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feb 09 2014

El Matrimonio como Misterio

 

tromaktiko

 

Es común la comprobación que hoy el matrimonio pasa por crisis. Esto lo testifica la multitud de divorcios. Esto lo testifican también tantas parejas que sin llegar al divorcio viven la vida matrimonial por conveniencia y tolerancia y sin ninguna alegría en su vínculo de unión.
Una causa seria de esta crisis es que los cristianos que vienen en comunión para el matrimonio, no viven su matrimonio como Misterio (Sacramento).
Muchos cristianos influenciados del clima ateo y mundano de nuestra época, que hoy está difuso (periódicos, revistas, espectáculos, anuncios) perciben el matrimonio sólo como un acontecimiento físico, biológico o social-económico. El pansexualismo ha influenciado profundamente el pensamiento del hombre contemporáneo. Así que el matrimonio es considerado por la sociedad como un juego erótico legítimo y aprobado, sin ninguna conciencia de responsabilidad y misión. Cuando se pasa el agrado sexual, entonces tampoco tiene sentido el matrimonio. Los cónyuges se separan para encontrar un nuevo compañero (a) y nueva aventura.
Pero cuando el matrimonio permanece en un acontecimiento físico, natural y social sin hacerse partícipe del “Misterio-Sacramento”, es decir, sin pasar dentro en la Iglesia, en esta Realeza (estado en energía increada) de Dios y metamorfosearse, transformarse, no es posible sanarse y salvarse, tampoco puede sanar y salvar.
El matrimonio, como acontecimiento natural y social, pertenece al mundo que existe fuera de la Iglesia. No debemos olvidar que el mundo, la vida, el hombre, la naturaleza y la sociedad fuera de la Iglesia no son redimidos, están en esclavitud. Son aspectos y tipos del mundo caído, que a causa del pecado original se ha envenenado y enfermado mortalmente. Así también el matrimonio como natural o social está enfermo y como está débil de su propia naturaleza no puede redimir y liberar al hombre y regalarle la vida plena e íntegra.
Cuando el matrimonio es convertido en “Misterio-Sacramento”, entonces el matrimonio desde el antiguo mundo del egoísmo, sin Dios, no redimido, de la corrupción y de la muerte, traspasa también a los cónyuges de matrimonio natural al mundo nuevo zeantrópino (divino-humano) de la Realeza increada de Dios, de la agapi y de la Iglesia.
Además, cada Misterio es una transición y una metamorfosis del viejo mundo y de la vida antigua en un mundo nuevo y una vida nueva en Cristo Dios, que es ofrecida como regalo del Espíritu Santo. Especialmente con el Santo Bautismo, el hombre deja al mundo viejo para entrar definitivamente en la Realeza increada de Dios y con la divina Efjaristía se une mediante Cristo con la Divina Trinidad y con todos los creyentes redimidos. Sin la divina Efjaristía no habría Iglesia, porque los creyentes no sería posible unirse con el Dios, convertirse y hacerse un nuevo cuerpo zeantrópino (divino-humano).
Esto que se hace en la divina Efjaristía también se hace en el Misterio del Matrimonio. Los cónyuges se unen con el Cristo y por Cristo entre ellos en una unión eterna y zeantrópina (divino-humana). De una unión vieja y del mundo enfermizo, se metamorfosea en una unión sana en Cristo, dentro de la nueva creación de la Realeza increada de Dios.
Más sencillo: Con el Misterio del Matrimonio, no se une sólo el novio y la novia, sino entre ellos se une también el Cristo Dios, o más bien, se unen en Cristo, quien así hace la unión sagrada, perfecta, saludable y zeantrópina (divino-humana). Se entiende que para que el matrimonio sea un acontecimiento de metamorfosis, transformación en las dimensiones de la Realeza increada de Dios, no basta sólo, por parte de los futuros cónyuges, un seguimiento típico de la celebración del misterio del Matrimonio sin ninguna participación concienciada sobre el Misterio que se celebra.
