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feb 21 2014

La importancia de la Nipsis en la lucha por la Zéosis

monaxos2

Domingo de san Gregorio Palamás 2006.

Venerable,

Nos encontramos en el templo Santo de nuestra Panayía (Santísima o Todasanta), la cual primera subió la escalera entera de las virtudes y tal como dice san Gregorio Palamás en su homilía, “isodia-introducción al templo de la Zeotocos”, la Panayía nos ha enseñado el modo o método de nuestra unión con Dios.

También nuestra Iglesia hoy festeja la memoria de san Gregorio Palamás, del cual su gran obra consiste, en que cimentó teológicamente la tradición hisijasta de nuestra Iglesia, recapitulando todos los santos Padres de antes que él, y discernió en Dios la Esencia (usía, sustancia o esencia increada) y las Energías en Increadas. Así se hizo el muro, tanto frente al racionalismo Occidental, como también frente a los teólogos noisiárjicos (con base y principio el espíritu humano) Orientales.

Confío en las intercesiones de nuestra Panayía, en las bendiciones de san Gregorio Palamás y en las bendiciones de mi Yérontas Georgios, de manera que mi homilía sobre el tema: “La importancia de la nipsis en la lucha para la zéosis”, sea para la edificación y beneficio de todos nosotros.

1. EL CAMINO DE LA ZEOSIS

El Dios ha creado al hombre como imagen y semejanza Suya. Le dio el poder, si obedeciera a Su divina voluntad, en participar de Su Luz (increada) y tener kinonía (comunión, unión y conexión) con Él, recibir la zéosis y convertirse en Dios por la jaris (gracia, energía increada). El pecado de la desobediencia interrumpió su camino hacia la zéosis. Cuando Adán infringió el mandamiento de Dios, murió, tal como se le había avisado. Primero fue la muerte psíquica y después la muerte corporal (somática). La muerte psíquica fue su separación de Dios.

La psique del hombre es divino-creada. El Dios la dotó con fuerzas psíquicas, el nus, el logos, el sentido o sensibilidad, los cuales componen esto que llamamos corazón (psicosomático) del hombre. Antes que el hombre pecase, sus fuerzas psíquicas estaban sanas, claras y veían espiritualmente con el nus a Dios, sentían a Dios y el hombre se comunicaba, conectaba con Él. Pero cuando estas fuerzas o energías se oscurecieron por el pecado, dejaron ya de ser iluminadas por la Luz (increada) de Dios y así el hombre perdió su consuelo y alivio y se sintió desnudo. Su alegría ya fue convertida en pasado, siguió el dolor, el sufrimiento, la tristeza y la pena. El hombre lloraba del paraíso perdido. Para consolarse y aliviarse, giró su nus hacia fuera y desarrolló una relación pasional o maligna hacia la creación, para encontrar lo que ha perdido. Pero en vez de alegría, vendimió esfuerzo y cansancio. Autonomizó su lógica, investigó la creación y edificó ciencias, pero allí tampoco encontró descanso (espiritual y psíquico). Especialmente resbaló a la exaltación, a la soberbia y a la arrogancia observando con altanería las obras de sus manos. Se impresionó de la belleza de su nus, que por su naturaleza tiene la luz natural espiritual, y creyó por eso que es Dios. ¡Esjatos o extrema caída!

Esta fue, en pocas palabras, la imagen del hombre caído, hasta que vino “la Luz, la que ilumina, diviniza y santifica a todo hombre que viene al mundo” (Jn 1,9). El Señor Encarnado con Su Crucificante sacrificio nos ha rescatado de la maldición del pecado y con Su Resurrección mortificó la muerte y nos resucitó. Ha dado otra vez el poder y la posibilidad caminar al sendero de la Zéosis, en aquellos que con paciencia luchamos dentro de la Iglesia y constituimos Su Cuerpo teantrópino (divino-humano),.

¡Agradecemos al Señor por el regalo de nuestra propia creación, pero infinitamente más, le agradecemos por el regalo de nuestra creación divina, y el origen divino!

