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oct 18 2013

Domingo III de Lucas – Milagro en el funeral de Naín

 

G_Louka 7-10

 

DOMINGO III (Evangelio) Luca 7 11-16

11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. 

12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad que la compadecían. 

13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 

14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 

15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. 

16 Y lo dio a su madre. Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado a su pueblo. 

17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.

 

«No llores… Joven, a ti te digo, levántate» (Lc 7,11-17)
«Μὴ κλαῖε… Νεανίσκε, σοὶ λέγω, ἐγέρθητι » (Λουκ. 7,12)
 

a. Hoy la lectura evangélica nos expone una escena plena de dramatismo: Una madre, una mujer viuda, acompaña a su único hijo en el último lugar de residencia. Junto con ella multitud de gente que compadece a la madre y llora la tragedia de su vida: Y de repente el llanto se convierte en inefable alegría. ¿Por qué? Porque aparece Aquel quien es la fuente de la vida, Aquel que se compadeció de la madre, resucita al hijo y lo entrega vivo y sano. El pueblo ante el sorprendente acontecimiento queda alucinado, sintiendo que se encuentra ante la presencia de Dios. La doxología hacia Él es la única reacción del pueblo.

b.1 El encuentro del Señor con el funeral en Naín en principio debemos de apuntar que no es al azar. Precisamente el Señor viene para el joven muerto, a resucitarlo y a entregarlo otra vez a su madre. Tiene pleno conocimiento, como apuntan los Padres interpretes de nuestra Iglesia, que extiende aquello que había ocurrido en el Antiguo Testamento con el Profeta Elías; quien de la misma manera que el Señor otra vez había resucitado con la fuerza de Dios el hijo muerto de una mujer viuda; por lo tanto, el acontecimiento es protiposis o prefiguración de la victoria sobre la muerte que trae el Señor. Además no puede ser un acontecimiento al azar en la vida del Señor, puesto que Él es el Creador del mundo, el Alfa y el Omega de la vida, el primero y el último. Todo pues, funciona en un plan concreto y Su plan está en el contexto de Su infinita agapi (amor, energía divina increada) para Su criatura caída en el pecado que está sufriendo sus consecuencias. ¿Cómo pues, el encuentro es al azar para Éste que nos ha revelado que hasta “los pelos de nuestra cabeza están contados”? y, si se ocupa hasta la más pequeña hierba salvaje, ¿cuánto más se ocupará de nosotros los humanos que somos a imagen y semejanza de Él?

2. Así el Señor pues, camina hacia Nain precisamente para devolver la vida al niño muerto, pero con un fin: En primer lugar, a través de esta resurrección revelar al mundo que Su venida al mundo trae la abolición de la muerte y la prestación de la vida, “yo he venido para que tengan vida y en abundancia”, y en otro sitio dirá que Él es “la Vida y la Resurrección”; que ha dado testimonio sobre Sí Mismo en la resurrección de Lázaro, por lo tanto prepara el terreno de Su propia Resurrección y la abolición total de la muerte. En segundo lugar, conmocionado por el acontecimiento y lleno de compasión hacia la madre trágica, mostrar que se compadece a su dolor y que no lo supera porque el dolor como la muerte son cosas que no se ajustan a Dios y Su voluntad; es decir, el dolor y la muerte son situaciones contrarias a la creación del hombre, por eso el luto y el llanto realmente no deben existir en su vida. “No llores” le dice.

Y realmente el logos de Dios ha apocaliptado=revelado que el Dios creó al hombre para que fuera partícipe de la alegría y la vida de Él, con la condición de que el hombre obedeciendo a Su voluntad llegar él también a ser Dios por la jaris (gracia, energía increada), llegar a la zéosis o glorificación según la terminología eclesiástica. Pero, el mal uso de la libertad por el hombre, le ha conducido al camino de la caída al pecado, por el cual fue introducido el dolor, la corrupción y la muerte. “A través del pecado vino la muerte”.  Y el Cristo, pues, el Dios hecho hombre viene a restaurar al hombre en su posición normal y abolir el pecado y sus resultados negativos. Toda la vida de Cristo, principalmente la Cruz y Su Resurrección están dirigidas exactamente hacia esta dirección, que significa que con Cristo fue vencido el mayor y el ésjatos (último, extremo) enemigo del hombre, la muerte; mientras tanto, cualquier prueba y cualquier dolor del hombre ya son considerados como pedagogía (instrucción) del cristiano, como coparticipación a la Cruz de Él, que conduce, si se afronta con fe y paciencia, a la vivencia y experiencia de la Resurrección y la futura doxa (gloria, luz increada) del fiel. “Porque no son nada los padecimientos de este tiempo en comparación con la futura doxa (gloria, luz increada) que se nos va apocaliptar=revelar”.

