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Ene 18 2025

Consejos didácticos de los grandes Padres, cómo hablar, dialogar o discutir teológicamente entre fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos.

Consejos didácticos de los grandes Padres, cómo hablar, dialogar o discutir teológicamente entre fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos.

 

Introducción por el traductor

Apocalípticos me parecieron esos breves textos de los Santos Padres desde el momento en que los obedecí y los seguí al pie de la letra; fue una gran liberación para mi psique-alma.

El 02/02/2002 conocí a Cristo Dios en el Monte Athos, en el Monasterio Grigoríu y allí se me encomendó el diaconema de traducir al español, tarea que acepté como un medio de psicoterapiarme, siendo plenamente consciente de mi enfermedad psíquica y espiritual. En aquel momento, mi Yérontas me aconsejó apartarme de toda compañía con heréticos, heterodoxos y de sus templos.

Más tarde, descubrí textos adicionales de los Santos Padres que me trajeron un gran alivio. Sin embargo, me llevó más de un año ponerlos en práctica. Durante ese tiempo, solía involucrarme en conversaciones interminables con heterodoxos, en debates y dialécticas que me agotaban, e incluso llegaban a afectarme y enfermarme psíquicamente, además que me quitaban tiempo de traducir. Hasta que, un día, por una inspiración divina, comprendí algo sencillo pero crucial: si lo tienes muy fácil, no tienes que cansarte pensando que vas a decir o no, los santos Padres en Espíritu Santo lo han dicho y experimentado todo, y lo mismo tienes que hacer tú experimentarlo y vivirlo; así que ponte sólo a traducir en español y así tendrás todas las respuestas claras y responderás a través de ellos, si hace falta; y mi misión era seguir sus pasos, experimentar y vivir conforme a sus enseñanzas y al mismo tiempo, encontré apoyo en esta homilía del gran Yérontas Mitilineos que reforzó mi decisión.

Así que decidí dedicarme únicamente a traducir al español los textos de los Santos Padres. Este acto me permitió obtener respuestas claras, guiadas por el Espíritu Santo,

Desde entonces, aplicando la máxima de san Pablo: “… después de una o dos instrucciones dimite o aléjate”, los consejos de mi Yérontas y las enseñanzas de los Santos Padres, encontré sanación, psicoterapia y la divina ησυχία (hisijía: serenidad mental y paz cordial), que es el punto más elevado de la psicoterapia y espiritualidad ortodoxa. Además, he sido testigo de innumerables milagros en mi vida.

La ortodoxia no es una religión, es Fe en apocálipsis, psicoterapia del hombre experimentada, vivida y demostrada, no intelectual de las jaulas de las aulas!!! (Ver https://www.logosortodoxo.com/la-religion-es-una-enfermedad/)

¡Χαρις Jaris para todos!

Algunos consejos didácticos de los grandes Padres Ortodoxos para los fieles ortodoxos

San Pablo y el Evangelista Juan:
Sed sabios y tened el νούς (nus: espíritu del corazón de la psique) y la mente iluminados para poder discernir los espíritus, como enseñan ambos Apóstoles: saber cuáles son de Dios y cuáles del maligno (cf. 1Jn 4,1).

San Juan Crisóstomo:
“No nos ocupemos en logomaquias sobre temas dogmáticos, sino dediquémonos y aspiremos a la agapi (amor incondicional, desinteresado, altruista) y a la divina ησυχία (serenidad mental y paz cordial) entre nosotros”.

San Isaac el Sirio:
“Evitad el dogmatismo como si fuese un león rugiente; huid de este tipo de discusiones tanto con miembros de la Iglesia como con personas de fuera de ella”.

San Gregorio el Teólogo:
“En sus “logos, discursos pacíficos” advertía: tened cuidado con los “súper–cristianos” que se presentan como infalibles, los «λίαν φιλοθέους καὶ φιλοχρίστους» (“muy filoteos y muy filocristos”), porque ellos eran el mayor obstáculo en su lucha contra los herejes. Él, como Santo, combatía mediante la oración, la agapi y con sus logos teológicos y la argumentación teológica sobria, en contraste con lo que deseaban y promovían esos “súper–cristianos”.

San Basilio el Grande:
«Los que practican y se ejercitan en el método dialéctico de contradicciones, sin aceptar la sencillez de la enseñanza espiritual, tergiversan y desvían la fuerza de la verdad mediante las controversias y las contradicciones de la pseudónima gnosis (falso conocimiento), cayendo en la conjetura y en las charlatanerías de los sofismas.» (Homilía a los Proverbios 7, PG 31, 401A).

