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Sep 20 2025

La Cruz de Cristo, nuestra eterna gloria. Atanasio Mitilineos

La Cruz de Cristo, nuestra eterna gloria. Atanasio Mitilineos

 Domingo antes de la Exaltación de la Santa Cruz [Gál. 6,11-18]

 

Magnanimidad y agapi, Gál 6:1-10.

  1. Hermanos, si un hombre por su debilidad ha caído en alguna falta, vosotros, los hombres avanzados de espíritu, corregidle con espíritu de amabilidad y serenidad. Pero tú también que has rectificado al otro, ten mucho cuidado, pues tú también puedes ser puesto a prueba y caer en el mismo pecado o al pecado de la altanería y vanagloria.
  2. Ayudaos unos a otros a llevar y soportar los defectos de carácter y las cargas que son molestas y pesadas, y así cumpliréis la ley de Cristo que enseña la agapi-amor incondicional y desinteresada.
  3. Porque si alguno se imagina ser algo, y en realidad, a causa de su egoísmo, no es nada, éste se estafa y se engaña a sí mismo.
  4. Por eso que cada uno examine con cuidado su propia conducta, y si la encuentra de acuerdo con la voluntad de Dios, entonces encontrará en sí mismo, y no en otro, el motivo de sentirse satisfecho;
  5. porque en la segunda parusía-presencia cada uno llevará y soportará su propia carga.
  6. El que es instruido en el logos de Dios y está conducido al camino de la salvación, que comparta sus bienes con el que lo instruye.
  7. No os engañéis, de Dios no se burla nadie. Porque durante el gran día del juicio lo que el hombre haya sembrado, eso mismo cosechará.
  8. Porque el que siembra en su propia carne las obras del pecado y de la corrupción, éste cosechará de las obras de la carne la perdición, el infierno eterno; pero el que siembra y cultiva en el espíritu las obras que inspira el Espíritu Santo, cosechará de las obras del espíritu la vida eterna.
  9. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos los frutos de nuestras obras si ahora no desfallecemos y no nos paralizamos.
  10. Por consiguiente, ahora que estamos en la vida presente siempre que tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y especialmente a los hermanos en la fe en Cristo, que se han hecho familiares y hermanos nuestros.

Consejos varios, Pablo se gloría en la cruz de Cristo y conclusión 6:11-18

  1. Fijaos con qué detalle y claridad os escribo de mi propia mano.
  2. Los que os quieren obligar a circuncidaros, lo hacen únicamente para quedar bien ante los demás y sólo para no ser perseguidos por los hebreos por causa del kerigma sobre la cruz de Cristo.
  3. Esto se ve por el hecho que ni los mismos circuncidados guardan la Ley de Moisés; pero quieren que vosotros os circuncidéis la carne para presumir de que ellos os han convencido a hacerlo.
  4. Yo, por mi parte, sólo quiero presumir de la muerte en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por la cual el mundo está crucificado y mortificado para mí y yo gracias a la Cruz del Señor me he crucificado y mortificado para el mundo.
  5. Porque en la nueva situación de la salvación y de la vida espiritual, que ofrece el Cristo, da igual estar o no estar circuncidado; lo que importa es la nueva creación espiritual y el renacimiento para ser un hombre nuevo que se dona por Cristo.
  6. Paz y misericordia de Dios tendrán a todos los que seguirán y vivan conforme a esta regla y enseñanza de Cristo, como en general el nuevo Israel de la jaris, el laós-pueblo cristiano de Dios tendrá paz y misericordia.
  7. Que en adelante nadie me haga sufrir más, y me moleste por cuestiones de circuncisión y otros preceptos típicos y formales de la Ley, convenceos por lo que os digo, que bastante tengo con llevar marcadas en mi cuerpo las señales por la heridas que sufrí para el Jesús, el Señor y estas testifican mi fe pura y veraz a Cristo.
  8. Hermanos, que la χάρις jaris-gracia energía increada de nuestro Señor Jesús Cristo esté siempre con vosotros fortaleciéndoos en el progreso de vuestra vida espiritual en Cristo Dios-Hombre. Amén.

 

La Cruz de Cristo, nuestra eterna gloria.

