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Jun 08 2024

Filocalía, tomo I San Juan el Carpathios100 Capítulos consoladores para los Monjes de la India y logos complementario

Φιλοκαλία των Ιερών Νηπτικών, Τόμος Α΄ 

Άγιος Ιωάννης ο Καρπάθιος

100 παρηγορητικά κεφάλαια προς τους μοναχούς της Ινδίας

Λόγος ασκητικός και παρηγορητικός συμπληρωματικός των εκατό κεφαλαίων

Filocalía de los Padres Nipticos, tomo I 

San Juan el Carpathios 

 

a) 100 Capítulos consoladores para los Monjes de la India

b) Logos ascético y consolador complementario de los cien capítulos

(Amigos en CristoDios y Hombre, ya tenemos terminados los tomo, 1,2, y 4 y parte del 3 y 5 pronto terminamos tendremos completa la Filocalía de los Santos Nípticos)

Introducción:

Los mendigos que ofrecen flores primaverales a los reyes terrenales no solo no son rechazados, sino que muchas veces reciben algún regalo. Así, por vuestra orden, he reunido aquí y allá un centenar de buenos logos y os los ofrezco a vosotros, cuya ciudadanía y política de gobierno está en los cielos (Filipenses 3:20). Y deseo que sean bien recibidas y que me recompenséis como regalo las oraciones vuestras.