San Gregorio Palamás el Megadidáskalos (MegaMaestro):

“La salvífica perfección es creer, actuar y compartir las mismas realidades que creían los Profetas, los Apóstoles y los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa, a los cuales apocaliptó/reveló el Espíritu Santo sobre Dios y las creaciones”.

San Paísios el Athonita:

“Si quieres ayudar a la Iglesia, es mejor intentar corregirte a ti mismo, en lugar de corregir a otros. Si logras corregirte, una pequeña parte de la Iglesia se corrige inmediatamente. Naturalmente, si todos hicieran lo mismo, el cuerpo de la Iglesia estaría bien de salud. Pero, hoy, la gente se preocupa por cualquier cosa que no sea por misma. Verás juzgar, acusar, criticar a los demás es fácil, mientras que trabajar en ti mismo requiere esfuerzo”.

Efectivamente, no puede cualquier fiel ejercer de “médico cirujano” si no conoce por experiencia propia la hermenéutica espiritual, ni si no ha estudiado, vivido y experimentado la teología patrística empírica y profética de los santos y profetas del Nuevo Testamento.

Sobre diálogos o discusiones teológicas entre los fieles ortodoxos, y con otros heterodoxos, cómo tenemos que hablar y aprender.

Yérontas Atanasio Mitilineos, el nuevo Crisóstomo.

Nuestro querido Yérontas Atanasio Mitileneos (1927 – 2006), llamado por los padres de la Santa Montaña Athos, el Nuevo Crisóstomo, aquí aborda principalmente el tema de la conversación y diálogo teológico entre los fieles. Su homilía es sumamente relevante este tiempo confuso que vivimos.

Creo que todos tenemos algo que arreglar en nosotros mismos si miramos honesta y sinceramente dentro de nuestros corazones. Dejemos de una vez de dar alegría al diablo, que desea fervientemente romper y dividir a la Iglesia. ¡El que sabe callar aprende y sabe hablar, dice san Paísios!

Extracto de la homilía pronunciada el 7 de diciembre de 1986.

Existe un prejuicio sobre el tema de la discusión o conversación teológica, porque en el pasado surgían temas y cuestiones de herejía, es decir, de ortodoxia, (si es ortodoxo o no), y la conversación teológica muchas veces tomaba dimensiones de contienda, disputa y discordia. La gente peleaba, gritaba, comenzaban a debatir y terminaban en una disputa. Pero, amados míos, cuando decimos conversación teológica, no significa necesariamente que tengamos que tener personas opuestas o herejes para iniciar una discusión teológica. La discusión teológica puede desarrollarse de manera maravillosa entre fieles que tienen un vivo interés teológico y buscan profundizar más en la Verdad de Dios y mejorar su vida espiritual.

Tenemos muchos ejemplos de este tipo en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el Señor conversa con Nicodemo, aquel experto en la ley, quien le pregunta: “¿tú eres maestro de la ley e ignoras el tema del renacimiento?, ¿cómo es que tú me dices que uno debe volver a entrar al vientre de su madre para ser renacido? ¿Tú que eres maestro de Israel? ¿Entonces qué hace el Señor con Nicodemo?, pues, una discusión teológica.

¿Qué hace el Señor con la mujer Samaritana? Escuchen. Una discusión teológica de muy alto nivel. Un tipo de diálogo tan elevado que no lo tuvo ni con los fariseos, ni con los Γραμματείς (Gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas). Una discusión profundamente teológica. Y son dos: el Señor y una mujer. Una mujer que probablemente ni siquiera sabía leer ni escribir, pero tenía inquietudes e intereses teológicos. Una mujer del pueblo, y, además, una prostituta. Pero ella tenía interés e inquietudes teológicas y así conversa con el Señor. Lo sorprendente es que esta conversación teológica la comienza la mujer, no Él –esto es un beneficio de Cristo en la conversación. Fue el Señor que dio el motivo: “Dame de beber agua”. Y ella respondió: «¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, una mujer samaritana?» Porque, por ley, un judío no debería tocar al samaritano. Sin embargo, le dice: “Si supieras quién es el que te dice dame de beber agua”. Entonces inmediatamente dice la mujer: “Nuestros padres nos han dicho que debemos venerar y adorar a Dios en el Monte Garizín, vosotros decís en el monte Sión, ¿cuál es el lugar correcto?” De inmediato, la mujer entra en una discusión, conversación teológica. Ella toma la iniciativa de entrar en un debate teológico, aunque fue el Señor quien dispuso la situación para que se abriera ese diálogo teológico.

