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Feb 18 2025

Libertad y existencia

Libertad y existencia [1 Cor. 6,12-20]Atanasio Mitilineos,

(Lectura Apostólica del Domingo del Hijo Pródigo)

[Transcripción de la homilía pronunciada en el Monasterio Komnineo de Larisa el 19-02-1984] con el tema:

«LIBERTAD Y EXISTENCIA»

«Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me está permitido o todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de nada y no me haré esclavo de nada».

Estas palabras, queridos míos, del apóstol Pablo a los Corintios son de gran significado. Nuestra Iglesia ha colocado apropiadamente la lectura apostólica de hoy en paralelo con la parábola del hijo pródigo. Para mostrar, mediante la enseñanza de los logos, que todas las cosas son permitidas, pero no todas son beneficiosas. El evangelista Lucas nos presenta la misma idea, el mismo tema, pero con una imagen: la imagen del hijo pródigo. El hijo pródigo podía quedarse, pero también podía irse. Sin embargo, no le convenía irse. Esto es precisamente lo que el apóstol Pablo quiere decirnos hoy.

«Todo me está permitido o me es lícito, pero no todo conviene«. Todo me está permitido, pero yo no me dejaré dominar por nada. Aquí podemos ver cómo el apóstol Pablo define la libertad en relación con la existencia. Porque cuando mi existencia debe moverse de manera segura, una libertad sin discernimiento dentro de mi existencia podría ser fatal. Se me permite tomar veneno, pero no me conviene, porque destruirá mi existencia. Esto es lo primero que quiere enfatizar aquí el apóstol Pablo sobre este gran tema de la libertad y la existencia. Apuntémoslo bien esto en nuestro cerebro.

Si miramos el asunto de manera unilateral, es decir, si vemos la libertad como algo que puede existir por sí mismo, ignorando la existencia, entonces realmente la libertad nos lleva a la destrucción. Les daré un ejemplo muy común, muy actual. ¿Tengo derecho a consumir alcohol y drogas? Sí, lo tengo. ¿Puedo hacerlo? Sí. ¿Alguien puede impedírmelo si yo quiero? No. ¿Soy libre de hacerlo? Sí. Pero lo que voy a consumir, ¿beneficiará o dañará mi existencia? ¿Acaso esta misma libertad conducirá mi existencia a la destrucción? Sin duda, sí.

Así, en nuestra época, vemos que la libertad es exaltada al margen de la existencia.

Se dice: «Yo quiero disfrutar esto. No me interesa qué consecuencias tendrá para mi propia existencia«. Debemos prestar atención a esto, queridos míos. El logos de Dios nos recuerda algo que a menudo no lo captamos, no lo comprendemos: que la libertad está relacionada con la existencia. Si analizamos el tema desde una perspectiva exclusivamente existencialista, es decir, filosófica y no cristiana, podríamos decir que una persona con sentido común y sano juicio comprendería que no se puede destruir la existencia en nombre de la libertad.

Hoy, en la época en la que vivimos, afirmamos que existe libertad y, al mismo tiempo, decimos que apoyamos la existencia. Por eso, en nuestro siglo, han surgido estas corrientes existencialistas precisamente con el propósito de preservar la existencia. Pero nos engañamos a nosotros mismos. Hemos puesto a estas dos fuerzas en oposición. Estos dos bienes, la libertad y la existencia, se han convertido en opuestos, cuando en realidad no es así. Uno debe proteger al otro. La libertad debe salvaguardar la existencia.

Por eso dice el apóstol Pablo, y lo repetiré: «Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene». Todo me está permitido, pero no todo me beneficia. ¿Por qué? Porque algunas cosas que me son permitidas pueden llegar a destruirme, y por lo tanto no me convienen.

Pero hay una segunda enseñanza: «todo me está permitido o todo me es lícito, pero no me dejaré dominar de nada y no me haré esclavo de nada», no puedo ser esclavizado por nada. Aquí surge, en la práctica, una paradoja. ¿Es posible que la libertad esclavice? ¿Es posible que nos someta? ¿No es esto contradictorio? Es como decir: «Enciende la luz para que haya oscuridad». Esto es un oxímoron.

¿Es posible, entonces, tener libertad y que esta misma libertad me esclavice? No debería ser posible. Sin embargo, el apóstol nos advierte: «Todo me es lícito. Pero aquellas cosas que me son permitidas pueden llegar a someterme. Y si me someten, en última instancia, la libertad me conduce a la esclavitud».

