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feb 17 2013

Lectura del Evangelio – La mujer Cananea

Domingo 17º Mateo 15:21-27

21 Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 23 Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, porque viene gritando tras nosotros. 24 Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ten misericordia de mi o socórreme! 26 Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 28 Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. 29 Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.  (Mateo 15:21-27)

1ªHomilía

« ¡Oh mujer, grande es tu fe! hágase contigo como quieres».

α. Una “inversión” de la tercera petición de la oración del Padre nuestro, describe hoy el acontecimiento del encuentro del Señor con la mujer Cananea. En vez que se haga la voluntad de Dios en la vida del hombre, que es lo que Él nos ha enseñado a pedir en nuestra oración: “hágase Tu voluntad”; se hace de Dios la voluntad del hombre: hágase contigo como quieres.  Y es también este acontecimiento que describe uno de los dos casos, durante los cuales el Señor alabó la fe de los hombres; y en los dos con personas fuera de Israel y con un problema que no era directamente propio-(El ecatóntarco Romano que rogaba para su sirviente, y la Cananea de hoy que le rogaba para su hija demonizada); y realizó lo que pedían: “¡Grande tu fe! Hágase contigo como tú quieres”. ¿Cómo se explica esto?

β. 1. En primer lugar hay que señalar que en este caso el Señor no invoca a Su Dios Padre para el cumplimiento de la petición del hombre, ni lo remite a otra parte. Él Mismo, con Su voluntad inicial como Dios que es, incauta el acontecimiento. Y es como si nos encontráramos al principio de la Creación del mundo, cuando como Hijo y Logos de Dios no encarnado y claro está, en común con las otras dos personas de la Santa Trinidad, daba semejante mandamiento: “hágase”. Y como entonces el resultado de Su logos fue la creación: “y se hizo…”, lo mismo también aquí Su logos, el “hágase…”, trae inmediatamente la sanación de la hija de la mujer: “Y se sanó la hija de ella desde esa hora”.

2. El cumplimiento de la voluntad de la mujer por el Señor – la “revocación” del “hágase Tu voluntad”- se ve como “derrota” del Señor. La mujer venció al Señor y tomó Su misericordia para ella y para su hija. Se trata de las “derrotas” de Dios de parte del hombre, las cuales son Su alegría y Su aspiración. Quizás no haya mayor deleite del Señor del que vea Sus creaturas “luchar” con Él para llegar hasta el punto que Le dobleguen. Y la razón de esto, es por supuesto, como todos entendemos, la agapi del Señor ante nosotros. Con Su primera resistencia a nuestras peticiones provoca la manifestación del verdadero contenido de nuestro corazón; es decir, si esto que pedimos es realmente lo que nos posea y preocupa, si verdaderamente consiste en nuestro dolor. Y cuando ve nuestra persistencia, cuando ve lo que pedimos “destroza” nuestro egoísmo y cuando ve que toda nuestra existencia la hemos hecho dependencia de Él, entonces sí, obedece en nosotros y modifica Su voluntad.

¿Así no ocurrió también en el caso de Job, -algo que ya se ha recalcado de los intérpretes de nuestra Iglesia- cuando se marchó de su casa, temiendo la ira de su hermano Esaú, a causa del robo de la primigenia? ¿En su camino hacia lo divino, mientras se estiró para dormir, no nos dice el Antiguo Testamento que toda la noche “luchó” con el ángel del Señor, el mismo Dios y al final Le venció? Y la “derrota” del Señor Le hizo dar a Job el nombre de “Israel”, el poderoso, este que venció también a Dios. Recordad que hay muchos casos de este tipo. ¿Lo mismo hizo cuando Jonás fue enviado a predicar la metania a los idólatras ninevitas? Había decidido  destruirlos a causa de sus pecados. Y a pesar de eso, con la metania que mostraron después del kerigma del profeta, el Señor se doblegó, cambió Su decisión y “fue vencido”.

En el caso de la Cananea las cosas se presentan muy claras: el Señor “simula”, hace el papel de un Judío nacionalista y se presenta duro, sin prestar la menor atención a la mujer. Y no sólo no la presta la mínima atención, sino que después la desprecia, calificándola como perro casero. Con el doble propósito: Por un lado, tal como se ve después, enseñar a Sus discípulos los cuales también eran nacionales, es decir, con el absolutismo de su propia nación y el desprecio de las demás naciones; y por otro lado, conducir la Cananea, mediante Su continua negación, en el punto que sea apocaliptada =revelada la gran fe de ella. Y el Señor, Quien es conocedor de todos los corazones, veía la elevación constante de la fe de la mujer, la persistencia y la humildad de ella y estalla con elogios hacia ella: “¡Mujer, es grande tu fe!”

