«

»

jul 31 2013

Domingo (III) de Mateo – Homilía de la montaña, las bienaventuranzas o la felicidad

Cristo y multitud

EL EVANGELIO DE SAN MATEO Capítulo 5. 1-20

Homilía de la montaña, las bienaventuranzas o la felicidad.

1 Viendo la multitud subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos

2 y se puso a enseñarles, diciendo:

3 Bienaventurados y felices serán los pobres del espíritu porque de ellos es la realeza increada de los cielos; (bienaventurados y felices serán aquellos que están pobres de males y pecados en el espíritu de su corazón de la psique e humildemente sienten su pobreza espiritual y su dependencia integra de Dios, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.)

4 Bienaventurados y felices los que están en luto, afligidos por sus pecados y del mal que domina el mundo, porque ellos serán consolados por Dios.

5 Bienaventurados y felices los apacibles, afables porque ellos heredarán la tierra; (Bienaventurados y felices los que dominan su ira, porque ellos recibirán como herencia de Dios la tierra prometida y desde esta vida disfrutarán los bienes de la herencia de la realeza increada celeste).

6 Bienaventurados y felices los hambrientos y sedientos de justicia, porque ellos serán saciados (Dichosos los que anhelan como hambrientos y sedientos la justicia, porque de ellos serán satisfechos plenamente sus deseos de justicia);

7 Bienaventurados y felices los misericordiosos y los caritativos, más los que se compadecen con las desgracias del prójimo, porque ellos alcanzarán la misericordia increada de Dios el día del juicio;

8 Bienaventurados los sanos, puros, los que han hecho la catarsis, la sanación y limpieza a su corazón de cada mancha del pecado, porque ellos contemplarán y verán a Dios;

9 Bienaventurados y felices los que hacen obra de paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios; (Dichosos los que a su interior por su santificación tienen la paz y la transmiten también a los demás, pacificándolos entre sí y con Dios, porque ellos serán reconocidos y proclamados en el mundo celeste hijos de Dios)

10 Bienaventurados y felices seréis los perseguidos por ser justos, virtuosos y perfectos cristianos, porque de ellos es y será la realeza increada de los cielos.

11 Bienaventurados y felices seréis los que os habéis convertido en mis discípulos cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros todo tipo de calumnias y mentiras por causa mía.

12 Alegraos y deleitaos porque vuestra recompensa en los cielos será grande e incalculable. Porque también persiguieron a los profetas que ha mandado Dios antes que vosotros.

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

14 Vosotros sois la luz (espiritual) del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, (luz increada que habéis recibido de mí y ahora será vuestra) para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

17 No penséis que he venido a derogar la ley o los profetas; no he venido para derogarla, sino para cumplirla y completarla.

18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una i ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en la realeza (increada) de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande (mega) en la realeza (increada) de los cielos.

20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas o intelectuales y fariseos, no entraréis en la realeza increada de los cielos.

                                                                                                                                                                                                                     

«ος δ’ αν ποιήση και διδάξη, ούτος μέγας κληθήσεται εν τη βασιλεία των Ουρανών» (Ματθ. 5, 19)

“mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande (mega) en la realeza (increada) de los cielos” (Mt 5,19).

 

 La lectura evangélica de hoy es del Evangelio de san Mateo, un fragmento de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña y se ha puesto por nuestra Iglesia, en relación y referencia a los santos Padres que festejamos hoy,  del cuarto Sínodo Ecuménico en Calcedonia (451, dJ). Aquellos Padres que en Espíritu Santo formularon la fe ortodoxa sobre Jesús Cristo, como “la doble fisis-naturaleza pero no la hipostasis (base substancial) y condenaron a los monofisitas (una fisis, naturaleza), que presentaban Su imagen alterada; es decir, que el Señor es sólo Dios, porque Su naturaleza divina como es más potente ha absorbido la humana. Hace unos días que hemos festejado la megalomártir Efimía (11 julio), la que de manera milagrosa confirmó la verdad de la fe ortodoxa y el error de los herejes. Nuestra Iglesia, pues, ha escogido la lectura concreta, para recalcar que estos Padres pertenecen a aquellos que, según el Señor, fueron y son las luces del mundo que conducen a la doxología de Dios, y obviamente están en una posición destacada en la Realeza increada de los cielos; porque realizaron aquello que prometió el Señor: “aquel que hará, aplicará y enseñará, será llamado grande (mega) en la Realeza de los Cielos”, promesa por la que nos ocuparemos a continuación.

