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ago 21 2013

La Metamorfosis del Señor Jesús Cristo y del hombre

 

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Una de las grandes fiestas de llamadas Soberanas es la Metamorfosis (transformación) del Señor: Allí en el monte Tavor el Señor habiendo llevado consigo sus alumnos puntales, Pedro, Juan y Jacobo, se metamorfoseó, transformó ante ellos; es decir, Su cara  brilló como el sol, Sus vestimentas se hicieron blancas como el sol y a lado Suyo aparecieron los profetas Moisés y Elías; mientras que se escuchó de arriba, del cielo, la voz del Dios Padre diciendo: “Este es mi hijo amado, a Él escuchad y obedeced”. Toda esta teofanía, que por supuesto recuerda la escena del Bautismo del Señor, se realizó dentro de una nube que sobreiluminó a los discípulos, quienes no aguantando el espectáculo han caído al suelo; mientras tanto en un momento Pedro, “sin saber lo que decía”, viendo a Moisés y a Elías conversar con el Señor, Le dijo: “Señor es bueno que nos quedemos aquí”. Después de un rato, este impactante espectáculo y escucha se terminó, y el Señor llevando consigo los deslumbrados discípulos, les dijo que no dijeran nada hasta el momento que resucitaría de los muertos, prediciéndoles también los acontecimientos de Su Pazos-Pasión.

Uno diría que de este acontecimiento tenemos una teología condensada de nuestra Iglesia sobre la naturaleza de Jesús Cristo, sobre el propósito y finalidad de Su humanización, sobre la renovación del mundo entero y sobre Su relación con el Antiguo Testamento, temas por los cuales se han ocupado nuestros Padres especialmente en el siglo 14º; y sobre todo el gran Padre y Didáscalos san Gregorio Palamás; entonces fue dado el motivo por los heréticos, quienes aparecieron y alteraron la teología de la Iglesia; temas que nuestra Iglesia siempre los vive y los proyecta en su vida espiritual. Algunos de estos temas comentaremos a continuación:

En principio debemos aclarar que esto que recalca nuestra Tradición Patrística: La Metamorfosis de Cristo es una realidad de Metamorfosis (transformación) de los mismos discípulos: el Cristo siendo siempre Dios y hombre, teniendo sus dos naturalezas unidas “inconfundiblemente, inalterablemente, indivisiblemente e inseparablemente” en Su una divina hipostasis-personalidad, no cambia nunca: permanece siempre el Mismo. Al acontecimiento, pues, de la Metamorfosis no toma algo que no tenía, sino es lo que era y lo da “parcialmente” para verlo y sentirlo también a Sus tres discípulos. Y lo que les apocalipta=revela es Su doxa=gloria (luz de luces increada). Hasta entonces los discípulos vivían y percibían al Señor como hombre y sobre Su procedencia divina poquísimas cosas percibían y sentían. En el monte Tavor el Espíritu de Dios como nube los sobreiluminó y abrió sus ojos espirituales y los hace, convierte en capaces de ver con los ojos reconstruidos el resplandecimiento divino, la “Luz increada” de Cristo (tenemos también sentidos espirituales que funcionan no análoga con la relación que tenemos con el Dios). La Metamorfosis pues, es la Metamorfosis (transformación) de los discípulos que con otros ojos vieron los impactantes acontecimientos al monte Tavor, es decir, a Cristo en Su dimensión divina. Esta realidad constantemente la proclama nuestra Iglesia, diariamente, entre otras cosas cuando señala: “En Tu luz (increada), Señor, contemplamos la luz (increada)”. Solamente cuando el hombre recibe la luz increada de Dios, entonces puede ver la luz increada de Dios. El hombre “ve” según con lo que tiene en su interior.

2. Como hemos dicho, lo que han visto los discípulos era lo que podían aguantar. Según el contakio (maitines) de la fiesta: “En la montaña te has metamorfoseado, y a la medida que cabía en Tus discípulos contemplaron Tu doxa=gloria”. Y es obvio que: El hombre es limitado y el Dios ilimitado. Por lo tanto el hombre, como también los ángeles y toda la creación, no solo no pueden participar de la esencia increada de Dios –esto es sólo de la Santa Trinidad- sino que puede ver y participar en esto que llamamos energía increada de Dios o de otra manera de Su Jaris o Doxa o Luz (increadas), pero parcialmente, a medida que el hombre aguanta. Pero esto que recibe de Dios como dación de Su jaris es lo máximo, lo más alto para aquel. Si recibiese algo más le “mataría” y le “destruiría”. “Porque nadie puede ver a Dios y vivir”.

3. ¿Por qué el Señor quiso darles esta jaris de ver Su doxa=gloria divina (increada)? Porque después de poco seguirán los acontecimientos de Su Pazos-Pasión, por lo tanto, los discípulos debían entender que el Pazos era voluntario y elección del Dios humanizado para sanar y salvar el género humano levantando su pecado sobre la Cruz. Tal y como nos señala otra vez el contakio: “Para que Te vean crucificado y entender que tu Pazos es voluntario y para predicar al mundo que tu verdaderamente eres un destello del Padre”. El Cristo “debería padecer”, porque el pecado del género humano era de tal manera que sólo el logos, el kerigma no era capaz de sanar y salvar a los hombres. Debería padecer el mismo Dios en carne, cosa que manifiesta la tragedia que se había caído la humanidad, pero también lo infinito que es de la agapi increada de Dios ante ella.

