La religión es una enfermedad y la Ortodoxia su terapia y sanación

R.E

 

Η ΘΡΗΣΚΕΙΑ ΕΙΝΑΙ ΝΕΥΡΟΒΙΟΛΟΓΙΚΗ ΑΣΘΕΝΕΙΑ
Η ΔΕ ΟΡΘΟΔΟΞΙΑ Η ΘΕΡΑΠΕΙΑ ΤΗΣ

 

© Ιωάννης Σ. Ρωμανίδης Ioannis Romanidis

(Primera publicación por el Santo Monasterio de Kutlumusíu, Santa Montaña, en el tomo “Ortodoxía, Elenismo, camino hacia en 3º milenio” 1966, pag. 67-87)

 

Introducción

La llave para la concepción y comprensión del cambio de la Ortodoxa Católica Tradición, de religión ilegal a legalizada y después en Iglesia oficial, estriba en el hecho, que el Imperio Romano comprobó que no tenía enfrente suyo simplemente una forma más de religión o filosofía, sino una Sociedad de Clínicas Neurológicas bien organizadas, las cuales sanaban la enfermedad de la religión, que consiste en buscar la ευδαιμονία (efdemonía, felicidad, dicha y bienestar), o sea, sanaban la enfermedad de la humanidad y así producían ciudadanos fisiológicos con agapi-amor desinteresado, dedicados a la terapia radical de sus personalidades y de las enfermedades sociales. La relación que se fue desarrollada entre Iglesia y Estado, era exactamente la correspondiente de la relación actual entre  Estado y Medicina contemporánea.

 

El método

El método en el fondo de esta exposición es sencillo. Los escritores del Nuevo Testamento y los Padres señalan dentro de la historia su propia experiencia de catarsis e iluminación del corazón, más la glorificación o zéosis, la cual identifican con aquella de los profetas de todos los tiempos, empezando por Abraham. Esto corresponde con la repetición de la terapia como en la ciencia de la medicina y este método se transmite de médico a médico. Pero en este caso Cristo, el Kirios-Señor de la Gloria y Ángel de la Gran Voluntad, es el médico quien personalmente sana y “perfecciona” a Sus médicos, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Esta histórica tradición y sucesión de terapia, sanación y perfeccionamiento “en el Señor de la Doxa-Gloria” antes y después  de Su encarnación, constituye el corazón y el núcleo de la Tradición Bíblica y la Tradición Patrística.

 

Dividimos nuestra exposición en las siguientes partes;

1) La enfermedad de la religión.

2) Los Sínodos como Asociaciones de Clínicas Neurológicas.

3) Sínodos y Culturas.

4) Conclusiones.

5) Epílogo.

 

1. LA ENFERMEDAD DE LA RELIGION

Los patriarcas y los profetas del A. Testamento, los apóstoles y profetas del N. Testamento y sus sucesores conocen muy bien la enfermedad de la religión y el Médico que la sana, cura, es decir, el Kirios (Yahvé) de la Doxa-Gloria. Éste es el Médico de nuestras psiques y cuerpos. Curaba y sanaba esta enfermedad a sus amigos y creyentes y continúa curándola y sanándola como Θεάνθρωπος (Zeántropos, Dios y hombre).

Dicha enfermedad consiste en que existe cortocircuito entre el espíritu del corazón del hombre (entre el nus o la noerá energía según los padres) y el cerebro. En la situación fisiológica, normal la noerá energía se mueve cíclicamente como una manivela, orando dentro del corazón. En su situación enfermiza la noerá energía no se manivela cíclicamente. Pero estando desplegada y arraigada en el corazón se pega en el enkéfalos-cerebro y crea un cortocircuito entre el cerebro (diania-mente, intelecto) y el corazón. Así los conceptos o nociones del cerebro, los cuales están tomados todos del ambiente, se convierten en conceptos o pensamientos de la noerá energía que siempre está sembrada, arraigada en el corazón. De este modo el paciente se convierte y se hace esclavo de su ambiente. A causa de esto, algunos conceptos o nociones que provienen de su ambiente los confunde con su dios o sus dioses.

Con el término Religión entendemos cada “identificación o asimilación” de lo  increado con lo creado y sobre todo cada “asimilación de representaciones” de lo increado con conceptos y dichos del pensamiento humano, que son el cimiento del culto a los ídolos (fantasías, imaginaciones). Éstos, conceptos y dichos, es posible que sean simplemente conceptos y dichos o también representaciones, imágenes y estatuas de dentro o de fuera de un texto creído o imaginado como θεόπνευστο (zeópnefsto), inspiración divina. Dicho con otras palabras, la asimilación con lo increado de los conceptos y dichos sobre Dios de la Santa Escritura, pertenece también al mundo de la idolatría y es el cimiento de todas las herejías hasta hoy.

En el método terapéutico y sanador de la tradición del A. y N. Testamento se usan adecuadamente conceptos, significados y dichos, como medios durante la catarsis y la iluminación del corazón, los cuales cesan durante la glorificación (zéosis) cuando se apocalipta=se revela en cuerpo de Cristo, la indescriptible, inefable e increada doxa (gloria, luz de luces increada) de Dios y a la vez completadota de todo lo creado. Después de la glorificación (zéosis) los conceptos, significados y dichos de la noerá oración, retornan al corazón. De la zéosis o glorificación, el paciente comprueba que no existe ninguna similitud entre lo creado e increado y que expresar a Dios es imposible y concebirlo más difícil aún.

El cimiento de las herejías del Vaticano y de los Protestantes es el hecho que siguen a Agustín, quien tomó dicha doxa=gloria de Dios apocaliptada= revelada del A. y N. Testamento como “creada”, y a la vez hecha y deshecha en ese mismo momento. No solo esto, peor aún, tomó entre otras cosas también al Ángel de la Gran Voluntad y su Doxa-Gloria como creaciones creadas y descreadas, las cuales Dios desde la inexistencia o la nada, trae o crea para que sean vistas y escuchadas y las cuales después de la celebración de su misión devuelve otra vez a la inexistencia. Por supuesto, estas tonterías las desarrolla por ejemplo en su libro “De Trinitate” (libros B y C.)

Pero para que uno tenga correcta dirección en la terapia de la noerá energía, debe tener guía o conductor la experiencia de un deificado o glorificado, el cual testifica sobre unas reglas o axiomas: primero, entre el increado Dios, Sus energías increadas y Sus creaciones no existe ninguna similitud; segundo que “expresar a Dios es imposible y concebirlo más difícil aún. (San Gregorio el Teólogo)”. Sólo con base estos axiomas o reglas puede uno evitar la desgracia, degradación o miseria de tener como guía o conductor espiritual al diablo, mediante supuestos “tiólogos” que meditan o charlatanean sobre Dios y las cosas divinas.

En su estado natural la noerá energía regula los pazos, es decir, el hambre, la sed, el sueño, el instinto de autoconservación (es decir, el temor a la muerte) de manera que sean intachables, imperturbables, no perversos. En situación enfermiza los pazos se convierten en perversos, perturbables. Éstos, en combinación con la incontrolable y suelta fantasía e imaginación, crean religiones mágicas para domar y refrenar los elementos de la naturaleza o crean también la adicional sanación y salvación de la psique por la materia, llevándola al estado de ευδαιμονία (efdemonía felicidad y bienestar) o también al estado de efdemonía con soma-cuerpo y psique.

La fe, según la Santa Escritura, es cooperación con el Santo Espíritu, el Cual inaugura la terapia de la enfermedad de la agapi-amor interesada en el corazón y la convierte, transforma en agapi-amor desinteresada o altruista (energía increada de Dios), la cual “no pide ni busca nada para sí misma.” Esta terapia se culmina con la glorificación (zéosis) y consiste en la principal esencia de la Ortodoxa Iglesia Católica, la cual sustituyó la idolatría por esta terapia como núcleo de la Cultura Elénica del Imperio Romano.

Debemos de tener clara la imagen de los marcos dentro de los cuales la Iglesia y el Estado a la vez vieron la contribución de los glorificados o deificados en la terapia de la enfermedad de la religión, que distorsiona y pervierte la personalidad humana mediante la búsqueda de ευδεμονία (efdemonía, felicidad y bienestar) desde aquí y más allá de la tumba; conociendo esto, comprenderemos la causa por la que el Imperio Romano incorporó la Iglesia Ortodoxa en su derecho gubernamental. Ni la Iglesia, ni el Estado vieron la misión de la Iglesia como un simple perdón a los pecados de los creyentes para su introducción en el paraíso después de la muerte. Esto sería equivalente al perdón médico de las enfermedades de los enfermos para después de la muerte curarlos o sanarlos.

Tanto la Iglesia como el Estado conocían bien que el perdón de los pecados no era sólo el principio de la terapia de la enfermedad religiosa de búsqueda de ευδεμονία (efdemonía, felicidad y bienestar) de la humanidad. Esta terapia empezaba por la catarsis (sanación y purgación) del corazón, llegaba al restablecimiento del corazón en su estado natural de iluminación y se perfeccionaba al hombre entero en el sobrenatural estado de glorificación o zéosis. El resultado de esta terapia y su perfeccionamiento, no era solo la preparación adecuada para la vida después de la muerte, sino también la metamorfosis, transformación de la sociedad aquí y ahora de sistemas, conjuntos y grupos de personas egoístas y egocéntricas en comunidades de hombres con la agapi-amor desinteresada, “la cual no pide ni busca nada para sí misma.”

 

2) LOS SÍNODOS COMO ASOCIACIONES DE CLÍNICAS NEUROLÓGICAS

 

2.1 Paraíso e Infierno

Cada uno verá la en Cristo doxa (gloria, luz de luces increada) de Dios y llegará en aquel grado de su perfeccionamiento que ha escogido y por el cual ha trabajado. Siguiendo al Apóstol Pablo, a San Juan el Evangelista y a los Padres con su propia experiencia, ellos sostienen que se salvarán aquellos que ven al resucitado Cristo en doxa (gloria) en esta vida, ya sea “como en un espejo, en enigma”, mediante psalmos y oración incesantes en sus corazones, o “prósopon a prósopon cara a cara o persona a persona” a través de la glorificación o zéosis. Aquellos que no Le ven así en esta vida, verán Su doxa (luz y energía increada) como fuego consumador eterno y oscuridad exterior en la otra vida. La doxa-gloria increada que tiene Cristo por naturaleza del Padre, es el paraíso para aquellos en que la agapi-amor egocéntrica e interesada se ha sanado y metamorfoseado, convertido en agapi-amor desinteresada. Pero la misma doxa (gloria, luz y energía increada) es el increado fuego eterno y el infierno para aquellos que escogieron permanecer sin terapia dentro de su egolatría y su propio interés.