¿Y cuál es el camino que conduce a la Zéosis?

Es el camino de la obediencia a la voluntad de Dios, de la aplicación y el cumplimiento de Sus divinos mandamientos. En este camino, nos ayuda eficazmente la lucha para el regreso del nus al corazón y de allí su subida a Dios. Es la lucha que no hizo el primer hombre en ser creado.

Esta lucha no es fácil, como los ejercicios corporales. Es dificultosa, porque nuestro regreso hacia Dios lo impide contraatacando nuestro enemigo, el diablo, el cual intenta atraernos hacia abajo, mediante los loyismí y las fantasías.

Esta guerra parece dura y difícil, pero, como dice el Apóstol Pablo, nos hemos armado con armas adecuadas para llegar al final: “Porque aunque caminamos en la carne, no militamos según la carne. Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas ante Dios, para derribar fortalezas, destruir malos loyismí y toda altanería que se levante contra el conocimiento de Dios y someter todo concepto a la voluntad de Cristo” (2ªCor 10,3-6). El Apóstol Pedro también dice: “Por eso, estad preparados, ceñidos vuestros lomos y estando en nipsis, tened vuestra esperanza en la jaris (gracia, energía increada) que se os dará el día de la revelación de Jesús Cristo” (1ªPed 1,13). Esta lucha espiritual la describe muy bien el bienaventurado Yérontas Paisos: “El hombre cuando empieza hacer trabajo interior, se observa a sí mismo e intenta expulsar los malos loyismí y cultiva los buenos. Continuando este esfuerzo, después de cierto tiempo llega a tener sólo buenos loyismí. Del espacio del tiempo que tenía los malos loyismí en el mundo, dependerá también el tiempo que necesitará para que se vayan. A continuación, poco a poco, cesan también los buenos loyismí y llega a un vaciamiento.  Entonces pasa un período que no tiene loyismí ni buenos ni malos. Esta fase trae una preocupación en la psique y el hombre empieza a preguntarse: “¿qué pasa, qué ocurre ahora?, tenía malos loyismí y se fueron y vinieron los buenos. Ahora no tengo ni buenos ni malos. ¡Después del vaciamiento se colma el nus de la divina Jaris (energía increada gracia) y viene la Divina iluminación! (Logos del P. Paisios el Agiorita, tomo 3º)

2. LA ESENCIA DE LA NIPSIS

La lucha para el regreso del nus al corazón, de acuerdo con la terminología patrística, se llama trabajo noerá y contiene la nipsis y la oración noerá (o del corazón o de Jesús).

La nipsis es una lucha que se desarrolla en dos estadios. El primer estadio es el que concierne la catarsis, sanación y clarificación del nus. El nus se sana y se clarifica fácilmente, pero también se mancha fácilmente. Se sana y clarifica cuando nos ocupamos con el estudio y lectura de las Santas Escrituras y la obras de los Santos Padres, cuando nos esforzamos en el ayuno, la vigilia, la hisijía y cuando evitamos las compañías que afectan nuestra psique. Al contrario se mancha, cuando cultivamos loyismí malignos o cuando por nuestros sentidos recibimos y tomamos las impresiones exteriores pecaminosas. Son aquellas que a la hora de la oración, siempre vienen en nuestro nus y nos impiden hacer la oración con claridad. El evitar, pues, las representaciones exteriores y la autococentración del nus, consisten el primer estadio del trabajo níptico.

El segundo estadio concierne la sanación y limpieza del corazón. Consiste en la recogida del nus y su bajada al corazón, donde armado con la oración: “Señor Jesús Cristo, eleisón me que soy enfermo (pecador)”, permanece como un vigilante guardián e impide la entrada de cada maligno loyismós y fantasía. En esto exactamente consiste la esencia del trabajo espiritual, el cual tiene como objetivo la apacia (sin pazos). Este trabajo es laborioso, de largo tiempo, pero también productor de muchas bendiciones.

