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feb 06 2013

Parábola de Zakeo por San Gregorio Palamas

 

Arreglo, sanación y salvación del archi-publicano Zaqueo (Lucas 18,1-12)

 

 Zakeo

 

1. Anteriormente, los relatos del evangelista Lucas sobre la sanación física del cuerpo de los leprosos y de los ciegos, fueron el motivo de la homilía espiritual por vuestro agapi=amor. Hoy en nuestro tema tendremos a Zaqueo, con la lepra de la avaricia, ciego en la psique y la devolución de su vista psíquica según la lectura.

Sin embargo, es grande el milagro sobre Zaqueo y no menor en relación con aquellos (los leprosos y los ciegos). Porque él también tenía oscurecidos sus ojos interiores del corazón, igual que aquel ciego tenía oscurecidos los ojos físicos exteriores; tampoco él podía ver a Jesús Cristo según el relato; pero también él fue liberado de la oscuridad de su nus, sólo con el logos de aquel que al comienzo del mundo, compuso la luz sólo con el logos e inundó de luz toda la creación sensible o visible. Es decir, igual que entonces, antes que el Dios Logos dijera: “hágase la luz y se hizo la luz”, había oscuridad encima del abismo; lo mismo ahora, antes de decir a Zaqueo que “hoy permaneceré en tu casa”, el terrible pazos de la avaricia estaba sentado encima de su psique; mientras que la diania (mente, cerebro) de él, seguro que estaba cedida y puesta junto con el dinero o el oro, en lugares oscuros, donde son atesorados de los avariciosos el oro y la plata.

2. Veamos, pues lo relativo sobre él, según el relato. “En aquel tiempo Jesús mientras había entrado entró en Jericó estaba saliendo de ella”: ¿Cuál tiempo? Cuando había sanado los leprosos, cuando había devuelto la luz  a los ciegos, cuando por su relativa fama, junto con muchos más, atrajo también el anhelo de verle a Zaqueo. ”El Señor había entrado en Jericó y estaba saliendo de ella”. No sólo en Jericó pasaba el Señor, sino también por toda Judea, Galilea y generalmente en toda la tierra. Porque no vino aquí para quedarse físicamente, aunque tomó cuerpo como el nuestro para nosotros, como complació, sino para pasar el tiempo viajando y subir hacia el cielo de donde bajó; y subiendo lleva consigo nuestro pienso (cuerpo) colocándolo por encima de todo principio y poder; Pero también el tiempo de su enseñanza lo pasaba viajando por toda la tierra de Palestina. Es decir, tal como al principio de la creación reunió la luz del día en un disco e hizo rey de la luz al sol, no le ha dejado parado, le hizo patrullar; así, uniendo la plenitud de la deidad con el cuerpo y presentándose a sí mismo como rey verdadero del todo, terrenal y celestial, visible e invisible,  con principio y perpetuo, no aceptó permanecer sobre un lugar, sino que complació a viajar hasta que fuera procesada, fija e ininterrumpible la sanación y salvación en medio de la tierra, tal como preanunció David: “El Dios, nuestro rey de antes de los siglos, procesó la sanación y la salvación en medio de la tierra”. Esta sanación y salvación efectuó el Señor viajando. Como el sol no patrulla todo el cielo, sino la parte media del polo zodíaco; lo mismo también “el sol de justicia” Cristo, viajaba lo que hacía falta en la parte media de la tierra habitada de animales, y así mientras había entrado estaba saliendo de Jericó.

