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sep 18 2013

Los misterios de la Iglesia y la importancia de ellos para el hombre contemporáneo

Misterios

LA IGLESIA SE DEFINE POR SUS MISTERIOS

*Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento), al final está puesta la traducción del término del Gran Léxico, autor y traductor χΧ jJ.

A través de la Iglesia las fuentes espirituales de la jaris (gracia, energía increada) de Dios mediante los siete misterios principales emanan no sólo a la humanidad sino a toda la creación, con el propósito de la redención del hombre y la realización del destino o fin natural de todo ser creado. Decimos “mediante los siete misterios principales”, porque la Iglesia a través de los santos Padres y la Παράδοσις Sucesión o Entrega apostólica, nunca ha negado que misterio es toda la vida eclesiástica y en jaris, de los fieles que hacen vida ascética y en metania, mas la iluminación y resplandecimiento de la divina e increada luz. Incluso misterios son: La separación de la psique y del cuerpo al momento de la muerte, la vida interminable de los que se van de esta vida, el efecto de la energía en la psique de los dormidos (muertos) a través de la memoria a ellos y el discernimiento provisional de la Iglesia: luchadora y militante en la tierra y triunfante en los cielos.

Especialmente el Apóstol Pablo llama a la Iglesia “Cuerpo de Cristo” (Rom 12,5 1Cor 10,17/cap.12), donde pone como cabeza a Cristo y como miembros suyos los fieles. En las funciones del cuerpo natural corresponden también las funciones carismáticas del cuerpo eclesiástico. O sea, la nueva familia en la que se incorpora el hombre con el Bautismo y continuación. En el movimiento y crecimiento corresponde el misterio de la Crismación o Unción. En la comida corresponde el misterio de la Divina Efjaristía. En la edad adulta corresponde el misterio de la Boda y la familia o la vida monástica. En la necesidad de terapia psicosomática o psicoterapia y curación corresponde el misterio de la Bendición o Unción de Oleos. En la necesidad de reconciliación y comunión con sus semejantes corresponde el Misterio de la Metania-santa Confesión. La Iglesia no abandona al hombre indefenso y “a su suerte, o al azar”, ni durante su muerte, tampoco después de la muerte. Le sigue hasta su última residencia con el oficio del funeral y ora por él a Dios con las conmemoraciones y también durante la Divina Liturgia.

Sobre todo por la jaris (gracia, energía increada) de Dios se santifican todos los elementos, mediante los oficios, las celebraciones y los misterios de la Iglesia, de modo que cada manifestación físico-espiritual del fiel incluya la nueva humanidad de Cristo y ayude a los fieles a respirar y a sentir plenamente la Presencia Divina: El agua es bendecida durante la festividad de la Divina Epifanía y también se transforma en agua bendita con la santificación y las bendiciones, oraciones del sacerdote. El aceite se bendice y se utiliza durante los misterios del Bautismo, Crismación y Bendición de Oleos. El pan y el vino se transforman en cuerpo y sangre de Cristo. Pero la Iglesia tiene oraciones y bendiciones también para los oficios, los trabajos, la vida diaria y los objetos que utiliza el hombre, de modo que muy a menudo le visite la potencia y energía increada de Dios y mejore su vida psicosomáticamente.

EL FUNCIONAMIENTO DEL CUERPO DE CRISTO 

Cada liturgia-función del cuerpo eclesiástico tiene una misión distinta, pero también corresponde divinamente a la vida santificante de los fieles. Así que:

CON EL BAUTISMO el hombre se incorpora a la familia de Cristo; además de pertenecer ya a la familia natural (biológica) también está incluido a la inicial, (como debería estar en el Paraíso), según la voluntad de Dios, su familia espiritual (la Iglesia). Por la triple inmersión y emersión al agua de la santa pila el fiel mortifica al hombre viejo de la caída inicial y la corrupción y renace a la vida de la Santa Trinidad. Es conocido el mandamiento de Cristo a Su recién creada Iglesia: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, y los que crean en mí, bautizadlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Y también la orden que da en los Hechos 22,16: “Levántate, bautízate y confiesa que él es el Señor para que sean sanados y lavados tus pecados”.

