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may 29 2017

El racionalismo y sus consecuencias en la vida de los cristianos

 

 

Meteora

 

Hoy en día, uno intentando captar y describir los atributos o cualidades básicas de nuestra época, comprueba que ella está dominada principalmente por una confianza exagerada al hombre, a sus fuerzas individuales y a su lógica o razón individual. Nuestra época es por excelencia egocéntrica y φίλαυτα (filafta (ególatra, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), asfixiada y oprimida por el individualismo. La apostasía de Dios, la autoconvicción, el ateísmo e incluso el antiteísmo son formas de dominio demoníaco que oprimen, deprimen y enfurecen al hombre actual.

El rápido desarrollo tecnológico, el progreso impresionante de las ciencias, el bienestar económico y la mejora de las condiciones de vida, han conducido a la deificación de la lógica o razón y las facultades naturales del hombre. Actuamos como absolutos soberanos y reguladores del mundo y de la historia. Pensamos que podemos y tenemos derecho hacer de todo, controlar y cambiar todo; la naturaleza de las cosas, el ambiente y la vida humana. Por eso intervenimos, mejoramos, cambiamos, alteramos, tras-generamos y transformamos.

Esta percepción desgraciadamente la encontramos también a nivel espiritual que corroe la vida y la lucha de los cristianos, incluso a los clérigos y monjes, y afecta de manera negativa y peligrosa el camino hacia nuestra sotiría (redención, sanación y salvación).

Nuestra Iglesia ortodoxa, como es sabido, trata siempre al hombre (que es como imagen y semejanza de CristoDios) como πρόσωπο (prósopo persona o personalidad) y nunca como άτομο (átomo, individuo). ¡Porque sólo el prósopo (persona o rostro o personalidad con logos y energía increada lógica suprema) puede intercomunicarse con el Dios y con su semejante!

Pero nosotros vivimos como átomos individuos englobados en nuestra filaftía excesivo amor a sí mismo y al cuerpo, egolatría, en nuestra voluntad “infalible” y en nuestra lógica o razón cuadrada. Confiamos exclusivamente en nuestras fuerzas y conocimientos, en nuestra perspicacia y en nuestro juicio recto. Esencialmente negamos la ayuda, la bendición y la χάρις jaris (gracia, energía increada) de Dios, aunque la pedimos superficialmente y la imploramos continuamente.

Programamos así nuestra vida sin habernos ocupado esencialmente de la pregunta: ¿Qué quiere el Dios de nosotros o cómo debemos vivir nuestra vida para que sea acorde con la voluntad de Dios? Al contrario, la mayoría de las veces transformamos nuestra vida de tal manera que sea acorde sólo con nuestros deseos, ilusiones, aspiraciones, ambiciones, codicias y vanaglorias.

La programación es la principal característica de nuestra vida diaria. Programamos y predeterminamos todo hasta el mínimo detalle, tanto en nuestra vida personal como en la familiar.

Nuestra principal preocupación e interés -sobre todo exagerado y ansioso- es principalmente la formación intelectual y mundana de nuestros hijos: recibir al máximo posible gnosis creadas científicas, aprender idiomas e instrumentos musicales, lograr muchos diplomas o títulos, participar en varias manifestaciones musicales, deportivas y de todo tipo de diversiones. Al contrario, no mostramos el interés análogo para la formación psíquica y espiritual de nuestros hijos, para enseñarles el verdadero sentido y propósito de la vida, inspirarlos esperanza y confianza en Cristo, en la Panayía (Toda Santa Zeotokos) y en nuestros Santos/as. No enseñamos nuestros hijos a amar, a perdonar y a ser humildes y pacientes. Así los hacemos materialistas e inmaduros, egoístas y filaftos (ególatras), exigentes y duros.

Organizamos sus vidas a base de los criterios mundanos y racionalistas, trastocando la orden o escalera de los valores y la jerarquización de las prioridades. Escogemos la gnosis mundana, el bienestar material, la comodidad, el dinero fácil y el disfrute insaciable de los bienes materiales y placeres carnales, la vida sin sufrimientos ni esfuerzos. Nos atrapamos también nosotros al tren de la lógica o razón y de las cosas obvias de nuestra época, las cuales con la excusa de que no podemos cambiarlas, esencialmente no queremos. La excusa acostumbrada es que «todos son así o que no podemos no aceptar y no disfrutar de los bienes de la tecnología y de la ciencia o que no podemos negar la vida contemporánea y la realidad o que no podemos privar nuestros hijos de una formación imprescindible y todas las provisiones contemporáneas para sus vidas.»

