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oct 15 2013

Sócrates y Cristianismo – La crítica maligna

Catalaliá (maledicencia) y catácrisis (critica maligna)

 

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Καταλαλιά Katalaliá es difundir con palabras los pecados y errores del prójimo.

Κατάκριση catákrisi es crítica maligna y condena. La palabra crítica κριτική (kritikí) proviene del griego y en nuestro idioma no tiene un carácter negativo, significa razonar, juzgar sanamente. En cambio la crítica negativa o maligna se llama kατάκριση (katákrisi).

 

SÓCRATES Y LA CRÍTICA MALIGNA

Una vez, Sócrates mientras caminaba en la Ágora, se encontró con un conocido suyo y le dijo que tenía que comunicarle algo muy importante sobre un alumno suyo.

Sócrates le respondió que primero le gustaría hacer un test o examen de “triple refinamiento o de tres filtros”.

¿“Refinamiento triple”? preguntó extrañado aquel.

Sí, antes de que me cuentes lo que has oído sobre mi alumno, quisiera por un minuto que examinemos esto que quieres decirme.

El primer paso o filtro es sobre la verdad. ¿Estás totalmente seguro de que lo que tratas de decirme es verdad?

-“En realidad no, simplemente lo he oído y…”, susurró su interlocutor.

 Sócrates: “De acuerdo. Así que no tienes idea de que si lo que quieres decirme es verdad o mentira. Ahora permíteme aplicar el segundo paso o filtro que es sobre la bondad.

¿Esto que me vas a decir sobre mi alumno realmente es algo bueno?

-Bueno, no, más bien lo contrario, contestó alarmado el interlocutor.

Entonces continuó Sócrates, tú quieres decir algo malo sobre mi alumno, pero no estás nada seguro de que sea cierto. Entonces el conocido suyo bajó la cabeza de vergüenza y desconcierto. A pesar de todo esto, dijo el gran filósofo, aún puedes pasar el examen, porque falta también el tercer filtro o paso que es el de la utilidad. ¿Esto lo que vas a decirme sobre mi alumno es algo que puede ser útil?

-No, no lo creo, contestó el informador.

 Entonces Sócrates respondió: ya que lo que me vas a decir no es verdad, ni bueno, tampoco útil, ¿por qué tengo que escucharlo?, concluyó Sócrates. Y aquel se marchó avergonzado, habiendo tomado una buena lección.

 

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EL “MATERIAL” DE LA CATAKRISIS

La cacología es uno de los mayores pecados, porque no tenemos derecho de difamar, infamar y humillar a las personas teniendo en nuestro interior el veneno del odio, de la ira, de la hipocresía y los celos. Es fácil para el hombre abrir la boca y decir lo que tenga en el interior de su corazón lleno de pazos y malicioso, sin calcular que esto afecta la dignidad y la reputación del hombre. Con la cacología uno manifiesta los defectos secretos de su hermano. Y con el juicio lo condena abiertamente. No hay cacología que se hace con rectitud del corazón. El abad Hiperejios da el siguiente consejo para las personas que estaban en continencia y ayuno: “Come carne y bebe vino pero no devores con la cacología las carnes de tu hermano”.  Y añade: La serpiente con la cacología contra Dios logró sacar del Paraíso a los primeros en ser creados. Lo mismo hace también aquel que habla mal para su prójimo: carga su psique y arrastra al mal aquel que le escucha“.

LO ABSURDO DE ESTE PAZOS o PATOLOGÍA

El pazos del amante a culpar, acusar y condenar es una cosa anormal, incluso por parte de la psicología; porque se dirige hacia los demás sin alguna esperanza de beneficio para sí mismo; sólo consigue la “degradación o humillación” para el que acusa; al contrario con otros actos, por ejemplo, por robo que comete uno quita algo a alguien, pero se beneficia él mismo. Con la cacología y el chismorreo maligno que es la degradación, difamación del prójimo, tiene como beneficio algo que se ajusta al demonio y no al humano,.

