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Abr 12 2025

Domingo de Ramos

 

ΚΥΡΙΑΚΗ ΤΩΝ ΒΑΪΩΝ

Domingo de Ramos, Juan 12:1-19

12:1 Seis días antes de la Pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había muerto y al que había resucitado de entre los muertos.

2 Y le ofrecieron una cena allí; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban en la mesa con él.

3 Mientras tanto, María tomó una libra de mirra de nardo puro, de mucho valor y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó de olor de la mirra. Esto lo hacía por la profunda fe que tenía al Salvador y por agradecimiento hacia él, por haber resucitado a su hermano.

4 Entonces Judas el hijo de Simón el Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:

5 “¿Por qué no fue vendido este perfume por trescientos denarios y dado a los pobres?”

6 Pero esto lo dijo no porque tenía algún interés para los pobres, sino porque era ladrón; y como llevaba él la bolsa, sustraía de lo que echaban en ella.

7 Entonces dijo Jesús: «Déjala, lo ha guardado para el día de mi sepultura.

8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros y podréis hacer caridad, pero a mí no siempre me tendréis».

9 Gran multitud de judíos supieron que Jesús estaba allí y acudieron, no sólo por él, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.

10 Después de eso los sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro.

11 Porque a causa de él muchos judíos fueron a Betania para asegurarse que Lázaro había resucitado de los muertos y cuando lo confirmaban, creían en Jesús.

Entrada triunfal en Jerusalén 12:12-19.

12 El día siguiente, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, habiendo oído que Jesús llegaba a Jerusalén,

13 tomaron ramos de laurel y salieron a su encuentro clamando: “¡Hosaná, gloria y honor, bendito él que viene en nombre del Señor!  ¡El verdadero Rey de Israel!”

14 Y encontró Jesús un asno, montó sobre él, como está escrito en el profeta Zacarías:

15 No temas Jerusalén, hija de Sión, mira, tu rey viene montado sobre un mulo de asna, no como un tirano o conquistador, sino humilde, dulce y pleno de agapi para ti.

16 Qué significado tenían estos logos y acontecimientos, los discípulos no los entendieron entonces; pero cuando Jesús fue glorificado por su resurrección, entonces se acordaron que todas estas cosas estaban escritas sobre él y así habían ocurrido.

  1. «Qué sentido y significado tenían estos logos de Zacarías, los discípulos no los comprendieron entonces durante su gloriosa entrada. Pero cuando Jesús fue glorificado por su triunfal resurrección y gloriosa ascensión, entonces fueron iluminados por la χάρις gracia energía increada del Espíritu Santo y recordaron que estos logos proféticos sobre Jesús estaban escritos por el Espíritu de Dios. Y para el cumplimiento de esta profecía precisamente cooperaron todos ellos sin darse cuenta».

17 Y durante aquel gran recibimiento, los que estuvieron presentes con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y le resucitó de entre los muertos, daban ahora testimonio de este milagro.

18 Por eso también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que él había realizado aquel gran milagro.

19 Pero los fariseos dijeron entre sí: “Ya veis que no nos beneficiamos en nada por retrasar su detención. Mirad que todo el mundo va tras él”.

 

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DOMINGO DE RAMOS

Padre Jorge Dorbarakis

Hoy es Domingo de Ramos hoy y nuestra iglesia celebra la entrada triunfal de Jesús Cristo en Jerusalén. Una gran cantidad de personas se había reunido en la ciudad, no solo para ver el Cristo, sino también a su amigo Lázaro, que había resucitado hace unos días. Jesús Cristo entraba montado en un mulo, precedido por sus discípulos, mientras la multitud llevaba en sus manos ramos de palmera, arrojaba sus mantos y lo aclamaba con estas palabras:
¡Hosanna! (gloria, gracias y honor) al que viene en nombre del Señor. ¡El verdadero Rey de Israel! (Jn 12,13). La ciudad realmente fue sacudida por el pulso y la multitud de los reunidos, grandes y pequeños, hombres, mujeres y niños. Pero este acontecimiento crea problemas y dudas de las que dos veremos y comentaremos.

  1. La misma multitud que hoy ovaciona y alaba al Señor, ella misma en pocos días, conducida por los líderes judíos y sus seguidores, se alzarán contra Él y gritarán maniáticamente: ῾ἆρον, ἆρον, σταύρωσον Αὐτόν! fuera llévenlo de aquí, no queremos ni verlo, crucifícalo, crucifícalo”, (Jn 19,15). Y eso quiere decir que uno no puede tener mucha confianza en las manifestaciones de la multitud. Esta se deja arrastrar fácilmente y se tambalea cuando aparecen especialistas en demagogia. Y esto ocurre porque, desgraciadamente, la característica predominante de la multitud es la falta de sano juicio. Muchos, por regla general fanáticos reunidos, no ponen en funcionamiento sus cerebros y sus νούς (nus: espíritu del corazón). Se entregan en manos de unos pocos que buscan manipularlos, expertos en exaltar emociones e impulsar las pasiones más oscuras. Por eso el Señor no dio, y por regla general, no daba importancia particular a estas manifestaciones triunfales de la multitud sobre Él. “Él no confiaba en ellos, porque Él es conocedor de todo. Porque conocía cómo funcionaban y pensaban sus corazones y su nus”.
  2. La multitud que aplaudía y aclamaba al Señor, vitoreaba a alguien que Su verdadera imagen no era esta que pensaba la gente.

