«

»

may 24 2013

Domingo de las Mirróforas (III)

Mirróforas II

 

Donde se refiere que la Zeotocos-Madre de Dios fue la primera que ha visto al Señor después de su resurrección de los muertos.

1. La resurrección del Señor es la renovación de la naturaleza humana. Y para el primer Adán, que a causa del pecado fue tragado por la muerte y por la muerte volvió en la tierra, donde había sido creado, es la revivificación, recreación y retorno hacia la vida eterna. Aquel, pues, nadie le había visto como fue creado y recibió la vida (puesto que en aquel momento no había ningún otro ser humano). Pero cuando ha recibido el soplo o aliento de vida por el divino soplo, primero de todos los demás le había visto una mujer (porque Eva fue el primer ser humano después de Adán).

2. De la misma manera pues, también el segundo Adán, es decir, el Señor cuando estaba resucitando de los muertos, ningún hombre le había visto (puesto que ninguno de los suyos estaba allí y los soldados vigilaban la tumba, atormentados de miedo, se habían convertido como muertos). Pero después de la resurrección, la primera de todos los demás le vio una mujer, tal y como hemos escuchado al evangelio que hoy nos dice Marcos. Porque dice: el Jesús resucitado por la mañana el primer Sábado apareció primero a María Magdalena.

3. Ciertamente, parece que el Evangelista manifiesta claramente también la hora que ha resucitado el Señor, es decir, por la mañana, y que primero apareció a María Magdalena y que apareció la misma hora de la resurrección. Pero no lo dice así, tal y como lo clarificaremos, si prestamos un poco de atención. Porque un poquito antes y de acuerdo con los otros Evangelistas, dice también él, que la misma María junto con las demás Mirroforas vino antes a la tumba, la vio vacía y se marchó. Por lo tanto el Señor ha resucitado mucho más antes que la mañana temprano que ella le había visto. Sobre todo, el Evangelista señalando también aquella hora, no dijo simplemente por la mañana como aquí, sino muy temprano. Entonces amanecer del sol, allí llama la luz tenue que aparece primeramente en el horizonte, la que Juan también da a entender que María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro, y vio la piedra despalzada del monumento.

4. Y según Juan, ella no sólo vino a la tumba, sino también se marchó de la tumba, sin aún haber visto al Señor. Porque corre y viene hacia Pedro y Juan y anuncia que lo habían llevado y no que había resucitado. Por lo tanto todavía no conocía la resurrección. Así que, María no fue simplemente la primera a la que había aparecido el Señor, sino la primera después de la llegada del día plenamente.

5. Así que hay algo que se refiere encubiertamente por los Evangelistas, lo cual os lo apocaliptaré=revelaré para vuestra agapi (amor). Porque el evangelio (buena nueva) de la resurrección del Señor, como es debido y justo, primera de todos los humanos lo ha recibido de el Señor, la Zeotocos, y ella antes que todos Le vio resucitado y disfrutó de Su divina intervención y homilía. Y no sólo le vio con sus ojos y le escuchó con sus oídos, sino que también ella primera y sólo ella le tocó Sus inmaculados pies; aunque todas estas cosas los Evangelistas no las dicen abiertamente, no queriendo presentar como testigo de la resurrección la madre y dar así motivo de sospechas a los infieles. Pero nosotros ahora con la jaris (gracia, energía increada) del Resucitado hablamos a los fieles y el argumento de la fiesta nos obliga a aclarar cuestiones relativas sobre las Mirroforas. Por eso, como nos proporciona la licencia el logos de aquel que ha dicho: “no habrá nada de lo que está escondido que no será revelado”, lo haremos de manera que lo escondido también sea revelado.

6. Mirroforas pues, son las mujeres que siguieron junto con su Madre al Señor y permanecieron junto con ella durante el pazos-padecimiento salvador y se ocuparon de ungir con mirra el cuerpo del Señor. Es decir, el tiempo que José de Arimatea y Nicodemo pidieron y recibieron del Pilato el cuerpo soberano, lo descolgaron de la cruz, lo envolvieron con sábanas que contenían mucha y fuerte fragancia; y lo colocaron en un monumento esculpido y pusieron una gran piedra sobre la puerta del monumento; se encontraban allí y observaban, según el Evangelista Marco, María Magdalena y la otra María, sentadas enfrente del sepulcro. Con la frase “y la otra María” se da a entender sin duda la Madre de Dios. Porque ella se estaba llamando madre de Santiago e Iosí, porque ellos eran hijos de José. No sólo se encontraban allí observando, cuando se estaba enterrando al Señor, como nos relata Lucas escribiendo: Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas.