3. “He aquí”, dice, “había un hombre llamado Zaqueo, era archi-publicano (jefe de los recaudadores de impuestos). Era rico y buscaba ver a Jesús, y como era bajito, a causa de la multitud, no podía ver a Jesús”. No sólo era pequeño, sino que estaba también lejos de Jesús; porque si se acercara, aunque bajito, no sería privado en verle. Yo creo que éste estaba atraído e interceptado inefablemente de la fuerza y energía increada de Jesús Cristo. Es decir, estaba atraído porque tenía buenas maneras y psique adecuada para la virtud, por eso deseaba e intentaba ver a Jesús; sin embargo, era interceptado, obstruido de la divina fuerza increada, porque estaba preso de lo contrario del régimen de Cristo, es decir, obstruido por el dinero y de su trabajo de recaudador de impuestos. Creo que el evangelista estas cosas, las muestra en pocas palabras, para los prudentes y sensatos, puesto que era admirable en la formas o maneras y dijo para él: “He aquí un hombre llamado Zaqueo”, puesto que estaba atado en los lazos de la maldad, añadió, “y él era archi-publicano” y claro está, también rico. Realmente con la palabra “he aquí” por un lado se dice en casos de notables que no pertenecen a la multitud. Y hacia esto tiende la cita del nombre de él; porque no era de aquellos que dice David: “No nombraré sus nombres por mis labios”. El que haya testificado que no era publicano sino archi-publicano, mostró que era un hombre distinguido en maldad. Pero como Zaqueo era pequeño de estatura y estaba alejado, no podía ver a Jesús y dice: “corrió  hacia adelante y subió en una sicomorea, para verlo, porque iba a pasar por aquel lugar”. Observó la fuerza de su anhelo y de esto medita tú mismo cuál era su forma. Es decir, no pudo separar la multitud, no se decepcionó, más bien se apresuró y no se alejó del anhelo, sino de la multitud; y mientras se adelantó, subió en una sicomorea que estaba plantada en el camino, para ver desde allí lo anhelado.

4. Y aquel hizo estas acciones sabiamente, por amor a Dios, adelantando el camino tocado con pinchazos de anhelo y subiendo al árbol elevado con alas también de anhelo. ¿Y qué no hizo el Jesús, la en-hipostasiada=substanciada sabiduría del sin principio ni fin Padre, éste que dice Salomón: “yo amo a los que me aman y todos los que me aman encontrarán jaris (gracia, energía increada)” y “¡el cual hasta en los caminos se comporta con simpatía!”

Llega a Zaqueo, le ve primero, le llama muy amistosamente y le promete la visita y permanencia en su casa. Porque dice: “cuando vino Jesús al lugar, (allí donde la sicomorea aguantaba al Zaqueo como fruto celeste a causa de su anhelo divino) y miró hacia arriba, le vio y le dijo: “Zaqueo baja rápido, porque hoy debo permanecer en tu casa”. Me parece que entre la multitud no reconocían fácilmente a Jesús aquellos que no lo habían visto antes, porque caminaba con sencillez y no tenía ninguna diferencia de los demás; pero tampoco era posible verle su cara desde lo alto, porque generalmente declinaba hacia sí mismo. Por eso, el conocedor de los corazones, viendo el anhelo profundo de Zaqueo, le llama con su nombre, aunque anteriormente nunca había visto el rostro de él, para mostrarle su faz por filantropía y darse a conocer a él que le anhelaba; también para mostrarle que no sólo anhelaba sino que era anhelado también. Además, le invita ir a su casa para recoger de éste en abundancia los frutos divinos, quien da más de lo que pedimos o pensamos.

5. Y dice: “Este bajó y le recibió con alegría”. Porque antes él corre para ver y hace lo que sea para conseguirlo, ¿cómo no iría cuando le vio y le escuchó, sobre todo cuando recibió esta promesa? Apenas, cuando vio que esta promesa se realizó, él mismo se alegraba, porque se encontraba con lo anhelado y ya saboreaba las jaris (gracias, energías) incorruptibles e increadas desde la fuente. En cambio los que les veían, como no los miraban con buen ojo, dice: “estaban murmurando y gimiendo contra Jesús, diciendo que entró en la casa de un hombre pecador”.

6. Pero el publicano (recaudador de impuestos) parecido en pundonor, nobleza con este que no sólo bajó hasta nosotros con cuerpo, sino que por inefable filantropía levantó nuestra deshonra, “mientras se paró dijo a Jesús”. El que se paró, es muestra de opinión segura, valiente y a la vez humilde; puesto que paró y con franqueza calló la boca de sus acusadores, dijo a Jesús: “he aquí Señor doy la mitad de mis existencias a los pobres, y si alguien lo he chantajeado, se lo recompenso por cuatro”. Y de esta manera presentándose justo, disolvió los murmullos y gemidos de los mal hablantes hacia el Señor que decían: “mira, ha entrado a permanecer en la casa de un hombre pecador”; porque al entregar legalmente por cuatro lo que se había llevado por chantaje, realmente se alejó del mal, puesto que repartió sus bienes a los pobres y apareció limpio de todo. De modo que el Señor por un lado decía a los fariseos: “Si dais caridad, todo será limpio en vosotros”; por otro lado, con motivo de los murmullos contra él, dice: “hoy ha llegado la sanación y salvación  en esta casa, puesto que Zaqueo es también hijo de Abraham”; porque ahora se ha convertido en creyente, justo, hospitalario y caritativo. Porque “vino el Hijo del hombre para vivir y salvar lo perdido”; Diciendo a los que murmuraban que entré en la casa del pecador para convertirle y salvarle, indicando este hombre en vez de avaricioso como amante de Dios, en vez de injusto como justo, en vez de medio-extranjero como hospitalario, en vez de antipático como caritativo, tal como le ven convertirse ahora.