3. ¿Qué elementos componen la gran fe de la mujer? ¿Qué nos revela todo este incidente?

(1) La mujer “salió de sus fronteras”. La Cananea es una pagana, sin embargo, una mujer con buena predisposición y apenas escucha al Señor se acerca a las fronteras de la región de ella, sale de ellas para encontrarse con Él. Hace lo mismo que hizo el mismo Señor, Quien “salió de las partes Tiro y Sidón”. De todos modos, el encuentro de Dios y del hombre presupone la salida también de los dos: el Dios se sale, “se vacía a Sí Mismo”; -el Señor sale fuera de las fronteras que estaban permitidas para un Judío, tal como salió de sus fronteras que “se permitían” de Dios, es decir, venir al mundo;- La mujer sale a encontrar un judío, a pesar de que ella era idólatra. Como en el caso de Zaqueo: Zaqueo también hizo algo que por su situación no estaba permitido, es decir, subir al árbol. Y esta fe de la mujer se completa con el clamor de ella para que fuera misericordiada del Señor: «Ελέησόν με Κύριε, υιέ Δαυίδ, ten compasión de mi Señor, hijo de David».

(2) La Cananea persiste. La fe de ella es decisiva: le quema el problema de su hijo. No sólo no se doblega del desprecio del Señor y sus palabras ofensivas, al contrario, se hace más “agresiva” mientras seguía al Señor y clamaba. A  continuación viene ante Él  con profundo respeto reverenciándoLe, insistiendo en su petición, la fe pues de ella crece con la persistencia.

(3) Hemos dicho, que el Señor la desprecia al principio;  – he venido sólo para “las ovejas perdidas de Israel”- y después la ofende: “no es bueno tomar el pan de los hijos y darlo a los perros”. Sin embargo la Cananea no solo no se ofende, sino que extiende más la ofensa: no el pan sino tomar por lo menos las migajas. La fe de ella adornada de persistencia, se convierte brillante con su humildad. Y esto era lo que quería el Señor. Para el Señor, el punto que el hombre tiene la gran fe, aquella que Le hace a Él mismo obedecer al hombre, es la gran humildad del hombre. Evidentemente constituye el campo para que pueda venir al hombre la jaris (gracia, energía increada) de Dios y el hombre funcione como el Dios. “A los humildes el Dios les proporciona la jaris (energía increada)”.

(4) Y un elemento más de esta fe de la mujer, que más bien hizo al Señor emocionarse especialmente, era que ella vivía el problema de su hijo como problema suyo personal. Ella “se aplastó” a sí misma, hizo de todo, porque tomó encima suya el dolor de su hijo. “Ten misericordia o caridad de mí, Señor” clama. No mi hijo, sino de mí. Lo mismo que hizo el Dios, tomó encima de Él nuestros pecados y los hizo Suyos, de la misma manera casi aquí: la mujer se siente responsable de la penuria de su hija. Y esto significa: que entonces el hombre muestra su gran y pragmática fe a Dios, por supuesto cuando persiste y se hace humilde, pero también cuando ama correctamente, tomando a los demás dentro de sí mismo. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

γ. La Cananea – Iusta, según algunos textos eclesiásticos- juzgó la fe de Israel con su gran fe, pero juzga también la nuestra de los cristianos. Porque nosotros muchas veces ante nuestros problemas, personales, familiares, aún sociales, nos desmayamos. Tenemos poca fe y nos metemos también con Dios, diciendo que no nos escucha y no nos ve. El miedo y la inseguridad a menudo nos invaden. Y esto exactamente muestra la falta de fe nuestra. Pero el Señor espera también de nosotros lo que esperaba de la Cananea: la activación de la gran fe, es decir, nuestra fe esencial con nuestra persistencia, nuestra humildad y nuestra agapi (amor desinteresado). Entonces nos da la jaris (gracia, energía increada) de estar convirtiéndonos también nosotros omnipotentes: lo que pidamos, se nos haga. Pero por regla general nosotros queremos lo grande: la jaris increada de Dios y Sus donaciones, con menos esfuerzo. Pero esto es hipocresía y egoísmo nuestro. Amín.

Protop. Georgios Dorbarakis Ακολουθείν

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

 

2ª Homilía

Domingo 17º Mateo 15:21-27  Abertura al mundo milagroso

22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

La mujer de Canaan, sirio-fenicia e idólatra que sentía el rechazo de sus prójimos y vivía al margen de la sociedad, se atrevió hacer la salida más heroica para encontrar su sanación y salvación. Vivía su propio drama y sintió la necesidad de pedir la misericordia de Dios para que se sane y salve su hija que se encontraba bajo los efectos y dominio de los demonios. “Salió de sus fronteras” para encontrar a Cristo. El movimiento más importante de su vida.