Naturalmente no nos referimos a que los padres no deben cuidar y esforzarse para la formación y el progreso de sus hijos. Aquí nos referimos a la preocupación exagerada y sin límites que resultan al agotamiento de los mismos niños, sometiéndolos a un esfuerzo interminable de continua pretensión de más objetivos, cada vez más conquistas superiores y grandes logros.

De esta manera los niños se privan también del mínimo reposo. ¡En realidad son los más trabajadores duros, de los cuales solamente una minoría de los mayores podría soportar estos programas pesados para los niños!

Así no cabe ninguna ocasión espiritual en el programa de ellos, el cual aún los Domingos y las Grandes fiestas contiene exámenes, temas, academias, idiomas y otras cosas relativas. Y mientras para todas estas actividades hacemos lo que sea para servir a nuestros hijos, transportándolos durante toda la semana con nuestros coches en varios sitios de academias, de espacios deportivos y diversiones, no hacemos lo mismo para llevarlos a la Iglesia el Domingo, para sus propias oraciones personales y estudio espiritual. Nosotros consideramos que las horas del eclesiasmo dominical o la oración y el estudio espiritual son imprescindibles para el reposo de ellos y por esto sacrificamos también las pocas ocasiones para el suministro espiritual de ellos.

Finalmente mientras pedimos de Dios bendecir y apoyar a nuestros hijos, en esencia Le pedimos que “bendiga” nuestro programa racionalista para ellos, apoyar nuestras elecciones y deseos, nuestro “plan” para sus vidas, sin que nosotros sigamos el plan de Dios para la vida de nuestros hijos y nuestra familia, que es a través de la oración, la paciencia, la esperanza, la confianza y la obediencia a la voluntad de Dios.

Además, en esto se debe también la fuerte sacudida de la institución de la familia y el tremendo aumento de los divorcios y en general la disolución del matrimonio y la separación entre los cónyuges. Es la perseverancia y persistencia de cada cónyuge a su voluntad individual, a su razón y justicia individual, a su egoísmo, a su racionalismo y a su autojustificación. Dos egoísmos recrudecidos salvajemente y autojustificados, no pueden coexistir en una convivencia vitalicia. La mayoría de los cónyuges ensalzando tenazmente sus egos o yos, rompen la paz familiar, entre disputas de razones, opiniones y voluntades egoístas y egocéntricas, negándose poner fin al conflicto buscando de manera humilde y sencilla el perdón. La palabra perdón o perdóname se ha extinguido del vocabulario familiar, tanto de los hijos como de los cónyuges.

Es muy importante y básico que los padres y madres enseñen a sus hijos desde pequeños pedir y conceder perdón después de cualquier disputa pequeña.

Dicen los Yérontas que en la casa donde existe el perdón habita el Dios, al contrario, en la que no existe el Dios habita el diablo.

 

Qué es el racionalismo

Vemos pues, que el racionalismo tiene múltiples consecuencias e influye de manera deformada y alterada en todas las facetas de la vida de los cristianos, de la personal, de la familiar y de la social.

El Racionalismo podríamos decir que, es la confianza exagerada a nuestra lógica o razón, la reducción de ella en autenticidad suprema y valor absoluto. Es mentalidad pecaminosa, bioteoría (teoría de vida) y no un pecado simple. En su esencia es incredulidad. El racionalismo es la manifestación más característica e insidiosa de la soberbia u orgullo, -la cual se encubre bajo de todos los pecados, se introduce en cada praxis nuestra y envenena todas nuestras obras buenas- que conduce a la autojustificación y finalmente al no arrepentimiento, cerrando así la puerta de la Divina misericordia (energía increada). La soberbia es el principio y fin de todos los males. Según el bienaventurado Yérontas Sofronio Athonita, de Rusia y Essex, la soberbia u orgullo constituye la amenaza fija y firme de la vida humana, se encuentra en la raíz de todas las tragedias del género humano y constituye la «esencia del hades».