Este tema en cuestión no solo es claro y cierto en la Escritura y los Padres, sino también en las iconas (iconos) Ortodoxas sobre el Juicio. La misma luz dorada de doxa-gloria increada que emana de Cristo, dentro de la cual están contenidos Sus amigos, se convierte en roja mientras fluye hacia abajo, para que ésta misma divina agapi-amor abrazar a los “malditos”, que la ven como fuerza y energía infernal. Esta es la doxa-gloria y la agapi-amor increadas de Cristo, que catartiza (sana, purga) los pecados de todos, pero glorifica a unos e infierna a otros. Todos serán conducidos por el Espíritu Santo “a toda la verdad”, es decir, verán a Cristo con Sus amigos en doxa-gloria increada, pero todos no serán glorificados. “Los que perdonó, a esos también glorificó”, según el Apóstol Pablo. La parábola sobre el pobre Lázaro en el seno de Abraham y el rico en el lugar de pena y tortura es clara y cierta. El rico ve pero no participa de la increada doxa (luz y energía).  (Lu. 16´19-31).

La Iglesia no manda a nadie al paraíso ni al infierno, sino que prepara a sus creyentes para la visión, expectación de Cristo en doxa-gloria increada, la cual verán todos los hombres. Dios ama igual a los infernados que los santos. Quiere la terapia y sanación de todos, pero no todos aceptan la terapia que Él ofrece. Eso significa que el perdón de los pecados no es suficiente para que uno vea a Cristo en doxa-gloria increada y glorificarse.

Está claro que la tradición Franco-Latina, donde los salvados son aquellos que supuestamente Cristo reconcilió con su Padre, no tiene lugar en la Tradición Ortodoxa. Interpretando la segunda epístola a los Corintios (2ªCor 5´19), San Juan el Crisóstomo dice: “Reconciliaos con o en Dios, no dijo reconciliar vosotros mismos a Dios, porque no es Dios el que es nuestro enemigo, sino que nosotros debemos conciliarnos con Dios, porque Dios no se enemista con nadie nunca”. Dentro de los marcos anteriores comprendió el Estado Romano la misión terapéutica y perfeccionadora de la Iglesia en el mundo para beneficio general de toda la sociedad. Además no se distinguen entre si las religiones que prometen la satisfacción después de la muerte, en vez de la terapia y sanación en este mundo de la enfermedad del deseo e ilusión de ευδαιμονία (efdemonía, felicidad y bienestar.)

 

2. 2 El supuesto intento de desmitificación de la Santa Escritura.

Este supuesto problema ocupa a los Protestantes y a los Papistas y también a (supuestos) iluminados de estos Ortodoxos “tiólogos” que van como si fueran especialistas de la interpretación de la Biblia. Sobre todo estiran sus narices hacia arriba apenas escuchan sobre interpretación y traducción patrística. El supuesto problema proviene del Neoplatonismo de Agustín y los que le siguen, principalmente de los Carlovingios Francos. El obispo de Hipona quitó la increada y en todo presente doxa-gloria de Dios y la presentó como creación convertible, creada y a la vez desconvertible, deshecha. No conocía que uno la ve mediante el estado de glorificación (zéosis). En consecuencia de esto, admitía la división del universo como un edificio de tres plantas, con el paraíso en el cielo, el infierno en la tierra y la superficie de la tierra como lugar de prueba.

 

2.3 La ventana abierta de Pablo hacia la Iglesia

Los capítulos 12 hasta 15 de la 1º epístola hacia los Corintios es una ventana única, mediante la cual uno puede considerar y contemplar la realidad de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Los participantes en la Iglesia están incluidos en dos equipos, según el grado de terapia y perfeccionamiento: en el grado de los iluminados y en el de los glorificados (o deificados). Los miembros del cuerpo de Cristo se describen claramente en la 1ª Cor.12´28: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”.

Uno empieza a convertirse y hacerse laico cuando dice “amén” durante el culto o adoración lógica, en contraposición de la adoración noerá (espiritual), hecha en el corazón. En este estadio, el laico se ocupa de su paso desde la catarsis (sanación y purgación) del corazón hasta la iluminación del corazón, bajo la conducción de aquellos que son templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo y constituyen el “sacerdocio real”.

Los grados de la iluminación empiezan con los “géneros o cualidades de lenguas”, el más bajo de los carismas, que está en la 8ª posición y llegan hasta el carisma de “didáscalos, maestro” en la 3ª posición.

En la cabeza de la Iglesia local están los “profetas” (2º posición), los cuales han recibido la misma apocálipsis, revelación que los apóstoles (Ef. 3´5), que están en la 1ª posición y junto con ellos constituyen el “cimiento” de la Iglesia (Ef. 2´20). Los apóstoles y los profetas son el cimiento de la Iglesia, de la misma manera que los médicos son el cimiento de los hospitales.

Los “géneros de lenguas” son el cimiento sobre el cual se edifican los demás carismas, que cesan provisionalmente sólo durante la glorificación o zéosis (1ªCor. 13´8). Como apóstolos o enviado, Pablo se clasifica en la cima del catálogo de los miembros que “puso Dios en la Iglesia”. Pero aún mantiene “los géneros o cualidades de lenguas”, es decir, el carisma más bajo. Escribe: “Agradezco a Dios que me dio el carisma de hablar más lenguas que todos vosotros” (1ªCor.14´18). Esto significa que “los géneros o cualidades de lenguas” pertenecen a todos los niveles de los carismas dentro del cuerpo de Cristo. Con lo de “no todos hablan lenguas”, Pablo da a entender que se refiere a los “laicos”, los cuales no se enumeran entre los templos del Santo Espíritu y miembros del cuerpo de Cristo (1ªCor 12´18).

La iluminación y la glorificación o zéosis de los miembros del cuerpo de Cristo, no son grados de autenticidad provenientes de recomendación, indicación o elección humana. Son carismas de Dios hacia aquellos que colaboraron con los iluminados y los glorificados, para sucederles como sanados y perfeccionados y así mantener esta tradición apostólica y sucesión de generación en generación. El hecho que Pablo llama a los miembros de los grados inferiores que están en terapia y perfeccionamiento a que busquen los carismas superiores, significa claramente que todos deben y pueden hacerse profetas, es decir, llegar a la glorificación o zéosis. “Quiero que todos habléis lenguas; no obstante prefiero que profeticéis” (1ªCor. 14´5).

 

2.4 Clínica neurológica

La Iglesia por la descripción de Pablo, se parece a una clínica psiquiátrica. Pero su percepción y conocimiento para la enfermedad de la personalidad humana es mucho más perspicaz y clara de lo que hoy es conocido en la medicina contemporánea. Para que comprendamos esta realidad, debemos ver mediante Pablo, la comprensión y concepción Bíblica de la situación fisiológica y no fisiológica del hombre.

El enfermo hombre se restablece en su estado fisiológico, cuando es conducido “a toda la verdad” por el Espíritu de la Verdad, es decir, la visión, expectación de Cristo en la doxa (gloria, luz de luces increada) de Su Padre (Jn.17). Los hombres que no ven la doxa de Dios no son fisiológicos. “Porque todos han pecado y se privan de la doxa de Dios” (Rom.3´23). Dicho de otra manera, el único hombre que nació en Su estado fisiológico es el Kirios-Señor de la doxa-gloria, el Cual nació en cuerpo y carne de la Zeotocos, tomó voluntariamente los in-perversos pazos naturales (o sea, hambre, sed, cansancio, sueño, desgaste o corrupción, muerte, miedo la muerte), a pesar que como fuente natural de la increada “doxa” anula todos estos pazos. El otro aspecto de dicho tema es que el Dios no apocalipta, revela Su doxa-gloria a cada uno, porque no quiere infernar a los no preparados adecuadamente en la desinteresada agapi (amor, energía increada). La sorpresa de los Profetas del A. Testamento, en que aún podían vivir a pesar de ver a Dios, y la súplica del pueblo a Moisés para que pidiera a Dios que parara de mostrar Su doxa (gloria, luz de luces increada), porque no podían sufrirla más, son en este caso claramente comprobantes.

La Iglesia de los apóstoles y los padres no se ocupaba de Dios, mediante meditaciones intelectuales y pensamientos abstractos sobre Él. Eso porque en la lógica permanece como misterio, incluso en aquellos que se apocalipta= revela la en Cristo doxa y Su realeza, los cuales participan de esta manera en el misterio de la cruz, mediante la glorificación, es decir, sus zéosis. La única ocupación de los profetas, apóstoles y padres era:  1) la terapia o sanación de los particulares o laicos mediante la catarsis de sus corazones y 2) la iniciación de ellos a) en la situación de miembros del cuerpo de Cristo y templos del Santo Espíritu, mediante la iluminación del corazón y b) en “lo perfecto” (1ºCor.13,12), es decir, en la visión, expectación de Cristo en doxa “cara a cara” (1ªCor.15´12), mediante la glorificación (1ªCor. 12´26; Rom. 8´30) para el servicio de la humanidad (Jn. 17). Lo de “… los que perdonó e hizo justicia, a ellos también los glorificó” (Rom. 8´30) significa que iluminación y glorificación o zéosis se conectan entre sí en esta vida, pero no se identifican.

La enfermedad de la personalidad humana consiste en el debilitamiento de la comunión, conexión o participación del corazón con la gloria de Dios (Rom.3´23), debido al cataclismo que le viene al corazón por los loyismí dependientes del ambiente (Rom.1´21-24 y 2´25). En este estado o situación, el hombre imagina a Dios según la imagen de su enfermizo “yo o sí mismo” o incluso de los animales (Rom.1´22). Así el hombre interior sufre su muerte espiritual, “puesto que todos pecaron” (Rom.5´12). Es decir, la agapi-amor se subyuga, se esclaviza en el instinto de autoconservación, el cual paramorfosea (desfigura, distorsiona) y metamorfosea (transforma, convierte) la agapi-amor en energía egocéntrica e interesada, infravalorada en la simple búsqueda de sobrevivencia, seguridad y felicidad.

La caída de cada hombre y su esclavitud en la creación, consiste en la confusión de la energía del espíritu humano del hombre con esta misma energía de la diania(mente, intelecto, cerebro), confusión en la cual los loyismí provenientes del ambiente se convierten en loyismí del espíritu humano del hombre, con el resultado de debilitar en varios grados la comunión (conexión o participación) del corazón con la increada energía y realeza increada de Dios. La terapia y sanación de esta enfermedad empieza con la catarsis del espíritu del hombre, de todos los loyismí buenos y malos, y su limitación en la diania (mente, intelecto, cerebro; a la vez el espíritu humano (nus o noerá energía) del hombre, se libera de la diania y regresa mediante la oración noerá o del corazón en el corazón. En su estado natural el espíritu humano (nus) del hombre se energiza, opera como un remolino dentro del corazón, en cambio en su situación o estado caído (enfermizo) se encuentra expandido en el enkéfalos-cerebro, identificado con sus conceptos, significados, ideas y dichos y se queda atrapado, subyugado y esclavizado en ellos.