Y esto, queridos míos, ocurre en nuestra época. Hoy, en nombre de la libertad, cultivamos los πάθος (pazos: vicios, adicciones, malos hábitos, pasiones, patologías). Y los pazos nos esclavizan. Estamos esclavizados por nuestros propios pazos. Cuando ven —volveré a mi ejemplo anterior— a aquel que usa alcohol y drogas porque es libre de usarlas, cuando ven a esa persona, quizás un joven, que les dice: «Usé el alcohol y las drogas libremente, pero me esclavicé, por favor, sálvenme» … ¿De qué debemos salvarte? De una coacción, compulsión; porque precisamente esto es un pazos y te genera coacción, compulsión y esclavitud. Por lo tanto, esta coacción, compulsión ya no es libertad; es como la bestia de carga que hemos atado a la noria, le hemos cubierto los ojos, lo azotamos por detrás y da vueltas y vueltas, una y otra vez, como aquella antigua imagen de la noria que conocen.

Así es el hombre que, finalmente, partiendo de su libertad, ha sido conducido a la esclavitud.

Hoy, queridos míos, en nombre de la esclavitud, todos nos hemos convertido en esclavos del diablo. Cuando volvemos y nos convertimos en siervos de Dios, entonces nos hacemos libres. El tema de la libertad es muy delicado y sutil. No son los pazos los que gobiernan la libertad, sino que la libertad gobierna la existencia, al ser humano entero, su camino y su vida. La libertad es algo delicado. Un mal uso de ella lleva a lugares que nadie podría imaginar.

¿Por qué dijo estas palabras el apóstol Pablo? Las dijo, queridos míos, porque parece que cuando estuvo en Corinto, dijo a los corintios: «Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…» ¿En qué sentido? En lo que respecta a la comida; porque las normas alimenticias estaban restringidas por la antigua ley por razones pedagógicas.

Dios decía: «Esto es puro, aquello es impuro. Esto puedes comerlo, aquello no puedes». Entonces, parece que él dijo la frase ««Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…». Como dice en otra parte: «Todo es puro para los puros». No hay nada impuro. Pero, como suele ocurrir —lo dice también el apóstol Pedro sobre el apóstol Pablo, aunque no solo es especialmente para el apóstol Pablo—, las personas suelen aislar una frase del logos de Dios y la interpretan como les conviene. No olviden, no vayan muy lejos: ¿No dijo Pablo: «Examinadlo todo; retened lo bueno»? Lo dice a los tesalonicenses. ¿A qué se refiere? Se refiere al tema de los profetas en la Iglesia, para que los creyentes examinen si lo que se dice es correcto. Pero nosotros lo tomamos porque nos gusta, porque nos conviene, y decimos: «Examinadlo todo; retened lo bueno». Es decir, prueba todo, lo pecaminoso y lo no pecaminoso, y quédate solo con lo bueno. Sí, pero si pruebo lo malo… ¿y si al probar esto no puedo regresar? Si coloco una bala en mi cabeza para probar cómo mata, ¿tendré la oportunidad de volver atrás reteniendo lo bueno? ¿No volver a repetirlo?

Queridos míos, ¿ven, qué tendencia tienen las personas a interpretar el logos de Dios según sus deseos? Así también aquí. El apóstol dijo en Corinto: «Πάντα μοι ἔξεστιν… Todo me es permitido…», en referencia a la comida. Pero este asunto es irrelevante, porque el hombre está hecho para comer. Naturalmente, sin sobrepasar los límites. Por eso, inmediatamente dice: «Los alimentos son para el estómago, y el estómago para los alimentos». Todo esto me está permitido. Pero, atención. Si, por ejemplo, como en exceso y reviento, eso no me conviene. Sin embargo, llegará el momento en que tanto el estómago como los alimentos desaparecerán. Pero no el cuerpo. Porque el cuerpo resucitará. Hay cosas que no se pueden probar. Porque… si quieres, hazlo, eres libre, eres libre, así como los primeros en ser creados fueron libres de probar su rebeldía y de abandonar el Paraíso, pero esto no les convino. Y lo que no conviene son los pecados carnales. Ahí no puedes decir: «Voy a probar». Ahí está la muerte (espiritual).

Y Pablo, cuando habla, se dirige a los Corintios, donde se adoraba a la diosa Afrodita, y el pecado de los pazos carnales era omnipresente. Y él dice: «No puedes entregar tu cuerpo al pecado. Todo me es permitido, pero no todo conviene». Y sobre este asunto, queridos míos, el apóstol Pablo despliega todas sus pruebas y argumentos para convencer a los Corintios de que, en lo referente a los pecados carnales, no hay ningún beneficio en hacer absolutamente nada. Lo que les conviene es conservarse puros y limpios.

