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dic 14 2013

La filaftía – egolatría

vicios

 

INTRODUCCIÓN. Φιλαυτία (filaftía), es egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo. El hombre que sufre de la filaftía generalmente es identificado con el egoísta. El egoísta no tiene la imagen real de su estado o de sí mismo. La mayor parte de su “yo” es fantasioso, imaginativo, mientras que su autoimagen narcisista constantemente varía. Busca continuamente la confirmación de los demás. Hace sus voluntades derechos, mientras que sus errores no los tiene en cuenta, los omite. Por su egoísmo tiene miedo, sufre dolor, se avergüenza, se angustia y se ansia, naturalmente es muy fácil tomarle el pelo aún reírte de él, basta que le halagues y le infles su yo.

Pero el egoísmo no es sólo el comportamiento egocéntrico, sino principalmente esto que llamamos filaftía-egolatría. Los Padres nípticos en sus escritos ascéticos describen las manifestaciones de la filaftía y las maneras de luchar contra ella. La filaftía es la condensación de todos los pazos. A causa de la filaftía, el hombre contemporáneo trata de ser “Dios” sin Dios y se comporta como los primeros en ser creados. Se olvida que, como hijo auténtico de la post caída, es como imagen de Dios, y que es adoptado como hijo con el bautismo e incluso esta misma zéosis o glorificación (la semejanza) es regalada. Y a pesar de esto busca su reconocimiento personal, su propia gloria (sin gloria, vanagloria) y su autodeificación. El mismo Dios queriendo quitarnos esta agapi (amor) enfermiza de nosotros mismos, nos pone como primer mandamiento, amar enteramente con nuestro corazón a Dios y por extensión a nuestro prójimo. Por eso, la bienaventuranza del Señor dice “bienaventurados los humildes”, porque ellos pueden amar.

Filaftía como pazos: El Apóstol Pablo a Timoteo dice: También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; (2Tim 3,1-5). Pone primero la filaftía, como pazos de caída por excelencia, porque de ella nacen los demás pazos. Los Padres centran la terapia “psicoterapia” de la persona en el vaciamiento del egoísmo que es la madre y el alimento de los pazos. La filaftía es “principio, inicio de los males” (san Máximo el Confesor), “es la reina de los pecados” (san Gregorio el Diálogo) y “la necrosis de la vida divina” (san Nicodemo el Aghiorita).

Si te amas excesivamente a ti mismo y halagas tu yo, no quieres esforzarte ni tener paciencia a la tentación, tampoco aceptarás y soportarás cualquier cosa mala que te pasa. San Hisijio escribe que los hijos de la filaftía son el auto halago, la autocomplacencia, la gula, la lujuria, la vanagloria, la envidia y el orgullo. ¡El hombre ególatra egocéntrico no queriendo y no pudiendo amar a sus semejantes, siente a su prójimo como el infierno suyo! La Ilustración, el romanticismo y la contemporánea filosofía de “New Age” cambiaron la consideración de la sociedad humana y de Θεανθρωποκεντρική (zaenzropoentikí) Divinohumanocéntrica la convirtieron en ανθρωποκεντρική (anzropokentrikí) humanocéntrica. La “sociedad” occidental actual está caracterizada por el ensalzamiento del yo, del sí mismo. Cada uno ya considera «Verdad” aquello que él produce conceptualmente. El hombre humanista busca auto-justificación y auto-deificación. La persona se ha convertido en individuo y la sociedad en masa.

Consecuencia de esto es que el hombre vive la soledad. Es el “desierto de las ciudades”, dice el Yérontas Moisés de Athos.

El Yérontas José de Vatopedi Athos decía: “La filaftía-egolatría se divide en dos partes, la material y la espiritual. A causa de esto se irritan los dos tipos de pazos, los somáticos (corporales) y los psíquicos. Así la ira o enfado aparece porque se valla el camino de la filaftía. A los que tienen pazos somáticos y están prisioneros en estos, en ellos dominan los deseos, apetitos y placeres insensatos, la ira se mueve por el miedo de privación de su satisfacción. Lo mismo pasa con los que están prisioneros a los pazos psíquicos, como la vanagloria, el egoísmo, el orgullo… ¡Todos estos son motivos y herramientas de la ira o el enfado, que nos separan de la completa agapi y la vida, el Dios, y nos preparan un lugar en el Hades y la muerte, el lugar del Satanás! ”.

San Juan el Sinaíta aconseja: “Vigílate y ten cuidado de la madre de todos los males, la filaftía-egolatría, que es el paradójico amor al cuerpo. De ella nacen los apasionados y malignos loyismí de la gula, la avaricia y la vanagloria, que se forman teniendo como excusa la supuesta necesidad del cuerpo y de estos loyismí (pensamientos simples o compuestos con la fantasía, ideas, reflexiones) nace de nuevo la lista completa de todos los males. Es necesario, pues, que tengamos cuidado y luchar contra la filaftía con mucha nipsis. Contra la filaftía luchan la agapi y la autocontención o autodominio. Dice el Apóstol Pablo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne (cuerpo), (Ef 5, 29), sino que la trata con austeridad y dureza, y la pone en servidumbre (1ªCor 9,27), proporcionándola nada más que ropa y comida (1Tim 6,8), y de estas las que son necesarias para vivir”.

El Yérontas Paísios decía: “Cuando el nus se ha girado hacia Dios, tiene como esclavo el cuerpo y no lo proporciona nada más que lo necesario para la vida. Por otro lado, si se ha girado hacia el cuerpo, entonces es sometido a los pazos y continuamente desea ocuparse del cuerpo”.