 

El 14 de septiembre, queridos míos, nuestra Iglesia celebra la Exaltación universal de la Santa Cruz. Esto significa que, después de su hallazgo por la emperatriz Santa Elena, la Cruz preciosa fue elevada desde el ambón por el entonces Patriarca de Jerusalén, Macario, hacia el año 325.

Nuestra Iglesia, para otorgarle esplendor y honor, consideró la fiesta de la Santa Cruz como un eco de la Gran Cuaresma y del Viernes Santo. Por eso ayunamos ese día. Todos lo sabemos. Además, fijó la fiesta de la Metamorfosis cuarenta días antes de la Exaltación. Son cuarenta días, y crea así un reflejo de la Gran Cuaresma. El Nuevo Testamento escribe que la Metamorfosis tuvo lugar poco antes de la Pasión; es decir, pocos días antes del 15 del mes de Nisán, hacia mediados de febrero o marzo. Asimismo, la Iglesia estableció dos domingos, uno antes y otro después, con contenido himnológico y evangélico relacionado con la Santa Cruz. Así, estos dos domingos —el primero es hoy— se yerguen como columnas de honor y acompañamiento de la gran fiesta.

Si preguntáis por qué todo esto, la respuesta es que toda la teología de la agapi-amor de Dios por el hombre culmina en el sacrificio de la cruz de Cristo. Como lo escuchamos también en la lectura evangélica de hoy: «Porque tanto amó Dios al mundo —tan profundamente amó Dios al mundo— que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Ese “tanto amó” es inconmensurable.

Aún más: el centro del Evangelio es la Cruz de Cristo. Es el centro de la vida espiritual: la Santa Cruz. El centro —lo subrayo y lo repito— de la vida espiritual. Si no pones en tu vida como centro la Santa Cruz, es imposible comprender, y mucho más aún vivir, la vida espiritual. Lo que nosotros —permitidme decirlo— llamamos vida espiritual, muchas veces no es más que un barniz. No constituye realmente la vida espiritual. Porque, muy sencillamente, con frecuencia falta en todo ello el sentido de la Cruz. Si se elimina la Cruz, o la predicación sobre la Cruz, entonces no hay salvación.

Por eso escribe el apóstol Pablo en su Primera carta a los Corintios: «El logos de la cruz —logos quiere decir predicación, discurso—, la predicación de la Cruz, para los que se pierden es necedad —para aquellos que permanecen impenitentes y, por tanto, se condenan, la Santa Cruz es locura: “¿Cómo es posible que un Dios encarnado sea crucificado?” Y, además, para los judíos es escándalo. Porque, si es Yahvé, el Señor de la doxa-gloria, el Santo de Israel, como lo vio el profeta Isaías sentado en un trono suspendido, ¿cómo podría jamás llegar a la Cruz? Entonces, dicen, no lo es. Eso es un escándalo para los   judíos que les impide volver a Cristo; pero para los que se salvan, para nosotros, es poder y fuerza de Dios» (1Cor 1,18). Y, por supuesto, es también expresión del amor de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, es decir, del Santo Dios Trino.

Por la Cruz, queridos míos, retornamos al Paraíso perdido; que es símbolo de la renuncia al mundo, porque el mundo crucificó a Cristo. Y nosotros, si aceptamos la Cruz, en esencia permanecemos en la negación del mundo.

La Santa y Preciosa Cruz es también el símbolo del ascetismo. No dice el Apóstol a los Filipenses que algunos cristianos, «de los cuales su Dios es su vientre», es decir, su preocupación es qué comer, qué beber, y cómo satisfacer sus deseos carnales, y los llama «enemigos de la cruz de Cristo». ¿Por qué? Porque, sencillamente, han rechazado la ascética y, por ende, la Santa Cruz.