Así en vez de reinar con Dios sobre la naturaleza, se constituye en esclavo (atrapado) de ella. Para restablecerse el funcionamiento (o liturgia) fisiológico de la personalidad humana mediante esta circuncisión de todos los loyismí (Rom 2´29), debe liberarse el hombre interior de la esclavitud de cualquier cosa en relación a su ambiente, por ejemplo, la autosatisfacción, riqueza, propiedad, incluso de sus padres y parientes (Mt.10´37 Lc.14´26).

La finalidad no es la adquisición de la apacia (sin pazos) Estoica por el cese de la simpatía, sino el suministro en el corazón de la posibilidad de poder recibir las oraciones y los psalmos que el Santo Espíritu transporta allí desde el cerebro o diania-mente-intelecto y energiza, opera incesantemente. Así la cabeza del sistema nervioso, que es el enkéfalos-cerebro, se ocupa de las actividades diarias y el dormir, en cambio el espíritu del hombre en el corazón ora ininterrumpidamente. Es decir, se hace como un disquete de ordenador arreglado, en el cual los textos de las oraciones se transfieren desde el cerebro y regresan a él. Pero los que oran así con el espíritu incesantemente, oran también con la lógica la voz en alto, si es menester contribuir en la catequización y construcción de los laicos y de los que no creen. Esto quiere decir Pablo con el “oraré con el espíritu y oraré con la lógica, psalmodiaré con el espíritu y psalmodiaré con la lógica” (1ªCor. 14´15).

Este es el marco de referencia del Apóstolos Pablo y de San Juan el Evangelista en el Paráclitos (Consolador) Espíritu, el Cual cohabita e intercede por nosotros inspirando en nuestros corazones. El Santo Espíritu por sí mismo cohabita, co-ora e inspira por todos los hombres con “gemidos o inspiraciones inenarrables” (Rom. 8´26). Pero encuentra respuesta o correspondencia en aquellos que colaboran 1) en la catarsis de su espíritu, es decir, del “hombre interior” o “de la noerá energía” de todos los loyismí buenos y malos, 2) de la salida, separación de este espíritu de la lógica y 3) en el retorno del espíritu al corazón junto con las oraciones y los psalmos de la diania. Así la terapia de la personalidad humana se introduce en el estadio de la iluminación. Esto es lo que condiciona Pablo cuando escribe: “oraré con el espíritu oraré con la lógica, psalmodiaré con el espíritu y psalmodiaré con la lógica” (1ªCor. 14´15).

Acaba de decirnos Pablo que la oración en espíritu contiene psalmos del A. Testamento. Entonces no habla de oraciones ininteligibles y en voz alta, ya que los psalmos eran conocidos por todos.

Pablo habla de “cualidades o géneros de lenguas”, las cuales contienen oraciones y psalmos del espíritu del hombre (nus) en el corazón, los cuales no se escuchan por aquellos que no tienen el mismo carisma. Los laicos que aún no tenían este carisma no podían escuchar las oraciones y los salmos en el corazón de los que tenían este carisma de “lenguas”. Los Corintios en este estado de iluminación habían introducido la novedad de celebrar los oficios noeramente (espiritualmente, con el espíritu humano) en el corazón de los presentes “laicos”, que no habían recibido aún “las cualidades de lenguas”. Pero así les era imposible a los laicos edificarse y contestar con sus “amén” en los momentos adecuados de la ceremonia, porque simplemente no escuchaban nada.

Pablo manifiesta claramente que “nadie escucha” (1ªCor. 14´2). “Si vengo a vosotros hablando lenguas, ¿en qué os beneficio, si no os hablo con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?…” (1ª Cor. 14´6-7). Los que no tienen el carisma de lenguas deben escuchar la “fuerza de la voz” de las oraciones y de los psalmos para contestar con sus propios “amén” (1ª Cor.14´11-16). “… así también vosotros si la trompeta de la guerra saca una voz incierta, ¿quién se preparará para la guerra y tomará parte en el combate? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado”. (1ªCor.14´8-10). No deben los iluminados limitarse en “hablar lenguas” (o sólo oración interior de corazón) “sin ser percibidos” en presencia de los laicos (1ªCor. 14´10.11). “Porque tu haces bien tu acción de agradecer, pero el otro no se instruye y no progresa (1ªCor.14´17).

Cuando Pablo dice “porque desde el punto de vista de la edificación espiritual de los creyentes, es superior aquél que enseña de aquél que sólo habla lenguas extranjeras, a no ser que él mismo explique todo lo que dice para edificar a los creyentes y a la Iglesia en la verdad y la virtud”(1ªCor.14´4-5), da a entender claramente que aquél que habla solo “lenguas” debe de conseguir también el carisma de “interpretación” de las oraciones y los psalmos del espíritu (nus) en el corazón y a la vez en las oraciones y psalmos de su nus, para que se reciten también en voz alta para edificación e instrucción de los laicos. “Por eso, el que habla una lengua extranjera, que ruegue a Dios para que le sea dado el carisma de interpretación. Porque si rezo con el carisma de la lengua a Dios, mi corazón (o espíritu) y mi psique, que se encuentran bajo la jaris (energía increada) del Espíritu Santo, se inundan de sentimientos y sensaciones divinas y se benefician por la plegaria. Pero mi diania (mente, intelecto o cerebro) queda estéril y sin fruto, porque no comprende y por tanto, no ofrece ningún beneficio espiritual a los demás. ¿Qué hacer entonces? Oraré con el carisma del espíritu (es decir, con el nus o la energía del nus al corazón), pero también rezaré con la diania, comprendiendo e interpretando el contenido de la oración. Psalmodiaré con el carisma espiritual de la lengua (nus o espíritu del corazón) y también con el logos de la diania. Porque si tu por tu carisma espiritual alabas a Dios en lengua extranjera, entonces aquél que está en lugar de oyente que no conoce la lengua, como dirá amén por tu agradecimiento?, claro está, no lo dirá porque no entiende lo que dices. Porque tú bien que agradeces a Dios en la lengua extranjera, pero el otro no se edifica espiritualmente. Agradezco a Dios porque me dio el carisma de hablar lenguas extranjeras más que a todos vosotros, pero en la asamblea de los creyentes deseo y quiero decir 5 logos ciertos y claros, que los comprendan mi nus y el nus de los demás, enseñando así la verdad de Dios y no miles de logos en lengua extranjera y desconocida por ellos.” (1ªCor.14´13-19)

Pablo nunca dice, que uno interpreta aquellas que otro dice “lenguas”. Cada uno interpreta las que uno mismo dice “lenguas”. Esto lo condicionan también los dichos en la 1ªCor.14´27-28: “Si algunos hablan lenguas, que hablen 2 o 3 máximo y cada uno en su turno, y uno que traduzca lo que dice aquél que habla en lengua extranjera. Si no existe traductor, que se calle durante la asamblea aquel que tiene el carisma de la lengua. Que hable consigo mismo y con Dios”. Si habla con otras palabras, esto se hace en el corazón y no en voz alta. Con este mandamiento Pablo reduce a los que tienen solo “cualidades de lenguas”, el hecho de imponer dicha novedad por mayoría por parte de ellos.

Pablo habla claramente sobre oraciones y psalmos no recitados con “la fuerza de la voz”, sino escuchados dentro del corazón. Esta iluminación del corazón neutraliza la esclavitud del instinto de auto-conservación y empieza la metamorfosis (conversión, transformación) de la agapi-amor interesada en agapi-amor desinteresada. Esto constituye el carisma de la fe innata en el hombre interior, lo cual es justicia y perdón, reconciliación, adopción, paz, esperanza y vivificación o despertar espiritual.

Las oraciones y los psalmos ininterrumpidamente (2ªTes. 5´7) energizados, operativos noeramente (espiritualmente) en el corazón (Efes.5´18-20) más las “cualidades o géneros de lenguas” (1ªCor. 12´10,28)) metamorfosean al laico en templo del Espíritu Santo y miembro del cuerpo de Cristo y del sacerdocio real. Esto es el principio de la liberación del creyente de la esclavitud del ambiente, no por la huida de él, sino por el control sobre él, no por la agapi interesada de explotación sino por la desinteresada agapi. Dentro de estos marcos “porque la ley del Espíritu, la jaris, la iluminación y la fuerza del  Espíritu, que transmite, cultiva y desarrolla la vida en Cristo, me liberó de la ley y del dominio del pecado y de la muerte… Pero vosotros ya no sois esclavos del cuerpo, sino que estáis bajo la conducción de vuestro espíritu, que se ha iluminado y renacido de la jaris del Santo Espíritu, ciertamente si habita en vuestro interior el Espíritu de Dios. Si uno no tiene en su interior el Espíritu de Cristo, éste no es hombre de Cristo. Si habita Cristo en vuestros interiores, entonces aunque vuestro cuerpo se somete a la muerte a causa del pecado, no obstante, vuestro espíritu tiene vida eterna gracias a la justicia y absolución que habéis recibido de Cristo.” (Rom.8:2,9,10).

Durante el tiempo de la terapia de la iluminación aumenta el perfeccionamiento de la agapi y sobre todo por la derrota del diablo, el iluminado recibe proporcionadamente los carismas enumerados anteriormente en la 1ªCor.12´28, con la culminación en la zéosis o glorificación. Pablo manifiesta que “si se glorifica un miembro, se congratulan y se alegran todos los demás miembros” (1ªCor.12´26), con el fin de explicar porque los profetas son segundos después de los Apóstoles y antes que todos los demás miembros del cuerpo de Cristo. La transmisión de las oraciones y psalmos hechas por el Espíritu desde la diania (mente, cerebro) al corazón, son la justicia y absolución y la vivificación del hombre interior, y la visión, expectación de Cristo “como en un espejo, en enigma” (1ªCor. 13´12). Glorificación es la llegada de lo “perfecto” (1ªCor.13´10), la visión de Cristo “cara a cara” (1ªCor.13´12). Cuando Pablo escribe, “ahora conozco parcialmente” (1ªCor.13´12), se refiere a la situación corriente de iluminación o justicia y absolución. Con su siguiente frase: “entonces conoceré plenamente, tal como soy conocido”, Pablo dice que se glorificará, tal como ya se había glorificado. En el estado de iluminación el creyente es “niño”. Puesto que mientras se ha glorificado, retorna a la iluminación como “hombre” (1ªCor.13´11).