7. Dice, “mientras regresaron compraron aromas y mirra”. Porque todavía no habían entendido exactamente que Él es realmente el olor de la vida para los que se le acercan con fe (exactamente también es olor de muerte para los que hasta el final son incrédulos), y olor de sus prendas, es decir, de Su propio cuerpo, es como todos los arromas y la mirra por el vaciamiento (kénosis) del nombre de él, con el cual se ha llenado el universo de divina fragancia increada. Pero preparan mirra y perfumes, por una parte para honrar y adorar al muerto depositado, y por otra parte, con la invención de la unción encontrar algo de consuelo, para los que querían permanecer cerca del cuerpo, puesto que esto desprendería mal olor a causa de la descomposición.

8. Mientras, pues, reposaron prepararon mirra y aromas, porque el Sábado es día de descanso, según el mandamiento. Porque aún no había comprendido los verdaderos Sábados, ni habían conocido aquel supra-bendecido Sábado que traspasa nuestra naturaleza humana, desde las cavernas del Hades, a la altura sobre-iluminada, divina y celeste. El Mateo dice: Pasado el Sábado día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, y que eran dos las que vinieron; en cambio Juan: El primer día de la semana, dice una, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y Marcos: Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle, dice que eran tres las mujeres que vinieron.

9. «Μίαν Σαββάτων uno de los Sábados» pues llaman todos los evangelistas el Domingo. «Οψέ Σαββάτων pasado el Sábado día de reposo, al amanecer del primer día de la semana» y «όρθρον βαθύν al rayar el alba o la profundidad matinal» y «λίαν πρωί muy temprano» y «πρωί σκοτίας έτι ούσης, de mañana, siendo aún oscuras», llaman más o menos el tiempo de maitines, cuando la luz está aún mezclada con la oscuridad. Maitines es desde el momento que empieza de la parte oriental a iluminarse el horizonte, preanunciando así la llegada del día. Este punto observando uno desde lejos, puede ver que empieza a dorar con luz alrededor de la novena hora de la noche, de modo que hasta el pleno día faltan otras tres horas.

10. Es cierto que de una manera los evangelistas parece que no están de acuerdo entre ellos, tanto para la hora, como también para el número de mujeres. Y esto, tal y como he dicho, las Mirroforas eran muchas y vinieron a la tumba, no sólo una vez, sino dos y tres, y en grupos, pero no siempre las mismas, todas también durante los maitines, pero no exactamente el mismo momento; y la Magdalena se separó y regresó otra vez sola y permaneció más tiempo. El evangelista, pues, se refiere a la llegada de un grupo y omite los otros grupos. Entonces tal como yo considero y deduzco de todos los evangelistas, como dije antes, primera de todas vino a la tumba de su Hijo y Dios la Zeotocos (Madre de Dios), teniendo consigo también la María Magdalena. Y esto principalmente lo deduzco de el evangelista Mateo. Porque él dice: «Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María (que por supuesto era la Madre de Dios), a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos».

11. Todas, pues, las demás mujeres vinieron después del terremoto y de la huida de los guardias y encontraron la tumba abierta y la piedra desplazada. En cambio la Madre de Dios se encontraba allí el momento que ocurría el terremoto y dejaba de lado la piedra grande abriéndose la tumba, también se encontraban los guardias (aunque estaban conmocionados por el miedo, por eso justo después del terremoto, cuando volvieron en sí mismos, miraron cómo huir corriendo y así la Madre de Dios disfrutaba ya con menos miedo esta vista). Además, a mí me parece que para ella fuera la primera, se abrió aquella tumba vivificante (porque para ella primero y por ella se nos ha abierto todo lo que está sobre el cielo y aquí abajo en la tierra); y para ella resplandeció así el ángel, es decir, aunque aún estaba oscuro, con la abundancia de la luz del ángel pudiera ver no sólo el vacío de la tumba, sino también los lienzos puestos ordenados, de modo que testifican de todas formas el levantamiento del enterrado allí.

