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may 29 2017

El Misterio del Pentecostés

 

Pentecostés

 

Cristo después de Su Ascensión en los cielos, según Su confirmación, cincuenta días después de Su Resurrección y el décimo día después de Su Ascensión, ha mandado el Espíritu Santo, el cual procede sólo del Padre.

El Mismo Cristo había preanunciado a Sus discípulos el envío del Espíritu Santo: “16 Y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, Consolador y guía para que esté con vosotros siempre, 17 el Espíritu de la verdad, que el mundo pecador alejado de Dios no puede recibir, porque no lo contempla ni lo conoce; vosotros lo conocéis porque está y vive con vosotros, y estará en vosotros.

  1. Os dará el Espíritu de la verdad que revelará y enseñará la verdad en las psiques de buena voluntad. Pero el mundo pecador alejado de Dios no lo puede recibir, porque sus ojos psíquicos o espirituales están embotados por sus pecados. Sin embargo, vosotros habéis seguido mi enseñanza, habéis visto mis milagros y lo conocéis. Porque ahora el Espíritu Santo queda cerca de vosotros y habita completamente en mí que estoy cerca de vosotros”(Jn 14, 16-17).

E inmediatamente después dijo: «26 pero el Paráclitos, es decir, el Espíritu Santo, el que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las verdades salvadoras y os recordará todo lo que yo os he dicho. Revelará a los fieles mi misión, mi obra y lo relativo con mi nombre y mi persona y extenderá mi obra por toda la οικουμενη (icumeni) la tierra o mundo» (Jn 14,26).

Y después dijo: «7 Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya. Porque si no me voy, el Paráclitos, Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré.

  1. Pero yo os digo la verdad, os conviene que yo me vaya, porque si no muero en la cruz y no me voy, el Paráclitos no vendrá a vosotros. Pero si ofrezco mi redentor sacrificio de expiación sobre la cruz y me voy de este mundo hacia mi Padre, os enviaré el Paráclitos» (Jn 16,7).

 

El advenimiento del Espíritu Santo a los Discípulos se hizo el día del Pentecostés (Hec 2, 1-13). El Pentecostés tiene un lugar clave e importantísimo en la vida de los Apóstoles. Ya que antes habían pasado por la catarsis del corazón y la iluminación –cosa que había también en el Antiguo Testamento, en los Profetas y en los justos- después vieron a Cristo Resucitado y el día del Pentecostés fueron constituidos miembros del cuerpo resucitado de Cristo. Esto tiene especial importancia, porque debería cada Apóstol tener en su interior a Cristo Resucitado.

Durante el Pentecostés, el Espíritu Santo constituyó a los Discípulos miembros del θεανθρώπινο (zeanzrópino) divino-humano Cuerpo de Cristo, en cambio en la Metamorfosis la Luz increada operaba o energizaba en los Tres Discípulos interiormente, por la zéosis o glorificación, pero el Cuerpo de Cristo estaba fuera de ellos, en el Pentecostés se unen con Cristo, se hacen miembros del Cuerpo θεανθρώπινο (zeanzrópino) divino-humano y como miembros del Cuerpo de Cristo participan de la Luz increada. Esta diferencia hay entre Antiguo Testamento y Pentecostés.

«Quienes antes de la Ascensión vieron la doxa-gloria luz increada de Cristo, la vieron en doble. Por una parte fueron cubiertos de nube celestial, porque “en tu luz contemplamos, vemos la luz” (Sal 35,10), fueron cubiertos de la luminosa nube celestial y, encontrándose dentro de la Luz increada, ven la Luz increada, pero también la naturaleza humana de Cristo como fuente de la Luz increada, tal y como es en la Metamorfosis.

La naturaleza humana de Cristo es la fuente de la Luz increada, pero esta Luz increada la vieron los Apóstoles, ya que se encuentran dentro de la luz como glorificados o deificados. Es decir “en tu Luz vemos la Luz”. Ya que se encuentran dentro de la Luz increada, esto testimonia que fueron cubiertos de la luminosa nube celestial y vieron la naturaleza humana de Cristo como fuente de la Luz increada. Interiormente iluminaba, resplandecía la Luz increada, pero desde el cuerpo exteriormente. Interiormente alumbraba la Luz increada, pero el Cuerpo de Cristo estaba en el exterior, donde irradiaba Luz, la misma Luz increada (durante la Metamorfosis). Sin embargo, con el Pentecostés, la Luz increada la irradia la naturaleza humana de Cristo pero “ya interiormente”. Por lo tanto, no existe experiencia de la Luz increada exteriormente, sin que haya también experiencia de Cristo interiormente. Lo uno ya está interrelacionado con lo otro, es decir, ya es lo mismo con lo otro.»