Durante la glorificación, que es zéosis y apocálipsis o revelación, la oración de corazón (“lenguas”), la gnosis-conocimiento y la profecía junto con la fe y la esperanza, quedan abolidas, puesto que se sustituyen por el mismo Cristo en la increada realeza y doxa-gloria del Padre. Sólo la agapi-amor (increada energía) no recae (1ªCor. 13´8-11). Durante la duración de la glorificación o zéosis los conceptos, significados y dichos sobre Dios y en la oración hacia Cristo quedan abolidos. Después de la zéosis y con el regreso a la iluminación, retornan la gnosis-conocimiento, profecía, fe y esperanza y se vuelven a reunir con la agapi-amor, la cual no había “recaído”. Los conceptos, significados y dichos que se usaron por los glorificados en la enseñanza y oración para conducir a otros hasta la glorificación, son inspirados por el espíritu, pero sólo para el uso y para la conducción de los iluminados y glorificados. Los no conocedores que el propósito y finalidad de estos dichos, conceptos y significados son su cese durante la zéosis, caminan sobre los cimientos de sus fantasías e imaginaciones.

Esta es la visión, expectación en doxa-gloria del resucitado Cristo, la que tuvo Pablo y por la cual Dios pone como cabeza (1ªCor.12´28) y cimiento (Efes.2´20) de la Iglesia a los apóstoles y los profetas. Este “cimiento”, el cual contiene también a mujeres profetisas (Hechos 2´17; 21´9), constituye el marco de la manifestación de Pablo de que en Cristo “no existe diferencia entre varón y mujer, heleno o judío… (Gal. 3´28).

La glorificación o zéosis no es milagro. Es el definitivo estadio natural de la metamorfosis (transformación) de la agapi-amor interesada en desinteresada y la llegada del hombre al estado en el cual fue creado. Pablo y Juan consideran claramente que la visión, expectación en esta vida de Cristo en doxa-gloria, necesaria para la perfección de la agapi y el servicio hacia la sociedad. (Jn.14´21-24, 16´22, 17´24; 1ªCor.13´10-13; Ef.3´3-6). Las apariciones de Cristo resucitado en gloria no eran y no son milagros para deslumbrar a los espectadores y convencerles para creer en Su deidad. Milagro no fue la resurrección de Cristo. Milagro fue Su crucifixión y muerte. El resucitado Cristo aparece sólo para el perfeccionamiento de la agapi-amor, incluso en el caso de Pablo también, quien había llegado al umbral de la glorificación (Gal. 1´14), no conociendo que el Kirios-Señor de la Doxa-Gloria al cual después vería, había nacido, había sido crucificado y había resucitado. Las apariciones del Señor de la doxa resucitado en el cap. 1ªCor.15´1-11 son glorificaciones o zeosis con las cuales Pablo completa el desarrollo sobre carismas que había empezado a describir en el cap. 12´1.

Todos los glorificados después constituyen con los apóstoles el cimiento de la Iglesia, porque “… Dios dio a ellos el mismo regalo, los mismos carismas del Santo Espíritu, así como también a nosotros”, dice Pedro (Hechos. 11´17 y 10´47). Es decir, fueron conducidos igual que los apóstoles durante el Pentecostés en “toda la verdad”, la cual es el Cristo resucitado y ascendido en doxa-gloria y regresando en sarx-cuerpo con las lenguas increadas de fuego de Su Espíritu, para habitar como hombre junto a Su Padre en los creyentes convertidos en templos del Santo Espíritu tal como exactamente prometió (Jn. 14-17). Así, la Iglesia con profetas que se han convertido en templos del Santo Espíritu, se hizo Cuerpo de Cristo, sobre el Cual “las puertas del hades (muerte) no pueden destruir”.

Glorificación o zéosis es la participación no sólo de la psique sino del cuerpo también en la inmortalidad e incorruptibilidad por el perfeccionamiento en el agapi-amor. Es posible que sea expectación de larga o corta duración. Después de alguna éxtasis de desorientación el neo-glorificado ve todo su alrededor erosionado con la gloria/realeza increada de Dios, puesto que ésta no es ni luz ni skotos-oscuridad y no se parece a nada de lo creado, supera, transciende todos los conceptos, significados y dichos y a pesar de que es apocaliptada=revelada, permanece impenetrable, inexpresable y por ello indescriptible. Durante la expectación, visión, los pazos que se habían neutralizado y constituido en in-perversos con la iluminación, quedan abolidos. El glorificado ni come, ni bebe, ni duerme, ni se cansa y no se afecta por el calor o el frío. Estos fenómenos en las vidas de los santos, antes y después de la encarnación del Señor de la gloria, no son milagros, sino apocatástasis-restablecimiento de la salud de la enfermiza naturaleza humana.

Los Yerontólogos o Geriatras han demostrado que la vejez es enfermedad e investigan también por si la misma Muerte es enfermedad. Si fuera posible sería una contribución de los glorificados y sus reliquias en dicha investigación. Los cuerpos de cientos de glorificados permanecen relativamente enteros por siglos en un estado entre corrupción e incorruptos. De los más antiguos ejemplos es el cuerpo de San Espiridón que está entero en la isla de Kérkira (Corfú), quién tomó parte en el 1º Sínodo Ecuménico en el año 325. Sólo en el Monasterio de la Cuevas en Kiev existen 120 cuerpos enteros de sagradas reliquias.

Este es el contexto de los logos del Apóstolos Pablo, de que: “también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom. 8´21). Por los contextos expresados está claro, que la “libertad de la gloria” aquí es libertad de la corrupción y de la mortalidad. Incluso aquellos de los cuales el hombre interior llegó a la adopción o ahijamiento de la iluminación, como también aquellos que sus cuerpos por la zéosis tuvieron que pre-saborear la inmortalidad e incorruptibilidad, esperan “la adopción y la liberación de nuestro cuerpo” (Rom. 8´23). “Los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados…  Porque debe este cuerpo corruptible vestir la incorruptibilidad y este cuerpo mortal vestir la inmortalidad, (1ªCor.15,53-54)”.

Estas las conoce uno no por la meditación intelectual sobre textos bíblicos sino por la experiencia de la zéosis o glorificación, es decir, de la “libertad de la doxa-gloria de los hijos de Dios”. La experiencia de la glorificación o zéosis y no sólo los textos bíblicos son el cimiento de la fe de la Iglesia sobre la resurrección somática (corporal) de la parte biológica de la personalidad humana.

 

2.5 Las Santas Reliquias

Existen dos clases generales de las santas reliquias, que son estas que perfuman y las que se salvan enteras o casi enteras. Se ve que las primeras pertenecen a los santos que se encontraban en estado de iluminación, cuando salieron de este mundo y las segundas son de santos que se encontraban en estado de glorificación o zéosis.

Por testimonios de los padres resulta que el acontecimiento de que la energía increada de Dios creadora, provisora, catártica e iluminadora es simple, se divide indivisiblemente y está presente en todo y energiza (opera) todo en todos. Así el glorificado por el Santo Espíritu ve como miembro del cuerpo de Cristo al Padre en el Logos encarnado en su interior. Los cuerpos de ellos se mantienen así puesto que la noerá energía de ellos continúa girando como manivela cíclicamente dentro de sus corazones en comunión con la energía glorificadora o zeótica (la Jaris) de la Santa Trinidad. Quizás podríamos ver este manivelar (giro cíclico) con el tomógrafo magnético axónico (creo que en castellano es un contador o eje de resonancia magnética).

Parece que tienen razón aquellos que creen que los agujeros oscuros se encuentran no sólo en el centro de las galaxias dando a ellas sus movimientos cíclicos, sino también en microscópicos tamaños en todo el universo, entre nosotros y en nuestro interior.

 

2.6 No “desde el mundo” sino “en el mundo”

La Franco-Latina distinción entre activa (active) y contemplativa (contemplative) vida no existe dentro del cuerpo de Cristo. El carisma del Santo Espíritu de los incesables psalmos y oraciones, mediante las cuales el laico se introduce en el sacerdocio real, haciéndose templo del Espíritu Santo y miembro del cuerpo de Cristo, convierte en imposible dicha diferencia. La catarsis y la iluminación del corazón más la zéosis o glorificación es la realidad dentro de la cual se mueve cada creyente y la tradición dentro de la cual funciona inseparablemente el especial sacerdocio. Al contrario que la referida distinción Latina, todos los miembros del cuerpo de Cristo se encuentran en zeoría (contemplación) de la iluminación caminando hacia la contemplación de la zéosis o glorificación.

“…nadie en espíritu de Dios dice: ANATEMA JESUS, y nadie puede decir KIRIOS-SEÑOR JESUS, sino es en el Santo Espíritu (1ªCor.12´3)”. Ésta es la espiritualidad bíblica y patrística, energía y fuerza, por causa de la cual era imposible doblegar y hacer negar a Cristo a un creyente -templo del Espíritu Santo- a pesar de todas las torturas y martirios. Una posible negación simplemente demostraba que no era miembro del cuerpo de Cristo. Los mártires y neomártires eran demostración del poder de la iluminación y de la zéosis, es decir, del misterio de la cruz, contra los poderes de la oscuridad, como también del por excelencia kerigma de la libertad. La principal misión de los templos del Espíritu Santo era trabajar en cualquier trabajo y que buscasen transmitir su propia terapia a los demás.

Principalmente trabajaban dentro de su sociedad, con una especialidad igual que aquella de los psiquiatras. Pero se diferenciaban de ellos, en que no buscaban como ellos el equilibrio intelectual de los enfermos, con la adaptación de ellos en admisibles reglas generales de pensamiento y comportamiento fisiológico. Su propio canon o regla de salud de fisiológico pensamiento y comportamiento era la glorificación o zéosis. La fuerza o energía terapéutica no es “de este mundo”. Pero ellos “en el mundo”, trabajando para la terapia del corazón de los hombres y como resultado de esto, lograban la metamorfosis del mundo.

 

2.7 Teología y dogma.

Todos cuantos llegaron a la glorificación o zéosis testifican el hecho que “expresar a Dios es imposible, comprenderlo más aún”, puesto que por sus propias experiencias no existe ningún tipo de semejanza entre creado e increado.

Esto significa que los dichos, conceptos y significados sobre Dios que no se contraponen a la experiencia de la zéosis, sino que conducen a la catarsis e iluminación del corazón y la zéosis, son Ortodoxos. Los  dichos, conceptos y significados que son contrarios a la zéosis o glorificación y alejan de la catarsis e iluminación del corazón y la zéosis son heréticos.

