resucitará. ¿Y saben de dónde sacan esta idea? Del Salmo 1, que en realidad no tiene nada que ver con lo que ellos sostienen.

Incluso se basan en aquella palabra πνεῦμα (pnévma: “espíritu” o “aire” según contexto), en la frase: “Como la flor del campo, pasó el pnévma y se marchitó”. Pero πνεῦμα, en la Santa Escritura, tiene varios significados. En este caso específico, significa “aire” o “viento”. Tal como decimos coloquialmente: pasó el aire cálido, el ábrego, y secó las flores.

Esto os lo digo para que comprendáis la terrible mala interpretación que hacen estos grupos. Además, afirman que el pecador será resucitado por Cristo y que entonces Él le preguntará si quiere volver a la μετάνοια metania arrepentirse. Si responde que no, entonces -según ellos- será reducido a la nada. Obviamente, sería absurdo que alguien no se arrepintiera en ese momento. Por tanto, podéis ver claramente la incoherencia y falta de lógica en las ideas de estas personas

Sin embargo, la pregunta es, ¿por qué el Dios hará inmortales también a los pecadores?

Queridos míos, debemos saber que el Dios lo que hace, lo hace desde la nada o cero. Sólo Él es autoexistente. Antes de su acción creadora, no existía absolutamente nada: ni los santos ángeles -pues son criaturas-, ni la creación visible, ni la lógica ni la ilógica. Todo fue creado ex nihilo, desde el cero.

Ahora bien, como todo fue creado desde el cero, podría -en teoría- volver al cero, pero esa relación con la nada sólo la tiene Dios. Os pregunto: ¿acaso nosotros podemos anular completamente algo del mundo material? Por ejemplo, ¿podemos hacer que un átomo, un fotón o un electrón se conviertan en nada, en cero absoluto? Es imposible. Si los transformamos, lo digo a grosso modo, se convierten en otra cosa, pero no desaparecen por completo.

Por tanto, si ni siquiera lo material puede volverse nada, entendemos que la capacidad de devolver algo al cero pertenece exclusivamente a Dios. Pero Dios no es como nosotros, que decimos y nos desdecimos. El Dios no se contradice. Lo que crea, lo hace con propósito, y aunque lo renueve, no lo anula.

Así pues, como todas las creaciones de Dios son «muy buenas» (Génesis 1,31), ninguna volverá a la nada, sino que serán renovadas. Incluso el más pequeño átomo, durante la renovación del mundo, no se convertirá en cero. Absolutamente nada se hará inexistente.

La Escritura lo afirma con claridad: «Esperamos una renovación total, un cielo nuevo y una tierra nueva», como lo anuncian san Juan el Evangelista, san Pedro, el profeta Isaías, los Salmos, y otros muchos pasajes bíblicos. Se habla de renovación del universo, pero nunca de anulación. Y si nada creado vuelve al cero, tampoco lo harán los pecadores.

Además, pensemos en la justicia de Dios. Cometemos un error si creemos que Dios es solamente agapi (amor incondicional). Es cierto que la agapi-amor de Dios se manifiesta mientras existe el mundo. Pero cuando termine la historia, entonces también se expresará Su justicia.

No olvidemos que la justicia de Dios es parte esencial del misterio trinitario y de la βασιλεία realeza increada de Cristo. Como Rey del universo, ejercerá Su justicia. Y esto no tendría sentido si los pecadores desaparecieran completamente. Si alguien se convierte en cero, ya no hay autoconciencia, y por lo tanto, no puede experimentarse y manifestarse la justicia divina.

Un ejemplo, imaginemos que alguien desea vengarse de su enemigo. Se esconde en una esquina de la calle con un arma, lo mata y se dice a sí mismo: “Me he vengado de él.” El que ha muerto, ¿tiene conciencia de que ha sido vengado? No, porque no ha tenido tiempo de comprender el motivo de su muerte. Por lo tanto, ¿dónde está el concepto de “me he vengado de él”? No existe.

Aún más, recordad la parábola del rico y Lázaro, en la que el rico, estando en el tormento, dice: “Estoy sufriendo en este fuego…” (Lc 16, 19-31). Esto muestra que tiene memoria de su vida terrenal, de sus parientes. ¿Qué significa esto? Si no tuviera memoria, podría preguntarse: «¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Y por qué?» La memoria justifica la justicia de Dios. Si pierdo mi cabeza, mi lógica y me castigan, no me preguntaré, “¿por qué me castigan?” Así, debemos tener no solo existencia, sino también una percepción clara y un entendimiento consciente de esa existencia.