Y el Señor, queridos míos, lleva a la mujer samaritana a conceptos elevados. Y estos conceptos elevados utilizan el método del diálogo. No un diálogo para buscar la Verdad, como en el diálogo filosófico, sino un diálogo que crea comprensión de la Verdad apocaliptada-revelada. Este punto que lo tengamos especial cuidado. La teología no es filosofía. No hablamos para encontrar la Verdad de una manera o forma lógica, racional, sino que conversamos para encontrar la Verdad por o según apocálipsis-revelación. Es decir, acudimos a aquello que ha sido depositado y apocaliptado-revelado para que se nos haga manifiesto. La apocálipsis-revelación depositada expuesta que sea revelada-apocaliptada también en nosotros.

Incluso el Señor también habla sobre temas teológicos con los γραμματείς (gramatís: intelectuales, teólogos de academia inexpertos, escribas) y los fariseos. Por ejemplo, cuando dice: «¿Cómo es que David, en el Espíritu, dijo: “El Señor dijo a mi Señor…?»  Salmo 109, etc. Pero, sobre todo, Jesús Cristo dialoga teológicamente con Sus discípulos. Ahí está la mayor parte de la teología…

Pero, queridos míos, cuando decimos “conversación teológica” no nos referimos a exhortaciones morales, – como decirle a alguien que sea buena persona, que tenga paciencia, que cuide de sí mismo—, ni tampoco a búsquedas vanidosas de la mente. Porque, muchas veces, quienes saben algo de teología inician conversaciones no para edificar, sino para vanagloriarse y exhibir su vanidad y demostrar a los demás lo importantes y geniales que son. Esto es muy malo. Nunca un diálogo o conversación debe llevarnos a una exhibición o presunción de gnosis (conocimientos). En ese caso, allí ya no hay el Espíritu de Dios. Y, muchas veces, tales discusiones no conducen a buenos resultados. Es un indicio de que el Espíritu de Dios no estaba ahí, y de que el motivo detrás de esa conversación fue la vanidad, vanagloria.

Por tanto, cuando decimos “conversación o discusión teológica”… la elaboraremos y la llevaremos a cabo con mucha humildad y con buena disposición tanto de aprender como para experimentar y vivir aquello que comprendemos; solo entonces profundizaremos en el contenido de nuestra Fe. Escudriñaremos su contenido para ver qué podemos extraer y absorber de él.

Mas nuestra conversación o discusión teológica se debe hacer para edificar y no para dañar o escandalizar. Muchas veces, alguien que ha aprendido muchas cosas, pero al no tener discernimiento, puede hablar de temas teológicos y, al final, escandalizar a los demás. Esto ocurre porque los oyentes, al ser personas simples, no están en condiciones de entender lo que se les dice. Lo que aprendemos en la universidad, por ejemplo, puede parecer escandaloso para una persona sencilla y aunque en realidad no lo sea, y decir: ¿estas cosas aprendéis? Por supuesto que uno puede aprender algo y para un hombre sencillo puede parecer escándalo y sin embargo puede ser que no sea escándalo… pero este hombre no está en situación de seguir una discusión de este tipo. Por eso, se requiere siempre precaución: la conversación debe ser siempre edificante y nunca dañina.

En una conversación teológica son inconcebibles las disputas y las contiendas. Única y exclusivamente porque el otro no entiende o tenga opiniones diferentes debido a su falta de comprensión. Puede que tenga estas opiniones distintas, entonces aquí ¿por qué tenemos que pelearnos y enfadarnos? No importa si cree algo distinto. Me dirán: ¿cómo que no importa si cree algo distinto? Sí, no importa. Pero esto no lo digo yo, lo dice le Apóstol Pablo. Dice a los Filipenses 3,15: “Así pues, los que deseamos ser perfectos sintamos de este modo; de que no nos hemos hecho perfectos, debemos luchar continuamente hasta el fin, y si alguno siente de otra manera de lo que os digo, esto Dios os lo apocaliptará-revelará y os lo hará ver”.

Todo lo que sabemos y lo que hemos percibido y entendido, debe estar de acuerdo. Si se supone que hay un punto que el otro no está de acuerdo única y exclusivamente porque no lo entiende, no vamos a pelearnos. Lo entenderá en su momento, cuando alcance la madurez necesaria. Por ejemplo, alguien podría preguntar: «¿Es posible aceptar las Sagradas Reliquias? Cuando llegue a la madurez, lo aceptará. (Esto mismo me pasaba a mí el traductor, pero llegó el momento que lo experimente y lo acepto, ya que muchas Reliquias sagradas al venerarlas me perfumaron).