  1. Tan eterno como es el Rey de todo, con un reinado y realeza que no tiene ni principio ni fin, así también el celo o entusiasmo de aquellos que luchan voluntariamente por Él y por las virtudes se vuelve más beneficioso. Porque los honores de esta vida, por brillantes que sean, se desvanecen junto con ella. Pero los honores que Dios otorga a los dignos, dado que son otorgados con incorruptibilidad, permanecen eternamente.
  2. El bienaventurado David, componiendo el himno a Dios con la participación de toda la creación, mencionó a los ángeles y todas las fuerzas invisibles, y llegó hasta la tierra, mencionando también a las bestias, los animales, las aves y los reptiles (Salmo 148), porque creía que todas las creaciones adoran al Creador y deseaba que todas contribuyeran a la alabanza de Dios. ¿Cómo, entonces, el monje, que se compara con el oro de la tierra de Sufir, soportará alguna vez ser como drogado, perezoso o descuidar la himnología, alabanza?
  3. Así como la zarza estaba envuelta en llamas pero no se quemaba (Éxodo 3:2), así también aquellos que han recibido el carisma o don de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), aunque tengan un cuerpo pesado y cálido, no son molestados ni perjudicados por el calor del cuerpo en absoluto. Porque la voz del Señor detuvo la llama de la naturaleza (Salmo 28:7). Esto es porque la voluntad y el logos de Dios separó aquellas cosas que naturalmente están unidas.
  4. La luna, que crece y mengua, es un símbolo del hombre, que a veces actúa bien y otras veces peca, y luego, con la μετάνοια metania (introspección, arrepentimiento y confesión), vuelve a la vida virtuosa. Así, el νους nus (espíritu de la psique) de quien ha pecado no se pierde, como algunos creen, de la misma manera que el cuerpo de la luna no disminuye, sino solo su luz. Del mismo modo, el hombre recupera de nuevo su esplendor con la μετάνοια metania, como la luna después de menguar se reviste de luz nuevamente. Porque la Escritura dice: «El que cree en Cristo, aunque muera, vivirá» (Juan 11:26) «y sabrá que Yo, el Señor, he hablado y lo haré» (Ezequiel 17:24).
  5. Si ocurre que te enfrentas a una rebelión de pensamientos impuros y cedes y eres derrotado, debes saber que te has separado temporalmente de la divina χάρις jaris (gracia, energía increada). Por eso has sido entregado a tu caída por un juicio justo. Esfuérzate, pues, y lucha para no quedarte nunca, por tu negligencia, lejos de la divina χάρις jaris ni un solo momento. Si logras superar tu desliz y saltar por encima del muro de los conceptos, las fantasías y los pensamientos apasionados y las repetidas y sucias embestidas de la astuta maldad de los enemigos, no seas ingrato con Dios, que te ha dado esta donación. Porque dice el Apóstol: «No yo, sino la χάρις jaris de Dios que está conmigo» (1 Cor 15:10), es la que me concedió este trofeo de la victoria y me elevó por encima de los pensamientos y recuerdos impuros y me libró del injusto, es decir, del diablo, y del hombre viejo. Por eso, estando ligero con las alas del Espíritu y liberado del cuerpo, pude volar por encima de los demonios que me perseguían, quienes, como atrapan a los pájaros con las varillas con liga, atrapan el νούς nus (espíritu de la psique) con la mente del hombre por el placer hedonista, que lo presentan con violencia, coerción e imposición. Aquel que me sacó de Egipto, es decir, del mundo, que es lugar de perdición de las psiques-almas, golpeó en secreto con Su mano, luchando y combatiendo por mí contra Amalec (Éxodo 17:8-16), y me dio la esperanza de que el Señor exterminará ante nosotros a las demás naciones de los πάθος pazos pasiones impuras (Deut 4:38). Este Dios nuestro nos dará sabiduría y fuerza (Daniel 2:23). Porque algunos recibieron sabiduría, pero no la fuerza del Espíritu para vencer a los enemigos. Él te elevará por encima de tus enemigos y te dará alas de paloma para volar y descansar en Dios (Salmo 54:7). El Señor hará tus brazos como un arco de bronce y te hará fuerte, dispuesto y vigoroso contra tu adversario, y pondrás bajo tus pies a todos aquellos que se rebelan contra ti (Salmo 17:40). Devuelve, pues, al Señor la χάρις jaris gracia de la pureza, porque no te abandonó a los deseos y voluntades de tu carne y de tu sangre y a los espíritus destructivos e impuros que los estimulan y provocan, sino que te guardó seguro con Su mano derecha. Edifícale un altar, como Moisés después de derrotar a Amalec (Éxodo 17:15). Por eso te alabaré y glorificaré, Señor, y cantaré tu nombre, glorificando Tus magníficas obras, porque salvaste mi vida de la destrucción y me arrancaste de las trampas y redes de la variada y astuta maldad que rodea al hombre en cada circunstancia.
  6. Los demonios malvados reavivan en nosotros los πάθος pazos impuros (pasiones, emociones, vicios, etc.) los renuevan, los elevan y los multiplican. El estudio cuidadoso del logos divino, especialmente cuando se realiza con lágrimas derramadas, mata y elimina los πάθος pazos, incluso si han perdurado por mucho tiempo. Y poco a poco, lleva a la inexistencia las acciones, praxis pecaminosas y destructivas de la psique-alma y del cuerpo. Nosotros solo debemos no descuidar la oración y esperanza persistente y sin vergüenza sentados cerca del Señor.
  7. ¿Por qué Cristo perfecciona el himno de la boca de los fieles que son como niños en cuanto a la maldad? Seguramente para aplastar con el canto al enemigo que nos tiraniza gravemente y vengativamente (Salmo 8:3), el enemigo de las virtudes y gran defensor de la maldad, el diablo. Así que nosotros, cuando alabamos al Señor con simplicidad, sencillez de corazón, aplastamos y destruimos las maquinaciones del enemigo. Porque «con la abundancia de tu doxa-gloria, Señor, destruiste a los enemigos que nos combatían» (Éx 15:7).
  8. Aquel que está deformado por el pecado, es como un aborto, este ahora consume solo la mitad de las carnales (Números 12:12). La otra mitad la recibirá con los castigos futuros, en el siglo venidero. Porque cada uno recibirá los frutos del camino que recorrió en su vida.
  9. El monje debe preferir el muy hermoso ayuno y no ser engañado por los πάθος pazos, y siempre cultivar una gran ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial), y tranquilidad.
  10. Los demonios que odian nuestras psiques-almas incitan a algunos a darnos un elogio frío. Luego, nos animan a alegrarnos por ello. Así, si nos relajamos por la presunción y damos lugar a la vanagloria, no les costará mucho a nuestros enemigos demoníacos capturarnos.
  11. Debes estar más contento con quien te ridiculiza que con quien te elogia; este último no difiere en nada de quien te maldice, como dice la Escritura (Prov 27:14).
  12. Si intentas lograr la virtud del ayuno, pero fracasas debido a tu debilidad, entonces, tras quebrantar tu corazón, dirígete en agradecimiento a Aquel que provee para todo y es Juez de todos. Siempre y cuando te mantengas y te manifiestas humilde ante el Señor y nunca te enorgullezcas contra ninguna persona.
  13. El enemigo diablo sabe que la oración es para nosotros un defensor, mientras que para él es un enemigo y adversario. Deseando apartarnos de ella, nos induce el deseo de estudiar las obras de los escritores helenos-griegos antiguos, de quienes nos hemos alejado, y nos incita a ocuparnos de ellas. Pero no debemos dejarnos persuadir, no sea que nuestra cultivación vaya mal y, en lugar de recolectar higos y uvas, recojamos espinas y cardos. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios (1 Cor 3:19).
  14. Dice la Escritura: «¡No temáis! Pues, he aquí os anunciaré buenas noticias de gran gozo y alegría, que será para todo el pueblo de Dios» (Lucas 2:10), no solo para una parte del pueblo. Y «todos los habitantes de la tierra te adorarán y cantarán a ti» (Salmo 65:4), no solo una parte de la tierra. El canto no es propio de aquellos que oran con lágrimas, sino de quienes están alegres. Así que, puesto que es así, no nos desesperemos en absoluto, sino pasemos la vida presente con alegría, teniendo en mente aquella futura alegría y felicidad. Pero debemos mezclar la alegría con el temor de Dios, como dice la Escritura: «Servid al Señor con temor, y alegraos con temblor» (Salmo 2:11). Las mujeres que estaban con María, salieron del sepulcro con temor y gran gozo (Mateo 28:8). Quizás también nosotros, alguna vez, con temor y alegría, saldremos de la tumba espiritual. Me asombra cómo podemos no tener temor, porque nadie es sin pecado, aunque sea Moisés o el Apóstol Pedro. Sin embargo, en ellos, la divina αγάπη agapi (amor incondicional y desinteresado), habiendo vencido, expulsa el temor o miedo (1Juan 4:18) en la hora de la muerte.
  15. Sobre que el apasionado, después de haber creído con todo su corazón y con humildad, recibe el carisma o don de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos), lo tienes testificado en la Escritura. «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lucas 23:43); y, «tu fe te ha salvado; ve en paz» (Luc 7:50) de la bienaventurada apázia; y otras similares, como: «La uva madurará en el tiempo de la siembra» (Amós 9:13), y: «Hágase con vosotros según vuestra fe» (Mateo 9:29).
  16. Cuando, mientras enfrentamos con indignación los πάθος pazos impuros (pasiones, emociones, vicios, etc.), los demonios nos atacan con recuerdos impuros, entonces confiamos más en la fe del Señor y hacemos más segura nuestra esperanza en los bienes que Dios nos ha prometido, de los cuales los enemigos se apresuran en alejarnos por envidia. Porque si no fueran muy grandes los bienes venideros, los demonios no harían ataques tan frecuentes y envidiosos contra nosotros con pensamientos y conceptos impuros, pensando que así satisfacen su furia y que nos conducen a la desesperación con sus grandes e insoportables molestias.
  17. Algunos definen la virtud práctica como la gnosis (conocimiento) espiritual más verdadera; por lo tanto, esfuérzate en mostrar con tus obras tanto la fe como la gnosis (conocimiento espiritual). Porque quien se contenta ciegamente solo con la gnosis-conocimiento, escuchará que: «Profesan conocer a Dios, pero con sus obras lo niegan» (Tito 1:16).
  18. Más aún en tiempos de fiestas y de la divina Liturgia, especialmente cuando uno va a comulgar la Divina Comunión (Efjaristía), los demonios se apresuran a contaminar al asceta o practicante espiritual con fantasías impuras y emisiones de semen. Pero ni con esto lograrán quebrantar o paralizar a quien está acostumbrado a soportarlo todo con paciencia, perseverancia y valentía. Y no dejemos que los jorobados se jacten frente a nosotros como si estuvieran de pie rectos.
  19. Los demonios enemigos luchan contra la moralidad y la buena disposición, golpeando la psique-alma con diversas e indescriptibles tentaciones. De las muchas e inexplicables aflicciones se teje tu corona; y en las debilidades se muestra perfecta la fuerza de Cristo (2Cor. 12:9); y en las situaciones más sombrías suele florecer la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Espíritu. Dice la Escritura: «La luz surge para los justos en la oscuridad» (Salmo 111:4), por supuesto, si mantenemos firme hasta el fin nuestra confianza y esperanza (Hebreos 3:6).
  20. Nada puede destruir tanto la virtud como las bromas pesadas y las risas tontas y la charlatanería. Y al contrario, nada renueva tanto la psique-alma y la hace acercarse a Dios como el temor de Dios y la buena atención, cuidado y el estudio incesante de los logos de Dios, y el armarse con la oración y buscar, de huella en huella, el beneficio de la vigilia.
  21. Es muy beneficioso y conveniente para la psique-alma soportar con firmeza toda aflicción, ya sean causadas por los hombres o por los demonios, y conocer con precisión que somos deudores de este mal trato y sufrimiento, y no culpar por eso a nadie más, sino siempre a nosotros mismos. Aquel que, por las aflicciones y sufrimientos que le ocurren, culpa a otros, se ha resbalado del sano y justo juicio que le corresponde.
