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Mar 22 2025

Domingo III de cuaresma, veneración de la Cruz

 

Domingo III de cuaresma, veneración de la Cruz (Mar 8,34-9,1)


34 Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese de sí mismo, tome su cruz, y sígame. El que quiere seguirme como fiel discípulo mío, niéguese a su pecador sí mismo con sus debilidades y sus pazos, y que tome la decisión de que por mí sufrirá fatigas e incluso muerte por la cruz, y si quiere entonces que me siga en el camino que yo he marcado».

35 Porque todo el que quiera salvar su vida terrenal, éste perderá la vida eterna y bienaventurada; y todo el que sacrifique y pierda su vida por causa de mí y del evangelio, éste salvará su psique-alma y vida en la eterna felicidad y bienaventuranza.

36 Porque ¿de qué le vale al hombre ganar el mundo entero material, si pierde su psique-alma y vida? 

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su psique-alma, o para recuperar su psique-alma desde el Hades/Infierno, ya que el mundo entero no puede contrapesar el valor de la psique-alma

38 Porque el que, a causa de su egolatría y cobardía, se avergüenza y niega de mí y de mis logos en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él y le renegará y rechazará, cuando venga, como juez de los hombres, con la doxa-gloria luz increada de su Padre acompañado por los santos ángeles,.

9,1 Y les decía: «De verdad os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto la realeza increada de Dios, es decir, la Iglesia, instalarse y cimentarse en la tierra con la dinamis potencia y energía increada del Espíritu Santo, durante el día del Pentecostés».

Domingo III de cuaresma, veneración de la Cruz

Jristakis Efstazíu, Teólogo – Iglesia de Chipre

El verdadero hombre

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame». Este logos de Cristo Dios, viene a supervisar y derrocar los desatinos y los absurdos de mundo actual. Y esto porque nuestro Cristo nos invita a seguir un camino completamente opuesto al que el ser humano suele ser empujado por sus fracasadas y arruinadas aproximaciones racionalistas, las cuales vemos que finalmente lo dejan a merced de las formas más frías, duras y abominables de esclavitud.  

 Cadenas de esclavitud

Observamos que, muchas veces, el ser humano se atrapa a sí mismo en los engranajes fríos del egoísmo y la φιλαυτία (filaftía: egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egocentrismo). A través del pecado, cierra su corazón y se entrega al individualismo y la autodeificación. La crisis que pasa hoy la humanidad no es otra cosa que el resultado de esta trayectoria autodestructiva. En esta dirección, lo que acaba imponiéndose es la ley del más fuerte y la humillación de los débiles. Se promueve una cultura y civilización que, al final, vemos que se construye sobre el sacrificio de la persona humana en nombre de la imposición de duros y fríos intereses e indicadores económicos.

La esclavización del ser humano en todos los ámbitos de su vida se convierte, sin duda, en un martirio y tormento insoportable. En contraste, la exhortación de Cristo a renunciar a nosotros mismos, cargar con nuestra cruz y seguirlo, representa un rechazo a esta esclavitud e introduce al ser humano en el espacio de la verdadera libertad. En realidad, con estas palabras impactantes, Cristo nos llama a un camino en el que la persona se reivindica, se realiza y se dignifica como una personalidad verdaderamente libre. Nos invita a liberarnos de la esclavitud de nuestro mal carácter y yo egoísta, de este carácter que está dominado por egoísmo y la filaftía desmedida, para descubrir nuestro auténtico yo, que en su esencia en el fondo lleva impresa la imagen y sello de Dios.

Exactamente aquí en este punto, es importante destacar que la fuerza de Dios es su αγάπη (agapi: incondicional, desinteresado, emoción de la divina energía increada). Él la ofrece generosamente a su imagen, que es el ser humano, el hombre. Es por esto que, nuestra existencia se caracteriza por la entrega, el servicio y el sacrificio. Existimos para ofrecer, dar, no para tomar, saquear y destruir. Además, este es el sentido y significado de la “cruz”, que el Dios con su agapi-amor incondicional, ha colocado como cimiento de nuestra existencia y centro de nuestra vida.

Δύναμις Dinamis (Fuerza, potencia y energía) vivificante

Nuestra madre, la Iglesia, al establecer el Domingo de la Veneración de la Santa Cruz, nos presenta la cruz como símbolo de fuerza, esperanza y vida. Nos recuerda que la sanación y salvación que podemos seguir y el camino que conduce al encuentro con el Cristo resucitado, pasa a través de nuestra crucifixión. Esta crucifixión se descodifica en la vida del hombre como una muerte vivificante y una resurrección (despertar espiritual) con forma cruciforme, que desarrolla la vida en toda su autenticidad y en su sentido y su significado más profundo.

La exhortación de Cristo a seguirlo, renunciando a nosotros mismos y cargando con nuestra cruz, es una fuerte señal para descubrir la verdadera riqueza en nuestra vida. Nos permite comprender qué significa ser discípulos de Cristo. Las condiciones degradantes y de miseria que nos imponen los diversos tipos de Troikas (masones y mamones de Bruselas o de la CEE) de la época actual, sólo pueden sembrar pobreza, miseria y desgracia entre los hombres; sin embargo, el hombre al lado de Cristo, renunciando a su yo dominado por el pecado y cargando su cruz, puede sentir la nobleza más auténtica, aquella que ningún hombre puede arrebatar, ni «recortar», ni usurpar.