El soberbio u orgulloso hombre, clérigo o monje, se hace individuo trasladando y transmitiendo la muerte y el hades, el infierno, no sólo a sí mismo sino también a su familia, a su cenobio (monasterio de vida común) y a su ambiente.

El hombre racionalista somete la pura y emanante fe en procesos racionalistas buscando argumentos y demostraciones. Cree solamente en lo que se puede comprender y ser aceptado de su cerebro o mente. Por eso, la mayoría de los hombres hoy en día, pero también muchos cristianos, dudan o no creen en la inmortalidad de la psique, en la existencia de la otra vida, en la resurrección de los muertos, en el paraíso y en el infierno. Niegan la existencia del diablo, nuestro enemigo desde siglos, antes de la existencia humana. Ignoran que el diablo es rostro con personalidad, con nus y voluntad, y que este mismo diablo constituye la fuente y causa del mal, aceptando de forma general y abstracta solamente “la existencia de fuerzas del mal”. Esta es también la razón que atrapa y conduce con tanta frecuencia y frivolidad a los magos, a los médium, a los astrólogos etc., con las conocidas consecuencias, muchas veces irreparables.

Dudan de los misterios de nuestra Iglesia, igual de la santa Confesión, de la Divina Comunión y del Matrimonio que tiende a ser una convivencia o apareamiento simple como los animales, una relación libre, fuera del matrimonio. Niegan o aceptan selectivamente los dogmas de nuestra fe, los mandamientos del Evangelio, el culto, la piedad y la tradición de nuestra Iglesia, porque no pueden captarlos con la razón de su mente, con la lógica o con sus cerebros.

El racionalista, la fe que es la experiencia y la confianza a Dios la sustituye con el pensamiento y la lógica o diania (mente, intelecto, cerebro). Pero así, se anula esencialmente la fe, ya que el Dios no se demuestra sino que se nos apocalipta-revela, se nos manifiesta; se apocalipta-revela místicamente en nosotros; se vive en experiencia cordial y emanantemente, de forma humilde, sencilla y sin ruido. Por eso, el racionalismo esencialmente consiste en incredulidad; otra forma de ateísmo, quizás peor que el puro y absoluto ateísmo, ya que nos relaja, nos engaña y nos decepciona como si supuestamente creyésemos.

Precisamente esta es también la razón por la que el racionalismo y la percepción racionalista de la fe es uno de los impedimentos más serios, y a la vez uno de los problemas difíciles de solucionar porque amenazan, alteran y malquieren el camino espiritual de los fieles contemporáneos, amenazando la sotiría (redención, sanación y salvación) de ellos.

Diríamos que el racionalismo no es simplemente un pecado único y concreto, que es humano y natural que suceda a cada fiel que lucha para su sotiría, ya que nadie es impecable o infalible. Por eso todas nuestras caídas y nuestros pecados son perdonados, cuando el fiel con verdadera metania (introspección, arrepentimiento, cambio de mentalidad y confesión) los deposita al patrajilion* de nuestro guía Espiritual, en el Misterio de la Santa Confesión. * (Patrajilio es un tipo de bufanda o estola por la que se realiza el Misterio de la absolución de los pecados).

El racionalismo, pues, supera los límites y las fronteras estrechas del pecado y funciona de otra manera, actúa de forma corrosiva socavando los mismos cimientos y las cosas esenciales de la fe. El racionalismo deroga la relación, la confianza y la esperanza, porque está basado sólo en nuestras conclusiones lógicas, en nuestras percepciones individuales, en nuestra bioteoría (teoría de vida) y mentalidad individual.

Antes de pasar a tratar sobre las relaciones del racionalismo con la fe y la vida cristiana, es necesario y útil hacer una referencia y aclaración sobre el fenómeno negativo del racionalismo y sus análogas consecuencias en la vida espiritual de cada uno, pero en ningún caso tiene el sentido de subestimación, desprecio o confusión de esta gran donación de Dios hacia el hombre que es la lógica, la cual difiere de los animales irracionales sin lógica y del resto de la creación.

