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oct 04 2013

Domingo I de San Lucas – Milagro en el lago de Genesaret

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5.1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, la gente se agolpaba sobre él para oír el logos de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; pero ya que tú lo dices echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, 10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

 «…y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud…

«καὶ καθίσας ἐδίδασκεν ἐκ τοῦ πλοίου τοὺς ὄχλους.»

a. La lectura evangélica de este domingo nos traslada a los primeros tiempos de la acción pública de nuestro Señor: en el lago de Genesaret, donde el Señor comenzó a enseñar y a llamar Sus primeros discípulos a que Le siguieran. El primer contacto de los discípulos con el Señor fue impactante: se les fue dada la ocasión de ver al Señor como Maestro y también sentir la potencia de Su logos a través de un mandamiento “irracional” que les dio: pescar allí donde la experiencia y la gnosis (conocimiento) decían que era imposible. Al Señor como Didáscalos (Maestro) nos acercaremos un poco a continuación. “…y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud…”

b. 1. Se ha enfatizado suficientemente que la sanación y salvación del hombre fue conseguida con toda la vida del Señor, Su enseñanza, Sus milagros, pero principalmente con Su sacrificio en la Cruz y Su Resurrección. Decimos principalmente con Su Sacrificio en la Cruz y la Resurrección que siguió, porque como es conocido, encima de la Cruz abolió y destrozó el pecado, pisoteó la muerte y venció al diablo, y así el camino del Paraíso volvió abrirse otra vez. Es decir, la enseñanza del Señor y Sus milagros efectivamente funcionaron en positivo para la iluminación del nus y la diania (mente, cerebro) de los humanos, para la orientación de ellos hacia la Realeza increada de Dios y generalmente reforzarlos en la senda del Señor, pero no fueron capaces de sanar y salvar al hombre. La erosión, degeneración de la naturaleza humana y la tragedia en la que había caído requerían algo más efectivo que la enseñanza: ¡la muerte del mismo Dios! “ El Cristo debe padecer y sufrir ”.

2. Pero por la Cruz vino la sanación, la salvación y la alegría en el mundo; tampoco debemos subestimar la importancia de la enseñanza de Cristo como didáscalos (maestro). El Cristo como maestro es el Cristo profeta, con su enseñanza se manifiesta también su axioma profético, que funciona siempre en cooperación con Sus otros axiomas como el Real y el Sacerdotal. Por supuesto que en el Señor todo es uniforme. En Él no hay zonas autónomas de acción. A donde actuaba revelaba Su una hipóstasis (base substancial) divina y Su doble naturaleza, la divina y la humana. En otras palabras, el Mismo es el maestro y causante de los milagros que comete, el Mismo también es el primer Sacerdote que se sacrifica para el mundo, y también el Mismo es el rey que se resucita a Si Mismo, asciende a la derecha del Padre, manda el Espíritu Santo, establece y dirige la Iglesia, Su Cuerpo vivo.

 Por consecuencia, también con la enseñanza del Señor nos hemos redimido. Si el Señor ha recalcado la potencia de la Ley del Moisés y del logos de los profetas del A. Testamento, de modo que el milagro de los muertos sea considero menor que el cambio del corazón del hombre; -recordemos la respuesta de Abraham en la parábola del rico y del Lázaro: “Si los parientes del rico no creen a Moisés y los profetas, tampoco si ven a Lázaro resucitado creerán”;-  ¿cuánta más fuerza tiene Su logos, Su enseñanza, la que emana no de un hombre enviado de Dios, sino precisamente del mismo Dios como hombre? Por eso el Apóstol Pablo al logos de Dios lo califica como fuerza de Dios, que “es más afilada que un cuchillo de doble filo, que puede hasta separar la psique”. Es decir, el logos de Dios no “son palabras que las lleva el viento”, sino que contiene la omnipotente energía increada del Mismo, que, cuando encuentre el receptor adecuado puede convertirse en “bomba atómica”. Se trata del “logos de vida eterna” que ha confesado Pedro, expresando su testimonio sobre el Señor: “A dónde nos vamos a ir, si Tú tienes y dices logos de vida eterna?.”

3. Con lo anterior entendemos que el Señor en efecto es un maestro, pero no como los demás hombres. Es el Didáscalos (Maestro) por excelencia, absoluto y único, que nunca ha habido ni habrá un caso similar como Él; significa que no se trata de una relación de un maestro común y un alumno: llegar a un momento que el alumno sea como el maestro e incluso superarle. Ante al Señor como Didáscalos, el hombre siempre permanecerá como alumno o discípulo, por lo tanto, lo único que el hombre puede hacer con benevolencia es arrodillarse de corazón y cuerpo, es decir, hacer obediencia y metania (conversión, intrispección, arrepentimiento y confesión), si es que no pertenece a los enemigos de la fe; y confesar asombrado lo que confesaron los enviados de los Fariseos que fueron mandados a atrapar a Cristo: ¡“Nunca ha hablado hombre tal y como habla este hombre”!  Esto porque, como hemos dicho, es el Dios humanizado o hecho hombre, por lo tanto, “enseñaba teniendo poder y no como los Γραμματείς (gramatís) Intelectuales”.

