Ε’ Κυριακή των Νηστειών (Μαρκ. ι΄32-45)

5º DOMINGO DE CUARESMA (Mrc 10, 32-45)
Tercer anuncio de su pasión y muerte 10:32-35.
32 Iban de camino subiendo a Jerusalén; y Jesús caminaba delante, y ellos iban sobrecogidos; entonces el Señor volviendo a tomar a los doce aparte, comenzó a decir lo que había de sucederle.
33 «He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas-gramatís, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles idólatras, a los soldados de Roma;
34 se burlarán de él y le azotarán, le escupirán y le matarán; pero al tercer día resucitará».
Jesús corrige la ambición de los hijos de Zebedeo, 35-45.
35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querremos que nos hagas lo que vamos a pedirte.
36 Él les dijo: «¿Qué queréis que os haga?»
37 Ellos le dijeron: que nos concedas sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria cuando te sientas como rey en el trono real de Jerusalén.
38 Entonces Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del cáliz del dolor y del martirio que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo de sangre con que yo soy bautizado?»
39 Ellos sin pensarlo, dijeron: “Podemos”. Jesús les dijo: «Del cáliz del martirio del cual yo he de beber, beberéis, y con el bautismo del sufrimiento y sacrificio con que yo he de ser bautizado, seréis bautizados vosotros; (porque vosotros también probaréis los sufrimientos y persecuciones a causa de vuestra fe en mí);
40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no me toca a mí dároslo, sino que es para aquellos para quienes está preparado»; (es decir, será dado a los dignos-áxios, a aquellos que lucharán y vivirán según el Evangelio, por los que se ha preparado).
41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan por esta actitud ambiciosa.
42 Pero Jesús, llamándolos a sí, les dijo: Sabéis que los jefes de las naciones se comportan con sus pueblos como si fueran dueños absolutos de ellos; y los que tienen grandes axiomas y poderíos hacen mal uso de su posición y poder y los oprimen como si fueran sus esclavos.
43 Pero no debe haber esta tendencia y comportamiento egoísta entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros debe hacerse vuestro servidor y serviros con agapi-amor desinteresado e incondicional,
44 y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos, y comportarse con la humildad, la paciencia y la obediencia del esclavo.
45 Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido de los hombres, sino para servir, y para dar su psique y vida en rescate por muchos por muchos (ἀντὶ πολλῶν), y los muchos librarse de la culpabilidad del pecado y de la muerte eterna.

Quinto domingo de cuaresma. Santa María la Egipcia
Padre Georgios Dorbarakis
El quinto Domingo de Cuaresma marca el principio de la última semana del Gran Cuaresma. El próximo sábado, el de San Lázaro, señala el final de este período sagrado, el cual se considera un modelo de toda la vida del cristiano; en el sentido que todo esto que estamos llamados a vivir de manera especial durante el Cuaresma -la oración más intensamente, el ayuno más constante, la μετάνοια metania más profunda, y una mayor agapi-amor y caridad- todo esto debe determinar también nuestra vida cada día. No olvidemos que “la forma de vida, la figura de este mundo la produce este mundo y pasa” (San Pablo), así que lo más sustancial para el hombre es su giro hacia el Dios y vivir en comunión con Él en agapi-amor ferviente.
Las palabras del santo Yérontas Paísios en este caso son muy impactantes y estimulantes: “¡Toda mi vida es una Cuaresma!” Así, durante esta última semana, nuestra Iglesia nos da por última vez la “campanilla”, la señal de advertencia sobre nuestra sanación y salvación. No nos excusemos diciendo: «Ya pasó el tiempo, ya no se puede hacer nada». Y la Iglesia hace esto presentándonos a una persona que experimentó la μετάνοια metania de manera conmovedora y que, por ello, se considera un modelo de μετάνοια metania: ¡Santa María la Egipcia!
Una breve referencia a la vida de la santa y algunas reflexiones sobre ella nos convencerán plenamente de la verdad de este mensaje.
Santa María, cuando tenía doce años, se escapó de sus padres y fue a Alejandría, donde vivió una vida libertina, disoluta durante diecisiete años. Movida por la curiosidad, viajó con muchos otros peregrinos a Jerusalén, para asistir a la Exaltación de la Santa Cruz. Sin embargo, allí nuevamente se entregó a toda clase de desenfreno y pecado, arrastrando a muchos a la perdición. Pero cuando intentó entrar en la Iglesia el día en que se celebraba la Exaltación de la Cruz, sintió tres y cuatro veces que una fuerza invisible le impedía el acceso, mientras que la multitud ingresaba sin dificultad. Este acontecimiento le hirió el corazón y decidió cambiar de vida, dedicándose desde entonces a Dios con su μετάνοια metania.