«¿Pero por qué era necesario que se hiciera la Ascensión y bajar el Espíritu Santo, para qué fin o razón? ¿Por qué decimos que la Iglesia fue constituida el día del Pentecostés? La Iglesia no fue constituida el día del Pentecostés. La Iglesia fue constituida desde el tiempo que Dios llamó a Abraham, a los Patriarcas y a los Profetas. Desde entonces fue creada la Iglesia. La Iglesia existe en el Antiguo Testamento. La Iglesia existía en el Hades. Pero aquí se hace una trasformación de la Iglesia, es decir, se constituye la Iglesia en el sentido y significado de que ya se constituye como Iglesia del Cuerpo Cristo.»

Este punto es importante, porque muestra que el día del Pentecostés es el nacimiento (cumpleaños) de la Iglesia como cuerpo de Cristo y todavía, los que se unen con el Cuerpo de Cristo transcienden, superan la muerte.

«En el Antiguo Testamento hay también reconciliación, y amigo de Dios y zéosis, todo existe en el Antiguo Testamento, con la diferencia de que no existe el Pentecostés. Porque existe la Iglesia en el Antiguo Testamento, pero bajo el poder de la muerte.

¿El Pentecostés qué es? Es la apocálipsis-revelación de la verdad. Entonces la Iglesia se hace Cuerpo de Cristo, por eso festejamos el nacimiento de la Iglesia el día del Pentecostés, la resucitada en Cristo.»

«El día del Pentecostés viene el Cristo en Espíritu Santo. Tal como las energías increadas de Dios son presentes en el mundo, también aquel que tiene κοινωνία kinonía conexión y comunión con de Dios entiende que el Dios mediante Sus energías increadas se divide indivisiblemente y se multiplica inmultiplicadamente, es decir, así cada uno que tiene κοινωνία kinonía conexión y comunión con el Dios, no tiene un trozo de Dios. Dios entero está presente en cada ser humano y está presente en todo el mundo.

Y con el Pentecostés la naturaleza humana de Cristo, ya regresa a la Iglesia y es el día de la constitución de la Iglesia, porque la naturaleza humana de Cristo ahora se fracciona sin fraccionarse en fracciones y todo el Cristo con Su naturaleza humana se encuentra en cada fiel.

Y esta es la Iglesia, donde cada fiel es templo, no sólo templo del Espíritu Santo, sino también del Cuerpo de Cristo, es decir, teniendo en su interior el Cristo entero. Y es el nuevo tropo (modo, método, manera o forma) de presencia de la naturaleza humana de Cristo en el mundo. Por eso también el Pentecostés es considerado el día de la constitución de la Iglesia. En esta experiencia del Pentecostés participan todos los que llegan a la zéosis. Y tenemos ejemplos en la misma Santa Escritura, todos los que vieron a Cristo después de la Resurrección y los que vieron a Cristo después del Pentecostés hasta hoy en día.»

El Pentecostés se llama la “última fiesta”, porque es la última fase de la humanización de Cristo. Ahora se hace un gran cambio, debido a que el glorificado o deificado se une en Espíritu Santo con el Θεάνθρωπος (zeánzropos) Dios-Hombre Cristo.

«La última fase, la efectiva, fue el Pentecostés. Allí se hizo el gran cambio. Porque mientras habitaba el Espíritu Santo en los Profetas, debido a que ellos tenían también la noerá oración del corazón y la zéosis etc…, pero desde aquí, a partir del Pentecostés, esta residencia del Espíritu Santo en el interior del zeópnefstos inspirado divinamente o por Dios, se hace también con la naturaleza humana de Cristo. Por eso ahora el Cuerpo de Cristo es Iglesia. Es decir, el día del Pentecostés la Iglesia se hizo cuerpo de Cristo. Y el Cristo como hombre ya habita en el interior del hombre.

Esta ya es una participación, comunión fija y permanente en la doxa-luz increada gloria. Porque ahora tenemos zéosis fija, permanente y no una zéosis provisional, como tenían los Profetas que llegaron a la zéosis y después la doxa era suspendida, es decir, cuando morían. Ahora los que alcanzan la zéosis no mueren (espiritualmente, no pierden la doxa increada por la muerte física).

Esta es la diferencia. Es la diferencia también de la experiencia “pentecostiana” donde la Iglesia se hace Cuerpo de Cristo el día del Pentecostés, pero también es fija y permanente –no de los trabajadores del estado- sino de los glorificados, divinizados o deificados.»

Con el Pentecostés el Dios es participado imparcitivamente en cada uno dentro del Cuerpo de Cristo. Así la presencia de Dios es posible y efectiva.

«El misterio de la presencia de Dios en el mundo, tal y como está descrito por los Padres, es que la increada energía de Dios se fracciona sin fraccionarse en fracciones o se divide indivisiblemente en partes divididas, en cada uno, pero infracionadamente o sin fraccionarse en fracciones. Significa que se fracciona tal y como el Pan de la Divina Efjaristía. Decimos: “Se fracciona el pan de la vida, el que es fraccionado y no dividido, el que es comido y nunca gastado…”, etc… Es exactamente la misma cosa. Esto que se hace en la Divina Efjaristía, a lo concerniente al Cuerpo de Cristo, es exactamente esto que se hace también por la energía increada de Dios; es decir, se fracciona sin fraccionarse en fracciones.