Por lo tanto, el Dios no vuelve nada a cero. Su justicia se debe manifestar. Así, tanto el pecador como el justo no son inmortales por naturaleza, al igual que la psique-alma humana no es inmortal por naturaleza. Uno podría decir que la psique-alma es inmortal, pero, aunque la psique es inmortal, es una creación de Dios, al igual que el cuerpo. Y como toda creación, podría tener un final. Sin embargo, Dios no quiere que la vida tenga un final en el sentido de ser aniquilada, sino que Él desea que sea inmortal. La inmortalidad de la psique-alma existe porque Dios lo ha dispuesto así.

Aún más, un teólogo contemporáneo (refiriéndose a san Agustín Pópovits) dice algo muy bello y significativo: “Los pecadores, con la Crucifixión, condenaron a Dios a muerte; y Dios, por su parte, los condena a la inmortalidad.” Es decir, les condena a ser inmortales para siempre, sin poder, por mucho que lo deseen, hacerse cero o desaparecer. Nunca podrán hacerlo. ¡Es algo tremendo! ¡Es terrible la condena a la inmortalidad!

Por eso, queridos míos, tengamos cuidado, porque esto lo ha dicho Dios. No queremos encontrarnos en la eternidad como condenados, sino en la eternidad de la vida eterna e inmortal, no en la del infierno, sino en la de la βασιλεία realeza increada de Dios. Y no olvidéis que no solo los crucificadores de entonces fueron los que condenaron a Dios a muerte; las personas de cada época son, en cierto sentido, los crucificadores de los siglos.

¿Queréis que os lo demuestre? Pues bien, en los últimos años, y esto comenzó en el siglo XIX, especialmente en Europa, se comenzó a predicar la muerte de Dios. ¡Dios ha muerto! Incluso Kant lo dijo, y la metafísica moderna también explica que Dios ha muerto. Así que, de alguna manera, estáis condenando a Dios a la inexistencia, a la muerte, pero Él, en cambio, os condenará a una existencia inmortal, castigadora y sufriente.

Esto es lo que proclama la justicia de Dios, es decir, el axioma real de Cristo. Estas realidades son para que entendáis esta duda. (26,1´).

  1. ¿El anticristo puede tomar una u otra forma, por ejemplo, la misma forma de Cristo?

Sí, tomará la forma de Cristo. Y cuando decimos “forma”, os pregunto: ¿sabéis cuál es la forma de Cristo? Me diréis, “la que vemos en el icono”.

Hijos míos, la verdadera forma de Cristo no la conocemos. Porque, en cuanto a sus características somáticas, la Santa Escritura no nos da ninguna descripción precisa, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Es cierto que el Antiguo Testamento habla de la belleza, pero se refiere más a cualidades interiores que exteriores. No hay ni una sola palabra en el Nuevo Testamento que nos describa cómo era Cristo físicamente: si era bajo o alto, rubio o moreno, etc. No dice absolutamente nada al respecto.

Las características de Cristo que conocemos no son las exteriores, sino las interiores. Estas cualidades nos han sido apocaliptadas-reveladas para que sepamos que Él es el Hijo de Dios, el Mesías. Es decir, es el que está lleno de agapi (amor) y de obediencia a Su Padre con Su naturaleza humana; es el que murió en la cruz para nuestra salvación…

Todas estas son las características del auténtico Cristo, el Mesías. ¿Qué hará el anticristo? Según el Antiguo Testamento, para aparecer y engañar a los hebreos, sus características serán las mismas a las que se refiere el Antiguo Testamento, pues intentará imitar a Cristo. Se presentará como un filántropo, lleno de agapi e interés, etc., etc. Por eso san Agustín de Hipona dice que el anticristo será como un “mono de Cristo”, es decir, tratará de imitar a Cristo.

Supongo que conocéis el mito de Esopo, que dice: Un burro se puso la piel de un león y apareció en medio de sus compañeros, asustándolos. Todos comenzaron a correr. Entonces, un pequeño burrito gritó: «Compañeros, este tiene orejas grandes como las nuestras, no es un león.» Al oír esto, todos comprendieron que no era el león y, al final, volvieron y le dieron una buena paliza. Este es el relato del mito de Esopo.

Así, por mucho esfuerzo que haga el anticristo para aparentar virtud, filantropía, agapi, realizar milagros e incluso resucitar algunos muertos, todo esto será mediante la magia de Satanás. Su verdadero rostro, sin embargo, se manifestará después de un tiempo, probablemente después del primer año, y entonces se comportará de manera tiránica y cruel.

¿Entonces qué creen? ¿Acaso no dejará huellas y señales evidentes para que los hombres puedan ver y comprobar que él no es el Cristo?