Además, la Santa Cruz de Cristo es el árbol de la vida. Recuerden que en el Paraíso, Dios, dice, plantó dos árboles. El Paraíso, les recuerdo, estaba en la Tierra. La palabra «Paraíso» es persa y significa «gran jardín». Estaba entre los dos ríos, el Éufrates y el Tigris. Entonces, dice que Dios plantó allí dos árboles. Uno era el árbol del conocimiento (gnosis) del bien y del mal. El otro era el árbol de la vida. Y les dijo a los primeros en ser creados: «No comeréis del árbol del conocimiento». Sin embargo, engañados por el diablo, probaron del fruto, a pesar de la advertencia de Dios que dijo: «El día que comáis de él, ciertamente por la muerte moriréis». Y Dios los expulsó del Paraíso. Ese lugar era una región. El resto de nuestro planeta se llamaba Tierra. Esa porción en la que vivían se llamaba Paraíso, símbolo del Βασιλεία (Vasilía: Reinado de la Realeza increada) de Dios. Hoy, si lo desean, ese lugar sería la región del actual Irak. Un símbolo. El árbol del cual fueron engañados y comieron su fruto los condujo a la muerte. El amor de Dios los expulsó para que no pudieran acercarse al árbol de la vida. Porque, como dicen los Padres, si el mal hubiera tocado el árbol de la vida, entonces el mal habría quedado inmortal. Así que Dios reservó el fruto del árbol de la vida para más adelante.

Y, ¿cuál es el árbol de la vida? Es, queridos míos, Jesús Cristo. O, si lo prefieren, es la Cruz. Y así como en el Paraíso colgaban los frutos del árbol de la vida, aquí es donde cuelga Cristo. Por lo tanto, si comemos el fruto de ese árbol y recibimos la orden, si no probamos el fruto de ese árbol de la vida, estamos pecando. Es lo contrario de lo que sucedió entonces. Es decir, ¿qué es el fruto? El cuerpo y la sangre de Cristo. Y con eso tenemos la vida, la vida eterna.

¿Vieron, entonces, cómo todo esto fue prefigurado, cómo preparó al hombre y la venida del Hijo de Dios con la Encarnación en este mundo? Debemos, por tanto, para vivir, comer el fruto del árbol de la vida; que repito es la Santa Cruz, sobre la cual está Cristo: Su cuerpo y Su sangre.

Un tal conocimiento de la Santa Cruz, todo lo que hemos dicho, nos revela la magnitud del amor de Dios. Y es la clave de nuestra reincorporación a la Βασιλεία (Vasilía: Reinado de la Realeza increada) de Dios. Así, regresamos a la Βασιλεία de Dios. Pero la Βασιλεία de Dios es mucho mejor y mucho más feliz que el antiguo Paraíso. Es Βασιλεία de la inmortalidad y la incorrupción; como dice el apóstol Pablo a los Gálatas: «Para mí», dice, «no me dé doxa-gloria en nada. Mi doxa-gloria es la Santa Cruz», dice Pablo, «sobre la cual murió Jesús Cristo, mi Señor». A través de esa Cruz, «para mí el mundo ha sido crucificado y yo para el mundo». ¿Para el mundo? He muerto para el mundo. No soy más vivo para el mundo». Se entiende por «mundo» la mentalidad mundana, lo que critica en su carta a los Filipenses, como mencioné antes, «de los cuales su Dios es su vientre», y no se preocupan por nada más… No. «La mentalidad de la carne, la mentalidad del mundo, pensar de manera mundana, eso, para mí, Pablo, está muerto. Y yo he muerto para el mundo». Esto es muy importante. Nos abre el camino para vivir lo mismo. Así que la doxa-gloria de Pablo, y de hecho su única doxa-gloria, es la Cruz de Cristo. ¡El Cristo crucificado! Porque, saben, muchas veces nos avergonzamos de decir que veneramos a un Dios crucificado.

San Cirilo de Jerusalén, en sus Catequesis, específicamente en la 13ª, se refiere a la Santa Cruz. Podemos tomar una pequeña selección de lo que dice sobre la Santa Cruz. Presten atención. Escribe: «La doxa-gloria de la Iglesia universal y toda obra de Jesús es doxa-gloria, pero la doxa-gloria de todas las doxas-glorias es la cruz». Cada acción de Jesús es para la Iglesia una doxa-gloria. Pero la doxa-gloria de las doxas-glorias es la cruz.

Y señala que, por eso, San Pablo decía que su doxa-gloria era la cruz. Y añade: «Y no te sorprendas de lo que te digo: si todo el mundo fue redimido por medio de la Cruz», dice, «es porque, sencillamente, Aquel que fue crucificado no era un simple hombre —“simple” con iota, repito—, es decir, un hombre desnudo, mero hombre. ¿Sino qué era? El Hijo de Dios, que se hizo hombre, el Unigénito, Él mismo, que muere por todos».