Entonces, regresó a la Iglesia con esta decisión y, esta vez, pudo entrar sin dificultad. Veneró la Santa Cruz y, ese mismo día, partió de Jerusalén. Cruzó el río Jordán y se adentró en el desierto, donde vivió durante 47 años. Estos años fueron para María un tiempo de extrema y sobrehumana ascesis, de oración incesante a Dios.
En los finales de su vida encontró un eremita, llamado Zosimás, se confesó en él toda su vida y le rogó que la trajera los misterios (sacramentos) inmaculados para comulgar. Esto se hizo el año siguiente, el Jueves Santo. Cuando el año próximo el Abad Zosimás volvió, encontró a María muerta, mientras que a lado de ella habían escritas las siguientes palabras: “Abad, entierra aquí el cuerpo de la desgraciada María. He muerto el mismo día que comulgué los inmaculados misterios. Que ores por mí”.
Reflexiones
1) Lo que ha conducido a María a Jerusalén no era un deseo piadoso, como el que tienen muchos cristianos que dicen: «Vayamos a Jerusalén, a los Santos Lugares, y luego que muramos». Su motivo fue algo muy llano, mundano y, en muchos casos, condenable: la curiosidad. Y lo peor es que esta curiosidad estaba relacionada con la práctica de su vergonzoso y miserable oficio de ramera. En otras palabras, su visita a la Ciudad Santa no tenía ningún fondo metafísico o espiritual. Se podría decir que fue solo una oportunidad para romper la monotonía de su vida, algo que sin duda aprovechó el antiguo enemigo del hombre, el maligno, para empujarla aún más en su actividad pecaminosa.
¡Sin embargo! Incluso esta situación fue utilizada por el Dios bondadoso. Encontró la oportunidad de llamarla a la μετάνοια metania de una manera muy personal para ella. Sin ridiculizarla, sin humillarla, sin exponer la miseria de su vida, la hace concienciar el abismo de su penuria y degradación. Y, de hecho, el método de Dios tuvo éxito. María se arrepiente, se convierte y vuelve a la μετάνοια metania. La primera observación y lección que aprendemos, pues, concierne la ingenuidad y creatividad de la ἀγάπη (agapi: amor desinteresado, incondicional, altruista) de Dios. El Dios aprovecha y utiliza nuestra vida para atraernos a Sus brazos. ¿Y la razón? ¡Es que es nuestro Padre!
2) Una segunda reflexión se refiere a una aparente paradoja: el Dios cierra la entrada del templo solo para María. ¿Por qué es paradójico? Porque el Dios, a través de Su Iglesia, acepta cada hombre que se acerca a Él. “Al que viene hacia a mí no lo echaré fuera” (Jn 6,37), dijo el Señor. ¿Cómo, entonces, pudo suceder esto, si precisamente el Señor vino para llamar a los pecadores a la μετάνοια metania? Cualquier pecador que se acerca a Dios y a la Iglesia, está bien recibido y aceptado por Él. Además, todos venimos a la Iglesia de esta manera, o al menos deberíamos hacerlo: como pecadores (enfermos psíquica y espiritualmente) que tenemos necesidad de psicoterapia, sanación y salvación. Es por eso que nuestra Iglesia nunca hace una distinción entre personas pecadoras y no pecadoras. Porque todos los hombres absolutamente somos pecadores (enfermos psíquicamente y espiritualmente). “Todos hemos pecado y todos nos privamos de la doxa=gloria (luz increada) de Dios” (san Pablo).
Entonces, ¿por qué el Dios entonces cerró la entrada a la pecadora María que se acercaba a Él? Precisamente porque se acercaba al templo sin la disposición de acercarse a Él. Es decir, María quiso entrar al templo sin μετάνοια metania, sin una decisión tomada de cambiar su vida. Sin embargo, esta prohibición funcionó positivamente para María. La conmovió y la condujo a la μετάνοια metania. Tan pronto como tomó la decisión para el cambio de modo de vida, inmediatamente se abrió la entrada para ella.
