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Feb 20 2026

Génesis: la caída del hombre

 

Génesis: la caída del hombre

Ioanis Romanidis e Ierotheo Vlajos

 

Repasada traducción 19/02/2026

DOGMÁTICA EMPÍRICA ΤΟΜΟ II DE LA IGLESIA CATÓLICA ORTODOXA
Capítulo C: La caída del hombre

C.1. La vida de los primeros en ser creados antes de la caída
C.2. El pecado ancestral
C.3. Consecuencias de la caída
C.4. La herencia del pecado
C.5. Antiguo y Nuevo Adán
(Entre comillas «» por Ioanis Romanidis y sin comillas por Ierotheo Vlajos)

La caída del hombre

En el capítulo anterior hemos visto analíticamente cómo fue creado el hombre y la creación, cómo funcionaban la psique-alma y el cuerpo del hombre, y quién es el hombre fisiológico después de su creación.

El θεόπτης (zeoptis: divino-visionario, vidente) Moisés, en el libro del Génesis, no describe sólo lo relativo a la creación del cosmos-mundo, sino también los acontecimientos de la caída del hombre y las consecuencias de la caída para toda la creación. La creación no tenía la libertad de caer en la corrupción, pero fue arrastrada por el hombre caído. Dado que el hombre está constituido también del mundo sensible o físico, esto conlleva que ha transmitido las consecuencias a toda la creación.

Antes de la caída, el nus del hombre tenía κοινωνία (kinonía: conexión, participación y comunión) con Dios y los ángeles; veía la doxa-gloria increada, la luz increada de Dios, y dentro de esta perspectiva se metamorfoseaban todas las energías de la psique-alma y del cuerpo. Todo tenía un curso, dirección y movimiento hacia Dios. Pero después de la caída estos datos y elementos se invirtieron, ya que el νούς (nus: espíritu del corazón de la psique) oscurecido no dirigía las energías de la psique-alma y del cuerpo, y la luz increada no resplandecía en la creación.

A continuación, veremos qué sucedió después de la caída del hombre.

C.1. La vida de los primeros en ser creados antes de la caída

Tanto la situación o estado de los Primeros en ser creados antes de la caída como después de esta están descritos en el libro del Génesis por el θεόπτης (zeoptis: divino-visionario, vidente) Moisés. Él mismo adquirió “ojo espiritual”, vio al Ὁ Ὤν (el Ser o Existente) y conoció en el Espíritu todos los acontecimientos. A continuación, los describió con logos y conceptos creados.

Pero también, antes que Moisés, esporádicamente son descritas situaciones similares por los Profetas y los Padres de antes de la Ley. Y aquellos adquirieron conocimiento (gnosis) personal de estos acontecimientos.

Lo mismo hacen también los Padres a través de los siglos. Leen los acontecimientos de la creación del hombre y de la caída en el libro del Génesis, pero los interpretan dentro de su experiencia personal. En otras palabras, con la experiencia personal que adquirieron, interpretan tanto al hombre antes de la caída como también al hombre después de la caída.

Sobre cómo era Adán antes de la caída existen dos tradiciones, la alejandrina y la antioquena. Ambos aspectos están descritos en la obra de san Juan Damasceno.

«Hay una historia sobre la creación del hombre en el Génesis. Existe una interpretación o hermenéutica patrística de este capítulo de la creación, de la caída, etc.

En la teología patrística existen dos interpretaciones o hermenéuticas de la caída. Una predomina en Antioquía, y es que el hombre, cuando fue constituido por Dios, fue puesto en estado de iluminación y cayó de la iluminación. En Capadocia, Alejandría y en otras partes de la antigua Iglesia existe la tradición de que el hombre se encontraba en estado de zéosis o glorificación. Y en otras tradiciones existe una combinación de estas dos.»

«Algunos Padres de la Iglesia creen que el nus de los Primeros en ser creados estaba en zeoptía (divina visión de la luz increada). Esta tradición es de la escuela alejandrina y es muy fuerte. Pero en la teología antioquena había la memoria de Dios, de vez en cuando con la zeoptía, pero principalmente con la memoria y con la propia experiencia de la ascesis, y que existen estos dos estadios en la θεωρία (zeoría: contemplación espiritual). Un estadio es la iluminación, que es la oración incesante, y el otro es el resplandor, la visión, la expectación, la continua visión que es la zeoptía, que es la θέωσις zéosis o glorificatió en latín.»

«San Juan Damasceno nos describe los dos puntos de vista y consideraciones, y no está a favor de ninguna tesis o posición sobre el tema; deja al lector que escoja lo que quiera».

«He publicado un estudio en el que estoy haciendo una descripción de san Juan Damasceno. San Juan Damasceno describe a los Primeros en ser creados de dos maneras: en un caso tienen noerá oración del corazón y, en el otro, tienen la zéosis. Ahora bien, si tenían la zéosis o la noerá oración del corazón, es decir, si el νούς nus de ellos tenía la memoria de Dios o el nus veía a Dios, son dos tradiciones. Cuál es la correcta no lo sabemos».

Los Padres de la Iglesia, interpretando el libro del Génesis, «no se ocupan de Adán como Adán, sino del nus de Adán, el cual Adán se ha enfermado porque se oscureció su nus». Por eso no se describen analíticamente varios acontecimientos de la vida de los Primeros en ser creados antes de la caída. A los Padres les interesa lo que pasó después de la caída. En realidad, se recalca el estado o situación del nus antes de la caída y su estado después, ya que básicamente el hombre fue creado para la θέωσις zéosis.

«Esencialmente los santos Padres no se interesaban por los Primeros en ser creados exactamente en cuándo fueron creados, cómo fueron constituidos y en qué estado se encontraban, etc. Pero, ¿qué hacían? Tomaban la experiencia presente de la θέωσις zéosis y, a base de ella, hacían interpretación del Antiguo Testamento. Conocían esta experiencia de la iluminación de los Profetas y del Nuevo Testamento, pero principalmente de su propia experiencia, porque tenían Padre o Guía espiritual en estado de iluminación, el cual, en efecto, de vez en cuando se encontraba en estado de zéosis. Éste, por su propia experiencia, tenía hijos espirituales y los conducía a partir de los Profetas del Antiguo Testamento y de los Apóstoles, y hacían interpretación o hermenéutica correcta de la Santa Escritura».