  22. A veces, una persona se desvía de su buen camino, incluso si es notable en virtud, debido a las muchas tentaciones, desviándose de su buen orden, porque -como dice la Escritura- toda su sabiduría y habilidad han desaparecido (Salmo 106:27); y esto, para que no confiemos en nosotros mismos (2 Cor. 1:9) y para que Israel no se jacte y diga: «Mi propia mano me ha salvado» (Jueces 7:2). Sin embargo, ten esperanza de que serás restaurado a tu anterior buen estado psíquico, anímico y mental, una vez que, por orden divina, se aleje el malvado demonio que nos incita a ver y escuchar todo con pasión y nos empuja rápidamente con desesperación hacia el pecado. Y después de engrosar, cubrir e inflar el νούς nus (espíritu de la psique) y la mente, como con una nube densa, hace que la carne sienta un peso y una carga inexpresables; y el pensamiento o concepto innato que es simple e inocente, como el de los niños, lo hace astuto y avispadísimo en todo pecado, después de envenenarlo, tergiversarlo y corromperlo con la incertidumbre.
  23. El hombre que crece interiormente y progresa mucho en las virtudes es notable y grandioso. Sin embargo, este hombre notable y grandioso teme al pecado como el elefante teme o se asusta del ratón, no sea que, habiendo predicado a otros, él mismo se vuelva indigno (1Cor. 9:27).
  24. No solo cuando se acerque el fin del mundo, el diablo hablará logos y palabras contra el Altísimo, como dice Daniel (Dan 7:25), sino que también ahora, a veces, a través de nuestros propios pensamientos y conceptos, dirige graves blasfemias incluso contra el cielo, difamando al Altísimo y Sus criaturas y los santos Misterios de Cristo. Pero nosotros, sostenidos firmes en la roca de la gnosis-conocimiento espiritual, no temeremos por todo esto, ni nos asustaremos y asombraremos por la audacia y el valor del malvado diablo; y usando la fe y la oración más ferviente, recibiremos la ayuda de Dios y rechazaremos al enemigo.
  25. Cuando la psique-alma sale del cuerpo, el enemigo diablo se lanza contra ella con audacia, la combate y la insulta, y se convierte en un acusador severo y terrible de sus pecados. Pero entonces uno puede ver a la psique-alma que ama a Dios y tiene gran fe en Él, aunque muchas veces haya sido herida por pecados, no atemorizarse ante los ataques del enemigo y sus amenazas, sino más bien fortalecerse con la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor y ser alentada por la alegría; ser valiente por los santos ángeles que la guían, y, rodeada por la luz de la fe, responder con gran valentía al astuto malvado diablo: «¿Qué hay en común entre nosotros, enemigo de Dios? ¿Qué hay en común entre nosotros, fugitivo de los cielos y astuto malvado esclavo? No tienes ningún poder sobre nosotros. Cristo, el Hijo de Dios, tiene poder sobre nosotros y sobre todo. A Él hemos pecado y a Él rendiremos cuentas, teniendo como garantía de Su gran misericordia hacia nosotros y nuestra salvación Su honrada y preciosa Cruz. Pero tú, destructor, aléjate de nosotros. No tienes nada que ver con los siervos de Cristo». Y mientras la psique-alma dice esto con valentía, el diablo se retira gritando y llorando en voz alta, incapaz de resistir el nombre de Cristo. Subiendo la psique-alma, vuela hacia abajo y golpea al enemigo como el halcón golpea al cuervo. Y después de esto, es llevada por los santos ángeles con alegría y gozo a los lugares que le han sido designados, según su estado.
  26. Que incluso una pequeña tentación permitida y concedida por Dios puede a veces impedir el progreso espiritual del diligente y activo, que te convenza el pequeño pez, la rémora, que puede inmovilizar un barco cargado solo con tocarlo. Y recuerda las palabras del gran Pablo: «Quise ir a ustedes una y otra vez, pero Satanás nos lo impidió» (1 Tes. 2:18). Pero no te alarmes por esto, sino oponte con paciencia y lograrás recibir la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  27. Aquel que es muy rico en virtudes, si por negligencia se desvía de lo correcto, vienen contra él los hijos del oriente malo, los amalecitas y sobre todo los madianitas, es decir, las fuerzas de la fornicación, junto con sus camellos, es decir, con las memorias apasionadas, que son innumerables (Jueces 7:12) y destruyen todos los productos de la tierra (Jueces 6:4), es decir, cada buena acción, praxis y hábito. Y entonces Israel se empobrece y se angustia, y se ve obligado a clamar en voz alta al Señor. Y así, un buen pensamiento y concepto es enviado desde el cielo, que imita a Gedeón, con gran fe y humildad. Porque Gedeón dijo: «Mis mil hombres son los más débiles de la tribu de Manasés» (Jueces 6:14-15). Y sin embargo, logró enfrentarse con trescientos hombres débiles a tan gran multitud de enemigos, y erigir monumentos de victoria contra los enemigos, teniendo como aliado la divina χάρις jaris (gracia, energía increada).
  28. No podrás pisar sobre las serpientes venenosas, como la áspid y el basilisco (Salmo 90:13) etc., a menos que ores mucho aplacando y expiando a Dios, y recibas como defensores ángeles guardianes, que te lleven en sus manos y te levanten por encima del lodo de la mala disposición.
  29. Si alguien es derrotado, aunque haya luchado con fuerza, que no se desanime, ni se debilite por el esfuerzo, sino que se levante y se alegre diciendo las palabras de Isaías: «Aunque sean fuertes, serán vencidos, demonios malvados. Y si vuelven a cobrar fuerza, serán derrotados otra vez. Y cualquier plan que hagan, el Señor lo disolverá; porque Dios está con nosotros» (Isaías 8, 9-10), el Dios que levanta de nuevo a los que están quebrantados y causa gran llanto y tristeza a nuestros enemigos cuando nosotros volvemos a la metania y nos arrepentimos de nuestros pecados.
  30. Es imposible que no experimente tristeza aquel que es instruido con tentaciones. Pero después, estas personas que han cultivado el dolor, el sufrimiento y la aflicción en su corazón, se llenan de gran alegría, dulces lágrimas y divinos pensamientos y conceptos.
  31. Isaac quería bendecir a Esaú, y Esaú se apresuraba a recibir la bendición; sin embargo, ambos fallaron (Gén. 27). Porque Dios muestra misericordia, bendice y unge con el Espíritu no a quien nosotros deseamos, sino a aquel que Él ha destinado para servirle, incluso antes de que naciera. No nos inquietemos ni envidiemos cuando veamos a prosperar en virtud hermanos miserables e insignificantes. Además, has escuchado al Señor decir: «Dale lugar a este para que se siente en una posición superior» (Lucas 14,10). Yo admiro más bien al Juez, que juzga con tanta sabiduría y manera misteriosa: al que es menor, insignificante y último hacerlo primero y adelantado, y a nosotros que hemos sido los primeros con más tiempo en la práctica, hacernos los últimos. Cada uno de nosotros, organicemos nuestra vida según lo que el Señor nos ha regalado (1 Cor. 7, 17), si de verdad vivimos y caminamos guiados por el Espíritu (Gál. 5, 25), como dice la Santa Escritura.
  32. Nunca estés de acuerdo con tu discípulo u obediente cuando te dice: «Dame tiempo para probar y experimentar esto o aquello y así lograré la virtud». El que dice esto, es claro que hace su propia voluntad y transgrede las reglas o cánones de la más excelente subordinación u obediencia.
  33. Las desdichas del cuerpo y de la psique-alma, como verás, con el tiempo y con la divina aprobación, desaparecerán, aunque hayan crecido. Sin embargo, la misericordia de Cristo no disminuirá en absoluto. Porque dice la Escritura: «La misericordia del Señor se extiende desde este siglo hasta el venidero para los que le temen y respetan» (Salmo 102, 17).
  34. Las tesorerías reales se llenarán de oro; y los nus-espíritus de los verdaderos monjes se llenarán de la gnosis-conocimiento de Dios.
  35. A veces, el maestro se expone al deshonor al soportar tentaciones por el bien de aquellos que se beneficiaron espiritualmente. «Nosotros, dice el Apóstol Pablo, somos deshonrados, nuestra debilidad y enfermedad como una espina nos humilla; mientras que ustedes se han hecho gloriosos y fuertes con la jaris gracia increada de Cristo» (1Cor. 4, 10).
  36. La fuente y causa de la perdición a través de la carne es el pensamiento y concepto apasionado. Este pensamiento es expulsado de la psique-alma por aquel que se ha levantado y arrepentido después del pecado. Así que hicieron bien en lamentar más para que se expulsara de entre ustedes (1 Cor. 5, 2-4) el pensamiento maligno y profano que incitó al acto maligno. Por lo tanto, el duelo (según Dios) es contrario al espíritu de perdición y corrupción.
  37. ¿Quién anunciará al afligido en medio de la deshonra y la incapacidad de realizar virtudes, que verá a Jesús no solo en la vida futura, sino también en la presente, viniendo hacia él con gran fuerza, poder y doxa-gloria increada, a través de la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos)? Y la psique-alma, que envejeció estéril y luego inesperadamente dio a luz un hijo de justicia, dirá las palabras de Sara: «Dios me ha dado risa» (Gén. 21, 6), es decir, me ha regalado una gran alegría a mí, que durante muchos años estuve sumido en una profunda tristeza por mis muchos pecados y pazos pasiones. O, como otro intérprete traduce: «Dios me ha dado juventud», es decir, mi juventud se ha renovado como la del águila (Salmo 102, 5). Porque antes había envejecido con los pecados y los pazos (padecimientos, pasiones, vicios, emociones) de la deshonra, y ahora he renacido y soy como un adolescente y encuentro la suavidad juvenil, yo que antes me había endurecido por la materia. Y ahora veo claramente las cosas del mundo, porque he recuperado la simplicidad y rectitud natural, ya que mi νούς nus (espíritu de la psique) ha sido psicoterapiado y sanado por la gran misericordia de Dios. Y mi carne se ha vuelto, como la de Naamán el sirio (4Reyes 5, 1-14), como la carne de los niños, porque me bañé en el Jordán del conocimiento-gnosis divino. Y me he vuelto sencillo en mis maneras por la jaris gracia energía increada de Dios, liberado de la voluntad del diablo serpiente y de la multitud de pensamientos, fantasías y conceptos astutos y materiales de la maldad que había adquirido anteriormente contra mi naturaleza.
  38. Imagina que el Señor te dice: «Alguna vez te quité este y aquel carisma, los cuales pensabas que satisfacían tu nus (espíritu de la psique) y te confortaban, y te di en compensación este y aquel otro carisma. Pero tú piensas en lo que te fue quitado y no ves lo que te fue dado en su lugar y así estás abatido y sufres y te lastimas por la tristeza; sin embargo, me alegras porque te entristeces por Mí. Porque yo te causo tristeza por tu propio bien, queriendo salvar y no destruir a aquel que considero Mi hijo».
  39. Ordena a ti mismo no comer algo, por ejemplo, pescado; y observa luego que el enemigo te empuja persistentemente hacia el deseo del pescado, y también que tú deseas con pasión y manía disfrutar de lo prohibido. Así comprenderás lo que le sucedió a Adán. Él, habiendo recibido el mandato de no comer de un solo fruto, corrió hacia este único fruto prohibido con gran deseo.
  40. Dios salva a unos a través de la gnosis (conocimiento espiritual) y a otros a través de la integridad y la inocencia sin maldad. Porque debes saber que Dios no rechazará al inocente (Job 8, 20).
  41. Aquellos que practican intensamente la oración, son asediados por tentaciones terribles y salvajes.
  42. Si elegiste vestirte con la απάθεια apázia (impasibilidad, sin pazos), no te quedes despreocupado, sino esfuérzate con todas tus fuerzas por alcanzarla. Porque gemimos deseando con gran anhelo vestir nuestra morada celestial, para que la mortalidad de nuestro cuerpo sea absorbida por la vida divina (2Cor. 5, 2-4), no solo corporalmente en la consumación del siglo, sino también espiritualmente desde aquí, como un adelanto o arras. Porque la muerte ha sido completamente aniquilada y vencida (1Cor. 15, 54), y todos los egipcios que nos oprimen y nos persiguen, es decir, los demonios, desaparecerán en las olas del mar (Éx. 14) de la δύναμι dinami (poder, potencia y energía) que nos ha sido enviado desde el cielo.
