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abr 30 2013

Lecciones de la Semana Santa

«En el presente día los pazos-padecimientos, pasiones sagrados como luces sanadoras y salvadoras amanecen al mundo… (Lunes Santo) »

stamatis

El Cristo, queridos míos, es la luz (increada) del mundo. Es el faro que ilumina y conduce a los hombres al camino del deber y la virtud. Este faro no podrá apagarlo ni disminuir su luz (increada) ningún viento, ninguna tempestad y ninguna potencia. Estará iluminando eternamente, con su enseñanza, con sus milagros y con su temor sagrado. Todo luz, todo virtud y todo perfección inalcanzable.

Pero donde el resplandor de Cristo fue culminado y su virtud cubrió los cielos y su altura ética se elevó como una columna hasta el cielo, es en sus santos pazos (padecimientos) y pasiones. Los pazos de Cristo son una fuente inagotable de bellas enseñanzas y lecciones. El cristiano que no se conmociona y no aprende de estos santos días está ciego, inconsciente e insensible; tal y como dice un filósofo y poeta cristiano alemán que: el cristiano que no se conmociona de los pazos de Cristo no es una persona humana, sino una piedra sin corazón, emoción y conciencia. Ante nosotros los días de la Semana Santa se desarrolla el misterio de la agapi (amor, energía increada) de Cristo Dios.

Y estamos llamados no simplemente a observar, sino a recibir en nuestras psiques la iluminación que envía el Señor de sus pazos y su cruz. Os presentaré algunos puntos de la semana de padecimientos y pasiones del Señor que interesan a todo cristiano.

Observando a Jesús con corazón quebrantado y contrito, le veremos en Martes Santo tirando sus terribles truenos, los «ay de vosotros, intelectuales y fariseos…» (Mt 23,14-39). En ningún otro momento el apacible Jesús Cristo habló con tanta dureza y severidad. ¿Por qué? Porque ante suyo tenía hipócritas. Y el bondadoso Jesús sin maldad no ha odiado otra cosa más que la hipocresía. La hipocresía es una moneda falsa, una flor artificial o de plástico, es la falsificación de la virtud. Por eso condenó tan duramente la hipocresía.

Pero escuchando al Señor pronunciando los “ay” contra los hipócritas, tengamos temor no vaya ser que nosotros también pertenezcamos a la categoría de los hipócritas. Porque la hipocresía es un microbio o virus que penetra en los corazones de todos. Si queremos ser sus verdaderos discípulos debemos deshacernos de la plaga y la herida de la hipocresía.

Pero también otra lección tomamos de estos días sagrados. El Miércoles Santo vemos a Judas negociar la venta y la traición del Señor por 30 dinares. La traición de Judas es un acontecimiento de lo más triste de los pazos-padecimientos del Señor. Es una lección para todos aquellos que han esclavizado sus psiques al dinero, la meteria y al mamonás (dios mamón del oro y la plata).

Tremendo pazos la codicia, avaricia por el dinero y el oro. Ella convirtió a un apóstol en traidor. Ella convierte también a los cristianos en idólatras, que ya no adoran a Cristo sino el oro. Viendo la penuria de Judas tengamos mucho cuidado, queridos míos, no vaya ser que caigamos en las redes de la maldita codicia, avaricia. Porque el cristiano que adora el dinero y gracias a esto hace falsos juicios, deshonra, roba y perjudica, es un nuevo Judas en la sociedad de hoy.

Tal y como se desarrolla la historia de los pazos del Señor, la noche del Jueves Santo vemos la Gran Cena Mística. Aquella noche última e inolvidable el Cristo cenó con sus discípulos por última vez. Les dio las últimas instrucciones. Celebró el Misterio de la divina Efjaristía que es el Misterio más importante de la Iglesia y el corazón de nuestro culto.

El mismo transmitió su cuerpo y su sangre a los discípulos. Fue la primera Divina Comunión o Efjaristía. Pero desgraciadamente en esta cena se encontró uno que era indigno de comulgar; era el Judas. Con su psique sucia se acercó y comulgó los misterios inmaculados. Y ahora, hermanos míos, muchos en estos santos días vendremos a comulgar. Tengamos mucho cuidado, no vaya ser que haya algún Judas entre nosotros; es decir, un cristiano sucio, sin metania, ni arrepentimiento tampoco confesión. Éste que no se acerque al Misterio sin antes no ha limpiado su psique dentro de las lágrimas de la metania confesión y arrepentimiento.