LA OTRA FILAFTÍA-EGOLARÍA: hay también otra rama de la filaftía, egolatría-egoísmo muy difícil de distinguir que se vincula con la religiosidad. Es el conocido farisaísmo, el fanatismo, el fundamentalismo, la superstición religiosa y el mal celo exagerado. Uno puede ser cumplidor típico de los divinos mandamientos, pero su preferencia y voluntad no se identifique con la voluntad de Dios, sino con su reconocimiento propio y “rellenar” su filaftía. Es la persona que convierte la moral eclesiástica en una serie de cánones o leyes moralistas. Se considera a sí mismo sanado, salvado y carga a los que le rodean con órdenes absurdos e innecesarios, permanece en los tipos sin discernimiento, perdiendo la esencia.

ESPEJO DEL AUTOEXAMEN: Según san Nicodemo el Aghiorita, el hombre debe examinarse, despreciarse y odiarse a sí mismo. Porque este odio, según el Santo, es sanador y salvífico; esto te hace contrariarte a la conducta de la carne y la voluntad del diablo; por lo contrario, se somete a la voluntad de Dios. Sin embargo si uno se halaga y se ama a sí mismo desordenada e inconmensurablemente, no podrá esforzarse, ni fatigarse, tampoco soportar la tentación, ni someterse a la voluntad del Señor. Y añade el Santo Aghiorita: “si tu eres fílaftos-ególatra y te amas a ti mismo, en realidad te odias a ti mismo y te arruinarás”, recalcando que: “sin la filaftía el diablo no puede perjudicar al hombre ni en lo más mínimo”

Según los Santos Padres, el Dios no mata al hombre, está esperando su metania (introspección, conversión, arrepentimiento y confesión). Por eso en esta vida nos perdona dándonos la metania, según san Gregorio Palamás. El autoexamen que sugiere san Nicodemo contiene la metania: “Examina la metania cómo la haces; primero qué tipo es tu disposición y ánimo interior, tu metania, en qué consiste el aborrecer y odiar tus pecados más que cualquier otro mal”. Finalmente sugiere que examinemos las obras de nuestra vida, si las hacemos por agapi o por obligación. Porque “si son simplemente mundanas, que tu las llamas tratados y obras valiosas, los santos estas obras las llaman inútiles y perdidas, porque no son útiles para el propósito de la sanación y la salvación” (…), si son obras de este tipo ódialas, recházalas y ocúpate sólo con aquellas obras y praxis de las que tendrás salario al cielo”.

TERAPIA: Los Santos Padres de la Iglesia han descrito el desarrollo de la enfermedad de la filaftía-egocentrísmo, como también de la terapia de ella. San Juan Crisóstomo nos dice que el fílaftos-ególatra necesita adquirir la humildad. Uno tiene que hacerse humilde viendo el sacrificio del Novio (Cristo Dios y hombre), viendo la perfección de las creaciones y Su infinita sabiduría. También un medio de ayuda es la Divina Efjaristía, donde todos funcionamos como Iglesia con absoluta piedad y respeto. Pero también personalmente cada uno de nosotros entrando en el espacio del ayuno, la oración, la obediencia, la ascesis y la lectura de los Evangelios, siente la debilidad de su propia naturaleza y la altura que han ascendido los santos con la χάρις (jaris) gracia, energía increada de Dios. Si el fílaftos-ególatra no quiere corregirse que escuche la Santa Escritura: “porque cualquiera que se enaltece, será humillado (Lc 18,14), y “Dios resiste a los soberbios” (1Ped 5,5). Cuando el hombre no entiende y no se beneficia de la jaris de las donaciones de Dios sino que las considera, tal vez, como causa de la vanagloria, entonces viene la jaris de las tentaciones. El hombre en algún momento, sin quererlo, es quebrantado profundamente y puede perder todo lo que creía tener como dado, salud, fortuna y familiares. Según san Máximo el Confesor el “desprecio” del cuerpo y de la filaftía-egolatría conduce a la zéosis, (deificación o glorificación): “Si Gedeón no hubiera roto los cántaros, no hubiese visto la luz de las antorchas” (Juec. 7,20). Así que si el hombre no desprecia su cuerpo, no podrá ver la luz increada de la Deidad”. El Dios nos indica con Su santa vida y logos la salida de la filaftía, la redención y la libertad. “El que quiera, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga”,  “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Ef 4,2), “ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1Cor 10,24), “a cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva” (Lc 6,30), “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt 5,44) y finalmente: “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis (Rom 12,14) “ . Será feliz aquel que Le seguirá porque: “El que sigue a mí no caminará en las tinieblas, sino que tendrá la luz (increada) de la vida”.

El Yérontas contemporáneo  Georgios Kapsanis en una entrevista dice: “Siempre y cuando nuestro corazón no está liberado de la filaftía-egolatría, la Χάρις (jaris, gracia, energía increada) de Dios no puede morar en él, expulsar la oscuridad y resaltar la belleza divina de nuestra psique creada por Dios y convertirnos en hijos de Dios y coherederos de Su realeza increada. La lucha contra la filaftía tiene que ser el deber de todos los cristianos, clérigos, monjes y láicos. Porque la participación a la realeza increada de Dios es llamada para todos los cristianos. Deseo y espero que con la Χάρις (jaris, gracia, energía increada) que todos hagamos esta lucha contra la filaftía, de modo que nos convirtamos en coherederos de la Realeza increada de Dios en Cristo”. (Yérontas Georgios, Monasterio san Gregorio Athos: La filaftía-egolatría es la condensación de todos los pazos).

Kostantino Ikonomu, maestro y escritor

Traductor: xX.jJ

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