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Dic 04 2024

Filocalía tomo 4 San Nikitas Stizatos tres centuria de varios capítulos prácticos, gnósticos, catarsis, agapi y perfeccionamiento

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Δ΄ 

Όσιος Νικήτας ο Στηθάτος

Repasada traducción 04/12/2024

Filocalía de los Santos Nípticos tomo 4

San Nikitas Stizatos

 

Primera centuria de capítulos prácticos

Segunda centuria de capítulos naturales sobre la catarsis del νούς nus

Tercera centuria de capítulos gnósticos sobre la agapi y el perfeccionamiento durante la vida

San Nikitas Stizatos: Breve biografía y comentarios introductorios

Breve biografía: Nikitas, el santísimo presbítero del monasterio de Studion, conocido como Stizatos, vivió hacia el año 1030 d.C. Fue el discípulo más genuino de Simeón el Nuevo Teólogo. De él aprendió muchos misterios de la filosofía espiritual y llegó a imitar tanto sus virtudes que parecía un verdadero segundo sol junto a su maestro, reflejando en su psique-alma todos los destellos luminosos de los dones y enseñanzas de aquel.

Además, con esfuerzos personales incansables, profundizó en el estudio de las Sagradas Escrituras, recolectando innumerables y hermosos significados. No solo los aprendió, sino que los experimentó y los vivió con una pasión bienaventurada. Todo esto hizo que su διάνοια (diania: mente, intelecto) concibiera pensamientos divinos y sublimes, dando a luz obras de gran sabiduría, como lo atestiguan los que estudian los 300 capítulos que escribió.

Si alguien los describe como una guía precisa de la práctica, un manual de conocimiento y psicoterapia verdadera, un camino hacia la vida semejante a Dios, y, en resumen, como un tesoro riquísimo de enseñanza ética y alegórica, no estaría lejos de la verdad. Estos capítulos son tan elevados en significado y tan majestuosos en su estilo que uno se maravilla de si lo que conmueve más a los lectores es el poder de sus ideas o la elegancia de su expresión.

Comentarios introductorios: Según los estudios más rigurosos, San Nikitas, conocido como Stizatos, nació alrededor del año 1005. Ingresó como novicio en el renombrado monasterio de Studion a los catorce años. En su madurez, se convirtió en abad de ese monasterio y falleció en el Señor hacia el año 1090.

Aunque se dice que Nikitas fue discípulo de San Simeón el Nuevo Teólogo, esto no es del todo exacto. Apenas diez años antes de la muerte de Simeón, Nikitas lo conoció cuando este último estaba exiliado en un pueblo de Crisópolis, en Propóntide, mientras Nikitas permanecía en el monasterio de Studion. Por lo tanto, más que discípulo, fue un admirador de Simeón, ya que Nikitas era ya un asceta formado y teólogo según los modelos de Studion. Sin embargo, no solo recibió la influencia de Simeón, sino que adoptó su enseñanza espiritual llena de dinamismo.

Es característico que San Simeón considerara a Nikitas, ya Yérontas (anciano sabio e iluminado), como su discípulo, mientras Nikitas veía en Simeón a su maestro y padre espiritual, a pesar de la distancia que los separaba y la rareza de sus encuentros. Fruto de esta relación espiritual de los dos hombres de Dios fue la redacción de la “Vida de Simeón”, décadas después de su muerte, por apocálipsis-revelación divina. También por mandato revelado, Nikitas publicó las obras de Simeón, por lo que debemos tanto la admirable biografía como los escritos llenos de χάρις (Jaris: gracia, energía increada) y luz increada de Simeón al sabio Nikitas Stizatos.

No sin razón señalamos que, cuando el santo Nikitas conoció al divino Simeón, el primero ya era un monje y teólogo formado según los modelos de la histórica comunidad del monasterio de Studion. Por tanto, difería de su maestro en cuanto al tipo de experiencias, aunque más tarde aceptó y fue influenciado por su enseñanza. Nikitas no comparte las opiniones absolutas de Simeón ni refleja en sus obras la misma inmediatez en la relación amorosa con Cristo que caracteriza a Simeón.

Nicetas fue un luchador al estilo de Studion, erudito, amante de la literatura patrística y de la gnoseología, dotado de una sólida armadura dogmática ortodoxa. Sin embargo, también mostró inclinaciones hacia una aproximación santificada a Dios, mediante la catarsis y el divino έρως (amor ardiente). En él se combinaban el combatiente dogmático de la Iglesia con las experiencias místicas del santo y el maestro del pueblo cristiano, siendo un fiel administrador de los dones o carismas de Dios.

Participó en disputas teológicas, como su enfrentamiento con el cardenal Humberto durante el cisma de 1054, escribiendo tratados contra los latinos y obras como Sobre la psique-alma, Sobre el Paraíso Espiritual y Sobre la Jerarquía Celestial y Eclesiástica, influido por los escritos de san Dionisio el Areopagita. También escribió los 300 capítulos de naturaleza práctica, natural y gnóstica, que incluyeron en la Filocalía sus editores.

¡Qué se puede decir acerca de estos Capítulos! Lo que se ha dicho sobre los destellos de la experiencia en el Espíritu Santo de los Santos Padres, que comienzan con la formación práctica según la tradición ascética, pasan por las virtudes, la humildad, las lágrimas, la κατάνυξη (katánixis: dilatación del corazón, compunción), la oración y culminan en la unión con Dios, ya sea mediante visiones teofánicas luminosas, o mediante la morada de la Santa Trinidad en la psique-alma.

Es evidente que los Capítulos son fruto de la psique-alma teófora del Santo Nikitas, ya que él mismo, al interpretar y justificar la escritura de estos, considera como premisa la libertad de la psique-alma a través de la απάθεια (apázia: impasibilidad, sin pazos), la cual, mediante el esfuerzo ascético, llevó al monje a la contemplación natural de la creación, donde ve a Dios a través de los logos (principios, causas, propósitos) de los seres. A continuación, considera que la pureza y lucidez, que surge de las lágrimas y la oración, es una fuente que brota de la χάρις jaris, desbordando los canales de los significados espirituales. La tercera causa de la escritura del Santo es la morada de la Santa Trinidad en su psique-alma, de la cual emanan destellos del Espíritu, que revelan los misterios de la Realeza increada de los Cielos y descubren los tesoros ocultos de Dios en su psique-alma.

Y todas estas cosas, sin duda, constituye una propiedad de la santidad de Niketas y podrían haber permanecido ocultas y sin editar. Pero él mismo confiesa que, temiendo la amenaza hacia el siervo malvado que ocultó el talento, y por amor a su prójimo, escribió sus experiencias. De hecho, algo que distingue la santidad del divino Stizatos es el intenso deseo de transmitir los dones del conocimiento-gnosis al pueblo de Dios, para beneficio de los primeros y para la doxa-gloria de los segundos, como insta constantemente a los favorecidos y misericordiados.

El Santo Nikitas nos entregó sus tesoros espirituales con un pensamiento positivo y metódico, como un νούς nus con mente vigorosa que era, pero también con una elevada concepción y una expresión refinada, de modo que los santos antólogos de la Filocalía se preguntan si esa abundante χάρις jaris increada se debe al contenido de los Capítulos o a la perfección de la frase.

En resumen, se debe decir que las tres centurias de capítulos se integran en la unidad y unánime ortodoxa tradición espiritual de la teología ascética y mística, como fruto del mismo Espíritu Santo. Al mismo tiempo, subrayan la necesidad de la «legítima lucha» para que la psique-alma pase de los estadios de la catarsis y la iluminación, para llegar a la θέωσις zéosis y unión con Dios. Sin las condiciones tradicionales ascéticas y espirituales, es imposible alcanzar la visión, contemplación o expectación de Dios. El santísimo Nikitas insiste en este punto, al igual que su maestro, y como lo hacen todos los maestros de la nipsis (vigilancia y sobriedad) y la teología mística. También podría observarse que los Capítulos Gnósticos, aunque se encuentran dentro de la tradición teológica, muestran una considerable dependencia de la angelología de los escritos de san Dionisio el Areopagita y los movimientos místicos de los “nus-espíritus” acerca de la Santa Trinidad. Stizatos, además de sus genuinas experiencias divinas, era también poseedor de la literatura patrística y de sus diversas peculiaridades y terminología.

 

San Nikitas Stizatos

Primera centuria de capítulos prácticos

 