Queridos hermanos, cada uno de nosotros que siente la necesidad de saltar y escapar de los duros y fríos engranajes de una esclavitud insoportable, en la que nos atrapan los sistemas y modelos contemporáneos, no tiene más que atreverse a hacer de la exhortación de Cristo una experiencia de vida. Renunciar, negar a nuestro yo egoísta y ególatra y cargar nuestra cruz, en cuya profundidad emerge la autenticidad de la agapi (amor desinteresado). Esta abnegación se traduce en salir del ego y depositarnos con absoluta confianza en la αγάπη (agapi: incondicional, desinteresado, emoción de la divina energía increada) de Dios. En esta dimensión, el ser humano puede descubrir la verdadera riqueza de su vida, que está unida a su destino eterno como imagen auténtica de Dios. Amín.

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ            Jristakis Efstazíu, TeólogoIglesia de Chipre

LA CRUZ DE CRISTO COMO CONDICION DE LA RESURRECCIÓN

Lampros Skontzos, Teólogo –Profesor

En el tercer Domingo de cuaresma se proyecta la Santa Cruz para ser venerada por los fieles, con el fin de que encuentren en ella fortaleza y continúen su lucha espiritual hasta la Resurrección. Es una ocasión para recuperarse del agotamiento de los días anteriores y resistir victoriosamente los furiosos ataques del diablo en este período sagrado. La veneración de la Santa Cruz es el arma suprema contra el diablo y sus trampas. Es un trofeo irrepetible de la victoria contra las fuerzas adversas y el consuelo de cada hombre dolido.

La Cruz del Señor es el símbolo supremo de sacrificio y santificación en la fe cristiana, ya que su significado es realmente inmenso. La Cruz junto con la Resurrección, funcionan como dos ejes fundamentales sobre los cuales se mueve la vida de los cristianos. La Resurrección es después de la Cruz y la Cruz presupone y presagia la Resurrección, sin Cruz, no hay Resurrección. Sobre estos principios se basa la Teología de la Cruz y su enorme importancia para la vida de la Iglesia.

El gran Apóstol de las Naciones, Pablo, es el teólogo por excelencia de la Cruz, en sus epístolas de inspiración divina  repetidamente recalca que la Cruz de Cristo es su mayor orgullo y jactancia: “Yo, por mi parte, sólo quiero presumir de la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por la cual el mundo está crucificado y mortificado para mí y yo gracias a la Cruz del Señor me he crucificado y mortificado para el mundo”, (Gal 6,14); y “porque el logos sobre la cruz, para los que no creen y se pierden, es una necedad y locura; pero para nosotros, que nos salvamos, es dinamis poder, potencia y energía increada de Dios, como lo certifica también nuestra experiencia personal. el logos de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1Cor 1,18) El Señor de la doxa=gloria increada “por las manos de inicuos” fue clavado encima de la Cruz de madera, para sufrir el doloroso martirio de la crucifixión y morir como el peor de los criminales. Pero esta criminalidad y atrocidad humana, a causa de la infinita αγάπη (agapi: incondicional, desinteresado, emoción de la divina energía increada), funcionó beneficiosamente para el género humano asesino de Dios: “Dios muestra y confirma su agapi-amor incondicional para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo se sacrificó y murió por nosotros. Por tanto, con mucha más razón, justificados ahora por la sangre de su sacrificio, seremos salvos y librados por él de la ira futura y del castigo. Porque si, siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por medio de la muerte cruciforme de su Hijo, mucho más, una vez reconciliados, seremos salvados por medio de la vida de nuestro Jesús Cristo sacerdote y mediador, quien vive eternamente cerca de Dios.” (Rom 5,8-10).

Según la alta teología de San Pablo, la Cruz de Cristo, de ser un instrumento de ejecución deshonroso y cruel para criminales, se transformó, después de la muerte de Cristo, en un símbolo de salvación, un medio de reconciliación con Dios y una fuente de santificación. La maldad humana ha dado a Dios dolor y muerte a través de la Cruz de madera, ¡pero la infinita misericordia, tolerancia y amor de Dios devolvieron amor y redención al verdugo. La fuerza de la Cruz, pues, radica en la insaciable agapi-amor de Dios, que ahora se vierte sobre la humanidad y en toda la creación a través de la Cruz.

Sin embargo, para que el hombre pueda recibir la santificación divina a través de la Cruz, es esencial que crea en Cristo, el Redentor, y en Su sacrificio redentor en la Cruz. Además, debe crucificar también su propio ser, su yo, como lo hizo Cristo, ser crucificado con Él, por supuesto no literalmente, como hacen algunos romanocatólcios papistas, que cada año en Viernes Santo se crucifican en una cruz de madera, en vez de crucificar su yo o su carácter pecaminoso y “los hedonismos, placeres mundanos”, tal y como nos exhorta el sagrado himnógrafo de Semana Santa, “con las delicias, placeres de la vida crucifiquémonos, para que vivamos con Él”.