También el apóstol Pablo recalca: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gal 3,27). Durante el misterio el sacerdote unge con aceite el cuerpo del fiel, manifestando así simbólicamente la ayuda que proporciona el Dios para que el bautizado se escape de las trampas del diablo y del mal; igual que en la antigüedad los atletas se ungían con aceite en la arena para que escaparan de las trampas y resbalasen de los apretones de sus adversarios. Además, corta unos pelos de la cabeza del niño en forma de cruz, para manifestar que ya no es esclavo de algún dueño, sino esclavo, servidor de Cristo, o sea, realmente libre de los pazos y del pecado.

El valor del bautismo y cuánto esto puede cambiar una sociedad entera, si nosotros mismos quisiéramos, lo demuestra la siguiente historia. Los Fiyis de las Islas Fiyi en el Océano Pacífico antes de ser cristianizados eran una tribu de salvajes y caníbales. Pero cuando fueron bautizados y aceptaron el Cristianismo (1867) la misma gran piedra que quitaba la vida de sus víctimas, después de labrarla, la transformaron en baptisterio (pila de bautismo) y allí bautizaban sus hijos.

Es verdad que desde los primeros años cristianos los niños eran bautizados (según Mt 19,13-15). En concreto se bautizaban familias enteras, dentro de las que habían también muchos niños, hecho que recalca también el kerigma del apóstol Pedro, quien invitó a todos los allí se encontraban a bautizarse (uso 3.000 hombres), pequeños y mayores, con las palabras: “Estas cosas que ha prometido el Dios son para vosotros y para vuestros hijos” (Hec 2.38-39).  Pero también la piadosa de Dios, Lidia de la ciudad de Tiátira “cuando fue bautizada ella y su familia” (Hec 16,15); el carcelero de Pablo y Sila “en seguida se bautizó él con todos los suyos” (Hec 16,33), también la familia de Stefaná fue bautizada por san Pablo (1Cor 1,16).

ΤΟ ΧΡΙΣΜΑ (jrisma) Crismación o Unción es el sello de la jaris (gracia energía increada) de Dios encima de los bautizados y la recepción de varios carismas del Espíritu Santo. En Samaria, por ejemplo, a pesar de que todos los fieles se habían bautizado por el diácono Felipe, aún no habían recibido los carismas del Paráclitos (Espíritu Santo), hecho que se hizo a continuación por Pedro y Juan, quienes “entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo (Hec 8.14-17). Lo mismo ocurrió también en Efeso por el apóstol Pablo, que sólo por la imposición de las manos de Pablo: “…vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hec 19.1-6). Más tarde la “imposición de las manos” fue sustituida por los apóstoles con la utilización y unción de la santa mirra, es decir, aceite perfumada y bendecida por el obispo; esta práctica eclesiástica está testificada ya desde los años apostólicos.

Por el misterio de la crismación el fiel a través de la fuerza de Dios y su lucha propia, está llamado a adquirir el triple axioma, es decir, convertirse en sacerdote, profeta y rey. Como sacerdote debe estar agradeciendo a Dios y ofrecer la ya regalada naturaleza al hombre otra vez a Dios con oraciones e himnos. Como profeta debe hablar sobre el Dios y enseñar a sus semejantes el Camino del Señor. Y como rey debe someter la naturaleza a la voluntad de Dios y estar convirtiéndose en soberano de los pazos y los instintos inferiores.

LA DIVINA EFJARISTÍA es el misterio de los misterios y el “fármaco de la inmortalidad”, tal y como es calificado por san Ignacio el Teoforo (portador de Dios) en el siglo II. En el mismo siglo san Justino el filósofo recalca la participación universal de los fieles y la misión de los Santos Dones a los ausentes (Apología 67). La Divina Efjaristía es el vehículo de los fieles hacia el Cielo y conecta como ninguna otra cosa más el Dios y los hombres por la jaris (gracia energía increada), pero también los hombres entre ellos, según la observación de Voltaire. Es decir, después del Pentecostés, la nueva comunidad de los fieles se alimentaba y dependía no sólo de la comida material, sino también del cuerpo y la sangre del Señor. Así se realizó también la profecía que el mismo Cristo dijo: “Y yo, cuando sea levantado de la tierra, (es decir, cuando sea crucificado y ascendido) a todos que creerán los atraeré hacia mí” (Jn 12.32-33).