¿Sus argumentos? Los escucharon en la lectura apostólica. Se los resumiré brevemente.

Primer argumento: No puedes entregar tu cuerpo al pecado porque tu cuerpo resucitará. Tu sistema digestivo, que hoy te permite comer, desaparecerá. «Ὁ δὲ Θεὸς καὶ ταύτην (τήν κοιλίαν) καὶ ταῦτα (τά βρώματα) καταργήσει». Dios eliminará el estómago y los alimentos como funciones. Pero el cuerpo resucitará. Y si lo has entregado al pecado, será inadecuado para entrar en el reinado de la Realeza increada de Dios. «Ya que Dios también resucitó de los muertos al Señor, y nos resucitará también a nosotros por su omnipotencia» (1Cor 6:14). Por lo tanto, como resucitaremos, y como el cuerpo que recibiremos será nuevo, pero llevará las marcas del pecado si hemos cometido pecados carnales en este mundo, debemos cuidar de él. Porque el pecado tiene una dimensión metafísica y eterna. Por lo tanto, el primer argumento es el que dice a los Corintios: “Resucitaremos”

Segundo argumento: Nuestro cuerpo es miembro del cuerpo de Cristo. ¿Cómo que es miembro del cuerpo de Cristo? Cuando comulgamos con el cuerpo y la sangre de Cristo, nos convertimos en miembros de Su cuerpo y sangre. ¿Alguna vez lo han pensado, queridos míos? No abrimos una boca espiritual para recibir espiritualmente mi psique-alma inteligible el cuerpo y la sangre de Cristo. Abrimos nuestra boca física, la real, con lengua y dientes. ¿Cómo decirlo más claramente? Para recibir de modo sensible el cuerpo y la sangre de Cristo. Por lo tanto, cuando, yo recibo el cuerpo —subrayo— y la sangre —subrayo— de Cristo, Le recibo psicosomáticamente; indudablemente, en ese momento me convierto en miembro Suyo, en parte de Su propio cuerpo.

Y el Apóstol dice, ante una cuestión: «Si se supone que caigo en la inmoralidad», dice, «¿tomaré entonces los miembros de Cristo y los haré miembros de una prostituta?». ¿Acaso la Escritura no dice que «el que se une a la prostituta es un solo cuerpo con ella»? ¿Entonces voy a hacer que los miembros de Cristo se conviertan en miembros de una mujer inmoral, porque comulgo y luego caigo en el pecado? «¡De ningún modo!», responde. Esto es algo inconcebible.

Ahora, queridos míos, piensen cuántos hay que cometen pecados de la carne y, sin confesarse, van y comulgan. Piénsenlo bien. Reflexionen sobre lo que está ocurriendo ahora… Y así, el Apóstol se estremece ante esta realidad…

Tercer argumento: Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. Nunca podría imaginar el hombre, por más inteligente que sea, que su ser o existencia podría convertirse en morada de Dios. «Los dioses habitan en el Olimpo y nosotros en la llanura». No había conexión entre dioses y hombres. Así pensaba el hombre en aquel entonces. Pero vino el Dios, el Dios verdadero a apocaliptarnos-revelarnos aquellas cosas que no podíamos imaginarnos, captarlos y concebirlos que la realidad es otra. Que Él habita en el cielo, el Dios vivo y, a la vez, dentro del hombre. Y cuando el hombre acepta a Dios, en concreto a través de Jesús Cristo, es decir, del Dios hecho hombre, se convierte en morada de Dios. Somos templos del Dios vivo. Esto nunca podía captarlo, concebirlo y comprenderlo el hombre. Es una verdad que se nos revela-apocalipta.

Y, en consecuencia, viene el Espíritu de Dios -aquí, por supuesto, se enfatiza el Espíritu de Dios-, el Dios Trino y Santo entero habita, queridos míos, en cada existencia. Y el Espíritu de Dios habita dentro del ser humano. Puesto que habita en él, es su morada. Es decir, es un naós-templo. Eso es lo que significa naós-templo: significa morada.

Entonces, ¿cómo es posible que este cuerpo, siendo morada de Dios, del Espíritu Santo, pueda ser entregado al pecado? Es imposible.

Solo con pensar en esto: si alguien profanara un templo material cometiendo allí actos impuros, ¿cómo sería calificado?