LOS ESTADIOS DEL PAZOS

Según otra definición, la crítica, juicio o chismorreo son tres estadios de la misma maldad. Así que la καταλαλιά (catalaliá) es difundir con palabras los pecados y errores del prójimo. Uno diciendo todo esto ya “condena”, habla maliciosamente contra uno en relación con un problema existente o inexistente. Es decir, el maldiciente necesita por lo menos un “medio” para acusar el objeto de la censura o condena. Censura, crítica o condena es la categoría del mismo hombre, quien dice que aquel es mentiroso, mal educado, lujurioso…, éste sacando conclusiones generales esencialmente acusa a su propia psique. Y esto es muy malo. Porque una cosa es que uno se haya enfadado y otra cosa es que uno sea mal educado, irascible o un incontrolado, sacando conclusiones generales.  El mismo Señor dice: ¿Hipócrita, cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo? (Lc 6,42) Mayor desliz que la crítica maligna es la crueldad o ferocidad, no sólo cuando uno critica a otro sino cuando le anula tratándole como algo repugnante.

LA SANTA ESCRITURA SOBRE LA MALEDICENCIA Y LA CRÍTICA MALIGNA:

En el Antiguo Testamento leemos: “Al que critica maliciosamente al prójimo, persíguele y expúlsale” (Sal 90,5). En el N. Testamento leemos: “No juzguen antes del tiempo, hasta que venga el Señor”, “porque si juzgas al otro, a ti mismo te estás juzgando”, “porque con la manera que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mt 7.2-3).

EL LOGOS PATRÍSTICO Ο ΠΑΤΕΡΙΚΟΣ ΛΟΓΟΣ: 

San Máximo el Confesor añade: “De verdad, es para asombrarse uno cuando ve que los hombres dejando de lado sus pecados, quitan el derecho del Hijo para juzgar, y, como impecables, los mismos juzgan y condenan el uno al otro. El cielo se asombra y la tierra tiembla, mientras ellos, como insensibles no sienten ninguna vergüenza.”   

San Juan el de la Escalera, quien ha escrito un logos entero en relación, nos dice que no debemos de olvidar que Judas pertenecía al sequito de los discípulos, en cambio el ladrón en el sequito de los asesinos. Es digno de admirar que en un momento uno tomó el sitio del otro. Mientras recalca que por los pecados que hemos acusado al prójimo, en los mismos caeremos también nosotros. Echemos un vistazo a algunos logos de la enseñanza de san Juan el Sinaita, sobre la procedencia de esta enfermedad espiritual: “Del odio y del resentimiento nace la maledicencia. Καταλαλιά Maledicencia significa nacimiento, generación de odio, una enfermedad sutil y grave; una sanguijuela escondida e invisible que no sentimos, pero que chupa el jugo de la agapi; es una simulación, hipocresía de agapi, la causa de un corazón corrompido, sucio y la ruina de la pureza. Los que critican malamente, sufren de este pazos o patología porque se olvidan totalmente de sus propios errores y pecados. La cualidad de ellos es que las enseñanzas y las hazañas del otro las critican, las acusan y las tergiversan con facilidad y alegremente, mientras que estos desgraciados están hundidos y cautivos por el espíritu del odio”. San Juan discierne que: “15. El juicio no es más que usurpar el derecho de Dios; en cambio la crítica maligna es la ruina de la psique del que critica malamente. 16. Así como el orgullo (soberbia o prepotencia) sin haber otro pazos puede por sí solo destruir al hombre que lo posee, lo mismo ocurre si en nuestro interior tenemos la crítica maligna a otros. Es lo que le ocurrió al fariseo de la parábola del Evangelio”.

El libro “Yerontikón” sobre el gran beneficio que tenemos por evitar la crítica maligna, nos narra el siguiente acontecimiento: “Un monje en un monasterio era muy descuidado y negligente a lo espiritual, se enfermó y llegó su hora de morir. Mientras se encontraba en esta situación estaba alegre. A los demás monjes que le preguntaban sorprendidos por su gran franqueza y claridad aquel les respondió: “No he juzgado o culpado jamás a ningún hombre. Por eso pienso decir a mi Soberano Cristo cuando me presente ante él: «Tú, Señor, has dicho, no juzguéis para que no seáis juzgados», y espero que no me vaya a juzgar severamente. Y el Abad le respondió con admiración: “Ves en paz, hijo mío, en tu viaje eterno. Tú has conseguido salvarte sin esfuerzo”.

LA RAÍZ Y LA CAUSA DE LA ΚΑΤΑΛΑΛΙΑ (Catalaliá)

La cacología o maledicencia tiene como campo propio la agapi hipócrita o simulada. Con la crítica maligna nos convertimos en maliciosos y todo en nuestros alrededor está oscuro; puesto que lo único que nos interesa es reírnos y burlarnos del prójimo con malevolencia, entrando así al espacio del absurdo y paradójico pazos de la καταλαλιά malidicencia.