  1. Creo que hay cuatro causas que, en el contexto de la perfecta tríada de virtudes -fe, esperanza y αγάπη agapi (amor incondicional)-, impulsan a escribir lo que es útil para aquel que ya ha superado la mitad del camino inicial (espiritual) y ha llegado a la tríada de la teología mística. Primera causa es la libertad, es decir, la misma απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) de la psique-alma, que, a través del trabajo laborioso, ha avanzado en la contemplación natural de la creación y, desde allí, ha entrado en el gnofos (nube de supraluz increada que deslumbra y trasciende toda luz) misterio de la teología. La segunda es la pureza, lucidez y claridad del νούς nus (espíritu de la psique), obtenida a través de lágrimas y oración, del cual νούς nus nace el logos de la χάρις χάρις jaris (gracia energía increada) y emanan ríos de conceptos y significados (divinos). La tercera causa es el habitar dentro de la Santa Tríada o Trinidad, de la cual provienen las iluminaciones del Espíritu, que se hacen para beneficio de cada uno que progresa en la catarsis, para manifestar y develar los misterios de la Realeza increada de los Cielos y apocaliptar-revelar los tesoros de Dios que están ocultos en la psique-alma. La cuarta es la obligación de cada hombre que ha recibido el talento del logos de la gnosis-conocimiento (1Cor 12,8), de acuerdo con la advertencia de Dios que dice: “Siervo malo y negligente, debías, por tanto, llevar mi dinero a los banqueros, y al venir yo hubiera recibido lo mío con intereses” (Mt 25, 26-27). Esto lo temía también David y decía: “He aquí Señor mío, no impediré mis labios, Tú lo conoces; no escondí en mi corazón tu justicia, proclamé tu verdad y la salvación que concedes; no he escondido tu misericordia y tu verdad en la gran asamblea” (Sal 39, 10-11)
  2. El principio de la vida que agrada a Dios es la huida y abandono completo del mundo. Esta es la negación de las voluntades de la psique-alma y el rechazo de la mentalidad y conducta terrenal, con lo cual recurrimos a la conducta y mentalidad divina, y de carnales nos convertimos en espirituales. Así nos morimos para el cuerpo-carne y el mundo, mientras que nuestra psique-alma y nuestro νούς nus (espíritu de la psique) se vivifica y se despierta (espiritualmente) por la χάρις jaris (gracia, energía increada) de CristoDios
  3. La opinión ortodoxa, correcta de la psique-alma sobre Dios y la fe interior que va acompañada con el desprecio por las cosas visibles y la praxis, práctica de la virtud, la que está alejada de toda φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor propio, egocentrismo) constituyen la cuerda de tres hilos, según Salomón (Ecl 4,12), que no se rompe fácilmente por los astutos espíritus del mal.
  4. Con la fe tenemos la esperanza de disfrutar de las retribuciones de nuestros esfuerzos, por lo cual soportamos con facilidad los trabajos de las virtudes. Y como el Espíritu Santo nos asegura interiormente, obtenemos alas a través de la agapi-amor y volamos hacia Dios.
  5. Cuando somos perturbados por pensamientos impuros y sucios no significa que ya hemos caído en la categoría de los que cometen cosas malas. Pero, cuando la psique-alma relaja su intensidad y el νούς nus por negligencia y dieta desproporcionada forma fantasías turbias y oscuras y disminuyen los esfuerzos por la virtud a causa de la pereza espiritual por el estudio y la oración, entonces sin hacer cosas malas nos catalogamos en la región de aquellos que se revuelcan voluntariamente en los placeres o hedonismo.
  6. Cuando se han soltado las bridas de los sentidos hegemónicos, inmediatamente se desata una rebelión de los pazos y se mueve la energía de los sentidos o percepciones sensibles inferiores y rastreros. Porque por regla general, la irracionalidad de estos sentidos, liberada de los lazos de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia autodominio), los hace bailar encima de las causas de los πάθος pazos y pacen como en prados de hierba mortífera, y más se alarga cuanto más tiempo dura la falta de frenos o restricciones. Porque estos sentidos, una vez liberados de las riendas, no toleran ser privados de los placeres hacia los que se inclinan por naturaleza.
  7. De los sentidos, la vista y el oído son lógicos, más contemplativos y hegemónicos; el gusto, el olfato y el tacto son irracionales y más animales y son servidores de los sentidos lógicos. Porque primero vemos y oímos y después nos movemos por la lógica y lo que hemos visto lo tocamos, lo olfateamos y lo saboreamos. Por eso los tres últimos sentidos son mucho más animales (irracionales) que los dos primeros y son completamente serviles, y, sobre todo, son estos sentidos por los que trabajan los animales más glotones y propensos al coito, tanto domésticos como salvajes, ya que día y noche, o comen insaciablemente o se precipitan hacia al coito.
  8. Quien ha dirigido las energías de sus cinco sentidos hacia sus sentidos interiores, es decir, ha orientado la vista hacia el νούς nus (espíritu de la psique) que ve la luz de la vida, el oído hacia la prudencia (lógica o sano juicio) de la psique-alma, el gusto hacia el discernimiento de la lógica, el olfato hacia la fuerza intelectual del νούς nus, y finalmente, ha trasladado el tacto hacia la vigilancia y alerta del corazón, este hombre pasa una vida angelical en la tierra. Ese hombre es percibido y visto entre los hombres como ser humano, pero se relaciona con los ángeles y es comprendido como si fuera un ángel.
  9. Mediante el νούς nus (espíritu de la psique) que ve y contempla la luz de la vida divina, adquirimos la gnosis (conocimiento) de los misterios ocultos de Dios. Con la prudencia o lógica de la psique-alma ponemos en nuestros corazones elevaciones de los pensamientos con conocimiento y separamos los buenos pensamientos de los malos. Con el discernimiento de la lógica probamos los tipos de los conceptos y significados; y los que brotan de raíz amarga, los transformamos en dulces, digiriéndolos y fundiéndolos en la psique o los desechamos por completo. Por otro lado, los que brotan de una planta o raíz buena, sana y vigorosa, los aceptamos y lo hacemos nuestros, capturando cada concepto de modo que obedezca a Cristo. Con la fuerza intelectual del νούς nus olemos el perfume o mirra de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo que colma al corazón de alegría y gozo. Con la vigilancia del corazón, sentimos conscientemente el Espíritu celestial que refresca la llama de nuestro deseo hacia el bien o calienta nuestras fuerzas y energías psíquicas que están congeladas por el hielo de los πάθος pazos.
  10. Así como nuestro cuerpo tiene cinco sentidos –vista, oído, gusto, olfato y tacto- también nuestra psique-alma tiene cinco sentidos: νούς nus, lógica, sentido/percepción espiritual, gnosis/conocimiento y ciencia. Estos cinco sentidos de la psique se concentran en tres energías: en el νούς nus, en la lógica y en la percepción o sentimiento espiritual. Con el νούς nus percibimos o captamos los conceptos e ideas, con la lógica las interpretaciones y significados, y con la percepción o sentido espiritual las fantasías o imaginaciones de la divina gnosis y ciencia.
  11. Quien posee νούς nus (espíritu de la psique) que discierne correctamente los conceptos e ideas de los pensamientos y acoge con claridad y pureza las concepciones y significados divinos, y quien posee la lógica que interpreta los movimientos naturales de toda la creación visible, es decir, que explica con claridad los logos (causas, principios) de los seres, y percepción espiritual que recibe la ciencia de la sabiduría-sofía y la gnosis celestial, ése, al haber sobrepasado toda percepción sensible mediante la iluminación del Sol de la Justicia (Mt 3,20), ha superado y alcanzado lo que está por encima de la percepción de los sentidos y disfruta de la dulzura de las realidades invisibles
  12. Cuatro son las fuerzas generales del νούς nus (espíritu de la psique): la prudencia, la perspicacia, la percepción y la destreza. Por tanto, Aquel que, mediante estas fuerzas, ha enlazado las cuatro virtudes generales de la psique-alma, es decir, la templanza de la psique con la prudencia del νούς nus, une la sensatez/cordura con la perspicacia, la justicia con la percepción y el valor con la destreza, ése, ha construido de dos tipos de material un carro de fuego y celestial, listo para la batalla contra los tres líderes y poderes generales del ejército de los pazos, es decir, la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero), la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer) y φιλοδοξία filodoxía (amor a la doxa-gloria o vanagloria).
  13. Quien ha vencido la filargiría (avaricia o amor al dinero) mediante la percepción unida a la justicia legítima y divina, es decir, con la compasión misericordiosa hacia los semejantes, y ha dominado la filidonía (hedonismo o amor al placer), mediante la prudente templanza, es decir, el autodominio o autocontención total, y ha vencido la filodoxía (amor a la doxa-gloria) como más débil, mediante la perspicacia y la lógica o sensatez, es decir, con el discernimiento claro de las cosas divinas y humanas, aplastándola triunfalmente como terrenal y sin valor, ése, ha vencido la mentalidad terrenal del cuerpo-carne. Y lo ha hecho de tal manera que ha transformado esta mentalidad en la ley del espíritu de la vida, liberándola de la ley tiránica del cuerpo-carne, y puede decir: Agradezco a Dios, “porque la ley del Espíritu, la χάρις jaris (gracia energía increada), la iluminación y la potencia del Espíritu Santo que cultiva, desarrolla y da la vida en Cristo, me ha librado de la ley, del dominio del pecado y de la muerte espiritual” (Rom 8,2).
  14. Aquel que busca la doxa-gloria de los hombres considerándola valiosa cuando en realidad no es nada, y que abraza la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer, por la codicia de su psique-alma y persiste en la avaricia o ambición por su deseo insaciable, se convierte en demoníaco debido a su soberbia y orgullo, en bestial por los placeres del vientre, la panza y la carne, y en una fiera hacia su prójimo por su insaciable y despiadada avaricia, éste cae y pierde la fe en Dios, según la Escritura (Jn 5,44), porque es gloriado por los hombres. Además, se aparta de la templanza y la pureza, a causa del ardor insaciable de los bajos instintos animales y se entrega a los desordenados impulsos irracionales y animales, y se exilia de la αγάπη agapi y de la caridad porque sólo se cuida de sí mismo y no da nada a sus semejantes que están en necesidad. Y así se manifiesta como una bestia polimorfa o multiforme, compuesta de muchas cualidades opuestas, irreconciliable con Dios, con los hombres y con los animales.
  15. Cuando la ira (o emoción), el deseo (anhelo) y la parte logística o lógica de la psique-alma se encuentran moviéndose normal según la naturaleza, entonces con el νούς nus (espíritu de la psique) hacen al hombre divino y semejante a Dios, es decir, actuando de manera saludable sin desviarse de su base natural. Pero, si se desvían de lo natural hacia lo contra natura, y se mueven fuera de sus límites naturales, entonces, como dijimos, convierten al hombre en una criatura multiforme, polimorfa y compuesta de muchas características y cualidades contradictorias y opuestas.
  16. La ira está en el punto medio entre la parte anhelante (deseo) y la parte logística o lógica de la psique-alma y es y actúa como un arma para ambos, ya sea en movimiento natural o antinatural. Es decir, cuando lo anhelante y lo logístico o lógico se mueven según naturaleza hacia las cosas divinas, entonces la fuerza de la ira se convierte en un arma de justicia (Rom 6,13) contra la serpiente que silba, incitándolos a probar los placeres carnales y buscar la gloria de los hombres. Sin embargo, cuando estas fuerzas y energías se desvían de su movimiento natural y transforman su energía en antinatural, y del estudio y la contemplación de lo divino pasan a las cosas humanas, para cometer el pecado, entonces la ira se convierte en un arma de injusticia para pecado (Rom 6,13); porque en ese momento lo anhelante (deseo) y lo logístico o lógico luchan utilizando la ira como arma y atacan a aquellos que frenan sus impulsos y apetitos. De esta manera, el hombre puede convertirse en un ser práctico y contemplativo, y un gran teólogo en la Iglesia de los creyentes, Así el hombre dentro en la Iglesia de los fieles o bien se convierte en práctico, y muy teológico, cuando actúa según la naturaleza, o en una criatura bestial, feroz y demoníaca cuando se desvía hacia lo contrario a la naturaleza.
  17. Si alguien no transforma primero las fuerzas de su psique-alma, con una persistente μετάνοια metania y la intensa ascesis (ejercicio espiritual), devolviéndolas a su estado original como las otorgó Dios a Adán al soplar en él aliento de vida (Gen 2,7), nunca podrá conocerse a sí mismo ni obtener un pensamiento que domine los pazos, sin orgullo, sin arrogancia, sin envidia, sin celos, sin calumnia, sin maldad, sin curiosidad, sencillo y humilde, capaz de llevar cautivo todo pensamiento para obedecer a Cristo (2Cor 10,5). Además, no podrá ver su psique-alma arder con el fuego de la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios ni superar los límites de la templanza, conformándose con lo que tiene y deseando el estado de reposo que alcanzan los santos. Si no adquiere estas cosas de tal manera, nunca logrará en su corazón agapi, apacibilidad, mansedumbre, paz, sin cólera o sin ira, χρηστότις j-cristotis-bondad, tranquilidad, caridad, compasión y misericordia, ya que la psique-alma seguirá sublevándose contra sí misma y a causa de la perturbación de sus fuerzas, estará quedando cerrada a los rayos del Espíritu.
  18. Aquel que de esta manera no restaura en sí mismo la nobleza y la decencia de aquella antigua nobleza y dignidad y no regenera continuamente sobre sí las características o rasgos de la icona-imagen de Dios, el Cual desde el principio lo ha creado a Su propia semejanza (Gen 1,25), ¿cómo es posible alguna vez unirse con Aquel del cual se ha separado por desemejanza de sus características, y al Cual ha abandonado, sumergiéndose en la oscuridad, porque Él es luz (increada)? Y si no se une con Aquel que es el principio de su hipóstasis (base substancial) y de Quien fue traído de la inexistencia a la existencia y hecho señor de los seres, entonces, ¿dónde será arrojado, una vez separado como desemejante a su Creador? Está claro dónde, pero yo me callo.
  19. Mientras conservemos en nosotros las materias que alimentan los pazos y cultivamos con nuestra voluntad sus causas y no decidimos a expulsarlas, su fuerza se fortalece contra nosotros, porque obtiene su fuerza de nosotros mismos. Sin embargo, cuando las desechemos de encima nuestro y hemos hecho la catarsis de nuestro corazón con las lágrimas de la μετάνοια metania y odiemos el engaño de las cosas visibles, entonces nos hacemos partícipes de la presencia del Paráclitos (Suplicante) y vemos a Dios en Su luz eterna e increada, y somos vistos por Él.
  20. Quienes han roto los lazos de la percepción universal (de todas las cosas sensibles del mundo) están libres de toda esclavitud de los sentidos, y viven solo con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y con Él se relacionan, ya que por Él son movidos, y a través del Cual, de alguna manera, se unen también al Padre y al Logos, consubstanciales con el Espíritu, y se convierten en un solo espíritu, como dice Pablo (1Cor 1,17). Estos no solo son invencibles de los demonios, sino que les infunden terror, porque han recibido el divino fuego y se convirtieron realmente en fuego también ellos mismos.
  21. El tacto no es un sentido parcial, es decir, que opera sólo en una parte del cuerpo como los otros sentidos, sino que es un sentido general de todo el cuerpo. Por lo tanto, cuando sin necesidad toca algo, mientras aún se siente atraído por el πάθος pazos apasionadamente por lo que le es placentero, entonces perturba y agita al νούς nus con pensamientos apasionados y patéticos. Sin embargo, cuando opera por una necesidad natural, habiendo negado todas las cosas agradables y superado el sentido o percepción sensible, entonces no suele excitar los sentidos de la psique-alma.
  22. Cuando el νούς nus (espíritu de la psique) se introduce en las cosas sobrenaturales, entonces los sentidos permaneciendo en lo natural, funcionan con απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) ante las causas y solo investigan sus logos (principios, causas) y sus naturalezas, separando sin engaño sus energías, sus operaciones y sus atributos o cualidades, y no se conectan entre sí con pasión, ni se mueven contra natura en sus relaciones con ellos.
  23. Los esfuerzos y luchas espirituales traen deleite y alegría a la psique-alma, siempre que primero se haya logrado la paz de los pazos. Por tanto, lo que es difícil a los que son esclavos al sentido o percepción sensible, esto es fácil y más bien dulce en la psique-alma que es luchadora y diligente y ha adquirido con santos sudores el anhelo de Dios y se ha herido por el divino έρως eros (amor ardiente) de la divina gnosis. Para los primeros, porque se han entregado a las comodidades del cuerpo y a los deleites de los placeres o hedonismo, sus esfuerzos y luchas de la virtud son difíciles y les parecen duros, dado que no se ocuparon a lavar la sal de los placeres con las aguas de las lágrimas. Pero, como dijimos, los esfuerzos y las luchas espirituales son deseadas y aceptadas por la psique-alma, ya que ha abominado y rechazado los placeres que provocan dolor y sufrimiento y ha sacudido de sí los deleites y el bienestar material junto con el amor al cuerpo. Sólo una cosa le causa tristeza y pena: la relajación de los esfuerzos y el cese de las luchas. De esta manera, pues, lo que para algunos produce deleite y placer corporal, esto, para la psique-alma que ha girado sus deseos a las realidades divinas, es causa de tristeza y pena; y lo que para la psique-alma es motivo de deleite y felicidad espiritual, para aquellos es causa de gemidos, dolor, sufrimiento, pena tristeza.
  24. Los esfuerzos parecen al principio causar dolor y sufrimiento a todos los principiantes en las luchas o combates espirituales. Pero cuando ellos luchando han progresado en la virtud y llegan a la mitad de su camino, entonces parece que les proporciona cierto placer, un alivio inesperado y un reposo paradójico. Finalmente, cuando esta mentalidad y conducta mortal del cuerpo-carne es consumida por la vida inmortal, que es provocada por la venida del Espíritu en aquellos que realmente se extienden para alcanzar con esfuerzo los extremos de las virtudes, entonces se llenan de alegría y júbilo indescriptibles, porque la pura fuente de las lágrimas ha sido cerrada para ellos y ha llovido desde arriba sobre ellos la dulce agua de la κατάνυξις katánixis (compunción o dilatación del corazón).
  25. Si quieres alcanzar los límites extremos de la virtud y encontrar el camino que te lleva a Dios sin ser engañado, no des sueño a tus ojos, ni la quietud a los párpados, ni descanso a tus sienes, hasta que, después de muchos esfuerzos y lágrimas (espirituales), encuentres el lugar de la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) para tu psique-alma cansada y fatigada y entres en el santo templo de la gnosis de Dios, y a través de Su sabiduría hipostasiada o substanciada te acerques y toques con prudencia los últimos propósitos o fines extremos de las cosas humanas y, despreciando las cosas de abajo, te lances corriendo hacia los montes excelsos de la contemplación espiritual, como los ciervos con gran sed (Sal 103.18).
  26. El camino corto y rápido hacia la adquisición de la virtud para los principiantes es el silencio de la boca, el cierre de los ojos y los oídos. Porque con la inactividad de estos, el νούς nus (espíritu de la psique) encuentra la ocasión y, habiendo cerrado las entradas exteriores, comienza a observarse a sí mismo y sus movimientos e investiga quiénes son los recuerdos que nadan en el mar mental de los pensamientos, y cuáles son los conceptos que se vierten y pasan -como en un molino- por el crisol de la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) y de qué tipo o especie son estos, si son puros y sin semillas amargas, enviadas por un ángel de luz, o malas hierbas mezcladas y llenas de paja, que provienen de los enemigos de la luz. Así el νούς nus como un soberano independiente, se coloca entre los diversos pensamientos y conceptos, y juzga, razona y separa los buenos pensamientos y conceptos de los malos. Y algunos de los que entran los acoge y los tritura con su movimiento continuo, y los almacena en bodegas espirituales, después de amasarlos con agua divina y cocerlos con el fuego del Espíritu; y alimentándose de estos, se fortalece y se colma de luz (increada). A otros, en cambio, los arroja en el fondo del olvido, evitando así su amargura. Pero este trabajo puede hacerlo intelectualmente y espiritualmente sólo el que ha empezado a caminar al camino que conduce sin engaño ni error hacia los cielos y hacia Dios, y se ha despojado de la túnica de luto de los πάθος pazos oscuros y tenebrosos.
  27. La psique-alma que ha descargado una vez por todas la mala astucia y la conducta loca de la malísima arrogancia y ha adquirido la riqueza de un corazón sin maldad, simple y bondadoso por esta visita del Espíritu Santo, inmediatamente se acerca a Dios y vuelve a ser de Dios y a sí misma. Y lo que ve y oye lo considera sin duda digno de fe y verdadero, porque ha sobrepasado los tremendos abismos profundos de la incredulidad y se mueve por encima del hades o infierno de la envidia.
  28. De todas las virtudes la primera es la fe que está arraigada profundamente, es decir, cuando la psique-alma no duda en absoluto, sino que expulsa completamente la φιλαυτία filaftía (egolatría excesivo amor a sí mismo, egocentrismo). Porque nada más impide la práctica de los mandamientos para quien acaba de comenzar las luchas espirituales tanto como el malísima φιλαυτία filaftía egolatría. La φιλαυτία filaftía (egolatría) es el obstáculo para el progreso de los luchadores. ella pone en el νούς nus recuerdos de enfermedades, sufrimientos y πάθος pazos corporales difíciles de curar, y de esta manera enfría el calor de la psique-alma y los convence a abandonar rápidamente desde el sufrimiento, porque es enemigo de la vida cómoda y hedonista. Φιλαυτία filaftía es el amor irracional, animal y excesivo por el cuerpo, o egolatría, que convierte al cristiano y al monje en ególatra, es decir, excesivo amor de sí mismo, de cuerpo y alma y le aleja de Dios y de Su realeza increada, según el logos divino: “El que ama su psique-alma la perderá” (Jn 12,25)
  29. Quien con esfuerzo y perseverancia ha comenzado la práctica de los mandamientos de Dios y con έρως eros (amor ardiente) ha asumido el yugo ligero (Mt 11.30) de la ascesis (ejercicio espiritual)), no se deja intimidar por la dureza de las obras de virtud, no vacila ante los trabajos, ni se fija en aquellos que muestran pereza o negligencia en los ejercicios ascéticos, espirituales; sino que con anhelo ferviente abre el surco de las virtudes con cualquier dificultad y sufrimiento, cuidando solo de sí mismo y de los mandamientos de Dios; y cada día siembra las semillas con lágrimas en el campo de los vivos (Sal 26,13; 141, 6) hasta que brote para él la hierba de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y crezca y se convierta en una caña de conocimiento/gnosis divino y produzca espigas llenas de semillas del logos, entonces vendrá cargado con las cosechas y los frutos de su virtud.
  30. Creo que la mejora de la psique-alma no se produce más rápida y fácilmente desde ninguna otra cosa que desde la fe. Pero no quiero decir solo a la fe en Dios y en Su Hijo Unigénito, sino a aquella fe que está arraigada profundamente en la psique-alma, por la que creemos que son verdaderas las promesas de Cristo, las que Él ha prometido y preparado para los que Le aman (1Co 2,9), como también son verdaderas las amenazas, los infiernos y castigos que están destinados para el diablo y sus trabajadores (Mt 25,41). Esta fe otorga plena certeza a la psique-alma que lucha, permitiéndole esperar alcanzar el estado de los Santos, la bienaventurada απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), subir a la altura de su santidad y llegar a ser heredera del reinado de la Realeza increada de Dios junto a ellos. Así con esta certeza interna, la psique-alma avanza con buena disposición y con mucho ánimo a practicar los mandamientos (logos, principios espirituales) sin tener ninguna duda, imitando los esfuerzos y fatigas de los santos a través de semejantes luchas, en alcanzar su perfección.
  31. La apariencia externa del rostro cambia naturalmente según el estado interior de la psique-alma. Es decir, la actividad y movimiento mental y espiritual que tenga la psique-alma, se manifiesta y se refleja tal cual es en la faz de la cara por la expresión, a quienes la observan. Es decir, la cara o rostro se transforma y cambia de disposición según la procedencia -divina o demoníaca- del correspondiente pensamiento, y así, a veces se ve alegre y radiante, mientras que el corazón se deleita de las ascensiones por los recuerdos bondadosos y por el estudio de Dios, mientras que otras veces se ve oscura y abatida, cuando está amargada por pensamientos necios y utópicos. Así las actividades y energías internas de uno no pueden pasar inadvertidas de aquellos que tienen ejercitados los sentidos interiores de la psique-alma. Dado que, si se trata de la alteración que provocó la diestra del Altísimo (Sal 76,11), es evidente para ellos, como una situación conocida familiar y amada, porque los mismos también por ella han sido renacidos y convertidos en luz y sal para los prójimos. Ya sea que se trate de la presencia de fuerzas enemigas o de la perturbación de los pensamientos, esto les resulta completamente evidente, porque ellos la han rechazado, y ahora, con los dones o carismas divinos, llevan sobre sí, de manera resplandeciente, las características de la imagen del Hijo de Dios.
  32. El trabajo interior produce en la psique-alma o laureles y coronas o infiernos y tormentos. Si se dedica con perseverancia sobre las cosas divinas y cuida atentamente el campo de la humildad, recibe desde lo alto la lluvia de las lágrimas y cultiva la αγάπη agapi (amor incondicional) y la fe en Dios, así como la compasión y simpatía hacia el prójimo, por las que la psique recibe la belleza de la forma o imagen de Cristo, convirtiéndose en luz para los hombres y atrayendo sus miradas con los rayos de sus virtudes, e inspirando en todos la doxología o alabanza a Dios. Sin embargo, si se dedica a las cosas terrenales y humanas, removiendo y excavando en los lugares del pecado que esconden bajo ellos cloacas, se riega y se impregna de mal olor, hedor y oscuridad, cultivando el odio, los resentimientos y el rechazo del bien. Y así, la psique-alma tomando la forma terrenal y la imagen deforme del antiguo hombre, se convierte en tiniebla, oscuridad para los que se le acercan. Y así de esta manera ocupándose de las praxis, prácticas malas y viciosas, pervierte y corrompe las psiques simples y débiles, incitando a la blasfemia contra Dios. De modo que, en la situación o estado que se encuentre la psique-alma durante la muerte, tendrá también su recompensa correspondiente.
  33. El que cultiva pensamientos malos y viciosos, tiene también su rostro oscurecido y espantoso, sombrío y salvaje; su lengua permanece muda de himnos o cantos divinos y su presencia resulta desagradable para todos. Pero aquel que cultiva en su corazón plantas buenas e inmortales tiene su cara o rostro también alegre, resplandeciente y brillante; su lengua canta himnos, melodías y súplicas y en su relación con los demás es sumamente agradable y dulce. Por lo tanto, aquellos que los ven pueden distinguir fácilmente a quien aún está bajo el yugo de los pazos indecentes, sucios e impuros y las inclinaciones terrenales, y a quien ha sido liberado de esta esclavitud por la ley del Espíritu, tal como dice Salomón: “Cuando el corazón está alegre, el rostro resplandece; pero cuando está triste, el rostro se oscurece y se arruga” (Pr 15,13).
  34. Los pazos que se llevan a cabo en la práctica también se psicoterapian y curan mediante la práctica. Es decir, igual que el derroche, la incontinencia, el placer o hedonismo, la gula y la vida negligente y desordenada conducen a que se acostumbre la psique-alma en el hábito del vicio, la pasión adicción y en praxis desagradables e inapropiadas, de igual manera la εγκράτεια (engratia: templanza, moderación, la continencia, autodominio), los esfuerzos y las luchas espirituales producen en la psique la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos,) y desde los pazos pasiones y vicios (estado pasional), la llevan en la απάθεια apázia (estado impasible, sin pazos, apacibilidad, paz y serenidad interior).
  35. Cuando alguien, tras una ascesis-práctica espiritual persistente e intensa, recibe grandes donaciones de Dios a causa de su humildad, pero luego recae y se entrega a los pazos y a los castigadores demonios, debe saber que eso es porque se ha enorgullecido, se ha enaltecido y formó una gran idea de sí mismo y se comportó frente los demás con arrogancia. Este hombre, pues, no encontrará psico-terapia y liberación de los pazos y de los demonios que le rodean, a menos que regrese, por medio de la μετάνοια metania a su estado primitivo inicial y presentarse ante Dios, utilizando como buen mediador la humildad y el reconocimiento de su estado o situación real. Con ella (la humildad) cada uno que está bien asentado en los cimientos de las virtudes, se considera a sí mismo inferior de toda la criatura.
  36. Son igualmente malos ante Dios y ante aquellos que viven conforme a Cristo, tanto el que es gobernado por los πάθος pazos debido a una disposición desenfrenada, como el que se enorgullece de sus virtudes con un espíritu de soberbia y presunción. Es decir, así como para el primero las praxis que se hacen ocultas (Ef 5,12) son una vergüenza incluso de mencionar, del mismo modo, la altanería del segundo es repugnante y abominable ante Dios (Pr 16,5). Y así como el primero, siendo carnal, no puede reposar y agradar a Dios en absoluto, según las Escrituras, el segundo es impuro y sucio ante el Señor, porque es orgulloso y altanero.
  37. Lo πάθος pazos no son lo mismo que el pecado manifestado en praxis, acciones. Son dos cosas distintas. Pazos es el movimiento (irreprochable o reprochable) que ocurre en la psique-alma; mientras que praxis pecadora es aquella que se mueve y aparece en el cuerpo. Por ejemplo, la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero), la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer) y la φιλοδοξία filodoxía (amor a la doxa-gloria o vanagloria), son pazos terribles y graves de la psique. La fornicación o lujuria, la avaricia o codicia y la injusticia son praxis pecadoras del cuerpo-carne. El deseo, la ira o la emoción y el orgullo o la soberbia son pazos que proceden del movimiento contra natural o anormal de sus fuerzas. Mientras que el adulterio, el homicidio, el robo, la embriaguez y cualquier otro pecado cometido con el cuerpo, son praxis pecaminosas y graves de la carne.
  38. Tres son los pazos capitales que encabezan a todos los demás, y tres tipos de guerras contra estos y tres niveles de personas que luchan y vencen: a) el principiante que vence el pazos de la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero); b) el intermedio que vence el pazos de la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer) y c) el perfecto que vence el pazos de la φιλοδοξία filodoxía (amor a la doxa-gloria, vanagloria). Estos tres pazos son como una gran serpiente de tres cabezas.
  39. No es una única lucha ni es la misma para los tres que mencionamos contra los tres jefes y poderes del espíritu maligno que domina, sino que difiere en cada caso. Porque la batalla contra cada uno de los tres jefes es distinta, dependiendo de los oponentes correspondientes, quienes tienen como arma natural la justa ira o justo enojo.
  40. El que acaba de entrar en los combates de la piedad y es principiante en la guerra contra los pazos, dirige toda su fuerza y energía guerrera contra el espíritu de la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer) y, utilizando toda forma de dureza, emprende la lucha contra él con todas sus fuerzas. Así debilita y funde la carne con los ayunos, durmiendo en el suelo, las vigilias y las oraciones nocturnas; la psique-alma la quebranta con el recuerdo del infierno y el estudio de la muerte; y hace la catarsis del corazón, lo purga y lo purifica de las infecciones y contaminaciones de las combinaciones y consentimientos a los pensamientos, con las lágrimas de la μετάνοια metania.
  41. Aquel que ha dejado atrás la etapa inicial y ha avanzado hasta el punto intermedio en la virtud, y ha limpiado el sudor de su batalla contra el espíritu de la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer) con la esponja de la primera απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y ha comenzado a ver y conocer las verdaderas naturalezas de los seres, a continuación, levanta las armas de la fe contra el espíritu de la incrédula φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero). Él eleva su νούς nus y afina su intelecto con el estudio de las cosas divinas. Lo lógico/racional lo afina con los logos de la creación y lo hace capaz de explicar y ver con claridad las naturalezas de los seres. Con la fe eleva la psique-alma desde las cosas visibles hasta las alturas de las invisibles y la convence de que Dios que ha creado todo desde el cero o la nada, es Él el que provee y cuida de todas Sus obras y en Él basa toda su esperanza para la vida divina.
  42. Aquél que, por medio de la contemplación y la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) ha superado la mitad del camino y dejado atrás el engaño de la percepción universal (percepciones mundanas), y ya con el logos de la gnosis (conocimiento espiritual) y de la sofía-sabiduría hipostática (personificada, substanciada) de Dios (1Cor 12,8) se ha introducido al gnofos (nube de supraluz increada que deslumbra y trasciende toda luz) de la teología, con la potencia de la humildad levanta las armas contra el espíritu de la φιλοδοξία filodoxía (amor a la doxa-gloria, vanagloria); produce en su psique-alma κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) mediante las apocalipsis-revelaciones y la hace derramar lágrimas sin dolor. Y la mentalidad, conducta y actitud de la psique-alma la hace humilde mediante el recuerdo de la enfermedad humana y le eleva con los conceptos y las comprensiones de la divina gnosis-conocimiento.
  43. Con los ayunos, las vigilias, las oraciones, durmiendo en el suelo y los esfuerzos del cuerpo y el corte o renuncia de nuestras voluntades y deseos con la humildad en la psique-alma, dejamos inactivo e ineficaz el espíritu de la φιληδονία filidonía (hedonismo o amor al placer), y lo sometemos con las lágrimas de la μετάνοια metania y, una vez traído al crisol o fundidor de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio) lo hacemos inmóvil e inactivo. Esto, por supuesto, sucede cuando estamos en las filas de los bien dispuestos, diligentes y combatientes.
  44. Con las armas de la fe y la espada del Espíritu, es decir, el logos de Dios (Ef 6,17), una vez que hayamos expulsado el espíritu de la φιλαργυρία filargiría (avaricia o amor al dinero), lo degollamos y nos elevamos hacia la contemplación de los seres con el logos de la sofía-sabiduría, superando la debilidad de las cosas visibles por el logos de la gnosis y encontrando nuestro descanso en el reinado de la αγάπη agapi (amor incondicional) junto con los riquísimos tesoros de la esperanza en Dios.
  45. Cuando con las alas de la απάθειας apázia (impasibilidad, sin pazos) y la humildad navegamos en el aire de la teología mística y nos introducimos en el abismo superior de la gnosis (conocimiento increado) de los misterios de Dios por el divino Espíritu, entonces, con las llamas de los divinos dogmas (realidades y enseñanzas infalibles) y conceptos quemamos el espíritu de la φιληδονία filidonía hedonismo o amor al placer. Y observando la conclusión de las cosas humanas, hundimos con la lluvia de lágrimas y la κατάνυξις katánixis (compunción o dilatación del corazón) los guerreros jefes demonios que han hecho guerra contra nosotros con la presunción, la vanagloria y la soberbia.
  46. Quien ha odiado y renunciado con toda su psique-alma el deseo indecente de la carne y el deseo que viene de la vista y la arrogancia de la riqueza (1Jn 2,16), que constituyen el mundo de la injusticia e iniquidad (Sant 3,6) por cuya amistad nos convertimos en enemigos de Dios (Sant 4,4), ha crucificado al mundo para sí mismo y a sí mismo para el mundo (Gal 6, 14). Así destruye la enemistad entre Dios y la psique-alma y hace la paz entre los dos (Ef 2,5). Porque, quien ha muerto para estas cosas, despojándose de la mentalidad y conducta carnal, éste se ha reconciliado con Dios (2,16), ya que ha matado la enemistad del mundo por la necrosis, mortificación de los placeres o hedonismo, mediante su vida crucificada para el mundo, y ha aceptado la amistad con Jesús. Por consiguiente, ese hombre no es amigo del mundo, de modo que sea enemigo de Dios, sino que se convierte en amigo de Dios, porque está crucificado para el mundo y puede decir: «El mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo» (Gal 6,14).
  47. Para los luchadores el abandono por parte de Dios se hace a causa de la vanagloria, el juicio y condena al prójimo y por la exaltación y vanagloria por sus virtudes. Cualquiera de estos tres pazos que se acerque y domine a las psiques-armas de los luchadores, provoca el abandono por parte de Dios; y no se escaparán del justo juicio y condena por estas caídas, hasta que expulsen la causa del abandono y se entreguen y se refugien a la altura de la humildad.
  48. Suciedad e impureza del corazón y mancha de la psique-alma no es sólo la presencia de conceptos y pensamientos indecentes y pasionales, sino también el hecho de que uno se enorgullezca de la multitud de sus logros y hazañas y se infle por sus virtudes y tenga una gran idea de sí mismo de que ha adquirido sabiduría-sofía y gnosis divina (conocimiento increado) de Dios, y reproche a los hermanos que son espiritualmente perezosos, descuidados y negligentes. Y esto se ve claramente a través de la parábola del fariseo y del publicano (Mt 18,10 y otros)
  49. No creas que te liberarás de los πάθος pazos y escaparás de la contaminación de los conceptos y pensamientos indecentes y pasionales que nacen de estos, si tienes conducta y mentalidad infladas de orgullo, soberbia, altanería y arrogancia por tus virtudes. No vas a adquirir buenos pensamientos de modo que puedas ver el patio de la paz, ni tendrás χρηστότις c-jristotis (bondad), serenidad y paz en el corazón de modo que puedas entrar con alegría al templo de la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), mientras confíes en ti mismo y en tus obras.
  50. Si tu psique-alma es atraída y siente pasión indecente por hermosa apariencia de los cuerpos y está tiranizada por los pensamientos pasionales e indecentes que nacen de estos, no pienses y creas que estos (los cuerpos) son la causa de tu turbación y de la agitación interior tan pasional e impura; más bien, debes saber que la causa está oculta dentro de tu psique-alma, la cual, a causa del mal hábito o adicción pasional e indecente, atrae hacia sí, como un imán, la contaminación y la impureza de los rostros, como si fuera hierro. Porque las creaciones y criaturas de Dios son, en sí mismas, todas muy buenas (Gen 1,31), y no hay razón en ellas por la cual la creación de Dios deba ser acusada y culpable.
  51. Así como aquellos que viajan en un barco en el mar sufren mareos, no los padecen por la naturaleza del mar, sino a causa del jugo insano o química enfermiza y alterada que tienen en su interior, del mismo modo la psique-alma también sufre el tumulto pasional interior y la perturbación de los pazos pasiones indecentes y vicios, no a causa de las personas o rostros, sino a causa del mal hábito o adicción que aún está en su interior.
  52. Según el ánimo y la disposición interior de la psique-alma, se altera y cambia también la naturaleza de las cosas. Es decir, cuando los sentidos psíquicos de la psique funcionan según naturaleza y el νούς nus camina sin engaños ni errores en torno a los logos (principios, causas) de los seres, teniendo lo lógico o la lógica para clarificar las naturalezas y sus movimientos, entonces también la psique-alma ve las cosas, los rostros y cada creación material por su naturaleza, porque no ocultan ninguna causa que pueda mancharla, contaminarla, perjudicarla o dañarla. Pero cuando las fuerzas de la psique-alma se mueven de manera antinatural, sublevándose entre sí, entonces también ella ve todo de manera antinatural; por eso ellas no la elevan con su belleza natural hacia el entendimiento y conocimiento del Creador, sino que a causa del mal hábito pasional la arrastran y la hunden en el abismo de la perdición.
  53. Si caíste por el abandono de Dios en una caída carnal, de la lengua o del pensamiento, a pesar de llevar una vida esforzada y muy austera, no te parezca inexplicable o extraño. Porque la caída es tuya y se debe a ti. Es decir, si primero no hubieras formado -como no debías- una idea vana y grandiosa de ti mismo, o no te hubieras enorgullecido con arrogancia en detrimento de otro, o no hubieras juzgado a alguien por su debilidad humana, Dios no te habría abandonado con justa razón, y no habrías aprendido así tu propia debilidad e incapacidad. Por tanto, la has aprendido, para que aprendas a no juzgar y condenar (Mt 7,1), y no tener una actitud y conducta arrogante o de superioridad de la que debes tener y no enorgullecerte sobre los otros (1Cor 4, 6).