 

Nus y logos 

Para que entendamos mejor la diferencia entre el uso “bueno” y “malo” de la lógica que es el racionalismo, sería necesario desarrollar en brevedad la enseñanza de nuestra Iglesia ortodoxa sobre la naturaleza y la liturgia-funcionamiento de la lógica humana.

Según san Máximo el Confesor y la tradición patrística Ortodoxa, el hombre tiene dos centros gnósticos. Es decir, dos caminos, dos tropos (formas, maneras o modos) con los que puede conocer las cosas, la naturaleza creada de la creación y al mismo Dios increado.

Estos dos centros son el nus (como energía u ojo de la psique y que los padres le identifican con el corazón espiritual, como esencia) y el logos (la lógica, la diania mente intelecto o cerebro, pensamiento lógico expresado con la voz propia de la palabra). El nus tiene su sede en el corazón y el logos o la lógica al cerebro y se expresa por la voz. El nus es el centro de la psique, por eso los Padres le llaman «hegemónico o conductor de la psique». Con el nus, que es energía zeorítica (perceptiva contemplativa, expectativa) de la psique, -por eso se llama también el ojo de la psique-, el hombre adquiere la gnosis (increada) y la experiencia de Dios, se hace partícipe de la Divina Apocálipsis.

El logos, la lógica es energía práctica de la psique. Con el logos, lógica el hombre conoce la natura-fisis y la creación creada. La gnosis de la creación de Dios ayuda, por supuesto, al hombre llegar también a la gnosis del mismo Dios, pero esta gnosis la adquiere con el nus. Es decir, con la lógica no podemos conocer a Dios. La lógica nos conduce a la necesidad de la fe en Dios. Pero la verdadera gnosis (increada e inolvidable) de Dios se hace con el nus (como instrumente y energía), es decir, con el corazón (espiritual como esencia).

El mayor obstáculo que no permite al hombre contemporáneo llegar a la gnosis (espiritual, increada) de Dios es exactamente esto: intenta conocer a Dios con tropo (forma, manera, modo) equivocado, utilizando medios equivocados. Es decir, sustituye el nus (corazón) con el logos (lógica) y así resulta al racionalismo y la debilidad de conocer a Dios verdaderamente. (O sea, confunde el conocer por experiencia y percepción apocalíptica que se hace al corazón con el saber intelectual por lectura o estudio académico que se hace con la lógica de la mente o intelecto).

La relación entre el nus y el logos, el Abad Isaac el Sirio la describe como relación entre la «gnosis física o natural» y la «gnosis espiritual». Tal y como se refiere el santo yérontas Paísios el Aghiorita: «La lógica, es decir, la gnosis física o natural es la que nos ayuda a adquirir la gnosis espiritual. Pero cuando el hombre permanece en la gnosis física o natural no asciende al Cielo. Es decir, permanece al Paraíso terrenal que estaba regándose de los ríos Éufrates y Tigre, y se alegra de la bella naturaleza con los animales, pero no sube al Paraíso celeste a alegrarse con los Ángeles y los Santos. Para que subamos al Paraíso celeste es imprescindible la fe al Dueño y Señor del Paraíso para amarle y reconocer nuestra pecaminosidad (enfermedad), hacernos humildes y humillar, despreciar a nuestro egoísmo, para conocerLe y conversar con Él orando y glorificarLe tanto cuando nos ayuda como cuando nos tienta y prueba» (Yérontas Paisios, “Logos A´, Con dolor y amor para el hombre contemporáneo”, editado por santo Monasterio san Juan el Evangelista Thesalónica).

Por esta razón la Ortodoxia nunca vino en contrariedad y conflicto con la ciencia, la cual interpreta las leyes naturales, ni en oposición con la educación y estudio o la adquisición de las gnosis creadas.