Ahora podemos definir qué es nipsis. Según san Juan el Crisóstomo: “Nipsis es intensificación de la guardia y alerta”. (Homilía 9, en 1ª Tesalonikenses). Nipsis es aplicación y cumplimiento de cada mandamiento de Dios y adquisición de cada virtud. Según san Hisijio el Presbítero, en la Filocalía t.1º, la nipsis, dice que se llama hisijía (paz y serenidad) del corazón. San Hisijio asemeja la nipsis con el trabajo de la araña. La araña teje su telaraña, que simboliza el conjunto de las fuerzas psicosomáticas del hombre y la misma, como nus, acecha cuando va aparecer algún insecto, es decir, algún loyismós maligno para mortificarle.

3. EL TRABAJO DE LA NIPSIS.

La máquina asediadora que utiliza el diablo para destruir y arruinar la psique, son los loyismí y las fantasías. Cuando un loyismós pecaminoso viene al nus, esto se llama ataque y constituye el primer estadio del desarrollo de la tentación. El ataque no se considera como pecado, porque es obra del diablo y de nuestra voluntad.

El siguiente estadio es la combinación. La imagen o fantasía hedónica que continúa, ocupa al nus y empieza el diálogo con el aparecido loyismós, sea apasionadamente o malamente, sea tranquilamente sin pasión. Esta postura se considera como media caída, porque también entonces el nus se ha dañado, porque el diablo le ha manchado. Es decir, como dice el Padre Paísios: “Buenos días, que tal. Bien. Siéntate, te invito. ¿Ah, eres el diablo? Vete, rápidamente”. Puesto que has visto que es el diablo, ¿por qué le metes dentro? Le has invitado y volverá.”

Continúa el consentimiento. Es decir, el giro hedónico de la psique al loyismós. Aquí hay pecado. Sigue el aprisionamiento, donde el loyismós domina al nus y la voluntad del hombre. Finalmente queda la praxis, la cual cundo tenga la oportunidad se realizará. Y cuando la praxis se repite y queda mucho tiempo, tenemos el pazos, el cual por la costumbre repetida mucho tiempo, hace que la psique se entregue sólo en esto.

Cuando ejercitamos el trabajo níptico, intentamos, con un movimiento voluntarioso, a rechazar el maligno loyismós. Los Santos Padres aconsejan que le rechacemos inmediatamente, cuando se encuentra al primer estadio del ataque. Si con la ayuda de la oración, lo hemos conseguido, el pecado se detiene. De otra manera se necesita la metania (confesión).

La constante guardia y atención para rechazar el loyismós es exactamente la nipsis. El profeta David la describe muy característicamente: “Hija de Babilón desdichada… bienaventurado el que te devuelva el mal que nos hiciste; dichoso el que estrelle tus niños contra las piedras, (Sal 136, 8-9). Hija,o de Babilón es el pecado. Dice el Salmista que es bienaventurado aquel que capturará los niños del pecado, es decir, los loyismí, y los destruya encima de la piedra, que es el Cristo, implorando Su ayuda con la oración de Jesús: “Señor Jesús Cristo, eléison me que soy pecador o enfermo”

Hay también un segundo modo de afrontar los loyismí, el llamado “poner pegas”. En este caso afrontamos el loyismós con el diálogo. Pero un principiante, aunque su voluntad sea contraria al loyismós, no se beneficiará de este método. Al contrario, se cansará mucho, porque, si pone un argumento contra el loyismós, el diablo le traerá diez más y por la experiencia de muchos siglos que tiene, provocará perjuicio y desastre. De todos modos no saldrá claro, ni limpio. El método de “la pega” se aplica sólo por los perfectos. Este método utilizó también el Señor en las tres tentaciones que tuvo en el desierto.

Al primer estadio de nuestra vida espiritual se requiere mucho trabajo níptico, que es la catarsis (sanación, terapia), y también para el segundo estadio que es la iluminación-la apacia. A partir de allí empieza el tercer estadio del perfeccionamiento o contemplación-zeoría, el hombre vive dentro de la Jaris (gracia increada) de Dios. Pero, también en el caso de los perfectos, cuando la Jaris (energía y luz increada) retrocede, otra vez se necesita nipsis.