Por lo tanto, cuando uno que está en zéosis o glorificado, deificado tiene κοινωνία (kinonía comunión, conexión y unión) con la energía increada de Dios, no tiene un trozo de Dios en su interior, es decir, como si pudiera ser partido para tener un trozo o parte de Dios, porque Dios no se fracciona. Pero a pesar de esto se fracciona-multiplica sin ser multiplicado.

Estas contradicciones no son una forma de dicción o retórica. Es el misterio de la presencia de Dios en el mundo. Dios entero está presente en todo, en cada cosa, en todas partes sin ser dividido y se divide indivisiblemente. Esto es el misterio. Este modo o forma de presencia de Dios en el mundo, principalmente en los glorificados o deificados, por primera vez comienza desde la Ascensión y el Pentecostés.

Entonces, cuando el Cristo retorna en la Iglesia en Espíritu Santo en el Pentecostés, la naturaleza humana de Cristo ya participa de esta cualidad o atributo de ser fraccionado sin fraccionarse en fracciones y por esta razón en la Divina Efjaristía, cuando comulgamos, no tomamos uno el dedo, otro el pié y otro la nariz o el ojo etc…, sino que en la Divina Efjaristía cada uno toma a Cristo entero en su interior.

Esto es el misterio del Pentecostés y por esta razón el Pentecostés es considerado como el nacimiento (cumpleaños) de la Iglesia. Esta es la Iglesia que nace del Pentecostés, mientras que existía en el Antiguo Testamento. Porque la Iglesia, la por excelencia Iglesia es increada, es la doxa- luz increada gloria de Dios, es la residencia o casa increada donde habita Dios y en la que nosotros también debemos permanecer o estar, la cual casa se multiplica, etc… Por eso existen muchas casas o habitaciones, tal y como dice Cristo en el Nuevo Testamento. Existe una casa pero muchas casas o habitaciones. ¿Por qué? Porque se fracciona sin fraccionarse en fracciones. Este es el misterio del Pentecostés.»

Incluso, el día del Pentecostés, los Discípulos llegaron “a toda la verdad”. Cristo antes de Su Pazos-Pasión dijo a Sus Discípulos: “12 Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis comprender, retener y sobrellevar, a causa de vuestra imperfección.

13 Pero cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad. Porque no os hablará por su cuenta, sino que os hablará lo que ha oído del Padre y os anunciará las cosas que habrán de ocurrir en mi Iglesia” (Jn 16, 12-13).

Con este logos de Cristo se conecta estrechamente el advenimiento del Espíritu Santo durante el día del Pentecostés con la apocálipsis-revelación de toda la verdad, la cual los Discípulos no podían recibir y soportar antes sin el Espíritu Santo.

Esta “toda la verdad” que fue apocaliptada-revelada el día del Pentecostés en los Apóstoles es la verdad de la Iglesia como cuerpo de Cristo, de que los Discípulos se convertirán en miembros de este Cuerpo resucitado y que en la Iglesia conocerán los misterios del reinado de la Realeza increada de Dios en cuerpo de Cristo. El día del Pentecostés ellos conocieron la plena la verdad. Por lo tanto, fuera de la Iglesia no existe la plena verdad, y la Iglesia tiene la verdad, porque es el Cuerpo de Cristo y la comunión de la zéosis o glorificación.

«Además de la enseñanza y los milagros de Cristo tenemos también otro tipo de apocálipsis-revelación, la cual es la esencia de la enseñanza de la Santa Escritura sobre la apocálipsis.

Ya que el Cristo enseña a los Apóstoles y los prepara, llega a un punto que los dice: tengo muchas cosas más para apocaliptaros-revelaros, pero ahora estas cosas no podéis soportarlas; “Pero cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, os guiará a toda la verdad. Porque no os hablará por su cuenta, sino que os hablará lo que ha oído del Padre y os anunciará las cosas que habrán de ocurrir en mi Iglesia” (Jn 16,13).

En la tradición patrística esto “os guiará o conducirá a toda la verdad” se ha cumplido el día del Pentecostés, por lo tanto en este día se apocalipta-revela “toda la verdad”. Esto significa que el mismo Cristo antes de Su Resurrección no reveló “toda la verdad” a los Apóstoles. ¿Por qué? Porque aún no podían soportar, ni aguantar “toda la verdad”; aún no estaban preparados adecuadamente.»

Esta verdad, la que apocaliptó-reveló el Espíritu Santo a los Discípulos el día del Pentecostés, es que la Iglesia es Cuerpo de Cristo y los Discípulos serán convertidos en miembros del Cuerpo de Cristo. Más allá de esta verdad no hay otra.