Sin embargo, ese templo es de piedra. Y ese templo, un día, será demolido. Ese templo no permanecerá en la eternidad.

El Apóstol dice: «Porque vosotros sois templo del Dios viviente».

«Vosotros», dice, «vuestras propias existencias son templo del Dios viviente». Templos que pueden ser destruidos y reconstruidos.

Moriré y resucitaré.

¿Cómo es posible, entonces, que este templo de Dios, el templo del Espíritu Santo, sea al mismo tiempo una cueva, un refugio de ladrones y de impurezas?

Pero además, el apóstol Pablo dice algo más: «Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, porque ambos pertenecen y son de Dios».

Glorificad, pues, a Dios con vuestro cuerpo y con vuestro espíritu. ¿Cómo puedo glorificar a Dios con mi cuerpo? Con mi espíritu lo entiendo. Es decir, si mi νούς nus con la mente se eleva y glorifica a Dios. Pero, ¿cómo puedo glorificar a Dios con mi cuerpo? «Glorificar» no significa simplemente «decir palabras». Esto también lo incluye, pero «glorificar» tiene un significado más amplio. El simple hecho de mi presencia como santo, eso mismo es una glorificación a Dios.

Si, por ejemplo, he guardado mi cuerpo en pureza y no he permitido que se convierta en morada de demonios, en morada de inmoralidades, entonces ese mismo cuerpo es una doxología, glorificación a Dios. Mi cuerpo adquiere una dimensión de alabanza.

Esto lo enfatiza el apóstol Pablo. Por eso, el verdadero cristiano, solo por existir en este mundo, es una nota de alabanza a Dios en medio de él. Y cuando su cuerpo se mantiene alejado del pecado y la inmoralidad, entonces también su cuerpo es una glorificación, doxología a Dios.

Mis queridos,

El asunto es que, muchas veces, no podemos captar, concebir y comprender qué nos conviene y qué no nos conviene. Estamos desinformados. Si en algún momento estudiamos el logos de Dios y comprendemos nuestra ontología, es decir, si adquirimos un conocimiento de la antropología cristiana ortodoxa, o sea, conocer quiénes somos, entonces eso nos llevará a poder situarnos correctamente ante Dios. Entonces aprovecharemos y valoraremos nuestra existencia. Entonces, nuestra libertad, que nos ha sido dada por Dios como un regalo muy caro y valioso… hay muchos regalos o dones de Dios, pero dos son los más valiosos, los más honorables, los más preciosos: la lógica y la libertad.

Nunca puede concebirse la libertad sin la lógica. No se valoriza ni se aprovecha. Un animal es libre para hacer algo, pero no tiene lógica. Y eso no tiene ningún valor. Pero tampoco puede existir la lógica sin libertad. Porque una lógica sin libertad también es inservible. La libertad y la lógica son un par de bienes inseparables, regalos, dones de Dios. Estas dos deben ir juntas. La lógica y la libertad. Nuestra libertad, pues, dentro del ámbito de Dios, debe ser el elemento que nos conducirá a la conservación de nuestra existencia.

Como dice… al principio les mencioné: «Todo me está permitido o todo me es lícito, pero no todo conviene», y esto debe guiarnos hacia la correcta conservación de nuestra existencia. ¿Qué significa «correcta conservación»? Si sufro martirio por Cristo, ¿no destruyo mi existencia? No. La existencia se contempla desde la perspectiva de la eternidad. Cuando resucite, ¿dónde estaré? Desde ahí se debe mirar la cuestión. Así, si destruyo mi existencia con los πάθος (pazos: vicios, adicciones, malos hábitos, pasiones, patologías), la he destruido para siempre. Si entrego mi existencia al martirio por αγάπη amor incondicional a Cristo, entonces realmente he conservado mi existencia de manera verdadera y correcta.

Por ello, les ruego que nunca olvidemos que la libertad y la existencia son dos cosas que van de la mano. Una protege a la otra. La libertad protege la existencia. No debe destruirla. Y cuando aprendamos la ley de Dios, cuando comprendamos nuestra ontología, entonces realmente aprovecharemos lo que Dios tenía en mente para nosotros: traernos a la existencia y llevarnos con Él a Su eterna bienaventuranza y felicidad.

PARA GLORIA DEL SANTO DIOS TRINITARIO

Y con una gratitud inconmensurable a nuestro difunto padre Atanasio de Mitileneos,

Transcripción de la conferencia en formato digital y edición:
Eléni Linardáki, filóloga

FUENTES: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai _kyriakvn/omiliai_kyriakvn_220.mp3

Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/

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