  43. Si olvidas lo que dijo Pablo: «Temo que, habiendo predicado a otros, yo mismo sea hallado indigno» (1 Cor. 9, 27), y: «El que cree estar firme, tenga cuidado de no caer» (1 Cor. 10, 12), y: «Tú, que eres espiritualmente maduro, cuida de ti mismo, no sea que también tú seas tentado» (Gál. 6, 1); y si olvidas el desvío y la iniquidad de Salomón (3 Reyes 11, 1-8) después de tanta χάρις jaris gracia, y si también olvidas la inesperada negación del apóstol Pedro, entonces puedes tener confianza en tu gnosis-conocimiento y jactarte de tu vida virtuosa y alardear de los muchos años de tu ascesis, ejercicio espiritual, y así, pues, darás lugar en tu interior al orgullo. Pero no descuides en absoluto, hermano. Teme más bien mientras respires, incluso si has alcanzado los años de Moisés; y ora diciendo: «Señor, no me rechaces en el tiempo de la vejez; cuando disminuyan mis fuerzas, no me abandones. Dios mío, mi Salvador, te alabaré y glorificaré por siempre» (Sal. 70, 6-9).
  44. El Señor te dice, como le dijo a Mateo: «Sígueme» (Mat 9:9). Entonces tú, cuando persigas con fervor a tu muy amado Señor, si en tu camino tropiezas con la piedra (Salmo 91:12) de algún πάθος pazos y caes inesperadamente en el pecado, o incluso muchas veces, porque hay lugares embarrados, te resbalas sin querer y caes, cuantas veces caigas y tu cuerpo sufra, tantas veces levántate y corre tras tu Señor hasta que lo alcances. «Así me presenté ante Ti en el templo de mi διάνοια diania (mente, intelecto) para ver tu δύναμη dinami (fuerza, poder y energía) y tu doxa-gloria que me salvan, y en tu nombre, Señor, levantaré mis manos para orar y seré escuchado; y sentiré como si estuviera lleno de alimentos grasos, gustosos y ricos; y mis labios se alegrarán al alabarte» (Salmo 62:3-6). Porque considero una gran cosa haber sido digno de ser llamado Cristiano, como me dice el Señor a través del profeta Isaías: «Es un gran honor para ti ser llamado Mi hijo» (Isaías 49:6).
  45. En otro lugar, la Escritura dice que el Padre dará bienes a los que le piden (Mateo 7:11), y en otro lugar que dará el Espíritu Santo a los que lo piden (Lucas 11:13). Con estas palabras entendemos que no solo el perdón y absolución de los pecados, sino también los carismas o dones celestiales son donados por Dios a aquellos que lo suplican con fe fuerte en Sus palabras. Porque el Señor promete estos bienes no a los justos, sino a los pecadores, diciendo: «Pues si vosotros, siendo astutos malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu bondadoso (la jaris/gracia, energía increada) a los que se lo pidan? (¿Si dará el bien sublime y grandísimo, no es lógico y correcto que dará los bienes materiales, que incomparablemente son de valor mucho más pequeño?) (Lucas 11:13). Por lo tanto, pide con insistencia y sin dudar, incluso si eres pobre en virtudes y muy débil y lo que pides está por encima de tu valor; y recibirás estos grandes carismas, dones o virtudes.
  46. ¿Cómo se convencerá el incrédulo o el de poca fe de que la hormiga saca alas y el gusano se convierte en mariposa y que muchas cosas maravillosas suceden en la naturaleza, para eliminar la enfermedad de la incredulidad y la falta de esperanza y sacar alas y florecer como un árbol en la gnosis gloriosa (conocimiento espiritual)? Porque la Escritura dice: «Yo soy el que hace brotar el árbol seco y que da vida a los huesos secos y duros» (Ezequiel 17:24).
  47. De ninguna manera debemos dejar que las preocupaciones por las necesidades del cuerpo nos consuman, sino que con toda nuestra psique-alma tengamos fe en Dios, como dijo una vez un hombre bueno: «Confiad en Dios y Él confiará en vosotros». Y como escribe el bendito Apóstol Pedro: «Adquirid la templanza, la sobriedad y vigilad en vuestras oraciones y dejad toda vuestra preocupación en Dios, porque Él cuida de vosotros» (1 Pedro 5:7). Pero si aún dudas y no crees que Dios cuidará de ti, observa la araña y piensa cuán diferente es el hombre de la araña, de la cual no hay criatura más débil y frágil. Ella, pues, no tiene propiedades, no hace viajes marítimos, no va a los tribunales, no se enoja, no tiene almacenes, sino que con perfecta mansedumbre y templanza y en completa tranquilidad pasa su vida; ni tiene curiosidad por los asuntos ajenos, sino que solo atiende a su propio trabajo con calma e inactividad, como si dijera a aquellos que viven en la ociosidad que quien no quiere trabajar, tampoco debe comer (2 Tes 3:10); y tiene tanto silencio, que supera incluso a Pitágoras, a quien los helenos-griegos admiran más que a todos los filósofos, por su moderación y autodominio que tenía en la lengua. Sin embargo, Pitágoras, aunque no hablaba a todos, sí hablaba en secreto a sus seres más queridos en intervalos. Y muchas veces habló vanidosamente a bueyes y águilas y dijo algunas tonterías y absurdos. Tampoco bebía vino, solo agua. Pero la araña, con su extremo y total silencio, superó la moderación de la lengua de Pitágoras, y además despreció tanto el vino como el agua. Así pues, en tal estado de tranquilidad vive la inmóvil y humilde araña y no soporta caminar fuera de su lugar, ni vagar con su imaginación y fantasía aquí y allá, ni trabajar y esforzarse sin fin. Pero el Señor, que habita en las alturas y que mira a los humildes (Salmo 112:5-6) -y nada hay más humilde que la araña-, extiende Su providencia hasta ella y le envía cada día su poco alimento, haciendo que se acerquen a su refugio y caigan en sus redes los insectos que necesita para su sustento.
  48. Quizás alguien que es completamente esclavo de la glotonería diga que yo me alimento con muchas comidas y, como soy muy costoso, necesito involucrarme en las innumerables ocupaciones de la vida. Pero también él debe observar los grandes cetáceos del Atlántico, cómo son alimentados por Dios sin pasar nunca hambre; y cada uno de ellos consume tanta comida como una ciudad entera en un día. Porque la Escritura dice: «Todos esperan de Ti, para que les des su alimento a su tiempo» (Salmo 104:27). Entonces, Dios alimenta tanto al que come poco como al que come mucho. Así que, tú que tienes el vientre ancho y espacioso, escucha esto y de ahora en adelante confía completamente en Dios. Y sacude toda distracción mundana y las muchas preocupaciones de la mente y no seas más incrédulo, sino creyente (Juan 20:27).
  49. Si realmente queremos agradar a Dios y establecer la bendita amistad con Él, presentemos nuestro νούς nus (espíritu de la psique) desnudo ante Él, sin llevar con nosotros ninguna cosa de este mundo, ni arte, ni conocimiento, ni concepto, ni astucia, ni excusa, incluso si conocemos toda la sabiduría del mundo. Porque Dios rechaza a aquellos que se acercan a Él con arrogancia y gran opinión de sí mismos y se alimentan de vanagloria y están hinchados por ella. Algunos intérpretes correctamente dijeron que la vana arrogancia alimenta e hincha al hombre.
  50. ¿Cómo podremos vencer el pecado que nos ha sometido? Se necesita violencia. Porque como dice la Escritura: «El hombre con muchos esfuerzos y violencia rechaza su perdición» (Prov. 16, 26), luchando siempre por ascender hacia la santidad de sus pensamientos. No está prohibido por las leyes abolir la violencia con violencia. Así que, si aplicamos violencia, aunque sea muy débil, en nuestro esfuerzo, nos sentaremos en Jerusalén (Hechos 2, 2), es decir, en la oración continua y las demás virtudes, y esperaremos que nos llegue fuerza y energía del cielo. Esperaremos una violencia fuerte, y no débil como la nuestra, sino una violencia que no puede ser expresada con labios carnales, que vence con gran poder y derrota tanto las peores costumbres como la vileza de los demonios, así también vence la inclinación de nuestras psique-almas hacia lo peor y los movimientos impropios del cuerpo. Porque dice la Escritura: «Se oyó un sonido del cielo como un viento fuerte y violento», para domar la maldad, que siempre nos arrastra violentamente hacia lo peor.
  51. El enemigo, el diablo, acecha como un león en su guarida, y esconde para nuestro mal trampas y redes de pensamientos impuros y malvados. Pero nosotros, si no dormimos, también podemos tenderle trampas mayores y más terribles y redes y emboscadas. Porque la oración, los salmos, la vigilia, la humildad, el servicio al prójimo y la misericordia, la acción de gracias y la escucha de los logos divinos, se convierten en emboscada y trampa y foso y látigos y horca y redes para el enemigo.
  52. Después de haber avanzado mucho en edad, el divino David, agradeciendo a Dios quien lo eligió, dice al final de la doxología: «Ahora tu siervo ha encontrado la disposición del corazón para dirigirte esta oración» (2 Re 7, 27). Esto lo dijo para que aprendamos que necesitamos una gran lucha y mucho tiempo en las oraciones, para encontrar con esfuerzo el estado de mente completamente libre de molestias, que es otro cielo dentro de nuestro corazón donde habita Cristo, como dice el Apóstol: «¿O no saben que Jesús Cristo habita en ustedes?» (2 Cor. 13, 5).
  53. Si Cristo se convirtió en nuestra justicia y sabiduría enviada por Dios (1 Cor. 1, 30) etc., es evidente que también se convirtió en nuestro descanso y reposo. Porque dice: «Venid a mí todos los que estáis psíquicamente cargados y cansados, agotados y afligidos, agobiados y deprimidos por vuestros pecados, autoengaños, sufrimientos y perturbaciones y yo os daré psicoterapia, alivio y paz en vuestra psique-alma y os haré descansar psíquica y espiritualmente» (Mat. 11, 28). Bien se ha dicho que el sábado, es decir, el descanso, fue hecho para el hombre (Marcos 2, 27); porque sólo en Cristo encontrará descanso el género humano.
  54. Así como hay copa de caída y copa de ira (Is. 51, 17), también hay copa de enfermedad. Esta copa el Señor la toma de nosotros cuando llega el momento, y la entrega en manos de nuestros enemigos, de modo que ya no nosotros, sino los demonios caigan y enfermen.
  55. Así como para las cosas exteriores hay cambistas, tejedores, cazadores, guerreros, artesanos, así piensa también que para las interiores hay pensamientos jugadores, envenenadores, cazadores, piratas, profanadores, asesinos y otros; a los cuales debemos rechazar desde el principio con piadosa objeción y oración, especialmente a los profanadores, para que no contaminen el lugar santo y profanen al hombre de Dios.
  56. El Señor no se deja «robar» sólo con la lengua para salvar al hombre, como ocurrió con el ladrón en la cruz; también se deja «robar» con el pensamiento. Porque la mujer con flujo de sangre decía para sí: «Si tan solo toco el borde de Su manto, seré sanada» (Mat. 9, 21); asimismo, el siervo de Abraham rogó con su mente a Dios por Rebeca (Gén. 24, 12-28).
  57. Casi el mismo pecado empuja hacia Dios a quien se arrepiente y vuelve en la μετάνοια metania, cuando siente su hedor, peso y locura. A quien no quiere inclinarse a la metania, no lo empuja hacia Dios, sino que más bien lo retiene cerca de ella y lo ata firmemente con lazos irrompibles y los deseos que conducen a la perdición los hace más intensos y agudos.
  58. Cuídate de los filtros de Jezabel (2 Reyes 9, 22), de los cuales los principales son los conceptos, fantasías y pensamientos de orgullo, vanidad y vanagloria. Podrás vencerlos, con la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, si consideras tu psique-alma como insignificante y la humillas y te arrojas delante del Señor y Le llamas para que te ayude, y si conoces que los carismas o dones son celestiales. Por eso dice la Santa Escritura: «Nadie puede recibir nada si no le ha sido dado del cielo» (Juan 3, 27).
  59. Dice la ley: «Si han protestado contra él y no lo elimina, pagará» (Éx. 21, 36). A veces, en un banquete, surge el pensamiento vano y vanaglorioso queriendo decir algo fuera de lugar. Entonces los pensamientos angélicos protestan para que elimines al pensamiento o concepto charlatán y fuera de lugar. Si no lo eliminas con tu buen silencio, sino que, adormecido por el orgullo, le permites salir, entonces pagarás la deuda al ser entregado por el juicio divino a un gran pecado, o a grandes dolores corporales, o a serias disputas con los hermanos, o a ser castigado en el siglo venidero. Porque daremos cuenta incluso de un concepto o pensamiento vano y vanaglorioso, debido a la indisciplina de nuestra lengua. Por eso debemos guardar nuestra lengua con gran cuidado.