«Y esta es la llave patrística de la hermenéutica o interpretación de que mandará otro Paráclito, etc…, que “os conducirá o guiará a toda la verdad”. En el Antiguo Testamento tenemos a Cristo no encarnado que fue apocaliptado-revelado. Después tenemos a Cristo encarnado que se apocalipta a Sí Mismo también con palabras, logos humanos, pero también se apocalipta con Su doxa- luz increada gloria en determinados Apóstoles, en determinados discípulos y después llegamos a la Resurrección. Y después de la Resurrección ya se apocalipta-revelada en doxa increada en Su discípulos y en las mujeres, etc… Tenemos todas estas manifestaciones, develaciones de Cristo después de la Resurrección. Después tenemos la Asunción y después el Pentecostés.

Ahora bien, en el Pentecostés ya tenemos diferenciación de la Iglesia. En el Antiguo Testamento la Iglesia es el laós-pueblo de Dios, que está constituido de seres humanos que pasan de la catarsis y llegan a la iluminación y algunos de ellos llegan hasta la zéosis y se convierten en conductores, guías del Israel, Profetas, Patriarcas, justos, etc… Lo mismo tenemos también en el Nuevo Testamento hasta la Ascensión. Después sucede algo que concede ya una dimensión nueva tanto en la Iglesia del Antiguo Testamento como hasta la entonces del Nuevo Testamento.

Anteriormente, Dios se fracciona sin fraccionarse en fracciones, cuando aparece en cada deificado o glorificado todo el Dios en Su doxa-gloria increada y el Profeta no comulga con un trozo de Dios, porque Dios no se trocea o fracciona sino que se fracciona sin fraccionarse en fracciones. Y tenemos este extraño misterio sobre la presencia de Dios en el Antiguo Testamento. En cada energía y acción que Dios, se multiplica a Sí Mismo, sin multiplicarse se encuentra en cada energía Dios completo. Por la energía increada está presente, por la esencia increada ausente. Presente por voluntad, ausente por esencia. Está presente y ausente; tanto fraccionado como infraccionado; en todos los casos presente, el mismo en todo y todas partes.

Con el Pentecostés se hace un repartimiento de las energías increadas del Espíritu Santo, de modo que la energía increada entera se encuentra en cada Apóstol. Una lengua en cada Apóstol. Pero con el descenso del Espíritu Santo tenemos también el descenso de Cristo. Es decir, es como una encarnación segunda. La Iglesia se convierte en Cuerpo de Cristo.

Por consiguiente, aquel que actualmente desde la catarsis llega a la iluminación, no es sólo templo del Espíritu Santo, igual que estaban los Profetas en el Antiguo Testamento, no es sólo Iglesia como templo de Dios, sino que es Iglesia también como residencia de la naturaleza humana de Cristo. Entonces, cada fiel que se encuentra en el estado de la iluminación tiene a Cristo entero en su interior.

Por eso tenemos también un reflejo de esta realidad en el Misterio de la Divina Efjaristía, donde es transformado el pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, pero está presente el Cristo entero en cada partícula del pan y del vino. Pero el que toma la comunión, no toma una fracción de Cristo cuando comulga. Toma a Cristo entero en su interior. Por eso decimos: “Se fracciona el pan de la vida, el que es fraccionado y no dividido, el que es comido y nunca gastado”, etc…

Esta oración que lee el Sacerdote celebrando el Misterio de la Divina Efjaristía es la llave del misterio del Pentecostés. Esta es “toda la verdad”, la cual ya está apocaliptada-revelada. Después de esta apocálipsis de la verdad no se apocalipta-revela ya nada más. Es decir, en el día del Pentecostés fue apocaliptado-revelado el misterio de la Iglesia con su nueva dimensión y no se ha apocaliptado nada más.

Entonces el que “nos conducirá a toda la verdad” se ha cumplido el día del Pentecostés. Por esta razón en la hermenéutica de los Padres, los capítulos 15, 16, 17 del Evangelio de Juan, todos estos capítulos fueron cumplidos el día del Pentecostés. Esta es la interpretación patrística sobre el Pentecostés.»

«Según los Padres de la Iglesia, “toda la verdad” del día del Pentecostés, es cierto que se refiere también a la apocálipsis-revelación de que el Espíritu Santo es hipóstasis, tiene la misma hipóstasis tal y como tiene el Padre y el Logos. Pero también, el hecho de que el Cuerpo de Cristo que estaba en el exterior y era apocaliptado-revelado exteriormente, a partir del Pentecostés el Cuerpo de Cristo es apocaliptado interiormente. El mismo Cuerpo de Cristo está en el interior del hombre.»

«En la Metamorfosis, el Cuerpo se encuentra exteriormente, pero la apocálipsis-revelación es también interiormente, pero el Cuerpo está exteriormente, pero ahora con el Pentecostés también el cuerpo está interiormente. Y la razón que el día del Pentecostés es considerado como el día del nacimiento de la Iglesia es porque desde entonces se convierte en “Cuerpo de Cristo”, es decir, el Cristo también como hombre habita en el interior de los fieles, o sea que tenemos la constitución de la Iglesia desde aspecto.