Sobre este tema es interesante y aclarativa la referencia del padre Gheorgios Metalinós: «El camino espiritual de la tradición helénica de oriente, hisijasta y apofática, camino a la zéosis o glorificación, ascética -práctica y somática (corporal), se sostiene en el concreto método gnóstico (conocido); es decir, la catarsis del corazón de los pazos, la iluminación del corazón y del nus por la energía increada del Espíritu Santo y la zéosis, divinización o glorificación que consiste en el perfeccionamiento de la existencia humana dentro de la visión, expectación o zeoría contemplación de la doxa increada (gloria, luz de luces increada) y la realeza increada de Cristo. La tradición profético-apostólica y patrística de la Ortodoxia, rechaza la consideración abstracta filosófico-imaginativa de Dios, persistiendo en su ascético-empírico acercamiento y aproximación. El órgano o instrumento de la gnosis teológica es, según la tradición ortodoxa, el nus, que cuando funciona correctamente se queda y habita en el corazón y a la vez se discierne de la lógica que tiene como centro el cerebro (enkéfalos). Sólo el hombre con el corazón no catartizado (no sanado y purgado) identifica el nus con la lógica (o la mente, intelecto o cerebro) y confunde sus funciones».

»Los criterios gnosiológicos de la Ortodoxia, continua el padre Gheorgios, son distintos de aquellos que tiene el hombre dominado por el racionalismo. Con el nus iluminado por la luz increada del Espíritu Santo, el hombre conoce lo conocido o lo que se puede conocer de Dios que son sus energías increadas, naturalmente no su usía-esencia increada. Con la lógica de la diania (dianús, mente, cerebro, intelecto) conoce el mundo creado mediante la ciencia. La Ortodoxia discierne dos tipos de gnosis y por esto no puede nunca estar en contra del logos correcto sino que conoce sus límites. Porque el objeto de la gnosis eclesiástica-ortodoxa es la supra-lógica o energía lógica suprema, increada y trascendental, algo que supera, trasciende las habilidades, facultades, capacidades y categorías del racionalismo, de la razón recta o logos recto. Por consiguiente, la confusión de los órganos gnósticos nus y logos conduce inevitablemente a lo parálogo (paradójico, insensato e ilógico). Al contrario, la liturgia o funcionamiento de la fuerza o energía lógica del cerebro medio de la visión, expectación de los logos increados o energías increadas de Dios en la creación a través del restablecimiento del funcionamiento espiritual adquirido por la energía increada del Espíritu Santo (incesante oración del corazón – memoria de Dios) conduce también a la consideración científica de la creación rodeada en abundancia de la doxa-gloria increada de Dios y de la doxa-gloria creada de la naturaleza humana de Cristo. El no ortodoxo, el que no sigue este camino gnosiológico pierde los criterios de la Ortodoxia y es conducido a una fe idealista y racional, como son la mayoría de las herejías. Cuando se pierde el método de la gnoseología eclesiástica-ortodoxa, entonces la fe se convierte en un sistema ideológico de principios y conceptos religiosos, que sometidos individualmente a la revisión y examen crítico por la lógica de la mente (intelecto, diania), se contradicen o se rechazan, readaptados y reajustados con los criterios racionales del autodeificado sujeto humano. Nuestra Iglesia ha conocidos estos conflictos que llegaron a puntos extremos, como la Economaquia o iconoclasia, la antítesis o controversia hisijasmo-antihisijasmo, etc.» (Gheorgios Metalinos, sacerdote, historiador, filósofo y teólogo de la Universidad de Atenas: “Tradición y alteración” pág. 32).

 

La gnosis espiritual – La lógica increada de Dios

De todo lo anterior es evidente que cuando dimito de mi lógica no significa que me convierto en parálogo (paradógico o insensato). La fe no es paráloga, sino hipérloga o supralógica o lógica suprema. No se comprende pero se vive. No significa noesis-comprensión sino confianza (palabra compuesta por “con” y “fe”). No se opone al logos correcto, sino que le trasciende, le supera. Lo hipérlogo o logicosupremo en la Ortodoxia no es la anulación de la lógica sino su re-vaciamiento y ascensión a la aceptación de las experiencias de la divina Apocalipsis. Lo hipérlogo es la absoluta disposición de nosotros mismos, nuestro autoabandono a la voluntad y misericordia de Dios. La lógica o razón es “estrechamiento” de Dios y su empequeñecimiento a las necesidades y exigencias personales y de nuestra voluntad egoísta. Lo hipérlogo es dejar abierto a Dios el camino de mi corazón para venir, operar y energizar en mi interior con Su propia manera o forma, que no es lógica ni ilógica o insensata, ni tampoco paradójica o paráloga, sino hipérloga o supralógica, es la Verdad increada y eterna de Dios, es la fuente y el camino de nuestra sotiría (redención, sanación y salvación). Lo hipérlogo o lógico-supremo es la supeditación de nuestra lógica a la Lógica increada de Dios. Es el intento y esfuerzo que hacemos para aceptar la Lógica increada de Dios cuando ella no está de acuerdo con la nuestra.