Los Padres de la Iglesia interpretaban las cosas sobre la creación de Adán y Eva y sus vidas en el Paraíso antes de la caída desde la experiencia de la zéosis (zeótica) o de la visión, contemplación divina de la luz increada, experiencia que tenían ellos mismos o que, de modo semejante, habían visto en los Padres divinizados o glorificados. Es decir, cuando veían santos que se habían renovado, restaurado espiritualmente y tenían las experiencias de la iluminación y de la zéosis o glorificación, decían que así, más o menos, vivían los Primeros en ser creados en el Paraíso. La expresión «vivían más o menos» muestra que ahora, con la encarnación de Cristo y la zéosis de la naturaleza humana en la hipóstasis del Logos, fue dada al hombre la facultad de unirse con Cristo y, por lo tanto, su zéosis sea más fuerte y potente, y el divinizado o glorificado viva un estado superior a aquel que vivían Adán y Eva en el Paraíso.

«Así que los Padres toman al divinizado o glorificado y al iluminado, o al que tiene θεωρία (zeoría: contemplación divina), tal y como están ahora, y proyectan al actual hombre espiritual a la época de Adán y Eva. Es decir, los Padres toman el estado espiritual actual de zeoría, que es la noerá oración del corazón y la zéosis, y dijeron que éste es el hombre, ésta es la situación caída del hombre y ésta es la situación resucitada del hombre. Por lo tanto, cuando teologizan sobre Adán y Eva, simplemente teologizan desde este punto de vista y aspecto.

Si Adán y Eva tenían oración noerá o la zéosis, es decir, si tenían θεωπτία (zeoptía: visión divina) y oración noerá, puede ser que fuera lo uno o lo otro. De todas formas, estaban en estado o situación de zeoría contemplación espiritual; no hay ninguna duda. Si la zeoría era la memoria incesante de Dios o era zeoptía-zéosis de otro tipo, esto es otro tema».

También se debe apuntar que los Padres de la Iglesia analizaron el estado espiritual de los Primeros en ser creados dentro de la perspectiva de la renovación o reestructuración del hombre, es decir, de la terapia, y no por una disposición de curiosidad científica o espiritual.

«Decimos cómo eran los Primeros en ser creados, y estaban con la oración noerá o con la zéosis-zeoptía. Si estaban exactamente en noerá oración o en zéosis, eso es indiferente, no nos importa mucho. Aquello que tiene importancia es que el hombre así está y es psicoterapiado, sanado, curado. Y antes de enfermar, en su estado carismático, si estaba así o asá es indiferente. Pero el nus (espíritu del corazón la psique) es un fenómeno antropológico.

Tal y como tenemos células, corazón, arterias, etc., así además de éstos el hombre tiene este nus, el cual está oscurecido. Pero el nus no es un fenómeno teológico ni filosófico. Es un fenómeno antropológico, es un órgano, es una parte inseparable de la personalidad humana, igual que los ojos, los dientes, las orejas, la nariz, etc.».

C.2. El pecado ancestral u original

Existen muchos tropos, modos, formas y maneras para poder entender en qué consiste el pecado ancestral desde el punto de vista y la perspectiva patrística ortodoxa. A continuación, será recalcada la esencia del pecado ancestral. Se han formulado muchas opiniones y puntos de vista en relación con este tema, en el cual se ve la diferencia entre la teología ortodoxa y las demás Confesiones.

La esencia del pecado ancestral es mucho más profunda de lo que por costumbre se atribuye. En principio, los santos Padres enseñan, a partir de sus experiencias, que el hombre tiene dos tipos de memoria: la memoria de las células del cuerpo, que ayudan a su buen funcionamiento, y la memoria del corazón, en la cual se inscribe el nombre de Dios y se hace la noerá oración del corazón incesante.

«Hoy en día los científicos conocen que en el interior del hombre existen dos memorias. Existe la memoria celular, que se llama DNA, que es como una cinta de un radiocasete y opera la renovación de las células del hombre con desarrollos programados de la célula. Y como existe la memoria, las células saben lo que hacen, es decir, saben cómo multiplicarse, como un ordenador electrónico que realiza esta obra de la multiplicación de las células.

Aquí tenemos algo extraño, es decir, algo que se divide indivisiblemente (en individuales sin fraccionarse). Esta cosa es muy extraña, porque se parece al misterio de la presencia de Dios en el mundo que describen los Padres de la Iglesia, de que Dios se fracciona o se divide indivisiblemente en las fracciones o individualidades.

Esto lo hacen más o menos las células. Una célula se multiplica sin que ella misma pierda su identidad, porque cada vez que se multiplica cada célula es la célula entera, y son todos genes, todos lo mismo, etc. Y dentro de estas células existe el DNA, el cual planifica todo este desarrollo y multiplicación de las células, etc. Esto no se podría hacer por la célula si no fuera constituida con memoria. Hay un sistema mnemónico o memorial en su interior que garantiza el desarrollo correcto de todas las existencias biológicas del mundo, de todos los animales.

Además de esta memoria que tienen las células, tenemos también la memoria que tiene el cerebro, la memoria que existe en la materia gris que tiene el mundo animal y el hombre. Incluso el mundo físico tiene memoria.

Ahora bien, además de estas memorias que conoce la ciencia hoy en día, en la tradición ortodoxa hay también otra memoria, que es la memoria incesante de Dios, cuya sede está en el corazón del hombre, pero es un sistema memorial que ha cesado de funcionar a causa de la caída del hombre. Y cuando los Padres hablan de caída, dan a entender una terminación del sistema memorial que había en los Primeros en ser creados».