4. ¿Qué enseñaba el Señor, cuál era el contenido de Su logos de modo que funcionase y por supuesto funciona todavía de manera tan subversiva y revolucionaria para la forma de vida del hombre? Pues, precisamente Su vida, es decir, la vida de Dios: la misma agapi. Lo que el Señor enseñaba era la expresión de Su vida, que significa que, el Señor sea que esté hablando o callado, revelaba la agapi (amor, energía increada) de Dios. Tal y como era su vida, lo mismo era también Su logos, como dice un escritor eclesiástico. Y puesto que el “Dios es agapi”, siempre el Señor predicaba la agapi en su doble dimensión; tal y como ya se había testimoniado la agapi a Dios y a los hombres también de los profetas del A. Testamento. “Amarás al Señor tu Dios con toda tu psique, con toda tu mente, con toda la fuerza de tu corazón y con toda la energía de tu voluntad, y a tu prójimo como a ti mismo”. Y este es el mandamiento que yo os doy, amaos los unos a los otros. Mayor que este agapi nadie tiene, el que uno exponga su psique-vida por sus amigos”. En la agapi se resume toda la enseñanza del Señor, por eso en Él no existen los “no” y los “ni”. Los “no” y “ni” vienen simplemente como resultado de este que está llamado hacer su vida, si quiere seguir a Dios. Y desde este aspecto la fe cristiana siempre es posición y no negación. Aquel que sostiene que el cristianismo es “no”, simplemente no ha abierto nunca el Evangelio y no ha saboreado y sentido nada de lo que el Cristo y nuestra Iglesia nos ofrece. Por extensión entendemos que cualquier cosa que se hace y existe en nuestra Iglesia, oraciones, oficios, celebraciones, ayunos… tienen uno y único propósito: ayudar al hombre llegar a la agapi increada de Cristo, es decir, a la presencia de Dios en su vida. La agapi da sentido a todo en la Iglesia, si la quitamos todo se deroga y se convierte muerto y sin sentido.

5. Pero no podemos hablar sobre la enseñanza del Señor sin referirnos a Sus milagros. Porque los milagros no son actos sobrenaturales y admirables con el propósito de “deslumbrar” al hombre y someterle a Él. Este tipo de “milagros” el Dios permite que los haga el diablo y sus lamentables instrumentos, para sacar en la superficie la autenticidad o no de la disposición del hombre. El Señor hizo milagros como confirmación y corroboración de Su enseñanza. En otras palabras, los milagros constituyen también el elemento de Su enseñanza, revelando el contenido de la realeza increada de Dios. Se ha dicho muy correctamente que los milagros son “ventanas de Su Realeza increada”. Por eso los milagros presuponen lo mismo que Su enseñanza: la fe. No es posible uno aceptar, como hemos dicho, Su enseñanza, si no tiene libre buena voluntad y predisposición y por lo tanto la fe en Él.  Lo mismo ocurre también con los milagros. Por eso el Señor a donde no veía la fe, “no daba ninguna señal”. Así con el milagro se fortalecían en la fe, en cambio a un infiel, como los Fariseos por ejemplo, el milagro funcionaba para que continuase endemoniado.

c. Si el Señor es el único Didáscalos y nosotros queremos ser Sus fieles y discípulos, integrados a Su santo cuerpo, la Iglesia, entonces las cosas andan por el “único camino”: Primero, es necesario que abordemos constantemente esta enseñanza sea estudiando la misma Santa Escritura, sea por otros métodos como a través de los textos Patrísticos, o por la vida de los Santos o por la himnología de la Iglesia. Con todos estos métodos nos sumergimos al logos del Señor y Le dejamos que se revele también de esta manera en nuestro interior. No olvidemos que la Divina Comunión o Efjaristía no viene sólo de forma mistiríaca, en la participación a la Divina Efjaristía, sino también con el estudio del logos de Dios, cuando ciertamente se activa en nuestra vida diaria. Y lo último es exactamente el segundo elemento: no tiene nigún valor si uno lee y escucha el logos de Dios, si no le convierte en elemento de su vida diaria. El Señor nos ha enseñado y revelado a través de Su logos, Su vida, no como una gnosis (conocimiento) encefálica (mental, intelectual), no como una lectura agradable, sino como una actitud de cambio de nuestra vida. En el momento que Su logos nos aborde, ocupe psíquica y somáticamente (físicamente o corporalmente), en aquel momento entenderemos también Su fuerza y energía increada, como también la verdad de nuestra fe en Él. De lo contrario, estaremos escuchando y escucharemos también nosotros: “No os conozco; fuera de aquí obreros de la ilegalidad y la falsedad”. Amín.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

 

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