  54. Si recaes y caes en la profundidad de los pecados, no desesperes y no pienses para nada que has perdido la oportunidad del retorno, incluso si has llegado al último abismo del hades o infierno de la maldad. Porque si con las virtudes prácticas ya has puesto en ti el fundamento de la fe y piedad, entonces, aunque se haya derrumbado el edificio que has construido con varias piedras de virtud y ha caído al suelo de la tierra pasional de los vicios y de los males, Dios no se olvidará de tus antiguos esfuerzos, fatigas y sudores. Esto, por supuesto, si tu corazón está quebrantado por sus pecados y recuerda los días pasados (Sal 142,5) y suplica con gemidos ante Dios para levantarse de su caída. Y Dios pronto dirigirá la mirada hacia ti y se cuidará de ti que respetas y temes Sus logos-mandamientos (Is 66,2) y tocará invisiblemente los ojos de tu corazón destrozado y dolido, y presentará en el cimiento de la virtud que antes habías construido con esfuerzos y fatigas, y te dará una fuerza mayor y más perfecta que la primera, con el fervor del espíritu ardiente, de modo que puedas volver hacer con paciencia las obras de la virtud que fueron destruidas por la envidia del astuto maligno, y vuelvas a construir con espíritu de humildad la casa de tu psique-alma más espléndida y más lúcida que la anterior, para el descanso eterno de Dios, como está escrito.
  55. Todas las cosas deshonrosas que nos suceden, ya sea de parte de los hombres o por los demonios, suceden según el juicio justo de Dios por economía, para que se humille la actitud y mentalidad vanidosa de nuestras psiques-almas. Porque el propósito y objetivo de Dios, el gobernante de nuestra vida, es que siempre seamos humildes y no tengamos una idea (pensamiento, conducta) más alta de la que debemos, sino que nos distinga la moderación; no debemos tener una gran idea por nosotros mismos, sino mirar hacia Él y tratar de imitar, en la medida de lo posible, Su bienaventurada humildad. Porque Él era apacible, manso y humilde de corazón (Mt 11,29), y así quiere que nos hagamos también nosotros. Él que sufrió y soportó por nosotros la muerte injusta y deshonrosa. No hay nada que le sea tan querido y cercano dentro de toda virtud, y que nos eleve de la inmundicia y del estiércol de los pazos, como la apacibilidad, la mansedumbre, la humildad y la αγάπη agapi (amor incondicional) hacia al prójimo. Si nos faltan están cosas cuando trabajamos en las virtudes, entonces todo nuestro trabajo es vano, y todo el esfuerzo de la ascesis es inútil e inadmisible ante Dios.
  56. Para los principiantes en la vida de la virtud, el temor a los infiernos les ayuda a trabajar y cumplir con los mandamientos y evitar los males. Sin embargo, aquellos que han progresado en la virtud y han alcanzado la contemplación de la δόξα doxa gloria (luz increada) de Dios, adquieren otro tipo de temor, acorde con la αγάπη agapi, que es mucho más terrible: el temor sagrado puro (Sal 18,10). Este temor los ayuda a mantenerse firmes e inamovibles en la agapi de Dios, al pensar y reflexionar sobre la posible terrible caída de ella. Si los primeros recaen y de nuevo se arrepienten y vuelven a la μετάνοια metania, el primer temor regresa con buenas esperanzas. Pero los segundos, si por la envidia del enemigo pierden el elevado estado de la divina contemplación de Dios debido a una caída, no recuperan de inmediato ese segundo temor sagrado puro, sino que se ven envueltos en una tiniebla u oscuridad densa y palpable (Ex 10,21), llenos de desaliento, dolor y amargura, junto con el primer temor de los infiernos. Y si el Señor Sabaoz no abreviase aquellos días de insoportable sufrimiento, no se salvaría ninguno de los que han sufrido este tipo de caída (Mt 24,22).
  57. Cuando la psique-alma es aliviada por la molestia persistente de los pensamientos pasionales indecentes y la llama tiránica de la carne se apaga, entonces debes saber que se trata de la venida del Espíritu Santo en nuestro interior, anunciando el perdón de nuestros pecados anteriores y nos regala la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Pero, mientras que la psique-alma sigue sintiendo, a través de la constante molestia, el olor de los pazos y los deseos de la carne se inflamen por los bajos instintos animales, debes saber que la psique-alma está lejos aún de la fragancia del Espíritu, y que toda ella sigue atada bajo las cadenas indisolubles de los pazos y de los sentidos.
  58. He visto en la tierra -dice el sabio- a un hombre que cree que es virtuoso (Prov 26,12). Yo también he visto a uno entre los hombres, que confiaba en sus propias obras y tenía una gran idea y opinión de su sabiduría humana, terrenal, carnal y demoníaca. Debido a esto, no solo fanfarroneaba a expensas de las personas sencillas, sino que también se burlaba de los maestros de la fe cristiana que habían terminado su vida de manera piadosa, ridiculizándolos por su lenguaje inusual y porque no quisieron imitar el vocabulario refinado y elegante de la sabiduría mundana, ni buscaron una estructura gramatical perfecta en sus enseñanzas escritas. A este hombre, que ignora que Dios no prefiere ni ama las palabras refinadas y las frases bonitas, sino el buen significado de los conceptos, le citaré el siguiente proverbio: “El perro vivo es mejor que el león muerto; y un joven pobre y sabio es mejor que rey viejo y necio que aún no sabe consultar y fijarse en los consejos correctos” (Sabiduría Salomón 4,13).
  59. El πάθος pazos de la blasfemia es terrible y difícil de combatir y vencer. Tiene su origen en la διάνοια diania (mente, intelecto) altanera y soberbia del satanás. Este pazos molesta a todos los que viven en virtud según Dios, pero más aquellos que progresan en la oración y en la contemplación de las cosas y realidades divinas. Por eso debemos con toda atención guardar y vigilar los sentidos y percepciones sensibles y afrontar con piedad y devoción todos los terribles misterios de Dios, así como los sagrados símbolos y los logos, y estar alerta para que no ataque este espíritu malvado astuto. Porque se oculta y está en acecho cuando oramos y psalmodiamos, y a veces, cuando no estamos atentos, eructa, con nuestros labios maldiciones contra nosotros y blasfemias horribles contra Dios altísimo, las cuales se infiltran furtivamente en los versos de los salmos y en las palabras de la oración. Pero cuando trae en nuestros labios una cosa así o siembra escondidamente en nuestra διάνοια diania (mente, intelecto) tal tipo de cosas, entonces debemos dirigirnos contra él el logos de Cristo y decirle: “¡Apártate de mí, sal detrás Satanás que estás lleno de suciedad, mal olor y condenado al infierno eterno! Que tu blasfemia caiga sobre tu cabeza” (Lc 4,8); Y enseguida debemos distraer temporalmente nuestro νούς nus (espíritu de la psique) sometiéndolo en otra cosa, ya sea pensamiento divino o humano y con lágrimas elevarlo hacia los cielos y a Dios. Y así, con la ayuda de Dios, seremos liberados del peso de la blasfemia.
  60. La λύπη lipi (tristeza sufrimiento, pena, depresión) es un pazos destructivo para la psique-alma y el cuerpo, corrompe y afecta incluso la médula de los huesos. Me refiero por supuesto, a la λύπη lipi (depresión, tristeza, pena) según el mundo, la que domina a los hombres por las cosas provisionales y muchas veces se convierte para ellos en causa de muerte (física y espiritual). Pero la λύπη lipi según Dios es salvífica, sanadora y muy beneficiosa y produce paciencia en los esfuerzos, en las fatigas y en las tentaciones. Abre la fuente de la κατάνυξις katánixis (dilatación del corazón, compunción) en aquel que lucha y está sediento de la justicia de Dios y alimenta con lágrimas su corazón, de modo que se cumpla en él el logos de David: “Nos alimentarás con lágrimas en vez de pan, y con las lágrimas de la μετάνοια metania nos estarás regando en abundancia el vino de la κατάνυξις katánixis (compunción o dilatación del corazón)” (Sal 79,6).
  61. Las partes de la psique-alma que han caído en la práctica de los malos vicios, la λύπη lipi (tristeza, tristeza, sufrimiento) -según Dios- las rescata y las fortalece mucho retornándolas a su estado natural. Y con las lágrimas debilita mucho el invierno de los pazos y las nubes del pecado y los expulsa del aire inteligible y espiritual de la psique, de modo que se vuelva de nuevo el cielo limpio de los pensamientos en nuestro νούς nus con mente, y reine la serenidad en el mar de nuestra διάνοια diania (mente, intelecto), y el deleite en nuestros corazones, y se vaya alterando la faz de nuestro rostro, de modo que al verla aquellos que perciben correctamente reconforten junto con su mirada su disposición interna y digan según David: “Esta alteración se debe a la diestra del Altísimo” (Sal 76,11).
  62. No aceptes los pensamientos que siembra en tu interior el enemigo como sospechas contra el prójimo; son falsos, destructivos y totalmente engañosos. Debes saber que de esta manera los demonios intentan empujar al abismo de la perdición las psiques-almas de los que progresan en las virtudes. Porque de ninguna otra manera los demonios pueden arrojar a ningún luchador o combatiente en el fondo de la condena y el pecado práctico, sino persuadiéndolo a aceptar sospechas malas astutas y maliciosas por los comportamientos y las predisposiciones externas del prójimo. De esta manera convierten al hombre culpable y responsable del pecado, de modo que sea juzgado y condenado junto con el mundo, según el logos divino: “Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no nos juzgaría el Señor. Pero cuando el Señor nos juzga, nos instruye de modo que no seamos condenados junto con el mundo pecaminoso” (1Cor 1,11 y ss).
  63. Cuando por la negligencia o pereza espiritual dejamos los demonios susurrar en nuestros oídos sospechas contra nuestros hermanos, -debido a que no vigilamos los movimientos de nuestros ojos-, entonces somos conducidos e inducidos por ellos a veces a condenar incluso a los perfectos en virtud. Si, aquel que es alegre, sonriente y propenso a la compañía te parece fácil de consentir en pazos y placeres, entonces cada persona sombría y malhumorada debe parecerte llena de ira y orgullo. Pero no debemos fijarnos en las características particulares de los seres humanos, porque el juicio sobre ellos es inseguro e incierto. Y esto es porque los hombres entre sí tienen muchas diferencias en su naturaleza, costumbres y constitución física corporal distintas y solo aquellos que con gran katánixis (compunción o dilatación del corazón) han limpiado o hecho la catarsis de los ojos espirituales de su psique-alma y habitan en ellos la luz infinita e increada de la vida divina pueden considerar y juzgar estas cosas sin error, a quienes también se les ha dado la χάρις jaris (gracia increada) de conocer los misterios de la Realeza increada de Dios (Mt 16,11).
  64. Cuando cometemos las obras malas de la carne, entonces servimos a los deseos antinaturales y la irascibilidad o emoción de la psique-alma, y contaminamos la carne del cuerpo con los flujos inmorales del pecado, mientras oscurecemos la psique-alma con la amargura de la ira, nos alejamos de esta manera del Hijo de Dios. Por tanto, debemos limpiar el cuerpo de la suciedad y contaminación del flujo del cuerpo con el flujo de las lágrimas de nuestra esencia, de modo que el cuerpo que ha sido contaminado por el placer con flujo natural, limpiarlo de nuevo del dolor de la tristeza o sufrimiento a través del flujo natural de las lágrimas. Y la oscuridad de la psique-alma que causa la amargura de la ira, debemos ahuyentarla con la luz de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y la dulzura de la αγάπη agapi de Dios y unirnos de nuevo con Aquél de quien anteriormente nos habíamos apartado por el deseo y la ira.
  65. Así como la suciedad y contaminación de la carne proviene del placer que tiene su causa al amor satánico para satisfacer y completar el vicio y la maldad, de igual manera la catarsis que proviene de la dolorosa tristeza tiene como causa previa el fervor del corazón, para lograr y completar el luto (aflicción espiritual o según Dios) y las lágrimas. Y esto constituye una economía de la bondad de Dios hacia nosotros, de modo que, expulsando y limpiando la fatiga del placer con la fatiga del dolor y el flujo vergonzoso de la carne con el flujo de las lágrimas, podamos eliminar de nuestro νούς nus (espíritu del corazón) las huellas o patrones infames y las imágenes feas de nuestra psique-alma y hacerla resplandeciente en su belleza natural.
  66. Así como el fornicador por la energía del maligno espíritu se prostituye (su psique-alma) y recoge como recompensa el placer de la carne y sus vicios y sus malas obras terminan en la contaminación y suciedad (de su psique), de igual manera en el que opera desde lo alto el Espíritu Santo, recibe como recompensa la alegría de la psique-alma y sus obras buenas resultan a la catarsis con lágrimas, al renacimiento y a la cohesión y unión con Dios.
  67. En nosotros existen dos flujos que provienen de nuestra esencia: el de la semilla o esperma y el de las lágrimas. Con el primero, se contamina el manto de la psique-alma, mientras que con las lágrimas se limpia y se purifica. Por eso es necesario que la contaminación que proviene de nuestra sustancia lavarla con las lágrimas que provienen también de ella. Debido a que no hay otro método o manera que se pueda catartizar limpiar la contaminación y mancha de nuestra naturaleza.
  68. Cada disposición de la psique que se equivoca y se mueve de forma viciosa y mala, termina su intento en un breve placer. Pero cada psique que hace la catarsis, se purga, se limpia y se purifica del mal hábito y disposición, extiende sus esfuerzos en un placer largo, lleno de gozo y felicidad. Y es un milagro, cómo un placer que reprime al otro, convierte en dulce totalmente el dolor y el sufrimiento que nace de otro placer.
  69. A veces el flujo de las lágrimas provoca en la percepción o sentido espiritual del corazón amargura, pena y dolor, y en otras veces alegría, gozo y felicidad. Por tanto, cuando con la μετάνοια metania hacemos nuestra catarsis, nos purgamos, nos limpiamos, y nos purificamos (nos psicoterapiamos) del veneno y de la suciedad del pecado, como con fuego fuerte, teniendo las lágrimas ardientes que ella provoca por el fuego divino y nuestro pensamiento como si fuera golpeado con pesadas mazas y con gemidos que surgen de la profundidad del corazón, entonces sentimos amarguras, sufrimientos y dolores tanto espirituales como sensibles. Pero cuando con este tipo de lágrimas hemos sido limpiados, sanados y purificados (psicoterapiados) suficientemente y hemos avanzado a la libertad de los pazos, entonces somos consolados por el Espíritu divino, porque hemos adquirido corazón sereno, puro y limpio (o psique psicoterapiada), y nos colmamos con el inexpresable placer y dulzura por las lágrimas de alegría de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón).
  70. Las lágrimas de la μετάνοια metania son diferentes de aquellas que provienen de la divina κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón). Las primeras son como río desbordado que arrastra todas las fortalezas de los pecados, mientras que las segundas lágrimas son para la psique como lluvia que cae en las hierbas salvajes y como nieve en la hierba verde del césped, y alimentan la espiga de la gnosis/conocimiento y haciéndola abundante y rica de frutos (Dt 32,2).
  71. No cada lágrima es de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), ya que se diferencian mucho entre sí. Las lágrimas provienen por la conversión de la conducta y del recuerdo de los antiguos pecados de la psique-alma, como si saliesen de fuego y agua hirviente, y así realizan la catarsis, purgan, limpian y purifican el corazón. La κατάνυξις katánixis desciende desde el divino rocío del Espíritu para consuelo y alivio de la psique, la cual apenas ha entrado a la profundidad de la humildad y ha disfrutado de la contemplación de la luz increada, dice a Dios como David: “Atravesamos a través de fuego y agua, y nos sacaste teniendo aliento y alegría” (Sal 65,12).
  72. He oído algunos decir que nadie puede alcanzar el hábito de la virtud sin una larga retirada y huida al desierto, y me asombré, porque ellos creyeron que lo que no tiene límite se puede limitar a un lugar. Porque el hábito de la virtud es apocatástasis, restablecimiento de las δυνάμεις dinamis (poderes, potencias y energías) de la psique-alma a su nobleza inicial y la concentración al mismo punto de las virtudes generales, o sea, en la energía y actividad natural. Pero estas cosas no nos llegan desde el exterior como si fueran introducidas, sino que se nos han sido donadas desde nuestra creación con el sentido espiritual y divino, y cuando por estas cosas y junto con estas nos movemos según naturaleza, entonces nos introducimos en la Realeza increada de los Cielos, la cual se encuentra en nuestro interior (Lc 17,21), según el logos del Señor. Por tanto, la soledad del desierto es innecesaria, ya que podemos entrar a la Realeza increada de los Cielos conde la μετάνοια metania y la aplicación exacta y cumplimiento de los mandamientos-logos de Dios, de acuerdo con el divino David que dice: “Bendiga psique-alma mía al Señor en todos los lugares de Su dominio” (Sal 102,22).
  73. Aquel que se encuentra en una formación real, bajo generales y capitanes, combatiendo con ellos, y que no pudo en la batalla demostrar valentía y coraje contra los enemigos, o al menos vencer a uno de ellos, ¿cómo podrá luchar solo entre miles de enemigos y mostrar alguna hazaña militar, dado que es inexperto en la guerra? Y si esto es imposible en las cosas humanas, mucho más lo es en las divinas. Porque, ¿quién por haber huido al desierto, podrá reconocer las incursiones de los demonios y los asaltos ocultos y visibles de los pazos? O ¿cómo realizará los ataques contra ellos si antes no se ha ejercitado en cortar su voluntad entre el grupo de hermanos, bajo las órdenes de un guía (espiritual) experimentado de esta guerra invisible y espiritual? Si esto es imposible, entonces es totalmente inalcanzable que este hombre pueda combatir a favor de los demás y enseñarlos la victoria contra los enemigos invisibles.
  74. Quítate la vergüenza de la reprensible negligencia y del ruin desprecio por la desobediencia a los mandamientos-logos de Dios; arroja lejos de ti la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo, egocentrismo) y lánzate implacablemente sin compasión contra la carne. Busca aprender cómo aplicar y guardar los mandamientos-logos del Señor (Sal 118,56) y los testimonios de Su ley. Desprecia la doxa-gloria y el deshonor. Odia los apetitos hedonistas o placenteros del cuerpo. Evita saciar la panza o vientre por la que saltan los impulsos carnales. Abraza la pobreza y la dureza en el cuerpo. Mantente valiente contra los pazos. Dirige tus sentidos hacia el interior de la psique-alma. Profundiza en tu interior para hacer trabajo superior. Hazte sordo a las cosas mundanas. Pon toda tu fuerza y valor al trabajo de los mandamientos/logos de CristoDios. Llora, duerme en el suelo, ayuna, esfuérzate, serénate y, por último, aprende no sobre las cosas exteriores, sino sobre ti mismo. Súbete encima de la humildad de las cosas visibles. Extiende el ojo espiritual de tu psique-alma que es el νούς nus (espíritu de la psique) a la contemplación de Dios y observa el encanto de Dios mediante la belleza de las creaciones (Sal 24, 6). Después baja de allí y cuéntales a tus hermanos las cosas relacionadas con la vida eterna y los misterios de la Realeza increada de Dios. Y esto es trabajo y obra de la huida o fuga de los hombres, con ascesis (ejercicio espiritual) extrema y el fin de la permanencia en el desierto.
  75. Si quieres ver los bienes que ha preparado Dios para los que le aman (1Cor 2,9), debes llegar al desierto de la negación de tu voluntad y evitar al mundo (pecaminoso). ¿Quién es este mundo? El deseo de los ojos carnales (1Jn 2,16), la arrogancia de los pensamientos y el engaño de las cosas visibles. Por tanto, si evitas este mundo (pecaminoso), muy temprano verás que amanecerá y brillará sobre ti la luz de la vida divina (Is 58,8) y rápidamente aparecerán los fármacos de tu psique-alma, me refiero a las lágrimas (del corazón). Y recibirás la buena alteración por la diestra del Altísimo (Sal 76,11), y a partir de entonces no se te acercará ninguna plaga y calamidad de los pazos (Sal 90,11). Y así, mientras vivas en el mundo y en la multitud, estarás como si vivieras en el desierto y como si no vieras hombre alguno. Pero si evitas este mundo, como dije, no te beneficiarás de nada por la huida del mundo visible, no lograrás las virtudes y no te unirás con Dios.
  76. El que uno se haga monje o cristiano ortodoxo no significa huir y estar alejado de los hombres y del mundo, sino abandonar el propio ego, renunciar las voluntades o deseos del cuerpo-carne, convertirse y llegar a una situación o estado despojado y desierto de los pazos. Es verdad que se ha dicho al Arsenio el Grande: “huye, márchate de los hombres y serás salvo”, (los Padres del desierto p.97), pero se dijo en este sentido y espíritu. Porque él después de su huida también se encontraba entre los hombres y permanecía en regiones habitadas y vivía junto con sus discípulos. Pero con la huida sensible había realizado con esmero la huida espiritual, así no le molestaba ni le perjudicaba en absoluto su relación y convivencia con los seres humanos. Lo mismo también decía otro de los grandes Padres santos cuando salía de la sinaxis-asamblea de la Iglesia: “Huyan hermanos”; y cuando le preguntaron de qué cosa tienen que huir, él les señaló la boca. (Se trata de san Macario de Egipto).
  77. Convivir con hermanos en comunidad es más seguro que el aislamiento o vida solitaria. La necesidad de convivir junto con otros da testimonio el divino logos de Jesús y Dios: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo entre ellos” (Mt 18,20). En cuando al riesgo y peligro de la soledad o aislamiento, Salomón dice: “Ay del uno o del solo que cae, no habrá quien lo levante” (Sab Sal 4,10). Aquellos que viven con αγάπη agapi y concordia y alaban con cantos e himnos a Dios, David los llama bienaventurados y felices, diciendo: “Bienaventurado el pueblo que ha aprendido a clamar con doxologías” (Sal 88,16). El mismo elogia también la convivencia: “¡oh, no hay más bello y más agradable que convivan juntos los hermanos!” (Sal 132,1). Pero también los discípulos del Señor, “todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola psique-alma, de modo que constituían una sociedad y comunión espiritual…” (Hec 4,32). Incluso el descenso de Dios en nosotros no se hizo en el desierto, sino en lugares habitados y entre los hombres pecadores. Por tanto, es necesaria la concordia de la vida en comunidad, mientras que es errónea y peligrosa la vida solitaria o el aislamiento.
  78. El Señor dijo: “Son inevitables los escándalos, pero ay de aquel que se hace causa del escándalo” (Mt 18,7). Por tanto, aquel que ha perdido la piedad y la devoción y se comporta entre la hermandad con desprecio y falta de temor a Dios, escandaliza a muchos de los hermanos que son más sencillos y, por un lado, con un círculo vicioso en acciones, hechos, formas y maneras y, por otro lado, con palabras y discursos pervertidos, corrompe y pervierte así las psiques-almas que tienen carácter bueno, sencillo y hábitos correctos y bondadosos.
  79. Quien aplica y cumple los mandamientos-logos de Dios, no se convierte en piedra de escándalo o causa de tropiezo y caída para los hombres, dado que ni siquiera hay escándalo en él, como dice el Salmista: “Mucha paz domina a los que aman Tu ley, y no hay escándalo en ellos” (Sal 132,1). Por el contrario, se convierte para ellos luz, sal y vida, según el logos del Señor: “Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra” (Mt 18,7). Luz, porque lleva una vida virtuosa, logos brillante y διάνοια diania (mente, intelecto) sabia; sal, porque abunda en él la gnosis divina (conocimiento increado) y es fuerte en la sofía-sabiduría de Dios; y vida, porque con sus logos despierta y vivifica a los mortificados por sus pazos y los resucita del abismo del infierno de la desesperación. También, con la luz de sus obras virtuosas resplandece delante de los hombres y los sobreilumina; y con la dulzura y la fuerza de sus logos, les quita de la relajación y les libera de la putrefacción de los pazos, y finalmente, con la vida de sus logos, da vida a las psiques-almas que se han mortificado por el pecado.
  80. El pazos de la vanagloria es una trampa con tres puntas o aguijones, -la vanagloria, la presunción (o jactancia) y la soberbia (u orgullo)- que son avivados y forjados por los demonios. Sin embargo, aquellos que como aves anidan bajo la sombra de Dios en el cielo (Sal 90,1), perciben y reconocen fácilmente la trampa y destruyen sus aguijones o puntas, mientras vuelan por encima de estos con la humildad y reposan en el árbol de la vida.
  81. Cuando el sucio y muy astuto demonio de la vanagloria te ataca mientras vas progresando en la virtud y te predice con vanos λογισμοί loyismí (pensamientos simples o unidos con la fantasía, conceptos) de tu ascenso en el trono de Obispo o Higúmeno (Abad), trayéndolos en tu mente y elogiando tu trabajo, es decir, como si tu trabajo fuera superior a la de los demás, e incluso si te inspira y te sugiere de que eres capaz también de conducir (espiritualmente) psiques-almas, entonces detenga a este demonio con la mente y no le dejes escapar, por supuesto que si tienes la fuerza de lo alto para hacerlo; y, una vez que lo hayas atrapado, ve con la mente a algo vil que hiciste alguna vez, y dile: “¿Los que hacen este tipo de cosas son dignos de ascender a la altura del primer puesto y te parecen dignos y capaces de guiar psiques-almas y conducirlas salvas hacia Cristo? Dímelo tú, porque yo me callo. Y él pues, sin saber qué responderte, por su vergüenza se marchará como humo y ya no te volverá a molestar más. Y si tú no te acuerdas y no encuentras algo indigno que has hecho en tu vida ultramundana, por lo menos compárate a ti mismo con los mandamientos, los sufrimientos y los padecimientos del Señor; entonces encontrarás que estás tan lejos de la perfección, tal como una piscina de agua en comparación con el mar. Porque la justicia de los hombres está tan lejana de la justicia de Dios, como lo es la tierra respecto al cielo y el mosquito respecto al león.
  1. Aquel que ha sido herido profundamente por la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios, no le basta la fuerza del cuerpo para corresponder a la magnitud de su intención. Porque su intención no se sacia por los esfuerzos y los sudores de su ascesis (ejercicio espiritual); es decir, sintiéndose como muchos sedientos, no encuentra nada con qué apagar la llama de su intención, sino que día y noche tiene sed de estar esforzándose y no le es suficiente la fuerza del cuerpo. Creo que los mártires de Cristo también fueron poseídos de esta intención y pasión sobrenatural y así no sentían los martirios, ni se saciaban, sino que ellos mismos superaban a sí mismos con el έρως eros (amor ardiente) de Dios y se sentían y se veían siempre que no podían alcanzar su intención candente de sufrir castigos, torturas y tormentos por Cristo.
  2. Aquél que, de alguna manera, compara su ser con alguno de sus hermanos que están junto a él en ascesis o que conviven con él, sin darse cuenta se engaña a sí mismo (Gal 6,3) y sigue el camino que no conduce a Dios. Este hombre o no se conoce a sí mismo o ha sido engañado y desviado del camino que conduce al cielo, en el que corren todos los combatientes o luchadores de buena intención y ánimo con actitud y conducta humilde, cosa que los hace sobrevolar por encima de las trampas del enemigo, llegando al aire espiritual con las alas de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), volando en lugares luminosos, embellecidos y adornados por la templanza y la modestia.
  3. El que es arrogante y presuntuoso y se engaña por la gran idea e imagen de sí mismo, nunca conseguirá la χάρις jaris (gracia, energía increada) de la humildad dentro de la luz de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), por la cual se concede la luz de la sofía/sabiduría de Dios en aquellos que tienen el corazón quebrantado, según el logos de la Escritura: “En Tu luz (increada) veremos la luz (increada)” (Sal 35,10). Por el contrario, será cubierto de la tiniebla u oscuridad de la noche de los pazos donde circulan todas las bestias de la selva (Sal 103,20) de la naturaleza humana, y los leoncillos de la presunción, es decir, los demonios de la vanagloria y de la lujuria, (fornicación, prostitución), que rugen y buscan a quién devorar (1Ped 5,8) y arrojarlo en el vientre de la desesperación.
  4. Para quien vive buscando agradar a los hombres y es movido y guiado por el espíritu de la presunción o vanagloria, el tiempo de su vida y la vida presente se convierten en un mar de males, que inunda su νούς nus y su psique espiritual con la salinidad del hedonismo o placeres, y con las feroces olas de los pazos golpea las tres partes de la psique (lógico, irascible o emocional y anhelante), agitadas por los espíritus de la mala astucia y maldad. Este enfrenta una terrible incertidumbre y un gran desazón y desánimo cuando el barco y el timón de la psique-alma se quebrantan por los placeres del cuerpo-carne y el gobernante νούς nus se encuentra cubierto bajo el abismo del pecado y la muerte espiritual, hasta que el mar de los males no calme sus olas y se convierta en un abismo de humildad y serenidad, y la salinidad de los placeres no transforme las corrientes en fuentes de lágrimas y se convierta en placer de la luminosa κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón).
  5. Tú que has servido hasta la saciedad a los placeres y las praxis del cuerpo, dedícate hasta la saciedad también a los esfuerzos de la ascesis (práctica espiritual) con los sudores de las fatigas del cuerpo, de modo que sea rechazada la saciedad por la saciedad, el placer por el dolor o sufrimiento y el reposo por los esfuerzos del cuerpo y así podrás tener alivio y reposo encontrando la saciedad de gozo, deleite y felicidad. De esta manera disfrutarás el aroma y la pureza de la castidad y la indescriptible delicia y placer de los frutos inmortales del Espíritu. Porque también los detergentes los utilizamos en proporción con la suciedad de las prendas que queremos lavar, cuando esta ha penetrado profundamente.
  6. Las enfermedades benefician a los principiantes en la vida virtuosa o espiritual, porque ayudan a marchitar y a humillar la carne que está excitada e hirviendo. Es decir, ellas debilitan la fuerza de la carne y afinan la mentalidad y conducta terrenal de la psique-alma, mientras hacen que su energía sea más dinámica, más intensa y más fuerte, como dice el divino Apóstol: “Cuando enfermo, entonces soy fuerte” (2Cor 12,10). Pero cuanto más útiles son para los principiantes, tanto más dañinas son para los avanzados en los esfuerzos de las virtudes y ya han superado el sentido o percepción sensible y se dirigen hacia las contemplaciones celestiales. Y esto sucede porque les impiden ocuparse de las cosas divinas y con los dolores (por la virtud) y las contrariedades entorpecen la parte logística (lógica) de la psique-alma y la oscurecen con la nube de la pesadumbre, desánimo y con la sequedad de los dolores secan la κατάνυξις katánixis (compunción o dilatación del corazón). Esto lo conocía muy bien también Pablo y cuidándose correctamente de sí mismo con la ley del discernimiento, decía: “Fatigo mi cuerpo con las ascesis (ejercicios) persistentes, pero también lo cuido como esclavo, no vaya ser que por el miedo de que yo que he predicado a otros, resulte yo mismo inadecuado y descalificado” (1Cor 9,27).
  7. De la dieta desequilibrada y anómala, en muchos a menudo surgen las enfermedades. Es decir, cuando se trata de un luchador que tiende a una extrema abstinencia de alimentos y a los esfuerzos y fatigas para las virtudes sin medida y sin discernimiento, o cuando se trata de uno que se desvía a la voracidad y a la gula hasta la saciedad que es enemiga de la naturaleza. Por tanto, la εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio) es necesaria tanto para los principiantes, como para aquellos que han superado la mitad del camino hacia la ascensión más alta de la contemplación espiritual. Porque la εγκράτεια engratia es la madre y amiga de la pureza y la buena esposa de la humildad.
  8. Primero, mediante la culminación de la práctica ascética, alcanzan el primer estado de απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), la cual, tras crecer de múltiples maneras con los esfuerzos de la legítima competición (2Tim 2,5), inmediatamente mortifica los pazos y debilita los impulsos de la carne, mientras hace que las fuerzas de la psique-alma actúen conforme a su naturaleza y restituye el νούς nus (espíritu) y el intelecto en el estudio cuidadoso de las cosas y realidades divinas. Y luego, a partir del comienzo de la contemplación natural, llega en ellos la segunda y más perfecta απάθεια apázia, la cual, desde la santa ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) de los pensamientos tras elevarse al estado pacífico del νούς nus (espíritu de la psique), le hace excelentemente clarividente, perspicaz y previsor. Excelentemente perspicaz en cosas divinas, en visiones de realidades superiores y en revelaciones-apocalipsis de los misterios de Dios. Y previsor en cuanto a los asuntos humanos que provienen de lejos y que sucederán en el futuro. Y en las dos opera el único y mismo Espíritu (1Cor 12,11), el cual retiene y limita la primera απάθεια apázia, mientras que en la segunda libera y dona la libertad de la vida eterna, como dice Pablo.
  9. Quien se ha acercado a las fronteras de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), mientras ejerce correctamente la contemplación sobre Dios y las naturalezas de los seres, a partir de la belleza de las criaturas se eleva —según su pureza— al Creador y recibe las radiaciones e inundaciones de la luz increada del Espíritu. Teniendo aprecio y amor para todos, siempre piensa bien para todos y los ve como santos, puros y tiene juicio sano, bueno y ortodoxo sobre las realidades y las cosas divinas y humanas. De esta manera no ama nada de las cosas materiales del mundo por las que se preocupan y buscan tanto muchos hombres; y, habiéndose despojado, en su νούς nus, de la percepción general mundana, se lanza hacia los cielos y a Dios, limpio de toda mancha y fango, liberado de toda esclavitud, es absorbido completamente por los bienes espirituales de Dios con solo su Espíritu, ve la belleza divina y penetra de modo divino (como Dios manda) en los lugares divinos de la bienaventurada δόξα doxa(gloria, luz increada) de Dios, con un silencio indescriptible y alegría. Por tanto, habiendo transformado todas sus percepciones o sentidos, como un ángel en un cuerpo material, se relaciona como incorpóreo con los seres humanos.
  10. Cinco son los sentidos de la άσκησις áskisis ascesis (práctica, ejercicio espiritual): vigilia o vigilancia, estudio, oración, εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio,) e ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial). Quien ha conectado y ligado sus sentidos con esto, es decir, la vista a la vigilia o vigilancia, el oído al estudio, el olfato a la oración, el gusto a la εγκράτεια engratia y el tacto a la ησυχία hisijía, éste rápidamente hace la catarsis (limpieza, purgación y sanación, “psicoterapia”) del νούς nus (espíritu de su psique-alma) y una vez que lo haya afinado (el νούς nus), le hace perspicaz y απαθής apazís (impasible, sin pazos).
  11. Νούς nus (espíritu de la psique) απαθής apazís (sin pazos, impasible) y sereno es aquel que ha sometido sus pazos y se encuentra por encima de la tristeza o sufrimiento y la alegría. «Este no se entristece por los ataques de las aflicciones ni se relaja por el entusiasmo y la alegría, sino que su psique-alma permanece alegre en las tribulaciones y moderada en las alegrías, sin desviarse del equilibrio.
  12. Es muy grande la manía de los demonios contra aquellos que progresan en la contemplación Están en acecho poniendo trampas día y noche. Les crean terribles tentaciones a través de los que conviven con ellos, mientras que los mismos demonios provocan ruidos para asustarlos. Y cuando glorifican y alaban a Dios, atacan contra ellos por envidia de su descanso y de diversas maneras les afligen e intentan entristecerlos, aunque no pueden hacer daño a aquellos que están dedicados a Dios. Y si no les protegiera el Ángel del Señor Pantocrátor-Todopoderoso, no se escaparían de las trampas mortales de la insidia, la malicia y la conspiración demoníaca.
  13. Cuando luchas y combates por la filosofía práctica, en praxis de la virtud, presta mucha atención con precisión las insidias y artimañas de los desastrosos demonios. Porque cuando más progresas a las virtudes altas, excelsas (Sal 83, 6), tanto más aumenta en tu interior la luz divina en las oraciones y recibes por el Espíritu apocalipsis-revelaciones y expectaciones, visiones inefables indescriptibles, tanto que los demonios al verte elevarte al cielo, rechinan los dientes y con diligencia extienden al aire espiritual sus múltiples redes de sus maldades. Y en efecto, no sólo se sublevarán contra ti sólo los demonios amantes de la carne y bestias del deseo y de la ira, sino que te atacarán también los demonios de la blasfemia con la amargura de la envidia. Además, los demonios que vuelan al aire, los principados y las potestades, te atacarán abierta y secretamente, con la vana y vacía fantasía en imágenes, tomando formas extrañas y horribles para hacerte el mal mayor que puedan. Pero si te ocupas con el trabajo espiritual contacto consciente en la oración con el νούς nus despierto, en vela vigilando y estudias las obras de Dios con los conceptos de la filosofía contemplación natural, no te asustarás ni temerás de las flechas que te arrojan cada día. Ni en tu casa (tu corazón o psique) tendrán la fuerza de acercarse (Sal 90,5), porque como son oscuridad son expulsados por la luz (y energía increada) que está en tu interior y se queman por el divino fuego (y la energía increada).
  14. Los astutos espíritus malignos tienen muchísimo miedo la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu divino, y en concreto cuando nos ha visitado con abundancia o mientras estamos haciendo la catarsis con el estudio y la oración pura. Por tanto, al no atreverse a acercarse en la casa (el corazón) (Sal 90,5) de los que están sobreiluminados por la divina χάρις jaris, intentan a asustarlos y a turbarlos sólo con las fantasías, con los ruidos espantosos y con las voces confusas e ininteligibles, para distraerlos y alejarlos del trabajo de la vigilia, vigilancia y de la oración. Incluso, cuando ellos duermen al suelo intentan con varias invenciones y engaños a molestarlos en el sueño. Es decir, acechan, envidiando su descanso tan breve de las fatigas, y con algunos espasmos ahuyentan el sueño de sus párpados, tratando con estas invenciones, maquinaciones de hacer su vida más penosa y llena de dolor y tristeza.
  15. Los espíritus de las tinieblas parecen tener un cuerpo sutil, como nos permite suponer la experiencia, ya sea porque se aparecen y fingen así, engañando la percepción, o porque fueron condenados a esto desde que cayeron de su estado angelical. Sin embargo, asaltan con ímpetu y entran en combate con la psique-alma del luchador cuando el cuerpo esclavo cae en el sueño. Esto creo que también es una prueba para la psique-alma que se ha elevado y ya está por encima de la bajeza del cuerpo, para que sea manifestado el estado de su coraje, ánimo y valentía contra los demonios, que amenazan con estos horrendos ataques llenos de gran ira, furia y manía. Contra estos, la psique-alma que está herida por el ερως eros (amor ardiente) de Dios y consolidada en las virtudes capitales, no sólo se defiende con la ira justa, sino que también los golpea, si ellos poseen alguna sensibilidad, ya que parecen haberse convertido completamente en tierra con su caída de la primera y divina Luz (increada).
  16. Antes del enfrentamiento y su derrota, muchas veces los demonios perturban la sensibilidad o sentimiento de la psique-alma y arrebatan el sueño de los parpados. Pero la psique-alma colmada de ánimo, coraje y valor por el Espíritu Santo, desprecia el ataque y la manía y furia amarga de ellos, y sólo con el signo vivificante de la Cruz y la invocación del Jesús y Dios, disuelve las fantasías de ellos y los hace huir.
  17. Si has salido de la filosofía práctica para recoger los botines de la victoria contra los espíritus enemigos, observa y presta mucha atención, armándote en todas las partes con las armas del Espíritu. ¿Conoces a qué tipo de enemigos te has atrevido a arrebatar sus botines? Enemigos, sí, pero espirituales, incorpóreos y no carnales, mientras que tú aún sirves con tu cuerpo a Dios, el Rey de los espíritus. Debes saber que arremeterán contra ti con más ferocidad que antes y emplearán innumerables artimañas, engaños y tecnicismos hasta que, o bien te golpeen sin que lo notes mientras recoges los botines, y te capturen como prisionero, llenando tu psique-alma de gran amargura, o bien te sometan a duras y dolorosas tentaciones, como un aguijón y tormento para tu cuerpo-carne (2Cor 12,7).
  18. No es posible que una fuente buena pueda emanar aguas turbias y malolientes que exhalan un hedor mundano; ni tampoco que el corazón que está fuera del reinado de la Realeza increada de los Cielos, puede emanar alguna vez fuentes de vida divina que esparzan el aroma de ungüento espiritual. ¿Acaso -se dijo- que la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? (St 3,11), ¿Es posible que la higuera produzca aceitunas o la oliva bellotas? (St 3,12). Así tampoco una fuente del corazón puede generar a la vez un concepto bueno y uno malo. Pero el hombre bueno, del contenido bueno de su corazón produce y presenta sus bondades, en cambio el astuto malo y vil, del contenido astuto malo de su corazón produce sus malas astucias, de acuerdo con el logos del Señor (Lc 6,45).
  19. Así como es imposible, sin aceite y fuego, encender la lámpara y alumbre la casa, lo mismo también para la psique-alma es imposible, sin el Espíritu Santo y el fuego divino (increado), hable con poder sobre las cosas y realidades divinas e iluminar a los hombres. Porque, “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces increadas, en el cual no hay cambio, ni sombra de variación” (St 1,17).