«La esencia del pecado ancestral es que Dios ha creado al hombre con dos centros en su personalidad. Un centro es el sistema neurológico. En la cabeza del sistema neurológico está el cerebro (enkéfalo, encéfalo), es decir, la sustancia gris que conecta con todo el sistema neurológico del hombre y dirige las relaciones del hombre hacia fuera de sí mismo. Después existe también el sistema celular del ser humano, que finalmente ahora sabemos, por los biólogos, que constituye todo un sistema entero, es decir, como un ordenador de la memoria celular».

Además de este centro de la personalidad humana, hay también otro centro cuya sede está en el corazón: es el centro espiritual de la personalidad humana. Así que la caída del hombre es el cese de su sistema memorial espiritual. Esto tuvo consecuencias éticas, pero también fue y es un problema ontológico.

«Muchos hoy en día consideran la caída como una caída moral; en cambio, cuando san Simeón el Nuevo Teólogo habla sobre la caída, no da a entender una caída moral, porque san Simeón el Nuevo Teólogo no tiene o no entiende de moral; él es asceta. Enseña la ascética y no la ética, y piensa ascéticamente y no moralmente. Entiende que los hombres no tienen noerá oración del corazón; esto es lo que da a entender».

Este finiquito o cese del sistema memorial del corazón, por los santos Padres se llama «oscurecimiento del como imagen», «oscurecimiento del nus», «nus imprudente». En todos los escritos patrísticos el tema de la caída es el hombre que tiene el nus oscurecido, entenebrecido. «El hombre caído es el que tiene el nus oscurecido; se acabó».

Simultáneamente, este nus caído es caracterizado o calificado como «in-energizado, inoperativo», es decir, ha dejado de funcionar fisiológicamente, tal y como fue creado por Dios.

Tal como se dijo anteriormente, los santos Padres estudiaban «la descripción histórica de la caída que refiere la Santa Escritura», pero interpretaban estos acontecimientos por medio de sus experiencias personales, ya que conocían qué es el nus iluminado.

«La iluminación del hombre es el residir del Espíritu Santo en el corazón del hombre; entonces el hombre se convierte en templo del Espíritu Santo, y el mismo Espíritu Santo (increado) de Dios energiza, opera (con la energía increada) en el nus (espíritu creado de la psique) del hombre y lo ilumina».

«Pero nosotros, ¿cómo sabemos que el nus de Adán fue oscurecido? Simplemente porque conocemos que nosotros mismos ahora tenemos el nus oscurecido».

Entonces, la experiencia del nus oscurecido y del iluminado condujo a los santos Padres a interpretar tanto la situación de antes de la caída como también la de la postcaída de Adán. Esto es importante e imprescindible recalcarlo, para que percibamos y entendamos que los santos Padres no hablaban filosóficamente, ni fantasiosamente o imaginativamente, sino empíricamente.

Después de esta explicación se debe localizar en qué consiste lo inoperativo y oscurecido del nus, es decir, investigar qué es el «nus in-energizado o inoperativo».

El nus del hombre, tal y como fue creado por Dios, debería moverse hacia Él, ser distinguido por el llamado «movimiento sobrenatural». Pero con la caída ha perdido este movimiento sobrenatural y se mueve «por el natural» y «el contranatural». Es decir, la energía del nus es defectuosa, y esto se manifiesta y se expresa en que el hombre se convierte y se hace φίλαυτος (fílaftos: ególatra, egocéntrico, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), gira hacia su cuerpo en vez de tener agapi incondicional, desinteresada; tiene agapi interesada, egocéntrica.

«En la situación o estado de caída existe el nus, y este nus está in-energizado o inoperativo, tiene energía mínima, embrionaria, y esto debe ponerse en funcionamiento».

Se dice nus in-energizado o inoperativo cuando el nus no funciona correctamente.

«La responsabilidad de la caída del nus está en nosotros, es decir, cuando el nus ha dejado de funcionar. Esta es la caída».

El funcionamiento no fisiológico del nus significa que no recibe la energía increada de la Luz increada de Dios; entonces el nus se oscurece y por eso hablamos de oscurecimiento del nus, que es la cualidad o atributo más característico de la caída. Nus oscurecido significa que la energía noerá del corazón del hombre no opera ni funciona correctamente. Y esto es el pecado. «Pecado es el oscurecimiento del nus, la oscuridad o tiniebla en el interior del corazón del hombre. Todos los Padres hablaron sobre el oscurecimiento del nus».

«Leed cualquier Padre que queráis; todos se refieren a los Primeros en ser creados y a los sucesores de ellos, que tienen el nus oscurecido, se ha oscurecido el nus de ellos. Lo decimos también en el Himno Acatisto. De todas formas, este nus oscurecido es la diagnosis, de que el nus se oscurece, y la terapia es la iluminación de este nus».

Los divinizados (glorificados, deificado), que alcanzaron la zéosis, interpretan el pecado como enfermedad.

«En la tradición de Agustín de los orientales francolatinos apareció el pecado de una forma moral; en cambio, en los Padres de la Iglesia el pecado tiene forma de enfermedad y aparece la eliminación del pecado en forma de psicoterapia, terapia o sanación. Por tanto, tenemos enfermedad y tenemos terapia. El pecado es enfermedad del hombre; no es una trastada o travesura del hombre, el cual no obedece a Dios como un subordinado, etc. Porque el pecado no es praxis y transgresión de los mandamientos de Dios, como se hace con las leyes del Estado, etc. Existen leyes; un transgresor de la ley debe ser castigado por la ley, etc. Agustín entendió el pecado de esta manera, es decir, que Dios ha dado mandamientos, el hombre ha transgredido el mandamiento de Dios y, analógicamente, fue castigado».

Los Padres conocen que con la caída el hombre se ha enfermado, ya que la enfermedad es el oscurecimiento y el mal funcionamiento del nus (espíritu de la psique). Por eso hablan de diagnosis y terapia.

«La diagnosis es que el hombre sufre de esta enfermedad que se llama pecado, que es el oscurecimiento del nus; este término “oscurecimiento del nus” uno lo encuentra muchas veces continuamente en los Padres. A donde quieras leer algo de cualquier Padre, todos hablan sobre el oscurecimiento del nus.

Por tanto, este oscurecimiento del nus es el diagnóstico. ¿Y la terapia qué es? Es la iluminación del nus. Tenemos oscurecimiento e iluminación; es la misma terminología. Oscuridad y luz: éste es todo el tema».