Realmente, de acuerdo con la lógica humana, aquella mujer podría acudir a  miles de sitios prometedores que posiblemente podrían salvar a su hija. No sería lógico conocer y sobre todo confiarse a Cristo. Sin embargo, ante su agapi manifestaría también la fe ejemplar. Aquí debemos conocer que no tiene sitio por si sola la psique lógica, la que no está iluminada de la jaris (gracia, energía increada) de Dios, sólo en callejones sin salida conduce. En el fondo de nuestra existencia, el sello de “imagen de Dios” es lo que nos empuja a unirnos, conectarnos con la Persona de Cristo Dios. Exactamente tal como sucedió también en el caso de aquella mujer desgraciada, que hoy trae ante nosotros la lectura evangélica. Precisamente impulsada de este divino sello, “salió de sus fronteras” para encontrar al Sanador y Salvador verdadero. Proyecta el gran ejemplo sobre en dónde deberá moverse el hombre, especialmente hoy, hacia dónde se precisa ir para cosechar la sanación y salvación que tan ansiosamente busca en su vida. Aquella también estaba probando dolor y desgracia. No era poca cosa que su única hija estaba sufriendo y castigada por la fuerzas de las tinieblas. Su corazón se rompía ante esta terrible prueba. Pero la agapi de Cristo la recolocaba a la esperanza de vida que era el mismo Cristo. Precisamente era la fuerza motriz para superar las fronteras del egoísmo y dominar la existencia de ella la humildad y no resultar a la desesperación y depresión. Es verdad, particularmente hoy con todo tipo de crisis y especialmente la económica, hunden la existencia humana en aquellos terribles problemas sin salida que vivimos diariamente, ¿cuánto el anclaje en la agapi de Cristo la recolocaría en una valoración correcta de las cosas y principalmente en las orientaciones estables de la vida? Entonces el pesimismo, la desesperación y la depresión se transformarían en fuerza y esperanza de sanación y salvación.

Pidió misericordia

La confesión de fe de aquella mujer pagana y especialmente la petición de misericordia de Cristo para la sanación de su hija, revelaba también la grandeza y la nobleza de la psique de ella. San Juan Crisóstomo es revelador acerca de la importancia del ejercicio en la vida humana, que es pedir la misericordia de Cristo: “No pidáis más del Señor sino sólo Su misericordia; y cuando la pidáis tened en vuestro corazón actitud y moral humildes.

La mujer Cananea se vació a sí misma y se confió con toda su fuerza a Cristo. Pero el hombre, tal como vemos también de su actitud de hoy en día, se confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Fortifica en su interior de que no tiene necesidad de la oración ni de la imploración de la misericordia de Dios. Camina solo y desierto en la tragedia del velo de su auto-convicción.

La sanadora y salvífica fe.

Aún cuando los clamores y ruegos de la mujer, no se veía que encontraban su correspondencia, hecho que hizo molestar hasta sus discípulos, ella no renunció en ningún caso. La fe de Cananea era tan auténtica, que inicialmente no fueron capaces de poner ningún obstáculo para doblegarla, tal como se ve dentro de la narración evangélica. Por muy grandes obstáculos y dificultades pase esta fe, tanto más se fortalece, se fundamenta y se manifiesta como auténtica conexión, comunicación y comunión con Cristo Dios. Exactamente, la Cananea con su fe viva, se deja a sí misma entrar al espacio del mundo milagroso de Cristo Dios. El logos del Señor traspasa toda su existencia y se demuestra sanador y salvador, porque su hija demonizada se sana en aquel momento. Aquí cabe la referencia de san Máximo el Confesor cuando dice que el Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo para Él. Cuando esto sucede entonces se convierte en partícipe de la vida en la jaris (energía increada) de Dios y se enarmonía también según su voluntad. Así la existencia humana asciende al nivel de la comunión con el Dios y se hace digno del camino más bendito, sanador y salvífico. Este es exactamente el camino, queridos hermanos, que estamos llamados a seguir, nosotros también hoy. Abracemos e incorporemos, pues, la fe que mostró la Cananea y entonces cualquier cosa de pruebas y dificultades de la vida no fluirá en callejones sin salidas, decepciones, desesperaciones y depresiones sino en la grandeza de la conexión, comunión y unión con Cristo Dios. Amín..

Jristαkis Efstacíu – Iglesia de Chipre

Fuente: aktines 
Traducido por: xX.jJ

 

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