También escribe San Cirilo: «No nos avergoncemos de la cruz de nuestro Salvador, sino más bien, gloriémonos en ella».

¿Han visto cómo cambian las cosas? ¿Han visto cómo el diablo ha logrado que escondamos nuestra cruz, para que los demás no nos vean y no digan que… hmm, que somos cristianos? Pero, ¿no fuiste bautizado? ¿No eres cristiano? ¿Por qué escondes esta identidad? Como mencioné recientemente, y lo he dicho muchas veces, cuando pasan cerca de una Iglesia, hacen la señal de la cruz bajo su chaqueta. Fuiste invitado, querido amigo, a una mesa diplomática, que está… eh, ¿quiénes están allí? – claro, algunos creen, otros no creen -, tú haces la señal de la cruz y comienzas a comer. Fuiste al restaurante, ¿quién hace la señal de la cruz en un restaurante? Pero ¿por qué? Recibimos el beneficio, es decir, la comida, pero rechazamos la confesión. ¿No es esto inconsistente, incoherente? ¿Qué haremos? Haremos la señal de la cruz. Y diremos la oración. El «Padre Nuestro», por ejemplo, si es mediodía. Así dice San Cirilo, que no debemos avergonzarnos de la Santa Cruz, sino que debemos confesar a Cristo a través de la Santa Cruz.

Y continúa: «Confieso la cruz, porque he visto y conozco la resurrección», dice San Cirilo: «Confieso a Cristo, no me avergüenzo. ¿Por qué? Porque siguió la Resurrección». «Porque si Él no hubiera resucitado, entonces quizás no habría confesado y me habría avergonzado, porque mi Maestro murió en la cruz». Y fue considerado, después de todo, incluso siendo crucificado entre dos ladrones, quizás como un gran criminal. ¿Quién sabe cómo? Pero como siguió la Resurrección, ¿por qué esconder la confesión de que creo en el Señor Jesús Cristo, el Crucificado? – «Después de la resurrección, la cruz se ha convertido en un signo de doxa-gloria, y no me avergüenzo de narrar la crucifixión de Cristo».

Continúa San Cirilo: «Si alguien no cree en el poder del Crucificado, que observe lo que hacen los demonios ante Cristo». Este es un buen argumento, aunque indirecto. «Si alguien no cree en el poder de Cristo, que vea lo que hacen los demonios cuando se enfrentan a Cristo». Repito, es una prueba indirecta. No deberíamos quedarnos ahí. Pero, en tales circunstancias, por permiso, podemos también detenernos allí. «Si alguien no cree en las palabras, que crea en los fenómenos». ¿Qué quiere decir con esto? Como el fenómeno del espiritismo, donde los demonios se alejan. Ha sucedido muchas veces. Una señora, un hombre, van a un médium, a una mesa espiritista. Y allí – ¡oh, qué increíble! – supongamos que es una mujer la que es médium. Médium significa «intermediario». Ella les dice inmediatamente: «Señora, saque el crucifijo que tiene en su cuello».

¿Por qué?

Porque los demonios le han informado que no revelarán nada si su cliente no quita el crucifijo.

«¿No es esto una prueba de que los demonios se aterrorizan ante la cruz de Cristo?», dice.

Además, como ocurre con los hechizos y las artes malignas del diablo. Todo esto muestra que, cuando llevamos la Santa Cruz, fulminamos a los demonios.

Así como sucedió una vez con aquel endemoniado o con los endemoniados: «¿Τί ἐμοί καί σοί, Ἰησοῦ υἱέ τοῦ Θεοῦ;» —«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús, Hijo de Dios?» (Mt 8,29). ¿Ven cómo tiemblan los demonios? No solo entonces, en el Evangelio que está escrito, sino también ahora, hoy, como les he explicado. Si vas a la bruja, te dirá que te quites la cruz que llevas o cualquier otro signo.

Y continúa, san Cirilo, fueron crucificados en todo el mundo, muchos». Era, además, el modo romano de ejecutar a los condenados. Romano. «Pero a ninguno de ellos», dice, «temieron los demonios».

«Pero ante Cristo, que fue crucificado por nosotros, con solo ver la señal de la cruz, los demonios huyen despavoridos». Corren y se van. Basta que vean la cruz, aunque no vean al mismo Cristo.