  60. Aquellos que son tentados por placeres hedonistas, ira, ambición, vanagloria y demás πάθος pazos pasiones, se dice que son quemados de día por el sol y de noche por la luna (Sal. 120, 6). Pide entonces a Dios que te cubra y te proteja con la fresca nube divina (la jaris), para escapar del calor abrasador de los enemigos.
  61. No des ánimo a los borrachos y glotones, ni a aquellos que quieren hablar desvergonzadamente, aunque hayan estado mucho tiempo en la vida monástica, para que no te cubra la podredumbre (Job 21, 26), como dice la Escritura, y no vayas junto con los impuros y los incircuncisos de corazón.
  62. Primero, Pedro toma en sus manos las llaves del reinado de la Realeza increada de los cielos (Mateo 16, 19), y luego se le permite caer en la negación (Mateo 26, 70), para que su orgullo se humille con la caída. Así que tú también, si recibes la llave de la gnosis divina (conocimiento espiritual) y sin embargo caes en varios pensamientos, conceptos y fantasías, no te extrañes. Alaba a nuestro Señor, el único sabio, que con diversas circunstancias pone un freno a la arrogancia que viene cuando progresamos en la gnosis-conocimiento de Dios. Porque las tentaciones son un freno a la arrogancia y presunción humana y son enviadas por la providencia de Dios.
  63. Si el Señor nos quita muchas veces las cosas buenas, como las riquezas de Job -«El Señor”, dijo, “me lo dio, y el Señor me lo quitó» (Job 1, 21)-, también quitará los males que nos ha traído el Eterno. Porque dice la Escritura: «Y las cosas buenas y las malas vienen del Señor» (Sab. Sirac 11, 14); y Aquel que nos dio las malas, nos dará la alegría y la doxa-gloria eterna. Porque el Señor dice: «Como me ocupaba de destruir y hacerles daño, así también los reconstruiré y no derribaré, plantaré y no desarraigaré» (Jeremías 38, 28; 24, 6). Por lo tanto, que calle el proverbio popular que dice: «A quien le van mal las cosas, no pueden irle bien». Porque el Señor que transformó las cosas para peor, ciertamente puede transformarlas de nuevo para mejor sin que lo esperemos.
  64. Aquel que ataca con fuerza y determinación a los demonios, ya sea con la continencia, la oración o cualquier virtud, recibirá de ellos golpes más fuertes como recompensa. Y esto hasta el punto de llegar a la desesperación, viendo su psique-alma condenada a la muerte espiritual, de modo que puede entonces decir: “En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana. ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?” (Rom7, 23-24). Porque me veo obligado, sin querer, a someterme a las leyes del adversario.
  65. No es casual que la Escritura mencione que algunos decían entre sí: «Levantémonos y vayamos contra un pueblo que confía en Dios y está tranquilo» (Jueces 18, 27), y: «Subamos y tratemos con ellos con lengua engañosa y arrastrémoslos desde la verdad hacia nuestro lado» (Isaías 7, 6). Porque los terribles demonios tienen la costumbre durante toda la vida de afilar las espadas de las tentaciones contra aquellos que han elegido la vida hisijástica (de quietud, tranquilidad y paz cordial y serenidad mental). Y atacan aún más a aquellos que tienen mayor fe en Dios, devoción y piedad, y con guerras insoportables los empujan a cometer el pecado en obra, para ver si pueden así apartarlos de la fe en Cristo, de la oración y de la buena esperanza, a los que han recibido la guerra de ellos. Pero nosotros no nos apartaremos de Ti, Señor, hasta que nos tengas misericordia, compasión y piedad de nosotros (Salmos 122, 2) y se aparten de nosotros aquellos que quieren devorarnos (Isaías 49, 19). No nos alejaremos de Ti hasta que ordenes que se aparten de nosotros los demonios que nos tientan y nos revivas con paciencia y firme απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos). Porque el período de prueba es la vida del hombre (Job 7, 1), y muchas veces, Dios, que ordena y premia las luchas, permite que estemos caídos por un tiempo bajo los pies de los enemigos. Pero el signo de una psique-alma grande y valiente es no desesperarse en las desdichas y desgracias.
  66. Si el demonio tiene tanta fuerza y poder que, incluso sin querer, cambia al hombre y lo lleva a su camino, sacándolo de su estado natural bueno, ¿cuánto más fuerza y poder tiene el Ángel cuando recibe la orden de Dios, para transformar toda la disposición y ánimo del hombre hacia lo mejor? Y si el frío viento del norte tiene tanta fuerza que puede transformar el agua, que es tan blanda, en hielo durísimo, ¿qué no puede hacer el cálido viento del sur? Y si el aire helado lo somete todo -porque ¿quién soportará el frío que congela? (Salmos 147, 6)-, por tanto, ¿cómo no transformará todo también el calor? Porque, ¿quién soportará el calor? (Sab Sirac 43, 3). Creemos, pues, que el carbón frío y negro de nuestra διάνοια diania (mente, intelecto, cerebro) tarde o temprano se volverá caliente y brillante por la influencia del fuego divino.
  67. Ahora también existe un estado de απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos) que constituye testimonio y señal para nuestro propio José que está oculto dentro de nosotros, es decir, nuestro νούς nus (espíritu de la psique). En este estado, νούς nus con la mente sale del Egipto de las pasiones; se aparta de las cargas apasionadas, pecadoras y de la esclavitud vergonzosa de las transferencias con el cesto y escucha una lengua que no había oído antes (Salmos 80, 6-7). Ya no escucha la lengua sucia e impura de los demonios que corrompe la mente, sino la lengua santa y luminosa de los Ángeles, quienes transforman el νούς nus con la mente de lo corporal y material, hacia lo incorpóreo e inmaterial. Esta lengua angelical ilumina la psique-alma que la recibe.
  68. He escuchado a algunos hermanos que enferman continuamente y no pueden mantener el ayuno y me dijeron: «¿Cómo podemos sin ayuno liberarnos del diablo y de los πάθος pazos (pasiones, emociones, padecimientos, etc.)?» A estos debemos decirles que, no sólo con la abstención de comida, sino también con el clamor del corazón podrán expulsar y desterrar tanto los males como aquellos que los infunden y los infligen. Porque dice la Escritura: «Clamaron al Señor en su angustia y los libró» (Salmos 106, 6), y nuevamente: «Desde el vientre del Hades clamé y escuchaste mi voz; que mi vida suba de la corrupción» (Jonás 2, 3-7). Por eso dice: «Hasta que pase la iniquidad -es decir, la molestia del pecado- clamaré al Dios Altísimo» (Salmos 56, 1-2), para que me haga el mayor favor y borre la influencia y estimulo del pecado con Su autoridad y elimine las imágenes de la mente apasionada. Si, por tanto, no has recibido el don o carisma de la continencia, templanza debes saber que el Señor te escuchará si le ruegas con oración y esperanza. Habiendo aprendido, pues, la decisión soberana, no te entristezcas ni te desanimes por la debilidad de la ascesis (práctica o ejercicio espiritual); es mejor trabajar para liberarte del enemigo con oración y paciencia agradecida. Si, por tanto, los pensamientos de la enfermedad y aflicción os expulsan de la ciudad del ayuno, vosotros id a otra (Mateo 10, 23), es decir, a la oración y la gratitud.
  69. Faraón dijo de forma suplicante: «Que Dios quite de mí esta muerte»; y fue escuchado (Éxodo 10, 17-19). De manera similar, los demonios rogaron al Señor que no los enviara al abismo y obtuvieron su petición (Lucas 8, 31-32). ¿Cuánto más será escuchado un hombre cristiano, que ruega ser liberado de la muerte espiritual?
  70. Aquel que por un tiempo es iluminado y se consuela por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada), y después de su retirada cae en vagabundeos y rodeos de su νούς nus (espíritu de la psique) con su mente y se queja por ello y no muestra valentía, para recuperar con fervorosa oración aquella certeza salvadora, sino que se resiente y se molesta, es como el pobre que recibió limosna del palacio y se molesta porque no se le permitió cenar con el rey.
  71. «Porque me has visto, has creído, a partir de ahora en los siglos de los siglos, bienaventurados y felices serán los que creen sin haberme visto. Así creerán las futuras generaciones de mi Iglesia» (Juan 20, 29). También son bienaventurados y felices aquellos que, debido a la disminución de la χάρις jaris (gracia, energía increada), no encuentran consuelo en sí mismos, sino que más bien ven la continuación de las aflicciones y una profunda oscuridad, y aún así no se desesperan; más bien, se fortalecen por su fe, como si vieran a Dios invisible, y soportan todo con valentía.
  72. La humildad que se concede por la divina χάρις jaris (gracia, energía increada) en el momento oportuno por el cielo, a aquellos que la buscan con muchos esfuerzos, lágrimas y pesares, es mucho más poderosa y mayor que la humildad que sigue a aquellos que han caído de la virtud. Aquellos que fueron dignos de adquirirla, son verdaderamente hombres perfectos, no afectados ni influenciados por el pecado.
  73. Cuando el diablo dejó al Señor en el desierto, vinieron ángeles y le sirvieron (Mateo 4, 11). Sepamos, entonces, que así como la Escritura no dice que cuando el Señor fue tentado los ángeles estaban presentes, así también en la hora de nuestra tentación, los ángeles de Dios retroceden por un momento, pero no se van lejos. Luego, después de la partida de los demonios, los ángeles vienen a nosotros y nos sirven con conceptos y pensamientos divinos, con iluminación, devoción, consuelo, paciencia, dulzura y con todo lo que salva y fortalece y trae de vuelta la psique-alma cansada a su primer estado. Porque se ha dicho a Natanael: «Verás a los ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre» (Juan 1, 52), es decir, se dará al género humano el servicio y la ayuda de los ángeles.
  74. Que te recuerdes siempre de aquel sumo sacerdote que el diablo se le puso delante para resistirle (Zacarías 3,1) en cada pensamiento, concepto, palabra, obra y logos virtuosos. Así, no te sorprendas por las cosas que te suceden.
  75. El cristiano y el monje deben conocer la enfermedad y la debilidad, según el Salmo: «Compadécete o ten misericordia de mí, porque soy débil y enfermo (espiritualmente)» (Salmo 6, 3), y que es el alejamiento o apostasía de Dios, lo cual es la enfermedad del diablo y de los demonios.
  76. Así como el fuego hace que el hierro sea tan fuerte que nadie pueda tocarlo, así las densas oraciones hacen que el νούς nus (espíritu de la psique) con su mente sea más resistente en la guerra del enemigo. Por eso, con toda su fuerza, intentan provocar en nosotros la pereza en nuestra persistencia en la oración, porque conocen que la oración es un gran enemigo para ellos, mientras que es un defensor del νούς nus (espíritu de la psique) con su mente.
  77. David aceptó la disposición de los habitantes de Sicelac que salieron a pelear con él contra los extranjeros de otras razas, aunque se cansaron en el arroyo de Basor (1 Re 30). Porque cuando regresó a ellos después de derrotar a los bárbaros, y escuchó a algunos decir que no deberían dar una parte del botín a aquellos que, por fatiga, se quedaron en el arroyo, y aunque ellos, avergonzados, no hablaban, entonces el bondadoso David los defendió diciendo que se quedaron y protegieron los bienes y los instrumentos o utensilios. Y por eso les dio una parte igual del botín, tanto a los guerreros valientes y entrenados como a aquellos que mostraron entusiasmo al principio, pero luego se debilitaron y se cansaron. Examina entonces si algún hermano que mostró fervor al principio, pero luego cedió y desfalleció, puede considerarse como instrumentos de salvación la fe, la metania y el arrepentimiento, la humildad, el llanto, la paciencia, la esperanza, la magnanimidad, etc. Si se queda guardando estos, aunque no haga nada más, y soporta solo con la esperanza en Cristo, naturalmente recibirá algún regalo celestial.
  78. A aquellos que se han dedicado por completo a Dios, tanto en la práctica como en la θεωρία zeoría contemplación se les llaman levitas y sacerdotes. Aquellos que no siguen de cerca los πάθος pazos, sino que anhelan la virtud y se esfuerzan y la desean en lo más posible, y aunque muchas veces fracasan porque han sido debilitados por el mal, se les llama «Bestias de los Levitas» (Números 3, 41-45). Es razonable que, en el momento adecuado, también reciban el don o carisma de la απάθεια apázia (impasibilidad, desapego, sin pazos) solo por la misericordia y filantropía de Dios. Porque el Señor escuchó el deseo de los necesitados (Salmo 9, 38).