4. LA NIPSIS ES TRABAJO DE TODOS LOS CRISTIANOS.

Algunos sostienen que la nipsis y la oración noerá es trabajo sólo para los monjes. Pero la nipsis es una virtud que puede hacerse propiedad de cada creyente, “porque es la voluntad de Dios para todos y una fructificación espiritual que es requerida para todos nosotros.”

Os recordaré un acontecimiento conocido de san Gregorio Palamás, relativo con el hisijasta Job, en la skiti de la ciudad de Veria. San Gregorio dialogando con Job, decía que cada cristiano siempre debe luchar y orar incesantemente, tal como nos lo pide san Pablo: “Orad incesantemente”. Pero Job lo consideró como novedad y empezó a contradecir a san Gregorio Palamás, diciendo que la nipsis y la oración incesante son sólo para los monjes y los ascetas que están fuera del mundo y las preocupaciones, y no para los laicos que tienen tantas preocupaciones. El divino Gregorio evitando la charlatanería y la discusión se calló, y se fueron cada uno a su kelia o celda. Cuando Job estaba orando, apareció un Ángel del Señor, el cual le recriminó porque había discutido con san Gregorio Palamás y negaba que la incesante oración noerá o de Jesús es sanadora y salvadora para todos los cristianos. Pero también Constantino, el padre de san Gregorio Palamás, aunque era de un grado alto dentro de la corte del rey Andrónico, a la vez hacia el ejercicio de la oración noerá o de Jesús. Las preocupaciones gobernativas del imperio no le impedían en su trabajo níptico. Durante las reuniones del consejo de ministros cuando era captado como distraído, el mismo emperador decía: “El bienaventurado Konstantino tiene sus propias inquietudes y ellas no le dejan estar atento a nuestras palabras. El nus de él está fijado a las cosas verdaderas y celestes y por ellas se olvida de las terrenales, porque su oración entera está en la oración de Dios.

5. Presuposiciones y condiciones para la consecución o apropiación de la nipsis.

5.1 NIPSIS Y ORACION

Tal como dijimos anteriormente la nipsis y la oración requieren el trabajo de la Sagrada Hisijía, la cual según san Basilio es “el principio de la catarsis” (2ª Epístola). La nipsis no se puede entender sin la oración, tampoco la oración sin la nipsis. No podemos ir a la guerra sin cuidado, sin nipsis y desarmados, es decir, sin oración. Porque en la guerra contra nuestros loyismí pecaminosos, tenemos en frente al diablo, el mundo y nuestro sí mismo apasionado y maligno, y se impone cocaminar juntas la oración y la nipsis. Esto lo pide el Apóstol Pablo, cuando dice: “Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir de las insidias del diablo… por eso tomad la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día del astuto maligno… en permanente oración y súplica…(Ef 6, 11-18).

En esta guerra por muy fuertes que seamos, no podemos vencer solos. No es posible de resistir sin la nipsis y sin la imploración del Divino Nombre. La oración monóloga junto con la nipsis que sean nuestras armas invencibles contra el eterno enemigo.

Esto es el poso y resultado de la experiencia espiritual. Tal como también dice el bienaventurado Yérontas Máximo del monasterio de Ibiron de Athos, sugería a los creyentes que iban a pedirle consejos: “Hace falta atención y oración.”

La nipsis ayuda mucho, de manera que nuestra oración se haga de forma correcta. Sin nipsis, la oración puede caer en una fantasmología, ensoñación o alucinación. O posiblemente en una oración intelectual, durante la cual nuestra atención se concentra al enkéfalos o mente-cerebro creando teorías y filosofías.

5.2 NIPSIS E HISIJIA

En el trabajo de la nipsis nos ayuda mucho la hisijía, tranquilidad, (aquí en este caso nos referimos a la falta de ruidos). Los ruidos traen disgregación de la atención. Para nosotros, los principiantes, es difícil vivir la vida espiritual encontrándonos en un ambiente con ruidos. Algunas veces los hombres que no hacen vida espiritual, cuando tienen ocasión se van al aire libre al campo o montaña, para que se clarifiquen un poco sus mentes o cerebros.