4. Dentro de la luz del resplandecimiento de Dios y la visión de la persona de Cristo, los discípulos conciencian también la perspectiva del hombre, después de la venida de Aquel. Tal y como Cristo se manifestó, como sol matinal, así nosotros también durante Su Segunda Presencia cuando seguimos a Cristo. No olvidemos que el Cristo ensomatizó (incorporó) al hombre en Sí Mismo, algo que se opera desde entonces a través del santo bautismo y se vive creciente dentro en la Iglesia por los misterios y la aplicación de Sus logos, mandamientos; y esta ensomatización (incorporación) le ha hecho Su miembro, es decir, Su propia proyección, por lo tanto, lo que Aquel vive, esto es y será vida también de los hombres creyentes.

Cuando san Gregorio Palamás y los Padres de los Sínodos del siglo 14º recalcaban la realidad de la participación a la luz increada de Dios en analogía de lo que ha ocurrido al monte Tavor con los tres discípulos, ya desde esta vida, imaginémonos pues la incomprensible participación del creyente en esta luz increada después de Su venida por segunda vez, cuando el hombre no sólo como psique, sino con el cuerpo también participará en Aquel. Entonces brillarán los santos como el sol, igual que ha brillado el Cristo. Con la Metamorfosis pues se apocalipta=revela también la grandeza de la perspectiva del hombre, esto que nuestros Santos llaman «θέωση zéosis o glorificación».

5. En esta divinizada situación de participación a la luz increada de Cristo vemos que se renueva junto con el hombre también la misma naturaleza. ¿Cómo lo vemos esto? A través de las vestimentas. Ellas brillaron y se convirtieron blancas como la nieve. Es decir la jaris increada de Cristo traspasó de una manera también a las cosas materiales; esto es una señal de la participación también, tal como dijimos, de la naturaleza a la doxa=gloria increada de Dios. Y esto porque la naturaleza no es algo inferior y por eso marginada, sino que en la fe cristiana ortodoxa esta también se revaloriza, encontrando su lugar real: ser el ayudante del hombre para su sanación y salvación. La naturaleza pertenece a Dios y la ha dado al hombre para que sea el espacio de su casa, que significa que con la naturaleza aspiraba al hombre como su rey. El hombre, pues, ha caído al pecado y cayó también la naturaleza. Con la apocatástasis (restablecimiento) del hombre en Cristo, se restablece también la naturaleza. “La esperanza de la naturaleza, nos dice el apóstol Pablo, es que con la salvación del hombre se salve también aquella”. Así que la Metamorfosis es una potente respuesta a todos aquellos que querían y quieren ver al cristianismo como una pnevmatocracia (poder de espiritualismo sin el Espíritu Santo) o como un idealismo, por la depreciación y la negación de la naturaleza.

6. Pero en el monte Tavor aparecieron también Moisés y Elías, personas del Antiguo Testamento que habían vivido siglos antes de Cristo. ¿Qué significa esto? Primero, que el Señor es Soberano de la vida y la muerte. El hecho que los discípulos ven estos santos muertos o ausentes de este mundo desde tan antigua, es una demostración latente de que estos viven en Dios. La muerte no es el final de la existencia humana. El hombre depone su cuerpo, pero su psique por la jaris increada de Dios continua viviendo. Y este cuerpo, del mismo modo que ha traído la dinámica de la resurrección del Señor, será resucitado para unirse con la psique otra vez. La muerte, pues, con el Cristo se ha convertido en simple paso que nos conduce en los brazos de Cristo mucho más intensamente e inmediatamente, pero: “cara a cara”. Una prefiguración de este acontecimiento es también la presencia de estos profetas al monte Tavor. Y por otro lado: se manifiesta que el Señor es el centro también del Antiguo Testamento.  El Antiguo Testamento, que se recapitula a la Ley y los Profetas –Moisés y Elías- consiste en la primera apocalipsis=revelación de Cristo, con la culminación de Su venida en el Nuevo. Antiguo y Nuevo constituyen un acontecimiento único e uniforme que nadie puede separar sin distorsionar a los dos. La Metamorfosis pues, da la respuesta también a este tema. El Antiguo Testamento tiene carácter cristocéntrico. El Señor es el significado también de aquel.

La teología de la Metamorfosis del Señor, como dijimos desde el principio, recapitula toda la vida espiritual de la Iglesia. Apocalipta=revela además del Cristo también al hombre en su perspectiva. Pero presupone esto que requieren todos los acontecimientos de la Iglesia: preparación del hombre para recibir la riqueza que ella contiene. Es decir, nunca un acontecimiento espiritual se ofrece al hombre sin que este pueda aguantarlo espiritualmente. Igual que una comida riquísima no se puede dar a un bebé, de la misma manera la riqueza de la jaris (energía increada) de Dios que se recalca en la Metamorfosis requiere al cristiano ortodoxo de mayoría de edad. Por eso también nuestra Iglesia “tiembla” ante el entusiasmo del joven, es decir, de los jóvenes que escuchan sobre la “luz increada” creen que sin esfuerzo, fácilmente pueden conseguirla. Y desgraciadamente los resultados son trágicos. Los llamados “naufragios jóvenes” no son sólo cuestión de ética, desgraciadamente también cuestiones espirituales. Y aquello que muy claramente nos da las condiciones de vivir la donación de la jaris de la Metamorfosis es el himno que dice: Relumbrémonos también nosotros de las divinas alteraciones de la Metamorfosis, abrazándola con dulzura. Teniendo nuestro corazón como montaña alta, sanado de los pazos veremos la Metamorfosis de Cristo iluminar a nuestro nus. La catarsis de nuestro corazón por la metania, (introspección, arrepentimiento, penitencia y confesión), cumplimiento y aplicación de los logos, mandamientos de Cristo, es una condición para ver nosotros también la luz increada de Cristo brillar en nuestro interior. Así sea, amín.

παπα Γιώργης Δορμπαράκης 

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

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