Como Dios es Luz increada y la falta de Luz crea oscuridad, por eso, cuando el nus no es iluminado por Dios, se oscurece, es decir, se entenebrece, se ennegrece.

«¿Qué es la diagnosis? Es que el corazón del hombre se ha oscurecido. Es decir, esto que llamamos nus en el lenguaje posterior de los Padres, este corazón se ha oscurecido y, a causa de la caída, ha perdido la memoria de Dios, etc., y debe volver la memoria o el recuerdo de Dios».

Existe una analogía entre el nus y la lente del telescopio. Cuando la lente del telescopio tiene problemas, no puede dejar pasar la luz dentro de él y el hombre no puede ver. Así también, cuando el nus del hombre se oscurece, el hombre no puede ver a Dios.

«Los ojos increados que tiene el hombre, es decir, la Jaris (energía increada, gracia) que habita en el nus, en el corazón del hombre, pues esta jaris increada se ha ennegrecido por las manchas en la lente que se llama nus. Y como en este telescopio la lente no está pulida ni abrillantada, por eso la luz no brilla mediante esta lente o no deja pasar la luz para que uno pueda utilizar el telescopio y ver correctamente las estrellas.

De modo semejante sucede con la lente que se llama nus o corazón del hombre, que se ha ennegrecido, y por eso el hombre no ve la divina Jaris, energía increada, o la βασιλεία (vasilía: realeza increada) de Dios que está en su interior. Y esto se llama ceguera. El hombre está ciego; fue creado para estar viendo a Dios, pero no le ve. Por lo tanto, desde este aspecto el hombre está ciego y no ve la Luz increada».

Cuando hablamos de oscurecimiento, ennegrecimiento del nus, no damos a entender el oscurecimiento de la lógica. En el capítulo anterior se ha hecho un discernimiento entre nus y logos (lógica); así que, con la caída de Adán, a la lógica no le ha pasado nada, sino al nus.

«El nus estaba en zeoptía, conexión y visión con la divina Luz increada, y se obscureció; no la lógica. Y el que tiene conocimiento de la ciencia moderna ve que el hombre, en su cerebro, funciona muy bien.

El hombre, mientras que puede ser muy inteligente según su lógica, se ve que, a causa de la caída de los Primeros en ser creados, no parece que haya sufrido algo, porque cuando los Padres dicen que se oscureció el nus, no dan a entender la lógica del hombre. Si el nus se identificara con la lógica, uno llegaría a la conclusión de que, si se había oscurecido el nus hace tres millones de años, cuando el hombre tenía la cabeza pequeña, con un volumen de setecientos centímetros cúbicos, mientras que ahora tiene mil cuatrocientos, pensaría que hemos comenzado con el nus obscurecido y ahora está mucho más iluminado de lo que estaba al principio.

Cuando los Padres dicen que el nus de los Primeros en ser creados se ha ennegrecido u obscurecido, no dan a entender el logos o la lógica del cerebro-mente, sino otra energía de la psique-alma que tiene como centro el corazón espiritual.

Uno puede ser una persona muy importante en las ciencias positivas, pero desde el punto de vista de la teología es analfabeto, porque su nus está ennegrecido u obscurecido. Su lógica está iluminada, pero en las ciencias positivas. Por lo tanto, a causa de la caída del hombre, a su lógica no le ha pasado nada. Aquello que sufrió daño es el nus del hombre; el nus se ha obscurecido o ennegrecido».

Los Padres conocen el oscurecimiento del nus incluso por sus propias experiencias, pero también por su experiencia pastoral cuando conducen y guían a sus hijos espirituales. Por lo tanto, desde este aspecto, los hombres se dividen en aquellos que tienen el nus obscurecido y en los que tienen el nus iluminado.

Junto con el oscurecimiento del nus, el pecado ancestral es también la confusión del nus con la lógica, los πάθος pazos y el ambiente. El nus, antes de la caída, se movía con ímpetu hacia Dios, libre de la energía de la lógica, de los pazos y del ambiente; pero cuando permaneció inoperativo e in-energizado se identificó con la lógica, los pazos y el ambiente. Esto caracteriza la caída.

«Después de la caída el nus está obscurecido. ¿Por qué? Porque está lleno de λογισμοί (loyismí: pensamientos simples o mezclados con la fantasía). ¿Cuándo sucede esto, o sea, oscurecerse el nus por los loyismí? Sucede cuando los loyismí de la διανια (diania: cerebro, mente, intelecto) bajan al corazón y se convierten en loyismí del nus. Es decir, existen loyismí que no deben estar allí, porque pertenecen al campo de la lógica-diania. El nus debe estar totalmente vacío de loyismí, de modo que pueda venir el Espíritu Santo a residir y permanecer en el interior del hombre.

La caída del hombre, desde el punto de vista patrístico, es la identificación de las energías del nus con las energías de la lógica (diania).

Cuando el nus se ha obscurecido, entonces el nus obscurecido, con su energía, se identifica con la lógica y los pazos».

Cuando la energía noerá no funciona correctamente, entonces es engañada, vaga por aquí y por allá y se ha fusionado con la lógica del hombre. Es decir, esta energía del nus la llamaron «energía noerá», y es el nus del hombre y no el logos del hombre.

El nus, en este estado, no trabaja, sino que se ha hecho cautivo de la lógica, es decir, de los loyismí; entonces no funciona de modo regular ni normal.

Por lo tanto, el pecado ancestral u original es el nus inoperativo o in-energizado, el oscurecimiento del nus y su identificación con la lógica, los pazos y el ambiente.