Pero la hisisjía sin nipsis provoca aburrimiento, tedio. Hisijía con nipsis y oración es el camino más perfecto, que nos une con Dios. Nos ayudará mucho al principio aunque sea por poco, tranquilizarnos en nuestra habitación y allí solos con Dios, ofrecemos nuestro culto lógico-espiritual, vigilando nuestros loyismí o pensamientos y reflexiones, y pidiendo con la oración la misericordia de Dios. De esta manera pronto adquiriremos la buena costumbre y comprobaremos que “el Dios no está lejos de nosotros”. Puede ser que estemos en el centro de Atenas o de Barcelona y que tengamos la sensación que nos encontramos en el desierto más profundo de la Santa Montaña. El Yérontas Porfirio celebraba el oficio diario cerca de la plaza céntrica de Atenas, Omonia y se sentía que se encontraba en Kafsokalibia de la Santa Montaña. La hisijía y la nipsis traen la mortificación del mundo, que no es que uno se aleje corporalmente de la relación apasionada de la cosas del mundo, sino que no desee algo de los bienes del mundo.

También cuando estamos en hisijía concentrar a nuestro nus e investigar mejor las profundidades de nuestro corazón. De esta manera descubrimos nuestros defectos y debilidades, los cuales en un ambiente de ruidos no se pueden captar por las antenas de nuestra conciencia.

Así que, hisijía y nipsis inducen a nuestra metania y no nos dejan tener cheques impagados en el día de la krisis (juicio).

5.3 NIPSIS Y ESFUERZO

Si los bienes se adquieren con esfuerzos, como no las donaciones de Dios que son eternas e incorruptibles. Para que adquiramos la nipsis se requiere paciencia y esfuerzo, tal como dice también el lema Patrístico: “Dad sangre y recibid espíritu”, porque es por naturaleza imposible que una cosa incorpórea, como por ejemplo el nus, que sea delimitado dentro del cuerpo. Pero todo es posible para aquel que ha adquirido en su interior a Dios, (San Juan Clímaco, logos 26º, sobre discernimiento). Realmente nuestro nus muy fácilmente se esparce hacia el exterior. Debemos estar siempre en atención para hacerle regresar rápidamente, porque si se acostumbra a estar fuera es muy difícil recogerle. Este continuo intercambio cansa. Muchas veces trae hasta decepción. Pero no perdamos nuestra paciencia hasta que saboreemos las primeras donaciones de Dios, para que nuestro nus se endulce de ellas. Que conozcamos, pues, que nuestro esfuerzo es premiado con la claridad de los loyismí (pensamientos, reflexiones), cara lúcida, gnosis (increada) de Dios y experiencia de la Divina Luz increada (Zéosis).

¿De verdad, queremos subir al cielo, y que seamos portadores de la bienaventuranza, la comunión con los Ángeles y los Santos, unirnos con Dios, heredar Su realeza, la Vida inmortal y nos acobardamos porque se requiere esfuerzo, ejercicio, ascesis o privación de algunos “bienes” terrenales? ¿Cuántas veces para la adquisición de cosas mundanas ponemos en peligro nuestra vida? ¿Por qué, si mientras no nos acobardamos para esfuerzos vanos, nos entristecemos y sufrimos cuando nos esforzamos un poco para las cosas celestes?.

El Yérontas Paisios que ha visto la megalomártir Santa Efimía, describe de la siguiente manera el anhelo de ella para más martirios por la gracia de Cristo: “…Después me narró su vida. Sabía que hay una santa Efimía, pero no conocía su vida. Cuando me narraba sus martirios, no los escuchaba simplemente, sino que los veía, los vivía. ¡Me aterroricé!

-La pregunté: ¿Cómo has aguantado este tipo de martirios?

