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jul 27 2013

Domingo de los Santos Padres del 4º Sínodo Ecuménico

 

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1. El incentivo más alto

Nuestra Iglesia hoy celebra la memoria de los 630 Padres teóforos de 4º Sínodo Ecuménico, que se realizó el año 451 dC en Calcedonia de Bitinia. En honor a ellos se narra parte de la Homilía o Sermón de la Montaña del Señor.

En esta homilía el Señor llamó a Sus discípulos iluminar al mundo con sus vidas virtuosas y sus logos iluminados por la luz increada divina. De esta manera serían beneficiadas muchas personas y sería glorificado el bondadoso Dios. “Así sea resplandeciendo vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre Celeste”.

La doxa=gloria increada de Dios constituye el incentivo más alto, noble y perfecto que podría tener cada hombre para cada praxis o logos suyo. Tal y como dice san Pablo: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1Cor 10,31).

El que uno haga lo que quiera y cómo quiera, constituye la apoteosis del individualismo y del interés. El que uno esté atento a la opinión del mundo y qué van a decir los demás, revela una mezquindad y la trágica falta de libertad. Sin embargo el que uno actúe con lo que va a contribuir más a la doxa=gloria de Dios y la sanación y salvación de sus hermanos, esto hace digno al hombre ser como hijo auténtico del Padre celeste. ¿Y cómo el hombre contribuye a la doxa=gloria de Dios? ¡Con su vida santa, limpia, lúcida e iluminada! ¡Porque es revelación de la Jaris (gracia, energía increada) de Dios de que dentro en nuestro mundo pecador (enfermo) existen Sus hijos fieles, comprometidos y dedicados a Él!

2. Antiguo y Nuevo Testamento

La enseñanza admirable del Señor progresaba mucho más que la Ley del Antiguo Testamento e iluminaba nuevos aspectos de la vida del hombre. Pero no anulaba la Ley el Antiguo Testamento. Por eso el Señor dijo: “No penséis que he venido a derogar la ley o los profetas; no he venido para derogarla, sino para cumplirla, completarla y entregárosla perfecta” (Mt 5,17).

Y realmente el Maestro Divino completó la Ley. La Ley prohibía la praxis (acto) de infracción, el Cristo combatió la causa que conduce a toda conducta mala. Por ejemplo, el Señor, no sólo condena el asesinato, sino también la ira que conduce a este delito. El Antiguo Testamento era imprescindible, porque nos ayudó conducirnos a Cristo (Gal 3,24).

Pero permanecería imperfecto si el Señor no lo completaba con la perfecta apocálipsis=revelación: el Nuevo Testamento. Así que Antiguo y Nuevo Testamento coexisten en una unidad inseparable.

 

3. La validez eterna del logos de Dios 

La Ley de Dios tiene validez diacrónica y eterna. Esto exactamente dijo a continuación el Señor: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt 5,18). Es decir ni el más pequeño mandamiento no decaerá de la Ley y no perderá su validez.

Dicen algunos que el Evangelio fue escrito en otra época y que supuestamente no es aplicable para hoy en día. Pero el logos de Dios nunca puede parar de existir y valer. Porque el Dios es perfecto, y perfecto es Su logos. Además lo perfecto no acepta mejoras y cambios.

Nosotros debemos estar haciendo la metania (introspección, arrepentimiento y confesión), cambiar nuestra mentalidad para adaptarnos en la ley de Dios y no intentar llevar y hacer la ley de Dios adaptada a nuestras medidas e intereses.

Esta exactitud a la vida y fe ortodoxa revelaron en “obra y logos” los santos Padres que festejamos hoy. Iluminados por el Espíritu Santo formularon el 4º Sínodo el dogma fundamental sobre la unión de las dos fisis-naturalezas a la persona del Θεάνθρωπος (zeánzropos Dios y hombre) y así demostraron que el Jesús Cristo es “ayer, hoy y el mismo en todos los siglos” (Heb 13,8).

El SOTIR “Ο ΣΩΤΗΡ

Fuente: ΑΚΤΙΝΕΣ

Traductor: xX.jJ

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