 

San Nikitas Stizatos

Segunda centuria, capítulos naturales sobre la catarsis del νούς nus

 

  1. El principio de la αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado) a Dios es el desprecio de las cosas visibles y de las humanas. La etapa intermedia es la catarsis del corazón (psicosomático) y del νούς nus (espíritu de la psique), por la cual se abren los ojos espirituales del νούς nus y adquirimos la divina gnosis (conocimiento increado) de la Realeza increada de los Cielos que está oculta en nuestros corazones (Lc 17,21). Y su fin es el imparable έρως eros (amor ardiente) de las donaciones sobrenaturales de Dios y el deseo natural de la unión con Dios y el descanso eterno en Él.
  2. Donde hay έρως eros (amor ardiente) por Dios, trabajo de los principios espirituales y participación en la luz increada, allí existe también la paz de las fuerzas de la psique-alma y la catarsis del νούς nus y la morada de la Santa Trinidad. Porque el Señor dijo: “Aquel que me ama, aplicará y cumplirá mi logos (principios espirituales), y mi Padre también le amará, y vendremos en él y habitaremos juntos con él” (Jn 14,25)
  3. Existen tres estados de vida: el carnal, el psíquico y el espiritual. Cada uno de estos estados tiene la correspondiente disposición de vida que es distinta de los otros.
  4. El estado carnal de vida se inclina y se dedica completamente a los placeres, al hedonismo y a los deleites de esta vida, y no tiene nada en común con el estado psíquico o el espiritual, ni tampoco quiere adquirirlo. El estado psíquico se encuentra entre la maldad y la virtud, se enfoca y aspira sólo al cuidado y bien estar del cuerpo y en el elogio de los hombres. De igual modo evita también los esfuerzos de la virtud y las praxis de la carne, y no se inclina ni hacia la virtud ni hacia la maldad, a causa de la antítesis entre ambas; y a la virtud porque es difícil y ardua, y a la maldad porque no quiere perder el elogio de los hombres. Pero el estado espiritual de la vida no quiere tener ni se dedica de estos dos males, sino que está completamente libre de ambos estados, y con las alas plateadas de la αγάπη agapi y de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) vuela por encima de los dos estados, es decir, que no comete algo que está prohibido y evita la pereza, la desidia y reposo de los bienes viciosos.
  5. Quienes viven carnalmente y están dominados por la mentalidad y conducta de la carne y que son en todo completamente carnales, no pueden agradar y gustar a Dios (Rom 8,8). Están entenebrecidos, oscurecidos en sus actitudes y completamente excluidos o no partícipes de los rayos de la divina luz (increada), porque están cubiertos por las nubes de los πάθος pazos, que como muros altos impiden los rayos del Espíritu, y de esta manera permanecen sin ser iluminados; como los sentidos de sus psiques-almas están obtusos e incapacitados, no pueden elevarse hacia las bellezas espirituales de Dios y ver la verdadera luz de la vida real y elevarse por encima de la bajeza de las cosas visibles. Pero al estar como si se hubieran convertido en animales, bestias, manteniendo sólo la percepción del mundo o la sensibilidad mundana, aprisionan la dignidad de la parte lógica de la psique a las cosas sensibles y humanas; y dedicando todas sus fuerzas a las cosas visibles, luchan entre ellos por estas, hasta el punto de dar su vida por estas cosas. Están apegados al dinero, a la gloria vana, a la fama y a los placeres de la carne, y cuando no lo consiguen, consideran como un gran fracaso y gran pérdida. Hacia estos se dirige ciertamente aquel logos profético de parte de Dios: “No permanecerá mi espíritu en estos hombres, porque son carnes” (Gen 6,3).
  6. Aquellos que viven de forma psíquica, (sentimentalmente, emocionalmente), y por eso son llamados psíquicos, son seres humanos medio tontos, ignorantes y como si tuvieran miembros paralizados. Nunca están con buena voluntad y predisposición a esforzarse por la virtud y los mandamientos de Dios, y evitan las praxis, acciones reprobables y censurables con tal de tener buena imagen y recibir honor de los hombres. Dominados y aprisionados por la φιλαυτία filaftía (egolatría, excesivo a amor a sí mismo y al cuerpo, egocentrismo), la que alimenta los πάθος pazos, ponen todo su cuidado y esfuerzo por el bienestar y disfrute del cuerpo-carne. Evitan toda tribulación y fatiga, todo esfuerzo y sufrimiento por el bien de la virtud, y cuidan más de lo debido el enemigo cuerpo. Viviendo de esta manera, el νούς nus (espíritu de la psique) de ellos se convierte completamente terrenal, mientras que se va engrosando por los pazos y no pueden recibir y aceptar las cosas espirituales y divinas por las que la psique-alma es arrancada de la materia y circula a los cielos espirituales. Y esto lo padecen porque aún están poseídos por el espíritu materialista, ya que aman en exceso a sí mismos y sus vidas y anteponen sus propias voluntades y deseos. Por lo tanto, como están vacíos de Espíritu Santo, no participan de Sus carismas, están excluidos. Por eso no es posible ver en ellos fruto divino, es decir, la αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios y al prójimo, o alegrías y gozo en las tribulaciones y la pobreza, o paz en la psique-alma, o fe profunda, o concisa εγκράτεια (engratia: continencia, templanza, autodominio) ni siquiera κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), lágrimas, humildad, simpatía y compasión. Todo en ellos está lleno de orgullo, arrogancia y soberbia. Por eso, tampoco pueden penetrar a las profundidades del Espíritu por sí mismos, porque no tienen ninguna luz en su interior que ilumine sus νούς nus (espíritu de la psique) para entender las Escrituras (Lc 24,45), ni tampoco toleran a escuchar de otros. Con razón pues, el Apóstol Pablo dijo sobre ellos: “El hombre mundano carnal, es decir, el que no ha renacido y despertado espiritualmente y vive conforme sus instintos inferiores animales y sus pazos, no acepta las cosas que apocalipta-revela el Espíritu de Dios, porque le parecen que son locuras, necedades para él, no tiene la capacidad espiritual de conocerlas porque estas realidades se investigan, se razonan y se entienden de modo espiritual por la iluminación de la χάρις jaris gracia energía increada del Espíritu Santo” (1Cor 2,14).
  7. Aquellos que viven en armonía con el Espíritu y han elegido exclusivamente la vida espiritual, son agradables a Dios, están dedicados a Él como nacireos* dedicados y consagrados a Él (Num 6,2 Jc 13,5 y ss) . (*Nacireos eran gente consagrada al Nacireno, institución religiosa de los antiguos hebreos). Porque siempre con sus esfuerzos y fatigas hacen la catarsis de sus psiques-almas, aplican y cumplen los mandamientos-logos del Señor y derraman su propia sangre por αγάπη agapi (amor incondicional) a Él. Limpian sus cuerpos-carnes con ayunos y vigilias; con las lágrimas afinan el espesor de su corazón; mortifican sus miembros por las duras fatigas. A través de la oración y estudio llenan de luz a su νούς nus (espíritu del corazón) y le hacen esplendoroso. Renunciando a sus voluntades y deseos, liberan sus psiques-almas de las inclinaciones pasionales y viciosas (de los pazos) del cuerpo y se unen completamente al único Espíritu. Por eso, justamente, no solo son reconocidos como espirituales, sino que también así son llamados por todos. Estos, al alcanzar la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y la αγάπη agapi toman alas para la contemplación de la creación y desde allí reciben la gnosis-conocimiento de los seres con sabiduría (1 Cor 2,7), la cual está escondida en Dios y se da sólo en aquellos que han superado la bajeza del cuerpo. Por tanto, una vez superada la percepción del mundo y con la διάνοια diania (mente, intelecto) iluminada habiendo alcanzado a la supra percepción o sentido espiritual, adquieren la potencia y poder del logos, y dirigen a la Iglesia de Dios y a la multitud de los fieles (Sal 39,10 y ss) logos bondadosos desde su corazón catartizado, purgado, limpio y bondadoso (Sal 44,1). Y se convierten para los hombres sal y luz, tal como dice el Señor: “Vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra” (Mt 5,4 y ss).
  8. Aquello que dice el divino logos: “Soltad y liberaos de las preocupaciones y sabed que yoSoy Dios” (Sal 45,11), lo conocen también en la praxis, práctica y de hecho los que quieren. Conviene, pues, que quien una vez por todas ha renunciado a la turbulenta y terrible vanidad de la vida, que se examine y se gire hacia sí mismo con mucha atención y ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) y busque a conocer bien a Dios en su interior, ya que la Realeza increada de Dios está en nuestro interior (Lc 17,23). Y cuando uno actúa de esta manera, apenas y con el paso de los años pueda exterminar de su psique-alma las huellas de la maldad, y al recobrar la belleza original, la presentará limpia, pura y lúcida a Dios que se la dio.
  9. Como el veneno del pecado que se ha acumulado en nuestro interior es mucho, también necesitamos de mucho fuego catártico (purgador, purificador y psicoterapéutico) de la μετάνοια metania con lágrimas y esfuerzos voluntarios de la ascesis (practica espiritual). Porque nos purgamos, nos limpiamos y nos psicoterapiamos de las contaminaciones del pecado o con esfuerzos voluntarios o con sufrimientos involuntarios que Dios permite. Si preceden los voluntarios no vienen los involuntarios. Pero cuando los esfuerzos voluntarios no logran limpiar el interior de la copa y del plato (Mt 23,25), entonces vienen los sufrimientos más fuertes y contribuyen al restablecimiento o apocatástasis de nuestra belleza original, ya que así lo dispuso el Creador.
  10. Se burlan de la piedad y son objeto de burla por las circunstancias aquellos que no han renunciado al mundo con logos recto, ortodoxo, ni han querido desde el principio tener un maestro y guía (espiritual), sino que siguieron su propia razón y juicio, haciéndose a sí mismos como expertos y sabios (Is 5,23).
  11. Nadie puede conocer exactamente las causas y el tratamiento de las enfermedades del cuerpo sin una gran experiencia médica, ni los pazos psíquicos sin mucha ascesis ortodoxa (práctica espiritual, “psicoterapia”), sobre estos. Es decir, tal como en la ciencia médica, el diagnóstico de las enfermedades corporales se cree que es precario e inseguro si no hay experiencia, de igual manera son más precarios e inseguros y más difíciles de conocer los diagnósticos de las enfermedades de la psique-alma. Porque en la medida que la psique-alma es superior al cuerpo-soma, tanto más grandes y difíciles de conocer son sus pazos y enfermedades en comparación con los pazos y enfermedades del cuerpo, que son evidentes para todos.
  12. Las cuatro virtudes generales y capitales fueron creadas y existen por naturaleza en el ser humano desde la creación y de ellas, como de cuatro fuentes, se llenan de aguas los ríos (Gen 2,10) de todas las demás virtudes y riegan la ciudad de Dios, (Sal 45,5) que es el corazón que se limpia, se purifica y se consuela con las lágrimas. El que ha guardado estas virtudes firmes e inquebrantables por los astutos espíritus malignos, o que, cuando han caído las volvió a levantar con las frecuentes fatigas y esfuerzos de la μετάνοια metania, éste ha edificado para sí mismo un palacio real, en el que viene a habitar el Rey del universo (Jn 14,23), compartiendo y dando en abundancia Sus donaciones a aquellos que de esta manera se han preparado.
  13. Breve es la vida, infinitos e inmensos los siglos venideros, y escaso el tiempo de esta vida presente. Y el hombre este gran y pequeño animal viviente, al que se le concedió este corto lapso, es débil e impotente. El tiempo, por lo tanto, es breve, el ser humano es débil, y el premio que se otorga como recompensa por los esfuerzos es grande; pero enfrenta muchísimas tentaciones y corre peligros en una vida brevísima.
  14. Dios no quiere que el trabajo de los luchadores sea sin pruebas sino muy bien probado. Por eso permite el fuego las tentaciones y retira por un tiempo Su χάρις jaris (gracia, energía increada) que se les concede desde lo alto y permite que la serenidad de los pensamientos sea perturbada temporalmente por los astutos espíritus malos, para ver hacia dónde se inclina más su psique-alma, si hacia su Creador y Benefactor, o hacia la percepción y sensibilidad del mundo y al engaño del placer o hedonismo. Y así, o les duplica su χάρις jaris a quienes progresan en su αγάπη agapi, o los azota con tentaciones, tribulaciones y sufrimientos cuando se inclinan hacia las cosas materiales, hasta que odien el inestable rodeo de las cosas visibles y laven con lágrimas la amargura de los placeres que provienen de estas.
  15. Cuando la paz de los pensamientos se ve perturbada por los astutos espíritus malos, de inmediato las flechas encendidas del deseo (Ef 5,16) son disparadas continuamente por los demonios cazadores y amantes de la carne contra el νούς nus (espíritu de la psique) que corre velozmente hacia las alturas. Entonces, el νούς nus, al verse obstaculizado en su ascenso hacia lo alto, se enreda en movimientos indebidos, confusos y desordenados. Así empieza la carne a rebelarse contra el νούς nus, arrastrándole hacia abajo con cosquilleos y ardores, deseando meterle a la cloaca del hedonismo o placer hedonista. Y si el Señor Sabaoz (o de los ejércitos) no hubiera acortado esos días y no hubiera dado la fuerza de la paciencia a Sus siervos, no se salvaría nadie (Mt 24,22)
  16. El demonio de la fornicación muy experto, muy metódico y astuto, en unos se convierte en caída y en pozo de fango, en otros en justo azote y vara, en otros en tentación y prueba de la psique-alma. El primer caso, la caída y estanque fangoso, se observa en los principiantes que llevan el yugo de la ascesis con debilidad y negligencia; el segundo, azote y vara, en aquellos que están en la mitad del camino de la virtud y avanzan con cierta lentitud; y el tercero, la tentación y la prueba, en aquellos que han extendido las alas del νούς nus (espíritu de la psique) a la contemplación y alcanzaron bien la más perfecta απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Es decir, el beneficio de cada uno es economizado y administrado de Dios.
  17. Caída y pozo de fango se convierte el demonio de la fornicación o lujuria para aquellos que pasan la vida monástica con total indiferencia. Los miembros del cuerpo de ellos los quema la llama del deseo y los indica métodos de hacer la voluntad de la carne y sin contacto con otro cuerpo, por lo que es asqueroso hasta de hablar y pensar (Ef 5,12). Estos, como dice el Apóstol Pablo, contaminan sus carnes y comen los frutos del placer o hedonismo salado y sus rostros se convierten muy oscuros, muy tenebrosos y con justicia pierden también las cosas superiores y divinas. La psico-terapia y remedio para ellos, si quieren, será la μετάνοια metania ferviente y la κατάνυξις katanixis (compunción, dilatación del corazón) con las lágrimas que brotan de ella, la cual produce también la evitación del mal y catartiza, limpia, purga, purifica y psicoterapia la psique-alma de las contaminaciones y la hace heredera de la misericordia de Dios. Esto es lo que también insinúa el sabio Salomón al decir: «El remedio detiene grandes pecados» (Sab Sal 10,4).
  18. Azote y vara se convierte con justicia este espíritu para aquellos que progresan y se perfeccionan en la primera απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) mediante la filosofía práctica y avanzan hacia cosas más perfectas. Porque, cuando se descuidan y relajan la intensidad de la ascesis por la pereza espiritual y se inclinan un poco hacia la consideración y contemplación del mundo sin precaución y desean las cosas mundanas, entonces por Dios es permitido este demonio para azotarlos, y comienza a golpear al que así piensa, con pensamientos y fantasías del deseo carnal. Esto ocurre por la extrema bondad de Dios, para que, al no poder soportarlo, regresen rápidamente al refugio del trabajo intenso y la vigilancia, y se ocupen con mayor disposición y más arduamente en las obras que los salvan. Porque el Dios, realmente siendo bondadoso, no quiere por nada que la psique-alma que ha alcanzado este punto o nivel vuelva totalmente hacia la percepción del mundo, sino que camine siempre hacia adelante emprendiendo con gran disposición y muchas ganas las obras más perfectas, para que el azote del mal no se acerque a su casa (Sal 90,10).
  19. Tentación, espina y prueba, por economía o concesión de Dios, se convierte este espíritu en aquellos que desde la primera απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) han avanzado a la segunda, para que, cuando son tentados, recuerden su debilidad e impotencia y así no se enorgullezcan y se exalten, como dice el Apóstol, por la grandeza de las apocalipsis/revelaciones que reciben durante la contemplación espiritual (2Cor 12,8); sino que viendo la ley del pecado que va contra la ley de sus conciencias, expulsar de la memoria incluso el más fino recuerdo o memoria del pecado, por miedo a probar la contaminación que surge de dicho recuerdo y no bajar los ojos de su νούς nus de la altura de la contemplación espiritual.
  20. Los únicos que pudieron conservar imperturbable su νούς nus (espíritu de la psique) incluso del recuerdo más fino del pecado, son aquellos que, por la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo, se hicieron dignos a recibir desde el cielo la mortificación vivificadora del Señor en sus miembros, pensamientos y conceptos. Y llevan su carne muerta para el pecado, mientras que el νούς nus (espíritu de la psique) de ellos se ha enriquecido de la vida que da Jesús Cristo para la realización de la justicia (Rom 8,10). A los que les ha dado νούς nus-espíritu de Cristo (1Cor 2, 16), junto con logos de sabiduría (1Cor 12,8), también han recibido la muerte vivificadora, sin perturbaciones, acompañada con la gnosis (conocimiento) de Dios.
  21. A las psiques-almas que progresan en la catarsis, por regla general, las ataca el espíritu de la ira y del deseo, para sacudir los frutos del Espíritu Santo, ya que están muy cargadas de frutos. La razón es que en estas psiques-almas se derrama la alegría de la libertad, mientras que la sabiduría-sofía de Dios que siempre economiza y concede para el interés propio y el bien, quiere atraer siempre el νούς nus-espíritu hacia sí misma y las psiques-almas permanezcan imperturbables en la humildad, para que no se enorgullezcan frente a los demás o por la abundancia de la libertad y la riqueza de los divinos carismas, piensen y presuman que con su propia fuerza e inteligencia adquirieron este gran palacio de la paz. Por ello, permite a estos astutos espíritus malignos se lancen contra las psiques-almas, mientras la paz se retira momentáneamente, para que, por miedo a caer, se mantengan firmes en la bienaventurada humildad, y recordando que están atadas con el cuerpo-carne y sangre, busquen el refugio natural que les es propio, donde pueden ser preservados y protegidos, indemnes y sin daño por la fuerza del Espíritu Santo.
  22. Dios permite que vengan tentaciones a nosotros según la enfermedad de los pazos y la putrefacción del pecado que está en nuestro interior, y nos prepara fármaco más amargo con Sus juicios, ya sea más fuerte o más suave. Si la materia del pecado que está en nuestro interior es fácil de tratar y curar, es decir, si es constituida de pensamientos hedonistas, amantes del placer y de la vida materialista, entonces el cáliz de nuestras tentaciones nos es dado mezclado con simpatía y compasión por el Médico o Psicoterapeuta de nuestras psiques-almas, porque fallamos en conceptos y pensamientos humanos y aún estamos influenciados por las cosas humanas y terrenales. Pero si esta materia es difícil de sanar y ha progresado al fondo y produce putrefacción mortal, dado que se constituye por pensamientos de arrogancia y de extrema soberbia, entonces el cáliz de las tentaciones se nos da sin ser diluido, con una ira dura, de manera que, en el fuego de las variopintas tentaciones y continuas pruebas, la enfermedad se derrite y retroceda con la humildad, y así salga de nuestras psiques-almas. Y tras haber lavado con las lágrimas los pensamientos salados y amargos, presentarnos limpios en la luz de la humildad ante el Médico o Psicoterapeuta de nuestras psiques-almas.
  23. No hay otra manera que los luchadores puedan escapar de las sucesivas tentaciones, a menos que comprendan profundamente su impotencia y debilidad y verdaderamente crean que no tienen ninguna virtud, y que son indignos de cualquier honor, consuelo y alivio. Porque el objetivo de Dios, el Médico/Psicoterapeura de nuestras psiques-almas, es que seamos siempre humildes y modestos, ajenos y extraños a todo ser humano e imitadores de Sus padecimientos, pasiones. Ya que Él mismo fue apacible y humilde de corazón, también quiere que nosotros corramos el camino de Sus mandamientos con apacibilidad y humildad de corazón (Mt 11,28).
  24. La humildad no se consigue simplemente inclinando mucho la cabeza o por la cabellera sucia, o con ropa descuidada, vieja, áspera y sucia, cosas de las que la mayoría cree que depende todo lo relacionado con la virtud, sino con un corazón quebrantado y un espíritu de humildad, de acuerdo con los logos de David: “Dios no rechazará al que tiene espíritu humilde y corazón quebrantado” (Sal 50,19).
  25. Una cosa es la humildad verbal, otra cosa es la humildad y otra cosa es la conducta humilde o modestia, son tres cosas diferentes. La humildad verbal y la humildad se alcanzan por aquellos que luchan con todo tipo de sufrimiento y esfuerzos externos de virtud, ya que se ocupan principalmente del trabajo físico y la disciplina corporal. Por eso, como la psique-alma no se encuentra siempre en buen estado y ánimo, si por casualidad viene una tentación, este hombre se turba. Sin embargo, la conducta humilde o modestia es algo celestial y divino, que solo nace en aquellos que han superado el punto medio de la virtud con la llegada del Espíritu Santo, es decir, aquellos que previamente caminaron con toda humildad por el arduo camino de la virtud.
  26. La modestia o conducta humilde cuando se ha introducido en lo más profundo de la psique-alma y cae sobre ella como una pesada piedra, la aplasta y la oprime con tanta potencia, que toda su fuerza se agota con el irrefrenable ímpetu de las lágrimas, y así el νούς nus queda limpio, purgado y sanado de toda mancha de los pensamientos y las fantasías y con esto llega, al igual que Isaías, a la visión de Dios y de esta manera se encuentra bajo el poder de la divina energía (increada), y dice: “¡Ay de mí, estoy perdido y paralizado! Porque yo que soy un hombre y tengo los labios sucios, he visto con mis ojos al Rey, al Señor Sabaoz o de los ejércitos (Is 6,5)
  27. Cuando en la profundidad de tu interior adquieras el hábito de hablar con humildad, entonces se alejará de ti la tendencia de hablar con grandes palabras. Cuando la verdadera humildad eche raíces en lo profundo de tu corazón, entonces desaparecerá tanto la superficial como la más profunda falsa humildad o habladuría tipo humilde. Y cuando finalmente recibas de Dios la riqueza de la verdadera humildad, entonces tanto la humildad exterior como la falsa de la lengua serán completamente abolidas en ti, de acuerdo con lo que dice Pablo: «Cuando llegue lo perfecto, lo parcial será abolido» (1Cor, 13,16).
  28. La distancia que hay entre oriente y occidente (Sal 102,12), de igual manera dista el verdadero modo de hablar de la verdadera humildad; así como el cielo es más elevado que la tierra y la psique-alma en relación con el cuerpo, de mismo modo la verdadera humildad que otorga el Espíritu Santo a los perfectos es más perfecta y superior que la mera humildad.
  29. No creas fácilmente que quien habla humildemente y tiene apariencia de humildad es verdaderamente humilde en su corazón, ni que quien habla con palabras grandiosas y altisonantes está necesariamente lleno de arrogancia y orgullo, sin antes ponerlos a prueba. Los conocerás por sus frutos (Mt 7,16), ya que por el fruto se conoce el árbol (Dan 3,39).
  30. Los frutos del Espíritu Santo son: agapi-amor, alegría, paz, cristotis- bondad, magnanimidad (generosidad, tolerancia), fe, εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio). Los frutos del espíritu maligno son: odio, ansia y tristeza mundana, desorden de la psique-alma, turbación del corazón, mala astucia, vileza, curiosidad, indiferencia, ira, incredulidad, envidia, glotonería, embriaguez, maledicencia o difamación, mal hablar, juicio temerario, soberbia, orgullo, arrogancia, deseos de la carne, codicia de los ojos y la vanagloria de la psique-alma (1Jn 2,16). Por tanto, con tales frutos reconocerás el árbol. Así reconocerás qué espíritu lleva cada ser humano que se te acerca. Además, estos signos los tendrás aún más claros a través de los logos del Señor: “El hombre bueno, del tesoro bueno saca cosas buenas; y el hombre astuto maligno y vil, del tesoro maligno y blasfemo saca logos blasfemos y cosas malas” (Mt 12,35). Porque según el árbol es también el fruto.
  31. En aquellos, pues, que se encuentren y se ven los frutos del Espíritu Santo, en ellos habita el Dios, y de ellos mana la fuente clara de logos con sofía-sabiduría y gnosis (conocimiento divino), tanto si los escuchas hablar logos humildes o pronuncien grandes palabras. En aquellos que no se ven los frutos y los carismas del Espíritu, sino los frutos y signos del espíritu maligno, en ellos hay la oscuridad de la ignorancia de Dios, multitud de pazos y un nido de espíritus malignos, ya sea que hablen con modestia y lleven ropa humilde, o pronuncien grandes logos y vistan vestiduras elegantes y apariencia exterior de grandeza.
  32. La verdad no se identifica ni se califica por las caras o rostros, ni por las figuras y los logos, ni descansa en estas cosas el Dios, sino en corazones contritos, quebrantados y humildes (Sal 50,19), en espíritus con humildad (Dan 3,39) y en psiques-almas iluminadas por la gnosis-conocimiento de Dios. Sucede que a veces vemos que alguien en su homilía (discurso) se rebaja exteriormente, baja su tono de voz y usa palabras humildes con todos, buscando así los elogios y las alabanzas de los hombres, pero interiormente está lleno de orgullo, soberbia, mala astucia, presunción, envidia, rencor y resentimiento hacia su prójimo. En otras ocasiones, vemos que alguien lucha por la justicia con palabras y logos grandes y sabios exteriormente, erigiéndose contra la mentira y la transgresión de las leyes divinas, es decir, buscando y aspirando únicamente la verdad, mientras que por dentro es todo modestia, humildad y agapi (amor incondicional y desinteresado) hacia el prójimo; a veces también le vemos gloriarse en el nombre del Señor, tal como hizo Pablo, diciendo: “Me gloriaré y me jactaré por mis enfermedades y flaquezas” (2Cor 12,9).
  33. Dios no mira superficialmente las apariencias de las cosas que decimos y hacemos, sino las disposiciones e intenciones de las psiques-almas y el propósito de las cosas que se ven o decimos algo de las que se entienden. De la misma manera, aquellos que tienen mayor discernimiento que los demás prestan más atención a los motivos de las palabras y logos a los resultados de las obras, y sacan conclusiones sin equivocarse. El hombre ve el exterior, el rostro o cara, pero Dios ve el corazón (1Re 16,7).
  34. El Dios consideró que, de generación en generación a través del Espíritu Santo, nunca dejaría de presentar algunos de Sus profetas y amigos para la edificación de Su Iglesia. Es decir, si el antiguo dragón o serpiente no ha parado de vomitar veneno del pecado a los oídos de los hombres, con el cual se produce la perdición de la psique-alma, ¿cómo el Dios que ha plasmado los corazones de los hombres (Sal 32,15), no hará levantar del polvo de la humillación al desvalido, y del estiércol de los pazos al pobre y desgraciado (Sal 112,7), y no le dará la espada del Espíritu, el cual es el logos de Dios (Ef 6,17), enviándolo a ayudar a su heredad? Por tanto, es lógico que quienes renuncian a sí mismos comienzan por la humildad y corren hacia las alturas de la gnosis (conocimiento espiritual); y en ellos se da de lo alto el logos de la sofía-sabiduría por la δύναμις dínamis (potencia de la energía increada) de Dios, para que lleven y anuncien la buena nueva, el alegre mensaje de la salvación a Su Iglesia.
  35. “Conócete a ti mismo”, esto es realmente la verdadera humildad, que quebranta el corazón y enseña la humildad. Para ella debes trabajar, cuidar y guardar (Gen 2,15). Pero si aún no te has conocido a ti mismo, entonces no conoces ni conocerás lo que es la humildad, ni has comenzado el trabajo y la práctica espiritual verdadera y la vigilancia. Porque conocer bien a sí mismo es el objetivo del trabajo en las virtudes.
  36. Quien por la catarsis purgación, limpieza y purificación (psicoterapia ortodoxa) ha alcanzado la pureza del corazón, ha llegado a la gnosis (conocimiento) de los seres, éste se ha conocido a sí mismo según lo dicho: «Conócete a ti mismo γνώθι σαυτόν gnosis saftón». Pero aquel que no ha llegado aún a la gnosis de los logos (principios, causas) de la creación y de las cosas divinas y humanas, aunque haya conocido lo que está a su alrededor y lo externo a él, no se ha conocido a sí mismo en absoluto.
  37. Una cosa soy yo y otra las cosas relacionadas conmigo; también lo que está relacionado conmigo es una cosa, y lo que está a mi alrededor es otra; y de estas, lo que está fuera de mí es diferente. Yo soy icona, imagen de Dios, que se ve en psique-alma espiritual, inmortal y lógica, porque tengo el νούς nus (espíritu de la psique) que es el padre del logos, indivisible e inseparable de la psique y consustancial con ella. Lo que está relacionado conmigo son las cualidades o atributos innatos, congénitos del ser humano: gobernar y reinar sobre la creación, ser lógico e independiente, con libre albedrío. Lo que está a mi alrededor son las cosas que puedo elegir con mi libre voluntad: ser agricultor, comerciante, hombre de letras, estudios o filósofo. Lo que está fuera de mí son las cosas relacionadas con los honores sociales y la nobleza mundana, como la riqueza, la gloria, el honor, la prosperidad, los grandes cargos y títulos, o, por el contrario, la pobreza, la deshonra, el desprestigio y la desgracia.
  38. Quien se ha conocido a sí mismo, ha terminado todos los trabajos según Dios (Heb 4,10) y ha entrado en el lugar santo de Dios, es decir, al trabajo espiritual del Espíritu y en el puerto de la divina απάθεια apázia, (impasibilidad, sin pazos, apacibilidad) y la humildad. Pero aquel que no ha alcanzado a conocerse a sí mismo a través de la humildad y la gnosis (conocimiento espiritual), todavía está caminando en su vida con esfuerzo y sudor. De esto habla también David cuando dice: “Trabajo arduo y copioso afronto yo para poder entrar en el lugar santo de Dios” (Sal 72,16 y ss).
  39. Cuando uno llega a conocerse bien a sí mismo – lo cual requiere gran vigilancia externa, alejamiento de las cosas mundanas y examen de conciencia-, entonces de repente viene e invade su psique-alma de modo sobrenatural la humildad divina y produce quebrantamiento en el corazón y lágrimas de dulce κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), haciendo que la persona se vea a sí misma como polvo y ceniza (Gen 18,27), como un gusano y no un ser humano (21,7), e incluso que no es digno ni de esta vida animal. Y esto a causa de la excesiva donación de Dios, y quien se hizo digno de hacerla perdurar mucho tiempo, se colma de otra embriaguez, la borrachera de la κατάνυξις κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) que lo sumerge en el abismo de la humildad y, al salir de sí mismo, no le importa nada de las cosas exteriores, comidas, bebidas y vestimentas del cuerpo, excepto de las estrictamente necesarias, porque ha recibido la buena alteración y metamorfosis por la diestra del Altísimo (Sal 76,11).
  40. Entre las virtudes la más grande es la humildad. En aquellos que ella se ha sembrado y quedado permanente mediante la verdadera μετάνοια metania, llevando como compañeras de viaje la oración y εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio), inmediatamente los libera de la esclavitud de los pazos (emociones, pasiones, vicios, adicciones etc.), concede la serenidad y la paz en sus fuerzas psíquicas y hace la catarsis, purgación y purificación del corazón con las lágrimas, llenándolo de calma y serenidad por la visita e intervención del Espíritu. Así pues, una vez que se han transformado o metamorfoseado así, en ellos se fortalece por esto el logos de la gnosis (conocimiento) de Dios y llegan a la contemplación de los misterios de la Realeza increada de los Cielos (Mt 13,11) y de los mismos logos (causas, principios, razones) de la creación. Y cuanto más profundizan en las profundidades del Espíritu, tanto más se sumergen en el abismo de la humildad. A través de esto, aumenta en ellos el reconocimiento de sus propias medidas (o limitaciones), conocen la impotencia y la debilidad de la naturaleza humana y se multiplica la αγάπη agapi (amor incondicional) hacia Dios y el prójimo, por lo que consideran que absorben y reciben santificación sólo con el simple saludo y acercamiento a aquellos con quienes se relacionan.
  41. Ninguna otra cosa da alas y eleva la psique tanto en el έρως eros (amor ardiente) de Dios y a la αγάπη agapi (amor desinteresado) a los hombres, como la humildad, la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y la oración pura. La primera quebranta el espíritu de la psique, hace que emanen ríos de lágrimas y enseña al hombre a conocer su medida y sus propias limitaciones, mostrándole su pequeñez humana. La segunda hace la catarsis purga, purifica y psicoterapia al νούς nus (espíritu de la psique) de lo material, ilumina los ojos del corazón y convierte la psique-alma toda resplandeciente. La tercera une al hombre entero con Dios, haciendo que su vida sea similar a la de los ángeles, le concede el sabor de la dulzura de los bienes eternos de Dios, donándole los tesoros de grandes misterios, y, ardiendo con la αγάπη agapi (amor incondicional), le convence a sacrificar su vida a favor de sus amados, porque ha superado los límites de la pequeñez del cuerpo.
  42. Guarda bien el valioso tesoro (1Tim 6,20) de la enriquecedora humildad, en la cual se han depositado los tesoros apócrifos o secretos de la αγάπη agapi divina (Gal 2,9) y se custodian las perlas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón). Allí también descansa el Rey Cristo Dios como en un trono de oro, distribuyendo las donaciones del Espíritu Santo a los discípulos de la humildad, y les regala Sus más altos privilegios, axiomas o atributos. Es decir, el logos de Su gnosis-conocimiento, Su inefable sabiduría, la clarividencia de las cosas divinas, la previsión de las cosas humanas, la mortificación vivificante, mediante la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos) y la unión con Él para co-reinar con Él en el reinado de la realeza increada de Dios y Padre, como Él mismo suplicó a Su Padre para nosotros, diciendo: “Padre, quiero que los que me has dado, estén allí donde yo estoy” (17,24).
  43. Cuando alguien se esfuerza en la práctica de los mandamientos y repentinamente se encuentra en una felicidad y alegría inexplicable e inefable, experimentando una transformación, metamorfosis paradójica y sobrenatural, de modo que no sienta el peso del cuerpo y se olvida de las necesidades de la naturaleza, como el alimento o el sueño, debe saber que esta es una visita de Dios, que concede a los que luchan una vivificante mortificación y les dona ya en esta vida el estado de los seres Incorpóreos. De esta bendita y bienaventurada vida, la humildad es la fuente; nodriza y madre es la santa κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón); amiga y hermana es la contemplación de la divina luz increada; el trono es la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad, apacibilidad); y finalmente, la Santa Trinidad, su Dios
  44. Quien ha conquistado este estado, como a una acrópolis (punto más alto de la ciudad), no puede estar bajo las cadenas de la percepción de las cosas sensibles. Ya no tiene en cuenta ni ve nada de los placeres hedonistas de esta vida, no hace distinciones no distingue entre lo profano y lo sagrado., Pero así como Dios hace llover y salir el sol sobre justos e injustos (Mt 5,45), para malvados y buenos, de igual manera, este hombre irradia y extiende hacia todos los rayos de su αγάπη agapi (amor incondicional) y no siente pesar en su interior al albergar agapi-amor por todos; solo se entristece y aflige porque no puede hacer el bien tanto como quisiera. De él, como del Edén (Gen 2,10), fluye otra fuente, la fuente de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), que se divide en cuatro ramificaciones -la humildad, la castidad, la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, ni vicios) y en la elevada oración sin distracción- y riega la faz de toda la creación espiritual de Dios.
  45. Aquellos que no han saboreado la dulzura de las lágrimas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y no conocen cuál es la χάρις jaris (gracia, energía increada) y su actividad, piensan que estas lágrimas no difieren en nada de las lágrimas derramadas por los muertos, inventando para sí mismos varias excusas infundadas y silogismos inciertos. Sin embargo, estas lágrimas para nosotros son naturales; y cuando la soberbia de nuestro νούς nus (espíritu de la psique) se inclina hacia la humildad y la psique-alma cierra sus ojos a los engaños de las cosas visibles, y los abre solamente para la contemplación de la primera Luz inmaterial e increada, luego al despojarse de toda percepción, sentimiento y sentido del mundo y recibiendo el consuelo celestial del Espíritu, inmediatamente las lágrimas corren como aguas del río y dulcifican los sentidos de la psique y colman el νούς nus de toda alegría y divina luz (increada). Aún más, quebrantan el corazón y hacen que el νούς nus se vuelva humilde por la contemplación de las cosas divinas. Esto es imposible para aquellos que lloran y se lamentan por otros motivos.
  46. Es imposible abrir la fuente de las lágrimas de otra manera, sin una profundísima humildad. Tampoco puede ser humilde sin la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) que nace en nosotros después de la visita del Espíritu. Dado que la humildad genera la katánixis y esta genera la humildad en nosotros a través el Espíritu Santo. Es decir, una se ata con la otra como en una cadena y constituyen una gracia o virtud manteniendo inquebrantable el vínculo con el Espíritu.
  47. La luz (increada) que el Espíritu Santo concede en la psique-alma, suele alejarse y perderse debido la pereza, la negligencia y la indiferencia hacia las palabras y los alimentos. Porque la indiferencia hacia los alimentos, la dieta lujosa, la intemperancia de la lengua y la desatención de los ojos ahuyentan la luz del Espíritu Santo y nos hacen oscuros, tenebrosos. Y cuando estamos colmados de oscuridad, entonces todas las bestias del campo (Sal 103,11) de nuestro corazón, es decir, los conceptos, pensamientos y fantasías rodean en el interior de la psique rugiendo y buscando alimentarse de pazos o pasiones indecente y apoderarse del tesoro que ha depositado en nuestro interior el Espíritu. Pero la verdadera amiga y querida εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio) y la oración angélica, no sólo no permiten que nada de esto se acerque a la psique-alma, sino que también mantienen viva la luz del Espíritu en el νούς nus (espíritu de la psique) y hacen el corazón esté sereno y calmado; incluso hacen nacer la pura κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) divina, ensanchan la psique-alma hacia la αγάπη agapi de Dios y la unen por completo con Cristo, a través de la alegría, la felicidad y la pureza.
  48. Nada es más familiar con lo lógico de la psique-alma (creado por el Logos), como la pureza y la sobriedad de la psique-alma. Madre de ellas en todo es la amiga y amada εγκράτεια engratia (templanza, continencia, autodominio). Padre de la εγκράτεια engratia es el temor. El temor, cuando se transforma en deseo y se une con el deseo de las cosas divinas, convierte la psique sin temor y plena de αγάπη agapi de Dios y madre del logos divino.
  49. El temor cuando se une con la psique-alma, la hace concebir con la μετάνοια metania el logos del Juicio-Krisis, de modo que inmediatamente es rodeada por los dolores del infierno y la atormentan y tiranizan suspiros y penas y opresión del corazón, mientras va pensando la recompensa de las praxis malas y los pecados. Luego, una vez que con muchas lágrimas y dolores haya captado y desarrollado en el seno de su διάνοια diania (mente, intelecto) el espíritu de la salvación que ha concebido, lo da a luz en la tierra de su corazón. Y, liberado de los dolores, penas y sufrimientos del infierno y despojado de los gemidos del juicio, es dominado por el anhelo y la alegría de los bienes venideros, y la recibe la querida pureza junto con la sobriedad, que con el divino έρως eros (amor ardiente) la une a Dios. Cuando la psique-alma se une a Dios, siente una dicha y un placer indescriptible, de modo que deja fluir con deleite y dulzura las lágrimas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), se desliga de la percepción universal mundana, corre extasiada tras el Esposo y grita con voces inarticuladas: “Correré tras de ti siguiendo la fragancia de tus ungüentos. Dime tú, a quien amé con todo mi ser, ¿dónde apacientas tus ovejas? ¿Dónde las reposas? ¿En el mediodía de la pura contemplación? Dime, ¿quizás también yo pueda hallarme en el rebaño de los justos? Tú proporcionas destellos de grandes misterios” (Cantar de los Cantares 1:7). A ella, después de que el Esposo la conduzca a la cámara de los ocultos misterios, la hace digna de contemplar con sabiduría los logos la creación.
  50. No digas con tu νούς nus o corazón ni pienses con tu mente que: “es imposible volver a recuperar la pureza de la virginidad o castidad, ya que he caído varias veces bajo la corrupción, la manía y la locura del cuerpo”. Porque donde se hacen esfuerzos duros de μετάνοια metania con penurias y fervor de la psique-alma, y fluyen ríos de lágrimas por la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), caen todas las fortalezas del pecado, se apaga el fuego de los pazos y se hace el renacimiento celeste o espiritual con la llegada del Paráclitos, y de nuevo se hace la psique-alma palacio de pureza y virginidad o castidad. Y una vez que descienda en la psique-alma el Dios sobrenatural con la luz (increada) y la alegría y gozo indescriptible, se sienta en el νούς nus (espíritu de la psique) como en un trono glorioso y alto, donándola la paz de sus fuerzas con los siguientes logos: «Paz en vosotros (Jn 20,21) de los pazos que os combaten, “os doy mi paz” (Jn 14,27) para que actuéis según naturaleza, “os dejo mi paz” (Jn 14,27) para que os perfeccionéis en el estado sobrenatural». Por tanto, el Dios con esta triple donación pacífica psicoterapiando y curando las tres partes de la psique-alma, y elevándola a la perfección tríadica y uniéndola en Sí mismo, la restablece ya íntegramente como una virgen, bella y hermosa, fusionándola con el suave perfume de la pureza y le dice: “Levántate, bella paloma mía, ven cerca de mí con la filosofía práctica, porque he aquí el invierno de los pazos ha pasado y la lluvia de los pensamientos y conceptos placenteros y hedónicos se ha perdido, y aparecieron las flores de las virtudes con el perfume de los divinos conceptos encima de la tierra de tu corazón. Levántate y ven cerca de mí con la gnosis de la contemplación natural; y de nuevo, ven paloma mía, sola cubierta del gnofos (neblina, nube de supraluz increada que deslumbra y trasciende toda luz) de la teología mística y de la fe inquebrantable y firme como roca en Mí, tu Dios” (Cantar de los cantares 2,10 y ss).
  51. Considero bienaventurado, por la buena y bella conversión o transformación (Sal 76,11) y por la buena ascensión aquel que, con la filosofía práctica ha escalado y saltado la muralla (Sal 17,30) del mal hábito pasional, y desde allí con las alas de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, ni vicios) , las plateadas (Sal 67,14) con la gnosis se ha elevado al aire espiritual de la contemplación de los seres y a continuación, ha penetrado en el gnofos (neblina, nube de supraluz increada) de la teología, donde ha terminado todas estas obras y ha hallado descanso en Dios (Heb 4,10) que es la vida bendita, feliz y bienaventurada. Porque así se ha convertido en un ángel terrenal y un hombre celestial y ha glorificado a Dios con su vida, por lo que Dios lo glorificará (Jn 13,32 y ss).
  52. Aquellos que aman la ley de Dios, tienen mucha paz y no hay para ellos motivo de escándalo. Porque que no todo lo que gusta a los hombres también gusta a Dios, pero las cosas que quizás parecen ser no tan buenas, son según sus naturalezas (Gen 1,31) muy buenas para el que conoce los logos (principios, causas) de los seres y de las creaciones.
  53. Es magnífico y bello morir para el mundo y vivir para el Cristo. Porque, de lo contrario, no puede renacer (espiritualmente), según el logos del Señor: “«Amín, amín, de verdad en verdad te digo, el que no nazca de nuevo de arriba, del cielo, no podrá conocer, ver y disfrutar de la realeza increada de Dios» (Jn 3,3). Este renacimiento se realiza por el sometimiento y obediencia a los padres espirituales. Porque si antes no recibimos en nuestro interior la semilla del logos por la enseñanza de los padres y mediante a ellos no concebimos que son de Dios, no podemos renacernos de lo alto y convertirnos en hijos de Dios por la jaris a través de ellos. Así también los doce Apóstoles renacieron de uno solo, Cristo, y los setenta Apóstoles nacieron de los doce y fueron adoptados por el Dios y Padre, tal como dijo el Señor: “Vosotros sois hijo de mi Padre celestial” (Mt 5,45). Por eso también Pablo nos dice: “Porque, aunque tuvierais diez mil pedagogos que os hablen de la vida en Cristo, no tendríais muchos padres, pues, por medio del evangelio yo con la iluminación y dinamis potencia y energía increada de Cristo os he engendrado e instruido espiritualmente por el evangelio a la nueva vida en Jesús Cristo, sean imitadores de mí” (1Cor 4,15 y ss).
  54. No someterse a un padre espiritual, imitando a Cristo que se sometió a Su Padre hasta la muerte y muerte en la cruz (Fil 2,8), significa que no renacerá de lo alto (Jn 3,3). Ahora bien, aquel que no se ha convertido en hijo predilecto del padre bueno, y no ha renacido por el Logos y el Espíritu, ¿cómo podrá el mismo hacerse padre de hijos buenos y cómo generará hijos espirituales buenos, semejantes en bondad a su padre? En cualquier caso, si no es así, según el árbol será también su fruto (Mt 12,33).