Por lo tanto, podemos resumir que tenemos plena apocálipsis-revelación en el Antiguo Testamento. Tenemos en el Antiguo Testamento apocálipsis de la verdad, desde el punto de vista del dogma de la Santa Trinidad. Después tenemos la apocálipsis en Cristo de la encarnación. Después tenemos apocálipsis de la deidad de Cristo, cuando el Cristo se apocalipta-revela a Sí Mismo, no sólo con logos, palabras y milagros, sino apocaliptando también Su deidad por la experiencia de la zéosis. Y después la forma definitiva de la revelación-apocálipsis es ya el día del Pentecostés en donde no sólo la Luz increada brilla e irradia interiormente sino también la naturaleza humana de Cristo alumbra e irradia interiormente en los hombres que llegan a la experiencia de la zéosis.

A partir de entonces, por el Pentecostés el hombre quien llega a la perfección (zeosis, deificación), pasa por los estadios de la catarsis, de la iluminación y cuando llega a la zéosis, llega a la misma experiencia, por supuesto que por varios grados, que llegaron los Apóstoles el día del Pentecostés.

«Tenemos el techo por excelencia del Evangelio de Juan. Y después tenemos el techo del Pentecostés, con el Domingo de todos los Santos, que es fruto del Pentecostés. El fruto del Pentecostés es la santificación de los miembros de la Iglesia. Actualmente hablamos sobre la santificación de los miembros de la Iglesia, como si fuera de algunos monjes frenéticos, enajenados etc. Es cierto que entonces este era el propósito y la finalidad de todos los Cristianos. Llegar por la catarsis a la iluminación y después a la zéosis si Dios quiere, etc…

Dentro de estos marcos o premisas ya, vemos que los Padres de la Iglesia nos dicen que el Espíritu Santo “conducirá… a toda la verdad” y esto se ha cumplido el día del Pentecostés. Se ha cumplido todo lo que ha enseñado antes de la Pasión-Pazos en los capítulos 14, 15, 16 del Evangelio de Juan.»

Aquel que se hace digno de conocer a Cristo por experiencia “cara a cara πρόσωπον πρός πρόσωπον” y tiene en su interior la oración incesante, éste leyendo el Antiguo Testamento ve en todo a Cristo y a los Profetas tener la experiencia de la noerá oración y la zeoría contemplación de la doxa-gloria luz increada del Ángel de la Gran Voluntad. Y éste es capaz de interpretar el Antiguo Testamento.

«Lo que tiene importancia y sentido es que desde el Pentecostés donde la naturaleza humana de Cristo participa de la energía increada de Dios que “se fracciona sin fraccionarse en fracciones” todo el Cristo habita en cada fiel, pero en aquel que se “ha formado” el Cristo. El Apóstol Pablo este término utiliza: “Se forma” el Cristo en cada uno. Esto se hace por la noerá oración del corazón.

Por lo tanto, éste tiene a Cristo en su interior y es templo del Espíritu Santo, Cuerpo de Cristo y participa del carisma del Pentecostés. Y por esta razón, debido a que conoce personalmente a Cristo en su interior y es templo de Dios, éste hombre lee el Antiguo Testamento y entiende. Porque ve también lo que ven los Profetas; cada uno de ellos tuvo este contacto consciente personal con el Cristo, pero de nuevo por la noerá oración, entonces, este es el carisma profético.»

Pero en la teología occidental este logos de Cristo, de que la venida del Espíritu Santo los apocaliptará-revelará “toda la verdad”, fue interpretado distintamente.

«En la tradición Agustínea, Agustín interpretó este pasaje de Juan, estas cosas que dice el Cristo a los Apóstoles, de que no sólo el individuo es conducido “a toda la verdad” sino también toda la Iglesia poco a poco es conducida a toda la verdad.

Para los Padres, fueron los Apóstoles conducidos a “toda la verdad” el día del Pentecostés, cuando es completada ya la apocálipsis-revelación y no hay nada más allá del Pentecostés. Cada uno que llega a la zéosis es conducido a toda la verdad, porque participa en la experiencia de la zéosis del Pentecostés. Esto significa que la obra de los teólogos de la Iglesia no es mejorar o estar profundizando en la enseñanza de la Iglesia, tal y como creen los Papistas y algunos Protestantes, sino que es algo muy distinto.»

«Todo este problema de la gradual comprensión de la profundización de la fe por la misma Iglesia es la línea de la iglesia papista. Es decir, en la iglesia papista con el paso del tiempo, la misma iglesia comprende mejor la fe. En cambio en nosotros la compresión más profunda de la fe es el Pentecostés.»

«Tenemos el Pentecostés, en el que fue apocaliptada-revelada “toda la verdad”, por lo tanto no hay “profecía” sobre las cosas futuras, sino que aquí la profecía ya es la hermenéutica o interpretación de la profecía de los Profetas. ¿Pero qué debe poseer o tener uno para interpretar o hacer hermenéutica de los Profetas? Pues, la noerá oración del corazón.»