3. Ciertamente, uno puede decir que el Señor también ha llorado durante la muerte de Su querido amigo Lázaro. ¿Cómo ahora el “no llores” a la madre viuda se mueve al contrario que Su ejemplo personal? Es cierto que no nos encontramos ante una contradicción. El Señor pide a la madre que no llore, porque le dará la mayor alegría: otra vez su hijo vivo. No niega el dolor y la tristeza por la muerte. Niega la tristeza y dolor ante el fenómeno de la muerte como expresión de un callejón sin salida. Quizás es esto que dirá más tarde Pablo para los fieles: “no os lamentéis como los otros que no tienen esperanza”. Y precisamente, cuando el Mismo llorará por Su amigo Lázaro, lo hará no porque se encontrará en un callejón sin salida, puesto que inmediatamente después le llamará otra vez en la vida: “Lázaro sal fuera”, sino porque Él era el único que podía conocer la tragedia de la muerte a lo fondo y lo ancho. Es decir, el llanto del Señor no era tanto para Lázaro sino por la situación tan degenerada y penosa que había llegado la naturaleza humana, por eso más bien corresponde también a la compasión que mostró a la dolida madre de Naín. No es casualidad que los intérpretes del Nuevo Testamento explican que esta compasión no sólo contiene un simple simpatía hacia la mujer, sino “una profunda conmoción” del Señor.

4. En estos términos uno entiende cuanta ignorancia y cuanto engaño hay en aquellos “cristianos”, por los cuales, mientras el Cristo ha venido al mundo y se ha hecho partícipe del dolor y del drama de la existencia humana, tomó sobre sus espaldas todas las consecuencias de los pecados para ofrecernos otra vez la justicia de Dios uniéndonos consigo Mismo convirtiéndonos en miembros Suyos, ¡en cambio aquellos que pasan por cualquier prueba y problema aparentemente sin salida Le insultan y Le blasfeman! Cuánta ceguera debe haber por no ver la Cruz y Su Resurrección como acontecimientos que se realizaron para “nuestra sanación y salvación” y que no “vean” que con Su venida ya todo funciona distintamente: en todo sufrimiento está la presencia de Él y Su fuerza que nos fortalece, igual que en el acontecimiento de hoy por el cual el Señor se compadece con nosotros y se conmociona por el dolor humano, pero dando también la solución: ¡Joven, a ti te digo, levántate! ¿Qué mayor consuelo puede haber que este, puesto que al mayor impasse o callejón sin salida que es la muerte, el Señor nos da la solución y nos levanta?.

c. Vivimos en el período más crítico de nuestra historia. La crisis económica toca la puerta casí de todos nosotros. Existen semejantes nuestros que viven esta crisis como muerte, como callejón sin salida o impasse. El dolor, el sufrimiento y el llanto acaecen en muchos. Grecia parece como la madre del Evangelio de hoy que está acompañando su hijo al cementerio. ¡Y a pesar de esto! Igual que entonces se presentó el Señor y dio la inesperada solución: la resurrección, lo mismo también hoy. El mismo Señor existe porque es Dios παντοδύναμος (pantodínamos) omnipotente. Al aparente impasse Aquel viene hacia nuestro encuentro. El “no llores” y lo de “joven, a ti te digo, levántate” son palabras que nosotros escucharemos otra vez para volver a levantarnos. No seremos cristianos si no tenemos esta esperanza y convicción. Pero bajo de una condición: estas palabras deben funcionar primero espiritualmente en nuestro interior, es decir, escucharlas para nuestro despertar espiritual que significa metania, decidiendo cambiar de modo de vida; de egoístas e interesados convertirnos en hombres de agapi (amor desinteresado) con simpatía y preocupación para nuestros semejantes. Entonces sí, veremos lo que ha visto la madre viuda tocada por la muerte de su hijo en Naín: la resurrección, pero primero la de nosotros mismos. Y quizás a continuación la salida de todos nuestros callejones sin salida o impasses. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traducido por: χΧ jJ

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