Amigos míos, os contaré un pecado mío. Y si uno lo comparte públicamente… por supuesto también tiene que decirlo en su confesión. Cuando era joven, con unos 20 años y profesor, tenía que enseñar a los niños sobre la creación de Adán y Eva. Influido por las ideas que circulaban en aquel entonces, sentía vergüenza de hablar sobre la creación de Adán y Eva. Es decir, me parecía casi un mito, así que evitaba hablar de esos temas. Si se fijan ahora, no hay tema en el que no haga referencia a la creación y formación de los Primeros en ser creados. ¿Qué ocurrió? Muy simple: en ese momento no lo entendía. No porque quisiera negarlo, sino porque no había alcanzado la madurez para comprenderlo. Esto es lo que Pablo quiere decir.

Por lo tanto, hay muchas cosas que no podemos comprender. No debemos pelear con otros ni ellos con nosotros si no comprendemos. Esto no se aplica cuando tratamos con un hereje, incluso entonces, debemos decirle: «Esa es una opinión tuya, pero es incorrecta. No tenemos intención de pelear contigo; esto es lo correcto». Con las palabras: «Por las bendiciones de nuestros santos padres», damos por terminada la discusión.  Qué dice el Apóstol Pablo: “… después de una o dos instrucciones dimite o aléjate”. No te alteres, no pelearás, ni te enfadarás, ni llegarás a las manos. No, nada de estas cosas. ¿Qué debes hacer? Déjalo ir si insiste, y dile simplemente que su posición es errónea. No pelearemos, lo repito una vez más.

Añadiendo, me gustaría deciros que la conversación teológica presupone oyentes y conversadores. Debes saber cuándo tienes que hablar, qué vas a oír, cómo lo vas a oír y cuándo debes callarte. En otras palabras, la discusión requiere preparación y cultivación. No podemos hablar de un diálogo teológico si no tenemos las condiciones necesarias para llevarlo a cabo.

¿Han notado alguna vez cómo conversamos en una mesa, en un banquete o en un salón? Todos hablan al mismo tiempo. Todos. Todos hablan y nadie escucha, porque no hemos aprendido ni a hablar ni a escuchar. Solo una persona debería hablar. Cuando termine, otro puede empezar, luego el tercero, el décimo, pero no todos a la vez. Y debemos aprender a escuchar y sin interrumpir al otro, le escucharemos.

¿Qué dice el apóstol Pablo al establecer un orden en la Iglesia? Dice que: «Si se da un espíritu de profecía o teología a más de uno, no deben hablar todos al mismo tiempo, sino que cada uno debe esperar su turno para hablar».

Además, la discusión teológica no es un lujo, sino una necesidad de la psique-alma. Créanme, es una necesidad de la psique-alma. Cuando alguien logra extraer de esa mina de oro de la teología, del logos de Dios, una pequeña pepita de oro, ¡ah, si supieran!… ¡Qué alegría siente un arqueólogo cuando encuentra un hallazgo valioso! Mucho mayor es la alegría de aquel que encontró en el logos de Dios un tesoro teológico. ¿Qué puedo decirles? Es algo único, es una cosa admirable y maravillosa, y si lo comparte con compañía, cuando expresa aquello que ha encontrado, ¡los demás se alegran de una manera extraordinaria! Esto es lo que significa una conversación teológica fructífera: debe darse con las condiciones adecuadas, como una necesidad de la psique-alma y no como un lujo (intelectual).

Recordemos, queridos hermanos, como ejemplo, lo que ocurrió cuando el Señor se encontró con los dos discípulos camino a Emaús. ¿Saben qué hacían mientras caminaban hacia su pueblo? Hablaban teológicamente, compartían teología.  Por eso el Señor les preguntó: ¿Qué logos son estos que intercambiáis entre vosotros mientras camináis y estáis tristes? (Lc 21,17), es decir, habla uno y habla el otro, cuáles y qué son estos logos o palabras que estáis discutiendo. Y ellos respondieron: “Acerca de Jesús de Nazaret”. Y después, de esta conversación que mantuvieron con el Señor, queridos hermanos, se dieron cuenta de que su corazón ardía mientras Él les abría a través de les abría su νούς (nus: espíritu de la psique) y los sentidos espirituales para que entendiesen las Escrituras: “Entonces les fueron abiertos los ojos físicos, psíquicos y espirituales el nus/espíritu y la mente/intelecto y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía el interior de nuestro corazón por el divino entusiasmo, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba los logos y conceptos difíciles de entender de las Escrituras?” (Luc 24: 31-32).

Una conversación, discusión o lectura fructífera crea una llama en el corazón. Despierta y crea sentimientos provocados por el Espíritu de Dios. En una conversación de este tipo, sea que estemos hablando o preguntando como os dije, no debemos convertirnos en molestos o vanagloriosos, sino discretos. La amabilidad, la cortesía y la humildad son unas virtudes divinas en una discusión o diálogo teológico. Amín. Fuente: arnion.gr 

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas xX jJ http://www.logosortodoxo.com/

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