C.3. Consecuencias de la caída

Las consecuencias de la caída no son simplemente éticas, espirituales, psicológicas y sociales, sino antropológicas y ontológicas. Como el nus se distorsiona, por eso se cambian todas las fuerzas psíquicas del hombre. Cuando el nus, que dirige el mundo psíquico interior del hombre, se hace inoperativo o in-energizado y oscurecido, entonces se desorganiza también toda la composición psíquica del hombre. Entonces el hombre se convierte en enemigo de Dios. El apóstol Santiago habla sobre los enemigos de Dios: «¡Oh psiques-almas adúlteras y traidoras, que pisoteáis la fe y la agapi-amor a Cristo! ¿No sabéis que el amor y el apego al mundo pecaminoso es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo pecaminoso, se hace enemigo de Dios» (St 4,4). Según la interpretación patrística, no es Dios enemigo del hombre, sino el hombre el que se hace enemigo de Dios.

«El hombre se hace enemigo de Dios por el oscurecimiento del nus. Cuando el nus está oscurecido, entenebrecido, entonces queda inoperativo, no funciona, está in-energizado. Este hombre, que tiene el nus oscurecido, es enemigo de Dios, en el sentido de que no realiza la voluntad de Dios, y esto sucede porque se encuentra dentro de la tiniebla, en la oscuridad».

Después, el hombre, cuya energía noerá no funciona o funciona embrionariamente, está enfermo y esclavo del pecado.

La consecuencia básica del pecado ancestral fue la muerte, según el logos de Dios a Adán: «Y el Señor Dios dio a Adán este mandamiento: “De cualquier árbol del jardín podéis comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comeréis, porque el día que comiereis de él, por la muerte moriréis”, es decir, perderéis el derecho de la inmortalidad, moriréis somáticamente o corporalmente y os separaréis de Mí, que os he dado la vida» (Gen 2,16-17).

Así que, después del pecado vino a la existencia del hombre la muerte, primero la espiritual, que es la pérdida de la Χάρις (Jaris: energía increada, gracia), y después la muerte somática o corporal. La muerte espiritual es el oscurecimiento del nus y la interrupción de la relación del nus de la psique-alma con Dios.

«Muerte de la psique es la falta de la zéosis, que significa θεοπτία zeoptía percepción y visión de la Luz increada».

El nus dejó de moverse hacia Dios, cesó de ser iluminado por la Luz increada de Su doxa-gloria, se obscureció y transmitió este oscurecimiento también al cuerpo y a toda la creación.

Después del pecado, por la Providencia particular de Dios, Adán y Eva se vistieron con prendas de piel. Según la enseñanza patrística, las prendas de piel son la corrupción y la forma de vida de los animales irracionales, o sea, una vida según los instintos animales. Así que la forma de concepción, gestación y nacimiento del hombre está incluida en las consecuencias de la caída. Era natural que la muerte psíquico-espiritual fuera transmitida también al cuerpo; así, el hombre ha probado qué significa la muerte corporal o somática.

«Dios no es el causante de la muerte. El hombre ha traído la muerte sobre sí mismo, por la razón de que él ha separado su propio ser de la doxa increada de Dios, que es la fuente de su vida. Por consiguiente, Dios no impuso la muerte al hombre como castigo de cualquier culpa hereditaria. Más bien Dios permitió la muerte a causa de Su bondad y agapi (amor desinteresado, incondicional), de modo que el pecado y el mal no se conviertan en inmortales en el hombre».

Así también la muerte es enfermedad, pero también la vejez, que conduce inevitablemente a la muerte, es enfermedad. Esto hoy en día es sostenido también por la ciencia.

«Finalmente se ha demostrado que la vejez es enfermedad; no es fisiológico que el hombre se doble, envejezca. Y hoy en día, con experimentos, se han conseguido cosas espectaculares: cortan trozos de animales, de sus glándulas, los ponen en congeladores, calculan los años que vive un animal, que puede ser quince años. Después de diez años sacan las glándulas y así consiguen alargar la vida de algunos animales del experimento; es decir, alargan la vida del hombre un 30 % o 50 %. Y ahora los gerontólogos te están diciendo si la muerte es enfermedad; es decir, se ha demostrado que la vejez es enfermedad».

«Aquí tenemos el fenómeno extraño: que las células normales, por regla general, se multiplican y se renuevan cada siete meses. Cada siete meses todas las células del cuerpo han cambiado, excepto las células de los huesos, que sufren un cambio completo cada siete años. Mientras que unas cambian cada siete días y otras cada siete años y tienen una renovación plena, excepto las glándulas. Y aquí está el fenómeno extraño: las glándulas no se renuevan, sino que se mortifican poco a poco, mueren.

Y ahora, en la gerontología, hace más o menos doce años (1980) que se ha desarrollado esta ciencia, se ocupan de la vejez y de la muerte; quieren ver si son fisiológicas o son enfermedades. A lo que respecta a la vejez, han llegado a la conclusión de que es una enfermedad. Sobre la muerte no están seguros si es enfermedad o es muerte o si es un fenómeno fisiológico. Sin embargo, la vejez no es un fenómeno fisiológico. Y esto se deduce porque controlan la vejez del hombre; se ve en las glándulas. Allí no se hace renovación de las células. Mientras que todas las demás células se renuevan, cambian cada cierto tiempo, incluso la sangre, todo cambia, se hace una renovación plena y no se ve diferencia entre las células de un hombre de ochenta años y las de uno de veinte años: las células son las mismas, pero las glándulas sufren un debilitamiento.

Así que todos estos experimentos les han convencido de que la vejez es una enfermedad que concierne al sistema de las glándulas. Y una de estas glándulas es el cerebro del hombre, que es una parte del sistema neurológico del hombre. Por lo tanto, esto que continuamente decían los Padres, que la muerte y la vejez son una enfermedad, casi en su mitad se ha demostrado y ha sido aceptado, mientras que antiguamente leían a algún Padre de la Iglesia que decía que estas cosas son enfermedad, pero ellos decían que es una situación fisiológica. Hoy en día se ha demostrado que la vejez es una enfermedad, no es un estado fisiológico. Por consiguiente, los Padres en este aspecto también demostraron que son modernos. Nunca aceptaron la vejez como un desarrollo fisiológico, sino como una enfermedad del hombre. Los Padres aceptan la muerte como una situación anormal, no natural, mientras que los gerontólogos están discutiendo este tema».