«Por lo tanto, no hay ninguna comprensión más allá del Pentecostés dentro en la Iglesia. Cada zéosis es repetición del Pentecostés dentro en la Iglesia. Y esta experiencia del Pentecostés transciende la comprensión, supera los logos, dichos y conceptos, porque en esta experiencia son suspendidos o abolidos los dichos, verbos y conceptos, no en el sentido que son borrados o eliminados, porque los logos, vernos, dichos y conceptos permanecen como expresión. El mismo deificado o glorificado tiene una gnosis que transciende toda gnosis (gnosis increada), pero utiliza también los logos, dichos, significados y conceptos creados para hablar, edificar o catequizar a los demás.»

«Por encima y más allá de esta experiencia del Pentecostés no existe ninguna comprensión más profunda o con más profundización. Porque, esencialmente la experiencia del Pentecostés trasciende toda comprensión y expresión. Y repito esto que dice san Gregorio el Teólogo: “expresar a Dios es imposible, comprenderLe (y conceptuar y redactar) más imposible aún; es decir, no puede reflexionar intelectualmente con la lógica y entonces es más difícil aún describir y redactar a Dios; y esto de san Gregorio tiene relación con lo que dice de san Pablo: “Y conozco que este hombre… que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables e increadas que el hombre no puede expresar” (2 Cor 12, 2-4).

Pero los que tienen esta experiencia del Pentecostés y de la zéosis, no expresan a Dios ni entienden a Dios, porque la experiencia trasciende la noesis comprehensión, comprensión y la expresión. Pero a pesar de esto, el Pentecostés se expresa en el sentido de que no transmitimos a los otros la apocálipsis-revelación, porque la apocálipsis es esta experiencia, pero transmitimos las realidades o cosas sobre la apocálipsis.»

Un otro punto importante que conecta con el misterio del Pentecostés, es la oración de Cristo al Padre para que los Discípulos puedan adquirir la unidad entre ellos. En Su oración sacerdotal el Cristo dijo: “para que sean uno, así como nosotros” (Jn 17,11). En otra parte dice: “22 La ilimitada doxa-luz increada gloria que me has dado como hombre, la he dado a ellos, para que sean uno, así como tú y yo somos uno.

  1. También como hombre, me has glorificado, puesto que por mí naturaleza humana les has revelado mi divina, como unigénito Hijo tuyo pleno de jaris (energía increada) y verdad. Y esta gloria de filiación que también diste a mi naturaleza humana, yo la he dado a ellos. Les he regalado el poder de adopción y les he hecho coparticipes de nuestra vida divina, para que entre ellos sean uno, como lo estamos nosotros” (Jn 17,22);

y más abajo dijo: “24 Padre, quiero los que tú me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa-luz increada gloria, que me has dado antes de los siglos, porque me has amado desde antes de la creación del mundo” (Jn 17,24). Y por supuesto que contemplando esta doxa increada serán perfeccionados: “…para que sean perfectos (cada uno) en uno…” (Jn 17,23).

 

« “24 Padre, quiero los que tú me has dado estén conmigo donde yo estoy, para que vean y disfruten de mi doxa-luz increada gloria que me has dado antes de los siglos, porque me has amado desde antes de la creación del mundo” (Jn 17,24). “Donde yo estoy” esto que dijo anteriormente: “yo voy a preparaos el lugar” Y yo ahora voy al cielo para abrir, como pionero, las entradas cerradas de la realeza increada de Dios y preparaos el sitio. Para que eso sea así es imprescindible mi intervención. Por eso debéis creer y confiar en mí, (Jn 14,2) etc… Este lugar es la doxa-luz increada gloria de Dios.

Entonces, una cosa es “he dado a ellos” la doxa-luz increada gloria, por tanto, ya han recibido la doxa, pero después habla del lugar, donde yo estaré que estén ellos también. Esto qué es. “Para que vean y disfruten de mi doxa-luz increada gloria que me has dado antes de los siglos, porque me has amado desde antes de la creación del mundo”. Por lo tanto, pasado es el que han recibido los Apóstoles la doxa increada y futuro el que verán la doxa increada. Han recibido doxa, pero verán doxa. Es decir, han alcanzado la iluminación y van hacia la zéosis.»

«Esto es lo que ora Cristo para el futuro. Ahora bien, todos los nuestros junto con los Protestantes, creen que ora para la unión de las Iglesias; nada, no tiene ninguna relación. Está orando para la zéosis. ”Para que (cada uno) sean uno, así como nosotros” (Jn 17,11). Tal y como nosotros tenemos una doxa increada también ellos hacerse uno entre sí, ya que tendrán la misma doxa increada. Por lo tanto, todos juntos nos hacemos uno, uno con el otro, y con el Dios uno, porque todos, la Santa Trinidad y nosotros tenemos la misma doxa. Esto significa la unión en la doxa-luz increada gloria de Dios.»

Durante el Pentecostés los Apóstoles vieron la doxa-luz increada gloria de Dios, que fueron convertidos e hechos en Espíritu Santo como miembros del Cuerpo de Cristo y recibieron las donaciones del Espíritu Santo.