Precisamente el Dios así llama y acepta a todos, por muy pecadores que sean, pero con la única condición de volver a la μετάνοια metania convertirse, arrepentirse y confesarse. Esto se debe a que una relación del hombre con Dios, sin metania, significará la condena y la perdición del hombre. El Dios no ofrece su Jaris (gracia, energía increada) de manera mágica. Busca la correspondencia del hombre, que se expresa principalmente a través de la μετάνοια metania. Además, no olvidemos que el infierno ha sido definido por nuestros santos como una relación con Dios, pero en un estado sin metania, en el sentido que la agapi-amor de Dios para una persona en tal estado, funciona y actúa negativamente, es decir, como infierno. Así que, el antídoto para cualquier pecado nuestro, por muy grande que sea, es la μετάνοια metania. Esta es la llave que nos abre la puerta del Cielo y la felicidad.
3) Sin embargo, quisiéramos hacer una tercera observación. Dios quiso llevarse a Santa María de este mundo cuando ella había completado y perfeccionado su μετάνοια metania. Y eso sucedió con su confesión y la comunión de los inmaculados misterios. Realmente es conmovedor, cuando uno piensa que, para María, los 47 años de su vida ascética fueron años de preparación. Se había hecho la catarsis, purgado y sanado a la medida que fue posible para ella. Superó sus pazos y pecados. Y, sin embargo, lo perfecto –dentro de los marcos y límites humanos creados- llegó con la confesión y la divina Comunión o Efjaristía. La demostración de ello: en cuanto apenas comulgó, se durmió y su psique-alma voló a las manos de su Creador.
Por supuesto que esto entre otras cosas significa que nunca el hombre puede perfeccionarse, nunca puede divinizarse o lograr la zéosis, en términos teológicos, si no participa en la jaris increada-gracia activa de los santos Misterios de la Iglesia y sobre todo el de la divina Efjaristía. En otras palabras, la plenitud del hombre no es cuestión de su propio poder, sino de su cooperación con la todopoderosa χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios.
La μετάνοια metania es el monódromo camino único. Otro camino para nuestra introducción en la Βασιλεία (Vasilía: Realeza increada) de Dios no existe. Y esto es nuestro mayor consuelo. Considerando la agapi-amor incondicional de Dios y nuestra pecaminosidad, la μετάνοια metania es el vínculo que une estos dos elementos. No tenemos más opción que recorrer este camino junto con nuestros santos, junto con la Santa María Egipcia, cuya festividad celebramos hoy. Es el camino que, en cada paso nos acerca y lleva a la relación directa e inmediata con Cristo Dios. Amín.
παπα Γιώργης Δορμπαράκης ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ Padre Jorge Dorbarakis

5º Domingo de Cuaresma, santa Maria la Egipcia
El sentido del poder
Jristakis Efstacíu, Teólogo- Iglesia de Chipre
“No vino para ser servido, sino para servi
r” (Mrc 10,45)
El período solemne de la Gran Cuaresma se acerca hacia su fin. Ya desde la lectura evangélica del día nos introduce a los Pazos-Pasiones de los días santos, y lo hace con logos clarísimo que dice el Cristo mismo. Se trata, en esencia, de una guía espiritual que el ser humano está llamado a seguir para asimilar los mensajes, conceptos y significados más profundos de los acontecimientos de la Semana Sa
nta. En este momento del tiempo litúrgico, adquiere especial importancia la proyección de la memoria de una santa mujer, la santa María la Egipcia, quien, tras haber caído en el abismo de la suciedad pecaminosa e inmoralidad, conoció un camino sanador y salvador de perfeccionamiento a través de la ascesis (práctica, ejercicio espiritual), puesto que su μετάνοια metania se hizo un modelo y ejemplo de vida.
Primacías o primeros puestos
El Señor cuando predecía Su Pazos-Pasión, quería precisamente preparar a Sus discípulos para que entendieran los acontecimientos que estaban por venir. Exactamente quería que co-caminaran con Él en el Pazos-Pasión con el corazón y la psique-alma, tal como corresponde a cada uno que quiere ser discípulo verdadero Suyo. Sin embargo, los discípulos parecían seguir viviendo en su propio mundo, dominado por ambiciones personales y efímeras. Dentro de sus percepciones limitadas y estrechas, querían ver a Cristo subiendo a Jerusalén como un rey terrenal, sin estar en situación de entender el fondo de Su misión y Su vía soteriológica, salvífica. Por eso, los vemos disputándose puestos primeros, cargos especiales y honores. En lugar de seguir el ejemplo de servicio de su Maestro, ellos buscaban poder, primacías y prestigio.