Esto es la llave de las decisiones de los siete Sínodos Ecuménicos durante el Romanismo, como también del 8º el 879 y el 9º el 1341.

Casi todos los historiadores de los dogmas ignoran esta llave de los dogmas y creen que los padres intentaban, como Agustín, concebir y comprender intelectualmente (con la mente-intelecto o cerebro) y dialécticamente el misterio que se esconde detrás de los logos, conceptos y significados sobre Dios. En el cuartel de la Franco-Latina teología, reclutan de entre los padres incluso hasta al mismo San Gregorio el Teólogo, presentándolo en una traducción (mal hecha) diciendo que “se permite filosofear sobre Dios” sólo a los “ya se han especializado a la meditación” (past masters of meditation), en vez del sólo en los “que llegaron a la θεωρία-zeoría, contemplación”, la cual es visión, expectación de Cristo “δι’ εσόπτρου εν αινίγματι como en espejo en enigma”, en “γλώσση lengua ” y “πρόσωπον προς πρόσωπον cara a cara”, la cual es visión, expectación de Cristo durante “la glorificación o zéosis”.

Los Padres claramente rechazan y suspenden como confusión y engaño la idea que la formulación de los dogmas constituye parte del intento de compresión de los misterios de la fe sobre la Santa Trinidad y la encarnación del Logos. San Gregorio el Teólogo ridiculiza este tipo de heréticos: “Dime tú que quiere decir no-nacimiento del Padre y yo te diré de manera natural el nacimiento del hijo y la procedencia del Espíritu Santo y discutiremos entre nosotros para los Misterios de Dios razonándolos y examinándolos” (Logos Teológico D´8). Tampoco aceptaron los Padres la tesis de Agustín y los Latinos que siguieron a él, de que la Iglesia comprende mejor y más profundamente la fe y los dogmas con el paso del tiempo. Cada caso de glorificación o zéosis a través de los siglos es participación “en toda la verdad” del Pentecostés, el cual, ni aumenta, ni admite compresión más profunda.

Esto significa también que la dogmática Ortodoxa es en su totalidad pastoral, puesto que no se subordina fuera de los marcos de la terapia del corazón por la catarsis y la iluminación, ya que el teólogo es el por excelencia glorificado del cual la zéosis es superior de todo logos-dicho, concepto, noción y significado.

El que uno sea teólogo, significa primero y principalmente que uno es especialista en las maquinaciones y métodos del diablo. La iluminación y principalmente la glorificación o zéosis transfieren el carisma del discernimiento de espíritus para el aplastamiento del diablo, especialmente cuando este recurre a la didascalia o enseñanza de la teología y espiritualidad en aquellos que empiezan a resbalar dentro de sus manos.

 

2.8 Los Misterios

El resultado más importante de la franco-latinización de la Ortodoxa educación teológica del siglo 18º y 19º, fue la desaparición de los manuales dogmáticos y especialmente de los capítulos sobre misterios, de la existencia de los miembros del cuerpo de Cristo dentro de los marcos de catarsis e iluminación del corazón y la zéosis, a pesar que los textos litúrgicos presuponen y condicionan exactamente esto. Influenciados por manuales de Rusos y Latinos “tiólogos” se olvidaron del hecho que el misterio de la santidad presupone y condiciona la zéosis, es decir, la profecía, “no descuides el carisma que tienes, el cual se te dio por intervención profética por imposición de manos del presbítero” (1ªTim 4,14).

 

2.9 Profetas e intelectuales

La creación es totalmente dependiente de Dios, a pesar de que no existe ninguna similitud entre creación y Dios. Esto significa que no existió, ni existe ninguna diferencia entre el estudioso y el no estudioso, cuando caminan los dos en el camino de la terapia de la iluminación y la finalización de la glorificación, para hacerse apóstoles y profetas. Gnosis-conocimiento más alto sobre la creada-construida realidad no da ningún derecho especial sobre la gnosis-conocimiento de lo increado. Tampoco la ignorancia sobre la realidad creada constituye un defecto para llegar uno a la sublime increada gnosis-conocimiento de lo increado.

 

2.10 Profetas y Franco-Latinos Papas

De los cinco Patriarcados Romanos, el de la Roma Presbítera, la Nueva Roma (Konstantinopolis), Alejandría, Antioquía y Jerusalén, los Francos ocuparon por la fuerza militar el de la Presbitera Roma, sustituyendo a los Papas Romanos por los Teutones, durante una lucha o combate que empezó en el 983 y terminó el 1046. Así, extendieron su dominio sobre la sucesión apostólica hasta el mismo Trono Papal, como parte de sus planes de dominio universal.

Modificaron y separaron los Padres Romanos en Padres Griegos y Padres Latinos, y añadieron a los Francos a los inexistentes llamados por ellos Padres Latinos y así tramaron el mito de que los Francos y los latinófonos Padres constituyen una uniforme Cristiandad Latina. Para el Islam el Papa es aún hasta hoy Latino y Franco y nuestros Patriarcas son de la Nueva Roma (Konstantinopla), Alejandría, Antioquia y Jerusalén son Romanos.

La ignorancia de qué y quiénes son los profetas y porque tienen la segunda posición después de los apóstoles, creó un vacío, el cual se completó por lo Franco-Latino infalible del Papa.

 

2.11 Profetas y Padres

San Gregorio de Nicea informa a sus lectores que las herejías aparecen en aquellas Iglesias donde no existen profetas. La causa es que los líderes intentan comulgar o conectar con Dios a través de la meditación lógica o intelectual y con la abstracta fantasía o imaginación, en vez de a través de la iluminación y la glorificación o zéosis. El que uno mezcle sus pensamientos sobre Dios con Dios es, desde la perspectiva religiosa idolatría y desde la perspectiva científica es analfabetismo e idiotez.

Sobre apóstoles y profetas habla Pablo cuando escribe: “el espiritual lo interroga y examina todo, en cambio él por nadie es interrogado. (1ªCor. 2´15). Porque ellos llegaron en la en Cristo θεοπτίαν (zeoptía, visión divina expectación, contemplación de la divina luz increada) haciéndose testigos presenciales y los poderosos, los gobernantes de este siglo habían crucificado “al Señor de la doxa=gloria” (1ªCor. 2´8).

Este Señor de la doxa=gloria, el Ángel de la Gran Voluntad, el Ser (Existencia), Dios de Abraham y Dios de Isaac y Dios de Jacob, el Pantocrátor, la Sofía-Sabiduría de Dios, la Piedra que os sigue (1ªCor.10´4), vieron todos los profetas del Antiguo Testamento. De los cuales Juan el Bautista en θεοπτία (zeoptía, diosvisión expectación, contemplación de la divina luz increada), vio en cuerpo (carne) al Señor de la gloria-doxa.

Ciertamente los Judíos típicamente creyentes en Él “no conocieron que crucificaron al Señor de la doxa=gloria”. De todos modos en los glorificados o deificados Pablo adapta “lo que ojos no han visto y oídos no escucharon y en corazón no pasaron las cosas que preparó Dios a los que le aman; estas cosas a nosotros Dios nos las apocaliptó=reveló por la iluminación del Espíritu Santo” (1ªCor. 2´9-10) que “al Kirios-Señor de la doxa-gloria crucificaron” (1ªCor. 8´8).

Estos testigos presenciales, los glorificados e iluminados y sus alumnos son las únicas autenticidades de la Iglesia Ortodoxa. Ellos han formulado las condiciones y términos de la fe que conduce a la terapia del “hombre interior” y se usan como señales de peligro, para que eviten y rechacen a los matasanos-curanderos que ofrecen mucho, pero no tienen nada que ofrecer y dar en la preparación para la experiencia de la en Cristo gloria-doxa que todos verán, sea como paraíso o como infierno.

 

2.12 El Kirios-Señor de la Gloria y los Sínodos Ecuménicos

Para Cristo y los apóstoles la Santa Escritura es el Antiguo Testamento en el que se añadió el Nuevo. Los Evangelios de Mateo, Marco y Lucas se compusieron como guías conductores en la catarsis (sanación) del hombre interior, es decir, de su nus en el corazón y los primeros estadios de la iluminación antes del bautizo en agua. En éstos, Cristo se apocalipta=revela como el encarnado Kirios-Señor de la doxa=gloria en su bautizo y su metamorfosis (transformación), cuando se presenta o aparece como la fuente natural de la gloria, realeza y deidad increadas del Padre. El Evangelio de Juan se compuso para los ya bautizados por agua, como guía conductor al bautizo del Espíritu, es decir, la iluminación y la prosperidad del corazón (particularmente Jn. 13´31 y 17), para llegar por la agapi-amor desinteresada a la glorificación (Jn. 17), por la cual contempla, especta al Señor de la doxa= gloria en cuerpo (carne) glorificándose en el Padre y el Padre en Él por el misterio de la cruz (Jn.13´31; 18´21). Por esta razón el evangelio de Juan se llama el “evangelio espiritual-πνευματικόν (pnevmatikón)”

Los iniciados por los apóstoles, profetas y padres en el cuerpo de Cristo nunca con el simple estudio de la Santa Escritura aprendieron sobre encarnación, bautizo, metamorfosis, crucifixión, entierro, ascensión, lenguas como fuego del Pentecostés, que fue cuando la Iglesia se hizo Cuerpo de Cristo. La estudiaban como parte inseparable de la iniciación en la catarsis=sanación e iluminación del corazón y la preparación para la glorificación o zéosis por el Señor de la gloria del A. Testamento nacido en cuerpo (carne) de la Zeotocos (Alumbradora Madre de Dios).

Dentro de los marcos de esta glorificación de los apóstoles y los profetas, identificó la antigua iglesia a Cristo con el Ángel de la Gran Voluntad y la Sofía-Sabiduría de Dios, por el Cual Dios creó al Mundo, glorificó a Sus amigos los profetas y a través de ellos guió a su pueblo escogido a la encarnación de este mismo Señor de la gloria por la Zeotocos, para abolir el estado de la Muerte sobre los miembros de la Iglesia del Antiguo Testamento (Mat´16´18). A pesar de que se glorificaron, “el Abraham y los profetas murieron” (Jn.8´53) . “…si uno guarda y cumple con mis logos (dichos) no contemplará la muerte en el siglo (o no morirá nunca)” (Jn. 8´53). Por eso existe la primera resurrección de la psique (Apoc.20´5) y la segunda resurrección del cuerpo (Apoc.20´6), tal como también existe la primera muerte de la psique (1ªTim.5´6; Apoc.20´14) y la segunda Muerte del cuerpo (Apoc.20´14).

