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jul 07 2013

¿Qué es el Espíritu Santo, y qué da al hombre?

 

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El soplo o aliento del santo Espíritu 

El Espíritu Santo es el Dios, la tercera persona de la Santa Trinidad, omnipotente como el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo da la psique, vivifica, inspira y fortalece las criaturas. Éste da vida a los animales, nus (espíritu humano) a los hombres y a los cristianos la vida superior, la espiritual. Éste ilumina al hombre y le ayuda a entrar en la realeza increada de los cielos.

El Espíritu Santo se da a cada uno de nosotros no según el valor de las buenas obras, sino gratis, de acuerdo con la misericordia de Dios para la sanación y salvación nuestra.

A continuación veremos qué regala al hombre el Espíritu Santo.

1. Cuando el Espíritu Santo habite dentro del hombre, le da fe e iluminación. Sin el Espíritu Santo nadie puede tener una fe verdadera y viva. Sin Su iluminación, hasta el hombre más sabio y con estudios está ciego, sobre las obras de Dios y Su creación. Al contrario, el Espíritu Santo puede iluminar interiormente hasta el hombre más analfabeto y simple, apocalipatarle=revelarle inmediatamente las obras de Dios y ofrecerle el sabor dulce de Su realeza (estado en energía increada). El hombre que tiene en su interior el Espíritu Santo, siente en su psique una luz inusual (increada) que era totalmente desconocida para él.

2. El Espíritu Santo genera al corazón del hombre la verdadera agapi. La verdadera agapi, la increada, es como un fuego puro, una fuente de calor que calienta el corazón. Es una raíz que germina dentro del corazón todas las obras buenas. Para el hombre que se ha vivificado de la verdadera agapi (amor energía increada), la divina, nada es difícil, nada es terrible o imposible. Para éste ninguna ley es pesada y ningún mandamiento inaplicable. Todo le es fácil.

La fe y la agapi increada que el Espíritu Santo regala al hombre, son armas tan grandes y potentes que regala en sus manos, que si las tiene, puede fácilmente recorrer con alegría y serenidad el camino que ha andado el Cristo.

3. El Espíritu Santo incluso da fuerza al hombre para resistir las tentaciones del mundo. Así, por supuesto que utiliza los bienes terrenales, pero como viajante de paso, sin pegar su corazón en ellas. Al contrario el hombre que no tiene en su interior el Espíritu Santo por muchos estudios e inteligencia que tenga, permanece siempre esclavo y cautivo del mundo.

4. El Espíritu Santo da al hombre también sofía-sabiduría. Esto lo vemos sobre todo en los Apóstoles, que antes de recibir el Espíritu Santo eran hombres analfabetos y simples, pero después nadie podía resistirlos sobre la sabiduría y la fuerza de sus logos.

El Espíritu Santo regala sabiduría hombre no sólo en las palabras, sino también en sus praxis. Así, por ejemplo, aquel que tiene el Espíritu en su interior, siempre encontrará tiempo para sus sanación y salvación, incluso hasta dentro del ruido del mundo.

5. El Espíritu Santo regala la verdadera alegría, la felicidad del corazón y la paz inquebrantable. El hombre que no tiene en su interior el Espíritu Santo, no puede alegrarse verdaderamente y sentir la paz que endulza la psique. Es verdad que a veces de alguna manera se alegra, pero esta alegría es momentánea, no estable. Ocasionalmente se divierte, pero estas diversiones suyas, son siempre vanas, vacías, sin sabor y sentido y después le domina una tristeza aún mayor. De vez en cuando está sereno, pero esta serenidad no es una paz espiritual de la psique sino un letargo. Y ¡ay de aquel que no intenta y no quiere despertar de este letargo!

6. El Espíritu santo da también la verdadera humildad. El hombre, aún hasta el más gnóstico, no puede conocerse a sí mismo, si en su interior no tiene el Espíritu Santo. Porque sin la divina ayuda no puede ver el estado real de su psique. ¡Si es honesto y hace algún bien a sus semejantes, cree que es justo o en comparación con los demás se cree que es perfecto y no necesita nada más!

El Espíritu Santo cuando habite en nuestro interior, nos apocalipta=revela toda nuestra pobreza y debilidad. Y entre nuestras virtudes, proyecta todos nuestros pecados, nuestra negligencia y nuestra indiferencia para la sanación y salvación de los demás, aún nuestro interés propio aún hasta allí donde parecemos magnánimos, nuestra gruesa egolatría hasta el punto que jamás lo imaginaríamos. El Espíritu Santo en frases cortas y pocas palabras nos lo muestra todo, tal como realmente son. Entonces empezamos a adquirir la verdadera humildad y empezamos a perder la confianza en nuestras fuerzas y virtudes. Entonces empezamos a considerarnos los peores de todos los demás humanos. Así con humildad ante el Jesús Cristo, empezamos la metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión) de verdad y tener esperanza sólo en Aquel.

7. El Espíritu Santo finalmente nos enseña la verdadera oración. Realmente nadie puede hacer oración agradable a Dios sin antes recibir el Espíritu Santo. Porque si empieza a orar sin tener a su interior el Espíritu Santo, verá que su mente y nus no se pueden concentrar. Además, no conoce, cómo es debido, ni así mismo, ni sus necesidades, tampoco cómo y qué va a pedir de Dios. Más bien no sabe ni lo qué es el Dios. Pero el que tiene en su interior el Espíritu Santo, conoce a Dios, ve que Él es su Padre y sabe cómo acercarse a Él, cómo va a rogarle y qué Le pedirá. Sus pensamientos en la oración están bien ordenados, claros y atentos sólo al Señor. Un hombre así puede con su oración conseguirlo todo, incluso mover montañas.

He aquí, pues, lo qué regala el Espíritu Santo en aquel que Lo ha recibido. Veis que sin la ayuda y la sinergia del Espíritu Santo, es imposible no sólo para entrar en la realeza (estado en energía increada) increada celeste, sino no podemos hacer ni un paso hacia el camino que conduce allí. Por eso es imprescindible que anhelemos y pidamos el Espíritu Santo; es imprescindible adquirirlo y tenerlo siempre en nuestro interior, tal y como Lo tenían los apóstoles.

San Inocencio de Moscú

Fuente: http://agathan.wordpress.com

Traducido por: χΧ jJ

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