Los Apóstoles recibieron las lenguas en forma de fuego (energía increada) y adquirieron el carisma (o la jaris gracia increada) de la didascalía enseñanza. Hablaban al pueblo y el pueblo escuchaba en su lengua la enseñanza apocalíptica.

«En el Pentecostés cuando hablaban los Apóstoles, primero tenían el carisma de lenguas. En cada Apóstol bajaba la lengua de fuego entera, la Jaris (energía increada gracia) del Espíritu Santo. Pero después el resultado de esta recepción fue que hablaban al laós-pueblo y hacían kerigma. El pueblo no vio las lenguas, ellos recibieron las lenguas de fuego (energía increada) y hablaron al pueblo. El pueblo entendió cada uno en su propia lengua o dialecto. Cada uno del pueblo entendió en su propio dialecto o idioma, incluso hasta en árabe, escuchaban las cosas que decían los Apóstoles. Cada uno escuchaba en su lengua.

El Apóstol Pablo escribe a los Corintios: “2 Porque el que clama-habla en lengua no habla-clama a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios, (es decir, su psique iluminada está dirigida por la energía increada del Espíritu Santo y habla verdades místicas o logos inefables)” (1 Cor 14,2). Se ve que en el Pentecostés nadie escuchó y entendió el carisma de lengua que recibió el Apóstol, pero escuchó el kerigma del Apóstol y cada uno entendió en su lengua.»

La experiencia del Pentecostés es la suma experiencia de visión de la divina luz increada.

«La experiencia del Pentecostés es la mayor experiencia de la zéosis antes de la Segunda Parusía-Presencia. No hay nada más sublime que el Pentecostés.»

«¿Y por qué en la teología ortodoxa después del Pentecostés no puede haber ya más apocálipsis-revelación, sino que ha acabado la apocálipsis con el Pentecostés y ya no existen más apocalipsis-revelaciones? Cada vez que uno llega a la experiencia de la zéosis, se repite de nuevo la misma experiencia del Pentecostés. En la experiencia del Pentecostés uno puede llegar, pero no puede llegar o alcanzar otra experiencia, debido a que acaba la apocálipsis y toda la verdad es revelada en el Pentecostés.»

Otro punto importante que conecta con el misterio del Pentecostés es que la experiencia del Pentecostés, mientras que es un hecho o acontecimiento de una vez para siempre en la historia de la Iglesia, a pesar de esto, los hombres con las condiciones y requisitos adecuados ascienden a la misma altura de la experiencia del Pentecostés, por lo tanto, el misterio del Pentecostés se repite durante los siglos.

«Y después del Pentecostés todas las experiencias de la zéosis son un escalón o escalafón más o menos dentro de los marcos de la experiencia del Pentecostés, porque siempre se repite la misma experiencia en los glorificados, deificados o divinizados en toda la duración de la Iglesia. Y de esta experiencia salen las santas reliquias, todo el culto, devoción y piedad de la Iglesia Ortodoxa, que mucho me temo que, la entienden mejor las personas sencillas (con la sencillez del niño) que algunos teólogos. Los que tienen devoción a las reliquias algo entienden o algo sienten de este fenómeno de las santas reliquias. Por tanto, la repetición de esta experiencia del Pentecostés, esta es la columna vertebral también de la historia eclesiástica y de la historia de los dogmas de la Iglesia Ortodoxa.»

«Según la Tradición Patrística, esta experiencia del Pentecostés, se va repitiendo también después del Pentecostés. Y el primer ejemplo que tenemos está dentro de misma Santa Escritura, en el caso de Cornelio, quien llagó al don de lenguas y también a la zeosis del Pentecostés y por esta razón Pedro le bautizó.

Y cuando Pedro fue llamado a dar cuentas a los Hebreos conservadores, él describió la experiencia de Cornelio, que antes de ser bautizado Cornelio le “concedió también el mismo don que a nosotros” (Hec 11,17), el que tuvieron los Apóstoles. Y el mismo Pedro nos dice que Cornelio antes de ser bautizado tuvo igual o la misma Jaris (energía increada gracia) que tuvieron los Apóstoles el día del Pentecostés. Por eso os ruego que tomen el libro de los Hechos-Praxis de los Apóstoles y leer con atención las cosas que dice sobre el Pentecostés y los dos capítulos que se refieren a Cornelio, para que os enteréis cómo son las mismas (Hecho 10-11)»

La Santa Escritura testifica que después del Pentecostés existe Pentecostés y es la vida de estos hombres que alcanzan la zéosis. En toda la trayectoria de la historia de la Iglesia tenemos innumerables ejemplos de seres humanos que llegan a la experiencia del Pentecostés, tal y como llegaron los Apóstoles, Cornelio, etc.…

Desde el punto de vista geográfico estas cosas no sólo suceden en Oriente, sino también en Occidente, porque la experiencia del Pentecostés existe también en Occidente por lo menos hasta la edad media. Si queréis ver ejemplos de este tipo, tomad y leed las vidas de los santos, principalmente tal como son salvados desde la época de los Merovingios Francos en los estados papistas de Occidente, donde no sólo tenemos el testimonio de san Juan Casiano, sino principalmente de Gregorio de Turón o Turín, quien ha escrito muchas vidas de santos, dentro de las cuales se ve claramente esta experiencia de la zéosis. También tenemos en Occidente ejemplos de hombres que alcanzaron a este tipo de santidad y que se mantuvieron también las reliquias de estas personas. Por lo tanto, tenemos reliquias santas divinizadas y todo esto que sigue, es decir, una experiencia de zéosis.