El propósito del Cristiano es el Cielo. Su Patria es el Cielo. El cristiano es ciudadano del cielo y su objetivo principal o central de su vida es conocer a Dios y unirse junto a Él; es decir, llegar a la zéosis divinización o glorificación. Lo buscado absolutamente en nuestro camino espiritual permanece siempre la zéosis, que se consigue sólo a través de la catarsis del corazón y la iluminación del nus. La iluminación del nus, pues, debe ser nuestro objetivo principal y persecución y no la cultivación de la lógica o del racionalismo. El nus iluminado es lo que conduce a Dios y no la lógica desarrollada. El nus iluminado es la recompensa de Dios por la cesión de nuestra lógica a Él. Por eso nuestro esfuerzo deber ser la iluminación del nus, no el ejercicio de nuestra lógica.

Pero este objetivo se consigue principalmente con la “gnosis espiritual” (increada e inolvidable). La gnosis espiritual es la fe, es la experiencia, es la divina iluminación, es la Divina Jaris (gracia, energía increada) y la Teognosía.

La gnosis espiritual no es resultado de la lógica o razón de nuestro cerebro. No se posee sólo de los inteligentes, de los genios, de los que tienen estudios y de los científicos. No requiere pensamiento compuesto, análisis complicados y silogismos. La gnosis espiritual es regalo de Dios que se ofrece a todos, estudiosos y analfabetos, gnósticos e ignorantes, inteligentes y simples, en todos los que tienen corazón humilde, sanado y purgado, (es decir, “psicoterapiado” en el significado y sentido literal de la palabra helénica ψυχή psijí psique, alma y θεραπεία zerapía terapia). La fe es regalo de Dios a los seres humanos sencillos y humildes y no resultado de elaboración de la lógica o silogismos.

La gnosis espiritual no se estudia en las universidades y en las aulas (jaulas) del mundo, no se reconoce con diplomas y títulos universitarios, no es objeto de investigaciones científicas. La gnosis espiritual es cuestión del corazón, es nus iluminado, es participación a la agapi, a la jaris y a la doxa increadas de Dios. Es la Apocálipsis de la Verdad de Dios en nuestra vida y al mundo entero. El taller de la gnosis espiritual es la fe y la esperanza. La confianza en Dios y nuestro autoabandono a Su infinita agapi (amor, energía increada) y providencia. Es el ejercicio o ascesis diario y cumplimiento de los mandamientos-logos de Dios. Es el ejercicio de la agapi a través de la filantropía y de la misericordia operativa. Es filadelfia (hermandad), bondad y alegría.

La lógica increada de Dios es otra, totalmente distinta y muchas veces en diámetro opuesto de la lógica del mundo y de la conducta mundana. El hombre contemporáneo, -el hombre mundano- lucha diariamente para hacer su vida más fácil, más cómoda y más conformista. Su objetivo es la opulencia, el bienestar y la εὐδαιμονία efdemonía (felicidad y prosperidad carnal y material). Quiere vivir bien, tener salud, buena vida social y familiar, tener éxito profesional, tener mucho dinero y poseer muchos bienes materiales. Y este deseo suyo no tiene medida ni límite, sino que es insaciable e imparable, se hace una continua persecución de la riqueza, de las comodidades y de los éxitos.