Aquí cabe señalar el claro rechazo e incluso la hostilidad y odio de muchas sectas cristianas hacia la Cruz de Cristo. En general, el mundo protestante no le otorga ningún valor y honor a la Cruz. Es sabido que los protestantes no hacen la señal de la Cruz y la usan solo como un mero elemento decorativo.

Peor aún, los Testigos de Jehová combaten ferozmente y con rabia la Cruz, evitando incluso mencionarla, llamándola «palo», en el N. Testamento han sustituido la palabra Cruz …por madero o palo. Esto, por sí solo, bastaría para caracterizar y calificara su organización como claramente satánica.

Nosotros los Ortodoxos, que conservamos la enseñanza cristiana auténtica, sin adulterar, sin falsedades, veneramos la Santa Cruz y obtenemos de ella fuerza y santificación. Cada año, además de las múltiples fiestas de veneración de la Cruz del Señor, durante los días sagrados de la Semana Santa, acudimos con respeto y devoción a los templos para venerar a Cristo crucificado y alabar Sus padecimientos sanadores y salvíficos. Para nosotros la Semana Grande y Santa es un tiempo festivo indispensable y esencial para recibir la luminosa y alumbrante Resurrección.

La κατάνυξις (katánixis: dilatación del corazón, compunción) y la χαρμολύπη (jarmolipi, alegre-pena, sentimiento sublime divino, mezclado con pena y alegría) de los Santos e Inmaculados Pazos del nuestro Cristo, pueden darnos la verdadera alegría de la Resurrección. Esto nos permite soportar con esperanza y paciencia los problemas de nuestra vida, es decir, cargar y aguantar nuestra cruz personal (Mt 16,24), con la esperanza segura de la resurrección venidera, tanto en sentido metafórico como literal.

Esta inquebrantable fe nuestra, nos da fuerza y nos permite enfrentar la vida con optimismo, en contraste con la mentalidad católico-protestante occidental, que busca de forma diagonal y ansiosamente la ευδαιμονία (efdemonía: felicidad bienestar social y material) sin el sacrificio, es decir, busca la resurrección sin la cruz. Por eso tampoco puede encontrarla en ninguna parte. Nuestra tradición ortodoxa tiene como base el principio paulino: “Y si por el bautismo morimos con Cristo, respecto al pecado, creemos que también viviremos en doxa-gloria increada con él en la eternidad; porque conocemos muy bien que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, la muerte ya no tiene ningún dominio y poder sobre él.” (Rom 6, 8-9).

Esto nos diferencia de la herética Occidente, que huele e hierve de pesimismo, a causa de su muerte espiritual, ya que no tiene esperanza en la resurrección, pues no cree en la fuerza de la Cruz de Cristo ni tiene la humildad de ser co-crucificada con Él para poder co-resucitar y encontrarse con Él. Nuestra Ortodoxia es la Iglesia de la Cruz y, por lo tanto, vive y experimenta incesantemente la alegría indecible de la Resurrección.

Así pues, acerquémonos el santo día de la Veneración de la Cruz a los templos sagrados, inclinando nuestras rodillas ante la Santa Cruz, para recibir fuerza y continuar nuestra lucha espiritual hasta el final. Crucifiquemos, una vez más, a nuestro mal carácter, a nuestro mal interior y ego que es nuestro peor enemigo, que trata de destruirnos. A través de esta crucifixión espiritual, seremos dignos de ver, experimentar y venerar al Cristo resucitado, y esperar la bienaventurada esperanza de nuestra propia resurrección en Cristo, Dios. Amín.

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ       Lampros Skontzos, Teólogo –Profesor

Cristiano y Cruz

San Juan Crisóstomo

Cristiano significa «pequeño Cristo» y Cristo es el Crucificado, por lo tanto, el cristiano es la persona de la cruz.

Por eso es inapropiado y extraño para un cristiano buscar facilidades y comodidad.

Tu Señor fue clavado en la cruz, ¿y tú buscas comodidad y vives con lujo?

Si amas a tu Señor, muere como Él.

Crucifica tu yo, aunque nadie te crucifique.

La cruz es la lucha contra la maldad y los celos.

Crucificas tu «yo» cuando rechazas satisfacer tus malos deseos.

Cuelgas tu ser en la cruz cuando dejas que Dios dirija tu vida sin tus intervenciones lógicas.

Muere como tu Señor cuando te sometes a Su voluntad sin los interminables «por qué».

El Señor pidió y sigue pidiendo que le sigan aquellos que están decididos a tomar su cruz, aquellos que están dispuestos a morir, a renunciar a los placeres y al lujo.

Quien ama la seguridad y los placeres de esta vida es enemigo de la cruz, de la cruz que el cristiano ama y lleva con paciencia por amor al Señor Crucificado.

San Juan Crisóstomo, Hacia los Filipenses 13, EPE 22, 8-10

ver también 

LA CRUZ DE CRISTO Y SU IMPORTANCIA EN NUESTRA VIDA

 

Traducido por: χΧ jJ    https://www.logosortodoxo.com/

 

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