Durante la transformación de los Divinos Dones, el pan y el vino se transforman invisiblemente en cuerpo y sangre de Cristo. El apóstol Pablo es vertical con respeto a la verdad de este cambio y los efectos negativos de los que no distinguen el cuerpo del Señor. En el Evangelio de san Juan, Jesús en la sinagoga dijo a los Judíos:

53 Jesús les dijo: Amín, amín, de verdad en verdad os digo que, si no coméis la sarx (cuerpo y carne) del hijo del hombre y bebéis su sangre, mediante el misterio de la divina efjaristía, no tendréis vida en vosotros;

54 El que como mi sarx y bebe mi sangre, (mediante el misterio de la divina Efjaristía,) tiene vida eterna y yo lo resucitaré al ésjato (último) gran día del juicio.

55 Porque mi sarx es verdadera comida espiritual y mi sangre es verdadera bebida espiritual.

56 El que come mi sarx y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él.

56. Cada uno que come mi sarx y bebe mi sangre, se une conmigo en un cuerpo espiritual, de modo que éste permanece dentro de mí y yo en su interior y se convierte en mi templo.

57 Y como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

57. El fruto que disfrutará de esta unión será la vida eterna. Así como al mundo me ha enviado el Padre, quien tiene por sí mismo la vida y es la fuente de la vida, y como hombre, yo también tengo la vida eterna, puesto que me la ha dado el Padre y vivo por Él; lo mismo aquel que comulga, mediante el misterio de la divina Efjaristía, vivirá porque recibirá de mí la vida eterna.

58 Este es el pan que ha bajado del cielo. No como el maná que comieron los padres en el desierto y murieron. El que come este pan vivirá para siempre (Jn 6.53-58). Estos clarísimos logos Suyos y no sólo estos, refutan cualquier pensamiento de supuesta transformación virtual de los Divinos Dones.

En la época de oro de las Catacumbas millones de mártires se apoyaron y sufrieron martirios con la ayuda de la Divina Comunión. Además, también aquel misterioso Melquisedec ofreció “pan y vino” al patriarca Abraham (Gen 14,18), que significa que existían desde el principio como dones divinos y el significado de estos no fue tomado de misterios paganos, como algunos investigadores no informados intentaron a demostrar. La profecía de Malaquías nos hace conocer la prefiguración de la Divina Comunión o Efjaristía desde muy antiguamente, cuando mediante él el Dios nos dice: “Desde la salida y puesta del sol se ha glorificado mi nombre en las naciones y en cada lugar se ofrece incienso en mi nombre y SACRIFICIO PURO” (Mal 1,11).

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EL SACERDOCIO, sin este misterio nada bueno se podría realizar en el mundo; puesto que la transmisión de todos los demás misterios como también la terapia de las psiques y los cuerpos depende de este. El sacerdocio es un carisma no un axioma-cargo laboral. El sacerdote está llamado a ser el padre espiritual y terapeuta de psiques degeneradas por el pecado, la falta de ascesis y vida en jaris. Por supuesto que el único y primer sacerdote es el Cristo. Pero los diáconos, los presbíteros y los obispos se prestan a Cristo y por él se santifica el universo. Cada vez con las nuevas ordenaciones (continua sucesión apostólica) y con la verdadera enseñanza apostólica es transmitida la verdad de Dios y la sanación y salvación para las próximas generaciones.

En la Iglesia Ortodoxa no se entiende como distinción de clases entre sus miembros del cuerpo eclesiástico; porque por un lado el discernimiento en sacerdotes y laicos es litúrgico (funcional) y no sustantivo; por otro lado, por el bautismo, los láicos poseen el llamado «sacerdocio general” y están incluidos al «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1Ped 2,9); que anuncia las praxis admirables de Aquel y está caminando hacia Su realeza increada. El apóstol Pedro se refiere a los Presbíteros (ancianos) como una clase separada de los clérigos y guías del rebaño, porque dice: “Ruego a los ancianos (presbíteros) que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que seré también co-participante de la doxa (gloria, luz increada) que será apocaliptada=revelada (en el futuro por Su Segunda Parusía, Presencia): Apacentad el rebaño de Dios que está entre vosotros, cuidando de este, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con buena voluntad, disposición e interés; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de virtud del rebaño. Y cuando aparezca el Príncipe con toda su doxa (gloria, luz increada), vosotros recibiréis la corona incorruptible e increada de la doxa (gloria). Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da jaris (gracia energía increada) a los humildes (1Ped 5.1-4).