1. Se ha recalcado repetidamente en varias ocasiones que cuando hablamos sobre la Realeza increada de Dios, no hablamos sobre un estado impersonal ni de un lugar, sino para el Mismo Cristo. Él constituye la Realeza increada de Dios, porque todo se define y vive en relación personal con Él. La incorporación, pues, a la Realeza increada de Dios significa en realidad la relación positiva con Cristo, de visión “cara a cara” con Su persona, iluminación de la luz increada de Él. La calificación pues, de “mega, grande” por el Señor –“será llamado mega-grande”- debe entenderse como relación cercana e inmediata con Él Mismo; igual que lo “pequeñito” expresa lo contrario: es el hombre que se relaciona con el Señor negativamente, es decir, dentro de Él pero con aversión de Su persona hacia este hombre. Uno, pues, entiende fácilmente que en realidad nos encontramos ante esto que llamamos Paraíso e Infierno. La cercanía e inmediatez expresan Paraíso y el alejamiento expresa Infierno.

        2. La relación positiva o negativa, cercana o lejana con el Cristo depende de la vida del hombre en este mundo. Según como el hombre vive aquí, disfruta también su calidad aquí, y también la continuidad en la llamada otra vida. El Señor está claro: “el que aplicará, hará y enseñará los mandamientos, éste será llamado grande”. Es decir, tendrá buena relación con Él y estará viviendo Su presencia como paraíso, aquel que primero ha hecho y a continuación ha enseñado. Precede la praxis y sigue la enseñanza, entonces tiene sentido la enseñanza, es como si nos dijera el Señor que entonces será válida la enseñanza, cuando viene a continuación de la praxis, por su puesto como prototipo o modelo de Aquel, Quien lo que ha enseñado lo vivía. “De la manera que es tu logos, es también tu vida”, dicen los Padres.

        Por lo demás, la enseñanza sola sin la praxis, es esto que el mismo Cristo llama hipocresía, que sin piedad ha recriminado a la cara de los Fariseos: “hablan pero no hacen”. Además, las palabras adicionales del Señor que literalmente son chocantes y producen miedo, son aquellas del Sermón o Homilía de la Montaña, que según esta homilía, uno puede enseñar correctamente el logos de Dios, aún hacer hasta milagros en nombre de Aquel, pero finalmente éste será extranjero y desconocido para el Señor, y sobre todo obrero de la ilegalidad. “Señor nosotros en tu Nombre hemos predicado y hecho milagros; Y yo los contestaré: de verdad os digo, no os conozco. Alejaos de mí obreros de la ilegalidad”. Entonces pues, son desconocidos e inexistentes para el Señor también los obreros que han permanecido con un acercamiento teorético a Él, aunque sin alterar Su imagen. ¿Cómo no van a ser controlados estrictamente aquellos que Le han presentado falsamente, con formas lógicas de sus mentes como los heréticos?

        3. ¿Qué significa pues, praxis, que sólo esta puede conducir también a la correcta enseñanza? Pues, nada más que la aplicación y el cumplimiento de la voluntad de Dios, es decir, aplicación y cumplimiento de Sus santos mandamientos. El Señor continuamente orientaba hacia esta manera de vivir –“no todo el que me llama Señor, Señor entrará en la Realeza increada de Dios, sino el que hace la voluntad de mi Padre de los cielos”- en cambio a los que cumplían la voluntad de Dios los calificaba como Sus amigos, como Su madre y como Sus hermanos: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis las cosas que os he mandado”. En estas praxis el creyente comprueba empíricamente que saborea enteramente la presencia y se convierte en morada y monasterio del Dios Triádico. Por lo tanto, el creyente viviendo en su existencia a Dios ve también la fuerza de su logos, el cual funciona de modo “encarnado” en los corazones de los hombres.

        4. Es necesario por supuesto recalcar que en este estado la praxis y la enseñanza puede llegar sólo el que tiene la jaris (gracia, energía increada) de Dios, es decir, aquel que se ha incorporado al cuerpo de Cristo, la Iglesia y se está suministrando de forma continua de los sagrados misterios y sobre todo de la Divina Efjaristía. Sólo con Cristo uno puede vivir a Cristo, tal y como el Mismo aseguró: sin mí no podéis hacer nada”. La convicción que uno sólo puede conseguir las cosas espirituales y estar con el Dios, desgraciadamente muestra a un hombre que está fuera de la realidad, pero también su gran arrogancia y orgullo. Y lo único que recauda el hombre arrogante es su sumisión al maligno y la oposición a Dios y no la Jaris (gracia, energía increada) de Dios.

        Los santos Padres del 4º Sínodo Ecuménico vienen hoy y nos recuerdan: Estamos invitados a ser ciudadanos de la Realeza increada de Dios ya desde esta vida, es decir, estar conectados, vinculados con Cristo que significa que permanecemos a la Iglesia en obediencia de la enseñanza y de la vida espiritual. La alegría de nuestros Santos es que se oiga también para nosotros la voz de Dios de que somos grandes, algo que es también el deseo de Él. Es evidente que el Dios se preocupa mucho para nosotros de lo que nosotros mismos y tiene planes para nosotros mucho más grandes que nuestra mente pueda concebir.

Padre Jorge Dorbarakis

Fuente: ΑΚΟΛΟΥΘΕΙΝ

Traductor: xX.jJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*