Todo esto, ¿qué significa? Y prosigue: En efecto, cuando dice «κατὰ ἀλήθειαν según la verdad», significa realmente que murió en la Cruz. No fue una muerte aparente en la Cruz. Por eso mismo lo dice el Apóstol Pablo: que «murió bajo Poncio Pilato», realmente, fíjense bien, «según las Escrituras». Esto lo tomamos nosotros y lo tenemos en el Credo: tal como lo dicen las Escrituras. Murió de verdad.

«La cruz no fue una apariencia», dice, «porque, de ser así, también la redención sería una apariencia, una fantasía. La muerte no fue imaginaria, porque entonces también la salvación sería un mito».

«La pasión, pues, fue verdadera. En verdad fue crucificado, y no nos avergonzamos de decirlo». «Fue crucificado, y no lo negamos, sino que más bien nos gloriamos en decirlo».

«Porque, si ahora lo negara, me acusaría este mismo Gólgota, junto al cual todos nosotros nos encontramos ahora». Como saben, san Cirilo de Jerusalén fue obispo de Jerusalén; esto lo escribe hacia el año 350 d.C., y dice: «Aquí, cerca de nosotros, está el Gólgota». ¡Impresionante parádosis (entrega, transmisión, tradición), de que Jesús murió en la Cruz! Etc…

«Me acusa la madera de la Cruz», que había sido hallada por santa Elena apenas 25 años antes. «Me acusa la madera de la Cruz, que fue cortada en pequeños fragmentos y distribuida por toda la tierra». Hoy, el mayor trozo de la Santa Cruz se encuentra en el Monte Athos.

«¿Quieres ver claramente que la cruz es la doxa-gloria de Jesús?» Escucha lo que Él mismo dice: «Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado» (Jn 12,23). Y lo decía a sus discípulos poco antes de ser crucificado. «¿Ves cómo reconoce como propia doxa-gloria la cruz?»

Si Él, pues, la consideró doxa-gloria, porque hacía la voluntad del Padre y por la Cruz salvaba al mundo, ¿yo por qué voy a avergonzarme?

Queridos, el Apóstol Pablo escribe: «He sido co-crucificado con Cristo». Y si la Cruz es la doxa-gloria de Jesús, también quien se crucifica con Jesús es co-glorificado con Él. Todos los santos llevaban la cruz. Y todos fueron glorificados. Nuestra doxa-gloria, pues, es la cruz de Cristo.

Hoy, como les dije, muchos, por desgracia, reniegan de la cruz, porque reniegan de Cristo. Así, nuestra confesión y nuestro orgullo por la cruz de Cristo nos coloca espiritualmente en la época de Pablo y de los primeros mártires. Expresión de esta doxa-gloria y de esta jactancia es hacer la señal de la cruz (santiguarse) correctamente.

Hace un rato vino aquí a comulgar un señor… una caricatura de la cruz… Queridos míos, haremos bien la señal de la cruz, correctamente. ¿Oyeron? Correctamente. Se ha convertido en una caricatura. Y se hace así, como queriendo siempre esconder que hemos hecho la señal de la cruz.

Así, pues, haremos la señal de la cruz en todo lugar y tiempo, a la vista tanto de creyentes como de incrédulos.

Y así, concluyamos con las palabras apostólicas de hoy, las que dijo Pablo: «En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme en otra cosa que no sea en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo!» (Gal 6,14). Amén.

Leer también: https://www.logosortodoxo.com/la-cruz-de-cristo-y-su-importancia-en-nuestra-vida/ por † Yérontas Gheorgios Kapsanis, Santo Monasterio Grigoriu de Athos

PARA GLORIA DEL DIOS TRINO Y SANTO

y con infinita gratitud a nuestro guía espiritual, el bendito yérontas Atanasio Mitilineos, trascripción de la grabación de su homilía a texto electrónico y edición: Eleni Linardaki, filóloga. Homilía del pronunciada en el Monasterio Sagrado de Komnineo, Larisa, 10-9-2000. Fuente: http://www.arnion.gr/mp3/omilies/p_athanasios/omiliai.gr/

Traducción Χρῆστος Χρυσούλας Jristos Jrisoulas https://www.logosortodoxo.com/

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