Al contrario, para la lógica de Dios todas estas cosas son insustanciales y foráneas. El Dios no pide de nosotros conquistas, éxitos y grandes logros, no nos promete comodidades y éxitos (mundanos), sino que nos llama y nos invita a estar en alerta o guardia espiritual, en ascesis (ejercicio espiritual), en esfuerzos y en lucha. La presencia de Dios en nuestra vida no implica felicidad y bienestar en el sentido mundano. Al contrario y sobre todo, el Dios nos visita también dentro de nuestros sufrimientos, dolores, enfermedades y calamidades. Se nos manifiesta por las pruebas, tentaciones, los fracasos, las persecuciones, las calumnias, las injusticias y las burlas. Una vida sin esfuerzos, sin sufrimientos ni dolores y sin aflicciones no conduce al Cielo, recalcan los santos Padres. Además, el mismo Señor nuestro nos ha aclarado que «es estrecho y torcido el camino que conduce al reinado de la Realeza increada de los Cielos». Por eso en Su Homilía de la Montaña sobre las bienaventuranzas, bienaventuriza y bendice a los que heredarán el reinado de Su Realeza increada, para los que están perseguidos, burlados, calumniados y despreciados, más los humildes y los “tontos”, los que son considerados fracasados con base a los criterios mundanos.

Esto es el centro, la esencia y el sentido y significado más profundo de la lógica de Dios que está llamado e invitado a vivir el cristiano. Esta es la quinta esencia de la gnosis espiritual, de la gnosis increada, inolvidable, de la increada lógica suprema y de la sabiduría increada de Dios que se encuentra lejos de los prótipos (modelos) de la lógica y de la sabiduría mundana; es sencilla, viva, esencial y accesible a todos. No presupone ni necesita las gnosis mundanas y formaciones, ni títulos y reivindicaciones, sino sólo fe; pero fe pura sin manchas, humilde vivencial, empírica y cordial; confianza (con y fe) a Dios y aceptación absoluta de Su voluntad en nuestra vida.

El Santo Yérontas Paísios nos presenta con claridad y elegancia esta dimensión entre la lógica humana y la lógica (increada) de Dios: «Los Santos Padres veían todas las cosas con el ojo espiritual y divino. Los textos Patrísticos están escritos con el espíritu (la energía increada) de Dios, y con el espíritu de Dios los Santos Padres hacían las interpretaciones. Ahora no existe con frecuencia este espíritu de Dios para que entiendan las escrituras patrísticas. Todo lo ven con el ojo mundano, no ven más allá, no tienen la amplitud que dan la fe y la agapi. No lo entiendo esto te dicen y lo rechazan; no se detienen a ver si hay también algo más sino que lo niegan porque no lo entienden.»

»Cuando entra la lógica o razón uno no puede entender el Evangelio ni los Santos Padres. Se alteran los órganos espirituales sensitivos y el hombre con su lógica saca inútiles también el Evangelio y los textos Patrísticos», (Yérontas paísios: Logos A´con dolor y agapi para el hombre contemporáneo” pág. 231, santo Monasterio de san Juan el Evangelista, Surotí de Thesalónica). 

El racionalismo pasando por todas las caídas de la soberbia u orgullo y vanagloria, finalmente nos conduce a la autojusticia y autodeificación; porque nos convence que tenemos razón; entonces ya que nuestras palabras, ideas, praxis y nuestros pensamientos y logos son correctos, por tanto son ortodoxos, rectos y justos. Tenemos razón, por lo tanto tenemos también el derecho de imponerla como opinión, como deseo y como comportamiento. Desde este punto empieza un interminable camino hacia la nunca conseguida autojusticia o autujustificación y razón que es insaciable y la que nos arrastra a una cadena continua de pecados mayores, graves más pesados y más gordos.

El Fariseo de la parábola (Lc 18. 9-14) es el tipo más representativo del hombre autojustificado. Se jacta de sus virtudes, se considera a sí mismo justo y a la vez extenúa y acaba con el telonis o publicano, viendo al pecador inferior que él. El autojustificado se hace el mismo juez de sí mismo y se concede el título de justo, creyendo que el Dios está obligado a recompensarle.

El hombre autojustificado es aquel que padece de problemas psicológicos, porque repela su culpa. Así se convierte en nervioso, perturbado, insatisfecho, exigente, impaciente, desobediente, insolente y provocador. Siguiendo el ejemplo del eosfóros (lucifer) no quiere pedir perdón y confesar sus pecados. Repite como un estribillo las palabras de nihilista Albert Camí: «tenía razón, seguro que tengo razón y siempre tendré razón» y así solo levanta la insuperable barrera al abismo de la Divina misericordia (energía increada).