El poder como diaconía, servicio
Las primacías de poder y autoridad que anhelaban los discípulos adquieren, a la luz de la αγάπη (agapi: amor desinteresado, increado e incondicional) de Cristo, un significado y un contenido completamente diferentes. No tienen el sentido de imposición, promoción y proyección sino de ofrecimiento, sacrificio y servicio. No se otorgan como privilegios, sino que los reciben aquellos que aceptan y responden a la agapi-amor de Dios, y dejan sus existencias transparentes para que sean inundadas de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) que Él mismo otorga. Cristo deja claro a sus discípulos, y a cada uno de nosotros, que «quien quiera hacerse grande, que sea servidor de los demás, y quien quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos».
En realidad, cuando el ser humano vive sirviendo y ayudando a los demás, transforma su propia existencia en un recipiente de la agapi-amor de Dios. De esta manera, se eleva a la más noble de las grandezas y primacías. El propio Señor nos da el ejemplo supremo: “no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. El servicio ya no es una idea abstracta, sino que se revela como agapi-amor en su forma más genuina. Además, la manifestación de Dios en el mundo se basa y está instituida en su sacrificio “por la sanación, la salvación y la vida del mundo”.
El camino salvífico
El sacrificio y el servicio como estilo de vida surgen y toman cuerpo desde lo más profundo de la μετάνοια (metania: introspección, arrepentimiento, conversión y confesión). Las lágrimas de la metania elevaron en puntos culminantes de santidad a hombres que por muchos años estaban sumidos en el pecado, la prodigalidad y la inmoralidad. Un ejemplo de ello es Santa María la Egipcia. Su historia es un testimonio vivo de cómo la psique-alma puede ascender a las alturas infinitas de la χάρις (jaris: gracia, energía increada) de Dios. La Iglesia nos presenta su memoria en este momento litúrgico como un modelo a seguir. Porque exactamente la santa María de Egipto conoció el caos del pecado, pero también reveló el significado de la verdadera μετάνοια metania y del perdón, viviendo 47 años en el desierto de Jordán. Con toda su vida ha demostrado cuán inmenso es el mar de la agapi-amor de Dios, quien nunca cesa de invitarnos a reposar es sus brazos abiertos.
La santa María la Egipcia, se convierte en un nuevo modelo para quienes se atrapan en la tentación de la autojustificación y la autosuficiencia. Porque ella entrega toda existencia desnuda para para que fuera revestida majestuosamente con la agapi increada de Dios. Con su vida y su ejemplo revela que la μετάνοια metania no es un mero cumplimiento de leyes, normas y reglas sino un encuentro profundo y conmovedor de la persona con el Cristo.
Queridos hermanos, la agapi-amor incondicional de Cristo nos muestra un nuevo camino y una nueva manera de vivir. La verdadera grandeza del ser humano pasa por el sendero del sacrificio y del servicio. Es el amor ofrecido el que eleva al hombre y lo conduce a la más auténtica nobleza espiritual. En esta órbita, la agapi que emana del sacrificio de la crucifixión, invita al hombre a vivir la μετάνοια metania para descubrir su auténtico sí mismo, su verdadero yo y ser. El ejemplo de la santa María la Egipcia nos muestra que, por más que hayamos caído en la vida, la agapi-amor incondicional de Cristo nos persigue y nos invita para elevarnos a lo más alto, en primacías que nada tienen que ver con los poderes de este mundo, sino con las orientaciones a los valores más sólidos y eternos. Amín.
Jristakis Efstacíu, Teólogo- Iglesia de Chipre

5º Domingo de cuaresma – Camino hacia el Pazos-Pasión, Marcos 10, 32-35
“Ο ΣΩΤΗΡ” Sotir
- Hacía el Pazos-Padecimiento voluntario
El Señor Jesús Cristo y Sus discípulos caminan hacia Jerusalén. Pero este camino no es un viaje común. Es un camino hacia el Pazos-Pasión o Padecimiento, el martirio y la muerte. Además, el Θεάνθρωπος (Zeántropos: Dios y hombre) había advertido a Sus discípulos. Había predicho en términos generales que sería entregado en las manos de los hombres (Mrc 10:31). Ahora determina concretamente que será entregado en los líderes, soberanos judíos y ellos le condenarán a muerte, y también será entregado a los soldados idólatras, paganos de Roma: «He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los gramatís (gramaticales, escribas)-, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles idólatras, a los soldados de Roma; se burlarán de él y le azotarán, le escupirán y le matarán; pero al tercer día resucitará» (Mrc 10: 33-34).
Además, añade los detalles de los pazos que él sufriría, las burlas, los azotes y los escupitajos, concluyendo con la certeza de que al tercer día resucitará.