La καταλαλιά (katalaliá, maledicencia) y la κατάκριση (katákrisi, crítica maligna) se tratan y se sanan sustituyéndolas por la agapi (amor desinteresado) y la compasión hacia el prójimo, porque “la agapi cubre muchos pecados” (1Ped 4,8). El hombre que critica con malicia si ve, oye o sospecha algo de alguien es humillante, desagradable y despreciativo hacia aquel. Y lo peor es que no cesa de hacerse daño a sí mismo, sino que pasa sus cacologías a otros informándoles sobre los “acontecimientos” o sospechas. Y les hace daño poniéndoles pecados en sus corazones. Y convertido en colaborador de los demonios, mientras está haciendo una obra diabólica, no se preocupa de su propia destrucción y de su prójimo. Pero el hombre que tiene este pazos si tuviera agapi, la misma agapi cubriría cada error, tal y como exactamente hacían los santos, cuando veían los errores de los hombres. Los santos no odiaban al que pecaba, ni le juzgaban, tampoco le evitaban, sino que sufrían con él, le aconsejaban, le consolaban y le sanaban como un miembro enfermo de sus cuerpos, hacían de todo para sanarlo y salvarlo.

El Padre Paísios decía: “¡Cuánto perjudicamos a nuestro prójimo cuando le criticamos malamente! Aunque en realidad con la crítica nos perjudicamos a nosotros mismos y no a los demás, porque el Dios nos aborrece”. Según el mismo Padre en el desarrollo de este pazos contribuyen el egoísmo y la curiosidad, haciendo hincapié que: “Cuando no tienes agapi (amor desinteresado), no ves con indulgencia los errores de los demás, por lo tanto en tu interior los desprecias, los culpas y los criticas malamente”. Por lo tanto la solución es solamente la agapi. No olvidemos que la crítica maligna alegra a los demonios, porque el hombre que cae en ella los imita. Dice otra vez el santo Padre de nuestros tiempos: “Intentad no juzgar, culpar y criticar maliciosamente. Sólo tenéis que juzgar y criticar malamente los tangalakis-diablillos, puesto que fueron ángeles y resultaron demonios, y, en vez de arrepentirse, se convierten en más malignos astutos y con manía quieren destruir las criaturas de Dios. Es decir, el astuto maligno incita a los hombres hacer cosas malas, raras y diabluras; el mismo diablo pone loyismí (pensamientos, reflexiones, meditaciones con fantasías) a unas personas para que juzguen, culpen y critiquen a otras, así vence a unos y a otros. Y mientras los que hacen diabluras después sienten su culpa y se arrepienten, en cambio otros que critican malamente se autojustifican, se enorgullecen  y acaban en la misma caída que el astuto maligno: al orgullo (prepotencia, arrogancia, soberbia).

Autocrítica, autoreproche y discernimiento las armas contra la crítica maligna

¿Los santos cómo se divinizaron? Se habían ocupado y girado hacia sí mismos y veían sólo sus propios pazos. Con la autocrítica y el autoreproche que tenían, “psicoterapiaron”, sanaron y limpiaron sus propios pazos. Consideraban a los demás superiores y a sí mismos más bajos y peores que todos los demás. Habían adquirido la virtud del discernimiento, de modo que daban atenuantes a los demás justificándoles. Algunos santos hacían diabluras y travesuras deliberadamente para que fueran despreciados por los que no se ocupan de sí mismos. A los ojos de los hombres eran humillados y despreciados y a los ojos de Dios muy alto. Se trata de una categoría de hombres santos que permanecen conocidos como “locos de Cristo”. Debemos imitar a los santos y ver con dolor y pena al que se equivoca.

Pensemos pues, al pasado del hombre, las oportunidades que se le dieron para cultivarse a sí mismo y las ocasiones que tuvimos nosotros también y no las hemos aprovechado. Esto nos traerá turbación por las donaciones que se nos fueron regaladas, y así nos haremos más humildes viendo que no hemos correspondido. Entonces sentiremos agapi, cariño y dolor para el prójimo que no tuvo las mismas ocasiones que nosotros y oraremos por él. El Padre Paísios el Aghiorita se decía a sí mismo: “cuando algo me perecía torcido de alguien, pensaba: Algo bueno será, pero yo no lo entiendo. Cuando ya me había asqueado de mi mismo, en el buen sentido, todos los justificaba. Para los demás siempre encontraba excusas y atenuantes y sólo me criticaba a mí mismo”.

Kostantino Ikonomu –  Maestro y Escritor

Traducido por: χΧ jJ

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