  79. Las embestidas que el enemigo diablo inflige contra nosotros, ya sea de manera manifiesta o invisible, a menudo las entendemos y las vemos. Sin embargo, los sufrimientos y dolores que el enemigo experimenta y sufre por nuestra causa, ya sea porque a veces logramos virtudes, o nos arrepentimos de nuestros pecados, o tenemos paciencia y perseverancia en situaciones difíciles, o rezamos y realizamos acciones similares, por las cuales él aprieta los dientes y es castigado y llora y se golpea, todas estas cosas por una economía divina nosotros no las vemos, para no caer en la vanidad o la relajación y flojera. Porque la Escritura dice: «Es justo que Dios pague con angustia a los que os afligen» (1Tes 1,6)
  80. Si el tronco del árbol, que envejece en la tierra y en la roca, y al entrar de nuevo en contacto con el agua rebrota como un recién plantado (Job 14, 7-9), es razonable que nosotros, que nos levantamos del sueño con la fuerza del Espíritu Santo, volvamos a brotar en incorruptibilidad, la cual hemos recibido por naturaleza, y demos frutos para la cosecha como el recién plantado, incluso si hemos caído en el «hombre viejo».
  81. Para la psique-alma que desprecia a sí misma y se desespera por las tentaciones excesivas y el número de pecados, y dice: «Nuestra esperanza está perdida, estamos perdidos» (Ezequiel 37, 11), ha sido dicho por Dios, quien no se desespera por nuestra salvación: «Viviréis y sabréis que yo soy el Señor» (Ezequiel 37, 6). Para la psique-alma que está perpleja, preguntándose cómo, a través de grandes virtudes, puede dar a luz a Cristo, se ha dicho: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lucas 1, 35). Y donde está la presencia del Espíritu Santo, no busques la consistencia y la ley de la naturaleza y la costumbre. Porque el Adorable y Santo Espíritu, siendo omnipotente, crea lo que no existe para que te maravilles. Pero también ennoblece y hace vencedor al νούς nus (espíritu de la psique) que antes fue vencido; porque el Paráclito (Suplicante), que viene de lo alto hacia nosotros con misericordia y caridad, está por encima de todo (Juan 3, 31) y te eleva por encima de los movimientos naturales y los πάθος pazos demoníacos (padecimientos, pasiones, vicios etc.).
  82. Lucha por mantener tu luz de lo lógico de la psique incólume. Si comienzas a ver con hostilidad y pasión, el Señor te ha cegado y ha retirado de ti las riendas de la virtud (Isaías 30, 11), y has perdido la luz de tus ojos (Salmo 37, 11). Pero incluso si esto sucede, no abandones la lucha, ni te paralices, sino únete junto a David: «Envía tu luz y tu verdad a mí, Señor, que estoy abatido, porque tú eres mi salvación, oh Dios mío» (Salmo 42, 3-5); porque enviarás Tu Espíritu y renovarás y rejuvenecerás la faz de la tierra» (Salmo 103, 30).
  83. Bienaventurado aquel que comerá aquí día y noche insaciablemente y beberá oraciones y salmos y se fortalecerá con la gloriosa lectura de las Santas Escrituras. Porque estas cosas producirán en la psique-alma una alegría inagotable en el siglo futuro.
  84. Con toda tu fuerza y poder, preserva a ti mismo de no caer; porque la caída no es apropiada para el atleta fuerte. Pero si sucede que llegas a caer, salta y levántate de inmediato y regresa de nuevo a la buena lucha; y si caes muchas veces por el retiro de la χάρις jaris (gracia, energía increada), levántate tantas veces; y hazlo hasta tu muerte. Porque está escrito: «Si el justo cae siete veces, es decir, constantemente en toda su vida, se levantará siete veces» (Proverbios 24, 16). Por lo tanto, mientras sostienes el arma del sagrado esquema con lágrimas y súplicas a Dios, estarás considerado entre los que están de pie, aunque hayas caído muchas veces; mientras te mantienes entre los monjes, recibes y aceptas las heridas como un valiente soldado y serás más elogiado, porque cuando te golpeaban, no te dignaste a retroceder o escapar y huir de la guerra. Pero si te marchas de los monjes, entonces aceptas las heridas en la espalda como un desertor, cobarde, renegado y sin valor.
  85. Peor que pecar es desesperarse. Judas el traidor era pusilánime y no tenía experiencia en la guerra, y por eso se desesperó; el diablo se precipitó sobre él y lo indujo al ahorcamiento. Pero Pedro, la sólida roca, después de cometer un grave pecado, la negación de Cristo, como un experimentado guerrero, no se paralizó ni se desesperó por su dolor, sino que, levantándose, ofreció amargas lágrimas desde un corazón afligido y humilde. Y al ver esto, el enemigo, como si fuera quemado por fuertes llamas en la cara, huyó precipitadamente con terribles lamentos.
  86. Contra estas tres cosas antes mencionadas, el monje y también el cristiano ortodoxo debe librar una guerra oculta: contra la glotonería o gula, la gloria (vana) y el amor al dinero, avaricia, codicia que es idolatría (Colosenses 3, 5).
  87. Un rey israelita derrotó a la nación de los trogloditas y a otros bárbaros con salmos, himnos, y odas espirituales, es decir, con los logos y los instrumentos de David. También tú tienes trogloditas bárbaros, los demonios que entran en tus sentidos y miembros del cuerpo, quemando tu carne y haciéndote ver, oír, y oler con pasión y placer hedónista, y decir palabras indecentes, y tener ojos llenos de adulterio, y estar perturbado interna y externamente, igual que el país de Babilonia. Por lo tanto, también tú, con gran fe y con salmos, himnos y cánticos espirituales (Efesios 5:19), debes destruir por completo a esos trogloditas que te empujan hacia los males.
  88. Así como el hombre desea ser salvado a través de otro hombre, también Satanás se apresura a castigar al ser humano a través de otro hombre. Por eso, uno no debe adherirse a alguien que desprecia las realidades divinas y es malvado y no guarda su lengua, para no ir con él al infierno. Porque incluso si alguien se relaciona con una persona justa, puede ser salvado. Porque aunque uno se relaciona con un malvado sin cuidado, es como si hubiera contraído lepra y será llevado al naufragio. Y ¿quién entonces tendrá misericordia y piedad de aquel que se acerca felizmente a la serpiente? Por lo tanto, debes evitar a aquellos que son descuidados en su lengua, contenciosos, conflictivos y están perturbados interna y externamente.
  89. ¿Quién es sabio y prudente y desea ser llamado amigo de Dios, para que se esfuerce con todas sus fuerzas en presentar su psique-alma al Señor tal como la recibió de Él, pura, sin mancha y completamente irreprochable, y por eso sea coronado en los cielos y alabado como bienaventurado y feliz por los ángeles?
  90. Una buena palabra, en un momento, convirtió al ladrón antes impío en puro y santo y lo llevó al Paraíso (Lucas 23:42-43). Y una palabra impropia cerró a Moisés la tierra prometida (Números 20:12). Por lo tanto, no debemos considerar el chismorreo y la charlatanería como una enfermedad menor; porque los chismosos y charlatanes excluyen a sí mismos del reinado de la Realeza increada de los Cielos. El hombre que tiene una mala lengua, aunque pueda prosperar en esta vida, no prosperará allí, sino que tropezará y será cazado como coto de caza por las malas represalias y será destruido (Salmos 139:12). Alguien sabio dijo correctamente que es mejor caer de una gran altura al suelo que caer por la lengua (Sirácides 20:18). Por lo tanto, debemos creer al Apóstol Santiago, que escribe: «Que todo hombre sea pronto para escuchar, lento para hablar» (Santiago 1:19).
  91. Para que nuestro νούς nus (espíritu de la psique) con la mente no se eleve y flote y nuestros sentidos o percepciones sensibles nos engañen con vanidad, es bueno prestar atención a aquel que dice: «Anda, pueblo mío, entra en los escondrijos de tu corazón, en el lugar oculto de todo sentido, el escondrijo que no tiene formas de cosas sensibles, que es iluminado por la απάθεια apázia (impasibilidad, despego sin pazos) y la divina χάρις jaris (gracia, energía increada); cierra la puerta a lo visible, ocúltate un poco, porque corta es toda vida humana». Luego dice: «Hasta que pase la ira del Señor» (Isaías 26:20). Como decía otro: «Hasta que pase la iniquidad» (Salmos 56:2). Porque «la ira del Señor» y «la iniquidad» parecen ser los demonios y los pazos y los pecados, como dice Isaías a Dios: «He aquí, te has enojado y hemos pecado» (Isaías 64:5). El hombre evita esta ira cuando constantemente presta atención a su corazón con oración y se esfuerza por entrar en los santuarios de su interior. Porque la Escritura dice: «Saca la sabiduría de lo más profundo del corazón» (Job 28:18), porque «toda la gloria de la hija del rey está dentro de ella» (Salmos 44:14); y trabajo «hasta que entre en el santuario de Dios y en la montaña que ha dado herencia, en la morada preparada, que tú, Señor, construiste, en el lugar santo, que Tus manos prepararon» (Éxodo 15:17).
  92. Aquel que realmente quiere renunciar al mundo, que imite al bienaventurado profeta Eliseo que no tomó nada consigo mismo (3 Reyes 19:20), debido a su gran y ardiente agapi-amor por Dios. Por lo tanto, después de haber distribuido todas sus posesiones a los necesitados y levantado la cruz del Señor, que se apresure a ir hacia Él con su consentimiento a la muerte o mortificación voluntaria, que se convierte en el preludio del reinado de la Realeza eterna.
  93. Cuando te des cuenta de que el Amoreo es fuerte dentro de ti como un roble (Amós 2:9), entonces ruega con insistencia al Señor para que seque el fruto del árbol, es decir, el pecado práctico, en praxis, y las raíces debajo, es decir, los pensamientos sucios e impuros, y el Señor eliminará al Amoreo de tu presencia.
  94. No debes sorprenderte cuando ves que los que no pueden estar en ησυχία hisijía (serenidad mental y paz cordial) nos molestan; es mejor orar por ellos, pero sin resentir. Y enfrentarse a ellos con una sumisión más fuerte a Dios y decir en voz alta: «Somete mi psique-alma a Dios (Salmos 61:6); en lugar de que me amen, me calumniaban; pero yo oraba (Salmos 108:4) por mi propia “psico-terapia”, sanación y la de ellos».
  95. Si no sopla un fuerte viento en el mar, no se levantan las olas; y si un demonio no viene a nosotros, la psique-alma no se perturba por los pazos, ni el cuerpo.
  96. Siempre que te calientes con la oración y la divina χάρις Jaris (gracia, energía increada), ya que te has vestido con las armas de la luz(Rom 13, 12):, dice la Sagrada Escritura para ti, «Tu vestidura está caliente» (Job 37, 17). Mientras que tus enemigos visten como un manto ancho la vergüenza (Salmo 108, 29) y la oscuridad del tártaro, abismo.
  97. Cuando recuerdes tus pecados, no dudes en golpear tu pecho, para que con estas heridas rompas el corazón embotado y endurecido y encuentres la mina del oro de la metania arrepentimiento y confesión (Lucas 18, 13); y te regocijarás en exceso por la riqueza oculta.
  98. Que siempre arda en el altar de tu psique-alma el fuego de las oraciones que conducen al estudio santo y superior de los logos (principios espirituales) del EspírituSanto.
  99. Si siempre te aseguras de llevar calzados en tus pies para estar preparado para el evangelio de la paz (Efesios 6, 15), ciertamente construirás también tu propia casa y la casa de tu prójimo. Pero si descuidas esto, serás escupido en secreto y de acuerdo con la ley heredarás el nombre de aquel a quien descalzaste (Deuteronomio 25, 9-10).
  100. Si, como dice Juan, Dios es αγάπη agapi (amor incondicional, desinteresado, altruista), y quien ama, permanece en Dios, y Dios en él (Juan 4, 16), entonces aquel que odia a su prójimo, al separarse de la agapi-amor, está evidentemente inmerso en el odio, rencor y resentimiento. Por lo tanto, el que odia a su semejante está separado de Dios, ya que Dios es agapi-amor y quien permanece en la agapi-amor permanece en Dios y Dios en él. A Él sea la doxa-gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