En el hombre existe el DNA, que es una cinta espiral. En cada célula existe el DNA, y se hace la multiplicación también del DNA junto con la célula cuando se multiplican las células. La teoría dominante hoy en día es que esta cinta es como la cinta de un ordenador, es decir, una máquina del tipo que la cinta tiene cierta longitud y, cuando corre la cinta, se acaba también. Por tanto, de esta manera corre la vida del hombre: se multiplican continuamente las células, etc., y cuando termina la cinta de la multiplicación, el hombre muere.

Sí es verdad, el hombre está programado y, cuando termina, se acabó. Excepto si muere por un accidente de coche o cualquier otra complicación en el cuerpo, pero existe la muerte fisiológica, es decir, del anciano.

Los justos y los Profetas del Antiguo Testamento, a pesar de que alcanzaban la zeoptía —visión de la divina Luz increada o de Dios—, sin embargo, esta situación era provisional, porque la naturaleza humana, antes de ser tomada por la naturaleza divina en la hipóstasis del Logos de Dios, estaba enferma y no podía sostener por mucho tiempo esta Jaris (energía increada, gracia) de Dios. Así también, los justos y los Profetas morían corporal y psíquicamente, porque descendían al Hades, al espacio de la muerte.

«Los que vieron la doxa-gloria, la Luz increada del Logos, morían psíquica y corporalmente.»

C.4. La herencia del pecado

Los Padres de la Iglesia, cuando hablaban sobre la herencia del pecado ancestral u original, no daban a entender la herencia de la culpa de los padres ancestrales; es decir, el pecado ancestral no era un ataque u ofensa a Dios, sino enfermedad del hombre. El hombre se alejó de Dios, con la consecuencia, como hemos visto, de que la psique perdiera la Jaris (energía increada, gracia) de Dios y el cuerpo muriera.

También hemos visto que el cuerpo del hombre fue creado de la tierra y la psique-alma fue creada por el soplo del aliento de Dios. Esto se repite con la concepción de cada hombre. San Máximo el Confesor enseña que la psique-alma y el cuerpo de los hombres se crean por Dios simultáneamente, pero cada uno de forma distinta; es decir, de una forma es el nacimiento del cuerpo de la materia sujeta, y de otra forma es el nacimiento de la psique-alma que resulta del soplo divino y vivificante. Esto significa que la psique está limpia, el nus está iluminado, pero el cuerpo hereda de los padres la corruptibilidad y la mortalidad, es decir, la vejez y la muerte. Es cierto que la creación y la unidad psique-alma-cuerpo existen simultáneamente con la concepción del hombre.

Así que la herencia del pecado ancestral, en realidad, es la herencia de las consecuencias de la caída, que es la corruptibilidad y la mortalidad, las llamadas “prendas de piel”. Desde la muerte corporal, que se encuentra en las células, se distribuye la parte pasional de la psique-alma durante el crecimiento del hombre, y así se desarrollan los πάθος pazos somáticos y corporales, y se oscurece, entenebrece también el nus del hombre.

Es característico el logos del Apóstol Pablo: «En mi interior me agrada con todo mi corazón la ley de Dios; pero veo en mi cuerpo y en sus miembros una ley que lucha contra la ley de mi espíritu y contra de lo que me dicta mi conciencia y me esclaviza a la ley del pecado que domina en mi cuerpo y en sus miembros, es decir, domina a mi naturaleza física humana. ¡Desgraciado y miserable yo el hombre! ¿Quién me librará de este cuerpo en el cual domina el pecado y por el pecado la muerte espiritual y física?» (Rom 7, 22-24)

En este pasaje del Apóstol Pablo se ve claramente que el nus se satisface con la ley de Dios, pero la otra ley —la ley de la muerte del cuerpo— se opone a la ley del nus y lo cautiva; así, los páthē de la φιλάργυρία (filargiría, avaricia o amor al dinero), de la φιληδονία (filidonía, amor al placer o hedonismo) y de la φιλοδοξία (filodoxía, amor a la gloria vanidosa) conectan con la corruptibilidad y la mortalidad, cautivan, oscurecen y entenebrecen el nus del hombre.

Se ha recalcado en el capítulo anterior que el hombre dispone de memoria de corazón (noerá) y de memoria del cerebro. Por lo tanto, la memoria del cerebro, que conecta con las células neuróticas y con el desarrollo del cerebro, se desarrolla poco a poco; en cambio, la memoria cordial del corazón/nus existe desde el principio de la existencia de la psique-alma del hombre.

«La Panaghía-Santísima, a la edad de tres años, alcanzó la zéosis. El niño pequeño es susceptible; aún no ha sufrido el endurecimiento del corazón, no se ha hecho vil. La caída del niño se hace por el ambiente o entorno, por los padres, por los tíos, por los amigos, etc. Si el niño está en un ambiente bueno, puede crecer sin problema, con la noerá oración del corazón. El niño tiene menos problema que los mayores. Aprende más rápido. El niño lo destruye el ambiente.

Por eso los Padres recalcan que cada uno nace como Adán y Eva, y cada uno pasa por la misma caída. El oscurecimiento del nus se hace en cada uno. En el embrión, donde está el nus del hombre, aún no está oscurecido. Cada uno sufre la caída de Adán y Eva a causa del ambiente.»

La herencia del pecado original o ancestral, según los Padres, es principalmente la herencia de las consecuencias de la caída: la corruptibilidad, la pasionalidad o emocionalidad y la mortalidad, lo cual tiene consecuencias también en la psique-alma.

«Nuestra percepción sobre el pecado ancestral u original, sobre la herencia, etc., es comparable a lo que hoy se conoce en la ciencia médica. Por ejemplo, con el DNA, ahora se ha encontrado la forma de verificar los defectos hereditarios por la escalera helicoidal del DNA, etc., y se sabe la composición del DNA, qué elementos deben encontrarse y cómo debe hacerse el seguimiento. Cuando examinan hombres que nacen con seis dedos en manos o pies, o con anomalías en ojos, nariz u orejas, examinan la composición de la célula y ven la anomalía en el DNA; por eso ha nacido el hombre de esta manera.»