-Si supiera la gloria que tienen los Santos, haría lo que fuera posible para pasar aún mayores martirios”. (Monje Isaac, Vida del Yérontas Paisios). Pues que sea para consuelo y alivio nuestro el logos divino de la Santa.

Más, que conozcamos que la paciencia y la persistencia en la lucha para la estabilización de la virtud de la nipsis trae el buen hábito, que con el paso del tiempo se convierte en nuestra segunda naturaleza y nos hace difíciles de movernos hacia el mal.

5.4 NIPSIS Y PREOCUPACIONES

Es verdad que la nipsis y las preocupaciones no coexisten fácilmente. Quizá preguntaréis: Estamos en el mundo y tenemos necesidades, obligaciones y preocupaciones. ¿Cómo tendremos la nipsis?

Realmente hay necesidades, obligaciones y preocupaciones. Pero nadie duda de esto. Pero, preguntémonos cuántas de estas sobran y son vanas. Por lo tanto, ¿cuál es la medida? El Apóstol Pablo nos lo muestra: “Porque nada hemos traído al mundo y nada podemos llevarnos de él; Teniendo alimentos y ropas, estemos contentos con eso” (1ª Tim. 6,7-8).

Es decir, que nos bastan las cosas necesarias. Una jerarquización de nuestras ocupaciones es necesaria, pero tal como el Cristo quiere. Y qué quiere el Cristo: “Pedir primero la realeza de Dios y Su justicia, y todo lo demás se añadirá en vosotros” (Mt 6,33). Recordémonos las cinco vírgenes tontas, las cuales tenían una indiferencia y no estaban en alerta y fueron juzgadas. Por eso el Señor dijo: “Estad en alerta”.

Aún, es característico el caso de Marta y María. ¿Qué elogió el Señor, la preocupación de Marta o la mejor parte que había escogido María? Vamos a cerrar, pues, el tema sobre las preocupaciones e inquietudes en relación con la nipsis, con los logos catalizadores de nuestro Señor: “Estad atentos. No sea que se emboten vuestros corazones por el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y de repente venga sobre vosotros aquel día como una trampa, porque vendrá sobre todos los hombres que habitan en la tierra; velad o estad en alerta, pues, en todo tiempo y orad, para que podáis evitar todo esto que ha de venir, y comparecer ante el Hijo de hombre”, (Lc 21, 34-36).

Aquí hay que estar atentos en algo muy importante. Algunos de nosotros ocurre que tengamos ocupaciones muy necesarias que nos desaniman y no nos dejan tiempo para el trabajo níptico. Pues, que no nos decepcionemos. Aunque nos estemos “ahogando” dentro de preocupaciones necesarias, que por agapi sacrificante nos hemos hecho responsables, el Cristo no nos estará privando Su Jaris. A menudo algunas psiques piadosas se preguntan qué pasará de ellos, puesto que no pueden hacer sus oraciones básicas. Debemos saber que, cuando por la agapi a Cristo, nos sacrificamos para nuestro prójimo (nuestros hijos, nuestros parientes enfermos), entonces dentro del mandamiento de la agapi, como dicen los Santos Padres se encuentra el Mismo Cristo. En todos Sus mandamientos se encuentra el Cristo. Aplicando y cumpliendo cada mandamiento, ganamos a Cristo, nos unimos a Cristo, disfrutamos de la Jaris de Dios y nos deificamos.

5.5 NIPSIS Y MEMORIA DE LA MUERTE

La muerte es el único acontecimiento cierto y seguro de nuestra vida. Si nos acobardamos delante de ella, es natural. Si templamos significa que tenemos pecados que nos pesan. Los malos loyismí (pensamientos y reflexiones) cuando los hemos ensomatizado en nuestro interior provocan la muerte lenta de la psique.