Además,, el apóstol Pablo se refiere a Timoteo y Tito como en obispos (Tim 14,14 -Tit 1.5-8), pero también en ciertos pasajes de Nuevo Testamento se distingue el discernimiento en diáconos, sacerdotes y obispos (Hec 6,6 -1Tim 3. 8-13 – Hec14,23 y 20,17). Dado que en los primeros años cristianos del Nuevo Testamento sólo la clase de “profetas”, en la que estaban incluidos por ejemplo Pablo y Bernabé, podía ordenar presbíteros; esto significa que tenían en la Iglesia un grado superior de sacerdocio después de los apóstoles.

Con el misterio de la METANIA (metanús) y CONFESIÓN, es decir, los fieles, con el cambio de modo de vida y pensamiento, reciben el perdón, o sea, no sólo son interrogados y juzgados, sino mediante el sacerdote se recolocan al ambiente familiar reconciliados con el resto de los hermanos. El Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios y hombre mediante el misterio del sacerdocio proporcionó a Sus Apóstoles el poder de remisión y perdón de los pecados, es decir, a los pastores de la Iglesia y no al pueblo, cuando les dijo: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt 18,18) ; y también “22 Diciendo esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid Espíritu Divino.»

22. Al decir esto, les sopló en sus rostros el vivificante aliento de la nueva vida la celeste, y les dijo: «Recibid divino Espíritu; es decir, la increada energía Jaris–Gracia, (tal y como al principio el Dios sopló al rostro de Adán.)

23 A quienes perdonéis o remitiereis los pecados les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos» (Jn 20.22-23).

El misterio de la confesión es puramente terapéutico “psicoterapéutico”, lava las conciencias pecadoras y sana la psique de las heridas y los pazos. Igual que muchas veces cuando nos tiene que examinar un médico nos ponemos rojos, sin embargo esta vergüenza nos conduce después a la terapia y a la salud; así lo mismo también entre nuestro guía espiritual nos avergonzamos confesando nuestras miserias, pero de esta manera la psique vuelve a brillar y se conduce al comino de Dios de quien se ha desviado. La magnanimidad del Padre caritativo y la metania del hijo Pródigo revelan claramente el valor único del misterio, según esta parábola con el mismo nombre. La Iglesia, por lo tanto, es el hospital espiritual y el reencuentro de la perdida sociabilidad se lleva a cabo con la metania. El Señor nos insta: “Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy apacible, manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras psiques (almas, vidas); porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt 11.28-30). Además Su kerigma continuamente era: “Arrepentíos, convertíos y cinfesaos porque la realeza (increada) de los cielos se ha acercado” (Mt 4,17).

Un admirable ejemplo de metania es la vida de san Dionisio de la isla Zákinzos, quien no sólo mostró extrema humildad y metania en su vida, sino que al monasterio de Anafonitria (Siglo 16º) perdonó y escondió al mismo asesino de su hermano que le estaban persiguiendo para matarlo, siguiendo fielmente los pasos de Cristo, quien perdonó a los que Le crucificaron.

 ΕΥΧΕΛΑΙΟΥ (Efjeleo) UNCIÓN DE OLEOS, con este misterio se proporciona la remisión de los pecados (como con cada misterio) y se proporciona la salud psicosomática por la utilización del santo oleo. Naturalmente no sustituye el misterio de la Metania. El misterio se celebra en vísperas del Miércoles Santo, de modo que los fieles sean preparados para “el cáliz de Vida” que será dado los días siguientes. Para los enfermos se hace en el templo, pero a veces también en casa. Se celebra regularmente por siete sacerdotes (pero también se puede celebrar con uno) se leen 7 lecturas apostólicas y 7 lecturas evangélicas y se escuchan 7 oraciones, bendiciones. En la última oración los fieles se arrodillan y se ungen en forma de cruz en la cara y las manos (sede de los cinco sentidos). Con las palabras de Santiago se manifiesta el uso de Unción de Oleos como misterio y costumbre de los cristianos en las primeras comunidades:” ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llamen a los ancianos (presbíteros) de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Sant 5.14-15). Además, cuando el Señor mandó a Sus doce discípulos a predicar el Evangelio de metania, sanación y salvación: “echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban (Mrc 6,13).