Por consiguiente, la introducción de la muerte en nuestra vida no se hizo como castigo de Dios, sino que fue el resultado de la pérdida de la divina Jaris (energía increada, gracia), como alejamiento del hombre de la Luz increada de Dios y como enfermedad de la naturaleza humana, que, al ser enfermedad, necesita terapia. Aquí se sostiene toda la instrucción pastoral de la Iglesia Ortodoxa.

Al contrario, en Occidente, influenciado también por Agustín —al que consideran el mayor teólogo y estudioso de la divina Jaris (Gracia) sobre la caída, etc.—, la herencia del pecado ancestral u original fue interpretada de manera totalmente distinta, con el resultado de que se alterara la instrucción pastoral de la Iglesia. Agustín tuvo puntos de vista e ideas platónicas sobre la creación y la caída del hombre.

«Agustín, en principio, comienza con presuposiciones platónicas, abandona algunas tesis de los platónicos y, después, intenta adaptar otra vez a Platón en el cristianismo. Por lo tanto, sus contradicciones son inevitables.

Agustín introdujo en el dogma de la Santa Trinidad percepciones platónicas. Introdujo la idea de que Adán y Eva tenían plena y toda la gnosis humana que un hombre puede alcanzar. Para Agustín, la gnosis humana consiste en la contemplación de los arquetipos; y cuando uno conoce los arquetipos, conoce a Dios y la esencia de Dios. Adán y Eva conocían todos los arquetipos, por tanto, tenían la gnosis (conocimiento) que un hombre puede tener.

Los occidentales imaginaron que los Primeros en ser Creados eran hombres perfectos, pero perfectos según el modo platónico. Es decir, cuando los Primeros en ser Creados perdieron la memoria de estos arquetipos, Agustín daba importancia a la memoria del hombre, pues creía que dentro de ella estaba impresa la gnosis de Dios. Ahora bien, cómo combina estas ideas con la enseñanza sobre la preexistencia de las psique-almas, que finalmente rechazó, constituye un gran problema en el pensamiento de Agustín.

La iluminación del hombre, según Agustín, significa simplemente que el nus debe conocer los arquetipos; esta es la iluminación. La zéosis del hombre, según él, es cuando el hombre se ha deificado y ve directamente con la lógica (intelecto) los arquetipos.»

Luego, Agustín, siguiendo percepciones platónicas, considera que al hombre después de la caída se añade la parte pasional de la psique, es decir, lo anhelante y lo irascible.

«Agustín sostiene la idea que el hombre era perfecto y tenía la divina Jaris (energía increada, gracia); no tenía la parte anhelante ni la irascible de la psique-alma, y la parte logística-racional se encontraba en ευδαιμονία (efdemonía: dicha, placer, viene estar). Pero a causa de la caída aparece lo anhelante y lo irascible de la psique-alma.»

A continuación, enseña que el pecado ancestral fue un asalto y ofensa a la justicia de Dios, y por ello el hombre fue castigado. La muerte no la considera enfermedad —resultado de la pérdida de la vida divina— sino castigo de Dios al hombre.

«Lo que tiene importancia es que Agustín piensa que la muerte es castigo de Dios. Todos son castigados por Dios, porque tienen culpa.»

Con estas condiciones y presuposiciones debemos ver el punto de vista de Agustín sobre el pecado original como ofensa a la justicia divina, así como la interpretación jurídica e inculpación del pecado, cómo esta culpa ha pasado al género humano y cómo este punto de vista se conecta con el destino absoluto.

«Según Agustín, cuando Adán y Eva pecaron contra la justicia de Dios y ofendieron al Dios infinito, todos heredan el pecado de Adán y Eva, es decir, la culpa o culpabilidad; esto significa que todos deben ser castigados según el merecimiento y valor. Por lo tanto, por merecimiento y valor estamos castigados por Dios. Sin embargo, como Dios así lo quiere, entre estos condenados al Infierno eterno ha escogido un grupo para la salvación.

De esta manera, aquellos que no han sido escogidos para la salvación no pueden tener ninguna queja, porque son castigados según su valor y merecimiento. También deben alegrarse porque predomina la justicia divina. Pero aquellos que se salvarán tampoco pueden decir que se salvan por su valor o merecimiento, porque la salvación es absolutamente gratis, sin ningún mérito de su parte. Por lo tanto, no pueden jactarse.

Dentro de estos marcos, una muestra de que uno está predestinado es que es buena persona. Es decir, para los protestantes, significa que es continente, no roba, no miente, no fornica y es moralmente persona correcta. Así separan a los hombres en buenos y malos.

Además, principalmente en el mundo anglosajón y entre los francos, a causa de la enseñanza de Agustín, hubo también apoyo al racismo; es decir, se pensaba que para ser predestinado a la salvación uno debía ser blanco, alto, rubio, es decir, una persona “bella”. Si alguien era feo, pobre, desgraciado, villano, esclavo o inválido, para los francos no podía ser predestinado.»

Es normal, entonces, que los puntos de vista y opiniones de Agustín sobre el pecado ancestral u original hayan sido conectados con la teoría del destino absoluto del hombre, lo que tergiversa y distorsiona la agapi (amor incondicional) de Dios hacia el hombre, la finalidad del sacrificio cruciforme de Cristo y toda la pastoral de la Iglesia.

«Todos fueron castigados por Dios, porque todos tienen culpa. El problema es cómo se hereda la culpa, es decir, ¿es culpa hereditaria de forma biológica, o es representativa, donde Adán y Eva, como representantes del género humano, pecaron y, por consiguiente, no solo fueron castigados los representantes sino también todo el género humano?

Otra aproximación es que simplemente, como representantes, perdieron algo en perjuicio del género humano. Tal como un padre que hace tonterías y pierde su fortuna, causa que los hijos nazcan pobres; los hijos nacen pobres porque el padre perdió la fortuna. Existe también esta percepción. Depende de lo que cada uno quiera extraer de Agustín sobre estos temas. Pero lo importante desde el aspecto de Dios es cómo se entienden estos asuntos.