7. Pero mirar a Zaqueo, cómo amó y pidió, fue amado entonces se dedicó y se familiarizó con Cristo. Aquel que es publicano o archi-publicano y se hace rico con su mala obra y reúne riqueza injustamente, que imite el camino hacia la sanación y la salvación del archi-publicano, y cada uno de nosotros que reparta lo que malamente ha atesorado. Aquel que es pobre, porque fue víctima de saqueo o por otra causa, que esté contento, porque tiene la sanadora y salvadora pobreza, o más bien, convertirla y hacerla él mismo sanadora y salvadora por la gratitud, en la cual diligentemente recurrió también el rico publicano y se salvó, tal como habéis escuchado ahora sobre éste. Estas cosas pues sobre el relato.

8. A continuación asistiremos con atención a los que tenéis diania (mente, cerebro, intelecto) más perspicaz. Es decir, el nombre Zaqueo significa justiciado o beneficiario, por favor, entienda de esto a los fariseos que se benefician o auto-justician a sí mismos; esto es como si recaudaran de una manera, como dice el Señor en los Evangelios: “Derrochando en las casas de las viudas y rezando ostentosamente”. Cuando, pues, uno de ellos desea conocer la verdad, pide y busca a ver y conocer, tal como pedía y buscaba Zaqueo a Jesús; puesto que él es la verdad; pero no pudiendo, al ser bajito y corto de mente, según el ejemplo del pequeño en estatura Zaqueo, sube en una sicomorea; es decir, sube en la exactitud de la ley y las costumbres hebreas, creyendo que conseguirá la verdad, tanto en la gnosis como en la praxis, de hecho. Sin embargo, el Señor que pasaba y salía del estado de derecho, como de un camino, cuando vio que este tenía intención buena y anhelo en alcanzar la verdad, se apocalipta=revela a sí mismo, le llama acogedoramente y le manda bajar de la sicomorea; es decir, que abandone la ley mosáica que no rinde nada importante y acuda a la jaris (gracia, energía increada) y a la conducta evangélica, de las cuales puede recibir como inquilino a Dios y fructificar la sanación y salvación.

9. Este, pues, que obedeció al Logos tal como enseñaba y proclamaba, como Natanael (porque éste también el Cristo le vió cuando estaba abajo de la sombra de una sicomorea), es decir, vivía en las sombras) o el gran Pablo (porque éste se había hecho impecable de la ley mosáica), como dice él mismo, primero le miró el Cristo y le invitó); Aquel, pues, que obedecerá así al Logos que llama y enseña, se convierte exactamente como el Zaqueo; Y como antes contenía la mitad de las enseñanzas de la ley, deja a los Judíos que son pobres de diania (mente, intelecto, cerebro), es decir, las circuncisiones, los sabatismos, los bautismos, el sacrificio de animales y generalmente todas las tonterías que son adecuadas al pie de la letra. En cambio, representando y asumiendo de los logos y los consejos de la ley, ve que Jesús es el Cristo, el unigénito Hijo de Dios; y si alguna vez alguno de los fieles le recriminó abiertamente diciéndole infiel, reintegra por multiplicado, terapiando, sanando muchos fieles y conduce muchos infieles hacia la fe en Cristo. Tenemos también una breve alegoría.