  55. La incredulidad es una cosa mala, el peor fruto de la mala astuta avaricia y de la envidia. Y si ella es un mal, ¿cuánto su madre? Dado que ella hace a los hombres que el amor al oro (o al dinero) sea más estimado y preferido que la αγάπη agapi (amor incondicional) a Cristo y coloca al Creador del oro por debajo de él, y convence aquellos que ofrecen culto a la creación y no al Creador, en el lugar de la verdad de Dios ponen la mentira (Rom 1,25), los convence que rindan culto al oro o al dinero más que a Dios. Por tanto, si la enfermedad de la avaricia es un mal tan grande que llama segunda idolatría (1Tim 6,10, Col 3,5), entonces ¿acaso, no supera todo grado de maldad la psique-alma que padece voluntariamente de ella?
  56. Si quieres ser amigo de Cristo, debes odiar el oro y su insaciable amor, porque desvía la διάνοια diania (mente, intelecto) hacia sí misma y la aleja de la dulcísima αγάπη agapi de Jesús, la cual no se revela con palabras, sino por el trabajo de Sus mandamientos-logos (1Jn 3,18 y 14,15). Pero si anhelas, ¡ay de ti!, el oro o dinero, lo conseguirás provisionalmente escondiéndolo en la tierra, ya que consideras como ganancia el amor por él y no como una gran pérdida (Fil 3,18), prefiriéndolo y anteponiéndolo a Cristo; pero debes saber que serás perjudicado y privado de Cristo y junto con esta pérdida también perderás a Dios, que es tu capital y que sin Él no hay vida de salvación para los hombres.
  57. Si amas el oro o el dinero, no amas a Cristo. Por tanto, si no amas a Cristo, sino que amas el oro o el dinero, observa con quién te hace semejante este tirano; te pareces a Judas, a este discípulo incrédulo, el amigo que resultó ser embustero y traidor y se comportó con mucha maldad y perfidia contra el Señor y miserablemente cayó de la fe y de la agapi-amor por Él y se precipitó en el abismo de la desesperación. Tú también teniendo miedo el ejemplo de Judas -hazme caso y escúchame- y huye del oro o el dinero y evita el amor por él, para que puedas ganar a Cristo, amándote a ti mismo. Si no, ya sabes el lugar donde acabó Judas (Hec 1,25).
  58. Sin haber sido llamado por Dios, no pretendas nunca a obtener un cargo o puesto eminente eclesiástico con dinero, o con la ayuda de los hombres, o con tu propia exigencia, incluso si te ves a ti mismo capaz de beneficiar psiques-almas. Porque hay tres posibilidades, y seguramente te sucederá una de estas: a) vendrá sobre ti el enfado y la ira de Dios a través de distintas tentaciones, contrariedades y desgracias, y te harán la guerra no sólo los hombres sino también casi toda la creación, y tu vida se llenará de angustias; b) prevalecerán tus adversarios y serás cesado de tu cargo con gran vergüenza y desprecio; c) morirás prematuramente y te separarás de esta vida (Hech 1,25).
  59. No es posible para uno despreciar la gloria o la deshonra y elevarse por encima del placer y el dolor, si no se digna ver los finales de las cosas. Porque cuando ve el final de cada gloria y placer hedonista, ya que estas cosas son destruidas y sucedidas por la muerte, entonces, tras comprobar la indudable vanidad de las cosas humanas, dirige sus sentidos hacia los finales de las cosas divinas. Y se aferra y se ocupa de aquellas que existen y que nunca podrán ser corrompidas y destruidas; y a medida que busca estas cosas, supera el placer o hedonismo, el dolor y sufrimiento, porque ha vencido la φιληδονία filidonía, (amigo del placer o hedonismo), la φιλοδοξία filodoxía (amigo de la doxa-gloria, vanagloria, ambición) y la φιλαργυρία filargiría (amigo del dinero, codicia, avaricia) de la psique-alma; y supera el placer o hedonismo, porque ha sacudido la percepción del mundo. Por eso, ya sea que reciba honores o deshonras, permanece el mismo; ya sea que esté en dolor corporal o en comodidad, da gracias a Dios en todo y no dirige su pensamiento hacia lo bajo.
  60. Es posible que el hombre luchador pueda sacar conclusiones también a través de los sueños sobre los movimientos y disposiciones de la psique-alma y cuidar su propio estado. Porque están de acuerdo con la disposición y los cuidados del hombre interior también los movimientos del cuerpo y las fantasías de la mente. Por tanto, si uno tiene una psique-alma amante de la materia, la codicia y el placer o hedonismo, imagina la adquisición de las cosas y la abundancia del dinero, con las figuras de mujeres y mezclas lujuriosas, por las que se queda sucia la túnica (Judas 23) y contaminada la carne (Judas 8). Si tiene psique-alma codiciosa y avara, todo lo ve como oro y lo está recogiendo y multiplicándolo con intereses, lo guarda en cajas fuertes y así es condenado como cruel. Si tiene la psique-alma iracunda, colérica y envidiosa, es perseguido en sus sueños por bestias y reptiles venenosos, y es atormentado por miedos y cobardía. Si tiene la psique-alma hinchada de vanidad o vanagloria, se imagina con fama y aplausos del pueblo, tronos de príncipes y gobernantes, y por aquellas cosas que aún no ha obtenido, tiene la disposición, incluso despierto, pensando como si existiesen o que pronto las tendrá. Si la psique tiene soberbia, orgullo y está colmada de arrogancia, se ve a sí mismo sentado en grandes y espléndidas carrozas y algunas veces que tiene alas y vuela en el aire y que todos tiemblan ante la grandeza de su señorío y autoridad. Lo mismo sucede también con el hombre φιλόθεο filózeo (amigo de Dios), que tiene celo en el trabajo de la virtud y es justo en las luchas de la piedad y tiene su pisque-alma limpia y pura de la influencia de la materia, ve en sueños el desenlace de las cosas futuras y las apocalipsis-revelaciones de tremendos espectáculos. Y cuando despierta, siempre encuentra su propio ser en estado de oración con κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y la psique-alma y el cuerpo en un estado de paz, teniendo lágrimas en su rostro y en sus labios la conversación con Dios.
  61. De las cosas que vemos en el sueño, unas son sueños, otras visiones y otras apocalipsis-revelaciones. Los sueños son los que no permanecen inalterados en la fantasía de la mente o intelecto, sino que aparecen confusos, consecutivos y repetidos cambiando de uno a otro. De estos, ningún beneficio obtiene el que los imagina, y después de despertar se pierde también la misma fantasía, la cual los luchadores diligentes deben despreciarla inmediatamente. Las visiones son las que son inalterables, inmutables y no se transforman de una cosa a otra, sino que permanecen impresas en la mente o intelecto e inolvidables por muchos años. También aquellas que indican el desenlace de las cosas futuras y provocan beneficio a la psique-alma por la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y espectáculos terribles, y hacen al que los ve ser pensativo y tembloroso por la inmutable y terrible contemplación de lo que ve. Por eso, los hombres luchadores deben tener mucho en cuenta las visiones. Las apocalipsis-revelaciones son las contemplaciones de la psique-alma que está muy purgada, purificada, psicoterapiada e iluminada que se producen fuera de todo sentido y forma de percepción y que contienen la potencia de algunas cosas y conceptos divinos y paradójicos, la iniciación de los misterios escondidos de Dios, desenlaces de asuntos nuestros muy importantes y la transformación o alteración común de las cosas cósmicas o mundanas y humanas.
  62. Respecto a todo lo dicho anteriormente, los sueños son propios de los hombres materialistas y amantes de la carne que tienen su vientre como Dios (Fil 3,19), y que se distinguen por la insolencia de la saciedad y por la oscuridad de su νούς nus (espíritu de la psique), a causa de su vida negligente y descuidada, entregada a los pazos (vicios, pasiones), y a quienes los demonios se burlan y engañan, produciendo fantasías en sus sueños. Las visiones son de los luchadores que hacen la catarsis, purgan, limpian, psicoterapian y purifican los sentidos de la psique-alma, y con el contenido de las visiones son ayudados mucho a entender las cosas divinas y progresar en la virtud. Las apocalipsis-revelaciones son de los perfectos, los cuales reciben la energía increada del Espíritu divino y están unidos con Dios con su psique que teologiza.
  63. No son verdaderas, todas las cosas que se ven en los sueños, ni se graban en el νούς nus (espíritu de la psique) de todos, sino sólo en aquellos que sus νούς nus se han hecho la catarsis ( purgado y psicoterapiado) y tienen afinados los sentidos psíquicos y han ascendido a la contemplación natural, y no tienen ninguna preocupación para las cosas de la vida, ni inquietud alguna por la vida presente. A estos, los largos ayunos los han llevado en la εγκράτεια engratia (templanza, continencia, moderación) general y sus sudores y fatigas según Dios los han llevado en el lugar santo de Dios (Sal 72,17), es decir, a la gnosis (conocimiento) de los seres junto con la sofía-sabiduría suprema. Su vida es angelical y su existencia escondida en Dios (Col 3,3), y su progreso desde la divina ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental), los ha ascendido a la posición de los profetas de la Iglesia de Dios. Sobre ellos también habló Dios a Moisés: “Si se presenta entre vosotros un profeta, me manifestaré en él en su sueño y le hablaré en visión” (Núm 12,6); y a Joel: “Después de todo esto sucederá que regalaré y derramaré en abundancia mi Espíritu en cada ser humano. Así vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán y vuestros yérontas (ancianos sabios) verán sueños divinos y vuestros jóvenes verán visiones” (Joel 3,1).
  64. La ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) es el estado del νούς nus (espíritu de la psique) y del intelecto/mente liberado de toda molestia y perturbación, una serenidad y calma de la psique liberada y colmada de gozo, imperturbabilidad y tranquilidad del corazón en Dios, una contemplación de la luz increada, una gnosis (conocimiento) de los misterios de Dios, un logos de sofía-sabiduría que proviene del intelecto limpio, lúcido y claro, un abismo de conceptos divinos, un arrebatamiento del νούς nus (espíritu de la psique) en Dios, κοινωνία (kinonía: conexión, comunión y participación) con Dios, ojos insomnes y vigilantes, oración espiritual, incesante reposo en grandes fatigas y finalmente la conexión y unión intima con Dios.
  65. Hasta que el alma se rebela contra sí misma y las fuerzas de la misma se mueven descontroladamente, y aún no se ha hecho receptiva de los rayos divinos, ni ha merecido liberarse de la esclavitud de la conducta y mentalidad de la carne, ni ha disfrutado y gozado de la paz, por haber terminado la guerra de los πάθος pazos salvajes y desenfrenados, necesita de mucho silencio de la boca, de modo que pueda decir junto con David: “Yo como si fuera sordo no escuchaba, y como un mudo no abría la boca” (Sal 37,14). Además, la psique-alma siempre debe estar con su apariencia consternada y caminar con seriedad en la senda de los mandamientos-logos de Cristo, mientras es angustiada y entristecida por el diablo y espera la visita del Paráclitos (Espíritu Santo). Y el Paráclitos, a medida que ella llega a la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y se lava con las lágrimas del corazón, la concederá la libertad verdadera y real.
  66. Cuando aquel que trabaja en la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) que es la miel de las virtudes, después de superar la bajeza de la carne (pasiones de los bajos instintos animales) con las luchas ascéticas y las fuerzas de la psique-alma vuelvan en su estado natural con la humildad y él mismo reciba los rayos del Espíritu por hacer la catarsis de su corazón por las lágrimas y se vista la incorruptibilidad de la mortificación vivificante de Cristo (2Cor 4,10), y, al sentarse en el altar o aposento de la ησυχία hisijía, reciba como lengua de fuego candente al Paráclitos (Hech 2,3), entonces éste debe también narrar con franqueza y audacia las grandezas de Dios y en la sinaxis o asamblea multitudinaria evangelizar o anunciar Su justicia (Sal 39,10); y esto porque ha recibido en las profundidades de su psique-alma la ley (Sal 39,9) del Espíritu; todo esto para que no sea arrojado a la tiniebla exterior (infierno), como aquel siervo malvado escondió su talento (Mt 25,30). De manera similar, también David, después de haber lavado su pecado con la μετάνοια metania y recuperar el carisma o don profético, incapaz de ocultar la beneficencia, decía a Dios: “He aquí Señor, no impediré a mis labios, Tú lo conoces; no escondí en mi corazón Tu justicia, proclamé Tu verdad y la salvación que concedes; no escondí Tu misericordia y Tu verdad en la sinaxis o asamblea multitudinaria (Sal 39, 10-11).
  67. El νούς nus (espíritu de la psique) que ha hecho la catarsis y está limpiado y psicoterapiado de todo lodo y suciedad, se convierte para la psique-alma un cielo lleno de estrellas de brillantes y luminosos conceptos y significados, teniendo en su interior el Sol de la justicia resplandeciendo y enviando al mundo los rayos luminosos de la teología. Lo lógico o parte lógica de este νούς nus, una vez hecha la catarsis en el abismo de la sofía-sabiduría, le trae de allí las facetas simples y puras de las cosas y claras apocalipsis-revelaciones de los secretos ocultos, para que conozca cuál es la profundidad, la altura y la anchura del conocimiento-gnosis de Dios (Efesios 3:18). Entonces el νούς nus acogiéndolas en su seno como adecuadas a su naturaleza, explica con el logos las profundidades del Espíritu a todos los que tienen espíritu de Dios en sus interiores y destapa las malas astucias de los demonios y narra los misterios del reinado de la Realeza increada de los Cielos.
  68. Los deseos y apetitos del cuerpo y los sobresaltos de la carne los detiene la εγκράτεια engratia (templanza, continencia, moderación), el ayuno y las luchas espirituales. Las inflamaciones ardientes de la psique-alma las refresca la lectura de las Santas Escrituras, y las hinchazones y los agobios del corazón los apacigua la oración constante. Todos estos, como aceite los emblandece la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón).
  69. Ninguna otra cosa, como la oración pura e inmaterial, hace al hombre un compañero inseparable de Dios y le une con el Logos, cuando ora sin distracciones con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu, en concreto, cuando la psique-alma está psicoterapiada, purgada, limpia y lavada con las lágrimas, endulzada con el sabor de la dulce κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y sobreiluminada por la luz (increada) del Espíritu.
  70. En las oraciones y las psalmodias, excelente es también la cantidad, cuando precede la perseverancia y la atención. Pero lo que vivifica la psique-alma y produce el fruto es la calidad. La psalmodia y la oración tienen calidad cuando, junto con el espíritu, uno ora también con el intelecto o con la lógica (en contacto consciente con la oración) (1Cor 14,15). Y uno ora con el intelecto cuando, mientras está orando y psalmodiando, pone atención al significado que es contenido en los logos del Santa Escritura y de los significados divinos que allí encuentra, acoge en su corazón los motivos de ascensos hacia conceptos y significados divinos. De estos la psique-alma es arrebatada espiritualmente al espacio de la luz (increada), se ilumina abundantemente, se limpia y se purifica más y se eleva por completo hacia los cielos, donde observa las bellezas de los bienes que han sido preparados para los Santos. Y mientras se inflama con el deseo de ellos, inmediatamente extrae el fruto de la oración de sus ojos, es decir, mana así el néctar de las lágrimas con la energía increada iluminadora del Espíritu. Y el sabor de las lágrimas es tan dulce que aquel que lo ha saboreado, algunas veces se olvida incluso de su alimento para el cuerpo. En efecto, este es el fruto de la oración que se produce por la calidad de la psalmodía en las psiques-almas de los que oran.
  71. Donde se observa el fruto del Espíritu, allí también existe la calidad de la oración. Y donde existe calidad, allí está también la perfecta y excelente cantidad de la psalmodia. Sin embargo, donde el fruto no aparece, allí también la calidad es árida. Y si la calidad es árida, entonces también la cantidad es sobrante, innecesaria e inútil, ya que ella puede causar gimnasia en el cuerpo, pero ciertamente para muchos es sin provecho ni beneficio.
  72. Debes observar la astucia y las trampas de los demonios cuando estás orando o salmodiando al Señor. Es decir, los demonios, o nos engañan robando escondidamente la atención del sentido y la percepción de la psique-alma y nos inducen a decir unas cosas por otras, convirtiendo los versos de los salmos en blasfemias, de modo que salgan de nuestra boca palabras no permitidas; o bien, apenas comenzamos los salmos llevan nuestra palabra hacia el final, y aquellas que están intercaladas las dispersan de nuestra mente y espíritu. O bien, nos hacen rodear y repetir en un verso, sin permitirnos, por el olvido, recordarnos la continuación del verso. O bien, cuando estamos en la mitad de un salmo, de repente borran del νούς nus el recuerdo de los versículos anteriores, de modo que no somos capaces de acordarnos ni siquiera lo qué recitábamos, tampoco podamos encontrarlos y repetirlos. Estas cosas las hacen para que caigamos en la negligencia, el desánimo y la acedia y eliminar los frutos de la oración, impulsando en nuestra mente y espíritu de que la hora ya ha pasado. Pero tú debes resistir firmemente y continuar el salmo a un ritmo más lento, para que puedas cosechar de los versículos con la contemplación el beneficio de la oración y recibir abundantemente la iluminación del Santo Espíritu, el Cual viene a las psiques-almas de los que oran.
  73. Cuando, al cantar y profundizar en lo que dices, te suceda algo así, no te desanimes ni caigas en la acedia. Ni tengas en cuenta que el tiempo ha pasado y prefieras el descanso del cuerpo en vez del beneficio psíquico, sino donde sientas que tu mente y espíritu es bloqueado y capturado por los conceptos y significados, allí detente. Si esto sucede al final del salmo, tú retorna con ánimo y buena predisposición al principio. Y una vez que hayas comenzado de nuevo, continúa el salmo de la misma manera, incluso si aún te encuentra muchas veces a la misma hora esa captación. Si procedes de esta manera, entonces los demonios, no soportando tu paciencia, tu perseverancia y el vigor de tu empeño, se avergonzarán y se marcharán de ti.
  74. Debes saber que la oración incesante es sin duda aquella que no cesa en la psique-alma todo el día y toda la noche; la cual no es percibida por los demás mediante la extensión de las manos, ni por la postura del cuerpo o el sonido de la lengua, sino que la perciben y entienden los que conocen a través del estudio espiritual del trabajo del νούς nus y la memoria de Dios con la perseverante dulce κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón).
  75. Uno puede concentrarse continuamente a la oración, cuando tiene concentrados sus pensamientos alrededor del νούς nus hegemónico, ahondando en las profundidades de Dios con gran paz y mucha devoción y buscando de allí saborear el dulce néctar de la contemplación. Pero si no hay esta paz, esto es imposible. Si sucede en alguien, que sus fuerzas psíquicas tienen paz entre sí a través de la gnosis-conocimiento, éste ha logrado también la oración incesante.
  76. Mientras salmodias una oración a Dios y viene un hermano a tocar la puerta de tu celda, no debes preferir más la obra de la oración que la obra de la αγάπη agapi (amor incondicional) y descuides a tu hermano, porque algo así no es gustado a Dios que prefiere la misericordia de la agapi que el sacrificio de la oración (Oseas 6, 6). Pero deja el regalo u ofrenda de la oración y conversa con agapi con el hermano y sírvele a lo que te pida. Y entonces retorna y ofrece tu regalo u ofrenda (Mt 5,24) al Padre de los espíritus con lágrimas y corazón quebrantado. Así se instalará en tu interior el Espíritu recto (Salmo 50, 12).
  77. El misterio de la oración no se realiza en cierto tiempo y lugar determinados. Si delimitas la oración en ciertas horas, tiempos y lugares, entonces el resto de tu tiempo se gasta en obras de vanidad. Porque la perfección de la oración es el movimiento constante del νούς nus (espíritu de la psique) en torno a Dios. Obra de la oración es que la psique-alma sea dedicada y girada sobre las cosas divinas. Y finalmente, la διάνοια diania (mente, intelecto) unirse a Dios y convertirse junto con Él en un solo espíritu (1Cor 6,17), según el logos y la regla que pone el Apóstol Pablo.
  78. Incluso si se han mortificado los miembros de tu cuerpo-carne y el espíritu ha vivificado tu psique-alma y te has hecho digno de recibir carismas sobrenaturales de Dios, tú, sin embargo, no aflojes la parte logística-lógica de tu psique-alma. Acostúmbrala a moverse siempre en torno de la memoria de tus viejos pecados y su castigo al hades-infierno y mira espiritualmente a ti mismo como condenado. Dirigiendo así, pues, tu νούς nus con mente hacia estas cosas mantendrás tu espíritu quebrantado y tendrás la fuente de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) emanando el río de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada); incluso, el Dios tendrá puesta Su mirada sobre ti, dándote el espíritu para que tu corazón sea fortalecido y sostenido firmemente.
  79. El ayuno moderado, cuando ha tomado como compañeros de viaje la vigilia con el estudio y la oración, al que lo practica, le hace llegar rápidamente a las fronteras de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, apacibilidad), cuando también su psique-alma por la excesiva humildad es regada con las lágrimas y arde de la αγάπη agapi de Dios. Y cuando llega a la απάθεια apázia, le conduce a la paz del espíritu, la cual supera a todo νούς nus (Fil 4,7), y mediante la αγάπη agapi le une con Dios.
  80. Un rey no se alegra tanto al sentirse orgulloso por su gloria y por su realeza, y el presumir de su poder, como lo hace un cristiano o un monje por la απάθεια apázia de su psique-alma y las lágrimas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón). Porque el orgullo, la arrogancia del rey se marchita junto con su realeza y reino, en cambio la bienaventurada απάθεια apázia comienza aquí y acompaña al cristiano o al monje colmado de gozo y alegría a la vida eterna, y permanece en él a lo largo de los interminables siglos. Este cristiano o monje, durante la vida presente, fluye entre los hombres como una rueda; es decir, toca apenas la tierra y lo terrenal por las necesidades de su naturaleza, mientras que todo su ser se eleva moviéndose hacia el aire inteligible o atmosfera espiritual; además, se recicla en su interior el principio hacia al fin y los tipos de los carismas están grabados en la corona de la rueda, que es la humildad. Para él, la mesa rica de alimento es la contemplación de los seres, su bebida es el cáliz de la sabiduría (Prov 9,2) y su descanso es Dios.
  81. Aquel que se ha dado a sí mismo voluntariamente a los esfuerzos y a las fatigas por las virtudes y camina con ardor la senda de la ascesis (práctica espiritual), se hace digno de recibir grandes donaciones de Dios. Progresando hacia la mitad de la perfección, viene en apocalipsis-revelaciones divinas y visiones y se hace en su totalidad luminoso y sabio, cuanto más se intensifica el esfuerzo de sus luchas. Pero cuando más asciende hacia la altura de la contemplación, tanto más se levantan contra él los funestos demonios con mucha envidia, porque sufren y no soportan ver a un ser humano transformarse en naturaleza angelical, por eso afilan escondidamente contra él la flecha aguda de la presunción. Por tanto, si se da cuenta y entiende la mala astucia y se refugia a la fortaleza de la humildad, acusándose a sí mismo, se escapa del desastre de la presunción y la soberbia y se introduce en los puertos de la salvación. De lo contrario, es abandonado de Dios y entregado a los espíritus que lo buscan para ser atormentado involuntariamente, ya que no prefirió la instrucción voluntaria. Estos espíritus son lujuriosos y sensuales, astutos y coléricos, violentos e iracundos, y lo atormentan con sus feroces ataques, hasta que él reconozca su impotencia y su debilidad; y una vez haber llorado, y se libere de la corrección, estará diciendo lo mismo que David: “Ha sido muy bueno para mí ser humillado, para aprender Tu voluntad y Tus preceptos” (Sal 118,71).
  82. El Dios no quiere que permanezcamos cobardes siempre ante los pazos, y cuando estos nos persiguen a hacernos como liebres, acudiendo a Él solo como piedra de nuestro refugio (Sal 103,18), porque entonces no diría: “Yo dije que dioses sois y todos vosotros hijos del Altísimo” (Sal 81, 6). Pero nos quiere también como ciervos corriendo a las montañas altas (Sal 103,18) de Sus mandamientos y tener mucha sed para las corrientes vivificantes del Espíritu. Y mientras que los ciervos tienen la cualidad de comer serpientes y con el calor acumulado por correr mucho transforman paradójicamente el veneno de las serpientes en almizcle -como dicen- sin ser dañados en nada por esto, así también nosotros cuando recibimos cualquier pensamiento pasional indecente en el vientre de nuestra διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro), por la calurosa carrera en el camino de las virtudes de Dios y con la potencia y energía del Espíritu transformarlo, -una vez cautivado- en praxis perfumada y salvífica de la virtud, para que nos veamos nosotros también que con la praxis cautivamos todo concepto en la obediencia de Cristo (2Cor 10,5). Porque el mundo de arriba necesita llenarse no con hombres de barro, terrenales e imperfectos, sino de espirituales y perfectos que han alcanzado la plena madurez de la que la medida es el Cristo (Ef 4,13).
  83. Aquél que da vueltas sobre las mismas cosas y no quiere moverse más allá de estas, parece a una mula que rodea continuamente alrededor del torno, siempre al mismo punto. Es decir, quien lucha continuamente con la carne y se ocupa solo de la ejercitación del cuerpo con toda penuria, no ha entendido que se perjudica muchísimo, porque no ha conseguido el propósito de la voluntad divina. Porque según san Pablo, el ejercicio del cuerpo sólo por poco tiempo beneficia (1Tim 4,8), es decir, hasta que quede pisoteada la moral o conducta terrenal de la carne por las olas de la μετάνοια metania y sobrevenga la necrosis o mortificación vivificante por el espíritu y reine la ley del Espíritu sobre nuestra carne mortal. Mientras que la piedad de la psique-alma, que se considera a través del conocimiento de los seres y de las plantas inmortales, es decir, de los conceptos y significados divinos, como el árbol de la vida (Gén. 2, 9) en el trabajo espiritual del νούς nus, es útil en todas partes y en todos, porque este trabajo produce pureza y lucidez del corazón y concede paz en las fuerzas de la psique-alma, iluminación del νούς nus, pureza del cuerpo, templanza, gnosis celeste, contención general, actitud humilde, κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), αγάπη agapi, santificación, gnosis celeste, sabiduría del logos y contemplación de Dios. Por lo tanto, aquél que, aquel que por mucho ejercicio ha ascendido a esta perfección de la piedad, traspasando el mar rojo de los pazos, éste he entrado en la tierra prometida, de la que manan la leche y la miel (Ex 3,8) de la gnosis (conocimiento increado) de Dios, el inagotable disfrute, gozo y deleite de los Santos.
  84. Aquel que no tiene la predisposición de elevarse de las cosas y realidades parciales y poco útiles y elevarse hacia las que son universales, este aún con el sudor de su frente come pan de salvado, según una antigua sentencia de Dios (Gen 3,19). Por eso su psique-alma no tiene apetito para el maná espiritual y la miel que brota para el pueblo israelita desde la roca partida (Deu 32,13 y Sal 80,17). Sin embargo, aquél que escuchó la exhortación: “Levantaos y vámonos de aquí” (Jn 14,31), y al escuchar esta voz del Maestro se levantó de su trabajo fatigoso, dejó de comer el pan del dolor y del sufrimiento, sacudió de sí el yugo de la percepción sensible y después bebió del cáliz de la sabiduría-sofía de Dios, éste conoció que el Señor es bondadoso (Sal 33,9). Porque después de cumplir la ley de los mandamientos en la diaconía-servicio del logos, subió al aposento alto y espera la venida del Paráclitos o Espíritu Santo (Hec 1,13).
  85. De acuerdo con los grados y clases de la vida espiritual, debemos, sin duda, avanzar y con fervor subamos hacia las cosas y realidades superiores, como si estuviésemos moviendo siempre alrededor de Dios y nunca sin detenernos de hacer el bien. Por lo tanto, de la ascética práctica (ejercicio espiritual) debemos avanzar hacia la contemplación natural de la creación, y a partir de ella, elevarnos a la teología mística del logos y descansar en ella de todas las obras del ejercicio corporal (Heb 4,10), ya que habremos superado la bajeza del cuerpo y recibido la clara gnosis-conocimiento del verdadero discernimiento. Pero si aún no hemos adquirido esta gnosis-conocimiento del verdadero discernimiento, ni tampoco hemos aprendido avanzar así hacia adelante y a luchar por lo más perfecto, entonces somos peores que los mundanos, los cuales no conocen límites en el progreso de su condición y posición social, ni pausa, hasta que no hayan subido al superior de los axiomas o cargos y frenen así su anhelo por ello al alcanzarlo.
  86. La psique-alma que se purga y se purifica, se limpia y se psicoterapia con fuerza y con fervor por los trabajos de la ascesis ortodoxa, es iluminada por la divina luz (increada) y comienza poco a poco a ver de modo natural la belleza que le fue dada desde el principio por Dios y comienza a expandirse en la αγάπη agapi (amor incondicional) de su Creador. Cuanto, a causa de su catarsis, más intensamente brillan en ella los rayos del Sol de la justicia y cuanto se apocalipta-revela en ella su belleza natural y puede reconocerla, tanto más aumenta sus esfuerzos de la ascesis para hacer su catarsis, purgarse, purificarse y psicoterapiarse más; de modo que aprenda claramente la doxa-gloria del regalo que ha sido digna de recibir y recupere la antigua nobleza y presente al Creador la divina icona-imagen limpia, pura y sin mezcla de materia. Y no se retrae en absoluto del aumento de sus esfuerzos, hasta que limpie su ser de toda impureza y contaminación y lo haga digno de la contemplación de Dios y familiaridad con Él.
  87. Aquél que aún está cubierto por la bruma de la mentalidad y conducta mundana, clama a Dios: “Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu Ley” (Sal 118,18). Porque la ignorancia del νούς nus-espíritu terrenal, al ser bruma y oscuridad profunda, cubre los ojos de la psique-alma y la convierte tenebrosa y sombría para entender las realidades y cosas divinas y las humanas, de modo que no pueda dirigir la mirada hacia los resplandores de la divina luz (increada) y acariciarla o bien disfrutar de aquellos bienes que “ojos no han visto y oídos no han escuchado y ser humano no ha conceptuado” (1Cor 2,9). Pero todas estas cosas, cuando la psique-alma por la μετάνοια metania corre el velo de los ojos, las ve con claridad, las escucha con gnosis-conocimientos y las entiende con prudencia. Y no es solamente esto, sino que genera en su corazón conceptos altos acerca de estas realidades y cosas. Así, habiendo saboreado su dulzura, adquiere la gnosis (conocimiento) claro y certero, y con logos de sofíasabiduría- de Dios relata a todos los bienes maravillosos de Dios, “los que Dios ha preparado para los que Le aman” (1Cor 2,10) y exhorta a todos a hacerse partícipes de estos bienes, con muchas luchas y lágrimas.
  88. Siete son los carismas, dones del Espíritu Santo, y comenzando el divino logos pone en la cabeza la sofía-sabiduría y termina en el temor divino. Dice: “espíritu de sofía-sabiduría, espíritu de prudencia, espíritu de voluntad, espíritu de fortaleza o valentía, espíritu de gnosis-conocimiento, espíritu de piedad y espíritu de temor a Dios” (Is 11, 2-3). Pero nosotros debemos empezar por el temor catártico purgador, purificador y psicoterapéutico, es decir, el temor de los infiernos, para que después de hacer correctamente con él la abstención del mal y por la metania antes nos psicoterapiamos y nos limpiamos de los estigmas y manchas del pecado, podamos alcanzar este temor puro del espíritu, avanzando gradualmente y reposando en él de todo trabajo para la virtud.
  89. Aquél que ha comenzado por el temor del juicio-krisis y progresa en la pureza del corazón por las lágrimas de la μετάνοια metania, primero se colma de sofía-sabiduría, ya que principio de la sofía-sabiduría es el temor (sagrado), según la Escritura (Prov 1,7). Luego se llena de prudencia y a continuación de voluntad por la que se dedica a pensar de las cosas que le benefician. Habiendo progresado en esto con la práctica de los mandamientos-logos, asciende a la gnosis-conocimiento de los seres y recibe más precisa la información para las realidades y cosas divinas y las humanas. Habiéndose convertido por esto totalmente residencia de la piedad, asciende a la acrópolis (punto culminante) de la αγάπη agapi y alcanza a la perfección. Entonces inmediatamente le invade el sagrado temor puro del espíritu para vigilar y guardar el tesoro de la realeza increada de los cielos que ha sido depositada en su interior. Este temor sagrado, que es muy psicoterapéutico, redentor y salvífico, a aquel que se ha elevado al punto culminante de la αγάπη agapi (amor incondicional), le colma de temblor y temor sagrado, porque tiene miedo no vaya ser que caiga de la altura de la agapi de Dios y sea arrojado de nuevo al miedo terrible del infierno.
  90. La lectura de las Escrituras se hace de manera diferente por parte de los principiantes en la vida de piedad y diferente por aquellos que han progresado y han llegado a la mitad, y diferente por los que se acercan a la perfección. Pera los primero se hace pan de la mesa de Dios que sostiene y conforta sus corazones (Sal 103,15) y los fortifica en la lucha contra los espíritus que activan los pazos y los convierte en guerreros valientes y heroicos contra los demonios, de modo que digan: “Ha preparado ante mí una mesa frente a mis adversarios que me afligen” (Sal 22,5). Para los segundos, se convierte en vino por el cáliz divino que deleita sus corazones y los lleva a éxtasis por la fuerza de los conceptos y significados y eleva sus νούς nus-espíritus más allá de la letra de la ley que conduce a la muerte (2Cor 3, 6), trasportándoles en las profundidades del Espíritu para investigarlos, y haciéndole capaz de generar e inventar significados y conceptos divinos, de modo que ellos también digan apropiadamente: “Y Tu cáliz me embriaga como el vino más fuerte” (Sal 22,5). Y para los últimos, se convierte en óleo del espíritu divino, que unge sus psiques-almas y las alivia, y las vuelve humildes con la abundancia de los divinos resplandores y las iluminaciones y las eleva por completo por encima de la bajeza del cuerpo, de modo que clamen también con exaltación: “Ha ungido con óleo mi cabeza” (Sal 22,5) y “Tu misericordia me perseguirá y me acompañará en todos los días de mi vida” (Sal, 22, 6).
  91. Hasta que, con las luchas ascéticas y con el sudor de nuestros rostros, nos dirigimos con esfuerzo y esmero hacia Dios, dominando los pazos de la carne, el Señor come junto con nosotros, en la mesa de Sus carismas o dones, el pan consubstancial que se elabora por el cultivo de las virtudes y sostiene los corazones de los seres humanos (Sal 103,15). Cuando con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos,) sea santificado Su nombre (Mt 6,9) por nosotros, y reine Él en todas las fuerza de nuestra psique-alma, sometiendo y pacificando lo dividido, es decir, después de haber sometido el inferior pensamiento del cuerpo al pensamiento superior, y se haga Su voluntad en nosotros tal y como se hace en el cielo (Mt 6,10), entonces el Señor bebe junto con nosotros en Su realeza increada (Mrc 14,25), que se convierte en nuestro interior nueva bebida supralógica de la sofía-sabiduría del logos, la cual se mezcla con la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y la gnosis-conocimiento de los grandes misterios. Finalmente, cuando lleguemos a ser participantes del Espíritu Santo y hayamos sufrido la buena alteración o metamorfosis por la renovación de muestro νούς nus (Rom 12,20), entonces el Señor, Dios realmente estará junto con nosotros como dioses, inmortalizando también nuestro cuerpo.
  92. Cuando las impetuosas aguas de los pensamientos apasionados e indecentes del νούς nus (espíritu de la psique) y de la mente son retenidas por la visita del Espíritu Santo y el abismo salado de los indecentes conceptos y recuerdos es domado por la templanza, el autodominio y el estudio de la muerte, entonces naturalmente sopla el espíritu divino de la μετάνοια metania y bajan las aguas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), con las cuales Dios y Soberano, una vez puestas en el rebrillo de la metania, lava nuestros pies espirituales y los hace dignos de andar en el patio y en el palacio de Su realeza increada.
  93. El Logos de Dios se hizo cuerpo-carne (Jn 1,14) y una vez unido hipostáticamente (substancialmente) con nuestra naturaleza humana se ha hecho hombre perfecto, -sin pecado-, como perfecto Dios la recreó y la divinizó o glorificó. Siendo Logos del primer νούς nus y Dios, se unió con su parte lógica o logística de la psique-alma y le dio alas para sentir las cosas divinas y pensar las altas. Pero también por ser fuego, por el divino fuego esencial la parte irascible o emocional de la psique la fortaleció haciéndola dura como acero y la afinó contra los adversarios, los demonios y los pazos. Además, por ser inclinación, tendencia y resultado del deseo o anhelo de cada naturaleza lógica, amplió la parte anhelante de la naturaleza humana para desear o anhelar los bienes aquellos de la vida eterna con αγάπη agapi (amor incondicional) interior firme y fija. De este modo habiendo renovado en Sí mismo al hombre entero, de viejo le hizo nuevo, de modo que en la nueva creación no exista ninguna razón de acusar al Logos Creador o Demiurgo.
  94. Después de que el Logos realizó de modo divino en Sí mismo la recreación de nuestra naturaleza, Él mismo se sacrificó a Sí Mismo con la muerte cruciforme, y ofrece siempre Su cuerpo incontaminado para ser sacrificado y lo expone cada día para nosotros como convite o simposium para alimentar la psique-alma y cuando comemos y bebemos Su sangre mediante la participación en la divina comunión –con sentimiento de la psique- nos hacemos mejores de lo que éramos, ya que nos unimos a estos y nos transformamos de lo peor a lo mejor, doblemente unificados con el Logos de doble naturaleza, es decir, con el cuerpo y con la psique lógica, ya que Él es Dios encarnado y consubstancial con nosotros según el cuerpo-carne. De modo que ya no pertenecemos a nosotros mismos, sino a Aquel que nos unió a Sí mismo a través de la mesa inmortal y nos hizo ser, por adopción, aquello que Él es por naturaleza, (o sea, dioses por la jaris, gracia increada)
  95. Por lo tanto, si los probados en los esfuerzos de las virtudes y purgados, psicoterapiados y limpiados por las lágrimas, nos acercamos y comemos de este pan y bebemos de este cáliz, entonces el doble Logos con Sus dos fuerzas naturales –de Dios y del hombre- se mezcla en nosotros con apacibilidad y mansedumbre transformándolos completamente conforme a Sí mismo, como encarnado y consubstancial con nosotros según la naturaleza humana, y nos diviniza (glorifica, deifica) enteramente con el logos de la gnosis-conocimiento y nos convierte familiares de Él, ya que somos similares y hermanos de Él, que es Dios y consubstancial con el Padre. Pero si venimos mezclados con la materia de los pazos y manchados por la suciedad del pecado, entonces al acercarse a nosotros con Su fuego natural, el cual destruye nuestra maldad y vicio, nos consume por completo y nos acorta la vida, no porque Su bondad lo quiere, sino que está obligado a hacerlo por nuestra despreciable insensibilidad.
  96. A todos aquellos que comienzan a andar por el camino de los mandamientos-logos de Cristo con la filosofía práctica, el Señor se acerca invisiblemente, porque aún tienen la conducta imperfecta y la psique-alma dudosa respecto a la virtud, y camina con ellos. Por tanto, bien se ha dicho que los ojos de sus psiques-almas temporalmente son impedidos (Lc 24,15-16), para que no conozcan el progreso que han logrado mientras que el Señor camina con ellos y co-energiza y coopera para que sean liberados de los pazos y los ayuda a lograr toda virtud. Pero, cuando progresan en las luchas de la piedad y se acercan hacia la απάθεια apázia (impasibilidad sin pazos,) a través la humildad, el Logos no quiere que ellos se detengan en este punto, cansados de los esfuerzos de las virtudes, sino que quiere que avancen y se eleven hacia la contemplación (espiritual). Por eso, después de alimentarlos durante un tiempo con bastante pan de las lágrimas (Sal 79,6), los bendice con la luz de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y abre el νούς nus-espíritu y la διάνοια diania (mentes, intelectos) de ellos para comprender las profundidades de las divinas Escrituras y a partir de esto vean claramente las naturalezas y los logos (razones, causas, propçositos) de los seres. Entonces, inmediatamente se esconde de ellos, para que se levanten por sí mismos y busquen con más fervor saber cuál es la gnosis de los seres y cuál es la elevación que esto provoca. Y, después de buscarlo con fervor, ascienden al ministerio más alto del logos y proclaman a todos la resurrección del Logos que conocen por la praxis, práctica y por la contemplación espiritual.
  97. Justamente el Logos reprende la lentitud de aquellos que se demoran llevando mucho tiempo en los esfuerzos de la ascesis práctica y no quieren moverse de allí ni ascender a la etapa superior de la contemplación, y les dice: “oh insensatos, necios y tardíos de corazón para creer (Luc 24,25) en el logos de la contemplación natural, el cual tiene la potencia y energía de apocaliptar-revelar las profundidades del Espíritu en aquellos que caminan según las indicaciones del Espíritu”. El que uno no quiera, desde las luchas de los principiantes, progresar a las luchas más perfectas, y de la letra de la Divina Escritura pasar al νούς nus-espíritu y a la διάνοια diania (mente, intelecto) del logos, esto indica que la psique-alma es negligente, perezosa y sin sabor y experiencia del beneficio espiritual, es una psique-alma que socava su propio progreso. En esta psique, como lleva su lámpara apagada no sólo se le va a decir: “Ve y compra aceite de aquellos que lo venden”, sino también: “Ve, no sé de dónde eres” (Mateo 25, 9 y 12), pues se le cerrará también la entrada al banquete.
  98. Cuando el Logos de Dios viene a la psique-alma caída, como en la ciudad de Betania (Jn 11, 17-18), para resucitar el νούς nus (espíritu de la psique) muerto y enterrado bajo la corrupción de los πάθος pazos, entonces la prudencia y la justicia, como mujeres sumidas en la tristeza y la pena por la necrosis del νούς nus, al lamentar, van a Su búsqueda, lo reciben y le dicen: “Si hubieras estado aquí con nosotros para protegernos y custodiarnos, nuestro hermano νούς nus no habría muerto” por el pecado (Jn 11,32). Entonces la justicia se apresura con gran cuidado y esfuerzo de las virtudes a alimentar el Logos y se esfuerza en presentarle una mesa rica con diversos tipos de su sufrimiento y mal estar. Sin embargo, la prudencia juzga que es mejor, despreciando todas las otras preocupaciones y el doloroso sufrimiento, decide sentarse y disponerse para el trabajo espiritual, atenta a los movimientos espirituales del Logos y a la escucha de los conceptos y significados de Su contemplación. Por eso, la primera que se esfuerza bien en alimentarlo generosamente con el alimento de la variada filosofía práctica y ascética, es aceptada por el Logos; pero la reprende porque se preocupa por muchos aspectos del sufrimiento y dolor y está siempre ocupada con algo que es poco provechoso. Porque hay una sola cosa que se necesita para el cuidado del Logos, que es someter lo inferior (el cuerpo) al superior pensamiento y convertir en espiritual la conducta terrenal de la psique-alma con los sudores de la virtud. Ahora, la segunda, la alaba y la toma a su lado, porque eligió la buena parte (Lucas 10, 41-42) de la gnosis (conocimiento) del Espíritu, con la cual vuela por encima de las cosas humanas, avanza hacia las divinas profundidades de Dios, y desde allí, negocia bien realizando la adquisición de la perla preciosa (Mt 13, 46) del Logos, contempla con admiración los tesoros escondidos del Espíritu (Mt 13,44) y recibe la inenarrable alegría que no le será quitada (Jn 11,39)
  99. El νούς nus (espíritu de la psique) muerto por los pazos y resucitado por la presencia del Logos de Dios, después de haber despojado la piedra de la petrificación, se libera de las ataduras del pecado y de los pensamientos corruptores por los servidores del Logos, es decir, del miedo por el infierno y de las fatigas de la virtud. Y después de disfrutar de la luz de la vida futura, queda libre en la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Luego desde allí sentándose al trono de los sentidos (físicos y psíquicos) y como sacerdote, habiendo celebrado el misterio de la contemplación de los seres, cohabita con el Logos; y yéndose junto con Él de la tierra hacia los cielos, reina junto con Cristo en el reinado de la realeza increada de Dios y Padre, habiendo apaciguado en Él todos sus deseos y anhelos.
  100. En cada luchador que compite según las reglas (2Tim 4,13) y avanza hacia la mitad y llega a la madurez y la perfección que su medida es el Cristo (Ef 4,13), la apocatástasis (restablecimiento) en la vida futura después la deposición y disolución del cuerpo, se hace conocida y evidente por información interior, acción y energía (increada) del Espíritu. La alegría es eterna dentro en la luz (increada), es decir, la bienaventuranza de la morada celeste. Y la alegría inagotable, sin fin, abraza a los corazones de aquellos que luchan y combaten aquí de acuerdo con las reglas y la dulzura del Espíritu Santo los acaricia, la cual alegría, según el logos del Señor no será quitada nunca de ellos (Jn 16, 22). Por lo tanto, aquel que se hizo digno de ser visitado aquí por el Paráclitos y disfrutar de Sus frutos con el cultivo de las virtudes y enriquecerse con Sus divinos carismas, lleno de alegría y de todo αγάπη agapi (amor incondicional), ya que todo miedo se ha marchado de él, así se libera con alegría de las cadenas del cuerpo, y parte lleno de alegría de lo visible, de cuya percepción se había liberado en su vida. Y ahora descansa en la indescriptible e inefable alegría de la luz (increada), allí donde habitan los que tienen el gozo continuo (Sal 86, 7), aunque el cuerpo a menudo sufre durante la disolución del lazo y la separación de su unión con la psique-alma, como las mujeres que dan a luz con dificultad.