Incluso, los condenados por los Sínodos Ecuménicos como  heréticos Arianos y Evnomianos aceptaban esta identificación de Cristo con el Señor de la doxa=gloria y el Ángel de la Gan Voluntad del A. Testamento como parte esencial de la tradición apostólica. Pero a causa de los principios filosóficos comunes que ellos heredaron y también los Nestorianos a través del Pablo Samosatea, que en otro libro describí, los Arrianos insistían que el Ángel y Señor de la doxa=gloria es la primera creación creada desde el no ser (nada) de la voluntad de Dios antes del tiempo y los siglos y en consecuencia de esto no perpetuo y omoúsio=consubstancial de Dios.

Entre otras cosas los Arianos y los Evnomianos usaron el alegato que el Ángel de la gloria se hizo visible a los profetas para demostrar que es creado. La didascalia de ellos se parecía a la de los Gnósticos que identificaban dicho Ángel del A. Testamento con el dios inferior visible o también con el satanás, el que supuestamente por ignorancia del buen dios construyó este fingido mundo material y engañó mediante la visión del cuerpo a los profetas Hebreos.

Los Arrianos y Evnomianos ignoraban o rechazaban la apocálipsis, revelación, de que los glorificados se encontraban en visión divina o contemplación divina, haciéndose por la jaris (energía increada) dioses y sólo mediante Dios veían la en Señor doxa=gloria antes y después de Su encarnación la realeza increada y deidad de Dios. Atacaban y ofendían el principal dogma de la tradición de los profetas, que era que Dios se apocalipta=revela a sí mismo a Sus amigos sólo a través del increado Ángel de la Gran Voluntad y de Su naturaleza humana, puesto que se hizo sarx- cuerpo o carne. La jaris y la realeza de la iluminación y de la doxa=gloria son por la que comulga y se une el Logos de Dios mediante Su naturaleza humana con los miembros de Su cuerpo es increada. La enseñanza de los Franco-Latinos de que la jaris por la que comulga y se une la naturaleza humana de Cristo es creada, no tiene ningún sitio ni nada que ver con la tradición de los Sínodos Ecuménicos.

La causa del porque las teofanías del Logos en el Antiguo Testamento faltan en los borradores de la historia de los dogmas y de la dogmática de los Latinos y Protestantes, como también de los mismos Ortodoxos desde la época de Pedro el Grande y el Neo-Elenismo (después del 1821, liberación del imperio turco-otomano), es el hecho que Agustín rechazó y obvió esta misma tradición apostólica y patrística. La mala interpretación y tergiversación de Agustín sobre Teofanías constituyó la única tradición de los Francos, porque esencialmente sólo a él conocían un poco bien hasta el 11º siglo. Los especiales borradores que se refieren a esta antigua tradición insisten en que se abandonó como posición que favorecía a los arrianos.

Sin embargo al contrario, esta tradición continúa constituyendo y formando la esencia de la tradición Ortodoxa, la cual riega la vida mistiríaca, teletúrgica e iconográfica de la Iglesia. Sobre todo constituye el marco indispensable dentro del cual los Padres utilizan términos como tres hipostasis (bases subsistenciales o substanciales), tres personas, una usía-esencia y lo consubstancial del Logos, del Padre y del Espíritu Santo. Pero se constituye en idiotez, no sólo dentro de los marcos de la teología (más bien tiología) Agustiniana de los Francolatinos, sino también de la Francolatinizada “tiología de ortodoxos” quienes por tradición se prestan a ensayos heterodoxos cuando escriben sobre temas dogmáticos, historia de los dogmas y la santa escritura.

Agustín creyó que solamente los Arrianos identificaban el Logos con el Ángel de la gloria para demostrar que es creado, si supuestamente es visible a los ojos de los profetas. A pesar de insistir que Ambrosio de Milán cambió su anterior posición Maniqueísta sobre el Antiguo Testamento, ignora totalmente los argumentos contra los Arrianos con los cuales el que le bautizó demuestra lo increado del Ángel de la Gran Voluntad, del Logos y de la Sofía-Sabiduría de Dios y lo consubstancial de Él con el Padre.

Como Agustín había confundido la iluminación y la zéosis con la Neo-Platónica iluminación y éxtasis, estaba de acuerdo con los citados filósofos y heréticos de que no participa el cuerpo en la zeoría=contemplación de Dios. Identificó la glorificación o zéosis con la satisfacción de la sed por la ευδαιμονία-efdemonía felicidad y bienestar y con la Vida después de la Muerte. Por eso él no comprendió ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento la zéosis o glorificación en el Kirios-Señor de la doxa-gloria. Es decir, que esencialmente no era diferente que los Arrianos.

Resolvió el problema que pusieron los Arrianos sobre Teofanías (manifestaciones, visiones de Dios) antes y después de la encarnación con la nueva forma original, de que los profetas veían y escuchaban a Dios mediante creaciones creadas o conversiones de la nada o de cero y descreadas o desconvertidas, deshechas según la voluntad de Dios; como por ejemplo, la zarza ardiente sin consumir, la columna y nube de fuego, la doxa=gloria y la nube, y aún el Ángel de la gloria. Dios se hace permanentemente visible mediante la encarnación de su Logos por el cual transmite Sus logos, dichos y conceptos.

Pero continúa usando las creaciones creadas de la nada o cero, los mensajes y las visiones llevadas a deshechas, des-conversiones o a la nada, como son las lenguas de fuego del Pentecostés, la nube de la ascensión, la realeza, la gloria, la nube, la luz y la voz del cielo de la Metamorfosis, la voz del cielo y la paloma durante el bautizo de Cristo, y el fuego del infierno, etc. Todo esto es la enseñanza condenada de Barlaam el 1341. Los padres de este Sínodo no se percataron ni de la fuente de dicha herejía y tampoco el hecho de que era la única tradición de los Franco-Latinos.

El resultado de todo lo anterior fue que los símbolos lécticos, por los que el Antiguo y Nuevo Testamento expresaba las experiencias de la iluminación y de la zéosis se rebajaron en creaciones hechas o convertidas y deshechas o desconvertidas y en increíbles milagros. Resultado curioso de las anteriores malas y tergiversadas interpretaciones es que no sólo el nombre “reino” domina en todas las traducciones del Nuevo Testamento a pesar que ni una vez se encuentra en el original Helénico. Pero curiosamente predominó en los textos Bíblicos y litúrgicos de los emigrantes Ortodoxos en Europa, América, Australia y Asia. La realeza de Dios es la increada energía y doxa-gloria por la cual Dios reina el mundo y en la cual participan los catartizados (sanados) iluminados y glorificados o deificados miembros de la Iglesia.

 

2.13 “…el espíritu no apaguéis” (1ªTes.5´19)

La oración del Espíritu Santo en el corazón “en suspiros o gemidos inenarrables, inexpresables” (Rom. 8´26) no es por si misma participación en el cuerpo de Cristo. Uno debe corresponder a esta oración del Espíritu Santo con su propia oración incesable de su espíritu (nus) en el corazón. Así, “este Espíritu co-testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; si somos hijos y herederos, herederos por un lado de Dios y por otro co-herederos de Cristo, por el cual co-padecemos, co-sufrimos para que nos co-glorifiquemos” (Rom. 8:16-17). A pesar de que esta correspondencia es nuestra, es también regalo de Dios. Exactamente esto presupone el apóstol Pablo cuando pide: “orad sin cesar… no apaguéis el espíritu, no despreciéis las profecías“ (1ªTes. 5´ 17,19,20). Pablo aquí nos dice que nos cuidemos en permanecer templos del Espíritu Santo, manteniendo la oración incesante del espíritu en el corazón, para que lleguemos a convertirnos y hacernos profetas mediante la zéosis (por la energía increada de la Jaris).

El bautizo en agua “en absolución de los pecados” es misterio imborrable, porque el perdón de Dios para nuestra enfermedad está dado y hecho para la iniciación de nuestra terapia. Pero el bautizo del Espíritu no es imborrable. Por eso existe la especial función (o celebración) de la μετάνοια- metania y la crismación de los metanoizados (arrepentidos, convertidos) por su anterior negación de la fe. El misterio de la confesión tiene claramente su raíz en la conducción de los laicos en la catarsis del corazón y la iluminación del mismo corazón. Sea o no sea uno correspondido, el Espíritu Santo “coexiste” en el corazón de cada hombre. Con otras palabras, la agapi-amor increada de Dios llama por igual a cada uno, pero no todos corresponden.

Los que no han correspondido no deberían imaginarse a sí mismos templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo, y por esto, que no sean ni se hagan impedimento a los demás en esta correspondencia. Los que están en estado de iluminación co-rezan en sus liturgias como templos del Espíritu Santo y miembros del cuerpo de Cristo, para que los miembros que no lo son vuelvan a serlo, puesto que esto no les ha garantizado el bautizo por el agua en remisión de los pecados. Por eso San Crisóstomo avisa “Que no confiemos que todos nos hemos hecho enteramente del cuerpo”

 

2.14 El carisma de la interpretación

En un punto de la historia de la Iglesia, después de los apóstoles, el carisma de la simultánea transmisión de las oraciones y psalmos desde el corazón a la diania (mente, intelecto), por la recitación vocal en alto, para beneficio de los laicos, fue sustituida por textos escritos y textos con puntos definidos en los cuales los laicos contestaban con el “amén”, “Kirie eléison”, etc. También la oración del corazón se resumió en pequeña frase (por ejemplo: Jesús Cristo Señor eleisón me, compadécete de mi soy pecador) o en lema de Psalmo (tradición de Egipto que Juan Casiano introdujo en Occidente). Por lo demás los otros carismas de la 1ªCor.12´28 permanecieron los mismos.

El historiador Romano de los Francos Gregorio obispo de Turín describe también los fenómenos de la iluminación y la glorificación o zéosis. Pero al no conocer lo que son, los describe como milagros y de maneraconfusa. Los francos continuaron esta confusión y finalmente identificaron la iluminación y la glorificación con el Neo-Platónico misticismo de Agustín, el cual correctamente suspendieron algunos protestantes, puesto que para los Padres esto constituye un fenómeno demoníaco.

 

2.15 Que se pruebe el hombre a si mismo

“Así pues el que coma el pan y beba de la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor; que se examine y pruebe primero el hombre a sí mismo, y entonces coma el pan y beba de la copa, el que bebe y come sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio juicio y castigo, por esto hay entre vosotros muchos (espiritualmente) débiles y enfermos y no pocos mueren (espiritualmente) (1ªCor. 11´27-30). Con otras palabras, uno debe  probarse a sí mismo si está en estado de iluminación, y por tanto miembro del cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo, por lo menos con el “género o cualidad de lenguas”, es decir, la oración noerá o del corazón. De otra manera bebe y come del cáliz del Señor indignamente (Cor. 11´27).