Tenemos el extraño fenómeno que, mientras en Occidente tenemos reliquias santas, al contrario tenemos una teología escolástica de los Francos de la Edad Media que no congenia ni co-camina con la experiencia de la zéosis.

«Puesto que cada experiencia de la zéosis es una repetición del Pentecostés, en esta experiencia, en cada siglo han llegado los hombres. Es decir, ¿desde este aspecto, qué son todos estos santos de la Iglesia, etc., y en qué es superior la comprensión de la Ortodoxia? ¿Si no es el Pentecostés, entonces qué es? ¿Es el Papa de Roma? ¿Es un protestante que no tiene ni idea de lo que dice y hace hermenéutica o interpretación de la Santa Escritura?»

Por supuesto que la experiencia del Pentecostés es misterio y no se conecta con la lógica, racionalismo o razón.

«La teología ortodoxa tiene un carácter cíclico, es como un círculo. A dónde quieras tocar encima del círculo sabes todo el círculo, porque todo el círculo es el mismo, uno. Todo es reducido y referido al Pentecostés. Los Misterios (sacramentos) de la Iglesia, como el Sacerdocio, el Bautismo, el Matrimonio, la Confesión etc…, las decisiones de los Sínodos. Esta es la llave de la teología ortodoxa, el Pentecostés. Por eso también aquel que llega a la zéosis después del Pentecostés, es conducido a “toda la verdad”.

¿Y cuál es esta toda verdad? Es algo que trasciende, supera la lógica del hombre. Contiene la naturaleza humana de Cristo y habita en el interior de este hombre que ha alcanzado la iluminación y la zéosis. Todo el misterio de la encarnación, de la Santa Trinidad, sobre la Divina Jaris (energía increada gracia), sobre la terapia de la personalidad humana, sobre el futuro y la Segunda Presencia-Parusía, todo está dentro del misterio del Pentecostés.

Por eso la teología ortodoxa tiene una sencillez sorprendente. Otra cosa es si las necesidades lo imponen, cuando tiene afrontar las herejías y hablar uno de parte de la Ortodoxia, que conoce bien a los heréticos, sabe de la filosofía bien, etc. Pero estas cosas no son la esencia de la teología ortodoxa. La esencia de la teología cristiana ortodoxa es la catarsis, la iluminación y la zéosis.»

«Más allá del Pentecostés no hay ninguna otra comprensión. Por supuesto que, en la experiencia participa la lógica y también el cuerpo en esta experiencia, pero el Dios, la encarnación y la naturaleza humana de Cristo que es la fuente de la Luz increada a causa de la encarnación del Logos en la naturaleza humana, etc., estas cosas permanecen misterio y no pueden ser comprendidas de modo o forma filosófica, intelectual racionalista, etc.»

Como la experiencia de la zéosis-Pentecostés continua a través de los siglos, por eso también el Pentecostés es la base de la historia eclesiástica. Cuando en cada época existen santos que llegan a la zéosis, a la experiencia del Pentecostés, entonces esta época es caracterizada como “siglo de oro” de la Iglesia.

«Cada vez que un Cristiano ortodoxo llega a la iluminación ya participa en los resultados de la experiencia de la zéosis, que con la iluminación precede la zéosis y es perfeccionado ya cuando llega a la zéosis. Por lo tanto, el “siglo de oro” creo que se puede describir de la siguiente manera. Cuando la mayoría de los Cristianos alcanzan la iluminación, la catarsis del corazón y muchos de ellos llegan también a la zéosis, tenemos el “siglo de oro”. Por consiguiente, este es el criterio sobre dónde nos encontramos. Por tanto, ¿en los primeros siglos los Cristianos tenían esta cosa? Por supuesto que sí la tenían. Lo testifican la cantidad de reliquias de los Mártires que tenemos desde aquella época.»

Por lo tanto, el centro o la base de zéosis-Pentecostés es el Cristo, el que han vivido y experimentado los Profetas como Cristo (Logos) no encarnado y los Apóstoles y los Padres como encarnado, y esta es la esencia de la ortodoxa παράδοσις parádosis divina entrega y tradición. Amín.

Ierotheo Vlajos –  Ioannis Romanidis

Traducción de XX.JJ

© Logos Ortodoxo

1 comentario

  1. Bárbara

    Maravilloso.
    Mil gracias!

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