Agustín acepta la enseñanza sobre el destino absoluto. Introduce la idea de que todos los hombres, según su valor y merecimiento, están condenados al Infierno. Esta condena se aplica según el valor del hombre. Pero Dios, que es también agapi (amor incondicional), no permite que su obra se pierda totalmente y ha predestinado a ciertos hombres para la salvación. Una parte de la humanidad está predestinada a la salvación.

Pero esta predestinación sobre una parte de la humanidad no se debe a merecimientos ni a recompensas del hombre, porque, según su valor, los hombres deben ir al infierno. Por lo tanto, aquel que recibirá la divina jaris (gracia) para salvarse no puede jactarse de que con sus obras se ha salvado, sino que ha sido salvado por la predestinación que tiene de Dios, con la voluntad. Por eso debe ser humilde, estarse quieto y no creer que es mejor que los demás desde el aspecto de su valor. Pero, si un hombre no está predestinado, tampoco este debe tener queja alguna, porque es castigado según su valor y merecimiento.

Desde este punto de vista, Agustín tiene otra idea curiosa: cuando se dice que Dios ama a los pecadores, no significa que ama a todos los pecadores, sino solo a aquellos pecadores que están predestinados. A los demás pecadores, Dios no los ama; por tanto, Su agapi (amor incondicional) está limitada.

Adán y Eva pecaron, y la culpa pasó a todo el género humano. A causa de esta culpa, cada hombre merece el Infierno. Por tanto, los que están predestinados para la salvación son amados por Dios porque Él así lo quiso. Los otros no pueden tener queja alguna, porque son castigados según su valor y merecimiento; no pueden exigir salvarse, porque según su valor y merecimiento están perdidos, por causa de Adán y Eva.

Los que se salvan, se salvan no por su valor ni merecimiento, sino por la agapi (amor incondicional) de Dios que los ha escogido. Por eso no deben enorgullecerse, sino mantener humildad. Así surge la curiosa distinción: Dios ama a los pecadores que están predestinados, pero no los ama como pecadores, sino como si fueran hombres perfectos. Porque Dios no ama a los pecadores.

«Luego, Cristo ha muerto para que se salven los hombres. Pero Cristo no ha muerto para todos los hombres; ha muerto solo para algunos. Estos pasajes existen en los textos de Agustín y, a causa de ellos, los francos adoptaron con fuerza la creencia en el destino absoluto.»

Si uno compara estos puntos de vista de Agustín con toda la enseñanza de los Padres, tal y como se ha expuesto sinópticamente anteriormente, se ve claramente la diferencia: Dios ama a justos e injustos, pero se salvarán solo aquellos que se sanan, que se psicoterapian y que responden libremente a la agapi incondicional de Dios, adquiriendo agapi incondicional, altruista o desinteresada. Esto se logra con la potencia de la energía increada de Cristo-Dios.

C.5 Antiguo y Nuevo Adán

La caída de Adán provocó enfermedad en toda la humanidad. La encarnación del Hijo y Logos de Dios, el Nuevo Adán, ha sanado y terapiado la naturaleza humana. Esta es la enseñanza básica de la Iglesia sobre la caída del hombre y su terapia.

En nuestro interior existe la enfermedad del Antiguo Adán, como consecuencia de la caída de la Luz increada de la doxa-gloria de Dios y del oscurecimiento del nus, pero debemos percibir y experimentar también la vida del Nuevo Adán, como nuestro retorno a la iluminación y la zéosis.

«Uno no puede hacerse cristiano, decimos nosotros los ortodoxos, si no destruye en su interior al Antiguo Adán. Debe convertirse y hacerse Nuevo Adán para poder ser un ser humano correcto. Así lo enseñan los Padres. ¿Cómo se hace Nuevo Adán? ¿Cómo se destruye el viejo Adán? Al Antiguo Adán se le oscureció el nus, y por eso se hizo lo que se hizo antiguamente.

“Antiguo hombre” significa aquel que no se ha convertido en Nuevo Hombre en Cristo. Por tanto, ya que es Antiguo Hombre, significa que no es cristiano.»

La vida inicial de Adán era vida de iluminación y zéosis. Con el pecado, el hombre perdió el “como semejanza”, y se ennegreció y oscureció el “como imagen”, y cayó de la vida divina. Ahora es necesario pasar por la catarsis del corazón, llegar a la iluminación del nus y experimentar la zéosis. Esto se evidencia en la vida de los santos, y se ve aún más claramente en los Mártires.

«Los mártires son aquellos que habían alcanzado la noerá oración del corazón o de Jesús, tenían memoria perpetua de Dios, y su nus funcionaba ortodoxamente, correctamente; es decir, el corazón de ellos había alcanzado la catarsis; tenían la monológica oración y la memoria perpetua de Dios de tal forma que, cuando fueron llevados al martirio, soportaron torturas porque la oración los protegía y no negaron a Cristo.

¿Cómo sufrieron y soportaron este martirio? Cuando el hombre se encuentra en este estado espiritual, está influenciado únicamente por la oración que domina toda su existencia, y no sucumbe ante la tortura ni las mutilaciones. Convertirse en Mártir, pasar por torturas, no es una hazaña humana, sino obra de la Jaris (energía increada gracia) de Dios. Por esta razón, en la antigua Iglesia, aquel que, en una persecución, había negado a Cristo iba a la Iglesia exteriormente y solo le daban la última comunión.»

El camino desde la catarsis del corazón hasta la iluminación del nus y la zéosis es el propósito y la finalidad de la humanización o encarnación del Hijo y Logos de Dios, pero también constituye la obra de la Iglesia, como se verá en los capítulos siguientes.

La conclusión de este capítulo es que los Santos Padres conocieron la caída de Adán empíricamente, vivieron “el llanto adámico”, porque experimentaron personalmente la participación de la doxa-gloria (Luz increada) de Dios en la hipóstasis del Logos. Dentro de este marco, los Padres interpretaron la vida del hombre antes y después de la caída. Amén.

Referencia: DOGMÁTICA EMPÍRICA TOMO II, DE LA IGLESIA CATÓLICA ORTODOXA
Ioanis Romanidis e Ierotheo Vlajos
Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas www.logosortodoxo.com

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