En este caso se encuentra entre los “enfermos” o los “dormidos o muertos espiritualmente” (1ªCor. 11´30), es decir, no es partícipe de la primera resurrección del hombre interior. Éste participa en la Divina Efjaristía no merecidamente, sino indignamente. Uno no debe utilizar la cena de la agapi-amor (que entonces acompañaba cada reunión efjarística) para comer y beber. Esto uno lo hace en su casa (1Cor.11´21-22-34). Si tuviésemos discernimiento (es decir, por la oración noerá o de corazón) y nos juzgásemos a nosotros mismos, no nos castigaríamos, pero juzgados por el Señor nos instruimos, para que no seamos juzgados y condenados por el mundo” (1ªCor.11´31-32). En el estado de iluminación y de zéosis o glorificación los valorados iluminados y glorificados, se instruyen dentro de sus espíritus por el mismo Cristo. Esta terapia a continuación la describe el Apóstolos Pablo en la 1ªCor. 12-15:11 tal como hemos visto.

 

2.16 La formulación de los dogmas

La única finalidad de la formulación de los dogmas por los Sínodos Ecuménicos y Locales era y es la protección de los creyentes dentro de esta instrucción terapéutica de catarsis (sanación) e iluminación del corazón y a continuación la glorificación-zéosis y protegerlos también de curanderos o matasanos no ortodoxos o de supuestos médicos ortodoxos. Esto porque “… todos han pecado y están privados de la gloria de Dios…”(Rom. 3:23)

Las formulaciones de los dogmas no tienen ninguna relación con la teológica o filosófica reflexión y meditación intelectual sobre los misterios de la Santa Trinidad, la encarnación del Logos de Dios y la zéosis o glorificación.

La enfermedad del hombre consiste en el oscurecimiento del espíritu en el corazón que empieza a sanarse con la incesante oración noerá o de corazón y no con meditaciones o conceptos intelectuales teólogo-filosóficos. Esto porque no existe ninguna similitud entre lo increado de Dios y Sus creaciones y “a Dios expresarlo es difícil y conceptuarlo más aún”. Por eso las meditaciones o reflexiones intelectuales sobre la encarnación de Dios de Agustín y de los Franco-Latinos, como de los protestantes, más algunos de tipo ortodoxos, hechas a base de la “analogía entis” y la “analogía fidei”, son totalmente ajenas, extranjeras a la tradición Bíblica y Patrística. Hoy sobre todo son considerados retrasados mentales de unos religiosos fanáticos.

El único propósito y finalidad de los dogmas ortodoxos es la protección del camino de la en Cristo terapia y sanación mediante la catarsis (sanación) e iluminación del corazón y la zéosis (glorificación) de los creyentes (por la increada energía Jaris de Jristós, del Padre y del Espíritu Santo procedente del Padre).

 

3) PROCEDENCIA DE LOS SÍNODOS

 

El sistema sinódico provino 1) del grupo de profetas de cada Iglesia y 2) de los apóstoles como vigilantes, supervisores de las Iglesias creadas por ellos.

Los obispos y los presbíteros de las iglesias apostólicas provenían de los profetas y los maestros (los didáscalos). La supervisión general por los apóstoles sobre el conjunto de iglesias locales continuó después de la muerte de ellos; la vigilancia colectiva de ellos fue mediante representantes de las parroquias que representaban a los iluminados y glorificados obispos constituidos por los sínodos. Exactamente bajo esta cualidad los obispos sinódicos son, literalmente dicho, los sucesores de los apóstoles.

En algún punto las iglesias, como aquella de Laodikía (Apoc.3´14-22), aumentaron en tal grado, de manera que se aceptaron como semi-fisiológicas en cuanto quedaban bajo supervisión. Parece que por causa de una casualidad de este tipo, empiezan a aparecer Iglesias donde supervisan presbíteros en vez de obispos, porque no habían bastantes glorificados para el grado de obispo.

El que los obispos deben ser elegidos de los glorificados, quedó como condición básica de la Tradición Ortodoxa, especialmente apoyada por San Dionisio el Aeropayita hasta el siglo 19. Con el paso del tiempo los glorificados se desconectaron del clero parroquial y empezaron a  aparecer en el epicentro de los anacoretas y los monjes, los cuales a continuación son el vivero para la preparación de candidatos a Jerarcas y principalmente presidentes de los sínodos. La principal responsabilidad de los sínodos obispales era la promoción de la catarsis (sanación) e iluminación del corazón y la zéosis o glorificación, como también el pleno apoyo de todos los programas de aplicación de los resultados de dicha terapia para el ensalzamiento del conjunto de la sociedad.

Todo esto presupone y condiciona la ordenación de auténticos médicos y la suspensión de curanderos o matasanos, los cuales a causa de sus abstractas meditaciones intelectuales o reflexiones alejaban de la terapia y el perfeccionamiento o llegaban hasta la pre-terapia y se hundían a continuación en el punto muerto del moralismo o eticismo.

Exactamente por causa de la identificación de la terapia y el perfeccionamiento en todos los iluminados y glorificados, no concibieron nunca los Ortodoxos la eminencia dogmática como impuesta de lo alto, sino como existente en los iluminados y glorificados interiormente. Porque esta común experiencia reconoce la realidad, que “a Dios expresarlo es difícil, imposible, concebirlo más aún”, no era posible que los iluminados y glorificados estuvieran en desacuerdo entre si en la utilización de distintos términos, bastaba sólo que condujeran a la iluminación y la glorificación. El cisma entre ortodoxos y ortodoxos orientales es un ejemplo de aceptación de distintas maneras de formulación por un lado y de un solo modo de formulación por el otro lado.

 

3.1 Sínodos y Ortodoxa cultura

La fuerza de la iluminación y de la zéosis no sólo persistió y aguantó las persecuciones, sino que conquistó el Imperio Romano y se hizo el corazón de su Cultura Helénica. Historiadores no familiarizados con esta realidad, no pueden de manera alguna concebir y comprender esta realidad de la extensión de la metamorfosis que sufrió el estado Romano por la terapia de la iluminación y de la zéosis o glorificación.

El criterio por el que el Imperio Romano hizo de la Ortodoxa fe y praxis, más su sistema sinódico, parte de su nomenclatura y gobernación no se distinguía mucho del sistema legal que existe hoy para apoyar la auténtica medicina y la protección de los ciudadanos de matasanos o curanderos. Religiones y dogmas que no conducían a la zéosis, no sólo se consideraban peligrosos para la sanación y salvación, sino como no contribuyentes en la creación de ciudadanos que podrían contribuir a la terapia y metamorfosis de la sociedad.

La contribución de los iluminados y glorificados en la Cultura Elénica, tanto en la parte oriental como en la parte occidental del Imperio Romano, era más grande de lo que es posible imaginarse por historiadores no conocedores de la Ortodoxia, a pesar que muchas de las expectativas imperiales se demostraron utópicas.

La afirmación insistente que el Imperio Romano y la Cultura Helénica se sustituyeron por un imperio “Bizantino” y una cultura “Bizantina” es claramente una caricatura. La iluminación y la zéosis se habían convertido en el corazón y el núcleo tanto de la parte Oriental como de la parte Occidental del Imperio Romano. Esta tradición de terapia e iluminación no interesaba a los Teutones conquistadores de los Romanos Occidentales. En cambio los Romanos Orientales mantuvieron y continuaron esta tradición, la cual no es “Bizantina” sino Apostólica.

 

3.2 La cultura Franco-Latina

Los Merovingios jefes de los Francos se apropiaron y usurparon primero el derecho de veto en las elecciones de los obispos. Después se apropiaron e usurparon el derecho de designación de obispos y a continuación descubrieron el beneficio económico por la venta de las posiciones de obispos al mejor postor por subasta. En este punto los obispos Romanos de la Franguía perdieron su contacto con la iluminación y la glorificación o zéosis, que sobrevivieron entre el monaquismo, el clero y el pueblo, tal como se ve claramente en las vidas de los santos.

A continuación se aumentó el número de obispos Francos hasta que los Carolingios Francos echaron a los obispos Romanos que quedaron y se convirtieron a sí mismos en obispos de la Iglesia, con su especial interés en vigilar a los Romanos, que los habían convertido en distintas especies de esclavitud o sirvientes. Así los reinos Franco-Latinos y las noblezas hicieron la herencia o sucesión apostólica en propiedad de su propia raza. La desobediencia de los esclavos y sirvientes a esta sucesión apostólica se arreglaba con el ejército de los obispos.

Ni una de las iniciativas dogmáticas de los Francos durante los siglos 8º y 9º fue el resultado de la búsqueda de información e interpretaciones de los romanos, de los cuales tergiversaban las formulaciones dogmáticas. Los Francos no estaban en situación de hacer diálogo, por la sencilla razón de que eran bárbaros, ignorantes e incultos, con una increíble auto-convicción de que eran la raza escogida de Dios y Agustín es su mejor conductor en todos los asuntos esenciales de la fe. Desgraciadamente el obispo de Ipón no había comprendido la bíblica iluminación y glorificación o zéosis.

Algunos siglos más tarde los Francos empezaron a informarse sobre los Padres y los Sínodos Ecuménicos Romanos. Pero simplemente también los subordinaron a su propia tradición y destacaron a Agustín como la llave por excelencia de sus interpretaciones. Así los Francos nunca vieron y los Latinos aún no ven, la catarsis (sanación) y la iluminación del corazón y la glorificación en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, tampoco en los Padres. Nunca vieron, y aún no ven la necesidad de la terapia de la enfermedad de la buscada efdemonía (bienestar y felicidad) y su metamorfosis de la agapi-amor interesada en agapi desinteresada, la “cual no busca ni pide las suyas”. Continúan creyendo que la visión de Dios es el paraíso y la efdemonía (felicidad o bienestar), y que la falta de la visión de Dios es el infierno. Es decir, suspenden el cimiento de la enseñanza de la Santa Escritura y de los Padres, que todos los hombres verán la doxa=gloria de Dios en Cristo, pero no todos participarán de ella.

 

3.3 La cultura Occidental

Fracciones de la Reforma vinieron en clara ruptura con el Cristianismo Franco-Latino de otras fracciones y retornaron hasta cierto punto, en la iluminación por la fe aquella que es carisma del Espíritu Santo en el corazón. El reciente acuerdo entre Luteranos y Ortodoxos sobre el Canon de la Santa Escritura y la Θεοπνευστία (Zeopnefstía, inspiración divina) contiene la aceptación común de la verdad, que la justicia (y perdón), es decir, la iluminación, se completa en esta vida con la glorificación. Esto se debe de demostrar como el paso esencial hacia la dirección correcta, no solo para la unión de las Iglesias, sino también para la ascensión de la Cultura Occidental que aún se encuentra en progreso.