El otro día, alguien planteó una pregunta: “No vaya a ser que nos confundamos… etc., etc.” Hijos míos, atención, porque el Cristo nos ha dado muchas señales y signos. Yo os diré uno de ellos, que es muy importante y fundamental: El evangelista Juan ve en las profecías a tres bestias. La primera es, en realidad, el diablo; la segunda es el anticristo; y la tercera es el pseudoprofeta. La tercera bestia, el pseudoprofeta, viene de la tierra, es decir, es un hombre común, nacido de un padre y una madre. Este hombre, por tanto, procederá de la tierra, lo que significa que, como nosotros, provenimos de la tierra. No venimos del cielo, no habitamos en el cielo, y no descendemos a la tierra desde allí.

Sin embargo, el Cristo dijo que Su presencia será desde el cielo, que Él vendrá desde allí. Así que, cuando se dice: “he aquí el Mesías”, pero no veo nada que descienda del cielo, esto es una señal. El Cristo dijo que Su presencia será tan brillante y manifiesta como el relámpago que va de oriente a occidente. Por lo tanto, si no veo nada en el cielo, no es el Cristo, no es el Mesías verdadero, es un pseudomesías.

Probablemente, ya que a lo largo de la historia muchos se han presentado de esta manera, el último pseudomesías será el anticristo.

Hay algo más que dice San Cirilo: Precederá a Cristo y veréis la señal de la cruz en el cielo. Esto lo dijo Cristo: que verán la señal del Hijo del Hombre. Esta señal es la Santa Cruz. Como muy bien saben los Testigos de Jehová, ellos no aceptan la señal de la cruz. Los masones también tienen el símbolo de la cruz, pero le dan otro significado, cualquier otro, menos el real. Esta señal, ellos no la aceptan, no creen en ella.

Pero lo que no aceptan, y es por divina economía que no lo aceptan, aparecerá en el cielo. Esta señal precederá al Hijo del Hombre cuando venga para juzgar al mundo. ¿Quieren una señal? Pues, el Cristo vendrá desde el cielo, y precederá la Santa Cruz.

¿Es grande esta señal? Pues sí, grandísima. Si uno quiere, lo sabe, lo cumple y tiene cuidado, de ninguna manera será engañado.

Esto también responde a esta duda.

  1. ¿Uno que muere y está en el paraíso ve lo que pasa aquí en la tierra?

No, está en su espacio o lugar. Y si lo quisieran, nunca desearían ver la tierra, esta terrible tierra nuestra, con sus problemas y sus pecados. Así, los hombres que están en el paraíso oran por nosotros, pero nunca desearían ver la penuria de la tierra.

  1. ¿Puede el hombre volver a la μετάνοια metania (cambio de mentalidad, arrepentirse) después de la muerte?

Después de la muerte el hombre no puede hacer metania, (es decir, cambio de mentalidad, arrepentimiento y confesión). En concreto, el ser humano queda fijado en el estado espiritual en el que se encontraba al momento de abandonar esta vida. Cuando la Santa Escritura afirma que no existe metania en el Hades, no significa que Dios no perdonaría a alguien que se arrepintiera, sino que no es posible la metania en el Hades. Del mismo modo, tampoco es posible para el diablo; él jamás se arrepentirá ni cambiará.

Algunos, como los seguidores de la enseñanza errónea de Orígenes sobre la apocatástasis (la restauración final de todos los seres), sostienen que incluso los demonios serán finalmente restaurados y volverán a ser ángeles luminosos. Sin embargo, esto es falso. Para que haya perdón, debe existir también metania como condición previa. Si después de la muerte no hay posibilidad de metania, ¿cómo habría entonces perdón?

Los demonios, hijos míos, no pueden arrepentirse. Por eso el Señor afirmó que el infierno es eterno. Y la palabra “eterno” aparece en el mismo Evangelio, en el mismo capítulo, en la misma frase donde se habla de la vida eterna: “… y se irán estos al infierno, tormento eterno y los otros a la vida eterna” (Mt 25,46).

Prestad atención, si se interpreta que la palabra “eterno” es relativa y que, por tanto, el infierno un día terminará, entonces también debería ser relativa la vida eterna en Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios. Pero no es así. Ambas realidades /el castigo eterno y la vida eterna/ son descritas con la misma palabra, y ambas son verdaderamente eternas e interminables. Tengámoslo bien claro.

Por consiguiente, repito: no es que Dios no perdonaría, sino que no es posible la metania después de la muerte. Ahora bien, si alguien pregunta: “¿Por qué Cristo descendió al Hades y permaneció allí tres días? ¿Y por qué lo precedió san Juan el Bautista?” -la respuesta es esta: San Juan, aquí en la tierra, predicó el kerigma de la metania, pero en el Hades predicó el kerigma de la fe. Así lo afirman también sus troparios litúrgicos: que el Mesías venía. Uno de ellos, bellísimo, dice: “Viniste y descendiste hasta el Hades para encontrar a Adán.”

La iconografía ortodoxa representa precisamente esto: a Cristo descendiendo al Hades, levantando a Adán y a Eva de entre los muertos.