  1. b) Logos ascético y consolador complementario de los cien capítulos.

Nunca quieras estar por encima del monje, bendice al laico que tiene esposa e hijos y se regocija porque beneficia a muchos y dispersa abundantemente la misericordia y la caridad y no es en absoluto molestado por los demonios, y pienses que eres inferior a él en agradar a Dios. Tampoco te repruebes a ti mismo, como si supuestamente o aparentemente caminas para la perdición.

No digo que vivas impecablemente al permanecer entre los monjes, pero incluso si eres muy pecador, la aflicción de tu psique-alma y la tribulación son más valiosas para Dios que la virtud excesiva del laico. Tu gran dolor y sufrimiento, tu desaliento, tus gemidos, tu angustia psíquica, tus lágrimas, el tormento de tu conciencia, el desconcierto de tu pensamiento, la condena de tu mente, el llanto, el lamento de tu nus-espíritu, los gritos de tu corazón, la contrición, la fatiga, la desesperación, el desprecio, todos estos y similares, que a menudo les suceden a aquellos que se entregan al horno de hierro de las tentaciones, son infinitamente más preciosos y bienvenidos que el contento del mundano o laico.

Así que ten cuidado de no caer en la condenación por tu cuenta de la que habla la Sagrada Escritura: «¿Qué beneficio hemos obtenido al ir como suplicantes al Señor y al quedarnos siempre en Su templo?» (Malaquías 3,14). Es evidente que todo siervo que permanece cerca de su Señor a veces sufre azotes, golpes y acusaciones e insultos. Pero los que están fuera, por supuesto, evitan los golpes, como si fueran siervos extranjeros que no importan. «¿Qué beneficio obtenemos entonces?», dicen, «nosotros que sufrimos aflicciones en la psique-almay en el cuerpo, que siempre oramos y cantamos himnos? ¿Y los laicos o mundanos que ni rezan ni velan, se alegran y se regocijan y progresan y pasan con alegría y felicidad?» Y como dice el profeta: «Miren, se están construyendo casas ajenas, y nosotros deseamos lo mejor a los demás.» Y agrega: «Esto lo dicen los siervos de Dios, que tienen gnosis (conocimiento espiritual)» (Malaquías 3, 15-16). Pero deben saber (los monjes) que no sufren nada extraño al afligirse y probar varias tristezas tribulaciones soportando los padecimientos del Señor, que dice en el Evangelio: «Les aseguro que llorarán y se lamentarán ustedes que están cerca de mí, mientras que el mundo se alegrará. Pero esperen un poco más y os visitaré a través del Paráclito, Consolador, quitaré vuestra tristeza y os traeré a mí con pensamientos y conceptos de vida celestial y descanso y con lágrimas dulces, que han sido privados durante unos días debido a las tentaciones. Y os daré el pecho de mi χάρις jaris (gracia, energía increada), como la madre al niño que llora, y os fortaleceré con fuerza y energía celestial, a ustedes que se han debilitado por la guerra que han sufrido; y aliviaré y endulzaré a ustedes que han sido amargados, como dice Jeremías en las Lamentaciones por «Jerusalén que está en tu interior»; y os veré y se alegrará vuestro corazón con mi visita secreta, y su tristeza se transformará en alegría; y esta alegría nadie podrá quitarla de ustedes» (Juan 16,20-22).

