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may 26 2013

Domingo del paralítico

La terapia del paralítico en Bitsesdá, (Jn 5, 1-15)

 

1 Después de esto se celebraba una fiesta de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalén.

2 Allí en Jerusalén había, junto a la puerta de las ovejas, una piscina natural de agua, llamada en Hebreo Bitsesdá, alrededor de ella habían cinco pórticos. 

3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua;

4 Porque el Ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua y el primero que bajaba y tocaba el agua después de la agitación, quedaba sano de cualquier enfermedad que padeciese.

5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo;

6 Cuando Jesús le vio yaciendo en el suelo y supo que llevaba mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres curarte?

7 Respondió el enfermo: “Sí, quiero Señor, pero no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la piscina, y mientras yo voy, desciende otro antes de mí.

8 Le respondió Jesús: «Levántate, toma tu camilla y anda.»

9 Al instante quedó el hombre sano y tomó su camilla y se fue caminando. Aquel día era sábado.

10 Y los judíos decían al hombre sanado; Es sábado y no te es lícito llevar la camilla.

11 Él les respondió: El que me curó me dijo: Coge tu camilla y anda.

12 Le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo toma tu camilla y anda?

13 Pero el curado no sabía quién era, porque Jesús desapareció entre la muchedumbre que allí había.

14 Más tarde, Jesús lo encontró en el templo, y le dijo: «Mira, has sido sanado, no vuelvas a pecar más para que no te suceda algo peor.»

15 Se fue el hombre y dijo a los judíos que le había curado Jesús.

 

Cristo y paralítico

 

no tengo a nadie

El paralítico de la lectura evangélica de este Domingo es un milagro de paciencia y esperanza, antes de recibir del Señor Jesús Cristo el milagro de su terapia.  Treinta y ocho años esperaba para su terapia, anhelando que algo ocurriría, de manera que él recibiese el sanador movimiento de las aguas y sanarse. Y esta admirable paciencia y esperanza es recompensada de Dios de manera única: no una persona, sino el mismo Dios en cuerpo y carne, como Dios perfecto y hombre perfecto, el Jesús Cristo viene para sanarlo. Su queja “no tengo a nadie que al moverse el agua me meta en la piscina, y mientras yo voy, desciende otro antes de mí”, cobra como respuesta la presencia del mismo Dios.

El Cristo siempre viene al hombre, y principalmente al que con problemas está castigado, sufriendo y necesitado. Y sobre todo, mucho más en aquel que vive el dolor sin presencia y consuelo humano. Estos hombres, los dolidos y los necesitados y sobre todo los que están solos, son los amados de Dios, según la frase conocida del Yérontas Paisios. El mismo Paisios tuvo la experiencia de haber vivido esta particular agapi (amor, energía increada) y beneplácito de Dios, cuando se encontró en una situación similar de necesidad y soledad, estando enfermo e incomunicado en días de fuerte nevada. ¡El Señor, como nos ha apocaliptado=revelado  el Yérontas, le mandó ángeles para calentarle y servirle, tanto que cuando unos monjes se preocuparon por su incomunicación, se quejó porque vinieron ellos y se marcharon los ángeles!

El Señor viene siempre, pero a veces parece que tarda. Volviendo al paralítico del evangelio, justamente alguien preguntará: ¿treinta y ocho años no son muchos?,. ¿Por qué el Dios tardó tanto Su presencia? Pero la pregunta por supuesto que se pone es a la inversa: la presencia de Dios es una presencia evidente, física diríamos. ¿Allí donde el Dios se ve ausente en realidad está ausente? Obviamente, la paciencia y la esperanza del paralítico se la daba el mismo Dios como favor, y debería elevarle en grandes alturas espirituales. El paralítico, además de la penosa queja, no se ve acusar y culpar a alguien, mucho menos no se ve gemir contra el Dios, ni blasfemar –cosa que a menudo lo comprobamos en situaciones similares de otros semejantes- que significa que era hombre de oración y certificaba en praxis, obra lo que dice la Escritura: “esperanzado esperaba al Señor y él se acercó a mí”. Así vivía más bien en una situación carismática, que simplemente al final fue sellada con la curación física de Cristo.

Este caso nos recuerda algo de la vida del gran San Antonio, cuando los co-habitantes de su pueblo le encontraron medio muerto de los ataques demoníacos y le metieron dentro en el templo; allí expresó su queja al Señor, apenas sintiendo Su presencia como un rayo de consuelo y terapia, diciendo porque le había dejado solo y sin ayuda en sus luchas espirituales. Y el Señor le apocaliptó=reveló que estaba siempre cerca de él, le seguía, observaba y le reforzaba espiritualmente, esperando exactamente su paciencia en fe y su esperanza en Él. Por eso le promete que le hará grande por los confines del mundo. Así que cuando parece que está ausente en los padecimientos y pruebas nuestras, en realidad está presente de una otra forma.  Debemos siempre acordarnos esto que dice san Isaak el Sirio, por supuesto él siguiendo también el pensamiento del logos evangélico y principalmente del Apóstol Pablo: que en estas situaciones difíciles de nuestras pruebas ya hemos recibido místicamente de el Señor la fuerza para aguantar, de modo que con Su Jaris (energía increada) pasar nuestros padecimientos. Dice concretamente que: precede la jaris de Dios y los apoyos que nos da y después permite y concede cualquier prueba. Es el método de Dios para ascendernos en un grado espiritual superior.

 Así que el paralítico del homónimo Domingo, se ve que no es una persona simple. Dentro de todo este acontecimiento, se revela su grandeza psíquica y espiritual, su humildad y su fe en Dios. Y nos recuerda siempre que cuanto nosotros tenemos paciencia en la fe de cualquiera de las pruebas y sufrimientos, sin chantajear a Dios mostrando poca fe con nuestra desesperación hacia Él, tanto debemos estar preparados para la sorpresa de la admirable presencia de Cristo en nuestra vida. Quizás debemos pensar también que esta paciencia y esperanza en la fe, finalmente nos pondrá en la Realeza increada de Dios como mártires (testigos) ante Él.

Padre Jorge Dorbarakis

 

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ
Traductor: xX.jJ

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