12. Obviamente el ángel que anuncia la buena noticia era el mismo Gabriel. Porque apenas la vio correr así hacia la tumba, él que antiguamente la había dicho: no tengas miedo, Mariam tienes la gracia, el favor de Dios; ahora él baja para decir otra vez lo mismo a la Siempre Virgen y anunciarla la buena noticia de la resurrección de los muertos de aquel que nació de ella no con esperma y levantar la piedra enseñando el vacío de la tumba y los lienzos ordenados y así confirmarla la gozosa noticia. Porque dice: «Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor» (Mt 28, 5-7). En otras palabras, aunque veis los guardias abrumados por el miedo, sin embargo vosotras no tengáis miedo. Porque yo sé que buscáis a Jesús que fue crucificado. Se levantó, no está aquí. Porque él, no sólo no es detenido del hades, de la muerte y de los cantados de la tumba, las palancas y las cadenas, sino que es también el Señor nuestro de los ángeles inmortales y celestiales y sólo él es el Señor del universo. Porque dice, habéis visto el lugar donde estaba depositado el Señor, id rápido y decid a los discípulos que se ha resucitado de los muertos.

13. Salió, dice, con temor, gran gozo y alegría. A mí me parece que María Magdalena y las demás mujeres que se habían reunido hasta entonces, el miedo aún lo tenían. Porque ellas no entendieron el significado de los logos del ángel, ni pudieron captar bien la luz increada de manera que aprecien con exactitud los hechos. En cambio la gran alegría la recibió la Madre de Dios, porque entendió los logos del ángel y se entregó entera en aquella luz como purificada y sanada extremadamente y colmada de la jaris gracia la energía increada; y de todo esto conoció con certeza la verdad y creyó al arcángel, puesto que él antaño con obras la demostró su fiabilidad. Además, la Virgen había participado en este tipo de acontecimientos entonces ¿cómo no iba a entender y enterarse la teósofa Virgen lo que había ocurrido, cuando vio el gran terremoto? ¡Cuando vio al ángel bajar del cielo, y sobre todo cubierto de luces centellantes! ¡Cuando vio la necrosis de los guardias, la piedra removida y el gran milagro de los lienzos ordenados vacíos del cuerpo, contenidos de mirra y áloe!, ¡incluso cuando cuando vio la deleitante aparición y la anunciación del ángel hacia ella!

14. Pero desde que salieron fuera, después de la feliz noticia, por una parte María Magdalena, como si no hubiese escuchado al ángel (además aquel no había hablado ni siquiera para ella), confirma sólo el vacío de la tumba, sin interesarse por los lienzos, y corre hacia Simón Padro y el otro discípulo, como nos dice Juan.

15. Por otro lado, la Virgen Madre de Dios, mientras se había unido con otro grupo de mujeres, regresaba otra vez allí por donde había venido. He aquí, como dice Mateo, el Jesús respondió a ellas diciendo: χαίρετε (jérete) hola o alegraos. Veis, pues, que antes de María Magdalena, la Madre de Dios ha visto a éste que por nuestra sanación y salvación padeció físicamente, fue enterado y se resucitó. Las que habían venido, dice que le abrazaron sus pies y le veneraron. De modo que cuando la Madre de Dios junto con María Magdalena escuchó por el ángel la feliz noticia de la resurrección, sólo ella entendió la importancia de aquellos logos. Lo mismo también ahora que estaba junto con las demás mujeres, cuando encontró a su Hijo y Dios, primero ella vio y reconoció al resucitado y arrodillándose en sus pies los abrazó y se convirtió en apóstol ( enviada) de él hacia los Apóstoles (Enviados).)

16. El que María Magdalena no estaba junto con la Madre de Dios, cuando la encontró, apareció y la habló el Señor, mientras regresaba de la tumba, nos lo enseña Juan, porque dice: «Entonces corrió y vino a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba especialmente y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto» (Jn 20,2). Si realmente le hubiera vistο y tocado con sus manos y le hubiera escuchado hablar, ¿cómo diría estas cosas? Es decir, que le han levantado y transportado, ¿pero a dónde?, no lo sabemos. Pero después de correr Pedro y Juan hacia la tumba, la vista de los lienzos y el retorno de ellos, dice: María estaba de pie fuera del monumento llorando. Veis que no sólo no lo había visto sino tampoco por oído se había informado de algo. Y cuando los aparecidos ángeles la preguntaron: ¿mujer por qué lloras?, ella responde otra vez como si se tratara sobre el muerto. Y otra vez cuando giró, no ha visto a Jesús, tampoco entonces entendió, sino que preguntada por él por qué llora, contesta similarmente. Hasta que aquel llamándola por su nombre, le enseñó que es él mismo. Entonces cuando ella se arrodilló y ofreció culto queriendo abrazar a sus pies, escuchó las palabras: no me toques. De lo cual aprendemos que, cuando anteriormente apareció a la Madre y las mujeres que estaban con ella, sólo en ella ha permitido que tocase sus pies (a pesar que Mateo esto lo refiere en general, también para las otras mujeres que estaban con ella, no queriendo, por la razón que hemos contado al principio, proyectar claramente la Madre en un tema de este tipo).