Atención con este punto: en el Hades no hay metania, pero sí se anunció la fe en la Persona de Cristo. ¿Quiénes creyeron allí? Aquellos que, si Cristo hubiera venido en su época, habrían creído en Él. Es decir, según la disposición interior y la libre voluntad de cada uno. En cambio, quienes no habrían creído en vida, tampoco creyeron en el Hades.

Así, Cristo se llevó consigo a los justos y a los que creyeron en Su nombre, y los condujo al Paraíso. Es decir, transformó una parte del Hades en Paraíso.

Por tanto, vemos claramente que después de la muerte no hay posibilidad de metania; hay una “congelación” de la psique humana en el estado espiritual en que se hallaba al partir de esta vida. Por eso, debemos aprovechar el tiempo presente, arrepentirnos y confesarnos mientras todavía tenemos abiertos los ojos y respiramos. (27,43´)

  1. Sabemos que el Hades se encuentra debajo de la tierra y Dios está en el cielo. Si aceptamos que Dios está entre nosotros, y que las almas de los muertos están en Él, ¿significa esto que se hallan entre nosotros, debajo de la tierra como los pecadores, o en el cielo como los justos? Si no es así, ¿dónde van entonces las psiques-almas de los muertos?

Hijos míos, atención. Siempre ha existido la imagen o representación de que el Hades se encuentra en las profundidades de la tierra, pero sin duda, el Hades no está literalmente en la tierra. Incluso en nuestra himnografía encontraréis imágenes y cantos como: “Descendiste a lo más profundo de la tierra”, en referencia a Cristo cuando bajó al Hades. Pero no debemos tomar esto de manera literal. En la oda de Jonás, por ejemplo, cuando fue tragado por el cetáceo y estuvo en su vientre, llama a ese lugar «Hades». Es una imagen, una figura que simboliza un sitio oscuro, separado de la luz, aislado también de los hombres y de la comunión con ellos.

Por lo tanto, aunque Dios es ciertamente omnipresente, ni el Hades está en la tierra, ni el Paraíso al que van ahora las psiques-almas, ni tampoco la Βασιλεία Realeza de Dios. Estas realidades no están en ubicaciones físicas según nuestra comprensión material, sino que pertenecen a un orden espiritual. Existe un discernimiento entre la Realeza increada de Dios y el Paraíso. El Paraíso es el espacio o estado donde se encuentran las almas-psiques de los justos que esperan la resurrección. Estas psiques-almas, en el tiempo final, se unirán con sus antiguos cuerpos ya renovados, y entonces, juntas, entrarán en la Realeza increada de Dios. Por tanto, el Hades no está literalmente en la tierra, ni el Paraíso en las nubes.

¿Dónde están el Paraíso y el Hades? Sólo lo sabe Dios. Es algo que no podemos definir ni ubicar con precisión. Lo que sí sabemos es lo siguiente: el Hades es un estado o espacio de oscuridad, de ausencia de Dios, donde van las psiques-almas de los pecadores. No es aún el infierno, sino un presabor de él

El Paraíso, en cambio, es un espacio o estado de luz, de comunión con Cristo, aunque no en plenitud, porque falta el cuerpo. Ya lo dijimos anteriormente: los gnósticos enseñaban erróneamente que el principio del mal es el cuerpo o la materia. ¡Qué lejos están de la verdad! El cuerpo no es la causa del mal, sino que la raíz del mal es la libre voluntad, la preferencia humana mal orientada.

Así pues, el cuerpo resucitará y co-reinará con la psique-alma por los siglos de los siglos en la Βασιλεία Realeza increada de Dios. Y si queréis más, veremos con nuestros propios ojos al Jesús Cristo glorificado, tal como dice la Escritura: “…lo veremos, lo contemplaremos con nuestros ojos tal como es” (1Jn 3,2). Lo veremos con ojos y cuerpo renovados, incorruptibles e inmortales, aunque será el mismo cuerpo que hemos recibido aquí en la tierra.

En resumen, no conocemos la ubicación del Paraíso ni del Hades. Lo que sí sabemos es que Dios, siendo omnipresente, está en todas partes: está también en el Hades, pero allí no manifiesta su presencia; está en el Paraíso, y allí sí la manifiesta; y en Su Βασιλεία Realeza increada, se apocalipta-revela plenamente con toda su doxa gloria increada. Esto es lo que tenía que contestar a esta serie de preguntas. (10,48´) Amín

El Yérontas Mitilineos Copyright: Monasterio Komnineon de “Dormición de la Zeotocos” y “san Demetrio” 40007 Stomion, Larisa, Fax y Tel: 0030. 24950.91220 Fuente: https://arnion.gr/ y https://athanasiosmytilinaios.blogspot.com/

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

 

 

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