Después de una participación consciente al Misterio, se constituye una nueva “casa”, una pequeña Iglesia y un pequeño Reino del Dios Triádico. Es característico que el Misterio empieza tal y como los demás Misterios, con la bendición de la Santa Trinidad: “bendita sea la Realeza del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…” El que se unan los cónyuges, no es sólo una atracción física de los dos sexos, una intencionalidad social…, principalmente antes que todo es el Cristo Dios. En la nueva casa no reina autoritariamente el hombre o la mujer, sino el Cristo Dios, porque los dos quieren hacer la voluntad de Cristo y no la voluntad propia de ellos. Con la constitución de la familia Cristiana se crea un pequeño reino de Dios. Los cónyuges durante la celebración sagrada son coronados como reyes, mientras es psalmodiado “Señor Dios nuestro, corónalos en gloria y honor”.
Es tan sagrada la unión zeatrópina (divino-humana) del Matrimonio en Dios, que el Apóstol Pablo, la boca de Cristo, compara la relación de los dos cónyuges con la relación de Cristo con la Iglesia. “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia” (Ef. 5.32).
Se entiende que para que el matrimonio sea una manifestación y apocálipsis=revelación de la boda de Cristo Dios con la Iglesia, los cónyuges deben continuamente superar al antiguo hombre que esconden en su interior, crucificar sus egoísmos y sus pazos y vayan adquiriendo en profundidad la divina virtud de la tapinofrosini (actitud, conducta interior ética, sana y humilde). Desde este aspecto el Matrimonio es una participación en la muerte y la resurrección de Cristo Dios.
Nadie puede vivir la nueva vida resucitada en Cristo Dios, sin antes no se ha crucificado junto con él y no ha enterrado al hombre antiguo. Los dos cónyuges se ayudan mutuamente para crucificar al antiguo hombre. Esto es muy difícil. Es un tipo de martirio. No es casualidad que en el oficio del Matrimonio se psalmodía lo: “Santos Mártires, que habéis entrenado bien y os habéis coronado….”, mientras se hace una procesión, estando primero el sacerdote llevando el santo Evangelio. Esta procesión nos recuerda que el Matrimonio es un camino continuo de los cónyuges hacia la Realeza increada de Dios, en una lucha continua por la conquista de la santidad.
Este camino de los cónyuges se hará precediendo Cristo y el Evangelio por la vía del martirio, de la lucha diaria de ellos negándose a sí mismos, su mal carácter, haciendo la voluntad de Dios y ofrecidos al compañero (a) de sus vidas. Si los cónyuges cristianos no aceptan el Matrimonio como lucha y sacrificio, ¿cómo sobrevivirá la relación cuando aparezcan las primeras dificultades?
Lo anterior no agota la teología Ortodoxa sobre el Matrimonio. Sólo son algunos pensamientos introductorios.
De todos modos se debe entender que el Matrimonio y la Familia no pueden sanarse y salvarse, si los cónyuges cristianos no son catequizados y no adquieren conciencia de la esencia del Matrimonio, como Misterio de la Iglesia. Mucho tenemos que hacer sobre esta dirección los pastores de nuestra Iglesia. Nuestro trabajo no es de registrar, bendecir e inscribir un hecho social, sino obra de pastor e instructor en Cristo.
Los futuros novios, nuevos matrimonios y casados Cristianos, deben ser enseñados por los pastores qué importancia tiene el matrimonio, por qué es “misterio” y como se puede hacer vida de casados dignamente. En este trabajo nuestro difícil – obra realmente pastoral- debemos ser ayudados también de los hermanos laicos que son las manos y los pies de los clérigos.
La santificación, sanación y salvación del Matrimonio y la familia no es obra sólo del Obispo y los Sacerdotes, sino de toda la comunidad, la parroquia y por eso están todos llamados a apoyar a los pastores según la llamada y el don o carisma que ha recibido cada uno de ellos.

Resumen de la lección enseñada en el Centro de Apoyo a la Familia, por la santa Arquidiócesis de Atenas.

Yeοryios Kapsanis, Yérontas santo Monasterio Grigoriu Santa Montaña

Traductor: xX.jJ

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