17. Y puesto que la siempre Virgen María vino primera a la tumba y fue la primera que ha recibido el mensaje de la resurrección, después vinieron las demás, que habían muchas juntas, y ellas vieron también la piedra desplazada y escucharon los ángeles; y mientras regresaban después de haber escuchado y ver todo esto, lo compartieron. Y como dice Marco el evangelista, se fueron del monumento con miedo y éxtasis y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. Otras siguieron la Madre del Señor y fueron dignas de la vista y la conversación con el Soberano. En cambio Magdalena se fue a Pedro y a Juan y junto con ellos regresa otra vez a la tumba. Y cuando aquellos se marcharon, ella se hace digna de la vista del Soberano y es mandada ella también a los Apóstoles y viene otra vez hacia ellos, para anunciarles, como dice Juan, que ha visto al Señor. Sobre esta manifestación, pues, dice también Marco que se hizo por la mañana, durante el pleno comienzo del día, pero sin sostener que la resurrección del Señor fue también su primera aparición.

18. Ahora, pues, tenemos con claridad explicadas las cosas sobre las Mirroforas y también la concordancia de los cuatro evangelistas sobre estas cosas que buscábamos desde el principio. En cambio los discípulos cuando el mismo día de la resurrección escucharon de las Mirroforas, de Pedro, Lucas y Kleopa que el Señor vive y le vieron, no creyeron. Por eso son recriminados por él, cuando después se les apareció mientras estaban reunidos: Mientras que a través de muchas personas y de varias maneras se manifestó a sí mismo de que vive, no sólo no creyeron, sino que predicaron en todas partes. Y ellos saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando el logos con las señales que lo seguían. Porque hasta que se fuera predicado su logos en toda la tierra, los milagros eran necesarios.

19. Y por un lado, hacen falta señales sobrenaturales para que se vea y se confirme la verdad del kerigma. Y por otro lado, hacen falta “señales” pero no milagros sobrenaturales para que se vean aquellos que han aceptado el logos, es decir, si han creído con certeza. ¿Y cuáles son estas señales? Las señales de las obras. Porque dice: enséñame tu fe por tus obras, y qué tipo de creyente eres lo veré de ellas. ¿Pero quién puede creer a alguien que tiene realmente loyismí (pensamientos, ideas, reflexiones) divinos, diríamos celestes (que la piedad es exactamente así), cuando éste se dedica en obras inmorales y está pegado en la tierra y las cosas terrenales?

20. Hermanos míos, no se beneficia en nada el que uno diga que tiene fe divina y no tiene obras que están de acuerdo con su fe. ¿En qué beneficiaron las velas encendidas de las vírgenes tontas, en el momento que no tenían aceite, es decir, obras de agapi, caridad y simpatía? ¿En qué se benefició aquel rico, llamando a Abrahan “padre”, mientras que él se estaba asándose en el fuego inextinguible a causa de su antipatía al pobre Lázaro? ¿En qué se benefició aquel hombre con su supuesta invitación y buenas palabras, que al no tener buenas obras no había adquirido la prenda adecuada para la boda divina, la prenda de la incorruptibilidad? Fue invitado y vino (porque tenía dudas sobre la fe) y se sentó junto con aquellos santos comensales. Pero cuando fue desenmascarado y avergonzado, porque estaba vestido con la miseria de sus conductas y praxis, es atado en pies y manos sin piedad y se echa en el fuego del infierno, donde es el llanto y el crujir de los dientes.

21. Ojalá que este infierno no lo pruebe ninguno de nosotros que nos llamamos cristianos, sino que haciendo vida análoga con nuestra fe, seamos introducidos en la habitación nupcial y vivir eternamente junto con todos los Santos, allí donde está la casa de todos los deleitados y agraciados. Amín.

San Gregorio Palamás Megadidáscalos

 

Fuente: hristospanagia5
Traductor: xX.jJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*