Otra lección nos da la negación de Pedro. Nos enseña cuanto enfermo, débil y pecador es el hombre. Porque vemos el primero de los discípulos caer. ¿Qué era Pedro? Un coloso de la fe y la virtud. A pesar de eso la noche del Jueves Santo vemos que niega el nombre del Señor delante de una sirvienta. Pedro cayó para que aprendiera a ser humilde. Cayó para enseñarnos a todos cuanto cuidado y temor debemos tener del pecado. Es tan terrible el pecado, de modo que en sus redes capta también apóstoles, profetas, santos y ascetas. Pues, Cristiano: ¡eres santo, has llegado a las alturas de la virtud! No te jactes. Porque es posible que vayas a caer, y aquel que ahora le desprecias como pecador, se convierta en santo y tome la primera posición del paraíso.

Llegando a la cumbre de los pazos-padecimientos de nuestro Señor le sentiremos saboreando el martirio. Le veremos arrodillándose, cayendo con la cara en la tierra dentro del jardin del Getszimaní. Escucharemos Su oración: “Padre mío… no como yo quiero sino como tú” (Mt 26,39). Veremos como sería arrastrado de tribunal en tribunal. Veremos a sus enemigos vestirle con tunica roja, coronarle con corona tejida de espinas, burlarse de él y escupirle.

Escucharemos sus voces salvajes «Ἆρον ἆρον, σταύρωσον αὐτόν, fuera de aquí como sea crucifíquenlo, crucifíquenlo» (Jn 19,15). Veremos a Pilato firmar su condena. Finalmente el Viernes Santo veremos a nuestro Señor levantar la cruz pesada doblándose por el peso. ¿Pero qué ojos podrán contemplar la escena de la crucifixion?  Le contemplaremos que sea elevado desnudo encima de la madera y le escucharemos decir uno por uno los siete logos de la cruz, de los que el primero es la voz de la agapi (amor desinteresado) hacia el prójimo y el perdón: “Pater-Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), y el ultimo la voz de la dedicación al Padre: “Pater en tus manos entrego mi espíritu”. Cristiano: puedes mientras vivas decir tu también: “padre Celeste, perdona cada enemigo mío”, y cuando cierres los ojos de este mundo vanidoso, decir: “Padre acepta en tus manos mi psique-alma”.

Estas altas lecciones nos proporciona la Semana Santa. Lecciones de la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), de contrición, de temor al pecado y de la esperanza. Por eso debemos seguir los oficios de la Semana Santa con gran devoción. Desde el momento que entramos en el santo templo nuestro espíritu, corazón y mente, todo que sea entregado al Crucificado y sus pazos- padecimientos, pasiones. Ninguna conversación, ninguna desorientación y ningún gesto malo son permitidos en estos días sagrados. Pequeños y grandes, mujeres y hombres, jóvenes y abuelos, todos aquí con devoción; no para conversar, ni para reír, sino para aprender y alterarnos, y recordarnos qué ha sufrido Aquel por nuestra gracia.

En el tema del orden insisto. Estos días nos cargan con más responsabilidad. Los padres no dejen a los niños circular dentro de la Iglesia como si estuvieran en el campo. Cada madre y padre su niño cerca de él. Todos con devoción sagrada alrededor de la cruz y el epitafio. Tal y como en un padre muerto los hijos están alrededor del muerto y lloran, lo mismo nosotros también alrededor de nuestro Gran Muerto, nuestro Señor Jesús Cristo, concentrémonos y abramos nuestros corazones para recibir la iluminación de sus sagrados pazos-padecimientos. Entonces sentiremos lo que sufrió él para cada psique y con corazón agradecido digamos a nuestro Redentor: Cristo, eres el novio de nuestras psiques.

Tus pazos-padecimientos, pasiones magnetizan, iluminan y santifican las psiques. Por todo lo que has sufrido por nuestra sanación y salvación te agradecemos. Adelante pues, tanta agapi (amor desinteresado) te prometemos que seremos siempre tuyos. Amín.

+ Obispo Agustín. Homilía de 1962

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ
Traductor: xX.jJ

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