Por lo tanto, no seamos miopes y ciegos y consideremos a los laicos más afortunados que nosotros; pero sabiendo la diferencia entre los hijos legítimos y los bastardos, prefiramos la miseria aparente de los monjes y su terrible aflicción, que termina en vida eterna y en la corona imperecedera de la doxa-gloria increada del Señor (1 Pedro 5,4). Prefiramos, pues, la tribulación de los ascetas que son considerados pecadores, – más correcto, diría justos-, y el estar colgados en la casa de Dios, es decir, en la clase o al batallón de aquellos que trabajan incesantemente en Cristo, en lugar de habitar en las moradas de los pecadores (Salmo 83,11) o relacionarnos con los mundanos, incluso si tienen grandes virtudes.

Te dice, oh monje, tu Padre celestial que te ama profundamente y te entristece y te aflige con diversas tentaciones: “Debes saber bien, pobre monje, que como he dicho por boca del profeta, me convertiré en tu instructor, te encontraré en el camino hacia Egipto y te estaré probando constantemente con aflicciones y tribulaciones. Los caminos inicuos y perversos te los cerraré con las espinas (Oseas 2,8) de mi providencia, es decir, te heriré con inesperadas desgracias, para impedirte hacer las cosas y obras que piensas con tu corazón necio. Y cerraré el mar de tus πάθος pazos con las puertas de mis compasiones (Job 38,8). Y estaré frente a ti como un leopardo que te devora con pensamientos y conceptos de auto-reproche y auto-condena y μετάνοια metania (introspección arrepentimiento y confesión) al hacerte consciente de tus pecados que ignoras. Todas estas cosas tristes son una gran jaris gracia de Dios. Y no solo como un leopardo, sino también como un aguijón (Oseas 13,7) seré, y te heriré con pensamientos de compunción, pinzamiento del corazón y angustias cardíacas, y no faltará dolor y tristeza en tu hogar”, es decir, la psique-alma y el cuerpo que serán bien trabajados y beneficiosamente educados por las dulces y melosas instrucciones de Dios. Pero el fin de los castigos y dolores y turbulencias y vergüenzas y temores y desesperaciones que usualmente ocurren a los ascetas, de todas estas sombrías cosas el fin es la alegría celestial y el gozo y deleite inefable y la doxa-gloria inimaginable y la incesante felicidad. “Por eso”, dice, “te afligí, para alimentarte con el maná de la gnosis (conocimiento espiritual; y te permití pasar hambre para beneficiarte al final y para introducirte en la realeza celestial”. Entonces los humildes monjes saltarán de alegría como los terneros cuando son liberados de sus ataduras, es decir, los padecimientos pazos carnales y tentaciones de los enemigos; y entonces pisotearéis a los demonios inicuos e ilegales que ahora os pisotean; y se convertirán en cenizas bajo vuestros pies (Malaquías 4,2-3).

Si eres, oh monje, piadoso y humilde y no te hinches de vanagloria y arrogancia, ni seas obstinado, sino que tengas katánixis (compunción, dilatación) en tu corazón y te consideres un siervo inútil (Lucas 17,10 Isaías 43,25). Cuanto más lejos esté el este del oeste, más alejados estarán tus pecados de ti, “y seré compasivo contigo, como un padre es compasivo con sus hijos’ (Salmo 102,12-13). Tú lo único que tienes que hacer es no alejarte ni huir de Aquel que te eligió para salmodiar y orar, sino aférrate a Él toda tu vida, ya sea con el coraje de la pureza, ya sea con una reverencia piadosa y la confesión firme y continua. Y Él te hará la catarsis y te purificará con su aliento. Y tendrás una humildad en tu espíritu; si tienes tal humildad y contrición, entonces tu error es mejor que la virtud de los mundanos. Y tus manchas son preferibles a la gran catarsis de los mundanos. ¿Qué es eso por lo que te afliges? De todos modos, alguna mancha te ha ocurrido. Pero mira; cuando alguien ensucia sus manos con alquitrán, se limpia con un poco de aceite. Mucho más tú puedes limpiarte con la misericordia de Dios. Así como no es difícil lavar tu ropa, mucho menos es difícil para el Señor limpiarte de cualquier mancha, incluso si todos los días, como es natural, sufres tentaciones. Porque cuando dices: “He pecado contra el Señor”, la respuesta es: “Tus pecados están perdonados; Yo soy quien los borra y no los recordaré”.

Lo que Dios limpia con Su voluntad, ni siquiera el gran apóstol Pedro puede volver impuro o condenar; porque se le dijo: “Lo que Dios ha limpiado, no lo consideres tú impuro” (Hechos 10,15). ¿No es Dios quien nos justifica por su propia misericordia y filantropía? ¿Quién nos condenará? (Rom 8,34); Porque cuando invocamos el nombre de nuestro Señor Jesús Cristo, nuestra conciencia se limpia fácilmente y nada nos diferencia de los profetas y los demás santos. Dios no nos destinó a su ira, sino a la salvación a través de nuestro Señor Jesús Cristo, quien murió por nosotros; de modo que ya sea que estemos despiertos en virtudes o suceda que durmamos, como es probable, por algunas imperfecciones, vivamos junto con Cristo, mirándolo siempre con grandes gemidos y lamentaciones incesantes y respirándolo. Así que vistámonos con la fe como armadura y llevemos como yelmo la esperanza de la salvación (1 Tes 5, 8-10), para que las flechas de la desesperación y el agobio no puedan penetrar en nuestro interior.

Pero tú mismo dices: «Me enojo y me indigno cuando veo a los mundanos que no se preocupan por nada». Pero debes saber, querido, que Satanás no necesita molestar a aquellos que se molestan por sí mismos y siempre están arrastrándose por la tierra con asuntos mundanos. También debes saber esto: que los premios y las coronas están destinados para aquellos que son tentados, y no para aquellos que no cuidan de Dios, ni para los mundanos que están acostados y roncando. «Pero yo, me dices, me preocupo demasiado y mis riñones están llenos de dolor (Salmo 37,8), como dice el profeta, y es una fatiga y una quebradura completa, y no hay terapia en mi cuerpo y cuidado en mis huesos» (Proverbios 3,8). Pero el Gran Médico y Psicoterapeuta de los enfermos está cerca, Él que levantó nuestras debilidades y que con Su herida nos psicoterapió y curó (Isaías 53,3) y nos psicoterapia y cura; está cerca ahora, aplicando los remedios y fármacos salvadores. Porque el Señor dice: «Yo he golpeado y yo también sanaré» (Deut 32,39). Así que no temas; cuando haya pasado mi gran ira, nuevamente sanaré (Isaías 7,4). Y como una mujer no olvida compadecerse de sus hijos, así yo tampoco te olvidaré (Isaías 49,15).

Y si el ave compadece a sus crías y las visita constantemente y les grita y les da alimento en el pico, mucho más mis misericordias y caridades se extienden sobre Mis criaturas, y aún más se extienden Mis entrañas sobre ti y te visito en secreto y te hablo intelectualmente y espiritualmente y te doy alimento en tu διάνοια diania (mente, intelecto) que está abierta como una golondrinilla. Te doy alimento del temor divino y alimento del anhelo celestial y alimento de gemidos de consuelo y alimento de katánixis (compunción, dilatación del corazón) y alimento de melodía y alimento de gnosis (conocimiento espiritual) más profundo y alimento de algunos misterios divinos. Si te estoy mintiendo, yo, el Señor y tu Padre, revísame, repréndeme y lo aceptaré». De esta manera, el Señor siempre habla mentalmente y espiritualmente con nosotros.

Sin embargo, yo sé que me he excedido y os he escrito mucho; pero ustedes me instaron a hacerlo. Alargué mi logos escrito para apoyar a aquellos que corren el riesgo de caer debido a la negligencia. Porque como me habéis escrito, se encontraron entre ustedes en la India algunos hermanos que estaban agotados por tentaciones excesivas e inesperadas y se están retirando de la vida y práctica monástica, diciendo que es opresiva y tiene innumerables peligros. Y abiertamente favorecieron a los mundanos, mientras que culparon el día en que tomaron el hábito. Por eso me vi obligado a extender el logos escrito y a usar palabras simples para que incluso el simple e iletrado pueda entender lo que se escribe. Por eso escribí muchas cosas, para que de ahora en adelante ningún monje tenga la suerte con los mundanos, sino solo consigo mismo; porque ellos, sin objeción, son superiores y más brillantes y más gloriosos que los reyes que llevan coronas, porque siempre están sentados cerca de Dios. Y yo que escribí estas cosas, os ruego a vuestro amor que siempre me recuerden en sus oraciones, para que reciba la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Señor y termine esta vida con un buen final. Y el Padre de las misericordias y caridades y el Dios de toda consolación (2Cor 1,3) que les regale consolación eterna y una buena esperanza a través de nuestro Señor Jesús Cristo, a quien pertenece la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por: χΧ jJ  www.logosortodoxo.com 08/06/2024

 

 

 

 

 

 

 

 

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