El racionalismo es una condensada soberbia, arrogancia, vaangloria autojustificación, autosuficiencia y autonomía. Por eso altera al hombre, aislándole y alejándole de Dios y de sus semejantes. El racionalista se constituye así elemento disolutivo de la amistad, del matrimonio, de la vida común y de la sociedad.

Finalmente el racionalista, a pesar de la lucidez de sus éxitos, resulta ser como el hombre contemporáneo cansado, vacío, defraudado y deprimido. El que vive diariamente el drama de su agonía existencial, de su inseguridad y de su camino sin salida, está atrapado en su lógica o razón y su autoconvicción en las que tanto se ha apoyado y confiado.

 

En conclusión…

Deberíamos, pues, salir de las fronteras de la limitada lógica humana y entrar a la inmensidad, a la riqueza y a la bendición de la lógica increada de Dios, así de una manera acertada y elegante como nos describe el bienaventurado Yérontas Porfirios: «¿Cuál lógica o razón? ¿La mundana? Esta lógica no tiene lugar en la vida espiritual. Los Ángeles, los Padres entran por la ventana, les ves, hablas con ellos y se van… Si vas a examinar estas cosas con la lógica o razón no puede ser. En nuestra época como se han aumentado las gnosis creadas mundanas, tecnológicas y científicas, desgraciadamente la confianza sólo a la lógica ha tambaleado la fe desde los cimientos y las psiques humanas se han llenado de dudas, interrogativas y depresiones. Por eso estamos privados de milagros, porque el milagro se vive no se explica con la lógica o la razón. Al contrario la fe en Dios atrae la fuerza y energía increada abajo y pone a revés o tumba todas las conclusiones racionales humanas. La energía increada de la fe ortodoxa hace milagros, resucita muertos y deja con la boca abierta la ciencia y la razón. Todas las cosas de la vida espiritual, exteriormente se ven al revés, inversas. Si uno no da la vuelta o no tumba la conducta mundana y hacerse hombre espiritual, es imposible conocer los misterios de Dios que nos parecen paradójicos, torcidos e inversos. Aquel que piensa que puede conocer los misterios de Dios con la filosofía mundana, la teoría y la especulación exterior científica, es parecido al tonto que quiere ver el Paraíso con el telescopio», (Yérontas Paísios: “Logos A´ con dolor y agapi para el hombre contemporáneo”, pág 225).

Esta percepción de vida racionalista y materialista, -que es la principal cualidad de la Nueva Era u Orden dominada por el demonio- envenena la humanidad y pudre los cimientos espirituales del mundo occidental actual. Convierte las personas creadas de Dios en seres individuos, autojustificados, autodeificados, autosufucientes, autónomos y esclavos de su racionalismo. Eleva y convierte el pecado en valor, destituye a Dios y deifica al hombre, pone y hace la ciencia y la tecnología como absoluta autenticidad reverenciando y alabando la cárcel lógica o razón, niega la libertad dada de Dios y adopta la esclavitud de los pazos. Estas percepciones y prácticas se introducen masivamente al mundo cristiano auténtico y ortodoxo aplastando dogmas, culto y tradiciones. Se introducen también en nuestra patria tanto en la vida diaria como también en nuestra Iglesia con el careto o la máscara de innovación, modernización y secularización (racionalización o mundanización).

Luchemos pues, a no perder nuestra fe verdadera.

Luchemos en hacer esta superación de la gnosis natural llegando a la gnosis espiritual (increada e inolvidable), del antiguo al nuevo hombre, de las cosas terrenales a las Celestes.

Comencemos la lucha espiritual para la catarsis de nuestros pazos, de manera que lleguemos a la iluminación del nuestro nus y corazón mediante el Espíritu Santo y hacernos dignos y merecedores de la χάρις jaris (gracia, energía increada) del Dios Tríadico ο Trinitario, y con ella llegar a la θέωσις zéosis o la zeoría visión, contemplación de Su δόξα doxa gloria (increada luz de luces. Amín.

Yérontas Atanasio Anastasíu, del Monasterio Gran Meteoro

Editado por Santo Monasterio femenino san Esteban de Meteoros 2015

Traducido por Χρῆστος Χρυσούλας

 

 

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