EL MATRIMONIO es el misterio que se refiere “a Cristo y a la Iglesia””, según el Apóstol Pablo (Ef 5,25-32). Se ha dado a los hombres antes de la caída de los primeros en ser creados, por lo tanto no es resultado del pecado. Es sobre todo misterio “mega, grandísimo”, ya que no sólo contribuye a la sanación y salvación sino que sana las necesidades psicológicas, sociales y biológicas. De hecho el Dios fue quien ha dado a los hombres el mandamiento de “creceos y multiplicaos” con el propósito de ocupar la tierra y dominarla (Gen 1,28). “Y serán los dos en carne una” (Gen 2,24), se refiere tanto en Antiguo Testamento como en la Iglesia durante el misterio. A partir de entonces ya no son dos sino uno. El Cristo honró el matrimonio por primera vez cuando se encontraba e hizo el primer milagro en la Boda de Caná.

El matrimonio además de la vida santa, caritativa y agapítica de los cónyuges se completa con la obtención de descendientes, naturalmente sin que esto sea lo único que se pide en su convivencia. A partir de aquí se crea “la Iglesia hogareña” como dice san Pablo. La presencia y comportamiento correcto de los cónyuges es imprescindible para el desarrollo saludable de los hijos, como también la comunicación de cada uno con los demás. Gran ayuda se ofrece por la continua vida mistiríaca (sacramental), la falta de griteríos, la fe hacia el Dios y la agapi hacia los demás. Es imprescindible aún los cónyuges sentirse independientes de suegros y parientes, por supuesto teniendo responsabilidad y respeto hacia ellos.

Los misterios de la Iglesia satisfacen la necesidad del hombre contemporáneo a sentirse que no está solo, sino hermano entre hermanos, y que tiene a Jesús Cristo como Padre, hermano y aún amigo. Contribuyen a la transformación espiritual del hombre que se convierte de individuo en persona (personalidad) que la hacen partícipe de la doxa (gloria, luz increada) del Dios Trinitario. Sobre todo sanan y completan sus necesidades existenciales y materiales; incluso confirman la unidad del cuerpo y la psique, puesto que en la Iglesia el hombre es tratado psicosomáticamente y no heréticamente; es decir, sólo somáticamente-físicamente, o sólo psíquicamente o sólo intelectualmente. Finalmente a través de los misterios de la Iglesia se metamorfosea, transforma todo el universo en realeza de Dios, retroceden los demonios, se renueva la creación y se unifica lo dividido, pero también se sana cada debilidad, enfermedad y une cualquier división del pueblo, mediante la relación personal con el Dios y el prójimo.

Μιχαήλ Χούλης   Miguel Julis

 

* Misterio y vida mistiríaca Μυστήριο (mistirio, misterio, sacramento).

«Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios los sabe, que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó logos, verbos inefables, que no le es dado al hombre expresar» (2ªCor 12,3-4).

La palabra Helénica misterio significa “iniciación”, “secreto” y “revelación y secreto”. El Cristianismo heredó este concepto y por extensión es “apocálipsis-revelación de Dios”.

Los Misterios son a la vez símbolo y Misterio. Mientras el misterio permanece oculto a los rituales, está en el nivel de lo simbólico e iconográfico. Pero cuando es recibido y la jaris (increada energía) energiza, entonces los Misterios revelan las cosas que están detrás del “velo”. Misterio lleva doble significado, es decir, de algo que está oculto y se revela y a la vez enigma y apocálipsis-revelación.

Pero dentro de la Iglesia los misterios son interminables. Porque dentro de ella todas las cosas liturgizan, funcionan de una manera misteriosa, para que revelen la realeza (luz y energía increada) de Dios. La terapia ascética conecta y se asocia inseparablemente con los Misterios de la Iglesia.