 

4) CONCLUSIONES

La Cultura Franco-Latina y la Occidental más el Islam están predominadas por la enfermedad de la religión que es la búsqueda de ευδαιμονία (efdemonía) bienestar o felicidad interesada. Esta enfermedad exactamente se encuentra en los cimientos de todas las enfermedades personales y sociales. Permaneciendo siempre incontrolable, conduce automáticamente en conflictos de intereses en todos los niveles de la sociedad y en la interesada explotación de los hombres y su ambiente por sus semejantes. La tecnología contemporánea y la ciencia se sometieron y están esclavizadas al servicio de esta enfermedad, la cual corroe las estructuras sociales y empuja a la explotación de los recursos naturales más allá de los límites soportables.

La humanidad consiguió sobrevivir de sus innumerables catástrofes provocadas por esta enfermedad. Pero nuestra generación tiene el “honor” de vivir en la fase de la historia humana, en la cual, por primera vez se testifica sobre la “capacidad” de la humanidad de autodestruirse completamente, sea por un acontecimiento nuclear o por la contaminación y perturbación del equilibrio ecológico. Quizás la amenaza más grande de nuestro planeta proviene de religiosos ensoñadores (fantasmones) de imaginaciones y fantasías apocalípticas.

La cruda realidad por el interés propio, para la supervivencia del mundo y por el bienestar de la sociedad, puede obligar finalmente a los responsables a encontrar una solución en el espectro de la catástrofe nuclear y ecológica. La única solución parece ser una colectiva auto-imposición de una ascética εγκράτεια (engratia, contención, autodominio, auto-restricción).

El que, 1) el anhelo por la felicidad o bienestar es la enfermedad de la humanidad, la cual propulsan casi todas las religiones, y 2) que su terapia es catarsis (sanación), iluminación del corazón y la glorificación (zéosis), son dos verdades de la apocálipsis que el mundo haría bien en no  ignorar.

Estas verdades resultan ser las llaves de la unión entre nosotros en la doxa=gloria increada de la Santa Trinidad por la cual ora Cristo (Jn.17) para que el mundo tenga fe.

 

Sobre la percepción del hombre en la Cultura Elénica no había manera y forma de expresar el movimiento cíclico del espíritu humano que está orando en el corazón y que estaba en el Antiguo y Nuevo Testamento. Por eso los Padres tomaron los términos “νούς-nus,” “λόγος-logos” y “διάνοια-diania” y asimilaron e identificaron el “nus” con el “espíritu” que ora en el corazón.

Así tenemos el discernimiento 1) “del culto lógico” el cual celebra el “sacerdocio real”, en el que el laós o laicos participa con su “amén”, 2) “el culto noeró o espiritual” en el corazón de los iluminados y 3) “el culto de glorificación o zéosis”, donde los niños de la iluminación se hacen hombres y se convierten por el estado de iluminación en profetas. Dentro de estos marcos San Juan el Damasceno se queja (en su obra sobre metania y confesión) que existen obispos de su época que en la época de los Apóstoles dirían solo “amén” en la Iglesia. (Hoy desgraciadamente creo que peor aún, ¿cuantos serían los que solamente tendrían que decir “amén” en la Iglesia?)

Es digno de mencionar que durante toda la duración de la iluminación del corazón, es decir de la oración noerá o de corazón, el enkéfalos-cerebro (diania-mente, intelecto) continúa y comunica fisiológicamente con el ambiente y trabaja normalmente. Lo mismo ocurre en el estado interior del glorificado por Cristo, cuando se acostumbra a ver todo en Su increada doxa-gloria y haciéndose de niño a hombre, vuelve en el estado de iluminación de oración noerá o de corazón.

Con otras palabras, los hijos del misticismo Neo-Platónico de Agustín y de los Francolatinos más algunos supuestos ortodoxos, que buscan el éxtasis de su nus y la psique fuera de sus cuerpos, buscando visiones o avistamientos de inexistentes arquetipos inmateriales en el nus de Dios, se ocupan con el “invento de los demonios”. Esta herejía del Barlaam la condenó el 9º Sínodo el 1341, sin desgraciadamente percatarse que se trata de la tradición de Agustín y de los Carlovingios Francos que empezó a finales del 8º siglo. Los anteriores Merovingios Francos eran Ortodoxos y habían condenado la enseñanza de Agustín sobre jaris (gracia increada) y el pecado.

Hasta el siglo 12º los Carlovingios Francos conocían en su totalidad solo las obras de Agustín. Habían conseguido en el siglo 8º las obras del Dionisio el Aeropayita que había traducido Juan Skotos Eruella. Él mismo había escrito muchas obras suyas que se deben estudiar por parte Ortodoxa. Pero los Francos finalmente sometieron, subyugaron y esclavizaron la obra del Aeropayita en el misticismo Neo-Platónico de Agustín. En el siglo 12 consiguieron traducción latina de la obra “Exposición exacta de la Fe Ortodoxa” de San Juan el Damasceno y le esclavizaron, subyugaron también a él en Agustín. Mientras tanto habían empezado a coleccionar sobre todo solo oraciones y frases (sententiae) de otros Padres Latinófonos que recogían de colecciones normales y de comentarios interpretativos de los Padres sobre la Santa escritura. Con base a estas frases empezaron con Pedro el Lombardo (murió el 1160) a escribir teología reflexiva, meditativa e intelectual, y desde luego a hacer teología sistemática. Es decir, aprendieron a teologizar a base de textos fuera de sus correspondencias y conexiones afines.

San Gregorio Palamás resume la tradición patrística sobre el misticismo así: “Pero el que conduzcamos el nus exteriormente, no de la actitud corporal, sino fuera del mismo cuerpo, para supuestamente encontrar allí noerás (espirituales) visiones, (avistamientos, expectaciones o espectáculos), esto es un excelente invento y ejercicio de los demonios y también la raíz y la fuente del engaño helénico y de cada kakodoxía (falsa opinión y alabanza), creadora de idiotez y producto de manía. (Logos en pro de los Santos Hisijastas, 1,b,4).

Parte inseparable de dicha terapia es que el hombre perfeccionado se ha hecho conocedor también de los dichos, logos, significados, conceptos, pensamientos e invenciones del “satanás”, puesto que “ya no desconocemos sus invenciones, logos, conceptos, dichos y propósitos” (2ªCor. 2´11). El arma invencible contra el diablo es la terapia y sanación del cortacircuito entre la noerá energía del corazón y la energía lógica del cerebro. La terapia consiste en la limitación, restricción de todos, buenos o malos pensamientos, conceptos y significados del enkéfalos-cerebro, que se consigue sólo cuando la noerá (espiritual) energía del corazón retorna en el natural, fisiológico movimiento cíclico mediante la in-interrumpida oración noerá o del corazón. Son ingenuos los que sostienen la posibilidad que uno puede echar los malos pensamientos, logos, conceptos, nociones y significados y guardar solo los buenos en el enkéfalos-cerebro. (“El satanás se convierte en ángel de luz” según san Pablo). Uno debe conocer exactamente los pensamientos, significados y conceptos y las invenciones del diablo para poder vencerlo. Esto se consigue solamente con el movimiento cíclico del nus en el corazón.

San Gregorio Palamás resume la tradición patrística de la manera siguiente: (1,b,5 en pro de los Santos Hisijastas) “Porque ellos, por lo que se ve, ignoran que una cosa es la ουσία (usía, esencia) del nus y otra la ενέργεια (energia), o mejor dicho, a pesar que conocen, se han unido y adherido por su propia voluntad junto con los estafadores e impostores, inventando y sofismando (charlataneando e inventando) con lo homónimo (aquí se hace discernimiento claro del nus como esencia y energía). Porque según San Basilio el Grande: «los entrenados por la dialéctica o discurso en las antilogías o contradicciones, no aceptando la sencillez de la didascalia-enseñanza espiritual, desvían la fuerza de la verdad por las contradicciones de la pseudónima (de falso nombre) gnosis-conocimiento en la especulación y conjetura de los sofismas (Homilía 12, en los Adverbios)». Puesto que de esta manera deben ser los que no son pnevmáticos-espirituales; y aquellos que se han hecho dignos de enseñar y juzgar las experiencias espirituales, es cierto que no se les escapa que el nus no es como la vista del ojo, el cual ve las otras cosas visibles pero no se ve a sí mismo; pero es cierto que él se energiza y opera también en las demás, las que necesita, distrayéndose por el movimiento directo del nus, tal como dice el gran Dionisio (sobre divinos nombres 4´9); pero retorna a sí mismo y se energiza y opera para sí mismo, y esto Dionisio lo llama movimiento cíclico del nus. Esta es la superior y a la vez particular o especial energía de todo el nus entero, con la cual de esta manera encuentra a Dios superándose a sí mismo. Porque dice: “el nus que no se dispersa hacia las cosas exteriores” -ves que se sale y una vez salido necesita regresar, por esto dice- “retorna a sí mismo y por sí mismo se eleva a Dios” mediante el inequívoco camino, por decirlo de una manera. (Basilio, epístola a Gregorio el Teólogo). Dice aquel inequívoco Dionisio Aeropayita visionario de las noerás (espirituales) experiencias que: con este tipo de movimiento del nus, es imposible que recaiga el nus en error o engaño.

La presente en todas partes doxa (gloria increada, luz de luces)  de Dios está ya dentro de cada criatura y por lo tanto en el corazón de cada hombre junto con Su energía increada, la creadora, cohesiva, prognóstica (o provisora) y catártica. El que uno busque a Dios en algún “más allá” es pura idiotez y paranoia. Dicho con otras palabras, San Dionisio el Aeropayita no tiene ninguna relación, ni con el Neo-Platonismo, tampoco con los Franco-Latinos que se imaginan y fantasean que le siguen.

La causa que no exista teología reflexiva, meditativa e intelectual en la Iglesia Ortodoxa es el hecho que la enfermedad de la religión es neurobiológica y su terapia está dada. “Bienaventurados los catartizados (sanados, purgados y purificados) del corazón, porque éstos conocerán, verán y contemplarán a Dios”.

Ioannis Romanidis

(Primera publicación por el Santo Monasterio de Kutlumusíu, Santa Montaña, en el tomo “Ortodoxía, Elenismo, camino hacia en 3º milenio” 1966, pag. 67-87)

Traducción de: xX.jJ

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