 

San Nikitas Stizatos

Tercera centuria de capítulos gnósticos sobre la agapi y el perfeccionamiento durante la vida

 

  1. Dios es νούς nus απαθής apazís (impasible, sin pazos), más allá y por encima de todo νούς nus y toda απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). Es luz increada y fuente de la bondadosa luz, sofía-sabiduría, logos y gnosis, igual también es donador de la sofía, del logos y de la gnosis-conocimiento. Y en aquellos que estos carismas se les fueron dados por su pureza y los vemos en ellos en abundancia, en esos se ha restaurado la «imagen» y se ha preservado, de modo que sean ya desde aquí hijos de Dios, guiados por el Espíritu, según lo que está dicho: “Los que son guiados por el Espíritu de Dios, ellos son hijos de Dios” (Rom 8,14).
  2. Aquellos que, a través de los esfuerzos de la ascética, han hecho la catarsis, se han psicoterapiado y purificado de toda contaminación carnal y espiritual (Cor 7,1) y se han convertido en recipientes de la naturaleza inmortal mediante los carismas del Espíritu. Estos que han alcanzado este estado (espiritual) están llenos de luz bondadosa (increada), y mientras esta luz inunda sus corazones de serenidad y paz, pronuncian logos bondadosos y la sofía-sabiduría de Dios fluye de sus labios con gnosis-conocimiento de las cosas divinas y las humanas. Y el logos de ellos es transparente y explica las profundidades del Espíritu. Para estos hombres no es válida la ley (Gal 5,23), ya que se han unido para siempre con Dios y recibieron la buena alteración o metamorfosis.
  3. Aquel que diligentemente se dirige a Dios con mucho celo o entusiasmo, se convierte en una réplica de Su imagen por medio de las virtudes de su psique-alma y del cuerpo. Y él descansa en Dios y Dios en él, mediante la unión recíproca; de modo que él sea y se vea desde aquí icona-imagen de la divina bienaventuranza y en posición dios (por la jaris) con la riqueza de los carismas del Espíritu, y Dios es el realizador de su perfección.
  4. El hombre es imagen de Dios no por la estructura orgánica del cuerpo, como diría alguien por ignorancia, sino por la naturaleza espiritual del νούς nus (espíritu de la psique), la cual no se delimita por el cuerpo pesado que tiende hacia abajo. Es decir, igual que la naturaleza divina, al estar fuera de toda creación y densidad o grosura, no se delimita por nada, sino que es indefinida, incorpórea y por encima de toda esencia y causa, sin propiedades, no sujeta al tacto, sin cantidad, invisible, inmortal, impalpable e incomprensible por nosotros, así también la naturaleza espiritual que Él nos ha dado,- es decir, el νούς nus con la psique-alma-, es ilimitada, ajena a la densidad del cuerpo, incorpórea, invisible, impalpable, inabordable e icona-imagen de Su δόξα doxa (gloria, luz increada) inmortal y eterna.
  5. Dios es el primer Νούς nus, como Rey de todo, y tiene en sí consubstanciales y coeternos el Logos y el Espíritu Santo. No se separa nunca del Logos y del Espíritu santo, porque la naturaleza divina es indivisible; no se mezcla, ni tampoco se confunde porque sus tres Hipostasis (Personas) son inconfundibles. Así mientras engendra y genera al Logos naturalmente de Su ουσία usía (esencia, sustancia), no se separa de Él porque es indivisible de sí mismo. Y el Logos coeterno tiene connatural y también sin principio el Espíritu Santo que procede del Padre (Jn 15,26) antes de los siglos o pre-eternamente, no se separa de el Padre que lo engendra y genera. Porque la naturaleza de los dos es una e indivisible, aunque por la diferencia de las hipostasis se diversifica en tres personas y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son venerados, alabados tríadicamente, sin que se separen nunca de la coeterna esencia-usía y naturaleza, ya que constituyen una sola naturaleza y un Dios. Así que, de esta naturaleza trinitaria y única, debes considerar como imagen-icona al hombre creado por ella, ciertamente por su elemento espiritual y no por el visible; según su inmortalidad y siempre inalterable y no según lo mortal y corruptible.
  6. Dios que es Νούς nus y está infinitamente más allá y por encima de Sus creaciones, las cuales ha creado con sofía-sabiduría, y para conservación de sus creaciones, genera o hace nacer sin Su alteración el Logos y manda el Espíritu Santo para fortalecerlas, tal como se ha escrito (Jn 14,26); pero Él mismo está también dentro y fuera del universo. Lo mismo también el hombre que es partícipe de Su φύσις fisis naturaleza y es Su icona-imagen según su elemento espiritual (creado), es decir, la psique-alma espiritual, incorpórea e inmortal, teniendo el νούς nus que genera o hace nacer naturalmente al logos de su esencia-usía y por la cual mantiene toda fuerza y energía del cuerpo, está tanto fuera como dentro de la materia y de las cosas visibles. Y así como su Creador es inseparable de Sus Hipostasis, es decir, del Logos y del Espíritu Santo, así también el hombre según su psique-alma está inseparable del νούς nus y del logos, ya que constituye una naturaleza con una esencia y energía que no está delimitada por el cuerpo.
  7. Así como lo divino es trinitario o triuno, adorado y venerado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, así también la imagen-icona plasmada por Él, el ser humano, se distingue en tres partes, venerando con psique-alma, νούς nus y logos a Dios, quien creó todo desde cero o de la nada. Por lo tanto, tal y como las Hipostasis en Dios son por naturaleza coeternas y consubstanciales, así también estas tres partes de Su icona-imagen (el hombre), son connaturales y consubstanciales. De ellas se ve y se hace claro en nosotros lo “a imagen”, y por ellas yo soy icona-imagen de Dios, aunque estoy impregnado conjuntamente también con lodo o tierra y con la icona-imagen.
  8. Una cosa es la icona-imagen de Dios y otra cosa son las cualidades o atributos de la imagen. Imagen de Dios es la psique-alma espiritual, el νούς nus (espíritu de la psique) y el logos, una naturaleza única e indivisible. Las cualidades o atributos son la soberanía o el gobernar, la realeza y la independencia o libre albedrío. También son diferentes la doxa-gloria del νούς nus, el ideal o el valor, lo “a imagen” y lo “a semejanza” (Gen 1,25). Doxa-gloria del νούς nus es la tendencia y el movimiento continuo hacia arriba, la velocidad, la pureza, la prudencia, la sabiduría y la inmortalidad. El ideal o valor del νούς nus es lo lógico, el gobernar o la soberanía, la realeza y la independencia o libre albedrío. El “como a imagen de Dios”, es lo auto-hipostasiado o autosubstanciado, lo consubstancial, lo indivisible y lo inseparable de la psique-alma del νούς nus y del logos, los cuales son también consubstanciales y coeternos, sin que jamás se separen lo uno de lo otro, ni puedan ser separados. “Como a semejanza” son la agapi, la justicia, la verdad, la misericordia, la compasión y la filantropía. Por tanto, en aquellos que estas realidades o virtudes operan y permanecen, en ellos se ve claramente lo “a icona-imagen y semejanza”; es decir, ellos operan y energizan naturalmente según naturaleza, pero son superiores a los demás en el valor o ideal.
  1. La psique-alma lógica se divide en tres partes, pero se puede observar también y distinguir dos: la lógica y la pasional. La parte lógica siendo a icona/imagen de su Creador, es ininterrumpida, invisible e ilimitada por los sentidos, puesto que está fuera y dentro de ellos. La psique-alma con su parte lógica se comunica con las δυναμεις dinamis potencias y energías espirituales, intelectuales y divinas, y mediante la gnosis (conocimiento divino) de los seres se lanza naturalmente a Dios como su Prototipo o Modelo original, y disfruta de Su naturaleza divina. La parte pasional de la psique-alma se hace añicos en los sentidos y está sujeta a los pazos, placeres y comodidades. Con la parte pasional la psique-alma se comunica con la naturaleza sensitiva, nutritiva y de crecimiento, siente el aire, el frío, el color y los alimentos para la conservación de la vida, el crecimiento y la salud. Por eso la parte pasional es alterada con estas influencias, y desea deseos irracionales o animales, desviándose de su movimiento natural, y a veces se enfurece y se deja llevar por una ira irracional; además provoca hambre, sed, tristeza o depresión, dolor y dispersión, mientras que en las comodidades disfruta, en cambio en las tristezas y sufrimientos se retrae, se deprime. Por esta razón, es llamada parte pasional de la psique-alma, porque sufre y padece por los pazos. Por tanto, cuando esta parte mortal es absorbida por la vida del logos (2Cor 4,11), es decir, cuando la parte superior haya vencido y dominado, entonces también la vida de Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo-carne mortal (2Cor 4,11), operando y energizando en nuestro interior la vivificante mortificación, es decir, la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad) y concediéndonos la incorrupción de la inmortalidad, tal como desea el espíritu.
  2. Así como el Creador de todo, antes de crear todas las cosas a partir de la nada o cero, tenía en Su interior, como Rey de los siglos y previsor (conocedor del futuro), la gnosis-conocimiento, las naturalezas y los logos (principios) de todos los seres, de igual modo creó al ser humano a Su imagen, como rey de la creación, y le otorgó dentro de sí la gnosis-conocimiento, las naturalezas y los logos (principios) de todos los seres. Así, la aridez y el frío del flujo vital los tiene de la tierra, de donde fue plasmado; el calor y la humedad de la sangre, los tiene del aire y del fuego; la liquidez y el frío del flema (saliva) por el agua; de las plantas tiene la capacidad del crecimiento; de los animales que se nutren de plantas tiene la capacidad de nutrirse; de los animales irracionales tiene la parte pasional; de los Ángeles tiene la fuerza y energía espiritual (νούς nus) y la lógica (mente, intelecto); de Dios, finalmente tiene el soplo inmaterial, es decir, la psique-alma incorpórea e inmortal, la cual se distingue en νούς nus (espíritu de la psique) y logos y recibe la fuerza y energía del Espíritu Santo para poder existir y vivir.
  3. Somos “como a semejanza” de Dios que nos ha formado “a Su imagen y semejanza” (Gen 1,26), respecto a la virtud y la prudencia; porque dice la Escritura: “Su virtud cubrió los cielos, y de su prudencia está llena la tierra (Hab 3,3). La virtud de Dios es la justicia, la santidad y la verdad, como dice David: “Justo eres Señor y Tu verdad te circunda por todas partes” (Sal 88,9), y de nuevo: “Justo y santo es el Señor-Kirios” (144,17). También somos “como a semejanza” de Dios respecto a la rectitud y la χρηστότις (jristotis: bondad, apacibilidad), porque dice la Escritura: “Bondadoso y recto es el Señor” (Sal 24,8); también respecto al logos de la sofía-sabiduría y del logos de la gnosis-conocimiento, porque estas existen en Su interior y se llama Sofía-Sabiduría y Logos. También respecto a la santidad y la perfección, como el Mismo dice: “Haceros perfectos, porque vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 20, 6) y “Haceros santos, porque yoSoy santo” Lev 20,26). Finalmente, respecto a la humildad y la apacibilidad, porque dice: “Aprended de mí que soy apacible y humilde del corazón, y vuestra psique-alma encontrará psicoterapia, alivio y descanso (Mt 11,29).
  4. Nuestro νούς nus (espíritu de la psique) siendo icona-imagen de Dios, se encuentra en su propio estado natural de sí mismo cuando permanece en su ámbito y no se mueve más allá de su propio valor o ideal y naturaleza. Por eso también ama investigar, a la medida de lo posible, las cosas relacionadas con Dios y busca unirse con Él, por el que ha recibido el principio y tiene el movimiento y hacia quien se lanza con sus cualidades naturales y a Él anhela imitar en filantropía y sencillez. Por eso también el νούς nus, haciendo nacer o generando el logos, recrea, como si fueran otros cielos, las psiques-almas de sus semejantes del género humano y las fortalece con la paciencia de las virtudes en práctica y praxis; y las vivifica con el espíritu o soplo de su boca (Sal 32, 6), dándoles energía y fuerza contra los pazos ruines y destructivos. Y así se convierte y se hace también él creador de la creación espiritual e intelectual y del gran cosmos (mundo), imitando adecuadamente a su Dios, y escucha claramente desde el cielo: “El que al indigno le convierte en digno, se convertirá como mi boca” (Jer 15,19).
  5. Quien se mantiene en los movimientos naturales del νούς nus y en el valor o ideal del logos, se mantiene limpio de la materia y es adornado con apacibilidad, humildad, agapi, simpatía y compasión, y se vuelve espléndido y brillante por los destellos del Espíritu Santo. Fijando la mirada a las contemplaciones altas, adquiere la gnosis-conocimiento de los misterios ocultos de Dios y, por la bondad, las transmite con logos de sofía-sabiduría en aquellos que pueden escuchar estas cosas. Así, no sólo multiplica su talento para sí mismo, sino que permite que lo disfruten también los otros.
  6. Aquel que ha aligerado mucho su espíritu, que es una parte de la dualidad espíritu y cuerpo-carne y ha liberado la nobleza del espíritu de la cadena de esta dualidad, éste ha encontrado un modo de vida inmaterial entre los espíritus inmateriales y también se ha convertido en un espíritu inteligible, aunque parezca que viva corporalmente entre los otros seres humanos.
  7. El que ha sometido la esclavitud que proviene de la unión espíritu y cuerpo-carne al valor y naturaleza de uno (espíritu), éste ha sometido toda la creación a Dios, reuniendo en uno todo lo que estaba separado y llevando la paz en todo (Col 1,20).
  8. Mientras que la naturaleza de nuestras fuerzas psíquicas se encuentra en desorden y se dispersa en muchas heterogeneidades o diferencias, no participamos de las donaciones sobrenaturales de Dios; y puesto que no participamos de estas donaciones, nos encontramos lejos también de la liturgia mística del sacrificio (o altar) celeste, que se celebra durante el trabajo espiritual del νούς nus (espíritu de la psique). Pero cuando ponemos mucho entusiasmo y esfuerzo a los combates y luchas espirituales y hemos hecho la catarsis y nos hemos limpiado de la maldad del vicio y con la fuerza del Espíritu unificamos nuestra diferencias y heterogeneidades en una, entonces llegamos también a la participación de los bienes inefables de Dios y ofrecemos dignamente al Logos y Dios los divinos misterios de la celebración mística del νούς nus en el altar sobrecelestial e inteligible de Dios, como contempladores iniciados y sacerdotes de Sus misterios inmortales.
  9. La carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne (Gal 57), y hay una guerra invisible, no declarada entre ellos, quien de los dos vencerá también obtendrá el control. Esta discordia en nuestro interior se llama heterogeneidad, distancia o división, inclinación, balanza y lucha equitativa, durante la cual la psique-alma se va hacia donde el νούς nus la empuja, es decir, en alguna cosa según el pazos humano.
  10. Mientras nos dividen los pensamientos inestables y la ley de la carne prevalezca y se mantiene en nuestro interior, nos dispersamos en muchas partes y nos alejamos de divina Mónada (o Unicidad, Una), porque no hemos adquirido la unidad que Ella tiene. Pero cuando esta mortalidad del cuerpo es devorada (2Cor 25,4) por la fuerza unificadora y por una despreocupación sobrenatural y el νούς nus se convierta en señor de sí mismo, irradiado de los resplandecimientos y los conceptos de la sofía-sabiduría, entonces la psique-alma se repliega de forma divina en una mónada o unidad semejante a Dios en lugar de muchas heterogeneidades. Y, una vez reunida en la Mónada, Unidad divina, se une a Ella con simplicidad, imitando Su naturaleza. Esta es la apocatástasis restauración de la psique-alma a su estado original y nuestra renovación hacia algo mejor.
  11. La ignorancia es un mal terrible, y más que terrible, es la misma oscuridad palpable. Y las psique-almas que dominará, las arroja a la profunda oscuridad y tiniebla. Divide la parte logística o lógica en muchas partes y separa la psique de la unión con Dios. Finalmente, lo que recogemos de ella es la insensatez y la animalidad. Porque convierte al ser humano en animal irracional e insensible en su totalidad. Y así como la ignorancia, cuando se extiende de manera densa, se convierte en un abismo enorme del Hades para la psique-alma que se doblega bajo su peso, donde existen todos los castigos, sufrimientos, tristezas y lamentos; de la misma manera, el conocimiento-gnosis divino, que es brillante y lleno de luz infinita e increada, transforma las psiques-almas a las que llega debido a su pureza, haciéndolas luminosas de un modo acorde con Dios; y las llena paz, serenidad, alegría, sofía-sabiduría inexpresable y αγάπη agapi (amor incondicional) perfecta.
  12. La presencia de la divina luz increada, como es una y unificada, reúne hacia sí misma las psique-almas que participan y las hace que giren hacia ella; las une con su unidad, las perfecciona con su perfección y, conduciendo la fuerza visual de sus διάνοιας dianias (mentes, intelectos) hacia las profundidades de Dios, las hace contempladoras, iniciadas e iniciadoras o maestras de los grandes misterios. Quiso, pues Dios, con la lucha que te psicoterapies, te purgues y te purifiques totalmente y verás claramente en tu interior la actividad de la energía divina (e increada) de las cosas que te digo.
  13. Las iluminaciones de la Primera Luz increada en las psique-almas catartizadas (psicoterapiadas, purgadas y purificadas), que se hacen con la gnosis-conocimiento, no sólo las hacen buenas e iluminadas, sino que mediante la contemplación natural también las elevan a los cielos espirituales. Y la energía de esta actividad y operación no se detiene hasta aquí, se detiene cuando, mediante la sofía-sabiduría y las gnosis de las cosas inefables se unen con el Uno y se conviertan dentro de Él uno en lugar de muchos.
  14. Primero debemos convertirnos puros y limpios de la malicia adquirida de los malos espíritus a través del orden catártico, purificador, luego nuestros ojos psíquicos espiritualizados deben volverse iluminados y resplandecientes siempre, mediante otro orden, el iluminador, que se realiza a través de la oculta sofía-sabiduría mística en Dios. Y así, al subir a la ciencia de las gnosis sagradas (conocimientos divinos), la cual con el logos sirve las cosas nuevas y antiguas en aquellos que son receptivos, transmitiremos sus conceptos y significados apócrifos (ocultos) y místicos, por supuesto, con discernimiento, haciéndolos llegar a oídos no profanos y separándolos de los imperfectos, para que no sean dadas las cosas santas a los perros, ni la perla del logos sea arrojada a psiques-almas de cerdos (Mt 7,6), que la arruinarán.
  15. Cuando uno ve la llama de su psique-alma dilatarse y ensancharse alrededor de la fe innata y la αγάπη agapi (amor incondicional) de Dios, entonces debe saber que lleva en su interior a Cristo, que opera con Su energía increada la elevación de la psique-alma desde la tierra y de las cosas visibles, y prepara su morada en los cielos. También cuando ve su corazón llenarse de alegría y anhela con κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) los inexpresables bienes de Dios, entonces debe saber que el Espíritu Santo está obrando en su interior con la energía (increada). Cuando, de nuevo, siente que su νούς nus (espíritu de la psique) se llena de luz inefable e increada y de conceptos de la sofía-sabiduría celestial, entonces debe saber que en su psique-alma ya ha venido y opera con Su energía increada el Paráclitos, para apocaliptarle-revelarle los tesoros del reinado de la realeza increada de los cielos que están escondidos en Su interior. Y entonces debe cuidarse escrupulosamente a sí mismo con diligencia, como un palacio de Dios y una residencia del Espíritu.
  16. El cuidado y custodia de los tesoros apócrifos (escondidos) del Espíritu es distanciarse de las cosas humanas y mundanas, lo que principalmente se llama ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental). Esta, debido a la limpieza y pureza del corazón y el placer de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) enciende más fuerte el anhelo del έρως eros (amor ardiente) de Dios y disuelve de la psique-alma las cadenas de los sentidos y la convence que siga la libertad de las formas de vida. Y, al haber transformado sus facultades y fuerzas, las devuelve al estado natural y las restaura a su estado original de la creación, para que no haya motivo alguno de acusación contra el Creador de los bienes, por la alteración de Su imagen y su desviación hacia lo peor.
  17. A esta sagrada y divina terminación lleva con lucidez ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) lógica y científica, cuando, por supuesto, se ejercita y se realiza de acuerdo con los cánones o reglas. Ahora bien, si alguien que cree que practica la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) no ha alcanzado tal elevación y perfección, significa que aún no tiene la ησυχία hisijía espiritual y perfecta. Pero tampoco podrá serenarse y tranquilizarse (o tener la hisijía espiritual) a causa de la perturbación interior de los pazos indomables, hasta que no se eleve a tal altura. Hasta entonces sólo tendrá su cuerpo encerrado en muros o en cavernas de la tierra (es decir, hisijía tranquilidad exterior), siendo afligido por un νούς nus-espíritu y mente desordenados y errantes.
  18. Las psique-almas que han llegado a puntos culminantes de pureza y han ascendido a la excelsa sofía-sabiduría y gnosis-conocimiento, se asemejan casi directamente a los querubines, ya que se acercan con su ciencia a la Fuente de los bienes y reciben de ella la apocálipsis-revelación pura de la supervisión directa, con la cual solo las fuerzas de los querubines son iluminadas directamente, generalmente, por la misma Tearquía (Deidad) en las contemplaciones divinas, en una elevación suprema, -como dijo alguien, (San Dionisio el Areopagita en “Jerarquía Celeste VII”).
  19. Así como las primeras fuerzas angélicas, algunas son extremadamente ardientes y veloces en torno a las cosas divinas y tienen un movimiento perpetuo en torno a ellas, mientras que otras, las más dotadas de visión divina, lo son en gnosis-conocimiento y sabiduría, y este es su estado permanente, moverse siempre alrededor de las cosas divinas; del mismo modo las psiques-almas de quienes antes se ha dicho que son ardientes y rapidísimas, en torno a las cosas divinas sabias y gnósticas-conocedoras y con gran capacidad de elevarse con las contemplaciones místicas. La cualidad de ellas, según su poder y estado divino, es el movimiento perpetuo en torno a Dios y una firme permanencia en Él. Y junto con todo poseen la capacidad de recibir iluminaciones o irradiaciones, mediante las cuales participan en Dios y transmiten también abundantemente a otros, a través de sus logos Sus iluminaciones y Sus jaris (energías divinas, dones).
  20. Dios es Νούς nus y causa del movimiento continuo de todo, y todos los νούς nus en Él, como primer Νούς nus, todos los νούς nus tienen en Él el lugar estable y el movimiento incesante. Esto sucede y lo experimentan los que no tienen una movilidad amante de la materia ni lleno de πάθος pazos, sino que han adquirido, mediante las luchas sagradas, el movimiento puro, no enturbiado y sin mezclas. Y esto les sucede porque, teniendo el divino έρως eros (amor ardiente), transmiten el uno al otro y a sí mismos las iluminaciones que emite la Tearquía (o Deidad) como donadora de bienes, y ellos con αγάπη agapi también transmiten a los demás la sofía-sabiduría de los misterios de Dios que está escondida en sus interiores, para que sea venerada y alabada incesantemente la αγάπη agapi de Dios.
  21. Las psiques-almas que han aligerado y liberado su parte logística o lógica de la materia, y han convertido la dualidad que lucha consigo misma (carne y espíritu) en un carro dócil que corre hacia los cielos, se encuentran y se mueven alrededor de Dios. Y se mueven incesantemente alrededor de Dios, porque Él es el centro y la causa del movimiento circular. Permanecen firmes y estables, como en un círculo, sin poder dispersarse y desperdigarse de este vínculo que las mantiene unidas y dirigirse hacia el sentido y la vagancia terrenal de las cosas humanas. Esto, pues, es el fin completo de la ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) y en esto conduce a los verdaderos hisijastas de manera que, mientras se mueven, permanecen quietos, y mientras permanecen estables, se mueven hacia lo divino. Y mientras esto no se hace, aunque en apariencia creemos que estamos en ησυχία hisijía, es imposible que nuestro νούς nus (espíritu de la psique) y nuestro intelecto se encuentren fuera de la materia, del error y la distracción.
  22. Cuando, mediante nuestra gran diligencia, solicitud y estudio llegamos a la belleza primitiva del logos y felizmente recibimos, por la visita del Espíritu, la sofía-sabiduría y la gnosis (conocimiento divino) que se nos dan desde el cielo, entonces comprobamos que la primera Fuente y Causa de todo y producción de todo es sabia y buena en nosotros que ya podemos ver de manera natural. Y ya no hay en nosotros nada que pueda acusar a Ella sobre la maldad que infectó a Su criatura durante su desviación hacia lo peor, cuando la criatura se separó y cayó perdiendo su belleza original, se desvió de la θέωσις zéosis (divinización, glorificación), momento en el que el mal irrumpió en ella y le dio su forma irracional y animal.
  23. Primera base para aquellos que aumentan su progreso espiritual es la gnosis (conocimiento) de los seres, que les brinda la filosofía práctica. En segundo lugar, es el reconocimiento de los misterios escondidos de Dios, en el cual son iniciados místicamente por la contemplación natural. Y, en tercer lugar, es la mezcla y unión con la Primera Luz increada, donde termina y descansa de todo progreso práctico y toda consideración y contemplación.
  24. Todos los νούς nus-espíritus, por sí mismos, giran de forma uniforme, en torno a las tres cosas mencionadas, dirigiéndose hacia sí mismos y hacia el Ser real. E iluminando a sus prójimos como espíritus que se van limpiando y purificando, los inician místicamente en las cosas y realidades divinas y los perfeccionan con la sabiduría, uniéndolos a sí mismos y con la Mónada (la Una Unicidad Divina).
  25. Θέωσις zéosis (divinización, glorificación) en esta vida es la realización o ceremonia espiritual y verdaderamente divina, durante la cual se celebra o es realizado el logos de la inefable sofía-sabiduría y se transmite, en medida de lo posible, a aquellos que se han preparado a sí mismos. Esta θέωσις zéosis, el Dios, con Su bondad, la regaló desde el principio a la naturaleza lógica para la unidad de la fe. Es decir, aquellos que por su limpieza, pureza y lucidez han alcanzado la participación de este estado alto mediante la gnosis de las cosas y realidades divinas, volviéndose semejantes a Dios, ya que se convertirán en la imagen-icona del Su Hijo (Rom 8,29) a través de los excelsos y espirituales movimientos altos en torno a lo divino. Así serán dioses en posición de adopción o dioses por la χάρις jaris (gracia, energía increada) para los demás hombres encima de la tierra. Por otro lado, los demás estarán perfeccionándose en la virtud con la catarsis mediante el logos y la sagrada convivencia con los primeros y, según sus progresos y sus catarsis estarán participando también ellos en la θέωσις zéosis de los primeros y compartirán su unión con Dios. Y así unidos todos y hechos uno con la unidad de la αγάπη agapi (amor incondicional) se unirán para siempre con el uno y único Dios. Y el Dios natural estará entre los dioses en posición de adopción, por la jaris (Sal 81,1), siendo la causa de las obras buenas, sin que haya nada en la creación por lo cual se le pueda reprochar.
  26. Es imposible que el luchador pueda conseguir, en la medida de lo posible, su semejanza con Dios, si antes no hace la catarsis y no se purga con lágrimas ardientes la deformidad y fealdad del fango de los males que lo impide y lo ciega, y si no se aferra a la liturgia santa o realización de los mandamientos-logos de Cristo. De lo contrario, no puede convertirse en partícipe de los bienes inefables de Dios. Porque aquel que desea saborear espiritualmente la divina dulzura y el placer de las cosas divinas, abandona toda percepción sensible y sentido del mundo, y por el deseo de los bienes que están preparados para los Santos, tiene su psique-alma ocupada continuamente a la contemplación de los seres.
  27. El mantener uno inalterable la semejanza con Dios, la cual se produce por suma catarsis y mucha αγάπη agapi (amor incondicional) a Él, se logra solo con un constante ascenso incesante hacia Dios y la elevación del νούς nus más contemplativo. Esto por regla general nace en la psique-alma de forma natural a partir de la estable ησυχία hisijía (paz cordial y serenidad mental) de las virtudes, de la oración inmaterial sin agitaciones, sin distracciones y continua, de la εγκράτεια engratia (templanza, continencia) universal y de la lectura y estudio cuidadoso de las Escrituras.
  28. No hace falta apresurarnos solo buscar para alcanzar la paz de nuestras fuerzas internas, sino también para llegar al deseo del reposo espiritual. Este sabe cómo calmar y reposar todo anhelo por el bien con la serenidad de los pensamientos y, con el rocío divino que desciende del cielo, sanar el corazón herido y refrescarlo con el fuego que desciende desde lo alto y que la enciende el Espíritu. “Yo he venido a echar fuego en la tierra, (es decir, para los hombres de buena y libre voluntad he venido para encenderlos de entusiasmo, celo ardiente y diligencia en sus corazones; y a los de mala voluntad este entusiasmo y celo será fuego de odio contra mí y mis fieles), ¿y qué más quiero, si este fuego ahora ya se ha encendido?” (Lc 12,49).
  29. La psique-alma que fue herida profundamente por el έρως eros (amor ardiente) de Dios, después de haber saboreado Sus dádivas espirituales y Su dulzura, no puede permanecer en sí misma ni en el mismo estado sin extenderse a las ascensiones celestiales. Porque cuanto más avanza con la ayuda del Espíritu en ascensiones sucesivas y cuanto más se introduce a las profundidades de Dios, tanto más es incendiada con el fuego del deseo y más investiga la magnitud incluso de los misterios más profundos de Dios, apresurándose a acercarse a la luz bienaventurada e increada donde se detiene toda extensión del νούς nus (espíritu de la psique-alma) con intelecto/mente, para culminar allí su camino con la alegría, el gozo y deleite del corazón.
  30. Cuando uno se hace partícipe del Espíritu Santo y reconoce Su visita a través de una inexpresable energía (increada) y perfume en su interior, de modo que el perfume traspasa también a la superficie del cuerpo, entonces ya no soporta permanecer dentro de los límites de la naturaleza. Pero, como ha sufrido la buena alteración o metamorfosis por la energía increada del Altísimo (Sal 76, 11), olvida el alimento, el sueño, supera las necesidades corporales, desprecia el descanso del cuerpo; durante todo el día, mientras se encuentra en esfuerzos, trabajos y combates ascéticos, no siente ningún cansancio ni necesidad física, hambre, sed, sueño u otras necesidades de la naturaleza. Porque se ha vertido invisiblemente la αγάπη agapi (amor, energía increada) de Dios con indescriptible alegría en su corazón (Rom 5,5). Y durante toda la noche, permaneciendo en iluminación candente, realiza el trabajo espiritual con ejercicios corporales y disfruta del simposium o banquete inmortal de las plantas inmortales del Paraíso espiritual. En este Paraíso también Pablo, una vez elevado, escuchó logos inefables e increados, los cuales no es permitido que sean escuchados por hombre (2Cor 12,4) que aún está atado pasionalmente y viciosamente en las cosas visibles.
  31. El cuerpo, una vez encendido por el fuego de la ascesis (práctica espiritual) y bañado con el agua de las lágrimas, ya no se debilita por los esfuerzos y fatigas, pues ha cesado de luchar, ya que se ha elevado por encima de la práctica física. Pero una vez que reciba en su interior la serenidad y el silencio de la paz, más bien se llena de otra δύναμις dinamis (fuerza y energía), de otra muy buena vitalidad y de otro vigor y sintonía del Espíritu. La psique-alma entonces enriquecida por la sinergia, cooperación de tal cuerpo y viendo que su estado es superior que el ejercicio corporal, cambia sus movimientos naturales y los dirige a combates y luchas espirituales y, trabajando con la energía del νούς nus (espíritu de la psique), guarda para sí mismo los frutos de las plantas inmortales dentro en el Paraíso espiritual. De donde fluyen como ríos las fuentes de los conceptos divinos y donde se encuentra el árbol del conocimiento-gnosis de Dios, que produce los frutos de sabiduría, alegría, paz, bondad, benignidad, paciencia y αγάπη agapi-amor indescriptible (Gál. 5, 22). La psique-alma del practicante trabajando así con dedicación, esmero y estudio y, custodiando y guardando así (Gen 2,15), se aleja del cuerpo y penetra al gnofos (nube de supraluz increada que deslumbra y trasciende toda luz) de la teología. Sale de todo, se eleva en éxtasis más allá de todo, ya que nada visible la retiene, y unida a Dios, cesa de luchar, anhelar y desear.
  32. ¿Cuál de nuestros dos elementos es superior, -se preguntan los luchadores- lo que es visible o lo inteligible y concebible? Si es superior lo visible, entonces no debemos preferir ni aceptar nada más que lo perecedero, y en ese caso la psique-alma no sería superior al cuerpo. Pero si es superior lo invisible o inteligible, el Dios es espíritu y los que Le veneran deben hacerlo espiritualmente y en verdad (Jn, 4,24). Así, la práctica física se vuelve innecesaria cuando la labor espiritual de la psique-alma está en su apogeo, haciendo ligero el cuerpo que se inclina hacia lo bajo, y lo transforma completamente en espiritual, unificándolo con lo superior.