10. Según a la narración anterior, como Zaqueo era avaricioso (porque reunía oro por su oficio de recaudador de impuestos), después se presentó pobre y amigo de la pobreza, más bién se hizo voluntariamente pobre y sin tierras; puesto que antes una parte de su fortuna la dio y otra la recompensó, ¿ahora nosotros elogiaremos la virtud o nos haremos acusadores de la maldad? Porque las medidas de la homilía no nos permiten hacer las dos. Pero como el logos (homilía, discurso) mío es para los que estáis aquí reunidos, de quienes no conozco si  hay alguien pobre voluntariamente, si no que todos caemos en la avaricia, diremos pues, un poco en relación con la avaricia, para manifestar la corrupción de ella y liberarnos de ella a medida de nuestras fuerzas. La avaricia es la causa de todos los males, codicia, ambición, enriquecimiento sucio, no caridad, tacañería, incredulidad, odio al prójimo, injusticia, chantajeo, arrebato, dolo, interés, mentira, falso testimonio y todo lo parecido con todas estas maldades. A causa de la avaricia se hacen sacrilegios, raterías y todo tipo de robos. A causa de la avaricia no sólo en las calles, en la tierra y en los mares existen chantajistas, arrebatadores, piratas y usurpadores, sino también dentro en la ciudad hay dinero falso, transgresión de leyes, competencias ilegales, máquinas de pesar trucadas y competencias malignas entre vecinos. Ella trae nación contra nación, disuelve amistades fuertes y algunas veces destruye parentescos; a causa de la avaricia uno traiciona su país, un juez es injusto con la ley y falsos testigos de la verdad… y ante todo esto cada uno pone hasta su psique. Así, según el Apóstol Pablo: “La avaricia es la madre de todos los males”, a causa de la cual algunos que tienen apetito de ella fueron alejados de la fe y cayeron en muchas aflicciones, depresiones y sufrimientos.

11. Pero mirad con prudencia lo que dijo Pablo, porque no dijo los que se han enriquecido se alejaron de la fe, sino los que son apetitosos y sedientos de riqueza, como también dice en otra parte que “aquellos que desean enriquecerse caen en tentaciones y trampas del diablo”. No piensen y digan que la mayoría de los que estamos aquí somos pobres; ¿o por qué hablas sobre la avaricia a hombres que casi no tenemos dinero? Lo hago porque tenemos en la psique la enfermedad del deseo para la riqueza y necesitamos esta terapia. Pero si me dices que no tienes esta enfermedad, muéstrame que no buscas y pides liberarte de la pobreza y que la consideras más valiosa que la riqueza y estás alegre y agradeciendo a Dios por ella, con la convicción que te hace más fácil la sanación y la salvación. Si uno es rico que escuche que es difícil para un rico entrar en la realeza increada de los cielos; pero sepa que también Abraham era rico y se salvó, porque era el hospitalario, caritativo y amigo de los pobres y no avaricioso; y también Job que probó la riqueza y la pobreza, cuando era rico dice para sí mismo: “no consideré el oro como mi poder y no deleité por mucha riqueza que adquirí”.

12.  Por lo tanto, el eros=amor hacia la riqueza es malo y si no tienen cuidado, tanto el rico como el pobre, mueren en la vanidad. Pero como la mala astuta riqueza muchas veces toma consigo una pareja más maligna aún, es decir, la altanería y la convicción a la riqueza, por eso el divino Pablo dice: “a los ricos del siglo actual, pide que no practiquen la altanería, ni tengan esperanza en la incógnita de la riqueza, sino a Dios”. Porque la humildad entre los hombres es reconocimiento de la verdad; el que se jacta de la riqueza que es verdaderamente la más terrenal de todas nuestras existencias y tiene esperanza en ella, realmente es insensato y no se diferencia en nada de los ricos de las parábolas del Señor; de los cuales, uno teniendo a Lázaro en su puerta, ni siquiera le miraba a causa de su altanería; en cambio el otro dialogando con su psique sobre los muchos años que atesoraba riquezas, nos representó cual es la esperanza en la riqueza; por eso uno recibió la llama inapagable y el otro la inevitable exigencia de su psique (por los demonios). ¡Véis el final de los que están apegados a la riqueza! Por eso dice David: “si fluye la riqueza, no la apeguéis en vuestro corazón; y Salomón dice: “tal como el hades y la catástrofe son insaciables, lo mismo es para los ojos de los insensatos”. Y el Señor dice: “ay de los ricos, ay de los saciados”.

13. Pero nosotros, hermanos míos, hagámonos ricos en obras buenas; llenemos con todo lo que tenemos a los estómagos de los pobres, de modo que seamos dignos de la bendición divina y heredar la realeza increada celeste. Ojalá que todos la consigamos con la jaris (gracia increada) de nuestro Señor Jesús Cristo, en el cual pertenece la doxa=gloria, el poder, la grandeza y la majestuosidad junto que el sin principio ni fin Padre y el vivificante Espíritu, para ahora y siempre y en los siglos de los siglos.

Obras de san Gregorio Palamás, tomo 11º.

Traducido por: xX.jJ

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