¿Qué queremos decir con esto?

Principalmente los judíos de los dos últimos siglos antes de Cristo -y por lo tanto todos los reunidos allí, incluso los mismos discípulos de Cristo-, esperaban un Mesías que vendría como triunfador, como un rey poderoso que descendiera del cielo trayendo consigo riquezas y ejércitos, que expulsara a las fuerzas militares de ocupación, en este caso a los romanos.

Las profecías de los profetas del Antiguo Testamento, principalmente de Isaías, sobre el Mesías hablaban de un “siervo sufriente de Dios”, alguien que sería castigado por los hombres, las habían olvidado o más bien las habían tergiversado. Un Mesías paciente y sufriente era considerado como escándalo y blasfemia. Evidentemente era contrario también a la omnipotencia de Dios. Uno debería cambiar radicalmente, convertirse y entrar en el espacio de la χάρις (jaris: gracia increada) de la llamada de Cristo, para poder verle como realmente es: como Hijo de Dios que se hizo hombre y debería sufrir, padecer para sanar y salvar la humanidad caída en el pecado. Un Dios encima de la Cruz no puede caber en la lógica de cualquier hombre ni siquiera en la del judío, y siempre será, como decía San Pablo, “escándalo para los judíos y locura para los griegos”.

  1. Las cosas anteriores que realmente inquietan, también funcionan ejemplo para nosotros.

Lo primero es que no debemos tener como criterio la opinión de muchos, especialmente cuando estos se mueven y se comportan al nivel de la multitud como masa, porque desgraciadamente la mayoría de las veces siguen “el camino ancho que lleva a la perdición”. El Dios y Su santa voluntad es el elemento regulador de la vida del cristiano, sobre todo cuando esta voluntad es conocida también desde la primera apocálipsis/revelación de Dios, en el espacio del Antiguo Testamento; pero mucho más claramente después tras la venida de Jesús Cristo, nuestro Dios hecho hombre. “Caminad conforme la voluntad de Dios” nos exhorta san Pablo, por supuesto siguiendo lo que el mismo Señor decía: “…hágase tu voluntad” y “bienaventurados y felices los que escuchan, aplican y cumplen el logos de Dios”. En este caso el Cristiano se convierte verdadero discípulo y seguidor de Cristo; y esto quiere decir que está preparado a enfrentarse con el mundo caído al pecado y sometido al diablo; por lo tanto, debe estar preparado también a subir a la cruz junto con El. Cristo nos dice: “Si a mí me han perseguido, a vosotros también” y “Todos los que quieren vivir en la fe y piedad en Cristo serán perseguidos”.

Lo segundo que siempre debe inquietarnos es si la imagen de Jesús Cristo que tenemos ya nosotros los cristianos, es realmente esta que ha revelado-apocaliptado Jesús Cristo. Esto porque muchas veces esta imagen es distorsionada por nuestras opiniones. Lamentablemente, no son pocas las veces que nuestro criterio personal es lo que tiene la prioridad, como lo demuestra la trágica historia de las herejías. Los diversos heréticos durante siglos exactamente eso es lo que hacían: ponían y sometían bajo su propio juicio y criterio lo que el Logos de Dios apocaliptaba-revelaba. En lugar de dejarse juzgar por Dios, lo juzgaron a Él. Y así tergiversaron su imagen, convirtiendo a Cristo en una mera idea de sus mentes, y no en una realidad histórica. En vez de ser juzgados por Dios, juzgaban ellos a Él.

El arrianismo, el nestorianismo, el monofisismo y aún hasta los iconoclastas (contrarios a las iconas), son muestras y ejemplos clásicos de estas desviaciones respecto a la verdadera persona de Cristo.

¿Qué es lo que mantiene la verdad de Cristo y, por ende, nos mantiene “abiertos” a la realidad de Su relación?

Sólo la Iglesia Ortodoxa y nuestra permanencia en Ella.

La Iglesia como cuerpo de Cristo conserva pura Su imagen y nos La ofrece tal y como fue revelada-apocaliptada.

Esto significa que debemos confirmar nuestra fe cristiana en la medida en que participamos activamente en la vida eclesial de la Iglesia. Vivir en la Iglesia, adherirse a su ritmo litúrgico a través de los oficios sagrados y seguir el ejemplo de los santos —hombres verdaderamente eclesiales— debe ser nuestra preocupación constante. En definitiva, no se trata de aclamar y aplaudir superficialmente a Cristo, sino de tener un profundo anhelo de escuchar la verdad de Su vida. Y eso nos conduce a una ética y un estilo de vida completamente distintos: nos manda a tomar una decisión de muerte de nuestro egoísmo, para poder participar en Su Cruz, lo que, a su vez, significa resucitar junto con Él desde el “aquí y ahora”. Amín.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης  Padre Jorge Dorbarakis

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

 

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