  1. Tres son la etapas o grados para quienes avanzan en las ascensiones perfeccionadoras: la catártica (psicoterapéutica o purgadora), la iluminadora y la mística o divinizadora, que es también perfeccionadora. La primera es para los principiantes, la segunda para los intermedios, y la tercera para los perfectos. Al pasar por estas tres etapas en orden, el luchador avanza en la edad de Cristo y se convierte en un hombre maduro, alcanzando la perfección cuyo modelo y medida es Cristo (Ef. 4, 13).
  2. La etapa de la catarsis es para quienes comienzan las luchas espirituales. La característica de la catarsis es el rechazo de forma del hombre terrenal, la liberación de todo pazos, vicio y maldad corruptible y el revestimiento del nuevo hombre, que es renovado por el Espíritu Santo (Col. 3, 10). Su tarea es el odio a la materia, el debilitamiento de la carne, la evitación de toda causa que empuja la parte logística o lógica de la psique-alma hacia el pazos y la μετάνοια metania por los pecados y faltas pasados. También implica lavar con lágrimas la salinidad del pecado, regular su conducta y comportamiento de acuerdo con la bondad del espíritu y limpiar por la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) el interior del vaso (Mt 23, 26), es decir, el νούς nus limpiarlo de toda mancha y contaminación carnal y espiritual (2Cor 7,1). Y así, poner y derramar en su interior el vino del logos, el cual alegra y deleita el corazón del hombre (Sal 103,15) que se limpia, se purga y se purifica con la catarsis, y ofrecerlo al Rey de los espíritus para saborearlo. El objetivo de esta etapa es que el hombre sea candente en la praxis por el fuego de la ascesis y mediante los esfuerzos corporales, elimine toda impureza del pecado, se fortalezca y, al sumergirse en las aguas de la κατάνυξις katánixis, se convierta en una espada afilada y poderosa contra los pazos y los demonios. Aquel que ha llegado a este punto, después de muchos esfuerzos ascéticos, borró la fuerza de la violencia del fuego innato, tapó la boca de los leones, que son de pazos salvajes, fortaleció la parte débil de su espíritu y se ha hecho fuerte (Heb 11,33-34), y, como otro Job, ha enarbolado el trofeo de la paciencia, ya que ha vencido al diablo que lo tentaba.
  3. La etapa iluminadora pertenece a aquellos que, tras las sagradas luchas, han alcanzado la primera απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos). La característica de ella es la gnosis-conocimiento de los seres, la contemplación de los logos (principios, causas, propósitos) de la naturaleza y la participación del Espíritu Santo. Su tarea es la catarsis del νούς nus, que mediante el fuego divino, se hace la apocálipsis-revelación espiritual de los ojos del corazón y el nacimiento del logos junto con conceptos altos y excelsos de la gnosis. Su objetivo es el logos de la sofía-sabiduría que explica con claridad las naturalezas de los seres, el reconocimiento de las cosas divinas y humanas y la develación de los misterios del reinado de la Realeza increada de los Cielos. El que ha llegado a este punto con el trabajo espiritual del νούς nus, se sienta como otro Elías el Tesbita (2 Reyes 2, 11) en un carro de fuego que tiene como caballos las cuatro virtudes cardinales y, mientras aún vive, se eleva en el aire inteligible y recorre los cielos, habiendo superado la bajeza del cuerpo.
  4. La etapa mística y perfeccionadora es para aquellos que han pasado por todo y han alcanzado la madurez completa en Cristo (Ef. 4, 13). Su característica es atravesar el aire y transcender todo y llegar allí donde están las órdenes celestiales superiores y acercarse a la Primera Luz increada e investigar con el espíritu las profundidades de Dios. Su tarea es llenar el νούς nus, que es espectador de todas estas cosas y realidades, con los logos sobre la providencia, la justicia y la verdad de Dios, así como con logos para resolver los enigmas o misterios, las parábolas y los pasajes oscuros o incomprensibles de la Santa Escritura (Pr 1,6). Su objetivo es mistagogizar (iniciar místicamente) a quien ha alcanzado la perfección, en los misterios ocultos o apócrifos de Dios, llenarle de sofía-sabiduría inefable a través de la comunión y unión con el Espíritu y hacerlo sabio teólogo en la gran Iglesia Ortodoxa de Dios, iluminando a los hombres por el logos de la teología. Aquel que ha llegado a este punto con la profundísima humildad y la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), ha sido elevado al tercer cielo y como otro Pablo, escuchó logos inefables e increados (2Cor 12,4), que no es lícito oír para el hombre dominado por los sentidos, y ha saboreado los bienes secretos que ojo no ha visto ni oído ha escuchado (1 Cor. 2, 9). Además, se ha convertido en diácono-sirviente de los misterios de Dios, porque se ha hecho boca de Dios y transmite todas estas cosas a los hombres mediante el logos, siendo perfecto dentro en el perfecto Dios, viviendo el bienaventurado descanso, unido con los teólogos en las sublimes potencias o jerarquías de los Querubines y de los Serafines, los cuales tienen como cualidad la sofía-sabiduría (increada y creada) y la gnosis (conocimiento increado y creado).
  5. El tiempo de la vida de los hombres se divide en dos tropos modos, mientras que sus metas en tres órdenes. Un modo de vida es el social y mundano; y el otro es asocial, fuera de la comunión de los hombres. El social se divide en moderación, templanza y en codicia avaricia. El asocial se divide en filosofía, en conocimiento-gnosis natural y en energía sobrenatural. El primero, o se une a la justicia, logrando así al estado natural, o a la injusticia, perdiendo su movimiento natural y alcanzando la injusticia. El otro, si avanza hacia el objetivo deseado conforme a la norma, llega a la Naturaleza infinita, con una perfección por encima de la naturaleza; pero si su ascesis (ejercicio espiritual) se guía y se hace por ambición y vanagloria, fracasa en su propósito y degenera en νούς nus réprobo (Rom. 1, 28), por lo que, siendo imperfecto, es lógico que sea rechazado y excluido del orden de los perfectos.
  6. El Espíritu Santo es luz increada, vida y paz. Por lo tanto, aquel que es iluminado por el Espíritu divino, se pacifica y pasa su vida con serenidad y paz. De esto brotan en él la gnosis-conocimiento de los seres y la sofía-sabiduría del logos y adquiere νούς nus-espíritu de Cristo. Éste conoce los misterios de la Realeza increada, penetra en las profundidades de Dios y día tras día pronuncia logos de vida a los hombres desde su corazón iluminado, sereno y tranquilo, porque es bondadoso y tiene en su interior al Bondadoso que habla cosas buenas “nuevas y antiguas” (Mt 13,52).
  7. Dios es sofía-sabiduría (increada), y aquellos que caminan con el logos y la sofía-sabiduría, y, tras divinizarlos con la gnosis-conocimiento de los seres, los une a Sí Mismo mediante la luz increada y los convierte en dioses en posición, por la jaris. Y como Dios, luego de haber creado todo con sabiduría desde la nada o cero, gobierna y dirige con sofía-sabiduría las cosas mundanas, y también con sabiduría trabaja siempre para la σωτηρία sotiría (redención, psicoterapia, sanación y salvación) de todos aquellos que se acercan a Él con μετάνοια metania, de tal modo también quien por su limpieza y pureza se ha hecho digno de participar de la sofía-sabiduría suprema, él también siempre, como icona-imagen de Dios, trabaja y realiza con sabiduría la voluntad de Dios. Es decir, reúne a sí mismo desde lo externo y lo disperso, y día tras día eleva y extiende su facultad lógica con el conocimiento de los misterios, hacia modos de vida verdaderamente angélicos. Y haciendo, a medida de lo posible, su vida unificada, se une a sí mismo con las fuerzas superiores, que se mueven en unidad alrededor de Dios; y con ellas, como buenas guías, se eleva hacia al primer principio y Causa.
  8. Aquel que con la sofía-sabiduría superior se unió con las potencias angelicales y por eso se unió con Dios, como se ha hecho a semejanza de Dios, se acerca y se relaciona con todos con logos (concepto hablado) filósofo y comportamiento bondadoso, con potencia divina a los que quieren los libera de las cosas exteriores y divididas, recogiéndolos y conduciéndolos espiritualmente hacia la vida unificada como imitador de Dios, tal como ya hizo para sí mismo. Y los eleva hacia la contemplación de la δόξα (doxa: gloria, luz increada) de la una y primera Luz (increada), a través de la sabiduría, la gnosis y la iluminación de las cosas apócrifas o escondidas. Y una vez unidos con las esencias y órdenes angelicales que están alrededor de Dios, los conduce a la unidad con Dios, ya que están envueltos a la luz increada por la iluminación del Espíritu.
  9. Le tétrada (4) de las virtudes generales las acompañan ocho virtudes naturales, dos para cada una, de modo que una de las generales forma una tríada. Por tanto, la prudencia la acompañan la gnosis y la sabia contemplación. La justicia la acompañan el discernimiento y la misericordia o disposición caritativa. La valentía la acompañan la paciencia y la firmeza o estabilidad. Y la templanza la acompañan la pureza y la virginidad. Como Creador e Iniciador a los misterios de esta docena tríadica de virtudes, el Dios, sentado con sabiduría en el trono del νούς nus, envía al Logos para crear las virtudes. El Logos, tomando de cada una de las virtudes generales antes mencionadas, crea en la psique-alma el mundo espiritual de la piedad. Y como cielo de este mundo extiende en la psique-alma la prudencia, llena de estrellas para iluminar la vida, donde como dos grandes luminarias coloca la divina gnosis y la contemplación natural, para que alumbren y le iluminen. Como tierra establece en la psique-alma la justicia como un banquete magnífico e inagotable. Como aire, extiende la templanza, descanso y frescura de la vida más genuina. Como mar pone la valentía alrededor de la enfermedad y debilidad de la naturaleza, para la destrucción de las fortalezas y los baluartes del satanás (2Cor 10,4). Por tanto, el Logos edificando este mundo pone en su interior como δύναμις dinamis (poder, potencia y energía) al Espíritu para movimiento espiritual y perpetuo y para una cohesión indisoluble y duradera, según el logos de David: “Por el logos del Señor se fundaron los cielos y con el espíritu de Su boca está en ellos toda su fuerza” (Sal 32, 6).
  10. Con el crecimiento de los dignos de una edad espiritual a otra, también crece en ellos nuestro Señor Jesús Cristo. Y cuando aún son niños y tienen necesidad de leche (Heb 5,12), se dice que maman la leche de las virtudes introductorias del ejercicio ο ascesis del cuerpo, la cual es de poco beneficio (1Tim 4,8) en aquellos que crecen en la virtud y gradualmente van abandonando la infancia. Luego cuando se hacen jóvenes y se alimentan con alimento sólido de la contemplación de los seres, teniendo ejercitados, entrenados los sentidos de la psique-alma (Heb 5,14), entonces se dice que el Cristo progresa en edad y en divina χάρις jaris (gracia energía increada) (Lc 2,52) y se sienta entre los presbíteros (Luc 2,46) y los revela los misterios profundos y oscuros. Después, cuando están hechos hombres maduros y llegan a la perfección cuya medida es el Cristo (Ef 4,13), entonces se dice que anuncian y predican a todos el logos de la μετάνοια metania y enseñan a los pueblos sobre el reinado de la Realeza increada de los Cielos (Mt 4, 17) y que anhela ser crucificado. Porque este es el final de cada uno que se ha hecho perfecto en las virtudes; tras haber pasado por todas las edades de Cristo, llegar a sufrir el pazos padecimiento de las tentaciones, tal como padeció el Señor.
  11. Mientras estamos bajo los límites de la ascesis, ejercicio del cuerpo, evitando comer ciertos alimentos o tocar ciertas cosas, admirar bellezas o escuchar melodías o percibir perfumes, estamos bajo el dominio de tutores y administradores, como infantiles todavía, aunque somos herederos y señores de todo lo que tiene el Padre (Gal 4,3). Pero cuando llega la plenitud del tiempo para la ascesis y esto se completa por la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad), entonces nace en nuestro interior el Logos de la διάνοια diania (mente, intelecto) purificada, limpia y lúcida y entra bajo la ley del Espíritu, para rescatarnos, a nosotros que estamos bajo la ley de la mentalidad, conducta y actitud carnal, y concedernos la adopción filial (Gal 4, 2-5). Cuando tal cosa ha sucedido, entonces el Espíritu clama en nuestros corazones: “¡Abba, Padre!” (Gal, 4,6), indicando y reconociendo nuestra cualidad de hijos adoptivos y la confidencia y franqueza con el Dios y Padre. Y permanece con nosotros como hijos de Dios y herederos a través de Cristo, conversando, ya que no estamos sujetos a la esclavitud de los sentidos.
  12. En aquellos que han progresado en la fe como Pedro y volvieron a la esperanza como Jacobo/Santiago y se han hecho perfectos en la αγάπη agapi (amor divino) como Juan, el Señor se metamorfosea (Mat. 17, 1-5) después de haber subido a una alta montaña de teología. Y resplandece para ellos con la manifestación y el carácter del logos puro y lúcido como el sol, y con los conceptos de la sofía-sabiduría inefable se vuelve espléndido como la luz. Y en estos se presenta el Logos, de pie entre la ley y los profetas. Es decir, por un lado, legisla y enseña, mientras que, por el otro, apocalipta-revela los tesoros profundos y escondidos de la sofía-sabiduría, y a veces prevé y profetiza. A ellos los cubre una nube luminosa, el Espíritu, de donde les llega una voz de teología mística que les inicia en el misterio de la Trinidad, diciendo: “Este es mi hijo amado en quien me complazco, (Mt 17,5), Él es el límite y la condición del perfeccionamiento que me complace para que os vayáis convirtiendo en hijos míos perfectos con el perfecto Espíritu”.
  13. La psique-alma que ha despreciado todas las bajezas y ha sido herida completamente por el έρως eros (amor ardiente) de Dios, experimenta un éxtasis extraordinario y divino (extensión interior mística, por la jaris). Es decir, después de haber visto claramente las naturalezas y los logos (principios) de los seres y ha entendido los fines de las cosas humanas, ya no soporta estar encerrada en el universo y limitada por el cuerpo que la contiene. Sino que, habiendo salido de sus límites, y habiendo dominado la percepción sensible y los sentidos y superado las naturalezas de los seres, entra con un silencio indescriptible al γνόφος gnofos (nube de supraluz increada que deslumbra y trasciende toda luz) de la teología y ve, contempla cara a cara la belleza del Ser dentro de la luz de conceptos de sofía-sabiduría inenarrable, según le sea concedido por la χάρις jaris (gracia increada) en ese momento. De manera adecuada a Dios, profundiza con sus conceptos en la contemplación de Él y degusta con temor amoroso los frutos de las plantas inmortales, me refiero a los pensamientos y conceptos de los divinos significados, cuya majestuosidad y doxa-gloria nunca puede expresar plenamente cuando la psique-alma regresa de su éxtasis en sí misma. Pero mientras percibe y experimenta la energía extraordinaria, paradójica e increada de la operación del Espíritu, vive esta emoción o pasión con una alegría y silencio inefables; pero no puede explicar la manera de esta divina energía, ni qué es lo que la mueve y parece susurrarle en secreto misterios y logos inefables.
  14. Aquel que siembra lágrimas de la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) por la virtud, cosechará como fruto de vida una alegría inexpresable. Aquel que busca con celo y espera con paciencia al Señor hasta que los frutos de su virtud maduren, este segará, cosechará abundantes espigas maduras de la gnosis de Dios. Y alumbrará su ser con la luz de la sofía-sabiduría y se convertirá en una lámpara de luz eterna, para iluminar a todos los seres humanos; No envidiará a sí mismo ni a sus prójimos escondiendo bajo del almud (Mat. 5, 15) de la envidia la luz de la sabiduría que le fue dada, sino que en la Iglesia de los fieles proclamará logos bondadosos para la utilidad y beneficio de muchos, y descifrará y desarrollará antiguos enigmas, según lo que escuchó del cielo cuando el divino Espíritu se lo susurraba, lo que aprendió dedicándose en la contemplación de los seres, y lo que los padres le transmitieron (Salmo 77, 2-3).
  15. A todo luchador y combatiente, durante el día de la terminación perfecta de la virtud, le sucederá que los montes del trabajo de los mandamientos-logos divinos, destilarán para él dulzura de júbilo, mientras que estará reinando en Sión, en la διάνοια diania (mente, intelecto) limpia, pura y lúcida; es decir, desde las montañas, los logos de las virtudes, fluirá leche, ofreciéndole alimento mientras estará descansando en la cama de la απάθεια apázia (impasibilidad sin pazos). Y todas las fuentes de Judá, me refiero las fuentes de su fe y su gnosis, emanarán dogmas (enseñanzas infalibles) espirituales, parábolas y enigmas de cosas y realidades divinas. Desde su corazón, como de un templo o casa del Señor, brotará una fuente de sofía-sabiduría inefable y regará el torrente de los juncos (Joel 4,18), es decir, a los hombres secados y marchitados en la aridez y en el calor y escozor de los πάθος pazos. Y entonces comprobará en sí mismo la realización de los logos (principios espirituales) del Señor: “Al que cree en mí, de las entrañas de su psique-alma brotarán ríos de agua viva y su corazón se convertirá en fuente de agua espiritual inagotable”, y no sólo será regado el mismo sino también los otros que están en relación con él, es decir, brotará la χάρις jaris gracia energía increada” (Jn 7,38).
  16. “Amanecerá, dice Dios, para aquellos que me temen, el sol de justicia, y sus obras conducirán a la psicoterapia y sanación. Saldrán de la prisión de los pazos y saltarán como terneritos liberados de las cadenas del pecado; y pisotearán a los inicuos y a los demonios bajo sus pies como ceniza, en el día de su apocatástasis restauración que yo traeré, dice el Kirios-Señor, el Pantocrátor/ Todopoderoso (Mal 4,2-30). Esto por supuesto que se realizará cuando sean elevados mediante todas las virtudes y perfeccionados por la sofía-sabiduría divina y la gnosis (conocimiento espiritual) en participación, conexión y comunión del Espíritu.
  17. Si en el monte puesto en la llanura de este mundo y de la Iglesia de Dios, levantas muy alto la bandera de la nueva gnosis-conocimiento y alzas, según el profeta (Is 13,2), la voz de la sofía-sabiduría que Dios te ha dado, sostenido con tu logos y enseñando a tus hermanos y apocaliptándoles-revelándoles el significado de las divinas Escrituras de modo que puedan comprender las dádivas de Dios, y conduciéndoles a la práctica y al trabajo de Sus mandamientos-logos, entonces no temas aquellos que envidian la potencia y poder de tus logos y distorsionan los escritos de las santas Escrituras, porque ellos mismos están vacíos, destruidos y preparados para que habite en su interior el diablo (Mt 12,44). Porque el Dios escribe sus logos en el libro de los vivos y no sufrirás daño o perjuicio de ellos, tal como Pedro no sufrió daño alguno por Simón el mago. Más bien, en aquel día tú, cuando veas a estos hombres en tu camino construir trampas contra ti, también dirás junto con el Profeta (Is 12,2·4): “He aquí mi Dios y Kirios-Señor es mi salvador; tendré toda mi convicción y confianza en Él, me salvará y de nada temeré. Porque el Señor es mi doxa-gloria y mi alabanza, y Él es mi salvador. No cesaré de anunciar Sus obras gloriosas en toda la tierra habitada”
  18. Si has comprendido que el ímpetu o impulso de los πάθος pazos ha quedado inactivo en tu interior y por la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) y por la humildad emanan lágrimas de tus ojos, entonces debes conocer que ha venido la realeza increada de Dios (la χάρις jaris) y estás gestando o concibiendo en tu interior el Espíritu Santo. Si además sientes el Espíritu operar en tu interior, moverse y clamar en tus entrañas y te anima a proclamar la verdad salvífica de Dios en la gran asamblea de la Iglesia, no detengas tus labios temiendo la envidia de los judaizantes (de mentalidad judía). Sino siéntate y escribe en una tablilla, tal como dice Isaías (Is 30,8), aquellas cosas que te dicta el Espíritu, porque estas permanecerán para mucho tiempo, para siempre. Aquellos que tienen dolor de vientre por envidia son un pueblo rebelde, hijos falsos, que no tienen fe y no quieren escuchar que el Evangelio opera también hoy, creando amigos de Dios y profetas. Sino que dicen a los profetas y a los maestros de la Iglesia: “No nos anunciéis la sofía-sabiduría de Dios”, y a aquellos que ven visiones de la contemplación natural, dicen: “No nos digáis este tipo de cosas, decidnos y anunciadnos otras cosas halagüeñas, las palabras del engaño que ama el mundo; apartad y quitad de nosotros el logos de Israel” (Is 30, 9-11). Por tanto, no prestes atención a la envidia y sus las palabras. Porque aquellas cosas que son dictadas por lo alto para la edificación y beneficio de muchos, las escucharán los que están totalmente sordos y aquellos que se encuentran en la oscuridad de sus vidas y los ojos de los ciegos que se encuentran en la niebla del pecado, verán la luz de tus logos y los pobres espiritualmente sentirán alegría, deleite y gozo por estos logos. Los hombres desesperados se llenarán de alegría y felicidad; los engañados percibirán la prudencia y la psicología que tienen tus logos; los que gimen contra ti, aprenderán a obedecer a los logos del Espíritu; y las lenguas que balbucean, aprenderán hablar pacíficamente (Is 29, 18-19 y 24).
  19. Dice Isaías en (Is 21,8· 32,2-6 y 8): Es bienaventurado aquel que tiene en Sión, o sea, en la Iglesia de Dios, hijos de la enseñanza de sus logos e hijos espirituales propios en la Jerusalén de arriba de los primogénitos. Porque, dice, aquel hombre guardará sus logos para el momento apropiado y se esconderá como si fuera protegido de las aguas tumultuosas. Y al final aparecerá en Sión, en la Iglesia de los fieles como río glorioso que corre majestuosamente por una tierra sedienta, con néctares de su sofía-sabiduría. Y aquellos que son desviados y arrastrados por los envidiosos dejarán de tener confianza y convicción en ellos, sino que tenderán sus oídos para escuchar logos de aquel hombre, y el corazón de los enfermos de la psique-alma escuchará con atención sus logos psicoterapéuticos y sanadores. Y los sirvientes de la envidia ya no le dirán: “cállate”; porque, siendo realmente piadoso, pensó con lógica o sano juicio y prudencia y no dijo tonterías o necedades como los necios sabios del mundo. Ni su corazón pensó en cometer iniquidades y decir logos falsos y discursos engañosos sobre Dios para dispersar psiques-almas que tienen hambre, y dejar insatisfechas las que tienen sed. Por eso sus logos permanecerán para psicoterapia, satisfacción y beneficio de muchos, a pesar de que esto no agrade a los envidiosos y calumniadores.
  20. A quien habita en alta caverna de roca fuerte, se le dará en abundancia el pan de la gnosis-conocimiento y el vaso de vino de la sofía-sabiduría hasta embriagarse; de manera similar, también será abundante el agua que estará bebiendo. Verá al Rey con Su δόξα doxa (gloria, luz increada), y sus ojos desde lejos verán la tierra (Is 33, 16-17). Su psique-alma estudiará sofía-sabiduría y hablará a todos sobre el lugar eterno (Is 33,14), fuera de cuyos límites ο fronteras no hay nada.
  21. Por tanto, ya que la pedagogía o instrucción del Señor es la que abre los oídos de cada uno que tiene Su temor, y le proporciona el oído para escuchar, y le da lengua instruida y educada para conocer cuándo debe hablar (Is 50, 4-5), entonces ¿quién otro es el que deja vacíos a los inteligentes y sabios del mundo y demuestra necia su sofía-sabiduría, y ciertos y estables solo los logos de Sus siervos? (Is 44, 25-26). No hay otro sino Aquel que realiza cosas nuevas, paradójicas y extraordinarias para Su doxa-gloria, que abre en el corazón desierto y sequísimo un camino de humildad y apacibilidad, y en la διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) seca y sedienta derrama ríos de sofía-sabiduría (increada) inefable, para saciar la sed de Su estirpe o pueblo escogido, el pueblo que eligió para contar Sus virtudes (Is 43, 19-21). Él va por delante de los que Le aman y Le temen, y por su causa noble arrasa las montañas de los pazos y quebranta las puertas de hierro de la ignorancia y la oscuridad, mientras que les abre las puertas de Su propia gnosis (conocimiento increado) y les revela los tesoros que son invisibles y apócrifos u ocultos. Y todas estas cosas, para que aprendan y sepan que Él es el Kirios-Señor, el Dios, que los ha dado el nombre de Israel (Is 45, 2-3).
  22. ¿Quién es el que convulsiona el mar de los πάθος pazos y después apacigua sus olas? Es el Señor Sabaoz (o de los ejércitos), quien a aquellos que Le aman, los salva del peligro del pecado y serena la tormenta de sus pensamientos; el Cual pone en la boca de ellos Sus logos y los cubre bajo la sombra de Sus manos, con los cuales ha creado el cielo y fundamentó la tierra (Is 51, 15-16). El da a los que tienen Su temor y respeto una lengua instruida y un oído prudente para que puedan escuchar desde lo alto Su voz y proclamar sus mandatos o logos a la casa de Jacob, es decir, a la Iglesia de los fieles. Pero en aquellos que no tienen ojos para ver los rayos del Sol de justicia y oídos para escuchar las cosas y los logos gloriosos de Dios, tienen la oscuridad como herencia de su ignorancia y su esperanza es vana, así también sus logos y palabras. Ninguno de ellos puede hablar de acuerdo con la justicia, ni puede juzgar sanamente a la verdad; se sostienen en palabras y logos vanos sin contenido; conciben la envidia y generan la maledicencia y la maldad (Is 59,4). Porque sus oídos no están sin circuncidados y no pueden escuchar, y por eso ellos desprecian y se burlan del logos sobre la gnosis (conocimiento increado) de Dios y no tienen la intención de escucharlo.
  23. ¿Qué sofía-sabiduría puede haber para los que conciben en su vientre como dolor de parto la envidia hacia el prójimo? Es decir, ¿cómo pueden los envidiosos, dice Jeremías (8, 8-9), afirmar que «somos sabios y la ley del Señor está con nosotros», cuando se retuercen y se consumen de celos hacia aquellos que han recibido abundantemente la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu a través de la sofía-sabiduría y la gnosis (conocimiento increado) de Dios? Pero se ha demostrado falsa la gnosis de los gramaticales (intelectuales, escribas, teólogos de academia sin práctica) y los sabios del mundo, ya que han fallado en la verdadera gnosis (conocimiento increado). Por eso fueron avergonzados los sabios que fueron considerados indignos de la sabiduría del Paráclito, al ver que se multiplicaba entre pescadores, y temieron el poder de sus logos; y quedaron atrapados en las redes de sus propios pensamientos, porque descalificaron la verdadera sabiduría y la gnosis (conocimiento increado) del Señor.
  24. Después de que los envidiosos abandonaron la fuente de la sabiduría de Dios, ¿por qué se consumen de envidia y celos hacia los que recibieron en abundancia la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu y recibieron una lengua de fuego como pluma de un tacógrafo o escribiente veloz? (Sal 44,2). Si hubiesen seguido también ellos el camino de Dios, habrían habitado para siempre en la paz de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos); habrían aprendido dónde se encuentra la fuerza, dónde se encuentra la prudencia y la gnosis de los seres, dónde se encuentra la vida y la larga vida, dónde se encuentra la luz de los ojos y la sabiduría con paz; habrían aprendido quién encuentra el lugar de la sofía-sabiduría y quién entra en sus tesoros (Baruc 3, 12-15). Verían qué ordena Dios a través del Profeta a los mistes (iniciados místicamente), diciendo: “El profeta que ha visto sueño apocalíptico, que cuente su visión, y el que ha recibido logos mío que cuente mi logos de verdad” (Jer 23,28), y de nuevo: “Escribe en libro todos los logos que te dije” (Jer 37,2); y así nunca se consumirían de envidia por estos hombres.
  25. Si el etíope cambia su piel y el leopardo sus adornos, entonces también los envidiosos podrán pensar y decir algo bueno, aunque estén acostumbrados y enseñados al estudio de los males (Jer 113,23). Porque dan un golpe traicionero y fuerte a sus prójimos, siendo falsos, tramposos e hipócritas con sus amigos. No dicen la verdad porque sus lenguas han aprendido a hablar las palabras y los logos vanos y falsos (Jer 9, 4-5). Entiéndelo bien tú que eres objeto de envidia a causa del tu logos y de tu gnosis (conocimiento increado) de Dios; y que eres ridiculizado por ellos, haz igual que Jeremías, reza súplica extensa, diciendo: “Acuérdate de mí Señor y acércate a mí y líbrame de los envidiosos que me persiguen. No te retrases, queriendo probarme más. Conoces que se burlan de mí y me ultrajan estos que rechazan Tu gnosis (conocimiento increado). Termina con la envidia de ellos. Y entonces el logos de Tu gnosis será motivo y causa de felicidad, gozo y alegría en mi corazón. Porque nunca me he sentado junto con aquellos que se burlan y desprecian de Tu gnosis, sino que sentía temor por la presencia de Tu potencia y energía, y yo me quedaba solo y muy amargado por la envidia de ellos” (Jer 15-17). Y oirás: “Conozco bien estas cosas. Pero si conviertes a alguien extraviado de su error, te contaré entre mis amigos y estarás delante de mí; y si conviertes a alguien indigno en digno, serás como mi boca. Te redimiré y te libraré de las manos de los envidiosos malhechores, dice el Kirios-Señor, el Dios de Israel» (Jeremías 15, 19 y 21).
  26. Que los sabios envidiosos escuchen el logos hasta el final: Los Nazireos* de Dios por sus esfuerzos y fatigas se volvieron más limpios y puros que la nieve; y sus vidas se han blanqueado más que la leche; la belleza de la sabiduría de ellos es superior que la piedra de zafiro (Lam 4, 7-8); y el carácter y sello de sus logos son más valiosos que la perla pura. Por el contrario, aquellos que comían las delicias de la gnosis mundana, murieron de hambre ante de las fuentes del Espíritu; aquellos que fueron alimentados en la púrpura de la sabiduría de los griegos, se vistieron con el estiércol de la ignorancia (Lamentaciones de Jeremías 4, 5), y pusieron sobre ellos cadenas y los ataron. Porque su lengua quedó clavada en la garganta y perdieron el sentido del oído, ya que probaron la verdadera sofía (sabiduría increada) y la gnosis (conocimiento increado) del Espíritu divino y no quisieron recibirlo con esfuerzo. (*Nazireos eran gente consagrada al Nazireno, institución religiosa de los antiguos hebreos).
  27. El Dios que humilla el árbol alto y eleva el árbol humilde, que seca el árbol verde y hace florecer el árbol seco (Ez 17,24), Él es quien abre la boca de Sus siervos (Ez 29,21) en medio de una gran asamblea, y da el logos con gran potencia y poder para evangelizar Su verdad (Sal 67, 12). Porque a Él pertenecen la sofía (sabiduría increada), la prudencia y la fuerza, y tal como cambian los tiempos y las épocas, así altera y metamorfosea las psiques-almas de los que Le buscan y Le anhelan y da en ellas el poder contra los pazos y las eleva de vida en vida. Él concede sofía-sabiduría a los espiritualmente sabios y prudencia a los prudentes, y apocalipta-revela las cosas profundas y ocultas a los que investigan las profundidades de Dios, dándoles la gnosis-conocimiento de los enigmas oscuros. Porque Él tiene la luz increada (Dan 2, 20-22) de la sofía-sabiduría y la gnosis, y Él da donde quiere.
  28. En cada uno que trabaja con paciencia los mandamientos-logos interiormente y exteriormente, aspirando sólo a la δόξα doxa (gloria, luz increada) de Dios, se le otorga el honor de la gnosis celestial, paz de la psique-alma y la incorruptibilidad, porque aplica y cumple los mandamientos y no es un simple oyente de la ley de la χάρις jaris (gracia, energía increada) (Rom 2,13). La gnosis-conocimiento de él, que es testificada por las obras, el Dios no la desprecia, sino que la glorifica junto con los logos de la gnosis de aquellos que resplandecieron con divina sofía-sabiduría en la Iglesia de los fieles, porque para Dios no hay acepción entre personas (Rom 2,11). Pero en aquel que lucha y combate con egoísmo y desobedece los logos de los que son conducidos por el Espíritu, mientras confía en su propia lógica y prudencia y a los logos engañosos de aquellos que solo tienen una apariencia externa de piedad y operan movidos por el espíritu de su propia vanagloria y placer, se les da, angustia, tristeza y tribulaciones. Y la envidia, la ira y el furor (Rom 2, 8-9), serán para el momento la recompensa de su engaño y error, mientras que en el futuro serán causa de acusación de sus pensamientos, cuando se acusen mutuamente o se defiendan, en el día en que Dios juzgue los secretos de los hombres (Romanos 2, 15-16) y recompense a cada uno conforme a sus obras (Romanos 2, 6).
  29. No es judío, tal como dice el Apóstol Pablo, el que tiene atributos exteriores de serlo en apariencia, ni la circuncisión se identifica con una marca en el cuerpo; verdadero judío es aquel que tiene atributos o cualidades interiores, que se ha circuncidado en el corazón por el Espíritu y no de acuerdo con la letra de la ley (Rom 2, 28-29). Así, tampoco es perfecto en gnosis-conocimiento y sofía-sabiduría quien es en apariencia brillante, elocuente y hábil al logos o discurso, ni es perfecto luchador y practicante el que se dedica al ejercicio exterior corporal, sino que el luchador y practicante es aquel que se dedica al trabajo espiritual interior, y perfecto en sabiduría y gnosis es aquel cuyos logos salen de corazón limpio, puro y lúcido por la iluminación del Espíritu de Dios, y no de los libros y las letras. Este no tiene el encomio o elogio de los hombres, sino de Dios (Rom 2,29); porque los hombres le ignoran o le envidian, y solo Dios y los que son movidos por el mismo Espíritu le aman y le conocen.
