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feb 08 2014

¿Qué significa renovación de la Iglesia?

 

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1. Demanda de los tiempos

El logos sobre renovación “dentro de la Iglesia ha llegado al colmo los últimos años. En los rápidos avances de nuestra época, uno ve también la Iglesia como un espacio cósmico, mundano (un equipo u organización social). Desde la época de la segunda reunión Vaticana (1962-65), el término “Aggiornamiento” (modernización o actualización) se ha hecho el mensaje más repetido y acostumbrado dentro de la vida del cristianismo occidental.

Es realmente verdad, que muchos de nuestros métodos tradicionales, parecen incapaces de dar los frutos renovados. Así que se crea la impresión de que necesitamos una renovación profunda de la “Iglesia”, para que tengamos algún éxito en nuestra obra. Debemos pues contestar a las siguientes preguntas fundamentales:

α) ¿Qué es esto que puede cambiar dentro de la Iglesia?

β) ¿Cómo se entiende teológicamente la renovación?

c) ¿Qué se puede considerar como proceso renovador auténtico?

 

2. Iglesia y renovación

Es conocido que la Iglesia no se puede definir con exactitud absoluta. Pero sabemos, que no es una magnitud mundana (organización social), sino realidad teantrópina (divino-humana), y es posible conocerse por el hombre sólo por experiencia, empíricamente, existencialmente y con la jaris (gracia, energía increada) de Dios y la participación en su vida. La Iglesia es misterio, vida santo-trinitaria y comunión dentro del mundo. Su principio se encuentra “antes de los siglos”, en la eterna voluntad de Dios.

Pero la Iglesia fue sembrada al mundo (san Irineo), para que el cosmos-mundo vaya sanándose y salvándose dentro de ella. Vive pues en el mundo como una realidad concreta teantrópina (divino-humana), y se realiza en el tiempo y el espacio, aquí y ahora. Sana y salva al cosmos-mundo no con medios cósmicos-mundanos, sino con la divina Jaris (energía increada) que contiene. La única manera con la que la Iglesia puede ayudar al cosmos-mundo, es la toma por parte ella del mundo alrededor y la incorporación de éste a Cristo, la Cabeza de la Iglesia. Porque sólo participando en la vida de Cristo, podemos sanarnos, salvarnos y librarnos de la muerte. Σωτηρία (sotiría, sanación y salvación) es la misma incorporación a la Iglesia, la eclesiación (hacerse miembro de la Iglesia) no la clericación (hacerse clérigo), es decir, la “cristificación del mundo.

Por lo tanto, en la Iglesia coexisten dos elementos: Lo increado y lo creado, lo intemporal y lo temporal, lo divino y lo humano. Lo primero es lo que sana, salva y santifica y lo segundo es lo que es sanado, salvado y santificado. Naturalmente el elemento divino es inalterable. Si esto debiera estar cambiando, entonces el mundo de cada época no tendría la misma posibilidad, poder y certeza de sanación y salvación. Pero como el elemento humano en la Iglesia no se sana y salva inconscientemente ni mágicamente, sino concienzudamente y con su “sinergia, cooperación”, entonces uno puede hablar de continua renovación, pero no de “la Iglesia”, sino de los que están en la “Iglesia”, es decir, de la vida de los creyentes, del elemento humano de la Iglesia. (Sinergia, la energía de la voluntad humana colaborando con la energía increada de la voluntad divina).

Esto ocurre, porque la Iglesia tiene dos lados. Uno es “la Iglesia de Dios” pero que se constituye también de humanos, y sobre todo de personas fácilmente vulnerables por el pecado. Vive dentro en el espacio y el tiempo, y no consiste sólo una realidad divina, sino también una magnitud histórica, y así, mientras está dentro en el mundo, nunca llega a la perfección de “la realeza increada de los cielos”, sino que permanece como “lazo de la herencia futura, el principio de los bienes eternos” (Divina Liturgia de san Basilio).

Pero la Ortodoxia no habla de renovación de la misma Iglesia y su vida, porque la Iglesia permanece siempre nueva “en Cristo” y la vida de la Iglesia es la misma vida de Cristo (Cristovida). Lo que existe auténticamente dentro de la Iglesia, vive en Cristo, por lo tanto es “nueva creación”, que no necesita ninguna renovación, (Efesios 5,27). Aquello que nos hace viejos, antiguos es el pecado, porque nos conduce a la corrupción de la muerte. Entonces, renovación en sentido y concepto cristiano ortodoxo significa nuestra continua liberación de la tiranía del pecado. Como dentro de la Iglesia esta posibilidad y poder se ofrece continuamente, con la lucha espiritual y con los santos Misterios y con la jaris increada y divina que opera mediante ellos, entonces el pecado que es la fuente de nuestra corrupción y envejecimiento, no es sino un simple acontecimiento de terapia sanable y que cada momento de nuestra vida se puede superar. Esto significan las palabras del Apóstol Pablo:”Renovaos en el espíritu de vuestro corazón y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios, en justicia y santidad de la verdad” (Ef 4,23-24).

Υ aquí debo recordar que también la herejía es pecado. Este retorno es un procedimiento que ocurre constantemente dentro de la Iglesia, y lo podemos llamar “proceso renovador”. Por lo tanto, la renovación implica reencuentro constante con Cristo, fuente de nuestra vida nueva. Nuevo es aquello que permanece fijo, estable a Cristo (2ªCor 5,17 y Ef 4,22). Para que uno sea “creación nueva” significa que existe en Cristo y está viviendo en Él.

Bajo esta condición, mientras uno “está en Cristo”, es “hombre nuevo” y no necesita ninguna renovación. Por lo tanto, como somos elemento humano de Cristo, lo único que necesitamos todos en nuestras vidas, es un constante retorno a la verdad de Cristo, de la que nos alejamos con cada tipo de pecado.

Por lo tanto, existe diferencia esencial sobre la manera que el mundo utiliza y entiende el término “renovación”. Para el mundo lo “nuevo” es categoría del tiempo. Pero para la Iglesia es categoría cualitativa y espiritual. En la “semántica” del mundo lo “nuevo” tiene un significado relativo. Cada vez toma el lugar de un otro, y este por orden será sustituido por otro, porque nada en este mundo puede escapar de la ley del envejecimiento. Pero en la Iglesia hablamos sobre el “eterno nuevo”, y esto es el Cristo, el siempre “Hombre nuevo”, el nuevo Adán. El Cristo no envejece nunca, porque es lo “nuevo” por sí mismo, es lo que necesitaba el mundo para redimir, el absoluto “nuevo”, porque está completamente libre de pecado. Por lo tanto, lo que vive en Cristo, es también nuevo. Entonces, la auténtica renovación, tal como la entiende la Iglesia, no es reemplazar el viejo con algo nuevo, sino la permanencia en Cristo, la continuada e incesante existencia dentro de la verdad de Cristo Dios, es el hombre deificado por la jaris la energía increada.

(Απόσπασμα από το βιβλίο: «Η ΕΚΚΛΗΣΙΑ ΜΕΣΑ ΣΤΟΝ ΚΟΣΜΟ», Έκδοση της «Αποστολικής Διακονίας της Εκκλησίας της Ελλάδος» Fragmento del libro” “La iglesia dentro en el mundo”, Editado por: “Diaconía Apostólica de la Iglesia de Grecia”

Protopresbítero  Geor. Metalinós catedrático de la Universidad de Atenas

Traductor: xX.jJ

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