El luchador de la Realeza de los Cielos quiere tener en su interior vida y conoce que, para protegerse de los pazos mortales y especialmente de la soberbia y el orgullo, debe bajar su nus al Hades, (el extremo máximo de la nipsis). Allí llora, se arrepiente y tiene esperanza que el Dios le levantará. La experiencia de la memoria de la muerte junto con la nipsis, nos liberan de los pazos duros, como el orgullo, porque nada puede resistir al fuego de la memoria del infierno, donde todos los pecados se funden y la psique se limpia y se sana. Después de este baño, el Dios nos sube hasta el tercer cielo.

Ejemplo clásico de este tipo de atleta heroico es san Siluán el Athonita. Conocemos de la vida de este gran trabajador de vida níptica y de oración noerá, que el Señor se le apareció para ayudarle a liberarse de los loyismí del orgullo y le dijo: “¡Mantén tu nus al hades y no desesperes!”, él lo aplicó enseguida con lucha valiente.

Las virtudes de la nipsis y la memoria de la muerte engendran y generan una a otra.

5.6 NIPSIS Y CELO O AFÁN ESPIRITUAL

El afán o celo es un anhelo incesante que arde en nuestra psique y la hace lanzarse hacia lo anhelado, desafiando los peligros y venciendo la flojera o languidez, cuando la psique está acogida de tristezas, sufrimientos y tentaciones. El celo se parece con el perro que cuando de lejos percibe algo extranjero, inmediatamente ladra y de este modo avisa a su dueño, (en este caso al nus), que vaya con cuidado. El celo es el vigilante o guardián de la ley de Dios.

La nipsis, que es una vigilancia intensiva de los loyismí del nus, es ayudada mucho del celo espiritual, porque fácilmente escudriña y expulsa los malignos loyismí. Mas, la nipsis con la ayuda del celo resiste a los tres gigantes enemigos malos astutos que tiene el diablo como esjatos-extremas armas contra el hombre, es decir, el olvido, la ignorancia y la acedia (pereza o desgana para lo espiritual).

EPILOGO

La esencia de la vida espiritual es la nipsis y la oración. Vivimos en una época que la cualidad característica es la pereza espiritual, la cual nos conduce al vacío espiritual. El hombre con sus muchas actividades intenta cubrir este vacío invirtiendo en lo que le ofrece la sociedad consumista. Intenta satisfacerse con lo más nuevo que produce y lucha con todas sus fuerzas para conseguirlo. Al final siempre recoge decepciones y tempestades. Esencialmente vive el drama del Sísifo. (Sísifo, dentro de la mitología, hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia. Como castigo, fue condenado a perder la vista y empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, y así indefinidamente).

Pero nosotros fuimos rescatados de la maldición y la muerte por la Santísima Sangre de nuestro Señor Jesús Cristo. Él nos amó con una agapi (amor) infinita. Realmente “nadie tiene mayor agapi que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). ¿Qué pide Cristo de nosotros? Que correspondamos a Su agapi cumpliendo Sus mandamientos. “Si me amáis cumplid mis mandamientos” (Jn 14,15) y “Sus mandamientos no son pesados o duros” (1ªJn 5,4). Con el arma de la agapi divina al prójimo y a Dios, que empecemos la humilde lucha de la nipsis. Y cuando nuestro loyismós se va de Cristo, que es muestra de la imperfecta agapi que tenemos hacia Él, pues, que le hagamos regresar rápidamente en la fuente de la Vida Inmortal. Porque el Dios es puro y santísimo y, sólo cuando hayamos sanado y limpiado el nus, mediante la nipsis y la oración, entonces, “Le contemplaremos a Él tal como es”. Pues, que no nos engañe el mundo con las cosas que nos ofrece, porque tenemos la experiencia de que no valen.

Venerable,

bendíganos para que caminemos nosotros también al camino de la zéosis, por la intercesión de la Señora Zeotocos, de san Gregorio Palamás de quien su memoria festejamos hoy, y de todos los Santos, para que nosotros también seamos dignos de descansar a la sin ocaso Realeza (luz increada) de la Santa Trinidad.

Homilía del padre Gregorio, monje del Santo Monasterio de san Gregorio de Athos.

En el Santo Templo de la Panayía de la ciudad de Kozani.

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