  30. Si por las obras de la Ley no será justificado ningún ser humano ante Dios (Gal 2, 16), según el Apóstol, entonces ¿quién será perfeccionado ante Dios solo con las luchas y los esfuerzos de la ascesis? Con la praxis tomamos los elementos para el hábito de la virtud y paramos la energía y acción de los pazos, pero no sólo por esto adquirimos la perfección que la medida es el Cristo. ¿Cuál es pues, aquello que nos eleva a la perfección? Es la fe consciente en Dios, la que garantiza y hace palpables las cosas que esperamos (Heb 11,1). Con este tipo de fe, Abel ofreció mejor sacrificio a Dios y recibió el testimonio de que era justo (Heb 11,4), y Abraham obedeció a la llamada de Dios y se marchó de su país para vivir como extranjero en la tierra prometida (Heb 11,8). Esta fe eleva, a quienes de verdad lo quieren, en las grandes esperanzas de las excelsas donaciones de Dios, y desde allí, a la gnosis-conocimiento de los seres, y llena a sus corazones con inagotables tesoros del Espíritu, de modo que puedan extraer de allí cosas nuevas y viejas (Mt 13,52) misterios de Dios y darlos a quienes lo necesiten. Por tanto, aquel que ha hecho digno de tener una fe de este tipo ha ascendido con la αγάπη agapi (amor incondicional) y se ha perfeccionado en la gnosis (conocimiento increado) de Dios y ha pasado al lugar de descanso que Dios concede, donde también él descansa de todas sus obras, así como Dios descansó de las Suyas (Heb 4,10).
  31. Si Dios en los tiempos antiguos juró que no dejaría entrar en la tierra del descanso a aquellos que desobedecieron, y, de hecho, por su incredulidad no pudieron entrar, ¿cómo es posible que algunos, solo con el ejercicio corporal, sin fe, puedan alcanzar este descanso de la απάθεια apázia (sin pazos, impasibilidad, apacibilidad) y la perfección de la gnosis (conocimiento increado)? Por esto vemos a muchos que no pudieron llegar y descansar de todos sus esfuerzos y fatigas. Por lo tanto, cada uno debe tener cuidado no vaya ser que tenga el corazón duro e incrédulo (Heb 3,12), y por esto, a pesar de los muchos esfuerzos y fatigas, no logra su descanso y su perfección. Por ello, se agobia y se agota siempre en las obras de la práctica para la virtud y come el pan del sufrimiento, del dolor y tristeza (Sal 126, 2). Por tanto, ya que le espera el “descanso sabático”, o sea, “el día del reposo” (Heb 4,9), pues, que se esfuerce y luche para alcanzar mediante la fe al descanso, reposo, de la απάθεια apázia y a la perfección de la gnosis, para no caer al antiguo ejemplo de la desobediencia y padecer las mismas cosas y penas que los desobedientes de entonces (Heb 4,11).
  32. Ya que tenemos sentidos, logos y entendimiento, también nosotros debemos ofrecer de nosotros algún tributo a Dios. Como seres con sentidos, sentimos y percibimos correctamente las cosas sensibles y, a través de su belleza, lanzarnos al Creador y dirigir hacia Él nuestra gnosis ortodoxa y correcta, y como lógicos, hablar sobre estas cosas divinas y humanas. Como lógicos hablar ortodoxamente sobre las cosas divinas y humanas. Y como poseedores de entendimiento, comprensión, entender sin error sobre Dios, sobre la vida eterna, sobre la Realeza increada de los Cielos y sobre los misterios del Espíritu que están escondidos en la Realeza increada. Y esto con el fin de demostrar que tanto el sentido, como el logos y la comprensión o entendimiento son sanos e inocentes ante Dios. Esto es, realmente, lo que es la medida verdadera, divina y sagrada ofrenda a Dios.
  33. La ofrenda del diezmo a Dios es principalmente la pascua psíquica, es decir, superación y pase de todo hábito pasional y maligno y de todo sentido animal o irracional. En esta pascua se sacrifica el Logos con la contemplación de los seres, es comido con el pan de la gnosis (conocimiento increado) y Su honrada sangre se bebe dentro de la copa de la sofía-sabiduría inefable e increada. Por lo tanto, quien ha comido y celebrado esta pascua, ha sacrificado para sí mismo el cordero que quita el pecado del mundo (Jn 1,29) y ya no morirá, sino que vivirá eternamente (Jn 6, 58).
  34. Aquel que se ha levantado de la caída en las obras muertas, ha resucitado junto con Cristo. Y si resucitó junto con Cristo a través del conocimiento-gnosis y el Cristo ya no muere, entonces tampoco la muerte de la ignorancia lo dominará. Porque entonces cuando murió por el pecado, saliendo del movimiento natural, murió una vez, mientras que lo que ahora vive, vive cerca de Dios (Rom 6, 9-10) en la libertad del Espíritu Santo, el cual le ha resucitado de las obras muertas del pecado. Así que ya no vive para la carne y el mundo, porque ha sido mortificado para su cuerpo y las cosas del mundo, sino que vive en él el Cristo (Gal 2,10), porque ya se ha sometido a la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu Santo y ya no está bajo la ley de la carne, puesto que ha entregado sus miembros a Dios y Padre para que sean las armas de la virtud (Rom 6, 13).
  35. Aquel que ha liberado sus miembros de la esclavitud de los πάθος pazos y los sometió a la virtud (Rom 6, 19), éste se ha acercado a la santificación del Espíritu Santo, ya que ha subido por encima de la ley de la carne. Y ya no le dominará más el pecado, porque está del todo dedicado a la libertad y a la ley del Espíritu. Porque los resultados de la esclavitud de los pazos no son similares a los resultados de la esclavitud a la virtud. Por costumbre, los resultados de los pazos culminan en la ruina total, en cambio los de la virtud culminan en la vida eterna, la cual está escondida nuestro Señor.
  36. Cuanto el hombre vive carnalmente, la ley de la carne le domina; pero cuando muera y se mortifica para el mundo, se libera de esta ley (Rom 7, 1-2). No hay otra manera de ser liberados del mundo que el mortificar los miembros del cuerpo. Y los miembros del cuerpo se mortifican cuando nos convertimos y llegamos a ser partícipes del Espíritu Santo. Y entonces se nos reconoce como partícipes del Espíritu Santo, cuando ofrecemos a Dios frutos dignos del Espíritu (Gál. 5, 22-23), es decir, αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios con toda muestra psique-alma y hacia el prójimo con sinceridad y disposición verdadera, alegría del corazón que proviene de la conciencia limpia, pura y lúcida, paz de la psique-alma por la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos, apacibilidad) y la humildad, bondad en los pensamientos de la mente y el espíritu, paciencia o tolerancia en las tribulaciones, pruebas, sufrimientos y tentaciones, amabilidad e indulgencia por el arreglo de las conductas éticas del carácter, fe concienciada en Dios y sin la menor duda, apacibilidad o mansedumbre por la humildad y la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), y autodominio, templanza general en todos los sentidos y en todo. Cuando ofrecemos tales frutos a Dios, estamos fuera de la ley de la carne; y no existe ley que nos pueda castigar por los frutos que hemos fructificado y cosechado para la muerte, incluso cuando todavía vivíamos carnalmente; porque hemos sido liberados de la ley de la carne (Rom 7, 4-6), ya que nos hemos resucitado de las obras muertas junto con Cristo, con la libertad del espíritu.
  37. Aquellos que han recibido la primicia del Espíritu Santo a través del renacimiento del bautismo y la guardaron imborrable, ellos, mientras están presionados por el peso de la carne, gimen desde las profundidades de sus corazones, esperando la adopción por el Paráclitos, para ver la redención y liberación de sus cuerpos de la esclavitud a la corrupción (Rom 8,23). Porque el Espíritu ayuda a sus naturalezas débiles e intercede a favor de ellos con gemidos inenarrables (2Cor 4,10), porque su mentalidad y conducta es según Dios y con esperanza esperan ver en sus cuerpos mortales la apocálipsis-revelación de los hijos de Dios, la cual es la vivificante mortificación de Jesús. De modo que ellos también lleguen a ser hijos de Dios, como movidos y guiados por el Espíritu Santo y liberados de la esclavitud de la carne, alcancen la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Rom. 8, 21); a ellos, porque aman a Dios, todo les ayuda para su bien (Rom. 8, 28).
  38. Dado que la Santa Escritura se interpreta y se explica espiritualmente y sus tesoros se manifiestan y se develan por el Espíritu Santo a seres humanos espirituales, por eso el hombre psíquico o emocional, es decir, el que no tiene el Espíritu, no puede recibir la manifestación y revelación de los tesoros (1Cor 2, 13-14), porque no se digna a comprender o escuchar algo que esté fuera del ámbito de sus propios conceptos y pensamientos. No tiene en su interior el Espíritu de Dios, el cual escruta, sondea las profundidades de Dios y conoce las cosas y realidades que son de Dios, sino que posee el espíritu del mundo (1Cor 2, 10-12) que es material, el que está lleno de celos y envidia, contienda y división, y por eso le parece tontería, necedad y estupidez investigar el sentido y concepto o noción de la divina Escritura y escrutar el significado de ella. Es decir, como no puede entender que toda la Santa Escritura se entiende espiritualmente, ridiculiza y se burla de aquellos que explican espiritualmente las realidades y cosas divinas y humanas, y les llama no espirituales, ni guiados por el espíritu divino, sino que son alegóricos, y a la medida que puede, distorsiona, tergiversa y echa por tierra, -como hizo aquel Dimás (2Tim 4,10)- sus logos y significados divinos. Sin embargo, el hombre espiritual no es así, sino que todo lo examina movido por el espíritu divino, mientras que él mismo no es percibido y comprendido por nadie (1Cor 2,15). Y esto se debe a que tiene el νούς nus-espíritu de Cristo, en el cual nadie podrá ser consejero (1Cor 2, 16).
  39. El último día del Juicio se manifestará de modo candente y serán probadas con fuego las obras de cada uno, según dice Pablo (1Cor 3, 13-15). Es decir, si las obras por las que uno se ha edificado a sí mismo, son de materia incorruptible, quedarán incorruptas en medio del fuego, y no sólo no se quemarán, sino que serán iluminadas, ya que serán completamente limpiadas y purificadas de cualquier mancha que pudieran tener. Pero si las obras que uno se ha cargado sobre sí mismo son pesadas y de materia destructible, serán quemadas y destruidas, dejándolo con las manos vacías en medio del fuego. Las obras incorruptibles que permanecen son las lágrimas de la μετανοία metania, la caridad, la misericordia, la compasión, la oración, la humildad, la fe, la esperanza, la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado) y cualquier otra cosa que se hace para la piedad. Todas estas cosas, junto con el hombre mientras todavía está vivo, son co-edificadas en el santo templo de Dios, y cuando se marcha, van junto con él y permanecen incorruptibles a lo largo de los siglos. Las obras que son destruidas por ese fuego son evidentes para todos: lujuria, hedonismo o amor al placer, vanagloria, avaricia, codicia, ambición, odio, envidia, hurto, ebriedad, maledicencia, condena y cualquier otra cosa mala que se realiza con el cuerpo por el deseo o la ira. Estas, mientras el hombre viva, se consumen con él, ya que este es quemado por el fuego del deseo, pero también cuando se separa del cuerpo, lo siguen, aunque no permanecen con él para siempre; porque al ser consumidas, dejan al hombre que las hizo, en el fuego, infernándose y sufriendo eternamente en los siglos de los siglos.
  40. La gnosis-conocimiento de Dios significa que, el que se ha edificado en ella con humildad y oración, ha sido reconocido de Dios y de Él ha recibido una rica y veraz gnosis de Sus misterios sobrenaturales. Pero si en él se observa presunción, jactancia, entonces este hombre no ha sido edificado en la gnosis-conocimiento con estas dos virtudes, sino que es gobernando por el espíritu material de este mundo. Por eso, tal tipo de hombre cree que sabe algo, mientras que no conoce nada de las realidades y cosas divinas tal y como debe conocerlas (1Cor 8,2). Mientras que quien ama a Dios y no prefiere nada más que la αγάπη agapi (amor incondicional) a Dios y al prójimo, éste ha aprendido y conocido las profundidades de Dios y los misterios de Su realeza increada, tal como debe conocerlos aquel que es movido por el espíritu divino, y ha sido reconocido de Dios (1Cor 8,3) como un verdadero obrero en el gran huerto de Su Iglesia Ortodoxa, que trabajará con agapi-amor en la voluntad de Dios. Es decir, estará retornando y psicoterapiando psiques-almas y transformando indignos en dignos (Jer 15,19) con el logos (convertido en psicólogo) que se le fue dado por el Espíritu Santo. Y estará guardando intachable su obra con la humildad y la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón).
  41. Todos nos hemos bautizado en el nombre de Cristo con agua y Espíritu Santo y todos comemos el mismo alimento espiritual y bebemos la misma bebida espiritual, y estos son el Cristo; pero con la mayoría de nosotros Dios no se agrada ni se complace (1Cor 10, 3-5). Porque muchos fieles y luchadores han fatigado y hecho sus cuerpos muy flacos con grandes esfuerzos de ascesis y fatigas de ejercicio corporal, pero por no tener κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón) de corazón quebrantado y opinión benevolente ni compasión por amor hacia el prójimo y hacia ellos mismos, quedaron vacíos de la plenitud del Espíritu Santo y distantes del conocimiento-gnosis de Dios, teniendo estéril la matriz de su διάνοια diania (mente intelecto, cerebro) y el logos sin sal y no iluminado sino entenebrecido.
  42. Aquello que pide el Logos de Dios de los nazireos, no es sólo que suban con la praxis al monte Sinaí, ni que se limpien y se purifiquen antes de la subida y laven sus prendas y no se acerquen a mujer (Ex 19,14-15), sino que vean no sólo las espaldas de Dios (Ex 19, 14-15), sino a Dios mismo en Su δόξα doxa (gloria, luz increada), que se agrada y se complace en ellos, dándoles las tablas de la gnosis-conocimiento (Éxodos 31,18) y enviándolos al mundo para edificación espiritual de Su pueblo.
  43. El Logos no lleva consigo a todos Sus discípulos y siervos durante la apocálipsis-revelación de Sus misterios ocultos y superiores, sino sólo algunos, aquellos que se les fue otorgado oídos receptivos y se abrieron los ojos para ver (espiritualmente) y se les dio un lenguaje nuevo y claro. Por tanto, a ellos los recoge y los separa de los otros, que también son Sus discípulos, y sube al monte Tabor de la contemplación (espiritual) y se metamorfosea delante de ellos (Mt 17,2); ya no los mistagogiza (inicia místicamente) sobre las realidades de la Realeza increada de los cielos, sino que les muestra la δόξα doxa (gloria, luz increada) y el esplendor de la deidad o divinidad. Y de esto les hace que brillen según su carácter de su vida y sus logos como el sol dentro en la Iglesia de los fieles. Y sus conceptos y significados los transforma, dándoles blancura, lucidez y pureza de luz supra- resplandeciente e increada. Y deposita Su propio νούς nus en el interior de ellos, enviándoles a anunciar y contar las cosas y realidades nuevas y antiguas (Mt 13,52) para la edificación (espiritual) de Su Iglesia.
  44. Muchos han cultivado con gran esmero y diligencia sus propios campos y sembraron en ellos semilla pura, después de haber cortado previamente las espinas y quemado las malas hierbas con el fuego de la μετάνοια metania, pero como Dios no llovió sobre ellos la lluvia del Espíritu Santo con la κατάνυξις katánixis (compunción, dilatación del corazón), no segaron nada ni cosecharon nada de estos. Porque por la sequedad se secaron y no dieron fruto dentro de ellos en abundancia de la espiga de la gnosis (conocimiento increado) de Dios. Por eso, murieron, aunque no hambrientos de logos de Dios, sino siendo pobres en conocimiento-gnosis de Dios y con las manos vacías, llevando solo unos pocos suministros para su alimento de la aportación de otros.
  45. Cada uno que saca de su boca palabras y logos provechosos para la edificación del prójimo, los extrae de los tesoros bondadosos de su corazón, siendo él mismo bondadoso, tal como dijo el Señor (Lc 6, 45). Nadie puede entrar y moverse en la teología y hablar sobre las cosas y realidades Dios, sino sólo por la iluminación del Espíritu Santo (1Cor 12,3); y nadie que habla con espíritu de Dios dice cosas contrarias a la fe en Cristo, sino aquellas que son útiles que benefician y conducen a Dios y a Su realeza increada y restauran a algunos de los salvos a su antigua y gloriosa nobleza y los unen con Dios. Ahora bien, si la revelación del Espíritu es regalada a cada uno para interés y beneficio de todos (1Cor 12,7), entonces aquel que adquirió en abundancia el logos de la sofía-sabiduría de Dios y se ha hecho digno de recibir el logos de la gnosis (conocimiento), es movido o energizado por el Espíritu divino y es una caja fuerte de los tesoros inagotables de Dios.
  46. Quien ha creído en Cristo y se bautizó en Su nombre, no es dejado desamparado de la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, a menos que se haya entregado completamente a la energía y actividad del diablo y haya contaminado su fe con obras feas o vive con negligencia, pereza y descuido. Porque aquel que ha mantenido viva la primicia del Espíritu Santo, la que recibió durante el santo bautismo, o que la ha reavivado cuando se apagó, no es posible que no reciba desde el cielo también la plenitud del Espíritu; es decir, al haber hecho el buen combate, se hace digno a través de la plenitud del Espíritu a recibir el logos de la sofía (sabiduría increada) de Dios para enseñar en la Iglesia; o el logos de la gnosis de los misterios de la realeza increada de Dios; o, de nuevo con el mismo Espíritu la fe íntima y concienciada para creer en las promesas de Dios, tal y como hizo Abraham; o el carisma de sanaciones por el mismo Espíritu para psicoterapiar y curar enfermedades; o el carisma de la energía increada de las potencias, para expulsar demonios y realizar milagros; o el carisma de la profecía, para prever y predecir las cosas futuras; o el carisma del discernimiento de los espíritus para discernir quién habla con espíritu de Dios y quién no; o el carisma de traducción de varias lenguas o idiomas (1Cor 12, 8-11), o el carisma de consuelo y solidaridad a los que sufren y padecen varias tribulaciones; o el carisma de gobierno de las ovejas o fieles y del pueblo de Dios (1Cor 12,8); o el carisma de la αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado) y las donaciones de ella, es decir, la magnanimidad, la tolerancia, la bondad y todo lo demás (1Cor 13,4). Pero si alguien carece de todos estos, no sé cómo caracterizar a esta persona como creyente, o si pertenece a la lista de aquellos que se han revestido de Cristo en el santo bautismo (Gál. 3, 27).
  47. Aquel que tiene la agapi (amor incondicional y desinteresado), no siente envidia por celos, no se jacta de sí mismo como un presumido y arrogante, no se comporta con soberbia con ninguno, no hace cosas inconvenientes y gestos feos contra el prójimo. No busca sólo su propio interés, sino también del prójimo. No se enfada contra aquellos que le entristecen y afligen, y si ha sufrido algún mal o daño de otro, no lo tiene en cuenta. No se alegra cuando los que ama sufren alguna injusticia, sino que se alegra con ellos cuando están en la verdad y la justicia. Soporta todas las aflicciones y tristezas que le vienen; cree todo con sinceridad y sin malicia. Tiene esperanza en que obtendrá todas las cosas que Dios nos ha prometido. Tiene con paciencia cada tentación, sin devolver mal por mal. Generalmente, el obrero de la αγάπη agapi nunca pierde la agapi hacia su prójimo (1Cor 13, 4-8).
  48. De aquellos que se hicieron dignos de recibir la χάρις jaris celestial (gracia increada) del Espíritu Santo con varios dones, carismas, algunos son niños e imperfectos todavía en los divinos carismas, en cambio otros son hombres perfectos y los tienen en plenitud. Los primeros a medida que se van desarrollando en el trabajo de los divinos logos-mandamientos, progresan en los carismas, y se llenan de mayores donaciones del Espíritu y cesan los anteriores carismas de la niñez. Los otros habiendo alcanzado el punto culminante de la αγάπη agapi (amor incondicional) y de la gnosis (conocimiento increado) de Dios, dejan ya los carismas parciales, ya sean profecías, ya sean discernimientos de espíritus o de gobernación, etc., según el Apóstol (1Cor 12,28). Porque aquel que ha entrado en los palacios de la divina αγάπη agapi increada, ya no conoce parcialmente o en parte a Dios, que es αγάπη agapi increada, sino que hablando con Él cara a cara, le conoce en plenitud como él mismo es conocido por Dios (1Cor 13,4).
  49. Aquel que por el celo de los carismas espirituales persiguió la αγάπη agapi (amor incondicional) y la adquirió, no tolera hablar durante la oración y en la lectura solo para su propia edificación y crecimiento espiritual; porque aquel que habla sólo a Dios con la lengua cuando ora y salmodia, edifica a sí mismo, como dice Pablo (1Cor 14,40). Este está obligado, según san Pablo de nuevo, a profetizar o teologizar, para la edificación de la Iglesia de Dios; es decir, (como teólogo) enseñar a sus prójimos el trabajo de los divinos mandamientos-logos y cómo deben buscar a agradar a Dios. ¿En qué podrá beneficiar en algunos el guía espiritual o higúmeno del Monasterio que habla siempre solo consigo mismo y a Dios con la oración y la salmodia o canto, sino habla también a sus obedientes o hijos espirituales, ya sea con apocálipsis-revelación por el Espíritu Santo o con gnosis (conocimiento) de los misterios o con el carisma del prever de la profecía o con διδαχή (didají: enseñanza) del logos de la sofía-sabiduría (increada) de Dios? Porque si no les da el logos comprensible y fácil de la enseñanza, tanto por escrito como en voz viva, ¿quién de sus obedientes se preparará para la guerra (1Cor 4,8) contra los pazos y contra los demonios? Realmente, si el pastor no busca tener en abundancia el logos de la enseñanza y la gnosis (conocimiento) del Espíritu, para la edificación de su rebaño, no es celoso de los carismas de Dios (1Cor 14,12). Porque con solo orar y psalmodiar o cantar mucho con la lengua y orando con su espíritu, es decir, con su psique-alma, edifica sólo a sí mismo. Pero su νούς nus con su intelecto es estéril (1Cor 14, 13-14), ya que no profetiza (no teologiza) con el logos de la enseñanza y no edifica la Iglesia de Dios. Si Pablo, quien más que cualquier otra persona se unía a través de la oración con Dios, quería con su intelecto fructificado decir cinco logos o palabras en la Iglesia para catequizar, instruir también a los demás, en lugar de cantar miles de psalmodías con la lengua (1Cor 14,19), entonces es evidente que han perdido el camino de la αγάπη agapi (amor incondicional) aquellos que son guías espirituales de otros y han limitado el oficio del pastor solo a la música y la lectura.
  50. Aquel que nos ha dado la existencia a partir de materia y de esencia espiritual, y estos opuestos por naturaleza, los unió de modo paradójico en una hipostasis (base substancial), Él nos ha dado también la bienaventuranza y felicidad mediante el logos de Su sofía-sabiduría y gnosis-conocimiento. Y esto lo hizo, por un lado, para que viéramos con la gnosis espiritual los apócrifos o escondidos tesoros de la Realeza increada de los Cielos que nos regaló, y por otro, para hacerlos conocidos a nuestros prójimos mediante el logos de la sabiduría, la riqueza de Su bondad (Rom 2,4) y los bienes de la vida eterna, que ha preparado para aquellos que Le aman (1Cor 2,9).
  51. Quien se ha vuelto superior a las amenazas y a las promesas de las tres leyes, ha entrado en la vida que no se somete a la ley; este se ha vuelto ley de la Iglesia y no es gobernado por la ley. La vida libre es aquella que no se somete en ley, por tanto, está por encima de cada necesidad natural y desvío; y aquél que ha llegado a esta vida, se ha liberado, porque ha superado la carne, y se ha convertido en fuego por la participación del Espíritu, por lo que también se ha unido completamente a Cristo que está por encima de toda naturaleza, y para él ha sido abolido lo parcial y lo imperfecto (1Cor 13,10).
  52. Aquel que se ha hecho receptivo de la gnosis-conocimiento del primer νούς nus, -el cual es principio y fin todas las cosas, indefinido en sí mismo y simultáneamente interior y exterior respecto a todo lo demás-, éste conoce también estar en soledad, pero también habita como solitario entre los solitarios; de modo que al quedarse solo no sufra perjuicio y daño alguno en su perfección, ni estando con muchos pierde la cualidad de su aislamiento, sino que es el mismo en todas partes y solo en todas las cosas, porque se convierte para los demás el principio de su movimiento hacia la vida solitaria o de monje, y el fin más perfecto de la virtud que tienen ante sí.
  53. La unión y conexión inseparable de la psique-alma y del cuerpo, cuando está acorde y en armonía consigo misma, realiza una obra, ya sea de la materia, ya sea de la naturaleza espiritual. Pero cuando no están en armonía y no concuerda, entonces se crea una guerra civil, donde cada uno desea la victoria. Pero, viene el logos y ejerciendo su autoridad y poder, disuelve inmediatamente la controversia o discordia, dando la primicia a la concordia, y encomienda la totalidad de las obras a la naturaleza y al espíritu.
  54. De las tres partes fundamentales de nuestra psique-alma, una parte que es la logística (o lógica, racional) gobierna, pero no es gobernado; la otra parte el irascible o emocional gobierna y también es gobernado; y la tercera, la anhelante no gobierna, pero es gobernada. Por tanto, cuando lo que gobierna se coloca bajo la autoridad de uno de los que son gobernados, entonces lo que es por naturaleza libre se convierte en esclavo en los que son por naturaleza esclavos y sale de los marcos o límites de su gobierno o autoridad y naturaleza, entonces causa una gran revuelta y discordia entre ellos. Y mientras en estos tres exista este tipo de revuelta y discordia, aún no vemos todo sometido al Logos (Heb 2,8). Pero cuando lo que gobierna y prevalece domina sobre los demás y los somete a su autoridad, entonces lo separado se une y está de acuerdo, y así tienen paz con Dios. Y, tras someterse todo al Logos, es entregado por Él la realeza a Dios y Padre, como dice Pablo: «Luego será el fin, cuando el Cristo como hombre entregue la realeza increada a Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. (24. Después vendrá el fin, cuando ya habrá terminado Su obra real o sacerdotal y se habrá consumado la divina economía de la salvación de los hombres. Entonces el Cristo como hombre entregará su realeza increada al Dios y Padre. Entonces con su axioma real y sacerdotal ya habrá aniquilado toda potencia, poder y fuerza. Pero hasta este momento estará ejerciendo su axioma real y sacerdotal)» (1Cor 15,24).
  55. Una vez que los cinco sentidos se someten a las cuatro virtudes fundamentales y se mantienen obedientes a ellas, hacen que la naturaleza humana, creada de los cuatro elementos, se mueva serenamente alrededor de la rueda de la vida. Y cuando se mueve así, las fuerzas de la psique-alma no se rebelan entre sí; pero cuando la parte pasional -irascible (emoción) y la anhelante (deseo)- se une con la parte logística o lógica, entonces el νούς nus asume su autoridad y gobierno natural y convierte en carro suyo las cuatro virtudes cardinales y en su trono la esclava quíntuple esencia de los cinco sentidos. Y tras derrotar a la tirana carne, es arrebatado por el carro de cuatro caballos -tirado de las cuatro virtudes- y se eleva a los cielos, donde está el Rey de los siglos y es coronado con la corona de la victoria y en Él descansa de toda su trayectoria.
  56. A aquellos que alcanzan la perfección durante la contemplación y se sostienen en los pilares del Espíritu, se les prepara un cáliz y se les ofrece pan del delicioso banquete real. Se les da un trono para descansar y dinero para enriquecerse, y un tesoro de perlas y piedras preciosas está listo para ellos, y riquezas incontables se les entregan en las manos. Estos, siendo muy rápidos en las obras, la praxis los hace perspicaces, clarividentes y los prepara para asistir al mismo Rey y no a hombres lánguidos y negligentes.
  57. ¿Cuál de las dos opciones sucede: la realeza increada de los cielos se da desde aquí a los luchadores o después de la muerte? Porque, si se da desde aquí, entonces la victoria es irresistible, la alegría indescriptible, y nuestra ascensión al Paraíso, libre; porque este Paraíso se encuentra directamente en el divino amanecer u oriente (Gen 2,8). Pero si se da después de la muerte, debemos examinar si la salida de la vida se realiza sin miedo, y qué es la realeza increada de los cielos y el reinado de la realeza increada de Dios y el Paraíso, y en qué se diferencia uno del otro y cuál es el tiempo de cada uno de ellos, y si adquirimos también los tres y cómo y cuándo, y después de cuánto tiempo. Ya que aquel que se ha encontrado dentro en la primera mientras todavía está en vida y revestido de la carne, no ha perdido a los otros.
  58. El mundo superior están todavía incompleto y espera su culminación, para ser restaurado en su plenitud, por los primogénitos del nuevo Israel que ven a Dios. Porque el mundo superior se completa a medida que se llena con aquellos que se dirigen a la gnosis (conocimiento increado) de Dios. Y cuando se complete, estableciendo los fines del mundo inferior de los fieles y los incrédulos, será una única asamblea, atribuyendo a cada uno su propio grado y separando entre estas dos clases disconformes. El mundo superior dirige a sí mismo los principios y fines de los otros, y los establece como límite ilimitado; sin embargo, él mismo, no es conducido desde otro principio ni es dirigido de modo que sea limitado. Su cualidad o peculiaridad es el movimiento perpetuo y perfecto, de modo que no se restringe en sí mismo, ni se extiende más allá de sus propios confines, sino que es para los demás el descanso sabático y el cese de todo principio y movimiento.
  59. Las potencias celestiales, como conjunto, como salmistas, cantores que lideran los himnos, se agrupan en coros de manera trinitaria y están presentes de forma trinitaria ante la Santa Trinidad, donde ofrecen el himno actuando con temor sagrado. De ellas unas se despliegan bajo el principio o autoridad y Causa de todas las cosas, son las que están más cercanas a Ella y a la cabeza de los himnos; estas son, en orden, los Tronos, los Querubines y los Serafines. Su cualidad o peculiaridad es la sofía (sabiduría increada) candente y la gnosis (conocimiento increado) de las cosas y realidades celestiales y su principal obra es el himno divino del “Yel”, según la lengua hebrea. Otras son intermedias, y están entre las anteriores y las siguientes, es decir, las Autoridades, las Dominaciones y las Dinamis-Potencias o Potestades, que están alrededor de Dios. Su cualidad o peculiaridad es poner en orden las grandes cosas, la realización de milagros y la ejecución de maravillosos signos; su obra principal es el trisagio himno: “Santo, Santo, Santo” (Is 6, 3). Otras llegan a nosotros los seres humanos, siendo superiores a nosotros y debajo de las superiores; están alrededor de Dios y se llaman, Principados, Arcángeles y Ángeles. Su cualidad o peculiaridad es llevar a cabo servicios divinos, y su obra principal es el sagrado himno “Aleluya”. Por tanto, cuando la naturaleza lógica de los hombres se perfecciona con cada virtud y se eleva con cada gnosis y sabiduría del Espíritu y del fuego divino, entonces se hace cercana y familiar con estas Δυνάμεις Dinamis Potestades Celestes mediante los divinos carismas, dones, ya que atrae a sí misma la peculiaridad de cada una a causa de su lucidez y pureza. Con las últimas se hace cercana y familiar a través de la diaconía-servicio y el trabajo de los mandamientos-logos de Dios; y con las intermedias, mediante la compasión, aprecio y protección de sus semejantes, los hombres, y también con la economía o administración de las cosas grandes y divinas y con las actividades de las energías (increadas) del Espíritu; y con las primeras se conecta y se comunica con la sabiduría candente del logos y con la gnosis-conocimiento de las cosas y realidades divinas y humanas. Así, a medida que la naturaleza humana se perfecciona y recibe sucesivamente las donaciones, se une mediante ellas con la década-Dios*, porque le ha ofrecido a Él la primicia de la décima clase de sí misma. (*El número diez se consideró como símbolo de Dios desde la antigüedad. Los Pitagóricos lo llamaban “tetraktí” porque es igual a la suma de los cuatro primeros números, y lo consideraban magno y perfecto, raíz y fuente de cada creación. Este simbolismo lo utilizan también los escritores cristianos, Clemente de Alejandría, Orígenes y otros).
  1. El Dios es Mónada y Tríada, comienza desde mónada y, como es década, concluye cíclicamente sobre Sí mismo. El Dios tiene en Su interior los principios y los fines de todas las cosas y realidades, pero está fuera de todas, porque está por encima de todas. El que se ha encontrado dentro de Él, ha introducido y contiene en su interior los logos y la gnosis-conocimiento de los seres y aunque está fuera de todas las cosas y realidades, permanece dentro de todas, conociendo sus principios y fines, porque ha adquirido la cohesión y relación espiritual con el Padre a través el Logos y se hizo perfecto por el Espíritu. A esta, la perfectísima, indivisible y consubstancial Tríada o Trinidad que se venera en las tres personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y alabada y glorificada como una φύσις fisis naturaleza increada, una realeza increada y una δύναμις dίnamis (potencia y energía) increada, a Ella pertenece la autoridad y el poder en los siglos de los siglos. Amín.

Traducido por Jristos Jrisulas Χρῆστος Χρυσούλας  www.logosortodoxo.com  (en español).

 

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