La terapia ascética ortodoxa conecta y se asocia inseparablemente con la vida mistiríaca de la Iglesia. Se trata de la catarsis (sanación), la iluminación y la zéosis o glorificación, que encontramos en toda la enseñanza patrística de la Iglesia. Es dificil que uno crea en la vida Mistiríaca de la Iglesia, si antes no entiende primero, qué significa la palabra “Misterio”. Misterio es algo que vemos que se celebra o realiza, pero es difícil para el espíritu y mente humana entender como se celebra. Si comprendiésemos el modo de realización del Misterio entonces no sería Misterio, sino una praxis-acción acostumbrada de la vida diaria.

Por ejemplo: decimos que el Dios es Trinitario. Os pregunto: ¿quién de nosotros entiende el Misterio de la Santa Trinidad? ¡Tres Personas dentro de una esencia! Este Misterio juzgado o razonado por la lógica humana es paradójico. Pero si uno lo ve con la dimensión de la Fe, entonces entiende que no es paradójico, sino superlógico. Quién puede entender, qué es Dios. Es decir, ¿cuál es la esencia de Dios? ¡NADIE! Y a pesar de eso, creemos en Dios. No porque le entendemos, sino porque sentimos místicamente Su presencia y saboreamos con el corazón Su agapi (amor como energía increada). Es decir, podemos entender las increadas energías de Dios, pero no Su Esencia, tal como, muy bien, han teologizado los grandes Padres de la Iglesia Ortodoxa. Veamos en la Escritura lo que dijo Dios a Moisés, cuando pidió de Dios que le enseñase su Doxa-gloria: “…yo pasaré delante de ti mi gloria… no puede el hombre verme, ver mi rostro y quedar con vida….” (Ex 33 18-20).

Lo mismo ocurre también con todos los temas de la fe que superan las leyes naturales. Los “vemos sin verlos”, “los conocemos sin conocerlos, comprenderlos”, porque todos están enrollados dentro del “divino gnofos”, (san Gregorio de Nicea). (Gnofos, luz que supera toda luz”. Los vivimos y participamos en ellos sólo con la fuerza de la Fe. Si insistimos en creer sólo a lo que entendemos con nuestra lógica limitada, estrechamos inimaginablemente nuestro horizonte espiritual y finalmente no podemos ser Cristianos. Porque, en definitiva, “fe es la hipóstasis (base substancial) de la esperanza de cosas que se esperan y no se controlan y la prueba de aquellas que no se ven, (Heb 11,1). Y es cierto que la fe verdadera presupone humildad, con la cual atraemos la jaris (increada) de Dios. Porque “el Dios resiste, se contraria a los orgullosos, en cambio a los humildes los da Jaris” (Sant 4,6). El humilde que confía a Dios más que a su lógica, con la jaris (gracia, energía increada) de Dios puede entender los Misterios de la Iglesia.

Así, entendemos que, una cosa es el misterio y otra el dogma. Cuando los santos llegan a la experiencia de la doxa-gloria de Dios, viven y ven que Dios es luz, pero entonces también Dios permanece misterio, ya que no pueden llegar a la unión por esencia. La unión del santo con Dios durante la experiencia es mediante la energía increada y no por esencia. Por eso la Santa Trinidad aún en esta experiencia permanece misterio. Aquello que se puede hacer comprensible lógicamente, es el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Así los santos Padres la co-participación a la doxa increada de Dios, la cual permanece misterio, también durante la zeoría-contemplación, la expresan con terminología y la hacen dogma que se puede entender. Una cosa es el misterio y otra el dogma sobre el misterio de la Santa Trinidad. Por eso los Padres hacen uso diferente de la terminología de cada época. Pero cuando en un Sínodo ecuménico se determina el significado concreto de la terminología, entonces permanece invariable.

Por lo tanto, el dogma expresa y formula la experiencia de la apocálipsis (revelación), pero nunca la comprensión del dogma significa que paralelamente se entiende el misterio de la Santa Trinidad, que es inexplicable e incomprensible aún hasta su manifestación. Los Padres dicen que los santos ven invisiblemente y escuchan inescuchablemente, y coparticipan in-participadamente y entienden incomprensiblemente a Dios.

  Del Gran Léxico, autor y traductor χΧ jJ

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