¿Pero por qué el Señor profetiza las cosas que Le van a suceder? Para preparar las psiques-almas de los discípulos, de modo que no se asusten y se turben en exceso, cuando Le vean sufriendo los terribles pazos-padecimientos, pero también cuando ellos mismos enfrenten persecuciones y martirios en el futuro. Y por una razón más: para que Sus discípulos y todos nosotros, que ahora estudiamos Su vida, comprendamos que se entrega voluntariamente, padece, sufre y es llevado a la muerte. Porque, si él quisiera, podría haber huido, puesto que conocía de antemano lo que Le iba a suceder. Sin embargo, el hecho de que avance con determinación hacia el sacrificio revela su obediencia voluntaria y su dedicación a la voluntad divina de sacrificarse «por la vida y la salvación del mundo» (Divina Liturgia de San Basilio el Grande).
- Nuestro interés real
Sin embargo, mientras que el Señor habla a Sus discípulos sobre los terribles padecimientos que iba a sufrir, ellos comienzan a discutir sobre quién ocupará el puesto más honorable en Su reinado, que en ese momento concebían como un reino terrenal. ¡Plena, total paranoia! Por eso el Señor les dijo claramente: «No sabéis lo que pedís» (Mrc 10.
Sin duda, nos sorprende la actitud poco reflexiva de los discípulos, quienes aún no habían sido renacidos y transformados por la χάρις (jaris: gracia, energía increada) del Espíritu Santo. Pero, a veces, también nosotros cometemos el mismo error.
El Señor nos pide unas cosas ciertas, pero nosotros con nuestras obras buscamos y perseguimos otras. El Señor nos indica la humildad, el anonimato, ser desapercibidos, pero nosotros, puede que estemos buscando el reconocimiento de nuestras obras, la proyección, el prestigio, el estatus y el reconocimiento social.
El Señor nos recomienda acumular tesoros en el cielo, pero a menudo nos aferramos a los bienes materiales como si fueran la única fuente de dicha y felicidad.
El Señor nos pide que renunciemos al mundo del pecado y a sus deseos, y nosotros, en cambio, nos preocupamos demasiado por «lo que dirá la gente».
Todas estas cosas que nosotros pedimos insistentemente, generalmente suelen meternos en líos y problemas. En cambio, si aprendemos a discernir lo que el Dios quiere, entonces tendremos todo lo que realmente necesitamos. Porque sólo el Dios bondadoso y omnisciente sabe lo que nos conviene. A Dios pues, debemos rogarle y pedirle que nos regale “las cosas buenas y beneficiosas para nuestras psiques-almas”, y entonces no solo tendremos lo que nos beneficia, sino que también estaremos completamente reposados, en paz cordial y serenidad mental.
- Quién resulta primero
¡Qué gran diferencia hay entre la mentalidad del mundo y el espíritu de la enseñanza de Cristo! Según la mentalidad y los criterios del mundo, el más grande entre los hombres es quien tiene el poder en sus manos y todos dependen de sus órdenes. Pero el Evangelio revela una evaluación completamente diferente sobre quién es verdaderamente grande y el primero. El Señor lo dijo claramente: “Quien de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos, y comportarse con la humildad, la paciencia y la obediencia del esclavo” (Mrc 10:44); es decir, quien quiera ser grande ente vosotros, debe servir a los demás y esforzarse por ser útil y beneficioso a los demás.
Los verdaderamente grandes no son aquellos que ocupan los primeros lugares y disfrutan de atenciones y halagos de los demás. Los verdaderamente grandes son los que están bien dispuestos a servir. Aquellos que “se hacen en pedazos” por agapi (amor desinteresado) a sus hermanos.
El mismo Θεάνθρωπος (Zeánzropos: Dios y hombre) nos enseñó esta lección de servicio humilde de manera práctica, cuando Él mismo se ciñó con un delantal para lavar los pies de sus discípulos. En los próximos días, veremos esta lección proclamada silenciosamente por el Crucificado. Por lo tanto, mientras se va acercando la Semana Santa, giremos pues, nuestra mente y mirada hacia el Señor que avanza hacia Su Pazos (Pasión, Padecimiento) voluntario, para inspirarnos en Su espíritu: espíritu de sacrificio, entrega y ofrecimiento, espíritu de humildad y ἀγάπη (agapi: amor desinteresado, incondicional, altruista). Amín.
“Ο ΣΩΤΗΡ” Sotir Fuente: https://aktines.blogspot.com/
Traducido por: Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisulas https://www.logosortodoxo.com/







